Salud financiera: La ley de la multiplicación III parte

La cuarta clave para la ley de la multiplicación es: DE REPARTA LO QUE APARTA

Hay un principio  extraordinario con relación a la multiplicación: sólo lo que se da se puede multiplicar.   Regresando a la historia de los panes, los discípulos tenían los peces y los panes.  Jesús ya los había bendecido, es decir que tenía el potencial para ser multiplicado, pero si ellos se lo hubieran comido, nunca se hubiera multiplicado.  Tenían que dárselo a otros. Lo que realmente habla este principio es de los diezmos, las ofrendas. Nosotros le damos nuestros diezmos a Dios y Él lo bendice y después nosotros damos por encima de eso para bendecir a otros. Realmente dar el diezmo no es dar, es devolver.  Es devolverle a Dios lo que ya es de El.  Por lo tanto, el segundo principio es que las finanzas en exceso al diezmo se deben compartir si se van a multiplicar. Dios quiere que tus finanzas estén bendecidas, y quiere que tus finanzas se multipliquen.  Pero es vital que comprendas que nunca verás la multiplicación de tus finanzas hasta que comprendas los dos principios: Le damos a Dios lo primero para que bendiga nuestras finanzas. Damos más allá del diezmo porque solo lo que se comparte puede ser multiplicado. Estos son los principios de la multiplicación. Y son tan poderosos hoy como lo fueron en aquel monte en Galilea.

La última clave de la ley de la multiplicación es: DISFRUTE DEL REPARTO

Si observamos de la historia, lo triste hubiera sido que nos quedaramos en lo poquito que dimos. Pero el punto es que lo que damos se multiplica. Porque hay leyes manifiestas en la narración que cumplen el principio dado a Abraham. ¿Recuerda lo que Dios le dijo a Abraham? Te Bendeciré y en ti Serán benditas las Familias de La tierra.  Génesis 12:2. Esta expresión nos motiva a pensar en cuatro resultados que disfrutaron los discípulos, ya que ellos fueron los que dieron junto con ese niño.

 

  1. A.     Nuestras  dádivas hacen fluir bendiciones

La Biblia nos enseña que cuando somos bendecidos no es solo para que nosotros nos sintamos bien, felices y confortables, pero para que bendigamos a otros. Cuando Dios bendijo a Abraham en Génesis 12 le dijo: “Te bendeciré y tú serás de bendición a otros”. Esta es la primera ley de la Bendición…y es que a Bendición debe fluir. Como fluyó la bendición entre ellos.Bueno hubo tranquilidad, reposo, y se alimentaron más de 5000 personas, incluyendo a los discípulos y el niño que dio. Juan añade un detalle interesante en la narración paralela dice: “cuanto querían”. Eso se llama fluir la bendición.

  1. B.      Cuando Nosotros Bendecimos a otros, Dios tomará cuidado de nuestras necesidades.

Eso lo promete Dios. El se encargará de  nuestras necesidades. No hay nada que Dios no hará a favor de aquel que ayuda a otros.  De hecho, Dios garantiza esta bendición. Lucas 18 dice: “Les garantizo esto. Quien da alguna cosa para el Reino de Dios ciertamente recibirá muchas veces más en esta vida y la Vida eterna en el mundo venidero” Cuando usted se preocupa por ayudar a otros, Dios asume la responsabilidad de tus problemas y eso es una bendición real, porque él sabe manejar tus dificultades más de lo que tu puedes. Note que el texto nos dice que los discípulos pudieron ver el poder de Dios, la promesa de Dios y su plan.  Lucas lo ponen de esta manera: “Y comieron todos, y se saciaron”. La expresión “saciarse es “hartarse”. ¡Increíble! Y añada que tuvieron suficiente para comer y seguir en la presencia de Dios, sin necesidad de afanarse por lo básico en sus vidas.

  1.  Nuestras Bendiciones compartidas con otros retornan a nosotros.

 Mientras más bendices a otros, mientras más ayudas a otros, más bendiciones de Dios vienen sobre ti. Lucas 6:38 dice: “Dad y Se os dará, medida buena”.  Acá nos dice que no simplemente se nos dará de regreso sino con bono extra y bendición extra. Note que el pasaje cierra con que los discípulos recogieron  12 canastas llenas (Marcos 6:43) “Usted no le puede ganar a Dios. Mientras más trata usted de bendecir a otros alrededor tuyo, Dios entonces dirá: Voy a derramar más bendiciones sobre ti. Vamos a jugar un pequeño juego. Veamos quien de los dos da más. Mientras tú bendices a otros yo me encargaré de retornar sobre ti la bendición”.

  1. D.     Cuando Dios te retorna la Bendición, Dios espera que de la misma manera bendigas a otros otra vez

Jesús dijo en Lucas 12 que a quién mucho se le da, mucho se le exige. Al recibir de Dios nuestra responsabilidad es más grande. Basándonos en las bendiciones que ya has recibido hasta hoy. ¿Qué es lo que crees que Dios espera de ti? Note que Jesús les dice a los discípulos que recojan lo que sobró para que no se desperdicie. Eso significa que habrá un excedente que deberemos compartir nuevamente. (Juan 6:12)

Ahora una pequeña reflexión personal sobre el proceso de la multiplicación en la vida personal y espiritual que vemos en la ley de la multiplicación arriba. Como hemos visto el proceso de formación en la vida cristiana tiene las mismas cuatro etapas. Y encontramos las cuatro etapas determinantes del proceso de la vida el día que el Señor Jesús compartió con sus Discípulos el Pan y el Vino. MATEO 26:26Jesús tomó…..bendijo……partió…y…dio. El Señor primero nos toma y luego nos  bendice. Dios no bendice lo que primero no toma. Dios parte lo que él bendice. Él no parte lo que primero no bendice. Todo lo que él parte lo comparte pero Dios no  no da lo que primero no parte. EL SEÑOR PRIMERO NOS TOMA. TOMAR: Del Griego Lambano: Que quiere decir: Recibir…Tomar. Tomar con la mano para usar. Tomar una cosa para ser llevada. Tomar sin violencia. Remover. Tomar lo que es de uno- hacerlo de uno y no dejarlo ir. Reclamar. Tomar posesión- apropiarse. Recibir sin rechazar. Escoger. Jesús nos buscó primero y nos tomó. No fuimos nosotros, fue él. Jesús nos ama tanto que nos reclama.  Por eso en Lucas 15:3-7 nos muestra la parábola del pastor que dejo 99 para buscar la oveja 100. Jesús nos ama tanto que nos valora. En Lucas 15:8-10 nos lo demuestra con la parábola de la mujer que perdió una moneda y barrió toda la casa para encontrarla. Jesús nos ama tanto que nos perdona. Lo expresó en Lucas 15:11-32 con la parábola del Hijo pródigo. Jesús nos ama tanto que nos selló- Efesios 4:30 nos lo dice que nos selló con su Espíritu. •    A Mateo lo tomó detrás de la mesa de cobro de tributos. A Zaqueo lo tomó de un árbol. A la Samaritana la tomó a la orilla de un pozo. A Abraham lo tomó de la casa de su padre. A Pedro lo tomó en la orilla del mar. A Pablo lo tomó camino de Damasco. •    Y a ti? De donde te tomó. Nosotros sabemos muy bien de donde Dios nos tomó en su misericordia. Él nos toma con propósito. EL SEÑOR NOS BENDICE…..PERO NO BENDICE  LO QUE PRIMERO NO TOMA. BENDECIR: Del Griego: “Eulogeo”. Bendecir- Celebrar con alabanzas. Invocar bendiciones. Consagrar una cosa con solemnes oraciones. Pedir una bendición de Dios sobre algo. -Hacer que algo prospere. -Hacer feliz. Rompamos la costumbre de solo pedir bendiciones sin disfrutar lo que  ya tenemos. Pablo nos dice lo que ya tenemos en Cristo.  Pablo dice Efesios 1:3-14 que somos su herencia, hemos sido adoptados, nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestes, etc. Pedro nos ratifica lo que ya hemos recibido. “Todas las cosas que pertenecen a esta vida a la piedad, nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamo por su gloria y excelencia”II Pedro 1:3-10. La primera vez que tuve una computadora en mis manos, no me imaginaba todo lo que se podría hacer con ella. Gasté meses solo usando el procesador de Palabras, hasta que mi hijo me mostró que podía hacer muchísimas cosas más que eso.  Muchos no se imaginan todo lo que somos y tenemos en Cristo. Cómo hemos sido bendecidos por él. La demostración de una vida que comprende las bendiciones recibidas de Dios se ve en una vida que alaba y bendice y adora genuinamente al Señor.  Pablo desde una cárcel escribe a los filipenses demostrando  su aprecio por todo lo recibido por el Señor. El Señor tomó a Pablo y lo bendijo. El Señor tomó a Abraham y lo bendijo: “Te bendeciré y en ti  serán benditas todas las naciones de la tierra”     Una vida que no aprecia las bendiciones recibidas se demuestra por una vida que pide más y más y se queja y lamenta de lo que no recibe
Nuestra oración ya no debiera estar tan llena de peticiones y debiera ser mas como la oración de Pablo en Efesios 1:15-23. “Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él; que él alumbre los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la acción de su fuerza poderosa”. EL SEÑOR TODO LO QUE BENDICE…..ÉL LO PARTE. PARTIR: Griego: “Klao”. Quebrar…Partir. Nos gusta mucho o primero y lo segundo….pero rehusamos lo tercero. Es cierto que Dios nos parte?  Por qué nos parte? Nuestra vida es como una semilla- Dentro de la cáscara dura de nuestro yo se encuentra la vida…la vida de Dios y la vida no puede salir, si la cáscara no es partida.   Juan 12:24-25. •    El Señor tomó a su hijo- lo bendijo y lo partió. •    El Señor tomó a Pablo, le bendijo y lo partió. •    El Señor tomó a Abraham, lo bendijo y lo partió, cuando le pidió su hijo. •    Hebreos ll -  Nos gusta la lista con nombres que fueron bendecidos pero nos importa poco a lista de los sin nombre que fueron partidos. Hebreos 11:36-40. Jamás rehusemos el ser quebrado porque estaremos deteniendo el proceso de maduración y desarrollo. Si rehusamos Dios continuará una y otra vez hasta que al fin nos rindamos su soberana voluntad. Cómo sabemos si alguien no ha permitido que Dios lo parta?  Cuando culpamos a  la gente, las circunstancias, los eventos, el Diablo y a Dios de nuestro dolor y  no miramos la mano del Señor para formarnos. Dios trata con nosotros es un manera en que quiebra la cáscara pecaminosa  de nuestra alma para liberar nuestro espíritu a fin de que esté bajo el control de su espíritu. Cuando el quebrantamiento ocurre, la belleza, el poder y lo todo lo maravilloso que fue desarrollado dentro de nosotros es revelado.  EL SEÑOR NOS COMPARTE….PERO EL NO COMPARTE LO QUE PRIMERO NO PARTE.
DAR: Griego: “Didomi”.  Dar algo a alguien.  Extender. Dar algo para ser religiosamente observado. Comisionar. Primero tomó…luego bendijo…después partió y por último dio.   El Señor primero tomó a su hijo, luego lo bendijo, después lo partió y por último nos lo dio como el Cristo resucitado que aún vive y está con nosotros y en nosotros.
•    El Señor tomó a  Pedro a la orilla del mar, lo bendijo cuando le dijo “Bienaventurado eres Pedro”, lo partió cuando le dijo: “Esta noche me negaras” y por último nos lo dio como un Pedro Nuevo luego de su plática en Juan 21. •    El Señor tomó a Pablo, lo bendijo, lo partió en la cárcel y nos lo dio como el Gran Apóstol Pablo. •    El Señor tomó a Abraham, lo bendijo, lo partió y por último nos lo dio como el Padre de la Fe. En cuál etapa te encuentras?  Solo buscas la bendición? Rehúsas el ser partido? Entonces no podrás ser compartido. Nunca sacrifiques lo hermoso de tu interior por conservar intacta la vasija exterior de su existencia. Dios primero nos toma Todo lo que él toma lo bendice Él no bendice lo que primero no toma De esa manera su palabra lo dice. Dios todo lo que bendice lo parte Él no parte lo que primero no bendice
Porque cuando el bendice Él prepara el camino para lo que él parte. Dios todo lo que parte lo comparte, Él no comparte lo que primero no parte. Porque cuando él te parte
Está pensando luego a quien darte. La vida es un proceso. Un proceso que es divino
Del nacimiento al deceso Dios nos madura como el buen vino. Nos gusta que él nos tome,
Festejamos cuando él bendice, Resistimos cuando él nos parte Y nos negamos cuando nos comparte. Detener todo el proceso Es algo que yo no puedo Pues él trabaja sin receso
Día a día hasta que quieto quedo. •    Dios nos ha introducido en su hermoso proceso.
•    En cuál de estas etapas nos encontramos? •    Este no es un proceso que sucede una sola vez en la vida. Es un ciclo que termina y vuelve a comenzar.
•    Cada vez que Dios nos va llevar de un ministerio a oro. De una experiencia a otra, de un escalón a otro. Nos vuelve a tomar, nos vuelve a bendecir, nos vuelve a partir y por último nos da. Que puedas ver con tus ojos espirituales las bendiciones que Dios ya te ha dado, es el deseo de su hermano y amigo.

Salud financiera: La ley de la multiplicación II parte

La segunda clave para la ley de la multiplicación sigue con: BENDIGA  LO QUE APARTA

 A.     Por el poco recurso

Note que Lucas dice en el vrs. 9:16: “Y tomando los cinco panes y los dos pescados”. Es decir Jesús toma lo que le damos. Pero en segundo lugar dice el pasaje: “levantando los ojos al cielo, los bendijo”. Solamente Juan añade la expresión “dio gracias”. Estas dos palabras son importantes debido a que en el texto griego son: Eulogeo para bendecir y eujaristos para dar gracias. Las dos unidas implican que Jesús tuvo en primer lugar una declaración verbal de lo bueno que es tener lo que tiene, y segundo una declaración de fe y gratitud por lo que Dios a hacer lo que se tiene. En ese sentido el bendecir lo que tomamos implica gratitud  porque tenemos algo para dar y segundo convicción de que Dios hará algo bueno con lo que damos.

  B.      Por la fuente del recurso

Recuerde que el recurso fue obtenido de un niño. Muchos quizás podrán argumentar que era ingrato quitarle a un niño. Pero en realidad este niño no se le está quitando al contrario se le está multiplicando lo que dio en poco. Es maravilloso ver como Dios puede utilizar a los niños. Siempre debemos ponerle atención a los niños  y a lo que aportan, ya que Dios los puede usar como recursos inagotables de su gracia.

 C.      Por el destino del recurso

Aunque Así que el  principio es este: algo debe ser bendecido antes que se pueda multiplicar.  Lo que muchos cristianos no entienden es que antes que su dinero se pueda multiplicar, debe ser bendecido.  En otras palabras, primero debe ser entregado al Señor. Cuando damos al Señor lo primero de nuestras ganancias, el diezmo, el resto es bendecido. Cuando se da primero al Señor, y el Señor pone su bendición sobre él, entonces y solo entonces, tiene la habilidad de multiplicarse. En la antigüedad, cuando las ovejas tenían un corderito, se tenía que dar el primogénito a Dios, y el resto sería bendecido. Se requiere de fe para poder cumplir ese primer principio. Esto se remonta hasta el jardín del Edén, Dios aceptó la ofrenda de Abel, pero no aceptó la ofrenda de Caín. Caín trabajaba la tierra, Abel tenía ganado y ovejas. Abel, dice, que dio su primogénito, sus primicias, de su ganado. Pero Caín no dio sus primicias de sus frutos. Dios aceptó la ofrenda de Abel, pero no aceptó la ofrenda de Caín ¿por qué? Porque Dios no puede aceptar el segundo lugar, es una imposibilidad teológica. Dios es el altísimo, es el más alto, el más eminente, Él es primero. Jesús, quien recibe los diezmos, es el único que tiene el poder de bendecirlos para que se multipliquen. Es necesario que lo que tenemos tengamos una actitud de gratitud y de esperanza que estamos invirtiendo para una gran necesidad, y que al final también la bendición nos alcanzará personalmente. Así que el segundo pilar es BENDIGA los recursos que da y los que tiene y póngalos en las manos de Dios.  Pasemos ahora a la tercera clave para la ley de la multiplicación.

 La tercera clave para la ley de la multiplicación es: PARTA  LO QUE APARTA

Es importante establecer que la ley de la multiplicación se desarrolla siempre y cuando nosotros estamos dispuestos a partir o repartir lo que tenemos en nuestras manos una vez que Jesús lo ha bendecido. A veces tenemos la tendencia con quedarnos con lo que Dios nos ha dado como bendición. Ahora veamos el versículo 16, nosotros pensamos que Él oró por los panes y se multiplicaron y después los discípulos vinieron y lo repartieron, pero eso no fue lo que sucedió. Dice que los bendijo y después los partió, luego se los regresó a los discípulos para que ellos los dieran. En ese momento no se multiplicaron. Ahora imagínate y piensa en Pedro, él le da un pedazo de pan a Jesús.  Jesús lo alza al cielo y dice: “Padre bendice esto”.  Después rompe el pan, lo parte en dos, y le da solamente la mitad a Pedro. Pedro se le queda viendo al pan, es más pequeño de lo que lo que había dado originalmente. Pedro probablemente dijo algo así: “¿Seguro que ya oraste Jesús por el pan? ¿No será que quieres orar un poquito más por el pan?”. Y el Señor le dice: – No, ya está bendecido. Ahora ve y repártelo-. Esto es muy importante que entendamos, el milagro no sucedió en las manos de Jesús, sucedió en las manos de los discípulos. Teniendo en mente los detalles de la historia de la multiplicación de los panes, recordemos que no fue en las manos de Jesús donde el pan se multiplicó.  Jesús sólo bendijo el pan, lo partió y entrego la mitad a los discípulos.   Entonces los discípulos siguiendo las instrucciones de repartirlo, obedientemente repartían el pan, lo partían por la mitad, y lo hacían una y otra vez.  Resumimos que el milagro no sucedió en las manos del Maestro, sucedió en las manos de los discípulos. Esto significa que no sólo tenemos el poder de Dios para la multiplicación en nuestras manos, sino que debemos hacerlo sabiamente para que los recursos multiplicados lleguen a las personas y a sus necesidades. ¿Qué hicieron los discípulos? ¿Cómo fue eficiente su administración? Note algunos principios para ser buenos mayordomos de  lo que Dios nos multiplica. Analizar la situación. “¿de dónde compraremos pan para que coman éstos?” Jesús  quería que vean la dimensión del problema. Tener en cuenta los recursos disponibles. “No tenemos sino cinco panes y dos peces” “Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?” “Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco” Anticipar posibles dificultades. “Entonces Jesús dijo: Haced recostar a la gente” Jesús sabía que podría producirse una avalancha en el momento que comenzara a repartir la comida, por eso hizo sentar a la gente. La mayoría de las catástrofes han ocurrido porque los organizadores no las anticiparon. Pensaron que todo estaría bien, tal vez imaginaron que es lo mismo atender a 10 que a 5000.  Organizar el trabajo por grupos. “Entonces dijo a sus discípulos: Hacedlos sentar en grupos, de cincuenta en cincuenta”. Cada discípulo estaba a cargo de 416 personas, para llegar a los 5000. Lo cual era excesivo. Pero al agrupar de 50 en 50, atenderían a 8 grupos cada uno. Cerrar bien el evento. “Recoged los pedazos que sobraron, para que no pierda nada. Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido.” Jesús se preocupó al final de dos cosas: (1) De dejar todo limpio. Los pedazos de pan y pescado que la gente dejó debían ser recogidos. (2) No desperdiciar la comida. El mismo dijo “para que no se pierda nada”. Aunque algo no nos haya costado nada, no por eso debemos dejarlo tirado por ahí. (3) Realizar el trabajo rápidamente: Cuando Jesús comenzó a orar por la comida, el día declinaba, “cuando ya era muy avanzada la hora”, es decir, estaba anocheciendo, y antes que se ponga realmente oscuro, las 5000 personas ya habían comido, se habían retirado y los discípulos pudieron ver bien para recoger los pedazos que sobraron. ¡Esto se llama eficiencia! Jesús no se avergonzó de dar gracias por la comida ante 5000 personas extrañas. Si alguna vez nos sentimos incómodos al orar en un restaurante, debemos pensar que las personas que nos están viendo pueden ser bendecidas con nuestro testimonio, porque esta también puede ser una manera de evangelizar. En el relato de Juan: Incluye los nombres de los protagonistas. “Felipe…Andrés, hermano de Simón Pedro” Presenta una pregunta con intención. “dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer.” Jesús nos enseña aquí que aunque sepamos lo que debemos hacer, siempre debemos preguntar a otros. La vida cristiana se hace más rica y participativa si compartimos con otros nuestras ideas, proyectos, posibles soluciones o pensamientos. Describe el suelo donde mandó que se recostasen. “Y había mucha hierba en aquel lugar” Indica de dónde provenían los panes y los peces. “Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos”  Señala que los panes eran “panes de cebada” y los peces eran “pececillos”, es decir, que eran del tamaño de una sardina. Dos grandes lecciones nos deja esta parte del  relato: Primero: Se atiende mejor a la gente por medio de los grupos y que varios participen.   Segundo: Solo el pan partido puede ser multiplicado. Los panes y los peces no fueron  multiplicados sino sólo cuando fueron  bendecidos y quebrantados en las manos de Jesús. Aquí vemos dos verdades. (1) Los grupos que no se “parten” no se multiplican. Algunos líderes no quieren partir su grupo para formar otros grupos, porque les gusta estar con mucha gente, pero no se dan cuenta que se están perjudicando ellos mismos. (2) En segundo lugar: Solo cuando uno es quebrantado, puede multiplicarse en otras vidas. El quebrantamiento deja ver nuestra propia vulnerabilidad y debilidad. El quebrantamiento nos lleva a depender más del Señor que de nuestras propias fuerzas o habilidades.  Pasemos a un último pilar con relación a la ley de la multiplicación.

Salud Financiera: La ley de la multiplicación

¿Alguna vez has deseado poder multiplicar tu dinero?  La buena noticia es que Dios puede hacerlo.  Después de todo El es el Maestro de la Multiplicación.   En el capítulo 9 del libro de Lucas encontramos la narración de esta multiplicación milagrosa, la alimentación de los cinco mil: Pero el día comenzaba a declinar; y acercándose los doce, le dijeron: Despide a la gente, para que vayan a las aldeas y campos de alrededor, y se alojen y encuentren alimentos; porque aquí estamos en lugar desierto. Él les dijo: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta multitud. Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: Hacedlos sentar en grupos, de cincuenta en cincuenta. Así lo hicieron, haciéndolos sentar a todos. Y tomando los cinco panes y los dos pescados, levantando los ojos al cielo, los bendijo, y los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante de la gente. Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que les sobró, doce cestas de pedazos. (Lucas 9: 12-17)  

Esta es una de las historias más asombrosas de la Biblia, pero realmente para entenderla vamos a modernizarla.  Piensa y pretende ser uno de los discípulos. Has invitado a un orador y su nombre es Jesús y tienes la multitud más grande que haya asistido. La Biblia menciona que había cinco mil hombres, así que con sus esposas y sus hijos podía haber de quince a veinte mil personas en total. Y Jesús se para al frente, empieza a predicar, continúa predicando, después continúa predicando por más tiempo. El versículo 12 dice que “el día empezaba a declinar”. En otras palabras el servicio había durado todo el día.  Es probable que a los discípulos les diera hambre y que no querían admitirlo. Entonces se les ocurrió esta idea: “La gente tiene hambre”, probablemente tuvieron una reunión de comité. Jesús estaba en el púlpito y los discípulos se reunieron en otro lado y posiblemente dijeron algo como esto: “Qué vamos a hacer? Sigue hablando y no se detiene, yo ya tengo hambre, compadre. ¡Ah ya sé que vamos a decir! ¿Por qué no le decimos que la gente tiene hambre?”. Entonces uno de los discípulos, imaginemos que fuiste tú el designado como líder, así que te acercas a Jesús mientras está predicando y le dices: “Disculpen todos, permítanme un momento. Discúlpame, Señor, el mensaje ha sido muy bueno, buenísimo, yo me podría quedar todo el día, por supuesto, pero nosotros estamos preocupados por la gente, estamos en un lugar desierto”. Nosotros tenemos que regresar todavía a la ciudad. Así que tenemos que terminar ya el servicio. Jesús le responde: ¡Ah con que estás preocupado por la gente! ¿Tú crees que la gente tiene hambre? Ahora escucha lo que dijo después, es más, veamos en la Biblia lo que hizo. Mucha gente no se da cuenta de ésto.  En el versículo 13 Él les dijo: Dadles vosotros de comer. Ahora imagínate esas palabras, habían aproximadamente 20 mil gentes allá afuera y le dices a Jesús: ¿Podría usted terminar el servicio por favor? Jesús se vuelve hacia tí y te dice: Bueno, “denles ustedes de comer”. Y tienes que regresar y decírselo al comité, regresas con los discípulos y ellos te dicen: -Bueno, ¿ya va a terminar el servicio? -No. -¿Y qué dijo? -Dijo que nosotros les diéramos de comer -¡Qué! Nosotros no podemos alimentar a toda esa gente. A esa hora había un vendedor de comida que pasaba por ahí.  Y tomaron la comida de este vendedor, dos peces y cinco pedazos de pan. Eso era lo único que tenían. Así que probablemente ellos dijeron: “¿Por qué no vas a decirle a Jesús que es esto lo único que tenemos? Y entonces sí va a tener que terminar el servicio”.  Así que regresas con Jesús e interrumpes nuevamente diciendo “Señor, recuerdas que tú dijiste que nosotros les diéramos de comer y hemos estado buscando por todos lados comida y apenas juntamos cinco pedazos de pan y dos peces, así que creemos que vas a tener que terminar el servicio”.  Jesús te responde: “¡Ah qué bien! Entonces que se sienten en grupos de cincuenta”.  -“¡Cómo! Si esto es lo único que tenemos”.  -Sí. Suficiente. Entonces ahora tienes que regresar nuevamente con el comité. Después tienes que decirles a todos que se pongan en grupos. Probablemente uno de los discípulos dijo: ¿Saben qué va a hacer? ¿Se recuerdan del Antiguo Testamento? ¿Cuando Elías alimentó a doscientos hombres con doce pedazos de pan? Yo creo que va a hacer un milagro. Creo que él va a multiplicar esto.

Dentro de esta narración de la vida real, hay cuatro pilares  importantes en la ley de la multiplicación.  Son las cinco   claves para la multiplicación en el reino de Dios.

La primera clave para la ley de la multiplicación comienza con: APARTE DE LO QUE TIENE  Ahora debemos notar que tomar de lo que tenemos es fácil en contextos de prosperidad, pero es más difícil en tiempos de austeridad. ¿Por qué digo esto? Bueno note las circunstancias que rodeaban a los discípulos cuando decidieron multiplicar lo poco que tenían.

  1. A.     Aunque la necesidad sea superior

Note que el pasaje nos habla de que era un grupo de que a lo menos se tendría que invertir. Dice el vrs. “eran como cinco mil hombres”. (Vrs. 9:14). Pero Marcos y Juan añade: “doscientos denarios harían falta para alimentarlos”. (Marcos 6:33 y Juan 6:12). Así que vemos que hay dos grandes retos, primero tiene que ver con la cantidad de personas y la cantidad de dinero.  Un denario era una moneda romana de plata de 4 gramos aproximadamente, que representaba el salario diario de un jornalero. Si lo trasladamos al día de hoy, tendríamos que tener en cuenta que se trata de un salario mínimo, de unos 10 dólares por día, o tal vez menos. Por lo tanto, 200 denarios representarían 2.000 dólares.

  1. B.      Aunque la carestía sea superior

Cuando Jesús les dice que “son ellos los llamados a suplir la necesidad”, ellos dicen: ¿Dé donde compraremos  para que coman estos? (Juan 6:5) Esto implica que su limitación  era grande. Somos muy tentados a que cuando nos retan con una necesidad mayor, a expresar nuestra preocupación. Porque preguntan ¿dé donde? Pienso que ellos estaban pensando en términos muy humanos. La expresión o pregunta está mal enfocada ¿No es de donde? Sino de quién sacaremos los recursos.  Ahora note que ellos simplemente no tenían mayor cosa. Pero según Juan ellos le piden a un  niño a que les de su comida. Dice Juan 6:9: “Aquí está un muchacho  que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos, más ¿Qué es esto para tantos? (Juan 6:9). Es decir, la argumentación es válida, pero no espiritual. Y ese es el problema cuando hablamos de invertir o multiplicar los recursos que Dios tiene para nosotros.

  1. C.      Aunque nuestra fe sea débil

Si dividimos  la cantidad de 200 denarios por los 5000 hombres, tendríamos $0.4 centavos por persona, sin contar a las mujeres y a los niños. Todo el contexto nos indica que los discípulos no esperaban un milagro de este tipo, y fueron tan impresionados que los cuatro evangelios lo incluyen en forma detallada. La enseñanza que nos deja aquí que cuanto menos se espera algo y ocurre, mayor es el impacto que causa. Este milagro rompió los parámetros normales de siembra, crecimiento, maduración, cosecha, molienda, preparación y horneado del pan por un lado, y por el otro, el proceso de incubación, crecimiento y multiplicación de los peces, y su posterior pesca y cocción. El milagro sobrepasó no solo las leyes de la naturaleza sino las que rigen el tiempo y el espacio. Por eso, los milagros no pueden ser objeto de un análisis o estudio. Y aunque no tienen una explicación racional, no pueden ser negados porque, como en este caso, 5000 personas lo vieron, palparon,  comieron y se saciaron. Se pueden imaginar que muchos creyentes somos muy buenos con los números pero sólo para señalar lo no podemos lograr, y para demostrarnos que tan pobres somos. Pero Dios no quiere eso de nuestra vida.

Así que el reto para que la ley de la multiplicación se dé, debemos empezar entonces con tomar de lo que tenemos o de lo poco que tenemos y ponerlo en las manos de Jesús. Esta es una decisión de la voluntad. No se trata de aferrarse a lo poco que tenemos, se trata de tomar de lo poco que tenemos o de lo mucho que tenemos y darlo a Dios y a su obra.  Ahora pasemos al segundo pilar de la ley de la multiplicación.

¿Cómo se rastrea la muerte de una iglesia?

“Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives y estás muerto”

Apocalipsis 3:1 dice

Pasa tan lentamente que muy pocos llegan a darse cuenta a tiempo. Al principio de esta muerte habrá unas pocas personas en la congregación a quienes no les agradará el pastor o se resienten con él por alguna razón. Ese sentimiento personal llega a convertirse, de alguna forma, en la preocupación central de esas personas. Controla su pensamiento racional y los vuelve crueles y vengativos. Muy pronto este odio se vuelve muy grande como para que lo mantengan ellos solos así que empiezan a esparcir esos sentimientos negativos hacia otros. Pronto esas otras personas siguen esparciendo estos sentimientos habiéndoles sumado algunos de los suyos propios. Las líneas telefónicas se saturan de rumores, insinuaciones y mentiras. Es en este punto en el que Satanás realmente se entromete. Lentamente y con insinuaciones roba todo el amor de sus corazones. Lo remplaza con venganza, odio y vacío. Estas personas ya no llegan más a la iglesia a adorar. Ellos llegan para encontrar fallas y apuntar con el dedo. Ellos siguen asistiendo a la iglesia y a algunas de las actividades pero solo lo hacen para ser vistos y para mirar alguna otra cosa que les disguste. Para este punto han olvidado como adorar y honrar a Dios. Una iglesia que está muriendo todavía tiene algunos cristianos que son fieles a su estudio de la Palabra, a sus diezmos y la asistencia regular. Pero luego de poco tiempo, ellos empiezan a sentirse cansados por tener que luchar contra el negativismo de otros sino que de alguna forma, como si tuvieran que defender cada una de sus acciones. Cualquier programa nuevo o cualquier idea innovadora son sofocados y a menudo muere por falta de apoyo. Los opositores siempre cuestionan el cambio. Ellos parecen tener miedo de hacer algo para alcanzar a las generaciones actuales. Las familias jóvenes no son atraídas a una iglesia agonizante porque el futuro no está ahí, es el pasado lo que gobierna. Luego de algunos años de estar patojeando en este estado agonizante, Satanás detiene su obra directa en esa iglesia y se sienta a observar. Su trabajo está hecho. La intranquilidad y el odio han sido finalmente plantados en medio de la iglesia. Mientras él se sienta a esperar el fallecimiento de esta iglesia, la ira y el resentimiento crecen. Esta gente ahora está enfocada en algo muy lejano a la adoración. Ellos quieren que las cosas se hagan a su manera personal. No hay oración involucrada en este punto, solo conveniencias personales. Los miembros empiezan a irse, incluso algunos de los pastores también. Cada vez se mantienen menos y menos programas por falta de apoyo. La situación financiera alcanza su peor punto de crisis. Qué triste es mirar a una iglesia en ese proceso de muerte. Las maravillosas instalaciones están vacías excepto por uno o dos días a la semana. La gente llega y se va de los cultos los domingos con sus ceños fruncidos, apurados para salir a comer. El ministerio infantil disminuye, la sala cuna está vacía. Entonces los cultos de la tarde son cancelados. Ya no hay más compañerismo en la iglesia. ¿Puede una iglesia ser salvada cuando ha llegado a este punto?

El pasaje mencionado anteriormente parece demostrar que lo primero que se debe hacer es DIAGNOSTICAR. Note el diagnóstico de Jesús: “Yo conozco tus obras”. El texto es enfático, “yo mismo me he enterado investigando profundamente  (por el verbo eidon, que significa percibir después analizar con los ojos intensivamente). Por otro lado el verbo en perfecto implica que al momento de la declaración de Jesús él había comenzado una evaluación en un tiempo pasado y por medio de un proceso ahora estaba compartiendo los resultados en el presente de su apreciación de esta iglesia. El diagnóstico entonces debe ser realista  y profundo. Hay iglesias que no se evalúan de una manera realista. Note que Jesús declara que conoce lo que hacen.  Pero también no sólo es a través del diagnóstico sino debemos PRONOSTICAR lo que pasa. Dice la RAE de pronóstico: “Conocer por algunos indicios lo futuro”. Jesús dice que hay un contraste en el pronóstico de la iglesia y su pronóstico. “Tienes nombre” es un presente, para ellos su actualidad es que “están vivos” pero para Dios es “estás muertos”. ¡Qué trágico! Conozco organizaciones así. He trabajado en ellas, en especial una que dice tener un gran trabajo entre niños, y se jacta de lo viva que está, pero en realidad está muerta. Lo mismo iglesias que han pasado por ese proceso. Si queremos revivir una iglesia muerta, hay que diagnosticar, pronosticar pero falta una cosa más. En tercer lugar hay que PROPICIAR la cura. Jesús les dice tres cosas importantes, primero deben ser VIGILANTES. Esto tiene que ver con no dormirse, con estar al tanto y despiertos. Significa una actitud de emergencia y relevancia en el mundo donde existen. Este concepto nos lleva al campo de retomar la relevancia original de la iglesia. Es el área de la misión original con la que nació una iglesia. Segundo no sólo deben ser vigilantes deben AFIRMAR. La expresión es volver a la constancia. Reforzar lo perdido. Este es un verbo en aoristo imperativo lo que denota urgencia y también que en realidad ya no lo estaban haciendo. Es importante volver a reforzar nuestros valores, nuestro deseo de seguir a Jesús. Pero noten que se reta a no dejar morir algunas cosas que no se han muerto. Es decir deben recuperar ese vigor y firmeza en lo que   todavía les queda de bueno. Lo tercero es que ACUERDATE. Esto implica un tercer verbo. El primero es vigilar, el segundo es afirmar y el tercero acordar. ¿De qué se deben acordar?  De todo lo que se les ha entregado como depósito. Eso implica una actitud de guardar y de cambiar de mentalidad. Así que estos son las tres medicinas que propician la cura de una iglesia que está por morir.

Solo Jesús puede resucitar, solo Dios puede salvar una iglesia, pero  esa iglesia debe permitir que él esté presente en medio de ella. Dios debe ser el centro de todas las cosas, cuando es así, hay esperanza. Dios nos prometió que donde sea que varias personas se reúnan EN SU nombre, él estará ahí. Dale la bienvenida, recíbanlo una vez más en sus corazones y en sus servicios. Enfóquense otra vez en la única razón de la verdadera adoración, la salvación de Dios a través de Su Hijo. Satanás ama las victorias. La mejor victoria para él sería ganar por sobre toda una congregación, sacando a Dios del medio de ellos. No dejes que tu iglesia muera. Levanta a tus miembros en oración. No seas parte del molino de rumores. Ora por las diferencias personales que tengas con alguien, guardándotelas para ti mismo. Cuando escuches un rumor desagradable sobre alguien, ponle un alto, no animes a que siga. Aporta con nuevas ideas para el avance de la iglesia. Se fiel, no solo con tu presencia, sino también con un espíritu amoroso, con tus diezmos y con tu compasión. Y siempre, en todas las cosas, pon a Dios primero.

Tres incentivos para terminar la obra que Dios nos ha dado

Estaba reflexionando el pasaje de Marcos 16:14 al 20 y me di cuenta que Dios nos encomendó hacer la obra y alcanzar al mundo. ¿Pero porque es que no lo estamos haciendo? Esto se desprende de lo que veo en muchos creyentes hoy tanto jóvenes como mayores que hay una especie de apatía generalizada y bastante marcada sobre todo en las generaciones de este siglo 21. Note usted que en esta época a diferencia de la época de los discípulos tenemos mucho más ventajas que ellos. Por ejemplo tenemos mayor dinero,  hoy más recursos en la iglesia que en esa época. Tal vez no lo estamos invirtiendo donde debemos pero el dinero allí está. Tenemos más personas capacitadas, cuanta gente ha sido capacitado en seminarios, institutos pero cada día hay menos pastores y hombres y mujeres que se estén yendo de misioneros. Tenemos mejores métodos, que en esa época, hay radio, televisión videos, internet, satélites, etc. Sin embargo somos menos efectivos que ellos. ¿Por qué? Tenemos mayores recursos que los apóstoles, tenemos mejores tecnologías, tenemos más completa la Biblia que ellos, y ¿porque ellos sí pudieron hacer la obra mucho más que nosotros en este siglo XXI? Bueno creo que lo que nos falta es la motivación, es decir la actitud y la pasión de alcanzar al mundo. Es decir hemos perdido el incentivo de  hacer la obra que debemos hacer.  Me parece curioso que  los discípulos originalmente habían perdido su incentivo de hacer la obra. ¿Cuáles eran esas señales de haber perdido su incentivación de  la obra que Dios les había encomendado hacer? La primera aparece en el vrs. 14.  Dice: “Finalmente se le apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa”. En las demás narraciones se habla de que estaban juntos pero con las puertas cerradas y estaban amedrentados por miedo a los judíos que lo mataran. Tres síntomas son evidentes entonces de la perdida de incentivación. El primero se desprende la palabra “puertas cerradas”. Esto se llama ensimismamiento, no estamos abiertos al mundo sino que estamos enfocados para nosotros dentro. Eso se llama una lucha con la exclusividad. La segunda tiene que ver con la frase “sentados a la mesa” tiene que ver con la pasividad es decir en lugar de estar afuera en el camino está sentado en la mesa con una actitud de comodidad. En lugar de estar saliendo están comiendo. Y eso es lo que muchas iglesias hacen hoy. Somos expertos en comer, en sentarnos a la mesa. Y aunque no hay nada malo con eso, pero lo hemos hecho el centro de nuestra existencia.  Finalmente está la palabra “miedo a los judíos”. Esto tiene que ver con la incredulidad. No creían en la resurrección, no creían en la vida de Jesús y en el testimonio de las mujeres. Por lo tanto Jesús les dice en Marcos 16: 14: “Les reprochó su incredulidad…dureza de corazón…no habían creído…” Su enfoque de atención y desgaste era los judíos y no Jesús. He conocido Universidades Evangélicas, Colegios evangélicos que nacieron con la motivación y la incentivación de alcanzar a los de afuera, pero ahora son tan exclusivos, tan pasivos y tan incrédulos, tanto que se definen en términos de negocios, son tan injustos con sus transacciones y miran a  todos los alumnos como fuente de enriquecimiento y de metas personales de poder y fama.  Y el evangelio y la oferta de salvación se han alejado desde hace mucho tiempo de sus mentes y metas.  Sin embargo Jesús va a darles tres incentivos para que asuman el reto planteado por El. El primer incentivo de Jesús es YO LO ORDENO. Note que en el vrs. 14 dice la palabra “reprochó” implica encarar y decirles personalmente lo mal que han hecho. Luego el vrs. 15 dice “Y les dijo”. Estas son ordenes del comando superior y del jefe supremo. Jesús no está haciendo una sugerencia sino que está dando una orden. Así que el primer incentivo es que Jesús lo ordena. Y la expresión principal es “Id”. Debemos salir, no hay alternativa, no hay opción es una orden. Debemos compartir el evangelio siempre. El segundo incentivo que Jesús les da a los discípulos aparece en el vrs. 16: Y es : EL MUNDO LO NECESITA. Que necesita el mundo, ser salvo, creer en el evangelio. Y porque debe creer porque si no será condenado. Cuantas personas dependen de que nosotros llevemos ese evangelio tan necesario. Olvidémonos de las estadísticas que nos hablan de lo que hemos alcanzado. Ya basta de decir que en El Salvador somos el 36% de evangélicos como si eso fuera una buena noticia, debemos recordar que nos faltan el 64% todavía. Dejemos de ser ilusorios, e ingenuos y triunfalistas, es importante entender que todavía hay demasiada tinieblas en este mundo para poder anunciar la victoria. El tercer y último incentivo de Jesús es: LA IGLESIA PUEDE HACERLO. Note los vrs. 17 al 20. Hay cuatro  razones por lo que la iglesia puede. Primero ella puede hacerlo porque tenemos PODER  que nos capacitan para evidenciar ese poder y ser un pueblo diferente.  Estas señales son autoridad sobre las fuerzas espirituales malignas, un nuevo idioma que transforma, tercero tenemos protección en un mundo peligroso y finalmente tenemos autoridad sobre las enfermedades. Si uno nota se pueden ver las cuatro áreas más necesitadas del mundo. La primera es tranquilidad, el mundo necesita tranquilidad y que mejor la iglesia como agente para someter al diablo y sus huestes y generar pas y tranquilidad en el corazón del mundo. Segundo necesita identidad. Las nuevas lenguas nos hablan del lenguaje de Dios en la boca del mundo. Este lenguaje no está viciado ni contaminado por el humanismo o el satanismo, es un lenguaje de Dios. Tercero el mundo necesita seguridad. En mundo donde hay amenazas y situaciones de muerte la iglesia puede promover esa seguridad que necesita tanto nuestro país como nuestro mundo. Y finalmente la sanidad. Cuantas enfermedades hay hoy, cuantos conflictos en el área de la salud. La iglesia ha sido llamada a brindar salud al mundo.  (vrs. 17 y 18).  En segundo lugar la iglesia puede hacerlo porque tiene PROTECCIÓN. Note que Lucas declara que ahora Jesús está reinando, eso habla de potestad y vigilancia sobre su iglesia. El está gobernando y ejerciendo autoridad sobre la comunidad de Dios. Por otro lado  la iglesia puede hacerlo porque tiene SU PALABRA. Note la frase del vrs. 20 “predicaron” y “la palabra”. Es un mensaje basado en un poder de una palabra sobrenatural que cambia, que transforma. Nuestra palabra da vida porque es la palabra de Dios. No tenemos un mensaje humanista o secular. Es el mensaje del corazón de Dios. Una tercera razón es que la Iglesia tiene su PRESENCIA. Note que dice “ayudándoles” y “confirmando”. La primera palabra “sunergeo”, esta palabra es la base para la palabra “sinergia”, y ¿qué es la sinergia? El término consiste en que se consiguen ventajas en el trabajo asociado.
Es el efecto adicional que dos organismos obtienen por trabajar de común acuerdo, la sinergia es la suma de energías individuales que se multiplica progresivamente, reflejándose sobre la totalidad del grupo. Otros dicen que la sinergia es  significa que el todo es más que la suma de sus partes. Significa que la relación de las partes entre sí es una parte en y por sí misma. En ese sentido la sinergia con Jesús es la más excelente habilidad en equipo. Eso significa que la presencia y dependencia de los logros depende de la manera que trabajemos en equipo con Cristo. Solos podemos poco pero con Jesús podemos todo. Note que el término griego está en un presente indicativo y es un participio. Lo que denota calidad de relación (por el participio adjetival) continuidad de la relación (por el presente) y finalmente realidad de la relación (por el modo indicativo del verbo). Debemos aprender a cultivar este tipo de relación con la presencia de Dios. Pero también el texto utiliza la expresión “confirmando” la palabra griega es “bebaioo” y se traduce “hacer seguro y hacer firme algo”. También está en presente de indicativo. O sea que Dios siempre hace firme nuestro testimonio palabra. Así es que tenemos excelente razones para entender que el tercer incentivo de que la iglesia puede presentar el evangelio al mundo es una realidad.  Bueno he allí los tres incentivos para hacer la obra que Dios nos ha encomendado en este siglo. Primero Jesús lo ordena, segundo el mundo lo necesita y tercero la iglesia puede hacerlo. ¿Cuál es tu excusa?

90 días de Fe: Fe es tomar la iniciativa…aunque quiera dejarlo para después IV parte

IV.  RECIBE LA GRACIA DE DIOS

Has aprovechado el momento., te das cuenta de que Cristo está aquí, te ha dado la oportunidad. Te mueves en contra de tus miedos. Anuncias tu fe—“Esto es lo que quiero.” Y recibes la gracia de Dios.   Marcos10:52 dice,  “Jesús le dijo, ‘Sigue tu camino. Tu fe te ha sanado.” Inmediatamente recobró su vista.” Aceptó la gracia de Dios. Sé que hay mucho dolor aquí. Algunos de ustedes apenas sí llegaron aquí hoy.  Algunos de ustedes acarrean grandes conflictos, grandes dolores, grandes desilusiones, gran duelo en su vida. Algunos de ustedes  están muy solos y sienten que la felicidad les ha pasado de largo. Eres como el mendigo ciego Bartimeo a un lado del camino. Estás en mucha miseria.  La verdad es que puedes poner una sonrisa feliz pero por dentro estás dolorido.  Estás con mucho dolor. Me alegro de que estés aquí hoy porque Cristo quiere darte un nuevo comienzo. El énfasis está en darte.  No te lo ganas, no trabajas por ello. Ciertamente no te lo mereces. No lo compras. No haces un montón de ritos religiosos. Simplemente recibes el libre regalo de la gracia de Dios para empezar de nuevo. Cualquiera que haya sido tu pasado, sea lo que sea que hayas hecho, a pesar de las cosas que te has echado encima.  Juan 1:16 “De la plenitud de Su gracia hemos recibido todos una bendición detrás de la otra.” ¿Cómo recibes las bendiciones de Dios en tu vida? Lo haces por fe. “Por eso la fe es la clave. La promesa de Dios nos es dada a nosotros como un regalo.”  Circula “promesa”.  Allí está otra vez. La hemos mirado todas las semanas en los “90  días de fe.” Dices, ¿Cuándo vas a parar de hablar de las promesas de Dios?  ! No hasta que se termine esta serie! No puedes volverte una persona de fe sin tener las promesas de Dios en tu vida.  La promesa de esta semana. Versículo para memorizar de 90 días de fe en Semana número tres, el que hoy vamos a ver, Filipenses 4:13 Algunos de ustedes dicen, “Me gustaría cambiar. Simplemente no puedo. Quiero empezar de Nuevo. Me gustaría ser diferente.  Me gustaría cambiar pero simplemente no puedo.”   Y tienes razón. No pueden cambiar.  Si pudieran ya habrían cambiado. Pero necesitan un poder más grande que ustedes para hacer los cambios que realmente hacen su vida diferente. Necesitan el poder de Dios y eso es de lo que se trata la promesa, la semana. Cuando memorizas un versículo es bueno dar las señas.  Es dónde se encuentra en la Biblia.  Filipenses 4:13 “Todo lo puedo hacer a través de él que me da fuerza ¿Significa ese versículo que él te puede dar la fuerza de memorizar versículos bíblicos?  Espero que memorices esos versos cada semana. Debes de tenerlos bajo el cinturón, en tu corazón y en tu vida. No puedes ser una persona de fe a no ser que Dios pueda recordarte versículos para tranquilizarte cuando te exaltas. Que te ayudan cuando estás en conflicto, que te guían cuando se te tienta. Necesitas la Biblia en tu vida. La fe viene de la palabra de Dios. Con la ayuda de Jesús puedes empezar de nuevo. Esta semana escuché una historia acerca de un niño pequeño. Su padre le pidió que fuera al patio de atrás y moviera un tronco grande. él va al patio y lo empuja y no se mueve.  Tira de él y no se mueve.  Usa una palanca y no se mueve. Después ata a su perro allí y trata de tirar de él con una cuerda y no se mueve. Todas esas formas. Finalmente vuelve dentro y dice, “Papi, no puedo moverlo. Es imposible.” Su padre le dice, ¿Hijo, lo intentaste todo? él dice, “sí “¿Lo intentaste todo?”  “¡Sí! ¡Trate! “¡Lo trate todo!” El padre le dice, “No trataste pedirme que te ayudara.”  Muchos de ustedes están en situaciones donde han intentado todo tipo de cosas. Piensan, es imposible. Nunca va a cambiar. Nunca va a ser diferente.” ¿Has tratado pedirle ayuda a Dios?  “¿Has tratado recibir la gracia de Dios y dejar que él te dé el poder que tú no tienes en ti mismo?  Recibir la gracia de Dios.  Bartimeo era ciego. Pero tenía la suficiente visión para ver que necesitaba la gracia. ¿Y tú? ¿Te das cuenta de cuánto necesitas la gracia en la vida o simplemente piensas que puedes ir a través de la vida por ti solo?  La ceguera espiritual es mucho peor que la ceguera física.  Porque no te das cuenta de cuánto necesitas la gracia de Dios en tu vida.     La gracia no es sólo para salvación. No es sólo para que se te perdonen los pecados y entrar al cielo.  La gracia es para las equivocaciones diarias de la vida. Si no tienes gracia en la vida te vas a llenar de resentimiento. Cuando té llenas de remordimiento te atascas en el pasado y si estás atascado en el pasado no puedes comenzar de nuevo.  No sé qué remordimientos cargas pero sé que la gracia y el perdón están disponibles y que puedes empezar un nuevo comienzo. Si aprovecharas, si avanzaras en contra de tus miedos—simplemente ponlos al lado del camino, échalos de lado, si anunciaras con fe, “Te necesito a Ti, Dios,” Si recibieras Su gracia, ¿cómo se recibe la gracia de Dios?

En aquel día hubo varias manifestaciones de la gracia de Dios  en la vida de aquel hombre. Pero, ¿dónde radica el detonador que activa esta fuerza inédita, es curación gigantesca?

A. La Palabra de Dios.

En la Palabra de Jesús que lo llama. La confianza que él deposita en nosotros, se transforma en la palanca que puede mover nuestro mundo. Nos hace confiar en nosotros mismos, y entonces no sólo sabremos lo que podemos lograr, sino volar alto para conseguirlo. Se trata de la Palabra de Dios que es creadora y eficaz en sí misma, y no de un lavado de cerebro o autosugestión, lo que nos habilita para descubrir y activar el potencial que duerme dentro de nosotros. Si supiéramos el poder que Dios ha depositado en la Palabra Esas palabras pueden levantar el ánimo de los decaídos y dar esperanza a los desanimados. A través de ellas se ensanchan las alas de un amigo y se hace creer en sueños imposibles. Por otro lado, también las palabras pueden cortar las alas de la gaviota que está aprendiendo a volar. Gracias a la palabra eficaz de Jesús ha comenzado su recuperación irreversible, cuyo problema principal no era la ceguera, sino el creer que la única alternativa de su vida era continuar sentado a la orilla del camino, contentándose con limosnas.

B. La perspectiva de Dios

Sin embargo, el evangelista descubre el trampolín que posibilitó tal brinco: Bartimeo tuvo que despojarse de su gruesa vestidura que era parte de su historia y su persona. Parece como si el pesado manto le hubiera impedido conocer sus fuerzas y posibilidades. No basta querer. No es suficiente creer. Es necesario renunciar al lastre que nos cubre y nos impide levantarnos. Todos nosotros estamos cubiertos de alguna vestidura, a veces hasta armadura que si bien por una parte nos protege, por otra nos estorba para extender las alas para surcar los espacios de la libertad. La opción es, protección o libertad. Bartimeo decidió perder para ganar. Renunció a sus pesos que le imposibilitaban levantarse, dejó las cadenas que le imposibilitaban volar. Murió a lo que no lo dejaba vivir. El Maestro había logrado suscitar sed de libertad en aquel prisionero de sí mismo. Su ceguera ya no era una excusa para no caminar, porque ahora su vida tenía un sentido. Cuando el buen pastor lo llama, le está proponiendo un objetivo a aquel hombre que carecía de horizontes y metas en su existencia. El Maestro no viene a darnos lo que creemos que nos hace falta, sino a hacernos descubrir lo que ya tenemos, y lo que podemos lograr. Lo mejor que podemos hacer por una persona, es animarla para que defina el objetivo de su existencia y se levante para perseguirlo, sin importar el precio para alcanzar esa estrella. Bartimeo, por su parte, debe aceptar el reto: dejar tirado su manto a la sombra de la palmera. Sin embargo, Jesús no lo obliga. Lo motiva creyendo en él para que el ciego renuncie a su manto de protección y se encamine a toda prisa y sin estorbos hasta Aquél que lo está esperando. Vale la pena. La estrategia del hijo de David con Bartimeo es valorarlo para que el ciego recupere su dignidad perdida, hay alguien que se interesa en su persona. Por tanto, aquel hombre se siente diferente y único en la muchedumbre. En síntesis, el Señor no nos pide dejar ni renunciar a cosa alguna; más bien nos seduce. Cuando nos sentimos únicos o hacemos sentir lo mismo a otra persona, estamos en capacidad de volar desafiando tempestades, noches y acantilados. El Maestro había asegurado: El Reino de los cielos sufre violencia y sólo los violentos lo arrebatan: Mateo 11:12. No son los pacientes ni los resignados los que consiguen el Reino. Ninguno que viva apostado a la orilla del camino está en posibilidades de apropiárselo. Los violentos son los decididos, los que invierten todas sus fuerzas para ir adelante, que saben gritar cuando es necesario y ni quienes creen que dejarse humillar es una virtud cristiana. Los violentos toman sus propias decisiones, asumiendo las consecuencias de las mismas. No son los que se estacionan a la orilla del camino los que consiguen el Reino. Tampoco son los que le dan tiempo al tiempo, sino los que aprovechan la oportunidad cuando ésta se presenta en su camino, sacando las fuerzas reprimidas. Los violentos son aquellos que tienen un objetivo y una misión por los que vale la pena luchar. Pero no basta ser agresivo y decidido. Junto con esta característica, el Evangelio nos exige ser misericordiosos y pacíficos. Los que trabajan por la paz construyen el Reino de Dios. Los misericordiosos son los encargados de poner alma al Reino de Dios. El ideal de la vida cristiana propuesto por el buen Pastor es llegar a ser tan misericordiosos, como misericordioso es Dios (Lucas 6:36). En el plan de Dios es tan importante ser decidido frente a los retos de la vida, como ser sensible cuando existe un motivo. Ser capaces de tomar el látigo contra los profanadores del templo, y llorar por la muerte del amigo. Cuando una persona absolutiza una de estas posturas, se convierte en un robot insensible o en una Magdalena permanente. La violencia y la misericordia no son elementos opuestos, sino complementarios. La decisión y la mansedumbre representan las dos caras de la misma moneda. Israel experimentó tanto la fuerza de Dios, como su ternura. Dios era su “goel” el pariente más cercano que asumía los asuntos pendientes del desprotegido. Era fuerte y misericordioso, tierno y poderoso. La Biblia lo resume en dos palabras hebreas: hémet y hésed. Hémet describe el amor fuerte, estable y permanente. Hésed denota el amor tierno y compasivo, lleno de ternura. Por eso el salmista responde de la misma manera; diciéndole: Tú eres mi amor y mi baluarte (Sal 144,2). Muchas veces, ante un problema o carencia no queremos caminar. Bajamos tanto la cabeza como la voz, y convertimos nuestro camino en un estacionamiento. Una complicación parcial contamina el ambiente de nuestra vida, haciéndonos creer que dependemos de las limosnas de los demás. Y justificamos nuestra derrota centrados no en lo que somos capaces, sino en lo que no podemos hacer. Y lo peor nuestra limitación justifica otras actitudes que nada tienen que ver con la condición original. Jesús nos da confianza con su Palabra, y nos da su perspectiva  cuando nos llama. Él cree en nosotros, para que nosotros no dudemos de nosotros mismos. Y una vez que creamos en nosotros mismos, nos demos cuenta que tenemos capacidades mucho mayores de las que suponíamos. Dios nos valora, pero hay que dar el salto. La metodología que Dios usó con sus colaboradores, fue confiar en hombres y mujeres para que ellos recobren la seguridad en sí mismos… Sin embargo, esto no basta, hay que salir de los esquemas tradicionales: A Abraham lo hace soñar contando estrellas, pero el patriarca debe dejar patria y parentela. A Moisés lo incendia con una zarza, pero aquel anciano de 80 años renuncia a su vida cómoda y rutinaria en su tienda de Madián. A Jeremías lo seduce, pero el profeta debe predicar en las adversidades más críticas de la historia de Israel. A Amós le rugió como un león, y el campesino de Tecoa cruzó fronteras raciales y religiosas para anunciar la Palabra de Dios en el santuario de Betel. A los diez leprosos no los cura instantáneamente, sino que los envía a un largo viaje hasta Jerusalén y son curados mientras van por el camino. A su madre que está al pie de la cruz no la conmisera, sino que le confía otra tarea que debe comenzar ese mismo día. Ya que ha cumplido tan bien la primera misión que el Padre le había confiado, va a tomar ahora bajo su cuidado al discípulo amado. Así es la perspectiva  del Maestro: hace salir del interior de nosotros lo que nunca nos imaginábamos que existía, para que descubramos que tenemos un potencial hasta ahora inexplorado, una fuerza no utilizada y capacidades que nunca habíamos percibido. La confianza de Jesús en nosotros realiza este milagro: hace emerger desde lo más profundo, lo mejor de nosotros mismos. La autoestima no crece solamente con pensar que somos capaces, sino cuando intentamos aquello en lo que creemos, con la seguridad no sólo de que lo vamos a conseguir, sino creyendo que ya lo hemos obtenido porque Dios está al mando de todo eso. (Marcos 11:24).

c.       Las Prioridades de Dios.

Bartimeo YA NO es MÁS LIMOSNERO. Cuando Bartimeo se encaminó hacia la luz del mundo con una columna de personas a su derecha y una muchedumbre a su izquierda, tenía la excepcional oportunidad para extender ambas manos y pedir limosna a toda esa multitud que tenía los ojos fijos en él. Pero no lo hizo. ¿Por qué no aprovechó la ocasión? Porque ya no le interesaban las limosnas. Ya no era mendigo, a pesar de seguir siendo ciego. Jesús, en vez de darle cualquier cosa, le trasformó su alma y mente de pordiosero. Seguía estando ciego, pero ya no era menesteroso. Sus ojos estaban cerrados, pero no para causar lastima sino para manifestar que a pesar de ello, se podía caminar y saltar. Había dejado su estado de postración permanente.  Cuando Bartimeo se presenta delante de Jesús, el Maestro le hace una pregunta que parecía salir sobrando: ¿Qué quieres que hagas contigo? Al principio Bartimeo se había contentado con un vago “ten compasión de mí”. Esto no basta. Es demasiado poco para la generosidad del Mesías quien le ofrece una oportunidad de acrecentar sus perspectivas. De parte del hijo de Dios no hay límites. Depende lo que Bartimeo aspire y pida. Tiene la oportunidad de soñar lo inimaginable y de esperar lo imposible. Lo primero que el salvador del mundo hace con el ciego es abrirle los ojos de las expectativas y extenderle las alas para que Bartimeo dé el brinco a lo impensable. Jesús da y ofrece sin límites, pero precisa un recipiente con las mismas dimensiones. Él llena las expectativas, pero éstas dependen de cada uno de nosotros. La respuesta del todavía ciego fue maravillosa: “Rabboní, que vea”. En esta ocasión vamos a enfocar los reflectores a la primera parte: “Rabboní”, dejando la segunda a los comentarios tradicionales y obvios sobre la curación de la ceguera. ¿Qué quieres que haga contigo? “Rabboní” en arameo significa no sólo maestro, sino mi maestro, mi único maestro. Un líder estaba  enseñando en 1996, en un retiro para líderes en la ciudad de Homs, al norte de Damasco, Siria, y colocaba el énfasis en la proclamación pública de fe que hacia Bartimeo a Jesús como Maestro. Al terminar la explicación se le acercó el Obispo de rito Melkita, y le dijo: “Hno. Aquí nosotros celebramos la liturgia en arameo, por lo que conocemos muy bien la lengua que hablaba Jesús. Por eso te puedo aclarar que te faltó subrayar lo más importante: Rabboní no sólo significa “mi Maestro”, sino ante todo es una declaración de amor y cariño: “mi amado, mi amadísimo, mi querido Maestro”. Es la forma más tierna y cariñosa para dirigirse al preceptor. Bartimeo había proclamado abiertamente su amor afectivo delante de todo el pueblo, logrando quitar el bloqueo de sus sentimientos. Se desprendió del caparazón que le impedía recibir y dar afecto. Ya antes había recuperado su capacidad de manifestar su necesidad de manera abierta, pero ahora perdía la vergüenza de expresar públicamente su amor y cariño. La curación de Bartimeo ha llegado a un nuevo nivel: ahora es libre para expresar sus sentimientos. Si antes fue libre para gritar y exponer sus carencias, ahora es franco para declarar sus afectos, que él mismo había mantenido en cautiverio. Mucha gente vive bloqueada en esta área de su vida: son tan duros que nunca muestran su cariño por los demás. Son gente adusta que controla su cariño. Tienen bloqueada esta área de su vida. Creen que mostrar sentimientos es signo de fragilidad, y no están dispuestos a exhibir sus debilidades ante los demás. Qué será más fácil o más difícil: ¿manifestar las carencias ante los demás, o declarar públicamente el cariño o ternura hacia una persona? Para algunos una cosa; para otros, la otra. Bartimeo está expresando un amor como nunca lo había hecho antes. ¿Por qué, si todavía estaba ciego? Jesús aún no encendía la luz de sus ojos, ni había hecho caer la catarata que nublaba su vista. Es que el mayor milagro ya se había realizado. Bartimeo ha cambiado sus prioridades. Ha pasado de ser el centro el de la historia a que Jesús sea el centro de su historia.  Amaba al que lo hizo gritar. Valoraba al que creyó que se podía levantar de su postración.  Admiraba a quien le dio la capacidad de no ceder ante las presiones de la sociedad que lo quería callar. Además, Bartimeo  se había liberado del bloqueo de su corazón. Había tirado el caparazón que encarcelaba sus sentimientos. No es que no los tuviera, sino que simplemente los había reprimido y sometido a cautiverio bajo su manto. Bartimeo rompió con la vergüenza, mostrando tanto sus necesidades como su amor por Jesús, que había realizado ya un doble milagro en el ciego de Jericó: por un lado, darle la fuerza para levantarse, y al mismo tiempo la valentía para no ceder ante los muchos que se oponían a sus gritos. Por otro, abrirle el corazón para que liberase los afectos cautivos. En una palabra, el hijo de Timeo era tan fuerte como amoroso, tan decidido como cariñoso. Era de los violentos que conquistan el Reino y de los amorosos que lo viven. Gracias al paso del Nazareno por la vereda de Bartimeo, este hombre es capaz de manifestar su fuerza y su inquebrantable decisión, así como declarar públicamente su amor afectivo para su maestro. La completa liberación que realiza Jesús es cuando somos fuertes y sensibles. Fuertes para determinar y sensibles para amar. Decididos para levantarnos y gritar cuando es necesario, pero con la capacidad de manifestar ternura y amor de manera pública y abierta. En la armonía de estos dos aspectos radica la madurez de la persona. Si alguien sólo es fuerte estamos entonces frente a un robot o una estatua. Si únicamente es sensible, estamos delante de una veleta movida por el viento. Lo que cuenta es la armonía entre ambos aspectos. Jesús era tierno para abrazar niños, valorar las flores del campo y cantar los himnos del gran Hillel. Pero al mismo tiempo era fuerte y decidido para tomar un látigo y purificar el templo, o enfrentarse al legalismo de los fariseos. Lloraba delante de la tumba de un amigo, pero al mismo tiempo llamaba sepulcros blanqueados a los hipócritas fariseos. Con su amigo Pedro tenía fuerza para apartarlo de su lado cuando no lo dejaba subir a Jerusalén, pero al mismo tiempo le pregunta tres veces si lo ama. ¿Dónde está el punto de equilibrio entre fuerza y sensibilidad, entre cabeza y corazón? No existe, porque se trata de integrar ambos aspectos que se complementan y de armonizar estas dos melodías, que juntas produzcan la sinfonía estereofónica de la  felicidad. En otras palabras, el ideal no es ni siquiera tener armonizados estos dos aspectos de la vida humana, sino que sea de tal manera que produzca la felicidad a la que hemos sido llamados y tenemos posibilidad de construir con estos dos hilos que tejen nuestra vida. Así que varios factores intervinieron en el cambio de vida del hijo de Timeo y sus prioridades: El disparador que desencadenó este proceso fue la confianza que Jesús tuvo con él. Sin embargo, esto quedaría incompleto si Bartimeo no hubiera tenido confianza en sí mismo. El hijo de David le abrió el horizonte de sus sueños y deseos para que Bartimeo se abriera a recibir sin límites. El proceso que el maestro sigue con Bartimeo es muy significativo, porque es el mismo que quiere reproducir con nosotros: 1. En primer lugar, no le dio limosna alguna porque su plan era que el ciego renunciara a ser mendigo; que dejara de creer que estaba destinado a ser limosnero. 2. Provocó que el ciego gritara para expresar sus necesidades esenciales; pero tanto y de tal manera, que no se callara cuando los demás intentaran ahogar su voz. 3. Luego lo llama con su Palabra, para que perciba por sí mismo que es más capaz de lo que se imagina. Cree en él para que Bartimeo tenga confianza en sí mismo, se levante y salte. 4. Por su parte el hijo de Timeo tiene que decidir si sigue agazapado cubierto con su manto que lo protege, o renunciar a él para poder extender las alas que le permitan volar por cielos nuevos. 5. Bartimeo da un salto, y percibe que tiene todavía muchas capacidades escondidas. Entra al camino, para encontrarse con quien puede liberarlo completamente. 6. Cuando Jesús interroga a Bartimeo (¿Qué quieres que haga contigo?) le muestra su amor incondicional, para que el ciego, sintiéndose amado como nunca, saque la luz que mantiene escondida: su posibilidad de mostrar cariño afectivo por alguien. El hijo de Timeo había logrado armonizar su fuerza y decisión, con su aptitud de amar con ternura. 7. Al final, aquel hombre que recuperó su valor por sí mismo es apto para seguir al Maestro por el camino que lo lleva a Jerusalén para entregarse por los demás. El que sólo pedía a los demás, ahora está dispuesto a entregar su vida, y una vida que tiene gran valor, pues ya posee sentido, objetivo y motivación. Bartimeo recorre el camino de la felicidad, sabiendo armonizar dos aspectos: su fuerza de voluntad y fuerza de decisión, con sus afectos y cariño para los demás. Jesús le dio también tres cosas: lo motivó para que creyera en sí mismo. Rompió los estrechos moldes de sus expectativas. Lo hizo soñar con una estrella más allá de las nubes de su ceguera. Finalmente el último paso:

 V.  Da el paso siguiente

¿Cuál es el siguiente paso? No sé para ti.  Porque cada uno de nosotros en este cuarto es diferente.  Todos en este cuarto están en una etapa diferente. No sé qué paso necesitas dar pero sí sé que lo tienes que dar. Para algunos de ustedes el próximo paso es aceptar a Jesucristo en su vida. No sé cuál es. Puede ser diezmar.  Puede ser encontrar un ministerio. Puede ser ir a un viaje de misiones.  Puede ser el compartir con un amigo en el trabajo y traerlo a la iglesia. No sé cuál es tu próximo paso. Pero sé esto: que tienes uno. Dios nunca va a terminar té llevarte a una fe  más profunda. Nunca vas simplemente a llegar. Siempre hay, siempre un paso más hacia la fe, hacía el amor, hacia el gozo, hacia la felicidad.  Si escuchas este mensaje y no das el siguiente paso te vas a quedar anquilosado. Y la única diferencia entre una tumba y un anquilosamiento es la duración. Vas a morir. Tu corazón se va a marchitar y va a enfriarse y te vas a sentir más distante de Dios en vez de acercarte a Dios y te vas a quedar anquilosado. Dios no te va a ayudar con el paso tercero, cuarto y quinto hasta que no des el paso uno y dos. Estás pidiendo, “¡Dios ayúdame con esto!”  y él está diciendo, “¿Por qué no has hecho lo que ya te dije que hicieras? Necesitas dar el siguiente paso.  Algún día dirás,  “He estado proponiéndomelo. He estado proponiéndome unirme a ese grupo. He estado proponiéndome unirme a un ministerio.  He estado apuntando a invitar a una persona a la iglesia.”  Necesitas parar de apuntar y soltar el gatillo. Para de postergar. Marcos 10:52 Bartimeo “…recobro la vista y empezó a seguir a Jesús por el camino.” Marcos 10:46 dice, “Bartimeo estaba sentado al lado del camino cuándo pasaba Jesús.”  Circula “sentado al lado del camino.” Eso fue antes de conocer a Jesús.  Después circula “empezó a seguir a Jesús en el camino.” ¿Cuál de esas dos fases describe tu vida –estar sentado al lado del camino o siguiendo a Cristo en el camino? ¿Cuál de esos dos estilos de vida crees que es más satisfactorio? ¿Sentarse a la orilla del camino o seguir a Cristo en el camino?  ¿Cuál de ellos quieres que represente tu vida? ¿Sentarte al lado del camino o seguir a Jesús en el camino?  ¿Cuál crees que trae más gozo, más sentido, más satisfacción? Sólo hay una manera de seguir a Cristo en el camino. Da el siguiente paso.  . Fe es más que creer. Fe es más que pensar acerca de Jesús, más que hablar a cerca de Jesús, más que tener opiniones y convicciones acerca de Jesús.  Fe es acción. Es movimiento. Es actividad. Fe es algo que haces. De hecho, la Biblia dice en Santiago 2:14 “Si la gente dice que tiene fe pero no hace nada, su fe no vale nada.”  ¿A qué estás esperando para dar el siguiente paso de fe en tu vida? ¿Cuál es tu excusa para postergar? ¿Te das cuenta de que ninguno de nosotros tiene garantizado el mañana? Ninguno de nosotros! Mejor que lo hagas ahora si lo vas a hacer. Porque nunca se te garantiza el lunes.  Esta historia estaba en LA Times un tiempo atrás. “Mi cuñado abrió el cajón abajo de la cómoda de mi hermano y saco un paquete envuelto en papel de seda. “Esto” dijo, “no es una corbata.” Quito del papel de seda y me dio la corbata. Era exquisita. Seda, hecha a mano y bordeada con una tira de lazo. La tarjeta del precio con una figura exorbitante todavía estaba. Dijo, Jan lo compro la primera vez que fuimos a Nueva York hace ocho o nueve años. Nunca se lo puso. Lo estaba guardando para una ocasión especial. Creo que está es la ocasión. Tomó la corbata y la puso con el resto de la ropa que estábamos llevando al mortuorio. Su mano se detuvo en el suave material por un momento y después cerro el cajón de golpe y se volvió hacia mí, ¡nunca guardes algo para una ocasión especial!  ¡Cada día que vives es una ocasión especial! Yo recuerdo esas palabras y pensé acerca de ellas durante el funeral y los días que siguieron  a la muerte inesperada  Pensé en todas las cosas que mi hermano no había visto u oído o hecho También pensé en todas las cosas que hizo sin pensar que eran especiales.  Todavía estoy pensando acerca de esas palabras y han cambiado mi vida. Ya no estoy guardando nada. Usamos nuestra mejor vajilla y cristalería para cada ocasión especial como perder un kilo,  desatascar la tubería. ‘algún día’ o ‘uno de estos días’ han perdido la fuerza en mi vocabulario. Si vale la pena verlo u  oírlo o hacerlo quiero verlo, oírlo o hacerlo ahora. Estoy tratando de no postergarlo, atrasarlo, dilatar o guardar algo que puede añadir fe o risa o sustancia a nuestras vidas. Y cada día cada mañana cuándo abro los ojos digo “Este es un día especial”  ¿De dónde sacas la fe para empezar un nuevo comienzo?  Solo hay una fuente.  Jesucristo.   “Todo lo que tenemos—el pensamiento correcto, la manera de vivir correcta, la tabula rasa, y el Nuevo comenzar viene de Dios por medio de Jesucristo. Bartimeo no tenía ni idea de que Jesucristo iba a pasar donde él ese día. Para él era simplemente un día como cualquier otro–el mismo sitio, la misma cosa, otro día miserable. Pero Dios le dio una oportunidad inesperada que podía cambiar su vida. La razón por la que estás sentado ahora es porque Dios té está dando una oportunidad inesperada para empezar de nuevo. No lo arruines. No la pierdas. No la dejes pasar de largo.

 Oración:

       Jesucristo está pasando por tú vida ahora mismo. Si quieres empezar de nuevo, si quieres empezar a vivir por fe en vez de miedo la Biblia dice, hoy—no mañana—hoy es el día de la salvación. ¿Por qué no haces algo valiente y dramático y avanzas y empiezas un nuevo comienzo con Dios, confiándole a niveles  más profundos que nunca de la fe tu dinero, tus relaciones, tu futuro. El tiempo es corto. A ninguno de nosotros se nos garantiza un mañana. No hay mejor momento que ahora para tomar el próximo paso de fe. Empieza de nuevo ahora mientras estas a tiempo.              Voy a orar una oración y mientras la digo tú la puedes decir en tu mente. “Yo también” di más o menos “Sí, yo también.” Querido Dios, me gustaría empezar de nuevo en la vida. Empezando esta semana, empezando hoy, empezando ahora mismo. Tú has permitido este momento de mi vida para que pudiera entrar en contacto contigo. Perdóname por todas las veces que he postergado  hacer lo que debo.  Perdóname por los miedos que me han hecho mantenerme atrás y no confiar en Ti completamente. Hoy quiero recibir Tu libre regalo de gracia y  perdón. Quiero dejar de estar sentado al lado del camino y quiero empezar a seguirte camino adelante.  No me quiero avergonzar de Ti. Te pido que fortalezcas mi fe, Jesucristo. Gracias por morir por mí. Ahora estoy listo a tomar el próximo paso de fe.”   Ahora termina tu oración. Llena el blanco. Dile cuál va a ser tu próximo paso. Si es, “Te quiero dedicar mi vida.” Díselo.   Si es, “Quiero ser bautizado.” Diesel.  Si es. “unirme a la Iglesia… a un grupo pequeño…. encontrar un ministerio. . . empezar a dar el diezmo…  participar en un viaje misionero… compartir con un amigo…” dile cuál es tu siguiente paso específicamente. Padre danos fe para dar el siguiente paso en el nuevo comienzo Contigo. En el nombre de Jesús, amen.

90 días de fe: Fe es tomar la iniciativa…aunque quiera dejarlo para después III parte

III. ANUNCIAR TU VIDA.

He aquí una declaración de lo que vas a hacer. Hazlo público. Anuncia tu fin, tu intención, los cambios que piensas hacer en tu vida, que estás pidiendo a Dios que haga.  Clarifica lo que realmente quieres y dilo públicamente. Tienes que contárselo a todo el mundo porque una fe secreta es una fe superficial. Si quieres hacer un cambio necesitas ir hacia delante y hacer una profesión pública de ello y decir, “esto es lo que voy a pedir que Dios haga en mi vida,”  En Marcos 10:51 dice, “Jesús le preguntó (a Bartimeo) ¿Qué quieres que haga por ti? El hombre ciego le respondió ‘Maestro, quiero ver.’”  Él dijo, quiero mi vista. Quiero sanarme.   Pregunta: ¿Por qué preguntó Jesús eso? Se acerca a un individuo que es un mendigo ciego, sentado en el suelo, en la tierra al lado del camino y pregunta, ¿Qué te gustaría que haga por ti?, ¿No sabía ya lo que el individuo necesitaba? Sí, era El Hijo de Dios. ¿No podía leer su mente? Sí, obviamente. ¿No sabía cuál era el problema de este individuo? Absolutamente. Por qué le miraría y diría, “¿qué quieres que haga por ti?” Lo hizo por el bien de Bartimeo.  Al preguntar esa pregunta permitió que Bartimeo anunciara su fe públicamente. Porque Bartimeo dijo, “Quiero que Tú me sanes.” No pides a un individuo que te cure a no ser que creas, a no ser que tengas la fe en que te puede curar.  Al preguntarle ¿Qué quieres que haga por ti?  y Bartimeo al decir “ Quiero que me sanes. Quiero que me des la vista,” está diciendo, uno, te creo, eres él que dices que eres, El Hijo de Dios. Y dos, creo que tienes el poder de cambiarme. Y tres, creo que puedes y que vas a cambiarme. Fue una profesión de fe. Lo estaba anunciando públicamente.  Aquí está la cosa asombrosa. Jesucristo te hace la misma pregunta ahora mismo. “¿Qué quieres que yo haga por ti?”Lo pregunta cada día, cada mañana. Cada mañana pregunta, “¿Qué quieres que haga por ti?” ¿Si Jesucristo fuera a venir a ti ahora mismo y te hiciera esta pregunta, como la contestarías? Es mejor que te lo pienses porque te está preguntando a ti. Te está preguntando a ti ahora mismo y cada minuto de tu vida. “¿Qué quieres que haga por ti? Dios te quiere usar. Dios te quiere bendecir.  Dios quiere hacer cambios en tu vida. Quiere hacer cosas increíbles en tu vida. Cosas que tú ni siquiera puedes imaginar. Pero tienes que pedir. Y tienes que pedir con fe.  ¿Sabes que cada vez que te propones una meta es realmente una profesión de fe? Cuando dices, “Aquí está mi meta en la vida, aquí está mi objetivo.”  Entonces estás diciendo esto es lo que creo que Dios puede hacer en mi vida para ese tiempo.” Las metas son profesiones de fe. Cada vez que dices, “esto es lo que yo quiero que Dios haga. Esto es lo que quiero que Dios cambie. Este es mi sueño, mi meta, mi visión, mi objetivo.” Estás anunciando públicamente tu fe si tú crees que Dios te va a ayudar a hacerlo. Hay un calificante cuando marcas una meta, cuando dices, “Voy a hacer esto con mi vida” necesitas añadir la frase, “… si es la voluntad de Dios.” Porque tú no sabes el futuro. Tú no sabes lo que Dios tiene guardado para ti. No sabes cuáles son Sus planes. No eres soberano. Él es. Tú dices, “Aquí está mi meta… si es la voluntad de Dios.” Santiago 4:15 “Tú debes decir, “si es la voluntad de Dios, viviremos y haremos esto o lo otro.” No podemos predecir el futuro, así que no queremos ser presuntuosos, pero eso no significa que no marcas metas, que no haces profesiones de fe. Las haces.  ¿Por qué lo anuncias públicamente?   Cuanta más gente lo sepa más apoyo tienes. Si quieres hacer un cambio grande en tu vida y te lo guardas para ti mismo, “Esto es lo que espero que Dios haga en mi matrimonio… esto es lo que espero que Dios haga en mi vida…” es una fe bastante superficial. Ni siquiera tienes la suficiente fe de compartirlo con alguien. Cuanta más gente lo comparta contigo más gente puede orar por ti, más gente puede apoyarte, más gente puede animarte. Tienes que publicarlo. “Tu bautismo en Cristo no fue sólo lavarte para un nuevo comienzo.  También consistía en vestirte con una vestimenta adulta de fe—la vida de Cristo, la consumación de la promesa original de Dios.”   La primera manera en que Dios quiere que anuncies tu fe es bautizándote. No hay que ser genio. Jesús dijo, “Si vas a seguirme no quiero que te avergüences de Mí. Quiero que te identifiques conmigo públicamente como un seguidor de Cristo a través de un acto de iniciación que llamamos bautismo.” El bautismo son dos cosas. Primero, es una profesión pública que dice, “no me avergüenzo de Jesucristo. No soy cristiano agente secreto.  Soy un discípulo. Soy un seguidor. No me avergüenzo de decirlo.” Es un acto público.  Dos, es un símbolo de un nuevo comienzo. Cuando tomamos a una persona y las sumergimos en el agua y las sacamos es un símbolo de morir, ser enterrado a la vida vieja y empezar de nuevo.  Si no lo has hecho es tú siguiente paso. Anuncia públicamente tu fe y el nuevo comienzo que Dios te quiere dar. Necesitas, si vas a empezar de nuevo, anunciar tus metas, anunciar tu fe públicamente.  ¿Cuáles son los pasos para hacer una declaración de fe? Un día que parecía ser como todos los demás, Jesús, acompañado de una inmensa multitud, pasó por la vereda donde la mano extendida de Bartimeo era parte del panorama. Al Maestro se le presentaba una maravillosa oportunidad de poner en práctica sus enseñanzas, para no ser equiparado a escribas y fariseos que indicaban a los demás lo que debían hacer, pero ellos no movían un dedo para cumplirlo. El Hijo de hombre había insistido varias veces en la importancia de la limosna. Pues bien, allí estaba un pobre necesitado. ¿Por qué no daba ejemplo de lo que antes había propuesto con sus palabras? Prefirió pasar de largo, como si fuera insensible ante la escena de un menesteroso que no se podía bastar por sí mismo. Decidió ignorarlo, aunque esto fuera malinterpretado por algunos, hasta por el pobre invidente que, de nuevo no era tomado en cuenta; mas ahora con un agraviante: quien pasaba y se alejaba dejando un agrio sabor de apatía era Aquél que había sido ungido con el Espíritu de Dios para abrir los ojos de los ciegos y liberar a los oprimidos (Lucas 4:18-19). Pero precisamente esta aparente indiferencia fue la que hizo reaccionar al mendigo que tenía alma de indigente y vestido de pordiosero.

A.     Anuncia tus  realidades

La primera realidad de Bartimeo es que debe reaccionar con lo que tiene  y superar lo que no tiene. ¿Qué es lo que no tiene? ¡Vista! ¿Qué es lo que si tiene? ¡Oído y voz y su mente! Así que Bartimeo se puso a gritar: “¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí! Está saliendo de la cueva que él mismo se había fabricado. Por primera vez en muchos años muestra a flor de piel sus necesidades profundas y no sólo las urgentes. Ya estaba cansado de la rutina de su vida y de su desierto interno. Ya no podía más y resolvió salir de la depresión. Por eso, cuando se enteró de que Jesús pasaba junto a él y se alejaba, percibió que se le escapaba la única y última oportunidad de dejar su postración. Ya no era posible seguir así, sin motivaciones ni objetivos en la vida, sin ilusiones ni sueños. Era inútil continuar cubriendo el volcán de su corazón, negando su necesidad de ser amado. Había tocado fondo, y el paso fugaz del Maestro que no se detenía, fue como un resorte que le hizo sacar a flote lo más íntimo. Sin levantarse, porque no creía que podía hacerlo, gritó. El ciego nunca antes había clamado con tanta fuerza, pues siempre  pedía limosna en voz baja, para que la gente se inclinara a compadecerlo. Todos lo consideraban sin ánimos ni capacidad de reaccionar, pero parecía haber ahorrado todas sus energías para este momento. Ni él mismo sabía que poseía esa capacidad. El mendigo postrado junto al camino cambiaba su actitud: no adoptó el papel de víctima que no era tomado en cuenta; al contrario, surgió desde el fondo de sí el deseo de aprovechar esa única oportunidad que tenía para cambiar de vida. Creyó que era posible. La segunda realidad es que hay gente que ya se acostumbró a su situación y no cree ni espera nada así que debe volver a creer.  Si tratamos de colocar una rana en un balde de agua hirviendo, el animal reacciona y salta instintivamente. Pero si la metemos en un balde con agua y a ésta le prendemos fuego, al principio la ranita disfruta el agua tibia… hasta que sin darse cuenta, tenemos caldo de rana. Se acostumbró. Este fue el problema. La vida comienza a cambiar cuando creemos y deseamos que se pueda trasformar. Jesús suscita el deseo primeramente. Por eso hace la pregunta: ¿Qué quieres? Su táctica es provocar el deseo. Él va a colmar los anhelos, pero la medida de su don depende de lo que esperemos. El grito del mendigo estaba integrado por tres partes:   Jesús. Bartimeo es uno de los tres únicos personajes evangélicos que llaman al Maestro por su nombre: Jesús. Tiene libertad y confianza para dirigirse así al famoso predicador de Nazaret, como si fueran viejos conocidos o los uniera un lazo de amistad. Los sentimientos, por tanto tiempo reprimidos, hacían erupción de forma inéditaHijo de David. Bartimeo era muy sensible a los lazos familiares, pues incluso se le reconoce en la historia como el hijo de Timeo. Cuando el famoso predicador de buenas noticias cruza delante de él, el ciego tiene una luz para identificarlo como “el hijo de David”. Este título está cargado de un profundo sentido mesiánico. El ciego reconoció que Jesús era el descendiente de David, que habría de sentarse eternamente en el trono de Israel. El profeta Isaías vislumbró: Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se abrirán, brincará el cojo como un ciervo, la lengua del mudo cantará. Brotarán aguas en el desierto y arroyos en la estepa; el páramo se convertirá en estanque, la tierra sedienta en manantial. Isaías 35:5-7a. Bartimeo es muy astuto. Al invocar al hijo de David, éste debe responder, y si Jesús no contesta, demuestra que no es el ungido con el Espíritu para iniciar los tiempos mesiánicos. En pocas palabras, el astuto ciego está comprometiendo al Mesías esperado para que le responda. Ten compasión de mí. Bartimeo, acostumbrado a contentarse con limosnas, está dando un paso cualitativo. Es la primera vez que pide a alguien: “sufre conmigo, comparte mi dolor y mis sentimientos”. El mendigo ha aprendido, tras muchos y  largos años en la escuela de la soledad, que su corazón es demasiado grande para satisfacerse con limosnas. Sólo otro corazón lo puede llenar. Ha cobrado conciencia de sí mismo como persona que merece atención, aunque el Maestro esté rodeado por la multitud y lleve prisa por subir a Jerusalén para realizar la obra más importante de la historia: la redención universal. Se atreve a solicitarlo. Ciertamente corre el riesgo de quedar frustrado, o hacer el ridículo delante de todos, si su súplica no fuera atendida. Pero, como no tiene nada qué perder, lo intenta. Sabe que si no acepta este reto, jamás tendrá posibilidades de ganar. Apuesta todo su capital a la misma carta. La tercera realidad tiene que ver que por primera vez se desenfoca de la gente y se enfoca en Jesús. Esto implicaba tratar mal a la fuente de su recurso. La gente era la que lo sostenía. Cuenta el evangelista que muchos le increpan para que se calle, pues sus gritos desentonan con la melodía de la peregrinación de esa mañana. Entonces la gente lo presiona para que se modere, tratando de que regrese a su costumbre pasiva. Unos con enojo, otros regañándolo, le piden discreción y mesura. Lógico era que el acomplejado mendigo hubiera cedido, pero Bartimeo ahora no se somete como siempre había sido su rutina. Al contrario, quien es capaz de gritar, tiene también el coraje de no callar por las presiones de la sociedad o las conveniencias de quienes lo rodean. Tanto más lo tratan de amordazar, el ciego grita más fuerte. No se desanima con el silencio del hijo de David, al contrario, redobla su grito, pues de éste depende su futuro. Ha ganado la segunda batalla. Bartimeo estaba tomando decisiones por él mismo. Era libre de la opinión de los demás. Rompía con su viejo esquema, aunque tuviera que asumir consecuencias no previsibles. Aquel hombre que estaba habituado a la rutina, ha recuperado la capacidad de reaccionar y de imponerse a sus opositores. El simple paso de Jesús fue suficiente para que abriera su corazón y no cerrara la boca, tanto para gritar como para no someterse a la voluntad de los demás. A veces se ha valorado tanto la “virtud” del silencio, que se ha menospreciado el grito profético del atalaya, cuando las circunstancias así lo ameritan. Normalmente hiere mucho más el silencio de la indiferencia, que las palabras y los gritos, por lo que deducimos que el silencio no es en sí mismo un mérito. La virtud estriba en gritar cuando se amerita y saber callar cuando el silencio sea  más elocuente que las palabras. Es también muy significativo que de las siete palabras que el Señor pronunció en la cruz, tres fueron gritos. La venida de Jesús a nuestro mundo nos convierte en voz que clama en el desierto como Juan Bautista. El Evangelio nos capacita tanto para levantar la voz, como para guardar silencio para no responder a los Herodes y Pilatos que quieren invadir nuestra individualidad. A mí personalmente me fascina que el evangelista Juan dé a Jesús el título de “la Palabra de Dios” y no de “el silencio de Dios”.

 B.      Anuncia tus  necesidades

Es bueno notar que Jesús confía en Bartimeo para que Bartimeo confíe en sí mismo. Jesús escuchó los gritos incontenibles de aquel hombre que estaba sentado a la sombra de la palmera, pero no respondió como el mendigo tenía programado. Actuó fuera de los esquemas convencionales que nosotros consideramos como normales de una persona buena y misericordiosa. En vez de regresarse para atender al necesitado que estaba entumido de tanta pasividad y cuya ceguera le dificultaba caminar, lo llama y lo invita a que se levante para que venga donde él. Era mucho más fácil que el incansable peregrino que visitaba villas y aldeas mostrara su misericordia, tornando hasta donde yacía el pobre mendigo. El Maestro tenía una estrategia. Cuando lo llama está dando a entender: “¿Quieres algo, necesitas algo? Ven para acá. Yo no me voy a regresar, Bartimeo…. te toca a ti poner de tu parte: levántate y acércate tú”. Jesús, en vez de facilitarle las cosas, le exige que deje su pasividad. Ésta es una de las enseñanzas más maravillosas del Evangelio: el hijo de David no se conmisera del hombre que está centrado en su drama, porque sería fomentar su problema. Bartimeo no se valoraba a sí mismo, y se auto compadecía cuando le daban o negaban limosna. En su guión de vida estaba descrito que los demás se conmovieran a causa de su enfermedad, que él se encargaba de capitalizar para obtener los mejores intereses. Jesús no entra en el juego de aquel hombre que tiene años procurando la lástima de los demás. Es el mendigo quien debe salir de sus paradigmas para cambiar sus actitudes de vida. El hijo de Timeo se había acostumbrado a que los peregrinos y comerciantes se acercaran hasta donde él estaba, para dejar una  limosna en su mano. Sobrevivía en la medida que era capaz de meter a los otros en su esquema y en su territorio. Sabía utilizar su limitación parcial, para que los demás abandonaran su propio camino y se acercaran a él. Aprendió el juego, que si bien no le ofrecía los mejores resultados, era el más cómodo, hasta el día que se cansó de estar cansado. Jesús lo saca de su campo de juego, para abrirle un horizonte desconocido pero fascinante: “tú eres capaz de levantarte y venir a donde yo estoy”. Al llamarlo, el Señor le da a entender con claridad y decisión: “Bartimeo, yo no voy a cambiar de dirección para ir donde tú estás. Eres tú quien debe meterse al camino, porque eres capaz de esto y mucho más. El ímpetu que tienes para gritar y la decisión para no callar, me da la certeza de que eres más fuerte de lo que crees. Si yo me devolviera, tú seguirías fuera del camino; pero mi plan es que entres y que vengas conmigo, Bartimeo. Yo creo que tienes la fuerza para levantarte. Confío en ti, pero es necesario que ahora tú creas en ti mismo”. Jesús cree en el ciego, para que éste sea capaz de creer en sí mismo. Le da confianza y ésta se convierte en un resorte para reaccionar. El Maestro le ha abierto la frontera del país de los sueños que Bartimeo jamás había imaginado. Pero Bartimeo tiene que decidir: permanecer estacionado, o levantarse. Salir del caparazón, o seguir cubierto y protegido por su viejo manto. Renunciar a la protección que le cubre sus alas, o preferir la libertad de volar, aunque tenga que tirar la gruesa capa que forma ya parte de su persona. Así que dice: Bartimeo, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús (Marcos 10:50). El ciego había solicitado atención sentado bajo la palmera, pero en cuanto es llamado, deja el pesado manto y da un salto. Se suponía que sus piernas estaban entumidas de tanto estar sentado. Él creía que era incapaz de levantarse, y menos de caminar; pero de repente, gracias a la Palabra de quien lo llama y a la confianza que le da, descubre una fuerza inédita que nunca había considerado. Solamente estaba adormecido. Puede hasta brincar. Tiene muchas más posibilidades de lo que sospechaba. Cuando alguien cree en él y se lo expresa, despierta ese gigante dormido. Bartimeo necesitaba creer en sí mismo, en que podía salir del hoyo de la postración, y que no por estar ciego debía convertirse en limosnero. Jesús dio a aquel hombre que estaba sentado y cansado, mucho más que una limosna: le proporcionó la confianza de que podía levantarse para dejar de ser limosnero. El problema esencial de Bartimeo es que no se valoraba. No sabía que podía gritar y brincar. Se menospreciaba, sentándose a la orilla del camino, levantando una mano lastimera para recibir lo que a los demás les sobraba. El Maestro le dio la confianza de que a pesar de ser ciego, podía caminar, pues tenía un propósito: que el hijo de Timeo se diera cuenta de lo que valía por sí mismo, que no necesitaba permanecer sentado todo el tiempo. Que era capaz de ponerse de pie, levantar la cabeza y, en vez de tender su mano, podía extender sus piernas. Jesús le sana primero de la baja estima que el mendigo sufría, que hasta se había marginado a tal punto de contentarse con las limosnas, en las afueras de la ciudad de las palmeras y los oasis. Bartimeo, estimulado y motivado por la confianza de aquél que lo llamaba, no sólo se levantó sino que dio un salto. Logró mucho más de lo que se suponía era normal. Tenía más fuerzas y capacidades de las que aparentemente él suponía o había hecho traslucir a los demás. Esa mañana había varias sorpresas: Bartimeo estrenaba una potente voz que nadie conocía. Además, no se sometía a la presión social y era hasta capaz de dar un salto instantáneo, rompiendo el récord de toda expectativa. La Buena Noticia traída por Jesús nos descubre que tenemos una fuerza escondida dentro de nosotros mismos. Todos los que están postrados y cansados con voz lastimera pidiendo limosna, pueden gritar para expresar sus necesidades. Pero hay un cuarto paso y es:

90 días de fe: Fe es tomar la iniciativa… aunque quiera dejarlo para después II parte

II.  DOMINA TU MIEDO

Ahora quiero enfatizar que si vas a comenzar de nuevo con fe en tu vida necesitas enfrentarte con tus miedos. Debes dominar tus miedos, deshacerte de ellos. No dejes que te controlen. El miedo tiene el efecto increíble de paralizar nuestro potencial, para prevenir que despeguemos, para prevenir que tengamos fe en nuestra vida.  Cuando nos enfrentamos a esa elección de fe o miedo, si elegimos el miedo produce un efecto en nosotros. Nos hace escépticos. Tenemos miedo de probar lo nuevo cuando tenemos miedo. Nos hace egoístas. Tenemos miedo de comprometernos a Dios y a otros. Nos hace cortos de vista. Enfocamos en el pasado y no en el futuro.  Son muchos los miedos con los que nos enfrentamos cuando se trata de este asunto de la fe y de cruzar la barrera para tener fe. Pero Bartimeo se enfrentó con uno que muchos de nosotros encontramos.

A.     Domina  el miedo del fracaso

Una cosa que quiero resaltar aquí es el hecho de que Bartimeo significa “hijo victorioso”. Esto era una ironía,¿ en qué sentido un hijo victorioso es ciego? ¿Cuando fue que el plan se echó a perder? Su presente no encajaba con su supuesto destino. Muchas personas por razones que desconocen o conocen su vida no resultó lo que debería ser. Las expectativas que tenían de la vida se truncaron y ahora su vida es estar postradas al lado del camino sin poder moverse y sólo esperando la lastima de los que transitan en la vida. Un hombre que debió ser dueño del camino de su vida hoy está fuera del camino y postrado a un lado abandonado.

B.      Domina el miedo a las limitaciones

Jesús dijo una vez “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” Juan 10:10.Se ha difundido mucho la idea que confiar en nosotros mismos es un atentado contra nuestra confianza en Dios. Esta noción viene de una concepción desenfocada: se cree que Dios mora en las alturas y nosotros hundiéndonos en el mar de las dificultades. Sin embargo, Él está no sólo con nosotros (Mateo 1:23) ni en medio de nosotros (Mateo 18:19), sino en nosotros (Juan 14:23). Por tanto, creer en nosotros es reconocer que la Presencia divina invade todo nuestro ser, como el alma de nuestra alma. Así, confiar en Dios y no creer en nosotros sería la peor de las contradicciones, pues somos imagen y semejanza suyas. El pasaje de Bartimeo a la orilla del camino de Jericó nos muestra la pedagogía de Jesús que nos abre las alas y las expectativas para que crezca nuestra autoestima, confianza, y sintiéndonos amados, podamos amar.  La marginación se da en dos direcciones: cuando los demás nos aíslan y cuando nosotros  mismos nos separamos. Bartimeo sufrió ambas, aunque la segunda es sin duda peor.

1.       Primero la impuesta

El ser ciego era una de las desgracias más terribles en tiempos de Jesús, pues se le excluía de la  comunidad de Israel. El invidente estaba marcado por las condenas de la sociedad que lo consideraba pecador, y por tanto, ay de aquel que “comiera o bebiera con él”, porque era reo del mismo delito. El ciego, pues, vivía en la más terrible de las soledades, sin derechos sociales ni religiosos. Bartimeo, el hijo de Timeo, era uno de estos desdichados. No había espacio para él dentro de los históricos muros de la ciudad de Jericó, ni tenía visa para entrar en sinagoga alguna. Así, se exilió en la frontera del agreste desierto, donde merodeaban los leoncillos y abundaban serpientes y escorpiones. No sabemos si su desgracia provenía por herencia de los antepasados o por un accidente. Lo cierto es que no percibía los colores ni las proporciones. No era capaz de contemplar un desfile de hormigas, los ojos traviesos de un niño, ni la silueta de una mujer hermosa al atardecer. Por estos motivos, encontró todos los justificantes para sentarse junto al camino. Otra cosa pertinente como ya lo mencioné es el hecho de que la ciudad es Jericó, que era una ciudad bajo maldición y con una historia de juicio de Dios, así que no sólo personal, familiar y socialmente era la imposición de sus limitaciones.

2.      Segundo la autoimpuesta

Es decir Bartimeo era  ciego por accidente, pero limosnero por decisión personal. No sólo tenía límites naturales, sino que él mismo se encargó de estrechar el margen de sus capacidades. La naturaleza lo hizo ciego, pero él, y únicamente él, se trasformó en mendigo. Sólo Bartimeo tomó la decisión de pedir limosna en las afueras de la comercial ciudad de Jericó. No había proporción entre ceguera y mendigar. Tenía solamente un problema con los ojos, pero poseía todas sus otras facultades. Bartimeo se escudó en su ceguera para no redoblar sus esfuerzos. Eligió la opción más fácil, aunque tuviera que hipotecar su dignidad y el respeto a sí mismo. Se convirtió en un limosnero que exponía ante los demás su indigencia. Prefirió llamar la atención por sus defectos y carencias, que por sus cualidades y posibilidades. No era necesario que los demás lo menospreciaran, cuando él ya no se valoraba a sí mismo. Como lo mencioné anteriormente es curioso saber que el nombre de este ciego: Bar: hijo y Timeo viene del verbo timao, que se traduce de “gran precio”. En este sentido el nombre hablaba sobre que este pordiosero era hijo de gran precio, o de gran estima. Si esto es cierto, ¿Por qué razón es un mendigo al lado del camino? Significa que ante sus padres y Dios mismo este hombre tenía una gran dignidad y valor, pero su auto imposición de pordiosero lo desvió del valor y el status digno que Dios tenía reservado para el.

 C. Domina  el miedo   la resignación

Además, el ya dramático limosnero resolvió sentarse a la orilla del camino. Estaba privado de la vista, sí, pero eso lo tomaba como excusa válida para creer que no podía participar en el desfile de la vida. Como todo ser humano, estaba dotado de fuerzas y debilidades, pero conmiserándose a sí mismo, se cerró las puertas del futuro, sentándose al borde de la calzada. Ciertamente, tenía una incapacidad, pero él decidió apostarse a un lado de la caravana de los comerciantes y peregrinos. Se dio por vencido ante él mismo. Vivía tan arraigado a su incapacidad, que hasta persuadía a no pocos de que estaba destinado a ser un pobre limosnero por el resto de sus días. El carecer de vista no le debía impedir vivir con la frente en alto; al contrario, le ofrecía el reto de sobresalir en otros campos de la ciencia o las artes. Herodoto (488-426 AC.), padre de la historia, fue ciego, pero eso no le impidió ni viajar ni escribir nueve libros. Hellen Kéller (1880-1968) superó su carencia visual y auditiva, y logró convertirse en abogada, escritora y conferencista internacional; buscó y encontró puertas de salida para este laberinto. Andrea Boccelli no puede ver, pero su sonora voz alegra los aires del mundo entero. Bartimeo ya no quería caminar más. Él, y sólo él, decidió sentarse, porque su autoestima estaba por los suelos. El problema era que Bartimeo no creía en sí mismo, y con su rostro lastimero intentaba convencer a todos que le bastaba un pedazo de pan para sobrevivir. Había menospreciado su persona y no tenía ni motivaciones ni expectativas para vivir. Por eso, mejor se sentaba a la orilla del camino de quienes escriben los capítulos de la historia. Para los transeúntes de ese cruce de vías, era natural verlo estacionado al borde de la vereda, levantando su mano para pedir algún mendrugo de pan. Jericó se encontraba en la impresionante depresión del Jordán, a casi 400 metros bajo el nivel del mar; pero era la vida de Bartimeo la que se encontraba en el punto más bajo de su geografía y de su historia. Lo peor no fue que el pueblo lo marginara, sino que Bartimeo mismo se aisló y cubrió con grueso manto. Aunque los demás no creyeran en él, el ciego podía tener confianza en sí mismo. Nadie le podía hacer sentir lo que él no quisiera; pero si él no se valoraba a sí mismo, tampoco creía que nadie pudiera reconocerlo.

D. Domina el miedo de la marginación

En el relato de Mateo (20,29-34) encontramos la historia de dos ciegos que compartían su dolor y su destino. Decidieron unir sus soledades y sufrir acompañándose uno al otro. Pero Bartimeo estaba completamente solo. Una palmera, un bastón y un manto raído eran sus únicos compañeros. Sus oídos no conocían la voz del amigo, sólo se contentaban con el zumbido del viento que silba furioso cuando irrumpe por los acantilados. Sus manos se habían resecado y agrietado, pero no por la aridez de la región, sino porque no tenían a quien acariciar. Sus pies, cansados, no conocían el camino de la amistad. En su boca habían sido suprimidas las palabras: “te amo”, “te extraño”, “te necesito”, con todos sus sinónimos. Sus ojos, dos luceros extinguidos, nunca se habían encontrado con la mirada de quien abre la ventana de su santuario para penetrar en él. Bartimeo no tenía ningún amor estable ni permanente. Los transeúntes desfilaban fugazmente delante de él. Algunos se detenían sólo para refrescarse por un momento, pero en el crepúsculo se alargaba la sombra de su soledad. Los comerciantes y los ocasionales peregrinos transitaban presurosos por enfrente de la palmera donde se recargaba su bastón, sin haber dejado huella alguna de nostalgia. Es que Bartimeo había tejido su vida con los  colores grises y oscuros del dame-recibo, y no con la variedad de tonos que tiene el arco iris.

 E. Domina el miedo a la conmiseración

Tanto la causa como efecto de su soledad era que aquel hombre agazapado en su manto no expresaba su amor y su cariño porque no se valoraba así mismo. Tal vez tampoco nadie lo quería ni necesitaba. Su única muestra de sutil afecto era dar gracias al viento, sin ver el rostro de la persona que le había dejado caer unas cuantas monedas. No lo amaban, sólo le tenían lástima. Amar no es dar limosna, sino “dar hasta que duela”. Por otro lado, quien recibe migajas, ni se siente amado ni está motivado para responder con amor efectivo y afectivo. El problema de fondo es que Bartimeo no quería recibir amor. Tal vez por haber sido alejado de su familia no se creía digno de ser amado ni con derecho a ser feliz. Bartimeo no tenía a quién mostrar su cariño. Y resolvió reprimir sus sentimientos, hasta que se fueron oxidando en el calabozo donde los tenía cautivos. Nunca manifestaba ternura, porque sólo recibía limosnas. Por eso se cubría con un grueso manto convertido en armadura que no permitía que el calor del afecto penetrara en su vida, y tampoco dejaba que su luz interna brillaría en el exterior. Era su escudo para no sufrir, sí, pero al mismo tiempo le impedía gozar. No le penetraban los dardos traicioneros, pero tampoco nadie escuchaba los latidos de su corazón. Había reprimido sus sentimientos, encarcelándolos bajo su manto. Cuántas veces nos defendemos con un caparazón para no ser amados. Nos cubrimos con una coraza para no recibir amor, porque no creemos que exista el amor fiel, desinteresado y sin condiciones. Pero quien piensa así, es porque cree también que su afecto tampoco puede tener estas mismas características. Por eso, no acepta ni expresa ninguna de sus emociones. Bartimeo bloqueó los sentimientos. Era mejor no sentir para no exponerse. Optó por no arriesgar, para no sufrir. Prefirió el sobrevivir, pero sacrificó el vivir. Se escondió bajo el pesado manto. Suponía que mostrar sensibilidad era una debilidad y que las personas sensibles son frágiles como los pétalos de una flor, sin reconocer que el perfume brota precisamente en esos pétalos donde reposan las mariposas y las abejas toman el néctar que convertirán en miel agradable para endulzar la vida. El ser ciego no le impedía crear ilusiones, pero renunció a entrar en el país de las fantasías, para no terminar decepcionado ni frustrado. Perdió la capacidad de vislumbrar nuevos horizontes y tener una estrella a la que pudiera llamar suya. En una palabra, Bartimeo, que sólo sabía recibir, no quería abrir el arcón de los sentimientos porque pensaba que no tenía con quién compartirlos. Más de alguna vez justificaba su postura argumentando que era inútil pelar un dátil que nadie se iba a comer. ¿Para qué levantarse y emprender la marcha por el camino si no tenía a dónde ir; ni menos con quien recorrer el sendero? En los largos momentos de soledad y silencio, llegaba a pensar que no valía la pena comenzar algo que no habría de terminar. Entonces agachaba la cabeza y se adormecía, sin soñar. Más que piernas entumidas de tanto estar sentado, era su corazón el que se iba anquilosado cada día más. A nadie le importaba lo que sentía, sufría o pudiera esperar. No hay nada más dramático que un hombre sentado frente a un camino que no quiere transitar. Qué incomprensible es una persona adormecida a la orilla de la calzada donde oran  los peregrinos, negocian los comerciantes, corren los atletas y se encuentran los amigos. Vivimos en una sociedad donde los sentimientos son signos de debilidad. Por eso tememos entrar en contacto con ellos, y no los expresamos. Se habla de la traición del amigo, pero nos reservamos el coraje, la decepción o la tristeza que sentimos ante ella. Se comenta la indiferencia del esposo, pero no se revela el frío que va congelando las arterias del corazón. Ahogamos los sentimientos, negándolos o rechazándolos, pues no creemos que debamos manifestar la ira, el júbilo o la soledad. Contenemos nuestras lágrimas, apretando las mandíbulas, pero olvidamos que de amor y alegría también se llora. Así, pasaron lentamente las semanas y se sucedieron los meses, mientras los años no se detenían, con un hombre que pensaba que no era capaz de enfrentar los retos de la vida y que, para no sufrir, se había convertido en estatua insensible que no mostraba sus afectos… hasta que se cansó de estar cansado. Estas son las condiciones de este hombre, limitaciones impuestas y autolimitaciones, actitudes de resignación, marginación  y de conmiseración. ¿Y que de nosotros? ¿Estamos al lado del camino? No me mal entienda, usted puede haber nacido con muchas limitaciones impuestas, por la sociedad, enfermedad, limitaciones económicas, pobreza, malos padres, familias disfuncionales. Usted tiene todas las excusas reales para que sea limitado en su desarrollo. No podemos ser inmunes a las dificultades que vienen aparejadas con la vida y con el precio que ella nos cobra. Sin embargo no son esas limitaciones las que nos paralizan, son las limitaciones autoimpuestas, las que decidimos seguir porque creemos una mentira, porque nos sentimos tan miserables, que lo único que nos queda es sentarnos al lado del camino con una actitud de tullidos, esperando que otros miren nuestra miseria y nos tengan lástima. Y luego acostumbrarnos a esa lástima y no desear transitar por la senda de la  vida otra vez.

F. Domina el miedo a las personas

Este  es  el miedo a la desaprobación o al rechazo. Sabía que gritar a Jesús en esa muchedumbre no era lo correcto. Sabía que la gente le iba a mirar mal por eso pero estaba desesperado. Y sabía que Jesucristo era el único que le podía ayudar.  Y mira lo que pasó. Cuando gritó a Jesucristo la Biblia nos dice en Marcos 10 “Mucha gente le regañó y le dijo que se apaciguara. Pero él se puso a gritar todavía más alto. ¡Ten piedad de mí!”  Cuando se puso a gritar todos los que le rodeaban le dijeron, “No hagas eso. Guarda silencio. Apacíguate. No hagas una escena. Seguro que Jesucristo no está interesado en tí. Tiene cosas más importantes que hacer. ”  El diablo nos susurra cosas como esas a muchos de nosotros. Cuando esa oportunidad de fe entra en nuestra vida, “Dios seguro que no se interesaría en ti. No hagas una escena. ¿Qué va a pensar de ti la gente?” Ese tipo de pensamientos frecuentemente nos alejan de la fe. Cuando ves esa necesidad, esa oportunidad de cambiar, de sanar, todo tipo de gritos desde adentro y desde afuera nos dicen que no enturbiemos las aguas. ¿La desaprobación de quién es la que más temes? ¿A quién temes desaprobar? Cualquiera que sea, esa persona es tu Dios. Pueden quitarte de la fe o invitarte a la fe. La presión  de los compañeros no es sólo para niños. Todos nos enfrentamos con ella en nuestra vida en muchas, muchas maneras. Y el miedo a la desaprobación es una lucha para todos nosotros. Estamos hablando de palabras como “co-dependencia.” Y lo que significa vivir la vida por la aprobación de otros y la palabra de Dios nos está alertando acerca de eso. Proverbios 29:25 dice, “el miedo a la opinión humana nos deshabilita; confiar en Dios nos protege en contra de todo eso.”  Es una protección increíble que Dios nos puede dar. La verdad es que no te preocuparías tanto de lo que los otros piensan de ti si te dieras cuenta de que ellos no están pensando en ti de todas maneras. La gente no está pensando en ti, están pensando en ellos mismos. Igual que tú.  Dios está pidiéndote que hagas algo mayor de lo que tú has hecho nunca. Distinto de lo que has hecho hasta ahora. Te está pidiendo que dependas de él como no hiciste nunca antes. ¿No crees que eso vaya a dar un poco de miedo? Por supuesto que sí. Y en ese momento tú y yo tenemos la elección.  ¿Voy a recaer en mi miedo y seguir siendo como era? ¿O voy a mirar hacia delante con fe y dar un paso en la fe? Aprovecha el momento; muévete en contra de tu miedo. La tercera clave para empezar un nuevo comienzo es:

90 días de fe: Fe es tomar la iniciativa …aunque quiera dejarlo para después

Continuamos en la serie 90 días de fe. Y quisiera comenzar preguntando  si  ¿Has deseado alguna vez poder empezar tu vida de nuevo? Tal vez poder volver atrás y hacerlo otra vez. Quizás después de una evaluación puedes decir  que te das  cuenta que podrías haberte ahorrado muchos problemas y dolores y muchas preocupaciones si hubieras hecho lo que hoy  estás haciendo. Ojalá pudieras rebobinar la cinta y empezar  tu vida de nuevo.   El problema es que no puedes rebobinar la cinta. Ha quedado atrás. Pero puedes empezar de nuevo. Y Dios es un Dios de nuevos comienzos. De eso vamos a hablar hoy. Sal 145:14 dice, “Dios da un comienzo nuevo a los que están listos a desistir.” Si estás listo a cortar hoy has venido al lugar indicado. Vamos a hablar de los cinco secretos para empezar de nuevo. Cosas de la Palabra de Dios que te van a ayudar a pesar de tu pasado, a pesar de tu procedencia, no importa cuánto hayas estropeado las cosas. Puedes empezar de nuevo.

Un día Jesús estaba andando a través de las calles de Jericó. Una gran multitud le seguía. Un ciego llamado Bartimeo estaba en el borde del camino. Ser ciego en los tiempos de Jesús significaba no poder trabajar, obviamente no poder leer o escribir, y probablemente no podías ir a ninguna parte porque no había perros de ciegos, no tenían todos esos recursos que tenemos hoy para ayudar a los ciegos. Así que estaba reducido a pedir limosna para vivir. Todos los días alguien le llevaría al borde del camino, lo sentarían en una madera. él pediría todos los días por su sustento y al final del día alguien le vendría a buscar. Era una vida miserable. Su nombre era Bartimeo y eso significa hijo de Timeo o “hijo del honorable.”  Un día cuando Jesús pasaba por allí, Bartimeo piensa, “Es mi oportunidad. Tengo que aprovecharla. Aquí es donde puedo conseguir un nuevo comienzo. No voy a perder esta oportunidad.” y empieza a vociferar y a gritar por encima del ruido de la gente diciendo, “¡Jesús! ¡Hijo de David! ¡Ten piedad de mi!” Así que veamos  el primer paso hacia un comienzo nuevo con Dios

I.  APROVECHA EL MOMENTO

Aprovechar el momento implica  luchar contra varias cosas importantes.

  1. A.     Luchar contra el conformismo

Note que Bartimeo y otro ciego (así lo narra Mateo) estaban acostumbrados a su estado de ciego. Debemos entender que el hecho de pertenecer a Jericó también les agregaba el estigma de una ciudad que tenía una maldición de parte de Dios. (Josué 5). En ese sentido dos grandes impedimentos podrían haber hecho de estos dos ciegos conformistas. Es muy fácil adaptarse al momento argumentando razones reales, pero no imposibles para Dios. Muchas personas han decidido quedarse cómodos con lo que tienen y aunque tienen excusas reales no pueden tomar una decisión de salir de ese estado.

  1. B.      Luchar contra asistencialismo

Es muy importante ver, que Bartimeo y el otro ciego vivían de la asistencia de las otras personas. Es decir de la voluntad de las limosnas. No sé si existe la palabra mendigismo, pero en realidad, mendigar dice el RAE que es  Solicitar el favor de alguien con importunidad y hasta con humillación. De esta forma vivían los dos ciegos. Pero estamos destinados a una vida mejor que esa. Somos llamados a cambiar y a depender de Dios para una vida como hijos suyos.

  1. C.      Luchar contra el reduccionismo

Es decir tener una visión tan reducida que no vemos ya nada ni porvenir ni futuro en nuestras vidas. El problema real y principal de los ciegos es precisamente su falta de visión, con eso estaban en las tinieblas y no podían soñar ni capacidad de planificar para el futuro. Pero ellos dijeron, “No vamos  a perder esta.” “Vamos  a aprovecharla. Jesús está pasando por mi sitio ahora mismo.” No voy a esperar. No me voy a retardar. No voy a dejarlo para luego, voy a empezar ahora.” Y esta es la primera clave para empezar de nuevo en tu vida. Sea lo que sea lo que estás haciendo ahora no digas el año que viene voy a empezar de nuevo… El mes que viene voy a empezar de nuevo, es ahora o nunca. ¡Aprovecha el momento!

Cuando Bartimeo se levantó esa mañana no tenía ni idea de que Jesús iba a pasar por donde él. Como máximo sabía que era un día cualquiera. El mismo sitio, la misma cosa, el mismo mendigar, el mismo estilo de vida miserable, solitario, despreciable.  Así que no tuvo tiempo de prepararse para Jesús, no tuvo tiempo de planear para Jesús. Fue simplemente una oportunidad que le cayó encima. Tuvo que aprovechar el momento.  La historia es Marcos 10. Y cuando salía de Jericó con sus discípulos y una gran multitud, un mendigo ciego llamado Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino. Y cuando oyó que era Jesús el Nazareno, comenzó a gritar y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! Dijo, voy a aprovecharme, es ahora o nunca. Voy a sacar el máximo de esto.” él aprovecha la oportunidad, el momento.  Alrededor de ti diariamente hay oportunidades para empezar de nuevo. Las encuentras todo el tiempo. Pero no las aprovechas.  ¿Por qué? Una palabra: postergación. Yo he pagado muchas veces gimnasios a los que no voy, bicicletas que no uso, aparatos de ejercicio que he abandonado.   La dilación es un fenómeno extraño. Creemos que va a facilitarnos la vida, creemos que va a hacer nuestra vida más actual cuando lo único que hace es añadir tensión. La verdad es que ya sabes lo que hay qué hacer. Ya sabes estas cosas. No solamente eso, sino que también sabes los beneficios de hacer lo que tienes qué hacer. ¿Entonces por qué no lo haces? Sigues diciendo, “luego lo hago” Es el síndrome de mañana (no confundirlo con el síndrome de madona) El síndrome de mañana es “mañana lo hago.”  Lo dejo a un lado. Voy a… Un día voy a… Uno de estos días… me encargaré de ello. Pienso hacerlo.” Pero nunca lo haces. La Biblia nos avisa una y otra vez acerca de presumir en el mañana. No se me garantiza un mañana, ni a tí tampoco. No tienes garantizado que vas a vivir mañana. Cualquier cosa que quieras hacer mejor la haces ahora.  Job 9:25 “Mis días pasan deprisa. Pasan más de prisa que un corredor.” Cuanto más viejo eres más corren.  Job 8:9 “Nuestra vida es corta.. Pasamos como una sombra  por la tierra.” Tu vida es realmente un soplo, una sombra. No dura realmente tanto.  Proverbios 27:1 “No te jactes del mañana porque no sabes lo que va a traer el día.”  Salmo 90:12 “Enséñanos a contar nuestros días y a reconocer qué pocos tenemos. Ayúdanos a pasarlos como debemos.” Efesios 5:16 “Aprovecha al máximo todas las oportunidades.”  ¿Qué necesitas dejar de echar de lado?  ¿Qué necesitas empezar a hacer porque ya sabes que es lo tienes qué hacer?  Creo que Dios te ha traído aquí esta  noche para que yo te pueda decir, “Deja de poner excusas. Manos a la obra.” Empieza a vivir las cosas que debes hacer.  Dame tu vida ahora.  Empieza a vivir para Mí ahora.”  Jesús dice esto en Lucas 9:62 “No postergaciones, no miradas hacia atrás. No puedes dejar el reino de Dios para mañana. Aprovecha el momento.” Deja de postergar. Ahora veamos la segunda cosa para comenzar de nuevo.

Salud Financiera: La ley de la siembra y la cosecha II parte

En segundo lugar veamos  LAS APLICACIONES  DE LA LEY DE LA SIEMBRA Y COSECHA. (Gálatas 6:1 al 8)

Ahora quiero que observemos los niveles de aplicación práctica de esta ley. Es decir la pregunta que se plantea es ¿Dónde siembro y que semilla siembro para poder cosechar abundantemente?

La primera área de nuestra inversión tiene que ver con la restauración de la vida de las personas.  La primera siembra está en la restauración de una persona que se ha apartado.

 A. En la restauración  de las personas

El versículo 1 establece que hay una persona que es sorprendido en la falta. Note que Pablo no dice exactamente que tipo de falta es. La palabra falta es “paratoma” que implica deslisarse, no está asociado con una conducta pecaminosa pero si con un momento pecaminoso. La semilla aquí está caracterisada por dos cosas. Restauración, esta palabra es interesante es la expresión “katartiso”. Esta se usa en Marcos 4 donde dice que “remendaban las redes”, y también se usa para la palabra en Efesiós 4 que se usa para decir “perfeccionamiento”. Debemos sembrar para restaurar con mansedumbre y con humildad. Si queremos cosechar lo mismo. Así que si nosotros podemos invertir en la restauración de las personas sería un buen proyecto para nuestras iglesias.

  B.      En la edificación  de las personas

Note ahora lo que dice Pablo: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo”.La palabra “sobrellevad” es un imperativo presente. Lo que implica que estaban teniendo cargas. Esto habla de “continúen llevando las cargas”. La expresión “carga” aquí es “bastaso”, que es la misma palabra cuando Jesús cargaba la crus  (Mateo 20:12 y 2 Corintios 4:17). Implica que se deben ayudar a cargar su crus. Esta es otra área en la cual podemos invertir, debemos aprender a saber ¿cuáles son las cargas que muchos de nosotros o todos nosotros llevamos? Note que la semilla para llevar la carga de otros es la sentirse necesitado. Pablo termina diciendo que la autosuficiencia y la independencia en la iglesia no son sabias, porque cada uno lleva su propia carga. Asi que si quiero que otro me ayude en mi carga también debo sembrar para recuperar a otros.

 C. En la educación de las personas

Note el versículo 6 habla de que las personas que son educadas en la palabra deben dar toda cosa buena al que lo instruye. Una cosa curiosa es la palabra enseñar e instruir. Esta expresión es la palabra “catecúmenos”. Esta palabra se diferencia de la palabra paideo, o mathetes o didaxei, en el sentido que es más técnica y se refiere ya  a un curso para iniciados. Es decir la evidencia de esta palabra indica que por lo menos a estas alturas en la iglesia de gálatas ya había una clase de iniciación en los principios de Cristo y del cristianismo. Esta expresión indica a lo menos una reunión formal. Pero también es interesante la palabra “haga partícipe”, habla de un verbo en imperativo presente. Implica una orden de retribuir aquel que de alguna forma les ha enseñado. La palabra “haga partícipe” es koinoneo, lo que implica una relación íntima y de compañerismo. Debemos invertir en la educación.

 D.     En la inversión de las personas

Ahora pasemos a la esencia de esta ley. Note que Pablo quiere recordar a las personas que todos somos inversionistas. De alguna manera nadie queda en el vacío. Hay dos niveles de inversión que se expresan aquí. La inversión para la carne y la inversión para el espíritu.  Ahora ¿cómo se reconocen esos dos niveles de inversión? Sencillamente Pablo definió los dos niveles en los versículos anteriores. Están en los versículos 18 al 26. Es importante hacer notar a las personas que is invierten o usan la semilla de la carne es decir semilla de adulterio, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, borracheras y orgías no “heredarán el reino de Dios”. Es decir no tendrán sus bendiciones en el reino de Dios. Pero si invierten la semilla del espíritu  que es el amor, gozo, pas, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza, entonces tendrán vida eterna.  Eso significa que una buena parte de la ley de siembra debe ser en invertir en la santidad y la madures de los santos.  Esto se refiere a la expresión espiritual de la gente. Pero también hay otro tipo de inversión que Pablo señala. Note que dice “se cansen”, esta expresión es en griego esta en presente subjuntivo. La palabra implica quedarse exhausto y sin aliento. La palabra “bien” aquí tiene implicaciones económicas. Se refiere a la calidad del acto externo, más que a la persona que hace el acto. En este pasaje aparece dos veces la palabra “hacer bien”. Aparece en el vrs. 9 y luego aparece en el 10 donde dice “hagamos el bien a todos”.  La primera palabra es “kalós” y la segunda palabra es “agathos”. ¿Cuál es la diferencia de ambas palabras ya que las dos se traducen igual como “bien? Según el griego clásico “kalos” se refiere a aquello que es digno de reconocimiento en virtud de su apariencia, aquello excelso por ser hermoso. En cuanto a agathos se refiere a alguien ilustre, valiente, hábil en lo suyo y de buen nacimiento. A diferencia de kalos, parece que agathos se refiere más a la naturaleza de la persona que su aspecto. (http://csic.academia.edu/JoaquinSiabraFraile/Papers/183231/La_perversion_del_legado_griego_kalokagathia_y_mutilacion_en_la_Iliada_y_300). En este sentido Kalos es lo bello y agathos es lo bueno.  ¿Que implicaciones tiene esto en el texto? Bueno que en la primera ocasión se refiere a que la persona debe hacer algo extraordinario indistintamente tengo o no los recursos para hacer el bien, en cambio la segunda se refiere al carácter de la persona, en términos que tiene recursos para dar, o por lo menos su carácter es generoso. La primera  puede ser espontánea, y la segunda habla de estilo de generosidad. He aquí dos dimensiones a enseñar a las personas, pueden ser espontáneas y momentáneas pero también deben ser como un estilo de vida el dar. Así que nuestra inversión debe ser bella, pero también debe ser buena. Sin embargo hay otra dimensión de invertir en las personas aquí. Aparece en el versículo 10. Note que dice “hagamos bien a todos” y mayormente a los “de la familia de la Fe”. Note que esta inversion tiene dos areas básicas. Una es a los inconversos y otra a los hermanos sin distinción ni sesgo denominacional. Es importante reconocer que nuestra ayuda social es indistintamente si la persona es cristiana o no. Y nuestra ayuda a los hermanos es indistintamente si es de mi credo denominacional o mi creencia doctrinal fundamental. A veces condicionamos la ayuda a las personas. Pero la inversión debe ser si discriminación ni prejucio denominacional.

  Bueno hasta aquí hemos visto, la explicación de la ley de la siembra y la cosecha así como la aplicación de ella. Cuando hablamos de invertir es obvio que debemos saber donde invertir. Así que de este pasaje encontramos cinco áreas como gigantes que la iglesia debe entender como un proyecto de invertir y dar nuestro dinero y recursos. Piense que en el mundo hay muchas cosas que en este momento hacen crisis, no solo lo económico sino que debemos ver mas alla del dinero, hay personas que sufren y ¿estamos haciendo algo para ayudarlas?, o nuestro corazón se ha endurecido tanto que no nos afecta porque nuestra familia o nosotros mismos no padecemos. El mundo está lleno de problemas. Algunos son pequeños y algunos son enormes.  He llegado a la conclusión con otros líderes a nivel del mundo de que son cinco gigantes – cinco problemas graves que afectan a miles de millones de personas. Éstos son los problemas que estamos abordando al hacer nuestro presupuesto financiero este año, son los problemas que queremos  abordar, creyendo que Dios obtiene la mayor gloria cuando nosotros atacamos a los mayores gigantes. Estos problemas son tan enormes que pueden ser tratados solamente con dependencia total de Dios y en total unidad – tu congregación y la mía, todos cristianos alrededor del mundo – trabajando juntos para enfrentarlos

Aquí están los problemas gigantes: El primer gigante global es oscuridad espiritual. Aquí está una verdad alarmante: Miles de millones de personas ni siquiera han oído el nombre de Jesucristo. Tres mil grupos distintos de personas alrededor de nuestro mundo incluso no sabrían si ya oyeron el nombre de Jesús. “¿Quién es ése?” preguntarían. “¿Cuál es la importancia de ese nombre?” Esta gente no sabe nada sobre Jesús o sobre Dios. ¿Si fueras uno de los que nunca han oído el nombre de Jesús, no quisieras que alguien viniera y te dijera algo sobre nuestro Salvador, nuestro Señor? La Biblia dice en Romanos 10:14 (NCV), “Antes de que la gente pueda pedir al Señor ayuda, ellos debe creer en El; y antes de que puedan creer en El, deben oír hablar El; y para que oigan hablar del Señor, alguien debe decirles.” El gigante más grande de nuestro mundo es hoy el hecho de que por lo menos mil millones de personas no conocen a Jesucristo.

El segundo gigante que deseamos abordar es la carencia de líderes que sean siervos alrededor del mundo. Alrededor del mundo, hay un montón de personas que están en posiciones de liderazgo que abusan de su poder. Muchos rehúsan utilizar su poder para el bienestar de su gente – en lugar de esto eligen utilizarlo para sí mismos. Esto ha creado caos en el mundo. Los líderes deben tener una base moral. Deben tener sabiduría. El libro de Proverbios en una versión dice en 11:14, “sin la dirección sabia, está la caída de una nación.” Proverbios 16:12 b dice, “la dirección sana tiene una fundación moral.” Y Zacarías 10:2 dice, la “gente vaga alrededor como ovejas perdidas. Ellas están en apuro porque ellas no tiene ningún líder.” Entre los cristianos nacidos de nuevo en el mundo hay 2.1 millones de pastores y líderes de la iglesia. De estos, 1.9 millones nunca han tenido entrenamiento alguno. No sólo estos líderes no han ido al seminario o a la escuela bíblica, incluso no han ido a la escuela secundaria y a veces ni si quiera a la primaria. No tienen ningún entrenamiento – pero conducen la iglesia. Esto debe ser remediado.

El tercer gigante que vemos después es la pobreza.Más de la mitad del mundo – esto es tres mil millones personas – vive con un presupuesto menor a dos dólares por día. Una sexta parte de la población del mundo vive en villas miseria. Ésas son estadísticas desgarradoras. Una versión de Proverbios 28:7 dice, “El hijo entendido se sujeta a la ley; el derrochador deshonra a su padre…” Es fácil vivir en una burbuja y pensar que el resto del mundo vive como uno. Cuando estamos ocupados solo en nuestras vidas diarias, nos olvidamos de cómo es que la mayor parte del mundo vive, incluso tendemos a juzgar a gente por ser pobres. Job 12:5 dice “Aquel cuyos pies van a resbalar. Es como una lámpara despreciada de aquel que está a sus anchas.” Cómo hablar con los padres de 10 millones de pequeñas muchachas que se venden a la prostitución en el sur de Asia Oriental. Sus familias viven en tal pobreza que no ven otra manera para alimentar a sus familias que vender a sus pequeñas hijas en prostitución. Es una existencia horrible.

El cuarto gigante que deseamos atacar es la enfermedad. Por lo menos mil millones de personas sufren los efectos del hambre y de la sequía. Tienen hambre y están desamparados. Son indigentes. Debemos hacer algo sobre eso. Salmo 38:6 – 11 dice, “Me siento cansado, y totalmente deprimido; todo el día ando muy triste. Estoy ardiendo en fiebre; nada en mi cuerpo está sano. Estoy muy débil y adolorido; tengo la mente aturdida. ¡Por eso me quejo! Dios mío, pongo ante ti mis más grandes deseos;¡no te los puedo esconder! Mi corazón late con ansias, las fuerzas me abandonan, la vista se me nubla. Mis amigos más queridos se quedan lejos de mí por causa de mis males; mis parientes cercanos se mantienen a distancia.” Al viajar por el mundo  los efectos de la pobreza son manifiestos y latentes. Se ven los efectos de la gente con VIH/SIDA. El estigma es enorme. Sus propias familias los abandonan. Sus cuerpos pierden peso lentamente, víctimas de ‘infecciones oportunistas’. Como cristianos, nosotros no podemos ignorar a estas personas. Ezequiel 34:4 dice, “Las débiles no habéis fortalecido, la enferma no habéis curado, la perniquebrada no habéis vendado, la descarriada no habéis hecho volver, la perdida no habéis buscado; sino que las habéis dominado con dureza y con severidad”.

El quinto gigante que deseamos abordar es la ignorancia. Más de la mitad del mundo sigue siendo analfabeto. ¿Cómo puede un país crecer y ser fuerte económicamente cuando sus ciudadanos no saben leer, no pueden escribir, y no saben los fundamentales de la matemáticas y de la ciencia que creemos que ya nos ha sido concedida? No es ninguna maravilla que estos países no sean fuertes. Oseas 4:6a dice, “Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento.” Hay una necesidad desesperada de profesores y escuelas además de materiales que los ayuden a crecer.

Estos cinco gigantes pueden ser derribados. Podemos hacer la diferencia.
Dime a quién admiras y te diré quién eres  La gran incógnita de la adolescencia es descubrir quién se es. Cuando a un niño se le pregunta sobre su propia identidad, tranquilamente se define como el hijo del Sr. y la Sra. X, y elenca una serie de características que ha escuchado a sus padres o a sus maestros decir sobre él. Esta pregunta no le causa mayor inquietud. Pero cuando se formula a un adolescente o a un joven, el asunto es distinto. Este interrogante no sólo inquieta al propio adolescente, sino también al adulto. ¡Cuántos padres de familia ya no reconocen el carácter dulce de su hijita en las respuestas de la quinceañera que tienen en casa! ¡Cuántos profesores con gran sabiduría en sus propias áreas de conocimiento no logran descubrir el verdadero “yo” que se encuentra escondido tras la mirada esquiva del joven de cabello largo, o de la alumna que se le enfrenta en un continuo reto! Y esto es muy normal debido a que a esa edad se está construyendo la propia personalidad. Un adulto llega a ser lo que ha formado a lo largo de su vida. No existe un código oculto que lo defina como lo que es. El adolescente puede tener un carácter más o menos alegre, pero dependerá de él la manera cómo lo emplea: alguno lo aprovechará para hacer pasar un rato agradable a los demás, y esto le ayudará a tener amigos; otro por el contrario, lo podrá emplear en burlarse, creando conflictos con los demás. Alguno hará amigos gracias a su paciencia, otro, a su compañerismo, mientras que otros, con estos mismos atributos se granjearán enemistades. Nadie tiene condicionada o predeterminada su manera de ser. Cada uno va desarrollando ciertas características de su personalidad que puede usar en distintas direcciones según vaya siendo valioso para él. ¡Esta es la maravilla del ser humano! Gracias a su inteligencia, voluntad y libertad puede vencer cualquier tipo de condicionamiento que se le presente, con tal de que se lo proponga y ponga los medios y el esfuerzo para hacerlo. Así tenemos a Hellen Keller, nacida en Alabama, Estados Unidos en 1880, quien al año y medio de edad quedó ciega y sorda, y aprendió a comunicarse llegando a escribir libros en distintos idiomas; a Víctor Frankl que dentro de Auschwitz encontró un sentido a su vida, estudiando los efectos de esas condiciones infrahumanas en sí mismo y en sus compañeros, de donde surgió su Logoterapia; y a tanta gente que vive en el anonimato de una vida alegre y sencilla a pesar de cualquier tipo de dificultades económicas, sociales, familiares o físicas a que se encuentran sometidos. Y por el contrario, también hemos sido testigos de tantas personas que aparentemente lo han tenido todo o por lo menos no han sufrido tantas carencias y, sin embargo, no se consideran felices. Todos conocemos a personas así. ¿Dónde ha estado la diferencia? ¿En las cualidades con las que han nacido? ¿En las circunstancias que les ha tocado vivir? No, la gran diferencia radica en que unos han tenido un ideal que los ha llevado a tomar las riendas de sus vidas en sus manos, forjándose a sí mismos para alcanzarlo; mientras que los otros se han dejado llevar por las circunstancias, ya sean internas o externas. Los primeros no se dejan atrapar por ningún tipo de dificultad. Aún cuando caigan varias veces, afrontan la vida como una aventura en la que ellos quieren ser los vencedores, porque tienen un ideal, que se convierte en fuente de esperanza y de motivación. Los segundos, por carecer de ese ideal, no encuentran la fuerza ni la motivación para construirse a sí mismos. Los primeros han tenido a alguien que les ha guiado y les ha servido de ejemplo y de apoyo: Hellen Keller no hubiera hecho nada sin Anne Sullivan; Víctor Frankl tampoco sin su padre o sin Jan Tyranowski, un sastre que hizo las veces de su director espiritual cuando perdió a su padre. Estos adultos han jugado un papel muy importante en la vida de estos jóvenes: les han mostrado un ideal hacia el cual proyectar su vida y les han ayudado a desarrollar las facultades necesarias para luchar por él. Ellos han desaparecido (el padre de Karol murió cuando éste tenía 20 años), pero el ideal se ha mantenido y han podido salir adelante por sí mismos. Ni Hellen Keller ni  Víctor Frankl nacieron siendo esas personas que llegaron a ser. Los dos tenían cualidades y muchas más dificultades. Ninguno de los dos nació mucho más dotado que la mayoría de nosotros. Sin embargo llegaron a ser lo que fueron porque supieron ser consecuentes con su ideal tomando a cada paso de su vida la decisión que más los acercaba al mismo.
Este es el gran reto que se nos presenta a los adultos de hoy: aprender a presentar ideales atractivos a los jóvenes para se entusiasmen y puedan proyectar el tipo de personas que quieren ser, y les sirvan de guía y motivación a lo largo de su vida.   Los ejemplos de estas personas nos animan a que no seamos observadores del conflicto sino que nos unamos para hacer algo a favor del mundo que tanto lo necesita, si somos la sal y la luz que el Señor Jesús nos dio, entonces a preservar e iluminar para que muchos salgan de donde estan y puedan ser mejores y servir a otros, pongamos nuestro granito de arena en hacer algo.  Es allí donde debemos invertir, es allí donde nos debería dar verguensa pensar en construir nuestros grandes templos y pensar en nuestras comidades espirituales y denominacionales. Es allí donde debemos sacrificar la triviliadad de nuestras posturar por un reto superior. Es allí donde deberíamos dar todo nuestro dinero y la iglesia se convertiría en el “pequeño David” dispuesto a derribar a sus gigantes. Espero que todos podamos entender la urgencia de invertir para derribar estos cinco giantes mundiales.

Para terminar quiero contarles otra experiencia en una caminata por el campo unas personas se desviaron de la ruta tradicional y se introdujeron en una senda que los llevaría a la altura de la montaña que querían alcanar.  Este hombre y su amigo de caminata quisieron hacer algo diferente ese día, y en lugar de seguir el camino normal, le mostró otro trayecto justo por en medio de la montaña virgen hacia arriba. Le  dio un par de instrucciones: no mire ni hacia arriba ni hacia abajo, solo viendo hacia el suelo paso tras paso.  La verdad es que sentía que el corazón se le salía, y su respiración se aceleraba, y sus  piernas parecían no obedecer a su mente de que dieran un paso más.  Pero al fin, perseverando llegó  a la cumbre, de hecho es la montaña más alta de todas alrededor.

Cuando llegaron  le  dijo que ahí arriba se llamaba “El Alto de las Guayabas”, y claro, había árboles de guayabas, y era alto, así que el nombre era por eso. Se recuperó de la subida y se acercaron  a uno de los árboles, ya unos tenían guayabas maduras, y otras casi maduras, pero todos con cosecha.  Este hombre le preguntó que si era ya temporada de guayabas, y le contestó que estaba empezando la cosecha.  A lo cual le replicó que si era así, porqué estos ya tenían cosecha madura, y le contestó que era normal, que en lo alto los árboles dan cosecha de primero.  Explicó que las condiciones del clima, y las corrientes del viento benefician para que los árboles que estén en lo alto sean los primeros en tener cosechas.  Además  dijo: “Ha oído que se dice “café de altura” cuando lo que se quiere decir que es buen café”.  Y la verdad es que si había oído eso.  Luego este hombre cuando venía montaña abajo venía comiendo guayabas frescas. Entendió la lección de inmediato  y era que  que “si quiero cosechas de primero, y buenas, debo estar en las alturas, y aquí es donde la ley de la siembra y la cosecha se da a otro nivel.  Habacuc, un profeta del Antiguo Testamento dijo acerca de Dios: “Y en mis alturas me hace andar.” (Hab.3:9).  ¿Será que desea que tengamos buenas y prematuras cosechas? Bueno busqué la altura del Señor.

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