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Permítanme concluir con una serie de consejos que proveen un ejemplo de las armas de guerra. Como hemos visto en toda esta serie, la situación es la opuesta de la que se nos está dirigiendo a esperar. La artillería pesada no son los fuegos pirotécnicos ekbalísticos, sino la serie de un sinfín de cambios y elecciones “pequeñas” son más explosivos y transformadores. Cuando la verdad multifacético enfrenta la esclavitud moral con la verdad y el poder de Dios, el resultado es una manera de pelear la guerra espiritual mucho más poderosa. Primero, se debe pelear y ganar la guerra espiritual a través de descubrir a Dios Creador que reina sobre cielo y tierra. No se puede pelear contra un enemigo a quien lo enviste con muchos de los poderes de Dios. Necesitamos entender cómo opera el universo en realidad, desenmascarando las muchas mentiras que creemos y obedecemos. Segundo, se debe pelear y ganar la guerra espiritual a través de aprender a encontrar refugio en el Señor Jesucristo. Nuestro heroísmo nervioso al “tomar autoridad” tiene poca semejanza a la seguridad de conocer al Pastor de las almas. El “Nombre y la Sangre”, las cuales con frecuencia muchos han reclamado, necesitan llegar a ser realidades creídas y conocidas en lugar de ser palabras mágicas. Demasiado de la batalla depende de mis propios esfuerzos “espirituales”, en lugar que de las promesas de Dios, del amor efectivo de Cristo. Tercero, se debe pelear y ganar la guerra espiritual a través de excavar la Escritura en búsqueda de la sabiduría verdadera. Muchos tratan a los versos bíblicos como encantamientos mágicos en lugar de cómo a la palabra coherente del Dios coherente quien debe ser temido y obedecido. Los oyentes cuidadosos llegan a ser sabios, y la gente sabia es la que permanece firme en el día malo. Cuarto, se debe pelear y ganar la guerra espiritual a través de dejar de pelear solo. Necesitamos amigos que nos amen, que nos conozcan, que oren por nosotros, que nos aconsejen y nos pidan cuentas. El dragón del cuarto de atrás puede intimidar a un solo individuo, pero debe caer al enfrentarse a un pelotón. Quinto, se debe pelear y ganar la guerra espiritual a través del entendimiento de los pensamientos e intenciones de mi corazón. Numerosas creencias falsas y deseos engañosos específicos inclinan mi vida hacia las tinieblas. Jesucristo promete ayudar a aquellos que entienden en qué cosas realmente necesitan ayuda. El dragón” metafórico atrae mucha de nuestra atención. Pero qué del hecho de “jugar a ser Dios” en su mundo de fantasía mental? ¿Qué acerca de mis deseos frustrados por el dinero y la aprobación humana que genera presión, engañándome para que encuentre en el deseo sexual un escape atractivo? El verdadero dragón tiene miles de disfraces y engaños. El Salvador tiene una nueva identidad que puede reemplazar a la antigua. Sexto, se debe pelear y ganar la guerra espiritual a través de hablar las palabras que hagan un bien genuino a mis íntimos alrededor y a los demás. El diablo huirá cuando sea paciente, amable, perdonador, cándido, constructivo, juicioso y pacificador. El habla farsante, caótica, sin propósito e impulsiva de muchos demuestra necedad. La lengua sabia repele al mentiroso y asesino. Séptimo, se debe pelear y ganar la guerra espiritual a través de brindar a nuestros jefes un trabajo honesto cada día, y tratar a las otras personas con respeto. En otras palabras, a través del amor a su prójimo en su lugar de trabajo. El resultado de la batalla depende de un millar de escaramuzas y combates mano a mano. Un hombre con integridad en el sitio de trabajo será un varón en el que los dragones están muriendo .Octavo se debe pelear y ganar la guerra espiritual a través de pagar sus impuesto y manejar sabiamente el dinero. Aquellos que son fieles en lo poco, lo son en lo mucho. Algunas veces las primeras victorias de la sabiduría vienen en áreas remotas al “dragón” percibido. Noveno, se debe pelear y ganar la guerra espiritual a través de aprender a poner mi corazón en lo que intenta la verdadera oración. La batalla se resume en que si buscáramos glorificar a Dios, obedecerle, apoyarse en él, traer mis necesidades a él, buscar ayudar, y arrepentirse, orando: Padre nuestro que estás en los cielos, Santificado sea tu Nombre Venga tu reino, Sea hecha tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy el pan de cada día. Y perdona nuestras deudas, así como perdonamos a nuestros deudores Y nos dejes en tentación, mas líbranos del mal Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria. Amén. Esta manera de orar toca la realidad y reemplaza las oraciones rituales y confundidas que muchos del movimiento de liberación oran. Y décimo, se debe pelear y ganar la guerra espiritual a través de no ceder al deseo sexual. No hay diferencia en principio con las otras áreas de la batalla. Los defensores del MEM están en lo cierto cuando dicen que la lujuria y la ira son pecados particularmente difíciles de dejar. La Escritura siempre ha indicado esto cuando menciona y discute estos pecados un sinfín de veces. Pero las batallas difíciles no significan que uno esté demonizado significan que tenemos que recurrir al Señor Jesucristo como el Salvador de nuestros pecados.. Martín Lutero describió de esta manera la lección que muchos debemos aprender: La vida, por lo tanto, no es la justicia, sino crecimiento en la justicia, No es salud, sino sanidad, No es ser, sino llegar a ser, No es descanso, sino ejercicio. No somos ya lo que hemos de ser, pero estamos creciendo hacia allá: El proceso no ha finalizado, sino que continúa; Este no es el final, sino el camino; No todo ya resplandece en gloria, pero todo está siendo purificado. Recobrar la guerra espiritual significa aprender de nuevo cómo Dios busca establecer su gloria en nuestras vidas. Significa obtener un entendimiento de la santificación progresiva en una cultura cristiana habituada a buscar soluciones rápidas. Significa aprender a ver dramas heroicos presentados en los rincones pequeños de la vida. Significa llegar a ser humanos renovados a la imagen de Jesucristo, quien es el autor y consumador de la fe. Significa aprender cómo ser cristianos. Todo lo apelante y atractivo se halla del lado de los encuentros de poder contra los agentes demoníacos. Los encuentros de poder todo lo ofrecen: emoción, drama, la promesa de una confrontación definitiva con los demonios y un cambio total sobrenatural. En contraste, el luchar contra el mal por medio de la verdad, parece ser seco, aburrido, anticuado y nada espiritual. Pero el dejarnos sorprendidos es algo que está en el corazón del evangelio. Como fue cierto en el caso del nacimiento, vida, muerte y resurrección del Galileo, así también es cierto en nuestra guerra espiritual hoy en día: Los poderes de las tinieblas son derribados por medio de las pequeñas y débiles palabras y obras de la fe y la obediencia. Con esto cierro el ciclo de artículos sobre guerra espiritual. Espero haya sido de ayuda a muchos. Escríbanme para saber sus opiniones.

Si está equivocado, ¿Por qué me funcionó? ¿Qué decimos cuando el MEM cambia a las personas? ¿Es vindicado el MEM por las historias de resultados exitosos? Esta pregunta representa mucho desafío. Es difícil argumentar en contra del éxito. Dios puede utilizar el MEM para ayudar a la gente porque los buenos elementos se mezclan con los rasgos característicos problemáticos. Al realizar su obra, Dios inevitablemente utiliza medios que están más o menos fuera del ideal. ¿Quién de nosotros ejerce el ministerio exactamente como Jesús o Pablo? Esto no significa que debamos recomendar lo erróneo, sino que debemos evaluarnos con humildad. La mezcla de lo bueno o malo significa también que el movimiento del MEM tiene un espectro de va de desde lo más relativamente sobrio a lo más relativamente extraño. Por ejemplo, el ministerio ekbalístico de Neil Anderson incluye muchos elementos buenos, por ejemplo: buscar creencias falsas, aplicar la verdad, hacer un llamado a la oración, arrepentimiento, santificación progresiva y lealtad a la Palabra de Dios. El puede hacer que la gente despierte a la realidad de la guerra espiritual. Aprecio el alejamiento que Anderson tuvo de los “encuentros de poder” para acercarse a los “encuentros de verdad”. También aprecio su crítica bíblica y práctica de aquellos que realizan encuentros de poder. Pero cuestiono su conceptualización de la demonización moral y lamento su prominencia en sus escritos. También veo problemática la naturaleza tan mecánica de sus “Pasos hacia la libertad en Cristo”. Pero Dios usará para ayudar a la gente aquello que es verdad. Nuestro Señor complacidamente mostrará su misericordia donde la oración es ofrecida sinceramente, la verdad es presentada en amor, y hay un llamado al arrepentimiento. Sin embargo, el párrafo anterior debe ser clarificado. El MEM funciona constructivamente en la medida en que la persona no “compre” el paquete completo del MEM, sino que actúa en fe y arrepentimiento. Consideremos a Carlos, un hombre con un problema persistente de ira. Le echaron fuera un “demonio de ira” y estuvo bien por tres días. Pero luego se irritó con su esposa, tuvo pensamientos de furia y le lanzó palabras viles. Si Carlos tomara como verdaderos los rasgos característicos del MEM, el concluiría: “Los demonios regresaron”. Tal conclusión lo lleva a una cosmovisión no bíblica en la que no crecerá en el conocimiento verdadero de Dios, de su Palabra, de la vida cristiana y de él mismo. Se volcará a la superstición
y las oraciones mecanizadas. O dejará de ser un cristiano profesante debido a que su entendimiento de la fe cristiana “no funciona” para resolver sus problemas. Pero asumamos que Carlos no “compró” todo el paquete del MEM, aun cuando tuvo una experiencia inducida por el MEM. En vez de esto, el MEM pudo cristalizar algunas verdades importantes: “Estoy en una guerra espiritual. Alguien quiere regir sobre mí. Mi amargura e ira son serias y necesito lidiar con ellos. Le agradezco a mi fiel salvador Jesucristo por revelarme esto. Señor, ayúdame a desenmascarar mis deseos egoístas que inician mi descontrol. Puedo ver mi orgullo. Rechiné cuando pasó junto a mí, y luego la intimidé con mi ira. Señor, me arrepiento de estas cosas. Perdóname. Gracias por la sangre misericordiosa de Jesucristo, a pesar de ser un hombre tan orgulloso como soy. Necesito pedirle perdón a mi esposa. Señor, necesito tu poder y guía para aprender cómo ser un pacificador, para entender el punto de vista de mi esposa, para controlar mi tono de voz, para ser paciente y amable”. Algunas personas terminan teniendo una cosmovisión del modo clásico a pesar de haber tenido una experiencia en el modo ekbalístico.

¿Qué decimos de los fenómenos de la manifestación demoníaca? “Pero yo experimenté. . .” Estas son tres palabras difíciles de rebatir en nuestros días, pues la experiencia se presenta a sí misma como una autoridad incuestionable. Mi respuesta está enraizada también en mi experiencia, pues he visto, escuchado y leído las cosas de las que hablan los defensores del MEM. Y estoy profundamente convencido que ellos mal interpretan, mal diagnostican y a veces, aun causan dichas experiencias. Algunos de mis comentarios en esta sección serán especulativos y controversiales, pero este asunto necesita ser tratado. Yo veo tres explicaciones posibles de las “manifestaciones de los demonios” producidas en el contexto del MEM. No son mutuamente excluyentes, sino que pueden darse al mismo tiempo. Estas explicaciones pueden verse como una trenza triple, conectada lógicamente. Primero, muchas de las “manifestaciones demoníacas” son producidas por tener una alta expectativa de que sucedan. Una atmósfera de expectativa intensa puede producir casi cualquier cosa. Los consejeros encuentran lo que están buscando; los aconsejados producen lo que los consejeros están buscando. El “poder de la sugestión” puede sonar como un truco barato, y los defensores del MEM típicamente, se niegan a aceptar que la sugestión pueda explicar el fenómeno tan extraño y poderoso que acaban de ver. Pero la sugestión es una fuerza de vasto y sutil poder. La gente con creencias demonológicas “ven y experimentan” a los demonios, tal y como la gente con creencias modernistas “ven y experimentan” síntomas psicopatológicos. Cuando leo los casos de estudio y las transcripciones literales de los encuentros ekbalísticos, veo que asuntos profundos de pecado son pasados por alto, reempacados, y presentados como demonios invasores. Por ejemplo, muchas de las anécdotas enfatizan que la persona era un cristiano sincero y dulce que amaba al Señor y tenía su corazón en el ministerio, pero de alguna forma no podía dejar los pensamientos de depresión, ira y lascivia. Los ministros del MEM tienden a interpretar estos pensamientos desagradables como demonios. Esto muestra una falta de verdadero entendimiento tanto de Dios como del remanente de pecado en la naturaleza humana. El corazón de las tinieblas en donde la voz del diablo se escucha, a menudo es trivializado o pasado por alto. No es que los defensores del MEM traten el pecado a la ligera, sino que no lo tratan profundamente. Esto es más que un juego de palabras. Ellos tienen muchas de las expectativas de “la vida cristiana victoriosa” y no enfatizan suficiente el problema del pecado que mora en el corazón humano. Carecen de un entendimiento de la dinámica tanto del pecado como de la santificación. Cuando los consejeros esperan encontrar demonios, la gente confundida y abatida produce lo esperado. Segundo, tal vez Satanás mismo coopera con el error para producir los “efectos especiales” generados por la enseñanza y práctica del MEM. Bíblicamente, el MEM está básicamente equivocado con respecto a la demonización del pecado interno. Las seducciones íntimas y la esclavitud del diablo no se traducen en tener un espíritu inmundo. Si la cosmovisión del MEM en realidad adopta y enseña puntos de la teología ocultista, ¿quién estaría más feliz que el archimentiroso? Un maestro del MEM relató la siguiente historia: “En una sesión de consejería con Alicia, le pregunté al demonio llamado “Rechazo” que si había usado alguna vez el concepto de que los cristianos no pueden ser habitados por demonios. El respondió, ´¡Oh sí! La usamos todo el tiempo. Es una de las mejores herramientas que hemos promovido”. Este hombre creía que un demonio le dijo la verdad. Pero quizá el “demonio” llamado Rechazo fue producción Satánica. Tal vez él engañó tanto a Alicia como a su consejero para que sigan una cosmovisión y unas prácticas que la Escritura no respalda. La mayoría de los practicantes del MEM admiten ocasionalmente que ciertas “manifestaciones” tenían toda la facha de demonios pero que resultaron espurias. Los nombres de los demonios frecuentemente son absurdos; son transmutaciones fantasiosas de lo que es la carne en realidad. Muchas de las “conversaciones con demonios” (Dickanson, Demon Possession and the Christian, p.191) revelan que el consejero está tan confundido como todos los demás. Aun peor, la teología práctica del MEM permite que la experiencia interprete a la Escritura, en vez de ser la Escritura la que interprete a la experiencia. Tercero, el MEM podría en realidad invocar actividad demoníaca. Las “voces” en la mente no son una rareza: burlas blasfemas, brotes de tentación de revolcarse en comportamiento y fantasía vil, o pensamientos persuasivos de incredulidad. La guerra espiritual clásica los interpreta como provenientes del diablo y promete que él huirá cuando lo resistamos con la armadura de la luz. Este modo reconoce que el corazón humano es el puente entre la tentación y el pecado. Pero el MEM se refiere a tales voces como demonios residentes agregados al corazón de uno. Las técnicas del MEM inducen a la gente a abandonar el control consciente. Algunas veces estas pérdidas del control ocurren a través de técnicas hipnóticas identificables. En un encuentro agresivo de poder, un ministro liberador autoritario puede crear efectos hipnóticos en los aconsejados abatidos y sugestionables. Esto puede ocurrir tanto en sesiones privadas como en públicas.. Si las personas creen que las “voces” en realidad les hablan, entonces las técnicas hipnóticas pudieran fomentar estos fenómenos al invitar a que la persona consciente se haga a un lado. Estos fenómenos no sólo ocurren en los encuentros de poder. Los ministerios de liberación menos dramáticos invitan al aconsejado a relajarse, abandonar el control, y permitir que las voces hablen a través de ellos. Esta forma de sugestión no es menos manipuladora. Los fenómenos manifestados bien pudieran ser una fabricación de la cosmovisión y de las técnicas. Contrario al ejemplo bíblico, las “manifestaciones” contemporáneas típicamente ocurren en contextos cargados de emociones y expectativas en donde la maquinaria es alimentada con las enseñanzas del MEM. En algunos encuentros del MEM, algo de una maldad inexplicable parece ocurrir. Quizá los practicantes sin saberlo están contribuyendo en la producción del mal extraño. Por el contrario, permanecemos sobre el terreno
bíblico cuando nos dirigimos a las personas como personas, reconociendo que están en una guerra espiritual. Bueno he tratado de abarcar que los conceptos característicos del MEM están equivocados no sólo a grandes rasgos sino también en los detalles. Hemos visto que no se pueden apoyar bíblicamente los puntos de vista y prácticas del MEM. Estamos en una guerra. Pero necesitamos entender y pelear esa guerra como Dios quiere. Y ese será mi entrega final.

¿Podemos heredar demonios de nuestros ancestros? Con mucha frecuencia se mencionan los demonios heredados de los ancestros como la causa de que algunos cristianos estén demonizados. Si los ancestros de una persona usaron la Ouija, practicaron la brujería, o vivieron inmoralmente, la persona puede adquirir demonios que le acosen y le aten en esclavitud al pecado. Un maestro del MEM lo explicó de esta manera: “He notado que la causa principal de la demonización es este canal del involucramiento de los ancestros. Un poco más del 95% de 400 personas que he contactado en mi ministerio de consejería han sido demonizados por el involucramiento de sus ancestros en actividades ocultistas y demoníacas.” Dickason, Demon Possession and the Christian, p.221. Exodo 20:5, que es parte de los Diez Mandamientos, es el texto que supuestamente prueba la existencia de demonios que van de una generación a otra. El mandamiento en contra de la idolatría finaliza con este advertencia: “Yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen”. Esta amenaza de juicio es interpretada como apoyo para la idea de que los demonios pasan de una generación a otra en una familia, aunque esta idea no aparezca en ningún lado en la Biblia. Exodo 20:5 simplemente significa lo que es obvio: el pecado será juzgado. El Antiguo Testamento provee varios ejemplos de idólatras que cosecharon destrucción con decaimiento moral y muerte violenta que se extendió a sus descendientes. Pero en ningún lugar en el Antiguo Testamento se hace la conexión de esto con demonios de esclavitud moral que pasan de una generación a otra. La noción de la transferencia generacional de agentes demoníacos es simplemente una pieza de la teología ocultista que se ha infiltrado a la cosmovisión del MEM.
¿Existen etapas de demonización? Muchos libros del MEM enseñan una secuencia progresiva de demonización ensamblando una serie de textos. Hay muchas opiniones variantes, pero una de las más típicas es que la opresión (Hechos 10:38) te lleva a un darle un “lugar” o punto de apoyo (Efesios 4:27) a los demonios; lo cual te conduce a tener una “fortaleza” (2 Corintios 10:4) que finalmente lleva a la demonización total o aun, a la posesión (Evangelios). La esclavitud moral es el resultado final de un proceso multifacético. Se dice que el proceso comienza con las tentaciones opresivas, los pensamientos blasfemos y las mentiras del diablo. Si alguien se ocupa de este tipo de cosas, los demonios obtienen un “lugar “(de naturaleza moral). Y si la persona continúa con su tendencia hacia las prácticas ocultistas, cree las mentiras, alimenta la ira y se entrega al pecado sexual, ese “lugar” se convierte en una “fortaleza”. Se percibe a los cristianos como estando en algún punto del espectro “opresión-lugar-fortaleza”. La clave para realizar el ministerio ekbalístico es identificar cuál es el “lugar” que el diablo posee, determinar cómo fue establecida la “fortaleza”, y luego sacar el demonio. Esta parte de la teoría del MEM ofrece una metáfora extremadamente gráfica de la invasión moral del pecado y la declinación moral del pecador yendo hacia la servidumbre. Pero ellos toman su metáfora como si fuera una realidad, procediendo a sacar demonios que en realidad son pecados atrincherados en el corazón. Es precisamente el modo clásico de la guerra espiritual el que está dirigido a esta esclavitud moral y a los susurros engañosos de Satanás. Los proponentes del MEM citan Hechos 10:38, Efesios 4:27 y 2 Corintios 10:4 como textos que demuestran su postura. Pero ninguno de estos pasajes enseña algo relacionado con las supuestas etapas de demonización. Por ejemplo, Hechos 10:38 dice que Jesús “anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.” Este versículo se refiere a las sanidades ekbalísticas de Jesús. El resto del discurso de Pedro a los gentiles (10:34.43) muestra cómo el evangelio pone solución al mal moral. Pero este único versículo confirma el poder y la bondad divina de Jesús al dar alivio al sufrimiento humano. El modo de ministerio y guerra que se enseña en Hechos 10 es el modo clásico: arrepentimiento, fe y obediencia. Otro pasaje que es mucho más citado es Efesios 4:27 que dice: “No deis lugar al diablo”. En el pensamiento del MEM está por todos lados la idea de que el pecado le da al diablo un “lugar” psicológico o un “derecho”. Pero ¿acaso este pasaje está enseñando semejante cosa? Efesios 4 se enfoca en la Iglesia como un cuerpo que trabaja junto, siendo edificado en la unidad del Espíritu. Hay varios pecados que hacen añicos esta unidad, teniendo como los pecados principales a las mentiras y a la ira (Efesios 4:25- 27, 29-31). El cuerpo es dañado cuando un cristiano no resuelve un problema que le lleva a la ira. El diablo obtiene un “lugar” para realizar sus planes en la Iglesia: la división. El hablar con la verdad en amor edifica a la iglesia; el hablar con falsedad e ira destruye a la iglesia. Efesios 4:27 no ofrece apoyo para la teoría de que el diablo adquiere un espacio psicológico, realiza un aterrizaje invasor, y toma la propiedad de una parte de la vida de una persona. Además, el pasaje enseña claramente el modo clásico de ministerio: despojarse de la vida antigua, adentro y afuera, y vestirse de la nueva por medio del poder de Cristo, porque al hacerlo, el cuerpo de Cristo será edificado. 2 Corintios 10:4 es similar: “porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas”. Las fortalezas son enseñanzas falsas que Pablo derriba al declarar la verdad Ver también 2 Corintios 2:11 en su contexto abiertamente; este es un tema que aparece repetidamente en esta carta. Este pasaje no tiene nada que ver directamente con demonios. Ciertamente la serpiente es una engañadora (2 Corintios 11:3) y los maestros falsos son siervos de Satanás (2 Corintios 11:13-15). Pero Pablo está hablando a los Corintios para alertarlos de las estratagemas de sus enemigos espirituales y humanos quienes quieren ponerlos bajo la esclavitud de las mentiras. 2 Corintios 10:4 no tiene nada que ver con una parte de nuestra mente sobre la cual un demonio está reinando. El querer enseñar el MEM basándose en estos pasajes es estar “pescando” un texto que valide una teoría construida con base en materiales extrabíblicos. El modo de ministerio enseñado en el contexto es el modo clásico: Hablar la verdad fielmente, arrepentirse del error, aprender a tener una devoción sencilla y pura hacia Cristo. La serie de textos que hemos considerado no nos proveen una explicación para las supuestas demonizaciones morales. La Biblia es absolutamente silenciosa en cuanto la pregunta de cómo surgieron las demonizaciones encontradas en los evangelios. Tomando en cuenta todo lo que la Escritura sí revela, la respuesta más segura es la respuesta de Jesús a sus discípulos con respecto al hombre ciego de nacimiento: “No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.” (Juan 9:3). Las causas de la demonización son uno de los muchos silencios provocativos de la Biblia con respecto al diablo y sus huestes. No nos atrevamos a satisfacer nuestra curiosidad con especulación, ni a construir una teología pastoral global basándonos en fantasía. Pero la Biblia dice toneladas de cosas acerca de cómo ocurre nuestra esclavitud moral al diablo, mostrándonos el modo clásico de guerra espiritual como el poder para ser liberados.
¿Deberíamos atar a los demonios? La práctica del MEM se distingue no sólo porque le da nombres a los demonios y describe cómo los adquirimos, sino también por la manera en la que busca deshacerse de ellos decididamente. Típicamente el ministro liberador ata” a los espíritus por medio de varias órdenes y oraciones. El texto principal usado como base para esta práctica es Mateo 12:29: “Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa.” Este versículo es a menudo suplementado con Mateo 16:19 y 18:18 en donde Jesús dice, “todo lo que atéis en la tierra será atado en el cielo”. Según los defensores, el modo ekbalístico funciona por medio de atar a los poderes del mal, repudiando el “lugar” que ellos tienen dentro del demonizado, y ordenándoles que salgan. Sin embargo, Mateo 12:29 ha sido arrancado completamente de su contexto para justificar un buen tanto de superstición. Las fórmulas verbales para “atar” demonios tienen la facha de las fórmulas mágicas, no del ministerio bíblico de la Palabra. El pasaje no tiene la intención de describir una metodología pastoral, sino es una parábola que describe la obra cósmica de Jesús como el Mesías. El entró a una “casa” que pertenecía a un “hombre fuerte” a quien él “ató” con el fin de “robarle” sus “posesiones”. La casa es el planeta tierra. El hombre fuerte es Satanás. Las posesiones son las personas (tú y yo) a quien Cristo salvó al robarnos del dominio del diablo. La acción de atar es la obra completa de Cristo: desde su demostración de misericordia ekbalística hasta su muerte y resurrección. El reino de pecado y muerte de Satanás ha recibido un golpe definitivo, y sus antiguos seguidores están huyendo de las tinieblas y entrando al reino de misericordia, justicia y vida. El pasaje no enseña un método pastoral para “atar” demonios. Además, en ningún lugar vemos a Jesús ilustrar esta práctica. Mateo 16:19 y 18:18 hablan de atar y desatar, y estas fórmulas verbales a menudo las encontramos en la práctica del MEM. Pero ¿tratan estos pasajes acerca del MEM?¿Tienen cuando menos algo que ver con los demonios? De hecho, el atar y desatar se refiere a personas que están dentro o afuera de la comunidad de Dios, no a los espíritus que están adentro o afuera de los individuos. Estos son los únicos pasajes en los que Jesús utiliza la palabra “Iglesia”. El se refiere a la obra de la Iglesia como la administradora de Dios que tiene las “llaves”: definiendo lo que es correcto e incorrecto, definiendo a la gente que está adentro o afuera de la comunidad, definiendo quien es y quien no es perdonado.
¿Necesitamos seguir autoliberándonos? La autoliberación es otra característica prominente de la consejería ekbalística. Se le enseña a la gente a “mantener su liberación” por el peligro de una nueva invasión. El texto clave citado a menudo es Mateo 12:43-45. En esta parábola, Jesús le dice qué es lo que pasa cuando un espíritu inmundo es echado fuera. Eventualmente regresa a su hogar inicial, y encontrándolo vacío, “entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero”. Los practicantes del MEM usan este pasaje para advertir que las personas que no mantienen su liberación son vulnerables a caer en un estado peor de esclavitud a los demonios de pecado. Debido al peligro de una nueva invasión, el MEM enseña técnicas para una continua autoprotección y autoliberación. Muchas de estas técnicas incluyen elementos del discipulado de acuerdo con el modo clásico (es decir: verdad, estudio bíblico, oración, arrepentimiento, adoración), juntamente con técnicas de guerra de acuerdo con el MEM. Todas estás técnicas son aplicadas de acuerdo con la cosmovisión del MEM. Pero Mateo 12:43-45 en realidad es una parábola. Jesús no está enseñando acerca del modo ekbalístico, sino acerca de lo que le pasará a la gente que no le escucha: “Así también acontecerá a esta mala generación”. En los diez versículos previos Jesús ha estado llamando a la gente al arrepentimiento porque “algo mayor” esta aquí. Mateo 12:43-45 provee el clímax a este llamado vigoroso a despertar y arrepentirse. Jesús advierte que los que no se arrepientan perecerán. Los siete espíritus malos apuntan hacia el infierno, no a un estado temporal de invasión de una persona. Jesús está echando fuera espíritus que afligen a la gente, pero si las personas no se arrepienten, tendrán que enfrentar la aflicción final. Los siete espíritus son el juicio de Dios sobre el pecado del Israel incrédulo que trae una miseria peor sobre ellos. El pasaje trata de la nación de Israel y el día del juicio, no de la “psicología” de la guerra espíritual. Este pasaje es consistente con lo que vimos anteriormente sobre las demonizaciones en los evangelios que se presentan como los sufrimientos por la maldición. Jesús utilizó estos anticipos del infierno para mostrar su poder tangible para traer bendiciones de vida, salud, y libertad. Pero también enseñaban acerca de una amenaza mayor: El problema del mal moral es la base de las formas variadas de la maldición que Dios trae sobre los pecadores, a menos que los éstos se arrepientan. La noción del MEM respecto a que uno debe mantener su liberación viene a ser un sustituto de la autoexaminación, arrepentimiento continuo, oración ferviente y adoración a la manera del modo clásico. Los practicantes del MEM proponen una cosmovisión entera y un sistema de práctica pastoral, pero, punto por punto, sus ideas y métodos característicos no pasan la prueba del examen de la Escritura. La Escritura explícitamente nos enseña muchas cosas acerca de la guerra espiritual, pero ideas como las de los demonios de pecado, espíritus ancestrales, etapas de demonización, atar a los espíritus inmundos y mantener la liberación, no se derivan de los textos citados como evidencia que supuestamente apoyan estas ideas.

Hasta este punto hemos explorado el MEM a grandes rasgos. Ahora miraremos más de cerca los detalles del pensamiento y práctica ekbalística contemporánea. Por supuesto, no todos los comentarios se aplicarán a todo practicante. Pero las siguientes ocho preguntas examinan aspectos del MEM que están diseminados y merecen atención.
Qué hacemos con los casos difíciles? Inevitablemente, los cristianos que se involucran en el MEM siempre tienen alguna anécdota que contar. Estas anécdotas tienen varias características. Los practicantes del MEM están orientados hacia el cuidado pastoral, por lo que ellos quieren ayudar a las personas y esparcir el conocimiento de Cristo. Típicamente, han encontrado casos difíciles en los que las respuestas sencillas no dieron resultado. Los casos que les produjeron frustración y les llevaron a cuestionar su teología práctica operativa. Llegaron a estar abiertos a maneras nuevas que prometían mayor efectividad. El lugar que ocupan las anécdotas en el MEM es tan decisivo que llega a ser difícil argumentar en contra de ellas. Después de todo, ¿sobre qué base podemos cuestionar la anécdota de otra persona sin parecer arrogantes o incrédulos? ¿Puedo suponer que mi anécdota, la cual llega a una conclusión opuesta, es de alguna manera superior a la de la otra persona? Si el asunto queda al nivel de anécdotas en competencia, entonces, solamente tenemos dos opciones: o todo es relativo, o uno de nosotros está equivocado. Todos necesitamos la verdad bíblica absoluta para examinar nuestras anécdotas y facilitar el proceso de corrección. Las siguientes cuatro observaciones deben ayudar a los lectores a evaluar las anécdotas con un balance apropiado entre la misericordia y la crítica. Primero, aun en los cristianos sinceros a menudo coexisten la verdad y el error. Los defensores del MEM típicamente creen en el modo de guerra espiritual clásico, el cual les sirve bien en muchos aspectos de la vida. Pero en ciertas situaciones, revisten el modo clásico con una teoría de pecado causado por demonios. O agregan el modo ekbalístico al modo clásico, sin diferenciar qué enseña la Biblia acerca del propósito y enfoque de cada uno. Esto crea una teología práctica que mezcla ideas y prácticas incompatibles. Uno puede estar en desacuerdo con los rasgos distintivos sin rechazar aquellas cosas que se tienen en común, las cuáles están en una contradicción amistosa con los rasgos distintivos. Varios autores populares del MEM han escrito que las personas que cuestionan la validez de la guerra espiritual ekbalística han sido engañados por los demonios (Dickason, Demon Possession and the Christian, pp.191, 211) o que son habitados por demonios (Pat Brooks, Out! In the name of Jesus [Carol Stream, Ill.: Creation House, 1972]). Confío que mis propios tropiezos en estos artículos también ocurran junto con los pasos enérgicos en la dirección correcta. Segundo, los puntos de vista erróneos pueden operar como metáforas de verdades valiosas que no fueron dichas de una manera más ortodoxa. No quiero decir con esto que el error no es serio, o que todo es simplemente un asunto de perspectiva y que todas las perspectivas son igualmente válidas. Sin embargo, algunos errores tienen mejores intenciones que otros errores. Por ejemplo, la idea que se maneja de que el pecado es causado por demonios, puede servirles a los practicantes del MEM como una manera de cristalizar tanto la complejidad del pecado, como la mano interna de Satanás en cuanto al mal moral. Ellos necesitan una categoría que explique el hecho de la esclavitud profunda a las tinieblas, debido a que su perspectiva del pecado tiende a ser un tanto superficial. La mayoría de los defensores del MEM tienen un punto de vista “Pelagiano” con respecto al pecado: ellos creen que el pecado consiste en las acciones voluntarias y conscientes en donde uno pudo haber escogido la otra opción. Esta definición funciona bien con relación a algunos pecados, como por ejemplo, los pecados serios mencionados en el Salmo 19:13. Pero resulta inadecuada para definir la “esclavitud de la voluntad”, las compulsiones profundas, las tinieblas habituales e instintivas del alma humana, como las que se describen en Génesis 6:5, Salmo 19:12, Eclesiastés 9:3, Efesios 4:17- 22, y Santiago 3:14-4:12. En contraste, el punto de vista “Agustino” con respecto al pecado, toma con mayor seriedad tanto al pecado voluntario como a la obstinación ciega.(El gran debate entre Agustín y Pelagio se puede definir así: Pelagio decía que el hombre es pecador porque peca y Agustín decía que el hombre peca por que es pecador) El punto de vista del MEM del pecado “demonizado” no explica adecuadamente las “cosas oscuras” del alma humana. En vez del reconocimiento de nuestra propia pecaminosidad, el MEM atribuye el pecado a agentes externos. Aunque el punto de vista Pelagiano es inadecuado y confunde a la gente, no es necesariamente fatal para la vida cristiana vital. Tercero, los defensores del MEM típicamente muestran un empleo empobrecido del modo clásico de guerra espiritual. Al hacer una inspección, el modo clásico (palabras de verdad, fe, arrepentimiento, oración y obediencia) es truncado por cosas tales como renunciaciones verbales al pecado, deseo de “dejar ser y dejar que Dios actúe”, ejercer fuerza de voluntad, memorizar versos bíblicos, estudiar para adquirir conocimiento doctrinal racional, involucramiento en el ministerio y mantener las disciplinas cristianas básicas. No es ninguna sorpresa entonces, que la gente recurra al MEM cuando tales formas disminuidas de piedad, volición, racionalidad, activismo y técnica no resuelven los problemas difíciles. La insuficiencia no radica en el modo clásico, sino en la apropiación empobrecida que la Iglesia hace de todas las sutilezas y del poder del modo clásico. Típicamente las descripciones de las prácticas que supuestamente fallaron revelan una falta de auto conocimiento genuino y entendimiento pastoral. Un ejemplo es la definición truncada que tienen del arrepentimiento los practicantes del MEM. Muchos comienzan un proceso de consejería por medio de una lista de actividades ocultistas o sectarias y de otros pecados. El aconsejado marca aquellas que ha practicado y ora unas oraciones prescritas de arrepentimiento. El o ella renuncian a estas cosas pecaminosas, y reclaman ciertas promesas y protecciones. Tales renunciaciones, ya sean mecánicas o sinceras, pueden ser ocasionalmente el punto de ruptura con un pecado particular, pero generalmente no funcionan en la batalla continua con el pecado. Entonces, el modo clásico parece haber fallado, cuando la verdad es que se ha utilizado superficialmente. Es luego de estos intentos, que otras explicaciones y técnicas comienzan a sonar atractivas. Cuarto, cuando leo o escucho a los defensores del MEM relatar sus anécdotas, me descubro preguntándome a mí mismo: “¿Dónde he escuchado esto antes?” Luego me doy cuenta, que los cristianos que se han vuelto psicólogos seculares cuentan anécdotas semejantes. Las anécdotas de aquellos que han encontrado explicaciones “más profundas” en la Psicología y métodos “más poderosos” en la psicoterapia, se asemejan a las anécdotas de los defensores del MEM. Su entendimiento del pecado y la manera en que usan el modo clásico revela una superficialidad similar. También ellos desean mayores explicaciones y mayor poder para lograr el cambio en ellos y en otros. Ellos también han encontrado casos difíciles, emociones extrañas y esclavitud conductual y mental. Ellos también ven las “cosas oscuras” del alma que sus definiciones de pecado y miseria no alcanzan a explicar o resolver. Un grupo de creyentes da explicaciones psicodinámicas de los problemas “emocionales” y de la terapia necesaria. Otro grupo da explicaciones demoníacas de los problemas “espirituales” y de los encuentros de poder. Tanto la psicoterapia como el MEM no toman en cuenta la tercera manera disponible que provee el verdadero encuentro de poder contra el mal moral: recobrar el modo clásico de guerra espiritual. También existe una corriente reciente que conjunta dos enfoques equivocados, combinando lo terapéutico con lo ekbalístico. Estas tendencias son notorias, por ejemplo, en las obras de James Friesen, Fred Dickason, y Ed Murphy.
¿Debemos nombrar a los demonios? ¿Qué categorías debemos usar para diagnosticar los problemas enraizados de la gente? Las categorías “normales” consisten de pecados conductuales y no alcanzan a sondear los remiendos y el lodo del alma humana. La gente busca ayuda cuando se araña con los espinos y se queda atorada en el lodo. El enfoque terapéutico ofrece un conjunto de explicaciones seductoras en las cuales la jerga psicológica produce síndromes y diagnósticos que pretenden dar una explicación clara. El enfoque del MEM va en la dirección opuesta y le da nombres a las supuestas agencias demoníacas. Marcos 5:9 es utilizado como la evidencia de que podemos llamar a los problemas enraizados con nombres de demonios. Jesús le preguntó al endemoniado gadareno, “¿Cuál es tu nombre?” El demonio le respondió, “Legión, porque somos muchos”. Los practicantes del MEM creen que este versículo nos enseña a identificar a los demonios por nombre. De acuerdo con esto, los practicantes del MEM encuentran demonios llamados Ira, Odio, lástima, Orgullo, Temor, Temor a otros, Rebelión, Incredulidad, Lujuria, Suicidio, Homosexualidad, Una legión era una unidad de varios miles de soldados. En efecto, el demonio le contestó a Jesús, “Hay todo un ejército aquí adentro”. Desesperación, Resentimiento, Chisme, Rechazo, Mentira, y otros semejantes. También encuentran demonios con nombres correspondientes a los que la Biblia le da al malo: Lucifer, Beelzebú, Satanás y Apolión. Los ministros del MEM emplean técnicas bastante diferentes para identificar a los demonios residentes. Por un lado del espectro tenemos a los terapeutas amables. Fred Dickason hace que sus aconsejados se relajen y les pide que hagan asociaciones libres. Los tópicos persistentes u obsesivos entonces revelan la localización y la identidad de los demonios. Neil Anderson les pide a las personas que noten cuándo experimentan una oposición
interna a lo que él les dice. Según él, los agentes demoníacos residen en los “lugares” llenos de creencias falsas y que conllevan una carga emocional. Al otro extremo del espectro están los que practican el poder ekbalístico, quienes usan revelaciones u ordenan que se manifieste cualquier demonio que esté presente. Pero ¿Cuál es la importancia de la pregunta de Jesús: “Cuál es tu nombre”? ¿Nos estaba enseñando la identificación de nombres de demonios como un método pastoral? ¿Estaba preguntando para entrar en una conversación con los demonios? ¿Estableció él una relación entre las pautas de pecado del endemoniado y los demonios? Notemos que Jesús nunca recibió un nombre como respuesta, sino que recibió un número y esto es sumadamente relevante en el pasaje. Tal vez Jesús nunca estuvo esperando escuchar un nombre. La Escritura nunca menciona el nombre de los demonios sino sólo el de su jefe. Los demonios siempre obedecían a Jesús, así que si él les hubiera requerido un nombre ellos se lo hubieran dado. Jesús no buscó una razón o derecho moral por el cual los demonios obtuvieron su residencia en el hombre. ¿Fue un gran pecador el hombre endemoniado? ¿Habían pecado contra él y lo habían traumatizado? ¿Participaban sus ancestros en prácticas del ocultismo? La Escritura ni nos da pistas para tener una respuesta, ni muestra interés en estas preguntas. Se ha puesto mucha energía ekbalística haciendo cosas que Marcos 5:9 no apoya. Los rasgos característicos del MEM son importados al texto en vez de ser derivados del texto. Los ministerios que practican el MEM varían mucho con respecto a cuánto conversan con los demonios. Neil Anderson, por ejemplo, se ha alejado completamente de la práctica de nombrar y platicar con los demonios. Ed Murphy, por otro lado, conversa ampliamente con los demonios e inclusive busca la corroboración por parte de los demonios de las doctrinas que él sustenta. En general, los ministerios del MEM están abandonando la práctica de hablar con los demonios. Los ministerios del MEM típicamente tratan con los pecados enraizados de las personas. Los estudios de casos y los resúmenes redefinen estos pecados rutinarios del corazón y los atribuyen a demonios: odio, lástima, orgullo, temor, temor a la gente, rebelión, incredulidad y lujuria. Ellos aplican su concepto del pecado causado por demonios a la experiencia humana típica y cotidiana. Las técnicas de identificación de “demonios” por medio de la asociación libre, el notar la oposición interna, y tener revelaciones especiales, son fáciles de reproducir aun si no creemos en el pecado causado por demonios. Por ejemplo, relájate, abandona el control consciente y realiza asociaciones libres por cinco minutos. Verás como emergen tus pecados enraizados y tus relaciones irresolutas. Pero ¿son acaso demonios estas cosas? O también nota cuando tu mente responde al llamado de Dios para dejar la amargura hacia alguien con un “Pero” cargado emocionalmente. Las mentiras del diablo que has estado escuchando aparecerán pronto. Pero ¿Son éstas demonios? O intenta determinar los pecados enraizados de otra persona. No es particularmente difícil, especialmente cuando las personas con problemas buscan ayuda. Tal discernimiento ¿es una revelación especial acerca de demonios residentes o simplemente entendimiento de las luchas de otros?

En tercer lugar en Presencia de la Carne, Santiago ordena: “¡Resistid!” “Resistid” es lo que Pablo dijo con respecto a la zanahoria que el mentiroso bambolea enfrente del burro. “Resistid” es lo que Pedro dice con respecto a la vara con la que el asesino golpea al burro. Y “Resistid” es también lo que Santiago dice. Sin embargo, él se enfoca en el burro mismo: el corazón humano. Santiago no liga específicamente al diablo con las pruebas y el sufrimiento, sino liga al diablo directamente con nuestra pecaminosidad. El diablo sólo tiene un lugar para persuadirnos o intimidarnos por la congruencia de nuestro corazón con sus intenciones. En Santiago 4:7 escuchamos la canción conocida de la guerra espiritual: “Resistid al diablo y huirá de vosotros”. Debemos resistir a Satanás cuando él trabaja con nuestro necedad moral y apela a nuestros deseos. Santiago 1:14- 15 claramente establece el problema básico. Somos tentados cuando nuestros deseos nos llevan; los deseos engendran pecado, y el pecado trae la muerte. Por toda la epístola, Santiago detalla nuestros pecados primarios y autoengaños. Hacia el final del capítulo 3 nos muestra que la “sabiduría” de nuestros corazones orgullosos y necios tiene su raíz en el diablo (3:15). Finalmente en 4:7, Santiago, al igual que Pablo y Pedro, dice que resistamos al diablo. Las realidades espirituales y la guerra no aparecen de momento a la mitad de la epístola. Como con Pablo y Pedro, la discusión del libro entero de Santiago es enriquecido por un vistazo tras bambalinas. Lo que no es resistir puede ser visto en las siguientes manifestaciones de necedad demoníaca: una lengua incendiaria (3:1-12), un corazón demandante y soberbio que produce caos y toda práctica mala (3:14-16), los deseos que producen conflicto interpersonal (4:1-3), el adulterio espiritual y la hostilidad en contra de Dios (4:4), el orgullo (4:6), doble ánimo y manos sucias (4:8), Jugar a ser Dios (4:11-12), y la arrogancia olvidando que Dios tiene nuestra existencia en sus manos (4:13-17). En medio de estas descripciones del mal, sería incongruente que repentinamente la referencia al diablo introdujera el peligro de los espíritus inmundos residentes. Santiago está lidiando con un asunto mucho más grande: la conformidad moral de nuestras vidas internas y externas a la imagen de Satanás. Con respecto a resistir al diablo, Santiago enseña el modo clásico de guerra espiritual y no el MEM. El apela primero a Dios el dador, quien libremente da gracia y sabiduría a los que le piden. El regalo de Dios produce personas sabias que son obedientes, amables, razonables, misericordiosas, firmes y capaces de hacer la paz en un mundo de guerra (3:17-18). Santiago muestra el poder generoso de Dios: “Él da mayor gracia” (4:6). En medio de toda la necedad sórdida, demoníaca y degradada, esta frase corta es una de las porciones más dulces en la Escritura. La gracia de Dios es mayor, mayor que esta patente oscuridad. Luego, Santiago nos enseña cómo arrepentirnos y acercarnos a Dios (4:7-10). El resistir al diablo es parte de esto; él dice que resistamos caer a la imagen de la necedad demoníaca y que resistamos las tentaciones que surgen en nuestro propio corazón. Santiago enseña el modo clásico de guerra en su esencia destilada: el arrepentimiento, la fe y la acción. Santiago promete que cuando resistimos los intentos del diablo de tomar el control moral, éste huirá de nosotros. La promesa de victoria no pudo haber sido más fuerte. El modo clásico de guerra es el encuentro de poder que hace añicos al reino de mentiras y muerte del diablo. La victoria en la guerra viene cuando los refugiados del dominio de las tinieblas, arrepentidos y con fe, abrazan el poder de Dios. Esta es la manera en la que los varones de oración han peleado siempre contra sus enemigos y triunfaron: Job, David, Jeremías, Habacuc, Daniel, Jesús, Pablo, Pedro y Santiago. Y esta es la manera como nosotros debemos pelear para ganar hoy. El modo de guerra de Santiago está basado en los temas encontrados por todo el Antiguo Testamento y en las enseñanzas de Jesús (Particularmente Mateo). Pero tal vez el libro de Proverbios destaca. El camino de la victoria en la guerra es el camino de sabiduría en la vida. La cosmovisión y las prácticas de Proverbios 2, 3 y 4 se respiran por todo Santiago. La guerra espiritual es “la sangre, sudor y lágrimas” del morir a uno mismo y escuchar a Dios. Cuando Satanás bambolee la zanahoria de mentiras, resistamos. Cuando Satanás nos martillee con la vara del sufrimiento, resistamos. Cuando el burro quiera actuar como el diablo, resistamos. Aquellos que se acercan a Dios en arrepentimiento y fe encuentran el poder que les habilita para vivir en fe obediente. Antes de salirme de las epístolas, debemos explorar cómo tratar con las aflicciones inducidas demoníacamente. Notemos primero que la vasta mayoría de los casos de “demonización” citados por los practicantes del MEM son casos con un diagnóstico equivocado. Lo que es llamado demonio usualmente es una manifestación pecaminosa de miedo, amargura, pasión, incredulidad y otros semejantes. Pero ¿qué de los casos restantes en los que la gente puede estar sufriendo una aflicción producida por demonios? ¿Qué decimos de los efectos físicos y no morales de la malicia Satánica, tales como sordera, mudez, parálisis y convulsiones? O tales efectos como demencia y comportamiento extraño no conectado con causas morales o psicológicas? ¿Cómo debemos tratar estos problemas, donde las enfermedades físicas y los tormentos demoníacos producen miserias similares? Aquí hay otro lugar en donde tanto los proponentes como los opositores del MEM tienen que interpretar el silencio relativo de la Escritura. ¿Cómo debemos ayudar a los afligidos demoníacamente? 2 Corintios 12 nos da una pista, como vimos anteriormente en este capítulo. Pero la respuesta más clara se halla en la epístola que justo acabamos de considerar: Santiago. Usando la analogía cercana entre la enfermedad, el clima, y los sufrimientos demoníacos, el tratamiento apropiado en tales casos es lo que Santiago establece en 5:14-18. Destacan tres componentes: primero, oración ferviente y de fe con el que sufre pidiendo la misericordia sanadora de Dios; segundo, un exploración de las posibles causas médicas y tratamientos, aplicados como sea conveniente en el Nombre del Señor; y tercero, utilizar el cuidado pastoral para convertir estas circunstancias adversas en una oportunidad para un continuo arrepentimiento y crecimiento en la gracia. Las directrices encontradas en Santiago 5 tienen muchas implicaciones y aplicaciones. Por ejemplo, algunas culturas e individuos viven en un mundo de miedos supersticiosos, tendientes a interpretar exageradamente la enfermedad y otras dificultades como demoníacas. Otras culturas e individuos son escépticos acerca de los espíritus inmundos, y tienden a no notar la actividad demoníaca. La pauta de ministerio establecido en Santiago 5 se aplica igualmente bien en cualquiera de los casos. La combinación de la oración ferviente, la mejor medicina disponible y el consejo sabio lograrán lo que se puede hacer tanto por una dolencia estrictamente física y una aflicción de agentes espirituales. Desde la perspectiva de lo que los ayudantes humanos pueden hacer, no existe una diferencia importante entre la demonización y la enfermedad, ya sea en cuanto a los síntomas o la cura. Por analogía, algunos cristianos interpretan los estorbos en el ministerio como demoníacamente inspirados mientras que otros interpretan los estorbos naturalistamente. En cualquiera de los dos casos, el saber que este es el mundo de Dios nos hace arribar a un modo común. Determinar si hay o no un “demonio en el tostador” (o simplemente se trata de un cable suelto) es menos importante que saber cómo tratar con ello. Tanto el MEM como la confianza sin oración en las habilidades tecnológicas son respuestas defectuosas. Cuando el proyector de películas de los misioneros no funciona y se enteran que el brujo de la localidad echó una maldición sobre la reunión, ellos deben clamar por ayuda a Dios y revisar los cables del aparato. Es parte de nuestra forma de resistir al diablo. Continuaré en la próxima entrega.

En primer lugar Ante las Mentiras, Pablo ordena: “¡Resistid!” La epístola a los Efesios principalmente enfatiza los ataques del engaño que oscurecen y endurecen a las personas. Satanás establece su señorío moral principalmente a través de mentiras. Sus mentiras apelan a los deseos antiguos: la autonomía sin dios, el placer, el poder, la autojusticia, el conocimiento, la gloria, el amor y el significado. Sus mentiras también despiertan deseos de la carne. La intensidad de nuestra esclavitud moral en el ámbito del viejo hombre difícilmente se podría exagerar. Cada intención de los pensamientos del corazón es continuamente sólo el mal. Pero en el pasaje más famoso y extenso sobre la guerra espiritual, Efesios 6:10-20, Pablo muestra como pelean aquellos a quienes Dios ha dado vida. En una palabra, el dice “Resistid”. Luego nos llama a ponernos el poder y la armadura de Dios. Notemos primero que Efesios 6:10-20 no es la introducción al asunto de la guerra espiritual en esta carta de Pablo. En vez de esto, es el resumen y la cristalización en una imagen vívida de lo que Pablo enseña a través de la carta entera. Las actividades y estrategias de Satanás aparecen por toda la epístola. Y el poder interno y protector de Dios que se menciona en 6:10, repite un tema que es notorio también en todo el libro. Cada pieza de la armadura de Dios ya ha aparecido en varias formas en la enseñanza y ejemplo de Pablo. Debemos resistir los poderes de las tinieblas que se confabulan en contra del pueblo de Dios. Estas fuerzas de maldad son las mismas a las que Cristo ha sujetado con Su poder (1:21) y serán testigos del triunfo de la sabiduría de Dios en la Iglesia (3:10). Estos poderes son regidos por el príncipe de la potestad del aire (2:2) que opera en aquellos que son desobedientes. Este diablo busca utilizar nuestros pecados para destruir la obra de Dios, para fragmentar la unidad del Cuerpo de Cristo (4:27). Efesios no nos da ninguna pista de que los ardides y los dardos de fuego del príncipe de maldad se refieran a la demonización. Comparada con otras epístolas del Nuevo Testamento, Efesios rara vez menciona sufrimiento, en vez de eso se enfoca casi exclusivamente en nuestro conflicto moral y nuestra vulnerabilidad al engaño. El asunto sobre la mesa es la maldad moral humana. Las estratagemas del diablo buscan llevarnos al pecado y a la mentira, para endurecernos y oscurecernos, para inducirnos a vivir en la carne. El capítulo 2 confirma esto en su descripción de los resultados de la actividad del diablo: delitos, pecados, hijos de desobediencia, seguidores de sus pasiones, hijos de ira por el pecado. También es confirmado en el capítulo 4, donde las palabra” estratagema” describe lo engañoso que es el mundo para alejarnos de la verdad de Cristo (4:14, ver también 5:6). Y esto es confirmado por la discusión entera en 4:17-6:9 donde Pablo habla de la verdad en amor para edificar al Cuerpo de Cristo. Estos capítulos son una meditación extensa sobre los temas presentados en 2:1-10. Somos testigos del poder de la obra interior del diablo al observar la carne; somos testigos del poder de la obra interior de Dios al observar la fe y las buenas obras. A través de todo Efesios Pablo mismo ejemplifica la guerra espiritual en acción: con los lomos ceñidos con la verdad, el camino de la justicia, trae el mensaje de paz a las naciones, vive por fe en el poder de Dios, se regocija en la salvación, levanta la espada del Espíritu, y ora fervientemente para que el pueblo de Dios crezca en el conocimiento de Cristo y en su poder. Pablo destruye las palabras engañosas y las obras de las tinieblas; él enseña a los hijos de Dios a caminar en la luz de Jesús. La carta entera ilustra, por medio de precepto o de ejemplo, cómo resistir al diablo. Cuando una de las estratagemas del diablo tiene éxito y un dardo de fuego nos pega, no adquirimos un habitante maligno extraño. En vez de esto, nos volvemos semejantes al extraño maligno. Varios aspectos sórdidos de no resistir se bosquejan en casi cada versículo del 4:17- 6:9 en las descripciones de la manera en que viven las naciones y la carne. En contraste, la resistencia aparece por todo Efesios 1 al 6 en las descripciones positivas de la vida cristiana. La armadura descrita en el 6:10-20 es la armadura que Dios mismo viste, tal y como el poder es el propio poder de Dios. Como hemos notado con anterioridad, La guerra espiritual del Nuevo Testamento tiene su base en la guerra del Antiguo. Cuando Jesús resistió al diablo en el desierto, él peleó la guerra espiritual encontrada en Deuteronomio. En Efesios, la guerra espiritual ocurre al modo del libro de Isaías. Cada pieza de la armadura tiene su raíz en el Antiguo Testamento, principalmente en Isaías. Notemos que el Mesías ciñe sus lomos con la verdad al temer a Dios y caminar en el poder y sabiduría del Espíritu (11:5). El Señor Dios se pone la coraza de justicia para liberar a su pueblo de la esclavitud del pecado (59:17). El Señor mismo viene con los pies calzados trayendo buenas nuevas de paz para los cautivos en pecado y juicio (52:7). En la única pieza de la armadura que no tiene su raíz en Isaías, el Señor mismo es el escudo detrás del cual la fe tiene refugio de los enemigos. El Señor lleva el yelmo de la salvación al traer liberación del poder del pecado y da su Espíritu y Palabra (59:17). La espada del Espíritu es la palabra de Dios y procede de la boca del Mesías, el Siervo quien liberará a las naciones del poder de las tinieblas (49:2). La oración es la manera en la que todo esto acontece, pues la oración nos hace dependientes de Dios. Entienda bien esto, al hacer un paralelo con Isaías y Efesios concluimos que tomar la armadura es “vestirse del Señor Jesucristo” con la finalidad de no ser cautivos de la carne, como Pablo lo dice en Romanos 13:14. Ponerse la armadura es simplemente vivir en Cristo. A través del modo clásico de guerra espiritual descrito en este pasaje aprendemos cómo “estar firmes” y pelear exitosamente la guerra. El enemigo está derrotado a nuestros pies. Cuando vivimos por fe y amor nos mantenemos firmes en el campo de batalla. Sin embargo, esto no significa que un cristiano es invulnerable o está aislado de la persuasión de las tinieblas. Si esto fuera cierto, la Escritura no necesitaría advertirnos acerca de la naturaleza de nuestra batalla con el mundo, la carne y el diablo. En contraste, la literatura ekbalística enseña que los agentes enemigos se infiltran hasta que son descubiertos y evacuados. La ofensiva del MEM asegura liberarnos de las manos de los enemigos escondidos dentro de la naturaleza humana. Pero la guerra espiritual clásica, la que describe Pablo, nos libera de las manos de los enemigos revelados por la naturaleza humana. Aquellos que son nuevas criaturas aprenden a vivir en la luz, estando firmes en contra de las tinieblas.
En segundo lugar en medio del sufrimiento, Pedro ordena: “¡Resistid!”La epístola a los Efesios está dirigida a los santos en un mundo de seducción; La epístola 1 Pedro está dirigida a los santos en un mundo de opresión. Ambas epístolas asumen que la guerra es por el corazón humano: las mentiras y las pasiones compiten con la verdad y el amor. 1 Pedro 5:8 contiene la única mención acerca del malo, una referencia vívida: “Vuestro adversario el diablo anda alrededor como león rugiente buscando a quien devorar”. Pedro da un consejo substancial: “al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo”. Como Pablo en Efesios 5, Pedro no está presentando un nuevo tema al final de su carta. Sino que está profundizando nuestro entendimiento acerca del tema central del libro. En los primeros cuatro capítulos escribe acerca de los sufrimientos que purifican la fe, de cómo glorificar a Dios en medio del sufrimiento, de confiar en Dios y seguir el bien mientras se sufre, de lo inevitable que es el sufrimiento. Luego, en el capítulo 5, revela el espíritu del adversario que está detrás de la fiera prueba de la persecución. La mentira y la persecución son estrategias complementarias que tienen como meta el mismo resultado: incredulidad y pecado. Las mentiras son el “señuelo” de la tentación; los sufrimientos son la “vara”. Las mentiras nos seducen con falsas promesas en tanto que el sufrimiento nos amenaza. Las traiciones, golpizas, amenazas, brutalidades, violencia, enemistad, y el abuso, producen una multitud de tentaciones, tales como la venganza, temor, amargura y desesperación. Pedro está escribiendo a creyentes que están siendo tentados por medio del sufrimiento. En el contexto inmediato, el león rugiente busca matar a los creyentes. Al intentarlo tiene el propósito de que ellos sean transigentes en su fe, que vituperen a sus vituperadores, y forzarlos a temer a sus enemigos. Algunos defensores del MEM dicen que ser “devorados” por el león significa ser demonizados. Pero esta interpretación no toma en cuenta ni el contexto inmediato ni el general. El león voraz es una metáfora bíblica común para referirse a aquellos que dañan y oprimen al pueblo de Dios. Jesús mismo se enfrentó al león cuando fue burlado y crucificado. En la mayoría de los salmos Mesiánicos, un león ronda al acecho del afligido que espera en el Señor. Tanto en los Salmos como en 1 Pedro estos enemigos son evidentemente humanos, es decir, es el mundo. Pero en 1 Pedro 5:8 podemos dar un vistazo al coreógrafo de la maldad. Si la guerra a la que se refiere Mateo 4 surge de Deuteronomio, y Efesios 6 surge de Isaías, entonces 1 Pedro 5 presenta la guerra al modo de los Salmos, ese es su trasfondo.. En cada uno de los pasajes acerca del león voraz, el salmista peleaba por medio de encontrar refugio en Dios mismo. El establece su corazón para esperar firmemente las promesas de Dios en medio del dolor y el peligro; él adora. 1 Pedro 5 está lleno de instrucciones de cómo pelear. La fe confía en el tiempo de Dios para la liberación (5:6). La fe encuentra la libertad de la preocupación, tomando refugio en el cuidado tierno de Dios (5:7). La fe nos mantiene alertas cuando el león ataca (5:8). La fe permanece sin sorprenderse por las persecuciones, poniendo su esperanza firmemente en la gracia que será revelada en Cristo (5:9-10). La fe le adora a aquel a quien pertenece el dominio por los siglos de los siglos, Amén (5:11). Cada uno de estos temas en 1 Pedro expresa la fe de los Salmos. Los mismos sufrimientos por medio de los cuales Satanás nos brutaliza para ser conformados a su imagen son usados por Dios para purificar nuestra fe y revelar su gloria. Como en Job y en toda la Escritura, la malicia del diablo, al final de cuentas, favorece lo que él tanto aborrece. Lo que significa “no resistir” en medio de amenazas aparece en toda la epístola en las discusiones sobre los deseos, la malicia, el engaño, el vituperio, el temor, la disipación, la ansiedad y el orgullo. Ser devorado simplemente es pagar mal por mal; es llegar a ser un ser que piensa y actúa como el diablo. En contraste, a través de la resistencia exitosa, Dios mismo nos va a perfeccionar, confirmar, fortalecer y establecer. El diablo es derrotado y Dios es glorificado. Como Efesios 6, 1 Pedro 5 enseña el modo clásico de guerra espiritual: la dependencia franca y la obediencia práctica de fe. Aquellos que se refugian en el Señor encuentran asilo en contra de la malicia del león y su oferta de señorío. Muchos libros del MEM se burlan de esta dependencia, como si pedirle ayuda a Dios comunicara una postura infantil de debilidad, miedo y derrota. Ellos dicen que Dios nos llama a crecer y “tomar autoridad” sobre los poderes de las tinieblas. Desde esta posición de autoridad debemos entonces atar y echar fuera a los demonios de esclavitud moral que nos amenazan y nos habitan. Esto puede sonar persuasivo hasta que nos damos cuenta que nuestro Señor y sus apóstoles nos enseñan algo diferente. Sin duda la fe tiene una confianza inconmovible en las promesas y el poder de Dios, y es triunfante sobre el mal; la fe madura exhibe cierta autoridad sin temor. Pero Jesús, Pablo y Pedro, al igual que los Salmos, enseñan y practican un modo de guerra espiritual que es fundamentalmente “débil”, es decir, dependiente de Dios. Cuando el mensajero de Satanás atravesó a Pablo con un aguijón, Pablo intercedió tres veces, luego aprendió a decir, “cuando soy débil, entonces soy fuerte”. Cuando el león rugiente desgarró el cuerpo de Jesús, él dijo, “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu”. El fue resucitado triunfante a través del poder del Espíritu Santo.

Las obras ekbalísticas aparecen en Mateo, Marcos, Lucas y Hechos; la liberación de demonios no aparece en el resto del Nuevo Testamento. Tal y como los encuentros ekbalísticos aparecen dramáticamente cuando volteamos la página de Malaquías a Mateo, también dramáticamente desaparecen cuando volteamos la página de Hechos a Romanos. En esta reflexión consideraremos sólo los pasajes más importantes de Romanos a Apocalipsis que tratan acerca de Satanás, de sus ataques y amenazas, el tipo de esclavitud que trata de establecer, y cómo debemos pelear contra él. La clave para recobrar la guerra espiritual hoy es entender cómo resistir al diablo. En cierto sentido la estrategia de batalla de la guerra espiritual en las epístolas tiene que ver con esa palabra “resistir”. Las epístolas se enfocan fuertemente en la batalla contra el mal moral: el poder de Satanás para engañarnos. Pero primero miraremos brevemente qué dicen éstas del poder de Satanás para herir y matar. En varios lugares las epístolas conectan a Satanás y sus demonios con el mal situacional como fuentes de sufrimiento, tormento, y muerte. En Hebreos 2:14 el diablo es descrito como aquel que tiene el poder de la muerte pero que ha sido puesto fuera de combate por la cruz y la resurrección de Cristo en aquellos quienes viven por fe. La habilidad de Satanás para aterrorizar a la gente con el peor mal situacional, es decir, con la muerte, ha sido quebrantada. Varios pasajes describen a Satanás como un torturador que inflige sufrimientos sobre la gente. En dos pasajes que tratan de la disciplina eclesiástica, Pablo se refiere a personas que son “entregados a Satanás” Lejos de ser liberados de su demonio, los rebeldes son entregados al diablo. El ser echado fuera del Cuerpo de Cristo hace que la persona sea sujeto de terrores de la muerte y la acusación, la exclusión del compañerismo de la luz, y a otros sufrimientos y a la desintegración de la vida. Ambos pasajes indican el propósito de enseñanza y de remedio que se tiene al entregar a alguien a Satanás. Ocurre con propósitos disciplinarios y no punitivos: “para que su espíritu pueda ser salvo” y “para que aprendan a no blasfemar”. La Biblia también ocasionalmente describe los propósitos punitivos en varios pasajes referentes al juicio final: los demonios son impuestos en aquellos que desobedecen a Dios.. Esto figura prominentemente en los frecuentemente mal interpretados “siete espíritus peores” (Mateo 12:43-45), lo cual será discutido en otro artículo. Otro ejemplo es Mateo 18:34, en donde los “verdugos” que enfrentan al siervo hipócrita y no perdonador posiblemente sean verdugos demoníacos. La noción popular de los tormentos demoníacos en el infierno tiene base bíblica. En un pasaje Pablo habla de que Satanás le estorbó para ir a visitar a los creyentes en Tesalónica (1 Tesalonicenses 2:18). Por el contexto, Pablo parece querer decir que Satanás utilizó a los enemigos del evangelio quienes crearon dificultades para él, estorbando sus planes de avanzar el evangelio. Muchos argumentan que la mención que Pablo hace del “Aguijón en la carne”, el mensajero de Satanás para abofetearlo, provee una prueba de la existencia del sufrimiento inducido por demonios (2 Corintios 12:7). Este aguijón posiblemente era una afección física (tal vez el problema de Pablo que se alude en Gálatas 4:13-15. Si esta interpretación es correcta, refuerza las conclusiones que ya hemos derivado. Los mensajeros de Satanás están particularmente asociados con los sufrimientos físicos. Notemos que la aflicción no tiene relación con el mal moral, sino que inclusive es usada por Dios para proteger a Pablo del mal moral. Al hablar del mensajero de Satanás, el pasaje habla del sufrimiento, la debilidad, maltrato, angustia y dificultad, pero no de pecado. También se han hecho argumentos de que el aguijón se refiere a los opositores humanos del evangelio quienes continuamente atacaban a Pablo y buscaban deshacer su ministerio. La persecución y los falsos maestros forzaron a Pablo a matar su orgullo al reforzar una continua necesidad de depender de Dios… Sea cual fuere el caso, sin importar cómo Satanás le atacó, Pablo no respondió al sufrimiento de una manera ekbalística. La aflicción maligna mantuvo a Pablo en humildad y dependencia. El oraba para que el poder de Dios lo librara; Dios dijo “no”, instruyendo a Pablo de sus propósitos superiores. Las epístolas consistentemente tratan con el mal situacional sin recurrir al MEM. Las epístolas concentran su atención en lo que propiamente llamamos guerra espiritual: nuestra vulnerabilidad de ser llevados cautivos por Satanás para creer sus mentiras y hacer su voluntad. Nos presentan al mal moral como una trenza de tres partes conformada por el mundo, la carne y el diablo. Nuestra situación social nos presenta un caudal de seducciones y amenazas; nuestros propios corazones se inclinan hacia las mentiras y los deseos pecaminosos; el diablo trama en contra de nosotros para agravar el pecado y la incredulidad. El mal moral también es monolítico, es decir, el mundo, la carne y el diablo operan en concierto. La Biblia identifica por separado las tres partes del mal monolítico sin dividirlas. La Biblia nunca enseña que tenemos tres tipos de problemas: un tipo denominado “problemas con el mundo”, un segundo tipo identificado como “problemas de la carne”, y un último tipo llamado “problemas espirituales”. Frecuentemente la práctica del MEM clasifica los problemas “espirituales” como una categoría especial de problemas. En los problemas normales, el diablo es virtualmente inactivo; en los problemas fuera de lo normal, el mundo y la carne son virtualmente inactivos. En el caso de los problemas “espirituales” se dice que se necesitan medios ekbalísticos. Debido a la fascinación inherente que tienen por lo que está fuera de lo normal, buscan continuamente causas demoníacas para explicar la esclavitud al pecado. Aquí tenemos otro ejemplo en el que los defensores del MEM saltan de un es a un entonces debe. Ellos enfatizan que si reconocemos y consideramos el poder de Satanás para trabajar internamente, veremos una justificación evidente para utilizar el MEM. Pero al hacerlo ellos descuidan lo que las epístolas realmente enseñan acerca de cómo pelear la guerra espiritual en contra de aquel quien hace planes para ejercer su señorío de tinieblas. Ellos importan a las epístolas los medios ekbalísticos encontrados en los evangelios y Hechos usan para lidiar con el mal situacional, fallando al no notar que la voz y la mano íntima de Satanás en el mal moral están siempre ligadas a la carne, y frecuentemente, ligadas al mundo. Y fallan al no ver que la resistencia a la voz y a la mano íntima de Satanás en el mal moral nunca está ligada a medios ekbalísticos. No sólo aparecen el mundo, la carne y el diablo operando en concierto, sino que la Biblia los presenta consistentemente en un balance artístico y cuidadoso. De entre los tres, Dios se enfoca primariamente en la carne, es decir, el corazón humano y su vulnerabilidad al mal. Los seres humanos están en primer plano. Somos llamados a un autoconocimiento radical en relación con el evangelio de la gracia de Cristo. Somos llamados a examinar toda la corrupción, engaño y depravación de nuestros corazones, manos y lenguas. Somos llamados a conocer a Dios en compañerismo con nuestros hermanos y hermanas comprados por sangre. La Escritura se dirige a las personas, no a los demonios. Teniendo a los seres humanos en el centro del escenario, el mundo hace desfilar a todo un reparto de villanos, juntamente con sus apoyos y escenografías. El mundo provee las situaciones que revelan y demuestran el carácter de los protagonistas. La Escritura particularmente se enfoca en los falsos maestros, que dirigen mal a otros ya sea de palabra o de hecho, y en los enemigos, quienes oprimen y dañan a otros. El mundo contiene objetos materiales al igual que personas: ídolos físicos, dinero y bienes, fotos e imágenes, creaciones tecnológicas de un sin fin de tipos. Cuando miramos detrás del escenario vemos al diablo, que aparece con mayor frecuencia que en el Antiguo Testamento pero todavía se mantiene distintivamente detrás del escenario. Virtualmente cada epístola lo menciona una o dos veces; algunas lo mencionan con mayor frecuencia, sin embargo, ninguna se explaya con respecto a él. El es el tentador, el acusador y el engañador cuya meta es tener el señorío moral. El es el asesino en serie de todos aquellos a quienes seduce para que le sirvan; él mataría a los santos si pudiera. Pelear contra este adversario es pelear simultáneamente contra el mundo y contra la carne. La malicia de Satanás aviva al mundo y seduce el corazón sin nunca hacer que los humanos sean menos responsables de sus iniquidades. Pelear en contra de la conformidad y amistad con el mundo es pelear contra Satanás. Pelear contra las mentiras de las tinieblas y los deseos de la carne es pelear contra Satanás. Sus demonios están al frente y al centro como los más vívidos e interesantes personajes en el drama. El mundo, que es el departamento de psicología, opera en el terreno intermedio. Los actores humanos son peones del tipo “todo o nada” ya sea del diablo o del Espíritu Santo. Las epístolas establecen modos de vida y ministerio dirigidos hacia los aspectos complementarios del mal: la presión del mundo, los deseos de la carne y la actividad del enemigo. Examinaremos tres pasajes que levantan la cortina y nos dejan ver al diablo: Efesios 6:10-20; 1 Pedro 5:5-11, y Santiago 3:13-4:12. Un mandato resalta en cada pasaje: “Resistid”. Exploraremos qué es lo que debemos resistir, qué apariencia tiene el resistir y el no hacerlo, y los resultados de resistir.

Ahora veamos la sanidad de los Enfermos Nuestro ejemplo final es el más importante para evaluar el MEM. La sanidad de los enfermos y el echar fuera demonios son puestos repetidamente en la misma categoría, hasta el punto de que la Escritura frecuentemente dice que Jesús sanaba a la gente de los demonios. La enfermedad es un gran mal, un anticipo de la muerte. Jesús sana a los enfermos al decir una palabra. Luego, los ciegos ven, los sordos oyen, los cojos andan, la fiebre desaparece, los lisiados recuperan fuerza. Jesús era movido por la compasión para aliviar el sufrimiento físico. El trajo alivio y gozo a los afligidos. Repetidamente se hace referencia a estas obras buenas como señales de la identidad de Jesús, Aquel quien “sana todas tus enfermedades y rescata del hoyo tu vida,” Aquel quien venda a los “quebrantados de corazón [y consuela] a los enlutados.”Las sanidades, tanto antes como después de que ocurrían, eran ligadas repetidamente al llamamiento que Jesús hacía para que la gente pusiera su fe en él como el sanador. En varias ocasiones Jesús también usó su poder de sanidad para establecer su autoridad para perdonar pecados. Como a menudo podemos observar, el evangelio de Juan nos da la luz más extensa acerca del propósito más amplio del modo usado por Jesús. En Juan 9, Jesús sanó a un ciego para revelar las obras de Dios, invitar a la fe, y desenmascarar la incredulidad. En Juan 11, Jesús resucitó a Lázaro para enseñar una lección mayor: “Yo soy la resurrección y la vida.” El modo “mandato-control” dirigía a la gente hacia la fe; también endurecía la incredulidad hasta convertirla en intentos de asesinato. ¿Debemos usar también el modo “mandato-control” para sanar? Las Escrituras explícitamente nos instruyen de otra manera. El modo normal de sanidad tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento es orar, poniendo primeramente nuestra confianza en Dios, y luego emplear medios médicos. El fundamento es la oración de fe en Dios quien es el sanador. Tal vez la mejor ilustración del modo clásico de sanidad ocurre en Isaías. El rey Ezequías está cerca de la muerte por una infección, y ora con gran angustia de corazón a Dios para que lo libre de su aflicción. Dios le escucha. Un tratamiento médico se aplica (una masa de higos aplicada a la herida) (Isaías 38:21), pero el poner a Dios en primer lugar es crucial. El sufrimiento de otro Rey nos advierte del peligro de olvidarse de dar prioridad a las cosas que la tienen. Asa quedó severamente enfermo de sus pies, “y en su enfermedad no buscó Asa a Jehová, sino a los médicos. Y durmió Asa con sus padres.” (2 Crónicas 16:12-13).Algunos responden que es un argumento “de silencio” el decir que no sanamos usando el modo “mandato-control” de Jesús. Después de todo, señalan, no hay ningún mandato de no sanar usando el modo de Jesús tal como no hay ningún mandato negativo para cualquiera de los diez ejemplos previos. Pero la Escritura específicamente nos dice como acercarnos a la enfermedad de una manera diferente. Santiago 5:14-16 le enseña a la Iglesia qué metodología usar. “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.” Cuatro puntos destacan en este pasaje acerca de cómo debemos pedir a Dios que obre poderosamente a favor de los enfermos. Primero, los pastores de la iglesia deben involucrase de una manera personal. Las oraciones generales desde el púlpito no son suficientes; la oración por los enfermos es un trabajo cara a cara. Segundo, la enfermedad a menudo crea un contexto de consejería, por lo que la confesión de pecados es mencionado. Los males situacionales, incluyendo la enfermedad frecuentemente traen a la superficie varios pecados. Las enfermedades pueden ser un juicio por el pecado, ya sea como una consecuencia natural o un castigo específico. O pueden ocasionar tentaciones para pecar: temores, desesperación, autocompasión, egoísmo, ira, escapismo, remordimiento, murmuración, confianza en la medicina, confianza en los sanadores, negación de la realidad, y otros. O la enfermedad puede ocasionar autoexaminación que trae a la consciencia los pecados anteriormente no se veían. La enfermedad trae oportunidades tremendas de consejería para ministrar la gracia de Cristo y ayudar a la gente a crecer en fe y obediencia. Tercero, la Escritura nunca desprecia el uso de medios médicos. Santiago 5 puede alentar directamente el uso de medios médicos cuando habla de ungir con aceite en el nombre del Señor. En español puede sonar como un ungimiento ceremonial. Pero la palabra que Santiago usa para “ungir” no es la palabra típica usada para el ungimiento espiritual o ceremonial. La palabra usada describe usualmente untar aceites medicinales o usar aceites para limpiar y embellecer el cuerpo humano. Los aceites eran la base de los tratamientos médicos más comunes. Si esta era la intención de Santiago, entonces su exhortación es el empleo de medios médicos como un acto de fe en Dios. “En el nombre del Señor” enfatiza que el tratamiento médico no debe recibirse como un acto de fe en la medicina sino como un acto de fe en el Señor quien sana. Cuarto, Santiago 5 nos anima a orar robustamente al darnos el ejemplo de Elías. El modo de la oración llama al mismo poder de Dios que el expresado también en el modo “mandato-control.” Jesús hizo sanidades de una manera; la Biblia nos dice que las hagamos de otra manera. ¿Hubo un cambio de modo con respecto a las aflicciones demoníacas? Mateo, Marcos, Lucas y Hechos describen a Jesús y los apóstoles usando el modo “mandato-control” para tratar con la enfermedad, el clima, el pago de impuestos, hablar con autoridad personal, etc. El resto del Nuevo Testamento, siguiendo el enfoque principal del Antiguo Testamento, ejemplifica y ordena un modo diferente. ¿Hay un cambio de modo similar para tratar con los demonios asociados con las dolencias y las aflicciones? Ciertamente no sería de sorprenderse el hecho de encontrar un cambio de modo. La Escritura es “silenciosa” sobre el asunto de la misma manera en que es silenciosa en el pago de impuestos, realización de resurrecciones, o calmar la tormenta por medio de palabras y mandato. El silencio truena. El modo de tratar los sufrimientos demoníacamente inducidos se revierte al modo clásico: vivir la vida cristiana con fe receptora y obediencia activa en medio de las dificultades de la vida. Exploraremos este cambio en el curso en las siguientes entregas. El MEM, de manera similar a cualquier otro ejemplo, cumplió propósitos temporales. La Escritura no nos da ningún mandato para perpetuar el MEM. Similarmente, las epístolas consistentemente dan evidencia de un acercamiento clásico a los sufrimientos demoníacos (y otros), en forma análoga al Antiguo Testamento. Pero vale la pena notar que la Escritura no abunda en ejemplos de sufrimientos demoníacos, fuera de los ejemplos ya discutidos del Antiguo Testamento y los Evangelios. La mayor parte de la Biblia está dirigida a la verdadera guerra espiritual contra el poder del pecado, la cual nunca incluye al MEM, ni en los evangelios ni ningún otro lugar. Los ministerios modernos de liberación de demonios están basados sobre dos errores fundamentales. Primero, ellos mal interpretan el registro bíblico y fallan en distinguir entre el mal moral y el situacional. Ellos echan fuera “demonios” de mal moral, algo que ni se enseña ni se ilustra en ninguna parte de la Escritura. Segundo, ellos fallan en no darse cuenta del cambio general de modo, que va de un modo “mandato-control” hacia el modo “clásico”. Hay consecuencias pastorales y teológicas serias al ir más allá de la Escritura. Si vamos a tratar con un mal situacional específico (espíritus que causan aflicción) en forma diferente de cómo tratamos cualquier otro mal situacional, necesitamos entonces buenas razones e instrucciones claras para hacerlo. Y si vamos a ampliar el uso del MEM dramáticamente (suponiendo que los espíritus se infiltran a la personalidad humana, establecen su residencia y secretamente exacerban y constriñen pautas de pecado e incredulidad), entonces necesitaremos razones totalmente contundentes. Los defensores del MEM no están siguiendo el modelo de Jesús cuando ellos ligan la demonización con los patrones de pecado. Jesús nunca hace esta conexión. En efecto, ellos defienden su propio cambio de modo radical (un nuevo uso para el MEM como un suplemento necesario para el modo clásico de Jesús), sin algún respaldo bíblico directo o alguna analogía de la Escritura. Ni el Antiguo Testamento, ni Jesús, ni las epístolas en el Nuevo Testamento dicen que el MEM está dirigido al dilema moral de nuestros corazones, nuestra esclavitud al pecado, o nuestra guerra contra Satanás quien quiere ser nuestro señor. La manera de la santificación progresiva en medio de los problemas de la vida es una manera diferente.

Otro ejemplo es lo que se llama hablar con la Autoridad de Dios ¿Cómo expresan los seres humanos la autoridad de Dios? Jesús habló con autoridad personal directa diciendo: “Yo os digo.” No habló “como los escribas y fariseos” o como nosotros hablamos. Aunque tenemos autoridad (la autoridad de Dios) no hablamos de la misma manera que Jesús. Nuestra autoridad fundamentalmente dice, “La Biblia dice. . .” “El Señor dice. . .” “Dios dice. . .” Esto no es débil o impersonal; nuestras palabras pueden ser llenas por un sentido de solemnidad y urgencia: “En el Nombre del Señor, solemnemente les encargo, les suplico. . .” La autoridad del Señor puede aun ser implícita en lugar de ser explícita: “Te estás matando a ti mismo por lo que crees y la manera en que vives. Arrepiéntete o morirás.” De cualquier manera, nuestra autoridad es derivada, no es propia. Nuestra autoridad es un señalamiento apuntando hacia Aquel que tiene toda autoridad en los cielos y en la tierra. Jesús habló con autoridad en primera persona, pero no nos atrevamos a hablar de esta manera o estaremos pecando. Otro asunto diferente hoy es el llamamiento de la gente al Ministerio. ¿Cómo llamó Jesús a la gente al ministerio? El miraba a sus futuros discípulos y les decía, “Deja tu mesa de impuestos, deja tus redes y sígueme.” Jesús habló, los apóstoles obedecieron. Más adelante, el encuentro de poder de Jesús con Saulo le cegó y le tiró al suelo: “Ahora levántate y entra a la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer” (Hechos 9:6). Jesús usó el modo “mandato control” con una autoridad imposible de ser contravenida. Nosotros también debemos llamar a las personas y escuchar el llamado al ministerio. No utilizamos el modo “mandato-control,” sino miramos la dirección de la Escritura en tales pasajes como 1 Timoteo 3. La Escritura nos da criterios objetivos: carácter, disposición, experiencia, reputación y dones. Probamos a las personas, observando su vida en el transcurso del tiempo; oramos al Señor por Sabiduría. En muchos de estos once ejemplos Jesús usó ambos modos, lo cual es apropiado para el Dios-hombre. Primero llamó a sus discípulos en una manera dramática y asombrosa; luego oró toda la noche anterior al día en que seleccionó finalmente a doce para ser apóstoles. Similarmente, comió alimento que fue obtenido y preparado normalmente. Cruzó el lago en una barca. Citó la Escritura. Usó dinero que fue adquirido y donado de maneras normales. Aun en la vida de Jesús el modo “mandato-control” tenía un propósito distinto y un lugar limitado. La Biblia es silenciosa en el sentido de que nunca dice que no usemos mandatos autoritarios para llamar a los líderes; sin embargo, es un silencio ruidoso porque se nos dan tantas instrucciones acerca de cómo usar el modo clásico. Y que de El Perdón de Pecado Hay continuidad y discontinuidad sorprendente entre Jesús y nosotros en cuanto al manejo del pecado. La continuidad está en el punto de la necesidad: siempre hay gente para ser perdonada. Pero Jesús trata con el pecado de otros de una manera bastante diferente a como nosotros lo hacemos. El provee una propiciación vicaria; él en verdad y objetivamente los perdona al actuar como el sacrificio perfecto en su lugar. El puede decir, “Padre, perdónalos” con autoridad porque él habla como Aquél quien ganó el derecho de perdonar a la gente al derramar su sangre por ellos. Interesante, el Evangelio de Juan menciona sólo un caso de ministerio ekbalístico: “Ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.” (Juan 12:31-32). El exorcismo supremo tuvo lugar en la cruz, donde fue destruido el poder de Satanás para mantenernos en esclavitud al pecado y la muerte. El caso solitario del MEM mencionado por Juan le propina la herida mortal al poder y castigo del mal moral. La discontinuidad entre el modo de Jesús y el nuestro es que nosotros no morimos por el pecado (el nuestro o el de otras personas); no establecimos las condiciones objetivas del perdón. Pero el punto de continuidad es que como receptores de la liberación del reino de las tinieblas, perdonamos a las personas como Dios nos ha perdonado. Perdonamos a otros como receptores del modo del perdón de Jesús: “Perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” (Efesios 4:32). Nuestro modo es diferente no sólo en la base del perdón, sino también en el proceso. Podemos perdonar los pecados de otros hacia nosotros, pero no podemos perdonar de la misma manera como Dios perdona. Si una persona pide nuestro perdón y es un hipócrita, todavía podemos perdonarlo subjetivamente, no teniendo ningún rencor contra él o ella. Pero el hipócrita permanecerá sin perdón objetivamente porque Dios ve el corazón. Jesús da un perdón objetivo y con autoridad; nosotros damos un perdón subjetivo. La confrontación y la maldición del pecado El otro aspecto del tratamiento del pecado también ejemplifica el cambio en el modo. Jesucristo y los apóstoles mostraron la ira de Dios de una manera inmediata. Por ejemplo, Jesús dijo a la higuera, “¡Nunca se halle en ti fruto!” El árbol, una figura del infructuoso Israel, se secó y murió instantáneamente. Pedro nombró los pecados de Ananías y Safira quienes cayeron muertos inmediatamente. Este encuentro de poder trata con el mal moral trayendo mal situacional como una consecuencia inmediata. Imaginemos este tipo de autoridad operando en una campaña de mayordomía en una iglesia hoy en día. El pastor podría ver dentro del corazón de la gente. A alguno que quiera impresionar con tal de verse bien, simplemente le diría, “estás mintiendo y engañando al Espíritu Santo” y luego llamaría al agente funerario. Pero obviamente esto no pasa porque la Iglesia no ha sido llamada a expresar la ira de Dios en la misma manera como Jesús lo hizo. Permanece la necesidad de traer juicio. Pero el Señor y sus profetas y apóstoles nos ordenan que ejerzamos autoridad a través de medios “normales”: la predicación de la Palabra de Dios, aplicando la disciplina eclesiástica, defendiendo los derechos de los oprimidos, confrontando y advirtiendo a los malhechores. Jesús habla directamente y en su propia autoridad; nuestra autoridad es derivada y con especificaciones. Cuando Jesús declaró las maldiciones divinas en Mateo 23 no ofreció gracia; nosotros necesitamos ofrecer gracia, la oportunidad del arrepentimiento y el perdón. Resurrección de los Muertos La resurrección de los muertos es el ataque supremo sobre el mal situacional, pues la muerte es el máximo de todos los males. Jesús resucitó los muertos a través del modo “comando-control” extraordinario y también del modo normal dependiente de la fe. En su guerra de compasión en contra del máximo mal situacional él ordenó, “joven, a ti te digo, ¡levántate!” y “¡niña despierta!” y “¡Lázaro ven fuera!” Pero al enfrentar su propio llamado moral a una obediencia hasta la muerte, el creyó, “El Hijo de Hombre debe. . .ser resucitado al tercer día” (Lucas 9:22) y se encomendó a Aquel que juzga rectamente. ¿Cómo resucitamos a los muertos? Usamos el segundo modo, diciendo, “Cree en el Señor Jesucristo, quien es la resurrección y la vida. Si crees en él, vivirás aunque estés muerto. Y si vives y crees en él, nunca morirás.” Similarmente encomendamos nuestras almas al fiel creador. Jesús resucitó al joven de Naín, a la hija de Jairo, y a Lázaro, pero suponemos que más adelante murieron. Pero Jesús mismo fue resucitado como la primicia de la resurrección mejor de todos los que le aman. Los tres encuentros de poder de Jesús con la muerte proveyeron pruebas de amor y señales del poder divino que fueron asombrosas pero temporales. Pero su modo central de resucitar a los muertos a través de la fe dependiente de la palabra de verdad, obra mejor y dura más. El modo más extraordinario de Jesús nos deja asombrados, pero no es tan definitivo ni tan poderoso como el modo “normal” por medio del cual él obra en su universo. En parte es por esto que Jesús dice, “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. (Juan 14:12). No sorpresivamente, Jesús luego habla en gran detalle acerca de la oración, el amor, y el Espíritu Santo. Hemos recibido maneras de vivir a través del poder del Espíritu que son más poderosas, aunque a veces menos dramáticas, que el modo “mandato-control.” Cuando Jesús estuvo en la tierra, la gloria de Dios dependía de su presencia de autoridad inmediata. Pero se nos ha dado un modo que puede alcanzar a todo el mundo. Debemos resucitar a todos los que creen en Cristo a través de la predicación del evangelio (por supuesto que no puedo descartar que dios pueda resucitar a alguien en esta época, pero sería su obra extraordinaria). El Control del Clima Nuestros dos ejemplos finales (control del clima y la sanidad de enfermedades) son los más señalados porque la Biblia los vincula cercanamente con el modo ekbalístico de ministerio. Como gente moderna tal vez no nos interesa el clima excepto cuando es inconveniente; rara vez dependemos directamente de él. Pero nos debe importar, porque afecta la vida humana y Dios dice repetidas veces que él lo controla. Jesús, como Señor Dios, tuvo encuentros de poder con el mal situacional al lidiar con el clima. El incidente específico ocurrió después de un día notablemente largo de enseñanza. Jesús estaba descansando antes de que los discípulos temerosos le despertaran. Jesús le habló al viento y a las olas, “¡Calla! ¡Enmudece! Su mandato calmó la tempestad inmediatamente. Aprendemos nuestro modo de tratar con el clima a través de los muchos pasajes que muestran a Dios en control de los eventos metereológicos y al pueblo de Dios orándole. Por ejemplo, aun “Danos hoy el pan nuestro de cada día” implica una oración a Dios con respecto al clima. Las dificultades, sean merecidas o inmerecidas, nos conducen a la intercesión. El profeta Elías es un ejemplo fascinante de alguien que operaba tanto en el modo “mandato control” como en el modo de oración dependiente. Como un agente del juicio de Dios, él proclama, “No habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.” (1 Reyes 17:1). Y al final la lluvia, como el fuego, cayeron en respuesta a sus oraciones.44 Interesantemente, al mandarnos cómo ayudar a los que sufren, Santiago 5:17- 18 establece una analogía entre el clima y la enfermedad, recomendándonos la vida de oración de Elías para que la emulemos. Jesús en el bote zozobrante empleó el modo de mandato; nosotros operamos en el modo de suplica dependiente, pidiendo a nuestro Padre que obre con poder. Uno no es más efectivo que el otro. Son diferentes, pero tienen efectos fuertes iguales. Por ejemplo, Elías oró y no hubo lluvia por tres años. El oró otra vez y la tormenta vino ese día. El pastor de Uganda oró y las lluvias de la estación llegaron algunos días después. Este es el mundo de Dios. Una comparación de Marcos 4:35-41 con Marcos 1:23-28 demuestra cómo el poder de Jesús sobre el clima explícitamente se conecta con su poder sobre los demonios. Marcos 1:23-27 describe el primer encuentro de poder de Jesús: “Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, diciendo: ¡Ah! ¿Qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él! Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él. Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen?” Compare este pasaje con Marcos 4:38-41, cuando Jesús calmó la tormenta. “Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?” Estos pasajes son virtualmente idénticos temática y verbalmente, sólo los detalles difieren. Podemos encontrar, por lo menos, siete ideas paralelas. Primero, ambos males situacionales vinieron ruidosamente a Jesús en maneras apropiadas para un espíritu y un ventarrón. Segundo, Jesús les reprendió y mandó directamente. Tercero, Jesús ordenó la misma cosa en ambos casos: “¡Cállate!” Cuarto, tanto el demonio como la tormenta instantáneamente obedecieron: el demonio salió del hombre; el viento se aplacó. Quinto, los testigos se asombraron, se maravillaron y tuvieron temor, lo cual es una respuesta típica cuando Jesús usaba el modo “mandato-control.” Sexto, en su asombro la gente se preguntaba, “¿Qué es esta autoridad? ¿Quién es este hombre?” Y séptimo, los testigos comentaron lo que habían visto: que los males situacionales (espíritus inmundos, viento y mar) hicieron exactamente lo que Jesús les dijo. Los discípulos se maravillaron porque conocían las Escrituras. El Salmo 107:29 dice, [El Señor] “cambia la tempestad en sosiego, Y se apaciguan sus ondas.” Y las multitudes se maravillaron del poder de Jesús sobre los espíritus porque conocían las Escrituras. Como vimos a través de todo el Antiguo Testamento, el permiso y la voluntad de Dios controlan a los espíritus malos. Por lo tanto, el modo “mandato control” trata de manera idéntica con el clima y con los espíritus inmundos, dos formas de mal situacional. Ellos están en la misma categoría: son expresiones dañinas y destructivas de la maldición. El modo de Jesús trajo la primera probada y vistazo de la liberación de toda forma de sufrimiento. El encuentro de poder final con el mal situacional vendrá cuando Jesús regrese en Gloria .Como con los otros ejemplos, vemos un cambio en el modo de tratar con el clima. Jesús habla, el clima obedece. Pero nosotros oramos a Dios para ser librados del sufrimiento producido por las inclemencias climatológicas

Entre las obras poderosas de compasión y autorevelación que Jesús realizó, el modo ekbalístico para aliviar el sufrimiento no es lo más sobresaliente. El realizó muchas señales dramáticas de poder: Echó fuera demonios, sanó a los enfermos, resucitó a los muertos y él mismo fue resucitado, caminó sobre el agua, multiplicó los panes y los peces, y muchas otras cosas. Existen algunas discontinuidades obvias entre lo que Jesús hizo y lo que nosotros debemos hacer; existen también continuidades. La Escritura nos enseña a discernir la diferencia. En esta entrega veremos ejemplos de las obras de Jesús con respecto a las cuales hemos sido llamados a realizarlas de manera diferente a nuestro maestro. Notemos tres cosas acerca de cada ejemplo. Primero, Jesús se concentró en necesidades humanas genuinas que continúan existiendo hoy en día. Segundo, Jesús realizó la acción particular de una manera sorprendente y con autoridad, en un modo “mandato-control”. Es decir: “Lo digo. Ocurre.” Tercero, se nos dice (por precepto o ejemplo) que debemos hacer la misma obra pero de una manera diferente, en el modo clásico de la fe y la obediencia. Los modos cambian. Hay buenas razones bíblicas para creer que la sanidad ekbalística de demonios ha sido reemplazada por el modo clásico. Antes de comenzar es importante notar que el cambio de modos no es algo singular del Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento nos da un ejemplo asombroso de un cambio de modo con respecto a la alimentación de la gente. Cuando los Israelitas anduvieron en el desierto, el Señor milagrosamente proveyó para sus necesidades diarias: el maná aparecía cada mañana y el agua fluyó de la roca. Pero las cosas cambiaron en el momento en que los israelitas cruzaron el Jordán. Comieron la última porción de maná cuando entraron a la tierra de leche y miel, de campos y árboles frutales, de manantiales de agua corriente. Un encuentro de poder contra el mal natural revirtió la maldición del desierto seco por cuarenta años, pero luego, los israelitas se convirtieron en agricultores y ganaderos. El modo de poder inmediato siempre servía para lograr propósitos divinos particulares. En el desierto del Sinaí puso a prueba (y para algunos, les enseñó) la dependencia diaria, fidelidad, gratitud y esperanza. La guerra espiritual en Sinaí era moral, ocasionada sólo por el desierto reseco y el modo de Dios de proveer para sus necesidades físicas. Estos ejemplos que a continuación se presentan están ordenados de una manera general y terminan con aquellos que se acercan más al MEM. Algunos ejemplos nos hablan de lo que parecería para algunos partes menores de la vida: la pesca, el clima, los impuestos. Otros ejemplos parecen relativamente con mayor peso: perdón de pecados, sanidad de los enfermos, resurrección de los muertos. Sin embargo, notaremos como emerge una pauta consistente. Empecemos por el pago de Impuestos Jesús y el apóstol Pedro, por lo menos una vez, pagaron sus impuestos de una manera inusual. Jesús envió a Pedro a pescar con la instrucción de que el pago de sus impuestos para el templo sería encontrado en la boca del primer pez que Pedro capturara. En este ejemplo el modo “mandato-control” tenía un propósito didáctico. El Señor mismo no necesitaba pagar impuestos para su propio templo; sin embargo, para no ser ofensivo, pagó sus impuestos de una manera que revelara quién era. Otros pasajes de la Escritura nos ordenan que paguemos nuestros impuestos, asumiendo que usaremos métodos más normales. La necesidad de pagar impuestos permanece, pero el modo de reunir el dinero ha cambiado. Por supuesto, nunca se nos prohíbe que usemos dinero “caído del cielo” para pagar nuestros impuestos. Pero el modo “mandato-control” de Jesús, el cual creó un dinero “caído del cielo,” claramente es reemplazado (como también era precedido) por el modo clásico de mayordomía. Trabaja, y paga lo que debes. Notemos que la idea del cambio de modo entre lo que Jesús hace y lo que nosotros debemos hacer no es realmente un argumento “de silencio.” La Escritura no nos ordena que controlemos la naturaleza por nuestra palabra de poder para que obtengamos dinero para pagar impuestos. Pero debido a que el resto de la Escritura enseña y ejemplifica un modo diferente, tal prohibición sería absurda y redundante. Luego veamos la Pesca. En dos otras ocasiones Jesús también usó su modo “mandato-control” para dirigir los viajes de pesca de los apóstoles. Estos fueron encuentros de poder con el mal situacional: en ambos casos, los pescadores habían trabajado toda la noche pero no habían pescado nada. Jesús usó su poder para bendecir a su gente afligida, revirtiendo de nuevo la maldición del trabajo fútil. En ambos casos, la orden de Jesús resultó en una pesca asombrosa. El reconocimiento de que sólo el Señor tenía tal poder causó varias reacciones. Pedro fue humillado en el primer caso: “Aléjate de mí, Señor que soy hombre pecador.” En el segundo caso se tiró al agua al reconocer gozoso a Jesús. En ambos casos el modo que Jesús usó tenía un propósito definido. En el caso de la pesca, como en el de los impuestos, Jesús ordenó a sus apóstoles que hicieran algo que les revelaría su control sobre el mundo natural. ¿Debemos seguir este modo? Aquí no tenemos algún mandato directo, sólo el ejemplo de los apóstoles. Cuando Jesús no estaba físicamente presente, ellos pescaron como solían hacerlo. Como con el ejemplo del dinero para el impuesto en la boca del pez, los apóstoles pescaron en el modo de “encuentro de poder” sólo cuando fueron la audiencia y los beneficiarios de la orden directa de Jesús. Un tercer ejemplo es caminar Sobre el Agua Los Evangelios registran que Jesús y Pedro caminaron sobre la superficie del Mar de Galilea. Jesús caminó sobre el agua porque él era el creador de cielo y tierra, el hacedor del agua. Y Pedro caminó sobre el agua a través de la fe en Jesús al responder a la orden de Cristo. Pero Pedro comenzó a hundirse cuando perdió la fe. Jesús le rescató y luego le reprendió. Jesús usó esta parábola actuada como una demostración viva de la naturaleza de la fe. Este encuentro de poder también produjo fe directamente: “Entonces los que estaban en el barco vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios”. Hoy en día, y a través de toda la Biblia, siempre encontramos asuntos de fe similares. Pero ahora normalmente expresamos la fe por medio de “caminar en medio de las aguas profundas” en vez de hacerlo sobre el agua. El modo de expresar la fe ha cambiado a un modo clásico. Alimentar a los Hambrientos, Dar de Beber a los Sedientos El hambre y la sed, y sus muchas causas, son males situacionales permanentes. La sequía, los abrojos, la langosta, la injusticia social, invasiones enemigas, y la flojera pueden llevar a la privación y aun a la muerte. El Señor Dios, como juez, se dio a conocer por medio de traer estos males sobre aquellos que se apartaron de él. El Señor Dios, como salvador, se dio a conocer por medio de proveer para aquellos que se refugiaron en él. Algunas veces usó encuentros de poder: el maná, las codornices, los cuervos de Elías, la taza de harina y la jarra de aceite de la viuda pobre. Algunas veces usó demostraciones más “normales” de poder soberano: la tierra que fluye leche y miel, la prominencia de José en Egipto, el tiempo de la sequía y la lluvia. En dos ocasiones el modo de Jesús para enmendar el mal fue orar y multiplicar pequeñas cantidades de comida para alimentar a vastas multitudes. Y una vez convirtió el agua en vino para bendecir una celebración. Jesús usó este modo para lograr tres cosas: Revelarse como el Señor, hacerle bien a la gente tangiblemente, y hacer un llamado a venir a la fe. El vino milagroso de Caná, por ejemplo, invitó a los testigos a ponderar el Salmo 104:15: El Señor hace producir el “vino que alegra el corazón del hombre.” Jesús demostró su poder divino dramáticamente. Juan 6 ofrece la discusión más larga de los propósitos que tiene el modo “encuentro de poder.” Dar dinero a los pobres pudo haber alimentado a los hambrientos también, un modo que Jesús evidentemente usó rutinariamente. Pero alimentar a los hambrientos por medio de su mandato era en sí mismo un acto de amor, sosteniendo la vida temporalmente. Y el milagro también proveyó una oportunidad para enseñar acerca de las necesidades humanas más profundas. El pan que sostuvo temporalmente la vida por un día apuntaba al verdadero pan que sostendría la vida eternamente. Lo que Jesús hizo al alimentar a los cinco mil tipifica otros eventos. El modo “mandato-control” atrajo una gran atención, revelando que Jesús era, por lo menos, un profeta del Señor (Otro Moisés, Elías o Eliseo) o tal vez el Señor mismo. Como Dios dio maná a los israelitas en el desierto, así ahora la gente comía pan extraordinario. Pero el modo no era un fin en sí mismo o algo para ser perpetuado. El modo de los ataques de Jesús sobre el mal situacional siempre tenían el enfoque triple de ser actos genuinos de amor para los necesitados, revelando que él era Dios y Cristo encarnado, e invitando a la fe para que la gente creyera. Nosotros también debemos alimentar a los hambrientos, y nuestro modo debe seguir el ejemplo de Jesús hasta cierto punto; por ejemplo, nosotros también oramos. Pero la Biblia enseña una discontinuidad fundamental en el modo entre lo que Jesús hizo después de orar y lo que nosotros hacemos. Cuando oramos la oración del Padre Nuestro, “danos hoy el pan de cada día”, le pedimos a Dios que provea. Comemos lo que el fruto de nuestro propio trabajo produce o comemos lo que comparten otros con nosotros en amor. Mientras que Jesús multiplicó los peces y lo panes, nosotros damos a la iglesia, apoyamos a una organización de beneficencia, organizamos un banco de alimentos, alimentamos a los infantes, preparamos la cena para nuestros hijos, mostramos hospitalidad. ¿Por qué no usamos medios sobrenaturales para alimentar hoy en día a los hambrientos? ¿Será simplemente que sabemos que no podemos por nosotros mismos? No tenemos ningún mandamiento de multiplicar los panes y los peces, pero la Escritura en otros lugares, tanto por medio de mandamientos como por ejemplos, nos dice que hagamos algo diferente. Pablo, por ejemplo, trabajó diligentemente para satisfacer sus propias necesidades y ayudar a los necesitados. Efesios 4:28 nos dice que trabajemos con nuestras manos para que podamos compartir con los que tienen necesidad. Pablo escribió extensamente a los Corintios para que juntaran dinero para ayudar a una iglesia en una región en crisis. El modo pastoral reemplazó el modo “encuentro de poder” Y esto quiero enfatizarlo, la mayoría de nuestras formas de proveer y ayudar son generalmente por medio de procesos y no de eventos milagrosos, aunque no descarto que Dios tiene poder sobrenatural hoy, para hacer milagros, es decir no creo en la posición cesacionista, siempre nos ha dejado el medio de la iglesia y los hermanos y la bondad y la misericordia para hacer la obra.

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