Principios de Liderazgo de toda la Biblia: Filemón

Filemón: El restablecimiento de una mejor relación patrono-empleado requiere decisiones profundas.

 

“…perdonar es mirar al futuro sin guardar recuerdos ni rencores del pasado…”

Salvador Allende

 Nuestra generación ha nacido en una cultura de hogares destruidos y relaciones arruinadas. Nada parece ser más complejo que la red de relaciones personales  a través  de la cual cautelosamente caminamos día tras día. Si bien  no pretendo negar la naturaleza  delicada y compleja de las relaciones interpersonales, hay algo que podemos aprender de la ciencia. Los matemáticos buscan denominadores comunes, los ingenieros descomponen tareas complejas en una serie de pasos sencillos. Ya sea en la matemática, la física o la ingeniería, la forma más eficaz de resolver un problema sumadamente complejo es reducirlo a sus elementos más sencillos.

Allí es donde entra Filemón. Esta es una breve obra maestra sobre las relaciones interpersonales y relaciones rotas, contenidas en un único capítulo de 25 versículos y 402 palabras. Aunque se mencionan once personas, tres son principales: Filemón, Onésimo y Pablo. Cada uno de estos tres individuos tiene una perspectiva especial. Filemón es el hombre de la “mansión”, el hombre dueño, es el empresario. Onésimo es el “esclavo”, es el empleado que ha defraudado, y es el hombre en el dilema y finalmente Pablo es el conciliador o mediador de la situación. Veamos cómo se desarrolla el drama de estos tres hombres. Y observemos como logran ellos restablecer una relación que había sido rota por el engaño y fraude.

La primera decisión comienza con el dueño. Filemón tiene tres características que se deben ver en los “dueños” de sus empresas.  Primero veamos su nacionalidad.  Él es de Colosas y es una ciudad que ha pasado por severas crisis y terremotos. En ese sentido Filemón es un hombre de raza “gentil”. Esta raza de los colosenses tiene características muy especiales. Es obvio que su idiosincrasia determina la forma en que maneja su negocio. Su trasfondo cultural le dicta las pautas de cómo se desenvolverá a la hora del problema. ¿Cómo manejamos los latinos el fraude y la traición de los empleados? Es obvio que nuestra cultura es más dada a la reactividad que la pro actividad.  Una segunda cosa es su espiritualidad. Pablo lo describe con varios adjetivos en el texto. Es un “amigable amado” esto demuestra que es una persona agradable. También Pablo nos demuestra que él es “un colaborador” así que es redimido y a la vez está sirviendo de bendición a la  obra de Dios. Por otra parte  muchos establecen que Apia como Arquipo son parientes específicamente su mujer y su hijo.

Entonces esta “empresa” por así decirlo de Filemón es una empresa “familiar”. Al hablar hoy de empresas familiares, uno se debe plantear dos preguntas importantes. Primera ¿El negocio es bueno para la familia o el negocio arriesgará la armonía de la familia? Una segunda pregunta que sería al revés es: ¿La familia es buena para el negocio o la familia arruinará la armonía del negocio? Las frases que Pablo usa demuestran la madurez y las características espirituales de esa familia. “Apia es la amada hermana” y Arquipo es “compañero de milicia”. Debemos notar cuáles son las características que se declaran en la visión y misión de la empresa de Filemón. Note los valores de esta empresa familiar Pablo  habla de la ética laboral de esta familia. Está usando “colaborador” y compañero y vuelve a usar compañero en el vrs. 17. Estas expresiones hablan de un mismo esfuerzo, un mismo objetivo como miembros de un equipo de trabajo. Pablo habla de la ética relacional de esta familia. El usa varias palabras importantes. Primero describe que son hermanos, luego que son amados y finalmente usa la expresión “confortador” (vrs. 7 y 20)  Pablo habla de la ética de direccional de esta familia. Es decir va a entrar en la productividad de la familia. El usa una expresión que es importante “compañero de milicia”. Esto habla de un ejército. ¿Qué significa ser soldado de un ejército? Significa estar bien compenetrado en los mandos, rangos y órdenes. Uno de los mayores problemas familiares se debe a que no se establece específicamente quien manda a quien debido a la familiaridad que existe. Es difícil diferenciar cuando se es padre o jefe o cuando se es hijo o subalterno.

En tercer lugar debemos ver su competitividad. Según la administración moderna nos habla que ser competente es buscar que las condiciones en las que operen los individuos y las empresas les permitan generar prosperidad y desarrollo, sin tener que recurrir para ello a la explotación y denigración del hombre.[1]

¿Cómo se manifiesta la competitividad en la casa de Filemón aquí? Hay varios indicadores que hablan de cómo era la “casa de Filemón

Tenía tres distintivos que lo hacía ser diferente en el mercado en que se movía. El primero era su organización. Este era el recurso organizacional o climático.  Se ve que él tenía una organización sencilla. Pero por otro lado ordenada. Esto implica que aplicaba controles y supervisión. Ya que sabía que su esclavo Onésimo le había robado, pero no pudo impedirlo. Por muchos controles que existan siempre se corre el riesgo de ser robado.  Él podía establecer los roles de su esposa, de sus hijos y de todos los esclavos que tenía. Por otro lado sus relaciones laborales estaban centradas en la claridad, el respeto y la dignidad humana. El segundo gran distintivo que lo hacía competitivo era su comunicación. Curioso que a pesar de tener menos tecnología que nosotros hoy, estaba mejor comunicado tanto con Pablo como con Onésimo. Es importante observar  que este problema se sabe debido al tipo de comunicación clara que usaron todos. Y por otra parte es veraz porque quedó escrita. De allí la importancia de todos los canales de aprendizaje en la comunicación organizacional. Se debe usar el oído, la vista y por sobre todo el nivel escrito de la comunicación. Mientras más clara tengan las políticas y escritas mucho mejor será la comunicación y habrán menos problemas laborales. Note el uso que Pablo hace de la palabra en 21 “te he escrito”. El tercer gran distintivo que lo hacía competitivo era su producción. Esto tiene que ver con el mercado y el producto que maneja. Filemón tenía una combinación de varios factores que hacían que su “empresa” avanzara. El primero tenía que ver con su capital humano. Es decir las personas con las que se relacionaba. Parte de eso era las gentes que estaban alrededor de él, como Pablo por ejemplo el cual podía dar un consejo. El segundo tiene que ver con el capital moral o ético. Esto es porque Pablo se refiere a Él con los términos “gracia y paz”, eran recursos que lo sostendrían en momentos claves de su accionar. La gracia es lo que Dios nos da sin merecerlo y la paz es el resultado de esa correcta relación con Dios. De hecho la “paz” (eirene en griego) es la misma palabra para los hebreos de Shalom. Que habla de una paz total e integral. Un estado de completo bienestar ante la presencia de Dios. Otro capital es que su “negocio” el accionista mayor es Dios, a él le pertenece y el cuida y controla de su empresa. Pero también habla de su capital de servicio. No se debe olvidar es que al final nosotros prestamos un servicio en toda labor que hacemos. Una empresa con valores cristianos entiende que no es para lucrarse sino para servir. Note cuales eran los distintivos del servicio de Filemón. Lo resumiré en una sola palabra: “excelencia”. Note como se define la excelencia en este contexto, vea el vrs. 21: “confiando en tu obediencia, sabiendo que harás  aún más de lo que te digo”. La excelencia de Filemón se nota en este pasaje. Primero es una persona confiable. Pablo dice “confiando”, significa que no tiene duda de su labor, la expresión es “peitho” y está en un verbo perfecto que implica que Filemón había dado muestras de su lealtad. Segundo es una persona obediente. Porque dice “tu obediencia” así que él era una persona que seguía instrucciones y procedimientos. Y tercer lugar  Filemón tiene excelencia porque es exuberante, entendiendo este como concepto de alguien que hace más allá de lo que le dicen. Es una persona que no se conforma con lo ordinario, sino con lo extraordinario. Finalmente Filemón empleaba sus recursos en las personas. Pablo le dice: “prepárame alojamiento”. Esto implicaba un servicio y satisfacción del cliente. Sin embargo la estabilidad de esta familia  se vio conmovida un día  cuando un joven esclavo llamado Onésimo se fugó.

La segunda acción tiene que ver con el empleado.

Un segundo personaje principal entra en escena en nuestro drama. Se trata de Onésimo. El cuadro que se nos presenta de él, es tan sorprendente como contrastante. En primer lugar es un esclavo, segundo es un prófugo, pero luego será un hombre alcanzado por Dios, y finalmente un siervo restaurado.

Primero el recurso humano representado en Filemón posee lo que llamaremos su debilidad. En este sentido sería las manifestaciones de la “inutilidad” de Onésimo. Pablo dice que él fue “inútil”. ¿Qué significa esto? El término para inútil es “acrestos” que significa, no provechoso, inservible. Esta frase es importante, porque la palabra lleva la raíz de “crestos” con una “a” privativa. De alguna forma Pablo llegó a la conclusión de que Onésimo había sido contraproducente en la empresa de Filemón. De alguna manera Onésimo estuvo en un momento de crisis donde manifestó sus carencias y debido a eso fue un “inútil”. Esto es el área interna del empleado. Esa área que no hemos llegado a afectar y que tarde o temprano nos defrauda. Pablo usa un adverbio de tiempo que es “poté” y significa  una vez, en otro tiempo. La idea es que solo había ocurrido una vez en un determinado tiempo. Es muy probable que el término que Pablo usa implica que Onésimo fue su única vez que hizo eso. Sin embargo era suficiente para generar muchas consecuencias por sus actos.

En segundo lugar está su vulnerabilidad. Note que el versículo 16 dice “no ya como esclavo”. Carácter y extensión de la esclavitud. En el primer siglo la vida humana ciertamente se cotizaba ésta muy bajo, porque se ha estimado que la mitad de la población del Imperio, o cerca de sesenta millones de gentiles, eran esclavos. Los propietarios de esclavos se hicieron brutales, y los esclavos mismos no tenían esperanza, pues muchos de ellos estaban corrompidos. La mayor parte de estos esclavos habían sido conquistados en guerra. Un esclavo que robaba podía ser marcado en la cara por su amo con las letras C. F. que representaban las palabras Cave Furem que querían decir “he aquí al ladrón”. Y en el caso de esclavos que se escapaban, si eran aprehendidos, su amo podía marcarlos, aumentarles la labor acostumbrada, o podía mandarlos matar si así lo deseaba. La ley le permitía ser reinstalado con misericordia, por la intercesión de un amigo especial del amo[2]. Onésimo era una persona que pertenecía a un grupo vulnerado por el sistema. Por esa razón escapó para no ser castigado y dañado por ese sistema. A veces nuestros sistemas muchas veces hacen que los fraudes se den. No manejamos bien los controles y promovemos la anarquía de tal manera que cuando nos damos cuenta del fraude ya es muy tarde. En tercer lugar está la productividad. La expresión de Pablo es “fue”. Pablo no omite el problema, tampoco lo minimiza. Sin embargo establece un principio, la inutilidad de Onésimo es prueba superada. Ya no lo es, ahora es “útil”. ¿Cómo se define la utilidad de un empleado? Bueno muchos lo miden por los resultados que da. Sin embargo la productividad va más allá de eso. Si no hay motivación en los empleados no habrá buena producción, y tendremos un ambiente laboral muy tenso. Lleno de fingimientos y apariencias.

Estos tres elementos son los que muchas veces generan un pobre potencial del recurso humano que tenemos. Es decir los problemas de los empleados,  la presión del sistema y finalmente la poca productividad que no da buenos resultados y por sobre todo medibles. Sin embargo Pablo dice que eso es cosa del pasado, que ahora Onésimo (acrestos) es “útil” (eucrestos). ¿Cómo lo hizo? A lo menos Pablo hizo tres cosas.

La tercera acción tiene que ver como el asesor.

Pablo hizo varias cosas importantes para asesorar tanto a Filemón como a Onésimo. En primer lugar Pablo influyó. (Este es un nivel de autoridad). Como se gana uno a una persona. Con autoridad y no con poder. Pablo es un líder para Onésimo. Eso significa que habló con Onésimo y la soberana voluntad de Dios controlando todo alrededor de este prófugo le llevó a los pies de Pablo. Note que dice “engendré”. Este término habla de la influencia del apóstol sobre este hombre caído. Eso significa que Onésimo necesitaba un tutor y un modelo a seguir para ser retado. Pablo desafió. (Este es un nivel de integridad) Es decir Pablo va a restaurar las decisiones rotas y las cosas malas que Onésimo había hecho. Pero note que el texto dice que Onésimo debía enfrentar la situación y pedir perdón a su empleador. Ese desafío era importante que se diese porque Pablo de ninguna manera iba a tolerar que Onésimo no confesara su mala decisión. Pablo  restauró (Este es un nivel de capacidad)

El texto dice que se lo envía a su amigo Filemón. Me parece interesante que tres veces usa la palabra “recibir” cuando le escribe a Filemón y la forma en que debe tratar el problema. La palabra “recíbele” (12, 15,17) es importantísima. La expresión es “proslambano” se usa en los vrs. 12 y 17. Esta palabra significa   tomar a uno mismo. Lo que implica que el recibimiento era total y como si Filemón estuviese recibiendo al mismo apóstol Pablo. La expresión en el vrs. 15 para “recibieses” es diferente, implica un recibo cancelado. Se usaba para las deudas canceladas. Pueden ustedes notar que cuando Pablo se refiere a Filemón acerca de la noticia de su hallazgo de Onésimo, ¿el orden de la forma en que dice las cosas es interesante? Note como es el orden: “te ruego por mi hijo Onésimo”. Pone primero las virtudes, y luego el nombre. Al leer por primera vez esta carta, Filemón se sintió sorprendido, pero no pudo hacer nada más debido a que Pablo ya le había anticipado la conversión de Onésimo. Pablo lo evangelizó (Este es un nivel de espiritualidad)

El intercambio de la palabra “inútil” (acrestos) a la palabra “útil” (eucrestos) implica que “crestos” (Cristo) debe ser una prioridad en la vida de los empleados. Sé que muchas personas me cuestionaran acerca del hecho de ser proselitistas en un ambiente secular. Pero en realidad no. Si le compartimos la religión evangélica no les estaremos ayudando, pero si les compartimos el cristianismo haremos mejores  trabajadores, más fieles y más dedicados al Señor, porque para El harán la obra. Dos cosas implican esta espiritualidad. Primero reconocer el mover de Dios y su soberanía. En el vrs 15 la expresión en castellano “se apartó” se debe traducir mejor “fue apartado” o  “separado”. Eso significa que Pablo contempla esto como un plan de Dios, en el cual el todavía sigue teniendo el control. Y segundo cree que las buenas nuevas hará una nueva criatura, que necesita ser alimentada. Por eso usa “engendré”. Pablo fue su padre espiritual. En realidad la verdadera esencia del progreso de un empleado y que puede hacer honra a su potencial es una incorporación de los valores de Jesús en una empresa familiar. Así que he allí el reto que tenemos en nuestras empresas. Es difícil pero vale la pena seguir las instrucciones de la Palabra de Dios.

Filemón nos enseña entonces que el restablecimiento de una mejor relación patrono- empleado requiere decisiones profundas.

[1] http://www.pymempresario.com/2013/10/como-actuar-ante-el-fraude-de-un-empleado/

[2] http://bibleoutlines.com/blog/wp-content/uploads/2011/08/philemon.pdf

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Principios de liderazgo de toda la Biblia: Tito

 

 

Tito: Las crisis de una organización deben ser corregida de una manera sabia.

 “…la crisis es un estado productivo sólo hay que quitarle el tufillo a catástrofe…”

Max Frisch

 Al consultar la literatura empresarial que existe, me he asombrado lo poco que se habla de las crisis de las empresas y su manera de enfrentarlas. Por otro lado no se dictan cátedras en la universidad ni se oyen muchas conferencias sobre este tópico. ¿Es que no existe la crisis empresarial? ¿Es un asunto de poca importancia que no merece ser tratado? Ni una cosa ni la otra. El tema de la crisis empresarial es el gran tema gerencial en todos los tiempos, pero sobre todo en tiempos turbulentos. Un especialista dice que el tema de la crisis (de cualquier crisis) pertenece a una categoría especial: a la del dolor, la desesperanza, la incertidumbre, la angustia, el infortunio, la frustración, la desazón, el cambio forzoso, muchas veces, intempestivo.[1]

Las crisis son el punto de quiebre entre las viejas y nuevas cosas. El rompimiento en mil pedazos de la armonía cotidiana, del equilibrio actual de fuerzas. Es la transición entre el reposo y la turbulencia. Sólo hay armonía antes y después de la crisis no durante ellas.

¿Cómo se maneja de una manera sabia la crisis? ¿Qué elementos deben ser incluídos?

En nuestro texto de hoy, podemos encontrar lo que Pablo le dijo a Tito: “Por esta causa te dejé en Creta para que corrigieras lo deficiente, y establecieras ancianos en cada ciudad”, así como él se lo había mandado (1:5).

Es evidente que de alguna manera había una crisis en la iglesia de Creta. Creta no era una cultura muy destacada por su educación y moralidad. De  hecho alguien dice que Creta es la cuarta isla más grande del Mediterráneo. Era el asiento de una de las más antiguas y mejor desarrolladas civilizaciones comerciales. En los tiempos del Nuevo Testamento, la vida allí se había rebajado a un nivel moral deplorable (1.12). Tito era el llamado a “corregir” los asuntos que enfrentaba la joven iglesia en aquel mundo pagano.[2]

La forma de ser de los habitantes de la isla de Creta era bien conocida. Los cretenses tenían cierta reputación. Un autor dice los siguiente: “No había pueblo en el mundo antiguo que tuviera una reputación peor que la de los cretenses. En aquellos tiempos se hablaba de las tres ces más malvadas —los cretenses, los cilicianos, y los capadocianos. Los cretenses eran famosos por ser borrachos, insolentes, no de fiar, mentirosos, glotones… Los cretenses eran tan notorios que los griegos de hecho acuñaron un verbo, kretizein, cretizar, el cual significaba mentir, estafar. El problema de los cretenses trascendió el mundo y rodeó a la iglesia: Era obvio que la iglesia.[3]

¿Qué tipo de restaurador se necesita para corregir el rumbo de una organización? El tipo de Tito.

Si observamos más adelante, Tito fue necesario en Nicópolis y estuvo con Pablo en Roma, durante el segundo encarcelamiento de éste, cuando fue enviado a Dalmacia (3:12; 2 Timoteo 4:10). Todas estas tareas definen a Tito como a un hombre en quien Pablo podía confiar para que cumpliera deberes tan difíciles como “resolver los problemas de la comunidad”. Era un hombre a quién se le podían confiar dinero y sentimientos. Era capaz de hacer crecer a otros hombres, de organizar las tareas, y era un emprendedor, el cual cuando se le dejaba en un lugar, se encargaba de hacer el trabajo que estuviera a mano.[4]

Tres elementos son importantes a corregir lo defectuoso o en medio de la crisis. La primera cosa que Pablo le instruye a Tito es que le ponga atención a la organización de la comunidad. (1:1-17). Tito deberá analizar como estaba organizada la comunidad en Creta. Este tipo de organización debía ser sencilla y la medida de lo posible descentralizada y dispersa en un  liderazgo empoderado. La primera cosa que debe ser analizada en la organización tiene que ver con el bien ser de la organización (1:1-4).  Es decir una evaluación de las intenciones y valores de la organización. En el caso de Creta Pablo le dice que debe ser analizada a la luz de la Palabra de Dios. Ese bien ser es poderoso para motivar a la gente.  Este bien ser es prioridad  para movilizar la gente. Este bien ser es  primordial para proyectar a la gente.  Cuando analizamos las crisis, y queremos enfrentarla debemos empezar por la organización. Pero la organización son las personas y no las estructuras ni los procesos. Sin haber sanado del corazón sin un bien ser de la organización , la gente no se identificará con su papel dentro de la crisis. En segundo lugar la organización de la iglesia no sólo debe pensar en el bien ser, sino en el bien hacer. (1:5-9). Una vez más para Tito el bien hacer dependía del tipo de liderazgo que poseía y que iba a capacitar. Todo se levanta o se cae con el liderazgo. Este liderazgo debe ser perfilado en cuatro áreas. Intelectualmente, emocionalmente, familiarmente y espiritualmente. Tito describe una serie de requesitos e indicadores de calidad para el tipo de personas que deberían contribuir al bien hacer de la organización. La tercera cosa que Tito establece aparte de bien ser, bien hacer, es el bien estar. (1:10-17). En el caso de Tito el estaba velando porque el judaísmo no hiciera estragos en la comunidad cristiana. Así que debía velar por un bienestar de la gente y no se sintiera amenazada por reglas o una cultura  que no podía generar bien estar..

Tres elementos se deben buscar a nivel oraganizacional para poder enfrentar la crisis. De hecho hemos establecido que lo primero que hay que evaluar es la organización de una manera seria. Carlos Kasuga menciona los mismos elementos, y el  sostiene que para tener una empresa de calidad, una familia de calidad, una institución de calidad, primero la persona tiene que comprometerse con uno mismo y con su gente y así ir formando “hombres de calidad”. Para ésto, Kasuga sugiere seguir los mismos  pasos que Tito siguió: el “bien ser”, el “bien hacer”, el “bien estar” y el “bien tener”[5]. Como consecuencia de los tres estados anteriores, Pablo agrega una cosa más y es el bien tener. Y Pablo lo resume en la expresión “…te dejé…para corregir lo deficiente”. La palabra “te dejé” es en griego kataleipo. En el griego dejarà esta palabra significa “dejar atrás”. La palabra griega Katalepo (dejará) en Mateo 19:5 es la misma de Lucas 15:4, donde el hombre que perdió una oveja dejó(katalepo) las otras 99 para buscar la y luego regresó. “Dejar” simplemente significa cortar las ataduras anteriores, establecer su propio liderazgo[6]. Habla de realización al ser dejado atrás. Pero por otro lado la expresión “corregir” tiene también un uso interesante. Es la palabra epidiortho. Es una palabra muy intensiva que describe una corrección sistemática, supervisada y correcta. Finalmente la expresión “deficiente”. Curioso es que la palabra es la misma usada para “dejar”. Sólo que la primera es intensiva porque tiene un prefijo que significa seguimiento de lo que se ha perdido. Aquí la palabra leipo traducida deficiente, en realidad debe traducirse como “lo que se ha dejado de hacer”, lo que se ha dejado de tener. Por eso es que Tito deberá motivarlos a bien ser, bien hacer, bien estar, pero también nuevamente a bien tener.

 Una vez que se estabiliza la organización , el segundo paso para enfrentar la crisis se establece la importancia de la operación de la organización. (2:1-15). Lo operacional de una organización  tiene dos elementos importantes. Es lo que se llama hacer una empresa factible y a la vez viable. ¿Qué son estos dos conceptos y que los distingue o los une?

Para tratar de dilucidar esta pequeña inquietud, veamos lo que dice la real academia española sobre cada uno de los conceptos en mención: Viable: Dicho de un asunto: Que, por sus circunstancias, tiene probabilidades de poderse llevar a cabo. Y por otro lado factible: Que se puede hacer. Según lo anterior, se puede decir que un proyecto factible es un proyecto que se puede realizar, que es posible de realizar. Un proyecto viable, es un proyecto que además de ser factible, esto es que es posible de realizar, es un proyecto que resulta viable, que en nuestro contexto se debe entender como un proyecto que puede ser sostenible, rentable económicamente.

Supongamos un proyecto para extraer minerales de la Antártida. Es un proyecto que es factible, por cuanto existen los minerales y las herramientas y equipos para hacerlo, pero no es un proyecto viable, por cuanto sus altos costos lo harían imposible de realizar, aun cuando técnicamente sea posible hacerlo. Así las cosas, un proyecto de emprendimiento debe primero ser factible, y luego se debe demostrar que es viable, que es económicamente posible, atractivo.[7]

En el caso de Tito el proyecto que iba a realizar en la iglesia de Creta era en primer lugar factible. (2:1-9) Porque la composición de los elementos que componían la iglesia eran recursos de diferentes  aspectos. Se describen los ancianos, los jóvenes, las mujeres y los siervos. Todo este elemento era humano y de gran calidad. Pero también era viable. (2:10-15) Tito establece que la iglesia de Creta podía ser dinámica, sostenible y rentable (espiritualmente hablando) porque la gracia de Dios había trabajado con ellos en el pasado, presente y futuro. El elemento sobrenatural de Dios haría una iglesia viable.

Para que nuestras organizaciones sean factibles y viables ante la crisis, deberá tomar elementos que desarrollen vivencias y valores sólidos para poder competir con éxito nuevamente.

Una vez que se trabaja a nivel organización , operación, hay un tercer elemento. Se debe trabajar a nivel de  obligación. (3.1-15) Esto significa que se deberán nuevamente priorizar a nivel de obligaciones, tanto internas como externas. Esto es asumir su compromiso con su contexto circundante. Tito dice que se debe trabajar con su compromiso  en relación al gobierno, (1-8)  con su compromiso con su identidad (9-11) y finalmente su compromiso con el  capital humano. (12-15). Una organización comprometida de esta manera pordra solventar fácilmente una crisis.

En tiempos oscuros como los actuales, un liderazgo fuerte y seguro es clave para la supervivencia de la empresa. Si el timonel no sabe como dirigir el barco, la tormenta lo puede arrastrar hasta el fracaso.

Recuerde siempre lo que dice Tito: Las crisis de una organización deben ser corregida de una manera sabia

[1] Hoyos, Alvaro Marín. Cómo Recuperar su Empresa: Un Método Sencillo y Eficaz para Gerenciar la Crisis. Ed. Norma. Bogota, Colombia 2002. Pág. 14

[2] http://www.biblecourses.com/Spanish/sp_lessons/SP_199909_05.pdf

[3] William Barclay, The Letters to Timothy, Titus and Philemon (Las epístolas a Timoteo y Filemón), The Daily Study Bible Series, ed. rev. (Philadelphia: Westminster Press, 1960), 277. Pág. 45

[4] Guthrie, Donald. Tyndale New Testament Commentaries — The Pastoral Epistles. Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company, 1957. Pág.230. Pág 120

[5] http://www.discovernikkei.org/es/journal/2009/4/23/carlos-kasuga/

[6] http://slideplayer.es/slide/1079780/

[7] https://www.gerencie.com/diferencia-entre-un-proyecto-viable-y-factible.html

Principios de Liderazgo de toda la Biblia: 2 Timoteo

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Principio: La capacidad de hacer una sucesión de liderazgo generacional asegura la estabilidad organizacional

El progreso es imposible sin cambio, y aquellos que no pueden cambiar sus mentes no pueden cambiar nada.

George Bernard Shaw.

La sucesión  generacional es un tema recurrente en las empresas, sobre todo en las familiares. La tasa de supervivencia de muchas de ellas es de tan solo un 30% en el primer relevo generacional y de un 15% en el segundo. Los expertos apuntan a la anticipación y planificación del proceso de sucesión como factor clave de su éxito.[1]

En un proceso de sucesión dentro de una empresa tanto familiar como no familiar, hay roles que desarrollar y desempeñar.

La sucesión es la cuestión más tratada, más debatida y más estudiada de cuantas afectan a la empresa familiar. Es la problemática que más energía y fuerza consumen en este tipo de empresas, por esa razón se dice que la sucesión es “el problema” de las empresas familiares, pero no es necesariamente así. Habría que considerar la sucesión como un proceso de cambio, una oportunidad de revitalización para la empresa familiar que hay que aprovechar positivamente mirando en paralelo sus dos dimensiones: la familia y la empresa. La sucesión pone a prueba la madurez de la organización, el asentamiento de la empresa en el mercado y revela el grado de unión del proyecto empresarial con la familia propietaria. El proceso de sucesión representa un cambio, en el que el fundador deberá ceder la batuta y el sucesor tendrá que, con su poder de visión y utilizando sus fortalezas, hacer sonar a la orquesta de forma distinta, pero con la misma música, basándose en una partitura que puede ser interpretada de muchas formas válidas, pero siempre siguiendo el principio que sustenta, guía y da armonía a la interpretación de la obra, dirigiendo a la orquesta a su modo y con sus propios métodos.[2]

Si usted supiera que está a punto de morir, ¿qué pensaría? ¿Qué diría ? Las últimas palabras de los moribundos siempre me han fascinado. Son palabras tan reveladores porque vienen del corazón y el alma.

Ernesto el “Che” Guevara  alentó a su ejecutor con las siguientes palabras al sacarle de su celda: “Se que ha venido a matarme. Póngase sereno y apunte bien. ¡Va a matar a un hombre!”. Simón Bolivar  al ver que su sueño de unificación latinoamericana no era posible se limitó a decir “He arado en el mar”. El revolucionario mejicano José Doroteo Arango Arámbula  más conocido como Pancho Villa, tras sufrir un atentado le dijo a un periodista: “¡Escriba usted que he dicho algo!”. Se ve que el periodista no le hizo mucho caso. Según el jefe de la Guardia Presidencial del país, el entonces general José Ornella, justo antes de morir de un ataque al corazón, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, articuló de forma inaudible sus últimas palabras: “No quiero morir. Por favor, no me dejes morir”. Aunque él no pudo oírlo, Ornella está bastante seguro de que esto es lo que dijo Chávez.[3]

Sin embargo, creo que algunas de las palabras más grandes pronunciadas por un hombre mortal a punto de morir salieron de los labios del apóstol Pablo. El año era alrededor de 68 dC y Pablo estaba en lo que se conoce como la prisión de Mammertine en Roma.[4] Este hombre que una vez viajó por el mundo diciendo a miles de personas cómo conocer al Señor ahora está confinado en un espacio sucio de unos seis metros de diámetro.

Este lugar era conocido como “el  Sepulcro “, pues muchos de ellos eran devorados lentamente por ratas. Así que aquí está Pablo en este pequeño espacio que está lleno de aguas residuales, parásitos y ratas. Él sabe que pronto estará con el Señor y quiere pasar la antorcha del evangelio a este joven Timoteo. Él dice: “He peleadola buena batalla, he terminado mi carrera, he guardado la fe.” (4: 7) Su carrera había terminado, su batalla había sido completada. Pero la obra de Dios debía continuar. Cuando Moisés murió Dios tuvo que levantar un Josué. Cuando Elías fue llevado al cielo, Dios tuvo que levantar un Eliseo, y cuando Pablo murió Dios tuvo que levantar a Timoteo. Nos encontramos en una sucesión generacional. ¿Qué hizo efectiva esta sucesión de generaciones? ¿Cómo logro Pablo pasarle la estafeta a Timoteo?

El mensaje de 2 Timoteo es “vigilar el evangelio”. Pablo ve la crisis y la apostasía a su alrededor, así que le dice a Timoteo: “Guarda lo que se te ha encomendado.” (1 Timoteo 6:20)   ¿Qué fue entregado al cuidado de Timoteo? ¿Cuál fue el depósito? El Evangelio. (1 Timoteo 1:11). El tiempo de la partida de Pablo está ahora a la mano, y al mirar hacia atrás los años puede decir: “He peleado como buena batalla, he acabado la carrera,  he guardado  intacta, la fe “.

Pero ¿qué hay del futuro? Bueno, ahora da esta solemne exhortación a  su hijo más querido en la fe. Con un nuevo sentido de responsabilidad, Timoteo ha de cuidar este inestimable “depósito” vital, de la verdad cristiana, de preservarlo, protegerlo y proclamarlo. Es depósito es la esencia de su visión.[5]

Cada empresa tiene un depósito valioso que no deberá cambiar, porque es la identidad de la organización. Pero la manera en que se deberá hacer, sí puede cambiar. Pablo parece que le dice cuatro guías de cómo hacer una transición generacional sin diluir la identidad de la vida organizacional pero con una adaptación para un nuevo tiempo con un nuevo liderazgo.

La primera guía tiene que ver con su FUNCIÓN. (1:1-18) El tendrá que aprender a funcionar de una manera diferente que Pablo. Esa función está descrita en la expresión: “que avives el don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos”. La expresión avives es interesante en el texto griego. Es la palabra zoonpureo. Lo que significa es una reacción fuerte y brutal. Algunas veces se usaba para un animal salvaje. Por otro lado también se derive del término fueo o incendio. Lo que Pablo le dice es que ejercite con pasión su propio carisma. Pablo al imponer sus manos ha aprobado que Timoteo actúe de acuerdo a su propia función. La función estará basado en tres elementos importantes. Primero debe desarrollar sus convicciones (3-6). Segundo debe desplazar sus temores (7-12). Y finalmente desplegar su lealtad. (13-18).Para que haya una sucesión exitosa debemos motivar a que los sucesores encuentren su función y dejarlos que ellos mismo desarrollen su propia pasión por lo que se les ha entregado.

La segunda guía tiene que ver con su FOCALIZACIÓN. (2:1-26).  El Desarrollo Organizacional toma la focalización  como un todo para que el cambio sea efectivo. En la sociedad moderna, el cambio es tan grande que la organización necesita que todas sus partes trabajen en conjunto para resolver los problemas que surjan y aprovechar las oportunidades que se presenten.  La focalización es una estrategia que busca que todas las partes integrantes de la organización estén bien coordinadas y engranadas en un solo objetivo primordial.[6] En el texto Pablo usa varias figuras o roles que se pueden desarrollar para generar un enfoque óptimo en la sucesión del nuevo liderazgo. Lo que podemos ver es lo que en administración se refiere a la multitarea (Multitask).  El término multitasking o multiáreas se reducía originalmente a un uso circunscrito al ámbito informático, relacionado con una modalidad de operación del sistema operativo capaz de ejecutar varias tareas de forma simultáneao o intercalada. Sin embargo, a efectos prácticos, en el área laboral la multitarea se refiere a a la capacidad humana de llevar a cabo muy distintas actividades de forma prácticamente simultánea. En el seno de la organización, el multitasking puede resultar tremendamente provechoso si se consigue realizar con la suficiente eficacia. Cuando se consigue trabajar de forma eficaz realizando varias tareas, el multitasking  aporta grandes ventajas.[7]

Observe como Pablo utiliza en parte este principio. Hay tres figuras de las que se vale el apóstol para describir como desarrollar múltiples habilidades. En primer lugar, la habilidad de un soldado. El pensamiento en este caso es una dedicación absoluta a la labor, sin desviarse para nada. Dedíquese usted de lleno de la misma manera que un soldado se entrega de lleno a una sola cosa. En segundo lugar, la habilidad de un atleta. Eso quiere decir ser disciplinado, sin buscarse caminos más fáciles, sin excusas y sin saltarse las reglas a la torera. En tercer lugar, la habilidad de un granjero. Lo cual implica ser diligente. Aplíquese a esta labor, sin disminuir el ritmo de trabajo. Cualquier granjero sabe que si espera que haya una cosecha en el otoño debe de pasar algún tiempo trabajando y plantando durante la primavera.[8]

Si hace usted estas cosas, nos dice Pablo, podrá ser usted fuerte, fuerte en el Señor en otras palabras bien focalizado.

La tercera guía tiene que ver con FACILITACIÓN. (3:1-17) En el centro de esta exhortación aparece la expresión “los últimos días). Generalmente esa frase  comenzó con el ministerio de Cristo en la tierra. (Heb 1: 1-2), pero específicamente “Los últimos días”, parecen referirse al estado de la  situación contemporánea. La palabra “peligroso” significa “difícil, difícil de tratar”. Esta es lo misma palabra usada en (Mateo 8:28) para describir a los dos demonizados que  Cristo enfrentó cuando visitó el país de los Gadarenos. Los demonizados  son descritos como “extremadamente feroces “. Pablo está fcilitando a Timoteo una visión o descripción de lo que será el tiempo en que el le suceda como líder. Es un lector de las condiciones futuras. Pablo le facilita un perfil del tiempo (3:1-9), que le ayudará a prepararse bien. En segundo lugar le facilita herramientas para protegerse en ese tiempo. (3:10-17).

La cuarta guía tiene que ver con FINALIZACIÓN.  (4:1-22). Una de las exhortaciones más sublimes en esta carta es la manera en que Pablo reta a Timoteo que el éxito de su liderazgo no es como empieza, como se ve sino como finaliza. Pablo le dice, el éxito de una correcta sucesión es terminar bien, en tus convicciones (1-5). Terminar bien en tus emociones (6-8). Terminar bien en tus relaciones. (9-16) y finalmente terminar bien en tus devoción. (17-22).

Para que haya una sucesión generacional de éxito necesitamos funcionar bien, focalizarnos bien, facilitar bien y finalizar bien. Este es un ciclo que se deberá repetir generación a generación.

Es importante pensar en el relevo generacionel para que una organización perdure en el futuro. Para ponerlo en palabras de Mario Moreno Cantinflas: “El futuro no va a ser dominado por aquellos que están atrapados en el pasado”. Es necesario caminar hacia el futuro.

 [1] http://www.iese.edu/en/files/tema%20de%20fondo_tcm4-22077.pdf

[2] Ibíd

[3] https://www.msn.com/es-pe/noticias/mundo/las-%C3%BAltimas-palabras-de-personajes-famosos/ss-AAjQALx#image=29

[4] http://www.unsearchableriches.org/wp-content/uploads/2016/11/16.-THE-BOOK-OF-2-TIMOTHY.pdf

[5] Wiersbe, Warren W. Be Faithful – How to be faithful to the Word, our tasks, and people who need you. Wheaton, IL: Victor Books. Pág. 37

[6] http://grupo15rh.blogspot.com/2008/11/caracteristicas-del-do.html

[7] http://www.eaeprogramas.es/empresa-familiar/que-es-el-multitasking-y-cuales-son-sus-ventajas

[8] Stedman, Ray. Peninsula Bible Church, Mountain View, CA. Website: http://www.pbc.org/

¿Y si Jesús era feo?

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Vivimos en la era del culto al ego y a la propia imagen. El hechizo de narciso siempre flota en los espejos, mostrando insobornablemente la belleza y la fealdad. Hay muchas personas que padecen una obsesión por encontrarse defectos cuando se contemplan en ellos. La cultura de la apariencia crea la necesidad excesiva y compulsiva de estar, sentirse y parecer bello. Muchos trastornos como la anorexia, la bulimia, la vigorexia -la obsesión por el aspecto físico- o la tanorexia, la afición compulsiva a las operaciones estéticas, nacen porque queremos adecuarnos al imperativo estético y social, deteniendo el ritmo biológico y natural del tiempo y del envejecimiento. Algunos se preocupan obsesiva y excesivamente, por algún defecto real o imaginado del aspecto físico que les genera un intenso malestar emocional. Hay personas que mantienen un conflicto con el espejo. No quieren verse. El descontento con la propia imagen física genera disminución de la autoestima, ansiedad, depresión y trastornos alimenticios. Nuestra sociedad de los espejos, ser -o simplemente verse- feo, gordo, bajo o viejo, puede resultar fatal. Hay personas que no son feas pero se sienten feas. Pareciera que en nuestra sociedad la fealdad “es una enfermedad”, una “exclusión”.

La estética y el gusto no se mantienen inmutables y estáticos a través de los tiempos y las culturas. Varían, son polivalentes, mutan de significado y apreciación. En general, consideramos la fealdad como un contravalor de la belleza, como su natural manifestación opuesta. Se considera que la fealdad es la antítesis de la belleza.

En nuestra cultura también hay un culto por lo que se llama “fealdad estética”. Existe una reivindicación social por lo feo, lo patético, lo denigrante, lo macabro y lo morboso. Las distintas manifestaciones de la fealdad -a través de los siglos- se han manifestado en pesadillas y terrores, donde los sentimientos de repulsión aparecen en primer plano estimulados por demonios, locos, enemigos terribles, presencias perturbadoras, seres repulsivos, deformidades, fantasmas y monstruos legendarios.

En la literatura, como en el arte en general -especialmente en la cinematografía y en la plástica- abundan los personajes célebres feos. Uno de los ejemplos más conocidos de fealdad se encuentra en la historia “El patito feo” de Hans Christian Andersen (1805- 1875). Un patito particularmente grande, torpe y feo que lleva una vida de burlas y penurias hasta que huye a un pantano con patos salvajes. En la primavera, el patito descubre, al ver su reflejo, que se ha convertido en un hermoso cisne. El cuento es metáfora de la autoestima humana y de los progresos que cada uno puede hacer en su propio crecimiento y transformación a través del sufrimiento y la superación.

“Nuestra Señora de París” es una novela del escritor francés Víctor Hugo (1802- 1885) donde se narra la historia de Esmeralda, la bailarina gitana y Quasimodo, un jorobado deforme, sordo y feo que se encarga de las campanas de la Catedral de Notre Dame en el París del siglo XV. Esmeralda simboliza la belleza y la gracia. Quasimodo, la monstruosidad física, aunque su corazón es bondadoso. Su protector despiadado –Frollo- igualmente atraído por la gitana Esmeralda, simboliza la perversidad moral. El caballero de esta historia, el capitán Febo, representa la dignidad y la nobleza. También está enamorado de Esmeralda. Todos los personajes masculinos sucumben ante el hechizo de la belleza de la gitana: Quasimodo, el feo; Frollo, el malo y Febo, el hermoso.

“La bella y la bestia” es un cuento tradicional que -en Europa a lo largo de lo tiempos- ha tenido diferentes versiones y autores. Todas coinciden, de alguna manera, en la metáfora de la animalidad integrada a la condición humana. Se cuenta la historia de un príncipe convertido, por arte de hechicería, en un animal salvaje y monstruoso que es redimido por el beso y el amor de una doncella. Es una metáfora del amor más allá de cualquier convención.

“El fantasma de la ópera” es una novela de Gastón Leroux (1868- 1927) en donde un fantasma enmascarado se descuelga desde las bóvedas del teatro de la Ópera de Paris y construye su propia morada en el subsuelo. Está profundamente enamorado de Cristine, la soprano del Teatro, prometida de el Vizconde de Chagny. El fantasma se siente celoso de la relación de Christine con su prometido y la invita a visitar su mundo debajo del edificio. Cuando ella baja, descubre que el fantasma es un genio musical que lleva una máscara para ocultar su cara aberrante. Chistine está dividida entre el amor del joven vizconde y su fascinación con la misteriosamente hermosa música del fantasma.

Mientras que el jorobado Quasimodo y el príncipe convertido en Bestia son feos por fuera -sin embargo- nobles y bellos por dentro; en cambio “el Fantasma de la Ópera” es un ser apasionado y ambiguo, capaz de amor, odio y venganza. Todos estos personajes feos son capaces de amor y de ser amados y que cada uno luchará por su amor, más allá de su aspecto, intentando doblegar el destino de cada uno.

Igual sucede en el cuento clásico “La princesa y el sapo” donde un príncipe apuesto es convertido por un médico brujo en sapo y sólo se romperá el hechizo para volver a ser un príncipe humano, si la princesa lo besa. El aspecto repugnante del sapo esconde una belleza que no se advierte a los ojos.

Hay otra fealdad –también testimoniada en la literatura y en el cine- que no tiene nada de bondad y constituye la monstruosidad en sí misma. Basta pensar en Frankenstein, obra de la escritora inglesa Mary Shelley (1797- 1851) que explora temas tales como el límite ético de las ciencias, el audaz y ambicioso conocimiento humano que intenta competir con el poder con Dios e imitar la creación a través de la vida artificial; además aparece también la destrucción de la vida por la insubordinación de la obra creada artificialmente como respuesta al abandono y al desprecio.

Otro texto inquietante de la literatura que nos trae la cara de lo monstruoso es el relato de Franz Kafka (1883- 1924) llamado “La metamorfosis” que narra la historia de Gregorio Samsa, un comerciante que vive con su familia quien un día amanece convertido en una creatura algo así como un insecto gigante. Esto le impide trabajar provocando la ruina de su familia. Él decide ocultarse en su propio cuarto para no asustar. Vive solitario y recluido comiendo desperdicios y ante el desprecio y el cansancio de su familia, se deja morir. Tras su muerte la familia, indiferente, sale alegremente a la calle con nuevas esperanzas de un futuro mejor, liberada del gran peso que les atormentaba.

“La metamorfosis”, nos muestra la cara más deshumanizada del entorno familiar y el drama de la incomunicación. La desaprobación familiar de ese integrante por el cual se sienten avergonzados. La sociedad despersonaliza a los sujetos, asilándonos y sometiéndolos a identidades desdobladas, víctimas de la incomprensión y la exclusión, condenados a una vida que se deshumaniza.

Otra obra literaria que aborda el tema de la monstruosidad del alma humana -en su bipolaridad de bien y de mal- es “El extraño caso del Doctor Jekill y Mister Hayde” escrita por Robert Louis Stevenson (1850- 1894). El personaje de su novela es Jekyll, un científico que crea una poción química con el objetivo de separar el bien y el mal de su persona. Este brebaje es capaz de transformarlo en un monstruo temible. Al comienzo, por su propia decisión y después incontroladamente donde su parte maléfica -personificada en Hyde atesorará cada vez más poder y Jekyll perderá el control de sus actos y de su vida. La obra habla de un misterio de bipolaridad y dualidad que es intrínseco al espíritu humano.

En cualquiera de estas obras literarias hay una profunda indagación sobre el misterio de la condición humana donde lo feo y lo terrible resulta inquietante. En todos estos relatos lo monstruoso es metáfora de la frialdad e indiferencia de una sociedad carente de inclusión, tolerancia, aceptación y comprensión.

Para descubrir la belleza y la fealdad no bastan los ojos. Hay que tener “alma”, capacidad espiritual para contemplar. Quizás lo feo sea aquello que no nos satisface, ni nos llena, lo que cada uno considera contrario a lo armónico. Tanto la belleza como la fealdad se miden subjetivamente. Belleza o fealdad interior y exterior, no necesariamente se corresponden. La belleza interior se cultiva con el tiempo, la exterior se destruye con los años. La interior refleja los sentimientos y hace que cada persona irradie una energía espiritual especial. La exterior es algo cultural. La belleza interior siempre será universal. Esa que nos hace definitivamente singulares. Una cosa es la belleza y otra la hermosura. Se puede ser bello sin ser necesariamente hermoso y viceversa. La belleza es siempre interior y esencial. La hermosura es exterior y apariencial.

Cada época tiene su propia fealdad y monstruos. Muchas veces lo feo y lo monstruoso aparece en nuestras pesadillas. Lo horrible de una pesadilla no consiste en las imágenes sino a ese sentir especialmente asfixiante y angustioso. La monstruosidad habita los sueños, los dramas y los cuentos. Incluso a veces se experimenta en cosas muy triviales una extraña sensación que nos invade, por ejemplo, cuando nos miramos al espejo. Lo monstruoso y la fealdad a menudo nos invaden en esas extrañas sensaciones internas pero para quienes tenemos fe, en última instancia, la verdadera fealdad es la que se causa o resulta consecuencia del pecado.

No hay mayor fealdad que la espiritual, la que está asociada a la oscuridad, al pecado, a los malos sentimientos y a la muerte. La vida espiritual y la actitud estética ayudan con su capacidad transfiguradora y transformadora a sublimar todo. Hoy hay una “estética de lo feo” en los medios: imágenes fuertes, avasalladoras, chocantes, repugnantes, agresivas, caóticas, desagradables. La morbosidad es una exageración social enfermiza y adictiva.

La belleza puede devolvernos la paz del corazón y de la mirada. Ayuda para calmar las laceraciones de tanto dolor, pobreza e injusticia. Redime y abre los caminos del alma. Sin embargo, la sola estética no alcanza para que el mundo sea mejor. Para que la estética sea realmente transformadora, transfiguradora y redentora, hace falta la gracia. La vida espiritual, en última instancia, es esa misteriosa alquimia de la gracia de Dios que transforma todo lo feo en hermoso para que la oscuridad se vuelva definitivamente esplendente luz.

El libro del profeta Isaías,  dice: “como una raíz que brota de una tierra árida, sin forma ni hermosura que atrajera nuestras miradas, sin un aspecto que pudiera agradarnos. Despreciado, desechado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, como alguien ante quien se aparta el rostro, tan despreciado, que lo tuvimos por nada. Él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias. Nosotros lo considerábamos golpeado, herido por Dios y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades” (53: 2-5).

Este texto de Isaías adjudicado a Jesús como Siervo Sufriente de Dios, lo muestra sin hermosura, ni presencia, casi sin apariencia, de tan desfigurado que estaba por sus sufrimientos. Entre la hermosura y la desfiguración, entre la forma armoniosa y la deformación, en este caso hecho por la violencia y el maltrato, se encuentra, a medio camino, la fealdad.

Ciertamente la tradición espiritual y artística nunca ha querido considerar a Jesús como un hombre feo; al contrario, aún agonizante, flagelado y martirizado en la Cruz tiene cierta belleza y armonía. A menudo tenemos ideas preconcebidas que se nos ha transmitido tradicionalmente para con la imagen de Jesús: el semblante claro y sereno, rasgos firmes y belleza varonil, casi perfecta. ¿De dónde vienen esas imágenes que lo ensalzan como un hombre de gran belleza?, ¿acaso alguien retrató su verdadera imagen alguna vez?

Tal vez Jesús tenía el aspecto de un hombre típico judío, de aspecto común y normal, un varón de trabajo, rudo, pobre y sufrido, para quien la vida no le fue para nada fácil, un trabajador forzado con el duro oficio de su padre adoptivo. Hay una pregunta que podemos hacerla y puede que nos movilice: ¿y si Jesús era feo?

Seguramente se vestía y se peinaba como un judío de su época. Tal vez, con la apariencia de todos los de su tiempo. De hecho, los soldados romanos cuando fueron a capturarlo en el huerto de los olivos no sabían cómo distinguirlo en medio de todos. Judas lo identifica con un beso.

El Nuevo Testamento nos dice que “fue uno de tantos, como un hombre cualquiera” (Filipenses 2:7). Hasta es posible que haya querido, siguiendo una secreta ley de solidaridad, ser feo ya que la pobreza, la indigencia, la precariedad y la vulnerabilidad –muchas veces- se hermanan con la fealdad.

El Señor sufrió el desprecio y la humillación. Fue marginado y excluido. Tal vez Jesús fue feo y pobre para solidarizarse con el que sufre y para enseñarnos el valor y la grandeza que puede esconderse en lo que despreciamos. Tal vez fue bello sin ser hermoso para revelarnos así otra mirada de la realidad y de las personas, traspasando la máscara y la cáscara superficial con la que todos nos revestimos y nos cubrimos, ocultando nuestras fragilidades e indefensiones porque tenemos miedo que los demás nos vean tal cual somos y se asusten o nos dejen de querer o nos tengan lástima y compasión.

Ser feo es estar a la intemperie y conocer una desnudez y una exposición que todos queremos ocultar. Nos asusta la mirada y la reprobación de los otros. Nos da miedo la discriminación. Nos defendemos del otro y de su posible ataque. Queremos la belleza como protección y como aprobación social. No importa lo que llevemos dentro. Los seres humanos somos fácilmente engañables. Basta una apariencia hermosa para que creamos que adentro también es así. No siempre sospechamos que hay bellezas que no se ven y hay fealdades ocultas en disfraces hermosos. Hay personas desafortunadas en su aspecto físico y de una personalidad incomparable, verdaderamente talentosas e inteligentes.

Tenemos que aprender la sabiduría de la aceptación. Los jóvenes de la belleza que tienen. Los mayores del paso de los años con dignidad. Hay belleza en las arrugas si son los surcos de la vida vivida y atesorada. La piel tiene memoria de vida en sus arrugas. En realidad, la fealdad existe pero no existen los feos. Todo es una invención humana, un producto de nuestros prejuicios. Nos empeñamos absurdamente en clasificarlo todo y de comparar. Con falsas apreciaciones juzgamos a las personas, incluso por lo que de ella aparece a nuestros ojos. Cada uno tiene sus características particulares, cada uno es absolutamente singular y único, incluso desde el punto de vista físico, con sus particularidades y sus diferencias. Cada uno es exclusivo para Dios y para los que nos aman. Mirado cada uno en sí mismo y en su dignidad de persona, nadie es feo. Nunca nadie es feo a los ojos de la hermosura de Dios. Nadie es feo para el amor verdadero. Nadie es feo para aquél que lo ama. Nadie es feo si es amado.

En la película amor ciego Hal Larson (Jack Black) es un hombre superficial, cuya obsesión por la belleza física se interpone frente a la belleza interior de la mujer. Hal y su amigo igualmente superficial, Mauricio Wilson (Jason Alexander), pasan sus noches siendo rechazados por mujeres atractivas y fuera de su alcance en las discotecas. Por un giro del destino, Hal queda atrapado en un ascensor con el famoso orador motivacional, Tony Robbins, quien después de hablar con Hal lo hipnotiza con el fin de que éste pueda ver la belleza interior manifestada físicamente en una persona. Hal, más tarde conoce y se enamora de Rosemary Shanahan (Gwyneth Paltrow), hija de Steve Shanahan (Joe Viterelli), el presidente de la compañía en la cual Hal trabaja. Rosemary es obesa, pero su amable y generosa personalidad hace que Hal la vea esbelta y hermosa. Rosemary es acostumbrada a ser ignorada por los hombres debido a su apariencia, inicialmente interpreta el interés de Hal en ella como una burla, pero comienza a salir con Hal, y se da cuenta de que sus sentimientos hacia ella son auténticos. La película gira alrededor de la belleza superficial y la belleza interna. De tal manera que las mujeres bellas por fuera Hal las ve fea debido a su interior y viceversa. Al final y una vez pasado el hechizo Hal se enamora de la belleza interna y externa de Rosemary, ganando así el amor en un contexto de fealdad.

¿Y si Jesús fue feo? Lo hizo por amor y por todos los feos de este mundo que somos muchos.

 

Entre el ascenso y el descenso…navegando entre el éxito y el fracaso II parte

 

 

En segundo lugar el ascenso de los discípulos.

“…Ellos, entonces, lo adoraron y luego regresaron a Jerusalén con gran alegría. 53 Y estaban continuamente en el templo, alabando a Dios…” (Lucas 24:50)

Al sentir que el ascenso de Jesús era su descenso, los discípulos transformaron  el ascenso de Jesús en su propio ascenso espiritual también.  En realidad hubo un cambio de mentalidad.

Es sobresaliente que la expresión “regresar” es la expresión “hupostrefo” en griego. Esta palabra se puede traducir como cambiar, darle un giro a la dirección. En realidad implica el modo de pensar. El prefijo “hupo” que acompaña al verbo indica estar “debajo de”. Lo que viene a reafirmar el hecho de que los disípulos cambiaron de mentalidad y regresaron con esa nueva mentalidad a Jerusalén.

¿Que lograron entonces en su ascenso? Primero un espirítu de adoración. La expresión literlamente significa postrarse. Es por medio de la adoración y la postración que aceptan la nueva mentalidad y la acción de regresar a Jerusalén. Segundo, un espíritu de sumisión. Regresaron cambiados en obediencia a Jerusalén la ciudad conflictiva y peligrosa. Tercero, un espíritu de satisfacción. El texto dice que regresaron con gran alegría. En el original es “rebalzando de alegría”. Estaban satisfecho porque Jesús los había llenado de plenitud y gozo. Y finalmente un sentido de expectación.El pasaje dice que volvieron a un esquema que estaba caduco para esperar el nuevo. Pero lo hicieron gratitud y depenednecia de Dios. Mientras venía lo mejor estaban esperando en lo peor. Podían soportar un ambiente no grato por el hecho de que la promesa de Dios incluía una espera.

 Al terminar de reflexionar en esta porción de la Escritura reconozco que me  da miedo valorar mi vida según los parámetros de ascenso y descenso. Valgo más si logro los objetivos marcados. Si consigo llegar más alto que otros. Si soy reconocido. Si evoluciono. Si no me estanco. Y valgo mucho menos si nada de lo que emprendo me resulta. Si sigo igual que antes. Si no mejoro ni cambio. No lo sé muy bien. Me han metido en el corazón una idea de la vida que me hace daño.

Decía Victoria Braquehais, una monja misionera en África: “Siento que Dios ha triunfado en mi vida. La vida es otra cosa, es lo que es. No es tanto hacer muchas cosas o ser el mejor. La vida no está hecha para competir, sino para compartir.”[1] 

Y quizás la tendencia del mundo es la de competir, no la de compartir. La de llegar más alto, ser el mejor y lograr todas las metas. Una estrategia de conquista. Un plan a largo plazo para ser el mejor, el que más éxitos tenga. Formación, preparación, conquistas.

Y me privo de la alegría del descenso. De la sensación de ser acompañado en el fracaso. Tal vez el que vence descubre nuevos amigos. Y el que ha dejado de ser válido, útil o interesante, pasa al olvido. Pierde la fama. Deja de ser conocido. Pierde amigos.

El ascenso y el descenso. La encrucijada de la vida. Yo no me puedo quedar en un punto medio equidistante. O subo o bajo. No me quedo igual.

La naturaleza que es sabia me dice que mi cuerpo tiende al descenso. Pierdo facultades. Estoy más cansado. Pero mi espíritu sueña el ascenso.

Sé que mi vida no es una línea ascendente. Y eso que estoy llamado al cielo. Al lugar en el que Jesús me precede. Pero tal vez antes tenga que probar el descenso. Ser descendido de mi cruz. Ser ascendido al fracaso.

Ni yo mismo podré bajar solo de mi propia muerte. Harán conmigo lo que hicieron con Él ya muerto. Desciendo al olvido. Desciendo al juicio y a la condena. Desciendo a la muerte.

Reconozco que me da miedo esa pérdida paulatina de mis fuerzas. Me dan miedo la derrota y el olvido. Me asusta perder la vitalidad y no seguir avanzando. Quedarme al margen del río de la vida. Y pienso entonces en la mirada de Jesús.

Leía el otro día: “Para entrar en el reino de Dios es importante que todos sientan como suya la preocupación de Dios por los perdidos y su alegría al recuperarlos. Hay que aprender a mirar de otra manera a esas gentes extraviadas que casi todos desprecian”.[2]

Jesús se fija en los perdidos, en los descendidos, en los fracasados. Se fija en mí cuando no logro los resultados esperados, cuando no consigo lo que me propongo, cuando no triunfo. Se fija en mí caído.

Es como si en la vida la mirada de los hombres se posara sólo en los que triunfan, en los que vencen, en los que ganan. Mientras el olvido forma parte de los que han fracasado y han muerto en el camino.

Entonces comprendo que no importa tanto ascender o descender. Aumentar el número de mis éxitos o perder todas mis metas. Que lo importante es dar la vida. No si me sale bien todo lo que emprendo. No si logro ascender a la cumbre más alta.

El ascenso es obra de Dios en mí. Él me levanta habiendo yo caído. Y me eleva por encima de mis fuerzas habiendo yo bajado a lo más profundo. Y no se olvida de los perdidos, de los descendidos. Me recuerda siempre pase lo que pase.

Y entonces tengo ya otra actitud frente a la vida. Tengo menos miedo, más paz, más alegría. Miro con más pasión todo lo que hago. Y entonces valoro tanto el éxito como el fracaso. Y mi amor de compasión me hace acercarme al que no es valorado, al rechazado, al que no triunfa.

Mi compasión me hace mirar hacia abajo. Darme la vuelta para ver al que marcha más lejos. Fijarme en el anciano y en el enfermo. En el que no asciende. En esta cultura del descarte mirar así es un milagro. Mirar al que no avanza y valorarlo. Detener mis pasos ante el que nadie mira y caminar a su lado.

No es atractivo su rostro y yo lo quiero admirar. Tal vez no tiene nada que mis ojos envidien, pero yo quiero seguirlo. La compasión me hace capaz de amar lo que el mundo rechaza. Me detengo y desciendo.

Pudiendo ascender vuelvo a bajar la cuesta. Pudiendo ir más rápido detengo mis pasos para ir a otro ritmo. Deshago el camino recorrido. Y miro más lejos, atrás, ese lugar ya hollado. Y no me da miedo perder la senda de los triunfadores.

Quizás no soy mejor que antes, no evoluciono. La compasión  no tiene que ver con esos logros que el corazón desea.

Quiero dejar de envidiar a los que acumulan éxitos. Mi vida no es una línea recta hacia la meta. Acepto mis caídas y mis retrocesos.

Miro a Jesús que asciende ante mis ojos. Él conoció el descenso. Y ahora asciende al encuentro del cielo. Su ascensión me conmueve. No deja de mirar a los que miramos al cielo. No se olvida de mí que piso mi tierra. Se detiene sonriendo. Me abraza desde arriba. Abajándose. Deteniéndose.

Me gusta esa forma de vivir sin tener en cuenta que hay que aprovechar el tiempo. Sin desear siempre un poco más. Un paso más lejos. No me gusta vivir con miedo a los descensos.

Prefiero esa vida en la que la compasión es lo primero. Y esa mirada de misericordia me hace detenerme ante cualquier perdido, descendido, olvidado. Porque no es la gloria lo que sueñan mis pasos. Sino un día ascender, de la mano de Cristo, camino al cielo.

[1] http://www.alfayomega.es/author/vbraquehais

[2] http://www.biblia.work/sermones/asi-reacciono-jesus-cuando-una-mujer-de-mala-vida-le-beso-exageradamente/

Entre el ascenso y el descenso.. navegando entre el éxito y el fracaso

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“…vieron cómo Jesús era llevado al cielo…”

Hechos 1:9

 Creo que la vida oscila entre estos dos estados, algunas veces desciendo y otras veces asciendo. La pregunta que sobresale de esto es ¿Qué duele más?¿Descender o ascender? ¿Qué nos gusta más? ¿Estar arriba o estar abajo? La respuesta es obvia. ¿Por qué duele tanto descender? Creo que se debe a la manera en que la gente ve la vida, es decir como un camino que asciende. Una línea recta y en lo alto del monte la meta. Y yo mirando ese destino que anhelo.

Tal vez es parte de una mirada juvenil, idealista. Una mirada que ve todo como el ascenso al monte más alto y lleno de gloria. Un anhelo infantil que confía en llegar pronto lo más arriba posible después de un largo esfuerzo. Este día que comienza mejor que ayer. El nuevo año mejor que el pasado. Lo que ahora hago mejor que lo que hice antes. Siempre más, más alto, más lejos, mejor.

Y nos  turba al pensar en algo que esté peor hecho. Nos aterra un descenso en lugar de un ascenso. Un bache, una caída. La pérdida de prestigio en lugar de la ganancia. Un retroceso en lugar de avanzar.

Y es que como si subir a lo más alto fuera siempre mejor que descender. Superar metas pasadas mejor que fallar. Lograr mejores tiempos mucho mejor que seguir como antes. Ganar más dinero. Tener más éxito y fama. Siempre más. Nunca menos. Ser ascendidoes mejor que ser descendido.

Jesús fue descendido hacia la cruz y hacia la muerte. Y hoy asciende Él sólo ante los hombres. Fue ascendido al madero, signo del mayor fracaso. Y murió, fue asesinado. Cayó entre los hombres. Fue descendido. Pero luego asciende vivo, resucitado, victorioso. En Hechos 1 y Lucas 24 podemos observar dos breves relatos de la ascensión de Jesús. El tiempo de haber convivido en su descenso con los seres humanos ha terminado. Nuevamente regresa a casa. ¡Qué gran emoción debió haber sentido Jesús, al regresar a su hogar celestial! ¡Por fin se acababan las limitaciones!

Pero ¿Cómo manejó Jesús los descensos  y los ascensos de su vida?

Primero veamos qué aprendió, cultivó o encontró en los tiempos de su descenso.

En el texto podemos observar a lo menos tres cosas que Dios cultivó en su tiempo en la tierra., es decir su descenso en esta tierra. Quiero combinar los dos relatos de Lucas con respecto a la ascensión de Cristo.

50 Después los llevó Jesús hasta Betania; allí alzó las manos y los bendijo. 51 Sucedió que, mientras los bendecía, se alejó de ellos y fue llevado al cielo. (Lucas 24)

 9 Habiendo dicho esto, mientras ellos lo miraban, fue llevado a las alturas hasta que una nube lo ocultó de su vista. 10 Ellos se quedaron mirando fijamente al cielo mientras él se alejaba. De repente, se les acercaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:

 11 Galileos, ¿qué hacen aquí mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido llevado de entre ustedes al cielo, vendrá otra vez de la misma manera que lo han visto irse. (Hechos 1)

 

Ellos, entonces, lo adoraron y luego regresaron a Jerusalén con gran alegría. 53 Y estaban continuamente en el templo, alabando a Dios. (Lucas 24)

 En primer lugar el vaivén en la vida de Jesús.

¿Qué ocurrió en el descenso de Jesús.

  • Cultivó un caminar. “los llevó afuera”.

 Si observamos, en este contexto Jesús sabe a dónde llevarlos y los lidera a esa visión. El pasaje dice que “los sacó”. La expresión “los llevo” o “los sacó”, en griego la expresión es “exo” de donde procede la palabra “éxodo”. Los va a llevar al lugar exacto donde está el mover de Dios. Si hay una cosa que debemos reconocer que Jesús reafirmó fue su visión del reino de Dios. Cada uno tendrá su éxodo personal en el cuál seguirá la visión de Dios. El uso que Lucas hace de la expresión “los llevó” es una palabra que denota dirigir, liderar. Llevar a alguien a una meta. La visión de Jesús le dio liderazgo pero a la vez le dio perspectiva. Parece ser que Jesús entendió que el propósito de Dios no era Jerusalén, o el templo. Cuando estamos en la etapa de descenso es cuando más abiertos estamos a reconocer realmente el mover de Dios en nuestras vidas y la vida de los que dirigimos. La visión de Dios siempre es hacia afuera, no hacia adentro. Es una visión del camino. Una visión del andar.La vida espiritual, desde sus orígenes, ha sido entendida como un “camino”, un sendero, un itinerario, una peregrinación. Incluso la vida humana ha encontrado en el “camino” una imagen universal para describirse a sí misma. La vida es caminar, peregrinar, transitar, andar, viajar, continuar, seguir. La dirección es siempre para adelante, de cara al futuro con las alas de la esperanza. En el Nuevo Testamento  está la imagen del camino. Juan Bautista es el que anuncia la preparación del “camino del Señor” (Cf. Lucas 3:4). Luego, el mismo Jesús, se proclama: “Yo soy el Camino” (Juan 14:6). La comunidad de los discípulos -en el Libro de los Hechos de los Apóstoles- es llamada simplemente, los “del camino” (Cf. 9:2; 18:25-26; 24:22). Así como en el Antiguo Testamento aparece repetidas veces la imagen de los dos caminos -el bueno y el malo como opción de la libertad- en el Evangelio de Juan y en su primera Carta se dice lo mismo, de otra manera, cuando se afirma que “la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la sofocaron” (Juan 1:5). A partir de la presentación de Jesús como Camino, en el Nuevo Testamento se sugiere que toda la existencia es entonces un “regreso”. Toda la vida es caminar de vuelta a la casa del Padre. A ese hogar tratamos insistentemente de volver sin extraviarnos, a través de riesgos de este mundo. La vuelta y el retorno a Dios son parte de un mismo camino. Estamos en el exilio, en el “éxodo” dirigidos por Dios, regresar a la Patria es uno de los motivos más profundos del encuentro definitivo con Dios. Como el hijo pródigo que vuelve a la casa y a la fiesta del padre misericordioso, así también nosotros estamos caminando en la vida. Siempre de paso y de regreso, aunque no nos demos cuenta.

  • Cultivó un vivir. “a Betania”

Cuando el Señor Jesucristo vino a este mundo, no fue recibido. El Creador del universo, el que no tan sólo lo creó todo, sino que también es el mismo para quien se crearon todas las cosas. Aún y así, fue rechazado por el mismo mundo que Él creó. No fue bien recibido ni aceptado. Sólo hubo una excepción. En toda su vida en este mundo, sólo fue bien recibido y aceptado en un único lugar: un pueblecito llamado Betania. Y fue una parte importante en la vida del Señor. Betania parece ser el único lugar en la tierra donde el Señor Jesucristo se sintió comprendido y reconocido. En donde Jesús es bienvenido allí se recibe la bendición y el respaldo de Dios. Betania el pueblito de su corazón. Sin ruidos, sin normas, sin reglas estrictras, sólo amor, aceptación y descanso para Dios. Jesús invirtió mucho en encontrar gente con la que relacionarse. A pesar de vivir en un estado de descenso eso lo hizo accesible a la realidad de su entorno, a las necesidades y luchas de la gente. Los autores bíblicos  luego comenzaron a hacer algunas clasificaciones según el grado de avance de cada uno en la vida espiritual. Después de muchas clasificaciones y denominaciones a lo largo del tiempo, se fue arribando a una división que designaba a los “incipientes” (los que comenzaban), los “proficientes” (los que avanzan) y los “eficientes” (los que llegaban a la plenitud). Incluso se comienza a hablar de “tres edades, etapas o estadios” del ser humano según su evolución interior. Ciertamente no es posible clasificar y cuantificar la vida espiritual. La vida toda -y especialmente la vida sobrenatural- es algo incesante e intensamente dinámico, móvil, progresivo, que nunca se detiene. La vida se expande y se prolonga, tiende a crecer según sean sus posibilidades y circunstancias. Además, si la vida espiritual –en sus alcances más hondos y maduros- se identifica con el amor, éste tiene constantemente la posibilidad de aumentar. La  vida espiritual que Jesús apreció y valoró nucho fue la de Betania, la de la casa y no del templo. Fue allí donde mostro una experiencia de vida más que en otros momentos. Era un descenso a lo sencillo y lo humilde.

Cultivó su  dar. “allí alzó las manos y los bendijo. 51 Sucedió que, mientras los bendecía, se alejó de ellos…” La actitud de Jesús al ser llevado es una actitud de dar, estímulos, de bendecir, de dar palabra de ánimo. ¿Cómo se da Jesús en este contexto? Primero los bendice con su asistencia. “alzó las manos” Esto nos habla del respaldo de Dios, de sus manos extendidas para dárnosla en los momentos difíciles del caminar. Segundo los bendice con su influencia. El texto habla de bendecir  (2 veces): La expresión es eulogeo, de donde procede la palabra elogio. Es decir Jesús en su bendición les dio  palabras a los discípulos elogios de sus cualidades y de sus méritos. Los bendijo con su ausencia. Si observamos dice: “se alejó de ellos” y luego dice que les “fue quitado”. A veces nuestra forma de dar debe ser como Jesucristo. Unas veces nuestra presencia es importante pero otras veces la ausencia es más importante.  Jesús les había dado su presencia en su descenso y ahora en su ascenso les daría su ausencia.

Tres elementos trascendentales en el descender, un caminar, un vivir y un  dar.

 En segundo lugar el ascenso de Jesús ¿Qué cosechó en su ascenso Jesús?

 Ahora, una vez que termina el descenso que recibió Jesús en su ascenso. ¿Qué pasa cuando entramos en una época de ascenso?

 Primero somos leales. Jesús no ocultó su interés y preocupación por los suyos. Antes de partir aseguró que ellos tuvieran tranquilidad y se fijaran más en el cuadro mayor. Les haría falta, pero les explicaba que era necesario para el mejoramiento de su vida. No los dejó con dudas, sino con una gran seguridad. Segundo somos reales. Me parece importante notar que él es alzado, los verbos están en pasivo. Es un agente exterior quien lo toma. No hay engaño, sale enfrente de todos, se deja ver tal como es, ahora volverá a ser el hijo de Dios pero no deja de ser su amigo, el que estuvo con ellos. Aunque ahora puede optar nuevamente por ser el Dios grande, Jesús opta por conservar su imagen de siervo, aunque ahora sea el está sentado en el trono. Es el mismo hombre. El mismo Jesús muerto y resucitado. El mismo valor de aquel cuerpo sin vida. El mismo valor del Jesús glorioso que desaparece delante de mis ojos. Tercero somos radicales. Me gusta mucho la siguiente escena en el texto. La escena de la mirada triste de los seguidores de Jesús, y la manera en que los manda de regreso a Jerusalén. Jesús no vuelve aparecer para exhortarlos a que se vayan. Una vez determinada la decisión de irse nada lo detendrá de hacerlo. ¿Por qué las emociones no lo manejan a Jesús? Simplemente porque ahora en su ascenso ha llegado al nivel de su intimidad con el Padre y eso es superior. Amar a Dios por sobre los necesitados es superior a cualquier cosa.

En segundo lugar el vaivén en la vida de los apóstoles

Comenzaremos por el descenso  de los discípulos.

Los discípulos habían tenido varios vaivenes a lo largo de estos últimos días. Venían del descenso de la cruz, la muerte y resurrección a un ascenso de 40 días. Nunca antes había estado tan disponible la persona de Jesús.  Ahora entran en una nueva etapa de descenso. Hacerse la idea de que Jesús de una vez y por un tiempo indefinido ya no estaría con ellos. Este descenso ocasionó a lo menos tres cosas.

Primero les desvió su visión. El texto relata en cuatro ocasiones la expresión ver y mirar. Hay dos tipos de miradas y acciones en el relato. La primera cuando se está yendo y la segunda cuando ya se ha ido. La primera es una sensación de que algo estamos perdiendo. La “idealización” de la vida espiritual es un obstáculo a la hora de emprender un camino serio y profundo. El “realismo espiritual”, en cambio, es el mejor espejo que podemos tener para este camino. Algunos piensan que la experiencia espiritual es un retroceso o regresión, una inmadurez o un infantilismo respecto a la vida humana como si referenciarnos a Dios nos quitara autonomía, libertad, responsabilidad y adultez. Al contrario, la vida espiritual no es un “escapismo”, ni una “evasión”. Consiste en una integración madura del “yo” integralmente. Es un sentir que perdemos algo en el caminar y a veces esa sensación de que se nos está yendo el mismo Dios al que servimos.  Y es que los procesos de “pewrdida” son extraños y muchas veces largos. En estos procesos hay una primera etapa de búsqueda e inicio donde se percibe -consciente o inconscientemente- la necesidad interior de comenzar un proceso de crecimiento real. En esa etapa se tiene poca experiencia. Se busca el cambio y la renovación. Luego –en la segunda etapa- vienen los desafíos, los obstáculos, las crisis, comienzan un trabajo y una disciplina voluntariamente sostenida a pesar de todo. Empiezan las pruebas del ego y los apegos. Se requiere dar un salto al vacío. Es el momento en se elige todo nuevamente. Posteriormente –en la tercera etapa- viene el momento de sentirse más unificado y pacificado, se está más probado y se es más experto. Las primeras fases espirituales se caracterizaban por un progreso más o menos rápido. Después el avance se hace más lento y aparecen largos períodos de sequedad interior y de profundo silencio de Dios hasta que se va arribando a cierta plenitud y armonía, aunque nunca se está exento de ciertos altibajos. Esto es lo que experimentan los discípulos al observar poco a poco irse a Jesús.  Pero la segunda sensación en nuestra visión  es que no es el sentido de que algo se está yendo sino que algo está ocultando mi plenitud espiritual. El texto dice que Jesús fue llevado al cielo hasta que una nube les ocultó de su vista. Ahora ya no podrán ver la presencia de Jesúis. Algo lo que habían estado acostumbrados. Pero esa costumbre deberá ceder ante la nueva realidad espiirtual que se aproxima. La sabiduría de todo el itinerario espiritual que se va adquiriendo en el aprendizaje y en el crecimiento que -según el modo humano de entender- parecen “etapas” pero que, en verdad, no lo son. Nos vamos desarrollando en el tiempo, en una sucesividad progresiva, lenta y esforzada, paciente y paulatina. El aprendizaje es así. Se las compara con las etapas o las estaciones de un viaje. Un buen viajero sabe que un mapa, por más elaborado y exacto que sea, no es el territorio por donde está transitando. Cuando nos internamos en el territorio real, vamos formando nuestra propia visión del paisaje y de los hechos. La vida es un dinamismo temporal, continuo y progresivo. El ser humano se va perfeccionando, se va haciendo y va creciendo. Los discípulos deberán aprender esta lección en ese momento de la ascensión.

Segundo paralizó su misión.  La parálisis se debe a dos apsectos. Primero pérdida de una idealidad. Me parece muy interesante  observar que los discípulos tenían orden de rtegresar a Jerusalén.m Sin embargo se han quedado paralizados vuiendo hacia el cielo. No se sabe exactamente cuanto tiempo estuvieron  viendo fijamente al cielo. Ni que esperaban ver. Era un sentido de nostalgia, un sentido de esperanza tal vez volvía el Jesús que tanto amaban y habían visto y palpado. Segundo una pérdida de una identidad. Es curioso que los ángeles se refieran a los seguidores de Jesús como “galileos”.  Normalmente se piensa que aquí los apóstoles son llamados galileos a modo de reproche, porque vemos que los galileos no eran de gran reputación entre los hombres. Entonces, conforme a la opinión de ellos, es como si los ángeles dijeran: “Pobres ustedes, testarudos como son, ¿acaso no se dan cuenta que así como ha ido al cielo, así va a volver?”  Pero no vemos probable que esto haya sido dicho con tal sentido. No obstante, reconozcamos que los ángeles llamaron galileos a los apóstoles porque esa era la reputación que tenían, así como también Jesucristo llevaba ese nombre. Así que, aquí los apóstoles son llamados galileos porque eran considerados como gente del campo. La idea es: En lugar de ver el cielo vuelvan a la realidad que tienen por delante. Siguen siendo hombres limitados y galileos campesinos.  Tercero pérdida de una realidad.  Los ángeles les dicen que el ascenso de Jesús nuevamente tendrá un descenso. Ellos deberán confiar en que Jesús se moverá nuevamente en sus vidas, por lo tanto no deben perder el motor de su esperanza. Jesús volverá deben moverse y esperar ese momento. Cuando dice que él vendrá así como le vieron irse, es para mostrarnos que no necesitamos mirar Jesucristo aquí abajo hasta tanto él venga para juzgar al mundo entero. Y ahora, cuando miramos a él tenemos que hacerlo por fe, sobrepasando toda inteligencia humana. Ese es un  punto importante en este este pasaje, que bien es digno de ser observado. Pues, ya que por naturaleza siempre estamos inclinados hacia cosas menores, es muy difícil para nosotros no inclinarnos hacia alguna superstición cuando se habla de la ascensión de nuestro Señor Jesucristo. Realmente, aquí vemos lo que ocurrió. Si bien él ha subido al cielo, y está escrito que al volver a la tierra lo hará de manera similar a la que se le vio irse, todavía los que se dicen ser cristianos nunca han dejado de buscarlo aquí abajo. De esa manera ocurrió que buscaron a Jesucristo en el pan y el vino, y quieren ocultarlo en una caja, y quieren llevarlo de un lado a otro, y jugar con él como con una muñeca. ¿Cómo surgen tales supersticiones, si no fuera que nuestra naturaleza está tan dispuesta a hundir las cosas como una piedra? Y cuando digo que estamos inclinados a hundir las cosas, es porque quisiéramos constantemente bajar a Dios, con todo lo que sabemos de él, y quisiéramos que él fuera semejante a nosotros. Vemos entonces, por experiencia, que los hombres siempre han querido tener a Jesucristo con ellos en la carne, pero por otra parte vemos que los ángeles, queriendo librarnos de tales especulaciones, dijeron: “Hombres de Galilea, ¿por qué están parados allí, mirando al cielo?” Es cierto que buscando a nuestro Señor es muy necesario que elevemos nuestros espíritus al cielo, pero no debemos buscarlo conforme a nuestros sentidos y a nuestro entendimiento, sino que ahora debe controlarnos la fe. ¿Acaso no sabemos que la fe sobrepasa toda sensibilidad humana? Porque no es una facultad que los hombres hayan heredado, sino una gracia que Dios les da al corregir su naturaleza. Entonces, tenemos que buscar a nuestro Señor, pero no con los ojos, ni con los oídos

Publicación de mi nuevo libro

 

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