“…en el camino…”

¿Dónde será el mejor lugar para aprender las verdades de Dios? ¿Cuáles son las mejores maneras en las cuáles Jesús puede enseñarnos las más grandes verdades que tiene reservadas? Pues creo que la frase lo resume es cuando andamos “en el camino”.  Eso es lo que aparece en el pasaje de Marcos 8:27. El pasaje tiene tres inquietudes de parte de Cristo con respecto a sus discípulos, y tiene tres cosas que compartirles.

La primera inquietud tiene que ver con perspectiva. (8:27-30). La inquietud tiene que ver con averiguar que tanto les ha influido el pensamiento alrededor con respecto a su percepción de Jesús. Esta búsqueda se enfocaba en que tan correcto era el entendimiento de Jesús. Era un asunto de centralidad. Por eso en la primera parte él les pregunta dos veces. ¿Quién dice la gente que soy? Y luego se dirige a los discípulos para preguntar y ¿ustedes quién dice que soy yo? Lo importante de estas dos preguntas es que sacan a la luz un problema que existía con respecto a Jesús, y esto era confesión.  Cuatro confesiones se levantaban sobre Jesús. Unos creían que era Juan el Bautista, otros creían que era Elías, otro Jeremías (Mateo lo incluye) y finalmente lo asociaron con otro de los profetas. Eso significa que los discípulos conocían la cristología popular de su tiempo.  Sin embargo era simplemente las opiniones o tendencias del momento. Todas ellas se quedaban cortas con respecto a lo que era Jesús. El problema de estas comparaciones es que hacía de Jesús uno más de entre los buenos. Y eso mataba la singularidad y genuinidad de Cristo. La opinión que las multitudes se habían formado de Jesús era buena. Todos ellos lo asociaban con alguno de los grandes hombres de Dios que habían dejado huella en la historia de Israel.

Pero aunque estas opiniones manifestaban mucho respeto por la persona de Jesús, eran incompletas y no lo identificaban correctamente. Según el criterio de la gente, él era uno más de los que anunciaban la venida del Mesías, como lo hicieron los profetas, o Elías, o más recientemente, Juan el Bautista. Pero no habían llegado a comprender el hecho primordial de que él mismo era el Mesías esperado.

Esto es más triste de lo que parece, porque después de meses de ministerio entre ellos, haciendo grandes obras de poder, y enseñándoles de una forma nunca antes conocida por ninguno de ellos, sin embargo, no lograban ver en él más que un buen hombre de Dios.

Pero deberían haber notado la diferencia que había entre su obra y la de todos aquellos hombres con quienes lo estaban comparando. Cuando colocamos a Jesús al lado de alguno de ellos, encontramos diferencias abismales que ellos mismos deberían haber considerado. ¿Quién era Elías en comparación con Jesús? ¿No había dicho Juan el Bautista que él no era digno de desatar encorvado la correa de su calzado (Marcos 1:7)? ¿Por qué insistían ellos en verlos como iguales?

Desgraciadamente, las multitudes se habían atascado en su comprensión de Cristo hacía tiempo, y no lograban ir adelante. Sus opiniones eran las mismas que expresaron meses atrás y que vimos en (Marcos 6:14-15).

Y los tiempos no han cambiado en dos mil años. Todavía hoy la gente sigue lanzando mil hipótesis sobre la identidad de Jesús. Y aunque la mayoría valoran muy positivamente sus enseñanzas, su carácter, y en algunos casos, hasta sus obras milagrosas, sin embargo, Cristo y su Evangelio son tan poco comprendidos hoy como entonces. Ahora bien ¿Los discípulos compartían las mismas opiniones? A Jesús le interesaba no lo que otros pensaban de él sino los que lo seguían de cerca. En ese sentido ese era un seguir de opinión pero el buscaba un seguir de convicción. Por eso la segunda pregunta. Que nos lleva a una quinta confesión. “Tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente”. (Esta respuesta está incluida en Mateo16) Es evidente que los discípulos conocían las variadas opiniones populares acerca de Jesús. Pero había llegado la hora de que revelaran cuánto habían sido influenciados por ellas, y a qué conclusión habían llegado por ellos mismos.

La respuesta no se hizo esperar, y Pedro, con el carácter impulsivo que le caracterizaba, expresó lo que todos ellos pensaban: “Tú eres el Cristo”.

Ellos habían llegado a la conclusión de que él no era otro profeta que anunciaba la venida del Mesías, sino que Jesús mismo era el Mesías. Los largos siglos de espera habían terminado, y ellos habían llegado a comprender que el cumplimiento de todo lo anunciado por los profetas estaba teniendo lugar allí mismo, en medio de ellos.

Este es el eje central sobre el que gira todo el Evangelio: ¡Jesús, el carpintero de Nazaret, era el esperado Hijo de Dios que se había humanado para llevar a cabo la Obra de la redención!

Pero la convicción a la que habían llegado los discípulos, inmediatamente les enfrentaba con el resto de los israelitas que no veían en Jesús nada más que a un gran hombre. Y esta tensión que ellos tuvieron que sufrir por mantener una convicción diferente acerca de Jesús, es la misma que nosotros somos llamados a tener en medio de nuestro mundo moderno. Es tiempo de mantenernos firmes en nuestra fe, a pesar de las influencias negativas a nuestro alrededor. Los discípulos lograron librarse de la levadura de los fariseos y de Herodes, y nosotros debemos de procurar lo mismo.

Así que la primera perspectiva tiene que confesión,  pero la segunda tiene que ver con confusión. (8:31-38) Esta segunda perspectiva buscaba indagar que tan completo era su entendimiento de Jesús. Era un asunto de mentalidad. Aunque el Señor aceptó este reconocimiento, sin embargo, les prohibió que lo hicieran público. ¿Por qué? Porque aunque habían llegado a comprender correctamente que Jesús era el Mesías, sin embargo, todavía no entendían qué tipo de Mesías era y cómo iba a llevar a cabo su obra. Eran como el ciego en el pasaje anterior; ellos también habían empezado a ver, pero su visión todavía no era clara, veían “los hombres como árboles”, y necesitaban un segundo “toque” del Señor para poder ver con total claridad. Así que, mientras no tuvieran una comprensión adecuada del Reino de Dios y la forma en la que se había de establecer en este mundo pecador, no era posible que comenzaran la “gran comisión”.

Por esta razón, a partir de este momento, todos los esfuerzos de Jesús se centraron en hacerles entender que él no era un Mesías político, sino un Mesías que sufre y da su vida por los demás. Sin duda, esto no iba a ser fácil, ya que ellos, como todos los judíos de su tiempo, esperaban un Mesías que vendría con poder y gloria para derrotar a sus enemigos. Por lo tanto, en sus mentes no había cabida para un Mesías derrotado que sufriera a manos de los romanos y muriera en una cruz. Ahora es importante observar que la confusión estriba en que fuente de revelación o autoridad tenemos para realizar la obra de Cristo. Y las dos fuentes se fundamentan en el vrs. 32.  La primera es o lo hacemos como Dios o como el Diablo. Allí Jesús dice que nuestra mentalidad de la obra o se hace pensando en las cosas de Dios o en las cosas de los hombres.  Parecía que los discípulos tenían todavía esa confusión. Los discípulos a estas alturas no entendían el concepto de sufrimiento  y precio a pagar por el seguimiento de Jesús. En el caso de Pedro y su consejo a Jesús sobre no ir a la cruz creo que el problema era más que teológico; un asunto práctico. Jesús había llamado a estos hombres a seguirle, y sabían que lo que iba a pasar a él les pasaría a ellos. Así que si había una cruz en el futuro de Jesús, habría una para ellos en su futuro. Eso sería razón suficiente para no estar de acuerdo con Él! A pesar de su devoción a Él, los discípulos seguían siendo ignorantes de la verdadera relación entre la cruz y la corona. Hay dos mentalidades entonces. Una segunda  es lo relacionado  con la gloria y el sufrimiento. La filosofía de Satanás (gloria sin sufrimiento) en lugar de la filosofía de Dios (el sufrimiento transformado en gloria). Qué tipo de filosofía se acepte determinará cómo se vive y cómo se sirve. Una tercera es la  confusión  entre abnegación y autonegación. Las  autonegación no es lo mismo que la abnegación. Practicamos la abnegación cuando, por un buen propósito, de vez en cuando renunciamos a cosas o actividades. Pero la autonegación es cuando nos entregamos a Cristo y determinamos a obedecer su voluntad. Así que en las demandas del seguimiento de Cristo en Marcos 8 no es un llamado a la abnegación sino a la autonegación. Una cuarta cosa tiene que ver entre gastar la vida o invertir la vida. El discipulado es una cuestión de pérdidas y ganancias, es un asunto de si vamos a perder nuestras vidas o invertir nuestras vidas. ¿Hay alguna recompensa para la persona que es un verdadero discípulo? Sí, hay: se vuelve más como Jesucristo y uno comparte un día en su gloria. Note que Satanás le promete gloria, pero al final, recibe sufrimiento. Por otro lado Dios promete sufrimiento, pero al final, recibe gloria.

Así que la primera perspectiva tiene que confesión,  pero la segunda tiene que ver con confusión, y la tercera tiene que ver con confirmación. (9:1-8) Esta tercera perspectiva busca indagar que tan consagrado era su entendimiento de Cristo. Era un asunto de espiritualidad.  En esta porción del pasaje se establece el orden de lo que conlleva la gloria y el honor. El mensaje es claro, primero el sufrimiento y luego la gloria. La expresión importante dentro de este grupo de versículos tiene que ver con la expresión “transfiguró”. La palabra transfigurar  describe un cambio en el exterior que viene desde el interior. Es lo opuesto de  una representación o mascarada, que se enfoca en un cambio externo que no viene desde adentro. En realidad lo que ocurrió es que Jesús permitió que su gloria  irradiara a través de todo su ser, y la cima de la montaña se convirtió en un manifestación del ¡Santo de los Santos!  Y eso es la espiritualidad que nace de adentro y que permite a Cristo irradiar su gloria alrededor y dentro de nosotros. Es importante entender que está espiritualidad se basa en la gloria y fidelidad de Cristo. Observe que Moisés y Elías aparecen como muestra de espiritualidad, pero la espiritualidad de Cristo es central y superior a la de ellos. Y están superior que el Padre la respalda, dándole toda la autoridad.  El Padre dice: “Este es mi Hijo Amado. “¡Escúchenlo!

Unida a la perspectiva de la confesión, la confusión, la confirmación está la corrección. (9:11-13). Esta cuarta perspectiva busca indagar que tan concreto era su entendimiento de Jesucristo. Esto era un asunto de actualidad.    En el pasaje uno puede observar que los discípulos tenían una confusión con respecto a lo que habían recibido de parte de Dios. Esto tenía que ver con la profecía de Elías. Es obvio que habían quedado impactados por la visión que acaban de tener en el monte con respecto a Elías. Los discípulos entendieron ahora mejor el plan de Dios pero estaban confundidos todavía  acerca de la venida de Elías y su preparación del camino para el Mesías. Sabían de  las profecías de Malaquías 3: 1 y 4: 5-6, y también que  sus maestros  esperaban  que estas profecías  debían  cumplirse antes de que el Mesías apareciera (Juan 1:21). Así que la pregunta que estaba en el aire era ¿si había llegado ya Elías y ellos se habían perdido esa llegada, o era aún por venir? Tal vez la aparición de Elías en el monte era el cumplimiento de la profecía. Jesús puso en perspectiva  dos hechos claros. En primer lugar, para los que  habían confiado en él, este “Elías” fue Juan el Bautista, porque Juan había preparado de hecho el camino delante de él. El mismo Juan había negado que él era Elías  (Juan 1:21, 25), sin embargo él se movía en el “espíritu y el poder de Elías.” (Lucas 1: 16-17). En segundo lugar,  habría ser de haber  futura venida de Elías, tal como  Malaquías lo había predicho (Mat. 17:11), antes de que el tiempo de gran tribulación llegara. Algunos estudiantes se conectan con esta Apocalipsis 11: 2-12. Sin embargo muchos concuerdan con que en los tiempos finales la iglesia desarrollará un  ministerio al estilo de Elías para preparar a la gente para la segunda venida de Cristo. Sea lo que sea, es obvio que Jesús tenía bien claro cómo se desarrollaba el plan de Dios y que a pesar de haber cosas que no entendemos, él tiene control total de toda la historia del mundo.

Así que en “el camino” aprendemos perspectiva. Jesús quiere revelar el secreto que enseña que el sufrimiento conduce a la gloria. Ese principio se establece en cuatro perspectivas. La primera es un asunto de confesión. Es decir que tan correcto es el entendimiento de Jesús. Es un asunto de centralidad. La segunda perspectiva es un asunto de confusión. Es decir que tan completo es el entendimiento de Jesús. Es un asunto de mentalidad. La tercera perspectiva es confirmación.  Es decir que tan consagrado su entendimiento de Jesús. Es un asunto de espiritualidad. Y finalmente la cuarta perspectiva es corrección. Es decir que tan concreto es su entendimiento de Jesús. Es un asunto de actualidad.

Hoy tenemos un gran reto de aprender en el camino. En una búsqueda apasionada de Jesús, en la cotidianidad y la sencillez. Somos caminantes en esta vida y Jesús nos acompaña en el caminar mostrando sus más grandes verdades.

“…Las ventajas de ser invisible…”

Hace unos meses tuve la oportunidad de leer el libro “Las ventajas de ser invisible”, escrito por Stephen Chbosky. Es la historia de un grupo de adolescentes, sobre sus problemas y relaciones en una escuela. El libro describe la forma en que muchos adolescentes lidian con la marginación y el abuso en las aulas. Una de las frases más interesantes del libro es la que el personaje principal Charlie comenta. Él dice: “Vivir al margen ofrece una perspectiva única. Pero siempre llega el momento de entrar en escena y ver el mundo desde dentro”. En varias ocasiones creo que hay muchas personas en la iglesia que tienen como pensamiento precisamente la idea de que hay una ventaja en ser invisible, sobre todo en las cosas de Dios. Sin embargo hay momentos en los cuales Dios nos desafía para que salgamos de ese anonimato. Y parafraseando la novela de Chbosky, “Vivir al margen ofrece una perspectiva única”…pero siempre llega el momento que Dios desea que entremos en escena  y veamos el mundo desde su perspectiva…”

El fin de semana pasado tuvimos una buena ministración de parte de Dios. Es obvio que Dios está interesado en mostrarnos su voluntad. Todos los que estuvimos aquí, recibimos algo de Dios. Incluso se nos mostró una palabra profética para la iglesia. Estoy convencido que está llegando el momento en que como iglesia debemos dejar de ser invisibles y ser visibles en el reino de Dios. Pero para eso necesitamos derribar mucho de nuestras corazas. Debemos permitir que Dios obre abiertamente en nuestras vidas.

Dios me ha estado hablando sobre un pasaje en especial, es un pasaje que simplemente muestra como Dios está interesado en romper las corazas de sus hijos y en especial su iglesia. El texto aparece en el libro de los Hechos 2: 1 y dice el texto: “… Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un solo lugar. Sin previo aviso se produjo un sonido como un viento fuerte, una fuerza,  nadie podía decir de dónde vino.” (The Message)

¿Cómo hizo Dios para que su gente saliera de su encierro? ¿Cómo hizo para que sus hijos dejaran la ventaja de ser invisibles? Creo que Dios lo hizo a través de tres cosas  que sacudieron los cimientos de la misma iglesia de Jerusalén. ¿Cómo hacemos para que Dios sacuda nuestros cimientos como aquellos hermanos del aposento alto en Jerusalén?

Estos tres eventos pueden ser descritos por las tres preguntas que aparecen en el texto mismo. La primera pregunta es ¿No son todos estos galileos los que están hablando? Esta pregunta nos habla de la esfera de lo elemental. La segunda pregunta es ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye hablar en su lengua materna? Esta pregunta nos lleva a la esfera de lo potencial.  Y la tercera pregunta es ¿Qué quiere decir esto? Esta pregunta nos lleva a la esfera de lo esencial. 

Así que Dios quiere que usted y yo podamos dialogar con esas tres preguntas para poder evaluar si en mi vida lo elemental, lo potencial y lo esencial son las cualidades que mueven mi involucramiento en el Reino de Dios.

  • Reflexionemos en primer lugar la pregunta sobre lo elemental. ¿No son todos estos galileos los que están hablando?

Sir. Ken Robinson, es uno de los más prestigiosos educadores de es este siglo. En su libro el Elemento, establece una teoría muy interesante. Él dice que las personas altamente efectivas en la vida es la que están en su “elemento”. Él dice: “El mundo cambia a una velocidad vertiginosa. Es imposible adivinar cómo viviremos en el futuro: lo único que sabemos es que hará falta mucha imaginación y creatividad para transformarnos y afrontar los nuevos retos. Descubrir el Elemento es recuperar capacidades sorprendentes en nuestro interior, y desarrollarlo dará un giro radical no sólo a tu entorno laboral, sino también a tus relaciones y, en definitiva, a tu vida.[1]

¿Cuál es el elemento de la Iglesia de Dios? ¿Cuál es el elemento de los hijos de Dios? ¿Nos movemos en esas capacidades esenciales que Dios le dio a sus hijos, de tal manera que se están desarrollan de una manera tan auténtica que es imposible dejar de afectar nuestro mundo hoy?

Observe según esta pregunta los discípulos en Jerusalén tenían tres cualidades elementales. En primer lugar tenían naturalidad. Observe la primera parte de la pregunta: “No son todos galileos” Galilea era la división del norte de Palestina en el lado oeste del río Jordán, y es un distrito variado y pintoresco. El nombre originalmente parece haberse referido al territorio de Neftalí. Estaba dividida en alta y baja Galilea, y era bien regada por los muchos manantiales que brotaban entre los montes. La población después del destierro era mixta: elementos arameos, fenicios y griegos mezclados con los judíos. Hablaban de maneras diferentes que los de Judea, y por eso eran menospreciados por ellos. Eran agricultores, rudos y sin cultura, pero esperaban la venida del Mesías con gran expectación. Aquí creció nuestro Señor; en su ministerio recibió la más cordial bienvenida y su apelación encontró una respuesta superior. En este lugar gastó más de la mitad de su ministerio público. Josefo calcula que la población de esta región era como de 3,000.000.  De ahí salieron los profetas Jonás, Eliseo y posiblemente Oseas. Once de los apóstoles eran galileos[2].

El acento del Galileo destilaba, ingenuidad, sencillez y transparencia. Jesús era Galileo. Así que ser Galileo es hablar como Jesús. ¿Uno se pregunta si el acento de lo que habla la iglesia hoy o los cristianos es un acento galileo, o un acento natural?

Observe la naturalidad de la iglesia en Hechos. Eran naturales en su presencia. Esta es la primera referencia a la iglesia. Considera el lugar donde Dios puso a su gente. No estaban aislados en un desierto o encerrados en un bunker. No estaban separados  de la sociedad, sino emplazados justo en el medio, en el corazón  de una de las ciudades más grandes y en el momento del mayor movimiento de todo el año. Y entonces, una vez que Dios los tuvo en el lugar donde los quería, allí los empezó a usar.  Eran naturales en su práctica. Su práctica era comunitaria, participativa, y llamativa. Observe el énfasis en la expresión “todo”.  Por otro lado la palabra “juntos” se puede traducir como una sola suma. Significa que la unidad producía un resultado. No estaban allí formando una masa sin producto. Estaban combinados de tal manera que al juntar los elementos se hacía una “suma” que resultaba en un producto mayor.  La tercera cosa es que eran naturales propiedades. Si observamos lo único que poseían era una “casa”. Era un lugar rentado, según el vrs. 12 es un “lugar donde se alojaban”. La RV describe que era “el aposento alto”. Esto implica muy probable que era el lugar donde Jesús pasó el último momento con sus discípulos. No edificios, no construcciones, no propiedades propias. Sin embargo, Dios los vio con una tremenda calidad. ¿Por qué hemos perdido de vista los elementos verdaderos para el éxito de una iglesia?

Así que la naturalidad en la presencia les hacía notables. La naturalidad en las prácticas les hacía inimitables.  Y finalmente la propiedad les hacía manejables.

¿Qué acentos tienen las iglesias hoy? Por lo menos tres acentos que tratan de sustituir la naturalidad antes  mencionada. Un acento profesional, que procura hacernos notables al estilo del mundo. John Piper en su libro “Brothers We are not Professionals” dice que la razón por la que la palabra “profesional” es extraña al ministerio es por el hecho de que la profesionalización lleva la connotación de una educación, un conjunto de habilidades, y un conjunto de normas y de estrategias definidas que son posibles sin la fe en Jesús o el poder de El Espíritu de Dios que mora en nosotros. El profesionalismo no suele llevar a la connotación de ser sobrenatural. Pero el corazón del ministerio es sobrenatural.[3] Y luego añade: “Hay una manera profesional para crucificar. Pero no hay ninguna manera profesional para  ser crucificado. Había profesionales en el Gólgota. Eran expertos en tortura. Pero Jesús no era uno de ellos.[4] Ahora debemos entender que ser no profesional es sinónimo de ser estúpido. Es decir el cristiano debe ser un buscador de la excelencia en todo lo que hace.  Un acento empresarial que procura sustituir nuestras prácticas. Este es el hecho de ver el ministerio como una empresa, que atiende clientes y que ofrece un producto. Usando las técnicas de comunicación y mercadológicas actuales. Si observamos la opulencia del templo al estilo  palacio en el  Antiguo Testamento enviaba un mensaje de “venga y vea la religión de Dios”. Era como la reina de Saba que vino a Israel y se quedó sin aliento al ver la construcción del templo de Salomón y su riqueza (1 Reyes 10: 5). Sin embargo en  el Nuevo Testamento no se tiene ningún  énfasis en la opulencia, ya que el mensaje era “ve y dí sobre  una relación con Dios”. Aquí te domina el impulso interno. No somos emporios exhibidos como monumentos del éxito. Somos viajeros que caminos como peregrinos en el mundo.  El pueblo de Dios no se inclinará a vivir en palacios ya que  la gran obra del reino sucederá principalmente en los puestos de avanzada en los lugares del enemigo. Un  acento denominacional. Que procura sustituir la propiedad. David Barret y otros, refieren “más de 33,000 distintas denominaciones en doscientos treinta y ocho países…” Estas se refieren a su definición de “denominación cristiana”, sin embargo no incluye a las pequeñas (congregaciones de un par de cientos de personas o menos), lo que incrementaría dramáticamente este número más allá de la imaginación[5]. El acento denominacional es superior a la cosmovisión bíblica. Esta cultura denominacional habla más fuerte con respecto a los dogmas, tendencias y criterios humanos más que la revelación de la Palabra de Dios. Como denominaciones se pretende ser visible a través de las estructuras y las edificaciones.

Aparte de su naturalidad, también encontramos su espontaneidad. Ellos dicen que los Galileos “están hablando”. Ellos no tenían un discurso articulado, sino una expresión espontánea, clara y llena de experiencias de vida.

Unida a la naturalidad, a la espontaneidad, estaba un tercer factor elemental. Esto era sobrenaturalidad. La historia de Hechos nos muestra que a pesar de que ellos tenían humanamente una lengua limitada como galileos, la gente dice “que oyen las maravillas de Dios” a través de la voz de los discípulos. El elemento sobrenatural se refuerza por el hecho sorprendente de que esos individuos, todos procedentes de la cercana Galilea, hablaban fluidamente y sin problemas los idiomas, lenguas y dialectos de trece regiones – o quizás más – siendo estos lenguajes desconocidos para ellos. Es un acontecimiento asombroso, que no puede soslayarse con el argumento de que dichas personas estaban borrachas, y al seguir en esa poderosa sucesión de hechos formidables un vibrante mensaje del apóstol Pedro, tres mil personas se vuelven seguidoras de Jesús de Nazaret, ausente ya, pero sobrenatural y misteriosamente presente. La noche del día de Pentecostés, tres mil personas formaban ya lo que Jesucristo llamó su “Iglesia”, y que más tarde se conocería como “Cristiana”. Pentecostés ha excitado la imaginación, y despertado profundos anhelos del corazón en cristianos evangélicos de varias generaciones, en los últimos poco más de cien años. La imaginación y el anhelo de una Iglesia Cristiana menos formal, menos ceremonial y menos dogmática; una iglesia sencilla y fervorosa, pero fundamentalmente dotada de poder espiritual sobrenatural, por el libre y soberano ejercicio de la voluntad de Dios por medio del Espíritu Santo en la vida cristiana individual y congregacional o colectiva; un poder espiritual que sea una realidad siempre presente, y que capacite a las sucesivas generaciones de cristianos para honrar – por una vida de santidad – su profesión de fe cristiana, y llevar adelante, en todo tiempo y todo lugar, la gran comisión de evangelizar al mundo. Pentecostés señala el inicio de una era, la era de la Iglesia Cristiana.

  • Reflexionemos en la segunda pregunta sobre lo potencial. ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye hablar en su lengua materna?

¿Qué fue lo que capacitó a un grupo de personas amateur para poder comunicarse con toda  una multitud de diferentes nacionalidades?  Primero su flexibilidad. La expresión importante aquí es “de repente”. En algunas traducciones se traduce con “sin previo aviso”. Eso significa que estaban abiertos al mover y la agenda de Dios. Ellos simplemente estaban esperando que Dios les diera instrucciones. No estaban siguiendo un esquema rígido. No ponían sus agendas y le decían a Dios que hacer. Así Dios se manifiesta de una manera repentina y de forma vigorosa. Es lo que se está diciendo con respecto a una iglesia líquida. Que es un  término para describir una iglesia informal, flexible, viva, capaz de adaptarse al medio, en contraste con la iglesia formal, estructurada, rígida y con poca capacidad de adaptase a las necesidades de un medio cambiante. También se utiliza como sinónimo de iglesia orgánica, en oposición a la iglesia organización. Las organizaciones, en tanto que construcciones humanas están sujetas a las leyes del tiempo, la cultura y la sociología. Los organismos, en tanto que son vivos, tienen la capacidad de adaptarse a los entornos y medios cambiantes. Las estructuras mueren, son simplemente medios al servicio de un fin, formas al servicio de una función. La vida siempre encuentra su camino en medio del caos, el desorden y el cambio. Es interesante que la iglesia es descrita en la Biblia como un organismo vivo, nosotros, continuamos insistiendo en describirla en términos de una organización. Por eso me sorprende la frase de Jesús, donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Una iglesia es, simple y sencillamente, un encuentro de gente en el nombre de Jesús. ¡Qué verdad tan simple y poderosa! ¡Qué capacidad puede tener una iglesia así de adaptarse a cualquier medio o entorno para servir y producir impacto! La iglesia no necesita definirse ni por estructuras, ni por edificios, ni por doctrinas, ni por su liderazgo, sino por el hecho de que allí donde la gente se reúne en el nombre del Maestro de Nazaret, allí Él está presente, santificando aquella asamblea y convirtiéndola en su iglesia. En segundo lugar está su sensibilidad. La expresión es “se les aparecieron”. La expresión es “optanomai”, esta frase implica una manifestación visible de la presencia de Dios. La iglesia era sensible a la labor del Espíritu Santo. Esa sensibilidad implicaba manifestaciones, expresiones, y sensaciones espirituales que hacían todo un conjunto de vida orgánica nueva en la iglesia de Jerusalén. El Espíritu Santo vino sobre ellos de repente. Bienvenido al mundo de los Hechos y al “repentino” Espíritu de Dios, libre y soberano, nunca subordinado  al calendario ni las formas. Fuego y viento ahora. Un terremoto que hace temblar las casa más tarde. El sonido agudo y rápido y susurrante del viento. Su disponibilidad. El Espíritu Santo vino, primero como viento, y después se apareció como lenguas pequeñas de fuego, “asentándose sobre cada uno de ellos”. No fue una gran antorcha para toda la habitación, sino llamas individuales  asentándose en cada una de las personas. Y entonces pasó lo inesperado. Andrés describiendo la gracia de Dios a un egipcio. Tomás explicando el amor de Dios a los romanos. Bartolomé citando el salmo 23 a los cretenses. Juan relatando la historia de la resurrección a los capadocios. La iglesia debe ser sensible para descubrir la lengua de Dios y traducirla a la audiencia para contar las maravillas del evangelio.

  • En tercer lugar reflexionemos la pregunta sobre lo esencial. ¿Qué quiere decir esto?

Esta es una buena pregunta. Una ciudad abarrotada. Seguidores persistiendo en la oración. Viento rápido y fuego que viene del cielo. Quince naciones representadas en una sola congragación. Los discípulos hablando como expertos traductores de las Naciones Unidas. ¿Qué podía significar esto? Al menos una cosa: Dios ama a todas las naciones. El ama los iraquíes, los somalíes, los israelíes, los neozelandeses, los salvadoreños, los pandilleros, etc. El siente una pasión al rojo vivo por cosechar a sus hijos  de cada jungla, de cada vecindario, pueblo y suburbio. Su visión para el final de la historia incluye “gente de toda raza, lengua, pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9 NVI). Dios desea proclamar su grandeza en todas las 6909 lenguas existentes hoy en el mundo. Dios nos enseña el vocabulario de las tierras lejanas, el dialecto de las personas desanimadas, la lengua vernácula del corazón solitario y el idioma de los jóvenes estudiantes[6]. Dios equipa a sus seguidores para cruzar culturas y tocar corazones. Pentecostés hace esta promesa: si estás en Cristo, El Espíritu de Dios hablará a través de ti. Deja que Dios te quite la coraza. Y cuando lo haga, no pierdas la oportunidad de descubrir  cuál es tu lenguaje.

Solamente hay que estar abiertos a Dios como creyentes y como iglesia para convertirnos en traductores de las maravillas de Dios.

Como poder dejar de ser invisible en el plan de Dios. Primero debemos regresar a lo elemental, descubrir nuestra vocación y pasión de la obra de Dios. En segundo lugar debemos desarrollar el potencial que Dios ha puesto en nuestras vidas y finalmente dedicarnos a una vida esencial, buscando complacer a Dios y dejando que el use nuestra vida y  permitiendo que nos de nuestro propio lenguaje para compartir las maravillas de Dios.

Wilhem quería predicar. A los 25 años tenía en la vida la experiencia  suficiente para saber que estaba hecho para el ministerio. Vendió objetos de arte, enseñó idiomas, se encargó  del comercio de libros, podía ganarse el pan de todos los días. Pero eso no era su vida. Su vida estaba en la iglesia. Su pasión estaba con la gente. Entonces esa pasión lo llevó a los yacimientos de carbón del sur de Bélgica. Allí en la primavera de 1879, este holandés  comenzó su ministerio  entre los simples  trabajadores de Borinage.   Un día su superior llegó a visitarlo. El estilo de Wilhelm lo impresionó. El usaba un sobretodo de soldado, sus pantalones estaban hechos  con trapos y vivía en una simple cabaña. Además Wilhem le daba su salario a la gente. “Usted luce más lastimosamente que las personas que bien aquí que les enseñe”, dijo. Wilhem le preguntó si Jesús no hubiera hecho lo mismo, pero su interlocutor consideraba que esa no era la apariencia apropiada para un ministro. Entonces despidió a Wilhem del ministerio.  El joven estaba devastado. Sólo quería construir una iglesia. Sólo quería hacer algo bueno. Solo quería honrar a Dios. ¿Por qué Dios no le permitió hacer ese trabajo?[7] Wilhem estaba muy dolido y con ira.  Estuvo semanas en una pequeña ciudad, sin saber qué hacer. Pero luego ocurrió lo más extraño. Un atardecer, notó a un viejo minero torcido bajo el enorme peso del carbón que acarreaba. Impresionado por la pena, Wilhem  tomó de su bolsillo  un trozo de papel  y comenzó a bosquejar la cansada figura.  Su primer intento fue tosco, pero después probó de nuevo. No lo sabía, el mundo no lo sabía, pero Wilhem en ese preciso momento, descubrió su verdadero lenguaje, su propia vocación. No a la ropa de un clérigo, pero sí a la camisa de un artista. No al púlpito de un pastor, pero sí a la paleta de un pintor. No al ministerio de las palabras, pero sí al de las imágenes. El hombre, el líder, no rehusó a convertirse en el artista que el mundo no pudo resistir: Vincent Wilhem Van Gogh.  Simplemente deje que Dios descuba su propia lengua para que lo use en relatar las maravillas de Dios.

[1] Robinson, Ken. El Elemento: Descubrir tu Pasión Lo Cambia Todo. Ed. Conecta. España 2010. Pág. 45

[2] https://csalazar.org/2010/01/20/galilea/

[3] http://document.desiringgod.org/still-not-professionals-en.pdf?1446648197

[4] Ibid.

[5] https://bibliaytradicion.wordpress.com/6protestantismo/6433000-denominaciones-protestantes-y-contando/

[6] Lucado, Max, Más Allá de tu Vida. Grupo Nelson USA, 2010. Pág. 31

[7] Lucado, Max. Enfrente sus Gigantes: Grupo Nelson. Usa. 2010. Pág. 163

“…Nunca ponga un punto donde Dios ha puesto una coma…”

“…estando yo entre los desterrados… los cielos se abrieron y contemplé visiones de Dios…”

¿Qué importancia tiene la vida cuando uno no logra lo que desea o ha llegado a lo que ha esperado o no está como deseaba estar? Creo que muchas personas a diario viven una vida por debajo de lo que esperaban. Pocos son los que alcanzan lo que deseaban. Y esto no es sólo en la vida secular sino también para la vida cristiana. ¿Ha escuchado usted esos famosos slogans sobre la vida? Por ejemplo “si la vida te da limones haz limonada”. ¿En serio? O sea que de sólido lo paso a líquido lo ácido. ¿Y eso de que me saca? Y que sí no tengo ni siquiera para azúcar. La idea es que muchos de nosotros las veces que nos enfrentamos a la desilusión, la insatisfacción  tenemos la tendencia a pensar que todo ha terminado. Difícilmente percibimos que vamos en pos de un nuevo comienzo. ¿Qué sacamos del cambio del rumbo en nuestra vida? ¿Cómo manejamos estas transiciones en nuestra vida? En la vida de Ezequiel hay tres etapas que marcan su vida. Esas etapas nunca imagino hacia donde lo llevaban. En realidad son tres etapas que tienen lucha entre sí. Creo que en la vida de las personas serán los mismos peldaños o etapas por las que Dios nos pasará. La primera etapa de Ezequiel era la etapa de presbítero. Esta es la etapa que se caracteriza por la idealización. La segunda etapa es la etapa del prisionero es la etapa de la realización. Y finalmente la etapa de profeta que es la etapa de la movilización.Creo que Dios nos pasará por esas etapas para poder entender la razón por la cual vivimos la experiencia que tenemos.

La primera etapa de Ezequiel es la etapa de sacerdote. Esta era una etapa idealización de su vida. Es importante observar que la etapa ideal de Ezequiel estribaba en que había nacido para ser sacerdote. Observe como el texto describe este punto. Dice “En el año treinta, al quinto día del mes cuarto estando yo”. ¿Qué implicaciones pueden dar estas palabras? Bueno es importante notar que un sacerdote era preparado para el sacerdocio toda la vida. Y el comenzaría a ejercer su ministerio a los 30 años. Toda la capacitación del sacerdocio comenzaba desde la forma de vestir, los ritos, observancia, aprendizaje de los otros sacerdotes.  Todo eso era preparación para su primer gran sacrificio, y el momento en que el pondría por primera vez toda esa experiencia acumulada era cuando cumplía 30 años y ofrecería su primer sacrificio. ¿Cuándo somos sacudidos en nuestra vida ideal? ¿Qué es lo que hace Dios para enseñarnos que lo que le interesa a él no es lo que a mí me gusta? Es decir ¿cómo se dio cuenta Ezequiel que ya no iba a ser sacerdote? Tres señales fueron reales para Ezequiel. Primero, momento. Dice que en el año 30 Es decir el año en que él ya estaba listo para entrar al sacerdocio. Segundo, el sentimiento. Observe que el está diciendo que incluso ya hay un sentimiento de frustración e incertidumbre. Uno lo percibe por el hecho que Ezequiel tiene datos exactos de fechas. Está experimentando un sentimiento de temor, debido a que ya se le pasó el tiempo para hacer lo que en todo momento de su vida había planeado.  Tercero, el convencimiento. Ezequiel hace una alusión al lugar donde está. ¿En dónde está Ezequiel?  No está en Jerusalén, ni en el templo ni con los judíos. Es decir todos los elementos que el necesitaba para su idealización de vida no están. De tal manera que no podrá cumplir lo que en su mente había proyectado. ¿Qué hacemos cuando estamos en un tiempo en que nos convencemos que aquellos grandes sueños y deseos que habíamos soñado ya no sucederán? Es obvio que hay frustración y desánimo.

En segundo lugar la etapa de Ezequiel como prisionero. Ezequiel va a pasar de lo ideal a lo real. Observe que el pasaje dice: “entre los desterrados junto al río Quebar…” Este pasaje demuestra que lo real es otra cosa. Después de vivir 30 años preparándose para ser sacerdote y ministrar la gloria de Dios termina en otra parte, sin imaginar que le espera.  Observe que la realización de Ezequiel ha tenido otro giro. Dios ha llevado a Ezequiel a una realidad caracterizada por tres cosas. Primero situaciones inimaginables. Observe que ahora de sacerdote ha pasado a prisionero. Él está entre los desterrados. Ya no es más el sacerdote Ezequiel, sino el prisionero Ezequiel. ¿Cómo se manejan estas situaciones inimaginables? Segundo lo lleva a relaciones impredecibles. Dice  que sus compañeros son los desterrados de Israel ¿Quiénes eran estos? ¿Qué tipo de compañía era esto? Bueno el Salmo 137 nos da una radiografía de la gente con la que estaba Ezequiel. Tercero lo lleva lugares inconcebibles. Junto al río Quebar. La expresión proviene de una raíz hebrea cuyo significado es  “el grande”). Río de Babilonia junto al cual el profeta Ezequiel tuvo varias visiones (Ez. 1:1, 3; 3:15, 23; 10: 15, 20, 22; 43:3). Tabletas cuneiformes encontradas en Nippur, provenientes del tiempo de Artajerjes I, mencionan este río con el nombre de Nâru Kabaru, “gran río”. En realidad era un canal que salía del Éufrates cerca de Babilonia y que se volvía a unir al mismo cerca de Uruk[1]Es un lugar sin templo, inhóspito y lejos de las metas de Ezequiel y de su familia y de su nación. Es un contexto de peligro y de gran tristeza nacional. No hay esperanza.

En tercer lugar está la etapa de profeta. El texto nos dice “los cielos se abrieron…y recibí  visiones de Dios… Esta es la etapa de la superación. Se debe comprender que en este momento en el cual podemos pensar que todo ha terminado, o que debemos acomodarnos a una realidad que no nos agrada e incluso una realidad en donde hemos comprendido que Dios mismo nos ha llevado, ¿cuál es nuestra esperanza? Observe como Dios usará precisamente esas circunstancias para llevarnos a una etapa de mejora y de superación e incluso movilización. Primero, vemos “los cielos abiertos”. Esto nos habla de un sentido de acceso. Ezequiel no podría ver los cielos abiertos como sacerdote, pero lo miraría como profeta. La expresión “cielos abiertos” se puede traducir “el universo visible”. Era cierto que la visión de un templo y de un sacerdocio era importante, pero tener acceso a una visión de universo era superior a una visión de sacerdote. En segundo lugar habla de “recibir visiones”. Esto se llama un sentido de suceso.La palabra visiones se puede traducir como “vidrio o espejo”. Y las visiones vienen de Elohim, que es el título que se refiere a la grandeza de Dios. Eso implica una serie de situaciones en donde se podía ver el reflejo de lo eterno y de Dios mismo. También dice que recibió “palabra y la mano de Dios reposo sobre él”. Esto se llama sentido de progreso.La expresión “recibió palabra” se puede traducir “palabra expresivamente”. Era algo vívido y majestuoso. Por otro lado dice que la mano de Dios reposó sobre él. Esto habla de aprobación y de respaldo de parte de Dios.

La verdad es que podemos resurgir desde el fondo de la frustración. Ezequiel pudo al final de su vida darse cuenta que su llamado era a ser profeta y no sacerdote. Lo entendió y lo vivió para la  gloria de Dios. Es importante entender que nunca debemos poner un punto donde Dios simplemente ha puesto una coma.

[1]http://www.wikicristiano.org/diccionario-biblico/significado/quebar/

“…la fe de una perra..”

perra

En Marcos 7:24 se nos cuenta la historia de una mujer pagana que tenía grandes problemas con su hija. De hecho ella ya había identificado el problema, su hija definitivamente estaba bajo la influencia del demonio. ¿Cómo llegó a esa conclusión? Es obvio que había llegado a tener un discernimiento espiritual sobre su situación. No me puedo  imaginar que es tener una hija con un demonio adentro, pero ha de ser altamente traumática la experiencia. Esta mujer está tan desesperada que decide buscar a Jesús para que le ayude a solventar su problema. Mateo  15 que narra el mismo incidente agrega algunos detalles que Marcos omite. Pero si uno estudia los dos pasajes paralelos nota que las primeras intervenciones de la mujer es en favor de su hija. De hecho las peticiones tienen que ver con que Jesús salve a su hija. Y es en medio de este drama que Mateo incluye una petición que Marcos omite. Después de varias insistencias en favor de su hija la mujer cambia la petición. Aunque desde el principio mismo ella identifica su pena con la de su hija (“Ten misericordia de mí, mi hija…”), el proceso de identificación aumenta en intensidad, llegando a su clímax cuando la madre deja de mencionar a la hija, y simplemente exclama: “¡Socórreme!”. Es en esta súplica donde el dolor y el conflicto de dos personas (madre e hija) se convierten en uno. Lo que sufre la hija lo sufre la madre. ¡Ah, la bendita maternidad¡ Cuando leí el pasaje me di cuenta que el diablo tiene un plan destructivo para las nuevas generaciones. Son generaciones controladas por la obra de “el espíritu inmundo” ¿Cómo manejamos espiritualmente la problemática de nuestros hijos, de tal manera que podamos encontrar la cura en Jesús y no en otra cosa? ¿Cómo hacemos reaccionar a un Jesús escondido (…no pudo esconderse…vrs.24) para que El decida ayudarnos con nuestras necesidades familiares?

Hay tres acciones que la mujer realiza, para poder buscar una solución al problema de su hija.

Primero, buscaba. El texto dice “vino” (vrs. 25) Ahora bien el venir según el pasaje es un resultado de haber oído. Así como el haber llagado es un detonante para postrarse. Es muy común que cuando tenemos un problema con nuestros hijos lo primero que hacemos es buscar ayuda en todas las disciplinas y dejamos por último a Dios. Sin embargo no nos damos cuenta que la verdadera solución está en la verdadera búsqueda de los valores del Reino de Dios. Es bien importante que nuestra búsqueda debe ser consciente (…oyó…) pero también obediente (…se postró…) No buscamos a Jesús sólo como un botiquín o como una alternativa última sino porque la persona de Jesús nos inspira tal fe, que lo único que podemos hacer en esa búsqueda del Señor es postrarnos. Es importante entender que el problema de esta hija llevó a esta mujer a una búsqueda personal de Jesús y en esa búsqueda de solución ella progresó espiritualmente su relación con Dios.

Segundo,  rogaba. El pasaje continúa diciendo “y le rogaba”. Este verbo es un imperfecto, que denota constancia, insistencia y agresividad. Es un verbo que se puede dar la idea de pedir con intención de arrebatar. Su ruego es interesante. Primero su ruego  cuenta los hechos de su problema. El pasaje aclara “que tenía un espíritu inmundo”.  Me da la impresión que la descripción del demonio con la expresión espíritu inmundo, denota que esa era la conducta que manifestaba la niña de esta mujer. Ahora en el griego se usa  akathartos para describir la expresión inmundo. Es alguien moralmente sucio, ceremonialmente contaminado. Es curioso observar que un espíritu sucio o contaminado, el castellano utilice la palabra “inmundo”. Digo que es curioso porque está palabra está formada por el prefijo “in” y el sustantivo “mundo”. Así que un espíritu impuro, contaminado es aquel cuya mentalidad y actuar está programado por el hecho de estar “en el mundo” (inmundo). No necesariamente es una manifestación dramática o espectacular del diablo lo que nos hace concluir que este demonizado (aunque hay ese tipo de manifestaciones) sino una conducta simplemente saturada por el mundo en una persona y de sus valores es alguien que ha sito atado por el demonio. Por otro lado aparte de los hechos, también la mujer cuenta la historia. Aunque los hechos son reales la verdadera historia es que es una mujer pagana, y despreciada, y que su hija tiene problemas demoniacos. Muchos no les gustaría contar esta historia. Y aunque toda su historia está en contra, (es un perrillo…según Jesús) está dispuesta a que su historia cambie, por el accionar de Jesús.

Tercero, argumentaba. El vrs. 28 dice: “…respondió ella…” Cuando Jesús la desafía con su argumento, la mujer le da un argumento superior a Jesús. Mateo añade que Jesús dijo: “…grande es tu fe…”Eso significa que el mejor argumento que nosotros tenemos para que Dios haga algo por nuestros hijos es la fe.  Esa confianza que no se da por vencido, a pesar de tener todo en contra. Nuestros argumentos deben ser humildes y llenos de honestidad. Creo que la respuesta más impresionante de esta mujer es la que hace al inicio del vrs. 28. Ante la expresión directa y fuerte de Jesús, de llamarla “perrillos” (cualquiera se hubiera ofendido por esta expresión) ella le dice a Jesús: “¡Sí! ¿Lo nota? Simplemente reconoce que es una perrilla. Porque viéndolo bien, si Jesús dice eso es porque realmente lo somos. Ahora una cosa que me inquieta, es que en nuestro contexto el que se nos diga perros es un insulto serio. ¿Por qué? Porque simplemente nos enfocamos en la naturaleza diminuta de un animal y sus instintos de procreación, pero viéndolo bien, ¿no es el perro el animal más fiel que existe? Ahora, tengo la convicción que esta mujer no se dijo así misma que era una perrilla porque se consideraba un animal sino porque al igual que los perros aun cuando los tratan mal siguen amando a su amo. Así que  ella va a desarrollar la fe de un perro con Jesús, ya que ante la dureza de su expresión si es una perrilla, podrá disfrutar de las migajas de su amo. Eso es lo que se llama la fe de una perra. Se oye duro, pero es cierto. Así que debemos tener una fe y argumentar como perros. Trae resultados, créame.

Cuarto, experimentaba. El vrs. 30 dice “…y cuando llegó…halló…” ¡Qué cambio¡ Había salido de una casa llena de tormentos y presencias espirituales malignas y ahora en el transcurso de su regreso, cuántas ideas estarían en su mente. Jesús había decretado que la hija debía ser sana. Ahora observe una frase interesante. El Maestro dice: “Por esta palabra; el demonio ha salido”. ¿A qué palabra se refiere? Es obvio a la que ha dicho en el vrs.28. Todo lo relacionado con los perros y su condición. El texto dice “ve”. La expresión es interesante porque este verbo está relacionado con lo dicho anteriormente. En realidad se puede traducir “camina bajo lo que has dicho”. Ahora lo que me parece bastante disonante con respecto a nuestra cultura evangélica es que lo dicho por la mujer, no parece ser una oración “muy espiritual”. ¿Entonces porque tenía autoridad sobre la vida de la mujer y de la hija? No se parece mucho a las oraciones que hacemos en nuestros cultos de oración o en las invocatorias pastorales, o en los conciertos de oración. Allí sólo se oyen palabras autorizadas por la censura litúrgica o las palabras bien adecuadas. ¿Pero porque esas oraciones muchas veces no son tan efectivas como la de la mujer griega? Simplemente porque lo que da autoridad es la fe con la que decimos las palabras, y no las palabras que decimos. Es obvio que no se está promoviendo a expresar nuestras oraciones de una manera grosera y mal hablada, pero creo que en nuestras oraciones necesitamos un poco de realidad espiritual y no de una espiritualidad religiosa. A Dios le encanta la forma en usamos las palabras cargadas de fe. Así que está mujer experimentaba el éxito no por lo que dijo sino con lo que lo dijo.

Me encanta como termina la narración. No hay mejor cuadro para un padre y madre llegar a casa y ver que el problema de sus hijos ha sido sanado por Jesús. Pero se necesita salir a buscar a Jesús para que la presencia de Jesús llegue a mi familia.

Caleb, uno de los dos héroes que no se dieron por vencido en la conquista y que se diferenció de la muchedumbre. Vea lo que dice la Palabra de él:

 “Pero mi siervo Caleb, el es una historia diferente. Él tiene un espíritu diferente; me sigue apasionadamente.” (14:24 The Message).  ¿Sabe usted lo que significa el nombre Caleb?  ¡Perro¡ Y que dice el texto que ¡Caleb era un perro fiel! Si queremos impresionar a Dios con nuestra fe debemos, buscar, rogar, argumentar y experimentar. No importa que el proceso se dé cuenta que usted es un perrillo, si lo es (y estoy seguro que lo somos) anímese porque ese animal, es tan fiel que uno podría estar seguro de que lo seguirá hasta la muerte… a lo mejor es usted otro(a) Caleb…

“…Cuénteselo a Jesús y no al FB…”

confesionario

Estaba leyendo  Marcos 6: 30 en donde dice: “…Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron  todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado…”

Es común  en nuestra práctica evangélica la idea de compartir con otros lo que hemos hecho para el Señor o lo que el Señor ha hecho por nosotros. A eso lo llamamos “dar testimonio” o en sus implicaciones metafóricas “ser sal o luz” en este mundo. Deseamos por medio de esta práctica, que nuestro Señor se glorifique, o por lo menos esa es la intención, y la gente conozca a Dios. Añada hoy que los evangélicos ya llegamos a las redes sociales, y se han convertido en el púlpito donde desplegamos todos nuestros logros. Es notorio la cantidad de noticias, hechos, logros, videos, ministerios que son puestos en evidencia en FB por ejemplo. Muchos hermanos y hermanas postean  miles de fotos, noticias, eventos para demostrarnos lo mucho que están haciendo por Dios, dónde los ha llevado Dios, la gente que alcanzaron, etc. Pienso que la mayoría  lo hacen con buena intención y con una motivación correcta, sin embargo se corre mucho peligro con esta práctica. Un buen porcentaje  no se da cuenta cuando han cruzado la línea de la vanagloria personal a costa de la gloria de Dios.  Y es que parece ser que una de las obsesiones de los evangélicos es el deseo de querer ser notorios y conocidos. Por eso los medios de la pantalla tanto chica como grande son requeridos más y más por los pastores, y otro tipo de líderes. En lo particular le tengo bastante fobia a la televisión, quizás estimo más la radio que la televisión. Por un lado tengo esta fobia porque la biblia dice que la fe es por el oír…eso significa que el canal de mejor claridad es la voz. Y eso parece lógico porque si no te conocen, y lo único que tienen es tu voz no interrumpes la imagen de Dios. Y esa es la segunda razón, los medios visibles corrompen más rápido de lo que crees. Fácilmente te conviertes en un personaje famoso y una estrella y olvidas que la máxima estrella es Jesús.

Volviendo al texto me di cuenta que los apóstoles venían de una gira ministerial extraordinaria y tenían muchas cosas que contar. Sin embargo lo único que hacen es contar las experiencia pero sólo a Jesús. ¿Por qué hacen esto? ¿No necesitaban a esta hora la publicidad de sus logros? ¿No hubiera sido beneficioso para el ministerio de Jesús que conocieran los resultados y logros de los apóstoles? Desde la perspectiva actual, creo que sí.  ¿Por qué es más importante contarle a Jesús lo que hacemos y lo que somos más que a la gente? Bueno el pasaje parece indicar tres razones básicas. Primero, somos instrumentos.  Observe que el texto dice “los apóstoles.” Esta expresión indudablemente debe recordarnos que somos simplemente enviados. En este primer contexto la expresión apóstoles era un calificativo y no tanto un sustantivo.  Es decir, es una función que se describe y se realiza  y no un título que se otorga.  A diferencia de hoy que el término “apóstol” se ha convertido en un título y una posición, ser apóstol según este pasaje era una actividad.  Segundo, somos elementos.  “…Se juntaron…”Me parece muy puntual que sepamos que eran varios apóstoles y que estaban “juntos”, se veían elementos de un conjunto.  Nadie pidió una cita personal con Jesús para mostrarse y ganar puntos. No había héroes, no había competencia, simplemente un equipo de hombres llamados a servir a Dios. Muchas veces el testimonio que hacemos o decimos en el fondo lleva el hecho de hacer ver a otros lo superiores que somos, lo mucho que Dios nos usa, la pasión que tenemos sobre otros. Tercero, somos entrenamiento.  La vida cristiana es una serie de batallas y guerras que a veces ganamos y otras veces perdemos. No hemos logrado nada hasta que estemos ante nuestro Señor al final de la vida. Así que mientras vamos en el peregrinaje debemos tener mayor contacto con el Capitán que con lo que hacemos. Para mantenernos efectivos debemos desarrollar tres habilidades en nuestro entrenamiento. Primero intimidad.  Dice que “se juntaron con Jesús”. Y es que no debemos olvidar que lo que nos hace seguros y con influencia no es lo que hacemos sino lo que hacemos. Hay personas que confunden influencia con visibilidad. Es decir mientras más me veo más influencia tengo. No necesariamente. Es más a veces la mayor influencia viene de la poca visibilidad de uno, porque eso hace que Jesús sea más visible. Me encanta pensar que lo que ellos deseaban era saber qué opinaba Jesús de lo que habían hecho y dicho. La intimidad jamás no nos hace olvidar quién es nuestra audiencia.  Segundo, integridad. Me encanta el hecho de observar que el texto dice: “…le contaron todo…” La expresión “le contaron” es la palabra “appangelo” Esta expresión es un verbo aoristo que implica un reporte completo. El uso de “apo” implica dirección lo que demuestra que ellos le contaron a Jesús lo que habían hecho y dicho desde que salieron de su presencia hasta que llegaron a encontrarse nuevamente con él. Contar lo que hemos hecho más como una experiencia devocional que profesional es importante, porque a él no lo podemos impresionar, ni engañar ni alterar nuestros testimonios.  La integridad no nos hace olvidar a quien le rendimos cuenta.  En tercer lugar  el entrenamiento no sólo lleva intimidad, integridad sino que también integralidad. Hay dos dimensiones que muestran la integralidad de los apóstoles. La primera tiene que ver con el hacer. Es decir, sus actos, las obras y los hechos. Había una orto praxis (¡ah palabrita que me saqué¡) Es decir habían practicado bien el evangelio, pero en segundo lugar también una buena ortodoxia (aquí va de nuevo…) es decir una correcta enseñanza de las buenas nuevas. Ellos estaban dispuesto a que Jesús evaluara cualquier tipo de error. Ahora bien, será que no debemos decir lo que está pasando en nuestras vidas. Bueno creo que la respuesta es ¡sí y no¡ Pienso que hay tres preguntas  prácticas que se desprenden del texto que nos ayudarían.

Primero, ¿En quién pienso primero para contar lo que he estado haciendo? Si no es Jesús  entonces tengo el peligro de vanagloriarme. Esta pregunta evalúa mis emociones. ¿Es decir estoy emocionado porque hice algo o porque lo hice para Alguien?

Segundo, ¿Por qué quiero decir  inmediatamente lo que estado haciendo? Si lo quiero hacer para sepan lo “activo y espiritual” que soy con las cosas de Dios puedo acercarme a autopromoción y no la del reino. Esta pregunta evalúa mis acciones.  ¿Es decir lo que hago abona para el Reino de Dios o para mi propio reino?

 Tercero, ¿Por qué quiero que la gente sepa lo que estoy haciendo? ¿Si lo que comparto es para que tenga impacto en la gente, lo podría logra de otra forma? ¿Es decir quién impacta a la gente los hechos que cuento o la obra de Dios independientemente de mis hechos? Esto evalúa mis convicciones.  ¿Es decir impacto a la gente porque promuevo lo que hago o se impacta a la gente por lo que Dios hace sin promoción?

Creo que hoy tenemos un buen reto para impactar al mundo, pero difícilmente será por medio de lo visible y la publicidad que le demos a nuestros hechos y ministerios, ya que Dios se mueve en lo sencillo, callado y poderoso

“…¿Cómo está su crédito?…” II Parte

En segundo lugar debemos examinar el BALANCE de las obras.

El texto continúa diciendo: “…no se le cuenta el salario como gracia sino como deuda…” Hay dos expresiones que Pablo utiliza aquí. La primera es “cuenta” y la segunda “salario”. Estas expresiones nos pueden llevar a ver cómo la gente hace un balance equivocado de las obras, que lo hacen despreciar la gracia.

La primera tendencia del ser humano es el pragmatismo. Esta tendencia plantea este razonamiento: “…Demasiado riesgo para ser cierto…” La primera objeción procede del pragmatismo. « ¿Luego por la fe invalidamos la ley?» (Romanos 3:31). Lo que preocupa aquí es la motivación. «Si no soy salvo por mis obras, ¿por qué hacerlas? Si no soy salvo por la Ley, ¿por qué guardarla? Si no soy salvo por lo que hago, ¿por qué hacer algo?» Hay que admitir que la gracia es riesgosa. Existe la posibilidad de que la gente la lleve al extremo. O que abuse de la bondad de Dios. Una palabra más en cuanto a las tarjetas de crédito puede ser útil aquí. Un autor  cuenta la siguiente historia:

“Mi padre tenía una regla sencilla al respecto de las tarjetas de crédito: Tener las menos posibles y pagarlas cuanto antes. Su salario como mecánico era suficiente pero no abundante y detestaba incluso el pensamiento de tener que pagar interés. Su decisión era pagar el saldo total al final de cada mes. Puedes imaginarte mi sorpresa cuando el día en que partí para la universidad me puso en la mano una tarjeta de crédito. De pie en la entrada de la casa, con el automóvil cargado y los adioses ya dichos, me la entregó. Miré el nombre en la tarjeta; no era el mío sino el suyo. Había ordenado una tarjeta adicional para mí. Las únicas instrucciones que me dio fueron: «Ten cuidado cómo la usas». Bastante arriesgado, ¿no crees? Mientras me dirigía a la universidad se me ocurrió que era un hombre libre. Podía ir a donde quisiera. Tenía ruedas y el tanque lleno de gasolina. Tenía mi ropa, dinero en el bolsillo, mi equipo estereofónico en el portaequipaje, sobre todo, tenía una tarjeta de crédito. ¡Era un esclavo puesto en libertad! Sin cadenas. ¡Podía estar en México para el anochecer! ¿Qué me impedía desenfrenarme?[1]

Tal es la pregunta del pragmático. ¿Qué nos impide desenfrenamos? Si la adoración no me salva, ¿por qué adorar? Si diezmar no me salva, ¿por qué hacerlo? Si la moralidad no me salva, ¡alerta, muchachas, aquí vengo! Judas advierte contra esta actitud al hablar de las personas que abusan de la gracia «como pretexto para un vida desenfrenada» (Judas 4, VP). Más adelante Pablo contrarrestará a sus críticos con la pregunta: « ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? De ninguna manera» (Romanos 6.1–2). O, como un traductor lo dice: «¡Qué pensamiento más espantoso!» (PHILLIPS, [en inglés]). Un pensamiento espantoso, en verdad. ¿La gracia promoviendo el mal? ¿La misericordia endosando el pecado? ¡Qué horrible idea! El apóstol usa el modismo más fuerte del idioma griego para repudiar la idea: ¡Me genoito! La frase literalmente significa « ¡jamás lo sea!» Como ya lo ha dicho, Dios en «su benignidad te guía al arrepentimiento» (Romanos 2.4). Así que quien ve la gracia como permiso para pecar ha errado la gracia por completo. Misericordia entendida es santidad deseada. La gracia promueve un anhelo del bien. La gracia no estimula ningún deseo a pecar. Si hemos recibido en verdad la dádiva de Dios, no nos burlaremos de ella. Es más, si una persona usa la misericordia de Dios como libertad para pecar, uno se pregunta si alguna vez conoció la misericordia de Dios.

Cuando ese padre le dio su tarjeta de crédito su hijo no le impuso una lista de regulaciones. No le dio ningún contrato para firmar ni reglas para leer. No le dijo que pusiera la mano sobre la Biblia y jurara reembolsarle cualquier gasto que hiciera. Es más, ni siquiera le pidió que pagara nada. Según resultaron las cosas, pasaron varias semanas del año escolar sin que la usara. ¿Por qué? Porque le dio más que la tarjeta; le  dio su confianza. Y aun cuando algunas veces quebrantaba sus reglas, no tenía ninguna gana de abusar de su confianza.

La confianza de Dios nos da anhelo ardiente de hacer lo que es bueno. Tal es el genio de la gracia. La Ley puede mostramos dónde nos equivocamos, pero no puede damos el deseo de hacer lo bueno. La gracia sí puede.

La segunda tendencia del hombre es el legalista. Esta tendencia plantea este razonamiento: “…Demasiado fácil para ser cierta…”La segunda objeción a la gracia procede de la persona cauta respecto a todo lo nuevo y sencillo. «No me vengan con esta enseñanza novelera. Simplemente denme la Ley. Si fue buena para Abraham, también lo es para mí». Está bien, sin embargo  déjeme hablarle sobre la fe de  Abraham responde Pablo. «Si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado [o acreditado] por justicia» (4.2–3 ). Estas palabras deben haber dejado perplejos a los judíos. Pablo señala a Abraham como el prototipo de la gracia. Los judíos opinaban que la bendición de Abraham se debió a su obediencia. No es ese el caso, argumenta Pablo. El primer libro de la Biblia dice que Abraham «creyó a Jehová, y le fue contado por justicia» (Génesis 15.6). Fue su fe, no sus obras, lo que le justificó ante Dios. La Versión Popular traduce Romanos 4.2 como: «Abraham creyó a Dios, y por eso Dios lo aceptó como justo». Cinco veces en seis versículos Pablo usa la expresión le fue contada [o crédito o acreditar. Crédito es un término común en el mundo financiero. Acreditar a una cuenta es hacer un depósito. Si acredito a su cuenta, o bien aumento su saldo o reduzco su deuda. ¿No sería agradable si alguien acreditara una suma a tu cuenta de la tarjeta de crédito? Sin embargo, a Jesús le encanta hacerlo, ¡y puede hacerlo! No tiene ninguna deuda personal. Y, es más, hace años que lo hace. Como prueba, Pablo acude a una carpeta que tiene más de dos mil años rotulada «Abram de Ur» y saca un estado de cuenta. El estado de cuenta tiene su lista de deudas. Abram distaba mucho de ser perfecto. Hubo ocasiones en que confió más en los egipcios que en Dios. Incluso mintió, diciéndole a Faraón que su esposa era su hermana. Pero Abram tomó una decisión que cambió su vida eterna: «Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia» (Romanos 4.3). Aquí tenemos a un hombre justificado por la fe antes de su circuncisión (v. 10), antes de la Ley (v. 13), antes de Moisés y los Diez Mandamientos. ¡Aquí tenemos a un hombre justificado por la fe antes de la cruz! La sangre del Calvario que cubre pecados se extiende al pasado  tanto como al futuro.

No debemos ver la gracia como una provisión hecha después que la Ley fracasó. La gracia se ofreció antes que se revelara la Ley. En verdad, ¡la gracia se ofreció antes de la creación del hombre! «Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la  sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros» (1 Pedro 1.18–20).

¿Por qué Dios ofrecería la gracia antes de que la necesitáramos? Volvamos una vez más a la tarjeta de del muchacho cuyo padre le entregó.

El autor dice: “¿Mencioné que pasé varios meses sin necesitarla? Pero cuando la necesité, realmente la necesité. Verás, quería visitar a una amiga en otra ciudad universitaria. En realidad, era una muchacha que vivía en otra ciudad a seis horas de distancia. Un viernes por la mañana decidí faltar a clases y emprendí el viaje. Como no sabía si mis padres lo aprobarían, no les pedí permiso. Por salir apurado, olvidé llevar dinero. Hice el viaje sin que ellos lo supieran y con una billetera vacía. Todo marchó de maravillas hasta que choqué contra la parte posterior de otro vehículo en el viaje de regreso. Usando una palanca enderecé un poco el parachoques para dejar libre la rueda delantera y poder llevar mi estropeado automóvil hasta una gasolinera. Todavía recuerdo con claridad el teléfono público donde me paré bajo el frío del otoño. Mi padre, que daba por sentado que estaba en la universidad, recibió mi llamada a cobrar y oyó mi relato. Mi historia no tenía mucho de qué alardear. Había hecho el viaje sin su conocimiento, sin dinero y había arruinado su auto. «Pues bien», dijo después de una larga pausa, «estas cosas ocurren. Para eso te di la tarjeta. Espero que hayas aprendido la lección». ¿Que si aprendí una lección? Sin dudas que la aprendí…”[2] De hecho creo que aprendió que el perdón de su padre antecedía a su  falta. Le dio la tarjeta antes del accidente por si acaso ocurriera alguno. Hizo provisión para su desatino antes que lo cometiera. ¿Tengo que decirle  que Dios ha hecho lo mismo? Por favor, comprenda. El papá no quería que este chico chocara su auto. No le  dio la tarjeta para que pudiera chocar el auto. Pero conocía a su hijo. Y sabía que su hijo en algún momento necesitaría gracia. Esto nos debe hacer entender, que  Dios no quiere que pequemos. No nos dio la gracia para que pequemos. Pero conocía a sus hijos. «El formó el corazón de todos ellos; atento está a todas sus obras» (Salmo 33.15). «Porque El conoce nuestra condición» (Salmo 103.14). Y sabía que un día necesitaríamos su gracia. La gracia no es nada nuevo. La misericordia de Dios antecede a Pablo y a sus lectores, antecede a David y a Abraham; incluso antecede a la creación. Sin duda, antecede a cualquier pecado que hayas cometido. La gracia de Dios es más antigua que tu pecado y más grande que tu pecado.

La tercera tendencia del hombre es el escepticismo. Esta tendencia plantea el razonamiento. ¿Demasiado bueno para ser cierto? Como hubo un pragmático que dijo que la gracia es demasiado arriesgada y un legalista que dijo que la gracia es demasiado fácil, hubo también un escéptico que decía: «Esto es demasiado bueno para ser cierto». Esta es la objeción más común a la gracia. Las personas no  teologizan con los textos de Romanos pero si la expresan en sus luchas y frustraciones. Los podemos escuchar con  la pregunta de una joven que pasó dos años en la universidad diciéndole que sí a la carne y no a Dios.  Con la plática de  un joven esposo que se preguntaba si Dios podría perdonar un aborto por el que pagó hace una década. También a un padre que acababa de percatarse que dedicó su vida al trabajo y descuidó a los hijos. Todos se preguntan si habrán sobregirado la línea de crédito ante Dios. Y afortunadamente no están solos. La gran mayoría de las personas sencillamente afirman: «Dios puede darle su gracia a usted, pero no a mí. Verá, atravesé las aguas del fracaso. Crucé la línea demasiadas veces. No soy el pecador típico. Soy culpable de ______________ ». Y ponen algo en la línea en blanco. ¿Qué pondrías tú en la línea en blanco? ¿Hay algún capítulo en tu biografía que te condena? ¿Un valle en tu corazón demasiado hondo como para que el Hijo primogénito te alcance? Si piensas que no hay esperanzas para ti. Pablo tiene una persona que quiere que conozcas. Nuestro estéril pasado le recuerda al apóstol del vientre estéril de Sara. Dios les había prometido a Sara y a Abram un hijo. Es más, el nombre Abram significa «padre enaltecido». Dios incluso le cambió el nombre a Abraham (padre de una multitud), pero ni aun así tuvieron hijo. Cuarenta años pasaron antes que la promesa se cumpliera.  Dios le prometió un hijo, pero Abraham no lo tenía. Dejó su tierra para ir a una tierra desconocida, pero no le nació el hijo. Triunfó sobre la hambruna, pero seguía sin tener hijo. Su sobrino Lot vino y se fue, pero todavía no había hijo. Tuvo sus encuentros con ángeles y con Melquisedec, pero todavía seguía sin heredero. Para entonces Abraham tenía noventa y nueve años y Sara no era mucho más joven. Cuando todo parecía sin esperanza, Abraham creyó de todas maneras, decidiendo vivir, no en base a lo que no podía hacer, sino a lo que Dios dijo que haría… Cuando Dios le dijo a Abraham que le iba a dar un hijo cuya descendencia sería tan numerosa como para formar una nación, Abraham lo creyó, aun cuando aquello estaba al borde de lo imposible. Todo se había agotado. La juventud. El vigor. La fuerza. El levantarse y echar a andar. Todo lo que los viejos Abraham y Sara tenían era un cheque del seguro social y una promesa del cielo. Pero Abraham decidió confiar en la promesa en lugar de enfocar sus problemas. Como resultado, la pareja que vivía de la pensión de ancianidad fue la primera en llevar una cuna al asilo de ancianos. ¿Tenemos nosotros mucho más que ellos? No realmente. No hay ninguno de nosotros que no haya acumulado más cuentas de las que jamás podríamos pagar. Pero ninguno tenemos por qué continuar endeudados. El mismo Dios que le dio un hijo a Abraham nos ha prometido gracia. ¿Qué es más increíble: Sara diciéndole a Abraham que va a ser papá, o Dios declarándonos justos a ti y a mí? Ambas cosas son absurdas. Ambas son demasiado buenas como para ser ciertas. Pero ambas proceden de Dios.

Así que la figura que usa Pablo es del contexto laboral…que podemos aplicar de esta reflexión a nuestra propia vida en estos tiempos tan extraños…

Hay tres cosas importantes que debemos entender con respecto a la gracia de Dios, como contradicción de las obras. En su argumentación Pablo dice que como un asalariado se ha ganado su sueldo por lo que ha trabajado, y a la hora de la paga exige su remuneración así los hombres por medio de sus obras creen que están en la posición de exigirle a Dios. Pero Pablo dice que eso no es la gracia de Dios. Así que todos aquellos que viven y confían en la gracia deben entender tres grandes cosas.

Primero deben entender la dirección de la gracia… La gracia no parte de abajo hacia arriba, no del hombre a Dios, sino que parte  de arriba para abajo…de Dios hacia el hombre. Para citar a John MacArthur: «En cuanto al camino de salvación, hay solo dos religiones que el mundo jamás ha conocido ni jamás conocerá: La religión de cumplimiento divino que es el cristianismo bíblico, y la religión de realización humana que incluye toda otra forma de religión, cualquier nombre que tome esta.[3]

Segundo, deben entender el dilema de la gracia… La gracia tiene un dilema importante, y se plantea con esta pregunta: ¿cómo se puede ser misericordioso y justo al mismo tiempo? Le quiero compartir una idea para explicar esto. Supóngase que usted tiene un seguro para vehículo, y recibe un reporte de la aseguradora donde le muestran registrados todos los incidentes que usted ha tenido con su vehículo. Al final la aseguradora le dice que por ser un cliente tan riesgoso usted no tendrá ya más la cobertura del seguro. Ahora usted se molesta por esa decisión pero luego usted se calma y se da cuenta de varias cosas. Se hace las siguientes preguntas Primero: ¿fue injusto que lo  eliminaran como cliente? No. Tal vez halle su decisión de mal gusto, desagradable, incluso desconsoladora, pero no puede llamarla injusta. Es mentira lo que están diciendo. ¡No! De hecho tiene evidencia de sus imprudencias como conductor. ¿Le ha costado dinero a la Aseguradora cubrirlo? ¡Por supuesto! Ahora he aquí lo curioso. Así como el conducir de forma imprudente tiene sus consecuencias, también las tiene la vida imprudente. Así como no tengo defensa ante la compañía aseguradora, no tengo defensa ante Dios. Mi historial me acusa. Mi pasado me declara culpable. Eso se llamaría justicia.

Ahora bien, supongamos que el fundador y dirigente ejecutivo de la compañía de seguros decidió tener misericordia de mí. Supongamos que, por alguna razón, quería tenerme como cliente. ¿Qué podría hacer? ¿Podría sencillamente hacer la vista gorda y considerar que no cometí errores? ¿Por qué no toma mi historial de conducción y lo hace pedazos? No se puede por dos razones.

Primera, la integridad de la compañía se pondría en aprietos. Tendría que rebajar las normas de la organización, algo que no puede ni debe hacer. Los ideales de la organización son demasiado valiosos como para abandonarlos. La compañía no puede obviar sus preceptos y seguir siendo íntegra.

Segunda, la legalidad de la compañía se pondría en aprietos. Ya que no se debe estimular los errores del conductor. Si no hay ningún precio por mis equivocaciones, ¿por qué voy a conducir con cuidado? Si el Presidente echa a un lado mis fallas, ¿qué me impedirá conducir como se me antoja? Si está dispuesto a olvidar mis desatinos, ¡continuemos cometiéndolos! ¿Es ese el objetivo del Presidente? ¿Es ese el propósito de su misericordia? ¿Normas rebajadas y conducción calamitosa? No. El Presidente se enfrenta a este dilema: ¿Cómo puedo ser misericordioso y justo al mismo tiempo? ¿Cómo puedo ofrecer gracia sin respaldar los desatinos? O diciéndolo en términos bíblicos, ¿cómo puede Dios castigar el pecado y amar al pecador? Pablo lo dice claramente: «La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia» (Romanos 1.18). ¿Va Dios a transigir con sus normas para que podamos ser perdonados? ¿Va Dios a hacer la vista gorda y considerar que yo jamás he pecado? ¿Querríamos un Dios que altera las reglas y hace excepciones? No. Queremos un Dios «en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación» (Santiago 1.17), y para quien «no hay acepción de personas» (Romanos 2.11). Además, pasar por alto mi pecado es respaldarlo. Si mi pecado no tiene su precio, ¡sigamos pecando! Si mi pecado no produce dolor, ¡sigamos pecando! Es más, « ¿y por qué no decir (como se nos calumnia y como algunos, cuya condenación es justa, afirman que nosotros decimos): Hagamos males para que vengan bienes?» (Romanos 3.8). ¿Es este el objetivo de Dios? ¿Comprometer su santidad y facilitar nuestra maldad? Por supuesto que no. Entonces, ¿qué debe hacer Él? ¿Cómo puede ser justo y amar al pecador? ¿Cómo puede ser amoroso y castigar el pecado? ¿Cómo puede satisfacer su norma y perdonar mis errores? ¿Hay alguna forma en que Dios podría hacer honor a la integridad del cielo sin darme la espalda? Sí la hay. Y eso nos lleva al tercer concepto.

 En tercer lugar la decisión de la gracia… La santidad demanda castigo al pecado. La misericordia insta a que se ame al pecador. ¿Cómo puede Dios hacer ambas cosas? ¿Puedo responder a la pregunta regresando al ejecutivo de la compañía de seguros? Imagínese que lo invita a su oficina y me dice lo siguiente: —Sr. Fulano. He hallado una forma de tratar con sus errores. No puedo fingir que no los veo; hacerlo sería injusto. No puedo considerar que no los cometió; eso sería mentir. Pero esto es lo que puedo hacer. En nuestros expedientes he hallado una persona que tiene un pasado impecable. Jamás ha quebrantado ninguna ley. Ni una sola violación, ni una sola falta, ni siquiera una multa por estacionamiento indebido. Se ha ofrecido voluntariamente a canjear su historial con el suyo. Tomaremos su nombre y lo pondremos en el de esa persona. Tomaremos el nombre de esa persona y lo pondremos en su historial. Ella recibirá el castigo por lo que usted hizo. Usted, que cometió las faltas, quedará justificado. Él, quien hizo lo correcto, quedará como culpable». ¿Mi respuesta? — ¡Usted debe estar bromeando! ¿Quién va hacer tal cosa por mí? ¿Quién es esa persona? A lo cual el presidente contesta: —Yo. Eso es precisamente lo que hizo Jesús.  Le dieron el expediente perfecto de Jesús y el suyo imperfecto se lo dieron a Cristo. Jesús «padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevamos a Dios» (1 Pedro 3.18). Como resultado, se hace honor a la santidad de Dios y sus hijos son perdonados. Mediante su vida perfecta, Jesús cumplió las demandas de la Ley. Mediante su muerte, satisfizo las demandas del pecado. Jesús sufrió no por ser pecador, sino como si lo fuera.  Reflexione en lo que Dios logró. No condona nuestro pecado, ni transige con sus normas. No pasa por alto nuestras rebeliones, ni suaviza sus demandas. En vez de echar a un lado nuestro pecado, lo asume y —¡en qué cabeza cabe!— se auto sentencia. La santidad de Dios se honra. Nuestro pecado se castiga. Y somos redimidos. Dios todavía es Dios. La paga del pecado todavía es muerte. Y nosotros somos hechos perfectos. Eso es, perfectos. «Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados» (Hebreos 10.14). Dios justifica (hace perfectos) y entonces santifica (hace santos). Dios hace lo que nosotros no podemos hacer para que seamos lo que ni siquiera nos atrevemos a soñar: perfectos ante Dios. Él justamente justifica al injusto. ¿Y qué hizo Él con nuestro calamitoso historial de conducción? Anuló «el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz» (Colosenses 2.14).

Ahora bien ¿Y cuál debería ser nuestra respuesta? Acudamos una vez más a la compañía aseguradora. Regreso al agente y le pido que busque mi expediente. Así lo hace y se queda contemplando incrédulo la pantalla de la computadora. «Sr., tiene un pasado perfecto. Su historial es inmaculado». ¿Mi respuesta? Si soy un pícaro e ingrato, cruzaré mis brazos y diré en tono santurrón: «Tiene razón. No es fácil ser tan grandioso». Si soy sincero y agradecido, sencillamente sonreiré y le diré: «No merezco tal elogio. A decir verdad, ni siquiera merezco ese expediente. Fue y es una dádiva indecible de gracia.

Bueno y a propósito ¿Cómo está su crédito? Sería bueno borrara el saldo…ya sabe cómo…

[1] Lucado, Max. En Manos de la Gracia. Ed. Caribe. Nash. Tennessee. Pág 59

[2] Lucado, Max. En Manos de la Gracia. Ed. Caribe. Nash. Tennessee. Pág 59

[3] John MacArthur, The New Testament Commentary of Romans [Comentario del Nuevo

Testamento sobre Romanos], Moody, Chicago, 1991, p. 199.

“..¿Cómo está su crédito?.. I Parte”

Hace tiempo se usaba una máquina muy interesante para postear las tarjetas de crédito. El empleado tomaba el plástico y lo colocaba en la máquina impresora, y rac-rac, los números quedaban registrados y la compra realizada. Hoy las compras con tarjetas de crédito no son tan dramáticas. Ahora se pasa la tira magnética por una ranura, o se oprimen los números en un teclado. No hay ruido, ni drama, ni dolor. Era más divertido  los días del rac-rac cuando se anunciaba la compra para que todos la oyeran. Se compra gasolina, rac-rac.  Se adquiere a crédito alguna ropa, rac-rac. Se paga el almuerzo, rac-rac. Si el ruido no le hacía estremecer, el estado de cuenta a fin de mes lo hacía. Treinta días es bastante tiempo para acumular suficientes compras como para descalabrar su presupuesto.

Me gusta pensar que Dios tiene en el cielo una máquina posteadora que hace rac-rac. Y cada uno de nosotros tenemos una cuenta donde se nos postea la deuda. Y es que  una vida entera es suficiente tiempo para acumular en el cielo algunas deudas de envergadura. Le grita a sus hijos, rac-rac. Codicia el automóvil de su amigo, rac-rac. Envidia el éxito de su vecino, rac-rac. Rompe una promesa, rac-rac. Miente, rac-rac. Pierde los estribos, rac-rac. Se queda dormido leyendo este mensaje, rac-rac, rac-rac, rac-rac. Más y más hundido en deudas.

El problema es que muchas veces intentamos pagar lo que debemos.  Algunos pensarían que toda oración es un cheque que se gira y cada buena obra es un pago que se hace. Y que eso reducirá nuestra deuda. Muchos pueden pensar que si pudieran  hacer una buena acción por cada acción mala, ¿no se balancearía su cuenta al final? Es decir si pudiera contrarrestar mis palabrotas con elogios, mi lujuria con lealtades, mis quejas con contribuciones, mis vicios con victorias, ¿no quedaría justificada mi cuenta? ¡Espero que sí!  Pero sabe…? La verdad es que no.

En una serie de argumentaciones, Pablo establece un principio muy interesante en Romanos 4:4, allí el establece una argumentación que establece la diferencia entre las obras y la gracia. Lea lo que Pablo dice:

“…Si usted es un trabajador duro y hace un buen trabajo, por lo que se merece su salario; usted no llamaría  a su salario un regalo sino  una obligación…” (The Message)

Pablo establece dos criterios que la gente suele usar con respecto a su relación con Dios. La primera es que para algunos son importantes las obras porque eso crea una obligación en Dios de salvarlo, pero por otro lado están los que creen que las obras no son importantes porque la gracia establece una relación con Dios para poder salvarse. En pocas palabras está el método de la obligación como medio salvífico y está el método de la relación como gracia salvífica.

Ahora la pregunta que muchas veces se plantea es ¿Por qué la gente le cuesta aceptar que la salvación es un regalo y no algo que se compra? ¿Por qué para la gente la gracia es tan contradictoria?

Para entender estos dos conceptos necesitamos hacer por lo menos dos  cosas.

  • Primero necesitamos saber el ALCANCE de las obras.

El texto dice: “…pero el que obra…”

La palabra que Pablo utiliza para “obra” es “ergazomai” y esta expresión implica  la idea de laborar, trabajar duro. Es un participio presente voz media. Lo que implica que debería traducirse “pero el que para sí está trabajando arduamente”.  Es obvio que Pablo utiliza la metáfora de laborar para hace una comparación con la actividad religiosa que cree que constantemente con sus obras puede lograr la salvación con Dios.

Ahora bien, anteriormente establecíamos que  sería genial que lo bueno se compensara con lo malo. Es decir que una buena obra pudiera cancelar los defectos de las cosas malas que he hecho. Lo sería, excepto por tres problemas.

Primero, no sé la condición  de cada pecado. Es fácil saber el precio de la gasolina. ¿No cree que sería excelente que fuera tan claro en cuanto al pecado? Pero no lo es. ¿Cuál es, por ejemplo, la multa por enojarse en el tránsito? Me enfurezco contra el hombre que bruscamente mete su automóvil entre el mío y el que va adelante, ¿qué pago por mi crimen? ¿Conducir a setenta kilómetros por hora en una zona con límite de ochenta kilómetros por hora? ¿Saludar con la mano y sonreírles a diez autos consecutivos? ¿Quién sabe? O, ¿qué tal si me levanto de mal genio? ¿Cuál es el costo de un par de horas de desánimo? ¿Asistir al culto del domingo equilibrará una mañana de mal genio hoy? Y, ¿en qué punto empieza el mal genio? ¿Es la multa por el mal humor menor en los días nublados que en los días claros? O, ¿hay cierto número de días al año en que tengo licencia para ser gruñón? Esto puede ser muy confuso.

Segundo, no sé la circunstancia de cada pecado. No solo que no sé el costo de mis pecados, sino que no siempre sé la ocasión o circunstancia de mis pecados. Hay momentos en que peco y ni siquiera lo sé. ¿Cómo pago por esos pecados? ¿Se me concede una excepción por desconocimiento? ¿Y qué tal en cuanto a los pecados que cometo sin darme cuenta? ¿Qué tal si alguien, en alguna parte, descubre que es pecado jugar al fútbol? ¿O qué tal si Dios piensa que la manera en que juego al fútbol es pecado? Ay, vaya. Tendría serias cuentas que arreglar. ¿Y qué de tí? ¿Algunos pecados de omisión en el estado de cuenta de este mes? ¿Dejaste pasar alguna oportunidad de hacer el bien? ¿Soslayaste alguna oportunidad de perdonar? ¿Descuidaste una puerta abierta para servir? ¿Aprovechaste cada oportunidad para animar a tus amigos? Rac-rac, rac-rac, rac-rac. Y hay otras preocupaciones.

Tercero, no sé la consecuencia de mi pecado.

El período de gracia, por ejemplo. Mi tarjeta de crédito me permite un pago mínimo y luego arrastra el saldo de la deuda al siguiente mes. ¿Lo hace así Dios? ¿Me permitirá pagar el año entrante la codicia de hoy? ¿Qué tal en cuanto al interés? Si dejo mi pecado en la cuenta por varios meses, ¿acumula más pecado? Y hablando del estado de cuenta… ¿dónde está? ¿Puedo verlo? ¿Quién lo tiene? ¿Cómo puedo saldar la mentada cuenta? Allí está. Esa es la cuestión. ¿Cómo trato con la deuda que tengo con Dios? ¿Negarla? Mi conciencia no me dejará. ¿Encontrar peores pecados en otros? Dios no se dejará engatusar por eso. ¿Pretender inmunidad de linaje? El orgullo familiar no sirve. ¿Tratar de pagarla? Podría, pero eso nos lleva de nuevo al problema. No sabemos el costo del pecado. Ni siquiera sabemos cuánto debemos. Entonces, ¿qué hacemos?

“…Bailando sin música…”

Piense en esta idea por un momento. Imagine que  quiere aprender a bailar. Así que tomando en cuenta lo juicioso y racional que es,  va a una librería y compra un libro para aprender a bailar. Al fin y al cabo, si un libro le ayuda a programar una computadora, a llevar sus ejercicios contables, sin duda le ayudará a mover los pies. Lleva el libro a casa y empieza a trabajar. Hace todo lo que dice que haga. El libro dice inclinarse, se inclina. El libro dice mover los pies, y usted  los mueve. El libro dice girar, usted da una vuelta. Incluso puede cortar en papel moldes de sus pies y ponerlos por toda la sala, para así saber por dónde ir. Por último, cree que ya ha aprendido e invita a la familia  a venir a observarlo. Mantiene el libro abierto y empieza a seguir las instrucciones paso a paso. Puede leer las palabras en voz alta y así ellos van a saber que está haciendo su trabajo de bailarín. «Incline su hombro derecho», y lo inclina. «Ahora de un paso con el pie derecho», y da el paso. «Vuélvase lentamente hacia la izquierda», y se vuelve. Continúa leyendo y bailando, leyendo y bailando, hasta que la lección finaliza. Cae exhausto en el sofá, mira a la familia  y proclama: — ¡Lo hice perfectamente!—Lo hiciste perfectamente, sí, muy bien—le dicen ellos, suspirando—. Pero luego le gritan ¡Lo asesinaste! Y usted dice — ¿Qué? — ¿De qué están hablando? Olvidaste la parte más importante. ¿El qué? Preguntas muy alarmado. ¿Dónde está la música? — ¿La música? No se te había ocurrido pensar en la música. Estabas tan absorto en seguir las instrucciones del libro que se te olvidó la música. Siempre pensabas en el libro. Te aprendiste las reglas. Pusiste las marcas de tus pies en el piso. Pero olvidaste la música.

Ahora tu familia te dice — ¡Hazlo de nuevo!—, esta vez poniendo una preciosa canción. Luego te dicen no te preocupes por los pasos, sólo sigue la música. Tú extiende los brazos a tu esposa  y la música comienza. La próxima cosa que hará es bailar y con el libro.

Creo que muchos  cristianos somos así: bailamos sin música. Es decir tenemos la tendencia de seguir el libro mientras olvidamos la música. Dominamos la doctrina, bosquejamos los capítulos, memorizamos las dispensaciones, discutimos las leyes y, rígidamente, recorremos la sala de baile de la vida sin música en nuestros corazones. Medimos cada paso, calibramos cada vuelta y caemos cada noche a la cama exhaustos de otro día de baile guiados por el libro.

Y la verdad es que bailar sin música es cosa pesada. Gracias a Dios que Jesús  sabía esto. Por tal motivo, la noche antes de su muerte presentó a los discípulos al compositor de música de la Trinidad, el Espíritu Santo. Escuche lo que la Palabra de Dios dice:

“Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros;  más si me fuere, os lo enviaré. Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:7–8, RV—1960).

 La versión “The Voice” traduce este texto de la siguiente forma:

“Pero la verdad es que mi partida será un regalo que le servirá bien, porque si no me voy, El Amigo no vendría en su ayuda. Cuando me voy, os lo enviaré”. (Juan 16:7)

Es importante notar que Jesús está diciendo que era mejor para El salir y así dejarle espacio al Espíritu Santo. Eso significa que la presencia del Espíritu Santo es tan importante para tener la  stamina o vigor espiritual. En ese sentido la música de nuestra alma procede de nuestro amigo el Espíritu Santo.

¿Por qué razón muchas veces perdemos la esencia de la vida cristiana? ¿Por qué perdemos la música de vivir en armonía con el gozo y la presencia del Espíritu Santo? Simplemente porque no hemos entendido la dimensión de la presencia del Espíritu Santo en nosotros. Por ejemplo, si nos pidieran que describiéramos a nuestro Padre celestial, daríamos una respuesta, si nos pidieran que dijéramos qué hizo Jesús por nosotros, igualmente daríamos una respuesta convincente. ¿Pero si nos preguntaran sobre el papel del Espíritu Santo en nuestra vida…? Quizás miraríamos al suelo. Aclararíamos la garganta. Y pronto se haría evidente que de las tres personas de la Deidad, el Espíritu Santo es el que menos conocemos.

Observe como si Jesús tiene en mente la gran importancia del Espíritu Santo en la vida de los discípulos.  Para que recobremos la música en nuestro caminar es necesario entonces desarrollar ciertas ideas que se desprenden de este pasaje.

Debemos acercarnos para  observar las realidades  del Espíritu Santo.  En el pasaje Jesús ha notado que la noticia de su partida ha entristecido a los discípulos. Es como si ellos se sintieran que van a perder la esencia de su vida: Jesús. Y de hecho así va hacer. Pero Jesús demuestra que a pesar de que él ha sido su Consolador hasta ahora, enviará a otro con la misma calidad y ministerio que el de Él.

La primera realidad  se desprende de la expresión: “os digo”. Y esta es realidad y verdad.    El Espíritu Santo está relacionado con al  veracidad. Jesucristo establece que la persona del Espíritu Santo está vinculada con la verdad. En el texto original, Jesús usa el pronombre enfático “Yo mismo os digo la verdad”. La expresión “verdad” tiene que ver con algo real, existente, y no solamente un concepto. El Espíritu es real porque es verdadero.

La segunda realidad se desprende de la expresión: “os conviene”.  Esto es habilidad  y ventaja. El Espíritu Santo está relaciona con utilidad. La expresión que aparece en este texto para “conviene” es la expresión “symphero” esta palabra habla de conferir un beneficio, de ser rentable, ser ventajoso.  Para Jesús el poder vivir ahora una vida en el Espíritu Santo sería de gran ventaja y utilidad para todo el mundo. Ya que la era del Espíritu Santo sería global y mundial en contraste de la presencia de Jesús que era focalizada y local. Para Jesús su partida era de mayor utilidad para la presencia del Espíritu Santo. Ahora observe que el texto usa la palabra “paracletos”, y la RV60 la traduce como “Consolador”. En las discusiones tradicionales de la palabra griega se usa mucho el hecho de que un consolador es alguien que está a la par de uno. Sin embargo esta expresión “consolador” se queda bastante corta para todo lo que la palabra “paracleto” significa. Muchos la usaban para determinar a un abogado. De hecho Jesús la utiliza para él en 1 de Juan. También la expresión tenía la idea del mejor amigo de alguien. Aquel que lo acompañaba en los momentos difíciles.  En ese sentido el Espíritu Santo tiene tres grandes utilidades desde la perspectiva de este pasaje. Primero es útil como compañero, es útil como consejero y finalmente es útil como

La tercera realidad se desprende de la expresión “os lo enviaré”. Esto es identidad y visión. El Espíritu Santo está relacionado con disponibilidad. Si uno observa, hay una relación muy interesante entre Jesús y el Espíritu Santo. Primero está supeditado a la orden de Jesús, ya que él  dice que él lo va “enviar”. El Espíritu Santo tiene un corazón misionero. Su disponibilidad es ante la acción de Jesús. Pero también está disponible porque vendrá a morar en seres imperfectos a los que tendrá que ayudar. Es importante observar que el no sólo está disponible a obedecer, o a acceder, sino que también está disponible para ayudar a vencer.  Entonces la disponibilidad del Espíritu Santo tiene que ver con obedecer, acceder y vencer. Estas tres características deberían ser vistas en cada creyente que imita  la identidad  del Espíritu Santo. De allí que una persona que vive esta dimensión del Espíritu Santo es una persona con visión espiritual.

La cuarta realidad se desprende de la expresión “convencerá.” Esto es actividad y victoria. El Espíritu Santo está relacionado con efectividad.  Quizás el error más común respecto al Espíritu es percibirlo como un poder y no como una persona, como una fuerza que no tiene identidad. Tal cosa no es verdad. El Espíritu Santo es una persona. El Espíritu Santo no es «algo». Es una persona. Tiene conocimiento (1 Corintios 2:11). Tiene una voluntad (1 Corintios 12:11). Tiene una mente (Romanos 8:27). Tiene sentimientos                (Romanos 15:30). Usted puede mentirle (Hechos 5:3–4). Puede insultarlo (Hebreos 10:29). Puede entristecerlo (Efesios 4:30). El Espíritu Santo no es una fuerza impersonal. No es las espinacas de Popeye, ni la poderosa ola del que se desliza sobre ella. Es Dios en ti para ayudarte. Con razón Juan se refiere a Él como el Consolador. Imagínate a un padre ayudando a su hijo a montar bicicleta y tendrás una visión parcial del Espíritu Santo. El padre se mantiene junto a su hijo. Empuja la bicicleta y la sostiene si el niño empieza a caerse. El Espíritu hace eso mismo con nosotros; nos sostiene y fortalece nuestro paso. A diferencia del padre, sin embargo, Él nunca nos deja. Está con nosotros hasta el final de los tiempos. ¿Qué hace el Espíritu?  Cuál son las áreas en las que Él es efectivo. Primero según este pasaje. Consuela a los salvados. «Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros, más si me fuere, os lo enviaré» (Juan 16:7, RV—60). Pero también el Convence a los perdidos. «Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio» (Juan 16:8, RV—60). Pero finalmente  él Comunica la  verdad. «Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda la verdad» (Juan 16:12, RV—60).

Un poco de aplicación a esto

¿Dice Juan que no necesitamos el libro para bailar? Por supuesto que no; él ayudó a escribirlo. Emoción sin conocimiento es tan peligrosa como conocimiento sin emoción. Dios procura un equilibrio. «Dios es Espíritu, y los que le adoran deben hacerlo conforme al Espíritu de Dios y a la verdad» (Juan 4:24). Lo esencial es que sepas que la música está en ti. «Si Cristo vive en vosotros, el espíritu vive porque Dios os ha librado de culpa» (Romanos 8:10). No necesitamos una fórmula para oírlo. Yo no tengo un plan de cuatro pasos para ayudarte a conocerlo. Todo lo que tengo es la promesa de que el Consolador vendría a consolar, a convencer y a comunicar. Así es que piensa en esto: ¿Te han consolado alguna vez? ¿Alguna vez Dios te ha dado su paz cuando el mundo te dio su dolor? Si es así, has oído la música. ¿Te han convencido alguna vez? ¿Has sentido en algún momento una estocada de tristeza por tus acciones? Entonces, el Espíritu Santo te ha tocado. ¿O has entendido alguna vez una nueva verdad? ¿O has visto de manera diferente un viejo principio? La luz llega. Tus ojos se abren. « ¡Ajá! ¡Ahora entiendo!» ¿Te ha pasado eso alguna vez? Si es así, ese fue el Espíritu Santo comunicándote una nueva verdad. ¿Qué tal? Él ya ha venido obrando en tu vida. Y dicho sea de paso, para los que hemos pasado años tratando de hacer el trabajo de Dios, esta es una gran noticia. Es mucho más fácil izar la vela que remar. Y es muchísimo más fácil hacer que la gente se una al baile cuando Dios toca la música.

“Padre malo…padre bueno…”

Hace algunos años atrás el inversionista Robert Kiyosaki, también llamado el “maestro millonario”, trató de explicar por medio de su libro “Padre rico, padre pobre” que  existe   este tipo de relación en la mentalidad de mucha gente. Es decir porqué  existen este tipo de personas (que en el libro se le relaciona con el “padre pobre”) y porque existen otras que no perciben la misma inseguridad e incomodidad cuando se habla de dinero (el “padre rico”). En su libro también nos explica, según él,  con sencillos pasos lo que hace el “padre rico” para manejar su dinero y la diferencia que hace el “padre pobre”, aunque este último como se lee en el libro, en realidad no maneja su dinero. Según Kiyosaki, hay una diferencia entre lo que enseñan los ricos a sus hijos acerca del dinero, y lo que la clase media y pobre ¡no!

El libro comienza relatando algo sobre la infancia de Robert Kiyosaki , la cual se caracterizó por el contraste de dos padres, uno que era el padre rico que aún no era rico y otro, el padre pobre que aún no era pobre, pero que ambos le infundieron enseñanzas diferentes sobre el manejo de sus vidas y sobre el dinero, es así que teniendo dos perspectivas pudo interiorizar en los pensamientos de las personas que viven en este mundo de cambio constante y cuál es la manera en que cada uno observaba las situaciones de la vida. En pocas palabras la tesis del libro es que la manera en que pensamos así tendremos dinero. El  establece: o piensas como Padre rico y haces trabajar tu dinero para ti o piensas como Padre pobre y trabajas para el dinero[1].

Aunque muchas personas lo recibieron con mucho interés (fue un best seller) en realidad en lo personal, no me llamó mucho la atención un libro que promueve una mentalidad materialista y que mide el éxito por la manera en que manejamos el dinero.

Sin embargo si es curioso el énfasis  que hace respecto a la manera en que un padre puede influir en la forma de pensar de un hijo. Creo que en este aspecto es una realidad como el pensamiento de nuestros  padres nos marca para siempre.

Recientemente estudiaba la Escritura y me detuve en una porción de la Escritura que siempre me había llamado la atención pero nunca había tomado el tiempo para estudiarla más detenidamente. Es una frase que es dejada en la palestra de la vida, y que de una manera muy sutil nos demuestra una gran verdad, o mejor dicho una gran realidad. Esta expresión viene de los mismos labios del señor Jesucristo. La cita en mención aparece en Mateo 7:11. Observe lo que dice esta frase:

“Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le pidan” (NBD)

Pienso que esta porción de la Escritura nos habla de un binomio de Padre al estilo de Kiyosaki. Es decir “Padre malo…Padre bueno”. Es importante recalcar que mucho se ha dicho sobre ser padre. Toneladas de libros, seminarios, cursos sobre el reto de ser padre han sido escritas. Sin embargo a pesar de haber tanta información, tanta capacitación pareciera ser que no ha llegado al corazón de miles de hombres que cada día influyen de una manera no sana en la vida de sus hijos.

Por ejemplo El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en un reporte sobre el Estado Mundial de la Infancia 2011 estableció que en El Salvador, la mayor causa de desintegración familiar es la paternidad irresponsable con un 66.3%, seguido de razones migratorias y muerte con un 43%[2]. También establece que El 34% de los hogares salvadoreños es liderado por mujeres. El Salvador se encuentra entre el 20% de países con mayor desigualdad en el mundo, situación que afecta el acceso a oportunidades para su desarrollo y a bienes y servicios.[3] Por otro lado es curioso observar la mentalidad latinoamericana acerca de la paternidad o maternidad. Para muchos en nuestros continentes  la maternidad se considera como un destino del cual ninguna mujer se salva, mientras que la paternidad es una opción: se puede asumir o negar. Los roles maternos y paternos que la presión social obliga a cumplir, son definidos como que la maternidad es la razón de ser en la vida de las mujeres mientras que para los hombres, la paternidad es una manera de afirmar su masculinidad. Para la mayoría de los hombres, la paternidad existe mientras existe la relación con la madre de las criaturas; una vez que el lazo afectivo entre la pareja se debilita, también se debilita el lazo afectivo y económico con sus hijos/as. En nuestros países no existen los mecanismos legales suficientes para obligar a los hombres a asumir la paternidad[4].

Ante estos detalles nos damos cuenta que el asunto de ser padre conlleva muchas responsabilidades que la mayoría de hombres no  están dispuestos a afrontar. ¿Por qué es que se falla tanto como padre? ¿Qué hay dentro de la materia prima de la paternidad que hace que echemos a perder la tremenda oportunidad de construir en una vida?

Bueno observe la expresión de Jesus: “vosotros siendo malos”. ¿Qué tal eso? No dice “siendo limitados” o “siendo humanos” o simplemente “siendo necesitados”. ¡No¡ Dice literalmente “siendo malos”. Eso significa que hay dentro de nuestra materia prima como padres que nos obliga a hacer cosas malas.

Quiero que analicemos este concepto en el marco de todo el versículo. Quiero que descubramos una realidad que muchas veces es dolorosa y la aprendemos cuando ya es demasiado tarde. Y es que si nosotros no dependemos de una fuerza externa y poderosa el destino final de nuestra paternidad será “mala”. ¿Qué verdades enseña Jesús en este texto sobre los padres?

  • En primer lugar Jesús hace una descripción de la paternidad. “Pues si vosotros”.

¿Quiénes son vosotros en este pasaje? Debemos recordar que la advertencia de Jesús está dentro del contexto de las enseñanzas  del monte. Está rodeado de gente, pero también de sus discípulos. Por otro lado el contexto inmediato determina que está dentro del tema de la oración o por lo menos de pedir a Dios por sus necesidades. En esta descripción Jesús establece tres principios. Describe una conclusión. La expresión “pues” puede traducirse como “entonces” o se puede intercambiar por “por tanto”. Esta expresión denota un resumen concluyente de una argumentación anterior. Cuando Jesús diserta sobre la oración y sobre pedir y se introduce en el tema de los padres, el al observar al ser humano en contraste con Dios concluye que nosotros somos malos. Esta conclusión nos hará por un lado preocuparnos por nuestra condición pero alegrarnos porque Dios ya lo sabe. La conclusión de Dios nos libera. Pero no sólo describe una conclusión. Sino que también describe una situación. Me llamó mucho la atención el uso que Jesús hace del pronombre vosotros. Esto implica varias revelaciones. Primero habla de que es un mal general. No es uno o unos pocos, el vosotros incluye a todos. Segundo es un mal imparcial, porque el vosotros incluye tanto a los discípulos como a los oyentes como a los no creyentes, etc. Este tipo de pronombre describe que aun siendo un seguidor de Jesucristo podemos ser víctimas de lo malo que hay en nosotros. La situación de Dios nos lacera. Es decir nos hace sentir realmente las heridas a todos. No hay excepciones, no podemos mostrar que a nosotros no nos afecta.  La tercera cosa que describe Jesús es una condición El uso del condicional “si” nos demuestra que no hay ninguna duda en nuestra condición como padres. No es que Dios tuviera duda de lo que somos capaces de hacer, al contrario Dios conoce realmente lo que somos capaces de hacer.  La condición de Dios nos lidera. Dios sabe que seguimos una tendencia mala, y que dentro de nosotros lo que mejor nos sale es hacer lo malo. Y que el mal se convierte en uno de nuestros mejores líderes. Tenemos la gran tendencia a seguir lo malo.

  • En segundo lugar Jesús hace una declaración de la Paternidad. “…siendo malos…”

El texto tiene dos cosas importantes con respecto a la declaración. Es una declaración real. Jesucristo usa el participio presente del verbo ser o estar. Este verbo por ser un participio presente denota calidad e intensidad en la acción del verbo. Pero por estar en tiempo presente refleja un estilo de vida permanente y visible. Es importante observar que la declaración no dice “vosotros haciendo” o “vosotros intentando”. No se trata de un hacer, se trata de un ser. Significa que el ser conlleva la idea de algo que nos pertenece que ya es natural en nosotros y por lo tanto es algo interno. Históricamente hubo una discusión sobre el asunto de la depravación del hombre. Tanto Agustín como Pelagio se enfrascaron en altos debates acerca del hombre, la maldad y la salvación. Las posiciones que se enfrentaron fue resumida en la famosa frase: “¿el hombre es pecador porque peca o el hombre peca porque es pecador? La primera parte de la controversia establecía que el hombre era pecador por lo que hacía y la segunda parte establecía que el hombre era pecador y como consecuencia lo demostraba pecando. La primera parte apela a lo externo y la segunda a lo interno[5]. Este pasaje demuestra que en realidad el hombre es malo, nace malo y que en su interioridad sin la regeneración de Cristo es malo. Pero en segundo lugar es una declaración legal. La palabra que Jesús utiliza aquí es la palabra “poneros”. Esta  palabra griega ponerós,  difiere de kakós, otra palabra para malo, y  que se refiere a un carácter esencialmente vil y perverso, y también de saprós, que alude a algo que es inservible y se ha corrompido, algo que se ha degenerado y ha perdido su virtud original. En cambio la palabra griega ponerós denota a alguien que es maligno de manera perniciosa y dañina, alguien que afecta a otros e influye en ellos para hacerlos malignos y despiadados. Satanás, el diablo, es esta persona maligna, en cuyo poder yace el mundo entero (v. 19). Y de hecho Juan utiliza esa descripción. ¿No es muy fuerte esta palabra? Si esto es así, estamos en serios problemas porque judicialmente hemos sido declarados malignos.  ¿Cómo podemos entonces ser buenos padres con semejantes condiciones? Estando conscientes de que somos el padre malo, pero Dios es el padre bueno.

En tercer lugar Jesús hace derivación de la Paternidad. “…sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos…” Ahora bien a pesar de los problemas que como padres podamos tener, Dios es justo al reconocer que a pesar de ser malos, muchas veces podemos hacer cosas buenas sobre todo cuando se trata de nuestros hijos. Algo bueno sale de lo malo que somos. ¿Por qué hacemos lo bueno? Primero por la inteligencia. “sabéis dar”. La expresión “sabéis” denota experiencia, intelecto, discernimiento. De alguna manera el hombre aprende a dar cosas buenasSegundo por la influencia. “dar” Sin embargo por el uso del perfecto en el texto original, se debe traducir “has sabido dar”. Esto implica que la condición de dar es puntual y no constante. Y además implica selectividad e interés al dar. El ser humano es influido por circunstancias y personas a dar. No es un dar espontáneo sin esperar recibir nada a cambio. Tercero por incidencia. Observe que hay una incidencia de las buenas dádivas. El texto establece que son cosas buenas, de buen valor y calidad. La palabra “agathos” para “buenas” demuestra una cosa muy estimada y de calidad. Sin embargo es obvio que la calidad de la cosa está supeditada a que son  para “vuestros hijos”. Es obvio que un padre busca dar lo mejor a sus hijos. Sería extraño que de lo mejor a los que no son los hijos y a los que si son sus hijos los maltrate.. En griego hay distintas palabras para designar hijo. La primera es teknion se refiere a un hijo bebé. La segunda es  teknon se refiere a un hijo que está madurando pero no está listo para asumir responsabilidades. Y la tercera se refiere a  Huios  que es alguien  está listo para asumir responsabilidades, quien ha pasado por la ceremonia de “adopción”. Es muy importante observar que la expresión para hijos aquí es “teknon”. Implica que las dádivas que el padre le da es cuando el las necesita y aún no ha madurado. Mucho  de lo que los padres damos a nuestros hijos buscan incidir en la calidad de vida de ellos. Y porque no decirle también busca incidir en el futuro de los padres cuando ya sean viejos. Los padres saben cómo dar cosas buenas a los hijos, en momentos oportunos, y con el propósito de una inversión tanto en la calidad de vida de sus hijos como en la futura calidad de vida de los padres.

En cuarto lugar Jesús hace una desvinculación de la Paternidad. “…Cuanto más vuestro Padre… Si lo anterior describe al padre malo lo que sigue a continuación describe al padre bueno. Note como Dios se desvincula totalmente de lo que es un padre terrenal.  La primera desvinculación tiene que ver con la identidad del Padre. “Cuánto más”…Jesús establece que la identidad del Padre es distinta al padre terrenal. Es superior en cuanto a su ser. Es todo bueno en contraste con el todo malo del hombre. El sabe todo, conoce todo y puede dar todo. Así es nuestro Padre. La segunda desvinculación tiene que ver con la localidad del Padre. “está en los cielos”. Nuestro Padre tiene una ubicación superior a la de un padre terrenal. Es regidor del universo por lo tanto puede controlar mejor las cosas tanto las de esta temporalidad como la de la eternidad. En tercer lugar la desvinculación del Padre tiene que ver con su capacidad.  “…dará buenas cosas a los que se lo pidan…” Para que Dios muestre su capacidad debemos entender su calidad como padre “dará buenas cosas”, es decir cosas mejores que el padre terrenal. Segundo podemos ver la afinidad. Son para aquellos que tienen una relación con Dios que se atreven a pedírselo, que tienen una saludable comunicación con su padre.

Hemos visto entonces que Jesús habla de padre malo…Padre bueno. ¿Cómo desarrollamos una paternidad saludable a la luz de este texto?

He aquí cuatro pensamientos importantes….

Primero sea realista…se padre no es algo que le nazca a uno, debe aprender a serlo. Eso significa que muchas veces no debe desanimarse porque quiera irse, o no quiera nada con los hijos…Jesús lo dijo usted es “malo” y muchas veces no es lo más saludable para sus hijos.

Segundo, sea transparente… No finja algo que no es. No utilice propaganda de las redes sociales para magnificar algo que simplemente no lo es. Aprenda a reconocer sus errores, sus limitaciones, aprenda a dialogar sobre las malas decisiones con sus hijos. Se vulnerable. Recuerde que no  es el tipo de la batalla.

Tercero, sea sensible… Debido a que usted es malo, vulnerable y va a fallar, tenga a Dios como su modelo, y haga de él su fuente de autoridad. Enséñele a su hijo a confiar en el Padre bueno y a identificarse con el padre malo. No se convierta en un ídolo para su hijo, no se enseñoree de él. Haga que su hijo tenga confianza en el Padre bueno…

Cuarto, sea sabio. Debe recordar que Dios no lo llamó a ser perfecto sino honesto con su vocación paterna. Recuerde que le dará cuentas a Dios de sus hijos, sin embargo mientras más ocupe la sabiduría de Dios mejor construirá sobre la vida de sus hijos.

Quinto, sea sensato.  Dios le manda a dar lo mejor que pueda a su hijos. Quizás no le nacerá hacerlo siempre, pero los momentos claves en la vida de sus hijos, esté presente para aportar buenas dádivas. Hay momentos en que los hijos lo necesitarán, y al final ya no lo van a necesitar. Recuerde que los hijos se van, y muchos de ellos lo ignorarán en la vejez haya dado cosas buenas o no. Sin embargo si usted pierde hijos y le son ingratos recuerde que jamás quedará huérfano porque su Padre jamás lo abandonará. Así que sea sensato como ve a sus hijos, no los vea como sus dioses, como lo mejor de este mundo, de hecho no pueden ser lo mejor de este mundo porque lo han tenido a usted que es un padre malo que puede  dar cosas buenas.

[1] https://es.scribd.com/doc/8795341/Resumen-y-Comentario-de-Padre-Rico-Padre-Pobre

[2] http://www.laprensagrafica.com/el-salvador/social/202067-el-60-de-menores-vive-en-hogares-desintegrados.html

[3] Ibíd.

[4]http://www.isdemu.gob.sv/index.php?option=com_content&view=article&catid=25%3Aavisos-ciudadano&id=577%3Apaternidad-responsable&Itemid=76&lang=es

[5] http://todopensamientocautivo.blogspot.com/2010/02/la-controversia-entre-agustin-y-pelagio.html

“…Encontrando oro en la basura… II parte”

Esto fue lo que Jesús hizo. En primer lugar encontró potencial en lo malo. Es decir encontró bien en el mal. Sería difícil encontrar a alguien peor que Judas. La Biblia dice que Judas «era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella» (Juan 12:6). El hombre era un mafioso. De alguna manera pudo vivir en la presencia de Dios y experimentar los milagros de Cristo y sin embargo seguir sin cambio alguno. Al final decidió que prefería el dinero al amigo, así que vendió a Jesús por treinta monedas de plata. Judas fue un bandido, un impostor, un sinvergüenza. ¿Cómo podría alguien verlo de alguna otra manera? No lo sé, pero Jesús lo hizo. Apenas a centímetros de la cara del traidor Jesús le miró y le dijo: «Amigo, ¿a qué vienes?» (Mateo 26:50) ¿Leyó eso? Qué vio Jesús en Judas para considerarlo todavía digno de llamarlo amigo, ni siquiera puedo imaginármelo. Pero sí sé que Jesús no miente, y en ese momento vio todavía algo bueno en un hombre muy malo. De hecho la palabra “amigo” aquí es la expresión “hetaira” que se puede traducir, compañero, amigo, colega, militante del mismo bando. El potencial que Jesús observa consta primero de un trato con dignidad: “amigo” y una pregunta sobre la intimidad. La declaración de la dignidad demuestra que Dios no es tu enemigo. Y la pregunta sobre la intimidad demuestra que Dios te da todavía una última oportunidad de recapacitar. Si notamos Judas no contesta la pregunta ni reacciona ante la declaración de Jesús. Dignidad e intimidad dos elementos que debemos considerar cuando enfrentamos lo malo.  Sería provechoso si nosotros hiciéramos lo mismo. ¿Cómo? De nuevo Jesús nos da la guía. No le echó toda la culpa a Judas. Vio otra presencia esa noche: «mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas» (Lucas 22:53). De ninguna manera Judas fue inocente, ni tampoco estaba actuando solo. Los que lo atacan a usted tampoco están actuando solos. «Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra de maldad en las regiones celestes» (Efesios 6:12). Los que nos traicionan son víctimas de un mundo caído. No tenemos que echarles toda la culpa. Jesús encontró suficiente bien en la cara de Judas como para llamarle amigo, y puede ayudarnos a hacer lo mismo con los que nos ofenden.

En segundo lugar no solo que Jesús encontró potencial en lo malo, sino que encontró propósito en el dolor. De las aproximadamente cien palabras que Jesús pronunció durante su arresto, casi treinta se refieren al propósito de Dios. « ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?» (Mateo 26:45). «Más todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas» (v. 56). Jesús escogió ver su lucha inmediata como parte necesaria de un plan mayor. Vio el conflicto en el Getsemaní como un acto importante pero singular en el grandioso manuscrito del drama divino. Allí donde otros veían cielos nublados, Jesús veía orden divino. Su sufrimiento fue necesario para cumplir la profecía, y su sacrificio fue necesario para cumplir la ley. ¿No le gustaría tener un corazón lleno de esperanza? ¿No le gustaría ver el mundo con los ojos de Jesús? Donde vemos oración no contestada, Jesús vio oración contestada. Donde vemos la ausencia de Dios, Jesús vio el plan de Dios. Observe especialmente el versículo 53: « ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que Él no me daría más de doce legiones de ángeles?»

Pero en tercer lugar de todos los tesoros que Jesús vio en la basura, este es el más significativo. Vio la presencia de su Padre en el problema. Vio a su Padre. Doce ejércitos de ángeles estaban al alcance de su vista. Usted podrá alegar que Jesús era Dios. Que podía ver lo invisible. Que tenía ojos para el cielo y visión sobrenatural. Y usted no puede ver como Él veía. Todavía no, tal vez; pero no subestime el poder de Dios. Él puede cambiar la manera en que usted ve la vida. ¿Quién dice que lo mismo no le puede ocurrir a usted? Dios nunca promete eximirnos de nuestras luchas. Lo que sí promete, no obstante, es cambiar la manera en que las vemos. El apóstol Pablo dedica un párrafo para hacer una lista de las bolsas de basura: aflicciones, problemas, sufrimientos, hambre, desnudez, peligro y muerte violenta. Son los verdaderos botaderos de basura de dificultad de la que anhelamos escapar. Pablo, sin embargo, indica su valor: «En todas estas cosas tenemos la victoria completa por medio de Dios» (véase Romanos 8.35–37). Nosotros preferiríamos otra preposición. Optaríamos por « aparte de todas estas cosas», o « lejos de todas estas cosas», o incluso « sin todas estas cosas». Pero Pablo dice: « en» todas estas cosas. La solución no es evadir el problema, sino cambiar la  manera en que vemos nuestros problemas. Dios puede corregir su visión.

El Pelícano es el barco menos deseado del mundo. Desde 1986 ha sido el vagabundo de alta mar. Nadie lo quiere. Sri Lanka no lo quiere. Las Bermudas, tampoco. La República Dominicana no lo quiso recibir. Igual que Holanda, las Antillas y Honduras. El problema no es el barco. Aunque está oxidado, este carguero de 142 metros (466 pies) puede navegar perfectamente. El problema no son los propietarios, pues la licencia y los impuestos están al día. El problema no es la tripulación. Puede que se sientan rechazados, pero son eficientes. Entonces ¿cuál es el problema? ¿Por qué lo han rechazado durante años? Sri Lanka le dijo adiós. En Indonesia no lo dejaron entrar. Haití lo rechazó. ¿Por qué el Pelícano es el barco menos deseado del mundo? La razón es muy simple: está lleno de basura. Quince mil toneladas de basura. Cáscaras de naranjas. Botellas de cerveza. Periódicos. Perros calientes a medio comer. Basura. La basura de Filadelfia del largo verano de 1986, cuando los empleados municipales se pusieron en huelga. Los montones de basura eran como montañas. Georgia la rechazó y Nueva Jersey también. Nadie quería la basura de Filadelfia. Entonces el Pelícano entró en escena. Los propietarios pensaron que podrían hacer dinero rápido transportando la basura. Así que quemaron la basura y depositaron las cenizas en el fondo del barco. Pero nadie la recibía. Primero porque era demasiada. Luego por ser muy vieja[1]. ¿Quién quiere basura potencialmente tóxica? La precaria condición del Pelícano es una prueba. Los barcos llenos de basura no hacen amigos fácilmente. La precaria condición del Pelícano es también una parábola. A los corazones llenos de basura no les va mucho mejor. ¿Hay alguna relación entre tu vida y el Pelícano? ¿Nadie te quiere? ¿Vas a la deriva entre amigos y familia? Si es así, te convendría ver si tienes basura en el corazón. ¿Qué puerto quiere acoger a un corazón maloliente? Como hemos visto la vida nos vacía la basura en la cubierta. Tu marido trabaja demasiado. Tu esposa se queja demasiado. Tu jefe espera demasiado de ti. Tus hijos lloran demasiado. ¿Cuál es el resultado? Basura. Cargas y cargas de enojo. De culpa. De pesimismo. Amargura. Fanatismo. Ansiedad. Engaño. Impaciencia. Todo se va amontonando. La basura nos afecta. Contamina nuestras relaciones. Eso fue lo que le pasó a Caín. Antes de tener sangre en las manos, tuvo enojo en la mente. ¿Y Marta? Primero se entrometió con su actitud antes de ponerse a pelear con la lengua. ¿Y qué de los fariseos? Mataron a Cristo en sus corazones antes de matarlo en la cruz. Puede estar seguro de esto: Los pensamientos de hoy son las acciones de mañana. Las tribulaciones del Pelícano empezaron con la primera pala de basura. La tripulación debió haberla devuelto de entrada. La vida hubiera sido más fácil para todos los que estaban abordo si no hubieran permitido que la basura se acumulara. La vida sería mejor si hicieras lo mismo. Hay gente que no sabe que tenemos una opción. El ejemplo de Jesús se levanta como una luz en medio de la basura. Debido a su actitud   no cargó con ninguna basura en su vida sino que al contrario pudo encontrar oro en medio de la basura. Usted y yo podemos hacer lo mismo…

[1] 1 Jerry Schwartz: «Where Does One Stash That Trash Ash?» San Antonio Express News, 3 de septiembre de 2000, sec. 29A