¿Cuentos o cuentas?

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Un empresario iba a salir de viaje y llamó a sus gerentes para avisarles de su salida. Mientras explicaba la razón de su viaje les asignó una cuenta de productos para que la hicieran crecer, mientras él estaba fuera. El hombre se fue y los gerentes empezaron su trabajo de hacer crecer las cuentas. Al regreso del hombre llamó uno por uno a sus gerentes y les pidió cuentas de su trabajo. De los cuatro gerentes, tres habían hecho crecer sus cuentas al 100%, pero uno de ellos no sólo no había hecho crecer la cuenta sino que estaba a punto de perderla. Cuando el dueño le confrontó, el gerente puso muchas excusas y argumentos bastantes sólidos por lo que no había podido realizar un buen trabajo. A medio discurso el dueño le interrumpió y le dijo: “Señor lo que no son cuentas son cuentos”.

Esta frase me quedó en el pensamiento. “Lo que no son cuentas son cuentos”. Me puse a pensar en mi propia vida cristiana y en mi responsabilidad como mayordomo de Dios. ¿Qué pasaría si Jesús se apareciera y me llamara a dar cuentas? ¿Mi respuesta en lugar de cuentas serían puros cuentos? Le hago esta pregunta ¿Cuándo Jesús lo juzgue a usted como cristiano le va a dar cuentos o cuentas?

Jesús acababa de tener su conversación con Zaqueo, siendo todos testigos de su arrepentimiento y gran poder de salvación,  pensaban que el reino se iba a manifestar en esos momentos, yendo a Jerusalén. Jesús, pasando por Jericó, iba de camino a Jerusalén. Era ya el final de su ministerio aquí en la tierra. No sólo sus discípulos pensaban que entraría triunfante en Jerusalén, manifestando el reino de Dios de manera visible, también los fariseos esperaban que el Mesías debía de venir pronto a establecer el reino mesiánico (17:20 evidentemente, no creían que era Jesús).

Al igual que muchos cristianos profesantes hoy en día creen que la iglesia va a establecer el reino en este mundo de un momento a otro, aquellos discípulos creían que Jesús (mejor doctrina tenían ellos) iba a introducir inmediatamente con pompa y poder ese reino, haciendo de Jerusalén la capital del mismo. Entendiendo Jesús los pensamientos y expectativas de sus discípulos y de otros oyentes allí, les saca del error en el que estaban, relatándoles una parábola. La parábola de las diez minas.

En la parábola, el hombre noble, primeramente se dirige a diez siervos suyos. Cristo se dirige primeramente a los que estaban con él, según el sentido de la parábola. éstos, hacía poco que discutían entre sí sobre quién sería el más importante en el reino; nótese que Cristo se dirigía a Jerusalén, y creían que haría el milagro de manifestarse en su poder y dar comienzo al reino mesiánico desde esa ciudad. Esperaban que siendo sus apóstoles y servidores más cercanos, serían promovidos a los puestos de más alto honor y rango, sin embargo, el Señor les declara que, en lugar de pensar en honores y prebendas, debían pensar en ponerse a trabajar, «negociando» con el tesoro que se les otorga. Ellos soñaban con sentarse a la derecha y a la izquierda del Rey (Mt. 20:21; Mc. 10:37), pero el Mesías les hace despertar a la dura realidad de los próximos trabajos que iban a venir, en lugar de animarlos en sueños de gloria la cual todavía estaba lejana en el tiempo. El mensaje de Señor por medio de esa parábola a sus discípulos era: Tienen un gran trabajo que realizar a partir de que me vaya. No es tiempo de pensar en glorias terrenales, sino en servicio.

La frase que se puede destacar en el texto de Lucas es la expresión “negociad entre tanto vengo”. Otra versión dice “invertir en lo que se les ha otorgado”. La versión La Voz lo pone de esta manera: “comprar y vender hasta que yo regrese”. La idea es la de ser productivos y no pasivos.

Estamos hablando de las cosas que importan a la luz de la venida de Jesús. La primera cosa que vimos es que debemos estar orando ante el regreso de Jesús. Pero una segunda cosa que debemos entender es que debemos estar negociando ante el regreso de Jesús.

Algo que me está preocupando últimamente es el hecho de que muchas personas podemos caer en el error de simplemente vivir una vida tan secular y mundana que nos olvidamos de lo que Dios nos ha dado y de que eso que nos ha dado un día rendiremos cuentas. Ante tanta pasividad y desgano que ha generado la pandemia del Covid19 debemos reaccionar nuevamente y despertar el fuego del don que Dios nos otorgó.

¿Cómo espera Dios que negociemos con nuestra vida cristiana? ¿Por qué debemos hacerlo? ¿Para que debemos hacerlo? Muchos se preguntaran esto. Simplemente estamos cómodos aguardando que Jesús regrese y no nos damos cuenta que su regreso en realidad será un ajuste de cuentas de lo que Dios nos dio para invertir en su reino hoy.

Al entrar en el texto me gustaría hacer tres declaraciones importantes que nos pueden ayudar a ver la urgencia y el peligro de no ocuparnos en las cosas de Dios en esta vida.

La primera tiene que con la comisión que se nos ha otorgado. La segunda tiene que ver con la reacción con la que respondemos y la tercera tiene que ver con la retribución de lo que  logramos. La primera tiene que ver con el porqué, la segunda tiene que ver con el con qué y la tercera tiene que ver con él para qué.

En primer lugar quiero que observemos la  comisión otorgada.

Si observamos el texto comienza diciendo. “Llamando”. La expresión en realidad es un verbo aoristo que se debe traducir como “llamó”. En esto vemos la acción de Dios. Debemos entender que Dios está activo en su reino. Pero la manifestación de esa actividad de Dios son usted y yo. Dios quiere avanzar su reino a través de nosotros sus hijos. Somos el instrumento en las manos de Dios para que el reino avance. Si no hay gente disponible, el reino no avanzará como se esperaría que lo hiciera. Esa acción de Dios es real y completa. Las personas no se dan cuenta que más que una profesión de vida, tienen un llamado de Dios en su vida. Este llamado es espiritual y con lleva asuntos del orden espiritual.  La segunda cosa que es interesante con respecto a la comisión otorgada es que no sólo refleja la acción de Dios, sino también la decisión de Dios. Dice el pasaje “diez siervos suyos”. Pudo haber escogido dos, veinte, cincuenta etc. Pero elige 10. Lo que viene a demostrar que Dios tiene criterios que desconocemos con respecto a la forma en la que llama. La expresión doulos siempre tiene la connotación de estar al servicio de alguien que es su dueño. Lo que viene a demostrar que de todo lo que recibo soy administrador y no propietario. Es importante recalcar que hay una gran diferencia entre percibir a Jesús como Salvador  y a Jesús como Señor. Implica que si llegamos a recuperar el concepto de Señorío de Cristo, no tendríamos pretextos para desobedecer lo que Dios decide sobre nuestras vidas. Una cosa es decir que para ser salvo un pecador necesita reconocer la autoridad divina que Jesús tiene como Dios o como el Hijo de Dios. Pero una cosa muy diferente es decir que para que un pecador sea salvo este se debe someter a Jesús como el gobernador de su vida. La primera es un reconocimiento de la posición y poder de Jesús como Dios, la segunda requiere una respuesta subjetiva hacia Él como Gobernador. La Biblia tiene ejemplos de pecadores salvos que se dirigieron a Jesús como Señor sin someterse a Él (Juan 4:11 , 15 , 19 ; 9:36).

Durante la Segunda Guerra Mundial el General Douglas MacArthur salvó a Filipinas. Él fue capaz de salvarla porque él tenía una posición de poder de un general del ejército de los Estados Unidos de América de cuatro estrellas. Para la gente de Filipinas, sin embargo, MacArthur no fue su general, ni se les pidió que se sometieran a él como general. Ellos sólo necesitaron aceptar la ‘salvación’ que él les ofreció pero no su señorío. Hay muchos cristianos de esa forma. Sólo aceptamos lo que nos conviene de la obra de Jesús pero no lo que es nuestra responsabilidad. La tercera cosa que veo aparte de la acción de Dios, la decisión de Dios  es la dirección de Dios. Observe que el texto expresa “les dijo”. Una vez más el verbo aoristo permite por lo menos dos o tres observaciones puntuales con respecto a la dirección de Dios. Primero la dirección tiene claridad. Todo lo que Jesús les dice son términos que son entendibles y específicos acerca de lo que quiere de nosotros.  También la dirección de Dios tiene corporeidad. Nótese que está en plural. Es una palabra comunitaria, que es recibida en grupo. Todos están oyendo lo mismo.  Y tercero la dirección de Dios tiene autoridad. El hecho de que el Señor declare esta palabra implica que se convierte en la prioridad que deberá cambiar nuestra vida. Muchas personas no entienden que cuando Dios dice algo, en realidad por ser lo que es no es una sugerencia lo que dice sino un mandamiento. Desechamos la autoridad de Dios, por nuestros pequeños reinos y nuestras propias agendas.

Hasta aquí hemos observado la primera gran verdad con respecto a la comisión. Estamos bajo comisión y es nuestra responsabilidad hacerla. Esta comisión se hace por que la acción de Dios lo hace, porque la decisión de Dios lo quiere y finalmente por la autoridad de Dios lo exige. ¿Qué haremos con nuestra comisión?

Como cristianos, a veces caemos en la selectividad de lo que queremos o no cumplir. Queremos orar, ir a la iglesia, cantar, leer nuestra Biblia, pero nos cuesta cumplir el mandato que Jesús nos dejó. Si tenemos la autoridad que Jesús nos dejó, ¿por qué nos resulta tan difícil evangelizar? Pese a que el avance de la tecnología nos ha permitido alcanzar a muchas más personas que antes; sin embargo, no dejamos de poner excusas para no compartir nuestra fe.  Hoy en día existen muchas herramientas que nos permiten alcanzar con el Evangelio a miles de personas incluso desde la comodidad de nuestros hogares. Además, podemos ser luz a otros con nuestro ejemplo de vida, y promover conversaciones con propósito. No seamos parte del grupo de cristianos que omite el mandato de hacer a Jesús conocido. Seamos seguidores que no esperan que las oportunidades se presenten, sino que dan el primer paso para iniciar esas oportunidades. Y cuarto tiene que ver con la realidad. Observe que Jesús usa una expresión interesante y es la expresión “entre tanto”. ¿Ya vio como Lucas define la realidad de nuestra vida? Es un para mientras, lo que vivimos aquí no es la realidad de nuestra existencia. Vivimos un paréntesis para algo mayor y más grande. Que ridículo es invertir y gastar toda su vida en un “para mientras”. Eso implica que nuestra vida no sólo es un paréntesis, sino que es transitoria, es un momento que nos dirige a algo más grande. No sólo es un paréntesis, o algo transitorio sino que es un tiempo que trasciende la eternidad.  Que triste es que una persona que vive un para mientras se aferre a algo que pronto va a desaparecer. Pero otro realidad aparece. Y es que el hombre dice “vengo”. Esa expresión demuestra que la vida termina no en la tumba sino ante el Creador que te dejó a cargo de sus recursos. Lo que significa que habrá una realidad de rendir cuentas.

En segundo lugar además de la comisión, tenemos tiene que ver con la reacción.

El vrs. 15 nos muestra las reacciones de los siervos ante el regreso del dueño. Observe que la primera reacción tiene que ver con la presentación del dueño. Es ante el dueño quién los comisionó que rendirán cuentas. El tiene el poder de hacerlo. El hombre dijo que volvería y el texto dice “vuelto él”. La segunda tiene que ver con la evaluación  del dueño. El texto dice “que mandó a llamar, para ver lo negociado”. El va a investigar que ha sucedido. Note que el llamado es individual y se basa en lo que hemos hecho con los recursos prestados. Sobre eso se va la evaluación.El texto utiliza para la palabra negociar el ver pragmateuomai. Este verbo significa hacer negocios, ganar interés de algo, realizar cosas eminentemente prácticas. Habla de saber hacer cosas que brinden resultados palpables.

La tercera cosa que vemos tiene ver con la revelación ante el dueño. Estos dos siervos ejemplifican a la mayoría de los siervos de Dios. Reciben lo mismo porque reciben de gracia, pero producen, unos más, otros menos, y se les recompensa conforme a lo que han obrado.

Hay tres grandes revelaciones con respecto a la mayordomía de estos tres siervos. Primero hay quienes realizan  su mayordomía con excelencia. Es la mayordomía óptima. Note que el primero incrementó la cantidad en 1000%. La mina que a la postre dio diez minas representa una entrega en el servicio excelente por parte del buen siervo. El segundo siervo representa eficiencia. Es la mayordomía promedio. La mina que dio cinco representa una entrega en el servicio mediocre, aunque mejorable. Y el tercero muestra su mayordomía con deficiencia. Todos reciben conforme a lo que han producido con lo que previamente recibieron de gracia,  O sea que hay tres formas de negocia. La excelente, la mediocre y la mala. ¿Cuál de ellas soy yo? O se puede ver como la óptima, la promedio y la deficiente. Según algunos establecen que una mina equivale a 560 dólares de oro. Esto implica que el de las 10 minas aumentó su inversión en 1000% por ciento. El segundo solo un 500 por ciento, aunque pudo lograr lo mismo que el anterior, se conformó con hacer 5 minas. Y el tercero al presentar “cuentos y no cuentas” pensó que enterrar el dinero lo conservaba, pero no se dio cuenta que lo que se esconde o se deja inactivo  se devalúa, porque no fluctúa. Dios no alienta la vagancia ni la inactividad de sus hijos. Dios quiere que podamos invertir en las cosas prácticas del evangelio.

La tercera gran verdad tiene que ver con la retribución. Jesús relata que los tres siervos evaluados tiene su recompensa o retribución. Al que trabaja excelente hay una felicitación. Le dice “buen siervo” y luego agrega fiel. Observe que la idea es que Jesús lo elogia en cuantos a su labor. Una cosa curiosa es que Jesús lo elogia sobre la base de que recibió poco, y produjo mucho. No se trata de tener mucho y hacer mucho. Se trata de lo poco que tenemos hacerlo producir mucho. Eso es eficiencia. Ahora lo curioso es que al segundo siervo que dio resultados, no le dice buen siervo y fiel, sino que simplemente le dice su promoción. Una cosa es que Dios me dé el resultado de mi inversión y otra es que Jesús me admire por mi fidelidad. Y al tercero la recomendación es que es un siervo malo. Porque no se dio cuenta de que la manera en que podía haber hecho algo productivo podría haber sido que otros produjeran. Por eso usa la ilustración del banco. Para Dios que hagamos que otros produzcan para el reino es tan valedero como si lo hacemos nosotros mismos. En segundo lugar hay una promoción. Dice que tendrá autoridad sobre diez ciudades. La promoción es proporcional al resultado de nuestra labor.  Observe que la promoción del tercero es despojarlo de lo que tenía y dárselo al que tiene más. No somos promovidos a nada cuando enterramos nuestros talentos. Y somos testigos del premio de otros que produjeron con sus talentos. Y tercero hay una evaluación. El vrs. 26 tiene una evaluación del reino de Dios. Observe cuando una persona no pone en uso sus dones ni tiene nada que dar, Dios le da más al que tiene más. La pasividad es alimento del comprometido y es para su propio beneficio.

Hemos visto tres grandes verdades con respecto a negociando a la luz de su regreso. Hemos visto que es un asunto de comisión, que es un asunto de reacción y que es un asunto sobre retribución.

Una tarde de domingo de 1771, un hombre llamado Valentín Haüy llegó a un restaurante en París para cenar. Se sentó cerca del escenario, y el espectáculo que estaban presentando esa noche contó con personas ciegas en una rutina de comedia. Ellos eran objetos de burla y crueldad. El acto fue diseñado para burlarse de su ceguera. Profundamente ofendido, Haüy comenzó a desarrollar una carga por los ciegos. Algún tiempo después, vio a un niño de la calle ciego que estaba rogando por monedas fuera de una iglesia parisina. Dándole algo de dinero al chico, Haüy estaba asombrado al ver al niño sentir las marcas en relieve en las monedas y distinguir las cantidades. Eso le dio una idea a Haüy. ¿Por qué no se pueden escribir libros con letras en relieve, como imágenes en monedas? ¿Por qué la gente no podía aprender a leer con sus dedos? Haüy sacó al niño de las calles, le ofreció comida y refugio, ideó un plan con bloques de madera y números, y le enseñó al niño leer. En 1784, Haüy inauguró la primera escuela del mundo para niños ciegos. Eso estuvo en París, y uno de los primeros maestros fue el niño ciego rescatado de las calles. Pero eso es solo el comienzo.

Varios años después, otro niño llamado Louis nació en el pueblo de Coupvray, Francia. Su padre era granjero y fabricante de arneses, y  al pequeño Louis le encantaba ver a su padre trabajar con herramientas de cuero. Pero la tragedia los golpeó en 1812 A los tres años cuando Louis jugaba con una correa sobrante de cuero, tratando de perforar agujeros en él. Su mano resbaló, y la herramienta afilada pinchó y le sacó un ojo. Luego una infección se propagó al otro ojo, así que  el pequeño Louis terminó ciego de ambos ojos de por vida. Un ministro local llamado Jacques Palluy amaba al niño y comenzó a visitarlo. que le leyera la Biblia. Al ver que el niño tenía una buena mente, el padre Jacques decidió que debía recibir una educación. Así que a los diez años, Louis se matriculó en la escuela que Haüy había establecido en París, donde demostró ser un estudiante brillante. Eventualmente, Louis comenzó a enseñar a otros estudiantes en la Escuela de París para el ciego. Estudió el método de lectura de Haüy, y también se dio cuenta de un sistema de comunicación militar desarrollado por un capitán del ejército francés que permitía a los soldados comunicarse en la oscuridad pasando los dedos sobre una serie de puntos y rayas. Aunque todavía era un adolescente, Louis Braille comenzó a adaptar estos sistemas en un programa propio; en 1829, a la edad veinte años, publicó un librito sobre el método de lectura Braille. La escuela residía en un edificio húmedo junto al río Sena. Hacía frío e insalubres, y la comida y las condiciones eran malas. Luis desarrolló tuberculosis, pero siguió trabajando en su sistema de lectura, que comenzó a ponerse de moda y pronto se exportaba a todo el mundo. Como la salud tan precaria pronto acabaría con su vida, Louis dijo: «Estoy convencido de que mi misión en la tierra ha sido logrado. Le pedí a Dios que me sacara de este mundo.”

Ahora piensa en la reacción en cadena de ese sueño en cascada. Un hombre desarrolló una carga por los ciegos cuando vio actores ridiculizados en el escenario y un niño mendigo en las calles. Su carga lo llevó a establecer una escuela e intentar un sistema de lectura. Luego, un pastor local desarrolló una carga por un niño ciego en otro pueblo y le enseñó la Biblia y anhelaba enviarlo a la escuela. Ese niño ciego, Louis Braille, desarrolló una carga para mejorar y ampliar el trabajo de Haüy. El mundo fue cambiado,  resultando, millones de almas ciegas han experimentado la alegría de leer el Biblia y otros libros por sí mismos durante casi dos siglos. Es posible que tú y yo nunca creemos un lenguaje para ciegos o construyamos un templo para el Señor, pero por favor recuerde que no hay tareas pequeñas en el Señor. Hay una labor que hacer por el reino de Dios, y no tiene nada de sueños insignificantes. Nuestro trabajo nunca es rutinario, nuestro trabajo es nunca se desperdicia, y nuestro legado es capaz de sobrevivirnos.

Cuando Jesús aparezca ¿cuál será su respuesta? ¿Redirá cuentas o rendirá cuentos?

Quiero sugerir cuatro principios que podemos tener claros para no caer en el peligro de no negociar.

  1. Primero recuerde que somos administradores y no propietarios
  2. Segundo, recuerde que Dios le ordena negociar pero le da la libertad en el cómo negociar.
  3. Lo tercero lo que se esconde se devalúa
  4. Lo que hacemos aquí repercute en lo que seremos en  la eternidad

¿…Qué tal estás durmiendo?

La soledad y su relación con el insomnio - Mejor con Salud

El Covid no es solo una enfermedad respiratoria. La pandemia está haciendo también estragos en la salud mental. Y uno de los indicadores es el incremento de los medicamentos vendidos para tratar la ansiedad, los problemas de sueño o la depresión. El consumo de estas sustancias para el sistema nervioso central subió un 4,1% entre enero y septiembre en el mundo entero durante la primera ola del coronavirus, según los datos de IQVIA, una compañía especializada en información sanitaria.

Esto significa que la gente está teniendo problemas para dormir con tranquilidad. ¿Está usted en estas estadísticas? ¿Le está costando dormir? Bueno déjeme darle un consejo.

El Salmo 4 es alentador porque nos dice que Dios se preocupa por nosotros y nos da varias bendiciones en medio de nuestras pruebas.

Primero, Él nos da la bendición de ampliación (v. 1). “Ensanchar” significa esta aliviado, también significa «agrandado», “ampliado” y finalmente alargado. Cuando Dios permite que los problemas se amplíen, Él también agranda a su pueblo; es decir, crecemos. David es un buen ejemplo de esto (Salmo 18:19, 36). Así que mis  dificultades revelaron mi carácter, y crecí. Los grandes problema conducen a una vida grande, lo que conduce a un lugar más grande y a sendas más amplias. Dios tenía un ministerio ensanchado para David, pero primero tuvo que hacerlo crecer.

Segundo, Dios nos da la bendición de la motivación. (vv. 2–3). Eventualmente, todos las causas terrenales fracasarán. Sólo el plan de Dios tendrá éxito. El Señor es nuestro escudo, nuestra gloria, y Aquel que levanta nuestra cabeza. En esta vida tendremos problemas, pero Dios nos anima y nos regresa la motivación.

Tercero, Dios nos da la bendición de la habilitación (vv. 4-5). Las dificultades siempre nos enfrentan cara a cara con la confianza que tenemos frente a la tentación o a la tribulación (Mateo 4:3-4). David tenía derecho a enfadarse. La ira puede ser usada por Dios para traer justicia, o puede ser usado por Satanás para provocar el pecado (Santiago 1:20). Meditar significa «discutir contigo mismo». Es muy fácil meditar cuando estamos acostados en la cama, pero Dios da tranquilidad cuando tomamos tiempo para meditar (Salmo 46:10). Cuarto, Dios nos da las bendiciones de la satisfacción. (vv. 6–8). La gente de David estaba desanimada. ¿Eres alguien que  desanima o alguien que anima? Como Cristianos, debemos estar claros y seguros que tenemos la sonrisa de Dios sobre nosotros (Números 6:25). Deberíamos exhibir alegría y gozo en el Señor. Dios añade a esto la bendición de la paz y de dormir. Esto es posible cuando Cristo es Salvador.

Así que aparta tus ojos del enemigo y ponlos sobre el Señor. La tentación de pecar es grande durante las dificultades, pero confía en el Señor, y Él te dará paz y gozo en medio de la dificultad. Las bendiciones de Dios están diseñadas para hacer más que simplemente consolarnos en nuestro dificultades; son para ayudarnos a crecer. Toma fuerza de saber que Dios está tejiendo Sus propósitos en tu vida y que Él recompensará tu confianza en Él.

Hermano esta palabra del Espíritu es para ti, toma un respiro y confía en El Señor, y vete a la cama y duerme en paz. Te lo mereces.

«…¿en dónde estás parado?

Dos de las palabras más populares en el vocabulario cristiano son bendición y bendecir. Dios quiere bendecir a su pueblo. Pero también quiere que sean receptores y canales de bendición. Dios nos bendice para hacernos una bendición para los demás, pero Él tiene ciertas condiciones para recibir bendiciones. El Salmo 1 versos 1-3 nos declaran esas condiciones.

Primero, debemos estar separados del mundo (vrs. 1).

El mundo es cualquier cosa que nos separa de Dios o nos hace desobedecerlo. La separación no es aislamiento pero contacto sin contaminación. El pecado suele ser un proceso gradual. Observe el declive gradual del pecador en el versículo 1.  Él está caminando (Marcos 14:54), de pie (Juan 18:18), y luego sentado (Lucas 22:55). Volverse mundano es progresista; eso sucede por grados. Nos hacemos amigos del mundo; nos vemos manchados por el mundo; amamos el mundo, nos conformamos con él y terminamos condenados con eso. Lot es un ejemplo de alguien que se volvió mundano. Miró hacia Sodoma, montó su tienda de campaña hacia Sodoma, vivió allí, lo perdió todo y terminó en pecado.

Segundo, debemos estar saturados con la Palabra (vrs. 2)

Lo que nos deleita nos dirige. Nos saturamos con la Palabra meditando en ella. Meditación es para el espíritu lo que la digestión es para el cuerpo. Cuando meditamos en la Palabra, permitimos que el Espíritu de Dios dentro de nosotros «digiera» la Palabra de Dios por nosotros. Así que no sólo si nos deleitamos en la Palabra, se convierte en una fuente de alimento espiritual para nosotros. Disfruta de las bendiciones que Dios tiene para ti y permítele que él te haga una bendición para otros. (Una tercera condición, estar situado junto a las aguas, es el tema de nuestra próxima devocional.)

En tercer lugar debemos estar situados junto a las aguas.(vrs. 3)

¿Estás situado junto a las aguas? Un árbol es una bendición. Fortalece el suelo, proporciona sombra y produce frutos. El piadoso son como árboles, con sistemas de raíces que profundizan en los recursos espirituales de Dios.  (v. 3). Pero lamentablemente, muchos cristianos profesantes no son como los árboles, sino que son como plantas artificiales o flores cortadas sin raíces. Pueden ser hermosos por un tiempo, pero pronto mueren. Un árbol necesita luz, agua y raíces para vivir. Todos tenemos recursos sobre los cuales fundamentamos nuestra vida. La pregunta que debemos hacernos es, ¿Dónde están nuestras raíces?

La persona que Dios puede bendecir es plantada por los ríos de agua. Debemos tener cuidado de no ser como los cristianos que están secos y marchitos y dependen de los propios recursos. Son como chiriviscos, soplados por cualquier viento de doctrina. Para tener las bendiciones del versículo 3, necesitamos cumplir con las condiciones de los versículos 1 y 2. Es decir, primero debemos estar separados del mundo y saturados con el Palabra para situarnos junto a las aguas.

Dios desea bendecirnos, pero necesitamos cumplir con ciertas condiciones para recibir Su Bendiciones. Damos fruto sólo cuando tenemos raíces, y debemos recurrir a recursos espirituales para producir frutos a su debido tiempo. Dar el fruto de la Espíritu, debemos permitir que el Espíritu obre en nosotros y a través de nosotros. En contraste con el creyente, los impíos no son como los árboles, sino que son como la paja. No tienen raíces, no producen frutos y desaparecen. El rechazo impío la Palabra de Dios y perecerá sin esperanza (v. 6). Como cristianos no debemos rechaza a los impíos pero trata de alcanzarlos. Dios nos bendice para que podamos ser un bendición a los demás. Su Espíritu nos ayuda a dar fruto que puede ayudar a ganar a los perdidos. ¿Eres como un árbol o como la paja? Necesitamos los recursos de Dios para dar fruto. Pero donde colocamos nuestras raíces es primordial. Sólo a medida que los hacemos crecer profundamente en los recursos espirituales de la gracia de Dios produciremos fruto. Haz de la Biblia tu recurso de la espiritualidad  Deléitate en ella y alimenta tu alma con su verdad. Dios puede usarte para alcanzar los perdidos.

¿…Que esperamos del futuro…?

🔥 Velad y orad, para que no entréis en tentación | Vigilia de Oracion -  YouTube

¿DÓNDE ESTABAS A LAS 11:58 P.M. del 31 de diciembre de 1999? ¿Qué pasaba por tu mente? ¿Tu corazón latía un poco rápido? ¿Te sudaban las palmas de las manos? ¿Le preocupaba lo que sucedería en los próximos dos minutos? ¿Te preocupaba el futuro? Esa es una fecha que la mayoría de nosotros nunca olvidaremos. Y cuando miramos hacia atrás ahora, nos sentimos un poco tontos por estar tan apretados, ¿no es así? Nuestra preocupación por el futuro inmediato era la energía desperdiciada. En marcado contraste, el futuro no preocupaba a Jesús, ni estaba preocupado por lo que podría suceder durante Su vida en la tierra. Jesús sabía lo que le deparaba el futuro, tanto para Él como para el mundo en general. Como resultado, podemos hacer con confianza cuatro afirmaciones sobre la relación de Jesús con el futuro.

Vivir a la luz de su venida es asunto principal. (Marcos 13:23)  En Marcos 13:23 Él dijo: «Pero presta atención; mira, te he dicho todas las cosas de antemano». Jesús tenía la costumbre de prepararnos para el futuro, incluso durante Sus días en esta tierra. Se esforzó por decirles a los que lo rodeaban algunas de las cosas que podían anticipar en los días venideros. Jesús habló mucho sobre el futuro. Vivir a la luz de su venida es un  asunto trascendental.  (Marcos 13:33) Jesús reprendió a la gente por no saber sobre el futuro. Jesús también reprendió y exhortó  a la gente porque no parecían reconocer que los eventos profetizados importantes estaban teniendo lugar a su alrededor. No era poca cosa para Él que la gente de Su generación permaneciera ignorante de la Palabra profética de Dios. Esperaba que abrieran los ojos, miraran a su alrededor y juntaran dos y dos. La Biblia nos instruye a estar siempre buscando el día del regreso de Cristo, no con especímenes de ojos salvajes, sino con un discernimiento sobrio y guiado por el Espíritu. Debemos investigar lo que la Biblia tiene que decir y pedirle a Dios que nos ayude a entender el día y la hora en que vivimos. No podemos permanecer ignorantes de «los signos de los tiempos» simplemente porque los pensamientos del futuro pueden hacernos sentir incómodos.  No debemos estar distraídos. MIRAD es prestar atención, tener los ojos abiertos, Observar, Ver atentamente, a nuestro alrededor, a nosotros mismos, al cielo, las señales de Dios; muchas veces no MIRAMOS porque estamos tan preocupados por nuestras ocupaciones, preocupaciones y Asuntos, que quitamos la MIRADA en lo que Dios quiere avisarnos o comunicarnos; los problemas, la diversión y entretenimiento, nos mantienen como SONAMBULOS, que no nos damos cuenta de lo que pasa a nuestro derredor, estamos como DORMIDOS con los ojos físicos abiertos, pero los espirituales cerrados. No debemos estar desconectados. VELAD es mantenerse alerta, Vigilante, Atalayar, Cuidar , nos descuidamos cuando ponemos nuestra confianza en otras cosas más que en Dios, que es el que nos ha dado todo, el que nos provee todo, el sol, el aire, el agua, la familia, la vida, las plantas etc. Velar es estar despiertos no sonámbulos. Debemos estar direccionado. ORAD es mantenernos en comunión con Dios, alabando, dando gracias por todo, hablar con El, pidiendo dirección, intercediendo por todo y por todos, rogando y suplicando por nuestras necesidades, ORAR no es una opción, es un MANDATO de Dios a nosotros «Orad sin Cesar» (1 Tesalonicenses 5:17) pues Dios sabe que si dejamos de ORAR podemos caer en tentación. Vivir a la luz de su venida es un asunto actual.  (Marcos 13:36).  El Señor usó la verdad acerca del futuro para animar e instruir a Sus discípulos acerca de su vida en día presente.  Por ejemplo, considere Juan 14:1–3: «No se turbe vuestro corazón; crees en Dios, cree también en Mí. En la casa de Mi Padre hay muchas mansiones; si no fuera así, te lo habría dicho. Voy a preparar un lugar para ti. Y si voy y preparo un lugar para ti, vendré de nuevo y te recibiré a Mí mismo; que donde yo estoy, ahí tú también puedes estar». Aquí Jesús conectó Su ascensión y regreso, ambos eventos futuros en el momento en que pronunció estas palabras, con la experiencia actual de paz de Sus discípulos. Él creía que al decirles a Sus seguidores lo que había en su futuro, se fortalecerían para vivir más vibrantemente en el presente.  Jesús reveló el futuro para que sus discípulos descansaran en Él. Cuando no sabes cómo va a funcionar todo, tienes que aferrarte firmemente al Señor Dios mismo y confiar en el Señor Jesucristo. Se nos dice que «descansemos» en el Señor. Ese es el mensaje que encontramos a lo largo del Nuevo Testamento. Entonces, en lugar de pasar todo su tiempo leyendo sobre el futuro y tratando de descubrir los matices de lo que podría contener, tal vez debería pasar al menos el mismo tiempo conociéndolo mejor. Entonces, cuando el futuro se convierta en el presente, puedes estar caminando con el Señor Jesucristo con fuerza. Y estarás haciendo las cosas que realmente importan.

Conclusión…

«Mirad, velad y orad» son las tres disposiciones de Jesús para los días finales, quienes buscan fechas exactas y predicciones misteriosas; no buscan verdaderamente la voluntad de Dios, Jesús no vino a hacer el papel de un comentarista del «tiempo», no es un adivinador del clima, sino que vino para ser Señor de todos, cuando la Iglesia está atenta «mirando», ejerciendo el amor «velando» y se presenta cada día delante de su Señor «orando» entonces vivimos en la Esperanza verdadera del retorno de nuestro Señor.

Amigo mío, si no conoces a Aquel de quien hablamos, esta voz por encima de todas las voces, lo más importante que debes hacer es entrar en una relación personal con Él. No es suficiente ir a la iglesia. El verdadero problema implica algo muy diferente de eso. El verdadero problema no es cantar himnos o hacer trabajo voluntario; ni siquiera es conocer la Biblia. Es conocer a Jesucristo. Jesús es el que dijo: «He venido para que tengan vida, y para que la tengan más abundantemente» (Juan 10:10). Jesús dio Su vida por ti, y si le das tu confianza y haces que las cosas que él dice realmente importan, no solo te dará hoy, sino que te dará el futuro. Puedes caminar hacia ese futuro con Su mano en la tuya, rebosante de confianza y sin miedo, sabiendo que Él es tu refugio y tu fuerza.

«no se desenfoque…por favor…»

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Somos Peregrinos

El Apóstol Pedro  en su 1 Epístola capítulo 1 dice: “conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación” ¿Cómo te imaginas la vida? ¿Es la vida para ti una batalla, una fiesta, una carrera o un rompecabezas? Debes  saber que en gran medida, cómo te imaginas la vida ayudará a determinar cómo la vivirás. En nuestro texto, el apóstol Pedro describe la vida como un viaje y llama a los hijos de Dios como  «peregrinos» (1 Pedro 1:1; 2:11). Ahora bien entendamos esto, y tengamos claro el uso de esta palabra. No sé si te has dado cuenta que un vagabundo no tiene casa, un fugitivo está huyendo de casa, y un extranjero está  lejos de casa, pero un peregrino se dirige a casa. Y eso hace interesante el uso que Pedro le da a la palabra.  Tanto Pablo y Pedro representan el cuerpo humano como una tienda de campaña (2 Corintios 5:1, 4; 2 Pedro 1:13–14) porque es una morada temporal para el espíritu del hombre, y cuando el espíritu abandona el cuerpo, el cuerpo está muerto (Santiago 2:26).  Si has confiado en Cristo como tu Salvador y Señor, entonces eres un peregrino y un extraño en este mundo y puedes disfrutar de beneficios que no tienen la gente no salva y que no puede disfrutar. Veamos cuáles son esos beneficios de ser un peregrino.

Para empezar, los peregrinos tienen una visión especial. Ellos simplemente dieron la espalda al mundo y sus rostros se dirigen hacia el cielo. Abraham y Sara eran ciudadanos de la gran ciudad de Ur, pero cuando el Señor se les apareció, ellos la dejaron  y se enfocaron hacia la tierra que Dios les mostraría (Hechos 7:1–5; Hebreos 11:9– 12). Los ojos del peregrino no están enfocados en este mundo sino sobre el mundo venidero, y la forma en que viven el mundo se rige por esa visión. Cuando Esteban estaba siendo apedreado, vio a Jesús en gloria en el cielo, y esto permitió él a orar por sus enemigos antes de morir (Hechos 7:54-60). Ahora bien no estamos diciendo que los cristianos sólo son de «de mente celestial» que no tienen ninguna perspectiva terrenal, como solía decir el Sr. Moody, pero su visión del cielo los motiva a sacrificarse y servir aquí y ahora en la tierra. Nuestros nombres están escritos en el cielo (Lucas 10:20) porque somos hijos de Dios y ciudadanos de cielo. El cielo es nuestro hogar eterno.

En segundo lugar, los peregrinos tienen valores especiales. Que no son los valores de este mundo. Queremos progresar en santidad y no tenemos interés en las «cosas que están en este mundo» (1 Juan 2:15–17). Viajamos ligeros, libres de la carga de la cosas que nos impedirían llegar a nuestro meta designada meta (Hebreos 12:1–2). Durante su reinado, el rey David acumuló una gran cantidad de dinero que donó al fondo para la construcción del templo. En su oración, se recordó a él mismo y su gente que la vida es corta y nosotros somos rápidos pasando por este mundo. «Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano damos. Porque nosotros , extranjeros y advenedizos somos delante de ti, como todos nuestros padres; y nuestros días sobre la tierra, cual sombra no dura.” (1 Crónicas 29:14–15). Vivimos con los valores de la eternidad a la vista. Tenemos un viaje interior del corazón que día a día nos hace más como el Señor, mientras nosotros y nuestros hermanos creyentes viajamos junto con él.

En tercer lugar los peregrinos experimentan una victoria especial. Esperamos con interés la venida de Jesús, pero si no viene en nuestra vida, no tenemos miedo de morir. Cuando fue presentado a Faraón, Jacob describió su vida como una peregrinación (Génesis 47:9); y cuando llegó el momento de morir, la visión de peregrino no cesó, ya que estaba con él y estaba listo para el viaje (Hebreos 11:21). La muerte no tuvo victoria sobre él. El pueblo de Dios es «más que vencedor» (Romanos 8:37). Para nosotros, la muerte es victoria, no derrota. Todo es cuestión de corazón. Si tu corazón está fijo en este mundo, no estás viviendo como un peregrino, pero si tu corazón es fijo en Jesús y sus promesas para el futuro, tu vida será diferente y tu boca estará lista para decirle a los demás que este mundo no es tu hogar. ¿Cómo está tu corazón hoy?

Puedes haber pasado un año 2021 lleno de situaciones de riesgo, peligro, carencia y necesidades. Puedes haberte divorciado, quedado sin trabajo, haber perdido tu salud. Y eso  puede simplemente hacer que tu visión, valores y victoria se centren en esta tierra. No debemos desmayar porque simplemente somos peregrinos que vamos a casa, está tierra, este mundo no es nuestro hogar para perder la perspectiva de victoria. Y lo decía el salmista: Bienaventurados aquellos cuya fuerza está en ti, cuyos corazones están puestos en peregrinación. Salmo 84:5 NVI

«…del «Si» al «Sí»…»

Creencias | veniracristo
Si hubieras estado aquí

La decepción, la enfermedad, la muerte y el dolor se tejen en el seno de nuestras vidas, y cuando llegan, realmente no debemos sorprendernos. Debemos enfrentarlos honestamente y lidiar con ellos valientemente por medio de la  fe. El versículo de Juan 11:21 dice: “Y Marta dijo a Jesús : Señor si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.”

Quiero que reflexionemos en torno a cuatro pequeñas las palabras en Juan 11 que pueden ayudarnos en los tiempos de dificultad.

La primera palabra es “SI” es la palabra que duele. Jesús y sus discípulos se habían quedado en Betábara (Juan 10:40; véase  1:28), unos veinte millas de Betania; Eso significa que los mensajeros (el mensajero) de las hermanas le tomó a lo menos un día para llegar allí. Sin embargo la Escritura dice que antes de que terminara ese día, Lázaro murió (11:39) y Jesús lo sabía; sin embargo, permaneció sin moverse en lugar donde él estaba. Ahora bien  Juan nos asegura que «Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro» (v. 5). Pero si los amaba, ¿por qué no se apresura a ir a Betania y sanar a Lázaro? ¿o a lo mejor muchos creyeron que hablaría una Palabra que llevaría sanidad desde la distancia? Ahora bien recordemos que los retrasos de Dios no significa rechazo. Retraso no significa rechazo. Jesús tenía un plan mejor para las dos hermanas: Lázaro glorificaría a Dios (v. 40). Así que Jesús esperó dos días y luego fue a Betania. Tanto Marta y María (v. 32) usaron  esta palabra tan dolorosa “Si”  cuando se encontraron con Jesús, y si somos sinceros tú y yo también lo hemos usado. «Si  hubiéramos tomado un ruta diferente». «Si  me hubiera acordado de la cita». «Si  nunca hubiera salido de casa». Si no me hubieran quitado el trabajo. Si tan no hubieran rechazado mi propuesta de negocio.  Y es que la palabra  “Si” duele porque es una palabra de incredulidad, y falta de fe. Y esta palabra solo empeora las cosas. Cuando decimos “Si”  al Señor, estamos diciendo que Él no tiene la capacidad de hacer algo por nosotros. Es como decirle a Dios que no sabe lo que está haciendo y que nosotros tenemos un mejor plan. Nosotros estamos mirando hacia atrás en lugar de mirar hacia arriba. La palabra “Si” nos lleva a la lucha con la incredulidad.

La segunda palabra es “aquí” es la palabra que demuele. Nuestra perspectiva se destruye cuando no percibimos a Dios en lo que nos afecta en el momento. La expresión aquí habla de que Jesús no es actual y que no está presente en donde realmente lo necesitamos. La gente dice no te necesito allá, sino que te necesito aquí donde siento mi carencia. No queremos un Jesús lejano sino un Jesús cercano en el borde de mis circunstancias adversa. Marta y María le estaban diciendo a Jesús que no lo necesitaban en Betábara sino en Betania. Que no lo necesitaban solucionando los problemas de allá, sino los problemas de aquí. La palabra “aquí” nos lleva a la lucha con nuestra necesidad.

Pero hay otro palabra importante y es la palabra Señor. Es la palabra que fortalece. Deberíamos decir «Señor» y olvidarnos del “Si”. Por favor olvídate del Si. Jesús  está aquí con nosotros (Mateo 28:20). Señor es la palabra que sana. Se usa ocho veces en Juan 11, seis veces por las hermanas. Llamar a Jesús Señor  es afirmar que él es el Hijo de Dios y el Maestro de todo en nuestras vidas, pero llamarlo Señor  y cuestionar su voluntad no es evidencia de fe fuerte. Jesús había enviado su mensaje a la hermanas, diciendo: «Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado a través de ella» (Juan 11:4). Siempre que estemos decepcionados con la voluntad de Dios, es hora de afirmar nuestra fe en su sabiduría y en su amor. A pesar de lo que pase y por mucho que nos encontremos heridos, Dios nos ama, y puedes poner tu propio nombre en los versículos 3, 5 y 36. Nunca olvides que la voluntad de Dios viene del corazón amoroso de Dios (Salmo 33:11), y simplemente puede permitir que pasemos por grandes tribulaciones, pero nunca nos hará daño. Él es el Señor de vida o muerte (Juan 11:25-26) y él obrará todo para nuestro bien y su gloria. Es fácil decir la palabra Señor  con nuestros labios y sin embargo tener reservas en nuestro corazón, y esto aflige al Señor. La palabra “Señor” nos lleva a la lucha con la intimidad.

Una cuarta palabra que debe venir ante el Señor. Es la palabra  “Sí” es la palabra que consuela. Es decir anima. Martha :Sí, Señor, yo creo» (v. 27) fue el punto de inflexión en toda la ocasión. Cuando decimos sí  al Señor, y no, «No es así, Señor», como Pedro lo hizo (Hechos 10:14), ganamos la sonrisa de su aprobación y la gracia que necesitamos para confiar en él, obedecerle y permitirle trabajo. Nuestro sí  de fe transforma la miseria en milagro. Cuando estaba en la tumba, Marta comenzó a resistir (vv. 39-40) hasta Jesús la tranquilizó, y ella accedió a abrir la tumba. Jesús habló la palabra y el poder de Dios le dio vida a Lázaro y lo llevó a la puerta de la tumba (sus pies estaban envueltos en el manto). Dios fue glorificado, no sólo en la resurrección de Lázaro pero también en la fe de los espectadores que confiaron Jesús (v. 45; véase  12:17–19). La próxima vez que la situación sea difícil, digamos sí  a la Señor y pídele que sea glorificado. Él se encargará de hacernos descansar y nuestros corazones estarán en paz. La palabra “Sí” nos enfrenta a un lucha con la voluntad.

¿Qué palabra vas a escoger este día? Las dos  que desaniman tu fe o las dos que la animan? Espero que Dios pueda guiarte y afirmes tu fe a pesar de que algún retraso de Dios esté visible en tu propia vida. Recuerda retraso no es rechazo.

«…parte de la solución y no del problema…»

El triunfo del compartir | Arquidiócesis de Bogotá
Sirviendo a Jesús

Hoy al leer el evangelio de Juan capítulo 6 me di cuenta que siempre debemos estar seguros que cuando nos encontremos en una situación difícil, el texto dice que Jesús siempre tiene un plan y lo compartirá con nosotros si estamos atentos a sus instrucciones (Juan 6:6). Al ver a Felipe uno se da cuenta que él pensó que el problema se resolvería si hubiera más dinero (Juan 6:7), pero Jesús tenía un mejor plan así que Andrés le ayudó a acelerarlo. Andrés dice: «Aquí está un muchacho» y resuelto el problema. El joven fue parte de la respuesta y no parte del problema, y así podemos ser si seguimos su ejemplo. Cómo podemos ser parte de la solución y no parte del problema ante los desafíos de la vida o los retos imposibles. Me gustaría hacer un inventario de la acción de este muchacho y ver cómo nos enseña la manera en que estamos dispuestos a servir a Jesús. Y lo quiero hacer haciendo varias preguntas que nos llevaran a evaluar nuestra motivación.

La primera pregunta que me gustaría hacer es ¿Estoy dispuesto a actuar solo?

Los muchachos son grandes imitadores, pero no hay evidencia de que alguien más en la multitud sacó un almuerzo. Cuando Andrés le pidió que compartiera su almuerzo con Jesús, el muchacho dijo que lo haría. Eso nos indica que nunca debemos subestimar la importancia de una persona o lo que eso persona puede tener en su mano. Durante mis años de ministerio pastoral, he pedido a la gente que ayude en los proyectos, y con demasiada frecuencia he escuchado la misma pregunta: «¿Quién más está ayudando?» Siempre queremos no ser los únicos, sino que haya más para no ser el único. Una pregunta ¿Estamos dispuestos a estar solos, dar solos, y trabajar solos en un momento ante un reto que nos enfrenta Jesús? ¡Pero no estamos solos! Estamos trabajando con el Maestro, y «somos compañeros de trabajo de Dios» (1 Corintios 3:9). ¿Hay algún honor más grande que eso?

La segunda pregunta que me gustaría hacer es ¿Estoy dispuesto a darle todo a Jesús?

En ese día, el promedio el almuerzo de la persona pobre consistiría en pasteles de cebada y pescado, no pan de trigo y carne asada. Esto era todo lo que el niño tenía en su posesión, y sin embargo estaba dispuesto a dárselo todo a Jesús. Dios mide nuestros dones no por la porción sino por la proporción. Después de haber dado nuestro regalo, ¿cuánto sobra? La viuda pobre que dio dos moneditas (menos de un centavo) y dio más ese día que todos los ricos que la precedieron, porque dio todo lo que tenía (Marcos 12:41-44). Nuestra obediencia debe ser lo que Romanos 12:1–2 dice, es decir poner todo nuestro ser en el altar. Debemos entender que no existe ningún problema en dar generosamente a Cristo y sacrificarse para otros. Jesús lo dio todo por nosotros y quiere que demos todo lo nuestro a él, no para que nos robe, sino para que pueda enriquecernos y bendecirnos. «Dad, y os será dado. Un buena medida, presionado, agitado y corriendo encima, será derramado en tu regazo» (Lucas 6:38 TNIV).

Una tercera pregunta que me gustaría hacer es ¿Estoy dispuesto a ser anónimo?

No sabemos casi nada sobre este muchacho. Se une a las filas de la gran cantidad de personas anónimas que desempeñaron un papel importante en el plan de Dios. ¿Cuál era el nombre del sobrino de Pablo cuya advertencia salvó la vida de Pablo? (Hechos 23:11–22) ¿Quién era la chica que le dijo a Naamán acerca del profeta en Samaria? (2 Reyes 5), o la mujer en el pozo que introdujo a la gente del pueblo a Jesús (Juan 4)? Hay gente que recibe solicitudes de dinero para proyectos, a los que les prometen poner el nombre del donante en una placa si se da generosamente. Y si realmente dan generosamente, nombrarán una habitación en un nuevo edificio en honor a ellos. ¿Es por eso por lo que damos? «Pero cuando tu des tu ofrenda», dijo Jesús, «no dejes que tu mano izquierda sepa lo que tu mano derecha está haciendo» (Mateo 6:3). ¿Por qué? Porque si lo hiciéramos, nos acariciaríamos con orgullo la espalda!

Una cuarta pregunta que me gustaría hacer es ¿Estoy dispuesto a que Jesús obtenga toda la gloria?

Cuando la  multitud terminó su comida, y todos los pedazos tenían que ser reunidos, la gente no aplaudió al muchacho que donó la comida. No, querían hacer rey a Jesús (Juan 6:15). Su motivo era erróneo, por supuesto, pero al menos su enfoque estaba en Cristo. Cuando oramos para que el Espíritu Santo llene y no utilice, ¿recordamos que el ministerio del Espíritu es glorificar a Jesús? «Él me glorificará», dijo Jesús (16:14). Si lo que hacemos apunta sólo a nosotros mismos, el Espíritu no puede bendecir. No hay nada que el Padre no pueda hacer por aquellos que quieren que Jesús obtenga la gloria y a quién no le importa quién obtiene el crédito.

«…Mirad…»

Mundo Bíblico: El Estudio de su Palabra: INDICE BÍBLICO SERMONES

En la antigüedad, la mayoría de la gente no poseía copias de las Escrituras. Sin embargo, aprendieron a escuchar con atención y recordar las Escrituras tal como fueron leídas o cantadas en el templo y la sinagoga. La gente era mejor oyente y aprendices en aquellos días. Hoy tenemos tantas ediciones de la Biblia disponible, incluyendo grabaciones de audio y ediciones en Braille, que debemos conocer las Escrituras mejor de lo que lo hacemos.

Sin embargo la evidencia estriba en el hecho de que hoy más que nunca la gente desconoce las Escrituras más que en ese tiempo.

Creo que tenemos un reto para este próximo año y es que no es demasiado tarde para comenzar a leer la Palabra de Dios sistemáticamente. Después de todo, la gente se toma el tiempo para leer novelas y periódicos y para ver la televisión, y estar conectado en las redes sociales pero no parecen tener tiempo para el Biblia, el libro más importante jamás publicado.

En Marcos 4: 24  Jesús dice: Les dijo también: “Consideren lo que oyen: Con la medida con que miden, ustedes serán medidos y les será añadido. 25 Porque al que tiene le será dado, y al que no tiene aun lo que tiene le será quitado”.

En este pasaje el Maestro nos advierte a ejercer el discernimiento en lo que oímos y vemos. A que no tomemos tan a la ligera las instrucciones de Dios. Es un llamado a la profundidad escritural y espiritual. ¿Por qué?

En primer lugar el pasaje insinúa que lo que elegimos escuchar y ver revela lo que somos.  

Observe que Jesús dice “mirad…lo que oís”. Me llamaba la atención que el enfoque está en “lo que oímos” y no en porque oímos o como oímos, etc. Lo que oís. Lucas 8:18 dice «cómo oís». Ambos son importantes. Pero en el contexto de este pasaje se refiere al hecho de que algunas cosas no deben escucharse en absoluto porque manchan la mente y el corazón. Lo que vale la pena escuchar debe ser escuchado correctamente y atendido.

Y es que es un hecho que nuestro apetito determina el menú que buscamos. Si conocemos a Jesucristo y lo seguimos, lo que pasará es que tendremos un apetito por la verdad tal como era para Jesús y por supuesto que lo haremos diariamente es decir  pasar tiempo en las Escrituras. «Pero su deleite está en la ley del Señor, y en su ley medita día y noche» (Salmo 1:2). Jesús comparó la Palabra de Dios con la semilla (Lucas 8:11), y las semillas deben plantarse y regarse antes de que puedan echar raíces y dar fruto. Las personas que abren sus corazones y mentes a las semillas venenosas de este mundo están plantando mentiras donde ellos debería estar plantando la verdad de Dios. «¡Presta atención a lo que escuchas!» (Marcos 4:24).

Es segundo lugar el pasaje también insinúa que lo que elegimos escuchar y ver determina si ganamos o perdemos.

El pasaje dice que se “nos dará…nos añadirá”. ¿Qué obtendremos de una búsqueda constante y profunda de Dios? En las Escrituras, la palabra oír lleva consigo la idea de obedecer. No basta con leer o escuchar la Biblia; debemos entenderla y obedecerla. Si lo hacemos, crecemos en el conocimiento del Señor, así como en la gracia de la vida cristiana. Al medir el tiempo y la energía para estudiar la Palabra, Dios hará medir la bendición del Espíritu para nosotros. Cuanto más tomamos  de Él, cuanto más nos agrega el Señor. Eso sucederá siempre que nos alimentemos de la verdad de Dios. Si perdemos un tiempo que podría dedicarse a la Palabra de Dios y la oración lo que estamos haciendo es robarnos las riquezas espirituales. Pablo dijo Timoteo que se ejercitara en la piedad (1 Timoteo 4:7). Nadie critica a una persona que sigue un horario de ejercicio saludable, y Dios honra a sus hijos cuando se toman el tiempo para ser santos.

Una tercera cosa que insinúa este pasaje es que lo que elegimos escuchar y ver determina cuánto tienen que compartir con los demás. Marcos dice “la medida con la que medís…serás medido”.

La medida que le damos al Señor en nuestros ejercicios devocionales determinan cuánto recibiremos de él. Cuanto más agradecidos recibimos de Dios, más él nos da; cuanto más nos da, más podemos compartir con otros. El maestro, el predicador y el testigo cristiano siempre tienen tesoros espirituales en sus corazones para transmitir a los necesitados que aparecen en su caminar diario. Al ejercer diligencia y discernimiento, rechazamos la sabiduría del mundo y las mentiras del diablo y nosotros podemos ayudar a nutrir a las personas en la Palabra de Dios. Si los hijos de Dios lo hicieran y no sólo se alimentan de la leche espiritual que cambio sería. El pan, la carne y la miel de la Palabra, ¡qué diferencia haría en sus vidas y ministerios!

Vivimos tiempos de gran carestía bíblica, los púlpitos están secos y llenos de historias y chistes y no de la Palabra de Dios. Debemos proponernos ser personas que pueden recibir de Dios para dar otros lo que Dios nos ha dado, al ser profundos en nuestro conocimiento de la Palabra.

¿Qué recibo yo?

Los viñadores

Al leer Mateo 19:27 uno puede llegar a la conclusión que la pregunta de Pedro  suena muy egoísta, pero no cuando considere el contexto. Nótese que él dice «nosotros», porque él habló por los otros once discípulos también. Los doce estaban perplejos. El joven rico acababa de irse, infeliz y decepcionado, negándose a desprenderse de su riqueza. Pero los discípulos había renunciado a todo para seguir a Jesús. Así que la premisa básica era esta: Si un hombre rico tenía  dificultad para entrar en el reino de Dios, ¿qué esperanza había allí para estos pobres discípulos? Jesús les aseguró que sus sacrificios serían recompensados, porque serían bendecidos en su vida presente y ampliamente recompensada en el futuro (Mateo 19:28–30). Jesús dijo «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mateo 5:3). Así que todo este evento (incluyendo el parábola que sigue) nos da algunas instrucciones importantes acerca de servir al Señor. Son como tres consejos importantes.

El primer consejo es: ten cuidado de concentrarte solo en ti mismo. La actitud del mundo hacia el servicio es: «¿Qué obtendré de él?» La parábola de la Obreros (20:1–16) describe a los obreros de la primera hora como exigiendo un contrato, mientras que los contratados posteriormente aceptaron la promesa del propietario de: «Lo que sea correcto, te lo daré”, dice el propietario (vv. 2– 4). Es peligroso negociar la voluntad de Dios, porque El Señor siempre nos dará mucho más de lo que hemos ganado o de lo merecemos. Solo nos estamos robando a nosotros mismos cuando cuestionamos La generosidad de Dios e insistir en que nos dé justo lo que queremos. Mateo 7:11 dice «Si entonces, siendo malvado, sabes cómo dar buenos regalos a tu hijos, cuánto más hará su Padre que está en los cielos al dar cosas buenas a los que le piden?» Si nuestra preocupación es recompensarnos a nosotros mismos, estamos cayendo directamente en las manos de Satanás, quien prometió a nuestros primeros padres: «Serás como Dios». Satanás siempre tiene un «trato especial», pero los dividendos son mortales. Dios es generoso; confía en él.

El segundo consejo que veo es: evite concentrarse en otras personas. Los empleados de la primera hora en la parábola observaron cuando y cuanto se le pagó y saltaron a la conclusión de que ellos recibirían más de lo que habían esperado. Y se equivocaron. ¡Obtuvieron lo que esperaban! Tú y yo tenemos suficiente que hacer manejando nuestras propias vidas sin entrometernos con las vidas de otros. Pedro cometió este mismo error después del desayuno matutino con Jesús (Juan 21). Jesús trató con los pecados de Pedro y luego dijo: «Sígueme». Y ¿Cuál fue la respuesta al ponerse en marcha con Jesús? Juan también se levantó y comenzó a seguir, y Pedro se volvió, lo vio y preguntó. «¿Señor y que de este? Pedro preguntó, y Jesús respondió: «Si deseo que permanezca hasta que yo venga, ¿qué es eso para ti? Sígueme tú.» (vv. 20–22). Ver a otros creyentes te pueden llevar a la envidia o al orgullo, los cuales son pecados abominables. Pablo deja en claro que cada creyente recibir su propia recompensa cuando nos paramos en el juicio del tribunal de Cristo (1 Corintios 3:8).

El tercer consejo es este: Concéntrate en Jesús. Y haz su voluntad. Cuando recibimos a Jesús, recibimos todo lo que necesitamos para vivir la vida cristiana. Dios no perdonó a su único Hijo, así que podemos confiar en él para darnos todo lo demás. No importa qué sacrificios hagamos no son nada comparados con los sacrificios que Jesús hizo para nosotros. No vivimos de explicaciones ni de contratos; vivimos en las promesas de Dios. Dios ha bendecido a sus hijos «con cada bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo» (Efesios 1:3), y su promesa es: «Pide, y te será dado» (Mateo 7:7). Pedro pasó de «¿Qué obtendremos?» a «¿Qué tengo yo? Luego Pedro dijo: Yo te doy» (Hechos 3:6), y trajo gloria al nombre del Señor.

Tres preguntas…

3 Preguntas

Cuando no viajaba en el ministerio, Jesús hizo su «cuartel general» en Capernaum, la ciudad de Pedro, Andrés, Santiago y Juan. Fue el principal puerto para muchos pescadores en el Mar de Galilea y estaba rodeado de tierras de cultivo que fueron especialmente fructíferas. Capernaum fue localizado en una importante ruta comercial, por lo que no era un simple pueblo sino un bulliciosa ciudad cosmopolita, lo que explica por qué Roma tenía soldados estacionados allí. En los cuatro Evangelios y en el Libro de Hechos, uno se encuentra con siete centuriones, todos los cuales se presentan como hombres honorables que trataron a Jesús y a los cristianos con dignidad y amabilidad. Cuando leía este pasaje vinieron a mi mente tres preguntas de este relato de Jesús y el centurión.

La primera pregunta que vino a mi mente es ¿Cómo nos ven nuestros amigos?

Este centurión había sido especialmente amable con los judíos en Capernaum y había construido un sinagoga para ellos. Cuando los ancianos de la sinagoga trajeron la petición del centurión a Jesús de que viniera y sanara al sirviente, argumentaron el caso del centurión diciendo que le había construido una sinagoga y por lo tanto era digno de recibir su ayuda (Lucas 7:3–5). Pero el centurión declaró abiertamente: ¡Yo no soy digno! Los ancianos judíos sabían que, de acuerdo con sus tradición, un judío era contaminado si entraba en la casa de un gentil,

aunque esto no habría impedido que Jesús ayudara al servidor. El oficial gentil sabía más acerca de Jesús que los ancianos de Israel, porque él dijo: «Yo también soy un hombre bajo autoridad» (Mateo 8:9). Tenga en cuenta esa palabra también. Él creía que Jesús actuó bajo La autoridad de Dios, una convicción notable para un soldado romano. Creo que lo que cuenta y ven a nuestros amigos tiene que ser nuestros valores y principios.

La segunda pregunta que vino a mi mente es ¿Cómo nos vemos a nosotros mismos?

El centurión no se exaltó a sí mismo. Admitió que estaba bajo la autoridad de sus oficiales superiores superior y en última instancia al emperador, pero esta autoridad que se le había otorgado no tenía poder para sanar a su amado siervo moribundo. Seguramente el centurión sabía acerca de las curaciones milagrosas de nuestro Señor en otros lugares. Un oficial romano podía emitir todo tipo de órdenes en un conquistó la tierra, pero este hombre no fue abusivo. Como Cornelio en Hechos 10, usó su autoridad para ayudar a los demás y no para mostrar su propia «grandeza». Dondequiera que haya corazones humildes, Dios puede hacer su obra y traerles verdad y vida (Isaías 57:15). «Cuando viene el orgullo, entonces viene la vergüenza; pero con el humilde es la sabiduría» (Prov. 11:2). La humildad del centurión ¡Le trajo un gran elogio de Jesús!

Esto nos lleva a la tercera pregunta que vino a mi mente ¿Cómo nos ve Jesús? Jesús debe haber sabido acerca del amor del centurión por su siervo, y la declaración del hombre sobre la autoridad reveló su fe en el poder de las palabras de Jesús. Pero Jesús no dijo nada acerca de la sinagoga o la generosidad del centurión. Más bien, estaba muy impresionado con el soldado por la fe en el poder de las palabras que Jesús habló. ¿Podría el soldado han aprendido esto de un informe de la curación de la hijo de noble en Capernaum (Juan 4:46-54), cuando Jesús sanó al niño desde la distancia? El centurión decía: «Solo di la palabra y mi siervo será sanado». Dios creó el universo simplemente hablando la palabra. «Porque Él habló, y se hizo; Él mandó, y se mantuvo firme» (Salmo 33:9). Jesús ¡se maravilló de la fe del hombre, un hombre que era un gentil pagano! También se maravilló de la fe de una mujer gentil (Mateo 15:28) y ante la incredulidad de los judíos (Marcos 6:1-6).

El Señor está planeando obrar a través de nosotros en la vida de las personas y lugares de los que hoy no sabemos nada; pero si caminamos en su voluntad compartiremos la bendición. ¿Estamos bajo su autoridad? Que nos lleva a confiar en él? Si es así, ¡prepárate para un milagro!

Lo más importante de la narración es que lo más importante no es lo que tus amigos piensen de ti, ni lo que tú mismo pienses de ti, sino lo que Jesús piensa de ti. Eso es lo que vale la pena.

Alcanzando a una generación lejos del Padre (Lucas 15:17)