“…con todo…”

Sábado, Abril 27: Con Todo, Yo Me Alegraré En Jehová | Pagina Del Pastor  Jesus Figueroa

La mayoría de nosotros vamos por la vida afligidos, angustiados, preocupados, desesperados y toda clase de sentimientos causados por la impotencia ante cierta dificultad. Vivimos pendiente de todo lo que nos rodea y cuando las cosas no salen como quisiéramos nos inundan diferentes sentimientos que lo único que hacen es robarnos la paz que Dios quiere que mantengamos en nuestra vida. A través del tiempo he aprendido que el angustiarme o preocuparme al extremo no ayuda a resolver mis problemas, sino que al contrario, suma más problemas. Y es que cuando perdemos la paz dejamos que el problema gobierne nuestra vida, y cuando el problema gobierna nuestra vida nos olvidamos de deleitarnos en Dios. A veces me encuentro con personas cercanas a mí que se encuentran preocupas, angustiadas y hasta afligidas por situaciones que están fuera de su control, cuando las veo así siempre les pregunto: ¿Por qué te preocupas tanto?, ¿Puede acaso la preocupación solucionar tu problema?, ¿Te sientes mejor preocupándote y afligiéndote por eso de lo cual no puede hacer nada para solucionar?, la verdad es que no, pero a pesar que sabemos que con preocuparnos o afligirnos no solucionaremos los problemas lo seguimos haciendo.

En el transcurso de esta serie hemos visto que Habacuc comenzó su libro con una actitud de duda, él había “descendido en el valle,”  es decir tenía una fuerte lucha con la voluntad de Dios.

Pero luego en una decisión por fe subió a lo más alto y se paró como atalaya, esperando que Dios le respondiera. Y así fue. Sin embargo después de escuchar la Palabra de Dios y ver la gloria de Dios, se convirtió en un ciervo que saltaba confiadamente en las alturas de las montañas (3:19)!

Ahora bien debemos tener bien claro que sus circunstancias no habían cambiado, pero él había cambiado, y ahora caminaba por la fe en lugar por la vista. Ahora Habacuc aprendió a vivir de promesas, y no de explicaciones.

Y es que en realidad no es fácil escalar más alto en la vida de fe, pero ¿quién quiere vivir en el valle?

Creo que en este tiempo de Pandemia al igual que Habacuc, debemos hablar honestamente con Dios acerca de nuestras dificultades, debemos orar, debemos meditar en la Palabra de Dios y debemos estar dispuestos a sentir temor y temblor cuando el Señor se nos revela (v. 16).

Pero todo esto valdrá la pena cuando alcancemos nuevas cumbres de fe y descubramos nuevas oportunidades de crecimiento y servicio.

Ahora es importante que al adentrarnos en este pasajes nos preguntemos  ¿Qué llevó a Habacuc desde el valle hasta la cima? Creo que fueron tres acciones importantes, es decir como disciplinas espirituales que nacen de muy adentro de nuestro ser. Y estas mismas disciplinas espirituales son las que nos pueden llevar allí: oración, visión y convicción. Cada una de estas disciplinas destaco un atributo y carácter de Dios. Esto fue lo que sostuvo a Habacuc en este tiempo de grandes dificultades para él y para su gente.

Primero cuando Habacuc hizo una oración se enfocó en el plan de Dios. Es decir el intercedió por la obra de Dios (vv. 1–2), Cuando modificó su visión el  ponderó los caminos de Dios (vv. 3–15) y cuando fortaleció su convicción el afirmó la voluntad de Dios (vv. 16–19). Quiero que veamos como se desarrolla estas tres cosas a lo largo del capítulo 3

Lo primero que Habacuc hizo fue una ORACIÓN: Enfocado en el Plan de Dios.(3:1-2)

Este capítulo es un “salmo de oración” que puede haber sido usado en la adoración del templo en Jerusalén. El profeta oraba ahora al Señor y no discutía con el Señor, y su oración pronto se convirtió en alabanza y adoración. Oró porque había oído hablar a Dios. La palabra discurso significa “informe” y se refiere a lo que Dios le había dicho antes (Hab. 2: 2–3). Saber la voluntad de Dios debe motivarnos a orar “Hágase tu voluntad”. El mismo Dios que ordena el fin también ordena los medios para el fin, y la oración es una parte importante de ese medio. “No tienen porque no piden” dice Santiago. (Santiago 4: 2 NVI ). Además, escuchar la Palabra de Dios genera fe en el corazón del hijo de Dios (Romanos 10:17), y sin fe, no podemos orar efectivamente (Marcos 11: 22–24). La Palabra de Dios y la oración siempre deben ir juntas (Hechos 6: 4; Juan 15: 7) para que nuestra oración se convierta en celo sin conocimiento. “Solía pensar que debería cerrar mi Biblia y orar por la fe”, dijo DL Moody, “pero vine a ver que al estudiar la Palabra era para obtener fe”.

Habacuc oró porque estaba abrumado por el esplendor de Dios. “Estoy asombrado de tus obras” (Hab. 3: 2 NVI ). Así se debe traducir la palabra “temí”. Habacuc había visto una visión de la grandeza de Dios, registrada para nosotros en los versículos 3–15, y esta visión lo dejó débil e indefenso (v. 16). Todo lo que podía hacer era clamar a Dios.

Muchas personas tienen la idea de que siempre es una experiencia agradable conocer a Dios de una manera más profunda, pero eso no es lo que dirían los santos de Dios en la Biblia. Moisés tembló en el Monte Sinaí cuando Dios dio la ley (Hebreos 12: 18-21). Josué se cayó de bruces ante el Señor (Josué 5: 13–15), al igual que David (1 Crónicas 21:16). Daniel se agotó y enfermó después de ver las visiones que Dios le dio (Dan. 8:27; 10:11). La visión de la gloria de Cristo en el Monte de la Transfiguración dejó a Pedro, Santiago y Juan boca abajo en el suelo y llenos de terror (Mateo 17: 6). Cuando Juan vio al Cristo glorificado, cayó a sus pies como si estuviera muerto (Ap. 1:17). Estaba leyendo lo que AW Tozer dijo: “Debemos saber que Dios es lo más fácil y lo más difícil del mundo a la vez”.

Ciertamente, Dios tiene la capacidad de revelarse a nosotros, porque puede hacer cualquier cosa; pero es un problema para Dios encontrar a alguien que esté listo para encontrarse con él. Dios no se revela a los santos superficiales que solo buscan “una nueva experiencia” de la que puedan jactarse, o a los cristianos curiosos que quieren “probar” una comunión más profunda con Dios, pero no a un precio demasiado alto. Nosotros somos los que dificultamos conocer mejor a Dios. “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros” (Santiago 4: 8 NVI ). “Pero en este caso miraré”, dice el Señor, “en aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra” (Is. 66: 2 NVI ). “Mi carne tiembla de miedo”, escribió el salmista; “Estoy asombrado de tus leyes” (Sal. 119: 120 NIV ).

Habacuc oró porque quería que la obra de Dios tuviera éxito. Dios le había dicho que estaba “trabajando en una obra” en el mundo (Hab. 1: 5), y ahora el profeta oró para que Dios mantuviera esa obra viva y la hiciera prosperar.

Ahora bien que quede bien claro que lo que Dios estaba haciendo no era la obra que Habacuc hubiera elegido, pero él aceptó el plan de Dios y oró: “Hágase tu voluntad”.

Cuando Dios reveló esa obra a Habacuc, gritó: “No moriremos” (v. 12). Luego, en 2: 4, Dios le dijo que la única manera de vivir era por fe. Entonces, cuando Habacuc oró para que la obra de Dios siguiera vivo, él también oraba para que su propia fe creciera. Y esto es lo que sucede con las oraciones que no son egoístas ni humanistas.

Finalmente, Habacuc oró porque quería que Dios mostrara misericordia. El profeta estuvo de acuerdo en que el pueblo de Judá merecía ser castigado, y que el castigo de Dios funcionaría para su bien, pero pidió que el corazón de amor de Dios se revelase en la misericordia.

Era como Moisés cuando intercedió por la nación en el Monte Sinaí (Éxodo 32) y en Cades Barnea (Números 14).

Quizás Habacuc tenía en mente la promesa de Isaías 54: 7–8 mientras oraba y probablemente también Jeremías 10: 23–24.

Ciertamente, el Señor mostró misericordia a los judíos, porque los preservó en Babilonia y luego permitió que un remanente regresara a su tierra y estableciera la nación.

Ahora escúchame por un momento. Si, como Habacuc, alguna vez te desanimas por la condición de la iglesia, el estado del mundo o tu propia vida espiritual, tómate tiempo para orar y buscar la misericordia de Dios.

Sabías que Charles Spurgeon dijo: “Nos guste o no, preguntar es el gobierno del reino”. La mayor necesidad hoy en día es la de los intercesores.  “…Y vio que no había hombre y se maravilló de que no hubiera quien se interpusiese…” (Isaías 59:16).

Ahora pensemos por un momento que relevancia tiene este primer punto que hemos analizado. Hemos dicho que lo primero que hizo Habacuc fue una oración: Con ella se enfocó en interpretar más espiritualmente o bíblicamente el plan de Dios en este tiempo difícil.

En los últimos meses, la COVID-19 se convirtió en una pandemia mundial y los países se vieron obligados a tomar medidas radicales para frenar la propagación de la infección. Me gustaría poder decir que mi primer impulso ha sido orar, pero probablemente sería más honesto decir que he estado al pendiente de las noticias y de mis redes sociales más que nunca. La crisis es tan grande y tangible que nos hace sentir impotentes. Pero tal vez cuando más débiles nos sentimos es cuando es más fácil reconocer nuestra necesidad de orar. La oración es la forma en que demostramos nuestra creencia y confianza en que Dios tiene el mundo entero en sus manos. La oración no debe ser nunca el último recurso del pueblo de Dios; por el contrario, debe ser nuestro primer punto de acción. Quiero sugerir algunas cosas por las cuales debemos orar. He hecho una lista de 20 cosas que podríamos usar. No las pongo todas aquí pero algunas que considero importantes.

Creo que debemos orar por los enfermos e infectados: Dios, oramos por su sanidad. Te rogamos que los ayudes, y que sostengas sus cuerpos y espíritus. Te pedimos que se acerquen a ti y busquen tu rostro. Te suplicamos que, conforme a tu infinita bondad y misericordia, detengas la propagación de la infección.

Intercedamos por nuestras poblaciones vulnerables: Dios, protege a nuestros ancianos y a los que sufren de enfermedades crónicas. Líbralos de esta infección. Te pedimos provisión para los pobres, especialmente para aquellos que no cuentan con seguro médico.

Te pedimos también por los jóvenes y los fuertes: Dios, dales la precaución necesaria para evitar que propaguen involuntariamente esta enfermedad. Inspíralos a ayudar.

Padre, te rogamos por todos nuestros gobiernos a nivel local, estatal y nacional: Dios, ayuda a nuestros funcionarios a tomar decisiones sabias mientras asignan los recursos necesarios para combatir esta pandemia.

Señor, te pedimos por los medios de comunicación: Dios, ayúdalos a proporcionar información actualizada y veraz, y a comunicarse con la seriedad apropiada sin causar pánico.

Por otro lado debemos pedir a Dios que haga su juicio justo pero que no se olvide de su misericordia. Que el juicio de las naciones pueda venir acompañado de su gran obra de amor, bondad y misericordia.

Ahora la segunda cosa que Habacuc hizo fue una VISIÓN: Es decir ponderar la grandeza de Dios (3:3-15)

Es probable que el Señor no nos brinde hoy una visión como la que vio Habacuc, aunque creo que habrá personas con capacidades de videntes. Necesitamos nuevas visiones proféticas. Sin embargo la visión de Habacuc como está registrada en la Palabra, podemos reflexionar sobre ella y dejar que el Espíritu nos enseñe a partir de ella.

Dios revela su grandeza en la creación, en la comunicación  y en la acción. Es decir Dios actúa en la historia, y si tenemos ojos para ver, podemos contemplar Su gloria.

Lo primero que vio Habacuc fue Su esplendor (vv. 3–5). Según algunos estudiosos, el Monte Paran es otro nombre para toda la Península del Sinaí o para el Monte Sinaí (Deuteronomio 33: 2). Teman se suele identificar con Edom. En esta canción, Habacuc parece estar recorriendo la marcha de Israel desde el Sinaí hasta la Tierra Prometida. Todo acerca de esta estrofa revela la gloria de Dios. Se le llama “el Santo” (Hab. 3: 3; y vea 1:12), un nombre que se usa en Isaías al menos treinta veces. “Su gloria cubrió los cielos” (3: 3) es una anticipación del tiempo cuando Su gloria cubrirá toda la tierra (2:14). La apariencia de Dios era como el relámpago que juega a través de los cielos antes de que estalle la tormenta. Toda la creación se unió para alabarle a Él como “la tierra estaba llena de su alabanza”. El brillo de Dios era como la salida del sol solo en un grado mayor (vea Mateo 17: 2). “Cuernos” significa “rayos”: “Los rayos brotaron de su mano” (Habacuc 3: 4 NVI ) donde se ocultó su poder. El versículo 5 nos lleva a Egipto, donde Dios reveló su poder y gloria en las plagas y pestes que devastaron la tierra y se llevaron las vidas de los primogénitos (Éxodo 7-12). Esas diez plagas no solo fueron castigadas por la dureza de corazón de Faraón; también revelaron la vanidad de los dioses de Egipto. “Contra todos los dioses de Egipto, juzgaré: Yo soy el Señor” (Éxodo 12:12; véase también Sal. 78:50). Pero este versículo también puede incluir los diversos juicios que Dios envió a Israel cuando lo desobedecieron de vez en cuando durante su marcha por el desierto. En los tiempos del Antiguo Testamento, Dios a menudo revelaba su gloria a través de tales juicios, pero en esta dispensación presente, revela su gloria a través de Jesucristo. “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14 NVI ). El faraón no reconocía la verdad, por lo que no podía experimentar la gracia. La primera plaga de Moisés en Egipto fue el convertir el agua en sangre (Ex. 7: 14–25), mientras que el primer milagro registrado de nuestro Señor fue el convertir el agua en vino.

El Señor se mantuvo en el poder (vv. 6–7). Los generales invasores empujan hacia adelante para ganar terreno o retroceden en retirada, pero el Señor simplemente se puso de pie y enfrentó al enemigo sin miedo. De hecho, midió con calma la tierra  como señal de que lo poseía. Medir algo es una indicación de que es tuyo, y puedes hacer con él lo que quieras. También es un paso preliminar a la acción, como si el Señor estuviera estudiando la situación y estimando cuánto poder tomaría para ejecutar

Por otro lado lo segundo que vio Habacuc Su ardor. Es decir su ira sobre las naciones. El Señor reveló su poder cuando sacudió la tierra en Sinaí antes de entregar su ley a Israel (Éxodo 19:18; Hebreos 12: 18–21). Las naciones que se encuentran entre Egipto y Canaán están tipificadas por Cushan y Midian, dos pueblos que viven cerca de Edom. A medida que la noticia del éxodo de Egipto se extendió rápidamente a través de las naciones, la gente estaba terriblemente asustada y se preguntaba qué pasaría cuando Israel llegara a la escena (Ex. 15: 14–16; 23:27; Deuteronomio 2:25 Josué 2: 8–11).

Lo tercer que Habacuc vio fu Su Labor. Dios marchó en victoria (vv. 8-15). Habacuc usa imágenes poéticas dinámicas para describir la marcha de Israel a través del desierto mientras seguían al Señor a la Tierra Prometida y luego reclamaban su herencia. El Mar Rojo se abrió para dejar salir a Israel de Egipto, y el Jordán se abrió para dejar entrar a Israel a Canaán. Los carros egipcios se hundieron en el barro y sus ocupantes se ahogaron, pero los carros de Dios fueron carros de salvación. El versículo 9 muestra las diversas batallas que los israelitas pelearon en el camino a Canaán, batallas que el Señor ganó para ellos mientras confiaban en Él y obedecían Sus mandamientos. En el versículo 10, nos movemos hacia la Tierra Prometida y vemos a Israel conquistando al enemigo. Dios estaba en completo control de la tierra y el agua y usó su creación para derrotar a los cananeos. El versículo 10 describe la victoria de Deborah y Barak sobre Sísara (Jueces 4—5), cuando una tormenta repentina convirtió su campo de batalla en un pantano y dejó los carros del enemigo completamente inútiles. En Habacuc 3:11, tenemos el famoso milagro de Josué cuando se prolongó el día para que Josué tuviera más tiempo para una victoria total (Jos. 10: 12–13). Al dirigir su ejército, Dios marchó a través de Canaán como un granjero trillando grano, y su pueblo reclamó su herencia (Hab. 3:12). Los expositores no están de acuerdo en cuanto a qué evento histórico se describe en los versículos 13–15. Esta podría ser una imagen de la liberación de la nación de Egipto, pero si lo es, Habacuc debería haberlo mencionado antes. El “ungido” de Dios sería la nación de Israel, porque eran un pueblo santo para el Señor (Ex. 19: 5–8).

Tal vez el profeta se refiera a las diversas ocasiones en que Dios tuvo que liberar a su pueblo, como se registra en el libro de Jueces, y el “ungido” serían los jueces que levantó y usó para traer la liberación (Jueces 2: 10– 19). Sin embargo, tal vez Habacuc estaba mirando hacia adelante y describiendo la liberación del pueblo de Dios de la cautividad babilónica. Dios trajo a los medos y persas para aplastar a Babilonia y luego permitir que los judíos regresen a su tierra (Esdras 1: 1–4). La imagen de Dios despojando a Babilonia “de la cabeza a los pies” (Hab. 3:13 NIV ) es paralela a lo que Jeremías profetizó en Jeremías 50—51. Quizás Habacuc estaba mirando tanto al pasado (el éxodo) como al futuro (liberación de Babilonia) y estaba utilizando la antigua victoria para alentar a la gente a esperar una nueva victoria.

En este himno, Habacuc describe a su Dios, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, y al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Él es el Dios de gloria que revela su gloria en la creación y en la historia. Él es el Dios vivo que hace que los ídolos muertos de las naciones parezcan ridículos. Él es el Dios de poder que puede ordenar la tierra y el mar, el cielo y la tierra y, por lo tanto, es el Dios de la victoria que dirige a su pueblo en triunfo. No hay sustituto para la buena teología, ya sea en nuestros sermones o en nuestras canciones. La superficialidad de algunos sermones, libros y canciones contemporáneas puede ser el factor más importante que contribuye a la debilidad de la iglesia y al aumento del “entretenimiento religioso” en reuniones en las que debemos estar alabando a Dios. Lo que llevó a Habacuc a la cima de la montaña fue su comprensión de la grandeza de Dios. Necesitamos un retorno a la clase de adoración que se centra en la gloria de Dios y busca honrarlo solo.

Cuando la pandemia comenzó, a la mayoría de nosotros nos tomó por sorpresa. ¿Será que la iglesia occidental ha vivido con comodidad y seguridad durante tanto tiempo que se le ha olvidado cómo lidiar con la oscuridad, el sufrimiento y la crisis?

¡Absolutamente! La verdad es que cristianos e iglesias occidentales  no sabemos lamentarnos bien. No estamos acostumbrados. Pero tampoco celebramos bien. Parece que solo buscamos la autocomplacencia. Sigo oyendo a los cristianos preguntando: “¿Podría ser este el fin del mundo?” Y quiero recordarles que cosas como esta han sucedido una y otra vez. Por ejemplo, en 1917 y 1918, hubo una gran pandemia por gripe española, durante la cual, las iglesias de algunas partes del mundo estuvieron cerradas durante un año. Olvidamos que ya hemos pasado por circunstancias similares en el pasado. Además, la mayoría de las personas de mi generación, no hemos enfrentado una guerra en nuestro territorio. No hemos pasado por una pandemia. Claro, hemos tenido un par de crisis económicas, pero hemos logrado lidiar con ellas de una u otra forma. Así que hemos batallado, pero hemos seguido adelante asumiendo que nada malo podría suceder. Nos olvidamos de la historia.

En este tiempo debemos ser como Habacuc debemos aprender a adorar a Dios por su esplendor, por su ardor y por su labor. Dios debe ser el centro de nuestra adoración para que podamos experimentar la paz que se produce como resultado de una adoración verdadera.

Lo tercero que Habacuc hizo fue una Convicción. Es decir fe para afirmar la voluntad de Dios. (3:16-19)

Esta es una de las más grandes confesiones de fe que se encuentran en cualquier parte de las Escrituras. Habacuc se ha enfrentado al hecho aterrador de que su nación será invadida por un enemigo despiadado. El profeta sabe que muchas de las personas irán al exilio y muchas serán asesinadas. La tierra será arruinada, y Jerusalén y el templo serán destruidos. ¡Sin embargo, le dice a Dios que confiará en Él sin importar lo que pase!

Lo primera convicción es esperaré. Escucha su confesión de fe. “Esperaré pacientemente en el Señor” (ver versículo 16). Si Habacuc hubiera dependido de sus sentimientos, nunca habría hecho esta gran confesión de fe. Si Habacuc miró hacia adelante, vio una nación que se dirigía hacia la destrucción, y eso lo asustó. Cuando miró hacia adentro, se vio a sí mismo temblando de miedo, y cuando miró a su alrededor, vio que todo en la economía estaba a punto de desmoronarse. Pero cuando levantó la vista por fe, vio a Dios y todos sus temores se desvanecieron. Caminar por la fe significa enfocarse en la grandeza y la gloria de Dios. Una de las marcas de la fe es la voluntad de esperar pacientemente a que el Señor trabaje. “El que crea no actuará apresuradamente” (Isaías 28:16 NKJV ). Cuando corremos delante de Dios, nos metemos en problemas. Abraham aprendió esa lección cuando se casó con Agar y engendró a Ismael (Génesis 16), y también lo hizo Moisés cuando trató de liberar a los judíos por su propia mano (Éxodo 2). “En tranquilidad y confianza será vuestra fortaleza” (Isaías 30:15 NKJV ). Habacuc podía esperar tranquilamente porque sabía que Dios estaba obrando en el mundo (Habacuc 1: 5), y había orado para que la obra de Dios se mantuviera viva y fuerte (3: 2).

Cuando sabes que Dios está trabajando en tu vida, puedes permitirte esperar en silencio y dejar que Él se salga con la suya. Además, Dios le había ordenado que esperara (2: 3), y “los mandamientos de Dios son las habilitaciones de Dios”. No importa lo que veamos y no importa cómo nos sintamos, debemos depender de las promesas de Dios y no permitirnos “desmoronarnos”.

Descanse en el Señor y espérelo pacientemente (Salmo 37:7). A lo largo de los años, a menudo me he apoyado en tres versos que me han ayudado a esperar pacientemente en el Señor. “Estate firme” (Éxodo 14:13), “Espérate” (Ruth 3:18), y “Quédate quieto” (Sal. 46:10). Cada vez que nos encontramos “revueltos” por dentro, podemos estar seguros de que debemos detenernos, orar y esperar en el Señor antes de hacer algo estúpido.

La segunda convicción es me regocijaré. Dice el texto:“ Me regocijaré en el Señor” (vv. 17–18). Para cuando Babilonia hubo terminado con la tierra de Judá, no quedaría mucho valor (2:17). Los edificios serían destruidos, los tesoros serían saqueados y las granjas y los huertos serían devastados. La economía se desmoronaría y habría poco de qué cantar. Pero Dios todavía estaría en su trono, desarrollando sus propósitos divinos para su pueblo (Romanos 8:28). Habacuc no podía regocijarse en sus circunstancias, ¡pero podía regocijarse en su Dios! El testimonio del profeta aquí nos recuerda las advertencias de Pablo a los cristianos de hoy: “Alégrense siempre, oren sin cesar, en todo den gracias; porque esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús para ti ”(1 Tesalonicenses 5: 16- 18 NKJV ).

La tercera convicción es me fortaleceré. Habacuc descubrió que Dios era su fuerza (Habacuc 3:19) y el canto, así como su salvación (véase Isaías 12: 1–2; Ex. 15: 2; Sal. 118: 14); y por eso no tenía nada que temer. Una cosa es “silbar en la oscuridad” y tratar de reafirmar nuestro coraje, y mucho más cantar sobre el Dios eterno que nunca falla. Aunque sus labios temblaban y sus piernas temblaban (Hab. 3:16 NVI ), el profeta estalló en una canción y adoró a su Dios.

¡Qué ejemplo para que sigamos! Nos recuerda a nuestro Señor antes de ir a la cruz (Marcos 14:26), y a Pablo y Silas en el calabozo de Filipos (Hechos 16: 19–34). Dios puede darnos “canciones en la noche” (Sal. 42: 8; 77: 6; Job 35:10) si confiamos en Él y vemos Su grandeza. “Voy a confiar en el Señor” (ver v. 19). Si mis piernas temblaran y mi corazón latiera con fuerza, encontraría un lugar seguro para sentarme y relajarme, ¡pero Habacuc comenzó a subir la montaña como un ciervo! Debido a su fe en el Señor, pudo ponerse de pie y ser tan firme como un ciervo; fue capaz de correr velozmente e ir más alto que nunca antes. Esta es una de las razones por las que el Señor nos permite pasar por pruebas: pueden acercarnos más a Él y elevarnos por encima de las circunstancias para que caminemos en las alturas con Él.

Dios nos hizo para las alturas. Si Él nos permite ir al valle, es para que podamos esperar en Él y levantarnos con las alas de las águilas (Isaías 40: 30–31). “Lo hizo montar en los lugares altos de la tierra” (Deuteronomio 32:13). Esto es lo que David experimentó cuando fue perseguido por sus enemigos y por Saúl: “Es Dios quien me arma con fuerza y hace que mi camino sea perfecto. Hace mis pies como los pies de un ciervo, y me pone en mis lugares altos “(Sal. 18: 32–33 RV60 ).

El gran expositor británico G. Campbell Morgan dijo: “Nuestra alegría es proporcional a nuestra confianza. Nuestra confianza es proporcional a nuestro conocimiento de Dios “.

Un himno antiguo parafrasea a Habacuc 3: 17–19: Aunque la vid ni la higuera, ni su fruto marchito, den fruto; Aunque todos los campos deban marchitarse, ni manadas ni rebaños están allí; Sin embargo, Dios es el que permanece, su alabanza afinará mi voz; Porque mientras en Él confía, no puedo dejar de regocijarme.

Habacuc nos enseña a enfrentar nuestras dudas y preguntas con honestidad, llevarlas con humildad al Señor, esperar a que Su Palabra nos enseñe, y luego adorarlo sin importar cómo nos sentimos o lo que vemos. Dios no siempre cambia las circunstancias, pero puede cambiarnos para cumplir con las circunstancias. Eso es lo que significa que a pesar de todo, y con todo el justo vivirá por la fe.

Ahora déjame hacerte unas preguntas importantes para reflexionar en tu propia vida. ¿Qué es un desafío actual en tu vida que requiere fe? Recuerda que Habacuc “estaba viviendo por promesas, no por explicaciones”. Miremos hacia atrás en 2: 4, 14, 20. ¿En qué sentido estas promesas son más valiosas que las explicaciones? ¿Qué promesas estás viviendo?

La oración, la visión y la fe llevaron a Habacuc desde el valle hasta la cima. Según 3: 2. ¿Cómo definirías o describirías la gloria de Dios en tu propia vida?

 ¿Cómo revela Dios su gloria hoy? Habla de tu propia experiencia.

¿Qué significa “caminar por la fe”? ¿Cuáles son algunas marcas de la

verdadera fe?  ¿Qué tan fácil es para ti tener fe y esperar pacientemente cuando estás en una situación así? ¿Qué te ayuda? ¿Cómo podemos alegrarnos cuando las circunstancias son difíciles? ¿Cómo podemos ayudar a otros que no parecen poder regocijarse?

“…Aviva tu obra…”

EL AVIVAMIENTO DE HOY

¿Es un juicio de Dios la crisis sanitaria, económica, social y espiritual causada por el Covid 19? Muchos piensan que sí, y seguramente no les faltan razones, pero lo cierto es que no podemos tener la seguridad absoluta por más que argumentemos, esa afirmación sólo la puede realizar y revelar el Señor. Eso fue lo que hizo con toda nitidez al dar a conocer al profeta Habacuc, que los caldeos serían instrumentos de un severo juicio de Dios hacia su propio pueblo: Israel. El profeta entró en conflicto, después de orar y expresar su desconcierto delante de Dios, empezó a comprender y llegó a hacer una de esas afirmaciones que han quedado grabadas en la memoria del pueblo de Dios: ¡Aviva tu obra en medios de los tiempos! Una de las cuestiones que antes de esta crisis nos planteábamos era: ¿Quién y qué puede cambiar la situación espiritual del mundo? Ahora con el coronavirus se torna todavía más relevante y necesaria, y debería ser uno de los principales motivos de oración y con el mismo espíritu de Habacuc decimos: ¡¡¡Señor, que esta crisis pueda significar un cambio de actitud espiritual en nuestro mundo¡¡¡

Habacuc había comenzado su profecía como una protesta contra la forma como Dios estaba actuando. El profeta creía que Dios estaba inactivo y era indiferente, porque la injusticia se extendía desenfrenadamente en Judá. La miopía de Habacuc quedó expuesta cuando Dios reveló el plan divino para corregir las injusticias del mal. ¿Qué debemos hacer cuando no entendemos el plan de Dios? ¿Cuáles son las acciones que debo hacer cuando Dios me muestra su plan? ¿Está dispuesto Dios a mostrarme su plan? ¿Cuáles son las decisiones que debo tomar ante una situación compleja en la vida?

En 3.1–16, ¡Habacuc se volvió y expresó su total confianza en el sentido de que Dios no permitiría que el mal escapara a la justicia! En una conclusión bastante apropiada, la fe de Habacuc triunfó sobre el desconcierto que le había molestado. La atención se centra totalmente en el Dios Todopoderoso, que reina con soberano esplendor. El capítulo 3 comienza con una oración poética que recalca una actitud que los cristianos deben tener.

Así que la primera acción de Habacuc se centra en PIDIENDO. (vrs. 1-3) Habacuc había comenzado analizando solamente la injusticia del hombre y todo lo demás, pero olvidando a Dios. En la conclusión de su profecía, vemos que su enfoque cambió. Ahora podía ver a Dios como el Todopoderoso Soberano cuyos caminos jamás son estorbados por las malas acciones del hombre. Habacuc llegó a entender que si bien parece que la maldad del hombre queda impune, no quedará exenta del furor de la justicia de Dios.

Así que Habacuc está pidiendo por fortaleza.

El versículo 1 presenta los versículos como una oración. Esta oración hace un repaso histórico y con rápidas imágenes, presenta a Dios en términos sobrecogedores. La conclusión a la cual llegó Habacuc le proporcionó consuelo aun cuando las injusticias de la vida parecían abrumadoras. ¡Llegó a la conclusión de que todos pueden depositar en Dios una inconmovible confianza que se justifica plenamente! Esta confianza se manifiesta en el contraste que presenta entre 1.2 (cuando decía: «¿Hasta cuándo, oh, Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás?») y 3.19 (cuando dice: «Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar»). Los dos versículos presentan emociones contrarias. Las verdades de 3.1–16 le dieron al profeta una nueva perspectiva de las injusticias de la vida. La expresión “oración” en Hebrero es tepillah, que puede traducirse como intercesión, incluso da la idea de un himno o cántico.

Es un momento de adoración lo que hace que Habacuc haga esta oración.

En segundo lugar Habacuc está pidiendo por presteza

Cuando Habacuc entendió que todas las injusticias de la vida serían castigadas, él dio muestras de estar totalmente seguro de la soberanía de Dios. Ahora él creía en Jehová como el Dios Todopoderoso de todos. Una oración completamente verdadera (3.1–15) Esta sección se presenta como «oración del profeta Habacuc, sobre Sigionot» (3.1). La instrucción que se da al director del coro al final del libro insinúa que esta oración fue concebida para usarse en el culto. Ella hacía un llamado al pueblo a recordar cuán poderoso es Dios y cómo Su omnipotencia corregiría todas las injusticias. Esta oración fue una exclamación cargada de emoción, ferviente, poética («Sigionot») de la fe de Habacuc. Él se volvió para hacer frente a lo desconcertante de la vida con una renovada seguridad en el sentido de que ¡no había nada que alguna vez alterara al Todopoderoso que está en Su santo templo! ¡Todos debían callar delante de Su majestad! Oración del profeta Habacuc, sobre Sigionot. Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh, Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer; en la ira acuérdate de la misericordia… (3.1–16).

En tercer lugar pide firmeza. La oración de Habacuc revela dos elementos que deben encontrarse en nuestras oraciones. En la humildad. En primer lugar, debe haber humildad. Él ya no cuestionaba a Dios. Habacuc reconocía que Dios estaba en la perfecta corrección y era absolutamente justo. Su completa sumisión a la voluntad de Dios debe encontrarse en todo cristiano (Hechos 21.14b). Su humildad hizo que cambiara su enfoque. Ya no se concentraba solamente en el orgullo nacional de Judá o la corrupción de su sociedad; todo lo que le importaba ahora era que la gloria de Dios se viera. Aprendamos a imitar la humildad de Habacuc. Que todo nuestro interés se centre en la gloria de Dios. Que nuestra oración sea en el sentido de que la voluntad divina triunfe por toda la tierra. Humillemos nuestros deseos e interesémonos solamente en que el progreso de la justicia continúe. Pedro instó a los cristianos, diciéndoles: «Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo» (1era Pedro 5.6). En la seguridad. El segundo elemento de la oración de Habacuc, que debe estar en nuestra oración, es la expresión de adoración para los propósitos de Dios. Habacuc pidió a Dios que «[avivara su] obra en medio de los tiempos» (3.2). La palabra «avivar» significa «perseverar» hasta el fin. Es una petición en el sentido de que el plan divino alcance su propósito. Habacuc sabía que si el plan de Dios tenía éxito, entonces todo estaría bien con el tiempo, aun si todo parecía caótico en el momento. Esta es una fe que todo cristiano debe tener cuando es confrontado con las injusticias de la vida. ¿Qué debemos orar cuando estamos enfrentados con crueles injusticias? La Biblia dice que debemos dejar atrás todos nuestros afanes presentándolos en toda oración y ruego, y regocijarnos aun cuando estemos confrontados con las injusticias de la vida (Filipenses 4.4–6). Se nos dice que oremos pidiendo que los propósitos de Dios se cumplan. Las palabras finales que Juan expresa en Apocalipsis 22.20b, a los que luchaban por entender las injusticias de la vida, constituyeron un llamado pidiendo que el Señor volviera. Esta fue una petición en el sentido de que el plan final de Dios se cumpla.

La segunda  acción de Habacuc se centra en CORRIGIENDO

Cuando usted hace frente a las injusticias de la vida con oración llena de seguridad, comenzará a ver los problemas desde la perspectiva correcta. En vista de que el poder de Dios es superior a toda oposición que el mal pueda presentar, ¡usted reposará lleno de confianza en el sentido de que Dios es poderoso para vérselas con cualquier crisis que se suscite en su vida! Un temor relacionado con la sobrecogedora ira de Dios (3.16a) El versículo 16a dice: «Oí, y se conmovieron mis entrañas; a la voz temblaron mis labios; pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí».

Corriendo mi percepción de la persona de Dios. Habacuc se dio cuenta de que el castigo de Judá era inevitable. Los pecados de la nación serían castigados. Independientemente del nacionalismo de Habacuc, la ira divina golpearía a los arrogantes y administraría justicia a una sociedad que había abandonado la rectitud. Este entendimiento no se había alcanzado fácilmente. En el capítulo 1 había mantenido un leal espíritu nacionalista, rehusando aceptar el hecho de que Dios haría que Judá cayera. Habacuc ahora reconocía el derecho de Dios de hacer lo que deseara con la nación. Al reconocer el inminente juicio de Judá y al saber de quién procedería, Habacuc se sobrecogió de temor. Si entendemos el majestuoso poder de Dios, también nos llenaremos de este gran «temor» de Él. Este temor sobrecogió a Daniel (Daniel 10.8) y a Job (Job 40.4–5). El autor de Hebreos habló acerca de la terrible situación de los que deben hacer frente a la arrolladora ira de Dios (Hebreos 10.31). Este temor conduce al «estremecimiento». El significado literal de esta frase describe una terrible conmoción a la cual es sometido el sistema en su totalidad. Habacuc estaba seguro de que Dios juzgaría el mal y castigaría la injusticia. Sabía que este castigo sería severo. Los cristianos deben entender esta misma verdad, porque los llevará a vivir vidas piadosas y les permitirá evitar esta sobrecogedora ira. Pablo escribió: «Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado» (Romanos 11.22).

Corrigiendo mi percepción del plan de Dios. Un resignarse a la voluntad de Dios (3.16b) Habacuc había «esperado» anteriormente que Dios justificara Sus acciones (2.1). Ahora proponía una vez más «esperar» en Dios, pero esta vez lo haría por una razón diferente. Ahora él esperaría pacientemente que Dios realizara Su divino plan. El versículo 16b dice: «Si bien estaré quieto en el día de la angustia, cuando suba al pueblo el que lo invadirá con sus tropas». Habacuc estaba dispuesto a someterse a Dios y a esperar en Su calendario. Estaba dispuesto a dejar de esperar que Dios reaccionara inmediatamente a sus exigencias. Resolvió esperar y acatar las exigencias de Dios. Para los cristianos, esto no significa que nos rindamos a las injusticias de la vida. No significa que consintamos en la «justicia» del mal. No significa que estemos derrotados ni que no tengamos esperanza de triunfo sobre las injusticias de la vida. Sencillamente significa que depositamos total confianza en Su poder para equilibrar las injusticias de la vida. Es una expresión de fe, de confianza en Dios.

La tercera acción de Habacuc se centra en PRESENCIANDO.

Presencia la justicia de Dios.

Habacuc entendió que todas las injusticias de la vida recibirán su retribución algún día, debido a la respuesta que da Dios a ellas. El «avivamiento» de Su obra demuestra Su absoluto dominio: «Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, en medio de los tiempos hazla conocer; en la ira acuérdate de la misericordia» (3.2). Habacuc se daba cuenta de que los propósitos de Dios jamás serán estorbados. Es esta verdad que el conocido himno afirma: «¡Su verdad sin detenerse!». Históricamente, Sus propósitos han «marchado sin detenerse». Nada alguna vez los ha impedido. Cuando Israel necesitaba liberación, Dios la proporcionó de modo que Sus propósitos no fueran estorbados. La confiabilidad histórica de los designios de Dios levantó la seguridad de Habacuc. Aquí el profeta ora pidiendo que la antigua obra de liberación, repetida en cada una de las grandes épocas de la historia de Israel, se hiciera claramente presente, como una realidad viviente, en las mentes del pueblo.

Presenció la experticia de Dios. Sus caminos son eternos (3.3–6). Las palabras de Habacuc presentan un espectacular cuadro de la respuesta de Dios al mundo. Él veía a un augusto Dios que venía a administrar justicia divina. Dios se presenta como un guerrero de sobrecogedora fuerza. «El guerrero que se describe en este texto, es sin duda un soldado poco común. Sus armas y el alcance de su batalla son de proporciones cósmicas. No hay poder mortal o terrenal que pueda soportar sus embates. Habacuc presentó a Dios como una gran tempestad que hace añicos la estabilidad de los cimientos de la tierra. Hizo a Dios semejante a las pestilencias y a las plagas cuyas destructivas fuerzas humillaron al orgulloso Egipto. El poder de Dios es capaz de «escudriñar» la tierra y demostrar un absoluto dominio sobre la totalidad del planeta (3.6; cf. Salmos 74.17). En esta descripción, la autoridad de Dios deja establecido su incuestionable y absoluto dominio de todas las cosas sobre la tierra. La consecuencia de lo absoluto de este dominio es clara: nadie podrá evadir el castigo divino por el mal; ¡la injusticia jamás escapará del escrutinio divino! Cuando Habacuc se dio cuenta de que la obra de Dios sería «avivada», él entendió que Dios tiene dominio de todas las cosas. En vista de que Dios tiene dominio total, Sus propósitos jamás serán estorbados. Por lo tanto, ¡los que son fieles serán triunfantes!

Por todo el capítulo 3, Habacuc invocó memorias del pasado de Israel. Ilustró así como el total dominio de Dios proporcionó constante tranquilidad en el sentido de que Él jamás fracasará. Por todo el pasado de Israel el poder de Dios había mostrado misericordia y había dado dirección, para que Sus propósitos se cumplieran. Habacuc usó los milagros hechos en Egipto, la liberación de la esclavitud impuesta por Faraón, el paso del Mar Rojo, los eventos del monte Sinaí, el paso del Jordán y la conquista de la Tierra de Promisión, para mostrar cómo los propósitos de Dios no pueden ser estorbados. En vista de que la historia demuestra que los planes de Dios jamás fracasan, debe renovarse nuestra confianza en el sentido de que Sus propósitos divinos tampoco se detendrán en nuestros tiempos. El Dios en quien creemos, puede actuar, y de hecho actúa, donde le place y cuando le place.

Habacuc medita sobre la grandeza y el poder de Dios, y el elemento milagroso de los tratos de Dios con Su pueblo absoluto. Dios proporciona a los cristianos una promesa absoluta en el sentido de que Él vengará a los salvos y dará desdicha a los que rechazan la justicia. Ninguno que sea injusto permanecerá. Los que han tratado de estorbar los propósitos de Dios, descubrirán que no podrán permanecer cuando la justicia de Dios venga (Apocalipsis 6.17). Cuando Habacuc se dio cuenta de lo absoluto de la justicia de Dios, y la situación en que se encontrarán los que se oponen a Dios, él solo pudo rogar, diciendo: «En la ira acuérdate de la misericordia» (3.2b).

La cuarta acción de Habacuc se centra en PROCLAMANDO.

En primer lugar proclama retribución. La respuesta final tiene en la mira a los que han corrompido la justicia y han tratado de estorbar los propósitos de Dios. Habacuc describió la respuesta de los pecadores con una sola palabra: «¡terror!». Cuando el juicio de Dios venga, todos los pecadores serán presa de espanto y temor. Verán la augusta Presencia y serán completamente arruinados. Habacuc había aprendido que los pecadores podían dominar ahora, pero no dominarían para siempre. Los pecadores podían ejercer brutalmente el poder ahora, pero no lo ejercerían para siempre. Cuando la justicia de Dios venga a equilibrar las injusticias de la vida, los pecadores verán su vana oposición (Apocalipsis 20.11). Las potencias mundiales que imperan pueden presentarse como poderosas en armamento, pero su grandeza militar no puede protegerles de la ira de Dios. La liberación de Israel de la esclavitud en Egipto ilustra este punto. Aunque los egipcios eran la potencia mundial suprema, ellos se estremecieron cuando fueron confrontados con la justicia de Dios. Después de esto, Moisés e Israel cantaron: «Condujiste en tu misericordia a este pueblo que redimiste […] Lo oirán los pueblos, y temblarán» (Éxodo 15.13–14a). Lo que era cierto para Egipto sigue siendo cierto hoy: La pompa terrenal y la supremacía mundial serán inútiles cuando el Señor regrese (Salmos 9.15–16; 2ª Tesalonicenses 1.7ss; Apocalipsis 19.11ss). Note las palabras que se usan para describir la grave situación de los pecadores; dice que los «hizo temblar» (3.6), que «se humillaron» (3.6), estaban «en aflicción» (3.7). La ruina abismal sería el fin último de ellos (3.12–15). Con el tiempo, el corazón obstinado tendrá que reconocer la soberanía de Dios; el corazón arrogante tendrá que reconocer que Dios es de hecho el gobernante de todo. Los orgullosos descubrirán que ellos han creído una detestable mentira en el sentido de que los logros mortales son los más grandes galardones (3.16b). Esto es lo que leemos: «Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí» (Romanos 14.11–12). ¡Tal descripción de la ruina total de los pecadores debe infundir terror en los que siguen oponiéndose a Dios! Esto es lo que sucedió a los que, según consigna Hechos 2, se dieron cuenta de cómo habían desobedecido a Dios y se habían opuesto a Sus divinos propósitos. Al darse cuenta de la grave situación en que se encontraban, «se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?» (Hechos 2.37). Al darse cuenta de su rebelión contra Dios, respondieron de modo diferente de los pecadores de Habacuc 3. Los pecadores que clamaron en Hechos 2, estaban arrepentidos y dispuestos a obedecer a Dios, mientras que los pecadores de Habacuc 3 siguieron siendo obstinados, rebeldes, hasta que fue demasiado tarde para cambiar. Los pecadores de Hechos estaban dispuestos a obedecer los mandamientos de Dios y a ser salvos por medio de obedecer la voluntad de Dios (Hechos 2.38).

Proclamó liberación. Que todos entiendan las enseñanzas de Habacuc (3.13). El objetivo supremo de Dios es «socorrer» (salvar) a los perdidos. ¡Todas las tribulaciones de la tierra conducirán al final a esta gran meta! Así, lo que suceda en la vida puede llevar ya sea, a la salvación, o a un mayor alejamiento de Dios. Es una elección que cada uno de nosotros debe hacer. O se elige la humildad o se elige el orgullo (2.4). Debemos trabajar con la voluntad revelada de Dios para ver que la salvación es posible para nosotros y que la meta de Dios se cumple. Puede que la meta de Dios no parezca estarse alcanzando hoy, pero no debemos permitir jamás que esto nos impida cooperar con Él. Su misericordia está disponible a todos los que están dispuestos a someterse a Sus mandamientos. No obstante, ¡la misericordia de Dios no estará allí para siempre! Por lo tanto, que todos los pecadores respondan de inmediato, como lo hicieron los pecadores de Hechos 2.37–42.

Cuando las tribulaciones parecen inclinarse a favor del mal, recuerde que «los caminos [de Dios] son eternos» (3.6b). El comportamiento de Dios es predecible. Esto debe producir consuelo a todos los que tienen problemas con las injusticias de la vida. Del mismo modo que Dios actuó en el Mar Rojo, en el río Jordán, en el largo día de Josué y cuando Otoniel y Gedeón fueron asediados, Él actuará en Su gran día de salvación. Los cristianos deben tener una perspectiva apropiada en el presente, por medio de usar el pasado como fundamento para su fe. No hay razón para que los santos se desanimen cuando recuerdan las obras de Dios en generaciones pasadas. Podemos decir con confianza: «Pero Dios es mi rey desde tiempo antiguo; el que obra salvación en medio de la tierra»; «Levántate, oh, Dios, aboga tu causa» (Salmos 74.12, 22). Cuando usted se vea frente a la injusticia, recuerde que Dios al final equilibrará las injusticias de la vida. Esta idea ayudó a Habacuc a sobrevivir, y le ayudará a usted a perseverar cuando está desanimado. Su perseverancia será posible solamente si se centra en estas cuatro acciones: ¡Recuerde el glorioso pasado! ¡La historia puede sustentar su seguridad y su fe en Dios! ¡Confíe en el gran poder de Dios! ¡Lo que Él hizo en el pasado es seguridad de que lo hará en el futuro! ¡Crea en la Palabra de Dios! ¡Dios siempre cumple Sus promesas!

¡Ay…!

De la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses 1,1-8. Miércoles 6 de  Septiembre de 2017. – Evangeliza Fuerte

¿Qué hace usted cuando alguien tiene éxito a costa suya? El que así haga puede estar motivado por el interés egoísta de «tomar la delantera», sin importarle lo que haga a los que estén en su camino.

¿Cómo se siente cuando usted ha hecho todo el trabajo, pero otro, que no hizo nada, recibe todo el reconocimiento?

¿Qué piensa usted cuando un socio es injusto con usted, y lo hace con el fin de avanzar en posición?

Cada una de estas situaciones tiene un común denominador: la causa es el orgullo egoísta. El orgullo es un pecado que muchos no pueden reconocer, sino hasta que es demasiado tarde.

Esopo ilustró el orgullo letal en la siguiente fábula. Una tortuga que estaba insatisfecha con su vida humilde miró hacia arriba y admiró a las aves que volaban entre las nubes. Pensó que sin tan solo pudiera elevarse en el aire, podría deslizarse por los aires con las mejores de ellas. Un día llamó a una águila y le ofreció todos los tesoros del océano si ella le enseñaba a volar. El águila rehusó, diciendo que la tortuga no podía flotar en el cielo como las aves. La orgullosa tortuga insistió, y al final el águila aceptó. Llevó la tortuga hasta una gran altura y la soltó. «¡Este es el momento!», gritó el águila. «¡Vuela!» Antes que la tortuga pudiera hablar, cayó sobre una roca y se hizo añicos. En las Escrituras, al orgullo siempre se le  considera como indicación de insensatez. «Escarnecedor es el nombre del soberbio y presuntuoso que obra en la insolencia de su presunción» (Proverbios 21.24).

El orgullo ha sido el que históricamente ha llevado a la ruina a los poderes reinantes de este mundo. Al reconocer las letales consecuencias del orgullo, Thomas Jefferson comentó: «Yo temo por mi país, cuando reflexiono que Dios es justo, que Su justicia no puede dormir para siempre».

¡El orgullo es la tentación universal de Satanás, que invade tanto al hombre y a la nación y produce catastróficas consecuencias! Los cristianos debemos tener cuidado con esta poderosa tentación.

Habacuc 2.6–20 presenta una franca exposición del orgullo. El análisis en realidad comienza en 2.4 donde se contrastan actitudes: «He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; más el justo por su fe vivirá».

Lo vimos en el mensaje anterior tiene que ver con los que viven por «fe» dan muestras de humildad y se someten a Dios; los que son «orgullosos» no hallarán «vida» porque se han apartado de Dios.

Es curioso que en la revelación de Juan se usa a Babilonia como símbolo de los orgullosos. La caída de Babilonia la Grande muestra cuánto desdeña Dios a los orgullosos y presenta el destino que espera a los que eligen el orgullo como su estándar.

Era la nación de Babilonia la que Dios estaba levantando para castigar a la extraviada Judá (1.6).

Ahora bien a  Habacuc le costó entender cómo podía Dios utilizar a tan inicua nación. Esto es lo que leemos en 1.13: «Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio; ¿por qué ves a los menospreciadores, y ¿No han de levantar todos éstos refrán sobre él, y sarcasmos contra él? Dirán: ¡Ay del que multiplicó lo que no era suyo! ¿Hasta cuándo había de acumular sobre sí prenda tras prenda? […] Por cuanto tú has despojado a muchas naciones, todos los otros pueblos te despojarán… (2.6–20), callas cuando destruye el impío al más justo que él?».

En 2.2–20, Dios explicó que Babilonia no escaparía de Su ira. En realidad, la nación se convirtió en su propia perdición; ¡su arrogante orgullo le produciría su propia destrucción! Un escritor del AT dijo: Habacuc había clamado pidiendo que se vengara públicamente el nombre de Dios y la justicia […] la vergüenza de los babilonios por su maldad debía ser igual en intensidad a la injusticia sufrida por hombres y mujeres buenos en manos de los babilonios […] La riqueza de los babilonios que se había acumulado por medios injustos debía ser cedida.

La verdad es que un alto precio se paga por el orgullo. Muchos son sutilmente tentados a ceder al orgullo sin considerar su inevitable fin.

Proverbios 22.3 insta con estas palabras: «El avisado ve el mal y se esconde; más los simples pasan y reciben el daño». ¡No menosprecie usted el «fin» que espera a todos los que siguen el obstinado aguijoneo del orgullo!

Quisiera que viéramos todo el panorama del orgullo que estos versículos muestran.

En primer lugar me gustaría mostrar el daño del orgullo.(2.6a)

El primer daño del orgullo es carencia.

Aunque Babilonia parecía invencible, la nación sería objeto de ridículo. Todos los que habían sido oprimidos por su maldad, se unirían para condenar los actos de ella. Las víctimas del orgullo, de hoy, también testifican contra su maldad. Los que han sido maltratados por los orgullosos pueden no entender por qué Dios no impidió que la maldad golpeara sus vidas. Puede que se sienten a preguntarse cómo se preguntó el desconcertado profeta, en el capítulo 1: «¿Dónde está Dios? ¿Por qué permite que sucedan estas cosas?». Aunque las víctimas del orgullo no entiendan los «porqués» de las situaciones de maldad, pueden saber que la maldad será juzgada por Dios. Nada escapa a Sus ojos. Dios dice: «Así, pues, haré yo; mi ojo no perdonará, ni tendré misericordia; haré recaer el camino de ellos sobre sus propias cabezas» (Ezequiel 9.10).

El segundo daño del orgullo es prepotencia.

Aprendamos dos lecciones de esta verdad. En primer lugar, cuando el orgullo egoísta controla la vida de una persona, esta hará y dirá cosas que maltratan a otros. Con el tiempo, los que han sido lastimados hablarán acerca de la maldad del orgulloso, ¡y Dios dará retribución! Jeremías pronunció la sentencia divina contra la orgullosa Babilonia, diciendo: «… porque Jehová, Dios de retribuciones, dará la paga» (Jeremías 51.56b). En segundo lugar, los que son maltratados por el orgullo de otro deben dejar la retribución a Dios. Es tentador devolver el golpe a los que se portan injustamente con nosotros, pero la venganza es igual de mala a la maldad que se nos haya hecho a nosotros. ¿Por qué? Porque cuando nos vengamos, ¡dejamos que el orgullo se convierta en nuestro señor! Puede que los que han sido maltratados por los orgullosos no sean capaces de explicar por qué tal maldad ha sucedido, pero deben «andar por fe», sabiendo que la retribución divina será administrada a los orgullosos (cf. Mateo 18.6–7; 1era Corintios 8.1, 12).

En segundo lugar me gustaría mostrar el engaño del orgullo. (2.6b–19) Babilonia manifestó acciones que caracterizan el orgullo. Estos rasgos que fueron visibles en Babilonia están presentes hoy. Cada rasgo aumenta la depravación del orgulloso. Lo que descubrimos es la corrupción y la inevitable condenación a la cual conduce el orgullo.

Primero te engaña con tu ambición (2.6b–8)

En 2.6–20, Dios pronunció una serie de «ayes» sobre los orgullosos. El primer «ay» revela las consecuencias de la ambición egoísta: el celo por «adelantarse» y alcanzar el éxito a cualquier precio. A Babilonia le motivaba la codicia. Era una nación controlada por un trágico narcisismo y una consumidora pasión por obtener placeres, comodidades y ventajas. Nunca podía saciarse (2.5b). En un intento por satisfacer su codicia, Babilonia arrebataba a otras. La metáfora de 2.6b–7 se tomó de la práctica financiera de tomar un préstamo, luego otro préstamo, y otro, hasta que no había posibilidad de pagar alguna vez lo que se tomó prestado. Los versículos 6b y 7 dicen: «¡Ay del que multiplicó lo que no era suyo! ¿Hasta cuándo había de acumular sobre sí prenda tras prenda? ¿No se levantarán de repente tus deudores, y se despertarán los que te harán temblar, y serás despojo para ellos?». Babilonia había aumentado sus riquezas a un precio que no habían reconocido. Había seguido tomando prestado insensatamente (arrebatando), y un día el Cobrador pediría el pago, y la nación no estaría en condiciones de pagar (2.7). Parecía que Babilonia estaba quedando impune de todos sus actos. ¡Pero en realidad no estaba quedando impune de nada! Cada vez que pecamos y robamos a alguien, estamos aumentando para nosotros una deuda que va a ser pagada con interés compuesto. ¡Debemos entender que la codicia no tiene obligación, relacionada con «la verdad sobre los préstamos», de revelar su verdadero costo al consumidor! Ofrece un panorama de grandes ganancias, pero solo paga con gran aflicción. Así, se nos advierte: «El que oprime al pobre para aumentar sus ganancias, o que da al rico, ciertamente se empobrecerá» (Proverbios 22.16). Los santos deben tener la actitud de confiar en Dios, que Él proveerá suficiente para la vida, y no deben apoyarse en la estimulación de la codicia (Proverbios 30.8–9).

En segundo lugar te engaña con tu situación. (2.9–11).

La codicia condujo a Babilonia a mayor corrupción. Una vez que una persona es controlada por la codicia, ella emprende acciones para tomar los objetos codiciados. Las palabras de Habacuc describen cómo Babilonia hizo esto. Comenzaron a creer que estaban seguros de sus ventajas materiales y que eran superiores a todo el mundo. La supuesta seguridad de ellos se describe con la expresión «[ponen] en alto su nido» (2.9) como las águilas. Esta metáfora se refiere al nido que construyen ciertas aves sobre un risco. Es inaccesible. Esta era la actitud que reflejaba Babilonia.

Ella había oprimido a otros, buscando mayor protección por medio de las conquistas; no obstante, Dios dijo que solo eran ilusiones.

Es trágico que esta misma actitud se refleje hoy. Muchos creen que pueden hallar seguridad duradera en las riquezas, las posesiones o el prestigio. Conciben planes y astutamente realizan maniobras que les producirán ascensos en el trabajo. Al seguir sus planes, tratan a otros de modo insensible («asolaste muchos pueblos», 2.10). Estas personas «exitosas» no escaparán de la condenación. Habacuc dijo que hasta «el muro, y la tabla del enmaderado» testificarán contra sus malos designios (2.11). La verdad de esta aseveración se observa cuando los que han usado métodos inmorales para avanzar, oyen que se susurra detrás de ellos: «Sí, llegó a la cima rápidamente, pero déjenme explicarles cómo sucedió en realidad…». ¡Todos los que confían en su propia astucia para llegar a ser exitosos, deben prestar atención! Babilonia creía que al destruir a otros, ella podía ganar mayor seguridad, ¡pero no tomó en cuenta a Dios! Daniel había dicho: «El muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes» (Daniel 2.21). Al final, los orgullosos despertarán para descubrir lo que Babilonia descubrió hace mucho tiempo: El «éxito» lo es solo en apariencia; las ventajas terrenales no proveen verdadera seguridad (Lucas 12.15). Cuando nos encontramos con personas codiciosas que alcanzan el éxito por medio de la astucia maligna que destruye a otros, es fácil preguntar: «¿Dónde está Dios? ¿No ve Él lo que está sucediendo? ¿Por qué no hace algo?». Las palabras de Habacuc nos dicen que Dios sabe lo que ha sucedido. El orgullo siempre produce víctimas, pero se da un mensaje de consuelo a los que quedan tras el atropellado recorrido de astutos «escaladores» de posiciones. Nada escapa al ojo de nuestro Santo Dios. ¡Podemos estar seguros de que la justicia triunfará y de que todo hacedor de maldad será castigado! Podemos recibir consuelo de estas palabras: «No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel» (Salmos 121.3–4).

En tercer lugar te engaña con tu posición.(2.12–14)

Dominada por la codicia, Babilonia mataba sin compasión, explotaba sin concesiones y destruía sin vacilación. Se elevó hasta el estatus de potencia mundial; sin embargo, todo su éxito desaparecería. El pueblo dijo que «[trabajó] para el fuego» (2.13b). La violencia de que adolece la sociedad revela cómo el orgullo puede dominar el comportamiento humano. El orgullo lleva a la gente a maltratar a otros que encuentren en el camino hacia sus objetivos egoístas. El orgullo los lleva a poner sus deseos por encima del bienestar de los demás y a tomar lo que no es de ellos. ¡El orgullo ha desensibilizado las conciencias y ha masacrado los valores de Dios sobre el altar del ego! Son pocas las restricciones que se impone la gente, porque el orgullo domina sus vidas. Muchos persiguen sus deseos egoístas sin pensar en la ética o la moralidad. Cuando parece que la violencia impera y que la anarquía es la norma de gobierno para el comportamiento, puede que preguntemos al igual que Habacuc: «¿Dónde está Dios? ¿Por qué permite Él que la violencia se extienda desenfrenadamente? ¿Por qué los inicuos parecen victoriosos al perseguir la felicidad a costa de otros?». Estos eran los sentimientos que se reflejaban en el desconcierto de Habacuc. Dios respondió a las interrogantes de Habacuc. La violencia puede parecer triunfante, pero en realidad, es un completo fracaso. Dios dijo a Habacuc que vendría un día cuando se constataría universalmente esta verdad, pues «la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová» (2.14). Cuando venga este conocimiento, desaparecerá todo lo que los orgullosos hayan ganado por métodos violentos. (Vea 2a Pedro 3.10; Apocalipsis 20.11–15.) Al final, los orgullosos serán conmocionados y humillados, cuando se den cuenta de que sus esfuerzos no sirvieron para nada.

Imagínese usted la consternación de ellos cuando descubran que todo su duro trabajo, toda su explotación, y todas sus labores, de nada valieron. Al final, el nido que se construyó tan alto no proporcionó seguridad alguna. ¡Todo fue en vano!

En cuarto lugar te engaña con tu reputación. (2.15–17)

Una vez que alguien cede al dominio de la codicia, y comienza a planear estrategias malas y violentas para alcanzar sus metas, ¡está dispuesto a hacer lo que sea para satisfacer su insaciable apetito! Este es el paso que se trata en 2.15–17. El severo «ay» se refiere a la aprobación que daba Babilonia a la ingestión de bebidas alcohólicas. Babilonia era famosa por los excesos en el alcohol. Su derrota final se produjo después de una desenfrenada fiesta (Daniel 5.1ss). La metáfora de invitar a otro a saborear una bebida puede referirse a las estratagemas malignas de la codicia, al ofrecer promesas, beneficios y honores a los débiles. Babilonia hacía estas ofertas con el pretexto de ayudar a otros; en realidad, el propósito era la ventaja egoísta.

Esta era una estratagema manipulativa para persuadir a otros a ceder. «El “veneno” que había en la placentera “bebida” ofrecida por la rapaz Babilonia se refiere a la trampa por la cual los estados deseados eran engañados y entregados en las manos de Babilonia». La interpretación literal de 2.15–17, ¡constituye una maldición sobre todos los que defienden la idea de que se puede ser bebedor social!

Por toda la Biblia se encuentra esta censura de una práctica que rara vez se censura en nuestros tiempos (cf. Proverbios 20.1; 23.29–35; Isaías 56.12). Los que ingieren bebidas alcohólicas son presentados como personas que permiten que su comportamiento sea dictado por el orgullo. En la declaración de este «ay» vemos cómo el orgullo atrae y seduce a otros al placer egoísta. Una vez que han sido usados, son desechados con descuido; su utilidad ha terminado. Esta forma de violencia es común hoy. ¡Qué triste es que el orgullo domine a nuestro mundo al grado de que las vidas humanas se consideren «desechables»! Los cristianos debemos acatar la amonestación en el sentido de evitar este mal del orgullo. Pablo dijo: «Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne» (Gálatas 5.16). Esta es la única manera como podemos vencer el orgullo. No podemos justificar el participar de la inmoralidad para satisfacer los deseos del ego (Lucas 9.23).

En quinto lugar te engaña con tu convicción.(2.18–19). Lo que finalmente sucedió a Babilonia revela el inevitable fin del orgullo: el orgullo llega al tiempo a elevar el «ego» al nivel de «Dios». Babilonia se había vuelto tan dominante que olvidó la soberanía de Jehová. El orgullo controlaba a tal grado la vida de ella que Dios dejó de ser importante. ¡Los cristianos no deben permitir que el orgullo los lleve a hacer de Dios una conveniencia más que una convicción! Debemos tener cuidado de no permitir que la idolatría nos atrape. Este es un peligro que pocos cristianos toman con seriedad. Muchos creen que la «idolatría» es postrarse en adoración de una cruda imagen tallada de madera, grabada en piedra o moldeada de metal. No obstante, «idolatría» es quitar a Dios de la posición preeminente en la vida de uno y reemplazarlo por un interés mayor. Si un cristiano no tiene tiempo para la oración y el estudio de la Biblia, pero sí lo tiene para la televisión o los dispositivos mediáticos, ¿no es esto idolatría? Si un cristiano halla tiempo para el ejercicio, los aeróbicos y los deportes, pero no lo halla para el estudio de la Biblia, ¿no es esto idolatría? Por favor recuerde que la idolatría es quitar a Dios del primer lugar en nuestras vidas y reemplazarlo por algo más. Se nos insta a buscar primeramente Su reino (Mateo 6.33).

En tercer lugar el desengaño del orgullo.(2.6b–19).

El destino de Babilonia revela que Dios no permitirá que los orgullosos escapen (vea Ezequiel 9.10). Por todo este himno de mofa, Habacuc ha consignado la tragedia que aguarda a todos los que siguen el aguijoneo del orgullo. Analice ahora tres estrategias específicas que aguardan a todos los que siguen el orgullo y desechan a Dios.

Primero Dios va a despojar.(2.7) Aunque Babilonia parecía ser exitosa, ¡ella lo perdería todo! ¡Los orgullosos recibirían lo que habían dado a otros! Esta amarga verdad es enseñada a menudo en las Escrituras. Se nos dice que lo que «sembramos» (acciones, palabras y obras) es lo que «segamos» (Gálatas 6.7–8). Se nos asegura que nuestros pecados nos alcanzarán (Números 32.23). ¡El pecado es el mejor detective del mundo, él mismo se encarga, con el tiempo, de llegar a descubrir al pecador!

Segundo Dios va a avergonzar. (2.10) Aunque Babilonia parecía próspera, la realidad de su prosperidad sería anunciada. El pecado siempre produce vergüenza. Los orgullosos creen que están por encima de la ley y que pueden actuar como les dé la gana. Están equivocados. «¿Me provocarán ellos a ira? dice Jehová. ¿No obran más bien ellos mismos su propia confusión?» (Jeremías 7.19). En lugar de gloria y honra duraderos, los orgullosos hallan vergüenza y desdicha eternas: «Te has llenado de deshonra más que de honra […] y vómito de afrenta sobre tu gloria» (2.16). Este «fin» es rara vez tomado en cuenta por los que siguen la corrupta senda del orgullo. Por más grande que fuera Babilonia, ¡nada quedaría de su éxito! Este es el epitafio que al tiempo se escribe sobre el sepulcro del orgullo. Todos aquellos cuyas energías sean invertidas en el orgullo descubrirán el completo desperdicio de sus vidas. Al final descubrirán que la totalidad de su existencia se ha desperdiciado; ¡no tienen verdadera ganancia! Esto es lo que leemos en 2.18: «¿De qué sirve la escultura que esculpió el que la hizo? ¿la estatua de fundición que enseña mentira, para que haciendo imágenes mudas confíe el hacedor en su obra?». Dios va a triunfar. (2.20) En 2.20, la profecía de Habacuc alcanza su crescendo de fe. En dramático contraste con los dioses sin vida de Babilonia, en quienes «no hay espíritu» (2.19b), ¡se yergue el Dios viviente! Aun cuando los orgullosos están despojando y produciendo ruina, ¡Dios está vivo y está al mando! Aun cuando aquellos que están cegados por el orgullo persiguen solo la codicia, ¡Dios reina y lo ve todo! La vista de Habacuc se elevó de la ruina del orgullo sobre la tierra y se centró en el templo celestial. Habacuc entendió que Dios está sobre Su trono en los cielos, cuidando de sus santos. A Habacuc se le dio seguridad de que esta Deidad reinante producirá justicia. Esta seguridad produjo gran consuelo a Habacuc, como lo debe producir a todos los que tienen dificultad para entender el aparente triunfo del mal sobre la tierra. Debió de haberle producido gran tranquilidad a Habacuc darse cuenta de que Dios estaba en Su santo templo. Los Babilonios podían invadir y destruir el templo que estaba sobre la tierra, pero el templo que estaba en el cielo se mantendría puro y santo. Nadie podía invadir ese templo. Esto es lo que leemos: «Mas Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra» (2.20). No debemos estar desanimados. Dios es el Soberano universal: «el Señor». No es como los ídolos mudos y sin vida. Como Soberano que es, Él tiene el dominio. Dios es justo, «en su santo templo». Su justicia no le permitirá abandonar la verdad. La justicia será administrada. Dios es Señor, «toda la tierra» ha de acatar Sus mandamientos. Como «Señor» que es, Dios derrotará a todos los que desobedecen Su voluntad. Todo el mundo al final dará cuenta a Él, pues solamente Él es Soberano. La Palabra de Dios es la última, por esta razón hay que «callar». Puede que no entendamos con facilidad los caminos de Dios, pero son los caminos correctos. En vista de que Sus caminos provienen de una bondad absoluta, nadie debe ponerlo en duda; todos deben someterse (cf. Salmos 46.10; Zacarías 2.13). Aun cuando el mal se propague desenfrenadamente, y los corazones de los santos desmayen, ¡este maravilloso texto sigue siendo verdadero! Habacuc 2.20 dará vigor al que tenga una firmeza decreciente. Llama al «silencio» de la sumisión confiada a la santa voluntad de Dios. A la luz de esto, ¿cuál, entonces, es nuestra conclusión final? Dios prohíbe que confiemos en cualquier poder, o nos dediquemos a cualquier poder que no sea Él mismo, a cualesquiera ídolos que se puedan levantar… No debe haber interrogante alguna, ni duda alguna, ni incertidumbre alguna, acerca de la bondad y la santidad y el poder de Dios. … Admire a Dios. Considere lo último y absoluto. Luego pongamos la mano en nuestra boca que está presta a hablar neciamente. Entendamos que Él está allí en el templo del universo, Dios sobre todo. Humillémonos silenciosamente y postrémonos delante de Él y adorémoslo.

Habacuc recibió una respuesta completa a sus anteriores preguntas. Este «cántico de burla» presenta un aspecto de Dios que a menudo desestimamos en nuestras prédicas: Su divina furia y justo juicio. Habacuc entendió que aunque parezca que el mal escapa al castigo, al final hará frente a la ira de Dios. Dios obligará a todos los que siguen el orgullo a beber una «doble porción» de la furia divina (cf. Apocalipsis 14.8; 17.1–2; 18.3–6).

¡Podemos llegar a tener la seguridad, como la llegó a tener Habacuc, de que ningún mal quedará impune! Ante las desalentadoras tribulaciones, a Habacuc se le dijo que había esperanza para el futuro. Todas las tribulaciones de la vida están actuando para realizar los consejos de la voluntad de Dios. Aunque no podemos entenderlos en el presente, debemos andar por fe y hallar vida (2.4b). El principio que está detrás de 2.20 es para los seguidores de Dios a través de las eras. Dios está sobre todas las cosas. Los que están dedicados a seguir el mundo y a desechar a Dios, podrán hacer una fortuna por medio de aventuras financieras corruptas, pero se les olvida que el «fin» ciertamente vendrá. Se declara un «ay» sobre todos los que se oponen a Dios y viven por orgullo. ¡No tienen otro destino que la condenación! Lo desconcertante de la vida recibirá respuesta cuando el «conocimiento» de Dios llene la tierra y explique lo inexplicable. No importa cuán fuerte pueda parecer el mal; no es más fuerte que Dios. ¡Unámonos a Habacuc y disfrutemos una fe que triunfa sobre el mal y permite que la justicia impere!

“…CONFIANDO EN DIOS…”

Habacuc  2: 4-5 nos muestra que uno de los grandes gozos de la vida es resultado de descubrir la solución de un problema difícil. El científico, por ejemplo, lucha en la realización de repetidos experimentos tan solo para encontrar repetidos fracasos. Al final, cuando se prueba con éxito la fórmula correcta, ¡el gozo es grande! Este mismo gozo también acompaña la solución de las tribulaciones de la vida: una solución que se buscó por largo tiempo produce deleite.

Así pasó con Habacuc. El profeta había estado luchando para resolver el desconcertante problema de las injusticias de la vida y de la justicia de Dios. Había reconocido que era incapaz de entender cómo Dios podía tolerar el mal e incluso usarlo para alcanzar Sus objetivos. El profeta había tratado de uno y otro modo de hallar sentido en esta aparente contradicción entre el carácter y las acciones de Dios, pero no descubrió una sola explicación satisfactoria. Al final decidió esperar en Dios y dejar que Este revelara la respuesta.

Esa respuesta que por largo tiempo esperó, se revela en 2.1–20. El gozo del profeta que fue motivado por el descubrimiento se encuentra en el capítulo 3.

Ahora bien Habacuc 2.4–5 es un texto esencial de la solución del profeta a este desconcertante problema. Dios dijo: «He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; más el justo por su fe vivirá. Y también, el que es dado al vino es traicionero, hombre soberbio, que no permanecerá; ensanchó como el Seol su alma, y es como la muerte, que no se saciará; antes reunió para sí todas las gentes, y juntó para sí todos los pueblos».

Este texto produjo un extraordinario impacto en las Escrituras, pues se cita tres veces en el Nuevo Testamento: Romanos 1.17, Gálatas 3.11 y Hebreos 10.38. Al hacer un llamado a la confianza absoluta en Dios, proporciona la solución inspirada a los dilemas que plantean las injusticias de la vida.

Con una breve aseveración, se explican los dos aspectos generales de la interrogante del profeta: se explican el orgullo y la injusticia del invasor, y al justo se le da garantía de que vivirá, esto es, será guardado del mal y será salvo, con la condición, eso sí, de que se apoye firmemente en el principio de la Verdad.

Una vez que Habacuc entendió las palabras de Dios, descubrió la respuesta que por largo tiempo buscó. Es importante que nosotros tengamos presente que Dios sí respondió sus preguntas. Dios no desestimó a Habacuc cuando este luchaba con asuntos de fe; le tranquilizó diciéndole que el «justo» (esto es, el que es salvo) puede estar seguro de que la justicia final de Dios vendrá a todos. Este es un llamado a los cristianos para que mantengan una fe centrada en Dios, para que posean una radiante esperanza de un futuro positivo y confíen en la venganza divina. Esta respuesta señala concretamente a los inicuos opresores que pisoteaban a otros con su codicia egoísta. Estos se darán cuenta demasiado tarde de que Dios los usó como Sus instrumentos para castigar el pecado. Al final, ¡se darán cuenta de que ellos también serán castigados! La clave a esta respuesta es la frase «su fe». Esta frase se refiere a una firme fidelidad, a una constante entrega y a una integridad de propósito. Así, la reconciliación de las injusticias de la vida con la justicia de Dios se decide dentro de cada persona. Los que tienen fe en Dios pueden ver más allá de las injusticias momentáneas de la vida terrenal y entender que habrá un juicio final; luego el justo vivirá, y el soberbio será hallado culpable. Perseverar en medio de la injusticia es posible si uno tiene fe en Dios y ve a Este como el Juez justo. Cómo vemos a Dios, es lo que reconciliará los asuntos relacionados con las injusticias de la vida. Los que no tienen fe sucumbirán a los desánimos causados por Satanás y vacilarán; ¡las preguntas de ellos seguirán sin ser respondidas porque no confían en el Dios viviente!

Hay varias verdades que Habacuc aprendió al enfrentar la crisis en su vida.

La primera cosa que aprendió es que en una situación difícil tienes dos opciones.

El texto bajo estudio proporciona un extraordinario contraste entre las dos opciones que podemos utilizar para reconciliar ante las situaciones complejas de la vida. Presente una cosmovisión en miniatura.

En primer lugar, está la opción del soberbio. La opción de la independencia. Estas personas no pueden ser rectas; rehúsan confiar en Dios, rehúsan someterse a Dios y reconocer que el potencial humano es insuficiente para resolver los problemas más graves del hombre. En el pasaje aparecen dos palabras importantes. Primera es la expresión “enorgullece” (vrs. 4) y la palabra “soberbio” (vrs. 5). Estas dos palabras definen dentro de la teología de Habacuc que es la autosuficiencia. La primera palabra nos habla de una persona que está satisfecha con lo que es. Es un sentido de superioridad. La autosuficiencia se manifiesta en la superioridad del individuo. Que se siente incluso superior a Dios. Es arrogancia en esencia. La  soberbia  de por sí  mala, la  espiritual es peor, porque ambas  están sustentadas sobre una exagerada auto evaluación, que en todos los casos corresponde a  apreciaciones  personales  no fundadas en la realidad. Ser presumido y tener esa actitud de “yo soy mejor que tú”, huele a intimidación y destruye nuestras relaciones con los demás. La arrogancia es el sentimiento de superioridad que desarrolla un individuo en relación con los otros, basado en la falsa creencia de que merece mayores privilegios o concesiones que el resto. La palabra, como tal, proviene del latín arrogantia.  La arrogancia es un defecto del carácter que consiste en ser altaneros, presuntuosos, prepotentes o soberbios. Para la psicología, la arrogancia surge como consecuencia de la necesidad de alimentar o proteger un ego frágil. De este modo, funciona como un mecanismo de compensación en el cual la persona arrogante disfraza sus carencias de autoestima de superioridad

La segunda palabra que describe la opción de la autosuficiencia es la expresión “hombre soberbio”. Que define a una persona que no necesita ayuda. Esto nos habla de necesidad. Así que la primera muestra de la autosuficiencia es la superioridad y la segunda muestra tiene que ver con la necesidad. Cuando Dios deja de ser un recurso para administrar nuestra vida y suplir nuestras necesidades, es totalmente evidente que nos hemos alejado de él.

¿Cómo resuelve usted las crisis, pruebas en la vida? ¿Cómo explica usted la flagrante injusticia que se propaga desenfrenadamente hoy? A Habacuc se le dijo de parte de Dios que solo hay dos opciones posibles, ¡y son las únicas opciones que tenemos hoy! La primera manera de explicar los dilemas de la vida consiste en recurrir a una «engreída sabiduría del mundo». Esta opción consiste en confiar en una autosuficiencia que utiliza la fortaleza del hombre mortal y que excluye a Dios o que reduce marcadamente el énfasis en Este. Esta sabiduría se caracteriza por el conocimiento humano que «envanece» (literalmente, «hincha la cabeza»; cf. 1era Corintios 8.1–2). Los que tratan de explicar las injusticias de la vida con sabiduría del mundo, jamás encuentran una solución satisfactoria. De hecho, solo encuentran injusticias más grandes y más dilemas. Cuando tratan de corregir una injusticia, a menudo crean otras, ¡dando muestras de gran necedad! La necedad de esta opción revela por qué Dios condena a los que la eligen: «No seas sabio en tu propia opinión» (Proverbios 3.7a); «Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte» (Proverbios 16.25).

En segundo lugar la opción del justo. La opción de la dependencia. Esta  «opción justa», esto es, la fe en Dios.  Este método da muestras de humildad, sumisión y dependencia de los mandamientos revelados de Dios. Los que eligen esta opción reconocen que la sabiduría del hombre mortal es insuficiente para explicar la vida y confían en la Palabra de Dios para explicar los dilemas de la vida. Es obvio que los días de la revelación milagrosa han pasado (cf. 1era Corintios 13.8ss), pero podemos aumentar en sabiduría por medio del estudio diligente. Los justos confían en la promesa de Jehová, cuando dice: «Te haré entender […] el camino en que debes andar» (Salmos 32.8). Los que eligen esta respuesta a los dilemas de la vida, rechazan la tentación a «explicar» los asuntos terrenales con la sabiduría del mundo y así se evitan problemas más grandes (cf. 1era Corintios 3.18). Cuando usted se vea confrontado con los dilemas de la vida, recuerde que tiene estas dos respuestas, entre las cuales elegir para resolverlos. No confíe en la sabiduría del hombre mortal. ¡Confíe en la sabiduría de Dios, aun si la solución no es inmediatamente aparente! Esta dependencia es demostrada por tres situaciones. Primero la individualidad de la dependencia. Observe que se usa la expresión “el justo”. Por un lado es singular. Es  una decisión personal y no colectiva, esta basado en una decisión personal con Dios. Esta individualidad está marcada por una condición que denomina a la persona “justo”. Esta individualidad no sólo es personal sino también posicional. Ser justo es estar en la posición correcta, es decir del lado de Dios. Segundo la responsabilidad de la dependencia. El texto dice que “su fe”. La conducta de los hombres y mujeres es una consecuencia directa de aquello en lo que se afirma para vivir. Este pasaje demuestra que la dependencia se sustenta en lo que confiamos. La fe es confianza en lo que Dios es y lo que Dios hace. Y eso era algo que Habacuc estaba aprendiendo en este momento de crisis. La tercera cosa es la calidad de la dependencia. La expresión que se utiliza para “vivirá” es el verbo que se puede traducir como seguridad, reanimarse, reservado, sanidad y finalmente conservación. Implica que tenemos una vida con muchas perspectivas de sanidad de parte de Dios. Nos da la idea de una vida satisfecha y llena de esperanza.

Bueno, henos hablado de las opciones en las dificultades de la vida.

Y es para que considere las metodologías disponibles cuando estamos ante la necesidad de «darle sentido a lo que no tiene sentido» en nuestro mundo de hoy, descubriremos que todos los métodos se clasifican en dos categorías: el método de la sabiduría del mundo o el método de la fe en Dios. Los que dependen de la sabiduría del mundo usarán únicamente recursos que recalcan la sabiduría y el poder del hombre mortal. Pondrán la mirada en remedios intelectuales, creerán que la sabiduría del hombre puede dar respuesta a todos los problemas, y sanar todos los males, y con el tiempo llegan a deificar lo mortal abogando por la superioridad del «potencial humano». Esta metodología es altamente pregonada, pero con el tiempo da muestras de ser lastimosamente insuficiente. La sabiduría del mundo sencillamente no puede proporcionar una respuesta apropiada. Esta conclusión se expresa repetidamente en las Escrituras: «¡Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!» (Isaías 5.21); «… porque perecerá la sabiduría de sus sabios, y se desvanecerá la inteligencia de sus entendidos» (Isaías 29.14b); «No se alabe el sabio en su sabiduría […] Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme» (Jeremías 9.23–24; cf. 1era Timoteo 6.20). En cambio, los que se someten a Dios usarán el método de la «fe» para resolver las injusticias de la vida. Seguirán el consejo de Proverbios 28.5: «Los hombres malos no entienden el juicio; más los que buscan a Jehová entienden todas las cosas». Si bien la fe en Dios no proporciona una explicación inmediata de todo dilema, ella sí manifiesta seguridad de que Dios al final corregirá las injusticias.

Cuando esté enfrentado a dilemas que muestran cuán injusta es en realidad la vida, usted puede usar el único método seguro para hallar verdadera paz. Este es el método por el cual una fe que confía en el poder de Dios espera que Este equilibrará todas las injusticias. Es un reconocimiento de que Dios es el único que tiene la fuerza y el poder para resolver los dilemas de la vida. ¡El hombre es impotente para hacer esto!

Ahora, en segundo lugar Habacuc no sólo descubrió las opciones ante las dificultades de la vida, sino que entendió las repercusiones ante las dificultades de la vida.

Considere los posibles resultados de su elección ¿Qué resultado tendrá usted cuando elige entre la sabiduría del mundo y la sabiduría de Dios? ¿Tiene realmente que ver algo, cuál elija uno? Todos los que verdaderamente buscan dar respuesta a lo desconcertante de la vida, desearán saber en qué dirección les llevarán sus elecciones. Los que eligen la soberbia sabiduría del mundo para explicar los dilemas de la vida, pronto descubren que sus almas no están bien y que lo desconcertante persiste (2.5). ¡Hacen frente a preguntas que jamás acaban! Jamás hallan satisfacción debida a su elección. No obstante, los que eligen depender del entendimiento de Dios hallan vida. El resultado, según describe Pablo conduce a «la paz […] que sobrepasa todo entendimiento» (Filipenses 4.4–7).

A Habacuc se le instó elegir la «fe» como respuesta a los dilemas de la vida. ¿Por qué debemos seguir siendo sinceros cuando los demás son hipócritas? ¿Por qué debemos tratar a los demás con justicia, cuando ellos «nos apuñalean por la espalda» para ganarse contratos de trabajo? ¿Por qué debemos ser bondadosos cuando los demás están llenos de odio? ¿Por qué ser «cristianos» cuando los demás son «mundanos»? Estas preguntas tienen una respuesta. Debemos vivir de modo diferente de los demás ¡porque el justo por su fe vivirá! No existe otra opción para los que temen a Dios. Si creemos en Dios, no tenemos más opción que reconocer que debemos hacer bien aun cuando los que nos rodean estén haciendo mal. Esta es la forma de vivir por fe. El consejo que dio Dios a Habacuc le instó a utilizar la fe para resolver los dilemas de la vida. Note cómo este enfoque puede beneficiarnos de igual modo como cristianos que somos.

La primera repercusión tiene que ver con aceptación. Habacuc pone en contraste que el impío “no permanecerá”. Por la fe podemos aceptar las tribulaciones de la vida. Cuando las personas tratan de explicar los dilemas de la vida sin Dios, ello les conduce a una mayor incertidumbre, frustración y desesperanza. Como cristianos que somos, puede que no podamos explicarlas, pero podemos aceptarlas, sabiendo que el propósito de Dios trascenderá cualquier impedimento terrenal. Esta aceptación se produce porque confiamos en la voluntad de Dios. Es como el salmista dijo: «Se alegrará el justo en Jehová, y confiará en él; y se gloriarán todos los rectos de corazón» (Salmos 64.10). Esta actitud de aceptación fue maravillosamente ejemplificada por Pablo en 2ª Corintios 4.8–9, 13, 16–18, cuando confesó confianza en el cuidado de Dios aun cuando estaba acosado por las dificultades.

La segunda repercusión tiene que ver con manifestación. Agrega que el hombre impío “ensanchará”. Es decir estará abierto a una manifestación de la muerte en su vida. Pero por fe podemos vivir justamente. Esta es la manifestación práctica de la verdadera fe. «Vivir justamente» es incorporar la voluntad de Dios a toda faceta de la vida. Los arrogantes jamás podrán hacer esto, porque el orgullo impide a la gente confiar en nadie más que en sí mismos. Contrastando con estos están los que son humildes. Estos saben que no pueden ser autosuficientes. Saben que necesitan la ayuda de Dios en la vida. Analizan este mundo lleno de pecado y se dan cuenta de cuánta aflicción existe, y de cómo el hombre no puede corregirla. El humilde reconoce su inhabilidad para sobrevivir con su propia fuerza.

La tercera repercusión tiene que ver con superación. El hombre impío dice que es como “la muerte”  Y Habacuc dice que por fe podemos superar obstáculos. Dios dijo a Habacuc que solo los que hacen frente a los dilemas de la vida con «fe» podrán «vivir». «Vivir» significa más que existir. Es un término que se refiere a estar vivo con vigor, seguridad y honor. Todos los que hacen frente a lo desconcertante de la vida con fe, creen que los propósitos de Dios no pueden impedirse. En consecuencia, viven con vigoroso optimismo. No se quedan sencillamente esperando y soportando pruebas y tribulaciones, sino que le harán frente a la vida con una actitud de alegría, sabiendo que Dios tiene el dominio. Esta fe optimista se refleja en Romanos 8.28, Filipenses 4.19 y otros textos, que celebran el triunfo de la fe en Dios. Esta fe no evita las tribulaciones. Los que poseen esta seguridad en Dios seguirán viéndoselas con la enfermedad corporal, con las aflicciones emocionales y la consternación que produce el egoísmo en las vidas de los demás. No obstante, ¡la fe de ellos evitará que sean vencidos por la adversidad! La fe de ellos es reflejada por el salmista: «¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío» (Salmos 42.5). Pablo dio muestras de esta triunfante fe cuando dijo: «… por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres» (1era Timoteo 4.10; cf. 2ª Timoteo 1.12). Los justos hallan que la vida es estimulante ¡porque han cultivado una fe triunfante que supera los dilemas de la vida! En cuarto lugar, por fe podemos anticipar un galardón. Aunque a Habacuc se le dijo que el mal «se tardará», también se le dijo que su fe le capacitaría para perseverar. Este fue el mismo consejo dado a los cristianos que luchaban y que recibieron la revelación de Juan: «No temas en nada lo que vas a padecer […]. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida» (Apocalipsis 2.10). Cuando no parece razonable creer en un Dios bueno, cuando la justicia y la misericordia de Dios no son evidentes para todos, cuando los justos no reciben galardón por su bondad; es precisamente entonces, y no en otro momento, cuando ellos prueban su justicia por medio de seguir siendo fieles. Dios anima a Sus seguidores a mantenerse firmes. Dios jamás nos abandonará. Al saber que la justicia lleva a galardones eternos, debemos perseverar. Sigamos el ejemplo de Habacuc y «porque por fe andamos, no por vista» (2ª Corintios 5.7). Satanás nos tienta a mantenernos centrados en los eventos de esta tierra y no en los del mundo venidero. Miremos con fe hasta el fin. Esta es una respuesta sumamente práctica. No niega el dolor que causa el mal, pero reconoce que Dios es Soberano Señor sobre todo, y que los que lo siguen no enfrentarán derrota (Apocalipsis 17.14).

La cuarta repercusión es satisfacción. Habla que es dado al vino. Es decir busca una satisfacción temporal y frágil. Por fe podemos descubrir una maravillosa satisfacción. Los que tienen fe en Dios descubrirán un maravilloso contentamiento, a pesar de las injusticias de la vida. Descubriremos que, al igual que Pablo, podemos encontrar las fuerzas para hacer frente a todo obstáculo de la vida (2ª Corintios 4.8–9; cf. Filipenses 4.11–13). Es únicamente por la fe que podemos hallar verdadera satisfacción. Puede que esta sea la razón por la que muchos hoy no logran encontrar contentamiento.

Tal vez el mejor comentario de la frase «el justo por su fe vivirá» (2.4) sea el triunfante pasaje de Romanos 8. Allí encontramos la descripción que hace Pablo de la vida que se vive cuando somos justificados por la sangre de Cristo. El capítulo pasa luego a comentar cómo esta justicia conduce a la victoria en la vida de todos los días. Debido a que hemos sido justificados y estamos viviendo justamente, no habrá ninguna tribulación que impida nuestra victoriosa marcha. En Romanos 8.31–39, Pablo afirmó con seguridad que no hay «nada» en la vida que nos pueda separar del amor de Cristo. ¿Por qué? Porque todos los que permanecen en Cristo permanecen en una posición que lleva a la victoria sobre los dilemas de la vida. Estar «en Cristo» significa que continuamos viviendo justamente porque la fe en Dios dirige nuestras acciones. Esto nos lleva a la fidelidad que se manda en 2.4–5. Cuando la vida parece injusta, debemos entender que Dios no nos deja sin consuelo. Dios nos provee una opción que lleva a una vida estimulante. Nos ha prometido que estará con nosotros siempre, aun en las más terribles situaciones. Esto es lo que leemos: «No temas, porque yo estoy contigo […] te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia» (Isaías 41.10; cf. Jueces 6.16). Dios nos tranquiliza con la idea de que podemos tener esperanza aun cuando el mundo parece fuera de control y nuestros «porqués» parezcan quedar desatendidos y sin responder. El consejo de Dios es que debemos vivir por una firme fe en que Su poder y Su propósito al final triunfarán. ¡Debemos vivir por fe y no por vista! Isaías 40.27–31 es un pasaje sumamente alentador. Describe el «andar por fe» que los seguidores de Dios deben exhibir según el mandamiento de Él. Es crucial que nosotros entendamos que el cristianismo no elimina todos los problemas. Los cristianos siguen teniendo dolor, siguen sufriendo, siguen cansándose. No obstante cuentan con un recurso que puede dar nuevo ímpetu a la vida, de modo que hasta el más fatigado puede hallar gran fortaleza. Esta fuente de poder es resumida por Habacuc en la frase: «el justo por su fe vivirá». Toda dificultad es una prueba, una prueba para ver si usted va a creer en Dios o no. Una prueba para llevarlo a Sus brazos y a Sus promesas, donde usted hallará que Él es completamente suficiente. De esto es que trata el libro de Habacuc. En Habacuc vemos la dificultad de dónde está Dios cuando sucede lo malo, y luego el deleite de descubrir que Él está allí, reinando sobre todo.

“…no te aferres…”

Novena a Santa María Magdalena | Desde la Fe

Al principio de cada año, hemos venido identificado las tendencias y cambios  principales que hemos visto están formando los contornos de la vida congregacional. El año 2021 llegó en un tiempo cuando la crisis del Covid-19, en tal solo unos meses, produjo más cambios en las iglesias que cualquier otro cambio que hayamos visto en nuestras vidas, y la gente siente que las cosas jamás volverán a ser como antes. Pasamos por un período muy liminal cuando sólo vemos parcialmente. Necesitamos hacer observaciones más exactas y con cuidado pero también con esperanza, sabiendo que el cambio traumático produce grandes riesgos, pero también genera creatividad y respuestas flexibles y resistentes.

Aunque los eventos de 2020 no tienen precedentes, muchos de cambios introducidos no son del todo nuevos. Las crisis tienen una manera de desnudar realidades que antes no habíamos visto con claridad en tiempos “normales”. Varias de las tendencias que habíamos visto por algún tiempo y que podrían haber estado lejos en el horizonte de la iglesia común, están ahora al frente y centro de la vida como consecuencia del Covid-19.

El año pasado, identificamos “la mudanza hacia internet” como la tendencia principal del año. Pero jamás podríamos haber imaginado cuán rápido las congregaciones adoptaron el servicio de adoración por internet, espacios para reuniones digitales, la ofrenda electrónica y las conexiones por medios sociales, y todo esto debido a la pandemia. Muchas congregaciones informan que, durante este período, se ha producido un crecimiento en la asistencia al culto y la participación en reuniones y grupos. También ha crecido la habilidad de conectarse con gente fuera del área inmediata de influencia. Algunas iglesias consideran que esta aventura dentro de los espacios digitales es una solución temporal, y esperan volver al modelo normal de ministerio tan pronto como sea posible. Pero iglesias futuristas capitalizan la oportunidad para pulir su habilidad digital a fin de desarrollar una presencia permanente en el internet, no solo para alcanzar a gente nueva sino para retener a los miembros existentes que encuentran que es más conveniente involucrarse a través del internet.

Por mucho tiempo, las iglesias con una membresía numerosa han tenido una gran influencia en la vida de las iglesias de América. Sin embargo, muchas congregaciones pequeñas son sólidas y sanas, especialmente si no están sobrecargadas por los gastos de mantenimiento del edificio y costos de compensación. Vemos que se da el mismo patrón en respuesta a la pandemia. Las iglesias más grandes y con más recursos cruzaron con más facilidad hacia el ministerio por internet al principio mismo de la pandemia, y su ventaja tecnológica y de personal acrecienta su dominio a través del nuevo ministerio en línea. Pero la pandemia también demostró la tremenda fuerza de muchas iglesias pequeñas, que han podido mantener sus conexiones a causa de sus fornidas redes de relaciones.

Los eventos del 2020 también aceleraron el declive de la influencia y función de las denominaciones que ya habíamos visto por varias décadas. Debido a la declinación continua de la membresía y el impacto económico de la pandemia, muchas iglesias históricas luchan para sostener sus programas y estructuras administrativas a nivel denominacional. Ya ha habido despidos, y más despidos vendrán en el futuro. Un número cada vez más reducido de personas se siente atraída por el nombre denominacional de una iglesia. Les atrae más bien el impacto que la congregación tiene a nivel local, sin importar su afiliación. En el futuro, esperamos que disminuya más la función que las denominaciones cumplen en el escenario religioso.

Otro tema que vemos es que al enfrentar la pandemia las iglesias ministran volviendo a lo básico. Aunque esto surgió por necesidad, el enfoque de volver a lo básico podría revitalizar la formación en la fe en un tiempo en que los antiguos modelos como la Escuela Dominical pierden terreno.

Con tantas actividades y eventos rutinarios, las congregaciones están evaluando sus programas y se preguntan qué puede continuar, qué debería eliminarse y qué se debe hacer de una manera distinta. Sea por diseño o defecto, la mayoría de las iglesias están pasando por una tormenta de la que surgirán con un número más reducido de ministerios que dependerán de estilos híbridos que combinan el involucramiento en persona y por internet.

El cierre de grandes partes de la sociedad y el mandato de trabajar desde la casa ha hecho resaltar la importancia de los vínculos relacionales dentro de las comunidades de fe. Con tantas actividades que han sido canceladas, muchos miembros de la iglesia han descubierto el valor fundacional de los grupos pequeños y la oración, aunque ocurra por Zoom o por teléfono. Los pastores y líderes tienen el desafío de ser creativos e intencionales en la forma que abordan el cuidado pastoral básico.

El año 2020 convirtió a los hogares en santuarios, y los padres tuvieron que adoptar la función de maestros de Escuela Dominical. La renovada atención a la práctica de la fe en el hogar reveló que muchos cristianos han perdido la práctica de este tipo de espiritualidad, especialmente las iglesias históricas protestantes. Para las congregaciones que buscan métodos más efectivos para el desarrollo de la fe, particularmente para niños y jóvenes, el año 2020 encontró una de las piezas que faltaban en el rompecabezas, esto es, la necesidad de equipar a la gente para que lleve a cabo devocionales personales significativos y para que sepan cómo educar en la fe a la familia en sus hogares.

Sin embargo a pesar de estas tensiones y transiciones, un buen número de iglesias esperan aferrarse a sus antiguas costumbres y prácticas. Sólo esperan que esto pase para volver a sus antiguos sistemas que vienen perpetuándose desde hace siglos.

Nuestras iglesias y comunidades suspiran por volver a la normalidad. Pero es poco probable que la montaña rusa del 2020 y 2021 complete su círculo para dejarnos allí mismo donde empezamos. Nos hemos dado cuenta de que hay nuevas posibilidades, nuevos modelos de compañerismo y nuevas formas de estar juntos. Muchos de estos cambios son esperanzadores. Pero al examinar la experiencia de otros sectores que han emigrado al internet (como las noticias, por ejemplo), uno ve que surgirán nuevos modelos de involucramiento y nuevos enfoques a la sustentabilidad a medida que la iglesia se aventura al mundo digital. La tendencia más importante que vemos al ingresar al año 2021 es que el cambio producirá más cambio.

Por otro lado la espiritualidad personal no ha sufrido modificaciones, siempre se ha estado esperando que la fe personal crezca de lo que recibe de otros y no de una búsqueda personal y disciplinada. Es que en realidad cuesta aceptar que algo bueno haya terminado y que hay que emigrar a algo diferente.

A veces recibiremos el mensaje de Jesús dado a María Magdalena en Juan 20:17 en donde le dice “no te aferres” o como otra traducción lo pone “suéltame”.

María Magdalena estaba sorprendida, emocionada y agradecida con Dios al tener su encuentro con Jesús. Fue algo indescriptible. María no podía ni contener ni reprimir su gozo. Así como que no podía permitir que se le fuera de sus manos. Ella no lo abandonaría por ningún motivo humano. Se sujeta a él con toda su fuerza y no le permite continuar con sus planes. Jesús debe decirle que no lo detenga y que por favor lo suelte; y que vaya y transmita a su madre, hermanos, hermanas y discípulos que estaba vivo y que se habían cumplido las profecías acerca de su resurrección. Y, que no debían preocuparse por él, que le volverían a ver muy pronto antes que ascendiese al Padre.

Quisiera discutir a lo menos cuatro principios que encuentro en este pasaje que nos invita a no aferrarnos y anhelar las cosas antiguas que fueron buenas pero que ya pasaron.

La primera gran verdad que descubro en este pasaje es que Podemos estar emocionalmente necesitados pero teológicamente errados.

Observe que el pasaje en cuatro ocasiones vemos la condición de llanto de María (vrs.11,13,15). Ella está simplemente desconsolada. ¿Las razones? El aprecio que tiene por su maestro, los recuerdos de su guía. Ella recuerda todo lo que ha experimentado, lo que ha sufrido y lo que le ha hecho sentirse de esa forma. Ella está emocionalmente necesitada, pero su necesidad precisamente es la que la hace perder de vista el momento desde una perspectiva teológica. Ella cree en un Jesús que puede ser quitado y robado, y no en un Jesús que está vivo y que está actuando nuevamente en su realidad. Su teología está equivocada, aunque puede ser sincera en su emoción hacia Dios. Creo que ese mismo error lo hemos cometido y lo continuamos cometiendo. Nos sentimos identificados y necesitados de Cristo, pero un Cristo que se adapte a nuestras percepciones limitadas y paradigmas religiosos. No lo vemos superando nuestros esquemas sino que lo queremos introducir en ellos nuevamente. Pero Dios simplemente no es como lo percibimos emocionalmente sino teológicamente. La teología correcta no contamina con nuestras percepciones la verdad de Dios. Y es que muchos de nuestros esquemas, doctrinas son necesarias y las sentimos emocionalmente correctas pero está equivocadas porque no se ajustan al pensamiento escritural. Cuantos de estos esquemas se han venido abajo con la pandemia, y simplemente los seguimos llorando como algo que se nos murió pero que debemos traerlo a la vida con nuestra visión eclesial.

¿Qué necesitamos en este tiempo? ¿Qué nos hace llorar? ¿Qué rompe nuestro corazón? ¿Una nostalgia por el pasado, por lo que ya no podemos tener?

La segunda gran verdad que descubro en este pasaje es que Podemos estar históricamente realizados pero erróneamente desactualizados. María tiene una historia con Jesús. Una que había terminado con el martirio y muerte de Jesús. Es decir un Jesús que termina en la cruz. Esa historia le daba sentido a su vida y búsqueda. Una de las preguntas que Jesús mismo le hace es ¿a quién buscas? (vrs. 15). Observe que no le dice que buscas? Sino a ¿quién buscas? Dando entender que la búsqueda se centraliza en una persona, en una relación y una vida dinámica con otra persona. Ella no debe realizarse buscando datos, historias y sucesos pasados. No son doctrinas ni esquemas lo que se debe buscar. No es la sana doctrina, sino la sana persona. Nuestras iglesias tienen historia, pueda ser que sean buenas historias, pero esas historias ya pasaron, no son relevantes para los retos del presente. En el texto encontramos que la nueva historia, la nueva comunidad que Jesús actualiza es que Iglesia y Palabra están en una relación esencial. Para Jesús al hablar con María y sacarla de su historia  le muestra que comunidad  acontece en donde se anuncia y acepta la Palabra de Dios. Más que institución y denominación  la Iglesia es Palabra escuchada, aceptada, vivida y anunciada. De esta forma la Iglesia es ante todo un acontecimiento espiritual. En este contexto la misión de la Iglesia es ser Palabra de Dios. Es mundo. Su responsabilidad no está en la aceptación de la Palabra de Dios por parte de los hombres, sino en su anuncio. Es que la fe se transmite normalmente por la predicación, que a cada momento ilumina a los hombres, llamándolos a la conversión, a la unión con Dios y con los demás. El poder divino de salvar y juzgar actúa ya en la proclamación de la llegada del reino de Cristo.

El cristianismo no es una cultura, una raza, un modo de vivir con los esquemas de una época. Por el contrario, puede y debe asumir toda cultura, pero siempre en actitud crítica. Es que la fe trasciende las culturas y las cuestiona a fondo.

Por consiguiente, defender una cultura no es defender el Evangelio, y menos todavía a Cristo. Ser cristiano no es adoptar teóricamente ideas, sino identificarse con Cristo, el Dios hecho hombre (cf. Juan 1:14), es decir, asumir totalmente su dinamismo personal: encamación, vida, mensaje, Muerte y Resurrección. Las formulaciones teológicas no alcanzan a cubrir todo el sentido de la vida de Dios manifestada y comunicada a los hombres. Las teologías necesitan revisar permanentemente su instrumental, sus expresiones, a fin de ir traduciendo siempre con mejor penetración y expresión lo que Dios está realizando continuamente en la vida de las personas. Como el encuentro con el Señor y los hermanos se realiza en la vida, la teología tiene que estar a la escucha del mismo .Señor en ella, en la expresión del amor, en la autenticidad de la fe. Por eso Jesús le muestra María que su historia necesita ser replanteada en la frescura de un nuevo Jesús y mensaje.

La tercera gran verdad que descubro en este pasaje es que podemos estar espiritualmente estancados pero radicalmente desafiados. Si analizamos la oración griega: “mé mou äptou” [No me toques]. Vemos Claramente, que está en: Presente de Imperativo en voz media en prohibición con el caso genitivo “deja de aferrarte a mí” En palabras más sencillas: “mé mou äptou” es una oración griega,  que está en presente imperativo voz media y ¿Qué es eso? El presente Imperativo describe, una acción continuada. Es decir: María ya estaba asida al señor de forma continuada. O sea en la oración, el sujeto tácito [Jesús] prohíbe una acción que se está efectuando, y que continúa dándose.

El verbo, principalmente, significa sujetar a. Por lo tanto, implica aquí, no un simple toque momentáneo, sino un aferramiento y por ende un estancamiento. Mary pensó que las viejas relaciones entre su Señor y ella debían renovarse; que la vieja relación, por medio de la vista, el sonido y el tacto, continuaría como antes. Cristo dice: “el tiempo para este tipo de relaciones ha terminado. De ahora en adelante, tu comunión conmigo será por fe por medio del Espíritu. Esta comunión será posible a través de mi ascenso al Padre”.

Actualmente podemos encontrar un sin número de cristianos, estancados en la duda, el temor, la soledad. Para algunas personas es muy difícil reconocer su propia condición espiritual, siempre es la culpa de alguien más, “si no fuera por mi esposa, si no fuera por mi esposo, si no fuera por mi jefe, por mis empleados, si no tuviera este trabajo, si esto no me tomara tanto tiempo, me gustaría aprender más de Dios, pero lastimosamente tengo todo esto encima”; siempre es la culpa de alguien más.

Se para un miembro y opina: «No estamos creciendo, pero estamos consolidados». Otro dice: «Yo creo que más que consolidados estamos estancados» ¿Cómo saberlo? No podemos pensar en Iglesias estancadas o consolidadas sin ir al fondo del problema, nosotros mismos. Las iglesias estancadas o consolidadas se forman por personas estancadas o consolidadas. Seguir creyendo que el crecimiento, fortalecimiento y expansión de la iglesia es un tema de programas, métodos, reuniones, comisiones, eventos y otras yerbas no hace más que alejarnos del problema real que tenemos que enfrentar. La iglesia está formada por personas y es la vida de ellas lo que refleja la realidad de nuestras iglesias, no sus reuniones, no sus presupuestos, no sus eventos, ni siquiera sus líderes. El desafío es animarnos a mirar nuestras vidas y proveernos de un espejo donde mirarnos. Recién ahí comenzaremos a descubrir si somos cristianos consolidados o estancados, si somos una iglesia firme o una iglesia dormida.

Dios tiene que decirle a María que no debe aferrarse (¿estancarse?) y la rechaza. Quizás hay momentos en que Dios nos tendrá que parar nuestra sinceridad para que veamos nuestra realidad y podamos hacer los cambios necesarios de perspectiva. ¿Cómo la saca Dios del estancamiento?

Primero a través de la negación. Observe que dice “no”. Las circunstancias de la vida a veces nos ponen de rodillas, y le pedimos a Dios que haga lo que no podemos. La mayoría de las veces oramos por cosas buenas: sanación para un ser querido, libertad de patrones de pecado, un trabajo, un cónyuge, un hijo, salvación. Sin embargo, a veces, nuestros buenos deseos siguen sin cumplirse. Hace años observé cómo el cáncer tomaba la vida de una amiga querida, a pesar de que ayunábamos, orábamos, y le rogábamos a Dios por su vida. He orado por salvación que nunca llegó, vientres que nunca se abrieron, y esposos que nunca aparecieron. He orado para que regresen hijos pródigos, pero aún permanecen lejos de casa.  A veces, la respuesta de Dios a nuestros gritos desesperados es no. Es posible que nunca entendamos de este lado de la eternidad las razones por las que Dios responde no cuando anhelamos desesperadamente un sí. A veces no puedo comprender cómo sus promesas se alinean con las circunstancias que mis seres queridos y yo enfrentamos. He venido a aprender que el problema es mi entendimiento limitado, no la verdad de las promesas de Dios. He visto cómo el Señor me ha enseñado estas mismas lecciones al no darme las cosas que tanto deseaba. Y sin embargo, cuando se da un nuevo “no”, tropiezo en la oscuridad de mi entendimiento, preguntándome de nuevo qué está haciendo el Señor y por qué retiene el sí que creo que necesito tan desesperadamente. Es tentador creer la mentira de que un sí de Dios confirma su bendición, mientras que un no es una forma de castigo o desaprobación celestial. O tal vez nos preguntamos: ¿Oye Dios nuestros gritos desesperados? El “no” de Dios a nuestras oraciones es siempre un “sí” a sus propósitos providenciales. Podemos aferrarnos a Él, sabiendo que Él nos escucha, que se preocupa por nosotros y que siempre está trabajando. Él no nos olvida ni nos falla simplemente porque nos dice no. Una segunda cosa que usa Dios para sacar del estancamiento a María es superación. Jesús le dice que debe revisar su perspectiva, ya no habrá una vinculación como antes, el tendrá que irse y subir de nivel. La fe de María tendrá que subir con el subir de Dios. Es decir con el surgimiento de un nuevo nivel de percepción de Jesús y de su relación con su Padre. Deberá superar sus antiguas perspectivas y poner la vista en el mover de Jesús y su vinculación con el Padre. Ahora vendría un nuevo nivel ya no con la presencia de Jesús sino con la presencia del Espíritu Santo en todos de una manera invisible. Pasaría de lo visible a lo invisible. De lo natural a lo espiritual. Una tercera cosa que sacaría a María del estancamiento sería una revisión. María ahora se convierte en un nuevo paradigma. Una mujer anunciando a los hombres. Por eso le dice “ve”. Es ella la primera comisionada a algo extraordinario. Es lo que se dice en la teoría del Caos un “sospechoso inusual”. El espacio en blanco ha generado que Dios use a gente que nunca se hubiera imaginado usar. Una revisión de paradigma. Por otro lado una revisión de un nuevo kerigma. Jesús le dice “y diles”. Jesús le da nuevas ideas de la relación que ahora existe en su vida. Ahora hay una identificación con Jesús en la misma dimensión . Dios es también nuestro Dios y nuestro padre. Es una de las primeras veces en que ese usa este concepto. Jesús llama ahora a sus discípulos con un nombre nuevo: “hermanos”. (Cf. Sal. 22:23; 122:8; He. 2:11). Una relación nueva, comunión en el Espíritu, a punto de ser derramado exige un nombre nuevo, un nombre todavía más íntimo que el hermoso nombre de “amigos”. Los hermanos son de una misma familia. Tienen mucho en común. Comparten la misma herencia. Así pues, todo verdadero creyente es coheredero con Cristo (Ro. 8:17). Así pues, también, en el sentido espiritual, Dios no es el Padre de todos los hombres sino sólo de quienes, habiendo sido escogidos desde la eternidad, han aceptado al Hijo con fe viva. Estos, todos éstos y sólo éstos, son hermanos de Cristo. Cuando pensamos en el hecho de que apenas unos días antes todos estos hombres “lo

abandonaron y huyeron”, nos sorprende aún más que Jesús, con tierna misericordia, quiera llamarlos sus hermanos. Lo que María debe transmitirles como un mensaje de Cristo para ellos es esto, “Subo a mi Padre (está a punto de ocurrir; ocurrirá con seguridad; de ahí el tiempo presente) y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios”. Jesús distingue, y al mismo tiempo subraya la intimidad de la comunión entre él mismo, su Padre, y los discípulos. La distinción resulta muy clara por el hecho de que no dice, “Subo a nuestro Padre”. Su filiación difiere de la de ellos; por ello dice, “a mi Padre y a vuestro Padre”. Véase sobre 1:14 en cuanto a esta distinción. De ahí también, “a mi Dios y a vuestro Dios”. Sin embargo, también se subraya la intimidad de la comunión; el mismo Dios que es Padre de Jesús es también Padre de los discípulos. Jesús va a subir a este Dios y Padre. Este es el mensaje que debe comunicarse a los discípulos. Es también la lección que María necesita aprender.

La cuarta gran verdad que descubro en este pasaje es que podemos estar evangélicamente involucrado pero no misionalmente comprometido. No se ha registrado dónde fue el Señor después de aparecerse a María. Además, incluso resulta dudoso que, de haberse registrado, habríamos podido comprenderlo, porque debe tenerse presente que el período de su asociación diaria visible con los discípulos ya ha concluido. Simplemente aparece, ahora a éste, luego a aquél; y no debemos preguntar, “¿Dónde estaba entre las apariciones?” Sabemos muy poco acerca de la naturaleza del cuerpo resucitado y acerca de sus idas y venidas. El caso de María es diferente. Se nos dice que hizo lo que se le ordenó que hiciera. María debe haber sido una persona muy emotiva. En cierto sentido, nos recuerda a Pedro. En cierto momento la vemos llorar mucho. Se deshace en lágrimas, tanto, que incluso apenas advierte la presencia de los ángeles. Un momento después, el momento de reconocimiento gozoso, cuando el Señor resucitado pronuncia su nombre, todo cambia. “Raboni”, exclama; y, llegada a donde están los discípulos, apenas si puede contenerse en decirles, “He visto al Señor”. (En cuanto a Señor véase sobre 20:2, 13). Ahora ya no pensaba en un cadáver. No, se trataba del Señor vivo, gloriosamente resucitado del sepulcro. María comunicó el mensaje, palabra por palabra, exactamente como el Señor le había dicho que hiciera. Y estas palabras deben haber sido muy preciosas para los discípulos. ¿Cómo nos involucramos en la misión que Dios tiene para nosotros hoy? Tres elementos visibles en el vrs. 18. La primera expresión es “ir”. La misión es hacia afuera. Eso significa que no se trata de venir a la iglesia sino de llevar la iglesia al mundo. Es allí. Es un perspectiva hacia fuera y no una introspectiva hacia adentro. La segunda expresión es “dar”. La misión es dar. Observe que la misión no se trata de recibir, no soy yo el que espero recibir siempre, sino se trata de dar. Dar de nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestros recursos. La tercera expresión es ver. La misión es lo que hemos experimentado como testigos y no como reporteros. En cierta ocasión escuche a una persona que nos habló sobre la confianza en Dios. Y una de las cosas que más me impacto fue el hecho de que nos hizo saber que nosotros como cristianos debemos tener claro en nuestra vida cuál es nuestro rol como cristianos. Necesitamos hacer un análisis que nos permita decidir si somos Testigos de Jesús o si somos reporteros que mencionan hechos y que no ha sido testigos de una transformación total en nuestras vidas. Para poder entender esto es importante definir lo que es un Testigo. Un testigo se define como: «Persona que ha presenciado un hecho determinado, sabe alguna cosa y está dispuesta a declarar en un juicio.

Un reportero se define como «persona que elabora reportajes e informa una noticia» Cuando analizamos estas definiciones podríamos concluir que un testigo, vio, vivió y presenció un hecho de tal manera que no lo ha olvido y está dispuesto a presenciar en un juicio declarando lo que experimento. Sin embargo un reportero es alguien que preguntó, indagó e informa lo sucedido.  En muy pocas ocasiones un reportero se convierte en un testigo fiel de lo que va a informar, para esto debe exponer su vida para poder declarar lo que ha presenciado. Cuando analizamos la vida de Jesucristo y lo que Él ha hecho por la humanidad, me preocupa el hecho de que muchos cristianos estamos más en el lado del periodista que en el lado de un testigo.

Hemos visto entonces cuatro grandes verdades que se desprenden de la historia de María y la negativa de Jesús a que no se aferrara a él. Vimos que:

Que podemos estar emocionalmente necesitados pero teológicamente errados. Que podemos estar históricamente realizados pero erróneamente desactualizados. Que podemos estar espiritualmente estancados pero radicalmente desafiados. Que podemos estar evangélicamente involucrado pero no misionalmente comprometido.

Por no soltar algo que tenemos seguro y que ya consideramos nuestro podemos convertirnos en “presas”. Es lo que les sucede a los monos cuando introducen la mano por la estrecha abertura y agarraran su golosina, que ya no pueden sacar el puño, ahora lleno, por la estrecha abertura de la vasija, a menos que suelten lo que han conseguido. Para sacar la mano y huir tienen que renunciar a lo que ya tienen. Y eso es justamente lo que no van a hacer por nada del mundo. Entonces el cazador de monos puede acercarse con total tranquilidad y atraparles. Siempre encuentran al mono chillando salvajemente pero incapaz de renunciar a una parte para salvar el todo. Hoy creo que tenemos el reto de soltar mucho de lo que éramos antes de la pandemia o de lo contrario seremos presa de lo que no queremos soltar porque estamos aferrados a algo bueno que ya pasó su tiempo.

“…desencantado de la vida…”

MEMORIAS LITERARIAS Y FILOSÓFICAS: EL DRAMA DEL DESENCANTADO ; Gabriel  García Márquez

En muchas oportunidades me he preguntado porque la fama se hace notoria con personas que tal vez no la merecen. Tendemos a destacar los grandes logros y a los grandes hombres. Pero olvidamos que muchas veces esos grandes hombres son el resultado del esfuerzo de otros que nunca ni siquiera fueron mencionados. Por ejemplo todo mundo sabe el nombre del gran cirujano que hace una operación con éxito, pero nadie sabe el nombre de la enfermera que fielmente dispuso los instrumentos en el quirófano para que el cirujano no tuviera problemas. Todos conocen a Beethoven pero nadie conoce o reconoce quien fue su maestro o maestros. Todos oímos de Martín Lutero y de su gran impacto en la reforma, pero casi no hemos escuchado quién fue su maestro. Así es la historia de los que son secundarios. En las películas incluso se muestra la misma tendencia. Los primeros actores aparecen en títulos grandes y solos para demostrar su importancia en el filme, pero los secundarios aparecen en una página con letras pequeñas y en grupo.

Como seres humanos deseamos un sentido de logro, de ser reconocidos por lo menos el esfuerzo que muchas veces hacemos. ¿Pero qué pasa cuando sentimos que nuestra vida no tiene mayor relevancia en la historia? Que simplemente se pasó el tiempo y no hicimos nada relevante? Sobre todo cuando llegamos a una etapa en la vida en donde deberíamos estar cosechando grandes logros y lo que existe es una interminable rutina, apatía y desencanto?

Baruc fue el secretario y asistente del reconocido profeta Jeremías. Dios les utilizó para llevar su mensaje al reino de Judá del Sur, una nación que se había convertido en idólatra y decadente moralmente. Por más de 40 años (627 AC – 586 AC) Jeremías les advirtió que, a menos que se arrepintieran, Dios les castigaría duramente. Durante ese tiempo, tres poderosas naciones contendían por dominar el mundo, Asiria (cuya capital era Nínive), Babilonia y Egipto. Israel y Judá no pudieron evitar el conflicto puesto que se encontraban geográficamente en medio de estas tres naciones.

Los corazones de hombres y mujeres en Judá estaban endurecidos contra Dios, y ahora el castigo de Dios parecía inevitable. Aquellos días fueron tristes. Jeremías se lamentaba y lloraba frecuentemente.

Curiosamente, Dios se fijó de manera especial en un hombre particular que estaba muy desanimado, Baruc, el secretario de Jeremías.

Él había trabajado muy duro y estaba esperando que algo positivo pasara, pero ahora se decía a sí mismo, “¡Ay de mí ahora! Porque ha añadido Jehová tristeza a mi dolor; fatigado estoy de gemir, y no he hallado descanso” (Jeremías 45:3).

Los periódicos nacionales muestran especial interés en los ricos y poderosos, en la realeza, en los políticos y los actores reconocidos, en los deportistas o en las estrellas de música. Sin embargo, nuestro Dios tiene un cariñoso interés no solamente en personas reconocidas y de alta visibilidad, sino también en cada uno de aquellos muchos hombres y mujeres ‘invisibles’, aquellos que trabajan detrás del telón, aquellos que oran, que dan, que limpian, que preparan, que apoyan, que sirven, que organizan, que traducen, que ayudan, que arreglan, que se multiplican y trasmiten el mensaje que Dios ha dado a otros… Nuestro Dios se preocupa por el bienestar espiritual de ‘asistentes’ y ‘secretarios’.

Al notar que Baruc estaba desanimado, Dios le dio a Jeremías una profecía personal para Baruc: “Así ha dicho Jehová Dios de Israel a ti, oh Baruc…” (Jeremías 45:2)

¡A veces nosotros también necesitamos corrección, consuelo y aliento! ¿Por qué estaba desanimado Baruc? ¿Alguna vez se ha sentido usted desanimado? A veces el desánimo llega lentamente cuando el trabajo se vuelve repetitivo, cuando nuestros esfuerzos se encuentran con la apatía de otros, o cuando empezamos a dudar del valor de lo que estamos haciendo.

A veces el desánimo llega de repente, cuando nos encontramos con obstáculos serios, con frustrantes contratiempos o con oposición agresiva. Reconocemos que algunos de nuestros sueños personales no se han realizado y ¡tal vez nunca se realicen!

Servir a Dios siendo el asistente de un profeta como Jeremías no era una tarea fácil. Consideremos un número de factores que debieron haber contribuido, de vez en cuando, a los períodos de frustración, cansancio y desaliento de Baruc.

En primer lugar veamos las reflexiones de Baruc.

Primera lección tiene que ver con lo que escogimos.: Teniendo en cuenta la desobediencia terca de Judá, las profecías que Baruc tenía que escribir eran acerca de juicio y castigo, tal como: “Si peleareis contra los caldeos, no os irá bien, dice Jehová”, “Porque grande es el furor y la ira que ha expresado Jehová contra este pueblo” y “De cierto, vendrá el rey de Babilonia, y destruirá esta tierra, y hará que no queden en ella ni hombres ni animales” (Jeremías 32:5, 36:7, 29). Es una gran tentación modificar el mensaje de Dios para acomodarlo a “las novelerías que quieren oír” (2 Timoteo 4:3, NVI). Es un gozo compartir un mensaje de aprobación y bendición de Dios. Pero a veces, si queremos serle fiel al Señor, tendremos que comunicar un mensaje de desaprobación o un juicio de Dios. ¡Esta no es una tarea agradable!

El Señor tenía esperanzas: “Quizá oiga la casa de Judá todo el mal que yo pienso hacerles, y se arrepienta cada uno de su mal camino, y yo perdonaré su maldad y su pecado” (Jeremías 36:3). Pero la gente rechazó a Dios, el mensaje de Dios y los portadores del mensaje de Dios. “Endurecieron sus rostros más que la piedra, no quisieron convertirse” (Jeremías 5:3). El rey de Judá dio órdenes “para que prendiesen a Baruc el escribiente y al profeta Jeremías” (Jeremías 36:26). A veces los motivos del mensajero son cuestionados, se le acusa falsamente y hasta se le amenaza de muerte. Decían, “este hombre no busca la paz de este pueblo, sino el mal” (Jeremías 38:4). Muy pocas audiencias son tan positivas como la de Tesalónica, donde recibían las enseñanzas de Pablo “no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios” (1 Tes. 2:13).

La segunda reflexión tiene que ver con lo que fracasamos. El trabajo de un escriba era lento y minucioso. Los pequeños errores en la escritura eran difíciles de corregir y a menudo requerían que se volviera a escribir todo el manuscrito. Se nos cuenta que “…mientras (Jeremías) le dictaba, Baruc escribía en el rollo todo lo que el Señor le había dicho al profeta” (Jeremías 36:4, NVI). Luego de meses de estar escribiendo, Baruc leyó el mensaje en el templo. Alguien tomó el rollo y se lo llevó al rey. “Cuando Jehudí había leído tres o cuatro planas, lo rasgó el rey con un cortaplumas de escriba, y lo echó en el fuego que había en el brasero, hasta que todo el rollo se consumió en el fuego…” (Jeremías 36:23). Todo ese trabajo consumido en llamas. ¡Baruc no había guardado ninguna fotocopia ni un ejemplar de reserva en el computador! Luego “tomó Jeremías otro rollo y lo dio a Baruc hijo de Nerías escriba” y comenzaron todo de nuevo (Jeremías 36:32). ¡Qué desánimo para Baruc! ¿Acaso no podía Jeremías escribir sus propias profecías? ¿No podía Jeremías predicar su mensaje sin tener que escribirlo y luego leerlo? ¿No podía Dios comunicarse de manera más eficiente por medio de ángeles, sueños o visiones? El resultado de nuestra labor no siempre es como esperamos. ¡A veces sentimos que estamos perdiendo el tiempo! Si, como Arquipo, somos tentados a parar y abandonar la obra, debemos también tomar en serio las palabras de ánimo de Pablo: “Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor” (Col. 4:17).

La tercera reflexión tiene que ver con lo que logramos. En aquellos días, pocas personas sabían leer y escribir. Algunas veces hasta los mismos reyes necesitaban que les leyeran porque no podían leer por sí mismos. El saber leer y escribir podía abrir puertas a puestos lucrativos e influyentes.

Tales personas eran consideradas cultas e intelectuales. ¿Qué había conseguido Baruc con su educación profesional? Gemarías era un secretario del Templo. Si hubiera tenido una ‘tarjeta profesional’, la dirección de su oficina daría una muy buena impresión: “Atrio superior, Puerta Nueva del Templo, Jerusalén” (Jeremías 36:10, NVI). Si usted le hubiera preguntado a Elisama y a Jehudí acerca de sus trabajos, ellos contestarían con confianza y satisfacción: “Somos secretarios reales”. Tenían una oficina grande en “El despacho de Secretarios, Palacio Real, Jerusalén” (Jeremías 36:12, 20, 21). Y ¿qué de Baruc? Después de todos esos años de estudio y trabajo duro, ¡Baruc seguía siendo sólo el secretario de un profeta melancólico e impopular! Parecía que nadie le agradecía ni le admiraba por sus grandes esfuerzos. Es fácil perder de vista que “a Cristo el Señor servimos” (Col. 3:23-24). Esta realidad es lo que le da significado y dignidad al ministerio cristiano.

La cuarta reflexión tiene que ver con lo que esperamos. Sabemos que Baruc era un hombre visionario que estaba sirviendo a Dios pero que también soñaba con “grandezas” para sí mismo (Jeremías 45:5). Baruc conocía la historia de Josué y debió haberse sentido animado por esta historia, donde por muchos años Josué sirvió a Moisés como su asistente personal. Un día Dios le dijo a Moisés: “Toma a Josué… Y pondrás de tu dignidad sobre él, para que toda la congregación de los hijos de Israel le obedezca” (Números. 27:18-20). ¡Josué logró el éxito! Baruc también conocía la historia de Eliseo, quien por muchos años sirvió a Elías como su asistente personal. Eliseo le pidió a Elías algo grande, una “doble porción de su espíritu”. Pronto Eliseo empezó a hacer sus propios milagros y ganó reconocimiento público: “Los hijos de los profetas… vinieron a recibirle, y se postraron delante de él” (2 Reyes 2:9-15). ¡Eliseo también logró el éxito! ¿Y qué del futuro de Baruc? Las profecías de Jeremías pintaban un futuro colectivo triste y deprimente. ¡No había un trabajo importante, estable o respetado al que Baruc pudiera aspirar! ¿Por qué el futuro de Baruc era tan incierto comparado con el de Josué o el de Eliseo? Cuando Pedro se sintió tentado a comparar su propio futuro con el de otro discípulo, ¡fue amonestado cariñosamente a enfocarse por sus propios asuntos! El Señor tiene trabajos, ministerios y futuros diferentes para cada uno de sus siervos. Jesús le respondió a Pedro, “… qué a ti? Sígueme tu” (Juan 21:21-22).

El servicio de Baruc le llevó a acompañar a Jeremías en muchas situaciones difíciles y dolorosas. Ambos se sentían identificados con el mensaje de Dios. Juntos fueron ridiculizados y rechazados, juntos pasaron hambre y frío, juntos fueron acusados injustamente y amenazados. El rey mandó “que prendiesen a Baruc el escribiente y al profeta Jeremías” (Jeremías 36:26). El camino de obediencia tiene sus alegrías pero también sus dolores. El sufrimiento injusto es particularmente difícil de aceptar, y sin embargo se nos dice que, “si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios” (1 Pedro 2:19-20). Algunas veces nuestra vida requerirá que nos abstengamos de bendiciones que son legítimas. El Señor le dio instrucciones a Jeremías, “no tomarás para ti mujer, ni tendrás hijos ni hijas en este lugar” (Jeremías 16:2). ¿Qué sentiría Jeremías al ver a niños felices jugando o a un esposo abrazando cariñosamente a su esposa? Una vez Pedro también fue consciente del alto precio que él estaba pagando y preguntó: “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?” Jesús respondió, “Cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna” (Mat. 19:27-29). El Señor siempre ve y recompensa todo sacrificio alegre y generoso que vivamos por Su causa.

La quinta reflexión tiene que ver con lo que desesperamos. De vez en cuando la situación era tal que Baruc se sentía bastante desesperado. “¡Ay de mí!” lloraba, “porque ha añadido Jehová tristeza a mi dolor; fatigado estoy de gemir, y no he hallado descanso” (Jeremías 45:3). Ya es suficientemente malo cuando nos encontramos gimiendo, fatigados e inquietos. Pero la desesperación se apodera de nuestra alma cuando empezamos a pensar que nuestro Dios es distante, pasivo y desinteresado. Peor aun cuando empezamos a concluir que, en efecto, Dios está añadiendo tristeza a nuestro dolor, que viviríamos mejor sin Él. Tales pensamientos tienen origen demoniaco y están diseñados para hacernos dudar del poder, la sabiduría o la bondad de nuestro Padre Celestial. Cuando estamos cansados o tristes, nuestras mentes están más débiles y vulnerables a los ataques satánicos. Debemos identificar el origen de tales mentiras acerca de Dios y rechazarlas firmemente en el nombre de Cristo. Es bastante probable que no entendamos el tiempo de Dios o porqué Él permite, hace o no hace algo. Pero no permitamos que nuestras propias limitaciones siembren dudas acerca del poder, la sabiduría o la bondad de nuestro Padre Celestial. “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (Is. 26:3). Dios responde ante el desánimo de Baruc Algunas veces notamos el dolor en los ojos de algún hermano. Las madres generalmente son buenas en detectar señales de dolor entre sus propios hijos. Nuestro amoroso Padre Celestial ve nuestras circunstancias, acciones y motivos, Él escucha nuestras palabras y pensamientos, Él está consciente de lo que sentimos. Es un gran consuelo saber que “ninguna cosa creada escapa a la vista de Dios. Todo está al descubierto y expuesto a sus ojos…” (Hebreos 4:13, NVI), o como cantaba David, “Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos… aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda” (Salmos 132:2-4). El abatimiento y desánimo de Baruc tuvieron su origen en pensamientos basados en la mentira.

En segundo lugar la recuperación de Baruc.

En un mensaje corto, directo y personal, el Señor anima a Baruc a rechazar la mentira y basar sus pensamientos en la verdad, en la realidad como es. El capítulo 45 del libro de Jeremías es dedicado a exclusivamente a Baruc. El Señor le dijo a Jeremías: “Así le dirás: Ha dicho Jehová: He aquí que yo destruyo a los que edifiqué, y arranco a los que planté, y a toda esta tierra. ¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques; porque he aquí que yo traigo mal sobre esta carne, ha dicho Jehová; pero a ti te daré tu vida por botín en todos los lugares adonde fueres” (Jeremías 45:4-5). Este mensaje tiene tres partes.

En primer lugar Dios corrige la manera en percibe la visión. El Señor corrige la manera en que Baruc percibe la realidad. Baruc había hecho lo que se le había pedido que hiciera, había trabajado duro, y sin embargo los resultados fueron muy desalentadores. Los esfuerzos del sacrificio de Jeremías y Baruc simplemente no estaban cambiando el mundo a su alrededor. ¿Estaba mal todo lo que habían hecho? ¿Debían continuar? ¿Se estaban ‘desperdiciando’ sus talentos en este trabajo? Baruc se sentía frustrado: “¡Ay de mí! Porque ha añadido Jehová tristeza a mi dolor; fatigado estoy de gemir, y no he hallado descanso.” El Señor ve la lucha interna de Baruc y empieza por dirigir los ojos de Baruc lejos de sí mismo. El mundo es más que solamente ‘usted’. Lo que pase o no pase no descansa sobre ‘sus’ hombros. “Así ha dicho Jehová: He aquí que yo destruyo los que edifiqué, y arranco los que planté, y toda esta tierra” (Jeremías 45:4). Dese cuenta de que Dios dice: ‘yo’. El Señor podía edificar y plantar con o sin Baruc. Es cierto. Es la realidad. El Señor puede invitarnos a participar en alguna parte de Su gran proyecto, pero nos recuerda que es ‘Su proyecto’. Es el Señor mismo quien nos da dones, quien nos llama a servir, quien alienta nuestros esfuerzos. Pero también es el Señor quien determina si es tiempo de edificar o de destruir, de plantar o de arrancar. Los humanos no somos el centro del universo. Nuestro Padre Celestial nos ama, toma cuidado de nosotros y se deleita en nosotros, pero ‘nosotros’ y ‘nuestros esfuerzos’ no son centrales en los planes de Dios. ¡Todo se centra alrededor del Señor Jesucristo, Su obra, Su gloria, Su futuro glorioso y eterno! “Porque en él [en Jesucristo] fueron creadas todas las cosas… todo fue creado por medio de él y para él… Para que en todo tenga la preeminencia” (Col. 1:16-18). Querido hermano, capte el panorama, mire la realidad a través de los ojos de Dios, véase a usted mismo y sus esfuerzos en la obra del Señor como una pequeña parte del global y eterno plan de Dios. Jeremías oraba: “¡Oh, Dios grande y fuerte, tu nombre es el Señor Todopoderoso! Tus proyectos son grandiosos y magníficas tus obras” (Jeremías 32:18-19, NVI). A su tiempo, a la hora prevista, Dios obrará y realizará Sus propósitos.

En segundo lugar el Señor corrige la manera en que Baruc entiende su misión. La frustración de Baruc por la falta de resultados le estaba llevando a soñar con trabajos más significativos, o mejores maneras de ganar reconocimiento y satisfacción. El Señor vio las intenciones del perturbado corazón de Baruc y le preguntó: “¿Tú buscas para ti grandezas?” Algunas veces el Señor llama, prepara, capacita y encomienda a hombres y mujeres con una gran tarea, ‘grande’ desde la perspectiva de Dios. Pero cuando, como Baruc, nuestra mirada se desvía hacia dentro y buscamos grandezas para nosotros mismos, el mensaje del Señor es claro: “No las busques” (Jeremías 45:5). Como cristianos, el Señor nos llama a pensar en grande y hasta a almacenar grandes tesoros, pero en el cielo, “donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan”. ¿Por qué no en la tierra? Porque “donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mat. 6:20-21). Podemos dedicarnos a una buen obra por motivos errados (Fil. 1:16-17). Los motivos egoístas estropean el servicio cristiano y acaban con la felicidad del trabajo en equipo. Por eso se nos dice que: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria… Haya pues en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Fil. 2:3-5). ¿Qué talentos y habilidades le han sido dadas? ¿Cuál es su llamado? ¿Cuál es su misión? Una vez que usted sepa lo que el Señor le ha encomendado, dedíquese a eso. Hasta que el Señor no le de claridad que debe cambiar de trabajo, entréguese totalmente a la obra del Señor, “sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58). Algunas veces la estrategia o el método que un siervo utiliza debe cambiar a la luz de los resultados observados, pero su corazón no está puesto en las estadísticas. El deseo de nuestro corazón es escuchar a nuestro Maestro diciendo: “Bien, buen siervo y fiel… entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21). ¡Nunca perdamos esto de vista!

En tercer lugar el Señor corrige la manera en que Baruc ve su preocupación. Algo que motivó los pensamientos depresivos de Baruc fue que él no vio esperanza en el futuro. Los líderes de Judá siguieron ignorando el mensaje de Dios, por lo que Dios usaría muy pronto el ejército babilonio para invadir, matar, destruir y tomar control de Judá. El Señor confirmó parcialmente la evaluación sombría de Baruc, “porque he aquí que yo traigo mal sobre toda carne, ha dicho Jehová”. Algunas veces Dios quiso edificar y plantar. Pero ahora él había determinado destruir y arrancar. El hecho de que Dios escoja detener un proyecto, cerrar un ministerio o hasta disciplinar a su pueblo no significa que Dios haya ‘desaparecido’ ni que toda la esperanza se haya perdido. De hecho, los mismos actos de destruir y arrancar son indicaciones claras de que Dios está involucrado, activo y en control. Mientras estemos en la tierra, los cambios dolorosos y los aparentes retrocesos tienen un propósito. Felizmente siempre hay un “pero” divino. El Señor bendijo a Baruc con una promesa personal: “… pero a ti te daré tu vida por botín en todos los lugares a donde fueres” (Jeremías 45:5). Esta profecía personal le fue dada a Baruc durante el año cuarto del rey Joacim (Jeremías 45:1). Por lo tanto Baruc recibió la promesa del Señor durante los eventos narrados en la primera mitad del capítulo 36 de Jeremías. En la segunda mitad del capítulo, leemos que el rey rechazó la profecía de Jeremías, quemó el rollo y ordenó el arresto de Baruc y Jeremías. Entonces vino otro “pero” divino. El ejército les estaba buscando, “pero Jehová los escondió” (Jeremías 36:26). El Señor había empezado a cumplir su promesa.

¿Cómo percibe usted su futuro? ¿Su visión es dominada por pensamientos negativos? ¿Le teme al futuro? El Señor Jesús nunca nos prometió un camino fácil en la tierra, ni un panorama de constante crecimiento y éxito visible. Pero él dijo “vayan… y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mat. 28:19-20). Él dijo, “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo” (Hechos 1:8). Cuando nos sintamos atacados espiritualmente, sabemos que “mayor es el que está en nosotros, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4). Las buenas promesas de nuestro Dios se extienden mucho más allá de nuestra corta jornada en la tierra. El Señor Jesús dijo: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay… voy, pues, a preparar lugar para vosotros… vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:1-3). Después de recibir la promesa del ‘seguro de vida’, ¿se preocuparía Baruc porque podría ser capturado y asesinado? Tal vez, pero no debía. Las promesas de Dios sólo pueden ser disfrutadas si las conocemos y las creemos. ¿Las creemos?

Nuestro Padre Celestial ve y se interesa por lo que ocurre dentro de cada uno de nosotros, tanto sus siervos visibles y sus siervos que trabajan sin ser vistos. Como a Baruc, a muchos de nosotros nos han sido dadas algunas tareas pequeñas. Como Baruc, también a veces nos sentimos desanimados y cansados. No vemos los resultados que anhelamos, y podemos empezar a sentir que estamos perdiendo el tiempo en la obra. ¿Qué busca el Señor en todos sus siervos? Los criterios que el Señor utiliza para evaluar el éxito de la vida de cada cristiano son: Amor, Obediencia y Fidelidad. ¿Está usted de acuerdo? Entonces sigamos escuchando, obedeciendo y avanzando. “Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrados hacia su nombre, habiéndole servido a los santos, y sirviéndoles aún. Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza” (Hebreos 6:10-11).

“…esperando la respuesta…”

TORRE DE VIGÍA” :: Ministério Peniel

No sé si a ustedes le pasa lo mismo que a mí. Hay una gran inmensa de corporaciones que cuando uno llama por información lo dejan esperando en línea con una música para que uno no se desespere. O le dicen un mensaje que uno no entiende, lo pasan a una cantidad de números de extensiones…para esto marque el 1 o para esto otro marque el 3 y así. No hay cosa que me desespere más que me dejen esperando en el teléfono.

Probablemente usted también tenga problema con esperar. Sobre todo cuando la espera será muy larga.

Me imagino que Habacuc se ha sentido de la misma forma con la respuesta de Dios. Y es que la fe de Habacuc había sido sacudida. La esperanza del profeta estaba tambaleando. La revelación en el sentido de que Judá caería ante la ferocidad de Babilonia fue un duro golpe. Las terribles maldiciones de Deuteronomio 28.15ss estaban a punto de convertirse en realidad. Entre las maldiciones se incluía el sitio de ciudades, durante el cual los israelitas comerían a sus propios hijos (cf. Deuteronomio 28.53–57).

El profeta había presentado el argumento a Dios en el sentido de que Este no debía permitir que Babilonia invadiera a Judá. Babilonia era inicua, arrogante y traicionera. Habacuc argumentaba que el Señor Dios era demasiado puro para usar a tan depravada nación para castigar a Judá. Cuando Habacuc terminó de presentar su argumento, él afirmó que Jehová no permitiría que tal crueldad continuara (cf. 1.17). Una vez que terminó su argumento, Habacuc esperó la respuesta de Dios.

Así que Habacuc 2:1–3, nos proporciona una gran lección. Nosotros, también, a menudo somos atrapados en medio de las tormentas de la vida; las tribulaciones de la vida nos arrojan de un lado a otro y amenazan con destruirnos. Necesitamos una ancla que nos traiga seguridad; necesitamos un refugio que nos guarde del peligro. El texto de esta lección destaca cuatro anclas mientras esperamos la respuesta de Dios y no ser destruidos.

La primer ancla que veo en la vida de Habacuc tiene que ver con su PERSPECTIVA. Habacuc puso de manifiesto una inquebrantable fe en Dios: «Sobre mi guarda estaré, y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y velaré para ver lo que se me dirá, y qué he de responder tocante a mi queja» (2.1).

La vida no parecía justa, buena, ni imparcial, pero el profeta no desechó a Dios. Es probable que Habacuc se preguntara: «¿Vale la pena seguir a Dios?». Otros han cuestionado lo apropiado de seguir la voluntad de Dios. Una lucha parecida enfrentó Asaf cuando escribió el Salmo 73: ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra […] he aquí, los que se alejan de ti perecerán; tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta. Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en Jehová el Señor mi esperanza, para contar todas tus obras (versos 25–28). Tanto Habacuc como Asaf hicieron frente a grandes problemas, pero ninguno de los dos desechó su fe. Los dos acudieron a Dios para ver los problemas desde una perspectiva apropiada. Habacuc necesitaba recordar que Dios tenía el dominio. Su debilidad es común. Deseamos que Dios actúe de acuerdo con nuestro carácter, y no de acuerdo con el carácter de Él. Necesitamos entender que Dios es siempre el mismo (2º Timoteo 2.13). En vista de que sigue siendo el mismo, y en vista de que Sus propósitos no se pueden alterar, debemos seguir totalmente dedicados a Su voluntad, ¡aun cuando la vida no tenga sentido!

Una perspectiva de su ubicación. El pasaje dice: “sobre mi guarda estaré”. El profeta dijo que subiría a la fortaleza o al puesto del guarda (atalaya; RV1995), y esperaría la respuesta. Es probable que este puesto de guarda sea una referencia figurada que se usaba para expresar la expectativa del profeta en el sentido de que Dios respondería la queja que acababa de presentar.

Este puesto de guarda era una posición elevada que usaban los guardas entrenados para vigilar el perímetro en búsqueda de señales de actividad enemiga (cf. 2º Reyes 9.17; 2º Samuel 18.24).

Una perspectiva de su condición. “Sobre la fortaleza afirmaré el pie.” Habacuc estaba esperando la explicación de Dios, para así llegar a tener una perspectiva sobre lo que estaba a punto de suceder en Judá.  Únicamente cuando permanecemos dedicados a Dios, es que podremos tener la victoria sobre nuestros problemas. Cuando uno se consagra incondicionalmente a Dios, conoce la seguridad incondicional del poder de Dios. Habacuc estaba seguro de que Dios le respondería. Esperar es crucial cuando los cristianos están a punto de ser vencidos por la ansiedad. El salmista estaba dispuesto a orar y a esperar en la respuesta de Dios (Salmos 5.3). ¿Cómo espera usted? Cuando usted está agobiado, ¿espera lleno de seguridad, sabiendo que Dios responderá? Santiago amonestó diciendo: «Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada» (Santiago 1.5). Muchos son capaces de citar esa referencia pero no están conscientes de la condición que se declara en el versículo siguiente: «Pero pida con fe, no dudando nada» (Santiago 1.6). Los que necesitan sabiduría divina para explicar el sin sentido de la vida, deben pedir sabiduría «con fe, no dudando nada».

La segunda ancla que veo en la vida de Habacuc tiene que ver con su EXPECTATIVA  Una vez que llevamos el problema a Dios, debemos seguir el ejemplo de Habacuc: «y velaré para ver lo que se me dirá». Esta expectativa debe incluir en primer lugar sintonía. Dice el texto “ver lo que se me dirá” ¡Debemos dar a Dios el problema y dejar de preocuparnos nosotros! En este punto es que la mayoría falla. Cuando estamos enfrentados a un problema de la vida, oramos, confesamos que escapa a nuestra capacidad para resolverlo, le pedimos a Dios que se encargue de él, ¡pero luego nos levantamos de orar y comenzamos a preocuparnos otra vez! Considere este poema anónimo, llamado «Suelta las riendas para que las tome Dios»: Como hijos que con lágrimas nos traen juguetes quebrados para que nosotros los reparemos, Así llevé yo mis sueños rotos a Dios considerando que mi amigo es. Pero en lugar de dejarlo solo para que Él trabajara en paz, Seguí en los alrededores de Él y traté de ayudar con métodos que eran míos. Al final volví a tomar aquellos sueños y clamé: «¿A qué se debe tanta lentitud?». «Hijo mío», me contestó Él, «¿qué podía hacer, si jamás soltaste las riendas para que las tomara Yo?».

Esta expectativa debe incluir en segundo lugar cercanía. Habacuc no podía entender la justicia de Dios, pero no dejó de esperar en Dios. Llevó el asunto a Dios y lo dejó allí. Esta es la única manera como podemos hallar «paz» cuando estamos enfrentados con los problemas de la vida. Dios nos asegura a los cristianos una bendita «paz […] que sobrepasa todo entendimiento», solamente cuando rehusamos estar afanosos por medio de llevar todas las cosas a Dios en oración (Filipenses 4.6–7). Cual sea el peso que usted cargue, jamás permita que le agobie. Una vez que ha hecho lo que puede, entréguelo a Dios. Las presiones de la vida pueden aliviarse cuando poseemos una fe dedicada en el sentido de que Dios «es poderoso» para resolver el problema. La gran confianza de Pablo en Dios se resume con la sencilla frase: «[Él] es poderoso para guardar…» (2ª Timoteo 1.12b; énfasis nuestro). A la congregación de Éfeso se le recordó que Dios «es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos» (Efesios 3.20; énfasis nuestro). La fe en Dios ha permitido a los cristianos hacer frente y vencer las peores presiones de la vida. Pablo y Silas hicieron frente a azotes, grilletes y maltratos; y a pesar de esto fueron capaces de alabar a Dios con cánticos (Hechos 16.25). Pablo adolecía de enfermedad corporal, y a pesar de esto halló fuerza en la debilidad (2ª Corintios 12.10). Estos hombres poseían una fe que les ayudaba a poner sus problemas en las manos de Dios. Sigamos el ejemplo de Habacuc. Cultivemos una fe que crea que Dios es poderoso para responder a las tribulaciones de la vida.

La tercer ancla que veo en la vida de Habacuc tiene que ver con su ALTERNATIVA.  

Primero la alternativa escrita. Habacuc se le dijo que escribiera lo que oiría: «Escribe la visión, y declárala en tablas…» (2.2). La respuesta de Dios se publicaría y sería leída por muchos. El mensaje sería sencillo y animaría a otros cuando lucharan con las frustraciones de la vida. La Palabra de Dios es todavía la única respuesta a las presiones de la vida. Habacuc rechazó la sabiduría humana, porque él sabía que no podía dar una explicación. Él deseaba saber qué tenía Dios que decir. La Palabra de Dios sigue proporcionando respuestas a todos los que buscan el consejo divino (cf. Salmos 119.97–104). Los que leen la Biblia y se apoyan en sus enseñanzas hallan «mucha paz» (Salmos 119.165).

Segundo la alternativa expositiva. La Palabra de Dios es clara. Cualquier persona puede conocer la respuesta de Dios. Este maravilloso mensaje debe proclamarse en nuestros tiempos. Hay millones que están luchando y que no entienden la Palabra de Dios. Debemos publicar este mensaje de un modo que sea claro. Necesitamos manifestar al mundo que la respuesta a los problemas de la vida, ¡se encuentra únicamente en la obediencia a los mandamientos de Dios! El mensaje de Dios para los cristianos que hacen frente a las presiones de la vida es sencillo: «Confía y cree en Mi poder, ¡y en el momento apropiado vendrá la liberación!».

Tercero, la alternativa positiva. Puede que Dios parezca lento, pero Su respuesta vendrá. Puede que usted y yo no podamos explicar lo que está sucediendo en el presente, ¡pero sabemos que Dios tiene dominio del futuro! Puede que la vida parezca no tener sentido ahora, ¡pero en el futuro tendrá perfecto sentido! Los apuros innecesarios y la falta de paciencia han impedido la solución de muchos problemas y han producido el fracaso de muchos planes que fueron muy bien trazados.  Esta «paciente espera» no murmura, sino que confía en Dios. ¡Es una perspectiva totalmente diferente, desde la cual se ven las injusticias de la vida, cuando uno deja que ellas sean corregidas en el calendario que Dios ha trazado! Israel oró cuatrocientos años pidiendo ser liberada de la esclavitud en Egipto. No hay duda de que algunos deseaban que la liberación fuera inmediata, pero Dios actuó de acuerdo con su propio calendario. Dios todavía provee liberación, pero lo hace según Su calendario (cf. 2ª Timoteo 2.13; Isaías 14.24). Aunque Dios parece permitir que la maldad prospere y que la destrucción y la violencia desfilen por la sociedad, habrá un día en el cual habrá que dar cuenta (cf. 2ª Tesalonicenses 1.6–8).

La determinación de Habacuc era en el sentido de seguir en su puesto, aunque estuviera rodeado de problemas. Esto fue lo que aseveró: «¡Sobre mi guarda estaré firme… y velaré… y seré fiel!». Los cristianos de hoy deben llenarse de una determinación parecida. Aun cuando estemos siendo aporreados por los problemas, debemos seguir adelante. Puede que nuestra esperanza se tambalee, y que algunas dudas nos ataquen, pero debemos seguir siendo diligentes seguidores de Dios. A los cristianos de Corinto se les mandó «[estar] firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre», aun cuando las presiones de la vida los tentaran a rendirse y a hacer concesiones en cuanto a la diligencia (cf. 1era Corintios 15.58). Cuando damos lugar a que los eventos desconcertantes de la vida nos impidan trabajar en la iglesia de Dios, nuestros problemas aumentarán, nuestros lazos de comunión disminuirán y nuestra confianza se debilitará. No obstante, si mantenemos nuestra diligencia y trabajamos para Dios, esa actividad aliviará el peso de las presiones de la vida. Esto es así en la vida de toda persona. Hay momentos en los cuales sentimos deseos de alejarnos de las asambleas de los santos de Dios. Nos cansamos y nos angustiamos. Nos sentimos tentados a retirarnos y a centrarnos únicamente en nuestros problemas. Tan pronto empezamos a hacer esto, nuestros problemas se agravan. Y si en lugar de hacer esto, vamos a las asambleas de la iglesia, aun si tenemos que obligarnos a ir, descubrimos que la comunión y el estar activos aliviarán nuestras cargas. Después de estar en las asambleas con hermanos, estaremos en mejores condiciones de hacer frente a la vida con renovadas energías. Esta era la lucha que estaban teniendo los cristianos hebreos, y esta es la razón por la que el autor de la epístola dirigida a ellos dio el firme mandamiento en el sentido de no dejar de congregarse (cf. Hebreos 10.19–26). Cuando estamos agobiados, debemos mantener la diligencia en nuestros deberes para con Dios. ¡Dejar de estar activos es garantía de un mayor desánimo! Cuando estamos agobiados por las presiones, ¡no debemos rendirnos! Debemos recobrar la perspectiva correcta, tal como hizo Habacuc, ¡por medio de estar activos en el servicio a Dios!

Cuando las presiones de la vida se constituyen en una pesada carga para nuestras vidas, es fácil creer que todo está perdido. No obstante, cuando estudiamos la Palabra de Dios y esperamos la respuesta del cielo, Dios nos ayudará a superar las presiones de la vida. Un autor anónimo expresó esta idea en su obra «Él, errores no comete»: Puede que en el camino de mi Padre haya giros y vueltas; Puede que mi corazón palpite y sufra dolor, Pero en mi alma yo me alegro de saber Que Él, errores no comete. Puede que mis añorados planes sean desbaratados; Puede que mis esperanzas se desvanezcan, Pero aun así, yo confiaré en que mi Señor dirige, Que Él, errores no comete. Aunque la noche sea oscura y parezca Que el día jamás llegará, Anclaré mi fe, mi todo en Él, Él, errores no comete. Hay tanto que ahora no puedo ver; Mi visión es demasiado borrosa, Pero venga lo que venga, sencillamente confiaré Y dejaré todo a Él. Porque la bruma no tardará en disiparse Y Él hará que todo se vea claramente, En toda la jornada, aunque oscura para mí, Él, ningún error cometió. Apropiémonos de la perspectiva de Habacuc cada vez que seamos confrontados con las luchas de la vida. Siempre tenga seguridad en su confianza de que Dios es poderoso para solucionar cualquier problema de la vida. Esta confianza segura nos ayudará a no «estar ansiosos por nada». En este pasaje de 2.1–3, la profecía de Habacuc toma un decisivo giro. «Esta es la estrella resplandeciente de toda la profecía. Este es el factor subyacente y significativo, en el sentido de que la esperanza que Habacuc recibió en la visión es la misma esperanza que la comunidad cristiana mantiene: esa historia, como la conocemos, está en las manos de Dios; es la historia de Dios y es Él quien tiene el dominio. Esto fue lo que permitió a Habacuc salir de la torre de oración y andar en las calles […] Esta esperanza estuvo en el centro mismo de la iglesia neotestamentaria».

Un barco fue sorprendido por los embates de una horrible tormenta. El mar se puso peligroso. El timón no podía dirigir la nave, y el viento la conducía rápidamente hacia una costa rocosa. Una ancla fue arrojada fuera del barco, pero no detuvo la nave. El timonero soltó el timón y corrió por todo lado clamando: «Oh Dios, estamos perdidos, ¡ten misericordia de nosotros!». El terror se apoderó de todos. Cuando el naufragio total parecía inevitable, la tripulación arrojó otra ancla, que sujetó firmemente al barco a una roca que estaba bajo las olas que rugían. De inmediato controló el barco. El timonero volvió a su puesto y clamó: «Gracias Dios, ¡estamos a salvo!». Los pasajeros y la tripulación se unieron al coro: «¡Gracias, Dios! ¡Gracias, Dios!».

La tormenta pasó y el barco llegó a su destino. Al contar esta historia, un predicador de generaciones pasadas comentaba: «Vosotros viajeros del mar de la vida, que sabéis que vais directo a naufragar a una costa a sotavento, vuestra única seguridad reside en fijar el ancla de vuestra esperanza en la Roca de los siglos». No es sino hasta que nos encontramos haciendo frente a momentos de peligro, que apreciamos la verdadera seguridad. Cuando la vida, la esperanza y el futuro son amenazados, es un gran alivio saber que contamos con un seguro refugio. Las fuerzas de Satanás son expertas en hacer tambalear nuestra paz y seguridad. Los que tienen una sólida confianza en Dios tienen una gran seguridad (cf. Salmos 46.1ss; 122.1ss). No obstante, los que carecen de una fe firme en Dios, son fácilmente atrapados por las inicuas estratagemas de Satanás. Cuando sus ataques se dirigen a nuestra «ancla de esperanza», debemos fortalecer nuestra fe de modo que nuestra s

la influencia de la perversión sexual en la familia…

Mujer en el temor de la violencia doméstica, la violencia, el concepto de  los derechos femeninos. Detener agresión. Sombra en la pared que  representan los lados ocultos de abusar, siendo víctima del
La amenaza latente…

“3 Pero Lot insistió, y finalmente ellos fueron con él a su casa. Lot preparó un banquete para ellos, con pan sin levadura recién horneado, y ellos comieron” Génesis 19:3

 El pasaje de Génesis 19 ha sido expuesto por muchos  predicadores y estudiosos de la biblia. Es obvio que el enfoque siempre ha sido el pecado de la homosexualidad. Se enfoca en la sociedad corrupta de Sodoma y Gomorra. A la verdad que hay mucho que decir con respecto a esta sociedad pervertida. Sin embargo el enfoque también debe ser visto en relación al estilo de vida de Lot. ¿Por qué la maldad y la perversión crecen? Crece debido a la falta de influencia de los hijos de Dios. Y en este caso no es la excepción. La frase que aparece en el vrs. 3 de la narración dice: ”Y entraron en su casa; y les hizo banquete y coció panes sin levadura…” Cuando vi el versículo vi una combinación de culturas. Es decir la palabra banquete es una palabra interesante. Es obvio que es una fiesta en toda su máxima expresión. La inmensa mayoría de veces se usa en el AT como expresión de música, baile, bebida, etc. En cambio la expresión “panes sin levadura” es una expresión que está asociada a la cultura de los judíos. Si bien es cierto que más adelante se convertirá en uno de los símbolos de la pascua. Es mi criterio que siendo Moisés el autor de Génesis puede hacer una alusión al símbolo espiritual. Una cosa muy importante de notar es que el uso de banquete o fiesta en el AT siempre se da en el contexto de hombre con hombre. La única vez que se da entre un hombre es en este pasaje. Ahora también debemos agregar el hecho que estos mismos ángeles y el mismo Ángel de Jehová estuvieron con Abraham. Y no hay referencia a que Abraham hiciera una fiesta sino una cena de comunión e intimidad con ellos. Tampoco hay mención que el presentara panes sin levadura sino panes recién hechos. (Génesis 18:1-8). En fin, el punto de ilustración aquí es que en la mente de Lot hay ya dos sistemas, dos opciones que juegan por su lealtad. Uno es el sistema de Sodoma y otro su sistema de judío. Es decir los valores de la ciudad y los valores de Dios. Esa contradicción es muy marcada en toda la narración. Es decir un Lot queriendo equilibrar dos mundos que no se pueden equilibrar. Queriendo mezclar dos cosmovisiones que no se pueden mezclar. Y queriendo unir dos ideologías que jamás podrán unirse.  Por esta causa y debido también  a que en el NT dice de Lot lo siguiente: Este hombre justo que vivía entre ellos, sufría en su buen corazón a causa de las maldades que día tras día tenía que ver y oír. 2 Pedro 6:8 (DHH). Lot  se convierte en una muestra de cómo  me afecta la maldad donde vivo, pero sigo viviendo allí porque me gusta. Esta contradicción hacía que en lugar de influir en el lugar, el lugar lo cerca y lo presiona para que acepte sus costumbres. Y así es hoy también la iglesia y los hijos de Dios. La perversidad ha crecido debido a que hemos dejado entrar en nuestra “casa” la convivencia de las dos culturas. En este sentido quiero que veamos cómo se manifiesta esta contradicción y doblez de valores en la vida de Lot y su familia. Sólo tomaré ideas a medida que tomo partes del texto. Mi intención es simplemente hacer una reflexión que la mezcla de estas dos visiones no trae nada bueno y acarrea severas consecuencias, así que lo señalaré como preguntas en  la vida de Lot. Son cuestionamientos que vinieron a mi mente a medida que iba leyendo el relato.

Primer cuestionamiento: ¿Por qué  Lot reconoce ángeles y no reconoce diablos? Esto nos lleva al campo de su devoción.  (1-3) Notemos que en los versículos 1-2 Lot  reconoce que los viajeros que han llegado son de Dios. El puede todavía reconocer quien es de Dios y quien no es de Dios. En su planteamiento él tiene en mente protegerlos porque sabe que ellos están expuestos ante una cultura como la de Sodoma. Lot no se da  cuenta que ellos han llegado para estar en la calle y no dentro de su casa. Según el vrs. 21 del capítulo 18 dice: “…descenderé y veré…” Sí ese era su plan original, entonces  ¿Porque que quiere Lot que ellos moren en su casa? Simplemente porque Lot siente un oasis con la presencia de estos ángeles en medio de tantos demonios. Es decir para Lot la manifestación de Dios es para él, para que la encierre en su casa y no para que cambie lo que está afuera. Desde cuando nuestra espiritualidad es para guardarla y tenerla encerrada. Si nuestra devoción sólo es para nuestro propio beneficio, entonces no nos extrañemos que la sociedad y la corrupción sigan creciendo afuera y nos esté cercando. Creo que muchas iglesias existen para la iglesia y no para el mundo. Solamente vivimos para nosotros y no para la influencia en la sociedad. Por esa causa ahora estamos rodeados de maldad. Es una devoción equivocada.  Por otra parte  me imagino que Lot también le preocupa la seguridad de los ángeles. Pero, los ángeles estaban seguros no porque Lot los introdujera en su casa sino porque eran poderosos en Dios. Esto es una  devoción limitada. Limita el poder de Dios, limita su capacidad de influir en lo malo. Limita la fuente de su autoridad. Es decir creemos que nuestra fe solo nos sirve para adentro y no para afuera. Es en los ámbitos espirituales, los lugares eclesiales en donde es real la fe y el poder de Dios. Pero no tenemos la capacidad de llevarla afuera a los antros porque ella es débil y necesita nuestra protección. Tercero también es una devoción  contaminada. Observe que el texto (vrs.3) dice que el “porfió” con ellos mucho. Es decir les rogó, insistió, obligó en manera extrema que  ellos se fueran con él. Y una vez estando dentro combina la mentalidad de Sodoma (banquete) y la mentalidad de un hijo de Dios (panes sin levadura). Hace muchos años atrás tomé la decisión de casar a una pareja de novios que ya  habían alterado  el binomio primero las nupcias y después las nauseas. Lo hice porque Dios me dio la convicción de realizarlo. Yo estaba consciente que la novia no tenía una relación personal con Cristo, pero en fin ella insistía que sí y los familiares del novio también. Así que decide hacer la ceremonia. Recuerdo que en la ceremonia estaban todos los elementos “cristianos” había un padrino de biblia, había discursos cristianos, una predicación cristiana, etc. Etc. Al terminar la ceremonia pasamos al lugar de la recepción y una vez ubicados en la mesa comenzó a desfilar el alcohol en grandes cantidades. La orquesta tocaba las piezas de moda de esa época y la mayoría de líderes de la iglesia evangélica a la que asistía la familia del novio se desplazaron  a la plataforma para bailar la famosa Macarena que era la canción de moda en aquel tiempo. Después de varias horas de sacudir el cuerpo, sirvieron la cena y mientras comíamos la misma orquesta que hace unos minutos tocaba la Macarena, comenzó a tocar “Cuan Grande es El”, y luego una serie de himnos conocidos. Cuando escuche esa mezcla, me pregunté ¿Qué pretenden estos hermanos con esa combinación de culturas? Simplemente lo mismo que Lot ofrecerle a Dios “banquete y panes sin levadura”. Es una devoción contaminada. Note que el texto dice que los ángeles comieron y no que banquetearon. Esto por el caso que alguna persona piensa que ellos aceptaron lo que Lot les ofreció.

Un segundo cuestionamiento es: ¿Por qué Lot le dice a los de Sodoma y Gomorra hermanos y ellos lo llaman a  él  extraño? (4-9) Si observamos en el vrs. 7 Lot se dirige a los moradores de la ciudad como “hermanos míos”, pero el vrs.9: “Vino este extraño… “…y hacían gran violencia…” ¿Cómo así?  ¿Nosotros los que creemos en Dios debemos ser cordiales con los impíos y ellos tienen que ser duros con nosotros? Es decir ¿la iglesia debe ser tolerante con los intolerantes? Esto nos habla de la dedicación Una pregunta que debemos plantearnos urgentemente es ¿nuestra dedicación hacia quién es? Nosotros estamos para agradar al mundo o a Dios. Nuestra fidelidad ¿es para Dios o para la gente? Lot no está en la ciudad, vive en la ciudad por lo tanto tendrá que acomodarse al criterio de esa ciudad. Su dedicación es corriente Observen ustedes que el haber hecho banquete lo que hizo fue atraer a los vecinos. (vrs. 4-5) Es obvio que ellos se dieron cuenta que algo pasaba en la casa de Lot debido a que escucharon música, baile y vino, etc. En realidad su acto más que agradar a Dios lo que hizo fue atraer lo peor de Sodoma y Gomorra. Muchas personas creen que con incorporar algunas cosas que todo el mundo hace, darán testimonio de su dedicación a Dios, pero lo único que hará es abrir oportunidades para que lo peor de la sociedad se te meta en tu casa. Su dedicación consiente.  Al pensar en el problema que se le armó a Lot, uno no llega a entender en verdad que era lo que le preocupaba a Lot. Es decir ¿cuál era el pecado que él quería evitar? ¿Qué era más malo ante los lentes de Lot? ¿Pensaba Lot que lo malo era tener relaciones con los huéspedes porque eran de Dios? Es decir no era malo que pidieran tener sexo liberal sino que lo malo era con quién estaban pidiendo hacerlo. ¿Lot no ve grave que tengan sexo con sus hijas? ¿Y qué ellas eran expuestas a ser violadas y muertas? ¿Es menos grave eso? Es obvio que ya Lot consentía las relaciones promiscuas, y liberales. Realmente es extraño que tuviera unas hijas vírgenes en medio de tanta cultura sexual. Cuando ya Sodoma se te ha metido en tu casa tus valores ya no sienten, ni siquiera resienten sino que al final  consienten. Lot no ve mal que tengan sexo, no ve mal que lo hagan a la fuerza, no lo ve mal que lo hagan públicamente, no ve mal que sus hijas sean el objeto del desenfreno, lo que ve mal es que el es responsable de la hospitalidad de los ángeles y eso no lo puede permitir. Cuando nuestra dedicación no es para Dios sino para agradar y ser tolerante con el mundo, éste te lo garantizo te exigirá más y te empezará a quitar lo más preciado de tu casa. Lamentablemente Lot no sólo vive rodeado por el sistema sino que el sistema ya se ha metido en su casa. Lot vive en un sistema que se opone a Dios. La vida de un justo no pudo cambiar nada. Eso implica que la dedicación de Lot no sólo era corriente, consiente, también su dedicación es subsistente.  La vida de un justo no pudo cambiar nada. Cuando la maldad es desmedida, y sobrepasa los límites, la fe de un hombre no puede hacer nada. Muchas veces la fe sólo nos sirve para subsistir. Note que la narración dice que Lot tenía en medio de esa perversión un par de hijas vírgenes. No sé de qué manera ellas habían subsistido con la virginidad en una sociedad donde eso no valía ni un centavo. En un mundo perverso el por lo menos tiene dos hijas vírgenes. En su casa había un cierto nivel de principios. Allí en su casa se ven algunas cosas buenas con varias cosas malas. Lo que suele suceder cuando uno está rodeado de perversidad. Por alguna rendija el mal se te mete. El problema de Lot no es en sí él, sino el sistema donde está metido. El problema es que la maldad lo está alcanzando. Lot vive en Sodoma porque el inició su propio proyecto de vida. Muchos son así. Levantan su propio proyecto de vida, con su propia  visión de Dios, su manera de ver a Dios, su manera de encontrar éxito en Dios. Lot vivía con su tío, pero no le gustó ese proyecto de vida de Abraham. Lot es un devoto de la ciudad. En ella se pasa más desapercibido, y se puede ser más relativo en las cosas. Es la ciudad cosmopolita de este tiempo, alejada de Dios lleno totalmente de depravación. Lot tiene que vivir allí y debe compaginar dos posturas de lo contrario no podrá subsistir. dedicación de Lot también es condescendiente.  Lot representa el espíritu de las personas que están con Dios pero que permiten otras cosas. Representa a los hombres modernos, que viven en medio de la maldad, quieren ser santos pero la maldad es tan grande que les está golpeando. La mediocridad es permisiva con el pecado. Y Lot representa eso. De hecho la permisividad es la raíz de la mediocridad. Les llama hermanos, como siendo diplomático y amoroso y ellos lo llaman extraño y le hacen violencia a su casa. (vrs. 9) ¿Cómo puede permitir tal cosa? Lot es una mezcla de mediocridad. En la narración Dios manda santidad  a su proyecto y permite que lleguen dos hombres santos para ver qué está pasando. Ellos llegan para entresacar lo santo de un lugar de perversidad. Llegan por causa de la intercesión de su tío que antes que destruya la ciudad le ruega que mire si hay justos en la ciudad. Y de hecho a la única casa a la que van es a la casa de Lot por su insistencia. El tenía principios de Dios pero de una manera mediocre. Lot quiere la miel de la palabra pero no la obediencia de la Palabra. Lot me revela la mezcla del corazón. La ciudad está perdida. Sodoma quiere someter a todo lo que llega. Todo tiene que estar sometido a él. Y si quieres vivir en Sodoma tienes que vivir como ella. Cuando tú no haces las cosas de ellos y como ellos, entonces te rodean y te quieren someter. Si no te sometes eres raro. Porque el “extraño” es el que no se somete. Sodoma no sólo somete, sino que insiste la mayoría de las veces a que tires lo santo que ha encontrado dentro de ti. Los sodomitas quieren que saque a los ángeles. Porque lo santo los señala a ellos y por eso lo quieren someter y manchar.

Un tercer cuestionamiento: ¿Por qué Lot tiene hijas vírgenes  con yernos en la casa? (10-15) En el vrs. 12 los ángeles le preguntaron a Lot ¿Qué tienes aquí  adentro? Y dice el texto: “Y habló a los yernos los que habían de tomar a sus hijas”. (vrs. 14) Una de las cosas que sigue estando en el aire es el hecho de cómo había logrado que las hijas mantuvieran su virginidad en un lugar como este. En una sociedad donde no hay valores, él tiene dos vírgenes. Esto nos lleva al campo de la distinción ¿Qué es lo que nos distingue realmente de la corrupción del mundo que nos rodea? Su distinción es conveniente. Observe que cuando el sistema se pone agresivo, y obliga a la iglesia a aceptar su cosmovisión, no le importa exponer a sus “vírgenes” esas nuevas generaciones, con tal de mantener el favor de Dios, y la comodidad religiosa interna. Lot prefiere quedarse con su dosis de Dios y deshacerse de las vírgenes. Dos vírgenes ofrecidas para que no se vaya la gracia y la bondad de Dios con una casa. Lot es un cristiano sin autoridad. A él lo que le preocupa es no perder la bendición de su casa y no le preocupa exponer a sus vírgenes. Una  vez más las vírgenes son moneda de cambio de la iglesia. Y para mantener el estatus no importa sacrificarlas. No se puede pactar con Sodoma nunca. No se puede negociar con el pecado. Sodoma le dejaba vivir su conducta religiosa mientras no ofendía a la cultura de las ciudades. O lo que es lo mismo, iglesia nos hemos hecho permisivos con el pecado y no nos dicen nada porque no lo denunciamos. Y por eso nos dejan estar tranquilos. Lot representa eso por eso no le importa negociar con las vírgenes de su casa. No le importa entregar a las vírgenes para mantener el status de su casa. Su distinción es conciliante.  Estas dos hijas son vírgenes pero ya han sido entregadas a dos hombres de Sodoma y que viven dentro de su casa. Vírgenes guardadas para hombres, sin fe, si piedad y que se burlan del juicio de Dios. Y cuando Lot les dice, que viene juicio se burlan de él y no le creen. Qué pena, en la casa de Lot hay un pacto con una sociedad corrompida. Eso representa las vírgenes y los yernos. Las vírgenes representan el sistema de Dios y los yernos el sistema corrupto. Los dos sistemas cohabitan unidos. Ellos ya tienen el título de yernos y no están casados. Y si ya están casado peor todavía porque qué tipo de hombres serían. ¿Del otro lado? El permite a hombres que vivan en su casa. ¿Qué hacen los yernos en la casa? Ellos cohabitan en la casa. La maldad ya estaba en la casa y conviven con el sistema. Aunque las muchachas son vírgenes ya tienen el destino. Ya el padre les ha escogido su destino. ¿Porque les da este padre estos yernos? Porque se puede hacer si no hay otro tipo de yernos en esa sociedad. Entre tanta perversidad que se puede encontrar allí. Observen que combinación más conciliante. Vírgenes judías y yernos sodomitas. Lot y su esposa. En la casa vemos dos bandos. Los yernos que no se quieren ir, la esposa de Lot que se va pero quiere regresar, Lot que  junto con sus dos hijas se van a la fuerza de los ángeles. Pueden notar especialmente a las vírgenes. Son dos vírgenes físicamente pero que ya conviven con dos hombres en su casa y a los que ya se les da el título de yernos. Algo extraño. No sé porque me suena a lo que pasa ahora en nuestro contexto del siglo XXI. Niñas y niños que físicamente se han guardado pero que ya conviven con la promiscuidad y la sexualidad y no son ni vírgenes emocionalmente ni espiritualmente. Conviven con los mismos novios con los que se van a casar en su misma casa. Se habla del título, del yerno, pero en realidad se está hablando de una convivencia con un sistema. Se ha perdido la moralidad. Son vírgenes, ¡sí! Mantienen el estado físico pero no el del corazón. Viven con los novios, se tocan son amigos con derechos. Se juntan solo para darse “los topones”[1]. Los ángeles le preguntan ¿Qué hay en tu casa? Ellos veían una mezcla. Eso era lo que veían los ángeles. . Esto se parece mucho a la iglesia de hoy. Subsistimos porque Dios es fiel pero los yernos cohabitan con nosotros los hijos de Dios. Son vírgenes físicamente. Es decir por un lado lo son pero por otro no lo son. La casa los ha protegido físicamente pero Sodoma está en su corazón. Dicen: “son vírgenes”, pero es título, dogma, religión pero están diagnosticadas a casarse con dos tipos de lo más corrupto. Así que más da que sean vírgenes. Son una casa desigual. Yugos desiguales. Las vírgenes no han conocido hombres pero intiman con ellos. Se dejan tocar por ellos. Entonces, ¿cuál es la ventaja? Por otro lado su distinción es condicionante. (vrs. 15) “Deteniéndose él”. La idea es, se estaba haciendo el desentendido y le estaba dando largas. Por estar atado a su mujer y su mentalidad, a la de los yernos con su incredulidad y al apego a las cosas, Lot está condicionado porque está atado a Sodoma y le duele dejarla. Le está poniendo condiciones a Dios. Es como que todavía no les cree que Dios vaya a destruir esa ciudad. A lo mejor tenía la esperanza que no fuera cierto lo que los ángeles le decían. ¿Porque nos condiciona lo que nos gusta, lo que nos satisface para no hacer lo que le satisface a Dios? Simplemente porque no creemos que Dios vaya a acabar con aquello que nos ha costado tanto y que nos gusta y que nos ha dado tanto estatus y satisfacción de poder. El pacto es con el sistema aunque físicamente  estemos con Dios. Watchman Nee solía decir: “Podemos estar con Dios en el concepto pero con el Diablo en el corazón”[2] Podemos decir, sí sí, sí. Pero en el corazón no, no, no.

Un cuarto cuestionamiento es: ¿Por qué Dios dice monte y Lot insiste ciudad? (16-23)  Observemos que los ángeles le dicen a Lot: “Escapa por tu vida…escapa al monte” y Lot contesta: “No, yo os ruego señores míos”. Esto tiene que ver con su disposición La pregunta básica aquí es que tan dispuesto está Lot a cambiar y a dejar el pensamiento de Sodoma. Su disposición es parcial El quiere poner las reglas todavía. No se da cuenta que un tiempo de someterse y de misericordia, el todavía está exigiendo y poniendo condiciones. Hay una desigualdad entre lo que Dios quiere y lo que Lot quiere. La esposa representa a alguien que ama el sistema y Lot alguien que quiere a Dios pero está atrapado por el sistema. Sus lazos eran muy fuertes con el sistema. Por otro lado Su disposición es superficial Estos creyentes como Lot saben las instrucciones de Dios pero no las obedecen. En esta lucha que Lot hace, la pregunta es ¿Lot, que es más importante, dónde vas a vivir o que te salves con toda tu familia? Para él no era importante salvarse sino donde iba a vivir después. Para Dios es que el salvará su vida, y para el ¿viviré cómodo? ¿Por qué quiere una ciudad? Porque es su sistema de vida. El ya está adaptado y acostumbrado al sistema de la ciudad. Los yernos son el mejor partido que encontró Lot en la cuidad para sus vírgenes. Pero que tipos, sin temor a Dios. Están en la casa de Lot por el banquete pero no por los panes sin levadura. También su disposición es nominal.  Es obvio que ir al monte es ir hacia arriba y no lo plano de la ciudad. Lot tiene miedo de ir al monte porque no puede estar solo en la presencia de Dios. No conoce es intimidad. Vive en la ciudad, aunque viene el juicio quiere seguir viviendo en la ciudad, le asusta el monte. El y toda la familia sólo son un escaparate de exhibición religiosa. Es una casa mezclada. Qué tristeza de imagen. Vienen los siervos de Dios para traer juicio y la iglesia está coqueteando y banqueteando con los valores de Sodoma y Gomorra. La esposa atada al sistema de Sodoma, los yernos impíos y burladores de Dios, las vírgenes son  así por religión y dogma y conveniencia pero no por convicción. Son vírgenes por religión, por obligación pero no por contención espiritual que agrade a Dios. Es pura religión y apariencia nominal. Son vírgenes que han perdido el temor de con quién van a perder su virginidad.

Un quinto cuestionamiento: ¿Qué le preocupa a Lot? ¿Dios o su vida? (24-38) al observar la descripción final del capítulo uno nota que una vez que Dios comienza a destruir las ciudades, Lo cambia de opinión y decide ahora irse al monte. Dice el vrs. 30: “Pero Lot subió de Zoar  y moró en el monte…porque tuvo miedo de morar en Zoar…” Esto nos lleva al campo de la disfunción Lot es un hombre de conveniencia. A él sólo le interesa su vida. Una cosa curiosa es que uno jamás mira que Lot derrame una lágrima por su mujer, o por la gente. ¡No! Simplemente está tan ensimismado que lo único que le preocupa es estar seguro él. Lot vivía con una mujer dividida. Las vírgenes perdieron sus prometidos. Aquí uno  se puede dar cuenta que ellas ya habían perdido el temor de con quién debía perder su virginidad. ¿Qué es más importante guardar tu virginidad o perderla con cualquiera? En este caso a las muchachas se les ocurre la brillante idea de perderla con su padre. ¿Tú harías eso? ¿Por muy desesperado  que estés, lo harías? Eso demuestra que son vírgenes porque las han obligado a  serlas. Pero cuando ven que los días se les están acabando y que se están haciendo viejas, agarran lo primero que encuentran. Hay una disfunción de la realidad.  Note que dicen las vírgenes: “no queda varón en la tierra”. ¿Cómo así? La destrucción es local no mundial. A unos pocos kilómetros Está Abraham con todo su linaje. ¡Qué mejor linaje que ese! Y estas muchachas trastornan la realidad y la exageran de tal manera que su decisión hace sentido y tienen una excusa para hacer lo que hacen. Y basada en esa deformación de la realidad toman decisiones disfuncionales. Hay una disfunción de la veracidad.  Note que ellas dicen: “entre a nosotras…conforme a la costumbre de toda la tierra” ¿Cuál es su fuente de autoridad? No es la verdad sino la tradición y la costumbre. Por lo tanto como están siguiendo la costumbre de toda la tierra, se ven en la imperiosa necesidad de implementar esa costumbre en su necesidad de procrear.  Hay una disfunción de la integridad. Esta es una ruptura con los valores esenciales. ¿Cómo pueden creer que es lícito acostarse y engendrar de su padre? Ahora ustedes pueden ver que en el texto hay una evidencia de que lo que ellas están pensando no es correcta. ¿Cuál es? ¡Que lo tienen que emborrachar! Esto me llamó mucho la atención, por dos cosas. Primero si no era malo porque no se lo dijeron sobrio a Lot y el hubiera accedido. Pero no podían porque sabían que Lot en sus cabales no hubiera aceptado semejante plan. Segundo, las dos veces lo emborracharon y no se dio cuenta, mi pregunta es ¿Si la salida de Sodoma y Gomorra era apresurada, y se suponía que debía llevar lo necesario? No creen ¿Qué lo menos importante sería cargar con bastante vino? ¿No había otras cosas más importantes que acarrear? Pero a Lot le da suficiente tiempo para sacar vino. Y ese vino fue el que usaron para emborracharlo. No cabe duda que Lot amaba lo  placentero de Sodoma y Gomorra. Hay una disfunción con la identidad Ahora  con esta decisión lo que ellas hicieron fue perpetuar la maldad, y lo que Dios estaba destruyendo estas vírgenes lo levantaron nuevamente. Manteniendo una descendencia con su padre mantuvieron el espíritu de su padre. ¿Y cuál era ese espíritu? El espíritu de la ciudad. Porque lo que levantaron fue una mezcla. La religión de su padre con la perversidad de su corazón. Para hacer lo que estas mujeres hicieron hay que tener poco temor de Dios y hay que estar muy desesperados. La Biblia nunca  constata que este hecho fuera aprobado por Dios. De hecho la Biblia muestra que los pueblos que nacieron de esta relación fueron tan perversos que Dios los maldijo. Y no le parece curioso, que Dios destruye Sodoma y Gomorra dos pueblos perversos, pero aparecen Amón y Moab otros dos pueblos perversos. Pero estos son peores porque nacen en el seno de los supuestos temerosos de Dios. Cuando Israel llegó a Canaán Dios ni siquiera permitió que toquen a estos dos pueblos. Las hijas y Lot perpetuaron la maldad y todo lo que se destruyó y resquebrajó en el juicio contra Sodoma ellos lo levantaron. Al final las dos virgencitas dañaron los propósitos y levantan la descendencia de la maldad. Estos pueblos siempre fueron acérrimos enemigos de Israel. Siempre se le opusieron y lo trataron con traición y desprecio. Quiero que note una cosa. Mientras en los capítulos anteriores Dios le está levantando una descendencia a Abraham, el diablo por otro lado está levantando una descendencia que le va a oponer. El diablo aprovecha dos santas con un santo y aprovecha a hacer un Ismael más. Su virginidad no fue útil, no sirvió para nada. Para que tantos años con una virginidad que no sirve para nada. Su virginidad fue una acción de continencia física pero no de convicción y propósito. Todo lo que hace por dogma y por religión no produce un buen espíritu sino un mal espíritu. Al ver la pregunta inicial de este párrafo es obvio que tanto a las mujeres y al padre les importa más su vida que Dios.

Creo que esta narración nos ha llevado a cuestionar nuestras creencias. Estas cinco preguntas nos hacen plantearnos nuevamente lo que es ser fiel a Dios y lo que es tener una convicción radical y no una mediocre. Esta narración nos desafía primero con nuestra devoción. Es nuestra devoción religiosa o relacional. Se basas en ritos, costumbres, eventos o en un Dios vivo.  En segundo lugar esta narración desafía nuestra dedicación. A quién agradamos o hemos agrado hoy como pueblo de Dios. Nuestra preocupación es quedar bien con el mundo o con Dios? En tercer lugar esta narración desafía nuestra distinción. ¿Qué nos hace diferentes en este mundo? ¿Enseñamos a nuestras nuevas generaciones una relación profunda con Dios o sólo religiosidad? Nos diferenciamos del mundo o cada vez más nos parecemos a él? En cuarto lugar esta narración desafía nuestra disposición.  ¿A que estamos dispuestos por Dios? Somos profundos o superficiales con nuestras creencias? En quinto lugar esta narración desafía nuestra disfunción.  Debemos funcionar bien con la verdad, con  la realidad que Dios nos ha dado. Debemos cuidarnos de perder nuestra integridad como pueblo del Señor.

La historia de Lot y sus dos hijas vírgenes es una historia triste porque quisieron siempre tener lo mejor de dos mundos. En cierto sentido su vida siempre fue de “banquete y panes sin levadura! ¿Representa este binomio su vida? ¿Representará este binomio a la iglesia hoy en el siglo XXI

“…No moriremos…”

A Pedro no lo vencieron sus dudas y temores | Fe verdadera

La duda es tal vez el más grande obstáculo que los cristianos deben enfrentar. Es un arma mortal que Satanás usa con eficiencia. Cuando a la duda se le recibe en nuestros pensamientos, ella aviva sospechas acerca del cuidado y la protección de Dios. Estas sospechas crecen hasta hallarnos atrapados por la desesperación y nuestra fe es debilitada.

El apremio de las Escrituras es en el sentido de que los creyentes se protejan de la duda para que su fe no sea debilitada. Proverbios 24.10 dice: «Si fueres flojo en el día de la angustia, tu fuerza será reducida» (NASB).

La causa de la duda es clara: la verdad ha desaparecido de vista. Cuando la verdad está presente, la certeza permanece. No obstante, cuando a la duda se le permite sembrar semillas de sospecha, la verdad comienza a desaparecer. Cuando la verdad desaparece, solo quedan negros temores. El creyente que tiene dudas es descrito por Jeremías: «A causa de mi fuerte dolor, mi corazón desfallece en mí» (Jeremías 8.18). El temor se encuentra en todos los que han sido infectados con sospechas dudosas acerca del cuidado de Dios (cf. Mateo 8.26; 14.31).

Una interesante descripción de estas sospechas es la de «los temores imaginarios que» que muchas veces tenemos dentro de nuestras mentes y almas. Al igual que la imaginación, las dudas carecen de sustancia y las sospechas de validez. Estos sutiles enemigos de la fe cristiana se describen de la siguiente manera: Si usted comienza a sospechar mal, lo que sigue es que concluya que es real, y después que informe de ello. Esta sospecha es una extraña sombra que se cierne sobre nuestras mentes. Las sombras sospechosas pronto llegan a ser las intérpretes de todos los eventos. De hecho, la sospecha siempre se precipita a sacar conclusiones; y muchas veces nuestras desconfianzas nos estimulan a concluir que lo que hemos conjeturado es la Verdad. Tomamos sombras e informamos de ellas con toda certeza como si fueran la Verdad, sin embargo, jamás lo vimos, sino que solo lo imaginamos en nuestras fantasías. Los cristianos no debemos permitir que los «temores imaginarios» invadan nuestras mentes y debiliten nuestra fe. Muchos no han atinado a protegerse de estos «miedos imaginarios» y han dudado de Dios. Esta era la grave situación en que se encontraba Habacuc en 1.13b–17.

Habacuc estaba luchando con dudas. Había visto la respuesta de Dios a la injusticia de Judá, pero esa respuesta solo había servido para aumentarle su dolor. Habacuc podía identificarse con Jeremías, que dijo: «¡Ay de mí ahora! porque ha añadido Jehová tristeza a mi dolor; fatigado estoy de gemir, y no he hallado descanso» (Jeremías 45.3). El desconcierto de Habacuc se resume con esta queja del profeta: «¿Cómo es posible que, siendo Dios demasiado puro de ojos para ver el mal, se tolere que este invasor extranjero, este insolente idólatra, trate a los hombres como simples peces e indefensos gusanos?». ¡Habacuc había sido atrapado por las «redes imaginarias» de Satanás!

Contemplaba la vida y pensaba que todo era en vano. Luchaba en búsqueda de una explicación. Se acercó a Dios con una lista de preguntas que reflejaban su lucha (cf. Salmos 77.3, 7–9). Quería entender cómo podía ser «justo» que Dios siguiera guardando silencio cuando los caldeos eran tan inicuos. Sus sinceras dudas revelan una oportuna lección. Aun después que Habacuc confirmó en su corazón que Dios era desde el principio, su Creador, su Santo y su Roca, él tenía problemas. ¿Cómo podía su Dios permitir que hombres tan inicuos y traicioneros como los babilonios fueran Su instrumento…? Era desconcertante y perturbador…

¿Se identifica usted con esto? ¿Hay momentos cuando la vida sencillamente no parece justa, ni imparcial, ni equitativa? Se pregunta usted: ¿Vale realmente la pena ser cristiano y vivir una vida santa? Note cómo los «temores imaginarios» de Satanás trataron de sembrar semillas de sospecha en la mente de Habacuc. Aquí hallamos una lección que nos anima a todos a resistir pensamientos de sospecha que llevan a dudar del cuidado de Dios.

Para eso quiero que veamos en primer lugar la causa de la duda. Un estudio de 1.13b–17 revela varias maneras como Satanás invade nuestras mentes con sus «soldados imaginarios». Habacuc fue tentado por cinco situaciones comunes de la vida, a llenarse de dudas acerca del cuidado de Dios. Note cómo cada situación a menudo es un tropezadero para nuestra fe.

En primer lugar,  se enfrentó a las preguntas sin respuesta. Esto tenía que ver con la reflexión.  Habacuc fue enfrentado con difíciles interrogantes que no parecían tener respuesta. Los versículos 13b y 14, dicen: «¿por qué ves a los menospreciadores, y callas cuando destruye el impío al más justo que él, y haces que sean los hombres como los peces del mar, como reptiles que no tienen quien los gobierne?». Habacuc vocalizó el desconcierto que agobia a la mayoría de los cristianos alguna vez en la vida. Aunque Dios no puede tolerar el pecado, Él permite que el mal ocurra. Esta aparente contradicción es «el oscuro enigma de la providencia». Habacuc estaba desconcertado. Veía que Dios toleraba acciones que él sabía que Dios despreciaba, y no podía resolver este conflicto. ¿Cómo se podía explicar la vida diaria de modo que concordara con la justicia de Dios? Habacuc estaba viendo que Dios permitía que los débiles fueran maltratados por los más fuertes. ¿Dónde estaba la «justicia» en tales acciones? Si Dios estaba planeando juzgar el mal y la injusticia, ¿por qué había de «ocultar» el juicio divino al levantar naciones inicuas? Esta «invisible» justicia de Dios también atribulaba a Job. En medio de sus tribulaciones, Job preguntó: «¿Por qué los que le conocen no ven sus días?» (Job 24.1). Habacuc analizó la prueba visible de la justicia de Dios y concluyó que los actos del Todopoderoso ¡rayaban en la «traición»! Daba la impresión de que Dios había abandonado a su nación escogida. Por esta razón, el profeta pregunta: «¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?». Interrogantes como las anteriores son las que le dan forma al argumento histórico del ateísmo. Los que buscan negar a Dios se centran en las aflicciones de los justos y afirman que son incompatibles con un Dios que es bueno, porque un Dios «amoroso» no permitiría que los justos sufrieran. Afirman que cualquier tolerancia del mal es inconsecuente con la santidad, y que un Dios verdaderamente «santo» no podría permitir jamás el mal. Ellos resumen con esta interrogante: «Si Dios sabe que hay personas inocentes sufriendo, ¿por qué no hace algo al respecto? En vista de que las personas inocentes sufren, ¡entonces debe de ser que Dios no es todo amor, ni bueno, ni omnisciente, ni omnipotente!». Los ateos hacen esta afirmación y luego se cruzan de brazos engreídamente, creyendo que con su explicación han hecho que Dios deje de existir. La posición de ellos yerra en por lo menos tres asuntos: En primer lugar no es inconsecuente con el carácter de Dios que los inocentes sufran, porque del sufrimiento salen bienes (Romanos 5.3ss). En segundo lugar, no es inconsecuente con el carácter de Dios que los malos prosperen, porque la prosperidad no siempre es una bendición (1era Timoteo 6.6–10). En tercer lugar, no es inconsecuente con el carácter de Dios usar a los que son malos para que aflijan a los demás, porque Él tiene un plan que se está cumpliendo (Isaías 14.24– 27). Una vez que investiguemos los argumentos supuestamente «imposibles de responder» del ateísmo, ¡concluiremos que sí existen acertadas respuestas! Las difíciles interrogantes de Habacuc no son las únicas. Los seguidores de Dios siempre han hecho frente a interrogantes difíciles que plantean cuán consecuente es la justicia de Dios. Job comentó: «Prosperan las tiendas de los ladrones, y los que provocan a Dios viven seguros, en cuyas manos él ha puesto cuanto tienen» (Job 12.6; cf. 21.7–13). El salmista luchó por comprender a Dios, porque según su percepción, Él bendecía a los inicuos con prosperidad, satisfacción e hijos (Salmos 17.14–15; cf. 73.1–14). La interrogante de Jeremías todavía se repite, al preguntar: «… oh, Jehová, […] alegaré mi causa ante ti. ¿Por qué es prosperado el camino de los impíos, y tienen bien todos los que se portan deslealmente?» (Jeremías 12.1). En Eclesiastés 7.15 y 8.14, el Predicador se quejó de que por lo visto en su vida, parecía que los justos perecían rápidamente, y que los inicuos prolongaban su vida con iniquidad. Estas difíciles preguntas todavía agobian a los cristianos. Cuando parece que la justicia no es galardonada por el favor de Dios, los cristianos deben estar conscientes de esta sutil invasión de los «temores imaginarios» que tratan de sembrar semillas de duda.

En segundo lugar se enfrentó a las acciones sin respuesta. Es un asunto de oposición. Habacuc estaba lleno de dudas por los actos inhumanos que despreciaban el valor de la vida humana. Esto es lo que leemos en el versículo 15a: «Sacará a todos con anzuelo, los recogerá con su red, y los juntará en sus mallas». La metáfora de Habacuc compara la vida humana con algo barato. Nadie se preocupa por la vida de un pez. Los babilonios daban a la vida humana el mismo valor que un pescador a su pesca del día. La pregunta del profeta era «Señor, ¿de tan poco valor son las vidas humanas? ¿No te da cuidado la forma tan descarada como se devalúa la vida?». Es la imagen de un pueblo totalmente indefenso. Están sin protección mientras el fuerte enemigo se acerca. De repente, los débiles son destruidos por los arrogantes. Hay dos expresiones en el versículo 13 que se usan para recalcar la inhumanidad del destructor. La expresión «… los menospreciadores» (cf. Isaías 33.1) se refiere a «los que rompen pactos». Los que se caracterizan por este rasgo demuestran un mal siniestro en sus tratos con los demás. La segunda expresión, «el impío», se refiere a la completa depravación y a la conducta impía de una persona contra otra. Esta nación mala que estaba siendo fortalecida por Dios, no reconocía el valor inherente de la vida humana. Para los caldeos, la vida humana había de usarse para propósitos egoístas y jamás debía considerarse con honor. La inhumanidad siempre ha sido deplorable. Aturde nuestros sentidos y siembra dudas en nuestra mente acerca del cuidado y la preocupación de Dios. Cuando somos testigos de la crueldad bárbara, preguntamos: «¿Cómo puede un Dios Santo mirar tan inhumanos actos y no vengarlos?». Habacuc estaba teniendo el mismo problema que expresó Job: «Clamo a ti, y no me oyes; me presento, y no me atiendes» (Job 30.20; cf. Salmos 22.2).

En tercer lugar, a Habacuc se enfrentó a las burlas sin respuesta. Tiene que ver con la explotación. A él le causaban repulsión los que se regocijaban de las brutales tragedias de los demás. En el versículo 15b se lee: «… por lo cual se alegrará y se regocijará». Los caldeos se gozaban enormemente del dolor que infligían sobre los que conquistaban. ¡Eran grandes ceremonias y celebraciones las que seguían a sus victoriosas conquistas! Ver el dolor que el mal produce en las vidas de otros, ya es malo en sí, pero observar que a los perpetradores de inhumanidad les produce diabólico deleite el sufrimiento que ellos causan, ¡es horrible! Los egoístas están siempre tratando de hacer que los esfuerzos humanos se vuelvan para uso de ellos. Tratan a los demás como «peces», y no como humanos iguales que merecen respeto. Rompen los pactos y tratan inicuamente para ganar la ventaja. Luego se regocijan de su diabólico mal.

En cuarto lugar, a Habacuc se enfrentó la exaltación sin respuesta. Era un asunto de presunción. A habacuc le asombraba la aparente tolerancia de la flagrante irreligiosidad. Esto es lo que leemos en el versículo 16: «Por esto hará sacrificios a su red, y ofrecerá sahumerios a sus mallas; porque con ellas engordó su porción, y engrasó su comida». El orgullo de Babilonia se jactaba de irrespeto para con la autoridad. La imagen del texto es la de un pescador que adora sus redes porque le proporcionan una gran pesca. Era una demostración de altiva arrogancia. Babilonia, intoxicada con arrogante orgullo, pensaba que era responsable de su dominio del mundo. La irreligiosidad siempre está avivada por un egoísmo que consume. La autosuficiencia, la autoexaltación, el engreimiento, el egocentrismo y el culto de sí mismo son males que nos impiden ver la autoridad de Dios. Estos males nos llevan a sobreestimar nuestras capacidades y a mostrar arrogancia por nuestros propios poderes. Cuando somos cegados por el egoísmo, desarrollamos arrogancia para con los demás. Esta actitud es aborrecida por Dios (Proverbios 6.16–19). Esta autosuficiencia llevó a los babilonios a creer que eran «dios». Tal creencia revelaba la gran necedad de ellos. En la Eneida de Virgilio, el rey Mezentius se presenta como uno de los peores personajes. Al referirse a su propia mano derecha y a su lanza, aseveró: «Estos son los únicos dioses.” Debido a esta impiedad, se dijo que Júpiter lo mató con relámpago. Si para las deidades paganas se consideraba intolerable tal arrogancia, ¡cuánto más debe considerarse para el Todopoderoso Dios! (Isaías 10.12–13). Debemos entender las serias consecuencias del egoísmo. Nos lleva a una religión profana que atrae la sobrecogedora ira de Dios. Debemos obedecer la voluntad de Dios y jamás ceder a los imperativos del ego. Debemos recordar que la irreligiosidad produce gran aflicción (Isaías 37.21–29). A los hijos de Dios se les advierte acerca de la irreligiosidad (cf. Deuteronomio 8.17–19). No debemos dejar que nos engañe la idea de que la mortalidad es superior a Dios. Cuando los cristianos conocemos estos peligros, y a la vez presenciamos a los impíos demostrar orgullo arrogante al practicar flagrante irreligiosidad, nosotros nos desanimamos. Las «armas  imaginarios» de Satanás sigilosamente siembran semillas de duda en nuestras mentes, dudas acerca del cuidado de Dios. ¡Debemos estar alerta a este peligro!

En quinto lugar, Habacuc se enfrentó a mal sin respuesta. Era un asunto de duración. Estaba desanimado por la aparente longevidad del mal. El versículo 17 dice: «¿Vaciará por eso su red, y no tendrá piedad de aniquilar naciones continuamente?». Habacuc miraba el poder de los babilonios y no veía el fin de su maldad. Veía que las redes se llenaban, se vaciaban, y se volvían a llenar. Sabía que Dios podía detener el avance de la maligna nación, pero no se veía que le pusiera freno. ¿Por qué? Preguntaba el desconcertado profeta: «Dios, ¿cómo puedes permitir a este orgulloso pueblo que cada vez sea aún más orgulloso?». Esta longevidad del mal es sumamente desalentadora para los cristianos. Muchos han orado a Dios constantemente, pidiendo la intervención divina en las políticas de los gobernantes inicuos; sin embargo han visto que lo maligno continúa. Parece que déspotas famosos siguen su arrogante reinado de ruina sin que nadie les ponga freno. Las «trampas imaginarias» de Satanás invaden nuestros pensamientos y calladamente siembran dudas que nos aguijonean, para hacernos perder la esperanza, dejar de orar y hacer que dejemos de esforzarnos por ejercer influencia piadosa en nuestra sociedad. Al igual que Habacuc, nosotros preguntamos: «¿Hasta cuándo, oh, Señor, seguirán gobernando estos inicuos gobernantes?».

En segundo lugar además de las causas ahora podemos ver la cura para la duda.

Las sinceras interrogantes de Habacuc habían sido planteadas. El profeta luchaba con fuertes sentimientos que afectan al «ojo» de la fe. Es importante notar que Habacuc no fue abandonado en su desesperanza. Aunque tenía problemas con estas interrogantes sinceras, su fe seguía firme. Aunque las interrogantes no fueron respondidas de inmediato, Habacuc no renunció a Dios. ¿Qué hacía tan firme al profeta?

Lo primero es que el profeta alzó su mirada a Dios. Es decir llevó su carga a Dios. Este profeta agobiado  lleva  su  carga  al Señor. Verás, la  oración  es el lugar  donde se levantan las   cargas.  La oración  es el lugar  donde  las cargas  cambian de hombro. Transferimos la  carga  de  nuestros hombros, y la colocamos sobre el  hombro de nuestro  Jesucristo  portador de  la carga. Le  encanta  llevar    nuestras  cargas. Sin embargo,  hay   esos  momentos  en que traemos nuestra  carga  al Señor y  parece que Dios no está en ninguna parte para ser  encontrado.  Oramos,  suplicamos,  persistimos,  pero  parece  que  no hay  respuesta. ¿Has    estado  en  ese  lugar? ¿Estás allí  ahora?  Permítame que le dé  unas  palabras  de  aliento. Sigue  suplicando. Sigue  orando. Sigue  insistiendo. Los  retrasos de Dios no  son  negaciones. Cuando  Dios  parece  callado      hoy, es porque él  va  a  hablar algún día. Por lo tanto,  cuando  la oración  parece  inaudita,  no escuchada  y sin respuesta, no te  rindas,  mira hacia arriba.

En segundo lugar cambió su mirada del alrededor. Es decir vió más allá de la imagen que percibía en su tiempo. ¿Por qué Dios no hace algo? ¿Alguna vez has hecho esa pregunta? ¿Por qué es que Dios permite que ciertas cosas sucedan? ¿Por qué es la iglesia cristiana lo que ella es hoy en día? ¿Por qué Dios no ha respondido a las oraciones de Su pueblo fiel? Hemos estado orando por el avivamiento durante años. ¿Por qué Dios no responde? ¿Por qué Dios no ha salvado a mi ser querido? ¿Por qué Dios está sentado de brazos cruzados al permitir que nuestra nación corra a toda velocidad hacia la autodestrucción, la devastación y la condenación? ¿Por qué? Bueno, permítanme recordarles que a veces Dios nos permite obtener exactamente lo que merecemos. ¿Recuerdas la Palabra de Dios a una sociedad malvada en el libro del Génesis? “Mi Espíritu no siempre contenderá con el hombre.” ( Génesis 6:3 ) En otras palabras, Dios a veces permitirá que el hombre se acueste en la cama que ha hecho para sí mismo. La gente no quiere la Biblia, no quiere iglesias que predican el Evangelio, no quiere normas, no quiere absolutos, no quiere los Diez Mandamientos.

Dios dice: “Bien, si no los quieres, puedes tener lo que quieras”. Y obtienen las consecuencias de rechazar el camino de Dios. Quiero decir, ¿cómo podemos culpar legítimamente a Dios por permitirnos cosechar lo que hemos sembrado? Sin embargo, por otro lado, los caminos de Dios son a menudo misteriosos. Dios se mueve de una manera misteriosa. ¿Dios está inactivo? No, porque Dios le da al profeta una respuesta en ( 1:5-11 ) ¿Ves ( 1:5-6 ) Dios todavía estaba en el trono. Dios todavía estaba en control. Dios controla no sólo a Israel, sino también a Sus enemigos los caldeos. Cada nación en la tierra está bajo la mano de Dios. Él tiene el mundo entero en Sus manos. Pero las oraciones de Habacuc pueden haber provocado un problema aún mayor, los babilonios. Fue una de esas situaciones en las que Habacuc habría dicho: “Ojalá nunca hubiera hecho la pregunta”. Dios iba a usar a los babilonios como Su instrumento para castigar a Su pueblo, y responder a la oración del profeta. Pero no de la manera que esperaba. Habacuc estaba clamando, ” Señor eres indiferente? ¿Estás inactivo?” Y Dios regresa y dice ” Estoy trabajando. Estoy trabajando”. Los caldeos debían ser el instrumento de juicio de Dios sobre Judá y la respuesta de Dios a la oración del profeta. ¿Era ésta la respuesta que Habacuc esperaba? No. Él esperaba que Dios enviara un avivamiento a Su pueblo (3:2) para juzgar a los malos líderes y establecer la justicia en la tierra. Entonces la nación escaparía al castigo y el pueblo y las ciudades se salvarían. Sin embargo, aunque Dios obra misteriosamente, él trabaja perfectamente. Él sabe lo que está haciendo. Habacuc necesitaba reclamar Romanos ( 8:28 ) ¿no? Habacuc no tenía el libro de Romanos, pero sí el Dios del libro de Romanos. Usted ve, a pesar de que incluso no puede entender sus acciones Dios hace todo lo que perfectamente. ¿Cree usted que? ¿Se puede decir con el poeta ? El camino de mi Padre puede torcerse y girar Mi corazón puede latir y llorar Pero en mi alma me alegra saber que Dios no comete ningún error, ya ves, solo vemos unos pocos marcos en la imagen total del programa de Dios, pero el Señor conoce toda la historia. Lo ve todo de principio a fin. Necesitamos recordar que “las cosas secretas pertenecen al Señor nuestro Dios”. ( Deuteronomio 29:29 ) “Y sabemos que todas las cosas trabajan juntas para bien a los que aman a Dios a los que son llamados de acuerdo con su propósito.” ( Romanos 8:28 ) Tenga la seguridad de que Dios puede emplear el uso de cualquier persona, o cualquier cosa para lograr Su voluntad, Su obra, Su plan o Su propósito. En este caso, Dios alistó la fuente inusual de la maldad para juzgar la maldad.

En tercer lugar confió en lo que Dios era. ¿Ves lo que dice Habacuc en ( 1:12-13 ) ? El profeta está diciendo, ” Señor, sé que estamos en pecado, pero ellos son peores. Conocemos al verdadero Dios. Los babilonios no conocen al verdadero Dios. ¿Cómo pueden caer sobre nosotros?” ¿Puede un Dios santo simplemente sentarse y ver a Su propio pueblo ser atrapado como peces o pisoteado como insectos? ( 1:14 ) Los caldeos sólo dirán, ” Nuestros dioses nos han dado la victoria. Jehová no es el verdadero Dios”.

¿Alguna vez luchas con los problemas de la vida? ¿Alguna vez te parece que al Señor no le importa? ¿Parece a veces que Él ha abandonado a Su pueblo? Dios no puede. Mira si quieres en ( 1:12 ) “No moriremos.” Dios no echaría permanentemente de las personas con las que había hecho un pacto irrevocable. Verás, no importa lo que sucedió mal o como pueda suceder, Dios no desmentiría, menospreciaría o traicionaría Su propio carácter y naturaleza. Independientemente de tu difícil situación, problema o circunstancia, Dios no tiene, no quiere y no puede huir de ti, abandonarte, olvidarte o fallarte. Habacuc dice, ” Señor no entiendo esto, pero tú eres más poderoso que yo. Todo lo que puedo hacer es esperar pacientemente a que Tú me revele Tu verdad.

Aunque le acosaban interrogantes, Habacuc aseveraba con toda certeza que Dios tenía el dominio. En 1.13ss, hizo uso de varios verbos en los que está implícito el pronombre «Tú», que se refiere a Dios. No era que el profeta había perdido su fe. Puede que hubiera estado desconcertado, confundido y lleno de interrogantes, pero no había perdido la confianza en Dios. Sabía que Dios tenía el dominio. Se valía de verdades conocidas acerca de Dios para fortalecer su fe. Cuando era atacado por las interrogantes de duda que planteaban las «trampas imaginarias», ¡Habacuc no renunciaba a su fe! Los cristianos de hoy también deben reconocer esta verdad. El consuelo más importante para los cristianos acosados por interrogantes acerca de Dios y el mal, consiste en recordar la inmutabilidad de Dios (Juan 10.28; Hebreos 12.10– 11). Cuando seamos asediados por las dudas magnifiquemos el carácter de Dios (2ª Corintios 1.3; Deuteronomio 33.27).

Puede que haya tenido incertidumbre en cuanto a muchas cosas, pero estaba absolutamente lleno de certeza en cuanto a una cosa: ¡Dios y el mal son incompatibles! Dios es el «Santo», la «Roca»; así, ¡el mal jamás perdurará! Hay tres verdades significativas, acerca del aparente triunfo del mal, que los cristianos deben recordar. En primer lugar el triunfo del mal es efímero (cf. Job 20.5; Salmos 37.35–36). En segundo lugar, la prosperidad del mal acabará en ruina y miseria (Salmos 73.18–20). En tercer lugar, al reinado del mal se le pondrá fin eventualmente (Salmos 145.20; 1era Corintios 15.25). Cada vez que seamos rodeados por los avances del mal, ¡debemos recordar que Dios tiene el dominio y que Su justicia se impondrá a todos! El versículo 11 dice: «… ofenderá [haciéndose culpable y] atribuyendo su fuerza a su dios». Se dice que Martín Lutero por lo general estaba alegre. No obstante, una vez tuvo problemas para entender las injusticias de la vida. No podía reconciliar las injusticias de la vida con la justicia de Dios. Su esposa trató de levantarle el ánimo y alegrarlo, pero no sirvió de nada. Cuando parecía que ya no había remedio, él decidió hacer un viaje con la esperanza de que su alegría volviera. No obstante, volvió con semblante sombrío y abatido. Ingresó en su vivienda y encontró a su esposa sentada en medio de la habitación, ataviada de negro y con una capa de luto sobre sus hombros, a la vez que se pasaba un pañuelo por sus ojos como si llorara desconsoladamente. Él rápidamente preguntó cuál era la causa de su aflicción. Ella respondió: «Solo una cosa, amado doctor, ¡nuestro Padre en los cielos está muerto! ¡Juzga si no tengo razón para mi aflicción!». Tan pronto como entendió el acertijo de ella, él rió. Abrazándola, le dijo: «¡Tienes razón amada Kate! Estoy actuando como si no hubiera Dios en el cielo». Al llenarse de este entendimiento, se fue de él su melancolía. Los «temores imaginarios» sembrarán dudas que pueden hacer tambalear nuestra fe debido a nuestra incapacidad para entender el maravilloso plan de Dios. Debemos confiar llenos de certidumbre, y apoyarnos pacientemente en una fe que cree que la justicia de Dios no ha muerto. Quien tenga esta fe no estará expuesto a darles cabida a dudas plantadas por los «temores imaginarios». Esto es lo que leemos: «Porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos»; «Cuando pensé para saber esto, fue duro trabajo para mí, hasta que entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos» (Salmos 73.3, 16–17).

Es interesante hacer notar que esta es la única sección de la profecía de Habacuc, que Dios no respondió de inmediato. ¡Las sinceras interrogantes de Habacuc fueron recibidas por el más absoluto silencio! No obstante, este silencio no debe interpretarse como consentimiento de parte de Dios en el sentido de que el «mal» es «justo». Es un trágico error que los injustos concluyan que Dios consiente el mal que ellos hacen. Es tentador para los cristianos concluir que el silencio que guarda Dios hoy, es aprobación de todo lo que ocurre en la vida. Cuando los eventos del mal ocurren y parecen triunfantes, muchos concluyen que debe de ser la «voluntad de Dios». Tal conclusión es falsa. Dios jamás consiente el mal. Dios no guarda silencio en cuanto a los clamores que Sus santos expresan. Es cierto que Dios no habla de forma audible a la gente hoy; en este sentido Él guarda «silencio». No obstante, en otro sentido Dios se ha hecho oír muy bien: Está hablando continuamente a la gente por Su Palabra. El mensaje de Dios está claramente revelado en la Biblia (cf. Hebreos 1.1–2). Todos los que se apoyan en las Escrituras hallarán consuelo cuando están luchando con interrogantes sinceras en cuanto a la justicia de Dios. Los cristianos deben estar preparados para hacer frente a los «temores imaginarios» de Satanás. Es inevitable que ellos ataquen y siembren semillas de duda en cuanto al cuidado de Dios. Cuando las tribulaciones de la vida parezcan demasiado severas y el cuidado de Dios parezca demasiado reducido, recordemos la tranquilidad con que el salmista dijo: «Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos […] Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias […] ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí?» (Salmos 34.15–22; 42.5).

Padre nuestro, como somos como Habacuc, y te lloramos, y a veces te decimos cómo responder a nuestras oraciones: Dios mío, perdónanos. Señor, ayúdanos a darnos cuenta de que Tú eres Dios y no hay otro. ¿Dirá el barro al alfarero …? Señor, pedimos humildad para darnos cuenta de lo que somos, por la gracia de darnos cuenta de lo que es nuestro Dios y quién es Él, que gobierna en los reinos y los asuntos de los hombres. Y como se le dijo al profeta Ezequiel, ‘Hago esto para que sepan que yo soy el Señor’. Señor, oramos para que sepamos que Tú eres el Señor, y lo que sea que necesite esta nación, nos damos cuenta de que necesita juicio, y estoy seguro de que debe estar casi maduro para el juicio ahora. Pero Señor te pedimos, oh, Dios, ayúdanos a ponernos de rodillas, ayúdanos a humillarnos y quebrantarnos, espíritus contritos recibirás. Señor, deja correr las aguas, oh, Dios, derrama agua sobre esta tierra sedienta, y ven y revívenos otra vez, para que tu pueblo se regocije en ti. Bendícenos ahora mientras nos separamos por la causa de Cristo. Amén.

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Estaba leyendo Lucas 24:21, en donde aparece la expresión: “pero nosotros esperábamos”. Es decir los caminantes a Emaús, simplemente tenía una expectativa o esperanza totalmente alejada de lo que Dios realmente iba hacer. Y claro el esperar algo diferente a lo que Dios nos ofrece simplemente nos hace caer en depresión y desilusión. De hecho esto había generado tristeza en los corazones de los discípulos. Si tenemos falsas expectativas simplemente decaeremos en desánimo. ¿Porqué razón esperamos cosas que Dios no ha dicho que va a hacer? ¿Por qué esperamos resultados que de alguna manera Dios no lo ha prometido. Y note varias peculiaridades de este sentimiento. La primera cosa es que anhelamos en nuestra vida que las cosas nos resulten como deseamos. Esta es una lucha con nuestra realidad. Observe la expresión “pero” la idea es que ellos de alguna manera anhelaban que lo que anteriormente habían relatado (la muerte de Jesús) en realidad no fuera final o que había alguna cosa que no habían visto. De alguna manera están rechazando la realidad que viven. Por otro lado observe que dice “nosotros”. Es decir tiene que ver con la colectividad. El pensamiento es plural, común y con fuerza. De alguna manera están incluido varios. Creo que es bastante común  este pensamiento.

Finalmente tiene que ver con la necesidad. Ellos dicen “esperábamos”. Es su plan, ha sido su deseo. Ellos han invertido en el acompañamiento de Jesús, y de alguna manera esperaban mejor resultado  y  mejores prestaciones. En realidad ellos habían caído en una espiritualidad de máquina traga monedas.

No estoy seguro de entender completamente el atractivo de las máquinas tragamonedas. Deje caer un par de monedas en la ranura, tire de la palanca y observe qué sucede. Repetir. Hágalo una y otra vez. Si tuviera que apostar (lo cual no estoy recomendando), gravitaría hacia los juegos que al menos tienen alguna habilidad involucrada, como el blackjack o el póquer, en lugar de un juego que dependa completamente del azar. Y, sin embargo, hay un cierto atractivo, supongo, para gastar dinero con la esperanza de que realmente pueda haber una gran recompensa o al menos algún retorno para nuestra “inversión”.

Con demasiada frecuencia nos acercamos a la vida, las relaciones y el ministerio cristianos con expectativas similares a los discípulos que caminaban a Emaús. Suponemos que si dedicamos suficiente tiempo, esfuerzo y servicio fiel, suficientes monedas en el espacio, al final nos irá bien. La recompensa vendrá, e incluso en esta vida. Pero seguramente, no pensamos de esa manera, ¿verdad? ¿Nosotros que somos herederos de la Reforma y su recuperación de las doctrinas de la gracia? No estés tan seguro. Considere, en sus momentos más honestos, si alguna vez pensó de esta manera o si tuvo estas expectativas:

Si crío a mis hijos en el “temor y amonestación del Señor”, ellos seguirán a Cristo y continuarán con un legado cristiano por otra generación.

Si vivo una vida casta y soltero, persiguiendo a Dios con todo mi corazón, él me proporcionará una esposa.

Si sigo a Cristo, seguramente me ahorraré las peores tragedias (esperamos sufrimiento pero no demasiado sufrimiento).

Si predico el evangelio fielmente, la gente vendrá a Cristo y la iglesia crecerá.

No es probable que esta sea nuestra teología “confesional”, pero bien puede ser nuestra teología latente y operativa. Tal modo de pensar revela un sutil pseudo-evangelio de “salud y riqueza” que nos susurra al oído. Sin darnos cuenta, podemos quedar cautivos de la mentira.

¿Aún no estás convencido? ¿Cómo sabemos que esta mentalidad es operativa en nuestras vidas, aunque solo sea en los lugares subterráneos de nuestros corazones?

Aparece de al menos dos formas. Primero, por nuestra respuesta cuando la recompensa no llega. Nos sorprende el sufrimiento. Nos sentimos desanimados cuando las cosas no salen como esperábamos y el tesoro escondido de nuestro corazón se revela repentinamente (Mateo 6:21). De allí que los caminantes de Emaús dicen “esperábamos”.

Caemos en la depresión y la autocompasión cuando, a pesar de nuestros mejores esfuerzos, obtenemos C en lugar de A, lo que garantiza que no iremos a la escuela de medicina.

Le decimos a nuestro hijo descarriado: “¡Después de todo lo que hemos hecho por ti, así es como nos pagas!”

Dejamos de ir a la iglesia porque la llamada “vida abundante” no se ha materializado.

Decimos, junto con Santa Teresa de Ávila, después de que la arrojaran de su caballo al barro camino a un convento: “Si así es como tratas a tus amigos, Señor, ¡no es de extrañar que tengas tan pocos!”.

En segundo lugar, esta mentalidad se revela cuando nos damos cuenta de que no pudimos poner suficientes monedas en la ranura. No fuimos consistentes en la disciplina de nuestros hijos. Tenemos conflictos no resueltos y relaciones no reconciliadas. Perdimos el tiempo en línea, intercambiando con personas de carne y hueso en nuestro hogar por imágenes de luz azul.

Pensamos: “Si tan solo hubiera pasado más tiempo leyendo la Biblia con mis hijos, ellos estarían caminando con el Señor”.

Reproducimos decisiones anteriores y visualizamos cuánto mejor sería la vida si hubiéramos elegido de otra manera.

Incluso si no hay un gran fracaso, saqueamos nuestras vidas con ansiedad y desesperación, buscando la “causa” de nuestras dificultades.

Redoblamos nuestros esfuerzos con la esperanza de cambiar el curso de las cosas, o nos damos por vencidos porque parece demasiado tarde, demasiada agua debajo del puente.

Ambas respuestas siguen esta filosofía: “Oye Dios, me debes una; He sido fiel ”o“ Por supuesto que estoy siendo castigado por mis fracasos ”revelan un arreglo de quid pro quo sin gracia, basado en el mérito, martillo de la ley, con el Dios del universo. Ambas mentalidades nos alejan de nuestro generoso Padre celestial.

Entonces, ¿cómo nos alejamos del cristianismo de las máquinas tragamonedas? ¿Cómo nos alejamos de esta mentalidad transaccional, no relacional, A + B = C en nuestra vida cristiana?

Es un proceso que dura toda la vida, pero comenzamos reconociendo que toda la vida es un regalo del Señor, incluso las “monedas” que usamos. Para empezar, no es nuestro dinero. No estamos tratando de ganarnos el favor de Dios acumulando obediencia fiel. Todo es por gracia, como dice Pablo en Efesios 2: 8-10,

Porque por gracia habéis sido salvados por la fe. Y esto no es obra tuya; es don de Dios, no resultado de obras, para que nadie se jacte. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que caminemos en ellas.

Nuestra obediencia fiel no nos gana méritos y nuestra infidelidad no nos gana deméritos. Somos sostenidos por Dios. Y con esto, nos damos cuenta de que no es tacaño. Aunque todavía podríamos tener dificultades para comprender los misterios de sus oscuras providencias en medio del sufrimiento, él nos ha dado a Jesús, el mayor regalo de todos, por lo que seguramente no retendrá lo que realmente necesitamos (Romanos 8:32).

Oramos para aceptar el hecho de que la vida cristiana es un camino marcado por dificultades y pérdidas, no menos de lo que fue para Jesús. Estamos unidos a él tanto en sus sufrimientos como en su gloria (Romanos 8: 16–18; Fil 3: 10–11; 1 Pedro 4: 12–13). También deberíamos esperar ambos en nuestro viaje con él (Romanos 8: 18-24; 2 Corintios 4: 16-17). Es en los momentos de dolor y confusión cuando nos sentimos más desconectados de su amor, es cuando en realidad somos más abrazados por el Varón de Dolores.

Y recuerde, ya hemos ganado el premio mayor incluso si aún no lo hemos recibido en su totalidad. Pedro lo expresa de esta manera:

¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo! Según su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, a una herencia imperecedera, incontaminada e inmarcesible, guardada en el cielo para ti, que por el poder de Dios están siendo guardados por la fe para una salvación lista para ser revelada en el último tiempo. En esto te regocijas, aunque ahora por un tiempo, si es necesario, te han afligido varias pruebas. (1 mascota 1: 3–6)

El garante de esta herencia es el Espíritu Santo, por quien se derrama el amor de Dios y que nos da esperanza en medio de nuestros sufrimientos (Efesios 1: 3-11; Romanos 5: 1-5).

Esta esperanza centrada en Cristo nos fundamenta y evita que caigamos en la mentira de que nuestros propios esfuerzos darán como resultado una recompensa por el éxito o un castigo por el fracaso. Jesús ya ha soportado nuestro castigo y nos da su misma vida. Eso no es una apuesta, pero es algo seguro. Entonces, creyente en Cristo, abandone la mentalidad de la máquina tragamonedas y acepte sus ganancias a través de él: riquezas eternas de las que participa incluso ahora mientras enfrenta las dificultades y las penas de la vida en él y con él.

Alcanzando a una generación lejos del Padre (Lucas 15:17)