“…Cuénteselo a Jesús y no al FB…”

confesionario

Estaba leyendo  Marcos 6: 30 en donde dice: “…Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron  todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado…”

Es común  en nuestra práctica evangélica la idea de compartir con otros lo que hemos hecho para el Señor o lo que el Señor ha hecho por nosotros. A eso lo llamamos “dar testimonio” o en sus implicaciones metafóricas “ser sal o luz” en este mundo. Deseamos por medio de esta práctica, que nuestro Señor se glorifique, o por lo menos esa es la intención, y la gente conozca a Dios. Añada hoy que los evangélicos ya llegamos a las redes sociales, y se han convertido en el púlpito donde desplegamos todos nuestros logros. Es notorio la cantidad de noticias, hechos, logros, videos, ministerios que son puestos en evidencia en FB por ejemplo. Muchos hermanos y hermanas postean  miles de fotos, noticias, eventos para demostrarnos lo mucho que están haciendo por Dios, dónde los ha llevado Dios, la gente que alcanzaron, etc. Pienso que la mayoría  lo hacen con buena intención y con una motivación correcta, sin embargo se corre mucho peligro con esta práctica. Un buen porcentaje  no se da cuenta cuando han cruzado la línea de la vanagloria personal a costa de la gloria de Dios.  Y es que parece ser que una de las obsesiones de los evangélicos es el deseo de querer ser notorios y conocidos. Por eso los medios de la pantalla tanto chica como grande son requeridos más y más por los pastores, y otro tipo de líderes. En lo particular le tengo bastante fobia a la televisión, quizás estimo más la radio que la televisión. Por un lado tengo esta fobia porque la biblia dice que la fe es por el oír…eso significa que el canal de mejor claridad es la voz. Y eso parece lógico porque si no te conocen, y lo único que tienen es tu voz no interrumpes la imagen de Dios. Y esa es la segunda razón, los medios visibles corrompen más rápido de lo que crees. Fácilmente te conviertes en un personaje famoso y una estrella y olvidas que la máxima estrella es Jesús.

Volviendo al texto me di cuenta que los apóstoles venían de una gira ministerial extraordinaria y tenían muchas cosas que contar. Sin embargo lo único que hacen es contar las experiencia pero sólo a Jesús. ¿Por qué hacen esto? ¿No necesitaban a esta hora la publicidad de sus logros? ¿No hubiera sido beneficioso para el ministerio de Jesús que conocieran los resultados y logros de los apóstoles? Desde la perspectiva actual, creo que sí.  ¿Por qué es más importante contarle a Jesús lo que hacemos y lo que somos más que a la gente? Bueno el pasaje parece indicar tres razones básicas. Primero, somos instrumentos.  Observe que el texto dice “los apóstoles.” Esta expresión indudablemente debe recordarnos que somos simplemente enviados. En este primer contexto la expresión apóstoles era un calificativo y no tanto un sustantivo.  Es decir, es una función que se describe y se realiza  y no un título que se otorga.  A diferencia de hoy que el término “apóstol” se ha convertido en un título y una posición, ser apóstol según este pasaje era una actividad.  Segundo, somos elementos.  “…Se juntaron…”Me parece muy puntual que sepamos que eran varios apóstoles y que estaban “juntos”, se veían elementos de un conjunto.  Nadie pidió una cita personal con Jesús para mostrarse y ganar puntos. No había héroes, no había competencia, simplemente un equipo de hombres llamados a servir a Dios. Muchas veces el testimonio que hacemos o decimos en el fondo lleva el hecho de hacer ver a otros lo superiores que somos, lo mucho que Dios nos usa, la pasión que tenemos sobre otros. Tercero, somos entrenamiento.  La vida cristiana es una serie de batallas y guerras que a veces ganamos y otras veces perdemos. No hemos logrado nada hasta que estemos ante nuestro Señor al final de la vida. Así que mientras vamos en el peregrinaje debemos tener mayor contacto con el Capitán que con lo que hacemos. Para mantenernos efectivos debemos desarrollar tres habilidades en nuestro entrenamiento. Primero intimidad.  Dice que “se juntaron con Jesús”. Y es que no debemos olvidar que lo que nos hace seguros y con influencia no es lo que hacemos sino lo que hacemos. Hay personas que confunden influencia con visibilidad. Es decir mientras más me veo más influencia tengo. No necesariamente. Es más a veces la mayor influencia viene de la poca visibilidad de uno, porque eso hace que Jesús sea más visible. Me encanta pensar que lo que ellos deseaban era saber qué opinaba Jesús de lo que habían hecho y dicho. La intimidad jamás no nos hace olvidar quién es nuestra audiencia.  Segundo, integridad. Me encanta el hecho de observar que el texto dice: “…le contaron todo…” La expresión “le contaron” es la palabra “appangelo” Esta expresión es un verbo aoristo que implica un reporte completo. El uso de “apo” implica dirección lo que demuestra que ellos le contaron a Jesús lo que habían hecho y dicho desde que salieron de su presencia hasta que llegaron a encontrarse nuevamente con él. Contar lo que hemos hecho más como una experiencia devocional que profesional es importante, porque a él no lo podemos impresionar, ni engañar ni alterar nuestros testimonios.  La integridad no nos hace olvidar a quien le rendimos cuenta.  En tercer lugar  el entrenamiento no sólo lleva intimidad, integridad sino que también integralidad. Hay dos dimensiones que muestran la integralidad de los apóstoles. La primera tiene que ver con el hacer. Es decir, sus actos, las obras y los hechos. Había una orto praxis (¡ah palabrita que me saqué¡) Es decir habían practicado bien el evangelio, pero en segundo lugar también una buena ortodoxia (aquí va de nuevo…) es decir una correcta enseñanza de las buenas nuevas. Ellos estaban dispuesto a que Jesús evaluara cualquier tipo de error. Ahora bien, será que no debemos decir lo que está pasando en nuestras vidas. Bueno creo que la respuesta es ¡sí y no¡ Pienso que hay tres preguntas  prácticas que se desprenden del texto que nos ayudarían.

Primero, ¿En quién pienso primero para contar lo que he estado haciendo? Si no es Jesús  entonces tengo el peligro de vanagloriarme. Esta pregunta evalúa mis emociones. ¿Es decir estoy emocionado porque hice algo o porque lo hice para Alguien?

Segundo, ¿Por qué quiero decir  inmediatamente lo que estado haciendo? Si lo quiero hacer para sepan lo “activo y espiritual” que soy con las cosas de Dios puedo acercarme a autopromoción y no la del reino. Esta pregunta evalúa mis acciones.  ¿Es decir lo que hago abona para el Reino de Dios o para mi propio reino?

 Tercero, ¿Por qué quiero que la gente sepa lo que estoy haciendo? ¿Si lo que comparto es para que tenga impacto en la gente, lo podría logra de otra forma? ¿Es decir quién impacta a la gente los hechos que cuento o la obra de Dios independientemente de mis hechos? Esto evalúa mis convicciones.  ¿Es decir impacto a la gente porque promuevo lo que hago o se impacta a la gente por lo que Dios hace sin promoción?

Creo que hoy tenemos un buen reto para impactar al mundo, pero difícilmente será por medio de lo visible y la publicidad que le demos a nuestros hechos y ministerios, ya que Dios se mueve en lo sencillo, callado y poderoso

“…¿Cómo está su crédito?…” II Parte

En segundo lugar debemos examinar el BALANCE de las obras.

El texto continúa diciendo: “…no se le cuenta el salario como gracia sino como deuda…” Hay dos expresiones que Pablo utiliza aquí. La primera es “cuenta” y la segunda “salario”. Estas expresiones nos pueden llevar a ver cómo la gente hace un balance equivocado de las obras, que lo hacen despreciar la gracia.

La primera tendencia del ser humano es el pragmatismo. Esta tendencia plantea este razonamiento: “…Demasiado riesgo para ser cierto…” La primera objeción procede del pragmatismo. « ¿Luego por la fe invalidamos la ley?» (Romanos 3:31). Lo que preocupa aquí es la motivación. «Si no soy salvo por mis obras, ¿por qué hacerlas? Si no soy salvo por la Ley, ¿por qué guardarla? Si no soy salvo por lo que hago, ¿por qué hacer algo?» Hay que admitir que la gracia es riesgosa. Existe la posibilidad de que la gente la lleve al extremo. O que abuse de la bondad de Dios. Una palabra más en cuanto a las tarjetas de crédito puede ser útil aquí. Un autor  cuenta la siguiente historia:

“Mi padre tenía una regla sencilla al respecto de las tarjetas de crédito: Tener las menos posibles y pagarlas cuanto antes. Su salario como mecánico era suficiente pero no abundante y detestaba incluso el pensamiento de tener que pagar interés. Su decisión era pagar el saldo total al final de cada mes. Puedes imaginarte mi sorpresa cuando el día en que partí para la universidad me puso en la mano una tarjeta de crédito. De pie en la entrada de la casa, con el automóvil cargado y los adioses ya dichos, me la entregó. Miré el nombre en la tarjeta; no era el mío sino el suyo. Había ordenado una tarjeta adicional para mí. Las únicas instrucciones que me dio fueron: «Ten cuidado cómo la usas». Bastante arriesgado, ¿no crees? Mientras me dirigía a la universidad se me ocurrió que era un hombre libre. Podía ir a donde quisiera. Tenía ruedas y el tanque lleno de gasolina. Tenía mi ropa, dinero en el bolsillo, mi equipo estereofónico en el portaequipaje, sobre todo, tenía una tarjeta de crédito. ¡Era un esclavo puesto en libertad! Sin cadenas. ¡Podía estar en México para el anochecer! ¿Qué me impedía desenfrenarme?[1]

Tal es la pregunta del pragmático. ¿Qué nos impide desenfrenamos? Si la adoración no me salva, ¿por qué adorar? Si diezmar no me salva, ¿por qué hacerlo? Si la moralidad no me salva, ¡alerta, muchachas, aquí vengo! Judas advierte contra esta actitud al hablar de las personas que abusan de la gracia «como pretexto para un vida desenfrenada» (Judas 4, VP). Más adelante Pablo contrarrestará a sus críticos con la pregunta: « ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? De ninguna manera» (Romanos 6.1–2). O, como un traductor lo dice: «¡Qué pensamiento más espantoso!» (PHILLIPS, [en inglés]). Un pensamiento espantoso, en verdad. ¿La gracia promoviendo el mal? ¿La misericordia endosando el pecado? ¡Qué horrible idea! El apóstol usa el modismo más fuerte del idioma griego para repudiar la idea: ¡Me genoito! La frase literalmente significa « ¡jamás lo sea!» Como ya lo ha dicho, Dios en «su benignidad te guía al arrepentimiento» (Romanos 2.4). Así que quien ve la gracia como permiso para pecar ha errado la gracia por completo. Misericordia entendida es santidad deseada. La gracia promueve un anhelo del bien. La gracia no estimula ningún deseo a pecar. Si hemos recibido en verdad la dádiva de Dios, no nos burlaremos de ella. Es más, si una persona usa la misericordia de Dios como libertad para pecar, uno se pregunta si alguna vez conoció la misericordia de Dios.

Cuando ese padre le dio su tarjeta de crédito su hijo no le impuso una lista de regulaciones. No le dio ningún contrato para firmar ni reglas para leer. No le dijo que pusiera la mano sobre la Biblia y jurara reembolsarle cualquier gasto que hiciera. Es más, ni siquiera le pidió que pagara nada. Según resultaron las cosas, pasaron varias semanas del año escolar sin que la usara. ¿Por qué? Porque le dio más que la tarjeta; le  dio su confianza. Y aun cuando algunas veces quebrantaba sus reglas, no tenía ninguna gana de abusar de su confianza.

La confianza de Dios nos da anhelo ardiente de hacer lo que es bueno. Tal es el genio de la gracia. La Ley puede mostramos dónde nos equivocamos, pero no puede damos el deseo de hacer lo bueno. La gracia sí puede.

La segunda tendencia del hombre es el legalista. Esta tendencia plantea este razonamiento: “…Demasiado fácil para ser cierta…”La segunda objeción a la gracia procede de la persona cauta respecto a todo lo nuevo y sencillo. «No me vengan con esta enseñanza novelera. Simplemente denme la Ley. Si fue buena para Abraham, también lo es para mí». Está bien, sin embargo  déjeme hablarle sobre la fe de  Abraham responde Pablo. «Si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado [o acreditado] por justicia» (4.2–3 ). Estas palabras deben haber dejado perplejos a los judíos. Pablo señala a Abraham como el prototipo de la gracia. Los judíos opinaban que la bendición de Abraham se debió a su obediencia. No es ese el caso, argumenta Pablo. El primer libro de la Biblia dice que Abraham «creyó a Jehová, y le fue contado por justicia» (Génesis 15.6). Fue su fe, no sus obras, lo que le justificó ante Dios. La Versión Popular traduce Romanos 4.2 como: «Abraham creyó a Dios, y por eso Dios lo aceptó como justo». Cinco veces en seis versículos Pablo usa la expresión le fue contada [o crédito o acreditar. Crédito es un término común en el mundo financiero. Acreditar a una cuenta es hacer un depósito. Si acredito a su cuenta, o bien aumento su saldo o reduzco su deuda. ¿No sería agradable si alguien acreditara una suma a tu cuenta de la tarjeta de crédito? Sin embargo, a Jesús le encanta hacerlo, ¡y puede hacerlo! No tiene ninguna deuda personal. Y, es más, hace años que lo hace. Como prueba, Pablo acude a una carpeta que tiene más de dos mil años rotulada «Abram de Ur» y saca un estado de cuenta. El estado de cuenta tiene su lista de deudas. Abram distaba mucho de ser perfecto. Hubo ocasiones en que confió más en los egipcios que en Dios. Incluso mintió, diciéndole a Faraón que su esposa era su hermana. Pero Abram tomó una decisión que cambió su vida eterna: «Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia» (Romanos 4.3). Aquí tenemos a un hombre justificado por la fe antes de su circuncisión (v. 10), antes de la Ley (v. 13), antes de Moisés y los Diez Mandamientos. ¡Aquí tenemos a un hombre justificado por la fe antes de la cruz! La sangre del Calvario que cubre pecados se extiende al pasado  tanto como al futuro.

No debemos ver la gracia como una provisión hecha después que la Ley fracasó. La gracia se ofreció antes que se revelara la Ley. En verdad, ¡la gracia se ofreció antes de la creación del hombre! «Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la  sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros» (1 Pedro 1.18–20).

¿Por qué Dios ofrecería la gracia antes de que la necesitáramos? Volvamos una vez más a la tarjeta de del muchacho cuyo padre le entregó.

El autor dice: “¿Mencioné que pasé varios meses sin necesitarla? Pero cuando la necesité, realmente la necesité. Verás, quería visitar a una amiga en otra ciudad universitaria. En realidad, era una muchacha que vivía en otra ciudad a seis horas de distancia. Un viernes por la mañana decidí faltar a clases y emprendí el viaje. Como no sabía si mis padres lo aprobarían, no les pedí permiso. Por salir apurado, olvidé llevar dinero. Hice el viaje sin que ellos lo supieran y con una billetera vacía. Todo marchó de maravillas hasta que choqué contra la parte posterior de otro vehículo en el viaje de regreso. Usando una palanca enderecé un poco el parachoques para dejar libre la rueda delantera y poder llevar mi estropeado automóvil hasta una gasolinera. Todavía recuerdo con claridad el teléfono público donde me paré bajo el frío del otoño. Mi padre, que daba por sentado que estaba en la universidad, recibió mi llamada a cobrar y oyó mi relato. Mi historia no tenía mucho de qué alardear. Había hecho el viaje sin su conocimiento, sin dinero y había arruinado su auto. «Pues bien», dijo después de una larga pausa, «estas cosas ocurren. Para eso te di la tarjeta. Espero que hayas aprendido la lección». ¿Que si aprendí una lección? Sin dudas que la aprendí…”[2] De hecho creo que aprendió que el perdón de su padre antecedía a su  falta. Le dio la tarjeta antes del accidente por si acaso ocurriera alguno. Hizo provisión para su desatino antes que lo cometiera. ¿Tengo que decirle  que Dios ha hecho lo mismo? Por favor, comprenda. El papá no quería que este chico chocara su auto. No le  dio la tarjeta para que pudiera chocar el auto. Pero conocía a su hijo. Y sabía que su hijo en algún momento necesitaría gracia. Esto nos debe hacer entender, que  Dios no quiere que pequemos. No nos dio la gracia para que pequemos. Pero conocía a sus hijos. «El formó el corazón de todos ellos; atento está a todas sus obras» (Salmo 33.15). «Porque El conoce nuestra condición» (Salmo 103.14). Y sabía que un día necesitaríamos su gracia. La gracia no es nada nuevo. La misericordia de Dios antecede a Pablo y a sus lectores, antecede a David y a Abraham; incluso antecede a la creación. Sin duda, antecede a cualquier pecado que hayas cometido. La gracia de Dios es más antigua que tu pecado y más grande que tu pecado.

La tercera tendencia del hombre es el escepticismo. Esta tendencia plantea el razonamiento. ¿Demasiado bueno para ser cierto? Como hubo un pragmático que dijo que la gracia es demasiado arriesgada y un legalista que dijo que la gracia es demasiado fácil, hubo también un escéptico que decía: «Esto es demasiado bueno para ser cierto». Esta es la objeción más común a la gracia. Las personas no  teologizan con los textos de Romanos pero si la expresan en sus luchas y frustraciones. Los podemos escuchar con  la pregunta de una joven que pasó dos años en la universidad diciéndole que sí a la carne y no a Dios.  Con la plática de  un joven esposo que se preguntaba si Dios podría perdonar un aborto por el que pagó hace una década. También a un padre que acababa de percatarse que dedicó su vida al trabajo y descuidó a los hijos. Todos se preguntan si habrán sobregirado la línea de crédito ante Dios. Y afortunadamente no están solos. La gran mayoría de las personas sencillamente afirman: «Dios puede darle su gracia a usted, pero no a mí. Verá, atravesé las aguas del fracaso. Crucé la línea demasiadas veces. No soy el pecador típico. Soy culpable de ______________ ». Y ponen algo en la línea en blanco. ¿Qué pondrías tú en la línea en blanco? ¿Hay algún capítulo en tu biografía que te condena? ¿Un valle en tu corazón demasiado hondo como para que el Hijo primogénito te alcance? Si piensas que no hay esperanzas para ti. Pablo tiene una persona que quiere que conozcas. Nuestro estéril pasado le recuerda al apóstol del vientre estéril de Sara. Dios les había prometido a Sara y a Abram un hijo. Es más, el nombre Abram significa «padre enaltecido». Dios incluso le cambió el nombre a Abraham (padre de una multitud), pero ni aun así tuvieron hijo. Cuarenta años pasaron antes que la promesa se cumpliera.  Dios le prometió un hijo, pero Abraham no lo tenía. Dejó su tierra para ir a una tierra desconocida, pero no le nació el hijo. Triunfó sobre la hambruna, pero seguía sin tener hijo. Su sobrino Lot vino y se fue, pero todavía no había hijo. Tuvo sus encuentros con ángeles y con Melquisedec, pero todavía seguía sin heredero. Para entonces Abraham tenía noventa y nueve años y Sara no era mucho más joven. Cuando todo parecía sin esperanza, Abraham creyó de todas maneras, decidiendo vivir, no en base a lo que no podía hacer, sino a lo que Dios dijo que haría… Cuando Dios le dijo a Abraham que le iba a dar un hijo cuya descendencia sería tan numerosa como para formar una nación, Abraham lo creyó, aun cuando aquello estaba al borde de lo imposible. Todo se había agotado. La juventud. El vigor. La fuerza. El levantarse y echar a andar. Todo lo que los viejos Abraham y Sara tenían era un cheque del seguro social y una promesa del cielo. Pero Abraham decidió confiar en la promesa en lugar de enfocar sus problemas. Como resultado, la pareja que vivía de la pensión de ancianidad fue la primera en llevar una cuna al asilo de ancianos. ¿Tenemos nosotros mucho más que ellos? No realmente. No hay ninguno de nosotros que no haya acumulado más cuentas de las que jamás podríamos pagar. Pero ninguno tenemos por qué continuar endeudados. El mismo Dios que le dio un hijo a Abraham nos ha prometido gracia. ¿Qué es más increíble: Sara diciéndole a Abraham que va a ser papá, o Dios declarándonos justos a ti y a mí? Ambas cosas son absurdas. Ambas son demasiado buenas como para ser ciertas. Pero ambas proceden de Dios.

Así que la figura que usa Pablo es del contexto laboral…que podemos aplicar de esta reflexión a nuestra propia vida en estos tiempos tan extraños…

Hay tres cosas importantes que debemos entender con respecto a la gracia de Dios, como contradicción de las obras. En su argumentación Pablo dice que como un asalariado se ha ganado su sueldo por lo que ha trabajado, y a la hora de la paga exige su remuneración así los hombres por medio de sus obras creen que están en la posición de exigirle a Dios. Pero Pablo dice que eso no es la gracia de Dios. Así que todos aquellos que viven y confían en la gracia deben entender tres grandes cosas.

Primero deben entender la dirección de la gracia… La gracia no parte de abajo hacia arriba, no del hombre a Dios, sino que parte  de arriba para abajo…de Dios hacia el hombre. Para citar a John MacArthur: «En cuanto al camino de salvación, hay solo dos religiones que el mundo jamás ha conocido ni jamás conocerá: La religión de cumplimiento divino que es el cristianismo bíblico, y la religión de realización humana que incluye toda otra forma de religión, cualquier nombre que tome esta.[3]

Segundo, deben entender el dilema de la gracia… La gracia tiene un dilema importante, y se plantea con esta pregunta: ¿cómo se puede ser misericordioso y justo al mismo tiempo? Le quiero compartir una idea para explicar esto. Supóngase que usted tiene un seguro para vehículo, y recibe un reporte de la aseguradora donde le muestran registrados todos los incidentes que usted ha tenido con su vehículo. Al final la aseguradora le dice que por ser un cliente tan riesgoso usted no tendrá ya más la cobertura del seguro. Ahora usted se molesta por esa decisión pero luego usted se calma y se da cuenta de varias cosas. Se hace las siguientes preguntas Primero: ¿fue injusto que lo  eliminaran como cliente? No. Tal vez halle su decisión de mal gusto, desagradable, incluso desconsoladora, pero no puede llamarla injusta. Es mentira lo que están diciendo. ¡No! De hecho tiene evidencia de sus imprudencias como conductor. ¿Le ha costado dinero a la Aseguradora cubrirlo? ¡Por supuesto! Ahora he aquí lo curioso. Así como el conducir de forma imprudente tiene sus consecuencias, también las tiene la vida imprudente. Así como no tengo defensa ante la compañía aseguradora, no tengo defensa ante Dios. Mi historial me acusa. Mi pasado me declara culpable. Eso se llamaría justicia.

Ahora bien, supongamos que el fundador y dirigente ejecutivo de la compañía de seguros decidió tener misericordia de mí. Supongamos que, por alguna razón, quería tenerme como cliente. ¿Qué podría hacer? ¿Podría sencillamente hacer la vista gorda y considerar que no cometí errores? ¿Por qué no toma mi historial de conducción y lo hace pedazos? No se puede por dos razones.

Primera, la integridad de la compañía se pondría en aprietos. Tendría que rebajar las normas de la organización, algo que no puede ni debe hacer. Los ideales de la organización son demasiado valiosos como para abandonarlos. La compañía no puede obviar sus preceptos y seguir siendo íntegra.

Segunda, la legalidad de la compañía se pondría en aprietos. Ya que no se debe estimular los errores del conductor. Si no hay ningún precio por mis equivocaciones, ¿por qué voy a conducir con cuidado? Si el Presidente echa a un lado mis fallas, ¿qué me impedirá conducir como se me antoja? Si está dispuesto a olvidar mis desatinos, ¡continuemos cometiéndolos! ¿Es ese el objetivo del Presidente? ¿Es ese el propósito de su misericordia? ¿Normas rebajadas y conducción calamitosa? No. El Presidente se enfrenta a este dilema: ¿Cómo puedo ser misericordioso y justo al mismo tiempo? ¿Cómo puedo ofrecer gracia sin respaldar los desatinos? O diciéndolo en términos bíblicos, ¿cómo puede Dios castigar el pecado y amar al pecador? Pablo lo dice claramente: «La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia» (Romanos 1.18). ¿Va Dios a transigir con sus normas para que podamos ser perdonados? ¿Va Dios a hacer la vista gorda y considerar que yo jamás he pecado? ¿Querríamos un Dios que altera las reglas y hace excepciones? No. Queremos un Dios «en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación» (Santiago 1.17), y para quien «no hay acepción de personas» (Romanos 2.11). Además, pasar por alto mi pecado es respaldarlo. Si mi pecado no tiene su precio, ¡sigamos pecando! Si mi pecado no produce dolor, ¡sigamos pecando! Es más, « ¿y por qué no decir (como se nos calumnia y como algunos, cuya condenación es justa, afirman que nosotros decimos): Hagamos males para que vengan bienes?» (Romanos 3.8). ¿Es este el objetivo de Dios? ¿Comprometer su santidad y facilitar nuestra maldad? Por supuesto que no. Entonces, ¿qué debe hacer Él? ¿Cómo puede ser justo y amar al pecador? ¿Cómo puede ser amoroso y castigar el pecado? ¿Cómo puede satisfacer su norma y perdonar mis errores? ¿Hay alguna forma en que Dios podría hacer honor a la integridad del cielo sin darme la espalda? Sí la hay. Y eso nos lleva al tercer concepto.

 En tercer lugar la decisión de la gracia… La santidad demanda castigo al pecado. La misericordia insta a que se ame al pecador. ¿Cómo puede Dios hacer ambas cosas? ¿Puedo responder a la pregunta regresando al ejecutivo de la compañía de seguros? Imagínese que lo invita a su oficina y me dice lo siguiente: —Sr. Fulano. He hallado una forma de tratar con sus errores. No puedo fingir que no los veo; hacerlo sería injusto. No puedo considerar que no los cometió; eso sería mentir. Pero esto es lo que puedo hacer. En nuestros expedientes he hallado una persona que tiene un pasado impecable. Jamás ha quebrantado ninguna ley. Ni una sola violación, ni una sola falta, ni siquiera una multa por estacionamiento indebido. Se ha ofrecido voluntariamente a canjear su historial con el suyo. Tomaremos su nombre y lo pondremos en el de esa persona. Tomaremos el nombre de esa persona y lo pondremos en su historial. Ella recibirá el castigo por lo que usted hizo. Usted, que cometió las faltas, quedará justificado. Él, quien hizo lo correcto, quedará como culpable». ¿Mi respuesta? — ¡Usted debe estar bromeando! ¿Quién va hacer tal cosa por mí? ¿Quién es esa persona? A lo cual el presidente contesta: —Yo. Eso es precisamente lo que hizo Jesús.  Le dieron el expediente perfecto de Jesús y el suyo imperfecto se lo dieron a Cristo. Jesús «padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevamos a Dios» (1 Pedro 3.18). Como resultado, se hace honor a la santidad de Dios y sus hijos son perdonados. Mediante su vida perfecta, Jesús cumplió las demandas de la Ley. Mediante su muerte, satisfizo las demandas del pecado. Jesús sufrió no por ser pecador, sino como si lo fuera.  Reflexione en lo que Dios logró. No condona nuestro pecado, ni transige con sus normas. No pasa por alto nuestras rebeliones, ni suaviza sus demandas. En vez de echar a un lado nuestro pecado, lo asume y —¡en qué cabeza cabe!— se auto sentencia. La santidad de Dios se honra. Nuestro pecado se castiga. Y somos redimidos. Dios todavía es Dios. La paga del pecado todavía es muerte. Y nosotros somos hechos perfectos. Eso es, perfectos. «Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados» (Hebreos 10.14). Dios justifica (hace perfectos) y entonces santifica (hace santos). Dios hace lo que nosotros no podemos hacer para que seamos lo que ni siquiera nos atrevemos a soñar: perfectos ante Dios. Él justamente justifica al injusto. ¿Y qué hizo Él con nuestro calamitoso historial de conducción? Anuló «el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz» (Colosenses 2.14).

Ahora bien ¿Y cuál debería ser nuestra respuesta? Acudamos una vez más a la compañía aseguradora. Regreso al agente y le pido que busque mi expediente. Así lo hace y se queda contemplando incrédulo la pantalla de la computadora. «Sr., tiene un pasado perfecto. Su historial es inmaculado». ¿Mi respuesta? Si soy un pícaro e ingrato, cruzaré mis brazos y diré en tono santurrón: «Tiene razón. No es fácil ser tan grandioso». Si soy sincero y agradecido, sencillamente sonreiré y le diré: «No merezco tal elogio. A decir verdad, ni siquiera merezco ese expediente. Fue y es una dádiva indecible de gracia.

Bueno y a propósito ¿Cómo está su crédito? Sería bueno borrara el saldo…ya sabe cómo…

[1] Lucado, Max. En Manos de la Gracia. Ed. Caribe. Nash. Tennessee. Pág 59

[2] Lucado, Max. En Manos de la Gracia. Ed. Caribe. Nash. Tennessee. Pág 59

[3] John MacArthur, The New Testament Commentary of Romans [Comentario del Nuevo

Testamento sobre Romanos], Moody, Chicago, 1991, p. 199.

“..¿Cómo está su crédito?.. I Parte”

Hace tiempo se usaba una máquina muy interesante para postear las tarjetas de crédito. El empleado tomaba el plástico y lo colocaba en la máquina impresora, y rac-rac, los números quedaban registrados y la compra realizada. Hoy las compras con tarjetas de crédito no son tan dramáticas. Ahora se pasa la tira magnética por una ranura, o se oprimen los números en un teclado. No hay ruido, ni drama, ni dolor. Era más divertido  los días del rac-rac cuando se anunciaba la compra para que todos la oyeran. Se compra gasolina, rac-rac.  Se adquiere a crédito alguna ropa, rac-rac. Se paga el almuerzo, rac-rac. Si el ruido no le hacía estremecer, el estado de cuenta a fin de mes lo hacía. Treinta días es bastante tiempo para acumular suficientes compras como para descalabrar su presupuesto.

Me gusta pensar que Dios tiene en el cielo una máquina posteadora que hace rac-rac. Y cada uno de nosotros tenemos una cuenta donde se nos postea la deuda. Y es que  una vida entera es suficiente tiempo para acumular en el cielo algunas deudas de envergadura. Le grita a sus hijos, rac-rac. Codicia el automóvil de su amigo, rac-rac. Envidia el éxito de su vecino, rac-rac. Rompe una promesa, rac-rac. Miente, rac-rac. Pierde los estribos, rac-rac. Se queda dormido leyendo este mensaje, rac-rac, rac-rac, rac-rac. Más y más hundido en deudas.

El problema es que muchas veces intentamos pagar lo que debemos.  Algunos pensarían que toda oración es un cheque que se gira y cada buena obra es un pago que se hace. Y que eso reducirá nuestra deuda. Muchos pueden pensar que si pudieran  hacer una buena acción por cada acción mala, ¿no se balancearía su cuenta al final? Es decir si pudiera contrarrestar mis palabrotas con elogios, mi lujuria con lealtades, mis quejas con contribuciones, mis vicios con victorias, ¿no quedaría justificada mi cuenta? ¡Espero que sí!  Pero sabe…? La verdad es que no.

En una serie de argumentaciones, Pablo establece un principio muy interesante en Romanos 4:4, allí el establece una argumentación que establece la diferencia entre las obras y la gracia. Lea lo que Pablo dice:

“…Si usted es un trabajador duro y hace un buen trabajo, por lo que se merece su salario; usted no llamaría  a su salario un regalo sino  una obligación…” (The Message)

Pablo establece dos criterios que la gente suele usar con respecto a su relación con Dios. La primera es que para algunos son importantes las obras porque eso crea una obligación en Dios de salvarlo, pero por otro lado están los que creen que las obras no son importantes porque la gracia establece una relación con Dios para poder salvarse. En pocas palabras está el método de la obligación como medio salvífico y está el método de la relación como gracia salvífica.

Ahora la pregunta que muchas veces se plantea es ¿Por qué la gente le cuesta aceptar que la salvación es un regalo y no algo que se compra? ¿Por qué para la gente la gracia es tan contradictoria?

Para entender estos dos conceptos necesitamos hacer por lo menos dos  cosas.

  • Primero necesitamos saber el ALCANCE de las obras.

El texto dice: “…pero el que obra…”

La palabra que Pablo utiliza para “obra” es “ergazomai” y esta expresión implica  la idea de laborar, trabajar duro. Es un participio presente voz media. Lo que implica que debería traducirse “pero el que para sí está trabajando arduamente”.  Es obvio que Pablo utiliza la metáfora de laborar para hace una comparación con la actividad religiosa que cree que constantemente con sus obras puede lograr la salvación con Dios.

Ahora bien, anteriormente establecíamos que  sería genial que lo bueno se compensara con lo malo. Es decir que una buena obra pudiera cancelar los defectos de las cosas malas que he hecho. Lo sería, excepto por tres problemas.

Primero, no sé la condición  de cada pecado. Es fácil saber el precio de la gasolina. ¿No cree que sería excelente que fuera tan claro en cuanto al pecado? Pero no lo es. ¿Cuál es, por ejemplo, la multa por enojarse en el tránsito? Me enfurezco contra el hombre que bruscamente mete su automóvil entre el mío y el que va adelante, ¿qué pago por mi crimen? ¿Conducir a setenta kilómetros por hora en una zona con límite de ochenta kilómetros por hora? ¿Saludar con la mano y sonreírles a diez autos consecutivos? ¿Quién sabe? O, ¿qué tal si me levanto de mal genio? ¿Cuál es el costo de un par de horas de desánimo? ¿Asistir al culto del domingo equilibrará una mañana de mal genio hoy? Y, ¿en qué punto empieza el mal genio? ¿Es la multa por el mal humor menor en los días nublados que en los días claros? O, ¿hay cierto número de días al año en que tengo licencia para ser gruñón? Esto puede ser muy confuso.

Segundo, no sé la circunstancia de cada pecado. No solo que no sé el costo de mis pecados, sino que no siempre sé la ocasión o circunstancia de mis pecados. Hay momentos en que peco y ni siquiera lo sé. ¿Cómo pago por esos pecados? ¿Se me concede una excepción por desconocimiento? ¿Y qué tal en cuanto a los pecados que cometo sin darme cuenta? ¿Qué tal si alguien, en alguna parte, descubre que es pecado jugar al fútbol? ¿O qué tal si Dios piensa que la manera en que juego al fútbol es pecado? Ay, vaya. Tendría serias cuentas que arreglar. ¿Y qué de tí? ¿Algunos pecados de omisión en el estado de cuenta de este mes? ¿Dejaste pasar alguna oportunidad de hacer el bien? ¿Soslayaste alguna oportunidad de perdonar? ¿Descuidaste una puerta abierta para servir? ¿Aprovechaste cada oportunidad para animar a tus amigos? Rac-rac, rac-rac, rac-rac. Y hay otras preocupaciones.

Tercero, no sé la consecuencia de mi pecado.

El período de gracia, por ejemplo. Mi tarjeta de crédito me permite un pago mínimo y luego arrastra el saldo de la deuda al siguiente mes. ¿Lo hace así Dios? ¿Me permitirá pagar el año entrante la codicia de hoy? ¿Qué tal en cuanto al interés? Si dejo mi pecado en la cuenta por varios meses, ¿acumula más pecado? Y hablando del estado de cuenta… ¿dónde está? ¿Puedo verlo? ¿Quién lo tiene? ¿Cómo puedo saldar la mentada cuenta? Allí está. Esa es la cuestión. ¿Cómo trato con la deuda que tengo con Dios? ¿Negarla? Mi conciencia no me dejará. ¿Encontrar peores pecados en otros? Dios no se dejará engatusar por eso. ¿Pretender inmunidad de linaje? El orgullo familiar no sirve. ¿Tratar de pagarla? Podría, pero eso nos lleva de nuevo al problema. No sabemos el costo del pecado. Ni siquiera sabemos cuánto debemos. Entonces, ¿qué hacemos?

“…Bailando sin música…”

Piense en esta idea por un momento. Imagine que  quiere aprender a bailar. Así que tomando en cuenta lo juicioso y racional que es,  va a una librería y compra un libro para aprender a bailar. Al fin y al cabo, si un libro le ayuda a programar una computadora, a llevar sus ejercicios contables, sin duda le ayudará a mover los pies. Lleva el libro a casa y empieza a trabajar. Hace todo lo que dice que haga. El libro dice inclinarse, se inclina. El libro dice mover los pies, y usted  los mueve. El libro dice girar, usted da una vuelta. Incluso puede cortar en papel moldes de sus pies y ponerlos por toda la sala, para así saber por dónde ir. Por último, cree que ya ha aprendido e invita a la familia  a venir a observarlo. Mantiene el libro abierto y empieza a seguir las instrucciones paso a paso. Puede leer las palabras en voz alta y así ellos van a saber que está haciendo su trabajo de bailarín. «Incline su hombro derecho», y lo inclina. «Ahora de un paso con el pie derecho», y da el paso. «Vuélvase lentamente hacia la izquierda», y se vuelve. Continúa leyendo y bailando, leyendo y bailando, hasta que la lección finaliza. Cae exhausto en el sofá, mira a la familia  y proclama: — ¡Lo hice perfectamente!—Lo hiciste perfectamente, sí, muy bien—le dicen ellos, suspirando—. Pero luego le gritan ¡Lo asesinaste! Y usted dice — ¿Qué? — ¿De qué están hablando? Olvidaste la parte más importante. ¿El qué? Preguntas muy alarmado. ¿Dónde está la música? — ¿La música? No se te había ocurrido pensar en la música. Estabas tan absorto en seguir las instrucciones del libro que se te olvidó la música. Siempre pensabas en el libro. Te aprendiste las reglas. Pusiste las marcas de tus pies en el piso. Pero olvidaste la música.

Ahora tu familia te dice — ¡Hazlo de nuevo!—, esta vez poniendo una preciosa canción. Luego te dicen no te preocupes por los pasos, sólo sigue la música. Tú extiende los brazos a tu esposa  y la música comienza. La próxima cosa que hará es bailar y con el libro.

Creo que muchos  cristianos somos así: bailamos sin música. Es decir tenemos la tendencia de seguir el libro mientras olvidamos la música. Dominamos la doctrina, bosquejamos los capítulos, memorizamos las dispensaciones, discutimos las leyes y, rígidamente, recorremos la sala de baile de la vida sin música en nuestros corazones. Medimos cada paso, calibramos cada vuelta y caemos cada noche a la cama exhaustos de otro día de baile guiados por el libro.

Y la verdad es que bailar sin música es cosa pesada. Gracias a Dios que Jesús  sabía esto. Por tal motivo, la noche antes de su muerte presentó a los discípulos al compositor de música de la Trinidad, el Espíritu Santo. Escuche lo que la Palabra de Dios dice:

“Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros;  más si me fuere, os lo enviaré. Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:7–8, RV—1960).

 La versión “The Voice” traduce este texto de la siguiente forma:

“Pero la verdad es que mi partida será un regalo que le servirá bien, porque si no me voy, El Amigo no vendría en su ayuda. Cuando me voy, os lo enviaré”. (Juan 16:7)

Es importante notar que Jesús está diciendo que era mejor para El salir y así dejarle espacio al Espíritu Santo. Eso significa que la presencia del Espíritu Santo es tan importante para tener la  stamina o vigor espiritual. En ese sentido la música de nuestra alma procede de nuestro amigo el Espíritu Santo.

¿Por qué razón muchas veces perdemos la esencia de la vida cristiana? ¿Por qué perdemos la música de vivir en armonía con el gozo y la presencia del Espíritu Santo? Simplemente porque no hemos entendido la dimensión de la presencia del Espíritu Santo en nosotros. Por ejemplo, si nos pidieran que describiéramos a nuestro Padre celestial, daríamos una respuesta, si nos pidieran que dijéramos qué hizo Jesús por nosotros, igualmente daríamos una respuesta convincente. ¿Pero si nos preguntaran sobre el papel del Espíritu Santo en nuestra vida…? Quizás miraríamos al suelo. Aclararíamos la garganta. Y pronto se haría evidente que de las tres personas de la Deidad, el Espíritu Santo es el que menos conocemos.

Observe como si Jesús tiene en mente la gran importancia del Espíritu Santo en la vida de los discípulos.  Para que recobremos la música en nuestro caminar es necesario entonces desarrollar ciertas ideas que se desprenden de este pasaje.

Debemos acercarnos para  observar las realidades  del Espíritu Santo.  En el pasaje Jesús ha notado que la noticia de su partida ha entristecido a los discípulos. Es como si ellos se sintieran que van a perder la esencia de su vida: Jesús. Y de hecho así va hacer. Pero Jesús demuestra que a pesar de que él ha sido su Consolador hasta ahora, enviará a otro con la misma calidad y ministerio que el de Él.

La primera realidad  se desprende de la expresión: “os digo”. Y esta es realidad y verdad.    El Espíritu Santo está relacionado con al  veracidad. Jesucristo establece que la persona del Espíritu Santo está vinculada con la verdad. En el texto original, Jesús usa el pronombre enfático “Yo mismo os digo la verdad”. La expresión “verdad” tiene que ver con algo real, existente, y no solamente un concepto. El Espíritu es real porque es verdadero.

La segunda realidad se desprende de la expresión: “os conviene”.  Esto es habilidad  y ventaja. El Espíritu Santo está relaciona con utilidad. La expresión que aparece en este texto para “conviene” es la expresión “symphero” esta palabra habla de conferir un beneficio, de ser rentable, ser ventajoso.  Para Jesús el poder vivir ahora una vida en el Espíritu Santo sería de gran ventaja y utilidad para todo el mundo. Ya que la era del Espíritu Santo sería global y mundial en contraste de la presencia de Jesús que era focalizada y local. Para Jesús su partida era de mayor utilidad para la presencia del Espíritu Santo. Ahora observe que el texto usa la palabra “paracletos”, y la RV60 la traduce como “Consolador”. En las discusiones tradicionales de la palabra griega se usa mucho el hecho de que un consolador es alguien que está a la par de uno. Sin embargo esta expresión “consolador” se queda bastante corta para todo lo que la palabra “paracleto” significa. Muchos la usaban para determinar a un abogado. De hecho Jesús la utiliza para él en 1 de Juan. También la expresión tenía la idea del mejor amigo de alguien. Aquel que lo acompañaba en los momentos difíciles.  En ese sentido el Espíritu Santo tiene tres grandes utilidades desde la perspectiva de este pasaje. Primero es útil como compañero, es útil como consejero y finalmente es útil como

La tercera realidad se desprende de la expresión “os lo enviaré”. Esto es identidad y visión. El Espíritu Santo está relacionado con disponibilidad. Si uno observa, hay una relación muy interesante entre Jesús y el Espíritu Santo. Primero está supeditado a la orden de Jesús, ya que él  dice que él lo va “enviar”. El Espíritu Santo tiene un corazón misionero. Su disponibilidad es ante la acción de Jesús. Pero también está disponible porque vendrá a morar en seres imperfectos a los que tendrá que ayudar. Es importante observar que el no sólo está disponible a obedecer, o a acceder, sino que también está disponible para ayudar a vencer.  Entonces la disponibilidad del Espíritu Santo tiene que ver con obedecer, acceder y vencer. Estas tres características deberían ser vistas en cada creyente que imita  la identidad  del Espíritu Santo. De allí que una persona que vive esta dimensión del Espíritu Santo es una persona con visión espiritual.

La cuarta realidad se desprende de la expresión “convencerá.” Esto es actividad y victoria. El Espíritu Santo está relacionado con efectividad.  Quizás el error más común respecto al Espíritu es percibirlo como un poder y no como una persona, como una fuerza que no tiene identidad. Tal cosa no es verdad. El Espíritu Santo es una persona. El Espíritu Santo no es «algo». Es una persona. Tiene conocimiento (1 Corintios 2:11). Tiene una voluntad (1 Corintios 12:11). Tiene una mente (Romanos 8:27). Tiene sentimientos                (Romanos 15:30). Usted puede mentirle (Hechos 5:3–4). Puede insultarlo (Hebreos 10:29). Puede entristecerlo (Efesios 4:30). El Espíritu Santo no es una fuerza impersonal. No es las espinacas de Popeye, ni la poderosa ola del que se desliza sobre ella. Es Dios en ti para ayudarte. Con razón Juan se refiere a Él como el Consolador. Imagínate a un padre ayudando a su hijo a montar bicicleta y tendrás una visión parcial del Espíritu Santo. El padre se mantiene junto a su hijo. Empuja la bicicleta y la sostiene si el niño empieza a caerse. El Espíritu hace eso mismo con nosotros; nos sostiene y fortalece nuestro paso. A diferencia del padre, sin embargo, Él nunca nos deja. Está con nosotros hasta el final de los tiempos. ¿Qué hace el Espíritu?  Cuál son las áreas en las que Él es efectivo. Primero según este pasaje. Consuela a los salvados. «Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros, más si me fuere, os lo enviaré» (Juan 16:7, RV—60). Pero también el Convence a los perdidos. «Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio» (Juan 16:8, RV—60). Pero finalmente  él Comunica la  verdad. «Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda la verdad» (Juan 16:12, RV—60).

Un poco de aplicación a esto

¿Dice Juan que no necesitamos el libro para bailar? Por supuesto que no; él ayudó a escribirlo. Emoción sin conocimiento es tan peligrosa como conocimiento sin emoción. Dios procura un equilibrio. «Dios es Espíritu, y los que le adoran deben hacerlo conforme al Espíritu de Dios y a la verdad» (Juan 4:24). Lo esencial es que sepas que la música está en ti. «Si Cristo vive en vosotros, el espíritu vive porque Dios os ha librado de culpa» (Romanos 8:10). No necesitamos una fórmula para oírlo. Yo no tengo un plan de cuatro pasos para ayudarte a conocerlo. Todo lo que tengo es la promesa de que el Consolador vendría a consolar, a convencer y a comunicar. Así es que piensa en esto: ¿Te han consolado alguna vez? ¿Alguna vez Dios te ha dado su paz cuando el mundo te dio su dolor? Si es así, has oído la música. ¿Te han convencido alguna vez? ¿Has sentido en algún momento una estocada de tristeza por tus acciones? Entonces, el Espíritu Santo te ha tocado. ¿O has entendido alguna vez una nueva verdad? ¿O has visto de manera diferente un viejo principio? La luz llega. Tus ojos se abren. « ¡Ajá! ¡Ahora entiendo!» ¿Te ha pasado eso alguna vez? Si es así, ese fue el Espíritu Santo comunicándote una nueva verdad. ¿Qué tal? Él ya ha venido obrando en tu vida. Y dicho sea de paso, para los que hemos pasado años tratando de hacer el trabajo de Dios, esta es una gran noticia. Es mucho más fácil izar la vela que remar. Y es muchísimo más fácil hacer que la gente se una al baile cuando Dios toca la música.

“Padre malo…padre bueno…”

Hace algunos años atrás el inversionista Robert Kiyosaki, también llamado el “maestro millonario”, trató de explicar por medio de su libro “Padre rico, padre pobre” que  existe   este tipo de relación en la mentalidad de mucha gente. Es decir porqué  existen este tipo de personas (que en el libro se le relaciona con el “padre pobre”) y porque existen otras que no perciben la misma inseguridad e incomodidad cuando se habla de dinero (el “padre rico”). En su libro también nos explica, según él,  con sencillos pasos lo que hace el “padre rico” para manejar su dinero y la diferencia que hace el “padre pobre”, aunque este último como se lee en el libro, en realidad no maneja su dinero. Según Kiyosaki, hay una diferencia entre lo que enseñan los ricos a sus hijos acerca del dinero, y lo que la clase media y pobre ¡no!

El libro comienza relatando algo sobre la infancia de Robert Kiyosaki , la cual se caracterizó por el contraste de dos padres, uno que era el padre rico que aún no era rico y otro, el padre pobre que aún no era pobre, pero que ambos le infundieron enseñanzas diferentes sobre el manejo de sus vidas y sobre el dinero, es así que teniendo dos perspectivas pudo interiorizar en los pensamientos de las personas que viven en este mundo de cambio constante y cuál es la manera en que cada uno observaba las situaciones de la vida. En pocas palabras la tesis del libro es que la manera en que pensamos así tendremos dinero. El  establece: o piensas como Padre rico y haces trabajar tu dinero para ti o piensas como Padre pobre y trabajas para el dinero[1].

Aunque muchas personas lo recibieron con mucho interés (fue un best seller) en realidad en lo personal, no me llamó mucho la atención un libro que promueve una mentalidad materialista y que mide el éxito por la manera en que manejamos el dinero.

Sin embargo si es curioso el énfasis  que hace respecto a la manera en que un padre puede influir en la forma de pensar de un hijo. Creo que en este aspecto es una realidad como el pensamiento de nuestros  padres nos marca para siempre.

Recientemente estudiaba la Escritura y me detuve en una porción de la Escritura que siempre me había llamado la atención pero nunca había tomado el tiempo para estudiarla más detenidamente. Es una frase que es dejada en la palestra de la vida, y que de una manera muy sutil nos demuestra una gran verdad, o mejor dicho una gran realidad. Esta expresión viene de los mismos labios del señor Jesucristo. La cita en mención aparece en Mateo 7:11. Observe lo que dice esta frase:

“Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le pidan” (NBD)

Pienso que esta porción de la Escritura nos habla de un binomio de Padre al estilo de Kiyosaki. Es decir “Padre malo…Padre bueno”. Es importante recalcar que mucho se ha dicho sobre ser padre. Toneladas de libros, seminarios, cursos sobre el reto de ser padre han sido escritas. Sin embargo a pesar de haber tanta información, tanta capacitación pareciera ser que no ha llegado al corazón de miles de hombres que cada día influyen de una manera no sana en la vida de sus hijos.

Por ejemplo El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en un reporte sobre el Estado Mundial de la Infancia 2011 estableció que en El Salvador, la mayor causa de desintegración familiar es la paternidad irresponsable con un 66.3%, seguido de razones migratorias y muerte con un 43%[2]. También establece que El 34% de los hogares salvadoreños es liderado por mujeres. El Salvador se encuentra entre el 20% de países con mayor desigualdad en el mundo, situación que afecta el acceso a oportunidades para su desarrollo y a bienes y servicios.[3] Por otro lado es curioso observar la mentalidad latinoamericana acerca de la paternidad o maternidad. Para muchos en nuestros continentes  la maternidad se considera como un destino del cual ninguna mujer se salva, mientras que la paternidad es una opción: se puede asumir o negar. Los roles maternos y paternos que la presión social obliga a cumplir, son definidos como que la maternidad es la razón de ser en la vida de las mujeres mientras que para los hombres, la paternidad es una manera de afirmar su masculinidad. Para la mayoría de los hombres, la paternidad existe mientras existe la relación con la madre de las criaturas; una vez que el lazo afectivo entre la pareja se debilita, también se debilita el lazo afectivo y económico con sus hijos/as. En nuestros países no existen los mecanismos legales suficientes para obligar a los hombres a asumir la paternidad[4].

Ante estos detalles nos damos cuenta que el asunto de ser padre conlleva muchas responsabilidades que la mayoría de hombres no  están dispuestos a afrontar. ¿Por qué es que se falla tanto como padre? ¿Qué hay dentro de la materia prima de la paternidad que hace que echemos a perder la tremenda oportunidad de construir en una vida?

Bueno observe la expresión de Jesus: “vosotros siendo malos”. ¿Qué tal eso? No dice “siendo limitados” o “siendo humanos” o simplemente “siendo necesitados”. ¡No¡ Dice literalmente “siendo malos”. Eso significa que hay dentro de nuestra materia prima como padres que nos obliga a hacer cosas malas.

Quiero que analicemos este concepto en el marco de todo el versículo. Quiero que descubramos una realidad que muchas veces es dolorosa y la aprendemos cuando ya es demasiado tarde. Y es que si nosotros no dependemos de una fuerza externa y poderosa el destino final de nuestra paternidad será “mala”. ¿Qué verdades enseña Jesús en este texto sobre los padres?

  • En primer lugar Jesús hace una descripción de la paternidad. “Pues si vosotros”.

¿Quiénes son vosotros en este pasaje? Debemos recordar que la advertencia de Jesús está dentro del contexto de las enseñanzas  del monte. Está rodeado de gente, pero también de sus discípulos. Por otro lado el contexto inmediato determina que está dentro del tema de la oración o por lo menos de pedir a Dios por sus necesidades. En esta descripción Jesús establece tres principios. Describe una conclusión. La expresión “pues” puede traducirse como “entonces” o se puede intercambiar por “por tanto”. Esta expresión denota un resumen concluyente de una argumentación anterior. Cuando Jesús diserta sobre la oración y sobre pedir y se introduce en el tema de los padres, el al observar al ser humano en contraste con Dios concluye que nosotros somos malos. Esta conclusión nos hará por un lado preocuparnos por nuestra condición pero alegrarnos porque Dios ya lo sabe. La conclusión de Dios nos libera. Pero no sólo describe una conclusión. Sino que también describe una situación. Me llamó mucho la atención el uso que Jesús hace del pronombre vosotros. Esto implica varias revelaciones. Primero habla de que es un mal general. No es uno o unos pocos, el vosotros incluye a todos. Segundo es un mal imparcial, porque el vosotros incluye tanto a los discípulos como a los oyentes como a los no creyentes, etc. Este tipo de pronombre describe que aun siendo un seguidor de Jesucristo podemos ser víctimas de lo malo que hay en nosotros. La situación de Dios nos lacera. Es decir nos hace sentir realmente las heridas a todos. No hay excepciones, no podemos mostrar que a nosotros no nos afecta.  La tercera cosa que describe Jesús es una condición El uso del condicional “si” nos demuestra que no hay ninguna duda en nuestra condición como padres. No es que Dios tuviera duda de lo que somos capaces de hacer, al contrario Dios conoce realmente lo que somos capaces de hacer.  La condición de Dios nos lidera. Dios sabe que seguimos una tendencia mala, y que dentro de nosotros lo que mejor nos sale es hacer lo malo. Y que el mal se convierte en uno de nuestros mejores líderes. Tenemos la gran tendencia a seguir lo malo.

  • En segundo lugar Jesús hace una declaración de la Paternidad. “…siendo malos…”

El texto tiene dos cosas importantes con respecto a la declaración. Es una declaración real. Jesucristo usa el participio presente del verbo ser o estar. Este verbo por ser un participio presente denota calidad e intensidad en la acción del verbo. Pero por estar en tiempo presente refleja un estilo de vida permanente y visible. Es importante observar que la declaración no dice “vosotros haciendo” o “vosotros intentando”. No se trata de un hacer, se trata de un ser. Significa que el ser conlleva la idea de algo que nos pertenece que ya es natural en nosotros y por lo tanto es algo interno. Históricamente hubo una discusión sobre el asunto de la depravación del hombre. Tanto Agustín como Pelagio se enfrascaron en altos debates acerca del hombre, la maldad y la salvación. Las posiciones que se enfrentaron fue resumida en la famosa frase: “¿el hombre es pecador porque peca o el hombre peca porque es pecador? La primera parte de la controversia establecía que el hombre era pecador por lo que hacía y la segunda parte establecía que el hombre era pecador y como consecuencia lo demostraba pecando. La primera parte apela a lo externo y la segunda a lo interno[5]. Este pasaje demuestra que en realidad el hombre es malo, nace malo y que en su interioridad sin la regeneración de Cristo es malo. Pero en segundo lugar es una declaración legal. La palabra que Jesús utiliza aquí es la palabra “poneros”. Esta  palabra griega ponerós,  difiere de kakós, otra palabra para malo, y  que se refiere a un carácter esencialmente vil y perverso, y también de saprós, que alude a algo que es inservible y se ha corrompido, algo que se ha degenerado y ha perdido su virtud original. En cambio la palabra griega ponerós denota a alguien que es maligno de manera perniciosa y dañina, alguien que afecta a otros e influye en ellos para hacerlos malignos y despiadados. Satanás, el diablo, es esta persona maligna, en cuyo poder yace el mundo entero (v. 19). Y de hecho Juan utiliza esa descripción. ¿No es muy fuerte esta palabra? Si esto es así, estamos en serios problemas porque judicialmente hemos sido declarados malignos.  ¿Cómo podemos entonces ser buenos padres con semejantes condiciones? Estando conscientes de que somos el padre malo, pero Dios es el padre bueno.

En tercer lugar Jesús hace derivación de la Paternidad. “…sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos…” Ahora bien a pesar de los problemas que como padres podamos tener, Dios es justo al reconocer que a pesar de ser malos, muchas veces podemos hacer cosas buenas sobre todo cuando se trata de nuestros hijos. Algo bueno sale de lo malo que somos. ¿Por qué hacemos lo bueno? Primero por la inteligencia. “sabéis dar”. La expresión “sabéis” denota experiencia, intelecto, discernimiento. De alguna manera el hombre aprende a dar cosas buenasSegundo por la influencia. “dar” Sin embargo por el uso del perfecto en el texto original, se debe traducir “has sabido dar”. Esto implica que la condición de dar es puntual y no constante. Y además implica selectividad e interés al dar. El ser humano es influido por circunstancias y personas a dar. No es un dar espontáneo sin esperar recibir nada a cambio. Tercero por incidencia. Observe que hay una incidencia de las buenas dádivas. El texto establece que son cosas buenas, de buen valor y calidad. La palabra “agathos” para “buenas” demuestra una cosa muy estimada y de calidad. Sin embargo es obvio que la calidad de la cosa está supeditada a que son  para “vuestros hijos”. Es obvio que un padre busca dar lo mejor a sus hijos. Sería extraño que de lo mejor a los que no son los hijos y a los que si son sus hijos los maltrate.. En griego hay distintas palabras para designar hijo. La primera es teknion se refiere a un hijo bebé. La segunda es  teknon se refiere a un hijo que está madurando pero no está listo para asumir responsabilidades. Y la tercera se refiere a  Huios  que es alguien  está listo para asumir responsabilidades, quien ha pasado por la ceremonia de “adopción”. Es muy importante observar que la expresión para hijos aquí es “teknon”. Implica que las dádivas que el padre le da es cuando el las necesita y aún no ha madurado. Mucho  de lo que los padres damos a nuestros hijos buscan incidir en la calidad de vida de ellos. Y porque no decirle también busca incidir en el futuro de los padres cuando ya sean viejos. Los padres saben cómo dar cosas buenas a los hijos, en momentos oportunos, y con el propósito de una inversión tanto en la calidad de vida de sus hijos como en la futura calidad de vida de los padres.

En cuarto lugar Jesús hace una desvinculación de la Paternidad. “…Cuanto más vuestro Padre… Si lo anterior describe al padre malo lo que sigue a continuación describe al padre bueno. Note como Dios se desvincula totalmente de lo que es un padre terrenal.  La primera desvinculación tiene que ver con la identidad del Padre. “Cuánto más”…Jesús establece que la identidad del Padre es distinta al padre terrenal. Es superior en cuanto a su ser. Es todo bueno en contraste con el todo malo del hombre. El sabe todo, conoce todo y puede dar todo. Así es nuestro Padre. La segunda desvinculación tiene que ver con la localidad del Padre. “está en los cielos”. Nuestro Padre tiene una ubicación superior a la de un padre terrenal. Es regidor del universo por lo tanto puede controlar mejor las cosas tanto las de esta temporalidad como la de la eternidad. En tercer lugar la desvinculación del Padre tiene que ver con su capacidad.  “…dará buenas cosas a los que se lo pidan…” Para que Dios muestre su capacidad debemos entender su calidad como padre “dará buenas cosas”, es decir cosas mejores que el padre terrenal. Segundo podemos ver la afinidad. Son para aquellos que tienen una relación con Dios que se atreven a pedírselo, que tienen una saludable comunicación con su padre.

Hemos visto entonces que Jesús habla de padre malo…Padre bueno. ¿Cómo desarrollamos una paternidad saludable a la luz de este texto?

He aquí cuatro pensamientos importantes….

Primero sea realista…se padre no es algo que le nazca a uno, debe aprender a serlo. Eso significa que muchas veces no debe desanimarse porque quiera irse, o no quiera nada con los hijos…Jesús lo dijo usted es “malo” y muchas veces no es lo más saludable para sus hijos.

Segundo, sea transparente… No finja algo que no es. No utilice propaganda de las redes sociales para magnificar algo que simplemente no lo es. Aprenda a reconocer sus errores, sus limitaciones, aprenda a dialogar sobre las malas decisiones con sus hijos. Se vulnerable. Recuerde que no  es el tipo de la batalla.

Tercero, sea sensible… Debido a que usted es malo, vulnerable y va a fallar, tenga a Dios como su modelo, y haga de él su fuente de autoridad. Enséñele a su hijo a confiar en el Padre bueno y a identificarse con el padre malo. No se convierta en un ídolo para su hijo, no se enseñoree de él. Haga que su hijo tenga confianza en el Padre bueno…

Cuarto, sea sabio. Debe recordar que Dios no lo llamó a ser perfecto sino honesto con su vocación paterna. Recuerde que le dará cuentas a Dios de sus hijos, sin embargo mientras más ocupe la sabiduría de Dios mejor construirá sobre la vida de sus hijos.

Quinto, sea sensato.  Dios le manda a dar lo mejor que pueda a su hijos. Quizás no le nacerá hacerlo siempre, pero los momentos claves en la vida de sus hijos, esté presente para aportar buenas dádivas. Hay momentos en que los hijos lo necesitarán, y al final ya no lo van a necesitar. Recuerde que los hijos se van, y muchos de ellos lo ignorarán en la vejez haya dado cosas buenas o no. Sin embargo si usted pierde hijos y le son ingratos recuerde que jamás quedará huérfano porque su Padre jamás lo abandonará. Así que sea sensato como ve a sus hijos, no los vea como sus dioses, como lo mejor de este mundo, de hecho no pueden ser lo mejor de este mundo porque lo han tenido a usted que es un padre malo que puede  dar cosas buenas.

[1] https://es.scribd.com/doc/8795341/Resumen-y-Comentario-de-Padre-Rico-Padre-Pobre

[2] http://www.laprensagrafica.com/el-salvador/social/202067-el-60-de-menores-vive-en-hogares-desintegrados.html

[3] Ibíd.

[4]http://www.isdemu.gob.sv/index.php?option=com_content&view=article&catid=25%3Aavisos-ciudadano&id=577%3Apaternidad-responsable&Itemid=76&lang=es

[5] http://todopensamientocautivo.blogspot.com/2010/02/la-controversia-entre-agustin-y-pelagio.html

“…Encontrando oro en la basura… II parte”

Esto fue lo que Jesús hizo. En primer lugar encontró potencial en lo malo. Es decir encontró bien en el mal. Sería difícil encontrar a alguien peor que Judas. La Biblia dice que Judas «era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella» (Juan 12:6). El hombre era un mafioso. De alguna manera pudo vivir en la presencia de Dios y experimentar los milagros de Cristo y sin embargo seguir sin cambio alguno. Al final decidió que prefería el dinero al amigo, así que vendió a Jesús por treinta monedas de plata. Judas fue un bandido, un impostor, un sinvergüenza. ¿Cómo podría alguien verlo de alguna otra manera? No lo sé, pero Jesús lo hizo. Apenas a centímetros de la cara del traidor Jesús le miró y le dijo: «Amigo, ¿a qué vienes?» (Mateo 26:50) ¿Leyó eso? Qué vio Jesús en Judas para considerarlo todavía digno de llamarlo amigo, ni siquiera puedo imaginármelo. Pero sí sé que Jesús no miente, y en ese momento vio todavía algo bueno en un hombre muy malo. De hecho la palabra “amigo” aquí es la expresión “hetaira” que se puede traducir, compañero, amigo, colega, militante del mismo bando. El potencial que Jesús observa consta primero de un trato con dignidad: “amigo” y una pregunta sobre la intimidad. La declaración de la dignidad demuestra que Dios no es tu enemigo. Y la pregunta sobre la intimidad demuestra que Dios te da todavía una última oportunidad de recapacitar. Si notamos Judas no contesta la pregunta ni reacciona ante la declaración de Jesús. Dignidad e intimidad dos elementos que debemos considerar cuando enfrentamos lo malo.  Sería provechoso si nosotros hiciéramos lo mismo. ¿Cómo? De nuevo Jesús nos da la guía. No le echó toda la culpa a Judas. Vio otra presencia esa noche: «mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas» (Lucas 22:53). De ninguna manera Judas fue inocente, ni tampoco estaba actuando solo. Los que lo atacan a usted tampoco están actuando solos. «Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra de maldad en las regiones celestes» (Efesios 6:12). Los que nos traicionan son víctimas de un mundo caído. No tenemos que echarles toda la culpa. Jesús encontró suficiente bien en la cara de Judas como para llamarle amigo, y puede ayudarnos a hacer lo mismo con los que nos ofenden.

En segundo lugar no solo que Jesús encontró potencial en lo malo, sino que encontró propósito en el dolor. De las aproximadamente cien palabras que Jesús pronunció durante su arresto, casi treinta se refieren al propósito de Dios. « ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?» (Mateo 26:45). «Más todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas» (v. 56). Jesús escogió ver su lucha inmediata como parte necesaria de un plan mayor. Vio el conflicto en el Getsemaní como un acto importante pero singular en el grandioso manuscrito del drama divino. Allí donde otros veían cielos nublados, Jesús veía orden divino. Su sufrimiento fue necesario para cumplir la profecía, y su sacrificio fue necesario para cumplir la ley. ¿No le gustaría tener un corazón lleno de esperanza? ¿No le gustaría ver el mundo con los ojos de Jesús? Donde vemos oración no contestada, Jesús vio oración contestada. Donde vemos la ausencia de Dios, Jesús vio el plan de Dios. Observe especialmente el versículo 53: « ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que Él no me daría más de doce legiones de ángeles?»

Pero en tercer lugar de todos los tesoros que Jesús vio en la basura, este es el más significativo. Vio la presencia de su Padre en el problema. Vio a su Padre. Doce ejércitos de ángeles estaban al alcance de su vista. Usted podrá alegar que Jesús era Dios. Que podía ver lo invisible. Que tenía ojos para el cielo y visión sobrenatural. Y usted no puede ver como Él veía. Todavía no, tal vez; pero no subestime el poder de Dios. Él puede cambiar la manera en que usted ve la vida. ¿Quién dice que lo mismo no le puede ocurrir a usted? Dios nunca promete eximirnos de nuestras luchas. Lo que sí promete, no obstante, es cambiar la manera en que las vemos. El apóstol Pablo dedica un párrafo para hacer una lista de las bolsas de basura: aflicciones, problemas, sufrimientos, hambre, desnudez, peligro y muerte violenta. Son los verdaderos botaderos de basura de dificultad de la que anhelamos escapar. Pablo, sin embargo, indica su valor: «En todas estas cosas tenemos la victoria completa por medio de Dios» (véase Romanos 8.35–37). Nosotros preferiríamos otra preposición. Optaríamos por « aparte de todas estas cosas», o « lejos de todas estas cosas», o incluso « sin todas estas cosas». Pero Pablo dice: « en» todas estas cosas. La solución no es evadir el problema, sino cambiar la  manera en que vemos nuestros problemas. Dios puede corregir su visión.

El Pelícano es el barco menos deseado del mundo. Desde 1986 ha sido el vagabundo de alta mar. Nadie lo quiere. Sri Lanka no lo quiere. Las Bermudas, tampoco. La República Dominicana no lo quiso recibir. Igual que Holanda, las Antillas y Honduras. El problema no es el barco. Aunque está oxidado, este carguero de 142 metros (466 pies) puede navegar perfectamente. El problema no son los propietarios, pues la licencia y los impuestos están al día. El problema no es la tripulación. Puede que se sientan rechazados, pero son eficientes. Entonces ¿cuál es el problema? ¿Por qué lo han rechazado durante años? Sri Lanka le dijo adiós. En Indonesia no lo dejaron entrar. Haití lo rechazó. ¿Por qué el Pelícano es el barco menos deseado del mundo? La razón es muy simple: está lleno de basura. Quince mil toneladas de basura. Cáscaras de naranjas. Botellas de cerveza. Periódicos. Perros calientes a medio comer. Basura. La basura de Filadelfia del largo verano de 1986, cuando los empleados municipales se pusieron en huelga. Los montones de basura eran como montañas. Georgia la rechazó y Nueva Jersey también. Nadie quería la basura de Filadelfia. Entonces el Pelícano entró en escena. Los propietarios pensaron que podrían hacer dinero rápido transportando la basura. Así que quemaron la basura y depositaron las cenizas en el fondo del barco. Pero nadie la recibía. Primero porque era demasiada. Luego por ser muy vieja[1]. ¿Quién quiere basura potencialmente tóxica? La precaria condición del Pelícano es una prueba. Los barcos llenos de basura no hacen amigos fácilmente. La precaria condición del Pelícano es también una parábola. A los corazones llenos de basura no les va mucho mejor. ¿Hay alguna relación entre tu vida y el Pelícano? ¿Nadie te quiere? ¿Vas a la deriva entre amigos y familia? Si es así, te convendría ver si tienes basura en el corazón. ¿Qué puerto quiere acoger a un corazón maloliente? Como hemos visto la vida nos vacía la basura en la cubierta. Tu marido trabaja demasiado. Tu esposa se queja demasiado. Tu jefe espera demasiado de ti. Tus hijos lloran demasiado. ¿Cuál es el resultado? Basura. Cargas y cargas de enojo. De culpa. De pesimismo. Amargura. Fanatismo. Ansiedad. Engaño. Impaciencia. Todo se va amontonando. La basura nos afecta. Contamina nuestras relaciones. Eso fue lo que le pasó a Caín. Antes de tener sangre en las manos, tuvo enojo en la mente. ¿Y Marta? Primero se entrometió con su actitud antes de ponerse a pelear con la lengua. ¿Y qué de los fariseos? Mataron a Cristo en sus corazones antes de matarlo en la cruz. Puede estar seguro de esto: Los pensamientos de hoy son las acciones de mañana. Las tribulaciones del Pelícano empezaron con la primera pala de basura. La tripulación debió haberla devuelto de entrada. La vida hubiera sido más fácil para todos los que estaban abordo si no hubieran permitido que la basura se acumulara. La vida sería mejor si hicieras lo mismo. Hay gente que no sabe que tenemos una opción. El ejemplo de Jesús se levanta como una luz en medio de la basura. Debido a su actitud   no cargó con ninguna basura en su vida sino que al contrario pudo encontrar oro en medio de la basura. Usted y yo podemos hacer lo mismo…

[1] 1 Jerry Schwartz: «Where Does One Stash That Trash Ash?» San Antonio Express News, 3 de septiembre de 2000, sec. 29A

“…Encontrando oro en la basura…”

Guillermo Rathje es un hombre muy peculiar. A él le encanta la basura. Es un  investigador graduado en la Universidad de Harvard. Su teoría es que podemos aprender mucho en los basureros del mundo. Los arqueólogos siempre han examinado la basura para estudiar una sociedad. Rathje hace lo mismo, pero elimina la espera. El Proyecto Basura, como él llama a su organización, viaja por todo el continente excavando los botaderos de basura, y documentando los hábitos de alimentación, estilos de ropa y niveles económicos. Rathje puede hallar significado en nuestra basura[1]. Su organización documentó que el hogar promedio en los Estados  Unidos desperdicia entre el diez y el quince por ciento de sus alimentos sólidos. El habitante promedio de los Estados Unidos produce media libra de basura al día, y el más grande basurero de los Estados Unidos, ubicado cerca de la ciudad de Nueva York, tiene suficiente basura para llenar el Canal de Panamá[2]. Al leer esto me hago la pregunta  ¿Cómo será la profesión de  un «basurólogo»?

 En la pared de la oficina de Rathje hay un titular enmarcado que halló en un periódico: «Oro en la basura». Este basurólogo halla un tesoro en la basura.  Interesante premisa, ¿Será posible encontrar oro en una pila de basura?

La vida muchas veces es así, hay momentos en los cuales estamos sumergidos en una pila de basura. Tráfico intenso, computadoras arruinadas, cuentas por pagar, personas que nos odian,  amigos que nos traicionan, gastos en medicina, sueldo que no alcanzan, jefes que nos fastidian la vida. Hijos desobedientes, problemas matrimoniales, constantes enfermedades, muertes repentina, etc. En fin montañas de basura. Y que de la presión social, de la presión de  lo malo es bueno y lo bueno es malo, o del movimiento homosexual, de cultura de intolerancia que trata de violentar nuestra vida, pero que se nos viene como una montaña de basura que asfixia no sólo nuestra vida sino nuestras convicciones cristianas.

¿Cómo encontramos el oro en ese oleaje de deshechos  de la vida?

Jesucristo pasó tiempos en los cuales se le venían oleajes de basura sobre su vida. Era como una especie de tsunami de deshechos sucios que trataban de hundirlo. Hubo momentos en que uno se pregunta ¿como pudo sobrevivir a semejante presión?

Uno de los momentos más fuertes en el ministerio de Jesús, es el momento del Getsemaní, en donde pareció que toda la basura que el diablo tenía disponible se la lanzó a nuestro Señor.

La noche antes de su muerte todo un basurero muy real de ayes cayó sobre Jesús. En algún punto entre la oración en el Getsemaní y la farsa del juicio se halla lo que sería la escena más lóbrega del drama de la historia humana. Aun cuando el episodio entero no podía haber durado más de cinco minutos, el evento tenía en sí tanta maldad como para llenar mil basureros. La noche más oscura en la vida de Jesús se caracterizó por una crisis tras otra. En un momento veremos lo que Jesús vio, pero primero consideremos lo que un observador hubiera presenciado en el huerto de Getsemaní. ¿Cuáles fueron las cosas que cayeron sobre Jesús esa noche.

Primero encontramos la desilusión. Esta desilusión está marcada por una oración no contestada. Jesús acababa de hacer una apelación angustiosa a Dios: «Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú» (Mateo 26:39). Esa no fue una hora de oración en calma y serena. Mateo dice que Jesús «comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera» (26:37). El Maestro «se postró sobre su rostro» (26.39), y clamó a Dios. Lucas nos dice que Jesús estaba «en agonía» y que «era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra» (Lucas 22: 44). Jamás la tierra ha ofrecido una petición más urgente. Jamás el cielo ha ofrecido un silencio más ensordecedor. La oración de Jesús quedó sin contestación. ¿Jesús y la oración no contestada en la misma frase? ¿No es una contradicción? ¿Acaso el hijo de Henry Ford no tendría su automóvil o el de Bill Gates  no tendría su computadora? Dios, el dueño del ganado de mil colinas, ¿guardaría algo de su propio Hijo? Lo hizo esa noche. Consecuentemente, Jesús tuvo que lidiar con el dilema de la desilusión; y eso fue nada más que el principio.

 Esa basura llamada  desilusión…

Para  muchas personas hay un gran abismo entre lo que esperan de su fe cristiana y lo que experimentan en realidad. A partir de una dieta continua de libros, sermones y testimonios personales en los cuales se prometen triunfos y éxitos, aprenden a esperar solo evidencias espectaculares de que Dios está obrando en su vida. Si no ven estas evidencias en la forma y con las frecuencias deseadas, se sienten desilusionados, traicionados, y a menudo culpables. La desilusión aparece cuando nuestra experiencia real acerca de algo queda muy por debajo de lo que esperábamos.

El problema de la desilusión es que puede venir disfrazada desde lo más grande hasta el detalle más pequeño. Y son esos detalles pequeños en los cuales Dios guarda silencio, los que minan nuestra fe. Pues la pregunta que uno trae a la mente ¿si Dios no me responde para que mi auto arranque cuando lo necesito que garantía tengo que me responda cuando oro por una sanidad de cáncer en otra persona? Luchas así parecen burlarse casi de los lemas triunfalistas acerca del amor y el interés personal de Dios que oigo con frecuencia en las iglesias cristianas. Nadie esta inmune a la espiral descendente de la desilusión. Esto le sucede al pastor  y a  cualquier tipo de cristiano. Es un proceso sutil, primero viene la desilusión, después una semilla de duda, y más tarde una reacción de ira o la sensación de haber sido traicionados. Entonces comenzamos a dudar de que Dios sea digno de confianza y de si en realidad podemos poner nuestra vida en sus manos. Esto es algo que nos afecta a todos. Algunas personas pierden su fe debido a una fuerte sensación de desilusión con Dios. Esperan que él actúe de una cierta forma, y Dios las hace «quedar mal” Otras quizá no pierdan la fe, pero también pasan por una cierta desilusión. Creen que Dios va a intervenir, oran pidiendo un milagro, pero sus oraciones quedan sin respuesta.

El escritor Philip Yancey establece que detrás de cada persona desilusionada con Dios hay tres preguntas dolorosas que muchos no se atreven a hacer  en voz alta. ¿Es Dios injusto? La gente  trata de seguir a Dios y a pesar de ello su vida se  destruye. No pueden  reconciliar sus sufrimientos con las promesas bíblicas de recompensas y felicidad. Además, ¿qué pensar de la gente que niega a Dios abiertamente y sin embargo prospera? Esta queja es muy antigua —tanto como Job y los Salmos— pero sigue siendo una piedra de tropiezo para la fe. ¿Está Dios callado? A diario al enfrentarnos que con las decisiones claves de la vida  le suplicamos  a Dios que nos dé una orientación clara. Y cada vez que pensamos haber  logrado conocer la voluntad divina, nos encontramos que nos lleva al fracaso. ¿Qué clase de Padre es?, se preguntan las personas. ¿Acaso disfruta  vernos  caer de bruces? Nos dicen que  Dios nos ama y tiene un plan maravilloso para nuestra  vida. Estupendo. ¿Por qué no nos dice entonces cómo es ese plan? ¿Está Dios escondido? Por encima de todo, este era el interrogante es la que obsesiona a muchos. Nos parece como un mínimo irreducible, como un umbral inferior teológico, el que Dios se demostrara a sí mismo de alguna manera: «¿Cómo podemos  mantener una relación con una Persona que no estoy seguro siquiera que existe?” Sin embargo, tal parece  que Dios se esconde de forma deliberada, aun de aquellas personas que lo buscan. Así, cuando las largas horas de vigilia de duda  no provocan respuesta alguna, sencillamente abandonamos  a Dios[3]. Por lo que podemos observar creo que Jesús se enfrentó a estas mismas preguntas. No hay nadie más calificado para hacer estas preguntas. ¿Cómo las superó? Eso es algo que veremos más adelante.

Segundo encontramos decepción. Mire lo que surgió luego: «Mientras todavía hablaba, vino Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo… Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron» (Mateo 26.47, 50). Esa desestimación se manifiesta en primer lugar  por medio del servicio infructuoso. Es decir,  Jesús tuvo que enfrentar la oración no contestada, sino que también tuvo que lidiar con el poco resultado de su esfuerzo ministerial.  Judas llegó con una chusma enfurecida. Esta turba representaba otra crisis. La misma gente que había venido a salvar ahora venía a arrestarlo.  Mateo nos dice  que vino «mucha gente» para arrestar a Jesús. Juan es incluso más específico. El término que emplea es el vocablo griego speira o «una compañía de soldados» (Juan 18.3). Por lo mínimo una speira indica un grupo de doscientos soldados. ¡Puede describir un escuadrón de hasta mil novecientos!  Así que  sería más preciso imaginarse un río de varios cientos de tropas entrando en el huerto. Añádase a esa cifra la cantidad indeterminada de mirones a quienes Mateo sencillamente llama «la multitud» y usted tiene toda una turba. De seguro que en un grupo así de numeroso habrá una persona que defenderá a Jesús. Auxilió a tantos. Todos los sermones. Todos los milagros. Ahora ellos deberían dar fruto. Así que esperamos por lo menos una persona que declare: « ¡Jesús es inocente!» Pero nadie lo hace. Ni una sola persona habló a su favor. La gente que había venido a salvar se volvió en su contra. Casi podemos olvidarnos de la multitud. Su contacto con Jesús fue demasiado breve, demasiado casual. Tal vez no sabía otra cosa mejor. Pero los discípulos si sabían. Sabían más. Le conocían a Él mejor. Pero, ¿defendieron a Jesús? Ni en sueños.

También, afecto defectuoso. La  píldora más amarga que Jesús tuvo que tragar fue la increíble traición de parte de sus discípulos. Judas no fue el único desertor. Mateo es admirablemente franco cuando confiesa: «Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron» (Mateo 26:56). Una palabra tan corta, todos está repleta de dolor. « Todos los seguidores de Jesús huyeron». Juan huyó. Mateo huyó. Simón huyó. Tomás huyó. Todos lo hicieron. No tenemos que ir muy lejos para hallar la última vez que se usó esta palabra. Observe el versículo que está unas pocas líneas antes de nuestro texto: «Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo» (Mateo 26:35). Todos juraron lealtad; y sin embargo todos huyeron. Mirándolo desde afuera, todos vemos la traición. Los discípulos le habían dejado. El  pueblo le había rechazado. Y Dios no le había oído. Nunca se echó tanta basura sobre un ser humano. Amontone en una sola pila toda la deslealtad de padres que no sostienen a sus hijos y esposas que engañan a sus cónyuges, e hijos pródigos y trabajadores faltos de honradez, y usted empezará a ver lo que Jesús tuvo que enfrentar esa noche. Desde el punto de vista humano el mundo de Jesús se derrumbó. Ninguna respuesta del cielo, ninguna ayuda de la gente, y nada de lealtad de parte de sus amigos. Jesús, hundido hasta el cuello en desperdicios.

La basura de la decepción…

La decepción aparece cuando se trunca algo que esperamos, especialmente si lo esperamos de personas en quién confiamos. Una experiencia decepcionante conduce al desánimo. El desánimo es un déficit de actividad anímica, del alma, que desemboca en debilidad y ésta paraliza la fuente de vida que Dios ha depositado en lo más hondo del ser, en el espíritu. Tenemos hoy una multitud de creyentes atrapados en el desánimo como resultado de una o varias decepciones experimentadas a lo largo de su carrera. Por otro lado encontramos estadísticas alarmantes sobre el ministerio y los pastores. Estas estadísticas compiladas por el Instituto Fuller, George Barna Research Institute y el sitio de Pastoral Care Inc. Dicen:

  • 90% dijo que el ministerio es completamente diferente de lo que pensaban que harían.
  • 70% dicen que sufren de baja auto-estima.
  • 40% señala que los conflictos con miembros de su iglesia ocurre al menos una vez al mes.
  • 85% dijo que su mayor problema es que están cansados de tratar con personas problemáticas y / o infelices, como ancianos, diáconos, líderes de alabanza, equipos de alabanza, pastores y otros líderes asistentes.
  • 40% dijo que ha pensado dejar el pastorado en los últimos tres meses.
  • 70% no tienen a alguien que ellos consideran un amigo cercano.
  • 50% cree que su ministerio no va a durar otros 5 años.
  • 70% sintieron que Dios los llamó al ministerio pastoral antes de comenzar su ministerio, pero después de tres años de ministerio, sólo el 50% todavía siente el llamado.
  • 4,000 nuevas iglesias abren todo el año y 7.000 iglesias cierran.
  • 50% de los pastores se sienten tan desalentados que quisieran dejar el ministerio, si pudieran pero no tienen otra forma de ganarse la vida.
  • 45,5% de los pastores dicen que están deprimidos o tienen un ‘desgaste’ y, si pudieran, tomarían un buen descanso médico por algún tiempo.
  • Más de 1.700 pastores dejaron el ministerio todos los meses el año pasado (EE.UU.).
  • Más de 3.500 personas al día han dejado la iglesia el año pasado (EE.UU.).

De acuerdo con un informe del Instituto de Barna, la profesión de “pastor”, es una actividad menos respetada y sólo más respetada que un “vendedor de carros usados”.

Los pastores dicen que la razón principal por la cual quieren dejar el ministerio es que los miembros de la iglesia no están dispuestos a caminar en la misma dirección y no comparten los objetivos del pastor.[4]

Jesús se dio cuenta que la gente que ministró por tres años, tampoco quería caminar en la misma dirección que él. Él sabía que era la decepción en el ministerio.

Tercero encontramos la desprotección.

Es obvio que en este momento de cerrar filas Jesús se encontró solo. Nadie por él. En este sentido de vulnerabilidad, vio como las cosas que esperaba se iban cumplir. ¿Cómo se sintió desprotegido Jesús? Primero, por la apariencia. Observe que el texto dice que Judas escogió como instrumento de traición un beso. Que forma más descarada de demostrar una traición. La apariencia de que uno es estimado, pero que en el fondo es pura diplomacia es una de las formas de sentirse muy desprotegido uno.  Segundo, por la inconsistencia. En el caso de Pedro, podemos observar que él quiere arreglar las cosas a su manera. A pesar que Jesús había insistido que la manera de arreglar las cosas sería de acuerdo a su plan y a su estilo. Por más que se le haya enseñado a la gente, uno se siente tan solitario cuando mira la inconsistencia de sus acciones.  Tercero, por la intolerancia.  Jesús se siente tratado como un ladrón. La gente no respeta ya su vida, o sus actos por lo tanto lo que quieren es apresarlo y deshacerse de él. Debido a que su presencia dañaba el sistema, la gente se vuelve intolerante y destructiva contra aquel que amenaza su estilo de vida.

La basura de la desprotección…

La desprotección lo hace a uno vulnerable. Muchos creyentes no sienten la protección ni de Dios ni de la comunidad a la  que pertenecen. Pareciera que muchos están interesados más en los programas que en las personas. Como líderes los pastores muchas veces son tan expuestos al vituperio. No sólo ellos sino también sus familias. No digamos que muchos pastores están desprotegidos financieramente, sino que también está desprotegidos emocionalmente. Jesús estaba desprotegido no sólo por las personas cercanas a él sino también por los que lo odiaban. Y de hecho por decirlo así estaba desprotegido por el mismo plan de Dios. Un plan que cada vez más lo acercaba a la cruz. Al lugar donde la basura sobraba, y al cual tenía que someterse. Excepto por Cristo, nadie hizo nada bueno. Busque en la escena una onza de valor o una brizna de carácter, y no lo hallará. Todo lo que hallará será un montón putrefacto de engaño y traición. Sin embargo en todo esto Jesús vio razón para la esperanza. En su perspectiva nosotros hallamos un ejemplo para seguir.  Si uno lee  Mateo 26.46–56  se da cuenta de que algo verdaderamente maligno está sucediendo.

Así que Jesús, está en este momento hundido hasta el cuello en desperdicios. Así es como yo describiría la escena.  Así es como un testigo la hubiera contado. Pero no fue así como Jesús la vio. Él vio algo enteramente diferente. No estaba ajeno a la basura; sencillamente no estaba limitado por ella. De alguna manera Él fue capaz de ver el potencial  en el mal, el propósito en el dolor, y la presencia de Dios en el problema. Podemos usar un poco de la visión 20–20 de Jesús, ¿verdad? Usted y yo vivimos en un mundo de basura. La basura no buscada nos sale al paso regularmente. Nosotros, también, tenemos oraciones no contestadas, sueños infructuosos y traiciones increíbles; ¿no es así? ¿No le ha tocado un saco lleno de infortunios y dolores de corazón? Por supuesto que sí. Puedo preguntarle: ¿qué va a hacer con esto?

Observemos lo que Jesús hizo. Usted tiene varias alternativas. Puede esconderlo. Puede tomar la bolsa de basura y embutirla debajo de su abrigo y metérsela debajo del vestido, y decir que no está allí. Pero usted y yo sabemos que eso no engaña a nadie. Además, tarde o temprano empezará a heder. O puede disfrazarla. Píntela de verde, póngala en el patio del frente, y dígale a todo mundo que se trata de un árbol. De nuevo, nadie se lo creerá, y pronto va a apestar. Así que, ¿qué va a hacer? Si sigue el ejemplo de Cristo, aprenderá a ver los tiempos malos en forma diferente. Recuerde: Dios le ama tal como usted es, pero rehúsa dejarlo de esa manera. Él quiere que usted tenga un corazón lleno de esperanza… como Jesús.

[1]  Jim Morrison, «Slighty Rotted Gold», American Way Magazine 1º de abril de 1992, pp. 32–35

[2] Ibíd.

[3] Yancey, Philip. Desilusión con Dios.  Ed. Zondervarn, El Paso Tx. 1990  Pág. 33

[4] http://www.noticiacristiana.com/sociedad/2012/05/70-de-los-pastores-sufren-de-baja-autoestima-demuestra-una-encuesta.html

“…Cuando el Diablo invade tu huerto…”

Alguien me contaba sobre como su padre le amenazaba acerca de no dañar el huerto que tenía en el patio de su casa. “No hagas daño en el huerto”, le decía. Puedes jugar con la pelota en el patio. Puedes correr en el callejón. Puedes construir una fortaleza en el árbol. ¿Pero el huerto? Déjalo tranquilo. Parece que el huerto era pequeño, más o menos del tamaño de un armario empotrado. Allí no se cultivaba  nada extraordinario, excepto menta, cuyas hojas usaban  remojadas en el té frío del verano. Aunque las hortalizas eran sabrosas, no necesitaban  cultivarlas. Podían comprarlas en el mercado. Entonces, ¿para qué el  papá insistía en tener un huerto? Simplemente le gustaba ver vida. Y es que un huerto es un lugar de vida, un lugar donde los retoños revientan y las plantas rompen la tierra. Un lugar de ejotes y flor de izote y plantas de tomate. Un lugar digno de amor y protección. Las flores son frágiles. Las plantas son preciosas. Por eso, se debe sacar la maleza y ahuyentar las sabandijas. Colocar una una valla. Sembrar  un cerco vivo. O incluso hacer un espantapájaros.

Y es que en verdad esa frase todavía resuena en mi mente: «Hijo, sea lo que sea que hagas, no pisotees el huerto».

La Biblia es la historia de dos huertos. El de Edén y el de Getsemaní. En el primero, Adán tuvo una caída. En el segundo, se levantó Jesús. En el primero, Dios buscó a Adán. En el segundo, Jesús buscó a Dios. En Edén, Adán se escondió de Dios. En Getsemaní, Jesús se levantó del escondite de la muerte y salió a luz. En Edén, Satanás llevó a Adán a un árbol que lo llevaría a la muerte. Desde Getsemaní, Jesús fue a uno que nos lleva a la vida. A Satanás nunca lo invitaron al huerto de Edén. No pertenecía a ese lugar. Tampoco lo querían allí. Se deslizó como una serpiente en el huerto de Dios e infectó a los hijos de Dios. Y eso es lo que ha hecho desde entonces. ¿No se ha deslizado también por unos pocos de nuestros huertos santos? ¿Cómo lo hace? ¿Cómo lo está haciendo hoy?Primero me gustaría ver tres amenazas que el enemigo usa para violentar tu huerto.

Un breve estudio revela que Satanás ha implementado un poderoso golpe. Ha reclutado la fuerza de cada grupo importante del drama en el que participan romanos, judíos y apóstoles. La Biblia nos relata estas circunstancias de la siguiente forma:  Así que Judas llegó al huerto, a la cabeza de un destacamento[a] de soldados y guardias de los jefes de los sacerdotes y de los fariseos. Llevaban antorchas, lámparas y armas” Juan 18:3 NBD

Primero está la amenaza encubierta. Dice el texto que Judas “llegó …a la cabeza…” Lo pertinente de este relato es el hecho que Judas era uno de los doce. El era una persona que participaba directamente no sólo de la comunión con Cristo sino de una intimidad especial. Muchas veces el enemigo se desliza por medio de las personas a las que estimamos, que están a nuestro lado. Son una de las mejores herramientas para dañar mi huerto. Este tipo de amenaza  es frustrante. Porque lidiamos con la adversidad dentro de nosotros mismo.  Segundo está la amenaza descubierta. Observe que se utiliza la frase : “un «grupo de soldados». La palabra en griego es speira . Esta palabra tiene tres significados posibles. Quizás se refiera a la cohorte romana de trescientos hombres. O a lo mejor se refiere a la caballería y a la infantería que entre ambas totalizan mil novecientos soldados. O tal vez describe un destacamento conocido como un manípulo, compuesto de doscientos hombres . ¡Sorprendente! Siempre tuve la impresión de que los que arrestaron a Jesús fueron un puñado de soldados. Estaba equivocado. ¡Al menos despacharon doscientos soldados para enfrentar a un carpintero solo y sus once amigos! Este tipo de amenaza  es estresante. Observe el oleaje de presión y estrés que se le vino a Jesús en ese momento. Tercero está la amenaza recubierta El texto nos habla también había presentes «algunos guardias». Eran la policía del templo. Tenían la tarea de cuidar los lugares sagrados durante los días de más actividad en el año. Sin duda eran los mejores de Israel. Muchas veces el enemigo nos invade con cosas dañinas recubiertas de religiosidad o de una apariencia benévola y de autoridad sobre todo religiosa. Este tipo de amenaza es desgastante. Estos tres elementos como son la frustración, el estrés y el desgaste pueden llevarnos a que el enemigo tome control de nuestro huerto   En segundo lugar debemos observar no sólo las amenazas, sino también los ataques

El pasaje establece que los que llegaron al Getsemaní llevaban tres tipos de cosas en sus manos. La primera es la expresión antorcha. La expresión que se utiliza es “phanos” y es la única vez que se utiliza en todo el NT.  Se refiere a una luz brillante, y que es cargada en la mano con el propósito de hacer ver la presencia de las personas. Es decir era para identificar la presencia de una persona en la noche. Esta antorcha era para Jesús una señal de que el enemigo estaba presente y acercándose a Su persona. Muchas de las armas del enemigo tienen que ver con esta estrategia, el hacernos ver que está presente, que está cerca y que es visible a nuestra debilidad  en la vida.  La segunda expresión lámpara. Y en griego es “lampas” y se refiere un instrumento más pequeño que se usaba para identificar a alguien de cerca. Este tipo de arma demuestra que se usaba para buscar y tratar de identificar algo o alguien mejor. Era como la prueba que saca a luz el objeto o la persona que se buscaba. Así que la primera arma tiene que ver con mostrarte la presencia del mal de una manera cercana en nuestra vida, y la otra es para examinar nuestra vida y tratar de sacar a la luz quiénes somos. La tercera expresión es armas En griego la expresión es “hoplon”. La palabra hoplon, de la que se creía que procedía hoplita, significa “armamento”, en general. De tal manera que el hoplita era el hombre armado. Esta arma demostraba que el enemigo venía para hacerte la guerra y dañarte. El enemigo tendrá todo tipo de armas para destruir nuestra vida.    En tercer lugar debemos de observar no solo las amenazas,  los ataques sino también   las  armas que poseemos.

Estas armas que poseemos vienen por declaraciones de fe y de autoridad que podemos ejercer en la presencia del enemigo. La primera declaración: batallamos desde la victoria y no por la victoria. El infierno debe de haber estado feliz con este ataque a Jesús. No había forma de que Jesús escapara. Satanás selló todas las salidas. Sus lugartenientes vislumbraron cada movimiento, excepto uno. Jesús no tenía intención de salir corriendo. No pretendía escapar. No había ido al huerto a esconderse. Y al que encontraron entre los árboles no fue a un cobarde; sino a un conquistador. Fíjese en el diálogo que se produce: Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: —¿A quién buscáis? —A Jesús de Nazaret—le contestaron. Dijo Jesús: —Yo soy. Judas, el que le traicionaba, estaba también allí con ellos. Cuando Jesús les dijo: «Yo soy», se echaron atrás y cayeron al suelo. Volvió a preguntarles: —¿A quién buscáis? Repitieron: —A Jesús de Nazaret. Jesús les dijo: —Ya os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad que los demás se vayan ( Juan 18:4–8 ).

Notable. Estaban parados a escasos metros de Él y no lo reconocieron. Ni siquiera Judas se dio cuenta quién estaba frente a ellos. Maravillosa verdad. Ver a Jesús es más que una cuestión de vista; es algo del corazón. El enemigo está junto a Jesús y no se da cuenta. Él se revela ante ellos: «Yo soy». Su voz da contra el primer dominó y los derriba a todos. Si el momento no hubiera sido tan solemne, habría sido jocoso. Estos son los mejores soldados al servicio del mejor plan de Satanás; pero bastó una palabra de Jesús para que cayeran todos al suelo. La guardia romana viene a ser la policía chistosa de las películas antiguas. Doscientos hombres de guerra caen en medio de un ruido de escudos, espadas y faroles. Recuerde siempre esto cuando Jesús habla, Satanás cae derribado. La segunda declaración es dirigimos desde la victoria y no de la derrota. No importa a quién haya reclutado el demonio. No importa que se haya infiltrado en el gobierno. No importa que haya seducido en el templo. No importa si ha enrolado a uno de los iniciales y selectos apóstoles. Lo mejor de Satanás se derrite como cera ante la presencia de Cristo. Jesús tiene que preguntarles de nuevo a quién andan buscando: «¿A quién buscáis?» Cuando le responden que buscan a Jesús de Nazaret, les da instrucciones, diciendo: «Si me buscáis a mí, dejad que los demás se vayan». ¿Qué te parece? ¡Jesús dándoles órdenes! ¿Mandando un judío a un romano? ¿Un renegado imponiendo a la guardia del templo? Nos volvemos hacia el comandante, en espera de una respuesta. Miramos a Judas, en espera de una réplica. Ponemos atención, en espera de que alguien haga el anuncio: «¡Tú no estás a cargo de este operativo, nazareno! Detendremos a quien nos plazca». Pero no sólo guardan silencio, sino que obedecen. Los apóstoles quedan libres. Muchos actores aparecen en el escenario de Getsemaní. Judas y su traición. Pedro y su espada. Los discípulos y su miedo. Los soldados y sus armas. Y aunque estos son importantes, no son fundamentales. El encuentro no es entre Jesús y los soldados; es entre Dios y Satanás. Satanás intenta penetrar incluso en este otro huerto, pero Dios se pone en pie y Satanás no tiene salida. La tercera declaración  es que celebramos la victoria por la presencia de Cristo y no por que ganemos la batalla.  No pase por alto el mensaje: Porque no estamos luchando contra gente de carne y hueso, sino contra malignas fuerzas espirituales del espacio, las cuales tienen mando, autoridad y dominio sobre este mundo oscuro ( Efesios 6:12 ). Precisamente para esto ha venido el Hijo de Dios: para deshacer lo hecho por el diablo ( 1 Juan 3:8 ). No pase por alto las promesas: Satanás cae ante la presencia de Cristo. Una palabra de sus labios, y el ejército más poderoso del mundo se desbarata. Satanás calla ante la proclamación de Cristo. Ni una sola vez habló el enemigo sin que mediara una invitación de Jesús. Satanás no tiene nada que decir delante de Cristo. Satanás está indefenso ante la protección de Cristo. «No he perdido ninguno de los que me diste» ( Juan 18:9 ). Cuando Jesús dice que Él te guardará seguro, es porque lo hará. El infierno tendría que pasar a través de Él para que llegara a ti. Jesús puede protegerte. Cuando Él dice que te va a llevar a casa, Él te llevará a casa.

 Unas palabras finales…

Permíteme concluir este capítulo con una pregunta importante. ¿Ha invadido Satanás el  huerto de tu vida? ¿Ha profanado una parte santa de tu mundo? ¿Tu matrimonio? ¿Tu pureza? ¿Tu honestidad? ¿Ha arrebatado alguna rosa que Dios te dio? Si es así, deja que Jesús lo recupere. En el día de hoy. Ahora. Satanás no tiene autoridad sobre ti. Si ha invadido un huerto de tu vida, invita a Jesús a que lo recupere. Abre las puertas a Dios. Él entrará y hará lo que hizo en Getsemaní. Orará y te  protegerá…

 

 

“…Solo por una ramita… II parte”

En segundo lugar la esperanza nos alienta.  Dice el pasaje “la paloma regresó”. Esta acción está llena de mucha energía y bendición divina. Los animales se mueven por instintos y condicionamientos de los mismos. Ya Noé había perdido una señal en el cuervo que envió. Este no había regresado. Esta esperanza nos alienta la insistencia. Noé primero uso un cuervo y no le dio resultado. Luego usó una paloma. En tres ocasiones con diferentes períodos de tiempo siguió insistiendo. Si hay una cosa que afecta la perseverancia es la falta de esperanza y por consecuencia el desaliento. Noé insistió y al final tuvo éxito. Esta esperanza también alienta inteligencia. Estos dos animales tienen un gran significado y características importantes. El cuervo tiene 2 características importantes: es omnívoro y oportunista. Que sea omnívoro implica que consume todo tipo de alimento, entre lo cual se incluye la carroña. Que sea oportunista implica priorizar el interés propio. Así que el cuervo es carroñero. Por otro lado, la paloma come semillas y frutos, ambos sexos alimentan a sus crías, tienen un gran sentido de la orientación, y es una de las aves que más rápido vuela. Sin duda alguna existen marcadas diferencias entre ambas aves. Seguramente, cuando el cuervo salía del arca, aprovechaba la oportunidad para comer restos de humanos y de otros animales ahogados antes de volver; por otro lado, la paloma salía y regresaba cumpliendo únicamente con su objetivo y recibía alimento dentro del arca. Noé se da cuenta que el cuervo fue una mala idea para buscar la esperanza de Dios. E inmediatamente corrigió y busco otro método. Fue lo suficientemente inteligente para evaluar, corregir y cambiar la estrategia. Esta esperanza también alienta experiencia. Observe que el texto en el vrs. 11 dice “entendió Noé”. La palabra hebrea para “entender” es importante aquí. Habla de sabiduría y entender por medio de la experiencia. Recuerde que Noé todavía ve agua por todos lados, sin embargo las señales de la experiencia por el uso de la paloma comienza a generar crecimiento y madurez. Así que decide continuar con su método y espera unos siete días más y envía nuevamente a la paloma y que ¿ocurre? Ella ya no regresa. Esa fue la señal de que todo había terminado y que Noé podía salir del arca.

Habrán momentos en que la búsqueda de la esperanza cometeremos errores,  y usaremos “cuervos” para determinar lo que Dios está haciendo, eso nos llevará a una pérdida de lo que invertimos y más desesperanza. Sin embargo es allí que capitalizamos la experiencia. Que seamos lo suficientemente inteligentes y sabios para cambiar de métodos y esperar que Dios honre lo que usamos para buscar su voluntad.

En tercer lugar esa esperanza nos apacienta.  Dice el texto “trayendo una ramita en su pico”.  Después de la experiencia del cuervo, fue confortante que la paloma regresara. Ya solamente eso daba esperanza. Por lo menos no perdía su inversión. Sin embargo es valioso entender que ahora ya se empieza a ver aunque sea un pequeño fruto y una tenue luz de esperanza en el horizonte. Observe como apacentó Dios a Noé. Lo hizo por medios naturalesEs una pequeña ave, frágil sin ninguna fuerza más que su sentido de orientación. Dios muchas veces se mueve en esos pequeños detalles, que a veces los pasamos desapercibidos. Y es que las grandes cosas de Dios vienen en los pequeños actos que muchas veces no vemos porque carecen de grandeza. Lo hace por medios sobrenaturales Es muy importante observar que la paloma no sólo regresa sino que trae una ramita. ¿Qué le hizo cortar una rama y traerla? ¿Sus instintos? Lo dudo mucho. Creo que la soberanía de Dios comandó esta pequeña ave para ser instrumento de paz y señal a la vida de Noé.

Lo hace por medios pastorales. Dios es el buen pastor. El quiere reafirmar a Noé en su dignidad y en su angustia y ansiedad. Así que Dios hace cosas extraordinarias y encubiertas. Dios controla y gobierna aún los pequeños seres. Si el controlaba,cuidaba la vida de esa paloma  ¿no cuidaba de Noé? Ese era el mensaje.  El era el gran pastor que cuidaba de él y toda el arca. ¿Si cuidaba a uno no cuidaría a todos?

En cuarto lugar nos sustenta.   “una ramita de olivo” ¿Porque de olivo? No habrían otros tipos de árboles.Es obvio que el olivo en este contexto de Noé todavía no había sido mostrado como un símbolo de espiritualidad. Así que en este contexto no se puede aplicar como símbolo espiritual, porque eso era desconocido para Noé. Sin embargo si podemos entender que el olivo sí le daba un mensaje de gran bendición y del cuidado sustentador de Dios.

La primera señal de sustentación tenía que ver con la capacidad  del árbol. Estaba leyendo que el increíble (árbol de) olivo puede alcanzar la edad de 2.000 años, reverdecer después de haber ardido y producir aceite para cocinar, para alumbrar e incluso para ungir a reyes. Los olivos pueden resistir con facilidad a las sequías, enfermedades, e incluso al fuego – sus raíces regeneran los árboles, incluso si el terreno ha quedado destruido. Por lo tanto, pueden vivir muchos años y, cuanto más envejecen, tanto más interesantes y pintorescos se vuelven. Segundo tiene que ver con la cualidad del árbol . Las aceitunas – frutos pequeños, amargos después de su recolección, sabrosos y saludables después de ser tratados; sus hojas de color verde oscuro que revelan un brillo plateado cuando reciben la luz del sol; un estupendo y entramado tronco que surge de sus típicas y fuertes raíces que se sujetan a un suelo liviano, pobre.

La tercera tiene que ver con la calidad del árbol .La aceituna es sabrosa y saludable, aparte del el aceite que produce – conocido desde hace siglos por su valor nutricional y curativo, así como por su importante rol en la unción de reyes y sumos sacerdotesY, lo más significativo de todo – las hojas de olivo, que son el símbolo de la paz. Después del diluvio, la paloma le trajo a Noé una hoja de olivo como prueba que las aguas habían descendido y la paz había sido restablecida. Desde ese entonces, las ramas de olivo simbolizan la esperanza de la paz, la esperanza que la paz reemplace todo el mal y la destrucción que hay en el mundo, la esperanza que vivamos en un lugar seguro y tranquilo. Estas tres señales brindaban a Noé que la tierra que se levantaría después del diluvio sería rica, fuerte y estable como el olivo.

¿Acaso no nos encantan las hojas de olivo de la vida?  «Parece que el cáncer está en remisión».  «Puedo echarte una mano con tus problemas económicos».  «Pasaremos por esto juntos».  Y todavía más, ¿no es cierto que nos gustan mucho las palomas que las traen? Cuando el padre alienta al hijo la primera vez que le rompen el corazón, le da una hoja de olivo. Cuando la esposa de muchos años consuela a la esposa recién casada diciéndole que los conflictos son normales y que todos los maridos son caprichosos, y que esas tormentas ya pasarán, ¿sabes lo que está haciendo? Le está dando una hoja de olivo.

Nos encantan las hojas de olivo. Y nos encantan la gente que las traen.

¿Hay esperanza todavía para mí? A todos los Noés del mundo, a todos los que buscan en el horizonte un poquito de esperanza, Él proclama: «¡Sí!» Y viene. Viene en forma de paloma. Viene trayendo frutos de una tierra lejana, de nuestro futuro hogar. Viene con una ramita de esperanza.

¿Has recibido la tuya? No pienses que tu arca está demasiado aislada. No creas que tu inundación es demasiado grande. ¿Qué crees que hizo Noé con la suya? ¿Qué crees que hizo con la ramita? ¿Tirarla por la borda y olvidarse de ella? ¿Crees que se la metió en el bolsillo y la guardó para un álbum de recuerdos? ¿O piensas que lanzó un grito de júbilo, reunió a toda la tropa y se la fueron pasando de uno en uno como el Diamante Esperanza que era? ¡Claro que gritó! Eso es lo que haces si tienes esperanza. ¿Qué haces con las hojas de olivo? Se las pasas a otros. No las guardas en el bolsillo. Se las das a los seres amados. Tu Biblia es un cesto lleno de hojas. ¿Por qué no compartes una? Son de gran impacto. Después de recibir la suya, Noé fue otro hombre. «Y entendió Noé que las aguas se habían retirado de sobre la tierra»s (Génesis  8.11). Subió la escalerilla lleno de dudas y bajó lleno de confianza.  ¡Qué gran diferencia! Y todo por una hoja


 

“…Solo por una ramita…”

El libro de Dios dice lo siguiente: “…Caía la noche cuando la paloma regresó, trayendo en su pico una ramita de olivo recién cortada…” Génesis 8:11 (NBD)

Hay etapas en la vida en que al igual que Noé lo único que ves es agua. Como que es tu tema principal, es lo que te rodea, lo que respiras y por sobre todo lo que te inmoviliza. Ya no quieres ver agua pero simplemente no te puedes deshacer de ella. Sobre todo cuando caes en la cuenta que esa agua está allí porque Dios lo ha ordenado y sólo desaparecerá al mandato de su soberana voluntad. Tu barco está rodeado de agua. Agua. Agua al norte. Agua al sur. Agua al este. Agua al oeste. Agua. Incluso ya  ni  te acuerdas  cuando viste  otra cosa. Al igual que Noé por semanas te estarás preguntando: ¿Cuánto tiempo va a durar esto? Y es que llovió por cuarenta días. Estás flotando durante varios meses. Comes la misma comida, hueles  los mismos olores, y miras las mismas caras durante varios meses. Y Llega un momento en que ya no sabes  de qué hablar. Al final tu barco se detiene, pero sigues viendo la tierra  llena de agua.  ¿Qué haces? ¿Cómo reaccionas? Es obvio que hasta el más fuerte y devoto pierde la esperanza. ¿Pero como te la devuelve Dios? ¿Cómo vuelves a creer?

Bueno tratas de adivinar que está pensando Dios. Así que Noé envió un cuervo en una misión de exploración, y nunca regresó. Envió una paloma. Regresó temblorosa y agotada, sin haber encontrado ningún lugar para posarse y dormir. Esto como que agrega un poco más de ansiedad a tu inquietud y estado de ánimo. ¿o no? Entonces, justo esa mañana, Noé volvió a intentarlo. Sacó una paloma de las entrañas del arca y subió por la escalerilla.  Al besar el pecho del ave, sintió cómo le latía el corazón. Si se hubiera puesto una mano sobre su propio pecho habría sentido lo mismo. Despidió a la paloma con una oración, y estuvo mirándola hasta que apenas parecía un puntito en el cielo.  Allí va tu anhelo , en las alas de una pequeña ave.

Si uno continúa leyendo la narración el texto señala que Noé se pasó el día esperando el regreso de la paloma. Entre una tarea y otra, abría la escotilla y buscaba. El viento le movió el pelo, ya lleno de canas. El sol le calentó la cara, que mostraba las huellas de la edad. Pero nada logró alentarle el corazón apesadumbrado. No vio nada en todo el día. Ni por la mañana. Ni después de comer. Ni por la tarde.  Ahora el sol se está poniendo, el cielo se está oscureciendo, y subió a mirar por última vez, pero todo lo que ve es agua. Agua. Agua al norte. Agua al sur. Agua al este.

!Qué frustración! No omito pensar que todos sabemos lo que es es esto. Hemos  estado parados en el mismo lugar que Noé. Hemos conocido un montón de inundaciones. Inundado de dolor en el cementerio, estrés en la oficina, enojo por alguna incapacidad física en tu cuerpo o por la incompetencia de nuestra familia . Hemos visto crecer las aguas, y probablemente también hemos  visto ponerse el sol sobre nuestras  esperanzas… En pocas palabras  hemos estado en el arca de Noé. Y hemos  necesitado lo mismo que necesitó Noé: un poco de esperanza. No pedimos que nos rescate un helicóptero, pero sería muy agradable oír uno. La esperanza no promete una solución instantánea, sino la posibilidad de que exista alguna. A veces lo único que necesitamos es un poco de esperanza. Eso era todo lo que Noé necesitaba. Y eso fue lo que recibió. ¿Que hace Dios para darte esperanza? Se esmera en las pequeñas cosas con grandes promesas. Te regala una hoja de olivo. Así es como lo escuchas…una hoja de olivo. Y es que para Noé hubiera sido suficiente alegría recibir a la paloma, pero ¡la hoja! Esta hoja era algo más que vegetación. Era una promesa. La paloma traía algo más que un trocito de un árbol; traía esperanza. ¿No es eso la esperanza al fin y al cabo? La esperanza es una hoja de olivo; evidencia de tierra seca después de una inundación. Es una prueba para el que sigue a Dios de que vale la pena arriesgarse a seguirlo. ¿que enseñanza podemos extraer de este pasaje, que nos motive a tener esperanza? Escuche una vez más lo que dice el texto: “Caía la noche cuando la paloma regresó, trayendo en su pico una ramita de olivo recién cortada…” Génesis 8:11 (NBD)

La esperanza de Dios nos alimenta (caía la noche); también nos alienta (la paloma regresó) por otro lado nos  apacienta  (trayendo en su pico una ramita) y finalmente nos sustenta  (de olivo recién cortado)

Veamos cada uno de estos principios detrás de la ramita de olivo, el símbolo de la esperanza de Dios para los que vemos nada más que agua.

En primer lugar la esperanza de Dios nos alimenta. La porción del texto nos dice que “caía la noche”. Esa esperanza alimenta  corazones desesperados. Es decir hemos perdido ya la fe. Me imagino que a estas alturas del día, Noé ya habría perdido la esperanza de que la paloma regresara. También esa esperanza nos alimenta en pensamientos inesperados. La “noche”  ha tomado ya el control, es el momento en donde estamos más cansados, donde no podemos ver bien y simplemente lo que queda es dormir. El pensamiento es ya no luchar, sino ceder a la pasividad. Son momentos en que pensamos que hemos perdido ya el día y la noche es lo único  que nos queda, la última etapa del día en que pensamos simplemente rendirnos al sueño. Esa esperanza también alimenta ojos desenfocados.  Es obvio que uno puede ver mejor en el día que en la noche. Noé tuvo que afinar su visión, enfocarse en la paloma que había enviado, a pesar de que la noche podía ocultar su presencia, Noé supo verla en medio de su oscuridad.

Así que la esperanza de Dios alimenta a todo aquel que tiene un corazón desesperado, pensamientos inesperados y ojos desenfocados. Dios quiere que entendamos que a pesar de que la noche ha caído y estamos rodeados de agua, en los pequeños detalles el nos envía un mensaje de esperanza.