Serie Oración Intercesora: Los resultados de la oración intercesora

Hemos estado mirando a lo que hombres y mujeres del Antiguo Testamento nos han enseñado acerca de la oración de intercesión. Comenzamos con la historia de Adán y Eva en el Jardín del Edén. Allí aprendimos que en el principio la oración era una simple conversación con Dios, una íntima, honesta, forma informal de serle sinceros a él. Pero el secreto de la oración es que comienza con Dios; él la comienza. Adán y Eva simplemente la llevaron en una manera abierta e informal. Después aprendimos de la vida de Abraham que la oración proviene legítimamente del carácter y promesas de Dios. La oración no es magia; no es una simple forma de usar a Dios para obtener lo que uno quiere. Oración si es basada en lo que Dios ha dicho y lo que él ha prometido; y oración es clamando a esa promesa. Eso es lo que Abraham nos enseñó en su gran oración por Sodoma y Gomorra. En la vida de Jacob aprendimos que la oración requiere que tengamos conciencia de nuestras limitaciones humanas. Dios llevó a Jacob a lo más profundo hasta que no pudo hacer nada sino agarrarse de él: entonces él contestó su oración. Por lo tanto la oración depende de el suplemento de Dios en la actividad, o en muchos casos, ponerlo todo aparte y hacerlo todo él mismo. Después aprendimos de Moisés que la oración es la confianza en los recursos de Dios y no en nosotros. Aprendimos que aún en tiempos cuando estamos bajo presión y acosados por las demandas que nos imponen, y se las traemos a Dios, él convierte a debiluchos en guerrilleros, los miedosos en hombres y mujeres de fe.  Nuestro último estudio de Jabes nos enseñó que la oración es para los problemas ordinarios diarios de nuestra vida. Ofrece esperanza al desesperado y una vía de escape para aquellos que han sido engañados, privados de sus necesidades básicas y cargados por sus circunstancias. Ahora, en esta ocasión  en primera de Samuel venimos a una mujer la cuál su oración fué usada por Dios para traer al primer–y en cierta forma a el profeta más grande de Israel, un hombre que se convertiría en el guía espiritual y mentor de los primeros dos gran reyes de Israel. Desde luego me refiero a la oración de Anna, la madre de Samuel, encontrado en primera de Samuel 1 y 2. Se nos dice que la historia es presentada a nosotros en cuatro movimientos simples por la cual está centralizada: primero, el dolor de Anna, después su oración, después su paz, y finalmente su exaltación.

  • I.                    El desafío de la oración intercesora: ruptura con la esterilidad


Veamos primero al problema de Anna y el dolor que le causó. Leyendo en el primer capítulo de Samuel: Hubo un varón de Ramathaim de Sophim, del monte de Ephraim, que se llamaba Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Thohu, hijo de Suph, Ephrateo. Y tenía él dos mujeres; el nombre de la una era Anna, y el nombre de la otra Peninna. Y Peninna tenía hijos, mas Anna no los tenía. Y subía aquel varón todos los años de su ciudad, a adorar y sacrificar á Jehová de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Eli, Ophni y Phinees, sacerdotes de Jehová. Y cuando venía el día, Elcana sacrificaba, y daba a Peninna su mujer, y a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno su parte. Más a Anna daba una parte escogida; porque amaba a Anna, aunque Jehová había cerrado su matriz. (1 Sam 1:1-5)

Ahí estaba el problema de Anna: ella era una mujer estéril que deseaba tener un bebé. Todas las mujeres de esta congregación entienden lo que ella sintió. Aún las jóvenes solteras sienten en ellas el atractivo del misterio de la capacidad de ser madre. He visto este deseo aumentar muy fuerte en mujeres que han alcanzado al punto de que han deseado un bebé más que cualquier otra cosa en la tierra. Ahora Anna era casada, y naturalmente esperaba que pronto sintiera las señales de embarazo, pero pasaron los meses y los años y su vientre permaneció estéril. Ella sintió el dolor en sus brazos y en su corazón al desear tener un hijo. Para ser peor, naturalmente era que la otra esposa, Penina parecía tener un bebé cada vez que se daba vuelta. Al tanto llegaban la época así venía un hijo nuevo a la familia, para que el hogar fuese lleno de niños, pero ninguno era de Anna. El dolor de su corazón se hacía más profundo según pasaba el tiempo. La llave final de su agonía era de hecho que Penina no se podía quedar callada en relación a su fertilidad. Ella encontraba mil y una maneras de recordarle a Anna de su infertilidad. Ella se mofaba de ella y se burlaba de ella por eso, y cada palabra hería profundamente al espíritu de Anna. Ella se dolía de su vida de infertilidad y de la mofa que le decía su rival. Como punto aparte, quisiera señalar que esta agonía, la mofa y la burla es parte del precio pagado porque es un desvío de la intención original de Dios del matrimonio de un hombre y una mujer. ¡Alguien ha dicho bien que la consecuencia de la bigamia es la de dos suegras! La presencia de dos mujeres en la casa, con certeza va a traer conflicto; esto es siempre un hecho probado cuando la intención original de Dios es ignorada. Aunque la Biblia registra el polígamo de algunos patriarcas, no obstante, es nunca endosado. Aquí hay una ocasión, por lo tanto que se ve el precio que algunas veces tiene que ser pagado porque el hombre inconscientemente se deja llevar por las costumbres de la gente a su alrededor. Este hombre Elcana, tomó dos esposas en vez de una, por la cual Dios había ordenado. Pero lo más dificultoso que Anna enfrentó es esta palabra registrada dos veces en este recuento para nosotros, y es, porque Dios cerró su vientre. Dos veces se nos dice que su problema viene de Dios. Ahora esto es un reconocimiento claro de una de las lecciones más fuertes que tenemos que aprender en la vida–la lección de que incapacidades al nacer, cualquiera que fuere, y aún las limitaciones corrientes de nuestra vida, dificultosa como fueren y no importa lo mucho que luchemos en su contra, son dadas a nosotros por el Señor mismo. Es Dios quién está detrás de las circunstancias de nuestras vidas. No nos gusta creer eso. Preferimos creer que todo viene de él enemigo, pero el libro de Job nos recuerda que el enemigo no nos puede hacer nada a menos que el Señor se lo permita hacerlo. Fue Dios quién escogió a esta mujer para ser estéril. Ahora fue Dios quién la creó mujer. Él le dio la capacidad para hacer las funciones de madre. El puso dentro de ella el deseo de tener un bebé, el deseos de año tras año de poder tener la capacidad como mujer de ser madre, pero como este recuento nos dice claramente, fué Dios también quién previno que ella tuviera un bebé.

Ahora eso puede ser extraño para nosotros y difícil de reconciliar, pero hay otros recuentos en las Escrituras que lo confirman. Pienso en la historia de el capítulo nueve de Juan, donde Jesús y los discípulos vinieron a un hombre que nació ciego–viniendo de su madre como un bebé pequeñito, sus ojos estaban ya cerrados. Cuando Jesús y los discípulos lo encontraron el era un hombre desarrollado ya, sentado al lado del camino, mendingando. Los discípulos le preguntaron a Jesús, “¿Quién pecó, este hombre o sus padres, porque nació ciego?” (Juan 9:2). La pregunta, de hecho, refleja un malentendido común en la vida que mucha gente comparte aun hoy día, de que todos los problemas en la vida son causados por nuestros pecados, y que si algo no marcha bien es porque estamos siendo castigados. Pero este recuento de Anna, y muchos otros en las Escrituras indican que ese no es el caso. Ciertamente no era el caso de el hombre ciego, ya que Jesús le contestó a los discípulos, “Ni este hombre pecó, ni sus padres,” sino, como es expuesto en la Nueva Versión Internacional, “esto sucedió para que la obra de Dios se manifestará en su vida,” (Juan 9:3). Habiendo dicho esas palabras, nuestro Señor lo tocó y abrió sus ojos. Lo que Jesús quiso decir fue que Dios había creado una condición para que cuando él la librara, nuevos entendimientos surgirían por causa de su nombre; la gente entendería más de la misericordia, la gracia y el poder de Dios de lo que ellos pudieran haber captado de otra manera. En este recuento se nos da una clave del porque este tipo de incidentes ocurren en nuestras vidas. Dios no nos da estas circunstancias para atormentarnos, o para llevarnos a la amargura o resentimiento. A menudo lo convertimos en eso, pero esa no es la razón por el cual son dadas. Nuestro Dios no es esa clase de Dios. Él nos los da para que se lo traigamos a él y nos guíe a la solución que nunca hubiésemos encontrado, una contestación mayor de la que podríamos haber soñado.

He pensado mucho recientemente acerca de esa gran película e historia de la vida de Joni, la niña que fue paralizada en un accidente. Como de una manera hermosa confirma lo que estamos diciendo aquí. Cuando ella fue de pronto paralizada en sus años de juventud, ella primero lo tomó con gran resentimiento y espíritu de amargura, pero al ir tratando de enfrentar su problema y aceptándolo como una condición que Dios le había dado, Dios le abrió una puerta en el ministerio y un testimonio por el cuál ha sido difícil de comparar como un vehículo de comunicación con otros que tienen una condición similar a la de ella, paralizada y viviendo en una silla de ruedas. A ella se le ha sido dada una puerta ancha de ministerio que le llena como nada haya podido hacerlo. Eso es lo que la historia de Anna nos está diciendo. Dios le dio un problema para que ella pudiera traérselo a él para encontrar la solución que él tenía ya en mente.

Anuncios

Serie Oración Intercesora: La debilidad del intercesor II parte

La debilidad del intercesor

III.                    La tercera debilidad: La imposibilidad de Moisés

Moisés en su oración se ve envuelto en un estado de imposibilidad. El prefiere morirse antes de poder llevar la carga. Dios le ofrece tres soluciones para salir de esa imposibilidad. Bien, Dios le contestó, y es maravilloso ver su gracia y profundidad en la respuesta. Él primero le contesta librándolo de la presión de Moisés, dividiendo la labor. Verso 16:

A.     Le dio ayuda en las personas

Entonces Jehová dijo á Moisés: Júntame setenta varones de los ancianos de Israel, que tu sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y tráelos á la puerta del tabernáculo del testimonio, y esperen allí contigo. Y yo descenderé y hablaré allí contigo; y tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo. (Números 11:16-17) Es maravilloso que Dios escogió en ambos el Antiguo y Nuevo Testamentos al usar ancianos como solución al problema de un ministerio sobrecargado. Encontramos lo mismo en el libro de Hechos. Cuando los apóstoles fueron asignados con la tarea de guiar una iglesia que en rápido crecimiento, que crecía a pasos agigantados–dos mil en un día, tres mil en otro, cinco mil poco después–la solución de el Espíritu fué la de asignar ancianos para dividir la carga entre ellos. A través del Nuevo Testamento encontramos que la forma en que Dios asignó responsabilidades fué el de tomar hombres dignos de confianza, hombres de respeto y honor, y poner el espíritu de liderazgo en ellos y dejar que se distribuyera la carga, descubriendo la mente de Dios para la gente. Siempre me impresiona el hecho de que Dios escogió hacerlo de esta manera y que él entiende la presión que puede venir en un solo individuo que está a cargo de muchas responsabilidades.

Yo creo que este es uno de los conceptos mas malentendidos de la iglesia hoy día. Encuentro que la mayoría de las iglesias no piensan de los ancianos como los vemos aquí funcionando y en el Nuevo Testamento. La mayoría de las iglesias piensan de los ancianos como miembros ejecutivos de la junta que están simplemente encargados de tomar decisiones–la gente viene a ellos con problemas y los ancianos deciden que hacer de acuerdo a lo que ellos crean mejor, igual que haría una junta corporativa de ejecutivos. Pero los ancianos en la Biblia eran hombres que entendía a la gente y entendía sus problemas. Ellos se relacionaban con la gente y se envolvían con ellos, les ministraban a ellos, y traían el conocimiento íntimo de ese envolvimiento con personas y problemas al grupo en general, así que juntos, los ancianos podían buscar la mente de Dios para saber cual debía ser la decisión. Y la decisión venía de Dios, no de los hombres. Ese es el trabajo del anciano, y eso es lo que Dios propone hacer aquí con Moisés.

Es interesante ver dos de las funciones de los ancianos, ya que se nos dice un poco más tarde, en el verso 26: Y habían quedado en el campo dos varones, llamado el uno Eldad y el otro Medad, sobre los cuales también reposó el espíritu: estaban estos entre los escritos, mas no habían salido al tabernáculo; y profetizaron en el campo. Y corrió un mozo, y dio aviso á Moisés, y dijo: Eldad y Medad profetizan en el campo. (Números 11:26-27) Este joven está alarmado por esto. El cree que Moisés se va a poner enojado de que cualquiera tendría el atrevimiento de profetizar. Entonces respondió Josué hijo de Nun, ministro de Moisés, uno de sus mancebos, y dijo: Señor mío Moisés, impídelos. (Números 11:28) “No podemos dejar que esto suceda. Tenemos que mantener la jerarquía aquí.” Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? más ojalá que todo el pueblo de Jehová fuesen profetas, que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos. (Números 11:29) ¡Que respuesta gentil, y que claro Moisés entendió el proceso de Dios! En el Nuevo Testamento esto viene a dejarse ver por completo en la iglesia cuando aprendemos que todo el pueblo de Dios está equipado con los dones del Espíritu, ya que el Espíritu está sobre toda la congregación. Se espera de todos nosotros el ministrar de acuerdo al regalo que Dios nos ha dado. Este incidente en el desierto es una anticipación de esto, cuando Dios comenzó a enseñar cual era su método prescrito para ministrar. ¡Qué lección es esta para nosotros! Como le habrá ayudado a Moisés a saber de que él podía compartir la responsabilidad y la carga con hombres de fé similar que también tenían regalos del Espíritu y que estaban llenos del Espíritu para que así pudieran funcionar en esta manera.

B.      Le ayudó con provisión para las personas

Esa fue la división de la labor, pero ahora Dios continúa contestándole la oración a Moisés con una provisión milagrosa de abastecimiento. Miren al verso 18: Empero dirás al pueblo: Santificaos para mañana, y comeréis carne: pues que habéis llorado en oídos de Jehová, diciendo: ¡Quién nos diera á comer carne! ¡Cierto mejor nos iba en Egipto! Jehová, pues, os dará carne, y comeréis. No comeréis un día, ni dos días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días; Sino hasta un mes de tiempo, hasta que os salga por las narices, y os sea en aborrecimiento: por cuanto menospreciasteis á Jehová que está en medio de vosotros, y llorasteis delante de él, diciendo: ¿Para qué salimos acá de Egipto? (Números 11:18-20) ¡Qué clase de comentario en espíritu de criticar y dar quejas! Todo esto termina siendo un insulto a la presencia y poder de Dios, ¿no es así? Cuando nos quejamos de lo que Dios nos ha traído y las condiciones que el ha puesto en nosotros, hacemos exactamente lo mismo que hicieron los que murmuraron en el pueblo de Israel. Eso despierta el coraje de Dios de que seamos tan desagradecidos, ignorantes de quién es él, incrédulos de que él está en medio nuestro y que puede solucionar los problemas. Seguramente que podemos al menos darle una oportunidad a él para que demuestre su sabiduría, y su poder entre nosotros. Leemos después como Dios hizo esta provisión milagrosa. Verso 31: Y salió un viento de Jehová, y trajo codornices de la mar, y dejólas sobre el real, un día de camino de la una parte, y un día de camino de la otra, en derredor del campo, y casi dos codos sobre la haz de la tierra. (Números 11:31). Esto no quiere decir que las codornices se amontonaron a esa altitud. Lo que quiere decir es que volaron a ese nivel, dos cúbicos (alrededor de tres o cuatro pies) por encima de la tierra, para que los israelitas pudieran ir con garrotes y los golpearan al suelo y así tomar la carne que estaban hambrientos de comer. Y eso hicieron. Se nos dice: Entonces el pueblo estuvo levantado todo aquel día, y toda la noche, y todo el día siguiente, y recogiéronse codornices: el que menos, recogió diez montones; y las tendieron para sí á lo largo en derredor del campo. (Números 11:32) Ellos comenzaron a comerlos, y como Dios dijo, tuvieron tanto de comer codornices que empezaron a disgustarse de ellos. Ahora entiendo que es imposible comer codornices por más de algunos días porque la carne de codorniz es muy rica. Después de algunas comidas de codornices no puedes ver ninguna más, pero esta gente comió hasta que se le salieron por las narices, Dios de verdad que le suplió su necesidad. Uno de los grandes principios que se ven a través de las Escrituras es que Dios con frecuencia enseña a su pueblo. ¿Ha realizado usted que peligroso puede ser, a veces, tener sus peticiones contestadas? Dios puede darle lo que usted pida como lo hizo con esta gente, pero no durará mucho tiempo antes de que usted no querrá lo que él le ha dado. Hace algunos años que un joven de escuela superior  dijo, “Hace algunas semanas conocí a la muchacha más hermosa. Oré al Señor, Si tú me dejaras conocer a esta muchacha, y poder conocerla más, y salir con ella, yo sería la persona más contenta de la tierra., Bien, Dios contestó mi oración. La conocí y comencé a salir con ella, pero ahora estoy orando, ¡Señor, si pudieras ayudarme a salir de esta joven, yo sería la persona más feliz de la tierra!,” Eso es lo que sucede a veces. Esa es la forma en que Dios nos enseña cómo y por qué orar. De su ingratitud, y su falta de entendimiento, y falta de confianza, esta gente aquí en el desierto oró un tipo de oración errónea pero Dios la contestó para que aprendieran de esa experiencia. Esto es reflejado a menudo en nuestra experiencia en el presente.

C.      Le ayudo con la autoridad sobre las personas

Ahora, no fue tan solo la división de la labor, y la provisión de abastecimiento, pero también hubo un juicio discriminado que Dios hizo, en el verso 33 se nos dice: Aun estaba la carne entre los dientes de ellos, antes que fuese mascada, cuando el furor de Jehová se encendió en el pueblo, é hirió Jehová al pueblo con una muy grande plaga. (Números 11:33) Se piensa que la carne se dañó sin que los israelitas lo supieran. Algún tipo de botulismo, quizás es la razón por la cual esta plaga se manifestó entre ellos. Se nos dice: Y llamó el nombre de aquel lugar Kibroth-hattaavah [que quiere decir “las sepulturas de las codicias], por cuanto allí sepultaron al pueblo codicioso. (Números 11:34) Ahora noten algo, no todos murieron, o todo el que murmuró y se quejó murió. Dios solamente identificó a los autores de este descontento, ya que antes en el verso 4 se nos dice, “el canalla que estaba entre ellos tenía una gran codicia”, y aquí al terminar el pasaje leemos, “cuanto allí sepultaron al pueblo codicioso.” Así que Dios castigó a los instigadores que había entre ellos y contestó la oración de Moisés. Dios libró a Moisés del terrible sentir de la carga, enseñó una gran lección de la queja y su capacidad para suplir a la gente, y al mismo tiempo, juzgó a aquellos que causaron los problemas en el campamento.

Lo notable de esto es que aún la petición de Moisés, siendo de una manera quejosa y reprochable fue sin embargo contestada. Es la oración más pobre que jamás haya orado, es una de las oraciones más débiles de la Biblia, lejos de ser una oración modelo, pero cualquiera que fuese, esta oración fue un atento de recibir recursos divinos. Reconoció la propia insuficiencia de Moisés, y hacía conciencia de los recursos increíbles de Dios, su sabiduría, y la posibilidad de resolver este problema; por lo tanto Dios lo honró y le contestó. Eso es la oración, una confianza no en nosotros, pero en Dios, que trae más adelante grandes posibilidades.

La diferencia clara entre Moisés el hombre y Moisés el motivador de los eventos mundiales fue la diferencia en el poder de la oración, porque fue la confianza que Moisés tuvo de que Dios iba a hacer y resolver a través de él hizo posible lo que él alcanzó. En el Nuevo Testamento vemos la figura asombrosa de Moisés y lo que fue en la historia. Él enseñó al pueblo de Israel a entender algo más de la grandeza de su Dios que ellos nunca habían tenido. Él reveló a Dios como el Soberano de toda la historia, el Creador de los cielos y la tierra, Señor de Señores, Rey de Reyes, el Suplidor de su pueblo, el Entendedor de las necesidades de la gente. A través de todo este recuento tenemos un retrato maravilloso de como Dios poderosamente usó a este instrumento humano para enseñar a la gente de su grandeza y poder.

En el capítulo once de Hebreos se dice de Moisés “él soportó el verle a él quién es invisible.”(Hebreos 11:27). Eso es lo que la oración hace. Oración es la actualización de nuestra conciencia de que Dios está allí. No podemos verle, pero él está con nosotros en los eventos de nuestras vidas, las ocurrencias diarias y comunes de nuestra existencia. Eso es de lo que trata la oración. Ha sido para mí un privilegio en mi vida de haber conocido algunos de los gigantes espirituales de nuestro día. He tenido el privilegio de acercarme a algunos de estos hombres, aún vivir con algunos, y he encontrado invariablemente el mismo patrón–hombres que eran insignificantes en sus alcances personales pero que habían alcanzado grandes logros espirituales por el poder de Dios a través de su actualización en la oración. Siempre he encontrado hombres ordinarios que sin embargo tenían un Dios extraordinario. Eso es lo que trata la oración, ¿no es así? Es ahí donde también estamos nosotros. No somos peores que Moisés, ni mejores tampoco. Muchos de nosotros se sienten muy de cerca a lo que él hizo: “¿Cómo puedo hacer estas cosas que me estás pidiendo?”  “¿Cómo puedo vivir esta situación?” “¿Cómo puedo continuar en los días que siguen?” “¿Por qué me trajiste a este lugar?” “¿Cómo puedo suplir estas necesidades?” Nuestro grito quisquilloso es a menudo expresado, o sin expresar, a lo largo de estos mismos términos. Que lección es esta que Dios en su gracia, no obstante, contesta y resuelve nuestros problemas, no para que vayamos en oración en una forma reprochable, pero que podamos aprender a como orar y como confiar y crecer en nuestra vida de oración–y entender que, débil e inadecuado como seamos a menudo, nuestro Dios es la clase de Dios que puede escoger vasos débiles como nosotros y usarnos en realizaciones poderosas. Quizás nunca se sepan aquí en la tierra, pero se sabrá ampliamente en el cielo. “Dios ha escogido las cosas débiles de la tierra” dice Pablo, “lo obscuro, lo marginado, lo pobre, para que así avergonzar a los fuertes,” (1 Cor 1:27). Esa es la forma en que Dios obra. Es una forma muy contraria a la forma que el mundo usa para motivar a las personas para que funcione, o aún a la iglesia mundana que glorifica a los hombres y mujeres y los exalta como estrellas glamorosas que pueden funcionar más allá de las habilidades ordinarias de las personas. Esa no es la forma que Dios usa. Dios ama a gente ordinaria como usted y como yo, y él está dispuesto a usarnos adonde estamos. Eso es lo que trata la oración.

Oración

Señor, te damos gracias por las verdades que hemos estado mirando. Confesamos que a menudo nos sentimos como Moisés. Sentimos que los problemas son muy grandes para nosotros, nuestra vida demanda mucho, nuestras presiones son muy grandes, nuestras circunstancias son muy complejas, y resentimos que se nos pregunte hacerlas. Perdónanos Señor. Danos eso que en la oración de Moisés y de las experiencias de nuestras propias vidas también aprendamos que tú eres un Dios de recursos infinitos, de sabiduría increíble, de paciencia infinita y entendimiento, y que tú haces estas cosas si confiamos. Ayúdanos en nuestra incredulidad. Oramos en el nombre de Jesús, Amén.

Serie Oración Intercesora: Las luchas del intercesor

Me pregunto; ¿si ustedes sienten, como me pasa a mí a menudo, identificándose de cerca con varios personajes de las Escrituras? Hay dos personajes que yo me identifico de cerca y son: En el Nuevo Testamento, me identifico con Pedro, quién tenía la habilidad de decir las cosas erróneas en él tiempo equivocado. Él tenía un corazón profundo y devoto por el Señor, pero siempre parecía poner el pie equivocado al frente. (Pedro ha sido descrito como uno que abría su boca para cambiar su pie, y yo me identifico en gran manera con esto a veces.) En el Antiguo Testamento, me identifico con Jacob, el intrigador, operador, de carácter independiente que siempre se salía con la suya en hacer las cosas. El tema de canción de Jacob pudo haber sido, “Lo hice a mi manera”- – de Frank Sinatra del Antiguo Testamento. Vamos a mirar la oración de Jacob en esta oportunidad.

  • I.                    La lucha con la debilidades


Espero que esta oración nos ayudara a ver como personajes del Antiguo Testamento entendieron la relación maravillosa que tenían con Dios a través de la oración, y también como fueron ayudados a crecer por la oración. Este incidente, se encuentra en el capítulo 32 de Génesis, que viene en el momento cuando Jacob estaba de regreso de la tierra de Canaán, habiendo vivido alrededor de veinte años con su tío Labán, en Siria. Jacob está ahora casado con dos esposas y es el padre de once niños. Él tiene grandes manadas de ganadería y camellos y otros materiales de riquezas, y Dios le había dicho a él que el tiempo había llegado para regresar a Canaán. Pero Jacob viene con un gran sentido de agitación. Él sabe que se va a encontrar con su hermano mellizo Esaú, y tiene miedo de ese encuentro. Él recuerda vivamente la última vez que él vio a Esaú, cuando lo había engañado quitándole su primogenitura, típico de Jacob, por lo cual tomó ventaja del hambre de su hermano e hizo que le prometiera el derecho a la primogenitura. Ahora, Dios había prometido a Jacob el derecho de la primogenitura la madre de Jacob lo sabía y se lo había dicho pero Jacob no dejó que Dios hiciera el trabajo a su manera, y en una maniobra sórdida, él estafó a su hermano, engaño a su padre, y obtuvo el derecho de primogenitura. Cuando vio lo que había pasado, Esaú se puso muy enojado, y Jacob tuvo que huir de la ira de su hermano. Ahora, Jacob estaba de regreso a Canaán y tenía que enfrentarse a su hermano otra vez. En una acción acostumbrada, Jacob envió un par de mensajeros al frente para dejar saber a su hermano que él venía. Quería tener una idea de la escena, y ver cuál sería la reacción de Esaú. Los mensajeros regresaron con las siguientes palabras de aprensión: “Tu hermano viene a verte con 400 hombres armados a caballo,” (Génesis 32:6). No hay nada en este recuento que sugiera o diga, que Esaú tenía la intención de hacerle daño, pero Jacob de inmediato llegó a la conclusión que Esaú no vendría con 400 hombres armados si no tuviera la intención de alguna maldad. Jacob estaba lleno de miedo, entonces divide su compañía en dos bandos, pensando que si Esaú batallara con un bando y le destruye, los otros tendrían la oportunidad de escapar. Así que pueden ver el carácter de este hombre. Él es un manipulador, operador, ingenioso, planeador hombre de negocios. Así que el carácter de un intercesor proviene de su deseo y gran necesidad.

II.                  La  lucha con la visibilidad

Como sabemos, Dios envió a Jacob de regreso a la tierra, y, además, cuando él vino a las fronteras de la tierra, Dios le animó con una tremenda visión, abriéndoles los ojos. Hay una breve referencia al principio de este capítulo. Aunque no tenemos los detalles, es aparente que Jacob experimentó algo muy parecido a lo que sucedió al siervo de Elías en esa famosa escena cuando el sirviente estaba preocupado con el ejército Sirio que estaba alrededor de ellos. En esa ocasión Elías oró para que sus ojos fueran abiertos, y de momento vio las huestes celestiales del Señor. Algo parecido le ocurrió a Jacob. Dios le enseñó las tremendas fuerzas espirituales que estaban activas para protegerle al venir al encuentro a encararse con su hermano. Jacob nombró el lugar, “Las Dos Compañías,” por la cual el quiso decir la banda de personas que iban viajando con él y la compañía invisible de ángeles que también le acompañaron

¿Qué es peor: no ver o ver a medias?: Buscando un segundo toque de Jesús

En estos días en realidad tengo el deseo de hacer cambios en mi vida, pero reales y de profundidad.  Quizás en palabras más textuales, necesito lo que encontré en una lectura bíblica, es decir la necesidad de un segundo toque. Leía la experiencia de un misionero en Argentina que hace unos meses compraron un computador como ayuda para el ministerio de evangelización en las universidades de América Latina y como una herramienta para la organización del Congreso que realizarían  en enero en la ciudad de Cochabamba – Bolivia. Era un portátil de bastante poder y al momento de ponerlo a funcionar ¡no funcionó! los programas y el mecanismo interno estaban perfectamente, pero cuando se lo encendía no llegaba luz a la pantalla, estaba completamente oscura. Ellos empezaron a pensar, ¿será que en la preparación de este Congreso el Señor quiere enseñarnos unas lecciones y está utilizando este computador para tratar de advertirnos algo? Dicho y hecho. La primera lección que puso en alerta a todos los líderes que estaban trabajando fue: Podemos tener el programa más sofisticado que ustedes puedan imaginarse, pero si no hay luz, no sirve. Así de sencillo. Podemos tener la infraestructura más completa, los recursos necesarios, todo marchando muy bien, pero si no llega la luz, no funcionará. El Señor los introdujo a este gran tema: ‘programa sin luz no sirve y es toda una frustración tener ojos, pero no poder ver’. Es posible en la vida tener todo correcto y aún no ver y comprender. ¿A lo mejor eso es lo que me está sucediendo a mí? Al igual que con el computador, nosotros precisamos traer nuestras vidas a las manos del experto para que nos ilumine. Dicen que ellos empezaron a preguntarle al Señor, “¿qué es lo que tú quieres cambiar en nosotros para que podamos tener un programa, pero con luz?”

¿Dice el salmista: “para que en su luz veamos la luz.” ¿Cómo puedo cambiar para este nuevo año en mi vida? Dios me llevó a una historia en los evangelios. En el Evangelio de Marcos en el capítulo 8, versos 22 al 26 dice: “Cuando llegaron a Betsaida, algunas personas le llevaron un ciego a Jesús y le rogaron que lo tocara. Él tomó de la mano al ciego y lo sacó fuera del pueblo. Después de escupirle en los ojos y de poner las manos sobre él, le preguntó: ¿Puedes ver ahora? El hombre alzó los ojos y dijo: Veo gente; parecen árboles que caminan. Entonces le puso de nuevo las manos en los ojos y el ciego fue curado: recobró la vista y comenzó a ver todo con claridad. Jesús lo mandó a su casa con esta advertencia: No vayas a entrar en el pueblo. “NVI”. Esta historia es una narración de un milagro curioso. El ciego fue sano totalmente hasta el segundo toque de Jesús. Con “segundo toque”, me refiero a la necesidad de ser de nuevo tocados, la necesidad de renovación. Algunas versiones dicen “comenzó a ver todo de nuevo y claramente”, añaden esa dimensión de ver de lejos y claramente. ¿Cómo podemos volver a ver claramente y sin ningún obstáculo? Para poder entender o desarrollar la capacidad de volver a ver necesitamos entender que en el contexto existen algunas cosas que impiden que podamos ver claramente. Creo que la historia del ciego es una ilustración gráfica de cómo recuperar la visión en medio de esos problemas que nos han bloqueado la luz.

  • I.                    El primer impedimento es ver sin entender.


Miremos en primer lugar el entorno de este milagro, que algunos llaman el milagro del segundo toque, el milagro de la otra vez, el milagro de nuevo. Una vez más esta precedido por una experiencia muy decepcionante para Jesús, en el capítulo 8, versos 14 al 18. Los discípulos están preocupados, porque no habían traído sino un solo pan, después de que Jesús multiplicó los panes y los peces. Entonces Jesús les dice: “¿Por qué están hablando de que no tienen pan? ¿Todavía no ven ni entienden? ¿Tienen la mente embotada? ¿Es que tienen ojos, pero no ven, y oídos, pero no oyen? ¿Acaso no recuerdan? Cuando partí los cinco panes para los cinco mil…” Cabe hacernos la pregunta, ¿por qué es tan importante para Jesús el entender?, Jesús les repite frente a la ausencia de respuestas de fe y de comprensión, “¿ustedes aún no entienden?”. La ocasión es bien iluminadora, los discípulos están preocupados por pan, precisamente después que él ha multiplicado el pan. Qué ironía, habían olvidado traer pan y sólo tenían un pan en la barca. Entonces Jesús nota que están discutiendo sobre eso y además les encuentra sumamente ansiosos, pero Jesús se da cuenta que no tienen ansiedad por lo que importa, sino por lo frívolo, se da cuenta que no han captado todavía las cosas, los temas importantes de la vida y siguen preocupados por lo superficial, por lo marginal, por lo tangencial, por el pan y quién sabe qué estaban diciéndose el uno al otro. Podemos imaginarnos la discusión que se dio “¡no pero cómo así! ¿Por qué no trajeron por lo menos una cesta de las doce que sobraron? ¡Pero qué falta de cerebro! Estaban dentro de la barca y no se les ocurre traer pan y ahora en la travesía ¿qué vamos a comer?”¡Esto sí es reducir el acontecimiento divino a la frivolidad! En vez de ponerse a discutir por el extraordinario acontecimiento que acaban de presenciar, la gloria de Cristo manifestada en la multiplicación de los panes y de los peces, ellos están preocupados porque no trajeron sino un solo pan.  Quizás eso es una de las evidencias de ver sin entender. Siempre estamos preocupados por lo superficial, lo frívolo y secundario en lugar de lo prioritario. Esto aflige al Señor; entonces decide como buen maestro, arrojar al círculo de esa discusión ociosa y falta de fe, una advertencia para sacarles de la frivolidad y que se ocupen de lo verdaderamente importante, les dice: Tengan cuidado; ¡ojo con la levadura de los fariseos y con la de Herodes!” ¿Que significa entender para Jesús? El contexto empieza a insinuarnos que, entender es agarrar el significado de las palabras y de las maravillas de Jesús y descubrir la verdad que contienen, pero muchos se quedaron con el pan a expensas de la verdad, no descubrieron en el pan la verdad, fueron al Pan por razones del pan pero no por razones del mensaje. Jesús quiere que en el Pan, encuentren no sólo el pan, sino que también encuentren la Verdad.  Ahora, si sus señales y maravillas no han producido fe en nosotros, para Jesús no hemos logrado entender todavía. En otras palabras, si después de una manifestación tan gloriosa como es la multiplicación de los panes y de los peces, todavía nos preocupamos por el pan, entonces no hemos agarrado el mensaje, definitivamente no hemos captado el mensaje que quiere impartir. Si nuestras preocupaciones después de captar la maravillosa presencia de Cristo en la vida, no han sido transformadas de la frivolidad a lo que de verdad importa, entonces no hemos entendido. Si todavía estamos preocupados por lo secundario, si estamos preocupados por el pan y no por la levadura de los fariseos y de Herodes, no hemos entendido. Si estamos preocupados por nuestras mezquindades domésticas y no por la  espiritualidad y del poder reinante que apabulla a este medio, a esta ciudad, a esta nación y a la historia, todavía no hemos entendido los grandes temas de la fe. Si como discípulos todavía estamos preocupados por ‘mi pan’, por ‘mi alza’, por ‘mi promoción’, por ‘la construcción de mi templo’ y no hemos logrado captar la levadura del fariseo y la de Herodes que nos rodea (la levadura del poder político que domina esta nación), entonces no hemos entendido la fe, así de sencillo. Jesús se da cuenta que los temas de conversación siguen siendo frívolos, entonces les arroja esta afirmación: ¡ojo! “Por favor, no hagan del pan el motivo de su discurso, de su encuentro, cuando hay cosas esenciales por las cuales estar preocupado. Ya ven que he multiplicado el pan.” Entonces Jesús se da cuenta de que hay que abrir los ojos, en este caso necesitaba la ayuda del ciego. Este milagro tiene lugar en Betsaida y aquí Jesús está jugando carambolas, porque tanto los de Betsaida como los discípulos necesitan que se les abran los ojos. Recuerdan los ‘ayes’ de Jesús sobre las ciudades, “¡Ay de ti, Corazón!, ¡Ay de ti, Betsaida! Si se hubieran hecho en Tiro y Sidón los milagros que se han hecho en medio de ustedes, ya hace tiempo que se habrían arrepentido.” Mt: 11:21. Los discípulos necesitan el segundo toque, igual que nosotros, porque si todavía nuestras preocupaciones no agarran los temas centrales de la existencia humana, necesitamos que se nos abran los ojos.

Sólo para los que han perdido sus sueños: La generación de Caleb V parte

 IV.   La expresión cuál habló Jehová aquel día” nos habla de una CONFIANZA EXTRAORDINARIA

Mis amigos, la tierra que Caleb eligió para vivir fue Hebrón, que podemos tomar como un símbolo de lo que Dios puede y quiere hacer en la vida de cada persona que esté dispuesta a enfrentarse en la lucha con los obstáculos a pesar de que pueden ser  gigantes. En el libro de Jueces, cap. 1, vers. 20, dice: “Y dieron Hebrón a Caleb, como Moisés había dicho; y él arrojó de allí a los tres hijos de Anac”. Y en Josué 11:22 se nos relata que: “Ninguno de los anaceos quedó en la tierra de los hijos de Israel; solamente quedaron en Gaza, en Gat y en Asdod”. Por lo tanto, a pesar de haberlos echado de la tierra, todavía quedaron algunos descendientes de los hijos de Anac en las ciudades filisteas. Es muy probable que el tan conocido Goliat de Gat haya sido uno de ellos.  Es una realidad que los gigantes cuesta que sean exterminados por completo. Siempre estarán a la expectativa para ver si pueden volver a ocupar el territorio perdido. Alguno de estos enemigos, o inclusive todos, siempre nos estarán rondando para ver si bajamos la guardia. Todos los líderes que han caído, lo han hecho en una de estas áreas. Podremos tener una, dos o varias victorias, pero estos enemigos seguirán presentes hasta el final de nuestras vidas. Somos conscientes que varias veces hemos fracasado en echar al enemigo. Esto nos llena de vergüenza y tristeza. Satanás conoce muy bien los puntos débiles en nuestra armadura espiritual. Pero me he dado cuenta, que las derrotas en mi vida siempre sucedieron cuando la fuerza de la fe fue quitada por alguna otra cosa.  Descuido de la lectura y la obediencia a la Palabra de Dios, o de la oración y la comunión con mis hermanos. Una victoria plena sólo se consigue cuando existe obediencia absoluta a la Palabra de Dios. Y por eso  la frase: “Como Jehová habló aquel día”. El se mantuvo en esa Palabra que había recibido. Caleb obtuvo una victoria absoluta porque echó completamente al enemigo y lo mantuvo lejos. Él fue el único que logró este tipo de victoria.  Si leemos el libro de Josué descubrimos una triste realidad. Caleb fue el único que logró una victoria total. Los demás no pudieron vencer a los enemigos que quedaban en su territorio. Cuando tuvieron más fuerza simplemente los hicieron tributarios, pero no los echaron de la tierra. Este hecho, sólo un poco más tarde, trajo tristes resultados. El pueblo de Israel fue engañado y llevado a alejarse de Dios. Como consecuencia, sufrieron muchas derrotas, deshonra e inclusive la pérdida de la posesión conquistada con tanto esfuerzo. Por lo tanto, ¡hagamos todo para que estos enemigos siempre estén fuera de nuestra vida! ¡No le demos lugar al diablo en ninguna forma! El apóstol Pablo tenía la misma lucha. Uno de los gigantes que tuvo que enfrentar en su vida fue el orgullo de su renombre. Pero estuvo dispuesto a echarlo de su vida, como notamos en Filipenses 3:4 al 9, pero a continuación reconoció que todavía estaba en la lucha. Todavía no la había concluido, pero quería llegar firme a la meta. “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”(así lo leemos en los vers. 12 al 14). Éste también debe ser nuestro objetivo. Ésta debe ser nuestra meta. Ahora note como continúa la narración sobre la conquista de Caleb: “Por tanto, Hebrón vino a ser heredad de Caleb hijo de Jefone cenezeo, hasta hoy, por cuanto había seguido cumplidamente a Jehová Dios de Israel” (Josué 14:14).  Aquí encontramos el secreto del valor, la paciencia, la fe y la victoria de Caleb. En Hebrón, Caleb había discernido el premio del discipulado divino. En ese lugar Dios había entrado en contacto directo con su antecesor Abraham. Era el lugar de comunión, unión y pacto con Dios y como tal, el lugar de infinitas bendiciones. Para obtener esto, no importaban la lucha, la espera, las injusticias y los desprecios. Obtuvo la heredad, “por cuanto había seguido cumplidamente a Jehová Dios de Israel”. También a nosotros el Señor nos tiene prometida una heredad. Jesucristo, antes de irse prometió: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. Esta seguridad no sólo nos llena de consuelo frente a las pruebas sino que también nos anima y exhorta a varias cosas, como dice Pablo en Col. 1:9 al 12: “… pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz”. ¿Te das cuenta de lo que significa? ¡No es un millonario que te da una herencia, sino Dios mismo – el dueño del universo entero y del cielo en toda su plenitud – el que te promete una heredad! ¡Entonces vivamos un discipulado acorde con esta gloriosa heredad! Y llegará el momento en que descasaremos en paz, como sucedió en el tiempo de Caleb y se describe en Josué 14:15: “Y la tierra descansó de la guerra”. ¡Qué así sea en nuestra vida!  Ahora para terminar unos últimos consejos. ¿Cómo puede usted mantenerse joven y productivo, especialmente en tiempos como los que nos enfrentamos hoy? He aquí unas últimas sugerencias. Manténgase aprendiendo. Si usted deja de aprender, comenzará a envejecer. El desaliento es una de las principales herramientas del Enemigo. Él quiere pararnos en seco. Pero cuando estamos decididos a seguir adelante y a aprender algo nuevo, sus planes se descarrilan rápidamente. Si usted se encuentra ahora en una situación difícil, pídale al Señor que le dé una promesa de esperanza. Después de esto, comience a tener la confianza de que Él dará respuesta a sus necesidades, leyendo y estudiando las vidas de los hombres y las mujeres de la Biblia. Manténgase amando a Dios y a las personas. Él nos dice: “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio  6.5). Observe que esto incluye nuestras emociones, nuestros pensamientos y nuestro bienestar físico. Él nos bendecirá cuando nuestros corazones estén puestos en Él —lo cual implica aprender a amar a los demás y dejarnos amar por ellos. También implica perdonar a quienes nos hieran. Si usted desea experimentar plenamente el amor de Dios, no puede aferrarse al pasado o al resentimiento. Amor incondicional es lo que Dios le da, y eso es lo que Él quiere que usted dé a los demás. Manténgase riendo. La risa es uno de los mejores remedios para curar la tristeza, el desánimo y la desilusión. Libera sustancias químicas en el cerebro que ayudan a levantar el ánimo. Físicamente, nos relaja, y alivia la tensión y el estrés. Creo que Jesús fue una persona feliz que reía mucho; por la Biblia podemos ver que a la gente le gustaba estar con Él. La gente se siente naturalmente atraída por las personas cuyos rostros reflejan amor y regocijo. Caleb y Josué descansaban en el cuidado de Dios, y creo que la risa fue una parte de su camino a la bendición. Manténgase olvidando. Fórmese el hábito de olvidar los fracasos y las frustraciones. Las personas que están constantemente mirando hacia atrás no pueden avanzar. En vez de alimentar remordimientos por cosas que sucedieron años atrás, aprenda a vivir en el presente y a tener un gran sueño en cuanto al futuro. Dios quiere que usted aprenda de sus errores, pero también que siga avanzando. Las palabras de Pedro nos alientan a poner todas nuestras preocupaciones y ansiedades sobre el Señor (1 P 5.7). O quedamos atrapados por el pasado, o podemos avanzar hacia la libertad, la esperanza y la promesa, confiando en que Dios va a responder las oraciones más genuinas de nuestros corazones. Manténgase anhelando. El Señor puso un sueño en el corazón de Caleb, y pasara lo que pasara, el sueño permanecería. ¿Hubo momentos en que su fe fue puesta a prueba? Probablemente sí. Como la mayoría de nosotros, pudo haberse preguntado si alguna vez volvería a ver la Tierra Prometida. Pero no se dio por vencido. Usted no tiene que rendirse ante las dudas o los temores. El poder creador de nuestra mente es un don de Dios. Cuando usted deja de utilizarlo, comienza a envejecer. Siga adelante, ¡sueñe en grande y vea como Dios hace lo imposible en su vida! Manténgase mirando hacia Dios. ¿Quiere usted que sus sueños se clarifiquen? ¿Desea tener una orientación segura? ¿Anhela usted saber más acerca de sí mismo, del Señor, y de este mundo? Entonces debe alzar su mirada al cielo. Mire hacia Dios, y observe las maneras como Él actúa en su vida. Alguien me dijo recientemente que no creía haber visto a Dios en su trabajo. Yo le dije: “Sí, sí lo ha visto. Usted llegó a trabajar sin tener ningún accidente esta mañana, ¿no?” Manténgase trabajando. Caleb nunca despertó con la idea de jubilarse. Se mantenía ágil y activo. La gente tiene todo tipo de problemas, y muchos de éstos tienen que ver con las presiones del trabajo. Dios nos dio el concepto del trabajo para tener la sensación de haber logrado algo (Génesis 2:15). Él sabe que el trabajo y el ejercicio nos ayudan a mantenernos jóvenes y mentalmente alertas. Una dama muy especial, es la señorita Bertha Smith, quien fue misionera en China durante 40 años. Tenía más de 90 años cuando regresó del campo misionero. Un día le dijeron: “Usted, de verdad, sí que se mantiene ocupada”. Ella respondió: “Me mantengo ocupada por Jesús. Estoy esperando que Él venga en cualquier momento”. ¡Después descubrieron  que tenía previsto seguir dando conferencias hasta que cumpliera 105 años! Entonces pensé: Si ella puede seguir, yo puedo hacer lo mismo por muchos más años. Tenga una visión de lo que Dios quiere que haga, si usted se pone a disposición del Señor, Él le usará de maneras que nunca soñó posibles. Manténgase apoyado en Dios. Si Caleb hubiera tomado la decisión de volver a la Tierra Prometida confiando en sus propias fuerzas, jamás lo habría logrado. Por saber que el Señor era la fuente de sus fuerzas, tuvo su confianza y su apoyo puestos en Él. Manténgase usando un lenguaje de fe. Lo que usted dice con su boca, y lo que sus oídos oyen, queda registrado en su cerebro. El resultado final es el siguiente: su cuerpo responde de acuerdo a esto. Frases como: “Me estoy poniendo viejo”, “pienso que ya no estoy para muchos trotes”, son derrotistas. Todos nosotros notamos cambios físicos que indican que estamos envejeciendo, pero no tenemos que dejar que nuestra edad afecte nuestra alegría, nuestra felicidad, nuestro trabajo y nuestro ministerio. El salmista escribió: “El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro… Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes” (Sal 92:12, 14). Usted puede permanecer joven y productivo, pero para hacerlo tiene que pensar de la manera correcta. Manténgase escuchando. Si usted desea permanecer joven y vigoroso, debe tomar la resolución de escuchar la voz de Dios. Él nos sigue hablando por medios de su Palabra. Cuando escuchamos su voz, descubrimos cosas acerca de nosotros que nadie más puede ver. Caleb mantuvo sus oídos abiertos a las órdenes de Dios. ¿Cómo lo sé? Porque al enterarse que los israelitas se pusieron en marcha para entrar a la Tierra Prometida, estuvo entre los primeros para servir. Más tarde, cuando llegó el momento de distribuir la tierra y recibir lo que le había sido prometido, dio un paso al frente, y dijo: “Dame, pues, ahora este monte… Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió”. ¿Tiene usted la misma actitud de Caleb? Usted puede tenerla, pero debe tomar la decisión de pensar positivamente y seguir aprendiendo, amando, riendo, olvidando, mirando, trabajando, apoyándose en Dios y escuchando. Bendiciones!

Retos pastorales hoy

Hoy Dios me llevó al salmo 78:70-72. Es una porción que está dentro de una historia de fracasos e incredulidad y rebeldía así como juicio. Sin embargo Dios estableció un método para poder transformar ese pueblo tan rebelde, Dice la Escritura: 70 Escogió a su siervo David    y lo llamó del redil.  71 Tomó a David de donde cuidaba a las ovejas y a los corderos    y lo convirtió en pastor de los descendientes de Jacob:    de Israel, el pueblo de Dios;  72 lo cuidó con sinceridad de corazón    y lo dirigió con manos diestras. Este pasaje demuestra tres grandes necesidades que existen hoy en el ministerio, y la forma en que Dios las puede suplir. Es importante notar que la alternativa de Dios siempre so líderes u hombres de Dios que acepten el reto. En este pasaje puedo percibir en primer lugar LA  NECESIDAD DE LA GENTE DE DIOS. En el versículo  72 dice: Los pastoreo y los lideró. En pocas palabras las necesidades de la gente son alimentación y liderazgo. Dios le dijo a David, quiero que seas un pastor de la nación. Dios está buscando gente que resuelvan problemas, que hagan la diferencia. Cualquiera puede decir un problema y hacerlo más grande. Y hay gente muy dotada en esto. Esto son las dos necesidades de la gente hoy. La gente está desesperadamente hambrienta. Hoy como nunca necesitamos alimentar al pueblo. Lo que pasa es que hoy tenemos una hambruna a nivel mundial sobre alimento espiritual. La gente cristiana vive hoy con sustitutos y no con un verdadero alimento espiritual. Ha sustituido entretenimiento por exposición, activismo ha sido sustituido por ministerio, competencia ha sido sustituida por cooperación, la gloria humana ha sustituido la gloria de Dios. Y podemos ver miles y miles de creyentes muriendo de hambre y no saben porque son incapaces de enfrentarse a las vicisitudes de la vida. La gente necesite alimentada, pero también necesitan ser lideradas. No necesitan ser explotadas, una persona madura usa su autoridad para edificar a la gente, pero una persona inmadura usa la gente para construir su autoridad. Dios no nos llamó a ser conductores de esclavos. Cuando alimentamos la gente y la lideramos los problemas se van a resolver. La segunda necesidad que vemos en este pasaje, aunque pueda que suene un poco extraña es LA NECESIDAD DE DIOS.  ¿Qué necesita Dios? Necesita un pastor. Un siervo. No un jefe, ni un gerente o un empresario. Necesita  pastores. El texto dice que tomó a David para que fuera un pastor. ¿Pero que necesita de un pastor? En primer lugar necesita su corazón y sus manos. En pocas palabras su pasión y su acción. Vocación y capacitación. Note lo que dice el pasaje sobre estas dos cualidades. Los apacentó…su corazón. Y los pastoreo…pericia de sus manos. David era un hombre como el corazón de Dios. El no comenzó su ministerio siendo un rey, sino llevando paquetes a sus hermanos. Dios preparó a David en la soledad, y en el anonimato. Nadie se dio cuenta de su capacitación en privado. Era un hombre con un corazón de siervo. David sabía que servía en orden de liderar. El sabía menguar con el propósito de crecer. Pero David no solo tenía un corazón sino también una capacidad con sus manos. El tenía habilidades para hacer bien un ministerio. Algunas personas pueden decir que no importa que no tengas habilidades ministeriales, si lo que tienes es un gran corazón. Esto no es cierto. De nada sirve el corazón sino soy hábil con los dones que Dios me ha dado. Hasta aquí he visto que la gente de Dios tiene necesidad de alimentarla y liderarla. También hemos visto la necesidad de Dios y el desea el corazón y las manos del que escoge. En tercer lugar que NECESITA EL HOMBRE DE DIOS. Todo se refleja en una sola palabra: integridad. Ser integro es ser completo. Sin ninguna doblez. Ser de una sola característica. Las personas íntegras son completas. Simples y sencillos. Estoy convencido que Dios ha de llorar desde los cielos cuando mira hombres de Dios que sirven a un pueblo sin integridad. Muchas personas dicen: “Las crisis hacen a los hombres” y no es cierto, en realidad las crisis demuestran de que están hechos los hombres. Los hombres se hacen en el diario vivir, en la toma diaria de decisiones de integridad, y de fidelidad a Dios. Los hombres de Dios y mujeres de Dios se hacen a diarios, minuto a minuto, libra por libra. El ministerio nos algo que hacemos, el ministerio es algo que somos. Y si queremos hacerlo como Dios quiere debemos vivir en integridad. Debemos predicar y practicar lo que decimos. Muchos hoy son eco de otros, de sus mensajes, de sus teorías, pero Dios nos ha mandado a predicar nuestros propios mensajes. Eso se llama integridad. Nuestro Señor Jesucristo es el máximo ejemplo de esto. El sabía alimentar la gente, y sabía cómo liderarlas y fue un hombre íntegro. El es nuestro ejemplo. ¡Cómo quisiera parecerme a Él!

Tres requisitos para levantar una iglesia que impacta

Durante la segunda guerra mundial había una unidad de comandos cuyo lema era: Lo difícil lo haremos inmediatamente, lo imposible tomará un poquito más de tiempo. Esto refleja un modelo de trabajo. Creo que el apóstol Pablo tendría este lema cuando hacía su trabajo. Pablo diría: Lo difícil lo haremos inmediatamente y lo imposible tomará un poquito más de tiempo. Porque Pablo nunca fue a un lugar fácil. En el ministerio de Dios nunca hay lugares fáciles. Pablo llegó  a la ciudad de Éfeso, en donde había una mezcla de inmoralidad, idolatría y adoración en el templo de Diana de los Efesios. Y para hacerlo más interesante se quedó tres años en esa ciudad. Éfeso no es una ciudad a la que se regresa muy a menudo. Pablo investiga la ciudad, que está llena de inmoralidad, de paganismo y materialismo. Pero Pablo quiere establecer allí una iglesia. No es el “mejor lugar” para abrir la obra, pero Pablo de una forma interesante no sólo abre una iglesia sino que hasta un seminario. He allí una obra de Dios en medio de la inmoralidad. He aquí una ciudad rendida a la superstición, a la lujuria y lujo. Siete años después cuando escribe una carta a esta iglesia, es un documento muy profundo que cualquier otra. Pero cuando Pablo llegó allí no había mucha madera para construir una obra de Dios. Ahora al ver la narración Lucas se enfoca en tres grupos bastante singulares, primero habla de 12 discípulos de Juan el Bautista que no habían experimentado el Espíritu Santo. Luego se enfoca en un grupo de 7 exorcistas que tuvieron problemas con un endemoniado y finalmente se enfoca con un grupo de creyentes que todavía tenían pecados ocultos y rompen con ellos.  Ahora este recurso humano no es el mejor material para construir una iglesia. Sin embargo Pablo logra que ellos puedan levantar una profunda y vigorosa iglesia. ¿Cómo fue posible eso? Bueno se debía a que la mayor preocupación de Pablo era construir una iglesia, no levantar una muchedumbre, no levantar una denominación, no entretener. Y en orden de construir una iglesia necesitas tener el mejor material. Al final de los tres años todo el distrito de Asia, oyeron la palabra (vrs. 10). Es interesante que diga en “toda Asia”. Sin teléfono, sin computadora, sin todos los medios informáticos de esta generación y Pablo logra que todo el sector de Asia oiga la Palabra de Dios.  Una vez más se plantea la pregunta ¿Cómo se logra eso? Para que esto suceda se necesita las personas correctas. Pablo nunca edificó él sólo, lo hizo a través de las personas correctas. Y nosotros tenemos las mismas circunstancias que Pablo y podemos hacerlo. Lo hizo por medio de personas que tenían las características espirituales correctas. ¿Cuáles deben ser las características espirituales de la gente que debemos usar para alcanzar al mundo y compartir el evangelio de Jesucristo? ¿Cómo nos convertimos en instrumentos de bendición para nuestra comunidad? Creo que este pasaje nos demuestra tres grandes características que usted y yo o los miembros de su iglesia deberían tener.

Número uno, debemos SER PERSONAS QUE NOS MOVEMOS EN LA DIMENSIÓN DEL ESPIRITU SANTO. (19:1-8)

Cuando Pablo llegó a Éfeso encontró ciertos discípulos. Note que Dios lo guió a encontrar a personas que de alguna manera ya habían tenido alguna experiencia espiritual. Es curioso que hubieran tenido una excelente enseñanza, un excelente líder y un gran impacto en su tiempo, pero a pesar de ser discípulos algo faltaba. Pablo de alguna manera nota que en su vida espiritual les falta algo. Así que en el vrs. 2 Pablo comienza a hacer su diagnóstico para que pueda usar este grupo de creyentes. Ordinariamente en el libro de los Hechos, las palabras discípulos son para creyentes. Pablo les dice: “¿recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Con esta pregunta infinidades de tendencias e interpretaciones se han generado. Interminables discusiones, parten de esta pregunta. Conceptos denominacionales se han desarrollado al mal entender esta pregunta. No ha dicho, que recibieron una segunda bendición. El texto “cuando creísteis” es un verbo que habla de una acción completa, lo mismo recibisteis”. Así que debemos entender que la evidencia de una persona que ha nacido de nuevo es la presencia del Espíritu Santo en su vida. Romanos dice que el que no tiene el Espíritu no es de Dios. Nosotros nos damos cuenta que cuando una persona realmente tiene a Jesucristo inmediatamente sentimos la dimensión del Espíritu Santo en su vida. Pablo detecta que algo les falta. Pablo no les dice “¿hicieron milagros cuando creyeron?” ¿Hablaron en lenguas cuando creyeron? No simplemente les dice si “tienen al Espíritu Santo cuando creyeron”. Es obvio que no tenían un nuevo nacimiento en sus vidas. Y ellos dijeron: “ni siquiera sabemos que existe tal Espíritu”. Sin embargo Juan sí había hablado del Espíritu Santo (Mateo 3:11). Así que de alguna forma habían incluso perdido el mensaje original de Juan. Vivían en lado equivocado de Pentecostés. Ahora Pablo asume que se habían bautizado. Quizás estos eran discípulos de Apolos. Sin embargo podemos ver que hay un rebautizar (v.5). ¿Por qué hace esto? Era necesario hacerlo por lo limitado que era su enseñanza del bautismo de Juan. Inmediatamente después Pablo pasa a imponer manos y ellos tienen una experiencia espiritual. Hablan en lenguas y profetizan. Quiere decir que esto es el resultado de este grupo. Pero hay que hacer una mención aquí. El texto se refiere a los doce. No es a toda la comunidad de Éfeso. Nunca hay una alusión a una recepción posterior a creer. Es limitado. Es obvia también la necesidad de un apóstol para ejercer este tipo de experiencia. Por eso es importante saber diferenciar del movimiento apostólico contemporáneo del bíblico.  Pero este no es el punto de discusión. El punto de énfasis aquí es que para poder ser una persona que impacta mi alrededor debo estar VIVO EN EL ESPÍRITU SANTO.  ¿Cuáles son las manifestaciones de esa dimensión del Espíritu Santo?

  1. Discernimiento   (Pablo supo que algo faltaba)
  2. Capacidad Escritural (Pablo orientó con el plan completo)
  3. Convicción eclesial (Se volvieron a bautizar en el nombre de Jesús)
  4. Habilidad sobrenatural (Manifestación de los dones del Espíritu Santo)
  5. Evangelización (Pablo permanece por dos años en Éfeso y alcanza toda Asia)

Es curioso que esta es la última vez que se menciona el hablar en lenguas en el libro de los Hechos.

Hasta que la gente no esté viva en el Espíritu Santo no se puede construir una iglesia. No se puede construir una iglesia sino han nacido de nuevo. ¿Cuándo usted se levante en la mañana le pide al Espíritu Santo para que lo dirija? ¿Sabe usted que cuando Pablo escribió la carta a los efesios, el habla una y otra vez del Espíritu Santo. Lo menciona 12 veces en esa carta. Y me parece interesante que una de las partes más importantes de esta epístola aparece en Efesios 1:13 allí dice: “Y ahora ustedes, los gentiles,[a] también han oído la verdad, la Buena Noticia de que Dios los salva. Además, cuando creyeron en Cristo, Dios los identificó como suyos[b] al darles el Espíritu Santo, el cual había prometido tiempo atrás. (NTV). Note que a la altura del momento cuando Pablo escribe esta carta ya había cambiado la forma de recibir el Espíritu Santo. Así que la situación con los discípulos de Juan en Hechos 19 fue extemporánea. No podemos levantar una doctrina sobre ese versículo de segunda bendición y de obligatoriedad de lenguas como una manifestación de ser bautizados en el Espíritu Santo.

Número  dos, DEBEMOS SER HOMBRES DE FE EN EL NOMBRE DE JESUS (19:13-17)

En el libro de los Hechos encontramos, una y otra vez el término “en el nombre de Jesús” como la autoridad para vencer, para sanar, para pedir, para salvar. Debemos entender que esta palabra y todo lo que hacemos lo hacemos en el poder de Jesús.  La iglesia de los Hechos tenía preocupación en hacer las cosas en el nombre de Jesús. Pero muchas personas hoy usan el nombre de Jesús como estos hijos de Esceva como una fórmula mágica o una experiencia de segunda mano. Pero la Palabra de Dios nos dice que a menos tengamos fe en el nombre de Jesús no lograremos hacer mayor impacto en nuestro mundo. Cuando vemos varias experiencias de los discípulos en Hechos 3 y 4 allí hay una defensa y preocupación de ejercer la autoridad en el nombre de Jesús. (Hechos 3:6; Hechos 4:7; 4:10; 4:17-18; 4:30). Y una vez más no haremos impacto en nuestra vida sino tenemos fe en el nombre de Jesús. Para muchas personas poner el nombre de Jesús es como añadir una etiqueta sin sentido. Pero muchos están más preocupados más por el nombre de una iglesia, o de una persona o de una denominación. Pero lo que nos importa es el nombre de Jesús. Esto nos lleva a una dimensión espiritual de fe. Un hombre de Dios dijo una vez: Si usted puede explicar lo que está pasando en su ministerio, es muy probable que no lo esté haciendo Dios” Lo importante es que la gente conozca el nombre de Jesús. Dios bendice a una iglesia en su forma de orar porque toma el nombre de Jesús como su autoridad y entra en la presencia del trono de Dios y pide lo que tiene que pedir.

Número tres, DEBEMOS SER HOMBRES QUE BATALLAMOS CONTRA LO OCULTO. (19:14-20)

Aquí se presentan dos dimensiones espirituales de maldad. Primero en el mundo no cristiano. Podemos ver la manifestación visible de la maldad, con el ejemplo de los hijos de Esceva. Esta es una realidad espiritual batallamos contra espíritus malos. Hay una lucha a muerte. El enemigo nos conoce y sabe quién es Jesús. (15). Pero hay una dimensión un poco más sutil que no es  visible y que se da entre los creyentes. Note que dice que los que había creído traían libros de magia. Este problema es más difícil de diagnosticar, pero debemos entender que Dios no nos puede usar para tener un impacto en nuestro alrededor sino renunciamos a lo oculto. Los verbos están en imperfecto que habla de continuidad. La palabra “hechos” se puede traducir prácticas. Estaban diciendo que estaban renunciando a sus pecados ocultos. Hay dos tipos de renuncias aquí. La primera es una afirmación y claridad de lo que hacían en tinieblas y segundo una ruptura a lo que los unía en las tinieblas. Por eso el segundo grupo trae libros de magia y los quema. Ahora pueden ustedes notar lo mucho que gastamos en el pecado. 50,000 piezas de plata. ¿Cuánto equivale ahora ese dinero? Una buena cantidad serían como unos 10,000 dólares. Cuando el Espíritu Santo actúa y sopla, entonces la obra no sólo es externa sino interna. Cuanto estamos acostumbrados a la rutina. Cuando el Espíritu Santo actúa, entonces hay un cambio radical en nuestras vidas. El avivamiento no es de técnicas, o sermones ni hombres en los púlpitos sino cuando la casa de Dios se limpia y va a sus estantes y quema todo lo que deshonra a Dios. ¿Todo tenemos hoy en nuestra era que tenía Pablo tenía. Pero porque no zarandeamos al mundo igual que Pablo? Lo que pasamos es que rechazamos la obra del Espíritu Santo  e ignoramos el nombre de Jesús. No hay nombre tan grande como el de Jesús. Y también cultivamos el pecado, lo consentimos, lo compartirnos y entonces Dios no hace nada.

¿Queremos un avivamiento en nuestra ciudad y nuestra iglesia? Creo que la mejor forma de hacerlo es lo que aquel hombre de Dios le dijo a un feligrés que le dijo: “Quiero un avivamiento para mi iglesia, que puedo hacer”. El hombre de Dios de una manera muy amorosa le dijo: “vaya a su casa y dibuje un círculo alrededor suyo y comience a clamar a Dios que envíe un avivamiento a todo lo que está dentro de ese círculo.

Para poder impactar entonces debemos ser vivos en la presencia del Espíritu Santo, ser fuertes en el nombre de Jesús y finalmente ser limpios ante los ojos de Dios y de los hombres. Si hacemos esto Dios sacudirá nuestras iglesias y transformará todo lo que nos rodea. ¡Bendiciones!