Así dice El Señor: El falso profeta

Primer filtro: ¿CÓMO RECONOCER A LOS FALSOS PROFETAS?

 Este tema es muy discutido dentro del cuerpo de Cristo, porque la mayoría de las veces se utilizan parámetros equivocados para juzgar si los profetas son verdaderos o falsos.  Por ese mismo error, hay muchos creyentes confundidos que aún ni quieren hablar de los profetas. Sin embargo, la Biblia da una enseñanza precisa y contundente con respecto a los falsos profetas. Comenzaremos con la enseñanza de Jesús, quien habló de ellos y de cómo reconocerlos.  En el pasaje de Mateo 7:15-20, se pueden ver en primer lugar ciertas características de los falsos profetas, como ser: – Se visten de ovejas, esto es, tienen una apariencia externa de piedad y bondad. -Por dentro son lobos rapaces, o sea, en su interior están buscando a quien devorar con su falsedad y engaño. Si estas son sus características, entonces ¿cuál es la manera de reconocerlos? La respuesta es categórica: Por sus “frutos.. Esta palabra en su original griego, significa “la expresión visible del poder que obra interna e invisiblemente, siendo el carácter del fruto evidencia del carácter del poder que lo produce” (Diccionario expositivo de palabras del Nuevo Testamento, W. E. Vine).             Lo que da a entender este significado es que si el poder que mueve a un profeta es malo en esencia, entonces su fruto también lo será; esto lo convierte en un falso profeta. Lo que se debe evaluar en el profeta es su vida en diferentes aspectos, como por ejemplo: personal, matrimonial, familiar, ministerial. Es necesario observar su madurez, su mensaje, su motivación, su objetivo, su interdependencia, su moralidad, su administración del dinero. Estas son las cosas que muestran qué clase de profeta es el que está ministrando.  Otro pasaje muy revelador y que concuerda con la enseñanza de Jesús, es Deuteronomio 13:1-5. Aquí se nos muestra que puede levantarse un profeta, tener palabra o sueño y anunciar señal o prodigios, los cuales se pueden cumplir.     Dada tal situación, podríamos juzgar que se trata de un verdadero profeta. Pero la evaluación no debe estar hecha por el cumplimiento o no de una palabra, sino por lo que produce la ministración del profeta en la vida del pueblo. En este caso, el profeta está inclinando el corazón del pueblo hacia dioses ajenos (que la gente ponga su confianza en el y no en Dios), cuando su verdadero propósito siempre debiera ser exaltar a Jesucristo y darle toda la gloria a Dios.  Es muy importante observar que Dios permite la intervención del falso profeta, porque tiene un objetivo: “Probar a su pueblo”. Es incorrecta la inclinación del corazón del ser humano, en cuanto a saber exclusivamente acerca de su futuro. Más bien, debe estar dispuesto a recibir toda la ministración de un profeta, porque el Señor siempre quiere bendecir a sus hijos.           En Deuteronomio 18:18-22 se puede ver nuevamente que un falso profeta no necesariamente tuvo que haber dado una palabra que no se cumpliera para calificarlo como tal. Más bien, tuvo que guiar al pueblo hacia dioses falsos. Aún puede ocurrir que un profeta hable en nombre del Señor, pero que la palabra profética no se cumpla, debido a que el Señor nunca habló tal palabra. Entonces ese profeta habló con “presunción” (arrogancia, soberbia), sin ser necesariamente un falso profeta.              Para cerrar este tema tan crucial, es oportuno analizar 1ª Juan 4:1 que dice: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo”.  Se necesita una actitud madura del pueblo de Dios para poder probar los espíritus que impulsan a los profetas, ya sea verdaderos o falsos, a actuar.  La palabra probar tiene que ver con: Saber distinguir, someter a prueba, comprobar, examinar. Por lo tanto, los creyentes llenos del Espíritu Santo pueden distinguir qué clase de espíritu es el que dirige a un profeta.  La finalidad de toda esta enseñanza es que podamos evaluar a un profeta como verdadero o falso, no por lo que “habla” sino por lo que “es”.  ¿Cuál era la metodología de Jesús para reconocer los falsos profetas? Otro de los puntos importantes acerca de este ministerio, es aprender a reconocer aquellos que son falsos.  Ya mencioné Mateo 7:15-20, pero allí  encontramos lo que Jesús enseña acerca de los falsos Profetas.

  • Características:

Aparentan ser corderos, pero son lobos. Dicen, enseñan, predican, pero no viven lo que predican, no son verdaderos siervos de Dios. Su profesión es aparentar lo que no son, para engañar.

  • ¿Cómo reconocerlos?

Por sus frutos. El buen árbol da buen fruto, así como el mal árbol da malos frutos. Se debe observar los frutos de la vida del Profeta. Para evaluarlo correctamente, es necesario detenernos en algunos puntos trascendentes, como ser: Su vida a nivel personal, matrimonial, ministerial, su madurez. Su motivación, su mensaje, su moralidad, y administración del dinero. Estos aspectos son claves, para evaluar bíblicamente a un Profeta. En el Antiguo Testamento el falso Profeta se indica con toda claridad. En Deuteronomio 13:1-5 encontramos Profeta que se levanta en medio del pueblo, y sueña o profetiza señal o prodigio; en este pasaje vemos algunas pautas que arrojan luz sobre el tema.     «Si se cumpliere la señal o prodigio…» (v.2) Puede cumplirse lo que profetizó, e igual es llamado falso, ¿por qué?, porque llevó al pueblo a la adoración de dioses ajenos. «…Porque Jehová vuestro Dios os está “probando”, para saber…» (v.3) Dios permite la tarea de estos hombres, para «probar» el corazón de su pueblo, para saber si le aman con todo el corazón y el alma. Cuando el pueblo aceptaba a un Profeta como tal, por el sólo hecho de que «su profecía se cumplió», sin tener en cuenta si por ella era apartado de la devoción a Dios y llevado hacia la idolatría, entonces su corazón era «descubierto» demostrándose que en verdad no amaba a Dios.    «Tal Profeta o soñador de sueños ha de ser muerto, por cuanto aconsejó rebelión contra Jehová vuestro Dios…» (v.5). Esta Palabra nos enseña que a pesar de cumplirse la señal o prodigio, el Profeta era considerado falso porque conducía al pueblo a la idolatría, y por tal motivo, debía morir. En Deuteronomio 18:15, Dios levanta Profeta a quien el pueblo debe escuchar. Los versículos 18 y 19 nos hacen saber, que es Dios quien pone las palabras en el Profeta, para que las hable. Aquel que no le oyere, Dios le pedirá cuentas. Si algún Profeta habla con «presunción» en nombre de Dios, sin que Él le haya enviado, o si habla en nombre de dioses ajenos, ese Profeta morirá (v. 20).           En el caso de que hable en nombre de Jehová y no se cumpliere lo que dijo, es presunción del Profeta; Dios dice: «…No tengas temor de él…» (v.22).  Estos pasajes nos muestran una diferencia en la enseñanza sobre los Profetas en el Antiguo Testamento. El Profeta que anuncia algo como de Dios, «y que aún se cumpla», pero que su palabra lleve a la «rebelión» contra Dios, debe morir. Así también aquel que hable con presunción, llevando el corazón del pueblo a la adoración a otros dioses. Sin embargo, el que habla de su propio corazón, sin que se cumpla, ni acontezca lo que diga, habló presumidamente, por lo tanto, el pueblo no debía tenerle temor. Con el propósito de no errar, es imprescindible tener muy en cuenta que el sólo cumplimiento de una profecía no determina la veracidad o falsedad del Profeta. Para ello, se deben analizar una serie de factores de gran importancia, que ejemplificaremos para una exacta comprensión.  Veamos algunos ejemplos Bíblicos. En Jeremías 27:10; 14-16 y 18, Jeremías dice de parte de Dios, que los Profetas hablaban mentira, y profetizaban en nombre de Jehová falsamente, sin embargo, estaban vivos en medio del pueblo y no les daban muerte. Esto muestra claramente que no por cualquier palabra se daba muerte a un Profeta, sino solamente en el caso de profetizar «rebelión contra Dios», e incitar a la «adoración de otros dioses».  En el mismo libro, en el capítulo 28 encontramos un relato que nos brinda una gran enseñanza: En los primeros versículos vemos al Profeta Hananías, profetizando que el yugo de Babilonia se había roto y que en dos años volverían los utensilios de la Casa de Jehová; también volvería el rey, Jeconías, y todo el pueblo transportado de Judá (v. 1-4).   Cuando un Profeta hablaba paz a su pueblo, sería conocido como Profeta de Dios cuando su palabra, se cumpliera (v.9). Más adelante Hananías rompe el yugo del cuello de Jeremías, y dice: «…Así ha dicho Jehová: de esta manera romperé el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, del cuello de todas las naciones dentro de dos años…» (v.11).  Jeremías responde que el yugo de Nabucodonosor sobre las naciones, ahora sería de hierro: «…Yugos de madera quebraste, mas en vez de ellos harás yugos de hierro» (v.13).  Agrega Jeremías: «…Ahora oye, Hananías: Jehová no te envió, y tú has hecho confiar en mentira a este pueblo» (v.15). .             «Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí que yo te quito de sobre la faz de la tierra; morirás en este año, porque HABLASTE REBELIÓN contra Jehová. Y en el mismo año murió Hananías, en el mes séptimo» (v.16-17).  En el contexto arriba citado, vemos que al Profeta Hananías no le mata el pueblo, lo hace Dios mismo en la sentencia profetizada por Jeremías. En el caso de Hananías, aunque habló presumidamente de su propio corazón, y su palabra no se cumplió, no era posible que quedara sin castigo debido a que la gravedad de su pecado, consistió en hacer creer al pueblo que estaban bien ante Dios, cuando en realidad estaban sufriendo el justo juicio de Dios a causa de su pecado. Hananías no sólo habló rebelión, sino que por su palabra el pueblo se conformaba con una actitud rebelde que los conducía a seguir viviendo indiferentes al llamado de arrepentimiento de su maldad.   Esta situación era muy peligrosa para el pueblo, debido a que aparentemente las palabras de Hananías no llevaban abiertamente a la idolatría, o a la rebelión contra Dios, pero en una forma muy sutil (que es de las más peligrosas), les profetizaba una paz ficticia, que no era nacida de la perfecta comunión del pueblo con Dios. Esto nos deja ver cómo Dios se encargaba de los profetas que hablaban rebelión contra Él, con presunción. En cambio, en aquellos profetas que sólo auguraban acontecimientos que no se cumplían, pero que no llevaban a la rebelión contra Dios, ni a la adoración de dioses ajenos, se aplicaba la palabra de Deuteronomio 18:22 donde dice: Es presunción del Profeta, no tengas temor de él           En este contexto la enseñanza de Jesús en Mateo 7:21-23, afirma una gran verdad, hacia todos aquellos que digan «hacer sin ser»:      «…Señor, Señor, ¿No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?» (v.22). Estos obreros no tienen buenos frutos, son árboles malos, son desarraigados, porque no son plantas plantadas por el Padre Dios  Mateo 15:13. No tienen experiencia con Dios, ni comunión íntima que produzca el buen fruto, por lo tanto son: «…hacedores de maldad» (v.23). Los versículos 24 al 29, nos hacen saber quién es verdadero. El que oye, lo cual significa «poner por obra la Palabra», ése es verdadero. Cuando la casa del prudente es embestida, no cae. La casa del insensato, al ser embestida, es la que cae. ¿Cuál es el motivo? El que es de Dios, tiene fruto bueno y se manifiesta en su vida, por lo tanto, la vida de Dios le sostiene. El obrador de maldad, no tiene vida de Dios, ni sostén Cuando. Jesús predicaba la gente quedaba admirada de su doctrina, «…Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas» (v.29).  Jesús poseía una autoridad, que era su sostén, pues Él vivía y hablaba lo que el Padre le daba. En cambio, los religiosos de su época, no vivían la Palabra; su enseñanza era para condenar a otros. «SI VIVIMOS EN DIOS, TENDREMOS AUTORIDAD DE DIOS».

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Así dice El Señor: El desafío de filtrar la palabra profética hoy

Recientemente tuve la bendición de una iglesia que va en el camino de escuchar la voz de Dios y del Espíritu Santo. Sobre todo están aprendiendo a activar sus dones, pero en sobremanera su don profético o habilidad profética. También he tenido la oportunidad de leer un libro de uno de mis maestros del Seminario en donde  habla de la función profética en la educación teológica. Y me pareció fascinante su propuesta. Es algo tan necesario para la iglesia hoy y para los centros que  capacitan a los futuros siervos de Dios.  Creo que hoy son tiempos  donde Dios se está moviendo de forma  maravillosa, sin embargo siempre está la pregunta  fundamental para estos tiempos. ¿Cómo podemos discernir cuando una palabra profética es de Él o no? El mayor privilegio y el deseo más profundo de todo creyente es escuchar la voz de Dios. No cabe duda que estamos viviendo momentos de la historia de la Iglesia donde la voz de Dios se está escuchando claramente. Él les habla a Sus hijos de muchas formas, y una de ellas es a través de la profecía. Primeramente quiero decirles que creo firmemente en la palabra profética. Por esa razón es que tengo el deseo de motivar a otros a que sepan discernir cuando una palabra profética es de Dios y cuando no. De la misma manera en que una palabra de Dios puede traer bendición a nuestras vidas, una palabra falsa puede causar daños terribles. Segundo, quiero aclarar que estas reflexiones  sólo intentan motivarlos a estudiar la Palabra. De ningún modo pienso que estas líneas  van a ser un substituto para el discernimiento que se consigue a través de una relación íntima con Dios.

¿Empecemos por aclarar que es la profecía personal? La profecía personal ha aumentado su popularidad en los últimos años. El patrón típico comienza con la revelación profética del ministro, de una situación o evento que ha ocurrido o está el presente, ahora en la vida de alguna persona en particular, y con frecuencia apunta a heridas o rechazos del pasado. Usualmente, suele venir seguida de una declaración de bendiciones o promesas de lo que Dios hará en el futuro. No todas son iguales, pero ese es el formato común. Con frecuencia, el término utilizado suele ser “Una palabra”. Por eso es común escuchar a una persona decir: “Él tuvo una palabra para mí”. Es triste, pero estamos tan desesperadamente hambrientos por lo Sobrenatural y por la profecía verdadera, que muchos no han ejercitado el juicio espiritual, mientras han abrazado, sin cuidado, todas las formas de este ministerio. Jesús lo dijo en forma clara: “Mirad que nadie os engañe” (Mateo 24.4). En segundo lugar necesitamos preguntar: “¿Por qué tantos son llevados por profecías que no son genuinas?” Primero, con frecuencia somos ignorantes de lo auténtico. Para llegar a ser familiares con la profecía personal auténtica debemos retornar a las Escrituras para una mejor comprensión. Específicamente, quiero repasar las profecías personales del Nuevo Testamento.  Ya que ellas nos dan como una evidencia o patrón interesante.

Consideremos primero a Simón y Andrés: Jesús caminó hacia el bote y les dijo: “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.” Él no dijo: “Venid en pos de mí y les daré gozo y felicidad.” Ni tampoco dijo: “Los haré ricos y prósperos.” ¿Por qué? Porque Jesús nunca uso las bendiciones o los beneficios del Reino para inducir a sus seguidores a la obediencia. No hubo promesas de logros personales o de éxito; solo la promesa de que los haría siervos (Mateo 4.18, 19).

Veamos en segundo lugar  a Santiago y Juan: Santiago y Juan fueron a Jesús pidiéndole que les garantizara el privilegio de sentarse a su mano derecha y a su mano izquierda, en la gloria. Jesús, entonces, les preguntó si eran capaces de beber de la copa que Él bebería, y bautizarse con el bautismo con que Él era bautizado. Con confianza, ellos dijeron: “Podemos.” Entonces Jesús les profetizó estas palabras: “A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre” (Mateo 20.23). El vaso y el bautismo del que hablaba representaban los sufrimientos que enfrentarían en Jerusalén (Mateo 26.42; Lucas 12.50; Juan 12.23-27). Él profetizó que ellos sufrirían tal como Él sufriría. Esta no era una promesa o palabra agradable para estos dos preguntones. No escucharon lo que habían deseado escuchar.

En tercer lugar está Simón Pedro: Cuando Jesús profetizó su negación, Pedro rechazó eso, afirmando su compromiso. No obstante, Jesús respondió a su apasionada promesa de lealtad: “Antes de que el gallo cante, me negarás tres veces.” ¡Qué palabras proféticas tan fuertes! ¿Por qué Jesús no dijo: “Pedro, mi Padre dice: Tú eres el más fiel de todos mis discípulos. Sé que nunca te apartarás de mí”? Una segunda profecía para Simón Pedro: Luego de su resurrección, Jesús tuvo una palabra para Simón Pedro, nuevamente. Fue la siguiente: “Cuando eras joven podías hacer lo que te parecía e ir a donde querías; mas cuando seas viejo, estirarás los brazos y otros te conducirán y te llevarán a donde no quieras ir.” Jesús le dijo esto para dejarle conocer qué clase de muerte tendría para glorificar a Dios. Entonces Jesús le dijo: “Sígueme” (Juan 21.18, 19; BD). Note que Jesús no llamó la atención sobre el pasado de Pedro. No dijo: “Pedro, cuando eras joven fuiste abusado y maltratado por tus padres. Los pastores y amigos te rechazaron. Pero ahora te digo: “Sanaré todas esas heridas y te traeré a un lugar de autoridad, para que aquellos que te maltrataron te pidan disculpas y sirvan en tu ministerio internacional. Y sí, vivirás libre de las pruebas por todo lo que has soportado en tu infancia. ¡Aleluya!””

En cuarto lugar una miembro de una iglesia, llamada Safira: Una profecía personal le fue dada a una mujer llamada Safira, luego de que ella y su esposo habían conspirado y mentido al Espíritu Santo. Pedro le dijo: “¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu de Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti” (Hechos 5.1-11). Note que Pedro no le dijo: “Y el Señor dice: “Tú eres mi hija y yo soy el Dios de las segundas oportunidades. ¿Quieres volver a pensar lo que dijiste? Yo sé que no fue en serio.” Pablo, el apóstol:

En quinto lugar una profecía personal le fue dada a Pablo en Tiro. El profeta Agabo vino y tomó el cinto de Pablo y le ató con él sus manos y sus pies, y le dijo: “Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en mano de los gentiles” (Hechos 21.10, 11). Note que Agabo no dice: “Así dice el Espíritu Santo: “Hay algunos que tratarán de impedir tu ministerio en Jerusalén, pero yo me levantaré contra ellos y evitaré que te encadenen y te lleven preso.” Así que esta es la evidencia tanto de la forma como del contenido de muchas profecías en el tiempo de Jesús y del NT. Así que los patrones del Nuevo Testamento nos sugieren que cuando alguien hablaba proféticamente en el Nuevo Testamento, con frecuencia era para traer corrección a la gente que había cambiado de curso. O si sus vidas estaban en el blanco, las palabras proféticas los fortalecían para las batallas y pruebas que tenían por delante. Es por esto que Pablo anima a Timoteo a pelear la buena batalla con las profecías que le habían sido dadas (1 Timoteo 1.18). Esto también fue verdad con Pablo cuando recibió palabra profética de Agabo. Las palabras proféticas fortalecieron la posición de Pablo al punto de poder decir: “Porque yo estoy dispuesto no solo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús” (Hechos 21.13). Otras veces, las palabras proféticas fueron dadas para impartir dones o apartar a creyentes para el ministerio. En la actualidad, muchas de las profecías personales parecen edificar el yo y enfatizar el dinero, las relaciones, el matrimonio, los negocios, los bebés o el ministerio. Cuando digo ministerio, no es nada parecido a lo que leímos en los pasajes anteriores. Las “palabras” actuales casi siempre parecen decir cuán estimulante será el llamado, o cuán grandemente los usará Dios, o cuán importantes son o serán.

Una tercera pregunta que se plantea es  ¿Por qué lo falso es aceptado como real? Cientos de miles de esta clase de palabras han sido dadas a la iglesia en los últimos pocos años, y a todos los niveles — personal, local, en iglesias, conferencias y a nivel nacional. El examinar las referencias escriturales nos ayuda a restaurar la pauta correcta para discernir y juzgar la profecía. Por tanto tiempo nos hemos acostumbrados a la mentira que ya no tenemos estómago para la verdad. Pronto pensamos que lo anormal es normal. Si los líderes de la iglesia emergente del NT en el libro de Hechos asistieran a algunas de nuestras conferencias proféticas, sus bocas se quedarían abiertas en completo asombro. Entonces llorarían como Jeremías, con sus corazones rotos por la contaminación del ministerio profético. ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué la iglesia no solo ha tolerado sino también abrazado la perversión de este ministerio? Necesitamos la profecía en la iglesia y somos fuertemente advertidos a no menospreciarla. Menospreciar algo es condenarlo u odiarlo. Hemos estado tan temerosos de menospreciar la profecía que hemos sido negligentes en juzgarla. Es importante que aprendamos a reconocer o discernir lo verdadero de lo falso. No podemos aceptar lo falso como verdadero, solo porque tenemos miedo de rechazar la verdad como falsa; debemos aprender a separar lo bueno de lo malo. Tampoco es correcto ser tan cautelosos y críticos que rechazamos la verdad. Pablo dice que debemos analizar y probar todas las cosas hasta que aprendamos a reconocer lo que viene de Dios. Debemos hacer brillar la luz de la palabra de Dios mientras examinamos la profecía en su contexto.

Serie Dios sufre de insomnio: El fracaso de sus hijos

Segundo tema: Dios sufre de insomnio cuando fracasamos

Un fracaso puede convertirse en un escalón hacia el éxito. Un incidente en la vida de Pedro (Lucas 5:1-11) ilustra esta maravillosa verdad. Él y sus amigos habían pasado la noche entera pescando sin lograr nada. Eso era inusual ya que Pedro era un pescador profesional. Definitivamente no era un novato. Con mucha probabilidad, poseía las mejores redes de pesca, un buen barco y sabía con precisión en qué lugar atrapar la mayor cantidad de peces. Pasó la noche entera trabajando por cuanto sus ingresos dependían de una buena pesca. Sin embargo, esta vez no tuvo éxito. A veces, aun a las superestrellas les falla el tiro. El día siguiente, los discípulos estaban lavando sus redes en la orilla con mucho cansancio y desánimo. En aquel momento, pasó Jesús por aquel lugar y dijo: «Pedro, quisiera usar tu barca como plataforma para predicar». Así que Pedro le permitió entrar a su barca y se alejaron un poco de la orilla. Desde ahí Jesús podía hablar, desde la barca, a la multitud que se encontraba de pie en la orilla. Una vez terminado su mensaje, Jesús les dijo a los discípulos: «Vamos a pescar. Lleva la barca a aguas más profundas», continuó diciendo, «y echen allí las redes para pescar». Pedro, sin embargo, respondió: «Maestro, hemos estado trabajando duro toda la noche y no pescamos nada, pero como tú me lo mandas, echaré las redes». Cuando los discípulos obedecieron, recogieron una cantidad tan grande de peces que las redes se les rompían.

¿Qué nos enseña este relato acerca del fracaso? Jesús nunca hizo un milagro sin propósito. Siempre los empleó para ilustrar algún principio.  Este incidente nos enseña qué hacer cuando nuestro mejor esfuerzo no basta. De vez en cuando, usted pone lo mejor de sí pero no llega a la marca. Estudia con esmero para algún examen para solo sacar una calificación baja. Se esfuerza para mejorar su matrimonio pero no ve ningún adelanto. La vida puede ser dura en ocasiones y muy tentador el querer claudicar. A uno le dan ganas de decir: «¿Qué saco con esto? Solo corro el riesgo de otro fracaso. ¿Habrá algo que pueda marcar la diferencia?»Lo interesante de esta historia es la comparación entre las dos pescas. Los discípulos habían trabajado toda la noche sin recoger nada, sin embargo, más tarde salieron diez minutos y recogieron más peces que nunca. Era el mismo lago, la misma barca, las mismas redes y las mismas personas pescando. Entonces ¿Qué fue lo que marcó la diferencia? En realidad, hay tres diferencias entre las dos pescas y estas nos aportan principios a seguir cuando nuestros mejores esfuerzos terminan en el fracaso. Pienso que cualquier persona que aplique estos principios tendrá un éxito genuino en la vida. Dios tuvo la intención de que fueran fáciles de comprender, de manera que todos pudieran beneficiarse. Pero primero deberá estar consciente de que Dios está interesado en su éxito; a él no le interesa su fracaso. Imagínese que mi hijo  dijera algún día: «Pa, soy un fracaso en la vida. Todo lo que mi mano toca se echa a perder. Mis problemas son insuperables. Nunca me salen bien las cosas. Soy un fracaso total y nunca cambiaré». ¿Acaso le respondería yo diciendo: «¡Me alegro mucho de que me lo hayas dicho! Eso me hace sentir muy bien»? Por supuesto que no. Como padre, deseo que mi  hijo sea victorioso, que sea lo mejor. De igual modo, su Padre celestial también desea que usted tenga éxito en la vida, tanto personal como familiar y en su crecimiento espiritual al igual que en todas sus relaciones. Le sugiero que siga estos principios para poder superar un fracaso.

 

Primero aprópiese de la presencia de Dios en su vida

El primer principio del éxito se halla en Lucas 5:3: Jesús estaba en la barca con los discípulos. ¡La presencia de Cristo hizo una diferencia inmensa! Esta vez, los discípulos no se encontraban pescando solos; Dios estaba con ellos. El primer principio para vivir exitosamente es este: Aprópiese de la presencia de Dios en su vida. . En otras palabras, usted necesita traer a Jesús a su barca. Ese es el punto de partida. No hay otra cosa que pueda ejercer mayor influencia en su vida que la de vivir con o sin Cristo. Ahora, en la vida de Pedro, su barca representaba su fuente de ingresos. ¡Como pescador, esa barca es su negocio! Es significativo el hecho de que Pedro dispusiera su barca para que Cristo la usara. Cristo empleó el negocio de Pedro como plataforma de su ministerio. ¿Tendrá Dios acceso a su trabajo? ¿Estará su trabajo disponible para que él lo use en algún momento? ¿Podrá él ministrar a otros a través de su labor? Demasiadas veces procuramos separar lo secular de lo espiritual. De una manera muy cómoda, mantenemos nuestra vida cristiana separada de nuestra vida profesional. Sin embargo, esto impide que Dios bendiga su negocio o empleo. Dios bendecirá cualquier cosa que usted le dé. Si le da su vida, él le bendecirá en su totalidad. Pero si solo le da una porción de ella, él solo bendecirá lo que usted le permita. Hay algo que, al tener a Jesús en su barca, elimina el temor al fracaso y reduce sus preocupaciones con respecto a los resultados. Cuando Pedro hizo de Jesús su compañero de pesca, los resultados fueron increíbles: recogió más peces que lo que habría podido hacer solo. Bien, no pierda la secuencia. Primero, Pedro usó su barca para los propósitos de Jesús. Este tomó la barca y predicó desde allí para alcanzar a las personas. Luego, después de que Cristo usó la barca para su propio propósito, Dios se encargó de las necesidades de Pedro. Dios nos promete que sí buscamos «primeramente el reino de Dios y su justicia…todas estas cosas [nos] serán añadidas» (Mateo 6:33). O sea que, ¿si entrego a Dios mi vida entera, poniéndolo en primer lugar en todas las áreas, él me bendecirá? Sí, esa es la promesa de Dios para usted.

Creyentes de invernaderos: La desgracia de las tradiciones evangélicas

Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne. Aunque yo tengo  también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible» (Filipenses 3.3–6).

Leí la historia de una mujer que  cayó de pronto en cama con una enfermedad implacable, y la muerte era segura. El pastor  la estaba visitando y esta comentó: «Es amable de su parte que venga a mí, pero es en vano. Es demasiado tarde para hacer algo por mí ahora. Lo mío ha sido un cristianismo sin Cristo, y tengo que atenerme a las consecuencias. He sido una buena mujer de iglesia y he aparentado ser una buena cristiana. He sido diligente en mi asistencia a la iglesia. He dado generosamente. He admirado el cristianismo y he tratado de incorporar sus preceptos  a mi vida. Sin embargo, jamás me he preocupado por conocer al Salvador que vive, ni por conocer personalmente la fe, ni por saber que mis pecados fueron todos perdonados. Es demasiado tarde para  buscar de ello ahora. Tengo conmigo la figura de la  bondad sin su poder. Ahora estoy perdida, ¡perdida para siempre!».Esta infortunada mujer es una de muchos que han dejado que sus almas se vuelvan famélicas por medio de las «tradiciones religiosas». Estas «tradiciones religiosas» son actos, actitudes y consecuencias de un formalismo, en lugar de serlo de una fe verdadera. En esas «tradiciones», la fe de uno es dictada por la tradición y por una instrucción previa.  Las tradiciones religiosas son lo opuesto al corazón  sensible e indagador que Dios busca (Ezequiel 11:19-20). No puede haber tragedia mayor que la de un  alma arruinada por las tradiciones religiosas. Saulo de Tarso es otra ilustración de esa tragedia. Su vida como joven adulto estuvo dirigida  por tradiciones religiosas. Sus acciones, actitudes  y hablar eran de acuerdo a un tradicionalismo  formal que no permitía ninguna «vida» en la fe ni en la práctica. La ruina que le aconteció a Saulo  es una tragedia común hoy.

Creo que debo examinar bien  la vida de Saulo y observar  si algunas tradiciones religiosas están destruyendo mi fe. Primero,  ¿Cómo se forma las tradiciones religiosas? He estado observando la vida de Saulo,  y en su vida podemos ver cómo se forman las tradiciones religiosas  y cómo conducen a la ruina espiritual. Al considera  los primeros años de la  vida e instrucción religiosa de Saulo uno puede ver las fuentes de donde el bebió su tradiciones.  De lo que se  recoge de los escritos del apóstol, podemos obtener  la siguiente información sobre él, la cual nos ayuda  a entender los inicios de las tradiciones religiosas  de su vida. La primera fuente nos habla de sus padres (Filipenses 3.5). En este  pasaje está toda la información que tenemos acerca  de los padres que engendraron a Saulo de Tarso,  sin embargo, es suficiente. Nació en una familia de  fariseos y por lo tanto fue instruido en la enseñanza  más conservadora del judaísmo. El tener a un fariseo  como padre significaba que Saulo vio diariamente  un modelo de alguien con abundante filacteria y  exactas y escrupulosas prácticas reglamentarias. Evidentemente, la familia de Saulo estaba instruida  de esta forma estricta (Cf. 2ª Timoteo 1.3). La previa instrucción, influencia y ejemplo  de los padres se combinaron para hacer de Saulo  alguien celoso de la ley y de las prácticas antiguo testamentarias (filipenses 3.6). Su orgullo en esta  fe heredada es evidente (2ª Corintios 11.22; Hechos  23.6; filipenses 3.5). De lo que se recoge en Hechos 23.16 y Romanos  16.7, 11, 21, encontramos referencias a los parientes  de Saulo. El orgullo familiar en la fe heredada  era avergonzado cuando alguien se volvía con  fe a Cristo. Mientras que algunos repudiaban los  preceptos del judaísmo, otros dentro de la familia  comenzaron a perseguir el «nuevo camino» y fueron  atraídos al judaísmo con una mayor tenacidad. Sin  duda, el joven Saulo, celoso de su religión ancestral,  se uniría enérgicamente a los juicios de su familia  ante cualquier pariente que hubiere dado su espalda  a las antiguas creencias de la familia. La segunda fuente fue  su ciudadanía romana (Hechos 22.28). Esta  prestigiosa posición se debía a los derechos que  tenían sus padres como ciudadanos. Ser ciudadano  romano le permitía a Saulo disfrutar de distinción,  honra y prosperidad. La instrucción durante la niñez de Saulo habría  seguido la rutina normal de cualquier jovencito  judío. A los cinco años de edad, comenzó a estudiar  las Escrituras; a los diez años, estudió a fondo el  manual de las leyes tradicionales judías (la Mishná);  y a los trece, se hizo súbdito de la ley. La tercera fuente fue su educación. Lo probable  es que entre los diez y trece años de edad Saulo  fuera llevado a Jerusalén, para ser instruido en un  programa más preciso y sistemático bajo la tutoría  de Gamaliel (Hechos 22.3). Bajo la dirección de Gamaliel, Saulo adquiriría un fervor entusiasta, agudo  y vigilante por la ley (Hechos 26.5b). Los años de  estudio los pasó siendo un estudiante entusiasta y  prometedor (Gálatas 1.14). Los anteriores elementos de la niñez de Saulo se combinaron y gradualmente crearon un apasionado  seguidor de los rabinos. Los años de estudio, el celo  del entusiasmo religioso y la arrogante santurronería  de las tradiciones de los fariseos fueron desarrollados y perfeccionados en la vida del joven Saulo.  Cuando una voz valiente se atrevió a exponer las  «tradiciones religiosas» de la religión de Saulo y a  demandar una valoración sincera de su corazón,  las «tradiciones» lo llevaron a ser parte de un  evento impensable, esto es, la muerte de alguien  que estaba desenmascarando las inconsecuencias  (Hechos 7.51–53). Después de que se le dio muerte a Esteban,  Saulo fue poseído de la más violenta y descontrolada furia y fue incitado a perseguir abiertamente  al pueblo del Señor (Hechos 8.1). El celo de Saulo  había sido encendido y este buscó eliminar el nuevo  camino que hacía peligrar sus tradiciones religiosas  (Hechos 8.3; 26.9, 10). Su infame celo se esparció  rápidamente (Hechos 9.13). Tenemos entonces aquí la triste historia de alguien que fue «arruinado por las tradiciones». A medida que los primeros años de Saulo son  examinados, podemos especificar los siguientes factores como los que contribuyeron a la formulación  de las nocivas tradiciones religiosas. En primer lugar,  una sinceridad ignorante  (1ª Timoteo 1.13; Hechos 26.4, 5). Saulo realmente  pensó que estaba haciendo lo correcto. Sin embargo, ¡su sinceridad era terriblemente ignorante  y más bien lo llevó a oponérsele a Dios! (Cf. Mateo  7.21–23.) En segundo lugar, una mente cerrada y una fidelidad ciega (Hechos 7:51 sigs.; 26:14). Tan cerrada estaba  su mente que no pudo razonar con la verdad de  Dios. Su terquedad le impidió pensar por sí mismo,  esto es, sus pensamientos estaban controlados por  las «tradiciones» de su religión habitual. En tercer lugar, un orgullo pecaminoso (Gálatas  1.10). Rehusó creer que podía estar equivocado.  Su orgullo por el judaísmo le impidió examinar de  forma sincera la verdad del evangelio de Cristo. En cuarto lugar, una instrucción temprana (Hechos  26.5). Su vida había transcurrido en la fe judía. Sus  padres y la mayoría de sus parientes seguían el  judaísmo y estos lo alentaron hacer lo mismo. Si  abandonaba las «tradiciones» de la fe de su familia,  estaría desertando de ella. Los anteriores factores se combinaron para  formar las «tradiciones» de la religión de Saulo.  La tradición, la historia familiar pasada, los lazos  emocionales, etc., lograron dirigir su fe. ¡Su fe fue  dirigida por tradiciones religiosas!

Al pensar en este descubrimiento, me he preguntado si mi fe y mis creencias o mi celo están guiados por las tradiciones religiosas ola Palabrade Dios. Cada vez que me enfrento con una tradición encuentro realmente esos principios que Pablo tuvo. Por un lado hay una sinceridad ignorante, y a veces una atadura espiritual. Pensemos en muchas de las “creencias” que se tienen debido a que la denominación lo cree y que es abiertamente contradictoria a los principios escriturales. La gente es sincera en la creencia pero es ignorante dela Palabrade Dios. La segunda cosa también aparece es una mente cerrada y una fidelidad ciega. Hay muchas personas que les es imposible creer que Dios pueda tener más que lo que su denominación cree. Y cuando son desafiados con esa nueva revelación se aferran fiel y ciegamente a algo que por un lado ya no funciona y por otro lado que ya  no es relevante.  Cuando se nos desafía con la tradición, aparece la tercera cosa que es un orgullo pecaminoso. Hay muchos que están tan orgullosos de su herencia histórica, de su movimiento, que apelan a esa historia para evitar el cambio y hacerse más duros con el mover de Dios en el presente. Finalmente la instrucción temprana, es decir el condicionamiento histórico y ancestral, hacen de las personas ciegas al cambio y a la frescura de Dios. He conocido hijos e hijas de hombres y mujeres fundadores de iglesias con un corte definido denominacional, que no cambian simplemente por el hecho que si lo hacen estarían incomodando a sus padres que tanto quieren. Así que permanecen en una aridez espiritual y en un estado pétreo de tradición sin sentido para sus vidas.

Conexión Timoteo: Entendiendo las nuevas generaciones V parte

Estoy pensando siempre en el caso de Pablo dialogando con Timoteo. Estamos evaluando su propuesta realista y su propuesta retante. En esta propuesta retante vemos la aceptación de Pablo de su hijo Timoteo. Pero no sólo es aceptación sino también acción. Así que la segunda propuesta de Pablo para su hijo es de ACCIÓN  El texto tiene que ver con que Timoteo deberá hacer algo en la iglesia de Efeso. Note que la esencia es que Pablo desea que Timoteo impida que las personas enseñen “diferente doctrina”. Así que su acción es correctiva. La palabra heterodidaskalein habla diferente en contenido y esencia. Significa un falso evangelio. Timoteo debía ejercer un trabajo docente basado en el verdadero evangelio. Y por supuesto, que Timoteo ya lo conocía bien. Pero también su acción es reflexiva.  Al pensar nuevamente en Timoteo, Pablo le dice que la acción de Timoteo en la iglesia de Efeso debe ser con criterio. El vrs. 4 dice: “Diles que no pierdan el tiempo estudiando historias falsas y las interminables listas de sus antepasados. Los que se interesan en esas cosas discuten por nada, y eso no los ayuda a conocer los planes de Dios. Esos planes sólo podemos conocerlos si confiamos en él. (NTL). Pablo desea que Timoteo, reflexione sobre el hecho de lo que hace perder el tiempo en la iglesia y lo que realmente edifica en el pueblo de Dios. Así que Pablo le da a Timoteo 3 filtros reflexivos para poder corregir a los falsos líderes. El primer filtro de criterio tiene que ver con el contenido del maestro. Note que Pablo se refiere al contenido como “fábulas y genealogías”. Primero es importante observar  que la expresión “presten atención” es la palabra “prosejo”. Esta palabra se traduce como “traer cerca”. La palabra es un presente infinitivo. A veces se puede traducir como “hacer llegar un barco” o también como “adicto a algo”. Estas dos figuras implican que este tipo de contenido se introduce lentamente (un barco llegando a puerto) y segundo que una vez aceptado forma una adicción. Esto se refiere a temas que atraen, que son adictivos pero que de alguna manera están lejos del contenido de la Palabra de Dios y de su gracia. La palabra fábula puede referirse a un cuento de la mitología de un país o religión. Son historias falsas. Según un diccionario dice que una fabula es una narración cuyo contenido es ficticio y se usa para enseñar una moraleja. La idolatría está llena de fabulas, las religiones inventadas por los hombres comienzan con fábulas.  En la Biblia la palabra fábula se usa para referirse a varias cosas.  Los judíos estaban llenos de fábulas. (Tito.1:14; 1 Timoteo.1: 14). Estas fábulas estaban acompañadas de mandamientos de hombres, de genealogías interminables.  Todas las fabulas son profanas.(1 Timoteo 4:7). Profano es lo pagano, lo malo, las cosas vanas. En la Biblia hay personas profanas y hay cosas profanas. (Hebreos.12:16; 1.Timoteo 1:9) También existen pláticas profanas. (2 Timoteo 2:16). Hay fabulas artificiosas. (2 Pedro 1:16). Artificioso es algo que llego a ser plausible, algo que llego a ser sabio, algo que tuvo una aceptación siniestra. Hay cosas que llegan a ser famosas. Pero la predicación no es así, no tiene su base en lo que la gente más aplaude, si no en la verdad. Pensemos en las fabulas judaicas a las que en el contexto de Timoteo se estaban dando. Están llenas de dos cosas: de mandamientos de hombres y genealogías interminables. (Tito 1:14; 1.Timoteo 1:4) ¿De dónde sacaron eso? De la tradición de los ancianos. Marcos 7:3. Dice que se aferraron de la tradición de los ancianos. La palabra aferrarse habla de echar mano, de prender o tomar para defender lo que creo. Pareciera que todos estaban de acuerdo con esa forma de hacer las cosas. Los judíos estaban llenos de tradiciones. La tradición se volvió un precepto, parte de la instrucción, de la enseñanza y de la doctrina. Así que al ver esta acción reflexiva se debe evaluar el contenido de las personas que predican. (http://flixant.wordpress.com/2011/08/09/cuidado-con-lo-diferente-parte-dos/). Al pensar en esto me doy cuenta que en nuestro medio hay mucho de esto en muchas iglesias. Hace unos días estaba escuchando uno de los predicadores que tienen mucha presencia en los medios. Solo pude escuchar unos 10 minutos, y no pude aguantar más. Que barbaridad de lenguaje y de fábulas interminables. A la gente le encantan los chistes, las vulgaridades y a eso le llaman “predicación de la palabra”. El criterio bíblico es un elemento ausente en nuestras iglesias, la gente le llama a cualquier “estupidez” mensaje o predicación. Lamentablemente cada día que pasa desaparece de nuestras iglesias la verdadera palabra de Dios. Añada que no sólo la vulgaridad o lo sucio es el deleite de las masas, sino que también pueden ser nuestras doctrinas denominacionales, que no nos dejan propagar el verdadero evangelio. ¿Cómo predicamos hoy? La iglesia predica el evangelio en medio de una sociedad fascinada por los sucesos postmodernos. Estos fomentan la profunda crisis social que sacude a nuestros pueblos y los medios de comunicación masiva son los principales instrumentos que emplean las sociedades postmodernas para diseminar dichos sucesos, sus valores y sus prácticas. El diagnóstico de la crisis es necesario, pero no basta. También es necesario delinear estrategias teológicas y pastorales que nos ayuden a proclamar el evangelio de manera efectiva.  Si deseamos ser una iglesia verdadera, que fomente relaciones interpersonales reales y significativas, es necesario ofrecer una práctica homilética que ayude al creyente, individualmente, y a la iglesia, a nivel comunitario, a interpretar la vida a la luz de los valores del reino de Dios. Este proceso implica un choque de valores entre el evangelio de vida y los valores que fomenta una sociedad donde nada tiene significado y todo es lícito. Los valores son cruciales porque determinan la conducta humana. La persona que toma para sí los valores evangélicos reorienta toda su vida, integrando su personalidad y moviéndose hacia la salud mental. El predicador que se aventura a proclamar el evangelio en este siglo  debe reconocer que la mayor parte de las personas que los escuchan albergan graves dudas sobre la fe cristiana. Por lo tanto, la predicación hoy debe ver la cultura y la sociedad como campos misioneros donde personas que nunca han escuchado el evangelio necesitan desesperadamente la fe de Jesucristo. Debemos reconocer que la fragmentación de la verdad produce personalidades fragmentadas, hecho que explica la proliferación de los problemas emocionales, mentales y psicológicos en nuestras sociedades. El joven que no conoce el significado de la palabra padre no podrá tener relaciones familiares significativas. Del mismo modo, rechazará la metáfora de Dios como Padre. Por lo tanto, la predicación en este siglo  deberá entrar en diálogo con el consejo pastoral, buscando fomentar la salud mental de nuestro pueblo. Por otro lado la predicación debe reconocer el lugar privilegiado que ocupa la cultura popular en la sociedad actual. Aunque las clases medias y altas continúan leyendo obras de la literatura universal, la inmensa mayoría del pueblo se divierte viendo programas de televisión, películas o jugando videojuegos. Debemos afirmar el valor de la cultura popular como lugar teológico, explorando su utilidad en la predicación.  Mientras, en otras eras, la sociedad definía e imponía la identidad de cada quien, la era postmoderna invita a escoger y definir su propia identidad. La postmodernidad ofrece la oportunidad de relacionarnos con diversas comunidades, forjando simultáneamente diferentes identidades. Hoy la juventud debe escoger su identidad étnica, racial, cultural, nacional y sexual, entre otras. En medio de todos estos reclamos, la predicación ayuda al creyente a forjar su identidad cristiana. Sin embargo, esta no cancela las otras identidades, por el contrario, nos llama a tomarlas en serio, reflexionando sobre su significado como lugares teológicos en los cuales y desde los cuales pensamos y vivimos nuestra fe. Nuestra época  presenta un serio desafío a la Iglesia cristiana, en general, y a la predicación cristiana, en particular. Nos desafía a predicar el evangelio de Jesucristo en medio de sociedades fragmentadas que desconfían del mensaje de todas las instituciones, particularmente de las instituciones religiosas. No obstante, también nos presenta la oportunidad de predicar un evangelio libre de los atavismos de la modernidad. La iglesia postmoderna tiene la libertad de criticar y de construir su propia historia, buscando reconstruir su teología y su labor pastoral. En el mundo de habla hispana, tenemos buena predicación. Los púlpitos de nuestras iglesias se engalanan con hombres y mujeres que honran a Dios predicando con pasión y autoridad. Lo que falta es más homilética, estudio académico, serio y riguroso del arte cristiano de la predicación. Estoy convencido de que el estudio y la práctica de la homilética cristiana bien puede ayudarnos a proclamar el evangelio de manera efectiva para la salvación y regeneración de la humanidad, en el nombre de Jesucristo. La evidencia de las fábulas y las genealogías según Pablo son las discusiones y la poca edificación de la iglesia

Conexión Timoteo: Entendiendo las nuevas generaciones II parte

Volviendo a 1 de Timoteo es curioso observar que Timoteo  es parte de una tercera ola, de una tercera generación de cristianos. La primera fue Jesús, la segunda fue la de los apóstoles y ahora está la generación de Timoteo y Tito. Una generación T. Si ellos no hubieran batallado con la falsa enseñanza en su era, especialmente la falsa enseñanza que emergía de  dentro la iglesia, no tendríamos un evangelio puro hoy. En nuestro contexto Latinoamericano, estamos por una tercera generación de evangélicos según Junior Zapata Somos casi 600 millones de Latinos y 40 millones asisten a la iglesia el día domingo. El promedio del cristiano latinoamericano es de 42 y está subiendo, la edad promedio del latinoamericano es de 27 años, y está bajando. Latinoamérica va a ser el continente más joven dentro de poco .Entonces la iglesia está subiendo sus programas para gente de edades más grandes porque la iglesia está creciendo en edad  (http://www.youtube.com/watch?v=ZNTsKzp4KTk&feature=related). O sea que la iglesia puede estarse equivocando en su enfoque espiritual.  Así que es muy pertinente de Pablo en relación de cómo el le propone a Timoteo un creyente de  tercera generación encaja en una iglesia de primera generación. Veamos entonces que la segunda herramienta de Pablo  para conectarse con la siguiente generación es su PROPUESTA. Pablo usa dos verbos importantes, el primero está en el vrs. 3ª y es la palabra “te rogué”. El segundo verbo aparece  en el vrs. 3b y es la expresión “mandases”. Es decir Pablo le propone dos acciones a Timoteo. Su propuesta es REALISTA. (3-4) Cuando leemos los versículos 3 y 4 Pablo le dice a Timoteo que la iglesia en Efeso dista mucho de ser lo que Dios quería. De hecho le anticipa y advierte que los líderes están enseñando la mentira y se están apartando de la verdad. Hoy tenemos un gigantesco desafío para hacer relevante la iglesia a las nuevas generaciones. Para Pablo era importante no darle una falsa imagen a Timoteo del lugar donde le estaba pidiendo que se quedase. El debía estar consciente de las contradicciones que existían en Efeso. Había líderes corruptos, líderes déspotas, y líderes lejos de la Escritura, enseñando “fábulas y cuentos de viejas”. Eso implicaba que el tenía que tomar decisiones pertinentes para darle honra y honor al verdadero evangelio. He escuchado a muchos  de los conferenciantes para jóvenes más famosos de América Latina,  hombres populares y de gran impacto en las generaciones jóvenes. Muchos de ellos son escritores, con sus propios programas de radio y televisión y  que cuando hablan son  escuchados por igual por jóvenes y adultos. Hace poco uno hablaba de cómo ser usado por Dios y la necesidad de que evitemos el pecado pues, de lo contrario, no seremos instrumentos útiles en sus manos y El no podrá llevar a cabo su obra a través nuestro. Urgió y pidió a todos los creyentes a caminar en santidad y limpieza de corazón delante del Señor. Hasta aquí todo perfecto. Después desafío a la audiencia -aproximadamente unas dos mil personas- a tener un tiempo de examen de nuestro corazón para que Dios nos permitiera ver si había pecado que impidiera que pudiéramos ser gente que fuera usada para su gloria. Las cosas seguían estando bien. Finalmente, mientras dirigía al auditorio en este tiempo habló del pecado sexual, la masturbación, la fornicación, la pornografía. Aquí ya no me pareció tan bien. No es que esté a favor de una sexualidad al margen de la voluntad y los planes de Dios, algo sobre lo que habría que hablar en profundidad. Es que choca que el pecado que impide ser usado por Dios sea únicamente el sexual y a Dios no le importe mi ética de trabajo, mi compromiso con mi país, la lucha contra la pobreza, el maltrato de las mujeres, el abuso infantil, la trata de seres humanos, la injusta distribución de la riqueza en el mundo, la carencia de acceso a la educación de centenares de millones de personas, la corrupción política, el orgullo y arrogancia de los líderes religiosos. Pareciera que eso a Dios le tenga sin cuidado mientras no te vayas a la cama con tu novi@. Alguien puede afirmar que todo lo demás ya lo damos por sentado. Está bien, ¡Pues no lo demos por sentado! ¡Afirmémoslo! gritemos que ser cristiano es mucho más que evitar la fornicación y el uso y consumo de pornografía, no beber, no fumar, no tener un novi@ no cristiano. Afirmemos en positivo el proyecto de vida cristiano. Lamentablemente los cristianos no podemos afirmarlo porque no tenemos un proyecto de vida cristiano pensado, desarrollado y articulado. Tristemente no sabemos y no podemos afirmar la fe en positivo, únicamente lo podemos hacer negando otros proyectos de vida, otras alternativas, otras cosmovisiones. Los creyentes nos hemos especializado en señalar, juzgar y condenar todo aquello que no nos gusta de la forma de vivir de la gente a nuestro alrededor. Pero si nos preguntaran qué ofrecemos, cuál es nuestra alternativa, cuál es el proyecto que presentamos, no podríamos articularlo porque carecemos de él, porque es simplemente la negación de los otros, porque es más fácil negar lo de los demás que afirmar lo propio. Y esta es en el fondo la razón por la cual los jóvenes en general, y los estudiantes en particular, abandonan nuestras iglesias. No hay una cosmovisión positiva que les permita articular un proyecto vital propio por el que valga la pena vivir y morir. Muchos jóvenes la única oferta que tienen es participar en la construcción del imperio religioso de sus líderes o el compromiso inquebrantable a estructuras, programas y actividades fosilizados que han perdido toda relevancia cultural, social y espiritual. Dedicación a las formas en vez del fondo, al medio y no a la función, a la tradición pero no a la revolución. Si algo caracteriza a la postmodernidad es la pluralidad en todas las vertientes y dimensiones de la realidad. Hay una increíble variedad de estilos de vida disponibles para que los jóvenes construyan alrededor de los mismos su proyecto personal vital. Tristemente brilla por su ausencia un proyecto de vida cristiano que sea motivador, desafiador, radical, revolucionario. Somos un coro de plañideras quejándonos de lo malo que es el mundo y participando secretamente del mism

Dios te hablará en tu propio idioma: A propósito del rótulo puesto en la cruz

Mucho antes de contraer matrimonio, ya yo sabía de la importancia de leer las señales de la esposa. Sabio es el hombre que aprende el lenguaje no verbal de su esposa, que discierne las señales y sabe interpretar los gestos. No es simplemente lo que se dice, sino cómo se dice. No es solo cómo, sino cuándo. No es solo cuándo, sino dónde. El buen marido es aquel que sabe descifrar. Hay que leer las señales .Escuche el testimonio de un marido que no supo leer las señales de la esposa: “Creía que aquel fin de semana en  Guatemala yo estaba haciendo un buen trabajo. Llevábamos solo unos meses de casados y tendríamos visitas en nuestro departamento. Yo había invitado a un predicador para el domingo, esperando que viniera y estuviera con nosotros desde el sábado por la noche. Riesgosa decisión la mía ya que el hombre no era un aprendiz recién salido del aula sino que era un antiguo y distinguido profesor. Y no cualquier profesor, sino un especialista en relaciones familiares. ¡Qué tal! Nuestra nueva familia iba a tener de invitado a un especialista en familia! Cuando Margarita lo supo, me mandó una señal. Una señal verbal: «Será mejor que limpiemos la casa». El viernes por la noche, me mandó otra señal, esta vez no verbal. Se puso sobre sus rodillas y empezó a restregar el piso de la cocina. Yo, por dicha, uní las dos señales, agarré el mensaje y me dispuse a cooperar.  Pensé: « ¿Qué puedo hacer?» Uno nunca debe inclinarse por los trabajos demasiado sencillos, así es que pasé por sobre el polvo y la aspiradora buscando algo más importante que hacer. Después de una detenida inspección, se me ocurrió lo que parecía perfecto. Pondría fotografías en un álbum de pared. Uno de nuestros regalos de boda había sido un álbum de este tipo. Todavía no lo habíamos desempacado, ni aun lo habíamos llenado. Pero todo eso cambiaría aquella noche.  De modo que me puse a trabajar. Con Margarita restregando el piso detrás de mí y a mi lado una cama sin arreglar, volqué en frente mío una caja de zapatos llena de fotos y empecé a ponerlas en el álbum. (No sé en qué estaba pensando, supongo que decirle a la visita: «Oiga, vaya al comedor y fíjese en la colección de fotos que tenemos en la pared».)  Había perdido el mensaje. Cuando Margarita, con un frío en su voz capaz de congelar a cualquiera me preguntó qué estaba haciendo, seguí sin captar el mensaje. «Poniendo fotos en un álbum de pared», le contesté, plenamente satisfecho. Por la siguiente media hora, Margarita  se mantuvo en silencio. ¿Y yo? De lo más tranquilo. Supuse que estaría orando, dando gracias a Dios por el marido tan maravilloso que le había dado. O que quizás estaría pensando: «Ojalá que después que termine con las fotos, empiece con el álbum de recortes».  Pero ella no estaba pensando eso. El primer indicio de que algo no estaba saliendo bien lo tuve cuando finalmente, después de haber limpiado ella sola todo el departamento, me dijo, a modo de despedida: «Me voy a la cama. Estoy furiosa. Mañana por la mañana te voy a decir por qué».  ¡Uyuyuy!  A veces dejamos de ver las señales”. (Aun ahora, es posible que un varón de corazón bondadoso y despistado se esté preguntando: « ¿Por qué se habrá puesto furiosa la señora?» Vas a aprender, mi amigo, vas a aprender.)

El que enmarca nuestro destino está acostumbrado a nuestra insensatez. Dios sabe que a veces no vemos las señales. Quizás por eso nos ha dado tantas. El arco iris después del diluvio se refiere al pacto de Dios. La circuncisión identifica a los elegidos de Dios y las estrellas hacen referencia al tamaño de su familia. Aun hoy día, vemos señales en la iglesia del Nuevo Testamento. La Santa Cena es una señal de su muerte, y el bautismo es una señal de nuestro nacimiento espiritual. Cada una de estas señales simboliza una tremenda verdad espiritual.

Sin embargo, la señal más patética la encontramos sobre la cruz. Un anuncio en tres idiomas, escrito a mano, ejecutado por orden del Imperio Romano. Pilato escribió un letrero y lo puso sobre la cruz. En él se leía: Jesús de Nazaret, rey de los judíos. El letrero fue escrito en hebreo, en latín y en griego. Mucha de la gente lo leyó, porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad. Los principales sacerdotes dijeron a Pilato: «No escribas, “El rey de los judíos”, sino escribe: “Este hombre dijo: ‘Yo soy el rey de los judíos’ ”».  Pilato les respondió: «Lo que he escrito, he escrito» (Juan 19.19–22 ).

¿Por qué un letrero sobre la cabeza de Jesús? ¿Por qué esas palabras perturbaban a los judíos y por qué Pilato rehusó cambiarlas? ¿Por qué el letrero escrito en tres idiomas y por qué el letrero aparece mencionado en los cuatro Evangelios?  De todas las posibles respuestas a estas preguntas, vamos a concentrarnos en una.

¿Será que este pedazo de madera es un cuadro de la devoción de Dios? ¿Un símbolo de su pasión para decirle al mundo acerca de su Hijo? ¿Un recordatorio que Dios hará lo que sea para compartir contigo el mensaje de este anuncio? Para mí que el letrero revela dos verdades sobre el deseo de Dios de alcanzar al mundo. Su corazón misionero y transcultural. Quiero que veamos cuáles son las cuatro palpitaciones del corazón de Dios a través de este letrero.

I. La primera palpitación del corazón de Dios nos dice: No hay persona que Él no use. Esto nos lleva a los MÉTODOS de Dios.

Poncio Pilato desempeñó el cargo de prefecto de  la provincia romana de Judea desde el año 26 d.C.  Hasta el 36 o comienzos del 37 d.C. Su jurisdicción  se extendía también a Samaria e Idumea. No  sabemos nada seguro de su vida con anterioridad a  estas fechas. El título del oficio que desempeñó fue  el de  praefectus, como corresponde a los que  ostentaron ese cargo antes del emperador Claudio y  lo confirma una inscripción que apareció en  Cesarea. El título de  procurator, que emplean  algunos autores antiguos para referirse a su oficio,  es un anacronismo. Los evangelios se refieren a él  por el título genérico de “gobernador”. Como  prefecto le correspondía mantener el orden en la  provincia y administrarla judicial y  económicamente. Por tanto, debía estar al frente del  sistema judicial (y así consta que lo hizo en el  proceso de Jesús) y recabar tributos e impuestos  para suplir las necesidades de la provincia y de  Roma. De esta última actividad no hay pruebas  directas, aunque el incidente del acueducto que  narra Flavio Josefo  es seguramente  una consecuencia de ella. Además, se han  encontrado monedas acuñadas en Jerusalén en los  años 29, 30 y 31, que sin duda fueron mandadas  hacer por Pilato. Pero por encima de todo ha pasado  a la historia por haber sido quien ordenó la  ejecución de Jesús de Nazaret; irónicamente, con  ello su nombre entró en el símbolo de fe cristiana: “Padeció bajo Poncio Pilato, fue crucificado, muerto  y sepultado…”.   Su presencia en el Credo es  de gran importancia, porque  nos recuerda que la fe  cristiana es una religión  histórica y no un programa  ético o una filosofía. La  redención se obró en un lugar concreto del mundo,  Palestina, en un tiempo  concreto de la historia, es  decir, cuando Pilato era  prefecto de Judea.  Sus relaciones con los judíos, según nos informan  Filón y Flavio Josefo, no fueron en absoluto buenas.  En opinión de Josefo, los años de Pilato fueron muy  turbulentos en Palestina y Filón dice que el  gobernador se caracterizaba por “su venalidad, su  violencia, sus robos, sus asaltos, su conducta  abusiva, sus frecuentes ejecuciones de prisioneros  que no habían sido juzgados, y su ferocidad sin  límite” (Gayo 302). Aunque en estas apreciaciones  seguramente influye la intencionalidad y  comprensión propia de estos dos autores, la crueldad  de Pilato, como sugiere Lucas 13:1, donde se menciona  el incidente de unos galileos cuya sangre mezcló el  gobernador con sus sacrificios, parece fuera de  duda. Josefo y Filón narran también que Pilato  introdujo en Jerusalén unas insignias en honor de  Tiberio, que originaron un gran revuelo hasta que se  las llevó a Cesarea. Josefo relata en otro momento  que Pilato utilizó fondos sagrados para construir un  acueducto. La decisión originó una revuelta que fue  reducida de manera sangrienta. Algunos piensan que  este suceso es al que se refiere Lucas 13:1. Un último  episodio relatado por Josefo es la violenta represión  de samaritanos en el monte Garizim hacia el año 35.  A resultas de ello, los samaritanos enviaron una  legación al gobernador de Siria, L. Vitelio, quien  suspendió a Pilato del cargo. Éste fue llamado a  Roma para dar explicaciones, pero llegó después de  la muerte de Tiberio. Según una tradición recogida  por Eusebio, cayó en desgracia bajo el imperio de  Calígula y acabó suicidándose.  En siglos posteriores surgieron todo tipo de  leyendas sobre su persona. Unas le atribuían un final  espantoso en el Tiber o en Vienne (Francia),  mientras que otras (sobre todo las Actas de Pilato,  que en la Edad Media formaban parte del Evangelio de Nicodemo) le presentan como converso al  cristianismo junto con su mujer Prócula, a quien se  venera como santa en la Iglesia Ortodoxa por su  defensa de Jesús (Mt 27,19). Incluso el propio Pilato  se cuenta entre los santos de la iglesia etíope y  copta. Pero por encima de estas tradiciones, que en  su origen reflejan un intento de mitigar la culpa del  gobernador romano en tiempos en que el  cristianismo encontraba dificultades para abrirse  paso en el imperio, la figura de Pilato que  conocemos por los evangelios es la de un personaje indolente, que no quiere enfrentarse a la verdad y  prefiere contentar a la muchedumbre.

Ahora ¿cuál es mi punto al relatar esta breve biografía de Pilato? Que es precisamente este hombre el que está escribiendo las letras en el rótulo de la cruz de Jesús.  Ahora ustedes deben saber que Pilato no tenía ningún interés en difundir el evangelio. De hecho, el letrero decía en otras palabras: «Esto es lo que llega a ser un rey judío; esto es lo que los romanos hacen con él. El rey de esta nación es un esclavo; un criminal crucificado; y si esto es el rey, ¡cómo será la nación de la cual es rey!»  Pilato había puesto el letrero para amenazar y mofarse de los judíos. Pero Dios tenía otro propósito… Pilato fue el instrumento de Dios para esparcir el evangelio. Sin saberlo, fue el amanuense del cielo. Tomó el dictado de Dios y lo escribió en el letrero. Y esto nos lleva a la segunda palpitación del corazón de Dios.