Como evitar el colapso: 2 timoteo

Hola compañeros del blog! Bendiciones, aquí estoy nuevamente expresando algunas de las ideas que últimamente he estado pensando. Me han estado enviando sendos mensajes por algunos artículos que he escrito. Sobre todo el relacionado con el “El Fracaso del Técnico” Algunos muy interesantes, y directos a mi persona. Uno de ellos dice: “Que el Señor le sane su mente para que pueda ser hombre que hace el bien y no el que ocupa las artimañas del error y la palabra para engañar a otros que son débiles y que sin tener plena convicción del llamado de Dios abortan los esfuerzos propios y de otros.” Que tal eso? Bueno a raíz de ese comentario me puse a pensar porque alguien pueda juzgarme de que estoy usando artimañas de error. Y en realidad estamos en un mundo peligroso, sobre todo a nivel de iglesia cristiana. Así que El Señor me llevó a estudiar una pequeña carta para evaluar si realmente estoy enseñando el error, y he aquí lo que encontré. Empezaré diciendo que en el año sesenta y ocho del primer siglo, había un anciano que se encontraba en la cárcel de Roma, en una pequeña celda circular de unos pocos metros de diámetro, que estaba escribiéndole una carta a un joven que se hallaba en Efeso, al otro lado del Mar Egeo y del Adriático, y el tema de la epístola era cómo mantenerse fuerte en medio de una civilización que se estaba desmoronando. Ese es el tema de la Segunda Epístola de Pablo a su hijo en la fe, Timoteo y ese tema suena bastante apropiado para esta hora del siglo XXI ¿no es cierto? Al escribir Pablo a este joven hijo suyo en la fe, que tenía una constitución débil (para ser exacto, un estómago débil) y un espíritu temeroso, con una manera un tanto tímida de enfocar la vida y que vivía en medio de una intensa persecución y desafíos que se encontraban muy por encima de su poder natural como para que supiese cómo enfrentarse con ellos, Pablo es consciente de que no tardará en partir para estar con el Señor y que lo que está haciendo es pasarle la antorcha a este joven. Esta palabra, de puño y letra del apóstol Pablo, es la última que tenemos de él en aquella época y viene a ser, por así decirlo, el canto del cisne, sus últimas palabras de exhortación, pero además resultan especialmente apropiadas para esta hora en la que nos ha tocado vivir. La clave de esta epístola la encontramos casualmente en el primer versículo:”Pablo, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, según la promesa de la vida que es en Cristo Jesús…” (2ª Tim. 1:1) ¿Se le ha ocurrido a usted pensar alguna vez en el evangelio o el Cristianismo de ese modo, como “la promesa de la vida que es en Cristo Jesús? No me refiero tanto a la vida venidera, sino a la vida actual. Hay un consenso general respecto al hecho de que el problema principal con el que se las tienen que ver tanto los mayores como los jóvenes es cómo enfrentarse a la vida y uno de los grandes obstáculos en cuanto a llegar a una opinión satisfactoria de la vida es que el Cristianismo se considera, de algún modo, como una especie de desvío, como si el ser cristiano fuese algo que nos obligase a renunciar a la mayoría de las cosas emocionantes de la vida, pero el Cristianismo no es ni mucho menos un desvío que dejase a un lado esta vida. Es precisamente como una gran autopista que cruza por el centro de la vida, es la clave de la vida, es la realización del anhelo y de los deseos de los corazones humanos y, por ello, en esta segunda epístola a Timoteo, el apóstol nos está ofreciendo esta clave de la vida. La palabra promesa en este pasaje es “epangellia”, es la misma palabra que se utiliza en Hechos 1 cuando Jesús les dice que “aguardasen la promesa del Espíritu Santo”. Esta palabra tiene que ver con una promesa segura y que se cumplirá. Por otro lado la palabra vida es la palabra “zoe” que a diferencia de “bíos” implica una vida completa en todas las dimensiones de la existencia humana, así que para poder lograr dicha vida, Pablo utilizará cuatro conceptos que servirán de bosquejo a esta serie de artículos. Hay cuatro cosas que desea decirle a este joven, todas ellas importantes para él, pero también para nosotros. Las expresa como encargos o exhortaciones a su hijo en la fe. La primera de ellas es “guarda la verdad, la segunda es “se fuerte en el Señor, tercera “evita las trampas y peligros ocultos que hay en el camino y, en cuarto lugar, “predica la palabra. Si yo tuviese que escribirle hoy a un joven, estoy seguro de que no podría encontrar nada mejor que comunicarle que esas cuatro exhortaciones.
Lo primero que enfatiza el apóstol en esta epístola es, guarda la verdad. Dios le ha encomendado a Timoteo un depósito de la verdad, que es su responsabilidad y Pablo sugiere ciertas maneras de cumplir con esta comisión. Reconocemos que va dirigida a un joven que es obrero, el obrero de una gran iglesia en Efeso. Timoteo tenía la responsabilidad de apuntalar las defensas de esta iglesia, que se estaban viniendo abajo por causa de la presión de una sociedad secular y una actitud pagana, pero es una palabra de consejo que necesita todo cristiano sin excepción, porque a todo cristiano le ha sido encomendado el depósito de la verdad, la revelación fundamental de las Escrituras con respecto a la naturaleza de la realidad: cómo es el mundo, cómo es Dios, cómo es la gente y cómo somos nosotros. ¿Qué es lo que hace que el mundo funcione como lo hace? ¿Por qué se viene siempre todo abajo? ¿Por qué da la impresión de que nada bueno prospera y todo lo malo parece reinar de manera indisputable? La explicación es el depósito de la verdad que nos ha sido dada por medio de Jesucristo y eso es lo que tenemos que guardar. Aquí el apóstol sugiere tres maneras concretas para conseguirlo, Primero, poniendo en práctica el don espiritual que Dios le ha dado a cada persona. Es decir sirviendo. Así es mi querido lector, la mejor forma y quizás la única forma de guardar la verdad es como tú vives y para quien vives. Oiga lo que dice el texto: “Por esta razón, te vuelvo a recordar que avives el don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (2ª Tim. 1:6-7) Si quiere usted una interpretación más exacta de este versículo, digámoslo de esta manera: No es Dios quien nos da un espíritu de timidez, sino que nos da un espíritu de poder, de amor y una mente sensata. Alguien me pregunta: ¿qué va a pasar con nuestras vidas en El Salvador? ¿Hacia donde vamos con tanta violencia? No tengo ni idea, nadie lo sabe, pero sí sé esto, que no es Dios el que nos da un espíritu de timidez. Si nos sentimos ansiosos, preocupados, no es algo que procede de Dios. El espíritu de Dios es un espíritu de poder, de amor y una mente estable: un espíritu de poder a fin de poder hacer, un espíritu de amor a fin de reaccionar emocionalmente como debemos y una mente firme para que seamos conscientes y actuemos con inteligencia, sabiendo lo que nos disponemos a hacer. Y la manera de descubrirlo es poniendo en práctica el don espiritual que Dios le ha dado a usted. Una cosa curiosa es que la palabra “avives” es “anasupurein”, está en mandamiento, y es presente. Significa una orden continua. Esto implica que la tendencia de uno es que se le vaya apagando el fuego. ¿Y a quién no se le apagaría ministrando en contexto tan hostiles, como nos ha tocado ministrar en este tiempo? Si es usted cristiano, hay algo que usted puede hacer por Dios. Usted posee alguna habilidad que le ha sido concedida por el Espíritu Santo, que habita en su interior, y si no la está usted poniendo en práctica, está usted derrochando su vida. Poco importa lo que esté haciendo usted, lo cierto es que no está usted edificando sobre la práctica de ese don espiritual y todo cuanto haga será una pérdida de tiempo, algo sin sentido e inútil. Y ante el juicio del Espíritu Santo, el único juicio que cuenta, será considerado sencillamente como un puñado de madera, paja y rastrojo. ¿Qué es lo que Dios le ha encomendado para que la haga usted? ¿Lo sabe? ¿Lo ha averiguado ya? ¿Sabe usted qué buscar o sabe cómo buscarlo? Averígüelo porque al hacerlo descubrirá usted que Dios no da un espíritu de temor, sino de poder, de amor y una mente estable. Cuando empieza usted a poner en práctica lo que Dios le ha dado, descubre usted que Dios está con usted y que él le está apoyando. De modo que esa fue la primera palabra de consejo a Timoteo sobre cómo guardar la verdad, cómo mantener la fe. Ahora bien ¿Cómo se conserva la fe? La verdad es que se consigue poniendo en práctica el don espiritual. Comprenderá usted que nuestra fe cristiana no es una flor delicada y frágil, que necesita protegerse en un invernadero. Charles Spurgeon estaba en lo correcto al decir: “La verdad es como un león. ¿Quién ha oído nunca decir que fuese preciso defender a un león? Si lo dejamos libre, se defenderá a sí mismo. Y eso es precisamente lo que tenemos que hacer con la verdad. No necesitamos pedir perdón en nombre de la verdad mediante argumentos prolongados y exegéticos en cuando a por qué debemos de creer esto o por qué debiéramos creer lo otro. Comencemos a ponerla en práctica, esa es la advertencia.
En segundo lugar, el apóstol dice, guarda la verdad sufriendo pacientemente. Pablo le recuerda a Timoteo que todo cristiano, sin excepción, ha sido llamado a sufrir por causa del evangelio. “Oh dirá usted, “ese no soy yo. Yo no sufro. Y creo que en ocasiones tenemos tendencia a sentir que hemos sido excluidos de esto. Puede que sea debido a que siempre creemos que el sufrimiento es algo físico, como la tortura, las empulgueras y las doncellas de hierro y el ser destrozado sobre el potro de tormento, esa clase de cosa. Bueno, la verdad es que de vez en cuando los cristianos sufren de esta forma. De hecho, el siglo XX es aquel en el que se han producido más torturas en relación con los cristianos. ¿Lo sabía usted? Han sido más los cristianos que han sido asesinados en este siglo por causa de Cristo que en ningún otro desde el principio. Pero el sufrimiento del que se habla aquí no es solamente físico, sino que es también mental. Es la clase de sufrimiento que soportamos cuando alguien se sonríe como si supiese algo y guiña el ojo por causa de nuestra fe, o se burla o ríe de nosotros, o nos excluye de su lista de invitados o nos trata con un considerable y abierto desprecio o desdén sencillamente por ser cristianos; alguien que se burla de una reunión de oración o se ríe de la Biblia. Esto es algo que debemos de soportar con paciencia, dice el apóstol. Y al reaccionar, no con ira o con repugnancia o venganza, sino tranquila y calmadamente, como lo hizo nuestro Señor, estamos siendo fieles y guardando la verdad. ¿Sabe usted una cosa? Una de las razones por la que el evangelio no se acepta extensamente en muchos lugares en la actualidad es porque los cristianos han sido impacientes ante el sufrimiento, negándose a tomarse con paciencia la actitud del mundo en este sentido. Sino que han actuado como si se sintiesen ofendidos y heridos cuando las personas les han tratado de mala manera o se han dado por vencidos y han seguido a la multitud, negándose a aceptar el sufrimiento por causa del Señor. No se puede desafiar al mundo por lo que hace mal sin que se sienta ofendido y aunque debemos de desafiarlo de la manera menos ofensiva posible, sin embargo las Escrituras dejan claro que hay constantemente un lugar para el sufrimiento del cristiano y es una de las maneras de las que nos podemos valer para conservar la verdad. La tercera manera, que Pablo sugiere en su primer capítulo es “que presente el modelo de las sanas palabras es decir, lee y confía en las Escrituras. Me encanta la frase “el modelo de las sanas palabras. Hay muchos actualmente que se están apartando del modelo de las sanas palabras, creyendo que algún escritor seglar, dominado por la ceguera y oscuridad de su propio corazón, tiene una visión más profunda de los problemas de la vida que las Escrituras. Repiten estos argumentos o viven de acuerdo a esta filosofía y pronto se encuentran sumidos en problemas, que con frecuencia se manifiestan como neurosis, psicosis y reacciones nerviosas, diabetes y no entienden por qué. ¿A qué se debe que nuestra época padezca de tan enorme cantidad de alteraciones emocionales? Es debido a que, en nuestra ceguera, nos hemos negado a seguir el modelo de las sanas palabras. Por lo tanto, Pablo le sugiere al joven Timoteo estas tres maneras para guardar la verdad: poner en práctica su don, sufrir pacientemente, seguir el modelo de las sanas palabras y entonces Dios te ayudará siempre: “…porque yo sé a quien he creído, y estoy convencido de que él es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.” (2ª Tim. 1:12) Así es como debe de leerse este versículo. Dice “él puede guardar…lo que ha sido depositado en mi. Es decir, la verdad, la totalidad de la fe. Y al realizar fielmente lo que sugiere el apóstol, descubro que Dios protege esa verdad en mi vida y me protege a mí en ella y, de ese modo, me mantiene firme en la fe. Seguiré en la próxima disertación.

Lamentaciones: Un modelo para enfrentar el sufrimiento 4 parte

En este cuarto artículo veremos el tercer poema de Jeremías, es el más extenso pues contiene 66 versículos. El consejo tercero tiene que ver CON LA REENFOQUE EN EL SUFRIMIENTO (3:1-66) Este poema a mitad de Lamentaciones podría llamarse la cumbre del libro, ya que aquí están escritas las notas más brillantes y esperanzadoras del mismo. . El reenfoque de Jeremías es quitar los ojos de mí, de mi problema y ver que hay esperanza de solución. Incluso uno de los himnos más hermosos de la hipnología evangélica occidental, toma su nombre de esta parte del capítulo, “grande es tu fidelidad”. Es interesante notar que de la misma manera que la esperanza del hombre nace de terribles experiencias, así también la estrofa llena de esperanza está rodeada por dos estrofas de aflicción. Cuáles son las áreas de reenfoque? La primera tiene que ver DE UN REENFOQUE MATERIAL O FISICO. (3:1-22). Este principio responde a las preguntas ¿qué tengo? ¿qué no he perdido? ¿Qué me queda? Note que en el texto las cuatro primeras palabras son “Yo soy el hombre” indican al lector que lo que sigue envuelve personalmente al autor. De todas las estrofas del libro escritas con el pronombre “yo” esta es una declaración del testimonio personal del autor. Aquí Jeremías abre su corazón al lector. Su vida fue un largo martirio, en el cual sirvió a la vez de juez y de intercesor para gente que labraba su propia destrucción. Nunca ningún profeta suplicó a su gente de una manera más apasionada, llamándolos a una conversión nacional. Y nadie excepto Jesús fue tratado con mayor desprecio nacional que él. El testimonio del profeta es un endechamiento total que mira a su misión en relación a Israel como un fracaso. Así es como expresa algunas de sus experiencias. “Me guió y me llevó en tinieblas” (3:2) “cerró los oídos a mi nación” (3:8), “fui escarnio a todo mi pueblo” (3:14). “Perecieron mis fuerzas y mi esperanza” (18). Estas eran palabras desesperantes pero por lo menos fueron honestas. Pero es en este contexto en donde vienen las palabras de esperanza y que su esperanza está puesta en el Señor. El uso de “en esto recapacitaré” del verso 21 puede traducirse “en esto me reenfocaré”. Jeremías afirma que la situación está desastrosa, pero podría haber sido peor. Por lo menos aunque cautivos, Dios los ha dejado con vida y los va a restaurar. Todavía tienen donde vivir, aunque dominados por Babilonia, Dios todavía tiene mano de obra para levantar una nueva nación y restaurarla. Aunque los primeros veinte versos son una descripción de sufrimiento personal y recuerda que a lo largo de todos estos sufrimientos la gracia de Dios ha estado siempre presente, de no haber sido así hubieran sido aniquilados por completo. Esto a su vez da pie para una esperanza futura y por eso llama al arrepentimiento. Jeremías en los vrs anteriores habló de “me llevó”, “estoy en tinieblas”, “torció sus caminos”. “Ha hecho pesadas mis cargas. “Cerró los oídos a mi oración. Todas son expresiones negativas. Pero no está acabado, no ha “sido consumido”, en hebreo “matado totalmente” . Esta forma de hablar de Jeremías va en contra del movimiento de declaración positiva de fe. Por otro lado le pide a Dios “acuérdate”, es decir busca más allá de El para su crisis material. Ya no se fija tanto en lo que pasan sino en Dios por eso usa la palabra “recapacitaré”. Es decir ya no más pensar en lo que veo sino en lo que no veo y que viene de Dios..
La segunda tiene que ver con un REENFOQUE EMOCIONAL (3:22-39) Este reenfoque responde a la pregunta ¿Cómo me siento?. Jeremías vuelve sus ojos una gran verdad, Dios es bueno y misericordioso y que si bien es cierto que aflige no lo hace para destruir y aniquilar. La renovación espiritual aquí tiene que ver con que Dios está actuando así que debo esperar. La palabra “esperar”, quietud y paz, y tranquilidad. Es una palabra que habla de no moverse. Se repite tres veces en estos versículos. (25, 26,27). Jeremías sabe que aunque doloroso, ha sido bueno y bondadoso Dios. Que mis emociones deben volver a la tranquilidad y como lo diría Pablo en el NT “ a una paz que sobrepasa todo entendimiento” (Filp3). La tercera cosa tiene que ver con un REENFOQUE ESPIRITUAL (3:40-66). Este reenfoque responde a la pregunta ¿Cómo veo a Dios en esto?. Aquí aparecen los versículos más conocidos de Lamentaciones, junto con el 22 y 23. La palabra “escudriñar” habla de una evaluación completa y exhaustiva. Al hablar de “caminos” nos dice que ha pasado del área física, emocional a la espiritual. El uso de “caminos” está relacionado como andamos en nuestro andar con El Señor. En esta área espiritual debo admitir o someter las cosas que me han hecho daño en este proceso del sufrimiento. Veamos como la hace Jeremías. 1. ¿Qué errores cometí? V. 42 “nos hemos rebelado, fuimos desleales”. 2. ¿Qué está usando Dios para corregirme? (v. 43-51) “Desplegaste tu ira, te cubriste, no volviste” 3. ¿Quiénes me han hecho daño? (52-54). “Mis enemigos “ es una frase que se refiere cuando Jeremías fue lanzado a la cisterna por sus colegas. En ella, el ve todo un maltrato humano, pero supo que Dios estaba con El. Vrs. 55-56 “oíste, te acercaste, dijiste” son tres verbos que expresan como Jeremías lidió con sus oponentes. 4. ¿Cómo me libero del que me ha hecho daño? (58-66). Esta frase es interesante. En estas estrofas hay tres verbos curiosos. El primero es “abogaste” esta palabra el hebreo la traduce como “árbitro”, juez o justicia”. Da la idea que al poner a Dios como árbitro el sabe hacer lo que es justo. La forma verbal es intensiva, implica que juzgará con vigor y de inmediato, no tardará. La otra frase es “has visto”, se repite dos veces.. Luego la frase “has oído” se repite una vez. Estos verbos van de la mano con “abogaste” porque reflejan que Dios tiene todas las evidencias en sus manos para servir de juez en la causa de Jeremías. Note la frase en el vrs. 64-66. Son tres verbos de una declaración espiritual, pidiendo justicia. Son este tipo de oraciones que no las hacemos, porque no creemos que Dios pueda hacer algo así, y que nosotros somos tan amorosos que se nos prohíbe invocar a Dios de esta forma. Pero no! En la biblia hay cantidad de oraciones como estas. Sólo debe ller los salmos imprecatorios para darse cuenta que podemos librarnos de los que nos hicieron daños pidiendo a la Dios que los juzgue. ¡Que oración! “Dale el pago, OH Jehová, según las obras de sus manos, entrégalos al endurecimiento de corazón, tu maldición caiga sobre ellos. Persíguelos en tu furor, y quebrántalos de debajo de los cielos, OH Jehová”. Por el momento, ya le puse una lista a la par de estos versículos, de gente que son candidatas a esta petición. No les diré quienes, pero estoy esperando la justicia de Dios. Nos vemos en el siguiente!

Lamentaciones: Un modelo para enfrentar el sufrimiento parte 3

Ahora vamos a detallar el segundo poema de Lamentaciones y nos acercaremos a este capítulo con la palabra LA REFLEXION EN EL PROBLEMA (2:1-22)
Este poema puede dividirse en cuatro estrofas, las divisiones se encuentran en 1, 10, 13 y 20. En tres estrofas habla Jeremías y en una habla la ciudad de Sión. ¿a dónde lleva la reflexión de Jeremías en este capítulo? En establecer que algo malo les está pasando, así que deben descubrir que y quién está originando el problema. Básicamente en todo problema hay tres fuentes importantes a reflexionar. La primera puede ser un ataque del enemigo, al estilo de Job. La segunda puede ser una prueba de parte de Dios, es decir me está pasando un examen para mi crecimiento y la tercera puede ser la disciplina de Dios, Dios me está disciplinando por algo que he hecho, en esta tercera se pueden incluir los resultados o consecuencias de mi siembra. Este es el punto de discusión en el capítulo. Es importante que todo consejero lleve a sus aconsejados o uno mismo en el caso de estar pasando una situación difícil hacerse las preguntas antes mencionadas. Al estudiar su caso Jeremías descubre que en realidad la raíz de su adversidad es una disciplina de Dios. Note la dinámica con la que Jeremías usa los verbos, destruyó 6 veces en el capítulo (2, 5, 6,9, 17). Usa verbos como humilló, cortó, etc. Así que Jeremías concluye que Dios está detrás de esto y divide su disciplina en tres elementos que hacen pensar a cualquiera que Dios está resistiéndolo.. La primera cosa es que DIOS CASTIGA CONFORME A SU PALABRA (2:1-9). La expresión clave que se repite a través de la estrofa es “el ha hecho”. El vrs. 17 es clave: “Jehová ha hecho lo que tenía determinado, ha cumplido su palabra, destruyó y no perdonó”. Ahora la ejecución de su disciplina se basa en las estipulaciones del pacto. En Deuteronomio estableció lo que le sucedería a Israel si el desafiaba a Dios. Así que Dios siendo fiel a su promesa, cumple lo que ha prometido, y a esa palabra es la que se refiere Jeremías.. Existen cerca de cuarenta descripciones del juicio de Dios que recayeron sobre cada uno de los aspectos de las vidas de los judíos: el hogar, religión, sociedad, también de una forma física, mental y espiritualmente. Algunas de las frases más aterradoras aparecen aquí tales como: derramar con fuego su enojo (2:4c). El Señor llegó a ser como enemigo (2:5) y sus profetas tampoco hallaron visión de Jehová (2:9). La segunda cosa que Jeremías dice acerca de su reflexión DIOS EXTIRPA PARA RESTAURAR. (2:10-12). Parte de su terapia curativa, implica derribar todo lo que nos está obstaculizando el crecimiento o el volvernos a El. Aquí Jeremías algunas de las escenas más patéticas. Hay ancianos enmudecidos, vírgenes avergonzadas, y niños hambrientos. Se siente deshecho por lo que ha visto: “mis ojos desfallecieron de lágrimas, y se conmovieron mis entrañas.” Mi hígado se derramó por tierra a causa del quebrantamiento de la hija de mi pueblo. En realidad la descripción es de una cirugía total. La tercera cosa que vemos con relación a la reflexión es QUE DIOS DESPRECIA A LOS QUE LE DESPRECIAN . (2:13-22). Aquí Hay una alusión a los que eran sus dirigentes religiosos. El carácter de este profetismo era vanidad y locura. ¿Qué es esto? Hablaban tonteras y no la palabra de Dios. A ellos se les asigna una gran responsabilidad por el destino que le ha acontecido a la nación. En lugar de confrontar al pueblo con las consecuencias de la relación del pacto, los profetas habían proclamado un mensaje totalmente falso y de prosperidad. En consecuencia estimulaban a los habitantes de Judá a participar en la adoración inmoral de Baal, llegando así a desconocer la santidad y los ideales éticos del pacto de Dios. Al no haber denunciado y reprendido el pecado nacional, se los hacía responsable en buena medida de la tendencia irreversible que había llevado hacia la destrucción y el exilio. Muchas veces me pregunto ¿si nuestro país El Salvador está así de violento, por causa de las estupideces que oímos en los púlpitos? Cuantos pastores, líderes de la Iglesia Evangélica en El Salvador viven tan corruptamente, y están enseñando tantas tonteras. Algunos de ellos ya vendieron su mensaje a la institución. Son portavoces de lo que la gente quiere y le gusta oír. En uno de los devocionales que solía asistir en una organización cristiana, se estaba usando un pasaje en Isaías 65. El pastor oficial de la organización, lo estaba metiendo a la fuerza en una teoría de desarrollo y de la promoción de la justicia. El pasaje habla de que habrá justicia, que las cosechas serán para todos, etc. Ustedes saben, no? Ese tipo de ideas humanistas metidas a la fuerza en el pasaje para hacerlo decir lo que queremos y para agradar a los altos jefes que estaban sentados en la asamblea. Es decir todo un devocional al servicio y gusto de los poderosos. En una parte del pasaje hay una alusión que todo mundo pasó por alto “el pecador de cien años será maldito”. Nadie habló de esto, todo fue color rosa, todo muy adecuado, pero todo mundo pasó el simple detalle del pecado. Cuando le pregunté al pastor, porque se había pasado por alto, se diluyó en una serie de malabarismo teológicos, que más que una explicación era una cortina de humo de su pobre interpretación del texto. Como evangélicos hemos despreciado el Libro de Dios y por eso estamos como estamos.
He aquí el segundo poema, habla de las causas de su crisis. Al inicio le hablé de las causas de una crisis, y como debemos reflexionar en ellas. Si usted establece que es una prueba de Dios, entonces dígale a Dios que le muestre que contestar para que el examen pase rápido. Si usted cree que proviene de un ataque del enemigo, luche contra ello usando las armas espirituales que Dios le ha dado. Si usted descubre que por causa de la disciplina de Dios pídale que le muestre que es lo que está malo, para que lo deje de hacer y así la disciplina cese. Recuerde que muchas veces la disciplina traerá consecuencias que tardarán en irse. Se irán por un proceso a veces lento y doloroso. Pero recuerde debe para reflexionar cuál es la causa de su inestabilidad. Seguiré en el próximo artículo con la tercera poesía.

Lamentaciones: Un modelo para enfrentar el sufrimiento parte 2

Para iniciar esta parte de la reflexión quiero mostrarles el proceso que Jeremías usa al escribir su libro. Este es un proceso que lleva a la persona en crisis a una ruptura y una nueva perspectiva de su sufrimiento. Para esto he resumido los cinco capítulos con 4 diferentes etapas en que el cliente o aconsejado deberá pasar para poder salir de la crisis. Ya que el libro de Lamentaciones también se puede ver como un libro de consejería bíblico lo veremos a manera de cuatro consejos. El primer consejo tiene que ver con LA REALIDAD del PROBLEMA (capítulo 1); el segundo consejo es REFLEXIÓN sobre EL PROBLEMA (capítulo 2), el tercer consejo es REENFOQUE del PROBLEMA (capítulo 3) y el cuarto consejo es LA RECUPERACIÓN del PROBLEMA (capítulos 4 y 5). He aquí todo proceso que un consejero deberá llevar para ayudar a una persona que sufre o que tiene una crisis. Empecemos por el primer consejo. LA REALIDAD DEL PROBLEMA. (1:1-22). El primer poema trata acerca de la desolación y desgracia de Jerusalén. Este es el pueblo de Dios, un pueblo llamado a ser una nación de sacerdotes que darían testimonio de Yahweh. Una nación elegida, amada por Dios y bajo pacto. Su destino ser cabeza y no cola. Ahora bien si esto es cierto ¿Por qué está pasando lo que está pasando? Porque está destruida y con serios problemas de quebrantamiento. Es aquí donde entra el saber enfrentarse a la realidad acerca de ser un hijo de Dios. Para muchos cristianos hoy día, se extrañan cuando hay problemas, crisis y carestía. Les parece asombroso que un hijo de Dios sufra. En nuestro contexto latinoamericano, el mensaje en el mercado evangélico es de victoria, de vencer, de declarar y confesar por fe. (Si no ha leído mi artículo en este blog “La religión es la cocaína de los pueblos, le invito a leerlo). Muchas personas están sufriendo, hijos de Dios que niegan esa realidad como el avestruz enterrando su cabeza y dejando de fuera el cuerpo. ¿Por qué? Porque se les ha condicionado para no decir lo mal que la están pasando. Pero Jeremías no tiene temor de declarar la realidad por la que están pasando. Veamos las realidades de las que habla. Hay una realidad SOCIAL (la llamaré sociológica) (vrs. 1-7) La historia tiene que ver con la realidad de Jerusalén. ¿Qué le ha pasado a esta sociedad? La ciudad era grande y majestuosa y estaba destinada a ser gloriosa. ¿Pero que cambió en su realidad? ¿Por qué ahora esa ciudad grande es una nación destruida y reducida al polvo? Porque le pasó lo que le pasa a todas las ciudades que se corrompen. Se olvidaron de Dios y de sus principios y entonces la sociedad se degeneró de tal manera que Dios tuvo que intervenir para juzgarla. El profeta se refiere a Jerusalén como una viuda (1:1) a lo largo de la estrofa se le menciona como “ella”. Se le describe como solitaria, tributaria, desconsolada, cautiva, afligida, desolada y menospreciada. La frase clave aparece en el vrs 1:9 “ella ha descendido sorprendentemente” Jerusalén está en bancarrota. Jeremías quiere demostrar una realidad de su sociedad, no la oculta sino que por el contrario la hace patente. Toda la descripción que Jeremías hace de su realidad social, nos lleva a pensar que todas las sociedades tienen un problema principal, y esto es la maldad. Una sociedad no es mala porque hace lo malo, sino porque su naturaleza es mala. Es decir las ciudades son corruptas porque es la suma de un grupo de hombres y mujeres que nacieron corruptos. Esto es lo que las corrientes de la sociología moderna pasan por alto. Siempre tratan de explicar la corrupción social desde la´plataforma de que el hombre en lo profundo del ser es bueno, por lo tanto solo debemos buscar lo bueno que hay dentro. Si tan solo lo educamos, le damos los recursos y su tierra, tendremos sociedades más justas.. ¿Pero es esto real? Bueno llevamos más de 10 años tratando de hacerlo y concluyan ustedes si lo hemos logrado? Otra cosa importante esa que Dios ve y juzga a las naciones colectivamente. Dios derribará las naciones corruptas que se apartan de sus principios. Al pensar en esto me pregunto si lo que sucede en nuestro país, en relación con la violencia será un juicio de Dios? No faltarán algunos que salte diciendo que no! Sin embargo no cabe duda que Dios no puede quedarse callado ante un país que lleva su nombre: El Salvador. ¿Cuál es nuestra realidad salvadoreña? Hace mucho tiempo se decía que El Salvador era el “Japón de Centroamérica”, que el salvadoreño es trabajador y laborioso, etc. Sin embargo mi experiencia hoy que estuve fuera de la zona urbana, es que esto cada vez más no es cierto. Por ejemplo, en la agricultura, hoy no hay más jóvenes trabajando, porque viven de las remesas. La queja de la gente mayor campesina era que sus hijos ya no les interesaban ir a sembrar debido a que viven la vida americana. La mayor aspiración de los jóvenes en El Salvador es irse para Estados Unidos. Ya que “mamá grande” paga bien”, aspiran a ser uno de los que maman de la teta del Tío Sam. Israel también confiaba en Egipto, que por ser la potencia de turno podía ayudar a Israel, pero note lo que dice Jeremías: “en nuestra esperanza aguardamos a una nación que no puede salvar” Lamentaciones 4:17 Dios no les permitiría confiar en una nación, por muy prospera que fuera. A propósito Egipto fue llevado a la destrucción. Todo imperio que reina el mundo le llega su turno y su momento, no hay ninguno que se haya salvado.
La segunda realidad es REALIDAD HUMANA (la llamaré antropológica) (1:8-11)
El pecado de los israelitas es reconocido por lo menos tres veces: “Jehová afligió por la multitud de sus rebeliones” (1:5) “Pecado cometió Jerusalén” (1:8) “su inmundicia está en sus faldas” (1:9). En los vrs.12-19 se cambia de tercera persona a la persona “yo”, que incluye a Jeremías como un hombre también frágil y sujeto a pecados. Como ya lo mencioné anteriormente, si quitamos la realidad del pecado del hombre de nuestras concepciones teológicas o sociológicas, estaremos diagnosticando mal y por lo tanto la medicina no podrá aplicarse como debe ser. Por ejemplo me he dado cuenta que todas las teoría acerca del Desarrollo Transformador que se aplican en las ONG de este país pasa por alto este concepto, aún las ONG cristianas. Por ejemplo cuando se habla de los pobres, a veces da la impresión de que los pobres no pecan, y que no son malos, sino que su categoría los hace aceptos a Dios. No se puede transformar una comunidad sino hay una transformación de sus pecados. Debido a esto es que hay pocos resultados.
Una tercera realidad es la REALIDAD DE DIOS (llamaré a esta teológica) (1:12-22)
¿Cómo es Dios? ¿Qué hace Dios? ¿Por qué lo hace? Parece ser algunas de las presuposiciones en estos últimos versículos. La gente tiene extrañas concepciones de Dios. Por un lado solo se le ve como el Padre bonachón que le dará la salvación al final a todos, un Dios que no puede enviar a la gente al infierno, un Dios que está al servicio de uno, etc. En el texto Jeremías menciona 10 veces el nombre de Dios. Lo ve como alguien que ha enviado juicio, como alguien que no ve, que está callado, pero que también es justo. Dios puede ser tan impredecible como justo. La gente por siglos ha tratado de matar a Dios o enmarcarlo dentro de sus esquemas. Pero Dios es incomprensible, es el Soberano y tiene respuesta para todo, pero no siempre las da. Puede ser grande en misericordia pero también fuego consumidor. Nadie sabe como actúa y actuará Dios. En mi años de estudiar teología he aprendido dos principios fundamentales que me sostienen: número 1 Dios existe y número 2 : Yo no soy El. Sería bueno que usted que me lee hoy aprendiera esas lecciones también. Una cosa importante es que al cambiar de “ella “a “yo” en estos versos Jeremías quieren que expresen sus sentimientos íntimos en forma de testimonio. El uso del singular “yo” en lugar del plural “nosotros” funciona como una apropiación personal del testimonio. Lo cuál es correcto, ya que el pueblo sufrió como grupo pero su profundo dolor era personal e individual. Este testimonio e identificación de Jeremías implica decir como nos sentimos, demostrar nuestras emociones, llorar si necesitamos llorar (vrs. 16). Expresar nuestros temores. Y ver una declaración realista del vrs. 22: “porque muchos son mis suspiros y mi corazón está adolorido”. Cuanto necesitamos en el pueblo evangélico esta teología de la realidad. En este mundo hoy nos enseñan a ser conquistadores, a tener siempre una sonrisa, a declararnos bendecidos con toda bendición, a rechazar todo lo que sea negativo. Otra cosa que nos han enseñado es a no mostrar como nos sentimos, y en medio de una mascarada como la de nuestros días Lamentaciones nos da un toque de realidad. Jeremías no puede negar que están fracasado y que están bajo juicio. En nuestras iglesias evangélicas tenemos la costumbre de poner testimonios de victoria, de cómo se solucionan nuestros problemas, y eso creo que está bien. El hábito eclesial es darle ánimo a la gente. A veces son tan banales estos testimonios que en realidad son “tristemonios”. Debemos ser honestos, con que no siempre tenemos las respuestas, que muchas veces fracasamos, que lo único que nos queda por decir es que estamos mal y hemos descendido a niveles de fracaso, que si lo anunciáramos desde nuestros púlpitos nos sacarían de la iglesia por aves de mala suerte. He aquí un hombre de Dios que se atreve a hablar con realidad y sin ningún tipo de religiosidad. A veces solo podremos decir “se alejó de mi El Consolador que da reposo a mi alma”. Toda organización , persona o iglesia para salir de la crisis debe partir de su realidad, no la debe ignorar, debe llamar por su nombre lo que está pasando y no cegarse. Sólo así podrá superar la crisis, sólo así podrá pasar a la segunda etapa de su recuperación. Pero esto lo veremos en el próximo artículo. Bendiciones!

Lamentaciones: Un modelo para enfrentar el sufrimiento

Hola queridos lectores, gracias por sus comentarios y aportaciones a este blog. He estado recibiendo bastantes comentarios a las últimas entradas, gracias por tomarse el tiempo de leer. Este día estaré enseñando por la noche en la iglesia de un buen amigo mío, que por cierto es odontólogo y pastor (creo que el orden sería al revés, es pastor y odontólogo). Los jueves están estudiando toda la Biblia y lo van haciendo libro por libro. Me pidió que enseñara sobre Lamentaciones. Así que lo que les voy a comentar en esta serie de exposiciones, es lo más reciente salido de mi corazón. Me ayudó mucho el estudiar nuevamente este libro, pero sobre todo tratar de exponerlos contextualmente y por sobre todo homiléticamente. Dios me ha estado llevando constantemente al modelo de Jeremías. En esta ocasión quiero presentarles algunas ideas de cómo lidiar con el sufrimiento y como el libro de Lamentaciones es un modelo de terapia, con principios especiales para sobrellevar ese sufrimiento. Espero que les ayude como me ayudo a mí.
Empecemos pues, como alguno de ustedes sabrán en el mundo existen miles de formas de ayudar a las personas a salir de las crisis, o a enfrentar el sufrimiento, o para ponerlo más evangélico, las pruebas. Hay diferentes formas de terapias desde el paradigma sicológico de Freud, pasando por la terapia de la confrontación de Gestalt, o la terapia familiar de Virginia Satir y terminando con la famosa Programación Neurolingüística. Cada una de ellas tiene sus bases y sus objetivos. Freud trató de explicar las luchas entre el ego, y el superego dándole una connotación siempre sexual. La terapia de Gestalt establece que al paciente hay que llevarlo un momento ñeque se le debe confrontar con la realidad de su problema para poder solucionarlo. El modelo de Virginia Satir es las familias, su presuposición básica es que no hay individuos enfermos sino familias enfermas, así que se deben tratar a las familias y no sólo al individuo. Finalmente la programación Neurolingüística, es algo así como la confesión positiva del cerebro, si usted piensa mal reacciona mal y viceversa. Creo que estas técnicas tienen sus ventajas, pero están limitadas. No ven al hombre integralmente ni tratan los problemas de la raíz. Es allí precisamente que la Terapia de Lamentaciones es superior a cualquier terapia antes mencionada. Veamos porque.
Lo primero que debemos hacer es establecer el contexto del libro de Lamentaciones. Las biblias hebreas usan dos títulos para Lamentaciones, el primero es “Ekhah” (¡Ay! ¡Cómo”), y se debe a que esta es la palabra hebrea que abre los capítulos 1, 2 y 4. El segundo título es “Quinoth” (Lamentaciones), es decir el escritor lamenta la destrucción de Jerusalén. En la Biblia hebrea tripartita (La ley, Los profetas, Escritos), Lamentaciones aparece en su última parte, en una sección llamada “Megillot”. Este es un grupo de cinco libros del AT que los judíos leían públicamente en fiestas nacionales. Lamentaciones se lee, en el noveno día de Ab ( a mediados de julio), en el aniversario de las destrucciones de Jerusalén en los años 586 a. de C. y 70 d. de C. Este libro fue escrito probablemente poco después del 586 a. de C. cuando las memorias del desastroso sitio de Jerusalén estaban aún vivas en sus mentes. La evidencia puede señalar con certeza que fue Jeremías el autor, aunque no de una forma concluyente. Lamentaciones es un conjunto de alegorías (poemas melancólicos), escritos en estilo lastimero. El ritmo de las líneas del original hebreo se han descrito como metrónomo descompasada en que la segunda de sus partes paralelas tiene un latido más corto que el primero. Cuando las palabras hebreas de 1:1 son exactamente traspuestas en castellano uno puede notar esta entonación (aquí se ve tres sonidos seguidos por dos en hebreo)

1 2 3 1 2

Cómo ha quedado sola la ciudad populosa?
Se ha quedado viuda la grande entre las naciones
La señora de provincias ha sido tributaria
Cuando era leída públicamente, el cantar del texto hebreo estimulaba el sentir de las palabras. Uno del los rasgos distintivos del libro es su configuración acróstica de los capítulos 1-4. En los capítulos 1, 2,4 cada versículo empieza con una palabra cuya primera letra sigue sucesivamente a cada una de las 22 letras del alfabeto hebreo. El capítulo 3 al tener 66 versículos, se reparte tres versículos por cada letra sucesiva en lugar de una. Son varios los puntos de vista existentes en cuanto del porqué el autor decidió usar esta configuración acróstica. Entre ellos hay, primero, como ayuda para su memorización; segundo como símbolo de la intensidad o plenitud del dolor del pueblo ( es decir, de la A hasta la Z); tercero, el confinar la expresión ilimitada de dolor, limitándose al uso de la forma acróstica. Bueno he allí, todo un panorama del contexto del libro, espero que no los haya perdido con esta introducción un poco técnica pero nos servirá de base para los conceptos que voy a presentar en los siguientes artículos. Por el momento, los dejo, nos vemos en la próxima entrega. Bendiciones.

El otro hijo pródigo

Es digno de notarse que los siete pecados capitales orgullo, avaricia, lujuria, envidia, ira, glotonería, pereza, no son sino asuntos de actitud, es del espíritu interior y de los motivos. Tristemente muchos cristianos carnales acarrean problemas espirituales internos. Son como el hermano mayor del hijo pródigo, pensando que todo lo hacen bien. Cuando uno lee la historia, uno ve que el decidió quedarse en casa con el Padre. De ninguna manera iba malgastar su tiempo inútilmente. Sin embargo, cuando el hermano joven regresó a casa, algunas de las actitudes erróneas del hermano mayor salieron a la superficie. ¿Cuál era la actitud del hno. mayor? En primer lugar el hijo mayor tuvo un sentimiento de importancia propia. El hermano mayor estaba afuera en el campo, haciendo lo que tenía que hacer, pero se enojó cuando comenzó la fiesta. Es obvio que al el le gustaban porque se quejó con su padre reclamándole que nunca le había dejado tener una. En segundo lugar tuvo también un sentimiento de autocompasión. El dijo: “He aquí tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. (Lucas 15:29-30). Casi siempre pasamos por alto el verdadero significado de la historia del hijo pródigo. Olvidamos que el padre no sólo tiene un hijo sino dos. El hermano más joven era culpable de los pecados de la carne y de acción, mientras que el hno. Mayor era culpable de los pecados de actitud. Cuando la parábola termina, es el hermano mayor que está fuera de la casa del padre! Ahora bien ¿Cómo se manifestó la actitud del hno. Mayor? Una actitud como la del hno mayor tiene varios posibles resultados. En primer lugar es posible para nosotros ocupar el lugar y el privilegio de un hijo y al mismo tiempo rehusar las obligaciones de un hermano. Hay muchos que se autodenominan hijos de Dios pero no quieren tener nada con sus hermanos, y los tratan con desprecio. Exteriormente el hno. Mayor era correcto, consciente, diligente y responsable pero su actitud no era la adecuada. En segundo lugar una relación equivocada con el hno. Produce una relación tensa con el padre (Lcs. 15:28). El padre se sentía mal y tuvo que salir a buscarle como, y dialogar con él. En tercer lugar es posible servir al padre fielmente y sin embargo no estar en comunión con él. Una relación correcta debe por lo general, producir interés y prioridades similares. Sin embargo , el hermano mayor no tenía idea de porqué el Padre debía regocijarse con el regreso de su hijo. Por otro lado en cuarto lugar es posible ser un heredero de todo lo que nuestro Padre tiene y sin embargo tener menos gozo y libertad que uno que no tiene nada. Los criados estaban más felices que el hijo mayor, rieron, bailaron, mientras este se quedó afuera reclamando sus derechos. En quinto lugar una actitud equivocada mantuvo al hermano mayor lejos del deseo y corazón de su Padre, el amor de su hermano y la alegría de los criados. Finalmente las actitudes equivocadas en nuestras vidas bloquearán las bendiciones de Dios y nos harán vivir por debajo del potencial de Dios para nosotros. Ahora ¿como podemos evitar que esto ocurra? Cuando nuestra actitud comienza a corroernos como al hermano mayor, debemos recordar dos cosas. Primero nuestros privilegios (v.31): “Hijo, tu siempre estás conmigo. En segundo lugar nuestras posesiones: (todas mis cosas son tuyas). Así que tómese un momento para hacer una lista de todos sus privilegios y posesiones en Cristo. ¡Cuá ricos somos! Evite ser como el hijo mayor! Que era el otro hijo pródigo

La tradición vrs. la verdad

En el musical «El violinista en el tejado», el personaje principal comienza la obra cantando la canción «Tradición». Toda la comunidad judía fue construida sobre antiguas e indestructibles tradiciones del pasado. El tema no expresado abiertamente del musical es cómo estas antiquísimas tradiciones estuvieron siendo desarraigadas, alteradas y puestas en peligro por todos los disturbios de la época. Subrayaba la pena, el dolor y los apuros que sobrevienen cuando se trastornan las tradiciones. La anterior parece indicar una escena del evangelio de Marcos, que traza un brutal contraste entre Jesús y los escribas y fariseos. El ministerio de Jesús estaba lleno de hombres y mujeres amorosas y dispuestas a ayudar que estaban por todo lado; mientras que los escribas y fariseos vinieron armados con sus tradiciones, buscando detener el ministerio de nuestro Señor. Las palabras con que termina Marcos 6 describen la clase de ministerio en el que Jesús se ocupaba. Marcos narra:
Terminada la travesía, vinieron a tierra de Genesaret, y arribaron a la orilla. Y saliendo ellos de la barca, en seguida la gente le conoció. Y recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron a traer de todas partes enfermos en lechos, a donde oían que estaba. Y dondequiera que entraba, en aldeas, ciudades o campos, ponían en las calles a los que estaban enfermos, y le rogaban que les dejase tocar siquiera el borde de su manto; y todos los que le tocaban quedaban sanos (versos 53–56).
El anterior es una hermosa imagen de esta fase del ministerio de nuestro Señor. La gente le traía sus enfermos a Jesús para que pudieran tocar el borde de Su manto. Y Marcos dice que todos los que le tocaban quedaban sanos».
I. LA TRADICIÓN Y DIOS (7.1–8) En contraste con la anterior escena, Marcos avanza al relato acerca de un grupo de fariseos que habían venido a Galilea a investigar a Jesús y su ministerio. Los primeros cuatro versículos del capítulo 7 describen la nueva escena:
Se juntaron a Jesús los fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén; los cuales, viendo a algunos de los discípulos de Jesús comer pan con manos inmundas, esto es, no lavadas, los condenaban. Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen. Y volviendo de la plaza, si no se lavan, no comen. Y otras muchas cosas hay que tomaron para guardar, como los lavamientos de los vasos de beber, y de los jarros, y de los utensilios de metal, y de los lechos.
Este párrafo presenta el poder y el efecto de las tradiciones. Evidentemente, había corrido la voz de la fama de Jesús. Los sumos sacerdotes y los dirigentes de los judíos en Jerusalén, estaban molestos por estos informes. Vinieron con el propósito específico de encontrar algo en el ministerio de Jesús que ellos pudieran usar para oponérsele. Encontraron lo que buscaban cuando vieron que Jesús y Sus discípulos incumplieron cierta tradición. Si ellos lograban señalar esta omisión claramente al pueblo, podían volver las multitudes en contra de Jesús. ¡Cuán importante eran las tradiciones para el pueblo judío! Los judíos decían: «Las tradiciones deben observarse cualesquiera que sean las circunstancias». La tradición que esta gente eligió para sacar provecho fue esta: el lavamiento de manos antes de comer, de conformidad con lo prescrito. Cuando observaban a Jesús y a Sus discípulos, vieron que algunos de ellos no seguían lo prescrito para lavarse las manos antes de comer. A los fariseos les molestaba esto. No estaban hablando de lavamiento con fines higiénicos; sino de una tradición. Según los judíos, uno podía haberse lavado las manos con el jabón más excelente que hubiera disponible, podía habérselas restregado tal como haría un cirujano en preparación para una cirugía, y aun así no estar puras desde el punto de vista ceremonial. Era una rígida costumbre entre los judíos lavarse las manos de cierta manera. En primer lugar, extendían sus manos con la palma hacia arriba, apuntando ligeramente hacia abajo. Mientras el agua era vertida sobre una mano, el puño de la otra se usaba para restregar la palma de la primera. Luego, con el agua todavía siendo vertida sobre sus manos, la otra mano se lavaba de la misma manera. Después, daban vuelta a sus manos, y con los dedos apuntando hacia abajo, hacían que se les vertiera agua sobre ambas manos para quitar el agua contaminada que quedara del primer restregado. A menos que se siguiera esta ceremonia ritualista, uno era considerado inmundo. Una persona podía estar limpia desde el punto de vista de la higiene, y sin embargo estar inmunda desde el punto de vista ritualista y ceremonial. Tan profundamente arraigado estaba esto en los judíos, que cuando a un rabino se le encarcelaba por algún delito, él usaba el agua de beber que le traían a su solitaria celda, para lavarse sus manos según prescribía la ceremonia, y casi se moría de sed. Estas tradiciones, supongo, dieron comienzo de una manera correcta. Por ejemplo, eran sencillamente un intento por aplicar la ley de Moisés. El libro de Levítico sí estipulaba ciertos lavamientos que debían hacerse con el fin de enseñarle al pueblo cómo manejar el pecado. Éste era el propósito de tales observancias externas de la ley de Moisés. Su verdadera razón era más profunda que la ceremonia externa en sí. Pero los sacerdotes judíos comenzaron a hacer ciertas sugerencias en cuanto a la manera correcta como debían lavarse las manos, y más adelante se agregaron interpretaciones de las interpretaciones. Así, transcurridos algunos años, un cúmulo de tradiciones se erigió, las cuales explicaban en detalle cómo debían llevarse a cabo las estipulaciones de la ley. Este cúmulo de interpretaciones se conoce como la ley oral de Moisés. Este pasaje de Marcos menciona también el lavamiento de vasos de beber, de jarros y de utensilios, que podían volverse inmundos. La Misná, la tradición judía escrita, incluye no menos de doce largos tratados sobre esta clase de inmundicia, detallando qué clase de utensilios podían volverse inmundos. Una mesa de cuatro patas podía volverse inmunda, pero no así una de tres patas. Por cierto que la palabra griega que se traduce por lavamientos en este pasaje de Marcos, es la misma palabra griega de la que proviene la palabra bautizar. Ambas palabras transmiten la idea de sumergir completamente un objeto en agua, no la de solamente rociar. Para los escribas y fariseos, estas reglas y normas constituían la esencia absoluta de la religión. El observarlas equivalía a agradar a Dios. El violarlas equivalía a pecar. Jesús y estas personas hablaban dos idiomas diferentes. Jesús no tenía necesidad alguna de estas rígidas tradiciones humanas. La idea de religión de Jesús era muy diferente de la de los escribas y fariseos. Por lo tanto, Jesús reprendió a sus acusadores en el siguiente tramo de versículos: Le preguntaron, pues, los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, sino que comen pan con manos inmundas? Respondiendo él, les dijo:
Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres (versos 5–8).
En este mordaz pasaje, Jesús está en realidad acusando a los escribas y fariseos de dos pecados específicos. Primero, dice que eran culpables del pecado de la hipocresía. En palabras de Isaías, dijo: «Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí». El judío legalista de los tiempos de Jesús, podía abrigar odio para con su semejante, envidia, celos, conflictos, amargura e ira en su corazón, pero se consideraba justo si cumplía las tradiciones de los ancianos. El legalismo de entonces, y de hoy día, tiende a hacer énfasis en las acciones externas de los hombres, pero hace caso omiso del corazón. Sin embargo, el corazón del cristianismo es el corazón. Hace mucho tiempo, Samuel dijo: «El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón» (1o Samuel 16.7). El cristianismo no debe identificarse con acciones religiosas externas. Un buen hombre es el resultado de un buen corazón. La pregunta fundamental es esta: ¿Cuál es la condición del corazón de una persona para con Dios? Si la ira, la amargura, el resentimiento, los celos, la envidia y los conflictos moran en nuestros corazones, ninguna de las observancias religiosas será agradable a Dios. Esto es lo que Jesús estaba diciendo cerca de los fariseos. En segundo lugar, dijo que estos judíos legalistas les dieron a sus tradiciones humanas la misma autoridad que tiene la Palabra de Dios. Dijo: «Pues en vano me honran enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres» (verso 7). Estos judíos habían cometido el error de concederles a las ingeniosas interpretaciones de sus expertos legales la misma importancia que tiene lo que Dios mismo ha dicho. Me asombra cuando leo los evangelios la franqueza del discurso de Jesús. Marcos 7 es un ejemplo al respecto. De hecho, en el paralelo de Mateo en Mateo 15, Mateo dice que después de este incidente, los discípulos vinieron a Jesús y dijeron: «Jesús, ¿sabes que ofendiste a los fariseos?». Sí, los ofendió. Lo hizo con pleno conocimiento de lo que estaba haciendo. Si Jesús estuviera enseñando entre la gente religiosa de nuestros tiempos, ¿haría Él la misma reprensión de las doctrinas y prácticas religiosas de nuestra época? ¿En qué parte de Su Santo Libro ha mandado nuestro Dios los actos y tradiciones que hombres y mujeres están practicando y promoviendo hoy día bajo el disfraz de religión? ¿Dónde está la autoridad para las numerosas doctrinas humanas que los hombres han introducido en la religión? ¿Qué diría Él acerca de las innumerables opiniones humanas que han sustituido las enseñanzas claras de la Palabra de Dios? El Espíritu Santo incluso anunció que esta precisa clase de apostasía sucedería. En 2a Timoteo 4.3–4, dijo: «Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas».

Jerusalén vrs. Betania: Dos modelos eclesiales en contraste

Jesus ungido en Betania

Jesus ungido en Betania

Hey  blogeros, gracias por todos sus comentarios. Me entusiasma la idea que los escritos puestos en  este sitio estén sirviendo  de reflexión y discusión. Quiero compartirles que en los últimos días he estado involucrado en un programa que se llama Canales de Esperanza, compartiendo con sendos auditorios cristianos, el tema del VIH y como desarrollar una respuesta cristiana ante esta pandemia. Eso ha sido básicamente mi labor externa de trabajo. Por las noches me ha quedado un poco de tiempo para pensar en ideas que he estado compartiendo últimamente. No sé si ustedes habrán notado pero quizás en los últimos días, he estado poniendo reflexiones un poco diferentes y alejadas de lo que ha sido mi pasión en los últimos años: la iglesia. Lo he hecho por varias razones, una es que estoy un poco cansado de la presión y críticas que las personas que están alrededor mío  hacen a los conceptos que vierto en el blog. Por otro lado  realmente me he estado haciendo el loco con el tema, porque me desanima un poco el parecer un hereje con ideas totalmente diferentes a las tradicionales y sobre todo que chocan con el modelo institucional. Sin embargo, este día me senté para estudiar la Biblia y tener una palabra de Dios para mi vida y  lo hice porque en el ambiente donde trabajo,  es una ONG (algunos dicen que es ministerio) donde se habla mucho de los pobres, la transformación, empoderamiento, educación popular y todas esa hierbas que a veces son bastante humanistas. Así que últimamente no he disfrutado de tiempos de encuentros  con Dios  por lo que decidí buscarlo, necesito tanto de El. Así que comencé a estudiar algunos pasajes de la Biblia, algunos escritos de hermanos en la fe, y mis propias introspecciones espirituales. Para serles honestos en estos días he estado bastante frío y apaciguado por la carga laboral que está sobre mis hombros. Como les digo, mi corazón ha estado preguntando a Dios que debo aprender de El en estos días. Y no se imaginarán, todos los pasajes que he escogido siempre me llevan al tema de la iglesia. Esto me ha mostrado que Dios quiere que siga aprendiendo de ese tema y que lo comparta. Así que ni modo, donde manda capitán no manda marinero. Al retomar el tema de la iglesia, me he preguntado a mi mismo, si la evidencia es que la iglesia institucional está caduca, ¿cuál debe ser el modelo que debemos seguir, en esta generación? Y a partir de esta pregunta, resultó lo que voy a compartir en los próximos artículos. Esta es una tesis, que indudablemente no me atribuyo su origen, porque hace unos tres años leí de Frank Viola, algo de este tema, también en algunos escritos del hno. Eliseo Apablaza y otros. Lo que pasa es que ahora los traigo a mi memoria, y además estoy agregando algunas cosas ultimas que Dios me ha estado mostrando.

Así que entonces empezaré por hablar de  dos ciudades, y dos casas en ellas, que representan dos realidades espirituales también diferentes.¡ Hoy nosotros sabemos algo acerca de la iglesia del Dios viviente, pero también sabemos que la iglesia es mal comprendida actualmente. Parece haber una dialéctica en esto,   por un lado, parece que nosotros sabemos algo acerca de la iglesia, por otro lado, nosotros no sabemos nada. Así que en esta oportunidad, me gustaría hablar acerca de la realidad de la vida de la iglesia. Este será mi tema generador. 1. Empezaré por preguntar ¿Cómo se percibe la realidad de la iglesia hoy? Hoy, cuando las personas hablan acerca de la iglesia, inmediatamente piensan en un edificio. Alguien podría hasta decir: «He olvidado mi paraguas en la iglesia». Pero nosotros sabemos que, en verdad, la iglesia es la casa de Dios. Así que cuando pensamos en la iglesia pensamos en una organización, en una institución, en una tradición. Pero si vamos a la Biblia, la iglesia en verdad es una realidad espiritual. Si estudiamos nuestras Biblias cuidadosamente, percibiremos claramente la diferencia entre los tres primeros evangelios, y el cuarto. Cuando vamos a los primeros tres evangelios, estamos ocupados con la obra del Señor mientras estuvo en Galilea. El principal énfasis es la obra de nuestro Señor allí. Pero cuando vamos al evangelio de Juan el énfasis es Jerusalén. Más que eso, cuando Juan escribió el cuarto evangelio, él no solamente enfatizó la ciudad de Jerusalén, sino más específicamente el templo, que estaba sobre el monte Moriah. 2.  En segundo lugar como se percibía la realidad de la iglesia en el tiempo de Jesús? Según el cuarto evangelio pareciera que nuestro Señor nunca dejó el templo de Dios, el cual él llama «la casa de mi Padre».  Hablando históricamente, la ciudad de Jerusalén era llamada «la ciudad del gran Rey». Era el deseo de nuestro Dios poder habitar en Sión, el monte del templo, porque él la había elegido. Entonces, si eso era la casa de Dios, nuestro Señor debería haber encontrado todo su reposo y alegría en su casa. Si usted hubiera estado en el monte del templo en el tiempo del Señor Jesús hubiera visto una gran plaza. Hablando estrictamente, la plaza del templo era la mayor plaza religiosa de aquella época. El rey Herodes era un gran constructor. Originalmente en el monte Moriah estaba sólo el templo de Salomón, pero Herodes hizo un gran complejo urbanístico allí. El área era dos veces mayor que la del tiempo de Salomón. De sur a norte, cabían casi seis canchas de fútbol; en tanto que de oriente a occidente cabían unas cinco. Podemos imaginar aquello especialmente en la fiesta de la Pascua. Nadie se sentiría solo allí, porque de acuerdo a los historiadores, en esas celebraciones solían juntarse cerca de dos millones de personas.  Sin embargo, una pequeña frase del evangelio de Juan fue muy reveladora para mí, ya que  nos permite de alguna manera tocar el solitario corazón de nuestro Señor Jesús mientras estuvo allí.  Veamos el capítulo 7:53-8:1: del evangelio de Juan, dice: «Cada uno se fue a su casa; y Jesús se fue al monte de los Olivos. Y por la mañana volvió al templo». ¿Pueden ver? La Biblia dice: «Cada uno se fue a su casa». Podemos imaginar cómo, después de un día ocupado, cada uno se va a su casa, pero Jesús se va al monte de los Olivos. Dice «cada uno se fue a su casa», como si nuestro Señor no tuviera casa. A la mañana siguiente él vuelve al templo. Probablemente, igual que el día anterior, estuvo todo el día allí. Luego todos se van a su casa y Jesús se va al monte de los Olivos. Al día siguiente vuelve otra vez al templo, para un día lleno de quehaceres. De esta descripción, podemos ver algo que no hemos visto antes.  Ustedes ven: cada uno tenía su casa, pero no nuestro Señor. Ahora, durante el día estaba en el templo de Dios, que él llamó «la casa de mi Padre». Pero si esa era la casa de su Padre, debería ser también su casa. El Espíritu Santo nos muestra especialmente esta frase: «Cada uno se fue a su casa, pero Jesús se fue al monte de los Olivos». Si no conociéramos la Biblia muy bien, estaríamos casi seguros que él pasó esa noche en el monte de los Olivos, porque en el monte de los Olivos hay muchas cuevas. Es bastante lógico pensar que pudiera haber pasado la noche en algunas de esas cuevas. La tercera pregunta es¿ Cómo se manifestaba la realidad del templo en el tiempo de Jesús? Si usted visitaba el templo allí en Jerusalén, todo estaba en orden. Todo estaba de acuerdo a la Ley (Biblia?). Cada día por la mañana, algunos sacerdotes iban a un lugar alto, y cuando ellos veían el sol salir sobre el monte Moab, sonaba la trompeta. Entonces alguien abría la puerta del templo, y comenzaba el servicio cotidiano. Ellos estaban cumpliendo su misión. Entonces las personas de Israel empezaban a entrar.  Ellos tenían un sistema de sacrificios. Tenían un sacerdocio. Tenían un altar de bronce, un lugar santo, un candelero, el pan de la proposición. Y también tenían el altar de oro. Más que eso, por detrás del velo, estaba el Lugar Santísimo.(Sin embargo recuerde que detrás de ese velo ya no había nada, es decir no estaba el arca) .Todo estaba de acuerdo al patrón que Dios había mostrado a Moisés, y después a David. Si nosotros vamos a nuestras Biblias, vamos a descubrir que todo estaba en orden. Todo estaba de acuerdo a la Biblia.  Cuando los judíos miraban su historia, tenían toda la razón para sentirse orgullosos. Ellos podían decir: «Nosotros tenemos más de mil años de historia. Dios está con nosotros. Esta es la ciudad del Gran Rey». Más que eso, cuando uno ascendía el monte del templo, según la historia, especialmente a la hora que el sol salía, podía ver la gloria del templo de Dios. No nos habría dejado de impresionar. Por eso los discípulos dijeron al Señor Jesús: « ¡Qué bello templo, qué bellas piedras!». Ahora, mis estimados lectores, eso representa la estructura exterior. Todo estaba correcto. Hablando estrictamente, si aquella era la casa de Dios, nuestro Señor no debería irse de ella, porque sería también su casa. En el patio del templo había un lugar de reposo, donde él podía pernoctar. Pero entonces, he aquí una cuarta pregunta 4.¿por qué nuestro Señor tuvo que irse al Monte de los Olivos? hablando externamente, todo estaba doctrinalmente correcto. Algunas veces podemos decir: nosotros tenemos aquí todo de acuerdo a la Biblia. Pero esto no es todo el tema aquí. Hablando externamente, el templo estaba allí, pero la realidad se había ido. Por eso tenemos que ser sensibles al movimiento del Espíritu Santo. Cuando uno estudia el evangelio de Juan casi cada día nuestro Señor pasaba en el templo, pero la realidad ya se había ido. El pueblo de Israel podía decir: «nosotros tenemos el orden bíblico. Todo está de acuerdo a como ha sido revelado en el Antiguo Testamento». Algunas veces nosotros decimos: «nosotros tenemos el orden de la iglesia del Nuevo Testamento». Pero, amigos, el punto no es ese; no es si eso está correcto o errado. El punto es: ¿hay realidad allí? La iglesia es la casa de Dios, el nombre es correcto, el orden es el correcto, todo está correcto, pero sólo una cosa nos va a preguntar el Señor: «¿Hay alguna realidad allí? ¿Puedo encontrar mi reposo allí?» Una cosa que observo también, es que Jesús no tenía tiempos de oración en el templo ¿por qué? Quizás porque el ambiente era tan superficial, que no podía conectarse con el dueño de esa casa. Por eso el Señor hizo del monte de los Olivos su casa. Algunas veces nosotros pensamos que probablemente él pasaba la noche en alguna cueva. Pero no era así. El Señor no tenía que dormir en una cueva, pues había una casa abierta para él en el monte de los Olivos. Para entender esto, debo explicarles  un poco de la geografía de Jerusalén: al este del monte de los Olivos está el Mar Muerto; al oeste está el Mar Mediterráneo. Si alguien mira hacia el oeste desde el Monte de los Olivos ve la ciudad de Jerusalén, y ve también el templo sobre el monte Moriah, porque el monte de los Olivos es más alto que el monte Moriah. Entre estos dos montes hay un valle muy profundo, el valle de Cedrón. Ahora, durante el día nuestro Señor estaba en el monte del templo; al atardecer bajaba por el valle de Cedrón y subía el Monte de los Olivos –donde estaba el huerto del Getsemaní–; luego, al bajar desde la cumbre del Monte hacia el lado oriental había una pequeña aldea, Betania. Por la Palabra de Dios vamos a darnos cuenta que cuando nuestro Señor Jesús iba a Betania, pasaba por el monte de los Olivos. Si leemos los cuatro evangelios, especialmente en la última semana antes de la crucifixión, veremos que todas las noches él salía de Jerusalén e iba a Betania. Hay algo muy interesante aquí: cuando el templo de Dios en Jerusalén se tornó en una cáscara sin contenido, en un árbol lleno de hojas, pero sin fruto, nuestro Señor iba hacia el Monte de los Olivos, porque allá en Betania hallaba su reposo. Así que hay una quinta pregunta en este descubrimiento 5.¿Qué clase de casa era Betania, para que El Señor le encantara estar allí? Amigos lectores, aquí tenemos a Betania contra Jerusalén. ¡Qué contraste! Lo primero que debemos ver en Betania es su ambiente. En Betania uno no encuentra un millón de personas, ni una historia gloriosa, y una cosa interesante los discípulos parecen diluirse allí en cuanto a su posición e importancia. Esto implica que en Betania, los puestos y posiciones no son de gran relevancia, y se debe a que la importancia y relevancia es El Señor Jesucristo así que  allí era  donde nuestro Señor podía pasar la noche, allí podía encontrar su descanso.

Jesús en Betania

Jesús en Betania

Tres evidencias de una iglesia inmadura 2 parte

Veamos ahora cuál es el problema, o cuál es el común denominador, de los capítulos 5 al 11 de 1ª a los Corintios. Claro, a simple vista, probablemente no se vea tan claro. Pero, ¿saben ustedes?, al leer con detenimiento, una y otra vez, la epístola a los Corintios en estos capítulos, podemos resumirlo en este problema: El gran problema que queda en evidencia aquí es el problema de los apetitos. Fíjense, los corintios tenían problemas con los apetitos de su cuerpo. Y esta suele ser también una característica de los hermanos que están avanzando poco a poco hacia la madurez. El capítulo 5 comienza con un problema de fornicación. Había allí un problema de fornicación, y Pablo entonces atiende ese problema. Luego, en el capítulo 6:13 dice: “Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas…”. Este asunto de la comida surge aquí en 1ª a los Corintios con mucha fuerza. Así que, estos dos problemas grandes son, por un lado las fornicaciones, es decir, el problema sexual, y el problema de los apetitos desenfrenados de comer y beber. Vamos a leer algunos versículos como muestra, porque es bien recurrente. Ahí vuelve de nuevo a decir en el versículo 6:18: “Huid de la fornicación”. De eso estaba hablando en el capítulo 5. Y parece que cuando empezó a hablar en el capítulo 6 del problema de las disputas entre los hermanos, parece que se había olvidado del tema de la fornicación, pero no. En el versículo 18 aparece de nuevo. Y en el capítulo 7 habla del matrimonio. Pero, ¿por qué habla del matrimonio en el capítulo 7? Miren el versículo 2. ¿Cómo comienza el versículo 2? “…a causa de las fornicaciones…”. Ya, tenemos entonces fornicaciones y el problema de las viandas. Avancemos al capítulo 8 versículo 8: “Si bien la vianda no nos hace más aceptos ante Dios; pues ni porque comamos, seremos más, ni porque no comamos, seremos menos. Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles”. Versículo 13: “Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano”. ¿Se fijan que hay un problema con la comida? Y fíjense en el capítulo 9. Ahí se habla de los derechos del apóstol, pero miren lo que dice el versículo 4: “¿Acaso no tenemos derecho de comer y beber?”. Porque el problema de fondo sigue siendo el problema de la comida. Capítulo 10 versículos 3-5: “…y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto”. Versículo 7: “Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar”. Y aquí el apóstol hace recuerdo de aquella escena cuando los judíos venían atravesando el desierto, y estaban cansados del maná, y dijeron: “¡Oh, quién nos diese a comer carne”. Dios envió una nube de codornices. ¿Se acuerdan? Se sentaron a comer y a beber, y después vino la destrucción. En el versículo 8, ¿cómo dice? “Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil”. Ahora, fíjense, hermanos. ¿No les parece curioso a ustedes? Habla de la fornicación… y comida. Fornicación… y vuelve al asunto de la comida. Versículo 25: “De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia…”. Versículo 28: “Mas si alguien os dijere: Esto fue sacrificado a los ídolos; no lo comáis…”. Capítulo 11 versículo 20: “Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor. Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga”. ¿De qué estamos hablando de nuevo otra vez aquí? Del problema de la comida y la bebida. O sea, era tan fuerte el problema en ellos, que aun en el momento de la cena era un problema, era un obstáculo, era un motivo de tropiezo. Versículo 34: “Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio”.  Entonces, aquí tenemos un gran trecho de la epístola, desde el capítulo 5 al 11, en que se tratan temas relativos a los apetitos del cuerpo: problemas de tipo sexual, y el problema de la gula. En nuestros días, el pecado sexual está tan alentado por todas las fuerzas demoníacas que rodean el mundo, que envuelven al mundo. Creo que en nuestros días, si tenemos que darle una aplicación hoy a esta palabra fornicación, creo que no sólo implica una unión sexual física, sino que implica toda esta maraña de pecados relacionados con el sexo. Como el Señor dijo: “Basta que un hombre mire a una mujer para codiciarla, y ya adulteró con ella en su corazón”. Creo que hay muchas fornicaciones de este tipo en medio de la iglesia. Y es fuerte tener que decirlo así. Basta que nos descuidemos y demos lugar al espíritu inmundo que ha envuelto al mundo en sus redes de sensualidad y concupiscencia. Y claro, ¿quiénes están más expuestos a esto? Los hermanos más pequeños. Porque aquí no se trata de si somos salvos o no somos salvos. Todos los que hemos recibido al Señor somos salvos, todos ya tenemos la vida eterna adentro. Pero, ¿qué es lo que pasa? Que nosotros todavía arrastramos un cuerpo de muerte. El Señor está forjando en nosotros un carácter, pero ese carácter no se forja de la noche a la mañana. Hay un caminar hacia la santidad, hacia la justicia, hacia la integridad. Si nosotros nos descuidamos, entonces vamos a estar rápidamente siendo envueltos en este problema de la sexualidad ilícita. Que el Señor tenga misericordia de su iglesia; que nos libre, porque son demonios, son espíritus que están desatados por el mundo entero. En el otro asunto de la comida y la bebida es más difícil precisar los límites. .Todos sabemos  que a los salvadoreños nos gusta comer y en otras culturas (aunque aquí cada día se está haciendo más popular beber) sobre todo, beber.Creo que somos considerados por algunos bastante liberales en esta materia. Pero a mí me asusta un poco; realmente, me asusta un poco. Basta abrir un poquito la puerta, y podemos pasar el límite de lo que es adecuado. Nos puede suceder que después, que en vez de beber bebida, ya estamos tomando cerveza. Y después viene algo más refinado. Entonces, eso ya es un problema. Por eso, es preciso estar atentos. El Señor advierte a través de Proverbios y otras partes de la Biblia sobre el peligro del vino. No podemos desoír esas advertencias. Los corintios tenían problemas con la comida y la bebida. Podemos imaginarnos un grupo de ellos diciendo: ‘Vamos a reunirnos en la casa del hermano, vamos a comer un poco, una cosa liviana, y luego vamos a participar de la mesa’. El dueño de casa era muy generoso, entonces no le bastaba poner algo para ‘picar’, sino que preparaba una carnecita por ahí y después el vino. Cuando llegaba la hora de partir el pan, estaban los hermanos “demasiado alegres”. Y con una alegría no del Espíritu. El apóstol Pablo habla de poner límites a nuestros apetitos.. Hay límites, porque dice Pablo aquí mismo: “Todo me es lícito, pero no todo conviene … no todo edifica. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro”. No queremos ser esclavos ni de esto ni de aquello. Somos libres, porque nosotros hemos sido libertados por el Señor Jesucristo. No os hagáis esclavos de ninguna cosa, ni de hombres, ni de pasiones, ni de apetitos, porque el Señor nos hizo libres. ¿Cuál es la solución que Pablo da para este problema? Fíjense ustedes cómo termina el capítulo 9. En el medio de todos los capítulos donde toca este tema, dice en los versículos 25 al 27: “Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros una incorruptible. Así que yo, de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”. “Golpeo mi cuerpo”. Sabemos que no se trata de ascetismo. No se trata de ,acudir a un supuesto ‘santuario’ caminando de rodillas, o de espaldas en el suelo, o arrastrándose con un ídolo en las manos. Claro, ésa es una manera de golpear el cuerpo, ¿pero para qué?¿Por qué Pablo nos invita a golpear el cuerpo? ¿Para obtener la salvación? ¿Para ver si Dios se muestra benévolo conmigo? ¿A ver si Dios me perdona los pecados? ¡No! Aquí no se trata de golpear el cuerpo para eso; se trata de golpear el cuerpo para alcanzar una corona. Dice ahí “la corona incorruptible”. ¿Y quiénes son los que tienen corona? Los reyes. Tiene que ver con el reino. Todos somos salvos por la gracia de Dios, pero sólo unos pocos reinarán con Cristo mil años sobre a tierra. Y éstos son los que golpean su cuerpo y se niegan a sí mismos. En ese sentido habla de golpear el cuerpo; no para alcanzar salvación ni el perdón de los pecados. Y tampoco de refiere a azotarse o martirizarse, sino simplemente, a poner el necesario límite a los apetitos desordenados.

Cristo el destructor de sueños

Los discípulos de Jesús tuvieron ideales, aspiraciones, sueños de grandeza, que el Señor derribó, porque su reino no era de este mundo. A su tiempo, él los reemplazó por otros. «Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los alguaciles, para ver el fin» (Mateo 26:58). El pasaje del cual forma parte este versículo, corresponde al momento en que el Señor Jesús fue llevado ante el concilio para ser juzgado. El Señor fue apresado en Getsemaní y llevado por una turba de soldados al sumo sacerdote Caifás. La escena que ocurre allí la conocemos. Es una escena dolorosa. Pero en este versículo 58, encontramos a uno de sus discípulos más cercanos –a Pedro, que quería ser testigo de las cosas que allí iban a suceder. Se acerca como a escondidas, y se sienta entre los alguaciles para ver el fin. Noten la expresión «…para ver el fin». ¿El fin de qué? ¿El fin del Señor? Sí, eso esperaba ver Pedro allí. Pero creo que algo más también. Pedro y los discípulos del Señor, durante todo el ministerio del Señor Jesús, tuvieron una aspiración. Ellos estaban persuadidos de que se iba a establecer el reino de Dios sobre la tierra, de que Jesús sería el Rey, y de que ellos, los doce, serían algo así como sus ministros. Ellos pensaban «que el Reino de Dios se manifestaría inmediatamente» (Luc. 19:11). Esa fue su gran aspiración durante todo el tiempo que estuvieron con el Señor. Aun después de que el Señor resucitó de entre los muertos, poco antes de ascender a los cielos, todavía le preguntaban: «Señor, ¿restaurarás el Reino a Israel en este tiempo?» (Hechos 1:6). Durante el ministerio del Señor ellos nunca concibieron la idea de un Mesías sufriente que debería ir a la cruz. En muchas ocasiones encontramos en los evangelios que los discípulos manifestaron otras ambiciones. Acuérdense cuando Juan y Jacobo, los ‘hijos del trueno’, se acercaron al Señor para decirle: «Concédenos que en tu gloria no sentemos el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda» (Marcos 10:37). Ellos estaban seguros de que el Reino vendría. En realidad, habían escuchado decir al Señor: «Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado». Así que tenían algunas razones en qué fundar esos sueños. Recordamos también a esos mismos hijos de Zebedeo cuando, en cierta ocasión que no fueron recibidos en una aldea de samaritanos, le dijeron al Señor: «¿Quieres tú que enviemos fuego desde el cielo para que los destruya?» (Luc. 9:54). Ellos pensaban que estaban siguiendo a un rey poderoso, que por lo menos tenía el poder de Elías. En otro momento, cuando Pedro supo que el Señor iba a la cruz, le dijo: «Señor, ten compasión de ti. En ninguna manera esto te acontezca» (Mat.16:22). Ellos no querían que su rey se les muriera; porque querían reinar. ¿Se acuerdan de la ocasión en que al Señor lo fueron a apresar al Getsemaní, y Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hiriendo al siervo del sumo sacerdote le cortó la oreja? (Juan 18:10). Todavía, a esa altura, Pedro tenía esos deseos de poder, todavía quería establecer el reino de Dios por la fuerza. Primero trata de evitar que Jesús vaya a la Cruz, después saca su espada para evitar que lo capturen. La palabra de Mateo 26:58 que hemos leído dice: «Pedro se sentó con los alguaciles, para ver el fin». A la luz de todo lo que venimos diciendo, bien podemos pensar que Pedro se sentó para ver el fin de sus ilusiones, de sus sueños, de sus aspiraciones de grandeza, de sus deseos de reinar en la tierra, de ser como el ministro principal de Jesucristo. Estaba allí sentado con los alguaciles, y él veía que todo eso se le venía al suelo. Los discípulos, cuando anduvieron con el Señor, debieron de sentirse muy desconcertados a veces, porque, de pronto, su maestro hacía cosas extraordinarias, y parecía ser un verdadero rey. Aunque no llevaba corona, ni cetro, ni soldados, tenía ciertas actuaciones como de un rey todopoderoso. Por ejemplo, despertaba temor. Acuérdense cuando Pedro, después de aquella pesca milagrosa, se arroja a sus pies y le dice: «¡Apártate de mí, Señor, porque soy un hombre pecador!», o cuando sana a los enfermos, o cuando calma la tempestad. Al igual que los grandes reyes cuando volvían victoriosos de la guerra y toda la ciudad se alborotaba para recibirlos, así también Jesús había sido recibido por la multitud en Jerusalén. Se le hizo una entrada triunfal con cánticos y con palmas. Pero, cosa extraña –y Pedro sabe, Jesús entró, no sentado en un brioso corcel blanco, sino sentado en un pollino, hijo de animal de carga. Y, cuando llegó al templo, no había allí soldados con trompetas anunciando su llegada, sino sólo unos niños cantando. Ahora, cuando Pedro miraba, como por una rendija, qué pasaba con el Señor dentro en el patio de Caifás, pudo ver que le ponían una corona y un atuendo de púrpura, como el que usaban los reyes. Pudo ver cómo los soldados se arrodillaban delante de él, pero todo ello era una pantomima, porque se burlaban y lo golpeaban. Debe de haber estado muy desconcertado Pedro observando todo eso. Y, para colmo, cuando le crucificaron, pusieron sobre su cabeza una inscripción que decía: «Este es Jesús, el rey de los judíos».  ¡Cuántos sueños, cuántas esperanzas se les rompieron a los discípulos siguiendo a Jesús! Todo su esquema de ambiciones se les quebró. En ningún momento el Señor Jesús usó su poder –ese extraordinario poder con que cambiaba las circunstancias y hacía cosas increíbles, para herir a sus oponentes, o para zafarse de esas autoridades políticas que habían puesto un yugo sobre la nación. Al contrario, cuando le pidieron que pagara los impuestos, los pagó, y cuando le preguntaron acerca de la moneda, dijo: «Dad a César lo que es del César» (Mat.22:21). Pero no sólo a Pedro y a los discípulos se les había venido el mundo abajo. ¿Se acuerdan cuando Juan el Bautista, el que fue enviado delante del Señor como precursor, le mandó a decir al Señor: «¿Eres tú el que habría de venir, o esperaremos a otro?» (Mat.11:3). ¡Extraña pregunta! Juan el Bautista en ese momento estaba encarcelado. Tal vez se preguntó muchas veces: “¿Por qué yo, si soy el principal de los profetas, estoy aquí encarcelado, y el Mesías, que tiene poder para sanar y para detener los vientos, no me viene a libertar?”. Posiblemente se hizo preguntas como ésta. Era un rey extraño este Jesús. Cuando le hicieron la pregunta de parte de Juan, estaba realizando la obra que acostumbraba hacer. Entonces, dijo: «Id y haced saber a Juan las cosas que oís y veis: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí» (Mateo 11:4-5). Aquí tenemos un Rey que se olvida de palacios, se olvida de soldados, de guardias, de caballos briosos y se ocupa en sanar, consolar y anunciar el evangelio, como un humilde siervo que va por las ciudades y por las aldeas, sin hacerse anunciar. Cuando Jesús llega al pozo de Jacob y se encuentra con la mujer samaritana él estaba «cansado del camino», como cualquiera de los mortales. A las doce del día, caminando por esos caminos polvorientos, estaba cansado. Ahora, Juan estaba desconcertado en la cárcel. Y le llega la respuesta del Señor. Juan había dicho de Jesús –imagino que con un tono grandilocuente, como para infundir temor: «¡Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará!» (Mateo 3:12). Lo había mostrado como un juez que traía juicios sobre la tierra, que suprimiría la opresión, derribaría a los hombres injustos y los quemaría. Ahora, Juan estaba en la cárcel, y su Mesías parece que no le prestaba mayor atención. Cuando el Señor Jesús le contestó a Juan, citó una porción del libro de Isaías, que dice: «El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová» (Isaías 61:1-2). Para el Señor estas palabras eran muy gratas de pronunciar. De todo el Antiguo Testamento, tal vez eran éstas las palabras con las cuales el Señor más se identificaba. Cuando él va a Nazaret por primera vez, después de haber salido de la tentación del desierto, lo primero que hace es tomar el libro de Isaías y leer este mismo pasaje. Allí se describía la misión del Mesías: sanar, predicar el evangelio, anunciar libertad, sacar a los presos de la cárcel, proclamar que hay una buena voluntad de Dios para los hombres. Era un pasaje muy querido por el Señor.  Y ahora, cuando le responde a Juan, lo cita de nuevo. Pero noten lo que dice Isaías 61:2, después de la última frase que citamos. Dice:»…a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro…» Seguramente Juan y los discípulos pensaban que esta frase («y el día de venganza del Dios nuestro») se cumpliría en sus días, que el Señor Jesús vendría a vengar la injusticia, traería juicios de parte Dios, y que los primeros en caer serían los romanos. Pero el Señor nunca, en ninguna parte, citó estas palabras: «…el día de venganza del Dios nuestro». Él vino a salvar, él vino a dar vida, vino a consolar, vino a libertar, no vino a traer venganza. Las últimas palabras del Señor a Juan fueron: «…Bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí». Él notó que Juan estaba decepcionado, notó que tropezaba en la aparente debilidad que Jesús mostraba. Ese «bienaventurado es el que no halle tropiezo en mi», significa algo así como esto: «Ustedes me ven como un hombre común, nacido y criado en una familia de carpinteros. No ven ninguna señal de realeza en mí, no hay corona, no hay criados, no hay demostraciones de poder humano, y tal vez piensen –porque me ven tan débil, tan frágil que no soy quien soy. Ustedes piensan que porque no los he libertado del yugo romano, no soy el Cristo. Ustedes piensan que porque no uso mi poder para ejecutar venganza, entonces no soy el Mesías». Juan denota en su pregunta una gran decepción. Él también parece que tenía sueños de independencia y de libertad.  Pero no sólo Juan sufrió esta decepción por causa de Jesús. ¿Se acuerdan de aquella ocasión cuando, después de la resurrección, el Señor Jesús se acerca a los dos discípulos que iban camino a Emaús? Ellos iban conversando con tristeza. En sus palabras se deja traslucir una tremenda frustración. Dijeron a su ocasional compañero de viaje: «…Le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron. Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel» (Lucas 24:20-21). Noten el tiempo pasado de la palabra «esperábamos». Lo esperábamos – eso es lo mismo que decir: “ya no lo esperamos”. Y eso dijeron, pese a que ya circulaban noticias de que el sepulcro había sido hallado vacío, y que el que estuvo muerto ahora estaba vivo. Estas palabras de los discípulos indican que todas las expectativas que ellos tenían también se habían venido al suelo. No sé si ustedes se han fijado que uno de los doce apóstoles del Señor se llamaba Simón el zelote, o Simón el cananista. La palabra «zelote» significa celoso, y también significa «fanático». Los zelotes eran una secta de fanáticos religiosos. Se caracterizaban porque eran muy extremados en sus posiciones. Por ejemplo, ellos se negaban a pagar tributos al César, porque pensaban que el hacerlo era una traición a Dios – el único y verdadero Rey de Israel. Los zelotes eran hombres fuertes, vivían un poco apartados de la sociedad, y clamaban por una vindicación política.  ¡Cuántas veces Simón, el zelote, habrá alimentado esos sueños mientras estaba con Jesús! « ¡Por fin tenemos un Rey! Y este Rey, al igual que los macabeos de hace dos siglos atrás, nos va a llevar a luchar por nuestra independencia y a recobrar el reino para Israel». Ellos querían un reino ahí, en ese momento. Seguramente Simón el zelote, en conversaciones con los apóstoles, también promovería esta idea. (Sin embargo, los deseos de independencia no eran exclusivos de los zelotes: todos los judíos esperaban al Mesías que los libertaría). Amados hermanos, tal vez ustedes estén pensando adónde quiero llegar con este mensaje. Pedro había alimentado esperanzas de grandeza, los discípulos también, y Juan el Bautista también. Pero, en realidad, todo hombre tiene sueños y esperanzas. Todo hombre quiere alcanzar la honra y la gloria humana, todo hombre desea que el mañana le encuentre mejor preparado que hoy: mejor afianzado en la vida, mejor posicionado en el mundo. Todo hombre tiene sueños y llega un momento en que parece que esos sueños se van a concretar. Entonces, reúne todas las fuerzas, los recursos, y los apuesta para la realización de ese sueño. Los cristianos también. Todos los cristianos, especialmente los que aspiran servir a Dios, los que aman al Señor, se enfrentan –al menos en algún momento de su caminar a esta disyuntiva: de utilizar al Señor Jesucristo como líder, como un rey que los arrastre hacia la grandeza, la riqueza y el poder. Creo que a todos los cristianos en algún momento se les pasa por la mente servirse de Cristo para concretar el gran sueño de su vida. Sin embargo, ¿cuál fue la actitud del Señor Jesús hacia esos sueños de sus discípulos? En ningún momento él accede a esa pretensión de ellos. En ningún momento accede a ejercer su poder para realizar esos ideales independentistas, reivindicativos. Podemos decir que el Señor no mostró ningún interés por establecer su reino sobre la tierra. Al contrario, cuando estaba frente a Pilato, él le dijo claramente: «Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí» (Juan 18:36). En otra ocasión, dijo a los discípulos: «Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro siervo» (Mateo 20:25-26). Naturalmente, los discípulos en ese momento no entendieron lo que el Señor les estaba diciendo. Los discípulos de Cristo, los de ayer y los de hoy, han tenido sueños. Pero el Señor, ayer y hoy, destruye esos sueños, los quiebra como una caña seca. ¡Jesús es un destructor de sueños! Hay cristianos hoy que usan sus dones, usan su poder –otorgado con fines espirituales para escalar una cierta posición. Hay líderes en la cristiandad de hoy que han medrado con el evangelio, y que han alcanzado –o que han pretendido alcanzar poder político. Otros han levantado grandes empresas. Han pensado que pueden servirse de Cristo para concretar sus sueños de infancia; o, a lo mejor, sanarse de algún complejo de juventud. Ellos usan a los que están alrededor para que los levanten y les permitan concretar sus sueños.  Ustedes recuerdan que cuando el Señor fue tentado en el desierto, el diablo le dijo: «Todos los reinos te daré, si postrado me adorares. Los reinos del mundo son míos y los doy a quien quiero» (Luc.4:5-7). Hay un momento en que, a los que quieren servir al Señor, el diablo se les presenta así también. Disfrazado, por supuesto, porque el diablo nunca aparece tal cual es. Y con el aire más encantador, les dice: «Todo eso te daré, si postrado tú me adoras». El Señor Jesús sabía que el reino de Dios comenzaría a operar desde el corazón del hombre. Por eso, toda su preocupación fue sanar a los quebrantados de corazón, libertar a los cautivos, consolar a los enlutados, poner óleo de alegría allí donde había luto. Y sabía también que no era ese el tiempo para reinar sobre la tierra. Los cristianos que aman al Señor y que han sido enseñados por él saben también que este no es el tiempo de reinar sobre la tierra. Este es el tiempo para trabajar en el corazón de los hombres, no para pretender grandeza humana. No es el tiempo para que nos vistamos de esplendidez, ni para que hagamos negocios y nos enriquezcamos con los dones de Dios. Jesucristo no tuvo dónde recostar su cabeza. Las zorras tenían cuevas; los pajarillos, nidos. Pero él no tenía un hogar. Él fue expulsado de Nazaret, la ciudad donde se crió, donde tenía sus conocidos y su ambiente. El primer mensaje que predicó allí fue motivo suficiente para que quisieran matarlo. Lo sacaron de la ciudad y lo llevaron a un monte para despeñarlo. El Señor Jesús vivió como un siervo, y sus seguidores también han de vivir como siervos.  Quisiera preguntarle: ¿Por qué razón está usted siguiendo a Jesús? Si tiene algún sueño propio, alguna aspiración personal, si usted quiere ganar para sí algo sirviendo a Jesús; si quiere ser reconocido, famoso; si quiere ser adinerado y que todos se postren a sus pies, entonces es bueno que el Señor destruya esos sueños cuanto antes. El camino del Señor es el camino de la humildad, del silencio y de las lágrimas. Por supuesto que hay paz; por supuesto que hay reposo y hay consuelo en él. Pero no hay nada de aquello que los hombres tienen por sublime. El Señor Jesucristo dice: «Mi reino no es de este mundo». Y nosotros también decimos: «Nuestro reino no es de este mundo». Ese día que Pedro estaba sentado con los alguaciles mirando y esperando el fin, sabemos que no fue el fin. Ese fue sólo el comienzo. Cincuenta días más tarde, ese Pedro que estaba allí con el corazón compungido, temblando –y que negó al Señor más encima, estaba parado frente a una multitud, ¡predicando el evangelio de Jesucristo! Estaba continuando con la obra que el Señor Jesús había comenzado a hacer. Cuando miramos a Pedro en el libro de los Hechos le vemos ir de aquí para allá, consolando a los quebrantados de corazón, libertando a los cautivos, sanando enfermos, dispensando las gracias de Dios, ¡lo mismo que su Señor! Así que ese día no fue el fin, sino sólo el comienzo. Los sueños que él tenía se vinieron al suelo. Pero Dios puso en su corazón otros sueños, otra visión. ¡Dios cambió su corazón! Cambió su manera de pensar. Nunca más usó espada, nunca más evitó la cruz, nunca más vivió para sí, hasta el día aquél en que, en cumplimiento de la palabra que el mismo Señor le dijo, murió crucificado como él.