Serie Dios sufre de insomnio: Los cambios de sus hijos II parte

En segundo lugar utiliza la desesperación.

El segundo paso para ser cambiado por Dios es la etapa del empeño. Nótese lo que el ángel y Jacob dijeron: «El hombre le dijo: — ¡Suéltame, que ya está por amanecer!—¡No te soltaré hasta que me bendigas! —respondió Jacob» (v. 26). Jacob tenía desesperación de la bendición de Dios; era persistente; lidiaba con la situación hasta llegar a una solución. Se encontraba en una circunstancia que no le agradaba; era frustrante y lo estaba agobiando; pese a eso, dijo: «Estoy cien por ciento empeñado en lidiar con esta situación hasta que Dios la cambie para bien». Esta es la lección que podemos aprender: Después de que Dios capta nuestra atención con el problema, no lo resuelve de inmediato. Él espera a ver si realmente hablamos en serio. La mayoría de las personas pierden los planes de Dios para sus vidas porque se rinden demasiado temprano. Se desaniman. Se desalientan. Cuando Dios permite un problema en sus vidas, en vez de perseverar y decir: «Dios, no soltaré esto hasta que me bendigas; hasta que lo cambies para bien»; simplemente se desaniman y no disfrutan los planes de Dios para sus vidas. Con frecuencia, cuando se me acercan para recibir consejería, pregunto:—¿Ha intentado orando por esta situación? Me contestan: —Oh sí, sí he orado.—¿Cuántas veces?—Una. Estamos tan acostumbrados a alcanzar todo de inmediato, incluido el éxito, que si no recibimos una respuesta instantánea a nuestra oración o un resultado inmediatamente decimos: «Olvídalo, Señor». En ocasiones alguna pareja se encuentra a punto de claudicar en su matrimonio cuando el éxito ya está en camino. Están por rendirse cuando la solución está allí mismo. Aun cuando sinceramente deseamos cambiar, necesitamos recordar que no nos metimos en el presente lío de la noche a la mañana. Esas actitudes, acciones, hábitos, temores, flaquezas y formas de responder a nuestros cónyuges, tomaron años en desarrollarse y a veces Dios tiene que quitarlas una por una. Usualmente requiere buen tiempo para que Dios las cambie. Pero no se rinda. Hay esperanza. Persevere. Busque con empeño el plan de Dios para su vida. Los psicólogos nos dicen que seis semanas haciendo algo, a veces todos los días, es lo que se necesita para que se convierta en hábito. Por eso muchos no se meten en la Biblia con seriedad. La leemos dos o tres días, después se nos pasa semanas y volvemos a leerla unos días. Nunca superamos la barrera de seis semanas y como resultado nunca llegamos a sentirnos cómodos con ella. Necesitamos hacer esto todos los días por lo menos seis semanas hasta que empecemos a sentirnos cómodos con este nuevo y saludable hábito.

En tercer lugar utiliza el quebrantamiento

El tercer paso para ser cambiado por Dios es la etapa de la es el quebrantamiento por medio de la confesión.. El ángel le dijo a Jacob: «¿Cuál es tu nombre?» Él le respondió: «Jacob». ¿Qué objetivo tuvo la pregunta del ángel? Que Jacob reconociera su carácter al decir su nombre, el cual significa tramposo o maquinador. Jacob se acordó del dolor que había ocasionado al maquinar en contra de su hermano Esaú, de manera que cuando el ángel le preguntó: « ¿Cómo es tu carácter?» admitió: «Soy tramposo. Maquinador». Admitió sus debilidades porque era sincero. Al identificarse como «Jacob», estaba reconociendo sus fallas. Esto es un proceso importante de Dios para cambiarnos porque nunca cambiamos hasta que encaramos y reconocemos con sinceridad nuestros defectos, nuestros pecados, nuestras flaquezas y nuestros errores. Dios no empieza a reparar nuestro problema hasta que reconocemos que lo tenemos. Necesitamos decir: «Dios, estoy en un lío. Y reconozco que yo mismo me lo busque». Entonces Dios puede empezar a obrar. ¿Se ha dado cuenta de lo fácil que es encontrar una excusa para nuestros problemas? Nos hacemos expertos en culpar a otros: «Realmente no es mi culpa, ¡¿sabe?! Es el ambiente en el que me crié; mis padres lo ocasionaron». O «La situación en que me hallo es culpa de mi jefe en el trabajo». ¿Por qué debemos confesar nuestras faltas a Dios? ¿Para ponerlo al día? No. Cuando le contamos que pecamos, él no se sorprende, porque sabe el problema de antemano. Nos confesamos ante él porque Dios quiere que digamos: «Tienes toda la razón, Dios, tengo un problema. Ese es mi error o mi debilidad». Reconocer nuestros errores produce humildad y una vez que hacemos esto Dios nos provee todos sus recursos y su poder para ayudarnos a cambiar para bien. A esas alturas, podemos empezar a ser las personas que realmente siempre deseamos. Este incidente en la vida de Jacob fue mucho más que un mero encuentro de lucha libre. Fue una ilustración de cómo Dios opera en nuestras vidas. Primero, él trae una crisis frustrante, como la pelea con el ángel, en la cual enfrentamos la situación con dificultad. Finalmente, reconocemos: «Es obvio que no voy a ganar. No puedo tomar las riendas de esta situación con mis propias fuerzas; voy a seguir fracasando». Después necesitamos persistir: «Pero voy a tratar la situación con empeño y dejar que Dios la resuelva. Dios contesta: «No te voy a sacar de apuros de inmediato porque quiero ver si en realidad hablas en serio. Dijiste que querías cambiar, así que voy a dejar que el problema dure un poco más para ver si realmente hablabas en serio». Si a estas alturas tiramos la toalla, en el futuro nos vamos a topar con un problema de la misma índole. Si no aprendemos la lección ahora, la tendremos que aprender más adelante, porque Dios nos la va a enseñar de una manera u otra. Nos podemos evitar muchos problemas si reaccionamos apropiadamente cuando nos llega la crisis.

Serie Dios sufre de insomnio: Los cambios de sus hijos

Noveno tema: Dios sufre insomnio por el cambio  de sus hijos

¿Qué es lo que más le gustaría cambiar de sí mismo? Si pudiera modificar algo, ¿qué sería? Una gran tragedia es una vida desperdiciada, una vida que nunca esté dispuesta a cambiar. El cambio es un elemento importante del crecimiento y lo necesitamos para permanecer rejuvenecidos y progresar. A la mayoría de nosotros nos interesa el cambio. Entre los quince libros más vendidos en la actualidad, diez de ellos son de autodesarrollo, títulos como Un nuevo usted en treinta días. Asistimos a seminarios, leemos libros, probamos dietas y escuchamos grabaciones, pero de algún modo las nuevas ideas no parecen durar. Tal vez cambiamos por un tiempo pero ninguna nueva idea tiene efecto permanente. La razón principal es que lidiamos con lo externo, nuestra conducta externa, en vez de nuestras intenciones internas. Cualquier cambio perdurable deberá empezar en el interior, y eso es tarea de Dios.

En Génesis, capítulo 32, vemos el proceso que usa Dios para cambiarnos, para ayudarnos a llegar a ser lo que siempre hemos querido ser. Aprenderemos cómo cambiar observando la vida de Jacob, el padre de José. El incidente grabado en este capítulo fue un punto crucial en la vida de Jacob y sirve de ejemplo dramático de cómo Dios nos puede cambiar como individuos. Jacob fue un hombre algo tramposo. Aun su nombre significa «tramposo» o «maquinador». Pero una experiencia decisiva lo transformó en otra persona y llegó a ser Israel, el hombre por quien toda una nación lleva su nombre. Su experiencia fue tan transformadora que jamás volvió a ser el mismo. En esta historia tenemos una expresión clara del proceso de cuatro pasos que Dios usa para cambiarnos en las personas que realmente queremos ser. Es un mensaje inspirador. Uno que nos dice que no necesitamos seguir en la rutina: Dios nos ayudará a superar esa debilidad o esa área en nuestra vida si le damos la oportunidad. ¿Cómo le damos la oportunidad? Consideremos Génesis 32:24-30: Entonces un hombre luchó con él hasta el amanecer. Cuando ese hombre se dio cuenta de que no podía vencer a Jacob, lo tocó en la coyuntura de la cadera, y ésta se le dislocó mientras luchaban. Entonces el hombre le dijo: — ¡Suéltame, que ya está por amanecer!— ¡No te soltaré hasta que me bendigas! —Respondió Jacob. — ¿Cómo te llamas? —le preguntó el hombre.—Me llamo Jacob —respondió. Entonces el hombre le dijo: —Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.—Y tú, ¿cómo te llamas? —Le preguntó Jacob.—¿Por qué preguntas cómo me llamo? —le respondió el hombre. Y en ese mismo lugar lo bendijo. Jacob llamó a ese lugar Penuel, porque dijo: «He visto a Dios cara a cara, y todavía sigo con vida». (La palabra Penuel es un vocablo hebreo que significa «rostro de Dios».)¿Qué tiene que ver un encuentro de lucha libre contra un ángel acontecido hace varios miles de años con cambiarme hoy? Hay varios detalles importantes que nos muestran claramente en qué forma Dios cambia a las personas. Hay cuatro pasos que él utiliza para cambiarnos en las personas que deseamos ser.

En primer lugar utiliza las crisis

El primer paso es la etapa de la crisis. Jacob tuvo un encuentro de lucha libre con un ángel, y este estaba luchando con dificultad, pero era una situación sin provecho para ambos. Al llegar el amanecer, Jacob ya se estaba cansando de luchar porque vio que no podía ganar. Era una situación superior a él. La lección que vemos aquí es que cuando Dios nos quiere cambiar, empieza captando nuestra atención, poniéndonos en una situación fuera de nuestro control. No podemos ganar, y poquito a poquito empezamos a cansarnos. Dios usa las experiencias, los problemas y la crisis para captar nuestra atención. Si estamos experimentando una crisis en este momento, es porque Dios se está alistando para cambiarnos para bien. Nunca cambiamos hasta que nos hostigamos con nuestra situación actual, con el status quo. Nunca cambiamos hasta que nos sentimos incómodos y descontentos y nos empezamos a sentir miserables. Cuando nos sentimos lo suficientemente miserables, incómodos e insatisfechos, finalmente nos motivamos a dejarle a Dios que haga algo en nuestras  vidas. El águila madre suele tomar el nido con su cría y mecerlo. Ella hace que se pongan incómodos y se sientan miserables, luego los bota y los obliga a que aprendan a volar; para su propio bien. Dios hace esto en nuestras vidas: nos hace sentir incómodos si es necesario, porque conoce lo que nos mejor conviene y desea que maduremos. Permite la crisis, el problema, la irritación o la frustración en nuestras vidas para captar nuestra atención. Y lo hace porque nos negamos a cambiar hasta que el temor al cambio es excedido por el dolor que sufrimos.

Serie Dios sufre de insomnio: Las tormentas de sus hijos II

Quinto dejarse ir a la deriva.  Cuando nos encontramos en la crisis, lo típico es hacer tres cosas, las mismas que hicieron los navegantes. La reacción de ellos es típica de la persona bajo la presión. «El barco quedó atrapado por la tempestad y no podía hacerle frente al viento, así que nos dejamos llevar a la deriva» (v. 15). Después los navegantes «dejaron el barco a la deriva» (v. 17). Lo primero que las tempestades tienden a hacer en nuestras vidas es que nos abandonemos a la deriva. Dejamos nuestras metas. Nos olvidamos de nuestro rumbo. Nos olvidamos de nuestros valores y permanecemos a la deriva. Debido a que no había brújulas en aquellos días y a que las estrellas estaban ocultas por la tempestad, la tripulación estaba en completa oscuridad. Cuando uno está en una situación oscura en la que no hay estrellas ni brújula, ¿Qué ocurre? Se va a la deriva. Sencillamente uno deja que las olas le echen de un lado al otro y va donde las ellas lo lleven. Los problemas nos llevan de un lado a otro. A causa de estas corrientes fuertes en la vida a uno le place decir: «¿De qué sirve? ¿Para qué luchar? Me iré con la corriente».

Sexto, no descarte

«Al día siguiente, dado que la tempestad seguía arremetiendo con mucha fuerza contra nosotros, comenzaron a arrojar la carga por la borda. Al tercer día, con sus propias manos arrojaron al mar los aparejos del barco» (v. 18-19). Cuando llega una crisis, empezamos a bogar a la deriva, y después a descartar cosas de nuestras vidas. Con los navegantes fue la carga, después los aparejos, después el trigo (v. 38), y finalmente ¡ellos mismos! (v. 43-44). Saltaron por la borda para llegar a tierra. Este es el punto: Con frecuencia, cuando estamos en la crisis, descartamos las cosas que son importantes para nosotros, los valores que abrazamos en tiempos mejores. Tendemos a descartar todo porque estamos bajo presión y queremos deshacernos de todo. Nos volvemos impulsivos. Abandonamos nuestros sueños. Rompemos relaciones .Descartamos valores que aprendimos en la niñez.

Séptimo no se desespere

Note lo tercero que hicieron los navegantes: «Como pasaron muchos días sin que aparecieran ni el sol ni las estrellas, y la tempestad seguía arreciando, perdimos al fin toda esperanza de salvarnos» (v. 20). En una crisis aguda casi siempre llegamos al punto de la desesperación y perdemos la esperanza. Lo último que descartamos cuando tenemos un problema es la esperanza, y cuando la descartamos, fracasamos. Los navegantes estuvieron a bordo de un pequeño barco en oscuridad por espacio de catorce días en pleno Mar Mediterráneo, echados de un lado para el otro por la tormenta hasta que descartaron todo y perdieron toda esperanza. Tal vez se sienta así mismo. Ha estado atravesando un problema esta última semana, mes o año. El problema lo ha echado de un lado al otro, y ha botado todo, llegando al punto de la desesperación: « ¿De qué sirve esto? No hay esperanza. Esta situación es imposible». Pero recuerde a los navegantes, ellos perdieron la esperanza porque olvidaron que Dios tiene el control. Olvidaron que Dios tiene un plan. Que Dios puede inyectarle esperanza a una situación absolutamente desesperanzadora. Lo más impresionante de este relato es la reacción de Pablo: un giro de 180 grados en comparación a la de los navegantes. Ellos estaban desesperados; decían que no tenían esperanza. Estaban desalentados y deprimidos, y arrojaron todo por la borda. Pero Pablo estaba calmado y confiado. Con valor en medio de la crisis. Nada en absoluto lo preocupaba. La reacción de los navegantes es la respuesta natural que todos nosotros tendemos a asumir en medio de la crisis, pero no tiene que ser nuestra respuesta. Una prueba de nuestra fe cristiana es la forma en que lidiamos con la crisis. Cualquiera puede ser cristiano cuando las cosas andan bien, cuando recibimos respuesta a todas nuestras peticiones, cuando gozamos de buena salud, cuando nuestros ingresos van en aumento. Es fácil ser cristiano en momentos así. La prueba de nuestra fe es cuando los problemas llegan, cuando sentimos la inclinación a desesperarnos, a irnos a la deriva y arrojar por la borda todas las cosas que son de importancia en nuestras vidas. El carácter se revela en la crisis, no se crea en ella. El carácter se crea en las cosas cotidianas, ordinarias y triviales de la vida. Se crea allí, pero se revela cuando naufragamos en una situación que amenaza con tragarnos. ¿Qué se debe hacer cuando las cosas parecen desarmarse solas y el barco parece que se va a desintegrar? ¿Qué se hace cuando los problemas de la vida azotan? Fíjese lo que hicieron los navegantes: «Temiendo que fuéramos a estrellarnos contra las rocas, echaron cuatro anclas por la popa y se pusieron a rogar que amaneciera» (v. 29). Lo más seguro que se puede hacer cuando uno atraviesa una tormenta es echar el ancla. Simplemente quédese quieto. Las circunstancias cambian y el reloj de arena sigue corriendo. Pero la Biblia dice que los que confían en el Señor son como el monte de Sión que jamás será conmovido (Salmo 125:1).Con frecuencia, cuando las personas se topan con un gran problema quieren cambiar todo lo demás en sus vidas al mismo tiempo, ¡como si necesitaran más cambios! Una persona pierde a su cónyuge por muerte o divorcio y la reacción típica es: «Voy a renunciar a mi trabajo. Venderé todo y me mudaré a otro lugar para empezar de nuevo. Pero eso es precisamente lo que no necesitan, más cambios. Lo que necesitan hacer es echar las anclas y procurar la estabilidad. ¿Por qué Pablo era una persona tan confiada? Porque recibía ánimo a través de tres grandes verdades, tres convicciones fundamentales de la vida cristiana, que sirven como anclas del alma. Estas tres verdades pueden mantenerle anclado sobre la roca de la estabilidad, para que cuando los vientos de la crisis soplen de un lado a otro, tenga confianza. Estas son verdades sobre las cuales puede edificar su vida, las que lo mantendrán estable en la tormenta.

Serie Dios sufre de insomnio:Los problemas de sus hijos II parte

Cuarto, dependa de los recursos de Dios

Después Josafat reconoció: «Señor, no sé que hacer», y agregó: «pero nuestra mirada esta puesta en ti» (2 Crónicas 20:12). El cuarto principio para superar las batallas de la vida es depender de los recursos de Dios. Necesitamos poner nuestra mirada en el Señor. Demasiadas veces ponemos la mira en todo lo demás, en todo menos en aquel que puede resolver nuestros problemas. Las circunstancias son como un colchón: Si estamos encima, descansamos tranquilos, pero si estamos debajo, podemos asfixiarnos. Si mantenemos la mirada puesto en el Señor, permaneceremos encima de nuestras circunstancias.

Pero en quinto lugar descanse en fe

Fíjese cómo le contestó Dios la oración a Josafat: «No tengan miedo ni se acobarden cuando vean ese gran ejército, porque la batalla no es de ustedes sino mía» (v. 15). El quinto principio para superar las batallas de la vida es descansar en fe. Muchísimos cristianos en la actualidad están agotados porque procuran pelear las batallas de Dios con sus propias fuerzas. Cuando tratamos de pelear las batallas de Dios con nuestras propias fuerzas, tenemos una derrota garantizada. Cuando recién nos convertimos tendemos a pensar así: «Dios, ni te imaginas el premio que te sacaste conmigo. Voy a presentar tu reino sin ayuda de nadie. Saldré y ganaré al mundo y te ayudaré verdaderamente». Así que trabajamos con empeño pero al fin regresamos cansados diciendo: «Señor, sé que te he decepcionado. Lo siento. Verdad que fracasé en apoyarte». Pero Dios contesta: «No, tú no fracasaste en apoyarme porque tú no me apoyas». Nosotros no apoyamos a Dios, él nos apoya a nosotros. Nosotros no tenemos a Dios en nuestras manos, él nos tiene a nosotros en las suyas. Dios trata de decirnos: «Descansa en fe y deja que actúe a través de ti». En cierta época de mi vida cristiana, trabajé fuertemente para el Señor, haciendo todo bajo mis propias fuerzas. Y me cansé. Finalmente, una noche me quejaba ante Dios, expresando mi preocupación. Le dije: «Señor, esto no sirve. Dios, esto me desagrada. Estoy cansado. Estoy harto y cansado». Luego añadí: «Es más, estoy harto y cansado de andar harto y cansado». Así que agregué: «Dios, me rindo». No sabía qué esperar, no sabía si eso lo tomaría por sorpresa o no. Entonces escuché una voz que me decía: «Muy bien, ahora puedo empezar a trabajar; porque mientras tú sigues haciendo tus planes y tratando de hacerlo tú mismo, vas a echarlo a perder todo. Descansa, déjame trabajar a través de ti». Pablo dice: «De la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, vivan ahora en él» (Colosenses 2:6). En otras palabras, de la misma manera en que se hizo creyente, viva su vida cristiana. Usted no se hizo cristiano por el trabajo arduo o porque le prometieron que sería perfecto, o por hacer su mejor esfuerzo. La Biblia dice que la salvación no es por obras, para que nadie se jacte (Efesios 2:9). Uno sencillamente dijo: «Señor, estaré tranquilo, dejaré que vivas en mi vida». Y debemos continuar como cristianos de la misma manera. La victoria en la vida es un regalo de Dios: «¡Gracias a Dios, que nos da la victoria!» (1 Corintios 15:57).Cuando por fin logré comprender este concepto descansé: ¡Renuncié a mi puesto de gerente general del universo y me di cuenta de que el mundo no se iba derrumbar! Yo no lidiaba solo con mis propios problemas sino con la situación internacional. Padecía del síndrome de Atlas: Cargaba el mundo sobre mis hombros. No obstante, al fin capté el mensaje de Dios: «No es mi voluntad que lleves esa carga. No es tu batalla. Tranquilo. Si eres mi hijo, yo pelearé por ti» .Dos veces en el pasaje (2 Crónicas 20:15,17) Dios le ordenó a Josafat que no temiera. El rey pensó que tenía todas las razones para temer, en fin, las probabilidades serán de tres a uno en su contra, pero Dios dijo: «No temas». ¿Por qué? Porque Dios prometió pelear por él. ¿Acaso Dios ha perdido alguna batalla? No. Ni una. De manera que ya sabe quién va a ganar al final. Es como leer el último capítulo de una obra literaria para descubrir que todo va a terminar bien, y después regresar al libro y leerlo con calma. ¡Los problemas se reducen cuando uno se los entrega a Dios! Fíjese qué más le dijo Dios a Josafat: «Pero ustedes no tendrán que intervenir en esta batalla. Simplemente, quédense quietos en sus puestos» (2 Crónicas 20:17). ¿Qué significa estar quieto en su puesto cuando hay problema, cuando está peleando una batalla, cuando se encuentra en una crisis de la vida? Es una actitud mental de confianza silenciosa que dice: «Voy a confiar en Dios». Hay algo que estoy aprendiendo poco a poco: No es la voluntad de Dios que yo huya de la situación difícil. Si decido huir, eso va a mover la situación un poco más atrás. Tal vez luzca un poco diferente pero será lo mismo. ¿Por qué? Porque Dios quiere enseñarme que él es suficiente para cualquier problema. Si no aprendemos esto hoy, tal vez lo aprendamos la próxima semana, quizás el próximo año, pero en algún momento lo aprenderemos. Nos podemos evitar muchos problemas si estamos quietos y esperamos en Dios con confianza silenciosa. ¿En qué podemos mantenernos firmes? Josafat dice que debemos tener fe en Dios nuestro Señor, y él nos sostendrá; debemos tener fe en sus profetas para conseguir el éxito. Primero, necesitamos mantenernos firmes con el carácter de Dios. Dios es fiel; podemos confiar en él; nunca nos fallará. Segundo, necesitamos mantenernos firmes en las Escrituras que nos dio a través de sus profetas, en otras palabras, la verdad de la Biblia. Ella es la Palabra de Dios, y necesitamos esperar con confianza silenciosa en sus promesas escritas.

En sexto lugar agradezca a Dios anticipadamente

El sexto principio para vencer las batallas de la vida es agradecer a Dios con anticipación. La historia de Josafat es fascinante porque, después de consultar al pueblo asignó hombres que cantaran al Señor, que lo adoraran por su esplendor y santidad en lo que ellos iban delante del ejército (v. 21).¡Imagínese! Hay dos montañas y un valle, y una gran batalla por desatarse en este. En una montaña se encuentran tres naciones enemigas esperando devastar a los judíos. En la otra montaña están los judíos liderados por Josafat. Él le dice al pueblo: «Este es el plan de Dios. Todos los que canten en el coro, los quiero en primera fila». Así que se van marchando a la batalla con el coro delante del ejército alabando a Dios. ¿Funcionó el plan de Dios? Sí. Las tres naciones enemigas se confundieron y terminaron matándose entre ellos. Lo único que tuvo que hacer el pueblo de Dios fuere partirse el botín. ¿Por qué escogió Dios hacerlo de esa manera? Como una lección visual para enseñarnos a alabarlo con fe aun antes de la victoria. Un joven llamado Juan Maravilla  no era creyente, es más, era anticristiano. Su mamá le compró una Biblia un día, se la puso en su escritorio, y le dijo: —Toma, hijo, tu nueva Biblia.—¿Para qué es esto? —replicó Juan. Su mamá le respondió:—Aún no lo sabes, pero estás a punto de hacerte cristiano. No. No lo seré —contestó James—. Voy a jugar fútbol y terminar en el infierno. Esa noche, su mamá se puso en pie en la iglesia y dijo: «Mi hijo está a punto de hacerse cristiano. Aún no lo sabe, pero le estoy dando gracias a Dios por adelantado». Entonces los amigos de Juan  empezaron a acercarse a él y a decirle: —Me enteré que te hiciste cristiano.—No, es la chiflada de mi mamá. Yo solo voy a jugar fútbol y terminar yéndome al infierno. Sin embargo, su mamá le dijo a su pastor: «Deseo que aparte veinte minutos el día sábado para que mi hijo pueda dar su testimonio». La noche del viernes antes de aquel sábado, Juan  estaba jugando fútbol cuando de pronto sintió la presencia de Dios en la cancha. Se arrodilló y oró delante de todos:«Dios, verdaderamente te necesito. Si puedes hacer una diferencia en mi vida, entra y cámbiame. Sálvame, cueste lo que cueste. Hazme nacer de nuevo». Juan salió corriendo de la cancha aún en uniforme, a lo largo de la calle, y subió las escaleras de su casa. Le dio un abrazo a su mamá y le anunció:—¡Mamá, acabo de convertirme en cristiano! Ella le contestó:—¡Por supuesto! ¡Te lo vengo diciendo hace tres semanas! Esta es una historia verdadera en cuanto a darle gracias a Dios con anticipación. La lección es que hay poder en el agradecimiento. Cada uno de nosotros puede decir:«Señor, sé que tengo problemas, pero te doy gracias anticipadamente porque no hay situación que no puedas resolver». Eso es verdadera fe, darle gracias a Dios con anticipación

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Cuarto, dependa de los recursos de Dios

Después Josafat reconoció: «Señor, no sé que hacer», y agregó: «pero nuestra mirada esta puesta en ti» (2 Crónicas 20:12). El cuarto principio para superar las batallas de la vida es depender de los recursos de Dios. Necesitamos poner nuestra mirada en el Señor. Demasiadas veces ponemos la mira en todo lo demás, en todo menos en aquel que puede resolver nuestros problemas. Las circunstancias son como un colchón: Si estamos encima, descansamos tranquilos, pero si estamos debajo, podemos asfixiarnos. Si mantenemos la mirada puesto en el Señor, permaneceremos encima de nuestras circunstancias.

Pero en quinto lugar descanse en fe

Fíjese cómo le contestó Dios la oración a Josafat: «No tengan miedo ni se acobarden cuando vean ese gran ejército, porque la batalla no es de ustedes sino mía» (v. 15). El quinto principio para superar las batallas de la vida es descansar en fe. Muchísimos cristianos en la actualidad están agotados porque procuran pelear las batallas de Dios con sus propias fuerzas. Cuando tratamos de pelear las batallas de Dios con nuestras propias fuerzas, tenemos una derrota garantizada. Cuando recién nos convertimos tendemos a pensar así: «Dios, ni te imaginas el premio que te sacaste conmigo. Voy a presentar tu reino sin ayuda de nadie. Saldré y ganaré al mundo y te ayudaré verdaderamente». Así que trabajamos con empeño pero al fin regresamos cansados diciendo: «Señor, sé que te he decepcionado. Lo siento. Verdad que fracasé en apoyarte». Pero Dios contesta: «No, tú no fracasaste en apoyarme porque tú no me apoyas». Nosotros no apoyamos a Dios, él nos apoya a nosotros. Nosotros no tenemos a Dios en nuestras manos, él nos tiene a nosotros en las suyas. Dios trata de decirnos: «Descansa en fe y deja que actúe a través de ti». En cierta época de mi vida cristiana, trabajé fuertemente para el Señor, haciendo todo bajo mis propias fuerzas. Y me cansé. Finalmente, una noche me quejaba ante Dios, expresando mi preocupación. Le dije: «Señor, esto no sirve. Dios, esto me desagrada. Estoy cansado. Estoy harto y cansado». Luego añadí: «Es más, estoy harto y cansado de andar harto y cansado». Así que agregué: «Dios, me rindo». No sabía qué esperar, no sabía si eso lo tomaría por sorpresa o no. Entonces escuché una voz que me decía: «Muy bien, ahora puedo empezar a trabajar; porque mientras tú sigues haciendo tus planes y tratando de hacerlo tú mismo, vas a echarlo a perder todo. Descansa, déjame trabajar a través de ti». Pablo dice: «De la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, vivan ahora en él» (Colosenses 2:6). En otras palabras, de la misma manera en que se hizo creyente, viva su vida cristiana. Usted no se hizo cristiano por el trabajo arduo o porque le prometieron que sería perfecto, o por hacer su mejor esfuerzo. La Biblia dice que la salvación no es por obras, para que nadie se jacte (Efesios 2:9). Uno sencillamente dijo: «Señor, estaré tranquilo, dejaré que vivas en mi vida». Y debemos continuar como cristianos de la misma manera. La victoria en la vida es un regalo de Dios: «¡Gracias a Dios, que nos da la victoria!» (1 Corintios 15:57).Cuando por fin logré comprender este concepto descansé: ¡Renuncié a mi puesto de gerente general del universo y me di cuenta de que el mundo no se iba derrumbar! Yo no lidiaba solo con mis propios problemas sino con la situación internacional. Padecía del síndrome de Atlas: Cargaba el mundo sobre mis hombros. No obstante, al fin capté el mensaje de Dios: «No es mi voluntad que lleves esa carga. No es tu batalla. Tranquilo. Si eres mi hijo, yo pelearé por ti» .Dos veces en el pasaje (2 Crónicas 20:15,17) Dios le ordenó a Josafat que no temiera. El rey pensó que tenía todas las razones para temer, en fin, las probabilidades serán de tres a uno en su contra, pero Dios dijo: «No temas». ¿Por qué? Porque Dios prometió pelear por él. ¿Acaso Dios ha perdido alguna batalla? No. Ni una. De manera que ya sabe quién va a ganar al final. Es como leer el último capítulo de una obra literaria para descubrir que todo va a terminar bien, y después regresar al libro y leerlo con calma. ¡Los problemas se reducen cuando uno se los entrega a Dios! Fíjese qué más le dijo Dios a Josafat: «Pero ustedes no tendrán que intervenir en esta batalla. Simplemente, quédense quietos en sus puestos» (2 Crónicas 20:17). ¿Qué significa estar quieto en su puesto cuando hay problema, cuando está peleando una batalla, cuando se encuentra en una crisis de la vida? Es una actitud mental de confianza silenciosa que dice: «Voy a confiar en Dios». Hay algo que estoy aprendiendo poco a poco: No es la voluntad de Dios que yo huya de la situación difícil. Si decido huir, eso va a mover la situación un poco más atrás. Tal vez luzca un poco diferente pero será lo mismo. ¿Por qué? Porque Dios quiere enseñarme que él es suficiente para cualquier problema. Si no aprendemos esto hoy, tal vez lo aprendamos la próxima semana, quizás el próximo año, pero en algún momento lo aprenderemos. Nos podemos evitar muchos problemas si estamos quietos y esperamos en Dios con confianza silenciosa. ¿En qué podemos mantenernos firmes? Josafat dice que debemos tener fe en Dios nuestro Señor, y él nos sostendrá; debemos tener fe en sus profetas para conseguir el éxito. Primero, necesitamos mantenernos firmes con el carácter de Dios. Dios es fiel; podemos confiar en él; nunca nos fallará. Segundo, necesitamos mantenernos firmes en las Escrituras que nos dio a través de sus profetas, en otras palabras, la verdad de la Biblia. Ella es la Palabra de Dios, y necesitamos esperar con confianza silenciosa en sus promesas escritas.

En sexto lugar agradezca a Dios anticipadamente

El sexto principio para vencer las batallas de la vida es agradecer a Dios con anticipación. La historia de Josafat es fascinante porque, después de consultar al pueblo asignó hombres que cantaran al Señor, que lo adoraran por su esplendor y santidad en lo que ellos iban delante del ejército (v. 21).¡Imagínese! Hay dos montañas y un valle, y una gran batalla por desatarse en este. En una montaña se encuentran tres naciones enemigas esperando devastar a los judíos. En la otra montaña están los judíos liderados por Josafat. Él le dice al pueblo: «Este es el plan de Dios. Todos los que canten en el coro, los quiero en primera fila». Así que se van marchando a la batalla con el coro delante del ejército alabando a Dios. ¿Funcionó el plan de Dios? Sí. Las tres naciones enemigas se confundieron y terminaron matándose entre ellos. Lo único que tuvo que hacer el pueblo de Dios fuere partirse el botín. ¿Por qué escogió Dios hacerlo de esa manera? Como una lección visual para enseñarnos a alabarlo con fe aun antes de la victoria. Un joven llamado Juan Maravilla  no era creyente, es más, era anticristiano. Su mamá le compró una Biblia un día, se la puso en su escritorio, y le dijo: —Toma, hijo, tu nueva Biblia.—¿Para qué es esto? —replicó Juan. Su mamá le respondió:—Aún no lo sabes, pero estás a punto de hacerte cristiano. No. No lo seré —contestó James—. Voy a jugar fútbol y terminar en el infierno. Esa noche, su mamá se puso en pie en la iglesia y dijo: «Mi hijo está a punto de hacerse cristiano. Aún no lo sabe, pero le estoy dando gracias a Dios por adelantado». Entonces los amigos de Juan  empezaron a acercarse a él y a decirle: —Me enteré que te hiciste cristiano.—No, es la chiflada de mi mamá. Yo solo voy a jugar fútbol y terminar yéndome al infierno. Sin embargo, su mamá le dijo a su pastor: «Deseo que aparte veinte minutos el día sábado para que mi hijo pueda dar su testimonio». La noche del viernes antes de aquel sábado, Juan  estaba jugando fútbol cuando de pronto sintió la presencia de Dios en la cancha. Se arrodilló y oró delante de todos:«Dios, verdaderamente te necesito. Si puedes hacer una diferencia en mi vida, entra y cámbiame. Sálvame, cueste lo que cueste. Hazme nacer de nuevo». Juan salió corriendo de la cancha aún en uniforme, a lo largo de la calle, y subió las escaleras de su casa. Le dio un abrazo a su mamá y le anunció:—¡Mamá, acabo de convertirme en cristiano! Ella le contestó:—¡Por supuesto! ¡Te lo vengo diciendo hace tres semanas! Esta es una historia verdadera en cuanto a darle gracias a Dios con anticipación. La lección es que hay poder en el agradecimiento. Cada uno de nosotros puede decir:«Señor, sé que tengo problemas, pero te doy gracias anticipadamente porque no hay situación que no puedas resolver». Eso es verdadera fe, darle gracias a Dios con anticipación

Serie Dios sufre de insomnio: Los problemas de sus hijos

Séptimo tema: Dios sufre insomnio por los problemas de sus hijos

La historia mejor conocida de Josafat describe una de las grandes batallas épicas en la vida de Israel. Es relevante para nosotros porque todos encaramos batallas todos los días: financieras, espirituales, en el empleo; de todo tipo. Dios puso la historia de Josafat en la Biblia para ilustrar ciertos principios esenciales para salir victoriosos en los conflictos de la vida. Josafat, rey de Israel, recibió palabra de un amigo avisándole que tres naciones enemigas venían en su contra para pelear. Las probabilidades no eran muy optimistas porque eran tres naciones contra la única nación Israel. El cronista nos explica que aquellas naciones eran los caobitas, los amonitas y los meunitas (2 Crónicas 20:1). Vamos a desarrollar los principios para vencer los problemas.

Primero, identifique al enemigo

El versículo uno nos muestra que el primer principio para superar las batallas de la vida es:

Identificar al enemigo. Este principio parece un poco obvio pero, en realidad, no lo es. Muchos sencillamente no saben quién es su enemigo. A menudo creemos que es otra persona que trata de quitarnos nuestro empleo o algún familiar, pero muchas veces el enemigo es nuestra propia actitud: No es tanto la situación lo que nos desalienta, sino la forma en que respondemos a ella. Antes de empezar a ganar nuestras batallas personales, tenemos que identificar a nuestro enemigo con acierto y sinceridad. Note cómo reaccionó Josafat (v. 3) cuando escuchó que esas tres naciones venían en su contra: se alarmó. Esa es una reacción típica de todos nosotros. Cuando vemos un problema decimos: « ¿Qué me va a suceder? ¡Tengo miedo!» Es una reacción natural ante los problemas y el temor no es malo, a menos que uno lidie con él de manera equivocada. Si usamos el temor para motivarnos a vencer el problema, está bien. Pero si nos desalentamos y nos rendimos o nos enojamos con Dios y le decimos: «¿Por qué yo?» entonces el temor nos vence.

Segundo, presénteselo al Señor

Josafat se atemorizó porque se vio frente a una situación aparentemente sin esperanza. ¿Entonces qué hizo? Proclamó un ayuno y reunió al pueblo para pedirle ayuda al Señor (v. 3-4). La gente llegó de todo pueblo de Judá para buscar al Señor. El segundo principio para ganar las batallas de la vida es presentarle a Dios sus problemas. La oración debe ser la primera arma que usemos cuando nos enfrentemos a las batallas de la vida, y no la última. Un diácono fue a su pastor un día y le dijo:—Pastor, tenemos un gran problema. Nada está sucediendo, y no podemos resolverlo.—Bueno —le dijo el pastor—, supongo que podemos orar por eso. El diácono le contestó:—Pastor, ¿tan malo está el asunto? Usualmente, lo último que intentamos es orar, porque queremos resolverlo todo nosotros mismos. Acuérdese que Jesús tuvo las batallas más grandes de la vida, y así mismo oró. Josafat oró de esta manera: «Señor, yo sé que me has ayudado en el pasado. Sé que me puedes ayudar en el futuro. Así que por favor ayúdame ahora». Y continuó: «Por favor juzga a nuestros enemigos, porque no tenemos fuerzas para enfrentarnos a es vasto ejército que nos ataca. No sabemos que hacer, pero nuestra mirada está puesta en ti» (v.6-12).

Tercero, Reconozca sus limitaciones

El tercer principio para ganar las batallas de la vida es reconocer las limitaciones. Usted necesita decir: «Señor, tengo un problema, y necesito tu ayuda». Solo hay una clase de persona a la que Dios no ayuda, y esa es la que cree que no la necesita. Si le dice: «Señor, tengo un problema; necesito ayuda, reconozco mis limitaciones», él podrá ayudarlo. La vida cristiana es una sobrenatural, y necesitamos el poder de Dios para vivirla. No la podemos vivir por nosotros mismos porque carecemos de poder. Vivimos la vida cristiana no «por la fuerza ni por ningún poder, sino por mi [el] espíritu [de Dios]» (Zacarías 4:6). Necesitamos dejar que el Espíritu de Dios viva a través de nosotros. Esto nos lleva a nuestro siguiente principio.

Serie Dios sufre de insomnio: El desánimo de sus hijos II parte

La segunda razón es frustración. Hay sin embargo una segunda razón por la cual la gente se desanima. El pueblo dijo: «Pues son muchos los escombros; ¡no vamos a poder reconstruir esta muralla!» (v. 10). Eso es frustración. Ellos estaban desanimados y frustrados. ¿Qué es el escombro? Estaban reedificando una muralla nueva, pero los escombros se encontraban por todas partes, además de tierra y cola reseca. Cuando miraron los escombros y el desecho se desanimaron. Perdieron de vista la meta porque había tanta basura en sus vidas que no sabían cómo llegar al verdadero asunto de vivir. Cuando uno emprende un proyecto, seguro que se van a acumular los escombros, y se puede tornar muy frustrante. ¿Alguna vez ha ampliado una recámara o construido un edificio? De pronto usted nota montones de cemento por todas partes. O decide pintar un cuarto y se da cuenta de que hay más pintura por todas partes que en las paredes. Pareciera que la basura se multiplicara sola. Uno no puede evitar la basura en la vida, pero se pueda aprender a reconocerla y se puede aprender qué hacer con aquello para no abandonar su plan inicial. ¿Qué basura hay en su vida? Son esas cosas triviales que le hacen perder su tiempo, le consumen energías y le frustran las que le impiden ser todo lo que desea ser; las que le impiden hacer todas esas cosas que realmente son de importancia en la vida. La basura en su vida es aquello que se atraviesa en su camino, las interrupciones que impiden que alcance sus metas. Estas son las cosas que necesitamos limpiar en nuestras vidas.

La tercera razón es el fracaso.  Y esto  se expone en el versículo 10:« ¡No vamos a poder reconstruir esta muralla!» ¿Sabe qué es lo que quisieron decir?«¡No podemos hacerlo. Es imposible. Tratar de hacerlo es una tontería. Nos rendimos!» La tercera causa del desánimo es el fracaso. El pueblo no pudo terminar la obra dentro del tiempo que se propusieron y como consecuencia el ánimo se les evaporó. Se desalentaron y perdieron la motivación. Dijeron: «¡No lo podemos hacer, así que nos rendimos!»¿Cómo trata con el fracaso en su vida? ¿Se echa en los brazos del dolor? ¿Será que se dice: «Pobre de mí, no puedo acabar esta tarea»? ¿Empieza a quejarse? «Es imposible. No se puede hacer. ¡Qué tonto de mí, intentándolo aún! Es estúpido ¿O será que culpa a los demás? «Todos me fallaron. Nadie hizo bien su parte de la obra». La diferencia entre el triunfador y el fracasado es que el primero siempre ve el fracaso como una inconveniencia temporal. La cuarta razón es el temor. Existe una cuarta razón por la que las personas se desaniman. El pueblo de Nehemías lo expresó así: «Y nuestros enemigos maquinaban: “Les caeremos por sorpresa y los mataremos; así haremos que la obra se suspenda”» (v. 11). Había personas en Israel que no querían que se construyera la muralla; eran los enemigos de los judíos. Una muralla alrededor de una ciudad era símbolo de seguridad y protección, de manera que esos enemigos no querían que se terminara de construir la muralla. Así que inicialmente criticaron a los judíos, después se burlaron de ellos y finalmente los amenazaron: «Les caeremos y los mataremos si continúan edificando la muralla». Así que los obreros se desanimaron. ¿Por qué? Debido a la cuarta causa del desánimo, el temor. Fíjese en quiénes se desanimaron. Fueron los judíos «que vivían cerca [del enemigo]» (v. 12). Y luego desanimaron a los demás diciendo: «Los van a atacar por todos lados». Cuando uno anda en compañía de una persona negativa por un buen tiempo, ya sabe lo que sucede. A uno también se le pega el negativismo. Si uno escucha a otro decir: «No se puede», uno empezará a creerle. ¿Tiene temores, en este momento, que lo desaniman; que le impiden desarrollarse y madurar? ¿Siente temor de ser criticado o pasar vergüenza? ¿Tiene miedo de dar ese paso gigantesco y conseguir un nuevo empleo? Tal vez sea el temor de creerse incompetente para esa nueva labor. Quizás sea el temor a no poder soportar la presión. O temor a tener que ser perfecto. El temor siempre desanima. ¿Cómo se puede saber si su desánimo es causado por el temor? Siente una inclinación profunda de huir: «¡Necesito salir de aquí!» Tiene un deseo intenso de escapar a las responsabilidades y las presiones. La reacción natural del temor es huir. En la vida, existen tres maneras de moverse: en contra de algo bajo la ira, lejos de algo con temor, y en la misma dirección con amor. ¿Cuál es el antídoto para esta terrible enfermedad del desánimo? Fíjese lo que hizo Nehemías como sabio líder y hombre de Dios. Él supo lo que estaba desanimando al pueblo, de modo que, siguió los pasos para remediar la situación. Hay tres principios que lo ayudarán cuando sienta deseo de tirar la toalla y aquí están, en forma resumida: reorganizarse, acordarse y resistir. Veámoslo de esta manera

Serie Dios sufre de insomnio: La tranquilidad de sus hijos II parte

En tercer lugar decida cuáles son sus prioridades

Hay otro tema con el que Moisés lidió. Él prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los placeres del pecado por un tiempo efímero (v. 25). Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto. Moisés encaró el problema de las prioridades. Decidió lo que realmente importa en la vida. Desde la perspectiva humana, el joven Moisés lo tenía todo. Poder absoluto, placer absoluto, riquezas absolutas. Muchas de las riquezas del mundo de entonces se encontraban guardadas en Egipto. Moisés tenía lo que muchos pasan sus vidas enteras procurando lograr: poder, placer y bienes materiales. A pesar de eso, Dios le pidió a Moisés que hiciera algo más importante, así que lo hizo. Era un asunto de prioridad en su vida. Debido a que Moisés se le consideraba hijo de la hija del faraón y estaba en un puesto de gran influencia, podía razonar de esta manera: «La situación de la esclavitud es muy mala, así que sencillamente seguiré dentro del sistema y trataré de hacer reformas». Pero Dios no le dijo eso. Él le dijo:«¡Ve para allá, y actúa!»A la mayoría de las personas les gusta congraciarse con su comunidad, pero hay un problema con ser popular: dura poco. Uno puede ser el centro de la atención en la escuela por un tiempo, pero al regresar unos años después de graduarse, encontrará que nadie lo conoce. La popularidad simplemente no dura. Asimismo tenemos el placer. ¿Será malo el placer? No, a menos que sea su dios. Sin embargo, vivimos en una sociedad atada por el placer: «Solo se vive una vez, así que mejor es vivir la vida con gusto». «Haz lo que se te antoje». «Si lo sientes bien, hazlo». No obstante, hay un problema con el placer también: Tampoco dura mucho. Moisés rechazó los placeres temporales porque tenía sus valores en orden; tenía sus ojos puestos en algo más sublime. No hay realmente nada de malo en tener dinero. Algunos de los santos más grandes de las Escrituras fueron extremadamente adinerados, incluyendo a Job, Abraham, y David. Pero la Biblia dice que la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes (Lucas 12:15).Las riquezas simplemente no dan felicidad absoluta: pregúnteselo a los que las tienen. ¿Cuánto dinero se necesita para ser feliz? Usualmente, un poquito más. El dinero es para utilizarlo no para amarlo. Dios quiere que se usen las cosas y que se ame a las personas. Pero si uno ama las cosas, usa a las personas. Moisés tenía sus prioridades en orden; rechazó las cosas materiales porque había algo más importante en su vida.

En cuarto lugar enfrente sus dificultades

El último tema con el que luchó Moisés fue el de la perseverancia. Es casi posible resumir la vida de este hombre en dos palabras: él perseveró (Hebreos 11:27). Es un hecho real que no hay ganancia sin trabajo duro, ningún adelanto sin adversidad, ningún progreso sin dificultad. En cuanto al tema de la perseverancia, aprenda a lidiar con los reveses. Moisés tuvo éxito porque persistió. La clave de su paz interior fue que sabía que las dificultades llegan a la vida de todos, y sabía cómo responder acertadamente y seguir adelante. Como cristianos nunca debemos dejar que los problemas nos aniquilen; al contrario, debemos hacer que nos acerquen más a Dios. Se ha dicho que los problemas nunca nos deben hacer caer, sino sobre nuestras rodillas. Dios permite estas situaciones en nuestras vidas por razones específicas. Sin perseverancia, no se llega lejos. La paz llega cuando se acepta la responsabilidad por las decisiones que se toman; escoja las prioridades de Dios, y persevere confiadamente.

Serie Dios sufre de insomnio: La mediocridad de sus hijos II parte

En segundo lugar Jabes tenía una perspectiva  creciente.

Jabés no solo tenía grandes aspiraciones sino que también poseía una fe creciente. Tenía una convicción y confianza profunda en Dios. Tuvo suficiente fe como para pedir en oración y esperar una respuesta. Se parecía a William Carey, que dijo: «Procure hacer grandes cosas para Dios; espere grandes cosas de parte de Dios». La Biblia aporta algunos hechos interesantes referentes a Jabés. Primero, no hay mención de ningún talento, don o habilidad especial que él haya tenido. La Biblia no nos dice que fuera rico o educado. Sencillamente era un hombre común con una fe poco común. ¡No se preocupe de lo que no posee cuando lo que posee es fe! Dios le dará el poder que le haga falta. A él le encanta usar personas ordinarias que le creen, que están dispuestas a confiar en él. La fe de Jabés lo llevó a creer que Dios lo ayudaría con sus metas y sueños. Hay algo más importante que ser talentoso, más importante que la habilidad o la educación: la fe. Es creer que Dios trabajará por medio de usted. He conocido muchas personas extremadamente talentosas sentadas en las bancas mientras que otras ordinarias, pero con fe, están encestando la bola. Ellos le creen a Dios, así que él los usa. Tal como Jabés, ellos son personas ordinarias con una fe extraordinaria. Otro asunto es que tenía una clase de impedimento físico. En el idioma hebreo Jabés significa doloroso. ¿A quién le gusta el nombre «doloroso»? «Ahí viene doloroso» o «Por allá anda doloroso». Jabés le causó tanto dolor a su mamá al nacer que esta le puso por nombre «doloroso». Tal vez fue marginado o rechazado. Su nombre le recordaba que aun su nacimiento causó dolor a alguien. Pero Jabés era más fuerte que su impedimento. Su fe lo animaba a continuar. ¿Cuál es su impedimento? ¿Será físico? ¿Será espiritual? ¿Será una niñez infeliz? ¿Será un trabajo frustrante o un problema matrimonial? Sea lo que sea, Dios dice: «Para el que cree, todo es posible» (Marcos 9:23).

En tercer lugar Jabes tenía una petición  creativa

El tercer secreto de Jabés fue su vida de oración. Su sencilla petición fue la que le ganó una mención honorable en la Biblia y aún después de miles de años, seguimos hablando de él. Quizás haya vacilado al pedir alguna cosa en oración. Tal vez pensó que su petición era egoísta. ¿Qué clase de oración contesta Dios? La vida de Jabés nos ilustra tres cosas que podemos pedirle a Dios y confiar en que él nos las conceda. Lo primero que pidió fue el poder de Dios en su vida. Pidió un poder mayor que el suyo para alcanzar su sueño. Y oró de esta manera: «Quiero que me bendigas, Quiero tu poder en mi vida». Lo segundo que pidió fue Es importante notar que la petición de Jabés fue específica: «Dios, esto es lo que quiero que hagas: Que ensanches mi costa; que expandas mi territorio; quiero más propiedades». ¿Ora por sus metas? ¿Le pide a Dios que le ayude en su rumbo en la vida?  A primera vista, la oración de Jabés parece egoísta, ¿no? Él oró diciendo: «Dios, quiero que hagas todo esto por mí». Por lo visto, Dios aprobó esta oración dado que se la concedió. Este es el punto: la ambición no es ni buena ni mala; es sencillamente un impulso básico de la vida. Todos tienen cierta aspiración. Puede ser grande o pequeña, pero todos la tienen para vivir en este mundo. ¿Qué es lo que hace a la ambición buena o mala? Una cosa: la intención tras ella. Las intenciones de Jabés eran genuinas porque Dios nunca honra una petición indigna. Considere esto: Dios le reta a hacer grandes peticiones. ¿Qué le pide a Dios cuando ora? Dios le anima a pedirle: «No tienen porque no piden» (Santiago 4:2). Jeremías (33:3) dice: «Clama a mí y te responderé, y te daré a conocer cosas grandes y ocultas que tú no sabes». Pablo declara que Dios «puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros» (Efesios 3:20). Eso significa que usted no puede superar a Dios en cuanto a pedir. Usted no puede superar a Dios en cuanto a soñar. Si pudiera expandir su imaginación más allá de los límites de lo que cree que pueda suceder, Dios podría aun superar eso. Él puede superar su imaginación. Dios dice: «Confía en mí, pide, búscate una gran ambición, y después busca una fe creciente, y después tráemelos en oración». ¿Qué desea que Dios haga en su vida? ¿Que restaure un matrimonio? Pídaselo. ¿Qué le ayude con algún problema? Pídaselo. ¿Que le ayude con algunas metas? Pídaselo. Dios no es un policía que se encuentra en el cielo esperando que usted se equivoque para caerle encima; Dios quiere bendecir su vida. Lo segundo que pidió Jabés fue la presencia de Dios en su vida: «Ayúdame» (1Crónicas 4:10). Él se dio cuenta de algo: «Si consigo más territorio, tendré más responsabilidades. Habrá más obligaciones y más presiones, y realmente necesitaré la ayuda de Dios en mi vida». Así que le pidió a Dios que estuviera con él. Cuando usted pide la presencia de Dios en su vida, téngalo por seguro que él le contestar Lo tercero que pidió Jabés fue la protección de Dios sobre su vida: «Líbrame del mal, para que no padezca aflicción» (v. 10). Le pidió a Dios su protección. ¿Por qué hizo eso Jabés? Porque en esos días, mientras más territorio se poseía, se ejercía más influencia y, por ende, más conocido se hacía uno. Aún en la actualidad es así: Mientras más éxito se tiene, más crítica obtiene. Mientras se posee más territorio, más enemigos arremeten contra uno. En lo que uno se acerca más a Dios y se fortalece más como cristiano, el diablo lo acosa más, porque él no quiere que uno crezca. Pero téngalo por seguro, tal como Jabés, que con la protección de Dios, usted no tendrá de qué o de quién temer. Si combina las tres peticiones que hizo Jabés, le garantizo que vivirá por encima del promedio. ¿Desea librarse de la mediocridad? ¿Desea ver a Dios operar en su vida? ¿Desea ver respuestas verdaderas a sus oraciones? ¿Está cansado de atravesar la vida sin saber hacia dónde se dirige? Si realmente desea vivir por encima del promedio, si desea lo mejor de Dios para su vida, entonces aplique estos tres principios que usó Jabés: Busque una aspiración grande, un vislumbre de lo que Dios quiere hacer en su vida; procure una fe creciente en Dios, una fe que le permita esperar lo imposible; establezca una vida de oración genuina, una que dependa de Dios en lo que se dirige hacia su sueño

Serie Dios sufre de insomnio: La depresión de sus hijos III parte

Cuarto no exagere lo negativo

El cuarto error que cometió Elías fue exagerar lo negativo. Él dijo: «Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también! (v.10) El profeta se echó al dolor: «Todos están en contra de mí». El hecho es que no todos eran opuestos a él. Solo una persona estaba en su contra con violencia, y su amenaza realmente no era en serio. Si Elías lo hubiese meditado un poco, en vez de hacerle caso a sus emociones, se habría dado cuenta de que Jezabel no se hubiera atrevido a matarlo. Cierto es que la reina le envió un mensajero con la amenaza diciendo: «Mañana te voy a matar». Pero si Jezabel realmente hubiese querido matar a Elías, no habría enviado al mensajero para advertirle sino a un asesino! Jezabel era demasiado astuta para quitarle la vida a Elías. Ella reconocía su gran influencia. Si él moría, se habría convertido en un mártir. Eso hubiese aumentado influencia y hasta habría causado una revolución en el país. Además de eso, es probable que temiera lo que Dios le haría si ella le pusiese la mano encima a su siervo. De manera que sus palabras eran solo una amenaza. Ella le permitió que huyera al desierto porque no deseaba matarlo sino hacerlo lucir un cobarde ante los ojos de la nación. Pero Elías no se detuvo a evaluar la amenaza. Sencillamente huyó. Cuando estamos deprimidos, exageramos lo negativo. Todo luce mal. Si estamos deprimidos, el mundo entero se echa a perder. En realidad, Elías no era la única persona fiel a Dios. Había siete mil profetas que no habían sucumbido a la religión pagana (v.18). Elías exageró el problema, y eso agudizó su depresión.

Quinto entréguele a Dios sus frustraciones

¿Cuál fue el remedio de Dios para la depresión de Elías? Es un remedio que usted podrá usar para su propia depresión. Primeramente, responsabilícese por el cuidado de sus necesidades físicas. Leímos que Elías se acostó junto a un árbol y se durmió. Luego, un ángel lo tocó y le dijo: «Levántate y come». Él miró a su alrededor y vio un panecillo cocido sobre carbones calientes y un jarro de agua. Así que comió y bebió, y volvió a acostarse. Entonces el ángel regresó y le dijo: «Levántate y come porque te espera un largo viaje», de manera que Elías comió y bebió y quedó fortalecido por esa comida (v. 5-8).El remedio inicial de Dios para la depresión de Elías fue descanso, alimento y relajación. En ocasiones, un buen reposo hace maravillas en la actitud de uno. Cuando uno se encuentra exhausto físicamente y mentalmente agotado, es vulnerable a la depresión. Fíjese cuan tierno fue el trato de Dios con Elías. Dios no lo reprendió diciendo: «¡Cobarde! ¿Qué haces aquí en el desierto?» Dios no lo despreció ni lo condenó; sencillamente lo restauró físicamente. Ese fue el punto de partida. Si uno se encuentra deprimido, el primer paso hacia la recuperación es ponerse en forma. Tome cuidado de su salud. Tal vez le sea necesario atender su dieta o dormir un poco más o iniciar un régimen de ejercicios. La salud física ejerce una influencia profunda sobre su ánimo..Esta área de frustración tiene que ver con lo físico.

El segundo remedio para su depresión consiste en entregarle a Dios sus frustraciones. Elías entró a una cueva y paso allí la noche. Por la mañana, el Señor le preguntó: «¿Qué haces aquí, Elías?» Él le contestó: «Me consume mi amor por ti, Señor Dios Todopoderoso. Los israelitas han rechazado tu pacto, han derribado tus altares, y a tus profetas los han matado a filo de espada» (v. 9-10)Él simplemente exteriorizó sus sentimientos más profundos. Dios permitió que se desahogara. No se consternó con la queja de Elías. Dios, en esencia, dice: «Cuando estés frustrado, déjame oír tus emociones. Las conozco de antemano y no me voy a escandalizar por ellas». El Señor permitió que Elías exteriorizara sus emociones reprimidas y no lo criticó ni lo condenó. A veces es provechoso confiarle a un amigo cristiano sus sentimientos. Es una catarsis, una depuración, una exteriorización, un desahogo de toda cosa que uno ha reprimido y que le causa depresión. Fíjese en las seis emociones que experimentó Elías. Primero, tuvo temor (v. 3).Después sintió resentimiento (v. 4). Él dijo: «Estoy harto, Señor. No soy mejor que mis antepasados». También experimentó un nivel muy bajo de autoestima y se sintió culpable. Además de esto, se quejó de haber trabajado duro por gusto (v. 10), Ten valor. Luego dijo: «Soy el único que ha quedado con vida» (v. 10). Se sentía solo. Finalmente, añadió: «¡y ahora quieren matarme a mí también!» Estaba preocupado. Cuando uno combina el resentimiento, el temor, la culpabilidad, la ira, la soledad y la preocupación, ¡se está buscando la depresión! De modo que Dios dejó que soltara todas estas cosas. Él dijo: «¿Elías, qué es lo que te frustra? ¿Qué te molesta?» Cuando esté deprimido, eso es precisamente lo que debe hacer: Contarle todo a Dios.

Sexto vuelva a estar consciente de Dios

El tercer remedio para su depresión consiste en estar nuevamente consciente de la presencia de Dios en su vida. El Señor le dijo a Elías: «Sal y preséntate ante mí en la montaña porque estoy a punto de pasar por allí» (v. 11). Entonces vino un viento recio que partió las montañas e hizo añicos las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Al viento lo siguió un terremoto, pero el Señor tampoco estaba allí. Tras el terremoto vino un fuego, pero e! Señor no estaba en el ruego. Y después del fuego vino un suave murmullo. Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con el manto y saliendo, se puso a la entrada de la cueva. Dios le hizo una gran demostración a través del viento, el terremoto y el fuego, pero no iba a hablarle a Elías de esa manera. Lo que realmente le llamó la atención a Elías fue esa apacible voz, ese murmullo. Aún en la actualidad, Dios nos habla en silencio y la quietud, no en alguna demostración de fuego y poder. Dios le recordó a Elías que él aún estaba a su lado. Eso le daría un nuevo rumbo para su vida Para superar la depresión está en permitirle a Dios que le dé un nuevo rumbo a su vida. El Señor le dijo a Elías: «Regresa por el mismo camino, y ve al desierto de Damasco. Cuando llegues allá…» (v. 15). Así que Dios le dio a Elías una misión nueva. Lo puso a trabajar de nuevo. La manera más rápida de superar la depresión consiste en dejar de sentarse en medio de la autocompasión. Deje de fijar sus ojos en sí mismo y empiece a mirar las necesidades de los demás. Involúcrese en la vida de ellos a través de un ministerio en el que dé de sí mismo y Dios esté dando por medio suyo. Si está mirándose constantemente, se va a desanimar. Jesús dijo: «Pierde tu vida y la encontrarás» (Mateo 16:25). Cuando nos sentimos deprimidos tendemos a pensar así: «¿Cómo podrá Dios usarme? Soy semejante fracaso. Sigo cometiendo errores. Yo mismo me decepciono, así que seguramente debo decepcionar a Dios». Pero usted nunca puede decepcionar a Dios, porque la decepción solo puede suceder cuando alguien espera que usted haga algo diferente a lo que realmente hace. El hecho es que Dios conoce todo acerca de usted. Él sabe cómo va a actuar en el futuro. De modo que no se decepciona cuando sucede. Dios sabe que usted es humano porque él lo creó y sabe que es lo que lo motiva. Deje que Dios le dé una nueva meta y un nuevo rumbo. Él no ha terminado con usted. ¿Le salió mal algún asunto? ¡¿Qué va a hacer?! Si se lo permite, Dios lo levantará y empezará de nuevo. Un error (o cien de ellos) no le hace inútil en la vida. Jesús lo quiere sacar de su depresión. Él le puede ayudar; él le puede cambiar; él puede sanarle de la depresión. Usted no tiene que pasar la vida a merced de sus emociones. Sus pensamientos rigen sus emociones, y usted puede controlar lo que piensa. Puede decidir cambiar sus pensamientos. Deje que Dios cambie esas concepciones erróneas y dañinas como aquella que dice: «Si alguien me critica significa que no sirvo para nada». «Para sentirme realizado o realizada en la vida, necesito ser amado por todos». «No puedo admitir ninguna debilidad; tengo que ser perfecto o perfecta porque si no soy un fracaso». Estos son el tipo de conceptos equivocados que producen depresión. Jesús conocía la importancia de razonar correctamente cuando dijo: «Conocerán la verdad y la verdad los hará libres» Juan8:32). Mientras mejor conozca a Jesús, más libre será. Usted puede cambiar. ¿Cómo se empieza? Estableciendo una relación con Cristo. Usted «nace de nuevo», como lo dice la Biblia. Esto no cura toda su depresión de manera instantánea, pero sin Cristo, no hay fuerza para cambiar. Él desea ser una parte vital de su vida, y si le cede el control, él le ayudará. Una vez que esté en su vida, pídale una nueva meta y un nuevo sentido a su existencia. Usted necesita algo más grande por lo cual vivir en lugar de sí mismo. Aquellos que viven para ellos mismos tienen asegurada la depresión. Usted necesita algo mayor que le quite la vista de sí mismo y es una relación vital con Cristo, el Hijo de Dios.