Serie Dios sufre de insomnio:Los problemas de sus hijos II parte

Cuarto, dependa de los recursos de Dios

Después Josafat reconoció: «Señor, no sé que hacer», y agregó: «pero nuestra mirada esta puesta en ti» (2 Crónicas 20:12). El cuarto principio para superar las batallas de la vida es depender de los recursos de Dios. Necesitamos poner nuestra mirada en el Señor. Demasiadas veces ponemos la mira en todo lo demás, en todo menos en aquel que puede resolver nuestros problemas. Las circunstancias son como un colchón: Si estamos encima, descansamos tranquilos, pero si estamos debajo, podemos asfixiarnos. Si mantenemos la mirada puesto en el Señor, permaneceremos encima de nuestras circunstancias.

Pero en quinto lugar descanse en fe

Fíjese cómo le contestó Dios la oración a Josafat: «No tengan miedo ni se acobarden cuando vean ese gran ejército, porque la batalla no es de ustedes sino mía» (v. 15). El quinto principio para superar las batallas de la vida es descansar en fe. Muchísimos cristianos en la actualidad están agotados porque procuran pelear las batallas de Dios con sus propias fuerzas. Cuando tratamos de pelear las batallas de Dios con nuestras propias fuerzas, tenemos una derrota garantizada. Cuando recién nos convertimos tendemos a pensar así: «Dios, ni te imaginas el premio que te sacaste conmigo. Voy a presentar tu reino sin ayuda de nadie. Saldré y ganaré al mundo y te ayudaré verdaderamente». Así que trabajamos con empeño pero al fin regresamos cansados diciendo: «Señor, sé que te he decepcionado. Lo siento. Verdad que fracasé en apoyarte». Pero Dios contesta: «No, tú no fracasaste en apoyarme porque tú no me apoyas». Nosotros no apoyamos a Dios, él nos apoya a nosotros. Nosotros no tenemos a Dios en nuestras manos, él nos tiene a nosotros en las suyas. Dios trata de decirnos: «Descansa en fe y deja que actúe a través de ti». En cierta época de mi vida cristiana, trabajé fuertemente para el Señor, haciendo todo bajo mis propias fuerzas. Y me cansé. Finalmente, una noche me quejaba ante Dios, expresando mi preocupación. Le dije: «Señor, esto no sirve. Dios, esto me desagrada. Estoy cansado. Estoy harto y cansado». Luego añadí: «Es más, estoy harto y cansado de andar harto y cansado». Así que agregué: «Dios, me rindo». No sabía qué esperar, no sabía si eso lo tomaría por sorpresa o no. Entonces escuché una voz que me decía: «Muy bien, ahora puedo empezar a trabajar; porque mientras tú sigues haciendo tus planes y tratando de hacerlo tú mismo, vas a echarlo a perder todo. Descansa, déjame trabajar a través de ti». Pablo dice: «De la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, vivan ahora en él» (Colosenses 2:6). En otras palabras, de la misma manera en que se hizo creyente, viva su vida cristiana. Usted no se hizo cristiano por el trabajo arduo o porque le prometieron que sería perfecto, o por hacer su mejor esfuerzo. La Biblia dice que la salvación no es por obras, para que nadie se jacte (Efesios 2:9). Uno sencillamente dijo: «Señor, estaré tranquilo, dejaré que vivas en mi vida». Y debemos continuar como cristianos de la misma manera. La victoria en la vida es un regalo de Dios: «¡Gracias a Dios, que nos da la victoria!» (1 Corintios 15:57).Cuando por fin logré comprender este concepto descansé: ¡Renuncié a mi puesto de gerente general del universo y me di cuenta de que el mundo no se iba derrumbar! Yo no lidiaba solo con mis propios problemas sino con la situación internacional. Padecía del síndrome de Atlas: Cargaba el mundo sobre mis hombros. No obstante, al fin capté el mensaje de Dios: «No es mi voluntad que lleves esa carga. No es tu batalla. Tranquilo. Si eres mi hijo, yo pelearé por ti» .Dos veces en el pasaje (2 Crónicas 20:15,17) Dios le ordenó a Josafat que no temiera. El rey pensó que tenía todas las razones para temer, en fin, las probabilidades serán de tres a uno en su contra, pero Dios dijo: «No temas». ¿Por qué? Porque Dios prometió pelear por él. ¿Acaso Dios ha perdido alguna batalla? No. Ni una. De manera que ya sabe quién va a ganar al final. Es como leer el último capítulo de una obra literaria para descubrir que todo va a terminar bien, y después regresar al libro y leerlo con calma. ¡Los problemas se reducen cuando uno se los entrega a Dios! Fíjese qué más le dijo Dios a Josafat: «Pero ustedes no tendrán que intervenir en esta batalla. Simplemente, quédense quietos en sus puestos» (2 Crónicas 20:17). ¿Qué significa estar quieto en su puesto cuando hay problema, cuando está peleando una batalla, cuando se encuentra en una crisis de la vida? Es una actitud mental de confianza silenciosa que dice: «Voy a confiar en Dios». Hay algo que estoy aprendiendo poco a poco: No es la voluntad de Dios que yo huya de la situación difícil. Si decido huir, eso va a mover la situación un poco más atrás. Tal vez luzca un poco diferente pero será lo mismo. ¿Por qué? Porque Dios quiere enseñarme que él es suficiente para cualquier problema. Si no aprendemos esto hoy, tal vez lo aprendamos la próxima semana, quizás el próximo año, pero en algún momento lo aprenderemos. Nos podemos evitar muchos problemas si estamos quietos y esperamos en Dios con confianza silenciosa. ¿En qué podemos mantenernos firmes? Josafat dice que debemos tener fe en Dios nuestro Señor, y él nos sostendrá; debemos tener fe en sus profetas para conseguir el éxito. Primero, necesitamos mantenernos firmes con el carácter de Dios. Dios es fiel; podemos confiar en él; nunca nos fallará. Segundo, necesitamos mantenernos firmes en las Escrituras que nos dio a través de sus profetas, en otras palabras, la verdad de la Biblia. Ella es la Palabra de Dios, y necesitamos esperar con confianza silenciosa en sus promesas escritas.

En sexto lugar agradezca a Dios anticipadamente

El sexto principio para vencer las batallas de la vida es agradecer a Dios con anticipación. La historia de Josafat es fascinante porque, después de consultar al pueblo asignó hombres que cantaran al Señor, que lo adoraran por su esplendor y santidad en lo que ellos iban delante del ejército (v. 21).¡Imagínese! Hay dos montañas y un valle, y una gran batalla por desatarse en este. En una montaña se encuentran tres naciones enemigas esperando devastar a los judíos. En la otra montaña están los judíos liderados por Josafat. Él le dice al pueblo: «Este es el plan de Dios. Todos los que canten en el coro, los quiero en primera fila». Así que se van marchando a la batalla con el coro delante del ejército alabando a Dios. ¿Funcionó el plan de Dios? Sí. Las tres naciones enemigas se confundieron y terminaron matándose entre ellos. Lo único que tuvo que hacer el pueblo de Dios fuere partirse el botín. ¿Por qué escogió Dios hacerlo de esa manera? Como una lección visual para enseñarnos a alabarlo con fe aun antes de la victoria. Un joven llamado Juan Maravilla  no era creyente, es más, era anticristiano. Su mamá le compró una Biblia un día, se la puso en su escritorio, y le dijo: —Toma, hijo, tu nueva Biblia.—¿Para qué es esto? —replicó Juan. Su mamá le respondió:—Aún no lo sabes, pero estás a punto de hacerte cristiano. No. No lo seré —contestó James—. Voy a jugar fútbol y terminar en el infierno. Esa noche, su mamá se puso en pie en la iglesia y dijo: «Mi hijo está a punto de hacerse cristiano. Aún no lo sabe, pero le estoy dando gracias a Dios por adelantado». Entonces los amigos de Juan  empezaron a acercarse a él y a decirle: —Me enteré que te hiciste cristiano.—No, es la chiflada de mi mamá. Yo solo voy a jugar fútbol y terminar yéndome al infierno. Sin embargo, su mamá le dijo a su pastor: «Deseo que aparte veinte minutos el día sábado para que mi hijo pueda dar su testimonio». La noche del viernes antes de aquel sábado, Juan  estaba jugando fútbol cuando de pronto sintió la presencia de Dios en la cancha. Se arrodilló y oró delante de todos:«Dios, verdaderamente te necesito. Si puedes hacer una diferencia en mi vida, entra y cámbiame. Sálvame, cueste lo que cueste. Hazme nacer de nuevo». Juan salió corriendo de la cancha aún en uniforme, a lo largo de la calle, y subió las escaleras de su casa. Le dio un abrazo a su mamá y le anunció:—¡Mamá, acabo de convertirme en cristiano! Ella le contestó:—¡Por supuesto! ¡Te lo vengo diciendo hace tres semanas! Esta es una historia verdadera en cuanto a darle gracias a Dios con anticipación. La lección es que hay poder en el agradecimiento. Cada uno de nosotros puede decir:«Señor, sé que tengo problemas, pero te doy gracias anticipadamente porque no hay situación que no puedas resolver». Eso es verdadera fe, darle gracias a Dios con anticipación

Serie Dios sufre de insomnio: Los problemas de sus hijos II parte

Cuarto, dependa de los recursos de Dios

Después Josafat reconoció: «Señor, no sé que hacer», y agregó: «pero nuestra mirada esta puesta en ti» (2 Crónicas 20:12). El cuarto principio para superar las batallas de la vida es depender de los recursos de Dios. Necesitamos poner nuestra mirada en el Señor. Demasiadas veces ponemos la mira en todo lo demás, en todo menos en aquel que puede resolver nuestros problemas. Las circunstancias son como un colchón: Si estamos encima, descansamos tranquilos, pero si estamos debajo, podemos asfixiarnos. Si mantenemos la mirada puesto en el Señor, permaneceremos encima de nuestras circunstancias.

Pero en quinto lugar descanse en fe

Fíjese cómo le contestó Dios la oración a Josafat: «No tengan miedo ni se acobarden cuando vean ese gran ejército, porque la batalla no es de ustedes sino mía» (v. 15). El quinto principio para superar las batallas de la vida es descansar en fe. Muchísimos cristianos en la actualidad están agotados porque procuran pelear las batallas de Dios con sus propias fuerzas. Cuando tratamos de pelear las batallas de Dios con nuestras propias fuerzas, tenemos una derrota garantizada. Cuando recién nos convertimos tendemos a pensar así: «Dios, ni te imaginas el premio que te sacaste conmigo. Voy a presentar tu reino sin ayuda de nadie. Saldré y ganaré al mundo y te ayudaré verdaderamente». Así que trabajamos con empeño pero al fin regresamos cansados diciendo: «Señor, sé que te he decepcionado. Lo siento. Verdad que fracasé en apoyarte». Pero Dios contesta: «No, tú no fracasaste en apoyarme porque tú no me apoyas». Nosotros no apoyamos a Dios, él nos apoya a nosotros. Nosotros no tenemos a Dios en nuestras manos, él nos tiene a nosotros en las suyas. Dios trata de decirnos: «Descansa en fe y deja que actúe a través de ti». En cierta época de mi vida cristiana, trabajé fuertemente para el Señor, haciendo todo bajo mis propias fuerzas. Y me cansé. Finalmente, una noche me quejaba ante Dios, expresando mi preocupación. Le dije: «Señor, esto no sirve. Dios, esto me desagrada. Estoy cansado. Estoy harto y cansado». Luego añadí: «Es más, estoy harto y cansado de andar harto y cansado». Así que agregué: «Dios, me rindo». No sabía qué esperar, no sabía si eso lo tomaría por sorpresa o no. Entonces escuché una voz que me decía: «Muy bien, ahora puedo empezar a trabajar; porque mientras tú sigues haciendo tus planes y tratando de hacerlo tú mismo, vas a echarlo a perder todo. Descansa, déjame trabajar a través de ti». Pablo dice: «De la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, vivan ahora en él» (Colosenses 2:6). En otras palabras, de la misma manera en que se hizo creyente, viva su vida cristiana. Usted no se hizo cristiano por el trabajo arduo o porque le prometieron que sería perfecto, o por hacer su mejor esfuerzo. La Biblia dice que la salvación no es por obras, para que nadie se jacte (Efesios 2:9). Uno sencillamente dijo: «Señor, estaré tranquilo, dejaré que vivas en mi vida». Y debemos continuar como cristianos de la misma manera. La victoria en la vida es un regalo de Dios: «¡Gracias a Dios, que nos da la victoria!» (1 Corintios 15:57).Cuando por fin logré comprender este concepto descansé: ¡Renuncié a mi puesto de gerente general del universo y me di cuenta de que el mundo no se iba derrumbar! Yo no lidiaba solo con mis propios problemas sino con la situación internacional. Padecía del síndrome de Atlas: Cargaba el mundo sobre mis hombros. No obstante, al fin capté el mensaje de Dios: «No es mi voluntad que lleves esa carga. No es tu batalla. Tranquilo. Si eres mi hijo, yo pelearé por ti» .Dos veces en el pasaje (2 Crónicas 20:15,17) Dios le ordenó a Josafat que no temiera. El rey pensó que tenía todas las razones para temer, en fin, las probabilidades serán de tres a uno en su contra, pero Dios dijo: «No temas». ¿Por qué? Porque Dios prometió pelear por él. ¿Acaso Dios ha perdido alguna batalla? No. Ni una. De manera que ya sabe quién va a ganar al final. Es como leer el último capítulo de una obra literaria para descubrir que todo va a terminar bien, y después regresar al libro y leerlo con calma. ¡Los problemas se reducen cuando uno se los entrega a Dios! Fíjese qué más le dijo Dios a Josafat: «Pero ustedes no tendrán que intervenir en esta batalla. Simplemente, quédense quietos en sus puestos» (2 Crónicas 20:17). ¿Qué significa estar quieto en su puesto cuando hay problema, cuando está peleando una batalla, cuando se encuentra en una crisis de la vida? Es una actitud mental de confianza silenciosa que dice: «Voy a confiar en Dios». Hay algo que estoy aprendiendo poco a poco: No es la voluntad de Dios que yo huya de la situación difícil. Si decido huir, eso va a mover la situación un poco más atrás. Tal vez luzca un poco diferente pero será lo mismo. ¿Por qué? Porque Dios quiere enseñarme que él es suficiente para cualquier problema. Si no aprendemos esto hoy, tal vez lo aprendamos la próxima semana, quizás el próximo año, pero en algún momento lo aprenderemos. Nos podemos evitar muchos problemas si estamos quietos y esperamos en Dios con confianza silenciosa. ¿En qué podemos mantenernos firmes? Josafat dice que debemos tener fe en Dios nuestro Señor, y él nos sostendrá; debemos tener fe en sus profetas para conseguir el éxito. Primero, necesitamos mantenernos firmes con el carácter de Dios. Dios es fiel; podemos confiar en él; nunca nos fallará. Segundo, necesitamos mantenernos firmes en las Escrituras que nos dio a través de sus profetas, en otras palabras, la verdad de la Biblia. Ella es la Palabra de Dios, y necesitamos esperar con confianza silenciosa en sus promesas escritas.

En sexto lugar agradezca a Dios anticipadamente

El sexto principio para vencer las batallas de la vida es agradecer a Dios con anticipación. La historia de Josafat es fascinante porque, después de consultar al pueblo asignó hombres que cantaran al Señor, que lo adoraran por su esplendor y santidad en lo que ellos iban delante del ejército (v. 21).¡Imagínese! Hay dos montañas y un valle, y una gran batalla por desatarse en este. En una montaña se encuentran tres naciones enemigas esperando devastar a los judíos. En la otra montaña están los judíos liderados por Josafat. Él le dice al pueblo: «Este es el plan de Dios. Todos los que canten en el coro, los quiero en primera fila». Así que se van marchando a la batalla con el coro delante del ejército alabando a Dios. ¿Funcionó el plan de Dios? Sí. Las tres naciones enemigas se confundieron y terminaron matándose entre ellos. Lo único que tuvo que hacer el pueblo de Dios fuere partirse el botín. ¿Por qué escogió Dios hacerlo de esa manera? Como una lección visual para enseñarnos a alabarlo con fe aun antes de la victoria. Un joven llamado Juan Maravilla  no era creyente, es más, era anticristiano. Su mamá le compró una Biblia un día, se la puso en su escritorio, y le dijo: —Toma, hijo, tu nueva Biblia.—¿Para qué es esto? —replicó Juan. Su mamá le respondió:—Aún no lo sabes, pero estás a punto de hacerte cristiano. No. No lo seré —contestó James—. Voy a jugar fútbol y terminar en el infierno. Esa noche, su mamá se puso en pie en la iglesia y dijo: «Mi hijo está a punto de hacerse cristiano. Aún no lo sabe, pero le estoy dando gracias a Dios por adelantado». Entonces los amigos de Juan  empezaron a acercarse a él y a decirle: —Me enteré que te hiciste cristiano.—No, es la chiflada de mi mamá. Yo solo voy a jugar fútbol y terminar yéndome al infierno. Sin embargo, su mamá le dijo a su pastor: «Deseo que aparte veinte minutos el día sábado para que mi hijo pueda dar su testimonio». La noche del viernes antes de aquel sábado, Juan  estaba jugando fútbol cuando de pronto sintió la presencia de Dios en la cancha. Se arrodilló y oró delante de todos:«Dios, verdaderamente te necesito. Si puedes hacer una diferencia en mi vida, entra y cámbiame. Sálvame, cueste lo que cueste. Hazme nacer de nuevo». Juan salió corriendo de la cancha aún en uniforme, a lo largo de la calle, y subió las escaleras de su casa. Le dio un abrazo a su mamá y le anunció:—¡Mamá, acabo de convertirme en cristiano! Ella le contestó:—¡Por supuesto! ¡Te lo vengo diciendo hace tres semanas! Esta es una historia verdadera en cuanto a darle gracias a Dios con anticipación. La lección es que hay poder en el agradecimiento. Cada uno de nosotros puede decir:«Señor, sé que tengo problemas, pero te doy gracias anticipadamente porque no hay situación que no puedas resolver». Eso es verdadera fe, darle gracias a Dios con anticipación

Serie Dios sufre de insomnio: Los problemas de sus hijos

Séptimo tema: Dios sufre insomnio por los problemas de sus hijos

La historia mejor conocida de Josafat describe una de las grandes batallas épicas en la vida de Israel. Es relevante para nosotros porque todos encaramos batallas todos los días: financieras, espirituales, en el empleo; de todo tipo. Dios puso la historia de Josafat en la Biblia para ilustrar ciertos principios esenciales para salir victoriosos en los conflictos de la vida. Josafat, rey de Israel, recibió palabra de un amigo avisándole que tres naciones enemigas venían en su contra para pelear. Las probabilidades no eran muy optimistas porque eran tres naciones contra la única nación Israel. El cronista nos explica que aquellas naciones eran los caobitas, los amonitas y los meunitas (2 Crónicas 20:1). Vamos a desarrollar los principios para vencer los problemas.

Primero, identifique al enemigo

El versículo uno nos muestra que el primer principio para superar las batallas de la vida es:

Identificar al enemigo. Este principio parece un poco obvio pero, en realidad, no lo es. Muchos sencillamente no saben quién es su enemigo. A menudo creemos que es otra persona que trata de quitarnos nuestro empleo o algún familiar, pero muchas veces el enemigo es nuestra propia actitud: No es tanto la situación lo que nos desalienta, sino la forma en que respondemos a ella. Antes de empezar a ganar nuestras batallas personales, tenemos que identificar a nuestro enemigo con acierto y sinceridad. Note cómo reaccionó Josafat (v. 3) cuando escuchó que esas tres naciones venían en su contra: se alarmó. Esa es una reacción típica de todos nosotros. Cuando vemos un problema decimos: « ¿Qué me va a suceder? ¡Tengo miedo!» Es una reacción natural ante los problemas y el temor no es malo, a menos que uno lidie con él de manera equivocada. Si usamos el temor para motivarnos a vencer el problema, está bien. Pero si nos desalentamos y nos rendimos o nos enojamos con Dios y le decimos: «¿Por qué yo?» entonces el temor nos vence.

Segundo, presénteselo al Señor

Josafat se atemorizó porque se vio frente a una situación aparentemente sin esperanza. ¿Entonces qué hizo? Proclamó un ayuno y reunió al pueblo para pedirle ayuda al Señor (v. 3-4). La gente llegó de todo pueblo de Judá para buscar al Señor. El segundo principio para ganar las batallas de la vida es presentarle a Dios sus problemas. La oración debe ser la primera arma que usemos cuando nos enfrentemos a las batallas de la vida, y no la última. Un diácono fue a su pastor un día y le dijo:—Pastor, tenemos un gran problema. Nada está sucediendo, y no podemos resolverlo.—Bueno —le dijo el pastor—, supongo que podemos orar por eso. El diácono le contestó:—Pastor, ¿tan malo está el asunto? Usualmente, lo último que intentamos es orar, porque queremos resolverlo todo nosotros mismos. Acuérdese que Jesús tuvo las batallas más grandes de la vida, y así mismo oró. Josafat oró de esta manera: «Señor, yo sé que me has ayudado en el pasado. Sé que me puedes ayudar en el futuro. Así que por favor ayúdame ahora». Y continuó: «Por favor juzga a nuestros enemigos, porque no tenemos fuerzas para enfrentarnos a es vasto ejército que nos ataca. No sabemos que hacer, pero nuestra mirada está puesta en ti» (v.6-12).

Tercero, Reconozca sus limitaciones

El tercer principio para ganar las batallas de la vida es reconocer las limitaciones. Usted necesita decir: «Señor, tengo un problema, y necesito tu ayuda». Solo hay una clase de persona a la que Dios no ayuda, y esa es la que cree que no la necesita. Si le dice: «Señor, tengo un problema; necesito ayuda, reconozco mis limitaciones», él podrá ayudarlo. La vida cristiana es una sobrenatural, y necesitamos el poder de Dios para vivirla. No la podemos vivir por nosotros mismos porque carecemos de poder. Vivimos la vida cristiana no «por la fuerza ni por ningún poder, sino por mi [el] espíritu [de Dios]» (Zacarías 4:6). Necesitamos dejar que el Espíritu de Dios viva a través de nosotros. Esto nos lleva a nuestro siguiente principio.

Serie Dios sufre de insomnio: El desánimo de sus hijos II parte

La segunda razón es frustración. Hay sin embargo una segunda razón por la cual la gente se desanima. El pueblo dijo: «Pues son muchos los escombros; ¡no vamos a poder reconstruir esta muralla!» (v. 10). Eso es frustración. Ellos estaban desanimados y frustrados. ¿Qué es el escombro? Estaban reedificando una muralla nueva, pero los escombros se encontraban por todas partes, además de tierra y cola reseca. Cuando miraron los escombros y el desecho se desanimaron. Perdieron de vista la meta porque había tanta basura en sus vidas que no sabían cómo llegar al verdadero asunto de vivir. Cuando uno emprende un proyecto, seguro que se van a acumular los escombros, y se puede tornar muy frustrante. ¿Alguna vez ha ampliado una recámara o construido un edificio? De pronto usted nota montones de cemento por todas partes. O decide pintar un cuarto y se da cuenta de que hay más pintura por todas partes que en las paredes. Pareciera que la basura se multiplicara sola. Uno no puede evitar la basura en la vida, pero se pueda aprender a reconocerla y se puede aprender qué hacer con aquello para no abandonar su plan inicial. ¿Qué basura hay en su vida? Son esas cosas triviales que le hacen perder su tiempo, le consumen energías y le frustran las que le impiden ser todo lo que desea ser; las que le impiden hacer todas esas cosas que realmente son de importancia en la vida. La basura en su vida es aquello que se atraviesa en su camino, las interrupciones que impiden que alcance sus metas. Estas son las cosas que necesitamos limpiar en nuestras vidas.

La tercera razón es el fracaso.  Y esto  se expone en el versículo 10:« ¡No vamos a poder reconstruir esta muralla!» ¿Sabe qué es lo que quisieron decir?«¡No podemos hacerlo. Es imposible. Tratar de hacerlo es una tontería. Nos rendimos!» La tercera causa del desánimo es el fracaso. El pueblo no pudo terminar la obra dentro del tiempo que se propusieron y como consecuencia el ánimo se les evaporó. Se desalentaron y perdieron la motivación. Dijeron: «¡No lo podemos hacer, así que nos rendimos!»¿Cómo trata con el fracaso en su vida? ¿Se echa en los brazos del dolor? ¿Será que se dice: «Pobre de mí, no puedo acabar esta tarea»? ¿Empieza a quejarse? «Es imposible. No se puede hacer. ¡Qué tonto de mí, intentándolo aún! Es estúpido ¿O será que culpa a los demás? «Todos me fallaron. Nadie hizo bien su parte de la obra». La diferencia entre el triunfador y el fracasado es que el primero siempre ve el fracaso como una inconveniencia temporal. La cuarta razón es el temor. Existe una cuarta razón por la que las personas se desaniman. El pueblo de Nehemías lo expresó así: «Y nuestros enemigos maquinaban: “Les caeremos por sorpresa y los mataremos; así haremos que la obra se suspenda”» (v. 11). Había personas en Israel que no querían que se construyera la muralla; eran los enemigos de los judíos. Una muralla alrededor de una ciudad era símbolo de seguridad y protección, de manera que esos enemigos no querían que se terminara de construir la muralla. Así que inicialmente criticaron a los judíos, después se burlaron de ellos y finalmente los amenazaron: «Les caeremos y los mataremos si continúan edificando la muralla». Así que los obreros se desanimaron. ¿Por qué? Debido a la cuarta causa del desánimo, el temor. Fíjese en quiénes se desanimaron. Fueron los judíos «que vivían cerca [del enemigo]» (v. 12). Y luego desanimaron a los demás diciendo: «Los van a atacar por todos lados». Cuando uno anda en compañía de una persona negativa por un buen tiempo, ya sabe lo que sucede. A uno también se le pega el negativismo. Si uno escucha a otro decir: «No se puede», uno empezará a creerle. ¿Tiene temores, en este momento, que lo desaniman; que le impiden desarrollarse y madurar? ¿Siente temor de ser criticado o pasar vergüenza? ¿Tiene miedo de dar ese paso gigantesco y conseguir un nuevo empleo? Tal vez sea el temor de creerse incompetente para esa nueva labor. Quizás sea el temor a no poder soportar la presión. O temor a tener que ser perfecto. El temor siempre desanima. ¿Cómo se puede saber si su desánimo es causado por el temor? Siente una inclinación profunda de huir: «¡Necesito salir de aquí!» Tiene un deseo intenso de escapar a las responsabilidades y las presiones. La reacción natural del temor es huir. En la vida, existen tres maneras de moverse: en contra de algo bajo la ira, lejos de algo con temor, y en la misma dirección con amor. ¿Cuál es el antídoto para esta terrible enfermedad del desánimo? Fíjese lo que hizo Nehemías como sabio líder y hombre de Dios. Él supo lo que estaba desanimando al pueblo, de modo que, siguió los pasos para remediar la situación. Hay tres principios que lo ayudarán cuando sienta deseo de tirar la toalla y aquí están, en forma resumida: reorganizarse, acordarse y resistir. Veámoslo de esta manera

Serie Dios sufre de insomnio: La tranquilidad de sus hijos II parte

En tercer lugar decida cuáles son sus prioridades

Hay otro tema con el que Moisés lidió. Él prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los placeres del pecado por un tiempo efímero (v. 25). Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto. Moisés encaró el problema de las prioridades. Decidió lo que realmente importa en la vida. Desde la perspectiva humana, el joven Moisés lo tenía todo. Poder absoluto, placer absoluto, riquezas absolutas. Muchas de las riquezas del mundo de entonces se encontraban guardadas en Egipto. Moisés tenía lo que muchos pasan sus vidas enteras procurando lograr: poder, placer y bienes materiales. A pesar de eso, Dios le pidió a Moisés que hiciera algo más importante, así que lo hizo. Era un asunto de prioridad en su vida. Debido a que Moisés se le consideraba hijo de la hija del faraón y estaba en un puesto de gran influencia, podía razonar de esta manera: «La situación de la esclavitud es muy mala, así que sencillamente seguiré dentro del sistema y trataré de hacer reformas». Pero Dios no le dijo eso. Él le dijo:«¡Ve para allá, y actúa!»A la mayoría de las personas les gusta congraciarse con su comunidad, pero hay un problema con ser popular: dura poco. Uno puede ser el centro de la atención en la escuela por un tiempo, pero al regresar unos años después de graduarse, encontrará que nadie lo conoce. La popularidad simplemente no dura. Asimismo tenemos el placer. ¿Será malo el placer? No, a menos que sea su dios. Sin embargo, vivimos en una sociedad atada por el placer: «Solo se vive una vez, así que mejor es vivir la vida con gusto». «Haz lo que se te antoje». «Si lo sientes bien, hazlo». No obstante, hay un problema con el placer también: Tampoco dura mucho. Moisés rechazó los placeres temporales porque tenía sus valores en orden; tenía sus ojos puestos en algo más sublime. No hay realmente nada de malo en tener dinero. Algunos de los santos más grandes de las Escrituras fueron extremadamente adinerados, incluyendo a Job, Abraham, y David. Pero la Biblia dice que la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes (Lucas 12:15).Las riquezas simplemente no dan felicidad absoluta: pregúnteselo a los que las tienen. ¿Cuánto dinero se necesita para ser feliz? Usualmente, un poquito más. El dinero es para utilizarlo no para amarlo. Dios quiere que se usen las cosas y que se ame a las personas. Pero si uno ama las cosas, usa a las personas. Moisés tenía sus prioridades en orden; rechazó las cosas materiales porque había algo más importante en su vida.

En cuarto lugar enfrente sus dificultades

El último tema con el que luchó Moisés fue el de la perseverancia. Es casi posible resumir la vida de este hombre en dos palabras: él perseveró (Hebreos 11:27). Es un hecho real que no hay ganancia sin trabajo duro, ningún adelanto sin adversidad, ningún progreso sin dificultad. En cuanto al tema de la perseverancia, aprenda a lidiar con los reveses. Moisés tuvo éxito porque persistió. La clave de su paz interior fue que sabía que las dificultades llegan a la vida de todos, y sabía cómo responder acertadamente y seguir adelante. Como cristianos nunca debemos dejar que los problemas nos aniquilen; al contrario, debemos hacer que nos acerquen más a Dios. Se ha dicho que los problemas nunca nos deben hacer caer, sino sobre nuestras rodillas. Dios permite estas situaciones en nuestras vidas por razones específicas. Sin perseverancia, no se llega lejos. La paz llega cuando se acepta la responsabilidad por las decisiones que se toman; escoja las prioridades de Dios, y persevere confiadamente.

Serie Dios sufre de insomnio: La mediocridad de sus hijos II parte

En segundo lugar Jabes tenía una perspectiva  creciente.

Jabés no solo tenía grandes aspiraciones sino que también poseía una fe creciente. Tenía una convicción y confianza profunda en Dios. Tuvo suficiente fe como para pedir en oración y esperar una respuesta. Se parecía a William Carey, que dijo: «Procure hacer grandes cosas para Dios; espere grandes cosas de parte de Dios». La Biblia aporta algunos hechos interesantes referentes a Jabés. Primero, no hay mención de ningún talento, don o habilidad especial que él haya tenido. La Biblia no nos dice que fuera rico o educado. Sencillamente era un hombre común con una fe poco común. ¡No se preocupe de lo que no posee cuando lo que posee es fe! Dios le dará el poder que le haga falta. A él le encanta usar personas ordinarias que le creen, que están dispuestas a confiar en él. La fe de Jabés lo llevó a creer que Dios lo ayudaría con sus metas y sueños. Hay algo más importante que ser talentoso, más importante que la habilidad o la educación: la fe. Es creer que Dios trabajará por medio de usted. He conocido muchas personas extremadamente talentosas sentadas en las bancas mientras que otras ordinarias, pero con fe, están encestando la bola. Ellos le creen a Dios, así que él los usa. Tal como Jabés, ellos son personas ordinarias con una fe extraordinaria. Otro asunto es que tenía una clase de impedimento físico. En el idioma hebreo Jabés significa doloroso. ¿A quién le gusta el nombre «doloroso»? «Ahí viene doloroso» o «Por allá anda doloroso». Jabés le causó tanto dolor a su mamá al nacer que esta le puso por nombre «doloroso». Tal vez fue marginado o rechazado. Su nombre le recordaba que aun su nacimiento causó dolor a alguien. Pero Jabés era más fuerte que su impedimento. Su fe lo animaba a continuar. ¿Cuál es su impedimento? ¿Será físico? ¿Será espiritual? ¿Será una niñez infeliz? ¿Será un trabajo frustrante o un problema matrimonial? Sea lo que sea, Dios dice: «Para el que cree, todo es posible» (Marcos 9:23).

En tercer lugar Jabes tenía una petición  creativa

El tercer secreto de Jabés fue su vida de oración. Su sencilla petición fue la que le ganó una mención honorable en la Biblia y aún después de miles de años, seguimos hablando de él. Quizás haya vacilado al pedir alguna cosa en oración. Tal vez pensó que su petición era egoísta. ¿Qué clase de oración contesta Dios? La vida de Jabés nos ilustra tres cosas que podemos pedirle a Dios y confiar en que él nos las conceda. Lo primero que pidió fue el poder de Dios en su vida. Pidió un poder mayor que el suyo para alcanzar su sueño. Y oró de esta manera: «Quiero que me bendigas, Quiero tu poder en mi vida». Lo segundo que pidió fue Es importante notar que la petición de Jabés fue específica: «Dios, esto es lo que quiero que hagas: Que ensanches mi costa; que expandas mi territorio; quiero más propiedades». ¿Ora por sus metas? ¿Le pide a Dios que le ayude en su rumbo en la vida?  A primera vista, la oración de Jabés parece egoísta, ¿no? Él oró diciendo: «Dios, quiero que hagas todo esto por mí». Por lo visto, Dios aprobó esta oración dado que se la concedió. Este es el punto: la ambición no es ni buena ni mala; es sencillamente un impulso básico de la vida. Todos tienen cierta aspiración. Puede ser grande o pequeña, pero todos la tienen para vivir en este mundo. ¿Qué es lo que hace a la ambición buena o mala? Una cosa: la intención tras ella. Las intenciones de Jabés eran genuinas porque Dios nunca honra una petición indigna. Considere esto: Dios le reta a hacer grandes peticiones. ¿Qué le pide a Dios cuando ora? Dios le anima a pedirle: «No tienen porque no piden» (Santiago 4:2). Jeremías (33:3) dice: «Clama a mí y te responderé, y te daré a conocer cosas grandes y ocultas que tú no sabes». Pablo declara que Dios «puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros» (Efesios 3:20). Eso significa que usted no puede superar a Dios en cuanto a pedir. Usted no puede superar a Dios en cuanto a soñar. Si pudiera expandir su imaginación más allá de los límites de lo que cree que pueda suceder, Dios podría aun superar eso. Él puede superar su imaginación. Dios dice: «Confía en mí, pide, búscate una gran ambición, y después busca una fe creciente, y después tráemelos en oración». ¿Qué desea que Dios haga en su vida? ¿Que restaure un matrimonio? Pídaselo. ¿Qué le ayude con algún problema? Pídaselo. ¿Que le ayude con algunas metas? Pídaselo. Dios no es un policía que se encuentra en el cielo esperando que usted se equivoque para caerle encima; Dios quiere bendecir su vida. Lo segundo que pidió Jabés fue la presencia de Dios en su vida: «Ayúdame» (1Crónicas 4:10). Él se dio cuenta de algo: «Si consigo más territorio, tendré más responsabilidades. Habrá más obligaciones y más presiones, y realmente necesitaré la ayuda de Dios en mi vida». Así que le pidió a Dios que estuviera con él. Cuando usted pide la presencia de Dios en su vida, téngalo por seguro que él le contestar Lo tercero que pidió Jabés fue la protección de Dios sobre su vida: «Líbrame del mal, para que no padezca aflicción» (v. 10). Le pidió a Dios su protección. ¿Por qué hizo eso Jabés? Porque en esos días, mientras más territorio se poseía, se ejercía más influencia y, por ende, más conocido se hacía uno. Aún en la actualidad es así: Mientras más éxito se tiene, más crítica obtiene. Mientras se posee más territorio, más enemigos arremeten contra uno. En lo que uno se acerca más a Dios y se fortalece más como cristiano, el diablo lo acosa más, porque él no quiere que uno crezca. Pero téngalo por seguro, tal como Jabés, que con la protección de Dios, usted no tendrá de qué o de quién temer. Si combina las tres peticiones que hizo Jabés, le garantizo que vivirá por encima del promedio. ¿Desea librarse de la mediocridad? ¿Desea ver a Dios operar en su vida? ¿Desea ver respuestas verdaderas a sus oraciones? ¿Está cansado de atravesar la vida sin saber hacia dónde se dirige? Si realmente desea vivir por encima del promedio, si desea lo mejor de Dios para su vida, entonces aplique estos tres principios que usó Jabés: Busque una aspiración grande, un vislumbre de lo que Dios quiere hacer en su vida; procure una fe creciente en Dios, una fe que le permita esperar lo imposible; establezca una vida de oración genuina, una que dependa de Dios en lo que se dirige hacia su sueño

Serie Dios sufre de insomnio: La depresión de sus hijos III parte

Cuarto no exagere lo negativo

El cuarto error que cometió Elías fue exagerar lo negativo. Él dijo: «Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también! (v.10) El profeta se echó al dolor: «Todos están en contra de mí». El hecho es que no todos eran opuestos a él. Solo una persona estaba en su contra con violencia, y su amenaza realmente no era en serio. Si Elías lo hubiese meditado un poco, en vez de hacerle caso a sus emociones, se habría dado cuenta de que Jezabel no se hubiera atrevido a matarlo. Cierto es que la reina le envió un mensajero con la amenaza diciendo: «Mañana te voy a matar». Pero si Jezabel realmente hubiese querido matar a Elías, no habría enviado al mensajero para advertirle sino a un asesino! Jezabel era demasiado astuta para quitarle la vida a Elías. Ella reconocía su gran influencia. Si él moría, se habría convertido en un mártir. Eso hubiese aumentado influencia y hasta habría causado una revolución en el país. Además de eso, es probable que temiera lo que Dios le haría si ella le pusiese la mano encima a su siervo. De manera que sus palabras eran solo una amenaza. Ella le permitió que huyera al desierto porque no deseaba matarlo sino hacerlo lucir un cobarde ante los ojos de la nación. Pero Elías no se detuvo a evaluar la amenaza. Sencillamente huyó. Cuando estamos deprimidos, exageramos lo negativo. Todo luce mal. Si estamos deprimidos, el mundo entero se echa a perder. En realidad, Elías no era la única persona fiel a Dios. Había siete mil profetas que no habían sucumbido a la religión pagana (v.18). Elías exageró el problema, y eso agudizó su depresión.

Quinto entréguele a Dios sus frustraciones

¿Cuál fue el remedio de Dios para la depresión de Elías? Es un remedio que usted podrá usar para su propia depresión. Primeramente, responsabilícese por el cuidado de sus necesidades físicas. Leímos que Elías se acostó junto a un árbol y se durmió. Luego, un ángel lo tocó y le dijo: «Levántate y come». Él miró a su alrededor y vio un panecillo cocido sobre carbones calientes y un jarro de agua. Así que comió y bebió, y volvió a acostarse. Entonces el ángel regresó y le dijo: «Levántate y come porque te espera un largo viaje», de manera que Elías comió y bebió y quedó fortalecido por esa comida (v. 5-8).El remedio inicial de Dios para la depresión de Elías fue descanso, alimento y relajación. En ocasiones, un buen reposo hace maravillas en la actitud de uno. Cuando uno se encuentra exhausto físicamente y mentalmente agotado, es vulnerable a la depresión. Fíjese cuan tierno fue el trato de Dios con Elías. Dios no lo reprendió diciendo: «¡Cobarde! ¿Qué haces aquí en el desierto?» Dios no lo despreció ni lo condenó; sencillamente lo restauró físicamente. Ese fue el punto de partida. Si uno se encuentra deprimido, el primer paso hacia la recuperación es ponerse en forma. Tome cuidado de su salud. Tal vez le sea necesario atender su dieta o dormir un poco más o iniciar un régimen de ejercicios. La salud física ejerce una influencia profunda sobre su ánimo..Esta área de frustración tiene que ver con lo físico.

El segundo remedio para su depresión consiste en entregarle a Dios sus frustraciones. Elías entró a una cueva y paso allí la noche. Por la mañana, el Señor le preguntó: «¿Qué haces aquí, Elías?» Él le contestó: «Me consume mi amor por ti, Señor Dios Todopoderoso. Los israelitas han rechazado tu pacto, han derribado tus altares, y a tus profetas los han matado a filo de espada» (v. 9-10)Él simplemente exteriorizó sus sentimientos más profundos. Dios permitió que se desahogara. No se consternó con la queja de Elías. Dios, en esencia, dice: «Cuando estés frustrado, déjame oír tus emociones. Las conozco de antemano y no me voy a escandalizar por ellas». El Señor permitió que Elías exteriorizara sus emociones reprimidas y no lo criticó ni lo condenó. A veces es provechoso confiarle a un amigo cristiano sus sentimientos. Es una catarsis, una depuración, una exteriorización, un desahogo de toda cosa que uno ha reprimido y que le causa depresión. Fíjese en las seis emociones que experimentó Elías. Primero, tuvo temor (v. 3).Después sintió resentimiento (v. 4). Él dijo: «Estoy harto, Señor. No soy mejor que mis antepasados». También experimentó un nivel muy bajo de autoestima y se sintió culpable. Además de esto, se quejó de haber trabajado duro por gusto (v. 10), Ten valor. Luego dijo: «Soy el único que ha quedado con vida» (v. 10). Se sentía solo. Finalmente, añadió: «¡y ahora quieren matarme a mí también!» Estaba preocupado. Cuando uno combina el resentimiento, el temor, la culpabilidad, la ira, la soledad y la preocupación, ¡se está buscando la depresión! De modo que Dios dejó que soltara todas estas cosas. Él dijo: «¿Elías, qué es lo que te frustra? ¿Qué te molesta?» Cuando esté deprimido, eso es precisamente lo que debe hacer: Contarle todo a Dios.

Sexto vuelva a estar consciente de Dios

El tercer remedio para su depresión consiste en estar nuevamente consciente de la presencia de Dios en su vida. El Señor le dijo a Elías: «Sal y preséntate ante mí en la montaña porque estoy a punto de pasar por allí» (v. 11). Entonces vino un viento recio que partió las montañas e hizo añicos las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Al viento lo siguió un terremoto, pero el Señor tampoco estaba allí. Tras el terremoto vino un fuego, pero e! Señor no estaba en el ruego. Y después del fuego vino un suave murmullo. Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con el manto y saliendo, se puso a la entrada de la cueva. Dios le hizo una gran demostración a través del viento, el terremoto y el fuego, pero no iba a hablarle a Elías de esa manera. Lo que realmente le llamó la atención a Elías fue esa apacible voz, ese murmullo. Aún en la actualidad, Dios nos habla en silencio y la quietud, no en alguna demostración de fuego y poder. Dios le recordó a Elías que él aún estaba a su lado. Eso le daría un nuevo rumbo para su vida Para superar la depresión está en permitirle a Dios que le dé un nuevo rumbo a su vida. El Señor le dijo a Elías: «Regresa por el mismo camino, y ve al desierto de Damasco. Cuando llegues allá…» (v. 15). Así que Dios le dio a Elías una misión nueva. Lo puso a trabajar de nuevo. La manera más rápida de superar la depresión consiste en dejar de sentarse en medio de la autocompasión. Deje de fijar sus ojos en sí mismo y empiece a mirar las necesidades de los demás. Involúcrese en la vida de ellos a través de un ministerio en el que dé de sí mismo y Dios esté dando por medio suyo. Si está mirándose constantemente, se va a desanimar. Jesús dijo: «Pierde tu vida y la encontrarás» (Mateo 16:25). Cuando nos sentimos deprimidos tendemos a pensar así: «¿Cómo podrá Dios usarme? Soy semejante fracaso. Sigo cometiendo errores. Yo mismo me decepciono, así que seguramente debo decepcionar a Dios». Pero usted nunca puede decepcionar a Dios, porque la decepción solo puede suceder cuando alguien espera que usted haga algo diferente a lo que realmente hace. El hecho es que Dios conoce todo acerca de usted. Él sabe cómo va a actuar en el futuro. De modo que no se decepciona cuando sucede. Dios sabe que usted es humano porque él lo creó y sabe que es lo que lo motiva. Deje que Dios le dé una nueva meta y un nuevo rumbo. Él no ha terminado con usted. ¿Le salió mal algún asunto? ¡¿Qué va a hacer?! Si se lo permite, Dios lo levantará y empezará de nuevo. Un error (o cien de ellos) no le hace inútil en la vida. Jesús lo quiere sacar de su depresión. Él le puede ayudar; él le puede cambiar; él puede sanarle de la depresión. Usted no tiene que pasar la vida a merced de sus emociones. Sus pensamientos rigen sus emociones, y usted puede controlar lo que piensa. Puede decidir cambiar sus pensamientos. Deje que Dios cambie esas concepciones erróneas y dañinas como aquella que dice: «Si alguien me critica significa que no sirvo para nada». «Para sentirme realizado o realizada en la vida, necesito ser amado por todos». «No puedo admitir ninguna debilidad; tengo que ser perfecto o perfecta porque si no soy un fracaso». Estos son el tipo de conceptos equivocados que producen depresión. Jesús conocía la importancia de razonar correctamente cuando dijo: «Conocerán la verdad y la verdad los hará libres» Juan8:32). Mientras mejor conozca a Jesús, más libre será. Usted puede cambiar. ¿Cómo se empieza? Estableciendo una relación con Cristo. Usted «nace de nuevo», como lo dice la Biblia. Esto no cura toda su depresión de manera instantánea, pero sin Cristo, no hay fuerza para cambiar. Él desea ser una parte vital de su vida, y si le cede el control, él le ayudará. Una vez que esté en su vida, pídale una nueva meta y un nuevo sentido a su existencia. Usted necesita algo más grande por lo cual vivir en lugar de sí mismo. Aquellos que viven para ellos mismos tienen asegurada la depresión. Usted necesita algo mayor que le quite la vista de sí mismo y es una relación vital con Cristo, el Hijo de Dios.

Serie Dios sufre de insomnio: El fracaso de sus hijos II parte

Segundo coopere con el plan de Dios

El segundo principio se encuentra en Lucas 5:4: La segunda vez que los discípulos fueron a pescar, lo hicieron bajo la dirección de Cristo, siguiendo sus instrucciones con obediencia. No solo debemos apropiarnos de la presencia de Dios en nuestras vidas, sino que debemos cooperar con esa presencia. Jesús les dijo a sus discípulos dónde, cuándo y cómo pescar. Cuando Dios guía su vida, usted no puede fracasar. Dios no auspicia fracasos. La reacción de Pedro a la dirección de Cristo fue tan hermosa. Para empezar, no le discutió. No dijo: «Espera un momento, Jesús. ¿Quién eres tú para decirme cómo pescar? ¿Acaso no sabes que yo soy Simón Pedro? El pescador de primera categoría en este lago. He superado el récord mundial. ¿Quién eres tú para decirme cómo pescar?» Él no preguntó: «Señor, ¿estás seguro?» Es más, no vaciló ni hizo ninguna pregunta. Ciertamente pudo haber pensado que si no había recogido nada la noche, de ninguna manera lograría recoger algo en pleno día con la luz del sol brillando sobre las aguas. Desde el punto de vista humano, el momento no era el apropiado; parecía ridículo. Pero Pedro no hizo ninguna pregunta; sencillamente obedeció. Pedro tampoco le hizo caso a sus emociones. Estoy seguro que él se encontraba muerto de cansancio por haber amanecido trabajando pero no preguntó: «¿Qué saco?¿Para qué seguir intentando?» La actitud de Pedro era perfecta. Él estaba ansioso por cooperar con el plan de Dios. ¿Por qué piensa que Jesús le dijo a Pedro: «Lleva la barca hacia aguas más profundas». Pienso que era porque los peces más grandes se encuentran en las aguas más profundas. Uno solo recoge pececillos en aguas de bajo fondo. La mayoría de las personas viven en las aguas de bajo fondo de la vida. Solo existen en un nivel superficial. Hay poca profundidad en sus vidas porque se conforman con jugar a la orilla pero no se aventuran a meterse en las aguas profundas. ¿Por qué? Porque es más seguro estar en las aguas de bajo fondo. Ellos piensan: «Si me meto a las aguas profundas puede haber olas. Tal vez mi barca se vuelque. Así que me quedaré aquí donde estoy seguro y cómodo y me pondré a pasar el tiempo». Cuando Dios trabaja en su vida, siempre hay riesgos porque él quiere que usted viva por fe. Muchos cristianos apenas mojan sus pies porque temen sumergirse. Ellos piensan: «Si me comprometo con Dios seriamente, tal vez me convierta en un fanático. Quizás me convierta en un loco religioso. ¿Qué van a decir mis amistades?» De modo que se conforman con las superficialidades de la vida, y se pierden lo mejor. El propósito de Dios para su vida es muy bueno, un plan que trabaja a su favor. Dios dice: «Déjame entrar a tu barca. Deja que mi presencia te acompañe dondequiera que vayas, en tu negocio, familia, matrimonio, en todas las áreas. Déjame dirigirte y coopera con mi plan».

Tercero Sea expectante de la Promesa de Dios

El tercer principio yace en el versículo 5: «Pero como tú me lo mandas». Para recuperarse de un fracaso usted debe anticipar las promesas de Dios en su vida. En el segundo intento por pescar, los discípulos estaban actuando basados en la promesa de Dios para ellos. Se fueron a pescar una vez más porque creyeron que Dios les proveería os peces. Ahora bien, Jesús no dijo específicamente: «Pedro, si vas a pescar conmigo, te prometo que vas a recoger gran cantidad de peces». No le hizo falta decirlo porque Pedro entendió que cuando Jesús le dijo que fuera a pescar y se subió a la barca también y, además, le dijo dónde echar las redes, ¡no iban a regresar vacías! Pedro esperó que Dios actuara, que cumpliera su promesa. Pedro no estaba dependiendo meramente de sus propias habilidades para pescar, de manera que no temió fracasar. Él anticipó las promesas de Dios. Cuando usted procura la presencia de Dios en su barca, abraza el plan de Dios en su mente y se apropia de las promesas de Dios en su corazón, no puede fallar. Empiece a esperar resultados maravillosos. Tal vez diga: «Luce fabuloso, pero usted desconoce mis circunstancias. En este momento estoy vencido por los problemas que estoy experimentando. Estoy pasando unos momentos difíciles». Si está vencido por sus circunstancias, déjeme sugerirle un antídoto. Busque en su Biblia alguna promesa específica de Dios y empiece a reclamar aquello. Comience a esperar que Dios actúe y hallará que la promesa divina le inyecta nuevas esperanzas a una situación sin esperanza. El éxito genuino a menudo empieza al margen de un fracaso. Conozco un matrimonio que tuvo una relación sumamente deteriorada, aparentemente irreparable. Pero ellos percibieron en su interior que Dios les decía:«Quiero que permanezcan unidos, no se rindan». Sin ninguna evidencia aparente, asumieron la actitud de Pedro: «Señor, hemos trabajado con nuestro matrimonio por mucho tiempo sin ver mejora, pero como tú nos lo mandas, seguiremos intentando». Hoy gozan de un matrimonio realizado y un ministerio dinámico. Fíjese en los resultados (v. 6): Los discípulos recogieron una cantidad tan grande de peces que sus redes empezaron a romperse. Dios los bendijo con más de lo que podían lidiar. Ese es el caso, invariablemente, cuando usted se apropia de la presencia de Dios, coopera con el plan de él y anticipa sus promesas, será bendecido con más de lo que puede lidiar. En efecto, el versículo 7 indica que los discípulos tuvieron que compartirlos resultados con otra barca para evitar que la suya se hundiera. ¡Eso sí es vivir! El punto es este: Dios no solo quiere bendecir su vida. Él quiere bendecirle tanto que usted tenga que compartir sus bendiciones con otros para evitar hundirse. Él no solo quiere bendecirlo sino que desea bendecir a otros a través de usted, aquellos cuyas redes están vacías. Dios los bendijo con más de lo que ellos podrían usar para sí mismos. Aquel milagro impactó tanto a Pedro que alzó su voz diciendo: « ¡Señor, no merezco esto! Soy pecador. Esto es demasiado bueno para mí». Este incidente le dio otro giro a la vida de Pedro así como a los demás discípulos. Jesús entonces le dijo a Pedro: «No temas, desde ahora serás pescador de hombres» (v. 10). Así pues, los discípulos llevaron sus barcas a la orilla y dejaron todo para seguir a Jesús. Piense en eso, cuando el festejo de la pesca llegó a tierra, dejaron la mejor pesca de sus vidas allí mismo en la orilla y se fueron tras Jesús. Ellos se percataron de que si Jesús era capaz de hacer un milagro así, podría hacer todo lo que quisiera. Sabían que siempre y cuando lo siguieran, sus necesidades serían más que satisfechas. Cristo cuidaría de ellos sin importar las circunstancias. Ellos querían una comunión con él que fuera más que un milagro de una sola vez. Entonces Cristo los invitó a formar parte de la labor más importante de mundo: «Les voy a hacer pescadores de hombres. Ustedes van a compartir mis buenas nuevas con otros». ¿Cómo se aplica este relato a su vida? Quizá se sienta como los discípulos antes de llegar Cristo: «He trabajado toda la noche y he terminado con una red vacía». ¿Se asemeja esto a su actitud hacia su matrimonio, su empleo u otra dificultad personal? Usted siente que no mejora así que se dice: «¿Para qué seguir intentando? ¿Para  qué hacer el esfuerzo? Tal vez se ha hecho un poco cínico en cuanto a la vida. Pedro no satirizó. No dijo: «Señor, he trabajado diez horas sin recoger nada. Por lo visto en este lago no hay más peces». Él sabía que los peces estaban allí, pero no los había atrapado aún. El que no resuelva su problema no significa que no hay solución. A través del fracaso, con frecuencia aprendemos las lecciones que nos ayudan a tener éxito. El mensaje de Dios para usted es este: «No te rindas». Inténtelo de nuevo, pero esta vez, hágalo con Jesús en su barca. Él hará la diferencia.

¿Existe la vida en abundancia? III parte

En cuarto lugar la vida próspera. Continúa el texto diciendo: “Y vida en abundancia”. En el texto griego la expresión es “Yo he venido para que tengan vida y abundancia. ¿Qué significa tener “abundancia”?. La palabra griega es “perissos”. No sólo estamos para disfrutar  de una calidad de vida y una esperanza futura con la eternidad, también  estamos para tener  “en abundancia”. Perissos, la palabra griega que  significa abundancia, significa excesivo, desbordante, superávit, más  allá, más de lo suficiente, abundante, extraordinario, más que suficiente,  superior, más notable, más que excelente. En resumen, las intenciones de Dios para nosotros son realmente  sorprendentes. Él desea llevarnos de un lugar de juicio, de desolación y  esterilidad a un lugar de restauración abundante y un incremento de  la  vida! Una cosa que debemos saber es que el cuarto Evangelio ubica la vida, o la vida eterna, en el centro de las enseñanzas de Jesús. Mientras que los sinópticos utilizan “el reino de los cielos” o “el reino de Dios” como el centro de la revelación dada en la persona y el trabajo de Jesús, Juan enfatiza en la vida o en la vida eterna.  La vida aquí no es el contrario de la muerte. Es eso, pero también es más que eso y algo más también. La vida aquí no es un tipo de salvación después de la muerte, felicidad espiritual en otro mundo, un estado metafísico particular o una experiencia psico-religiosa indescriptible. El Evangelio de Juan, con frecuencia, se refiere a la vida o a la vida eterna, como una cualidad especial de la relación que Jesús establece entre Dios y la humanidad. Ser y existir a través del único Dios verdadero, ser y continuar a través del Hijo que nos precede y nos sustenta en esta relación más profunda con Dios, esto es en resumen uno de los aspectos más significativos que encontramos en Juan. El término vida en ocasiones se vincula a otras nociones complejas como la luz, el conocimiento, la verdad, la libertad y el amor. Como resultado, el significado esencial y la identidad de la palabra vida en el sentido más amplio incluye la referencia a la luz, al conocimiento, etc. Necesitamos enfatizar en este punto y formular, aunque de forma sucinta, qué se entiende por “vida en abundancia” en el contexto Juan. ¿Es la “vida en abundancia” el desafío lanzado contra la indigencia? ¿Se trata de un tipo de discurso indirecto contra una situación caracterizada por “la muerte en abundancia”? ¿Puede ser la “vida en abundancia” un tipo de realidad mística esotérica, desconectada de los problemas sociales e históricos en el mundo y accesible sólo a algunos iniciados? Si no nos hacemos estas preguntas, podríamos caer en el peligro de tomar lo que aparece en el capítulo 10 como algo que no pasa de ser un slogan. Ello sería desafortunado para nuestra manera de escuchar las Escrituras y negativo en cuanto a la seriedad de nuestra convicción acerca de la forma en que las Escrituras interpretan nuestras vidas y no cómo nosotros, en nuestros propios contextos, o a la luz de nuestras propias experiencias, interpretamos y recibimos las Escrituras. El “buen pastor”, los “ladrones y asaltantes”, la “puerta del redil” y la “vida abundante”, son metáforas que en el capítulo 10 de Juan traducen la ansiedad existencial y las incertidumbres que marcaron la vida de una comunidad religiosa pequeña, que ya había roto con las bases más antiguas de su identidad. Creo que es importante que nos demos cuenta de la magnitud de la crisis si vamos a investigar con profundidad el significado de lo que se ha dicho en Juan 10:10. Esta declaración me parece que contiene un gran poder liberador, que comprende y sobrepasa todas las consideraciones de naturaleza biológica, económica o de bienestar. Reafirmo el concepto que  la abundancia en cuestión, no puede reducirse simplemente a la abundancia de bienes, darle vida a lo ilimitado o a una dimensión cuantitativa. La victoria sobre la pobreza, la negación de la identidad, la exclusión, la fragilidad, etc., la desaparición final de todos estos males, no son sinónimos de “vida en abundancia”. Sin embargo, es frente a estas realidades y a pesar de las mismas, oponiéndose a ellas y siguiendo más allá, que la teología de Juan  articula una calidad de confianza en Dios, un Dios que le otorga a nuestras vidas finitas una plenitud de significado y verdad, que ningún derroche de alimentos ni el exceso de poder puede ofrecerles. La vida abundante en Juan10:10 es una imagen esencialmente inclusiva y compleja. Vincula al redil y al pasto, garantiza la posibilidad de que las ovejas entren y salgan. La interioridad y la exterioridad están reconciliadas, como también la seguridad y la libertad. La existencia de ladrones, lobos y timadores es descrita en términos realistas y dramáticos; sin embargo, esto no significa que las ovejas serán colocadas en un espacio cerrado y sobreprotegido; su comida también está afuera en el pasto. Tal confianza sólo puede alcanzarse al pasar por la “puerta” que, de manera antes no vista, los hace libres de todas las ansiedades relacionadas con la comida y la seguridad, y de todas las tensiones alienadoras del dilema seguridad/libertad. Hay una “puerta” y un “pastor”, es la confianza lo que me parece a mí que está en el mismo centro de la vida en abundancia. A finales de su vida, Moisés oró a Dios con estas palabras: “Ponga Jehová, Dios de los espíritus de toda carne, un varón sobre la congregación, que salga delante de ellos y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca para  que la congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor.” (Números 27:16-17). La resonancia con Juan 10 es notable. Llama la atención ver como el don de la vida, como algo que viene del Creador, el don de la comunidad, como un espacio para la vida en la comunidad deseada por Dios, y el don del “pastor” están profundamente conectados aquí. Muchos exegetas también interpretan el capítulo 10 de Juan a la luz del capítulo 34 de Ezequiel. La condena de la ley de la selva, su brutalidad cínica y la ayuda práctica otorgada a la oveja que está débil, enferma o herida, todo lo que se dice contra el maltrato de los débiles expresa más el primer y mayor cuidado de Dios hacia los hombres y mujeres oprimidos, que la forma en que la condición de la víctima debe mejorar. La vida en abundancia no es un sueño convertido en realidad, de una tierra donde fluyen la leche y la miel, no es tampoco el anhelo nostálgico por la tierra de los placeres que se logran al final. Es la completa seguridad de un Dios de amor que establece los límites del mal y la muerte que constantemente afloran en cualquier lugar. Abundancia o plenitud La palabra griega  perissos/perisson traducida como “abundancia” tiene múltiples significados como ya lo mencioné anteriormente, sin embargo deseo enfocarme en dos. Por un lado, expresa exceso, que quiere decir extraordinario en tamaño o belleza, aquello que es excesivamente grande o numeroso. También puede traducirse como lo que supera la cantidad, que es extra, excedente o sobrante. El término también tiene un matiz que implica demasía. Además de aparecer en Juan 10:10, la palabra se encuentra en otros cuatro pasajes en el Nuevo Testamento Mt 5:37, 47; Marcos  6:51; Ro 3:1; 2 Co 9:1. Miremos al uso de la palabra en estas referencias. En Mateo 5:37 y 5:47 no tiene el mismo sentido. En el versículo 37, Jesús dice: “Sea vuestro lenguaje: ‘Sí, sí’; ‘no, no’: que lo que pasa de aquí viene del maligno.” (Biblia de Jerusalén). Cuando uno dice lo esencial, cualquier otra cosa crea confusión. Una “profusión” de palabras y frases simplemente sirve para confundir las mentes. En el versículo 47, que también es parte del Sermón de la Montaña, la idea es diferente. Jesús desafía a quienes le escuchan: “…Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular?” Aquí el término es utilizado para aquello que está fuera de lo ordinario producto de su belleza o su calidad moral. En Marcos  6:51 Jesús se une a los discípulos en la barca después del episodio de calmar la tormenta, los discípulos están completamente enmudecidos, otras traducciones lo interpretan como “totalmente atónitos”. El matiz del significado que se enfatiza aquí es el de la sorpresa más allá de cualquier medida. En Romanos 3:1, el apóstol expresa “¿Cuál es, pues, la ventaja del judío? ¿Cuál la utilidad de la circuncisión?” Sin embargo, esto puede ser traducido literalmente como “¿que tienen los judíos de más que los no judíos no tienen?” En la segunda Carta a los Corintios, Pablo utiliza perissos en el sentido negativo de superfluo. “Cuanto a la ministración para los santos, es por demás que yo os escriba…” (Versión Reina Valera revisada 1960). Otras traducciones lo interpretan como “no hay necesidad”. Es interesante denotar que estos cinco casos de perissos en la Biblia no se refieren a cosas concretas, sino a asuntos de naturaleza moral, emocional y afectiva. Sólo en Juan 10:10, en lenguaje metafórico, se utiliza este término como un adjetivo para calificar la vida, “la vida en abundancia” prometida a la “oveja” en el nuevo “redil” del cual Jesús se declara a sí mismo la “puerta” y el “pastor”. No voy a repetir mis comentarios anteriores sobre el significado que debe otorgársele a la frase “vida en abundancia”, en el contexto de la teología joánica. La vida en cuestión no es un problema de una (incalculable) cantidad o una escala que no puede medirse. Se trata de lo que permanece, como indiqué anteriormente, aquello por medio de lo cual el Dios viviente nos revela los límites establecidos a “la maldad” y a “la muerte”, a pesar de su presencia constante y excesiva en todos los tiempos y lugares. Entendida de esta manera, la vida en abundancia es un sinónimo de la “vida eterna”. No se trata de una “vida excepcional”, o de “otra vida”. Se trata de la verdad que nos recuerda que la vida de las criaturas y las cosas están bajo el cuidado amoroso del Creador, el Señor de la vida. Sin embargo, quizás corremos el riesgo de espiritualizar una materia que ya está muy “espiritualizada”, en el mismo pensamiento de Juan. En ese caso, debemos hablar de “plenitud de vida”, en lugar de abundancia. El cuarto Evangelio no es ajeno al término pleroma, pleromatos (plenitud) aunque aparece una sola vez, en el primer capítulo en el versículo 16. La idea esencial en este texto es que Dios satisface todas las cosas en Jesucristo. En Él reside la plenitud de la gracia y la verdad. “De su plenitud todos recibimos gracia sobre gracia”. Esta plenitud se relaciona con la plenitud de las promesas de Dios y la venida de un nuevo tiempo. Plenitud expresa lo que ha sido logrado de manera única e incomparable en Cristo, pero de lo que nos beneficiamos en nuestras propias vidas. Esto proclama lo que Dios ha hecho en la persona de Jesucristo. La frase “vida en abundancia” en Juan 10:10 expresa lo que Cristo en su momento hace en nuestras vidas, cuando es recibido como la “puerta” y el “pastor”. La complejidad metafórica de vida en abundancia en Juan 10:9-10 es distinta a la de Juan 1:16 en un aspecto particular: en esto, la libertad y la seguridad están íntimamente conectadas. El redil no es plenitud en sí mismo, cerrado y protegido, no es como una celda protectora, confortable. Más bien se trata de un espacio de vida que se comunica con otros espacios de vida, los pastos que nutren fuera del cercado. La “abundancia de vida” contradice la fragilidad de la vida, la escasez de la vida, porque está en todas partes plagada de enfermedad y muerte, porque con frecuencia la integridad de la vida es reducida a polvo y cenizas por múltiples fechorías y actos de crueldad. La “abundancia” de vida se refiere  directamente a la fragilidad y vulnerabilidad de vida. “Vida en abundancia” tiene un significado similar pero diferente, que se refiere al vacío que anida en el corazón de la vida. En otras palabras, nuestras existencias personales o colectivas pueden definirse como recipientes que contienen sólo porciones pequeñas e insignificantes de vida y como consecuencia aspiran a la plenitud. Incluso si lo que falta en nuestras vidas y en nuestros destinos, fuera más profundo y significativo que la idea que tengamos de la vida, el problema persistiría. Algo siempre tiene que faltar en la vida, por lo que tiene que existir espacio para lo que no se ha recibido. ¿No es así, que las existencias sin vacíos, donde nada falta, son como ataúdes, en otras palabras: recipientes llenos y  cerrados, pero llenos de muerte? Así que la vida en abundancia en resumen implica que no es vida en que abundan los bines materiales. La vida “en abundancia” es la vida en que se cumple cabalmente el propósito para el cual Dios la creó y la sustenta; es la concreción del amor y la justicia del Reino de Dios. Se la fomenta en la medida en que se vive conforme al propósito de Dios, se anuncia el mensaje de la vida en Cristo, se denuncia toda necrofilia, y se actúa en servicio de la vida en todas sus dimensiones.

Así que la frase “estoy vivo”, que decía al principio es una frase llena de esperanza, Si todavía puedo respirar me digo a mi mismo: ¡Tengo opción!!Tengo chance! El estar vivo me permite tener una  nueva oportunidad  y esta es confiar en la palabra de Lamentaciones 3:22-23.  Mi chance es que la  misericordia de Dios no se ha  terminado. El   amor    del    Señor  por    mí no  se  ha  terminado, por  lo contrario  el  amor y misericordia   de  Dios   se   renuevan cada mañana. Por esto es que hoy por hoy si usted me pregunta ¿Cómo estás? Yo con emoción le respondo: ¡ES TOY VIVO!« Querido hermano en la fe, Si usted hoy despertó, si usted todavía respira tiene chance de perdonar o pedir perdón. Tiene oportunidad de cambiar el odio por el amor, Tiene una nueva oportunidad de cambiar la tristeza y el llanto por el gozo y la alegría,-¡Esta vivo! Tiene oportunidad de dejar los vicios, arrepentirse y cambiar de vida.-¡Está vivo! Tiene una nueva oportunidad de renovar su amor, Aun hay tiempo para volver a creer, ¡Alégrese! Porque todavía tiene tiempo de alcanzar la misericordia de Dios, ¡Festeje! Porque el amor de Dios no se ha terminado, más bien este ´Amor  Divino   Eterno  se  renuevan cada  mañana .¡Aleluya! Para terminar quiero preguntarle: ¿Cómo esta? Usted me podrá responder: ´Estoy triste. Otro quizás responderá ´estoy deprimido.  ´Estoy sufriendo. Ante un eventual ¿Cómo esta? Las respuestas serán diferentes: ´Estoy solo  ´Estoy enfermo  ´Estoy alejado de Dios  ´Estoy pecando  Hay un diferente ´Estoy  para cada uno de nosotros. No importa cómo está usted en este momento, lo más importante es que ¡ESTA VIVO! Y esto le permite obtener la misericordia de Dios, Esto le permite RENOVAR SU AMOR CON DIOS.  Señor, si puedo dirigirte esta plegaria es señal de que ¡Estoy vivo! Gracias Señor por ello, Gracias por esta nueva oportunidad que me regalas, Señor en este día imploro y te pido que renueves mi vida, te pido de todo corazón que tu misericordia y tu amor se renueven en todas las áreas de mi vida, Gracias Señor porque tú me transformas en una nueva persona las cosas viejas pasaron. Hoy puedo decir con alegría: Estoy vivo!  Amen

Vio Dios la Luz

Hoy alguien me señaló muchas de mis debilidades, y las cosas que hao que tienen falta de testimonio en mi vida. Me he quedado pensando en eso. Dice Génesis: ´Y vio Dios la luz que era buena Gen 1:4.
Uno de estos días a solas en un pequeño hostal de Guatemala vi la bondad de Dios en los primeros rayos de sol y recordé este versículo de Génesis donde expresa que Dios vio la luz que era buena. Con complacencia, placer y satisfacción vio la luz y vio que era buena.Si Dios hizo la luz, él ve la luz con peculiar interés porque él mismo es LUZ.Y si él mismo es luz y él mora dentro de mí«entonces dentro de mí hay luz hoy y Dios ve esa luz y la ve buena.Dios nunca pierde de vista el hermoso tesoro que ha puesto dentro de nosotros, ese tesoro es su luz. Dios nunca la pierde de vista. Algunas veces yo mismo no veo luz dentro de mi, es como si algo me impulsara a solo ver las tinieblas, las sombras y las oscuridades, pero Dios siempre ve la luz y la ve muc

ho mejor de lo que yo la veo. Dios ve lo que yo no veo o lo que no quiero ver que ya está dentro de mí. Es muy confortable para mi pensar que Dios me ha hecho un miembro de su familia y la Biblia dice que el Señor conoce a los que son suyos y los que son suyos tienen la luz de Dios dentro de sus vidas. Hoy he reflexionado seriamente sobre estas verdades. A veces yo no veo luz en mi, pero Dios si ve la luz en mi y él ve que es buena. Dios es la luz de mi vida y si lo tengo a él tengo la luz y las tinieblas ya no podrán inundar mi vida. El ojo tierno del Señor todavía mira dentro de mi ve la luz de su gracia derramada en mi corazón. El Señor nunca perderá de vista el tesoro que él en su amor ya ha colocado dentro de mí. Se que algunas veces no puedo ver la luz en mi, pero el Señor siempre la ve. Hoy quiero pedirle a Dios que me abra los ojos espirituales para poder ver su luz en mí.´Señor, Gracias por darme luz cuando en mi no la había, quiero vivir en esa luz. Tú eres la luz de mi vida. Cuando en tinieblas andaba llegaste como la luz de mi vida. Esa luz está en mí, está dentro de mí. A veces yo no la veo porque estoy siempre listo para ver las sombras « pero tu vez esa luz. Hoy quiero vivir en esa luz y compartir esa luz con quienes no la tienen. Amén.