Lo grato de lo ingrato II parte

II.                    Dios nos empuja a los lugares altos por medio de LA DECEPCIÓN

David y sus hombres fueron entregados por los habitantes de Keila, note lo que dice el texto: Y los hombres de Keila no protegieron a su libertador, ¡sino que trataron de entregarlo a Saúl! ¡Cuán perverso es el corazón humano que la gracia de Dios no ha tocado!
No hay experiencia más dolorosa que ser decepcionado, que nuestros seres queridos están siendo limitante en nuestro crecimiento. ¿Qué de bueno se puede sacar de la decepción? Que no debemos confiar en los hombres, que no debemos entregar nuestro corazón ni fundar nuestra vida en una relación con los hombres.  Es Dios quien escoge y con quien debiéramos tener nuestra más importante relación.  Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová Jeremías 17:7 El hombre siempre estará en riesgo si confía en los hombres, nuestra confianza es Dios el único fiel e inmutable.

· Habitando en lugares altos. Dios le dijo vienen tus enemigos, serás entregado por tus amigos, pero hubo algo que se guardo, para manifestarlo en el momento oportuno. David recorrió errante el desierto hasta que Dios le indico donde debían ir, fue empujado por difíciles situaciones, pero aun allí Dios mostro cual era su perfecta voluntad, no era voluntad de Dios evitar que Saúl le persiguiera, de hecho Dios puso a David en medio de este conflicto. Dios permitió que David fuera traicionado, porque quería manifestarse a El. Hermano te has propuesto servir a Dios con todo tu corazón, si es así serás perseguido, si es asís serás decepcionado, si es así, veras también la mano de Dios, por medio de una palabra de Dios. El enjugara toda lagrima el dará provisión para el día de angustia Dios es fuerte y poderoso. Jehová en las alturas es más poderoso, Que el estruendo de las muchas aguas, Más que las recias ondas del mar. Salmo 93:4

Que glorioso es esto, Dios no impidió la persecución ni las obras de enemigo pero si guardo a David todo el tiempo. El estuvo en lugares desérticos en altas laderas, y habito en un monte, o sea siempre fue llevado a lugares altos. Cuando somos perseguidos lo normal es que el miedo y el dolor nos deje sordos alejados de Dios y de su servicio pero un hombre de Dios se mantiene firme en el monte de Dios, en el lugar de su presencia inquiriendo mas de El, el hombre experimenta una nueva relación con Dios, le ha conocido mas, Cuantos hoy están luchando contra circunstancias apremiantes, si eres fiel y vives así, gózate, Dios te está empujando a los lugares altos, te está forzando a fortalecer tu vida.

 

III. Dios nos empuja a los lugares altos por medio de LA TRAICIÓN

Confiar en la naturaleza humana nos puede deparar sorpresas, y algunas de ellas lamentables. Tenga cuidado con lo que espera de los demás, podría llevar alguna que otra sorpresa. La ciudad estaba siendo atacada, y en ese ataque estaba perdiendo. Hasta que David con sus hombres la defienden y la libran de aquél ejército invasor. Cualquiera diría que la gratitud sería la respuesta lógica pero no, aquellos le iban a pagar con la traición.  Aun estando en la voluntad de Dios uno  no encuentra siempre la gratitud.  David estaba haciendo algo muy bueno por aquella ciudad, además David estaba haciendo lo que Dios le había revelado, pero aún así la ingratitud fue la respuesta. No se sorprenda por esto, tampoco deje de hacer, simplemente ponga su expectativa en Dios.

Claro que es gratificante el ser reconocido, pero a la luz del mundo en el que vivimos le aconsejo no estar atado en dependencia a ese tipo de gratificación ¿Por qué? Porque aunque la merezca, habrá oportunidades en que no se la den. ¿Y qué va a hacer usted frente a ello? ¿Dejar de hacer? No! Ese es el camino que muchos han transitado y ahí están, apagados, masticando el remordimiento por el reconocimiento que no se les dio. La gente va a pagarle su bien, a veces, con mal. Lo que usted debería hacer es seguir respondiendo a ese “mal” con el hacer el bien. Romanos 12:17-21 TLA Si alguien los trata mal, no le paguen con la misma moneda. Al contrario, busquen siempre hacer el bien a todos…. (21) No se dejen vencer por el mal. Al contrario, triunfen sobre el mal haciendo el bien. Sin embargo a pesar de esas tres cosas que vivió David, vemos más adelante dos grandes bendiciones que recibió. Primero llegó  a un lugar fuerte o alto donde dice que “Dios no lo entregó en sus manos”. O sea que Dios siempre lo protegió. Pero luego en los versículos 16-18, encontramos que Dios envió un ministro que lo alentara y además usó a Jonatán  para volver a confirmar el llamado de David. El pueblo que David había intentado ayudar lo había traicionado. Cuando nos ha traicionado  varias veces, corremos el riesgo  de volvernos paranoicos y cínicos; podemos llegar a convencernos  de que no se puede confiar en nadie. Dios estaba recordando a David que no debía volver  su espalda a la confianza. En efecto, Dios le estaba diciendo: “Puedes confiar en que yo cumpliré lo que te he prometido y en que Jonatán no te volverá la espalda. Así que en este lugar alto David encuentra tres cosas. Primero la protección de Dios fue garantizada. Segundo  la presencia de gente de que todavía le amaba es reafirmada, es decir, Jonatán y Abiatar  estaban apoyando a David. Y tercero y la promesa de que siempre sería el rey era confirmada. Dios había dicho que David  sería Rey y se le recuerda nuevamente. Con esas tres cosas podía mantenerse firme y seguro ante la persecución, decepción y la traición. Es más estas cosas lo llevaron al lugar alto donde la protección de Dios era real, la presencia de los que le amaban era leal, y la promesa de su reinado sería su final.

Lo grato de lo ingrato

Mas entendiendo David que Saúl ideaba el mal contra él, dijo a Abiatar sacerdote: Trae el efod. 10Y dijo David: Jehová Dios de Israel, tu siervo tiene entendido que Saúl trata de venir contra Keila, a destruir la ciudad por causa mía. 11¿Me entregarán los vecinos de Keila en sus manos? ¿Descenderá Saúl, como ha oído tu siervo? Jehová Dios de Israel, te ruego que lo declares a tu siervo. Y Jehová dijo: Sí, descenderá.12Dijo luego David: ¿Me entregarán los vecinos de Keila a mí y a mis hombres en manos de Saúl? Y Jehová respondió: Os entregarán. 13David entonces se levantó con sus hombres, que eran como seiscientos, y salieron de Keila, y anduvieron de un lugar a otro. Y vino a Saúl la nueva de que David se había escapado de Keila, y desistió de salir. 14Y David se quedó en el desierto en lugares fuertes, y habitaba en un monte en el desierto de Zif; y lo buscaba Saúl todos los días, pero Dios no lo entregó en sus manos1 Samuel 23: 9-14

 

Parece un juego de palabras solamente. Pero es una realidad, cuando el hombre es ingrato con uno aparece lo grato que es Dios con uno. Siempre he pensado que misteriosos caminos nos toca enfrentar en el servicio al Señor, a veces estamos en medio de una batalla entre el poder de los hombres y la voluntad de Dios. ¿Cómo debemos enfrentar la voluntad de Dios? ¿Cuál debe ser nuestra conducta y como Dios actúa en medio de las adversidades?, ¿Que medios Dios usa para llevarnos a lugares de bendición?, ¿Cuánto tendremos que esperar para ver cumplirse las promesas de Dios? Llego a la conclusión que todo lo apremiante de nuestras vidas es usado por Dios para llevarnos a su presencia, a los lugares altos y seguros donde conoceremos su poder.

Al leer este pasaje no deja de sorprenderme lo injusto que puede ser el hombre pero lo justo que puede ser Dios. En esta narración hallamos a un David, al que se le puede llamar  el rey ungido pero sin trono de Israel. David  se encontraba en una difícil situación, después de, haber liberado la ciudad de Keila de la mano de los filisteos. Esta misma ciudad a la que había servido, se había convertido en una trampa para El y sus hombres. Y eso se debía a que  Saúl, al enterarse que David estaba encerrado dentro de los muros de keila, organizó sus ejércitos y marchó rumbo a la ciudad para sitiarla y destruirla y así  poder exterminar a David.

David al enterarse de tan complicada situación acudió al sacerdote Abiatar quien contaba con el efod: Un efod era un chaleco sin mangas, hecho de lino, que usaban los sacerdotes. El efod del sumo sacerdote era de colores brillantes y llevaba un pectoral con doce piedras preciosas que representaban cada una de las tribus. El Urim y el Tumim se guardaban en un saquito dentro del efod del sumo sacerdote. Era un implemento sagrado que servía para comunicarse con Dios de una forma misteriosa David fue advertido que Saúl le perseguía, que los habitantes de Keila, le entregarían…o sea David estaba en peligro, pero sin saberlo estaba siendo empujado para forjarse y alcanzar una nueva experiencia con Dios. La escala militar de Saúl provoco que los habitantes de la ciudad que antes habían sido salvados por David, estuvieran dispuestos a traicionarlo y entregarlo, pues Saúl, era el poderoso y temido rey al cual nadie quería tener de enemigo. Dios está tratando con David, después de la victoria.  David tuvo que retroceder, y fue empujado por Saúl al desierto. Donde iba a descubrir la difícil lección de soportar las aflicciones y ver aun así la mano de Dios a su favor. Pero todo lo que David estaba viviendo era para ser llevado a lugares altos. Dios a veces permite que nos empujen, que nos fuercen a crecer y alcanzar el nivel de madurez que el exige de sus hijos, somos empujados a los lugares altos a través de persecución y decepción.  ¿Cuál es el proceso que Dios usa para empujarnos a niveles más altos en nuestra vida?

  1. I.                    Dios nos empuja a lugares altos por medio de la PERSECUCION

Esta persecución puede tener dos niveles, los cuales se manifiestan en el texto.

  1. A.     La persecución invisible

Durante este relato, podemos ver el funcionamiento de un poder muy importante, un poder que utilizan los políticos, los guerreros así como todo los que ejercen un cierto poder. Del primer verso hasta el fin del relato, podemos observar que varios personajes se controlan uno al otro. La institución del espionaje funciona manifiestamente.  Es el método del rumor, del que muchos usan, es el poder que está detrás de la expresión: “es que la gente dice” o “la gente necesita” o “la gente no está conforme”, etc.

”Y DIERON aviso á David…” (23:1)
”Y  FUE DICHO  á Saúl que David había venido á Keila…” (23:7)
”Mas ENTENDIENDO David que Saúl ideaba el mal contra él…” (23:9)
”Y VINO LA NUEVA  á Saúl de como David se había escapado de Keila…” (23:13) 


Esta técnica es de uso muy preferido por parte de enemigo de nuestras almas. El presionar en  la vida de un hombre de Dios con la fuerza del rumor, del descontentamiento  interno  de una comunidad o de un pueblo. Es obvio que la primera cosa que un hombre de Dios debe saber es que su vida y llamamiento, su ministerio y su funcionamiento constantemente es observado por enemigos o por amigos insatisfechos (que al final son enemigos asolapados). La presión pudo haber venido desde dos fuentes. Por un lado estaban los hombres de David que en un principio no estaban muy seguros que ir a Keila era una buena idea. Note lo que sucedió en el capítulo 23:1-4.  Allí David sabe del problema y le pregunta a Dios si debe ayudar a los de Keila. Dios le contesta que sí. Y cuando se lo hace ver  a sus hombres, no hay, digamos un gran entusiasmo por embarcarse en tal aventura. Una vez más David le pregunta a Dios, y Dios le reafirma que sí tiene que ir. Así que va y vence. Sin embargo ahora la gente de Keila tiene intenciones de traicionarlo. ¿Cómo creen que se sentirían los hombres de David? ¿Qué clase de presión estarían ejerciendo contra su líder?

  1. B.      La persecución imprevisible

Para mí una cosa curiosa del texto es que los hombres de David le tenían temor a los filisteos, pero no veían a los de Keila como potenciales enemigos, ni aún al mismo Saúl. Y es que una cosa que tus enemigos sean los enemigos de Dios y otra que los amigos de Dios tus sean  propios enemigos.  En realidad el mayor potencial de peligro para la seguridad de David era los de Keila y Saúl.

  1. C.      La persecución visible

Los Saúles actuales pretendiéndose ser hombres de Dios pueden fácilmente rogar contra nosotros, oponiendo así el alma al espíritu.  Las noticias decían que el rey había movilizado todo su poder para atrapar a David. El poder real era invencible esto hizo que David fuera  forzado a huir hacia el sur, a los desiertos. La vida cristiana está rodeada de victorias, pero también inevitablemente por la presencia permanente de nuestro adversario. Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo 1 Pedro 5:8-9 La advertencia sobre la realidad de que tenemos un enemigo que nos acecha y del cual no debemos confiarnos, y su manifestación siempre será en oposición a que nos afiancemos en la voluntad de Dios. Esta persecución del diablo es terrible, en el mundo cuántos hijos de Dios han visto los dientes rabiosos del diablo que quiere detenerlos, cuánta sangre de santos mártires ha sido derramada, pero ¿que ha provocado eso?, que cuando muere un cristiano miles se levantan a tomar su lugar. De una u otra forma los cristianos fieles serán perseguidos por el diablo, los mediocres no, ellos no son peligro para el infierno, pero cuando un hombre o una mujer, se decide a hacer la voluntad de Dios a pesar de todo, la ira del enemigo se enciende y con muchas artimañas, busca destruirlo. ¿Qué haremos ante una persecución?…la respuesta está en 2 Pedro 5:9 resistir, permanecer, firme en la fe…o sea mantenerse en la palabra de Dios, obedeciéndola aunque nuestra provisión no esté asegurada, de hecho David tuvo que resistirle a Saúl. Resistir es un esfuerzo agotador, es estar firme a uno y otro ataque, a las amenazas, a las tentaciones, a los tropezaderos que a veces aparecen en nuestro camino.

Las nubes grises también forman parte del paisaje… V parte

VIII.                    Octava Lucha: Confundir existencia lograda con existencia realizada.

Cuando miramos la vida de Abraham, en Génesis capítulo 11, encontramos algo muy interesante. En Génesis 11:31, se nos dice que Abraham salió de Ur de los caldeos en dirección a Canaán. Pero en el 31 dice que salió Taré, su padre, con Abraham su hijo, y con Lot su sobrino, y Sarai su nuera. Y salieron de Ur de los caldeos para ir a la tierra de Canaán, y vinieron hasta Harán y se quedaron allí. Interesante. Dios llamó a Abraham para que saliera de Ur hasta Canaán, pero se quedaron en Harán. Y Harán, amados hermanos, está en la frontera entre Mesopotamia y Canaán. Alguien ha dicho que hay cristianos que son cristianos de fronteras; es decir, que salen del mundo, pero no totalmente, y entran a la realidad de la iglesia, pero no totalmente. El mundo los encuentra ‘aburridos’, claro, porque no están plenamente involucrados con el mundo; pero en la iglesia no son espirituales. No pueden serlo; están allí indecisos, para allá y para acá. Génesis 12:4 dice: “Y se fue Abram como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán”. No se nos dice cuánto tiempo estuvo en Harán, porque los días de Abraham en Harán no cuentan para Dios. En su historia espiritual, esos días están muertos. Abraham comienza su vida espiritual a los setenta y cinco años. Cuando leemos toda la vida de Abraham, nos damos cuenta que él vivió ciento setenta y cinco años; esa es la vida terrenal. Pero espiritualmente vivió sólo cien, de los setenta y cinco a los ciento setenta y cinco de su vida. Y aun tendríamos que ir recortando por ahí entremedio, como vamos a ver, y entonces no quedan ni cien. Porque si nosotros miramos el capítulo 16, en el último versículo, 16, dice: “Era Abraham de edad de ochenta y seis años, cuando Agar dio a luz a Ismael”.  Y después en el 17:1 que sigue a continuación, dice: “Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto”. ¿Qué pasó entre los ochenta y seis y los noventa y nueve? No se registra. Pero en esos trece años, hermanos, ¿qué ocurrió en la vida de Abraham? En esos trece años creció Ismael, el hijo de la carne. Así es que de los cien años de la vida espiritual de Abraham, tenemos que recortar trece. No están registrados, no tienen valor espiritual. Imaginemos que nuestra vida espiritual es como una larga cinta. Ahí está nuestra vida entera. Y podemos imaginarnos un ángel de Dios con una tijera en la mano, diciendo: “Vamos a empezar a recortar ahora todos los años que no sirven, todos los años que no quedan registrados”. ¡Ay! Algunos de nosotros tenemos mucha pérdida, muchos años de pérdida. El Señor tenga misericordia de nosotros.  Cuando miramos la Escritura, encontramos una cosa interesante cuando Israel sale de Egipto. Desde que sale de Egipto, hasta que llega a Cades-Barnea, es decir, hasta la frontera de Canaán, pasaron dos años. O sea, en dos años después de salir de Egipto, Israel pudo haber entrado en la tierra prometida. Pero hubo cuarenta. ¿Qué pasó con los otros treinta y ocho? Alguien ha calculado que bastaban once días para recorrer ese tramo desde el monte Horeb hasta Cades-Barnea. Porque no olvidemos que la mayor parte del tiempo estuvieron recibiendo la ley, acampados alrededor del monte Sinaí. ¿Qué haremos, estimado lector? ¿Cómo estamos contando nuestros días? Por eso, nos conviene orar como Moisés oraba, y decirle al Señor: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría”. Leamos Joel 2:25. Vamos a leer esta palabra como una promesa de Dios para nosotros; vamos a leer este versículo y nos vamos a aferrar a esta palabra. Vamos a decir: “Señor, hoy tú nos has dado tu ‘palabra’, hoy tú nos has traspasado con esta palabra y nos has llenado el corazón de esperanza”. Es el Señor el que nos habla: “Y os restituiré los años -hermanos, qué preciosa es esta palabra- los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros”. ¿Qué representan estos insectos? Son todos aquellos elementos, aquellas carnalidades, aquellas pruebas que no superamos, aquellas tentaciones ante las cuales sucumbimos. Representan aquellas apostasías de nuestro corazón, aquellos días cuando nosotros nos levantamos e interpusimos una nube que nos separaba de Dios. Los años que demoramos en arrepentirnos, en volvernos a Dios. Son esos largos meses y años en los cuales anduvimos acariciando un pecado en el corazón, o una rebelión, y tratamos de cubrirla y de taparla, pensando que Dios no la veía. Oh, queridos lectores, hay un daño que el enemigo ha producido en nosotros. Hay un daño que nosotros mismos hemos producido por nuestra rebelión. ¡Hay una pérdida! Pero he aquí el Dios de misericordia, el Dios de toda gracia nos dice: “¡Yo os restituiré el tiempo perdido! ¡Yo os devolveré esos años perdidos!”. ¡Oh, hermanos, llenémonos de esperanza, llenémonos de fe y cobremos esta promesa!  Señor, permítenos, en este corto trecho que nos queda, recuperar el tiempo perdido, dar fruto a ciento por uno. Si alguna vez dimos a treinta, queremos dar a cien, y de esa manera ir recuperando los años y los meses perdidos, nuestros largos años de extravío, sea en el mundo o sea después de haber creído. Tenemos la posibilidad de que nos sean restituidos. ¡Cómo no bendecir al Dios de nuestra salvación! ¡Cómo no darle a él la gloria y la alabanza! ¡Cómo no declarar: Señor, extiende hasta nosotros tu misericordia! Sí, Señor, condúcenos de la mano, rompe nuestras durezas; derriba nuestros pensamientos altivos, trabaja en nuestro corazón, hasta que te seamos un pueblo sin nubes en el horizonte. ¿Lo creeremos? ¿Lo esperaremos? Si hay alguien aquí que lee esto  sin conocer al Señor, este es el día en que su vida empiece a ser registrada en los cielos, de que su historia empiece a ser consignada. Es necesario volverse de la necedad a esta sabiduría para contar nuestros días. Hay en el Salmo 84 una preciosa verdad: “Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos”. Pidámosle al Señor que cada día de los que vamos a vivir en sus atrios de aquí en adelante reemplacen a esos mil días perdidos, cada uno. Porque en Cristo sí podemos obtener provecho, podemos dar fruto. En Cristo podemos redimir el tiempo. No dejemos que los días transcurran imperceptiblemente; no dejemos que el tiempo pase como si no hubiera nada que hacer. ¿Hemos engendrado hijos espirituales? ¿Hemos traído gloria para el Señor? ¿Estamos invirtiéndonos en él? Porque también un día sin nubes significa eso, una vida consagrada, recursos consagrados, familias consagradas. ¿Estamos haciéndolo? Hay mucho que hacer. Hay muchos que esperan que la luz brille desde aquí. Hay muchos que esperan ver la gracia de Dios. Hay muchos cautivos afuera. Hay muchos sumidos en el pecado. ¿Estaremos indiferentes? Que Dios nos ayude a levantarnos con fuerza, a levantarnos con autoridad, para que esta luz se encienda, y para que la salvación de Dios alcance a todos los confines de la tierra. Que así sea, en el nombre del Señor.

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VI.                    Sexta lucha: Confundir  existencia activa con  existencia efectiva

En Mateo 20:1-6. Encontramos  la conocida parábola de los obreros de la viña. “Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Saliendo cerca de la hora tercera, vio a otros que estaban en la plaza desocupados; y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron. Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo. Y saliendo cerca de la hora undécima…”. Noten que la hora undécima es la penúltima hora del día. Porque en el registro de los hebreos existían doce horas en el día desde el amanecer hasta el ocaso. Entonces, aquí quedaba una hora para que se terminara el día laboral, y a esa hora, “…halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados?”. Noten ustedes que la palabra ‘desocupados’ aparece tres veces. ¿Qué significa esto, espiritualmente hablando? Hermanos, la viña representa la obra de Dios, representa el trabajo de Dios. Si nosotros estamos fuera de la viña, estamos desocupados. No importa cuántas cosas hagamos en nuestra vida, cuántos planes desarrollemos, cuántas empresas creemos, cuánta riqueza acumulemos, ¿cuál es el concepto de Dios para toda nuestra vida fuera de la viña? Es un tiempo desocupado; es decir, no hay labor, no hay obra alguna, no hay nada. No cuenta, no existe. La viña es el ámbito de nuestro trabajo. Es en la viña donde nosotros podemos invertir el tiempo, y ser hallados útiles, ocupados, dando fruto. Eso no significa, que estar en la viña sirviendo allí como los que entraron en la viña aquí en la parábola signifique dejar nuestros trabajos, dejar todas las ocupaciones terrenales y dedicarnos a servir al Señor a tiempo completo. No significa eso. Significa, simplemente, estar haciendo precisamente lo que Dios quiere que hagamos, estar en el centro de su voluntad, estar en el lugar preciso. ¿Estás tú, amado hermano, en el lugar preciso? ¿O estás fuera de la viña? Tal vez haya mucha obra que tú estás haciendo para Dios, pero todavía estás fuera de la viña. Porque es su viña, no nuestra viña; son sus labores, no son nuestras labores. Creo que todos los siervos de Dios, en algún momento de nuestra vida, cuando estamos muy afanados sirviendo al Señor, y cuando estamos muy desgastados sirviendo al Señor, llega un momento en que nos agobiamos. Y entonces nos preguntamos: “¿Estoy realmente haciendo la obra de Dios?”. Y esa pregunta puede traer un gran remezón, y puede traer un verdadero descalabro en nuestra vida. Todo lo que hagamos fuera de la viña será tiempo perdido, serán labores inútiles, serán obras sin valor para Dios. Este día de doce horas de estos obreros, desde las seis de la mañana hasta las seis de la tarde, representa para nosotros toda nuestra vida. Tal vez estemos en la hora undécima, a las cinco de la tarde. Falta una hora para que se cierre la puerta. ¿Estamos fuera, desocupados? ¿Haciendo muchas cosas para nosotros, pero nada para Dios?

VII.                  Séptima lucha: Confundir existencia  de lucir con existencia de servir.

Cuando miramos en Nehemías capítulo 3, encontramos una cosa muy interesante. Es el registro pormenorizado y acucioso de la obra de la reedificación de los muros de Jerusalén en los días de Nehemías. Este capítulo entero, con sus 32 versículos, da cuenta de cuál fue la obra específica que cada uno de los restauradores realizó en el muro. Podemos decir también que este registro que está aquí es el registro que hay en los cielos acerca de nuestra labor, acerca de nuestra obra espiritual. ¿Qué es lo que hacen los obreros en la viña? Hacen muchas labores, sin duda; y el registro de esas labores, por decirlo así, está aquí en Nehemías capítulo 3. Si ustedes tienen tiempo, en su casa, lean este capítulo, y van a encontrar muchas cosas interesantes. En el versículo 5, por ejemplo, dice: “E inmediato a ellos restauraron los tecoítas; pero sus grandes no se prestaron para ayudar a la obra de su Señor”. Aquí hay unos que trabajaron -los tecoítas-, pero los grandes de los tecoítas, los dirigentes, no se prestaron para ayudar a la obra de su Señor. Es decir, que queda registrado, hermanos, no sólo quiénes son los que trabajan, sino también quienes son los que no trabajan. Los tecoítas fueron ejemplares. Ellos hicieron su parte. Y vean ustedes el versículo 27: “Después de ellos restauraron los tecoítas otro tramo, enfrente de la gran torre que sobresale, hasta el muro de Ofel”. O sea, los tecoítas hicieron su parte, aunque sus grandes no los acompañaron, y además de eso hicieron otra parte, otro tramo. Ejemplares los tecoítas. Versículo 12: “Junto a ellos restauró Salum hijo de Halohes, gobernador de la mitad de la región de Jerusalén, él con sus hijas”. Este hombre no tenía hijos hombres. Él podría haberse cruzado de brazos y haber dicho: “Yo no puedo; tú no me diste hombres, Señor, no te puedo servir”. Pero aquí encontramos que las hijas suplieron la falta de hombres, y restauraron la parte del muro que les correspondía. Versículo 20: “Después de él Baruc hijo de Sabai con todo fervor restauró otro tramo desde la esquina hasta la puerta de la casa de Eliasib sumo sacerdote”. Noten la frase ‘con todo fervor’. No sólo cuenta lo que hacemos, sino cómo lo hacemos, con qué devoción lo hacemos; si ponemos o no el corazón en ello. ¿Lo hacemos por deber, o por un deseo genuino de servir? Eso también queda registrad

Las nubes grises también forman parte del paisaje… III parte

IV.                    Cuarta Lucha: Confundir existencia gris con existencia feliz.

Sin embargo, aun nosotros, los hijos de Dios, los que llevamos cinco, diez, quince o veinte años de haber creído, delante de Dios, a los ojos de Dios, nuestros días, nuestros años, no son contados a la manera como son contados los días y los años en la tierra. Hemos de saber, hermanos, que si nosotros nos convertimos al Señor hace cinco años, no significa eso que delante de Dios tengamos una edad de cinco años. Pudimos haber nacido hace veinte años atrás, haber nacido de nuevo, pero nuestra edad espiritual probablemente no corresponde con los veinte años. ¿Cómo cuenta Dios los años de su pueblo? Vamos a ir a 1 Reyes 6:1 para ver el registro que hace acerca de los años que transcurrieron desde que Israel fue sacado de Egipto hasta el año en que Salomón comenzó a edificar el templo. Es interesante este versículo; le vamos a prestar mucha atención. Dice: “En el año cuatrocientos ochenta después que los hijos de Israel salieron de Egipto, el cuarto año del principio del reino de Salomón sobre Israel, en el mes de Zif, que es el mes segundo, comenzó él a edificar la casa de Jehová”. Es decir, aquí se nos dice que pasaron cuatrocientos ochenta años desde la salida de Egipto hasta el cuarto año del reinado de Salomón cuando él comienza a edificar la casa. Cuatrocientos ochenta años, lea bien. Vamos a ir ahora a Hechos 13:18, y vamos a ver cómo es la cronología que nos muestra aquí el apóstol Pablo, predicando en este pasaje. “Y por un tiempo como de cuarenta años los soportó en el desierto”. Es decir, desde que salió de Egipto el pueblo, aquí ya tenemos cuarenta años en el desierto. Versículo 19: “…y habiendo destruido siete naciones en la tierra de Canaán, les dio en herencia su territorio. Después, como por cuatrocientos cincuenta años, les dio jueces hasta el profeta Samuel“. Entonces aquí sumamos cuatrocientos cincuenta a los cuarenta años en el desierto.  Versículo 21: “Luego pidieron rey, y Dios les dio a Saúl hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, por cuarenta años“. Aquí sumamos otros cuarenta años. Versículo 22: “Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero”. En otra parte de la Escritura sabemos que David reinó cuarenta años. Y después vino Salomón, que al cuarto año comenzó a edificar el templo. Si nosotros sumamos las cantidades en este registro de Hechos, vamos a ver que es distinto a los cuatrocientos ochenta años que menciona 1 Reyes 6. Hagamos la suma: Israel en el desierto, son cuarenta; en el tiempo de los jueces, cuatrocientos cincuenta; Saúl, cuarenta; David, cuarenta; más tres de Salomón, son quinientos setenta y tres años, contra los cuatrocientos ochenta de que habla Reyes. La diferencia es de noventa y tres años. ¿Hay un error en la Biblia? Miremos el libro de los Jueces. En el versículo 3:8 dice: “Y la ira de Jehová se encendió contra Israel, y los vendió en manos de Cusan-risataim rey de Mesopotamia; y sirvieron los hijos de Israel a Cusan-risataim ocho años“. Aquí tenemos ocho años en que Israel estuvo bajo el dominio de un rey de Mesopotamia. Versículo 14: “Y sirvieron los hijos de Israel a Eglón rey de los moabitas dieciocho años“. Sumemos ocho más dieciocho. Jueces 4:2-3: “Y Jehová los vendió en manos de Jabín rey de Canaán, el cual… había oprimido con crueldad a los hijos de Israel por veinte años“. Sumemos veinte años. Jueces 6:1: “Los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en manos de Madián por siete años“. Sumemos siete años. Jueces 13:1: “Los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en manos de los filisteos por cuarenta años”. Sumando todos los años, nos da noventa y tres.  (En el conteo no se toma en cuenta los jueces que de alguna manera fueron contemporáneos y se cuentan sólo como gobernando a Israel).  Esto nos da un indicio  que una es la historia terrenal que nosotros podemos tener, y otra es la historia espiritual. La historia terrenal puede tener muchos más años, puede tener estos quinientos setenta y tres años; pero la historia espiritual no cuenta aquellos años en los cuales nosotros servimos a otro dios, en los cuales estuvimos sirviendo al hombre, en los cuales nos extraviamos de Dios. Por eso decíamos que la historia espiritual desde que nosotros nos convertimos hasta aquí, seguramente es muy distinta de los años terrenos que podemos contar. ¿Cuál es nuestra edad espiritual? La edad espiritual nuestra considera solamente aquel tiempo que nosotros nos hemos consagrado, aquel tiempo que nosotros hemos tenido al Señor Jesús en primer lugar en nuestra vida; solamente considera aquel tiempo en que nuestra vida estuvo centrada en él. Pero, cada vez que nos apartamos, entonces se detiene el registro en el libro de los cielos. Hay un silencio, como si nada hubiese ocurrido.

V. Quinta lucha: Confundir existencia de calidad con existencia de cantidad

Ustedes saben que antes que se inventaran los relojes como los que conocemos hoy, existieron relojes de arena y relojes de sol. En el antiguo Egipto había relojes de sol. Y en uno de esos relojes, que se conserva hasta el día de hoy, hay una inscripción sumamente interesante, que dice: “Registro el tiempo sólo cuando no hay nubes”. Nuestra vida espiritual, amados hermanos, es como nuestra relación con el sol, porque sabemos que el Sol de justicia es Jesucristo. Sólo cuando nuestros días están sin nubes, sólo cuando no hay pecados entre nosotros y el Señor, sólo cuando no hay rebeliones, entonces Dios registra los días -espiritualmente hablando- de nuestra vida. ¡Cuántas nubes ha habido! Tal vez de nuestros veinte o treinta años terrenales después de haber creído, es probable que haya sólo unos pocos días sin nubes. ¿Cómo ha sido nuestra relación con el Señor? Quisiera proponerles esta figura: es una ilustración. Ustedes saben que la tierra gira en torno al sol, y cada órbita demora trescientos sesenta y cinco días y seis horas. Es lo que se conoce como el movimiento de traslación de la tierra. Para graficar esta enseñanza, imaginémonos que cada uno de nosotros somos la tierra, que va girando en torno del Sol de justicia que es el Señor. Y cada vez que algo se interpone entre nosotros y el Señor, se interrumpe nuestro movimiento traslatorio. Cada vez que algo surge, algo se interpone, entonces somos detenidos en nuestro movimiento alrededor del Sol. ¿Cuánto tiempo puede pasar hasta que nosotros hagamos una órbita y cumplamos un año, espiritualmente hablando? ¿Estamos detenidos o estamos avanzando en esta órbita? Porque es sólo mirando al Señor, sólo mirando a nuestro Sol de justicia, que nosotros nos movemos, avanzamos, maduramos, crecemos. Es una pregunta que todos nosotros debiéramos hacernos. La forma como Dios cuenta nuestros días es muy distinta a como nosotros contamos nuestros días o nuestros años. ¡Ay, cuánto tiempo perdido, cuántos años malgastados! ¡Cuánto tiempo hubo nubes que no permitieron que el reloj marcara el paso del tiempo! Algunos de nosotros hemos llegado a viejos, tenemos canas, se nos ha caído el pelo; estamos achacosos y estamos enfermizos… ¡y somos tan niños todavía, espiritualmente hablando!

Las nubes grises también forman parte del paisaje… II parte

II.                    La segunda lucha es:  es confundir  existencia con influencia

 Debemos entender que Dios mide nuestro tiempo de una manera totalmente diferente a la que nosotros lo medimos. Moisés fue criado en Egipto, en toda la grandeza de la cultura egipcia. Sin duda que allí había formas de medir el tiempo: relojes, calendario. Pero una de las cosas principales que nosotros tenemos que entender cuando se trata de medir y contar nuestros días es que la forma como los hombres cuentan los días es muy distinta a la forma como Dios lo hace. Veamos dos ejemplos, muy reales.  Consejo para esta lucha: Mi vida solo tiene impacto si soy hijo de Dios.

A.     Los días según la generación de Caín

Les invito a que miremos en Génesis capítulos 4 y 5. Génesis 4:17 nos habla acerca de Caín. Caín fue el primer hijo de Adán y Eva, que mató a su hermano Abel. Y en este capítulo se nos da la descendencia de Caín. En los versículos 17 y 18 dice: “Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Enoc; y edificó una ciudad, y llamó el nombre de la ciudad del nombre de su hijo, Enoc. Y a Enoc le nació Irad, e Irad engendró a Mehujael, y Mehujael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lamec”. Es interesante observar que cuando se habla acerca de los descendientes de Caín no se dice la edad de ellos, ni la edad en que engendraron a sus hijos, ni la edad en que murieron. ¿Por qué? Los descendientes de Caín no tienen años como para ser considerados delante de Dios. Su historia no cuenta delante de Dios. Los hijos de Caín representan a los hombres que nunca han nacido de nuevo, a los hombres que no tienen a Dios. Ellos no tienen una historia delante de Dios; están muertos. Dice la Escritura que por causa del pecado entró la muerte, y la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Por lo tanto, la condición de un hombre sin Cristo es la condición de Caín y sus herederos. Ellos no tienen una historia espiritual. No se sabe a qué edad nacieron de nuevo, porque nunca han nacido de nuevo; nunca se dice cuándo han engendrado un hijo espiritual, porque nunca lo han engendrado. Ellos no tienen una historia. Para Dios, no existe una historia en los descendientes de Caín.

B.      Los días según la generación de Set

En cambio, cuando leemos el capítulo 5, encontramos un panorama distinto. Aquí se nos muestra la descendencia de Set, el tercer hijo de Adán y Eva, que vino a reemplazar a Abel, que había sido muerto. Desde el versículo 3 encontramos la descendencia de Adán por la línea de Set: “Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set. Y fueron los días de Adán después que engendró a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió. Y vivió Set ciento cinco años, y engendró a Enós. Y vivió Set, después que engendró a Henos, ochocientos siete años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Set novecientos doce años; y murió”. Si seguimos leyendo, vamos a encontrar el mismo orden respecto a cada uno de estos patriarcas: se da primero su edad hasta cuando tienen el primer hijo; luego del primer hijo, cuántos años vivieron, y después, a los cuántos años murieron. La forma de relatar la descendencia de Caín es distinta a la forma de relatar la descendencia de Set. Distinto es con los hijos de Set. Desde Adán en adelante, hasta el último de estos grandes patriarcas, se nos muestra rigurosamente a qué edad engendraron un hijo, y cuántos años vivieron. La historia de ellos cuenta, está escrita en los libros de los cielos, en los registros celestiales. Set fue el sustituto de Abel. Y esto nos habla de este nuevo hombre que viene a nacer en Cristo Jesús. Nosotros, los que creemos en Cristo, hemos nacido de nuevo. Aunque Abel -el antiguo hombre- murió, hay un Set, hay un nuevo hombre, dentro de nosotros. Y este nuevo hombre espiritual puede engendrar hijos espirituales, y también -al igual que Enoc- va a ser trasladado un día para estar para siempre con el Señor. Dos genealogías diferentes, que nos muestran esta terrible realidad. Los descendientes de Caín, es decir, los hombres sin Cristo, no tienen una historia delante de Dios. Ellos pueden trabajar, pueden hacer planes, pueden acumular riquezas. Ellos pueden emprender grandes negocios, pueden amasar una fortuna en la tierra. Sin embargo, no tienen historia para Dios. El día que ellos vuelvan al polvo -porque de allí fueron tomados- nunca van a tener más opción de que sus nombres estén escritos en el libro de los cielos.

III.                  Tercera lucha: Creer que la existencia terrenal con existencia espiritual

Si vamos a Éxodo 12:2, encontramos un interesante principio espiritual. Dice: “Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año”. Aquí se está hablando del pueblo de Israel. Israel ha estado en Egipto por muchos años, esclavizado bajo el poder de Faraón. Y nosotros sabemos que Israel en Egipto es el hombre subyugado por el poder del diablo; es el hombre en el mundo, el hombre esclavizado. Pero he aquí la realidad gloriosa de los hijos de Dios. Llega un día en que Dios saca a los suyos de Egipto, en que Dios nos liberta del mundo. Y, ¿cuándo comienza, entonces, la historia de un hijo de Dios? Comienza el día en que nos apropiamos de la preciosa sangre de Jesús, el Cordero pascual. Ese día, nosotros nacemos de nuevo, y ese día, para nosotros, comienza nuestra vida. Por eso dice: “este mes”. “El mes de vuestra liberación, el mes en que yo los saco a ustedes de Egipto, el mes en que ustedes comerán la pascua, el mes y el día en que ustedes tomarán la sangre y la van a poner sobre la puerta de su casa; ese día será el comienzo de su vida. Desde ese día, ustedes van a comenzar a contar el año”. No importa que en ese momento hubiese sido septiembre. “No, a partir de ahora, va a ser enero para ustedes. Todo lo que quedó atrás, no importa. Eso no está registrado, eso está ignorado en los registros celestiales. Vuestra historia comienza aquí”. Amados hermanos, nuestra historia para Dios, esa que cuenta en los libros celestiales, comenzó el día cuando fuimos recibidos por Cristo. ¡Precioso día aquél! ¡Preciosa sangre la del Cordero pascual, con la cual nosotros hemos sido limpiados de nuestros pecados para siempre! ¿Por qué podemos alabarle así? ¿Por qué podemos adorarle así? ¿Por qué podemos proyectarnos en el espíritu para tocar a Aquel que está sentado en el trono? Porque hubo un día en que nosotros nacimos de nuevo. Ahí comenzó nuestra historia. ¡Bendita historia! ¿Tiene usted una historia espiritual? ¿Ha nacido de nuevo? ¿Ha vivido usted su éxodo, su salida de Egipto? ¿Ha sido rociado por la preciosa sangre de Jesús? ¿Ha comenzado este nuevo año, este año agradable de la buena voluntad de Dios? Una pregunta más específica: ¿Cuántos nacimientos tiene usted? Si usted tiene un solo nacimiento, si usted nació sólo de carne y sangre, si nació sólo de su padre y de su madre, entonces usted no tiene historia delante de Dios. ¡Es necesario nacer dos veces! ¡Es necesario nacer de lo alto! El Señor le dijo a Nicodemo: “Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:7). Porque lo que es nacido de la carne, carne es, y eso va al polvo, y eso desaparece, y no tiene trascendencia eterna. Pero bendita es la vida de Dios, que se nos ha metido en nuestros huesos. Nosotros hemos nacido dos veces; por tanto, moriremos una sola vez. Morirá nuestra carne, pero nuestro espíritu vivirá para siempre. En cambio, los que han nacido sólo una vez, ¡morirán dos veces! Morirán en este cuerpo, y morirán también en la condenación eterna. ¿Cuántos nacimientos tenemos? Son necesarios dos. Bendito sea el Señor, que nos ha agraciado. Sin embargo, no es porque seamos mejores que otros. No es porque hayamos cumplido una lista de méritos. Es porque la gracia de Dios nos ha alcanzado. Es porque un día nosotros estábamos sumidos, es porque un día nosotros estábamos oprimidos, y clamamos al Dios de los cielos, y él se nos manifestó, y él se nos reveló en la persona de Jesucristo. Oh, no es de los sabios, no es de los poderosos. Es de los que claman, es de los que gimen, ¡es de los que piden misericordia! ¿Ha venido usted hoy necesitado? ¿Ve usted en la condición en que se encuentra? ¿Está engrosando usted la descendencia de Caín, éstos cuya historia no cuenta, éstos cuyos años están ignorados para Dios, estos cuyas acciones por muy grandes que sean no les servirán de nada a la hora de ver los registros en los cielos o de dar cuenta a Dios? ¿Cómo cuenta el Señor los días del hombre? Los días del hombre cuentan para Dios desde el día en que ellos nacen de nuevo, en que ellos experimentan su pascua, la cual es Cristo y su sangre derramada en la cruz del Calvario. Los demás no tienen historia.

Las nubes grises también forman parte del paisaje…

El  canta autor Ricardo Arjona dice: “o aprendes a querer la espina o no aceptes rosas…las nubes grises también forman parte del paisaje…” Su metáfora nos dice que tanto en la vida como en las relaciones siempre hay cosas que no nos gustan pero que es imposible deshacerse de ellas… sabia reflexión. Parece ser que la Biblia contempla lo mismo, sólo que las nubes grises de la vida, para Dios no cuentan. Es muy hermoso pensar que Dios evalúa nuestros días y aciertos de una manera totalmente diferente.  He estado pensando en la vida, y lo rápido que pasa el tiempo. A veces uno puede tener la sensación de haber perdido el tiempo, de haber existido sin sentido y que ha habido días tan desatinados, ya sea por los errores que uno ha cometido, porque nos hemos alejado de Dios, o simplemente porque nos hemos enfriado. Parece que hubo personajes que lucharon con esa sensación de inutilidad, esterilidad y decepción en la vida. Quisiera hacer un intento para entender como Dios mira nuestra existencia. Vos a usar algunos personajes bíblicos y algunos conceptos que están en el texto para observar como Dios interpreta nuestra existencia. Empecemos por las luchas con la esterilidad de la vida.

 

  1. I.                    La primera lucha es: Confundir  existencia cronológica con existencia kairológica.

El cronos es el tiempo lineal de la existencia, el kairós es el tiempo puntual de Dios. Es el momento de Dios para lograr sus planes en nuestra vida. La Palabra dice: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Salmo 90:12)… “Hazme saber, Jehová, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy” (Salmo 39:4). El salmo 90 es una oración, y es la oración de Moisés, varón de Dios. Este es uno de los salmos más profundos de todo el salterio. El tema es la eternidad de Dios y la transitoriedad del hombre. Moisés, probablemente a los ochenta años de su vida, sentía que estaba llegando al final de sus días, porque en el versículo 10 nos dice que “los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos”. Probablemente a esa edad, a los ochenta, Moisés todavía en el desierto sentía que su vida se le escurría, y se daba cuenta que no había hecho nada de lo que alguna vez soñó. Todos sus ideales, sus proyectos de juventud, sus planes, cómo él quería servir a Dios, todo eso se había frustrado. Se siente como abatido, se siente como bajo la mano de la ira de Dios. Siente que la vida es como un sueño, como la hierba que crece en la mañana y luego en la tarde es cortada y se seca. A esa edad, Moisés probablemente estaba confundido. Lo curioso es que Moisés cree que está al pun de su final, y no sabe que lo mejor está por venir en él. De hecho le faltaban 40 años del mejor ministerio existente en la historia de Israel. Consejo para esta lucha: Cuando  piense que está al final de la vida, es probable que Dios tenga en mente unos años grandiosos por venir. ¿Cómo hace Moisés para poder animarse en medio de ese pensamiento?

Primero, Por medio de la oración evaluativa. Esto es orar para evaluar. Evaluar es darle sentido a la vida. Es darle sentido al presente. Dice Moisés: “Enséñanos a contar nuestros días”. Contar aquí es, aprender, a tener un conocimiento íntimo de lo que nos pasa en cada día. No sabemos vivir, no sabemos cómo conducirnos, para que vivamos sabiamente. Si la vida es corta y la vivimos mal, habremos perdido nuestra única oportunidad. Porque nos es dada una porción de tiempo breve. Es necesaria la sabiduría para vivirla adecuadamente.  Así que una buena herramienta es la reflexión la oración diría sobre la vida.

Segundo, una oración declarativa. Declarar es esperar y esperar es darle sentido al mañana. En el salmo 39, es David el que habla. También está acongojado, hay dolor en su alma, hay abatimiento. Entonces, también ora a Dios. “Hazme saber mi fin, y cuánta sea la medida de mis días”. ¿Cuánto viviré? ¿Qué lograré hacer? ¿Qué planes lograré desarrollar y cuáles no? ¿Cuántas cosas se frustrarán en mi vida? “Sepa yo cuán frágil soy”. De verdad, basta con ir a un cementerio y observar las lápidas. Y podemos allí casi sentir el palpitar de esa gente que algún día vivió, que tuvo sueños igual que nosotros, que tuvo ideales igual que nosotros, que alcanzaron grandezas igual que las que los hombres de hoy suelen alcanzar; pero que un día, inevitablemente, les llegó la muerte. Y ahora hay allí sólo una lápida que dice que alguien vivió, alguien soñó, alguien respiró, alguien tuvo alguna aspiración; pero que todo eso terminó. En verdad, es necesaria la sabiduría de Dios para poder conocer cuál es nuestro camino, cuántos son nuestros días, y cómo invertirlos sabiamente.

Creyentes cautivos: Las muletas de nuestra cautividad

Dice Jueces 6:2: “Y la mano de Madián prevaleció contra Israel. Y los hijos de Israel, por causa  de los madianitas, se hicieron cuevas  en los montes, y cavernas y lugares fortificados”

Segundo principio: Las muletas en la adicción

En este texto se nota que cuando están oprimidos, los hijos de Dos tienden a preparar refugios donde esconderse en vez de hacer lo que demanda la libertad. Los refugios fácilmente  se pueden convertir en fortalezas. A menudo, si nos están oprimiendo, en vez de cooperar con Dios y dirigirnos a un lugar de libertad, nos escondemos en refugios. A veces simplemente nos aislamos. Nos escondemos detrás de nuestros empleos. Nos escondemos  detrás de las  muchas ocupaciones en la iglesia; nos escondemos  detrás de las actividades, la cautividad de la actividad. Un refugio es cualquier cosa que trate con los síntomas en lugar de ir directamente  a la causa del problema. ¿Que muestra este pasaje con referencia a las muletas que tenemos cuando estamos atados?

Primero hay una presencia de derrota. “Madián…prevaleció…contra…”. Esta expresión nos demuestra de una vida sometida a la voluntad de otros. Esto es un sentido de derrotismo. No hay prosperidad, no hay voluntad propia, siempre estamos sometidos a otros y a su voluntad. Hay cosas que son más fuertes que nosotros. Así que nos acostumbramos a que otros tomen decisiones por nosotros. Recuerde que es una lucha, ya que el término es “prevaleció”. Este término en castellano significa: Sobresalir, tener alguna superioridad o ventaja entre otras. El pasaje demuestra que aunque Israel podría tener un deseo de oponerse y luchar, su fuerza era inferior para derrotar sus opresores. ¿Por qué un hijo de Dios no puede superar su adversario? A pesar de que se nos ha dicho que somos más poderosos que el enemigo. Esa sensación de derrotismo nos lleva  otra cosa.  En segundo lugar se nos da un sentido de escapismo.  Hay que observar que el texto dice: “Los hijos de Israel…se hicieron”. Ellos mismos construyeron situaciones, zonas en las que podrían escapar de su derrotismo. ¿Por qué la gente cuando no puede enfrentar un problema o es superior a sus fuerzas, trata de escaparse en un mundo de irrealidad? ¿Qué hicieron ellos para escapar? El texto dice que hicieron tres cosas: cuevas en los montes, cavernas y lugares fortificados. ¿Qué implicaciones tiene estas tres descripciones? El escapismo es variado, es decir es versátil y puede ser en diferentes lugares al mismo tiempo. La primera expresión en hebreo  es “minharah” y se traduce “cuevas en los montes”, esta expresión se refiere a  barrancos, hendiduras de montaña, y quebradas. Se puede decir que habla de un valle profundo en un acantilado. Es una situación en donde estamos rodeados por muros naturales pero que estamos bien escondidos. Así que la primera cosa que usa el escapismo es esconderse profundamente de tal manera que no podamos ser hallados. Estos acantilados son naturales, no han sido hechos por manos humanas. La segunda expresión es “cavernas” en hebreo es la palabra mechará’. Esta expresión se refiere a una cueva, guarida o agujero. Generalmente es hecha por manos humanas. Esta sería algo que nosotros mismos construimos para hundirnos y no permitir que se nos vea a la luz. La tercera expresión es mĕtsad que significa fortaleza, montaña usada como fuerte. Así que las tres expresiones tienen diferencias. La primera nos muestra que alguien descubre un lugar o situación que lo hace sentir seguro, y se refugia en un “acantilado emocional”. La segunda nos habla de alguien que perfora una cueva que lo hace desaparecer y sentirse seguro en lo oscuro, lo solo y lo anónimo, por eso construye una guarida. Finalmente están los que se juntan con varios y ambos levantan paredes y fuertes alrededor de ellos para poder permanecer seguros y que nadie se introduzca en su fortaleza.  Ya sea que los lugares donde nos refugiamos sean circunstanciales o causales, lo que hace es simplemente evadir una realidad. Pues una vez salimos de ellos “Madián” estará afuera tan vivo como antes. ¿Cuáles son los escapes de algunas personas en el siglo XXI que los hace evadir la realidad?

Harry Houdini fue, quizás, el artista más grande que este mundo ha conocido en el desarrollo del arte del escapismo. Su nombre todavía vive entre los escapistas renombrados, y su enigmática personalidad todavía influye a los ilusionistas profesionales de todas partes. Houdini perfeccionó la destreza del escape físico desde realizaciones y situaciones aparentemente imposibles; todo ello, mientras el público lo miraba con muda anticipación. Deslumbró a las masas con escapes diseñados que sobrepasaban las fronteras de la habilidad física humana. Ya sea que fuera colocado al revés sobre una cuba de agua, o levantado por los pies con una grúa mientras colgaba directamente de una chaqueta, Houdini nunca dejó de satisfacer al espectador. Uno de sus escapes implicó meterse dentro de una gigantesca bolsa de papel de la cual salió sin siquiera rasgarla. El escapismo, dentro del terreno de lo físico, puede ser logrado a menudo a través de la práctica, del conocimiento y de la flexibilidad; pero en el terreno espiritual, no es tan sencillo. Hay personas que desean seguir a Dios sinceramente, pero se han desilusionado al creer que, como Houdini, quien escapaba de cadenas físicas, ellos también pueden escapar de las cadenas del pecado por su propio esfuerzo.  Estas personas dicen cosas como, “tengo que hacerlo mejor,” o “tengo que esforzarme más,” o “desde ahora en adelante prometo que…” La creencia es que si se esfuerzan lo suficiente, de algún modo, escaparán de las garras del pecado que los ha atado por tanto tiempo. Estos ejercicios de “escapismo” espiritual son emocionales, espirituales y, a menudo, físicamente extenuantes debido a las posibles situaciones que pueden ocurrir: Fallan miserablemente en realizar los cambios necesarios y se desaniman a causa de su debilidad.
Consiguen un cambio conductista y comienzan a creer que sus promesas son válidas, aunque no hayan cambiado interiormente. Las Escrituras nos dicen que escapar de nuestro ser pecaminoso es virtualmente imposible, si es que pensamos hacerlo solos. En Jeremías se nos dice que es tan difícil que nosotros escapemos a esta condición, como que un leopardo se quite las manchas de su piel. Nuestra condición pecadora no es algo que hacemos; sino lo que somos. Tiene que haber una mejor forma. ¡Y la hay! “Pónganse tristes y lloren de dolor. Dejen de reír y pónganse a llorar, para que Dios vea su arrepentimiento. Sean humildes delante del Señor y él los premiará” (Santiago 4:9,10). El único escape de nuestra espantosa situación es la sumisión de nuestras vidas al Creador Divino, e implica más que la manipulación de la conducta. Sólo Dios puede volver a crearnos, y cuando hayamos permitido que esto suceda, el escape vendrá desde nuestro interior. El escapista busca vías de escape frente a los problemas, pero no los resuelve. Se evade. Esquiva la incomodidad a toda costa. Teme a la realidad. Ignora sus consecuencias futuras. Si el problema no desaparece, será él quien desaparezca. Cuando una persona actúa diciendo cosas como «no sé si está bien o mal, pero me gusta y lo hago», está maniobrando torpemente para rehuir un compromiso que le resulta difícil de aceptar, pero al final acabará ligada a un compromiso mucho más lacerante y doloroso: su propia flojedad.  Por cerrar los ojos a la realidad, ésta no va a desaparecer. Cuando una persona comienza a internarse en el tenebroso mundo de la droga, cierra de alguna manera sus ojos a la realidad. Lo mismo sucede cuando un adolescente adquiere una dependencia más o menos seria del alcohol. O, en otro orden de cosas, al estudiante que es víctima de su frivolidad o su pereza, o al enamorado que no lo es tanto y está dominado por la lujuria, o al egoísta que ya no sabe dejar de pensar obsesivamente en sí mismo. Otros están cogidos por el juego, otros por el ansia de trabajo o de dinero, y otros incluso —hay de todo— por la compra compulsiva, los tranquilizantes o los juegos. Cualquiera que sea, cuando estamos con una adicción y queremos escapar de la realidad,  haremos cualquier cosa para evadirla. La tercera cosa que veo en esta parte del pasaje es un proceso que empieza con el derrotismo, luego el escapismo y finalmente conformismo. Los vrs. 3-6 se nos habla por medio de una palabra que se repite. La palabra es “subían y venían”. Cada intento de salir adelante ya sea económico, social los Madianitas aparecían y actuaba de tal manera que el texto dice que “Israel empobrecía en gran manera”. Israel al fin ya se había acostumbrado a este ciclo de opresión y derrota. De hecho cuando veamos más adelante cuando Gedeón es llamado, el texto narra que Gedeón estaba “sacudiendo  e trigo…para esconderlo de los madianitas” (vrs.11) Una de las grandes etapas de la adicción y de las ataduras en nuestras vidas, es cuando llegamos a la conclusión que es imposible vivir sin ellas, así es que aprendemos a vivir conformes en los momentos de alivio, pero a resignarnos en los momentos de “opresión”.

Como reclutar gente comprometida V parte

C. El tercer procedimiento es  DEPENDER

Note que el texto dice: “Jehová dijo a Gedeón…aún es mucho el pueblo…” (vrs. 4). La evaluación de Dios es igual a la primera selección. Sin embargo noten que 9700 si creían que estaban totalmente comprometidos, y avanzaron hacia la batalla. Pero Dios sabe que no lo están. El peligro de esto es que Gedeón no lo sabe ni los mismos 10000 no lo saben. ¿Cómo debería depender Gedeón en este proceso más complejo?

Debería depender en el criterio de Dios. Es obvio que el impacto de una reducción de 22000 personas en una sola noche, a cualquiera lo hubiera puesto nervioso. Sin embargo por lo menos le quedaban 10,000. Pero Dios le dice que su  criterio es que esa gente todavía es mucha y aún más peligrosa. Así que deberá creerle a Dios.  También Gedeón debería depender de la competencia de Dios. ¿Qué hará?  Dios será muy competente en la forma que va descalificar. Note lo que el texto dice: “Llévalos a las aguas y allí te los probaré”.  Dos cosas sobresalen en cuanto la competencia de Dios cuando quiere ver el compromiso de alguien. La primera tiene que ver con la frase “llévalos a las aguas”. ¿Por qué a ese lugar? ¿Qué implica la prueba con el agua? Implica que la prueba de una persona comprometida no  es a nivel “eclesial” sino a nivel “secular” (Aunque no estoy muy de acuerdo con la división de eclesial con secular, ya que no existe, pero la uso con fines didácticos). Es cuando estás en el mundo de lo secular, de tus carencias y de suplir tus necesidades básicas frente a las necesidades de Dios, que se demuestra que es más prioritario en una persona que dice servir a Dios. La segunda frase es “allí te los probaré”. Esta expresión en hebreo significa ser refinado, ser olido, ser purificado, ser fundido. El verbo es imperfecto lo que significa que fue constante la evaluación de Dios. También Gedeón debería depender de la capacidad de Dios. Note que Dios le dice: “del que yo te diga: Vaya este contigo, irá contigo, más cualquiera que yo te diga: Este no vaya contigo, no irá”. Hay mucho peligro de apoyarse en gente que Dios ha dicho que no te apoyes y que deseches gente a la que Dios le ha dicho que te apoye. Dios es más capaz en decir quién es quién y a quien usará. Si tan sólo preguntáramos a Dios, el en su capacidad nos pondría sobre aviso. Y ¡Cuántos problemas nos ahorraríamos! Dios por lo menos le ahorró 9700 problemas más a Gedeón.

Por otra parte Gedeón debía depender de la creatividad de Dios. La narración sigue diciendo “cualquiera que lamiere  las aguas con su lengua como lame el perro, aquel pondrás aparte”. Que tremenda creatividad la de Dios. Quién se podría imaginar que la observancia de Dios estaría en la forma de imitar un perro.  Y que la cualidad que buscaba en estos hombres era que se asemejaran a un perro. Esto sería un poco despectivo para el criterio de selección de nuestros liderazgos hoy. ¿En que nos fijamos hoy para poner a una mujer o a un hombre en el liderazgo? ¿Cuáles son las cualidades que buscamos? No la de un perro, perdónenme. Lo que Dios temía, aquí, era a la vanidad guerrera de Israel, basada en el poderío de un gran ejército. Él quería darles victoria pero que ellos no pudieron siquiera pensar que el mérito les correspondía. En la prueba de las aguas, la figura clave es el perro. En casi toda la Escritura, este animal es símbolo de pequeñez, mansedumbre y humillación. Gente que bebiera como perros sin pensar en el qué dirán, era lo que necesitaba Dios. Hace algunos días leí un pequeño libro que se llama “Teología de Perros y Gatos (Escrito por Bob Sjogren y Gerald Robinson). En este libro hace una comparación my peculiar entre los perros y los gatos. Escuche lo que dice: “”El perro dice: ‘Me consientes, me alimentas, me proteges, me amas, debes ser Dios’. El gato dice: ‘Me  consientes, me alimentas, me proteges, me amas, debo ser Dios’. El observar y analizar estas diferencias entre gatos y perros, me hizo reflexionar y reconocer que este comportamiento de unos y otros es muy similar a como se vive hoy la vida y la teología cristiana”   Hoy estamos segando una cosecha de conversiones centradas en los hombres porque estamos más preocupados por el hombre que por Dios…. Estamos más interesados en Dios sirviendo al hombre que en el hombre sirviendo a Dios” “Martin Lutero dijo: ‘La esencia del pecado es que el hombre se busca a sí mismo en todo, aún se busca en Dios’.”  “¡Todo en la vida (no solo en el Cristianismo) finalmente resultará en la gloria del Padre!. La gloria es la meta final; todo lo demás simplemente es un medio hacia esta meta consumada” “Los ‘gatos’  están buscando al hombre en cada escena importante de la Biblia, están buscando esa parte de la historia que se aplica a ellos. No han sido entrenados para ver a Dios. Están entrenados para ver las preguntas bíblicas: ‘¿Qué se supone que saque de esto? ¿Cómo se aplica esto a mi vida? ¿Cómo me afecta esto?’. Como resultado de este pensamiento, ellos son el personaje principal. Los ‘gatos’ creen que Dios existe para servir a la gente. Y porque creen también que todo es sobre ellos, están más hambrientos por lo que puedan obtener del Cristianismo que de cualquier otra cosa” (Teología de Perros y Gatos, pág. 37)

Quizás es muy pertinente entonces esta reflexión para entender porque Dios usa un perfil de perro lamiendo para escoger a los que servirán junto con Gedeón. Note que Gedeón no debe decir nada, debe callar de la prueba de Dios. Es Dios quien le muestra quienes serán los fieles que usará para salvar a Israel. Recuerde esto,  que a la verdad Dios no tenía ninguna intención de hacerlos pelear. Ellos simplemente iban a ser testigos de cómo Dios peleaba por ellos. De todas maneras, en el campo de batalla, estos trescientos deberían enfrentar a ciento treinta y cinco mil (8:10). La proporción es, exactamente, de uno a cuatrocientos cincuenta. Por cada israelita había cuatrocientos cincuenta madianitas. Y es la misma proporción de Elías con respecto a los profetas de Baal, en el monte Carmelo (1 Re.18:22). Dios es plenamente glorificado cuando un creyente confía solamente en Dios al enfrentar a cuatrocientos cincuenta enemigos. Así, no hay ninguna posibilidad de vanagloria, como no la hubo para Israel ante los madianitas. Es así también con nosotros, pues, por muchos que seamos, siempre vamos a ser pocos si consideramos la cantidad de los enemigos que nos rodean. Así y todo, el Señor nos lleva de triunfo en triunfo, y de victoria en victoria. Así que los que Dios escoge son hombres que no pierden la visión Dios. El tenía una  prueba para distinguir a los hombres que irían a enfrentar al enemigo y esa fue la prueba del agua. Como reaccionaria esos hombres ante la instancia de ponerse entre sus necesidades y las necesidades de la nación, todos tenían sed. Pero Dios de entre todos los sedientos clasificó a 300 como los hombre de la victoria y ellos eran los que no se entregaban a satisfacerse sino que aun con toda la sed lamian el agua como perros ¿De qué manera pudo la gente lamer el agua como hacen los perros sin doblar las rodillas e inclinar la cabeza? El v. 6 sugiere que se mantuvieron en pie y se llevaron el agua a la boca con sus manos, lamiéndola entonces con sus lenguas. Cualquiera que sea la explicación exacta, la prueba estaba preparada para conocer quiénes se mantenían más alerta, aquellos que no perdían su horizonte. 8¡Voz de tus atalayas! Alzarán la voz, juntamente darán voces de júbilo; porque ojo a ojo verán que Jehová vuelve a traer a Sion. Isaías 52:8.  Del ejército 9700 hombres no habían tenido claro cuál era la gran necesidad del día, solo 300 no desenfocaron su visión, aun en medio de la prueba de la batalla y del enemigo ellos mantuvieron unas posición de mirar hacia delante de mantenerse como soldados listos para entrar en combate. Dios busca a hombres que no hayan perdido la visión. Aquellos que miran mas allá de la necesidad inmediata son los hombres extraordinarios porque en ese gesto manifiestan su fe y su convicción de que si Dios los llama estarán dispuestos a obedecer. Gedeón fue probado al ver disminuir su ejército, pero su corazón sabia que aun con tan pocos hombres Dios puede dar victoria, pues él un insignificante campesino temeroso fue llamado desde los escondites para ser puesto en el frente de batalla. Cuando hay hombres comunes listos para hacer obras extraordinarias Dios también está listo para entrar en acción  La Biblia dice: “6Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos. Zacarías 4:6 Y esto no es otra cosa que victoria.  Que Dios nos permita aprender estas lecciones a la hora de seleccionar gente comprometida para la hora de la batalla.

Como reclutar gente comprometida IV parte

II.                    En segundo lugar veamos los procedimientos para reclutar gente comprometida (Jueces 7:3-4)

 

La vida de Gedeón sus pruebas fracasos y triunfos son una gran prueba acerca de los hombres y mujeres que Dios usa para grandes obras. Las grandes crisis necesitan de grandes milagros,  y son oportunidades para ver la gloria de Dios. Pues en todo lo que hacemos nunca debemos dejar de ver  la mano de Dios y que está obrando a través de hombres comunes. Dios obra a través de gente común obras extraordinarias, gente común pero con rasgos que son el principio de la grandeza a la que Dios les llevara.

Quiero que veamos a lo menos cuatro procedimientos para seleccionar los hombres que Dios realmente usará.

A. El primer procedimiento es DISCERNIR

Note la expresión  del vrs. 1 del capítulo 7: “…El cuál es Gedeón y todo el pueblo que estaba con él”. Note que Gedeón debe discernir la diferencia entre la presencia del pueblo y la permanencia del pueblo.  Sí, absolutamente el pueblo estaba con él, pero ¿será que estaría por él? Note que los hombres  están en el lugar de la prueba. Los extraordinarios hombres comunes que Dios usa son aquellos que van al lugar de la prueba y no corren a esconderse del peligro. 32 mil hombres siguieron a Gedeón a la batalla contra Madián el usurpador de la tierra. Todos fueron convocados a una tierra peligrosa a la tierra de la fuente de Harod (Hebreo. Temblor) y al monte de More (hebreo: maestro) un lugar donde los valientes son puestos a prueba, muchos acuden a los llamados pero existe una gran diferencia entre los que acuden y los que permanecen. Allí Dios hizo la primera selección.

En segundo lugar Gedeón discierne la diferencia entre protagonismo y privilegio. Es decir, Dios dice en el vrs. 2 que el pueblo tendría la tendencia a decir que ellos eran los protagonistas de la victoria en lugar de ser privilegiados en  participar en una victoria del Señor. Ellos no eran los salvadores, ni tampoco sus habilidades, sino la mano de Dios. Así que  Gedeón debe entender que Dios no está dispuesto a usar a alguien que él se crea el héroe de las batallas de Dios.

B. El segundo  procedimiento  DESCUBRIR

Gedeón por sí mismo deberá descubrir la debilidad de la gente que “está con él”. Dios se lo mostrará. ¿Cómo descubre Gedeón la falta de compromiso en su gente? Primero debe ser sensible al consejo de Dios. Dios en persona le está advirtiendo del peligro de confiar en tanta gente. ¡Qué bueno que Gedeón está sintonizado con la voz de Dios! Cuando somos sensibles al consejo de Dios nos volvemos más realistas que idealistas. Dios le dice, tienes problemas en la muchedumbre. Descubre el problema. Así que Gedeón descubre el problema por medio de ejercitar sensibilidad espiritual.  Pero en segundo lugar Gedeón debe ser sencillo al aplicar  el consejo de Dios. Note que Dios le dice que hacer: “Pregunta a la gente quien no tiene el corazón en esta empresa”. (Vrs 3) No hay complicación, una encuesta o instrumentos de investigación. Sólo búsqueda de la sinceridad de la gente. Note que la sencillez del método genera una tremenda efectividad. Gedeón solamente les pregunta a la muchedumbre que quiénes tengan  miedo y no están con el corazón en esto, se pueden ir. No hay espacio para los de doble ánimo. Para los que viven en su mundo y quieren de alguna manera servir a Dios con corazones divididos.  Este descubrimiento  no sólo es  sensible, sencillo,  sino que también sincero. Es decir  Gedeón les dice que pueden volverse a su lugar y nadie les condenará. Es una decisión personal comprometerse con El Señor, pero hay libertad para el que no quiera. Simplemente el dará cuentas a Dios.  Dios comienza a entresacar lo que no sirve pues él no quería un ejército autosuficiente él quería glorificarse. Así la primera prueba de selección es simple: preguntar quién tenía miedo y quería devolverse a su casa. Dios descarta a los temerosos, un hombre temeroso es un hombre desconfiado un hombre desconfiado es un hombre que no le conoce y un hombre que no le conoce es dañino para los demás.  8Y volverán los oficiales a hablar al pueblo, y dirán: ¿Quién es hombre medroso y pusilánime? Vaya, y vuélvase a su casa, y no apoque el corazón de sus hermanos, como el corazón suyo Deuteronomio 20:8.  Dios quiere hombres que se alienten mutuamente, y no que apaguen la pasión de otros, si esos 20 mil hombres seguían en medio del ejercito serian un verdadero enemigo infiltrado, al poco andar habrían traspasado el temor a los otros. Dios anhela hombres de corazón firme y convencidos de la gloria que el va a desatar. Ahora esta primera etapa es la más fácil en los procedimientos de reclutar gente comprometida. Es decir, es fácil descubrir los que saben que no están comprometidos. Pero ahora viene una segunda etapa más peligrosa y es lo que no saben que no tienen compromiso.