Serie Dios sufre de insomnio: El fracaso de sus hijos II parte

Segundo coopere con el plan de Dios

El segundo principio se encuentra en Lucas 5:4: La segunda vez que los discípulos fueron a pescar, lo hicieron bajo la dirección de Cristo, siguiendo sus instrucciones con obediencia. No solo debemos apropiarnos de la presencia de Dios en nuestras vidas, sino que debemos cooperar con esa presencia. Jesús les dijo a sus discípulos dónde, cuándo y cómo pescar. Cuando Dios guía su vida, usted no puede fracasar. Dios no auspicia fracasos. La reacción de Pedro a la dirección de Cristo fue tan hermosa. Para empezar, no le discutió. No dijo: «Espera un momento, Jesús. ¿Quién eres tú para decirme cómo pescar? ¿Acaso no sabes que yo soy Simón Pedro? El pescador de primera categoría en este lago. He superado el récord mundial. ¿Quién eres tú para decirme cómo pescar?» Él no preguntó: «Señor, ¿estás seguro?» Es más, no vaciló ni hizo ninguna pregunta. Ciertamente pudo haber pensado que si no había recogido nada la noche, de ninguna manera lograría recoger algo en pleno día con la luz del sol brillando sobre las aguas. Desde el punto de vista humano, el momento no era el apropiado; parecía ridículo. Pero Pedro no hizo ninguna pregunta; sencillamente obedeció. Pedro tampoco le hizo caso a sus emociones. Estoy seguro que él se encontraba muerto de cansancio por haber amanecido trabajando pero no preguntó: «¿Qué saco?¿Para qué seguir intentando?» La actitud de Pedro era perfecta. Él estaba ansioso por cooperar con el plan de Dios. ¿Por qué piensa que Jesús le dijo a Pedro: «Lleva la barca hacia aguas más profundas». Pienso que era porque los peces más grandes se encuentran en las aguas más profundas. Uno solo recoge pececillos en aguas de bajo fondo. La mayoría de las personas viven en las aguas de bajo fondo de la vida. Solo existen en un nivel superficial. Hay poca profundidad en sus vidas porque se conforman con jugar a la orilla pero no se aventuran a meterse en las aguas profundas. ¿Por qué? Porque es más seguro estar en las aguas de bajo fondo. Ellos piensan: «Si me meto a las aguas profundas puede haber olas. Tal vez mi barca se vuelque. Así que me quedaré aquí donde estoy seguro y cómodo y me pondré a pasar el tiempo». Cuando Dios trabaja en su vida, siempre hay riesgos porque él quiere que usted viva por fe. Muchos cristianos apenas mojan sus pies porque temen sumergirse. Ellos piensan: «Si me comprometo con Dios seriamente, tal vez me convierta en un fanático. Quizás me convierta en un loco religioso. ¿Qué van a decir mis amistades?» De modo que se conforman con las superficialidades de la vida, y se pierden lo mejor. El propósito de Dios para su vida es muy bueno, un plan que trabaja a su favor. Dios dice: «Déjame entrar a tu barca. Deja que mi presencia te acompañe dondequiera que vayas, en tu negocio, familia, matrimonio, en todas las áreas. Déjame dirigirte y coopera con mi plan».

Tercero Sea expectante de la Promesa de Dios

El tercer principio yace en el versículo 5: «Pero como tú me lo mandas». Para recuperarse de un fracaso usted debe anticipar las promesas de Dios en su vida. En el segundo intento por pescar, los discípulos estaban actuando basados en la promesa de Dios para ellos. Se fueron a pescar una vez más porque creyeron que Dios les proveería os peces. Ahora bien, Jesús no dijo específicamente: «Pedro, si vas a pescar conmigo, te prometo que vas a recoger gran cantidad de peces». No le hizo falta decirlo porque Pedro entendió que cuando Jesús le dijo que fuera a pescar y se subió a la barca también y, además, le dijo dónde echar las redes, ¡no iban a regresar vacías! Pedro esperó que Dios actuara, que cumpliera su promesa. Pedro no estaba dependiendo meramente de sus propias habilidades para pescar, de manera que no temió fracasar. Él anticipó las promesas de Dios. Cuando usted procura la presencia de Dios en su barca, abraza el plan de Dios en su mente y se apropia de las promesas de Dios en su corazón, no puede fallar. Empiece a esperar resultados maravillosos. Tal vez diga: «Luce fabuloso, pero usted desconoce mis circunstancias. En este momento estoy vencido por los problemas que estoy experimentando. Estoy pasando unos momentos difíciles». Si está vencido por sus circunstancias, déjeme sugerirle un antídoto. Busque en su Biblia alguna promesa específica de Dios y empiece a reclamar aquello. Comience a esperar que Dios actúe y hallará que la promesa divina le inyecta nuevas esperanzas a una situación sin esperanza. El éxito genuino a menudo empieza al margen de un fracaso. Conozco un matrimonio que tuvo una relación sumamente deteriorada, aparentemente irreparable. Pero ellos percibieron en su interior que Dios les decía:«Quiero que permanezcan unidos, no se rindan». Sin ninguna evidencia aparente, asumieron la actitud de Pedro: «Señor, hemos trabajado con nuestro matrimonio por mucho tiempo sin ver mejora, pero como tú nos lo mandas, seguiremos intentando». Hoy gozan de un matrimonio realizado y un ministerio dinámico. Fíjese en los resultados (v. 6): Los discípulos recogieron una cantidad tan grande de peces que sus redes empezaron a romperse. Dios los bendijo con más de lo que podían lidiar. Ese es el caso, invariablemente, cuando usted se apropia de la presencia de Dios, coopera con el plan de él y anticipa sus promesas, será bendecido con más de lo que puede lidiar. En efecto, el versículo 7 indica que los discípulos tuvieron que compartirlos resultados con otra barca para evitar que la suya se hundiera. ¡Eso sí es vivir! El punto es este: Dios no solo quiere bendecir su vida. Él quiere bendecirle tanto que usted tenga que compartir sus bendiciones con otros para evitar hundirse. Él no solo quiere bendecirlo sino que desea bendecir a otros a través de usted, aquellos cuyas redes están vacías. Dios los bendijo con más de lo que ellos podrían usar para sí mismos. Aquel milagro impactó tanto a Pedro que alzó su voz diciendo: « ¡Señor, no merezco esto! Soy pecador. Esto es demasiado bueno para mí». Este incidente le dio otro giro a la vida de Pedro así como a los demás discípulos. Jesús entonces le dijo a Pedro: «No temas, desde ahora serás pescador de hombres» (v. 10). Así pues, los discípulos llevaron sus barcas a la orilla y dejaron todo para seguir a Jesús. Piense en eso, cuando el festejo de la pesca llegó a tierra, dejaron la mejor pesca de sus vidas allí mismo en la orilla y se fueron tras Jesús. Ellos se percataron de que si Jesús era capaz de hacer un milagro así, podría hacer todo lo que quisiera. Sabían que siempre y cuando lo siguieran, sus necesidades serían más que satisfechas. Cristo cuidaría de ellos sin importar las circunstancias. Ellos querían una comunión con él que fuera más que un milagro de una sola vez. Entonces Cristo los invitó a formar parte de la labor más importante de mundo: «Les voy a hacer pescadores de hombres. Ustedes van a compartir mis buenas nuevas con otros». ¿Cómo se aplica este relato a su vida? Quizá se sienta como los discípulos antes de llegar Cristo: «He trabajado toda la noche y he terminado con una red vacía». ¿Se asemeja esto a su actitud hacia su matrimonio, su empleo u otra dificultad personal? Usted siente que no mejora así que se dice: «¿Para qué seguir intentando? ¿Para  qué hacer el esfuerzo? Tal vez se ha hecho un poco cínico en cuanto a la vida. Pedro no satirizó. No dijo: «Señor, he trabajado diez horas sin recoger nada. Por lo visto en este lago no hay más peces». Él sabía que los peces estaban allí, pero no los había atrapado aún. El que no resuelva su problema no significa que no hay solución. A través del fracaso, con frecuencia aprendemos las lecciones que nos ayudan a tener éxito. El mensaje de Dios para usted es este: «No te rindas». Inténtelo de nuevo, pero esta vez, hágalo con Jesús en su barca. Él hará la diferencia.

¿Existe la vida en abundancia? III parte

En cuarto lugar la vida próspera. Continúa el texto diciendo: “Y vida en abundancia”. En el texto griego la expresión es “Yo he venido para que tengan vida y abundancia. ¿Qué significa tener “abundancia”?. La palabra griega es “perissos”. No sólo estamos para disfrutar  de una calidad de vida y una esperanza futura con la eternidad, también  estamos para tener  “en abundancia”. Perissos, la palabra griega que  significa abundancia, significa excesivo, desbordante, superávit, más  allá, más de lo suficiente, abundante, extraordinario, más que suficiente,  superior, más notable, más que excelente. En resumen, las intenciones de Dios para nosotros son realmente  sorprendentes. Él desea llevarnos de un lugar de juicio, de desolación y  esterilidad a un lugar de restauración abundante y un incremento de  la  vida! Una cosa que debemos saber es que el cuarto Evangelio ubica la vida, o la vida eterna, en el centro de las enseñanzas de Jesús. Mientras que los sinópticos utilizan “el reino de los cielos” o “el reino de Dios” como el centro de la revelación dada en la persona y el trabajo de Jesús, Juan enfatiza en la vida o en la vida eterna.  La vida aquí no es el contrario de la muerte. Es eso, pero también es más que eso y algo más también. La vida aquí no es un tipo de salvación después de la muerte, felicidad espiritual en otro mundo, un estado metafísico particular o una experiencia psico-religiosa indescriptible. El Evangelio de Juan, con frecuencia, se refiere a la vida o a la vida eterna, como una cualidad especial de la relación que Jesús establece entre Dios y la humanidad. Ser y existir a través del único Dios verdadero, ser y continuar a través del Hijo que nos precede y nos sustenta en esta relación más profunda con Dios, esto es en resumen uno de los aspectos más significativos que encontramos en Juan. El término vida en ocasiones se vincula a otras nociones complejas como la luz, el conocimiento, la verdad, la libertad y el amor. Como resultado, el significado esencial y la identidad de la palabra vida en el sentido más amplio incluye la referencia a la luz, al conocimiento, etc. Necesitamos enfatizar en este punto y formular, aunque de forma sucinta, qué se entiende por “vida en abundancia” en el contexto Juan. ¿Es la “vida en abundancia” el desafío lanzado contra la indigencia? ¿Se trata de un tipo de discurso indirecto contra una situación caracterizada por “la muerte en abundancia”? ¿Puede ser la “vida en abundancia” un tipo de realidad mística esotérica, desconectada de los problemas sociales e históricos en el mundo y accesible sólo a algunos iniciados? Si no nos hacemos estas preguntas, podríamos caer en el peligro de tomar lo que aparece en el capítulo 10 como algo que no pasa de ser un slogan. Ello sería desafortunado para nuestra manera de escuchar las Escrituras y negativo en cuanto a la seriedad de nuestra convicción acerca de la forma en que las Escrituras interpretan nuestras vidas y no cómo nosotros, en nuestros propios contextos, o a la luz de nuestras propias experiencias, interpretamos y recibimos las Escrituras. El “buen pastor”, los “ladrones y asaltantes”, la “puerta del redil” y la “vida abundante”, son metáforas que en el capítulo 10 de Juan traducen la ansiedad existencial y las incertidumbres que marcaron la vida de una comunidad religiosa pequeña, que ya había roto con las bases más antiguas de su identidad. Creo que es importante que nos demos cuenta de la magnitud de la crisis si vamos a investigar con profundidad el significado de lo que se ha dicho en Juan 10:10. Esta declaración me parece que contiene un gran poder liberador, que comprende y sobrepasa todas las consideraciones de naturaleza biológica, económica o de bienestar. Reafirmo el concepto que  la abundancia en cuestión, no puede reducirse simplemente a la abundancia de bienes, darle vida a lo ilimitado o a una dimensión cuantitativa. La victoria sobre la pobreza, la negación de la identidad, la exclusión, la fragilidad, etc., la desaparición final de todos estos males, no son sinónimos de “vida en abundancia”. Sin embargo, es frente a estas realidades y a pesar de las mismas, oponiéndose a ellas y siguiendo más allá, que la teología de Juan  articula una calidad de confianza en Dios, un Dios que le otorga a nuestras vidas finitas una plenitud de significado y verdad, que ningún derroche de alimentos ni el exceso de poder puede ofrecerles. La vida abundante en Juan10:10 es una imagen esencialmente inclusiva y compleja. Vincula al redil y al pasto, garantiza la posibilidad de que las ovejas entren y salgan. La interioridad y la exterioridad están reconciliadas, como también la seguridad y la libertad. La existencia de ladrones, lobos y timadores es descrita en términos realistas y dramáticos; sin embargo, esto no significa que las ovejas serán colocadas en un espacio cerrado y sobreprotegido; su comida también está afuera en el pasto. Tal confianza sólo puede alcanzarse al pasar por la “puerta” que, de manera antes no vista, los hace libres de todas las ansiedades relacionadas con la comida y la seguridad, y de todas las tensiones alienadoras del dilema seguridad/libertad. Hay una “puerta” y un “pastor”, es la confianza lo que me parece a mí que está en el mismo centro de la vida en abundancia. A finales de su vida, Moisés oró a Dios con estas palabras: “Ponga Jehová, Dios de los espíritus de toda carne, un varón sobre la congregación, que salga delante de ellos y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca para  que la congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor.” (Números 27:16-17). La resonancia con Juan 10 es notable. Llama la atención ver como el don de la vida, como algo que viene del Creador, el don de la comunidad, como un espacio para la vida en la comunidad deseada por Dios, y el don del “pastor” están profundamente conectados aquí. Muchos exegetas también interpretan el capítulo 10 de Juan a la luz del capítulo 34 de Ezequiel. La condena de la ley de la selva, su brutalidad cínica y la ayuda práctica otorgada a la oveja que está débil, enferma o herida, todo lo que se dice contra el maltrato de los débiles expresa más el primer y mayor cuidado de Dios hacia los hombres y mujeres oprimidos, que la forma en que la condición de la víctima debe mejorar. La vida en abundancia no es un sueño convertido en realidad, de una tierra donde fluyen la leche y la miel, no es tampoco el anhelo nostálgico por la tierra de los placeres que se logran al final. Es la completa seguridad de un Dios de amor que establece los límites del mal y la muerte que constantemente afloran en cualquier lugar. Abundancia o plenitud La palabra griega  perissos/perisson traducida como “abundancia” tiene múltiples significados como ya lo mencioné anteriormente, sin embargo deseo enfocarme en dos. Por un lado, expresa exceso, que quiere decir extraordinario en tamaño o belleza, aquello que es excesivamente grande o numeroso. También puede traducirse como lo que supera la cantidad, que es extra, excedente o sobrante. El término también tiene un matiz que implica demasía. Además de aparecer en Juan 10:10, la palabra se encuentra en otros cuatro pasajes en el Nuevo Testamento Mt 5:37, 47; Marcos  6:51; Ro 3:1; 2 Co 9:1. Miremos al uso de la palabra en estas referencias. En Mateo 5:37 y 5:47 no tiene el mismo sentido. En el versículo 37, Jesús dice: “Sea vuestro lenguaje: ‘Sí, sí’; ‘no, no’: que lo que pasa de aquí viene del maligno.” (Biblia de Jerusalén). Cuando uno dice lo esencial, cualquier otra cosa crea confusión. Una “profusión” de palabras y frases simplemente sirve para confundir las mentes. En el versículo 47, que también es parte del Sermón de la Montaña, la idea es diferente. Jesús desafía a quienes le escuchan: “…Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular?” Aquí el término es utilizado para aquello que está fuera de lo ordinario producto de su belleza o su calidad moral. En Marcos  6:51 Jesús se une a los discípulos en la barca después del episodio de calmar la tormenta, los discípulos están completamente enmudecidos, otras traducciones lo interpretan como “totalmente atónitos”. El matiz del significado que se enfatiza aquí es el de la sorpresa más allá de cualquier medida. En Romanos 3:1, el apóstol expresa “¿Cuál es, pues, la ventaja del judío? ¿Cuál la utilidad de la circuncisión?” Sin embargo, esto puede ser traducido literalmente como “¿que tienen los judíos de más que los no judíos no tienen?” En la segunda Carta a los Corintios, Pablo utiliza perissos en el sentido negativo de superfluo. “Cuanto a la ministración para los santos, es por demás que yo os escriba…” (Versión Reina Valera revisada 1960). Otras traducciones lo interpretan como “no hay necesidad”. Es interesante denotar que estos cinco casos de perissos en la Biblia no se refieren a cosas concretas, sino a asuntos de naturaleza moral, emocional y afectiva. Sólo en Juan 10:10, en lenguaje metafórico, se utiliza este término como un adjetivo para calificar la vida, “la vida en abundancia” prometida a la “oveja” en el nuevo “redil” del cual Jesús se declara a sí mismo la “puerta” y el “pastor”. No voy a repetir mis comentarios anteriores sobre el significado que debe otorgársele a la frase “vida en abundancia”, en el contexto de la teología joánica. La vida en cuestión no es un problema de una (incalculable) cantidad o una escala que no puede medirse. Se trata de lo que permanece, como indiqué anteriormente, aquello por medio de lo cual el Dios viviente nos revela los límites establecidos a “la maldad” y a “la muerte”, a pesar de su presencia constante y excesiva en todos los tiempos y lugares. Entendida de esta manera, la vida en abundancia es un sinónimo de la “vida eterna”. No se trata de una “vida excepcional”, o de “otra vida”. Se trata de la verdad que nos recuerda que la vida de las criaturas y las cosas están bajo el cuidado amoroso del Creador, el Señor de la vida. Sin embargo, quizás corremos el riesgo de espiritualizar una materia que ya está muy “espiritualizada”, en el mismo pensamiento de Juan. En ese caso, debemos hablar de “plenitud de vida”, en lugar de abundancia. El cuarto Evangelio no es ajeno al término pleroma, pleromatos (plenitud) aunque aparece una sola vez, en el primer capítulo en el versículo 16. La idea esencial en este texto es que Dios satisface todas las cosas en Jesucristo. En Él reside la plenitud de la gracia y la verdad. “De su plenitud todos recibimos gracia sobre gracia”. Esta plenitud se relaciona con la plenitud de las promesas de Dios y la venida de un nuevo tiempo. Plenitud expresa lo que ha sido logrado de manera única e incomparable en Cristo, pero de lo que nos beneficiamos en nuestras propias vidas. Esto proclama lo que Dios ha hecho en la persona de Jesucristo. La frase “vida en abundancia” en Juan 10:10 expresa lo que Cristo en su momento hace en nuestras vidas, cuando es recibido como la “puerta” y el “pastor”. La complejidad metafórica de vida en abundancia en Juan 10:9-10 es distinta a la de Juan 1:16 en un aspecto particular: en esto, la libertad y la seguridad están íntimamente conectadas. El redil no es plenitud en sí mismo, cerrado y protegido, no es como una celda protectora, confortable. Más bien se trata de un espacio de vida que se comunica con otros espacios de vida, los pastos que nutren fuera del cercado. La “abundancia de vida” contradice la fragilidad de la vida, la escasez de la vida, porque está en todas partes plagada de enfermedad y muerte, porque con frecuencia la integridad de la vida es reducida a polvo y cenizas por múltiples fechorías y actos de crueldad. La “abundancia” de vida se refiere  directamente a la fragilidad y vulnerabilidad de vida. “Vida en abundancia” tiene un significado similar pero diferente, que se refiere al vacío que anida en el corazón de la vida. En otras palabras, nuestras existencias personales o colectivas pueden definirse como recipientes que contienen sólo porciones pequeñas e insignificantes de vida y como consecuencia aspiran a la plenitud. Incluso si lo que falta en nuestras vidas y en nuestros destinos, fuera más profundo y significativo que la idea que tengamos de la vida, el problema persistiría. Algo siempre tiene que faltar en la vida, por lo que tiene que existir espacio para lo que no se ha recibido. ¿No es así, que las existencias sin vacíos, donde nada falta, son como ataúdes, en otras palabras: recipientes llenos y  cerrados, pero llenos de muerte? Así que la vida en abundancia en resumen implica que no es vida en que abundan los bines materiales. La vida “en abundancia” es la vida en que se cumple cabalmente el propósito para el cual Dios la creó y la sustenta; es la concreción del amor y la justicia del Reino de Dios. Se la fomenta en la medida en que se vive conforme al propósito de Dios, se anuncia el mensaje de la vida en Cristo, se denuncia toda necrofilia, y se actúa en servicio de la vida en todas sus dimensiones.

Así que la frase “estoy vivo”, que decía al principio es una frase llena de esperanza, Si todavía puedo respirar me digo a mi mismo: ¡Tengo opción!!Tengo chance! El estar vivo me permite tener una  nueva oportunidad  y esta es confiar en la palabra de Lamentaciones 3:22-23.  Mi chance es que la  misericordia de Dios no se ha  terminado. El   amor    del    Señor  por    mí no  se  ha  terminado, por  lo contrario  el  amor y misericordia   de  Dios   se   renuevan cada mañana. Por esto es que hoy por hoy si usted me pregunta ¿Cómo estás? Yo con emoción le respondo: ¡ES TOY VIVO!« Querido hermano en la fe, Si usted hoy despertó, si usted todavía respira tiene chance de perdonar o pedir perdón. Tiene oportunidad de cambiar el odio por el amor, Tiene una nueva oportunidad de cambiar la tristeza y el llanto por el gozo y la alegría,-¡Esta vivo! Tiene oportunidad de dejar los vicios, arrepentirse y cambiar de vida.-¡Está vivo! Tiene una nueva oportunidad de renovar su amor, Aun hay tiempo para volver a creer, ¡Alégrese! Porque todavía tiene tiempo de alcanzar la misericordia de Dios, ¡Festeje! Porque el amor de Dios no se ha terminado, más bien este ´Amor  Divino   Eterno  se  renuevan cada  mañana .¡Aleluya! Para terminar quiero preguntarle: ¿Cómo esta? Usted me podrá responder: ´Estoy triste. Otro quizás responderá ´estoy deprimido.  ´Estoy sufriendo. Ante un eventual ¿Cómo esta? Las respuestas serán diferentes: ´Estoy solo  ´Estoy enfermo  ´Estoy alejado de Dios  ´Estoy pecando  Hay un diferente ´Estoy  para cada uno de nosotros. No importa cómo está usted en este momento, lo más importante es que ¡ESTA VIVO! Y esto le permite obtener la misericordia de Dios, Esto le permite RENOVAR SU AMOR CON DIOS.  Señor, si puedo dirigirte esta plegaria es señal de que ¡Estoy vivo! Gracias Señor por ello, Gracias por esta nueva oportunidad que me regalas, Señor en este día imploro y te pido que renueves mi vida, te pido de todo corazón que tu misericordia y tu amor se renueven en todas las áreas de mi vida, Gracias Señor porque tú me transformas en una nueva persona las cosas viejas pasaron. Hoy puedo decir con alegría: Estoy vivo!  Amen

Vio Dios la Luz

Hoy alguien me señaló muchas de mis debilidades, y las cosas que hao que tienen falta de testimonio en mi vida. Me he quedado pensando en eso. Dice Génesis: ´Y vio Dios la luz que era buena Gen 1:4.
Uno de estos días a solas en un pequeño hostal de Guatemala vi la bondad de Dios en los primeros rayos de sol y recordé este versículo de Génesis donde expresa que Dios vio la luz que era buena. Con complacencia, placer y satisfacción vio la luz y vio que era buena.Si Dios hizo la luz, él ve la luz con peculiar interés porque él mismo es LUZ.Y si él mismo es luz y él mora dentro de mí«entonces dentro de mí hay luz hoy y Dios ve esa luz y la ve buena.Dios nunca pierde de vista el hermoso tesoro que ha puesto dentro de nosotros, ese tesoro es su luz. Dios nunca la pierde de vista. Algunas veces yo mismo no veo luz dentro de mi, es como si algo me impulsara a solo ver las tinieblas, las sombras y las oscuridades, pero Dios siempre ve la luz y la ve muc

ho mejor de lo que yo la veo. Dios ve lo que yo no veo o lo que no quiero ver que ya está dentro de mí. Es muy confortable para mi pensar que Dios me ha hecho un miembro de su familia y la Biblia dice que el Señor conoce a los que son suyos y los que son suyos tienen la luz de Dios dentro de sus vidas. Hoy he reflexionado seriamente sobre estas verdades. A veces yo no veo luz en mi, pero Dios si ve la luz en mi y él ve que es buena. Dios es la luz de mi vida y si lo tengo a él tengo la luz y las tinieblas ya no podrán inundar mi vida. El ojo tierno del Señor todavía mira dentro de mi ve la luz de su gracia derramada en mi corazón. El Señor nunca perderá de vista el tesoro que él en su amor ya ha colocado dentro de mí. Se que algunas veces no puedo ver la luz en mi, pero el Señor siempre la ve. Hoy quiero pedirle a Dios que me abra los ojos espirituales para poder ver su luz en mí.´Señor, Gracias por darme luz cuando en mi no la había, quiero vivir en esa luz. Tú eres la luz de mi vida. Cuando en tinieblas andaba llegaste como la luz de mi vida. Esa luz está en mí, está dentro de mí. A veces yo no la veo porque estoy siempre listo para ver las sombras « pero tu vez esa luz. Hoy quiero vivir en esa luz y compartir esa luz con quienes no la tienen. Amén.

Los errores en el cristiano III parte

Sin  embargo podemos encontrar el bálsamo para sanar estos errores. Hay un salmo que nos sirve de bálsamo para el que se ha equivocado. Creo que el Salmo 31 fue escrito en un día melancólico de la vida de David. Al examinar este salmo, vamos a notar que él estaba afligido y desilusionado. Muy probablemente lo escribió después de haber cometido un error, tal vez causado por el pánico. Pudo haber estado relacionado con su hogar. Tal vez, después que se le manifestó un punto débil, él dijo: En ti, oh Jehová, he confiado; No sea yo confundido jamás; Líbrame en tu justicia. Inclina a mí tu oído, líbrame pronto; Sé tú mi roca fuerte, y fortaleza para salvarme. Porque tú eres mi roca y mi castillo; Por tu nombre me guiarás y me encaminarás. En tu mano encomiendo mi espíritu (Salmo 31:1-3, 5). ¿Le parecen familiares estas palabras? Ciertamente, las últimas seis fueron las mismas palabras que Jesús pronunció cuando moría en la cruz del Calvario. Antes de exhalar el espíritu le dijo a Dios: “En tus manos encomiendo mi espíritu”. Fue el momento más bajo desde el punto de vista físico y emocional, en toda la vida del Mesías. Pero apliquemos todo esto a los períodos de depresión que nos vienen en la vida después de haber cometido algún error. Usted descubrirá que, después de las ramificaciones graves y dolorosas que vienen como consecuencia de haber cometido un error, en ese momento, sólo a Dios puede encomendar su espíritu. Ninguna otra persona puede darle el consuelo que necesita. Inmediatamente, después de haber cometido un error, póngase de rodillas, caiga delante de Dios, y expóngale su vergüenza y desilusión. El antiguo himnólogo tenía razón: “Nadie entiende como Jesús”. Nadie. Ahora, desde esa perspectiva, observemos cómo nos ve Dios cuando hemos cometido tales errores. Aborrezco a los que esperan en vanidades ilusorias; Mas yo en Jehová he esperado. Me gozaré y alegraré en tu misericordia, Porque has visto mi aflicción; Has conocido mi alma en las angustias (Salmo 31:6, 7).

En primer lugar, Dios nos ve de una manera realista.Es muy útil e importante recordar que Dios nos ve tal como realmente somos. Algunas veces nos esforzamos mucho para ocultar la verdad de otras personas, por temor a que no la entenderán. Quemamos toda clase de energía emocional para mantenernos ocultos los unos de los otros. Mark Twain escribió una vez: “Cada uno es una luna, y tiene un lado oscuro que nunca le muestra a nadie”. Pero Dios conoce ese lado oscuro. Él lo ve claramente. Lo que David dijo lo podemos expresar del siguiente modo: “Me gozaré porque tú eres realista, Señor, cuando me ves. Tú conoces mis inclinaciones. Conoces mis tendencias. Conoces mi sentido del pánico, mis temores. Sabes cómo fui criado. Sabes cuáles fueron los malos hábitos que aprendí. Conoces la historia de mi vida. También conoces mis intenciones, y no sólo mis acciones. Tú has visto mi aflicción”.

Lo segundo que noto acerca de Dios es que él nos ve por completo. “Porque has visto mi aflicción; has conocido mi alma en las angustias” (Salmo 31:7). Como usted ve, las aflicciones se relacionan con lo externo. Las perturbaciones se relacionan con lo interno. “Señor, tú ves todo el mundo de aflicción, y tú sientes conmigo la profunda perturbación”. Recordemos aquella gran declaración con relación al hecho de que nuestro Salvador entiende con corazón compasivo: Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades (Hebreos 4:15). Hay un gran consuelo en esas palabras. ¿Pero ha leído usted alguna vez los dos versículos que preceden al 15? El versículo 13 dice que nada está escondido de la mirada de Dios. “Todas las cosas están desnudas y abiertas ante sus ojos”, ¡y aun así él simpatiza con nosotros! Le diré que esto me llena de ánimo. Aunque nos aflija lo externo y nos perturbe lo interno, aunque seamos propensos a las equivocaciones, ¡él entiende! Al vernos de manera realista y de manera completa, ¿cómo nos trata? No me entregaste en mano del enemigo (Salmo 31:8). ¡El no nos rechaza! Eso es lo que más tememos, así lo creo, cuando hemos cometido un error. Si ha sido un terrible error, especialmente le tememos al rechazo divino. Tememos que Dios nos va a decir: “¡Hasta ahí llegaste! ¡Vete a tu cuarto! ¡Todo ha terminado!” Pero David dijo: No me entregaste en mano del enemigo [me encanta esto]; Pusiste mis pies en lugar espacioso (Salmo 31:8). Eso no significa que él tenía pies grandes. Significa que Dios le dio espacio. El no nos apiña. Nos da espacio. ¿Ha notado alguna vez que cuando trata de hallar alivio, la gente lo abruma? Ellos aprietan la cuerda. Le ponen a limitaciones muy estrictas. Le ponen un límite de tiempo o alguna otra cosa  que le recuerde su obligación. Lo que David dijo en este versículo fue lo siguiente: “Señor, tú tienes un amplio lugar; tú me das espacio; tú me concedes amplitud”. Quiero que sepa que nuestro Padre celestial no se afana. El está en apacible tranquilidad y en calma, mientras usted vuelve en sí. El sabe lo que está haciendo. ¿No le sirve eso de alivio? Eso hace que confiar en él sea mucho más fácil. No es raro que David dijera: Mas yo en ti confío, oh Jehová (versículo 14). ¿Cómo nos instruye el Señor en estos casos? (1) El nos instruye en un contexto de confianza, y no de sospecha. . . en ti confío, oh Jehová”. Cuando usted entrega su situación a un hombre, a menudo habrá la sospecha de que usted volverá a cometer el error. El hombre estará allí con 17 advertencias, seis sermones, dos cantos y un poema para respaldar tales advertencias; y un larguísimo dedo índice apuntando hacia su pecho mientras dice: “Es mejor que usted tenga cuidado con eso”. Dios nos instruye en un contexto de confianza, no de sospecha. (2) Dios nos instruye durante toda la vida, y no sólo en los momentos placenteros. ¿Está usted avergonzado, desconcertado, humillado? ¿Siente que ha fracasado, que ha perdido algo? Sus tiempos están en las manos del Señor. El lo instruye tanto en los tiempos tristes como en los placenteros. Esa es la razón por la cual Santiago dice: “No las resientan [las correcciones] como si fueran intrusas; sino denles la bienvenida como si fueran amigas” (Santiago 1:2; Versión de Phillips; traducción directa). (3) Dios nos instruye en lugares secretos, y no en público. ¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, Que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres! En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; Los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de lenguas (Salmo 31:19, 20). Las mejores cosas que aprendemos de los errores, las aprendemos en secreto, porque es allí donde él nos dice sus secretos, y al hacerlo así, nos cubre con su amor y con su comprensión. “Los cristianos no son perfectos, sólo son perdonados”. Este es uno de los muchos letreros pegados en el paragolpes de los coches. Francamente, no me llaman mucho la atención la mayoría de las cosas que las personas pegan en sus automóviles, pero éste sí me encanta. Sí, ni siquiera el hecho de llegar a ser cristianos borra nuestras imperfecciones. Todavía cometemos errores; aun errores estúpidos. Pero, gracias a Dios, el perdón nos da esperanza. Aún necesitamos mucho de esto.

Consejos de una cantinero para vencer el desánimo III parte

En tercer  lugar LA CURA DEL DESANIMO. ¿COMO PODEMOS TRATAR EL DESANIMO?  ¡La construcción de aquel muro de Jerusalén ciertamente se estaba volviendo una hazaña nada fácil! El desánimo era galopante. Satanás tuvo que haber tenido un día de campo. Pero  Nehemías no pasó por alto el desánimo. (Uno no puede pasar por alto el desánimo. Eso sería como pasar por alto el hecho de que un neumático se ha desinflado. Aunque usted ore cuando quiera; aunque conduzca lo que quiera; nunca logrará que el aire vuelva al neumático. Usted tiene que arreglarlo. Eso mismo sucede con el desaliento.) Nehemías, como buen líder, se preparó y se enfrentó al desánimo. Encuentro cinco técnicas que él empleó y que le fueron eficaces, y que aún hoy son eficaces. Primero,  motivó a compartir las cargas con los que nos quieren. Es decir el unificó los esfuerzos hacia una meta. Lo primero que hizo Nehemías fue unificar al pueblo en torno a una misma meta. Entonces por las partes bajas del lugar, detrás del muro, y en los sitios abiertos, puse al pueblo por familias, con sus espadas, con sus lanzas y con sus arcos (Nehemías 4:13). Ahora bien, esto es significativo. Los constructores habían estado esparcidos por toda Jerusalén, trabajando juntos con piedras, agua y argamasa; y sin embargo, habían estado separados de sus familias. Nehemías los unificó según las familias y a cada uno dio una meta común: la preservación. El les quitó la atención hacia sí mismos e hizo que pusieran en el enemigo; que la quitaran del desánimo y la auto conmiseración y la pusieran en la meta de la auto preservación. El “apretó las filas” y, por tanto, estimuló a los abatidos de corazón. El hogar debe ser una fuente básica de estímulo. La fuerza de trabajo de Nehemías estaba desanimada. El dijo: “Vamos, unámonos por familias, busquemos a quienes nos quieren. Ustedes colóquense ahí; usted y su familia quedan colocados allí. . .” Nehemías los colocó en unidades. Notemos lo que sucedió en el proceso de unir a su pueblo: Nehemías detuvo la obra. Algunas veces lo mejor que podemos hacer cuando estamos desanimados es tomarnos algún tiempo para descansar con los que nos aman. Hay una antigua máxima griega que dice: “Si mantienes siempre el arco tenso, lo romperás”. ¿Está muy tenso su arco? ¿Cuándo fue la última vez que lo aflojó usted y se escapó por un par de días? Supongo que todos nos ponemos rígidos y tensos en nuestro trabajo; pero los que están ebrios por el trabajo no son los mejores líderes. Repito: ¡Tómese su tiempo de vez en cuando! Nehemías detuvo la obra y dijo: “Unámonos como familias”. Eso hará mucho para detener el desánimo. En segundo lugar   Dirigir la atención hacia el Señor. Luego, él dirigió la atención de ellos hacia el Señor (versículo 14). Ellos tenían la vista puesta en los escombros. Necesitaban mirar hacia el Señor. Después miré, y me levanté y dije a los nobles y a los oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible… Mire usted eso. El se encargó de todo. ¡Esa es una tarea básica del dirigente! La frase “acordaos del Señor” está muy bien; ¿pero cómo puede usted hacer eso? Puede comenzar recordando las cosas que el Señor ha dicho. Realmente usted pone en su mente algunas de las declaraciones de Dios. Por ejemplo: Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente… (Isaías 26:3, 4).O el siguiente pasaje: Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús (Filipenses 4:6, 7). Uno se acuerda del Señor al recordar lo que El dijo. Recuerde usted ahora mismo unas cinco o seis buenas y sólidas promesas que pudiera reclamar. Cuando el diablo ataca, ¿está usted listo con las palabras vivientes que contraatacan, con la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios? El cristiano tiene que saber lo que Dios ha dicho. Uno puede recordar al Señor recordando lo que El es. ¿Cuándo reflexionó usted por última vez en la grandeza de Dios? Tal vez eso pasó mientras estaba acostado de espaldas mirando hacia las estrellas. ¿Alguna vez se sube usted a su carro y lo conduce hacia algún sitio apartado simplemente para pasar un tiempo de tranquilidad a solas con Dios? Eso ayuda a menudo a aclarar la niebla, y capacita a la mente para asirse de nuevo a Dios. Igualmente esenciales son aquellas ocasiones en que los cristianos participan juntamente en la celebración de la Cena del Señor. La Cena del Señor es el tiempo en que el Señor se manifiesta y nos habla, para revelarnos de nuevo la maravilla de su Persona. Nehemías dijo a su pueblo: “Ustedes han puesto los ojos en los escombros, en la basura, en su propio proyecto individual. Pónganlos en el Señor”. Las personas que están desanimadas están pensando principalmente en una cosa: en ellos mismos. Aquellos judíos no constituían ninguna excepción. Así que Nehemías los unificó en torno a la misma meta. Eso significa que él tuvo que detener el proceso del trabajo y dejarlos tranquilos. Luego dirigió la atención de ellos hacia el Señor. En tercer lugar renovar la pasión por nuestra visión. Es decir mantener un equilibrio entre los pensamientos y las acciones.¿Qué fue lo que hizo Nehemías a continuación en su intento por frustrar el desánimo? El estimuló a los judíos para que mantuvieran un equilibrio. Los llamó a la acción. “Ahora, ustedes tienen que pelear”, les ordenó. “Hay una tarea que tiene que hacerse. ¡Saquen las espadas!” El versículo 14 ter-mina del siguiente modo: . . . pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas. Veamos los versículos 15, 16: Y cuando oyeron nuestros enemigos que lo habíamos entendido, y que Dios había desbaratado el consejo de ellos, nos volvimos todos al muro, cada uno a su tarea. Desde aquel día la mitad de mis siervos trabajaba en la obra, y la otra mitad tenía lanzas, escudos, arcos y corazas; y detrás de ellos estaban los  jefes de toda la casa de Judá. El versículo 17 agrega: Los que edificaban en el muro, los que acarreaban, y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada. Ese, mi estimado amigo, es un hecho básico de la vida cristiana. Me siento hastiado de los cristianos que no hacen otra cosa que pelear; pero me preocupa por igual el cristiano que dice que nunca hay razón para pelear. De todo corazón estoy  de acuerdo con una filosofía equilibrada de la vida que estimule tanto la construcción como la batalla. Los que hablan  inglés tienen  una Biblia en sus  manos que en gran parte se la deben a un hombre llamado Juan Wycliffe. El no sólo fue conocido como un constructor que produjo el primer texto de la Biblia en inglés, sino también como un luchador. ¡Qué líder! Cuando él murió, sus enemigos quemaron su cuerpo en la hoguera, y luego tomaron sus cenizas y las rociaron sobre el río Támesis en Londres. “¡Nos deshicimos de Wycliffe para siempre!” tuvieron que haber pensado sus enemigos. Pero estaban equivocados. El producto de su trabajo, la Biblia en inglés, está con nosotros hoy, por cuanto él hizo algo más que pelear. El permaneció en su trabajo. Recordemos a Juan Bunyan: otro luchador y constructor. Lo metieron a la cárcel tres veces, pensando que así lo harían callar. Pero en vez de callarse, él escribió la gran obra  El progreso del peregrino, el libro que ocupa el segundo lugar entre los cristianos hoy. Como usted ve, él podía hacer algo más que pelear. Al hacer una gigantesca inversión personal, las verdades de  EL progreso del peregrino fueron expuestas para beneficio de millones de personas en las generaciones subsiguientes. ¡Qué equilibrio tan bello! Guárdese usted de aquella enseñanza sutil que sugiere que Dios hace todo, y usted se queda quieto sin hacer nada. La Biblia nos exhorta continuamente a estar firmes, a contender por la fe, a ser fuertes en la pelea y a ser buenos soldados. Pero tenemos que establecer el equilibrio entre la fe y la acción. En cuarto lugar desarrolle un ambiente  para reafirmar la seguridad. Es decir lo que se puede decir determinar un sitio de reunión. La cuarta cosa que hizo Nehemías fue proveer un sitio para reunión. Permítaseme aclarar lo que quiero decir. Nehemías escribió en el versículo 19: Y dije a los nobles, y a los oficiales y al resto del pueblo: La obra es grande y extensa, y nosotros estamos apartados en el muro, lejos unos de los otros. En el versículo 20 leemos acerca del punto de reunión:   En el lugar donde oyereis el sonido de la trompeta, reuníos allí  con nosotros; nuestro Dios peleará por nosotros. ¿Cuál era el punto de reunión? Ante todo, era un lugar, pero también se nos sugiere un  principio. El lugar era aquel en que se oyera el sonido de la trompeta. Nehemías ordenó: “Cuando oigáis el sonido de la trompeta, salid corriendo hacia el sitio donde está el que la toca”. El principio era éste: No traten de pelear solos. Este principio aún tiene validez. Tenemos que tener un punto de reunión. Necesitamos un amigo íntimo, alguien que pueda unirse a nosotros cuando se presente el ataque. No trate usted de pelear solo. Ninguno de nosotros debe decir: “Yo no necesito a nadie más”. Esa es una teología pobre y comunica una idea deformada del cristianismo. La respuesta del saludable hijo de Dios debe ser la siguiente: “No es posible que yo lo haga solo. Pero, Oh Dios, si tú me das tu fortaleza por medio del Espíritu Santo, y me unes con otro hermano o con otra hermana de la familia, que puede estimularme y a quien yo pueda estimular, estaré reunido en torno a ti hasta el último día de la prueba”. ¿Hay algún pasaje bíblico que apoye la necesidad de tener un punto de reunión? ¡En realidad, lo hay! Cuando Jezabel buscaba a Elías, él corrió y se metió bajo un árbol en el desierto, y dijo: “Señor, quítame la vida. No vale la pena vivir. Estoy solo”. ¿Qué hizo Dios? Le llevó alimento, y Elías fue nutrido y sostenido por ese alimento durante  días y  noches. Luego se nos dice que Dios le dijo: “Elías, levántate. Tú no estás solo”. Y le dio un compañero llamado Eliseo. El último versículo de 1 Reyes 19 nos dice que Elíseo le servía a Elías. La parte bella de esta historia es el hecho de que este acontecimiento señaló el momento en que Elías realmente comenzó su marcha. Había hallado un punto de reunión. Dios le había dado un compañero con el cual podía contar (eso es sumamente importante), al cual podía descubrir su alma, con el cual podía compartir sus heridas y aliviar su soledad. Cuando David se halló bajo la persecución celosa de Saúl, Dios le dio a David un amigo. Jonatán y David se amaron mutuamente a causa de un maravilloso vínculo: sus almas estaban atadas como si fueran una. Por causa de ese amigo, el des ánimo raras veces debilitó la armadura de David. ¿Cuenta usted con alguna persona como esa? Si no, busque la manera de cultivar una. Busque un amigo, exprésele a Dios ese anhelo, ore para conseguirlo. No se rinda hasta que pueda unir su alma con otro que tenga un espíritu afín, que se preocupe por su alma y por sus necesidades. Usted necesita a una persona que le sirva como punto de reunión. Nehemías dijo: “Cuando ustedes oigan el grito de batalla, acudan al lugar donde está la trompeta”. Allí es donde está la fortaleza. En quinto lugar recuperar  un ministerio de servicio a otros. El paso quinto y final que Nehemías dio para disipar todas las señales de desánimo entre su pueblo fue el de ocuparlos en un ministerio de servir a otros. Los versículos 21 y 22 nos dicen que ellos continuaron la obra. Nosotros, pues, trabajábamos en la obra; y la mitad de ellos tenían lanzas desde la subida del alba hasta que salían las estrellas. También dije entonces al pueblo: Cada uno con su criado permanezca dentro de Jerusalén, y de noche sirvan de centinela y de día en la obra. En esencia, lo que Nehemías dijo fue lo siguiente: “Miren, necesitamos ayuda. Les pido que se sirvan y ayuden el uno al otro. No podemos manejar esto solos”. En los tirantes días que siguieron, según el versículo 23, ¡ni siquiera tuvieron tiempo para cambiarse la ropa! Mientras se bañaban, permanecían en la obra. Se ayudaban el uno al otro en el servicio y en el compromiso. ¿Usted quiere saber cómo puede sentirse miserable? Sea como el fallecido Howard Hughes. Viva por sí solo. Use tan a menudo como le sea posible las palabras yo, mi y mío. Derrame todo su amor hacia adentro. Piense sólo en sus propias necesidades, en sus deseos, en lo que usted quiere, en lo que le place. Niéguese a amar y a ser amado. C.S. Lewis dijo lo mismo de un modo mejor: Amar en alguna forma es ser vulnerable. Ame a alguna cosa, y su corazón ciertamente será torturado y posiblemente sea quebrantado. Si usted quiere estar seguro de mantener el corazón intacto, no debe darlo a nadie, ni siquiera a un animal. Envuélvalo cuidadosamente con pasatiempos favoritos y pequeños lujos; evite todos los enredos; enciérrelo con seguridad en el estuche o ataúd de su egoísmo. Pero en ese ataúd, seguro, oscuro, inmóvil, sin aire, cambiará. No será quebrantado; se volverá in- quebrantable, impenetrable, irredento … El único lugar fuera del cielo donde usted puede estar perfectamente seguro de todos los peligros … del amor es el infierno.” ¿Está usted comprometido en las vidas de otros? Esta semana, ¿cuánto tiempo pasará sirviendo a otros? ¿O se preocupa sólo por sí mismo? Todos debemos detenernos a contemplar cuan cortas son nuestras vidas, fijándonos si hemos invertido algo de nuestras vidas en las vidas de otros. ¿Quiere saber cómo no sentirse inútil cuando esté jubilado? Permanezca en contacto con las necesidades de otros. Recientemente murió una anciana miembro de una congregación. Una de las jóvenes de la  oficina pastoral  dijo: “Lo que angustia es que esa clase de persona está desapareciendo”. Esta dulce señora había perdido a su marido en 1946, y desde entonces había sido una de las damas más ocupadas que se haya conocido. Su ayuda voluntaria fue invalorable para la iglesia y para la comunidad. Aun en el ocaso de su vida, la podían  encontrar trabajando como obrera voluntaria para la sociedad contra el cáncer, trabajando como auxiliar de las demás, haciendo obra cívica, ayudando en el hospital local. La lista pudiera continuar indefinidamente. Ella estaba comprometida en las vidas de otros. Ella nunca envejeció. ¡Nunca se le vio desanimada! En Occidente, el hecho de que una persona queda jubilada significa: “No me moleste. No tengo tiempo para los demás”. Sugiero una alternativa. Piense en el ministerio de exaltación que Dios pudiera darle cuando lo libre (por medio de la jubilación) del mundo del trabajo diario, y lo use como siervo suyo. Nehemías dijo: “No nos sentemos a lamer nuestras propias heridas. Necesitamos ayudarnos los unos a los otros. Metámonos en el asunto de preocuparnos por los demás. Sirvamos. Ministremos. ¿No es ese el lado difícil del cristianismo? ¿No tengo que abandonar mis derechos y negarme a mí mismo? El desánimo en realidad es una enfermedad interna. Comienza con los gérmenes de la duda de uno mismo. Por medio del temor y de las exageraciones negativas, comienzan a crecer los gérmenes y se multiplican. Pronto perdemos nuestro camino, nos debilitamos, salimos corriendo y nos escondemos. En la medida en que continúa, virtualmente llegamos a ser inútiles y completamente derrotados. Nos volvemos presa fácil del enemigo de nuestras almas, el cual se hace cargo de nosotros y anula nuestros esfuerzos. Eso puede ocurrir casi de la noche a la mañana. Eche usted un repaso a estas cinco técnicas. Nehemías las usó para combatir el desánimo en el campamento de la antigua Jerusalén. Sus métodos nunca estarán fuera de moda. Puede ser difícil manejar el desánimo, pero ciertamente no es imposible. Recuerde, no es una enfermedad mortal sino que al contrario el desánimo es curable.

Recientemente leía una breve pero estimulante biografía de Tomás Edison, escrita por su hijo. ¡Qué carácter tan  maravi lloso! Gracias a su genio, hoy disfrutamos del micrófono, el fonógrafo, la lámpara incandescente, la batería de acumuladores, el cine sonoro y más de un centenar de otros inventos. Pero por encima de todo, fue un hombre que se negó a ser dominado por el desánimo. Su contagioso optimismo afectaba a todos los que lo rodeaban. Su hijo recordaba una fría noche de diciembre de 1914. Ese  fue un tiempo en el que todavía resultaban infructuosos los experimentos con la batería de acumuladores níquel hierro- alcalina, a la cual su padre había dedicado casi diez años, y que en cuanto a economía, había colocado a Edison en la cuerda floja. La única razón por la cual estaba aún solvente era la utilidad proveniente de la producción de películas y discos. Esa noche de diciembre resonó el grito “¡Fuego!” en toda la planta. Se había producido una combustión espontánea en el cuarto fílmico. En pocos minutos estuvieron en llamas todos  los compuestos que tenía envasados, el celuloide que tenía guardado para discos y películas y otros artículos inflamables. Llegaron bomberos de ocho pueblos circundantes, pero el calor era tan intenso y la presión del agua tan baja, que el intento de extinguir las llamas fue nulo. Todo fue destruido. Cuando el hijo no pudo hallar a su padre, se sintió preocupado. ¿Estaría a salvo? Ya que todas sus pertenencias se habían esfumado como en una exhalación, ¿estaría su espíritu quebrantado? Al fin y al cabo, Edison ya tenía 67 años de edad; no le quedaba edad para volver a comenzar. Luego, el  joven Edison vio a la distancia a su padre, que estaba en el patio de la planta y corría hacia él.”¿Dónde está tu mamá? -gritó el inventor-. ¡Ve, búscala, hijo! ¡Dile que se apresure y que traiga a sus amigos! ¡Nunca volverán a ver un incendio como éste!”A la mañana siguiente, mucho tiempo antes de amanecer, cuando apenas se había logrado controlar el fuego, Edison llamó a sus empleados, los reunió, e hizo un anuncio increíble: “¡Vamos a reconstruir!” A un hombre le dijo que tomara en alquiler todos los talleres mecánicos que hubiera en la zona. A otro le encomendó que consiguiera una grúa demoledora de la Compañía de Ferrocarriles Erie. Luego, casi como si fuera un pensamiento tardío, agregó: “De paso, ¿alguno de ustedes sabe dónde podemos conseguir algo de dinero? Posteriormente explicó: “Siempre podemos sacar un capital del desastre. Acabamos de limpiar un poco de desperdicios. Sobre las ruinas haremos una edificación mayor y mejor”. Poco después bostezó, dobló su chaqueta para que le sirviera de almohada, se acostó sobre una mesa, e inmediatamente se quedó dormido.” Esto se llama un  hombre que no le afecta el desánimo.

Como descubrir el rey escondido en tí

Me he dado cuenta que Dios tiene para mi vida un propósito grande. Lo tiene para todos sus hijos. Sin embargo no son mucho los que desarrollan ese destino que Dios tiene para ellos. ¿Por qué? Hay muchos factores. Estoy embarcado en escribir una serie de reflexiones sobre ese tema. Usando la vida de Saúl. De hecho Saúl fue llamado a ser rey y termino muerto y solo en una batalla. ¿Cómo perdió esa tan valiosa oportunidad? Bueno de eso se trata lo que quiero compartir. En realidad Saúl pudo haber sido mucho mejor y haber hecho mejores cosas que las que hizo. Pero no lo hizo. Creo que hubo un hilo conductor. ¡Rencor! Pasó tanto tiempo queriendo destruir a David que  se destruyó a asimismo.  ¡Qué lamentable! Sin embargo no siempre fue así. Al principio Saúl tuvo sus buenos momentos. Así que empezaré por sus buenos momentos. De la forma en que Dios hizo que Saúl descubriera el rey que llevaba dentro.

Saúl nació en una familia pequeña, de la tribu más pequeña de Israel, y nunca se imaginó que Dios lo había elegido para ser un líder que librara a su pueblo de la amenaza de sus enemigos. Así como Saúl fue llamado por Dios para librar al pueblo de Israel, todos tenemos  un llamado a reinar en un entorno específico para bendecir a mucha gente. Ese llamado puede ser en tu familia y en la función de Padre o Madre que tus hijos necesitan. Puede ser en tu trabajo en donde Dios te ha capacitado para ser bendición a otros, o quizás aún no se ha manifestado plenamente el sitio en donde Dios va a utilizarte pero debes estar seguro de que Dios no te hizo por casualidad, sino te tiene aquí para un propósito eterno. Quiero que veamos 5 verdades que nos demuestran lo que Dios quiere hacer para descubrir el rey que hay dentro de nosotros. Es decir como sacamos el potencial de nuestra vida.

 

En primer lugar debemos  CREER que Dios tiene control de cada detalle de mi vida. Esto se puede llamar la verdad  de la SOBERANIA de Dios.

Saúl salió en busca de una asna de su padre, pero Dios había preparado el escenario para llevarlo al profeta Samuel: “Mañana a esta misma hora yo enviaré a ti un varón de la tierra de Benjamín, al cual ungirás por príncipe sobre mi pueblo Israel, y salvará a mi pueblo de mano de los filisteos; porque yo he mirado a mi pueblo, por cuanto su clamor ha llegado hasta mí. 17Y luego que Samuel vio a Saúl, Jehová le dijo: He aquí éste es el varón del cual te hablé; éste gobernará a mi pueblo. 1 Samuel 9:16-17 RVR.Empezó buscando burros terminó siendo rey.

En segundo lugar  VER que soy alguien sumamente importante para Dios. Esto yo la llamo la verdad  de la SUFICIENCIA. Debo creer que soy suficiente para ser usado por Dios.

1 Samuel 9:21-24. 21Saúl respondió y dijo: ¿No soy yo hijo de Benjamín, de la más pequeña de las tribus de Israel? Y mi familia ¿no es la más pequeña de todas las familias de la tribu de Benjamín? ¿Por qué, pues, me has dicho cosa semejante? 22 Entonces Samuel tomó a Saúl y a su criado, los introdujo a la sala, y les dio lugar a la cabecera de los convidados, que eran unos treinta hombres.   Y Samuel dijo: He aquí lo que estaba reservado; ponlo delante de ti y come, porque para esta ocasión se te guardó, cuando dije: Yo he convidado al pueblo. Y Saúl comió aquel día con Samuel. RVR Nuestro enemigo se encarga de hacernos sentir insignificantes. Puede que cuando  escuchaste el título de esta reflexión  hayas pensado esto no es para mí. Pero déjame decirte que Dios tiene planes maravillosos para tu vida. Debes creer que Dios te ha creado para sus propósitos. Es posible que alguien se haya burlado de ti por tu raza, aspecto físico, estatus económico, etc. Eso no es obstáculo para Dios pues, delante de Él, tú eres su hijo amado.

En tercer lugar RELACIONARME con hombres de Dios para la restauración plena de mi corazón... “Esta verdad la llamo SATISFACCION                                                                                                                                                        1 Samuel 9:26-10:1- 2. No podrás encontrar tu rey y tu reinado sino te desarrollas en el ámbito del pueblo y del ministerio de  Dios. Nota lo que dice el pasaje: Al otro día madrugaron; y al despuntar el alba, Samuel llamó a Saúl, que estaba en el terrado, y dijo: Levántate, para que te despida. Luego se levantó Saúl, y salieron ambos, él y Samuel. 10:1 Tomando entonces Samuel una redoma de aceite, la derramó sobre su cabeza, y lo besó, y le dijo: ¿No te ha ungido Jehová por príncipe sobre su pueblo Israel? “RVR1 Samuel 10:5-7. “ Después de esto llegarás al collado de Dios donde está la guarnición de los filisteos; y cuando entres allá en la ciudad encontrarás una compañía de profetas que descienden del lugar alto, y delante de ellos salterio, pandero, flauta y arpa, y ellos profetizando. 6Entonces el Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre. 7Y cuando te hayan sucedido estas señales, haz lo que te viniere a la mano, porque Dios está contigo.” RVR  El profeta unge a Saúl y le señala que un milagro espiritual acontecerá cuando se reúna con un grupo de profetas, y sucede exactamente así. Saúl fue mudado en otro hombre cuando entró en contacto con este grupo de hombres de Dios. Quiero invitarte a que tengas tu realización en la vida en la iglesia, donde se cultive  una buena relación con Dios. Debes aprender de otros que tienen un poco más de experiencia en los caminos del Señor, así como contagiarte del fervor y la pasión por adorar al único Dios. Cuando Saúl se unió a los profetas, fue contagiado con la atmósfera espiritual allí presente, y comenzó a profetizar. Eso mismo sucede cuando nos reunimos a alabar al Señor, te contagias de los deseos de alabarle. Te invitamos a que te comprometas a acompañar gente de Dios, pues experimentarás un notorio crecimiento espiritual. La iglesia tiene proyectos que tienen como objetivo que El Espíritu Santo nos mude, nos transforme en hombres y mujeres nuevos. Cuando Dios cambió el corazón de Saúl, cambió su manera de actuar. Quiera  Dios cambiar tu corazón, ser mudado en otro hombre.

En  cuarto lugar, VENCER el temor y recibir el llamado de Dios. Esta verdad la llamo la verdad de la SEGURIDAD 1 Samuel 10.21-24.

“E hizo llegar la tribu de Benjamín por sus familias, y fue tomada la familia de Matri; y de ella fue tomado Saúl hijo de Cis. Y le buscaron, pero no fue hallado. 22Preguntaron, pues, otra vez a Jehová si aún no había venido allí aquel varón. Y respondió Jehová: He aquí que él está escondido entre el bagaje. 23Entonces corrieron y lo trajeron de allí; y puesto en medio del pueblo, desde los hombros arriba era más alto que todo el pueblo.”

 El día de la presentación pública de Saúl, el nuevo rey, éste tenía tanto miedo que se escondió atrás de las malezas. Pero los profetas preguntaron a Dios y el mostró donde estaba. Así muchas veces nos escondemos del llamado de Dios detrás de muchas excusas tales como: “No estoy preparado”, “no sé si voy a aguantar”, etc. Pero Dios sabe dónde estamos y es necesario salir y tomar el lugar al cual Dios nos está llamando. Dios tiene un lugar, un área de influencia para que usted haga brillar Su luz en ella, pero es necesario que nos dispongamos a asumir nuestro llamado para la restauración de nuestro entorno.

En quinto, ACTUAR sabiendo que Dios me ha sanado. Esta verdad la llamo la verdad de la SANIDAD.  1 Samuel 11.5-8.

“Y he aquí Saúl que venía del campo, tras los bueyes; y dijo Saúl: ¿Qué tiene el pueblo, que llora? Y le contaron las palabras de los hombres de Jabes. 6Al oír Saúl  estas palabras, el Espíritu de  Dios vino sobre él con poder él  se encendió en ira en gran manera. 7Y tomando un par de bueyes, los cortó en trozos y los envió por todo el territorio de Israel por medio de mensajeros, diciendo: 7  Así se hará con los bueyes del que no saliere en pos de Saúl y en .pos de Samuel. Y  cayó temor de Jehová sobre el pueblo, y salieron como un solo hombre”

 Ahora sabemos por qué Dios quiso restaurar el corazón de Saúl. Venía un peligro inminente sobre Israel, y el pueblo necesitaba un líder con un corazón sano para guiarlo hacia la victoria. Una vez el corazón de Saúl fue transformado por Dios, estuvo listo para emprender un gran proyecto de liberación para Israel. Es maravilloso cómo este hombre temeroso que se escondió en el bagaje, tocado por el Espíritu de Dios tiene el valor para invitar al pueblo a ir a la guerra para defenderse. Dios lo apoyó y el pueblo pudo ser librado de sus enemigos. Así Dios quiere prepararte para ser un instrumento de bendición para las personas que están a tu alrededor. Pero primero debe restaurar tu corazón para que seas capaz de escuchar su voz y ejecutar sus planes. Por eso quiero invitarte a que te comprometas a vivir junto a Dios y emprender una travesía  para liberar tu corazón. Mi deseo  es que descubras que Dios te ha hecho con un propósito más grande del que te has imaginado. Es por eso que es importante que hagas un  viaje para restaurar completamente tu corazón.

!Señor dame paciencia… pero dámela ya! : El arte de esperar en el Señor

Señor dame paciencia…per dámela ya!

¿Ha oído usted la oración de los tiempos modernos? “Señor, dame paciencia . , . ¡Y la quiero ahora mismo!” Es horriblemente difícil para personas que viven de cenas congeladas, puré de papas instantáneo, jugo de naranja en polvo, mezclas empacadas para pasteles, cámaras fotográficas instantáneas y rápidas autopistas, enseñar a esperar a sus hijos. En efecto, es casi imposible. Una de las cosas que me hace perder la paciencia inmediatamente, son las computadoras. Especialmente cuando tengo prisa y los programas tardan en abrir o el impresor se tarda en imprimir. Lo reconozco, he quebrado más de alguna vez algún mueble de la cólera y frustración por la lentitud de las máquinas. ¡Qué cosa! No es extraño que para mí sea difícil manejar la espera. ¿No haría usted cualquier cosa en vez de esperar? Para decir la verdad, algunos de nosotros preferiríamos hacer lo malo en vez de esperar. He descubierto, sin embargo, que en la vida, esperar es la regla,  y no la excepción. La excepción es una puerta abierta; cuando usted vea una, ¡entre! ¡Esto no sucede con mucha frecuencia! Pero el  hecho de esperar cuando la puerta está cerrada no significa que está fuera de la voluntad de Dios, pudiera estar precisamente en el centro de su voluntad. La puerta abierta es la excepción. El relampagueo de las luces verdes sólo ocurre unos pocos segundos en la vida. El resto del tiempo está lleno con unas pocas luces amarillas, y mayormente con luces rojas que dicen: “¡Espere, espere, espere!” Esperar en Dios es descansar en vez de preocuparse. Usted sabe que no puede disimular que está esperando. Todos hemos hecho esto. Podemos estar completamente trastornados por dentro, pero nos ponemos la máscara plástica que dice que estamos en paz, cuando realmente no lo estamos. Todo esto me recuerda una historia en que estuvieron envueltos algunos soldados estadounidenses durante la guerra de Corea. Ellos habían tomado una casa en alquiler y habían contratado a un muchacho para limpiar la casa y cocinar. Fue común durante esa guerra que los soldados hicieran esa clase de arreglo con personal disponible a precios bajos. El pequeño muchacho coreano que ellos contrataron tenía una actitud increíblemente positiva: siempre estaba sonriente. Así que ellos le hacían malas jugadas, una tras otra. Le clavaban los zapatos al piso. El se levantaba por la mañana, les sacaba los clavos con tenacillas, se ponía los zapatos y mantenía un excelente espíritu. Ellos ponían grasa en las llaves de la estufa, y él limpiaba cada una de ellas, mientras sonreía y cantaba a su manera todo el día. Ellos colocaban baldes de agua sobre la puerta de tal modo que cuando él la moviera saliera empapado. Pero vez tras vez, él se secaba y nunca se enojaba. Finalmente, ellos se avergonzaron tanto de sí mismos que un día lo llamaron y le dijeron: —Queremos que sepas que nunca más te volveremos a hacer malas jugadas. Tu actitud ha sido magnífica.  — ¿Quieren decir que ya no me clavarán más los zapatos al piso? —preguntó él. —No lo haremos más. — ¿No colocarán más cosas pegajosas en las llaves de la estufa? —No más. — ¿No van a poner más baldes de agua sobre la puerta? —No más. —Está bien, entonces no escupiré más en la sopa —respondió con una sonrisa mientras encogía los hombros. Es fácil hacer eso. ¿No es verdad? Con nuestras caras decimos que estamos esperando, pero estamos molestos y escondemos ese hecho. ¡“Escupimos en la sopa” más veces de las que no lo hacemos!   En el Salmo 62 hallamos un esquema muy útil, y yo pudiera agregar, muy simple, para guiar nuestros pensamientos en lo que respecta a esperar victoriosamente en el Señor. No creo que necesitemos amplia enseñanza sobre esperar. ¡Lo que necesitamos son largos períodos de práctica! La mayoría de nosotros sabemos eso; necesitamos practicarlo más. Permítame decir sólo lo suficiente sobre el tema para refrescarle la memoria y ponerlo en marcha. David escribió: “En Dios solamente está acallada mi alma” (Salmo 62:1). Esta declaración en hebreo tiene un hipérbaton completamente distinto al castellano: “Sólo por Dios en silencio mi alma espera”. La palabra que se tradujo “silencio” viene de un verbo hebreo que significa “susurrar suavemente”. La idea es la de susurrar un secreto a alguien que uno ama, en tal tono que no lo alcance a oír ninguna otra persona. En este caso, sólo es para que Dios lo escuche. El adverbio “solamente” aparece cinco veces en este salmo. Para David, no hay ningún otro, sino el Señor. Con esto en mente, vea detenidamente el pasaje, y verá lo que hemos de hacer.

Primero  Espere que Dios dirija sus pasos. “En Dios solamente está acallada mi alma”. No corra adelante. ¡Espere! La luz roja del semáforo significa: “Espere, observe con cuidado”. Usted no puede esperar y correr al mismo tiempo. El versículo 1 es la declaración de David; el versículo 5 es su mandamiento: “Alma mía, en Dios solamente reposa”. El se está hablando a sí mismo. ¿Alguna vez ha tenido que hacer eso usted? Con toda seguridad lo ha hecho, en medio de los crecientes dolores de la vida cristiana. “Alma mía, ¡escucha! ¡Haz lo que se te dice!” Eso es lo que el salmista dice: “Espera que Dios dirija tus pasos”. Segundo  Confíe en que Dios le proveerá lo necesario. Continúa: “De él viene mi salvación. El solamente es mi roca”. Está bien, entonces usted tiene que esperar en él y confiar que él le proveerá lo que necesite. Ahora bien, ¿cómo le va con esto? Comprendo que éste es un asunto muy trillado; desde que usted era niño y asistía a la escuela dominical ha oído eso: “Espere que Dios le supla todo lo que necesita”. Permítame preguntarle: ¿Ha superado eso? Yo puedo enseñarle, pero no puedo hacerlo aprender. Dios tiene que hacer eso. ¿Verdad? Y eso requiere espera.  Supongo que ésa es parte de mi humanidad caída. ¿Alguna vez ha tenido que aprender una lección dos veces? ¿Creería siete u ocho veces? Al igual que David tenemos que  cambiar nuestra  debilidad por la fortaleza de Dios. Simplemente debemos decir: “Es imposible, Señor; hazlo tú”. Y él lo hará. Cuando esperamos para que Dios dirija nuestros pasos, ¡él lo hace! Cuando confiamos que él satisface nuestras necesidades, ¡él lo hará! ¿Qué más?

Tercero,  Espere silenciosamente y con calma.“En Dios solamente está acallada mi alma” (versículo 1). “Alma mía, en Dios solamente reposa” (versículo 5). El himnólogo escribió: Habla, Señor, en la calma, mientras espero en ti; dispuesta está mi alma para tu voz oír. Algunas de mis mejores oraciones las he hecho sin palabras. Dejo de hablar, cierro los ojos, medito en lo que he estado leyendo o en lo que he estado diciendo y me oigo internamente. Oigo profundamente. Me oigo los reproches. Pienso en mí como si fuera una casa con muchas puertas. Mientras estoy meditando —y a  menudo me ayuda el cerrar los ojos para no distraerme—, corro el cerrojo de las puertas y las abro mientras espero. Es entonces cuando el Espíritu Santo entra. Entonces le presento las circunstancias y escucho con las puertas abiertas. Entienda usted, por favor, que yo nunca he oído una voz audible (Pero no pierdo la esperanza de oírla algún día). Esa no es la clase de respuesta que recibo. La oigo en lo profundo de mí ser. Siento lo que Dios está diciendo acerca de la situación. Al fin y al cabo, su promesa es que él inscribirá sus leyes, su voluntad, en nuestros corazones y en nuestras mentes (Hebreos 8:10). Esto se parece a lo que hace uno cuando se enamora de una persona. ¿No es verdad que cuanto más profundo sea el amor, tanto menos hay que decir? Los enamorados realmente se pueden sentar junto a una banca de un parque  durante una o dos horas, y decirse muy poco, pero ése puede ser el más profundo encuentro y la más profunda relación que se puede experimentar. En alguna ocasión, que sea pronto, aparte tiempo para leer Apocalipsis 2:1-7. Es una carta que Jesucristo escribió a un grupo de cristianos del primer siglo que vivían en la metrópoli de Éfeso. Era una gran ciudad; los santos eran sólidos, la iglesia era fuerte; pero algo faltaba. ¿Sabe qué era lo malo que había en Éfeso? Ellos habían abandonado su primer amor. Eran ortodoxos, se podía predecir cómo seguirían, eran sólidos hasta la médula, defendían la verdad; pero habían perdido su primer amor. Habían dejado de amar a Jesucristo. Y el Señor dijo que eso era tan significativo para él que, a menos que se  volvieran de su mal camino, él les quitaría el candelero del lugar de ellos y se llevaría la luz. No serían más que un caparazón con un aviso al frente: “Iglesia Cristiana de Éfeso”. Una armazón con vidrios de colores sin el calor de Cristo.

Cuarto,  espere con estabilidad y confianza.El solamente es mi roca [ésa es una buena palabra]… Es mi refugio, no resbalaré mucho (Salmo 62:2). Hay un sentido de estabilidad cuando se confía en el Señor. Así es como esperamos: silenciosamente y con un sentido de confianza. Puede notar que el texto dice: “no resbalaré mucho” y en el hebreo la expresión “resbalar” es mowt  que significa temblar, zarandear o resbalar. O sea que a lo menos un poquito si nos deslizamos o temblamos. ¡A la humanidad! Cuán frágiles somos! Isaías 40:31 dice:  “Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas”. En este caso, el verbo “esperan” significa “torcer o extender a fin de llegar a ser fuerte”. En la forma nominal significa “una línea” o “una cuerda”. En otras palabras, la idea es la de extender o torcer hebras de cáñamo a fin de que, en el proceso, se logre mayor fuerza. Alguien ha llamado esto “el intercambio de vida”, en que cambiamos nuestra debilidad por la fortaleza de Dios. Yo tomo mi hebra (que es como la de una pequeña telaraña) y la envuelvo en torno al cable de acero del carácter del Señor (a través del proceso de la espera), y luego mi hebra llega a ser tan fuerte como su carácter. Intercambio mi debilidad por su fortaleza que es como un cable de acero. Nunca cede en medio del calor de la lucha; siempre se mantiene firme. Los que esperan (los que cambian su debilidad por la fortaleza de él) en Jehová tendrán nuevas fuerzas. Pero recuerde que la clave para obtener la fuerza del Señor es esperar. Note las tres cosas que el profeta Isaías dice que ocurrirán: . . . levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán (Isaías 40:31). El significado hebreo de la primera declaración es: “Les brotarán alas como águilas”. ¿No es eso interesante? ¿En qué piensa usted cuando se imagina a un águila que se remonta? Yo pienso en la libertad y en la fuerza. Pienso en el carácter sólido del vuelo. ¿No sería magnífico poder volar? Los que esperan en el Señor, de algún modo tienen esa opción delante de ellos. Hay libertad de las presiones de la vida para el vuelo. Y esta libertad estará acompañada por una paz interna. Luego, Isaías promete que los que esperan correrán y no se cansarán. Ya no arrastraremos un ancla. En esta carrera espiritual nos espera la levedad, la ligereza de pies. Agrega Isaías que caminaremos y no nos fatigaremos. ¿Por qué? Porque estamos esperando: no estamos marchando con nuestra propia fuerza. Marchamos con la fuerza de él, y Dios nunca se cansa. Cuando envolvemos nuestra hebra alrededor de su cable, podemos remontarnos con libertad y caminar con un corazón liviano. Ahora volviendo al Salmo 62. Dios nos dice por qué debemos esperar. La razón es simple. Porque: (a) El solamente es nuestro Libertador. De él viene nuestra salvación (versículo 1). (b) El solamente es nuestra Seguridad. El es nuestra Roca (versículo 2). (c) El solamente es nuestra Esperanza. De él es nuestra esperanza (versículo 5). ¡Qué declaración tan estimulante! (d) El solamente es nuestra Gloria. En Dios está mi salvación y mi gloria (versículo 7). Eso me encanta. Ahí hay finalidad. (e) El solamente es nuestro Refugio. En Dios está mi refugio (versículo 7). Solamente, solamente, solamente Dios. ¿Por qué esperar? Porque sin él no tengo libertad… no tengo seguridad… no tengo esperanza… no tengo ninguna gloria… no tengo ningún refugio.   ¿Sabe usted lo que aprendí al fin? (En algunas de estas cosas, yo aprendo lentamente, como me pasa con mis enfermedades.) He aprendido que esperar envuelve confiar. He aprendido que esperar incluye orar. He aprendido que esperar implica descanso. Le prometo que Dios cumplirá su Palabra, si usted está dispuesto a esperar. Permítame recordarle que la clave de la vida cristiana es  perseverancia. Nosotros crecemos y aprendemos, no cuando las cosas vienen instantáneamente por nuestro camino, sino cuando nos vemos obligados a esperar. Así es como Dios nos atempera y nos sazona; nos ablanda y nos madura.  He leído muchas cosas relacionadas con esto de esperar y desarrollar la paciencia, pero nunca he leído nada que sea mejor que la paráfrasis que hizo J. B. Phillips de Santiago 1:2-4. Lea, por favor, estas palabras finales de manera lenta y reflexiva. Después de terminar, haga una pausa y ore. Pídale al Señor que le dé fortaleza para esperar. . . para soportar la prolongada prueba de la paciencia. Cuando todas las clases de pruebas y tentaciones se apiñen en las vidas de ustedes, mis hermanos, no se resientan de ellas como si fueran intrusas; ¡sino recíbanlas como amigas! Comprendan que vienen a probar la fe de ustedes y a producirles la característica de la paciencia. Pero permitan que el proceso continúe hasta que la paciencia se haya desarrollado plenamente, y descubrirán que han llegado a ser hombres de carácter maduro que tienen la clase correcta de independencia (Santiago 1:2-4; Phillips). Cambiemos la oración común de los tiempos modernos por la oración del cristiano: “Señor, hazme maduro. . . Y estoy dispuesto a esperar en ti”.

Enfermedades del ojo espiritual: Ver sin entender VII parte

2.      A nivel de prognosis

Jesús se da cuenta que los temas de conversación siguen siendo frívolos, entonces les arroja esta afirmación: ¡ojo! “Por favor, no hagan del pan el motivo de su discurso, de su encuentro, cuando hay cosas esenciales por las cuales estar preocupado. Ya ven que he multiplicado el pan.” Note que Jesús usa tres órganos y tres acciones. Es importante encontrar la relación entre lo que les pasa y como superar la crisis de fe que tienen los discípulos.

a)      “Teniendo ojos”. El ojo sano

La visión sana no es ver físicamente, ni ver lo que yo quiero sino es ver como Dios ve. Recuerdan que establecimos que la visión sana se desconecta de la visión de Dios, entonces la propuesta de Jesús es aprendan a ver como mi corazón ve.

b)     “Teniendo oídos”: El oído sano

Cuando una persona pierde la vista puede desarrollar una capacidad de oír mejor. Cuando cerramos los ojos nos sintonizamos con la voz de Dios. Cuando oímos se nos desarrolla un sentido de intimidad, pues aprendemos a reconocer a las personas por su voz. Pero también desarrolla un sentido de imaginación. Necesitamos aprender que para incrementar nuestra visión reflexiva debemos  aprender a desarrollar una intimidad con Dios, para que podamos reconocer su voz en medio de tantas voces, pero también poder imaginar y sonar proféticamente esa voz de Dios.

c)      “No recordáis”: Un cerebro sano

Hay un dicho: “recordar es volver a vivir”. Los discípulos tenían todos los elementos importantes para no olvidarse de los hechos portentosos de Jesús. Habían perdido una mente histórica. La expresión tiene que ver con la memoria. Debían tener mecanismos que les ayudaran a recordar la revelación y todo lo que habían visto anteriormente en Jesús. Por eso Jesús les recuerda los dos milagros de los que ellos fueron testigos.

El Evangelista Lucas, al relatar la  parábola del sembrador, cita la frase de  Isaías: “Para que miren sin ver y oigan sin comprender”. Este es un verdadero peligro para nosotros  los cristianos. Porque Dios, el  sembrador, siembra en nosotros la vida, el amor, el perdón, la alegría, la paz, la  amistad, dones y carismas, bienes materiales, etc. Pero nosotros corremos el  riesgo de no ver esto, no comprender que todo proviene de Él, como nos  enseña la Palabra de Dios: “Todo lo que es bueno y perfecto es un don de lo alto  y desciende del Padre de los astros luminosos, en quien no hay cambio ni sombra  de declinación”, (Santiago 1:17). Podemos tener el corazón y la mente obnubilada, los oídos endurecidos y los  ojos cerrados para no ver ni comprender. Como dice Isaías: ‘Escuchen, sí, pero  sin entender: miren bien, pero sin comprender’.  Embota el corazón de este  pueblo, endurece sus oídos y cierra sus ojos, no sea que vea con sus ojos y oiga  con sus oídos, que su corazón comprenda y que se convierta y sane”, (Isaías 6:9-10). Las espinas ahogan lo que Dios ha sembrado en nosotros y no crece ni  produce frutos. Se frustra el plan de Dios en nuestras vidas. En la vida cotidiana los hijos no siempre ven, ni comprenden ni valoran lo que  los padres hacen por ellos y por este motivo los padres sufren. Este mismo  error podemos cometer en  la relación con Dios, no ver, no comprender ni  valorar lo que Dios siembra en nosotros, todo lo que nos dio y nos sigue dando. Dios siembra en nosotros el don del Espíritu Santo: “el amor de Dios ha sido  derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado”,  (Romanos 5:5). Sin embargo podemos vivir toda una vida sin ser conscientes de  ello y sin experimentar el bautismo del Espíritu Santo, que conduce al cristiano,  lo llena de sabiduría, alegría, gozo, ganas de vivir, entusiasmo, amor a Dios y  al prójimo. Jesús se gozaba experimentando la acción del Espíritu Santo en su  vida: “Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: “Te alabo,  Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y  a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has  querido”, (Lucas 10:21). Sin embargo muchos cristianos son  fríos y  apáticos sin  jamás estremecerse de gozo en Dios, alabándolo y adorándolo.  Podemos no ver, ni comprender, ni experimentar lo hermoso que es vivir a la  sombra de las alas del Todopoderoso, (Salmos 91:1-4). Vivimos porque el aire  todavía es gratis, pero sin disfrutar del maravilloso don de la vida. Podemos no  ver ni comprender que todo está en las manos de Dios,  que El  nos cuida,  que sólo debemos creer y confiar, porque nada sucede sin su  consentimiento: “¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin  embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo. Ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces,  porque valen más que muchos pájaros”, (Mateo 10: 29-30). Podemos no ver ni comprender la intensidad con la cual Dios ama a cada uno  de nosotros. Somos preciosos y valiosos a sus ojos: “Porque tú eres de gran  precio a mis ojos, porque eres valioso, y yo te amo”, (Isaías 43:4). A veces damos   más importancia a lo que piensan de nosotros los demás, los amigos, la  novia/o, padres, jefes, la sociedad en general,   y no  lo que piensa Dios de  nosotros, que es en realidad lo único que cuenta y vale. Podemos no ver, no comprender ni experimentar lo hermoso y sanador que es  pasar cada día al menos una hora en oración a los pies del Maestro, leer su  Palabra, meditarla, aprender salmos de memoria, etc. Muchos cristianos saben   canciones paganas modernas, pero no saben ni siquiera un salmo de memoria.  Podemos no ver, no comprender ni experimentar lo grandioso que es participar  de la Divina Liturgia todos los días, especialmente a la mañana. Iniciar el día alabando y glorificando a Dios en su templo.  Muchos, llamados cristianos, corren y corren por la vida sin saber a dónde van  ni para qué, sin embargo terminarán su alocada carrera en la tumba sin haber  visto, comprendido ni experimentado la belleza de la vida, todo lo que Dios ha  sembrado en nosotros. San Ireneo de Lyón decía que «la gloria de Dios es el  hombre viviente». Se refiere a la vida en abundancia que Dios ha sembrado,  derramado en nosotros, el hombre plenamente hombre y lleno de vida. Vamos a detenernos y reflexionar,  ¿será que yo veo?, ¿Comprendo?,  ¿experimento la belleza de la vida que Dios ha sembrado en  mí? ¿O las  espinas han ahogado todo lo que Dios ha sembrado en mí?, (Lucas 8:7).

Enfermedades del ojos espiritual: Ver sin entender IV parte

En tercer lugar se desvincula del plan de Dios. Jesús les achaca  en los vrs. 19 y 20 a que reparen que el plan de Dios es su hijo, su obra y su actuar sobrenatural en el mundo. Es a irrupción del reino de Dios y del mesías siendo el pan espiritual, pero ellos desvincularon totalmente los hechos portentosos en el pasado con el plan de Dios en el presente de ello. Así que la sanidad de esta visión aparece con tres cosas: Un entendimiento del poder de  Dios. Mateo dice que Jesús” entendió”, supo los pensamientos de ellos antes de que hablaran. (Mateo 16:8). Esto es rescatar un Dios que sabe nuestros planes y hasta nuestros pensamientos más íntimos.  Jesús es Dios y no está desvinculado de nuestras reflexiones. Un enfrentamiento con la Palabra de Dios. El texto dice: “les dijo”. Eso significa que nuevamente debemos recuperar el mensaje de Dios y no nuestros propios mensajes. Un empoderamiento del pueblo de Dios. Me gustaría llamar la atención aquí  es el hecho de que se lo dijo a todo el grupo. Es decir el llamado de Dios es comunitario, es allí donde juntos como pueblo podemos escuchar a Dios. No es la obligación de uno solo, sino de todos nosotros escuchar a Dios. El pueblo de Dios debe ser empoderado para esa capacidad de escuchar a Dios. Uno de mis maestros hace una importante aportación acerca de la reforma que nuestras iglesias deben tener en esta generación. Vea lo que el dice:

“Los reformadores hablaron de una Iglesia Semper Reformanda, “siempre reformándose”. La vida humana está siempre transformándose. El mundo entero presenta siempre nuevos desafíos. Esto implica retos nuevos a la ética del cristiano. En términos teológicos, los elementos que orientan esa ética son el sentido de obligación moral que proviene de la distinción del bien y del mal y el sentido de responsabilidad.

Primero tenemos una obligación moral.  En cuanto a la obligación moral nace esta del carácter moral del Dios. Contrasta esto con los dioses paganos que eran caprichosos, a veces buenos, otras veces, malos, como sus adoradores. Podían engañar, mentir y esconderse de sus adoradores. Podían exigir a hombres y mujeres el servicio en templos de prostitución “sagrada”; también pedir que sus recién nacidos fuesen inmolados; de igual manera, mover al hombre a hacerse incisiones o cortes en la piel hasta sangrar profusamente. En todo esto, no había una norma propuesta por ellos para distinguir entre lo bueno y lo malo. De hecho, lo que las deidades exigían como “culto”, constituía una monstruosa destrucción del ser humano.  Ese es el aspecto revolucionario de la revelación divina. El carácter de Dios expresado en mandatos que protegen al ser humano. Esos mandatos que definen lo que es bueno y lo que es malo, constituyen en si mismos la protección de la vida, incitan a amar al prójimo, a ejercitar la compasión, a respetar el derecho ajeno, a hablar la verdad etc. Lo que suele tomarse como “criterios religiosos”, y verse sólo en función de Dios, pierde de vista algo central: que la razón por la cual Dios califica ciertas cosas como buenas es para proteger al ser humano; y que lo que es aborrecible a los ojos de Dios es lo que destruye al individuo y a la especie. Con esa instrucción convertida en conducta Dios protege al hombre y a la mujer.

En cuanto a la responsabilidad como el otro eje de la ética cristiana, en términos teológicos, se refiere a la respuesta total, de nuestra vida total, a la demanda total que Dios nos hace. Es una consecuencia de nuestra “creaturidad”. Dios nos ha hecho “personas” como él, y nos ha revestido de una dignidad infinita. El ser creaturas morales, creados a su imagen y semejanza, nos vincula a él de muchas maneras, especialmente, a buscar sus fines: derrotar en el mundo las cosas que a él le ofenden, así como avanzar aquellas que a él le agradan. Partiendo de ello, la responsabilidad es sobre todo un tema relacionado con las otras personas. Dios nos ha dado la capacidad de amar y a partir de ello nos pide proteger al débil y cuidar del prójimo. De modo que la idea del “pecado” no es sólo “teocéntrica” (centrada en Dios). Es también todo aquello que disminuye, reduce, menoscaba o destruye la vida y dignidad de otra u otras personas. Promover la justicia, la ley, el orden así como el trabajo y la paz, es un conjunto de tareas que redundan en cultivar la vida y convivencia pacífica y amorosa entre los hombres. Temas todos que facilitan buscar a Dios. Es tarea nuestra (responsabilidad), dar a conocer a Dios y predicar el mensaje de nuestra fe con su contenido ético y moral de respeto por el ser humano, a fin de transformar las actitudes e instituciones del país. Si la “buena nueva” de nuestra fe no ha tocado actitudes e instituciones es irresponsable creer que esta tierra ha sido tocada por el evangelio. La ausencia de cambios tan fundamentales en la vida y la cultura de los guatemaltecos, solo revela que Dios sigue siendo un desconocido.” (Artículo: La Biblia y la Necesidad de Reformar la Iglesia http://labibliayelmundomoderno.blogspot.com/).

Más adelante añade:

“Debemos repensar desde este fundamento tres ideas claves: Redescubrir el paradigma de Dios. Los hombres, las naciones y las instituciones sin Dios son enemigos de sus valores. Dios presenta su contracultura, su contra imaginación y su guión para normar la vida de cada ser humano. El llamado a obedecer a Dios se traduce a principios para la vida en donde el ser humano no puede desentenderse ni de Dios ni de su prójimo. La razón por la cual Dios califica muchas prácticas como buenas o santas es precisamente para proteger al ser humano; y aquellas prácticas que son aborrecibles a los ojos de Dios, lo son porque resultan en la destrucción del individuo y de la especie. Renovar la predicación. El reino de Dios, es el modelo constante para la llamada a la obediencia del pueblo de Dios, de las naciones y de los hombres y mujeres de Dios. El testimonio infalible de las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento es el marco del cual emerge nuestra predicación en torno a la transformación que Dios exige.  Replantear nuestra hermenéutica. La renovación de nuestra predicación pasa por la renovación de nuestra hermenéutica. Aceptamos como marco para estas reflexiones la iniciativa de Dios en darse a conocer al hombre; nuestro principio de Sola Scriptura es un pilar que hoy, como hace quinientos años, se propone una Iglesia Semper Reformanda. Si no renovamos nuestra hermenéutica y nuestros paradigmas en función de la revelación, seguiremos cometiendo los mismos errores de omisión y de comisión. (Ibíd.) El Señor intentó despertarles de este letargo espiritual: “¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís?”. En realidad los discípulos no eran como los fariseos, ellos sí que tenían oídos para oír  (Mr 4:24), pero no los estaban usando adecuadamente. Así que la sensación que producían es que estaban sordos y ciegos. Eran como el sordo que Jesús curó (Marcos 7:31-37), y el ciego que estaba a punto de sanar (Mr 8:22- 26). Milagros los dos que reflejaban de alguna manera el estado espiritual de los discípulos y cómo el Señor iba obrando en ellos. Marcos cap. 8: 11 al 21 los fariseos piden señales. Jesús se niega a dárselas!!! (Verse 15) “cuídense de la levadura de los fariseos y la levadura de Herodes”

a)      La palabra “no entendéis”. Una visión reflexiva

¿Qué significa entender para Jesús? El contexto empieza a insinuarnos que, entender es agarrar el significado de las palabras y de las maravillas de Jesús y descubrir la verdad que contienen, pero muchos se quedaron con el pan a expensas de la verdad, no descubrieron en el pan la verdad, fueron al Pan por razones del pan pero no por razones del mensaje. Jesús quiere que en el Pan, encuentren no sólo el pan, sino que también encuentren la Verdad.  Ahora, si sus señales y maravillas no han producido fe en nosotros, para Jesús no hemos logrado entender todavía. En otras palabras, si después de una manifestación tan gloriosa como es la multiplicación de los panes y de los peces, todavía nos preocupamos por el pan, entonces no hemos agarrado el mensaje, definitivamente no hemos captado el mensaje que quiere impartir. Si nuestras preocupaciones después de captar la maravillosa presencia de Cristo en la vida, no han sido transformadas de la frivolidad a lo que de verdad importa, entonces no hemos entendido. Si todavía estamos preocupados por lo secundario, si estamos preocupados por el pan y no por la levadura de los fariseos y de Herodes, no hemos entendido. Si estamos preocupados por nuestras mezquindades domésticas y no por la  espiritualidad y del poder reinante que apabulla a este medio, a esta ciudad, a esta nación y a la historia, todavía no hemos entendido los grandes temas de la fe. Si como discípulos todavía estamos preocupados por ‘mi pan’, por ‘mi alza’, por ‘mi promoción’, por ‘la construcción de mi templo’ y no hemos logrado captar la levadura del fariseo y la de Herodes que nos rodea (la levadura del poder político que domina esta nación), entonces no hemos entendido la fe, así de sencillo.

¿Es posible que no hayamos entendido las dimensiones históricas y espirituales que vivimos en esta época? Pero nos desgastamos en aspectos superficiales y no profundos Por ejemplo Las guerras litúrgicas son algo común en la Iglesia evangélica.  Las controversias son variadas. ¿Cantamos sólo himnos o cantos contemporáneos? ¿Expresamos corporalmente nuestra alabanza o nos quedamos inexpresivos? ¿Cantamos con órgano o con instrumentos contemporáneos? ¿Usamos el himnario o proyectamos la letra en la pantalla?  La lista sigue y sigue.  Sin duda, la liturgia y la adoración están ligadas.  La liturgia expresa al detalle nuestras convicciones en el área de la adoración pública a Dios.  La liturgia nos ayuda a crear una identidad como comunidad y provee un camino conocido para dirigir la adoración comunitaria a nuestro Dios.  Pero en muchas iglesias, la liturgia ha llegado a ser el objeto de culto, desplazando al único que debe ser adorado.    Se nos olvida que adorar es dejar de darnos la gloria y dársela a Dios.  Es exaltar a Dios por su carácter y sus obras. Es abandonar nuestros ídolos y confiar en el Dios vivo y verdadero (ver Salmo 115).  Se nos olvida todo esto porque estamos concentrados en los detalles litúrgicos que muchas veces obedecen a mandamientos de hombres.  Las formas y los modos vienen a sustituir la esencia y el fondo.  Las preferencias personales se anteponen a lo establecido en la Escritura. La tradición humana se prefiere a la libertad que otorga la Palabra de Dios. Debemos ser cuidadosos con la liturgia, pero nunca anteponerla a la adoración.  Dentro del marco establecido por la Biblia, los detalles litúrgicos pueden variar de acuerdo al contexto, la cultura, las generaciones, pero la adoración al Dios vivo y verdadero siempre debe ser la misma y nuestra prioridad. Muchas de las guerras litúrgicas se acabarían si tuviéramos un claro entendimiento de la adoración bíblica y el lugar de la tradición litúrgica de nuestra iglesia.

¿El poder o la presencia de Dios? II parte

El hecho de que aparezca ese segundo episodio más adelante -cuando se supone que los discípulos ya han aprendido algo, tienen más tiempo de andar con él-, nos sugiere que a medida que avanzamos en nuestro caminar con el Señor, suelen venir situaciones más difíciles. Entonces pareciera ser que el Señor nos deja solos por momentos, para que suframos lo que significa estar expuestos al azote de las circunstancias, del mundo que nos agobia, y parece que ya nos va a inundar, que nuestra vida va a zozobrar o que la barca -la iglesia- se va a hundir. A medida que vamos avanzando con el Señor en esta travesía por el mar, nos obliga a pensar en nuestro propio desempeño en la vida, vamos pasando experiencias cada vez un poco más difíciles, en las cuales aun parece que perdemos de vista al Señor. Antes le podíamos ver dormido en nuestra casa; ahora parece que no está. Es una larga noche expuesto a los vientos y al mar huracanado. Hay otra cosa que llama la atención también en estos pasajes. Si bien es cierto que algunas dificultades que viven los hijos de Dios se deben a ellos se apartan del Señor, noten ustedes que en estos dos episodios los discípulos van en el camino correcto. En el primero, el Señor va con ellos. En el segundo caso, él les señala la dirección y les envía adelante. Ellos no se han extraviado. Esto nos sugiere que algunas experiencias dolorosas no las vivimos porque nos hayamos apartado del Señor, o porque estemos en rebelión contra Dios, sino porque él, en su perfecta voluntad, las permite. Así pues, la tempestad se desató cuando iban en el camino correcto. En el momento que lo estamos viviendo parece difícil de aceptar y de entender. Entonces surgen dudas: “¿Estaré haciendo bien? ¿No me habré apartado? ¿No será que mi corazón engañoso me está jugando una mala pasada sin que yo me dé cuenta?”. O, lo que es peor, a veces surgen pensamientos como éstos: “¿Habrá dejado de cuidarme? ¿Se habrá cansado de mí, dejándome solo, expuesto a todas las inclemencias?”. Es posible que hayan subido pensamientos como estos a tu corazón en ocasiones difíciles. Creo que lo peor que nos podría pasar sería dudar de la bondad y del amor de Dios. Eso equivaldría a aceptar la sugerencia del enemigo, que nos dice: “Él ya no te ama, se olvidó de ti; ya no está contigo, se apartó hace mucho rato de tu vida. Por eso no lo sientes, por eso no lo ves. No está ni siquiera durmiendo ahí, apoyado sobre el cabezal”. Entonces nos hace bien pensar que estamos en el camino que el Señor nos trazó. Él no podría engañarnos, no podría desear nuestro mal. Si algún azote o alguna tempestad vienen, es por alguna razón. En la primera travesía, el Señor habla con voz autoritaria, reprende a los vientos y al mar y se hace grande bonanza. ¡Qué impresionados estaban los discípulos! Ellos estaban aprendiendo a andar con el Señor. ¡Qué hombre más poderoso! Incluso el comentario que hacen al final es: “¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?”. Están impresionados por su poder. El poder es algo que impresiona mucho al hombre. Sin embargo, en el segundo episodio, el Señor tan sólo entra en la barca, y se calma el viento. No hay palabras de poder, no hay ningún uso de autoridad. Simplemente la presencia del Señor en la barca detiene el oleaje, y produce la paz.

Creo que nosotros debiéramos valorar mucho más lo que significa que el Señor esté en nuestra barca. Esto hoy día no es suficientemente valorado en la cristiandad. Cristo en nuestra barca, en nuestro hogar, en la iglesia, él es todo suficiente. Toda necesidad se suple cuando él está. El cielo es cielo porque el Señor está allí. El infierno es infierno porque el Señor no está allí. El incrédulo debería decir: “Mi casa es un infierno porque el Señor no está aquí”. Y el religioso debería decir: “Mi iglesia es un caos porque el Señor no está aquí”. Es el Señor quien hace la diferencia. Los discípulos han avanzado, han crecido un poco, han madurado. Ya no necesitan ver que el Señor se levanta para hacer callar el mar. Basta que el Señor entre en la barca, y es suficiente. Es bien interesante la figura de Pedro en este segundo episodio. Leí un comentario bíblico cuyo autor elogiaba a Pedro por su osadía, diciendo: “He ahí por qué Pedro era tan amado por el Señor y era el principal de los apóstoles”. Yo no sé si elogiarlo por su valor cuando le dice al Señor: “Si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas”. Este es un Pedro que quiere vivir el milagro de andar sobre las aguas. Él no sólo se conforma con ver el milagro, sino que quiere ser protagonista del mismo. ¿Es un Pedro osado solamente, o también vanidoso?

La osadía de Pedro no sirvió de mucho. Noten ustedes que cuando Pedro va caminando y se comienza a hundir, el Señor le extiende la mano. En todo ese largo momento en que Pedro seguramente sintió que las aguas se abrían y lo tragaban, el viento no se detuvo. El viento se calmó sólo cuando el Señor entró en la barca. La osadía de Pedro es una virtud harto discutible aquí, porque ella no le sirvió para caminar sobre las aguas: sólo le sirvió para hundirse. El Señor lo sacó a flote, no su osadía. Y hay otra cosa interesante al final de este segundo pasaje. Cuando él sube a la barca se calma el viento. “Y entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios”. Noten lo diferente de esta reacción, a la que tuvieron la vez primera (“¿Qué hombre es éste…?”). Amados hermanos, antes de creer, nosotros éramos muy susceptibles a las señales visibles, a los hechos portentosos. Éramos una réplica de Tomás. “Si tú me muestras, entonces creeré”. Muchos discípulos seguían al Señor Jesús por las señales que hacía. También nosotros, cuando recién comenzamos a caminar, éramos muy susceptibles a ver grandes maravillas y cosas portentosas.