«viviendo tiempos difíciles…»


Tiempos Difíciles

El conocido predicador Warren Wiersbe ha escrito que el desaliento no hace acepción de personas. El santo maduro tanto como el creyente principiante puede sufrir períodos de desaliento. El pastor maduro, de igual manera, puede tener más por qué sentirse desalentado que el pastor joven que apenas está empezando.[1]

Nuestras realidades actuales nos está marcando de por vida. Una pandemia y ahora una guerra entre Rusia y Ucrania está llevando al mundo al borde del colapso. En medio de estas circunstancias es muy fácil perder la esperanza y desanimarnos. Por todos lados vemos desesperanza y frustración así como un creciente miedo en las personas.

¿Dónde buscaremos fuerza para sobreponernos o por lo menos para llevar ésta situación?¿Será posible encontrar el ánimo que tanto necesitamos?

La segunda carta de Pablo a los Corintios es probablemente la menos conocida de todas sus cartas. A veces se la ha llamado «la carta desconocida de Pablo». No sé por qué es eso. Primera de Corintios es muy conocida entre sus escritos, pero muchas personas sienten que Segunda de Corintios es una lectura pesada. Es una pena que no la conozcamos tan bien, porque representa la carta más personal, la más autobiográfica de la pluma del apóstol. Es una carta donde encontramos a un Pablo sometido a muchas pruebas, pero encontrando ánimo en las promesas de Dios.

En Primera de Corintios miramos a la iglesia en Corinto. Esa es una carta muy instructiva porque la iglesia hoy es muy parecida a la iglesia de esa época; ahora vivimos en condiciones «corintias». Pero en Segunda de Corintios estamos mirando a Pablo; él es el que está enfocado cuando se abre y se revela a la iglesia. Esta, por lo tanto, es una carta muy personal del corazón de este poderoso apóstol. Aquí lo vemos más claramente, quizás, que en cualquier otra parte de las Escrituras.[2]

Podemos describir la carta de Pablo como un tratado sobre la materia del ministerio auténtico, en toda su realidad terrenal y áspera y humana. Esta imagen vívida del ministerio crudo pero real arroja una luz cruda sobre los motivos, métodos y mensajes inferiores de los falsos ministros. Para aquellos que se dedican a los aspectos prácticos del ministerio hoy en día, esta es una carta notable.

La segunda carta de Pablo a los Corintios es la menos estructurada de todas sus cartas. En ella, Pablo da vueltas aún más que en la primera carta que envió a Corinto. Esa carta, que abordaba la vida saludable de la iglesia, había sido entregada, leída y tomada por muchos como una bofetada. De hecho, a tantos no les gustaron las correcciones en 1 Corintios que algunos comenzaron a emplear la antigua estrategia retórica del ataque ad hominem, es decir, desafiar la credibilidad, los motivos y el carácter del autor para evitar confrontaciones del escritor. Se convirtió en un caso clásico de calumnias en un intento de disminuir la reputación de Paul y realzar la suya propia.[3] La carta nos enfatiza los medios y recursos que tenemos en Cristo para sobreponernos a la adversidad y encontrar consuelo en Cristo.

Por eso hoy podemos leer y estudiar esta carta, la más emotiva de todas los escritos del apóstol. En ninguna parte el corazón de Pablo está tan desgarrado y expuesto como en esta

carta. Segunda de Corintios tiene un tono feroz de amor herido, de paradójicamente afecto herido e implacable. Hacia el final de la carta, Pablo dirá: “Y, aparte de otras cosas, está la presión diaria sobre mí la ansiedad por todas las iglesias. ¿Quién es débil y yo no soy débil? Quien es hecho caer, y ¿No estoy indignado? (11:28, 29).[4]

Veamos pues como se desarrolla esta idea de Animados en Cristo en todo el argumento de la epístola.

“viviendo en tiempos difíciles”

…Él viene a nuestro lado cuando pasamos por momentos difíciles…2 Corintios 1:4

The Message

En una ocasión mientras cenaba con mi querido maestro Dr. Emilio Antonio Núñez le oí expresar una confesión que me pareció muy refrescante. Él dijo: “»A ti te  parece que no tengo mis altibajos, y que disfruto de un constante progreso espiritual con gozo y ecuanimidad ininterrumpida. ¡De ninguna manera! Con frecuencia estoy desalentado por completo y todo parece ser de lo más sombrío». Era muy interesante escuchar que mi maestro de Teología era tan humano como cualquiera.

Charles Spurgeon solía decir: «Padezco de una depresión del espíritu tan aterradora que espero que ninguno de ustedes jamás padezca tanta desdicha como yo».[5]

El desaliento no respeta a persona alguna. Es más, el desaliento parece atacar más a los que tienen éxito que a los que no lo tienen; porque mientras más alto subimos, mayor suele ser la caída. No nos sorprende, entonces, cuando leemos que el gran apóstol Pablo dice que «fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas», y que llegó incluso al punto de perder «la esperanza de conservar la vida» (2 Corintios 1:8). A pesar de la grandeza de su persona y ministerio, Pablo era tan humano como nosotros.

Pablo escribió la carta por varias razones. Primero, quería animar a la iglesia a que perdonara y restaurara al miembro que había causado todo el problema (2 Corintios 2:6-11). También quería explicar el cambio en sus planes (2 Corintios 1: 15-22) e imponer su autoridad como apóstol (2 Corintios 4:1,2; 10-12). Por último, quería animar a la iglesia a participar en la ofrenda de ayuda especial que estaba recolectando para los santos necesitados de Judea (2 Corintios 8,9).[6]

La clave en esta carta es consuelo, estímulo o ánimo. La palabra griega, que está traducida así, quiere decir uno llamado aliado para ayudar. En su forma verbal se usa dieciocho veces en esta carta, y en su forma substantiva once veces. A pesar de todas las pruebas que atravesaba, Pablo podía (por la gracia de Dios) escribir una carta saturada de estímulo, de ánimo y consuelo. ¿ Cuál era el secreto de la victoria de Pablo cuando soportaba las pruebas? Su secreto era Dios. En esta primera porción de 2 Corintios 1:1-11 podemos ver la descripción de Pablo acerca de su experiencia difícil. ¿Qué hizo Pablo? ¿Qué haremos nosotros? Debemos recordar, debemos tener los recordatorios de Dios en nuestras vidas. Así que cuando te halles desanimado y listo para darte por vencido, aparta de ti tu atención y enfócala en Dios. De su propia experiencia difícil, Pablo nos cuenta cómo podemos hallar ánimo en Dios. Nos da tres recordatorios sencillos.

En primer lugar cuando te encuentres en momentos difíciles, recuerda lo que  es Dios para ti.  (1:1-3).

Al ver los textos nos podemos dar cuenta que Pablo comienza enfocándose en la persona de Dios. Para Pablo su existencia se debe a la obra de Dios en su vida. El apóstol nos hace ver que hay varios atributos de parte de Dios que lo hacen confiar y tener esperanza. Hay varias acciones de parte de Dios en la vida de Pablo que lo hacen sentirse motivado a seguir su vida a pesar de ser probados en “sobremanera”. La primera acción que Pablo resalta es su elección. Tres veces Pablo utiliza el nombre de Dios. Su vida es por la voluntad de Dios. Lo que está haciendo y viviendo provienen de que Dios se fijó en él y lo escogió para algo importante y especial en la historia humana. Esa elección se basa en una decisión soberana de parte de Dios. El hecho de que hayamos sido elegidos nos muestra el eterno amor de Dios para con nosotros. La segunda acción de parte de Dios es su provisión. Dios nos ha provisto de su gracia y de su paz. Y solamente podemos lograrlo por medio de la más grande provisión que fue nuestro Señor Jesucristo. Todo lo que el Padre hizo por Jesús cuando éste estaba

ministrando en la tierra, puede hacerlo por nosotros hoy. Somos amados por el Padre porque su Hijo es su Amado, y porque nosotros somos ciudadanos del «reino de su amado Hijo» (Colosenses 1: 13). Somos preciosos para el Padre, y él cuidará que las presiones de la vida no nos destruyan.

La tercera acción tiene que ver con su consolación. La consolación de Dios es el ánimo de Dios en medio del sufrimiento y angustia para fortalecer e impartir valor y denuedo. Es la fuerza de carácter que Dios nos da en medio del sufrimiento que podemos tener en la vida. Con ella Dios nos animaa pasar por la prueba sabiendo que está produce fruto en nosotros o en su obra.[7] No debemos pensar del consuelo en términos de lástima, porque la lástima puede debilitamos en lugar de fortalecemos. Dios no nos da una palmadita en la cabeza ni nos da un caramelo para desviar nuestra atención de los problemas. ¡De ninguna manera! Pone fortaleza en nuestro corazón para que podamos

enfrentar las pruebas y triunfar sobre ellas. La palabra confortar procede de dos palabras latinas que quieren decir con fuerza. La palabra griega quiere decir venir aliado de alguien para ayudar. Es la misma palabra que se usa para el Espíritu Santo («el Consolador») en Juan 14-16. Dios puede animamos por su Palabra y por medio de su Santo Espíritu, pero algunas veces usa a otros creyentes para damos el estímulo que necesitamos (2 Corintios 2:7,8; 7:6,7). ¡Qué maravilloso sería que a todos nosotros nos apodaran «Bemabé, … hijo de consolación!» (Hechos 4:36).

Cuando te halles desanimado debido a las circunstancias difíciles, es fácil que te concentres en ti mismo o que te enfoques en los problemas que te rodean. Pero el primer paso que debes dar es mirar por fe al Señor, y darte cuenta de todo lo que Dios es para ti. «Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra» (Salmos 121:1,2).

Entonces podemos decir que lo que Dios es para ti es significativo porque el te ha elegido, te ha provisto y te ha consolado.

Claramente, 2:  Corintios 1:1-3  tiene mucho que enseñarnos. Y tenemos mucho que aprender. El punto es, si Pablo era quien decía ser: “un apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios” — si es un apóstol del último Apóstol Mesías, Jesús, si su mensaje es la misma Palabra de Dios, si para ignorarlo es desafiar a Dios, entonces será mejor que escuchemos si nos imaginamos a nosotros mismos.

Ser la iglesia de Dios en continuidad con la iglesia apostólica. Lo creemos. Él es el apóstol. Somos la iglesia. Su mensaje es para nosotros hoy, al comienzo del tercer milenio. El evangelio no se basa en la salud y la riqueza, sino en la debilidad. El ministerio del Espíritu no es uno de salpicadura y destello sino de mansedumbre y debilidad. El evangelio no necesita las primeras planas de ningún periódico. Y cuando se jacta, se jacta de su debilidad y del poder de Dios. La iglesia de Dios, que escucha la palabra del apóstol de Dios, puede esperar dos cosas: gracia (el pacto de amor continuo de Dios) y paz (su bienestar que siempre acompaña a su gracia). Que la gracia y la paz de Dios se multipliquen sobre el pueblo de Dios mientras nos sentamos bajo su Santa Palabra tal como viene de su magnífico apóstol.[8]

En segundo lugar cuando te encuentres en momentos difíciles, recuerda lo que Dios hace por medio de ti. (1:4-7)

En tiempos de sufrimiento la mayoría de nosotros nos inclinamos a pensar sólo en nosotros mismos y olvidarnos de los demás. Nos convertimos en cisternas en lugar de ser fuentes. Sin embargo, una de las razones para las pruebas es que tú y yo podamos aprender a ser fuentes de bendición para consolar y animar a otros. Debido a que Dios nos ha animado, nosotros podemos animar a los demás.

En los versículos que estamos estudiando, podemos encontrar la manera en que Dios trabajo por medio de nosotros en los momentos desgastantes de la vida.

La primera acción de Dios tiene que ver con sensibilizarnos. En el idioma griego hay diez palabras básicas para el sufrimiento, y Pablo usó cinco de ellas en esta carta. La palabra de más frecuente uso es thlipsis, que significa estrecho, confinado, bajo presión, y en esta carta se traduce como «tribulación» (2 Corintios 1:4,8; 2:4; 4: 17). Pablo se sentía oprimido por las circunstancias difíciles, y la única dirección en que podía mirar era hacia arriba. En 2 Corintios 1 :5,6 Pablo usó la palabra griega pathema,

«aflicciones», la cual también se usa para referirse a los sufrimientos de nuestro Salvador (1 Pedro 1:11; 5:1). Hay algunos sufrimientos que soportamos sencillamente porque somos humanos y estamos sujetos al dolor; pero hay otros sufrimientos que nos vienen debido a que somos el pueblo de Dios y queremos servirle. obedecen a que nos deben llevar a parecernos a Cristo en sus sufrimientos.[9]  La segunda acción de Dios tiene que ver con empoderarnos. El vrs. 4 dice “para que podamos”. Pablo utiliza una palabra que significa ser capaz de hacer algo, poder, significa tener poder ya sea en virtud de la propia capacidad y recursos, o de un estado de ánimo, o por circunstancias favorables.[10]

El sufrimiento nos prepara para consolar a otros (1:4-7). La gracia y el poder de Dios

capacitarnos para soportar el sufrimiento a través de varios medios. Cuando su consuelo ha hecho su trabajo en nuestras vidas, entonces nosotros a su vez nos convertimos en el Espíritu Santo consoladores para otros que deben soportar situaciones similares. El consuelo de Dios a través de una experiencia trágica puede estallar en un reacción en cadena de comodidad para muchos otros. El padre que ha perdido un niño puede consolar mejor a otro padre afligido. El empresario que la bancarrota sufrida puede consolar a otros en medio de un desastre financiero. Los hombres y mujeres que han soportado el dolor de una enfermedad crónica pueden apoyar a quienes enfrentan los mismos tipos de sufrimiento. Los que han superado los efectos debilitantes de la depresión pueden ministrar consuelo a otros que han sido paralizados por este insidioso agujero negro en el alma. Por otro lado usa la expresión “opera” en el vrs. 6. La palabra usada en el griego es Jupomene la cual es traducida también, según su contexto, como resistencia o perseverancia. Esta palabra describe la fuerza interior que nace de una relación de comunión con nuestro Creador. Aquel que ha gustado de la bondad del Señor en su vida es capaz de mirar más allá de las circunstancias, reconoce la omnipotencia de Dios, no tiene la actitud de tristeza profunda de quien se resigna, sino la actitud de la esperanza mostrada en un espíritu luchador que vive la adversidad como el que siempre ve la luz al final del túnel.[11]

Lo más inspirador del significado de este vocablo griego usado tantas veces por el apóstol Pablo es que constituye el fundamento de toda acción de justicia, permite al ser humano practicar la paz donde hay guerra, mantener la calma en medio de la tormenta, confiar al ser víctima de un complot, valorar a sus semejantes a través del sacrificio de Cristo en la cruz. Produce en nosotros la certeza de la autonomía de Dios, nos da la convicción de que los ojos del Señor están sobre la tierra para hacer su justicia. Cuando alguien ha desarrollado la virtud de jupomene ni la violencia del hombre, ni los poderes del mal pueden contra él; su coraje está fundamentado no en su propia fuerza sino en la fuerza de su fe en Dios.[12]

La tercera acción de Dios tiene que ver con solidarizarnos. Nunca debemos pensar que la aflicción es un accidente. Para el creyente todo es designio de Dios. Hay sólo tres posibles perspectivas que una persona puede tener en cuanto a las pruebas de la vida. Si nuestras pruebas son producto del destino o de la casualidad, entonces nuestro único recurso es darnos por vencidos. Nadie puede controlar el destino o la casualidad. Si somos nosotros mismos los que tenemos el control de todo, entonces la situación tampoco tiene esperanza. Pero si Dios controla, y confiamos en él, entonces podemos

sobreponemos a las circunstancias con su ayuda. Dios nos anima en todas nuestras tribulaciones enseñándonos por medio de su Palabra que es él quien permite que nos vengan las pruebas. Ahora eso nos hace dice Pablo “compañeros en las aflicciones”. Significa que  que muchas veces desearía poder ahorrarles pruebas y presiones a los cristianos más jóvenes. Me encantaría poder liberarlos de la presión, de la prueba, pero pronto aprendí que no puedo, aunque quiera, y que no sería bueno para ellos si pudiera. Necesitan experimentar el sufrimiento para que también puedan experimentar el consuelo.

Luego observe que, en esta notable interdependencia del Cuerpo, se nos anima a compartir unos con otros lo que hemos atravesado. Es por eso por lo que los cristianos deben compartir sus problemas, sus luchas, sus fracasos y sus éxitos unos con otros, libre y abiertamente; así nos animamos unos a otros. Es por eso por lo que Dios nos envía a veces a las dificultades. No siempre por nuestro bien, sino por el bien de alguien más. Hemos sido traídos y madurados hasta el punto en que podemos tomarlo, regocijarnos en él y manejarlo correctamente. Cuando lo hacemos, qué lección estamos dando a los que nos siguen detrás.

En tercer  lugar cuando te encuentres en momentos difíciles, recuerda lo que  Dios hace por ti. (1:8-11) 

Dios permite las pruebas. En el texto encontramos dos palabras importantes con respecto a las pruebas. Primero Dios nos anima a que no seamos ignorantes. La palabra en griego es agnoeo. Se puede traducir como ser ignorante, no saber,  no entender, equivocarse. El tiempo presente indica que es un constante acto de evitar entender que todos pasamos por las pruebas.  La otra expresión es “sobrevino”, se puede traducir como aparecer, surgir, llegar a suceder, subir al escenario. El uso del tiempo aoristo indica que fue un evento que surgió de repente y que los marcó en todas las áreas de su vida. Las experiencias de Pablo de sufrimiento no eran meramente teóricos. Más bien, las persecuciones excesivas que él y sus compañeros enfrentaron en Asia excedieron sus fuerzas, empujando hasta desesperar de la vida misma (1:8). No sabemos qué en concreto. Pablo enfrentó una “aflicción” en Asia, pero claramente era extrema. la palabra griega pues “abrumados ” es exaporeō, que implica “la indisponibilidad total de una salida.” ¡Piensa en eso! El gran apóstol Pablo se encontró acorralado por la catástrofe, incapaz de liberarse, sin ningún lugar en este mundo a quien volverse y nadie en este mundo a quien volverse. De su limitada perspectiva, cuando se vio tambaleándose al borde de la muerte real, descubrió un segundo propósito en el sufrimiento: “que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos» (1,9). El sufrimiento intenso nos recuerda nuestra total impotencia, algo que A menudo se olvida cuando todo parece ir bien. Proverbios 3:5-6 expresa hermosamente esta verdad: “Confía en el Señor con todo tu corazón y  no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócelo en todos tus caminos, Y Él enderezará tus caminos.” La sabiduría del mundo desafía esta verdad bíblica. En la cosmovisión secular, psicólogos, gurús de autoayuda y entrenadores de vida para sentirse bien nos instan a seguir nuestros corazones, confiar en nosotros mismos y encontrar nuestra propia fuerza interior. Cuando el Sin embargo, las terribles circunstancias de la vida nos empujan al límite de nosotros mismos nos damos cuenta de que simplemente nos falta el conocimiento, la fuerza e incluso el deseo para continuar Cuando la sabiduría mundana nos engaña y los recursos personales se agotan, La fuerza y ​​la sabiduría de Dios nos proporcionan todo lo que necesitamos para ser consolado en nuestro sufrimiento.

Dios controla las pruebas. Afortunadamente, el sufrimiento no es el plan final de Dios para Sus hijos. A través de la pluma de Jeremías—llamado el “profeta llorón” debido a su experiencias de severa persecución, rechazo, sufrimiento y dolor—leemos una de las mayores promesas de la Biblia: “Porque yo sé los planes que tengo para vosotros -declara el SEÑOR- planes de bienestar y no de calamidad para daros para vosotros un porvenir y una esperanza” (Jeremías 29:11). Dice el vrs. 8  «Porque … fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de…”  La palabra sunupourgeo que se traduce cooperando también vosotros, se usa solo aquí en el Nuevo Testamento en griego, y está compuesta de tres palabras: con, bajo y obrar. Es un cuadro de un grupo de obreros bajo la carga, trabajando conjuntamente para realizar el trabajo. Es alentador saber que el Espíritu Santo también nos ayuda en nuestras oraciones y nos ayuda a llevar la carga (Romanos 8:26). Dios cumple sus propósitos en las pruebas de la vida; si nos rendimos a él, confiamos en él, y obedecemos lo que nos dice que hagamos. Las dificultades pueden aumentar nuestra fe y fortalecer nuestra vida de oración.

Dios nos libra de las pruebas. Pablo vio la mano de Dios librándolo, sea que mirara hacia atrás, a su alrededor, o hacia adelante. La palabra que Pablo usó significa ayudarnos a salir del aprieto, salvarnos y protegernos. Dios no siempre nos libra de inmediato, ni tampoco de la misma manera. Jacobo fue decapitado, y sin embargo Pedro fue librado de la prisión (Hechos 12). Ambos fueron librados, pero de maneras diferentes. Algunas veces Dios nos libra de nuestras pruebas, y en otras nos libra en ellas. La liberación divina vino en respuesta a la fe de Pablo, tanto como a la fe de las personas que oraban en Corinto (2 Corintios 1:11).

Dios se glorifica en las pruebas. Cuando Pablo informó lo que Dios había hecho por él, un gran coro de alabanza y acciones de gracias ascendió de los santos al trono de Dios. El servicio más grande que tú y yo podemos rendir en la tierra es glorificar a Dios, y algunas veces ese servicio involucra sufrimiento. El don concedido» se refiere a la liberación de Pablo de la muerte, ¡un maravilloso don en verdad! Pablo nunca se avergonzó de pedir a los creyentes que oraran por él. En por lo menos siete de sus cartas mencionó su gran necesidad de apoyo en oración. Dios cumple sus propósitos en las pruebas de la vida; si nos rendimos a él, confiamos en él, y obedecemos lo que nos dice que hagamos. Las dificultades pueden aumentar nuestra fe y fortalecer nuestra vida de oración. Las dificultades pueden acercarnos a otros creyentes según ellos sobrellevan con nosotros las cargas. Las dificultades pueden ser usadas para glorificar a Dios. De modo que, cuando te encuentres en las pruebas de la vida, recuerda lo que Dios es para ti y lo que Dios hace por ti.

Hay compañerismo en el sufrimiento: puede acercamos más a Cristo y a su pueblo. Pero si empezamos a revolcamos en la autocompasión, el sufrimiento creará aislamiento en lugar de participación. Construiremos barreras y no puentes. Lo importante es fijar nuestra atención en Dios y no en nosotros mismos. Recuerda lo que Dios es para ti: el «Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación» (2 Corintios 1:3). Recuerda lo que Dios hace por ti: él está contigo en medio de tus pruebas y hace que resulten para tu bien, y para su gloria. Finalmente, recuerda lo que Dios hace por medio de ti: y permítele que te use para animar a otros.

Quisiera decir una palabra final sobre los tiempos de sufrimiento o adversidad. Tres principios simples arrojan luz sobre el misterio del sufrimiento:

El sufrimiento nos prepara para consolar a los demás.

El sufrimiento nos impide confiar en nosotros mismos.

El sufrimiento nos enseña a dar gracias en todo.

Entonces, ¿cómo vivimos los principios en 2 Corintios 1:1-11? Entiendo las declaraciones de Pablo, pero ¿cómo ¿los ponemos en acción? Permítanme compartir algunos pensamientos.

Primero, cuando el sufrimiento te golpea y no parece disminuir, déjame sugerirte algo antinatural que incluso podría ofender su sensibilidad: en lugar de centrarte en tu situación actual, piense en cómo puede ayudar a otros más adelante. Esto sonará una nota de esperanza. Considere la compasión que ganará y el consuelo que puedes dar a otros que enfrentarán el mismo tipo de prueba. Las personas rotas entienden a otras personas que están siendo rotas. Al reflexionar sobre cómo su dolor actual podría ministrar a otros en el futuro, obtendrá una perspectiva del presente y esperanza para el futuro. Con esta esperanza, ofrece tu experiencia de sufrimiento a Dios para que la use en Su reino como Él crea conveniente.

En segundo lugar, en lugar de luchar, ríndete; en lugar de resistir, liberar. Esto aumentará su fe. Recuerda, la vida es más grande de lo que puedes manejar. Dáselo a Dios. Deja de intentar superar tu dolor físico o emocional en tu propia fuerza. A medida que te abres al toque consolador del Señor, Él fluya hacia las grietas secas y estériles de tu vida con la fresca, sustentadora, refrescante agua de vida. Con fe, entrega tu autosuficiencia a Dios para que puedas experimentar Su consuelo y preocupación sobrenatural.

Tercero, aunque volverse amargado y deprimido vendrá más naturalmente, da gracias en su lugar. Esto traerá una nota de paz. Aunque enojarse tiene más sentido, promover un espíritu de acción de gracias trae sanidad a tu alma. Al concentrarse en las bendiciones que tiene en lugar de que las penalidades que debes soportar, tu actitud de agradecimiento te volverá infeccioso, proporcionando un tremendo testimonio para aquellos que quieren experimente el mismo tipo de paz divina que tú disfrutas. Esperanza, fe y paz: estas tres notas vuelven discordante lo que de otro modo sería sonidos de sufrimiento en un acorde armonioso. Es posible que no respondan a todas

los problemas o puedas desentrañar el misterio del dolor en todos los aspectos, sino que equipan con una nueva perspectiva desde la cual manejar las perplejidades de sufrimiento.

Acompáñeme en una oración conmigo…

Padre nuestro, te confesamos que a menudo somos truculentos con nuestras dificultades. Las resentimos, no queremos aceptarlas, queremos nos  la quiten, no queremos que vengan a nosotros en absoluto, nos rebelamos y nos quejamos. Señor, ayúdanos a dejar de quejarnos y lamentarnos, y hazme creer que las has enviado para mostrarnos deliberadamente una mejor salida, una forma pacífica, para que nuestros corazones estén tranquilos porque contamos con un Dios vivo para hacer algo que no podemos hacer. Ayúdanos a confiar, a estar en reposo y en paz. En el nombre de Jesús te lo pedimos, Amén.


[1] Wiersbe, Warren. Animados en Cristo: Un estudio expositivo de II de Corintios, pág. 11

[2] https://www.raystedman.org/new-testament/2-corinthians/why-does-it-hurt-so-much

[3] Swindoll, Charles. New Testament Commentary: 1 and 2 Corinthians, Pág. 361

[4] Kent, R. Hughes. Power in Weakness: A Exposition 2 Corinthians. Pág. 15

[5] https://www.coalicionporelevangelio.org/articulo/charles-spurgeon-cuando-la-depresion-se-consume-mayor-fuego/

[6] Wiersbe, Warren. Animados en Cristo: Un estudio expositivo de II de Corintios, pág. 19

[7] https://blogseddedios.wordpress.com/2016/09/09/consolacion/

[8] Kent, R. Hughes. Power in Weakness: A Exposition 2 Corinthians. Pág. 20

[9] https://www.blueletterbible.org/kjv/2co/1/1/t_conc_1079007

[10] Ibid.

[11] https://familiaconformealcorazondedios.blogspot.com/2014/07/hupomone-paciencia.html

[12] Ibid.

Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 61 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

Un comentario en ««viviendo tiempos difíciles…»»

  1. Reblogueó esto en SER+POSITIVOy comentado:
    «Padre nuestro, te confesamos que a menudo somos truculentos con nuestras dificultades. Las resentimos, no queremos aceptarlas, queremos nos la quiten, no queremos que vengan a nosotros en absoluto, nos rebelamos y nos quejamos. Señor, ayúdanos a dejar de quejarnos y lamentarnos, y hazme creer que las has enviado para mostrarnos deliberadamente una mejor salida, una forma pacífica, para que nuestros corazones estén tranquilos porque contamos con un Dios vivo para hacer algo que no podemos hacer. Ayúdanos a confiar, a estar en reposo y en paz. En el nombre de Jesús te lo pedimos, Amén.»

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