Entre el ascenso y el descenso.. navegando entre el éxito y el fracaso


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“…vieron cómo Jesús era llevado al cielo…”

Hechos 1:9

 Creo que la vida oscila entre estos dos estados, algunas veces desciendo y otras veces asciendo. La pregunta que sobresale de esto es ¿Qué duele más?¿Descender o ascender? ¿Qué nos gusta más? ¿Estar arriba o estar abajo? La respuesta es obvia. ¿Por qué duele tanto descender? Creo que se debe a la manera en que la gente ve la vida, es decir como un camino que asciende. Una línea recta y en lo alto del monte la meta. Y yo mirando ese destino que anhelo.

Tal vez es parte de una mirada juvenil, idealista. Una mirada que ve todo como el ascenso al monte más alto y lleno de gloria. Un anhelo infantil que confía en llegar pronto lo más arriba posible después de un largo esfuerzo. Este día que comienza mejor que ayer. El nuevo año mejor que el pasado. Lo que ahora hago mejor que lo que hice antes. Siempre más, más alto, más lejos, mejor.

Y nos  turba al pensar en algo que esté peor hecho. Nos aterra un descenso en lugar de un ascenso. Un bache, una caída. La pérdida de prestigio en lugar de la ganancia. Un retroceso en lugar de avanzar.

Y es que como si subir a lo más alto fuera siempre mejor que descender. Superar metas pasadas mejor que fallar. Lograr mejores tiempos mucho mejor que seguir como antes. Ganar más dinero. Tener más éxito y fama. Siempre más. Nunca menos. Ser ascendidoes mejor que ser descendido.

Jesús fue descendido hacia la cruz y hacia la muerte. Y hoy asciende Él sólo ante los hombres. Fue ascendido al madero, signo del mayor fracaso. Y murió, fue asesinado. Cayó entre los hombres. Fue descendido. Pero luego asciende vivo, resucitado, victorioso. En Hechos 1 y Lucas 24 podemos observar dos breves relatos de la ascensión de Jesús. El tiempo de haber convivido en su descenso con los seres humanos ha terminado. Nuevamente regresa a casa. ¡Qué gran emoción debió haber sentido Jesús, al regresar a su hogar celestial! ¡Por fin se acababan las limitaciones!

Pero ¿Cómo manejó Jesús los descensos  y los ascensos de su vida?

Primero veamos qué aprendió, cultivó o encontró en los tiempos de su descenso.

En el texto podemos observar a lo menos tres cosas que Dios cultivó en su tiempo en la tierra., es decir su descenso en esta tierra. Quiero combinar los dos relatos de Lucas con respecto a la ascensión de Cristo.

50 Después los llevó Jesús hasta Betania; allí alzó las manos y los bendijo. 51 Sucedió que, mientras los bendecía, se alejó de ellos y fue llevado al cielo. (Lucas 24)

 9 Habiendo dicho esto, mientras ellos lo miraban, fue llevado a las alturas hasta que una nube lo ocultó de su vista. 10 Ellos se quedaron mirando fijamente al cielo mientras él se alejaba. De repente, se les acercaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:

 11 Galileos, ¿qué hacen aquí mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido llevado de entre ustedes al cielo, vendrá otra vez de la misma manera que lo han visto irse. (Hechos 1)

 

Ellos, entonces, lo adoraron y luego regresaron a Jerusalén con gran alegría. 53 Y estaban continuamente en el templo, alabando a Dios. (Lucas 24)

 En primer lugar el vaivén en la vida de Jesús.

¿Qué ocurrió en el descenso de Jesús.

  • Cultivó un caminar. “los llevó afuera”.

 Si observamos, en este contexto Jesús sabe a dónde llevarlos y los lidera a esa visión. El pasaje dice que “los sacó”. La expresión “los llevo” o “los sacó”, en griego la expresión es “exo” de donde procede la palabra “éxodo”. Los va a llevar al lugar exacto donde está el mover de Dios. Si hay una cosa que debemos reconocer que Jesús reafirmó fue su visión del reino de Dios. Cada uno tendrá su éxodo personal en el cuál seguirá la visión de Dios. El uso que Lucas hace de la expresión “los llevó” es una palabra que denota dirigir, liderar. Llevar a alguien a una meta. La visión de Jesús le dio liderazgo pero a la vez le dio perspectiva. Parece ser que Jesús entendió que el propósito de Dios no era Jerusalén, o el templo. Cuando estamos en la etapa de descenso es cuando más abiertos estamos a reconocer realmente el mover de Dios en nuestras vidas y la vida de los que dirigimos. La visión de Dios siempre es hacia afuera, no hacia adentro. Es una visión del camino. Una visión del andar.La vida espiritual, desde sus orígenes, ha sido entendida como un “camino”, un sendero, un itinerario, una peregrinación. Incluso la vida humana ha encontrado en el “camino” una imagen universal para describirse a sí misma. La vida es caminar, peregrinar, transitar, andar, viajar, continuar, seguir. La dirección es siempre para adelante, de cara al futuro con las alas de la esperanza. En el Nuevo Testamento  está la imagen del camino. Juan Bautista es el que anuncia la preparación del “camino del Señor” (Cf. Lucas 3:4). Luego, el mismo Jesús, se proclama: “Yo soy el Camino” (Juan 14:6). La comunidad de los discípulos -en el Libro de los Hechos de los Apóstoles- es llamada simplemente, los “del camino” (Cf. 9:2; 18:25-26; 24:22). Así como en el Antiguo Testamento aparece repetidas veces la imagen de los dos caminos -el bueno y el malo como opción de la libertad- en el Evangelio de Juan y en su primera Carta se dice lo mismo, de otra manera, cuando se afirma que “la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la sofocaron” (Juan 1:5). A partir de la presentación de Jesús como Camino, en el Nuevo Testamento se sugiere que toda la existencia es entonces un “regreso”. Toda la vida es caminar de vuelta a la casa del Padre. A ese hogar tratamos insistentemente de volver sin extraviarnos, a través de riesgos de este mundo. La vuelta y el retorno a Dios son parte de un mismo camino. Estamos en el exilio, en el “éxodo” dirigidos por Dios, regresar a la Patria es uno de los motivos más profundos del encuentro definitivo con Dios. Como el hijo pródigo que vuelve a la casa y a la fiesta del padre misericordioso, así también nosotros estamos caminando en la vida. Siempre de paso y de regreso, aunque no nos demos cuenta.

  • Cultivó un vivir. “a Betania”

Cuando el Señor Jesucristo vino a este mundo, no fue recibido. El Creador del universo, el que no tan sólo lo creó todo, sino que también es el mismo para quien se crearon todas las cosas. Aún y así, fue rechazado por el mismo mundo que Él creó. No fue bien recibido ni aceptado. Sólo hubo una excepción. En toda su vida en este mundo, sólo fue bien recibido y aceptado en un único lugar: un pueblecito llamado Betania. Y fue una parte importante en la vida del Señor. Betania parece ser el único lugar en la tierra donde el Señor Jesucristo se sintió comprendido y reconocido. En donde Jesús es bienvenido allí se recibe la bendición y el respaldo de Dios. Betania el pueblito de su corazón. Sin ruidos, sin normas, sin reglas estrictras, sólo amor, aceptación y descanso para Dios. Jesús invirtió mucho en encontrar gente con la que relacionarse. A pesar de vivir en un estado de descenso eso lo hizo accesible a la realidad de su entorno, a las necesidades y luchas de la gente. Los autores bíblicos  luego comenzaron a hacer algunas clasificaciones según el grado de avance de cada uno en la vida espiritual. Después de muchas clasificaciones y denominaciones a lo largo del tiempo, se fue arribando a una división que designaba a los “incipientes” (los que comenzaban), los “proficientes” (los que avanzan) y los “eficientes” (los que llegaban a la plenitud). Incluso se comienza a hablar de “tres edades, etapas o estadios” del ser humano según su evolución interior. Ciertamente no es posible clasificar y cuantificar la vida espiritual. La vida toda -y especialmente la vida sobrenatural- es algo incesante e intensamente dinámico, móvil, progresivo, que nunca se detiene. La vida se expande y se prolonga, tiende a crecer según sean sus posibilidades y circunstancias. Además, si la vida espiritual –en sus alcances más hondos y maduros- se identifica con el amor, éste tiene constantemente la posibilidad de aumentar. La  vida espiritual que Jesús apreció y valoró nucho fue la de Betania, la de la casa y no del templo. Fue allí donde mostro una experiencia de vida más que en otros momentos. Era un descenso a lo sencillo y lo humilde.

Cultivó su  dar. “allí alzó las manos y los bendijo. 51 Sucedió que, mientras los bendecía, se alejó de ellos…” La actitud de Jesús al ser llevado es una actitud de dar, estímulos, de bendecir, de dar palabra de ánimo. ¿Cómo se da Jesús en este contexto? Primero los bendice con su asistencia. “alzó las manos” Esto nos habla del respaldo de Dios, de sus manos extendidas para dárnosla en los momentos difíciles del caminar. Segundo los bendice con su influencia. El texto habla de bendecir  (2 veces): La expresión es eulogeo, de donde procede la palabra elogio. Es decir Jesús en su bendición les dio  palabras a los discípulos elogios de sus cualidades y de sus méritos. Los bendijo con su ausencia. Si observamos dice: “se alejó de ellos” y luego dice que les “fue quitado”. A veces nuestra forma de dar debe ser como Jesucristo. Unas veces nuestra presencia es importante pero otras veces la ausencia es más importante.  Jesús les había dado su presencia en su descenso y ahora en su ascenso les daría su ausencia.

Tres elementos trascendentales en el descender, un caminar, un vivir y un  dar.

 En segundo lugar el ascenso de Jesús ¿Qué cosechó en su ascenso Jesús?

 Ahora, una vez que termina el descenso que recibió Jesús en su ascenso. ¿Qué pasa cuando entramos en una época de ascenso?

 Primero somos leales. Jesús no ocultó su interés y preocupación por los suyos. Antes de partir aseguró que ellos tuvieran tranquilidad y se fijaran más en el cuadro mayor. Les haría falta, pero les explicaba que era necesario para el mejoramiento de su vida. No los dejó con dudas, sino con una gran seguridad. Segundo somos reales. Me parece importante notar que él es alzado, los verbos están en pasivo. Es un agente exterior quien lo toma. No hay engaño, sale enfrente de todos, se deja ver tal como es, ahora volverá a ser el hijo de Dios pero no deja de ser su amigo, el que estuvo con ellos. Aunque ahora puede optar nuevamente por ser el Dios grande, Jesús opta por conservar su imagen de siervo, aunque ahora sea el está sentado en el trono. Es el mismo hombre. El mismo Jesús muerto y resucitado. El mismo valor de aquel cuerpo sin vida. El mismo valor del Jesús glorioso que desaparece delante de mis ojos. Tercero somos radicales. Me gusta mucho la siguiente escena en el texto. La escena de la mirada triste de los seguidores de Jesús, y la manera en que los manda de regreso a Jerusalén. Jesús no vuelve aparecer para exhortarlos a que se vayan. Una vez determinada la decisión de irse nada lo detendrá de hacerlo. ¿Por qué las emociones no lo manejan a Jesús? Simplemente porque ahora en su ascenso ha llegado al nivel de su intimidad con el Padre y eso es superior. Amar a Dios por sobre los necesitados es superior a cualquier cosa.

En segundo lugar el vaivén en la vida de los apóstoles

Comenzaremos por el descenso  de los discípulos.

Los discípulos habían tenido varios vaivenes a lo largo de estos últimos días. Venían del descenso de la cruz, la muerte y resurrección a un ascenso de 40 días. Nunca antes había estado tan disponible la persona de Jesús.  Ahora entran en una nueva etapa de descenso. Hacerse la idea de que Jesús de una vez y por un tiempo indefinido ya no estaría con ellos. Este descenso ocasionó a lo menos tres cosas.

Primero les desvió su visión. El texto relata en cuatro ocasiones la expresión ver y mirar. Hay dos tipos de miradas y acciones en el relato. La primera cuando se está yendo y la segunda cuando ya se ha ido. La primera es una sensación de que algo estamos perdiendo. La “idealización” de la vida espiritual es un obstáculo a la hora de emprender un camino serio y profundo. El “realismo espiritual”, en cambio, es el mejor espejo que podemos tener para este camino. Algunos piensan que la experiencia espiritual es un retroceso o regresión, una inmadurez o un infantilismo respecto a la vida humana como si referenciarnos a Dios nos quitara autonomía, libertad, responsabilidad y adultez. Al contrario, la vida espiritual no es un “escapismo”, ni una “evasión”. Consiste en una integración madura del “yo” integralmente. Es un sentir que perdemos algo en el caminar y a veces esa sensación de que se nos está yendo el mismo Dios al que servimos.  Y es que los procesos de “pewrdida” son extraños y muchas veces largos. En estos procesos hay una primera etapa de búsqueda e inicio donde se percibe -consciente o inconscientemente- la necesidad interior de comenzar un proceso de crecimiento real. En esa etapa se tiene poca experiencia. Se busca el cambio y la renovación. Luego –en la segunda etapa- vienen los desafíos, los obstáculos, las crisis, comienzan un trabajo y una disciplina voluntariamente sostenida a pesar de todo. Empiezan las pruebas del ego y los apegos. Se requiere dar un salto al vacío. Es el momento en se elige todo nuevamente. Posteriormente –en la tercera etapa- viene el momento de sentirse más unificado y pacificado, se está más probado y se es más experto. Las primeras fases espirituales se caracterizaban por un progreso más o menos rápido. Después el avance se hace más lento y aparecen largos períodos de sequedad interior y de profundo silencio de Dios hasta que se va arribando a cierta plenitud y armonía, aunque nunca se está exento de ciertos altibajos. Esto es lo que experimentan los discípulos al observar poco a poco irse a Jesús.  Pero la segunda sensación en nuestra visión  es que no es el sentido de que algo se está yendo sino que algo está ocultando mi plenitud espiritual. El texto dice que Jesús fue llevado al cielo hasta que una nube les ocultó de su vista. Ahora ya no podrán ver la presencia de Jesúis. Algo lo que habían estado acostumbrados. Pero esa costumbre deberá ceder ante la nueva realidad espiirtual que se aproxima. La sabiduría de todo el itinerario espiritual que se va adquiriendo en el aprendizaje y en el crecimiento que -según el modo humano de entender- parecen “etapas” pero que, en verdad, no lo son. Nos vamos desarrollando en el tiempo, en una sucesividad progresiva, lenta y esforzada, paciente y paulatina. El aprendizaje es así. Se las compara con las etapas o las estaciones de un viaje. Un buen viajero sabe que un mapa, por más elaborado y exacto que sea, no es el territorio por donde está transitando. Cuando nos internamos en el territorio real, vamos formando nuestra propia visión del paisaje y de los hechos. La vida es un dinamismo temporal, continuo y progresivo. El ser humano se va perfeccionando, se va haciendo y va creciendo. Los discípulos deberán aprender esta lección en ese momento de la ascensión.

Segundo paralizó su misión.  La parálisis se debe a dos apsectos. Primero pérdida de una idealidad. Me parece muy interesante  observar que los discípulos tenían orden de rtegresar a Jerusalén.m Sin embargo se han quedado paralizados vuiendo hacia el cielo. No se sabe exactamente cuanto tiempo estuvieron  viendo fijamente al cielo. Ni que esperaban ver. Era un sentido de nostalgia, un sentido de esperanza tal vez volvía el Jesús que tanto amaban y habían visto y palpado. Segundo una pérdida de una identidad. Es curioso que los ángeles se refieran a los seguidores de Jesús como “galileos”.  Normalmente se piensa que aquí los apóstoles son llamados galileos a modo de reproche, porque vemos que los galileos no eran de gran reputación entre los hombres. Entonces, conforme a la opinión de ellos, es como si los ángeles dijeran: “Pobres ustedes, testarudos como son, ¿acaso no se dan cuenta que así como ha ido al cielo, así va a volver?”  Pero no vemos probable que esto haya sido dicho con tal sentido. No obstante, reconozcamos que los ángeles llamaron galileos a los apóstoles porque esa era la reputación que tenían, así como también Jesucristo llevaba ese nombre. Así que, aquí los apóstoles son llamados galileos porque eran considerados como gente del campo. La idea es: En lugar de ver el cielo vuelvan a la realidad que tienen por delante. Siguen siendo hombres limitados y galileos campesinos.  Tercero pérdida de una realidad.  Los ángeles les dicen que el ascenso de Jesús nuevamente tendrá un descenso. Ellos deberán confiar en que Jesús se moverá nuevamente en sus vidas, por lo tanto no deben perder el motor de su esperanza. Jesús volverá deben moverse y esperar ese momento. Cuando dice que él vendrá así como le vieron irse, es para mostrarnos que no necesitamos mirar Jesucristo aquí abajo hasta tanto él venga para juzgar al mundo entero. Y ahora, cuando miramos a él tenemos que hacerlo por fe, sobrepasando toda inteligencia humana. Ese es un  punto importante en este este pasaje, que bien es digno de ser observado. Pues, ya que por naturaleza siempre estamos inclinados hacia cosas menores, es muy difícil para nosotros no inclinarnos hacia alguna superstición cuando se habla de la ascensión de nuestro Señor Jesucristo. Realmente, aquí vemos lo que ocurrió. Si bien él ha subido al cielo, y está escrito que al volver a la tierra lo hará de manera similar a la que se le vio irse, todavía los que se dicen ser cristianos nunca han dejado de buscarlo aquí abajo. De esa manera ocurrió que buscaron a Jesucristo en el pan y el vino, y quieren ocultarlo en una caja, y quieren llevarlo de un lado a otro, y jugar con él como con una muñeca. ¿Cómo surgen tales supersticiones, si no fuera que nuestra naturaleza está tan dispuesta a hundir las cosas como una piedra? Y cuando digo que estamos inclinados a hundir las cosas, es porque quisiéramos constantemente bajar a Dios, con todo lo que sabemos de él, y quisiéramos que él fuera semejante a nosotros. Vemos entonces, por experiencia, que los hombres siempre han querido tener a Jesucristo con ellos en la carne, pero por otra parte vemos que los ángeles, queriendo librarnos de tales especulaciones, dijeron: “Hombres de Galilea, ¿por qué están parados allí, mirando al cielo?” Es cierto que buscando a nuestro Señor es muy necesario que elevemos nuestros espíritus al cielo, pero no debemos buscarlo conforme a nuestros sentidos y a nuestro entendimiento, sino que ahora debe controlarnos la fe. ¿Acaso no sabemos que la fe sobrepasa toda sensibilidad humana? Porque no es una facultad que los hombres hayan heredado, sino una gracia que Dios les da al corregir su naturaleza. Entonces, tenemos que buscar a nuestro Señor, pero no con los ojos, ni con los oídos

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