Principios de Liderazgo de toda la Biblia: 1 Tesalonicenses

 

 

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“…formular la pregunta correcta es más importante que dar la respuesta correcta a una pregunta equivocada…”

Alvin Toffler

1 Tesalonicenses: La estabilidad organizacional depende de la adaptabilidad al futuro.

El término shock del futuro, lo define Alvin Toffler como “demasiado cambio en un período muy corto de tiempo”. Según el autor la sociedad está atravesando por un gigantesco cambio estructural; la revolución de una “sociedad industrial” a una “sociedad super industrial”.[1]

Donde la acelerada transformación tecnológica y social nos deja desconectados de la realidad sufriendo un resquebrajamiento interior, desorientación y estrés.

El Shock del Futuro, libro de XX capítulos, habla sobre el cambio y sobre la manera y capacidad de adaptarnos a él. Trata de los que parecen medrar con el cambio y flotan alegremente en sus olas, así como de las multitudes que le resisten o tratan de evadirse de él. El “shock del futuro” es la desorientación producida por la llegada prematura del futuro, y puede ser la enfermedad más grave del mañana. El cambio cae como un alud sobre nuestras cabezas, y la mayoría de la gente está grotescamente impreparada para luchar con él.

Para sobrevivir y evitar lo que se ha denominado «shock» del futuro, el individuo debe convertirse en un ser infinitamente más adaptable y sagaz que en cualquier tiempo anterior. Debe buscar maneras totalmente nuevas de fijarse, pues todas las viejas raíces —religión, nación, comunidad, familia o profesión— sienten ahora la sacudida del impacto huracanado del impulso acelerador. Sin embargo, antes de que pueda hacerlo debe comprender más detalladamente la manera en que los efectos de la aceleración influyen en su vida personal, se deslizan en su comportamiento y alteran la calidad de la existencia.[2]

No cabe duda que la incertidumbre del futuro genera inestabilidad en el presente y trae culpa sobre el pasado. Lo curioso es que en América Latina hay una inmensa cantidad de personas y corporaciones que simplemente no se están preparando para el futuro. Ni siquiera se están preguntando cómo se verán en el futuro. Son adictas al pasado y estancadas en el presente.

En la carta a los Tesalonicenses Pablo se hace preguntas muy pertinentes con respecto al futuro. De hecho no sólo pregunta sobre el futuro, sino que las respuestas que encuentra le preparan para su presente y enriquece su pasado. De esta forma el orienta y alienta a la iglesia en Tesalónica a encarar el futuro  para adaptar el presente y a capitalizar su pasado.

Estas son las tres dimensiones de una organización que se adapta al cambio que le trae su futuro organizacional. Encarar el futuro, adaptar el presente y capitalizar su pasado.

La iglesia en Tesalónica tenía varias características importantes. Geográficamente estaba en Tesalónica, una ciudad hermosa y de gran desarrollo. Era una ciudad industrial y segunda en población en Grecia. Circunstancialmente estaba bajo persecución. Era una comunidad perseguida por las autoridades debido a su impacto y la calidad de vida transformada. Espiritualmente estaba en Dios. En 1:1 describe la posición extraordinaria de su valor y sus valores espirituales. Doctrinalmente estaba en confusión. La iglesia era nueva, no tenían mucho conocimiento, pero eran fuertes en espíritu y en El Espíritu. Debido a su poco conocimiento tenían muchas dudas, sobre todo en lo concerniente al futuro.[3]

Así que era una comunidad que tenía su ubicación (Tesalónica), poseía oposición (persecución), destilaba convicción (sus valores en Dios) y finalmente tenía confusión (en cuanto a su futuro)

¿Qué es lo que hace Pablo para poder fortalecer este grupo de personas para el futuro? Se resume en el vrs. 9 y 10 del Capítulo 1

“…y cómo ustedes se convirtieron de los ídolos a Dios para servir al Dios vivo y verdadero 10 y para esperar de los cielos a su Hijo…a Jesús, quien nos libra de la ira venidera…” (RVA2015)

En 1:3 encontramos tres valores importantes.  “Fe, esperanza y amor”. Estas tres  palabras ocurren muchas veces en el Nuevo Testamento. Por ejemplo en otra parte  Pablo dice “Ahora permanecen la fe, la esperanza, el amor, y de estos tres,  el  más grande es el  amor. (1 Corintio 13:13)

Estas son tres convicciones que se unen a tres dimensiones. Estas palabras resumen lo que debe ser la actitud hacia el futuro.  Usted ve, todos vivimos en nuestras vidas en tres dimensiones. Cada uno de nosotros tenemos  un pasado, un presente y un futuro.

Algunos en este momento  podemos recordar dónde estábamos anoche y lo que estábamos  haciendo. Ese es tu pasado. Pero también tenemos un presente. Eres consciente de la gente que en este momento está alrededor tuyo. Y tercero, también tienes un futuro. Algunos se preguntan qué van a hacer  más tarde.

Así que tanto en lo personal como en lo organizacional  vivimos la vida en tres dimensiones. Ahora las tres convicciones mostradas anteriormente nos muestran cómo  impacta nuestra vida en las tres dimensiones.

Para poder capitalizar el pasado necesitamos la dimensión de la FE: Que mira al PASADO. Es decir en pocas palabras confianza. De que lo que hay en mi pasado fue de aprendizaje y de riqueza histórica. En ese pasado Dios ha obrado. Así que mi confianza parte de que ese mismo Dios estará en la siguiente etapa.  El pasado enriquece mi dependencia.  En segundo lugar para adaptar el presente necesitamos la dimensión del AMOR: Que mira al PRESENTE. Ya que Dios ha sido mi conductor en el pasado puedo confiar que lo será en mi presente por lo tanto genera pasión. El presente fortalece mi experiencia. Hace que mi presente tenga una experiencia enriquecedora. En tercer lugar para encarar el futuro necesitamos la dimensión de la ESPERANZA: Que mira al FUTURO. Cuando nuestro pasado está formado por la confianza en Dios y nuestro presente por la  comunión con Dios, es obvio que el futuro nos traerá la convicción de que hay un futuro sólido en nuestras vidas y organizaciones.  El futuro asegura mi permanencia. No hay bancarrota, hay estabilidad y presencia constante en el futuro.

Es obvio que las organizaciones para adaptarse al cambio deberán enriquecer sus filosofías, estrategias y procedimiento con los valores de Dios. Sólo una organización que depende de algo eterno y estable puede permanecer en el tiempo.

 Estamos en medio de ese “shock” del futuro que Alvin Toffler profetizó. Para poder tener estabilidad organizacional dependemos de la capacidad de adaptarnos al futuro. Muchos lo intentarán con proyecciones, otros con estadísticas, algunos con proyecciones mercadoténicas. Solamente aquellas organizaciones que apunten por los valores, sobre todo basados en el carácter de Dios podrán tener  confianza en su pasado, amor al presente y esperanza para el futuro.  Creo que la siguiente frase resume muy bien lo que está por delante.

Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer o escribir, sino aquellos que no puedan aprender, desaprender y reaprender.

Alvin Toffler

[1] Toffler, Alvin. El Shock del Futuro. Plaza& Jane, S.A. Editores. Barcelona, España. 1973. 360 págs. Pág. 120

[2] Ibíd.

[3] http://www.unsearchableriches.org/wp-content/uploads/2016/10/13.-1-Thessalonans.pdf

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