“…Huyó desnudo…” III parte


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En tercer lugar vemos aparecen las  consecuencias.  Al seguirle la pista a este joven lo podemos encontrar ya  varios años después de este fracaso y un segundo fracaso registrado en el libro de los Hechos, ya desarrollado y formado como un verdadero seguidor de Jesucristo. Tres adjetivos encontrados en tres textos en las epístolas. Dos de Pablo y una de Pedro. Es el mismo Pablo quién se retracta de su condena de Juan Marcos como alguien fracasado. (Hechos 15:36). De hecho esta narración en el libro de los Hechos declara que Pablo y Bernabé se pelearon fuertemente por Juan Marcos. Sin embargo Pablo más adelante reconoce haberse equivocado con Juan Marcos.  Observe las tres consecuencias que produjo la vida de Juan Marcos, el joven que huyó desnudo.

La primera aparece en 1 Pedro 5:13. Es una consecuencia relacional. Allí Pedro se refiere a Marcos como: “mi hijo”.  La expresión que Pedro utiliza es “Huios”.  En griego,  hay tres palabras para hijo. La primera es “teknion” se refiere a un hijo bebé. La segunda es “teknon” se refiere a un hijo que está madurando pero no está listo para asumir responsabilidades y la tercera es “huios” se refiere a uno que está listo para asumir responsabilidades, quien ha pasado por la ceremonia de “adopción”. Por lo tanto, podemos resumir el concepto de la siguiente forma: El primero, teknion, significa un infante o un bebé. El segundo, teknon, significa un adolescente. El tercero, huios, significa un hijo (colocado como hijo por adopción).[1] Lo que demuestra es que Pedro lo había adoptado como un hijo. Esto implica que tanto Pedro como Marcos podían mantener un vínculo generacional al servicio del reino de Dios. Juan Marcos pudo llevarse bien con las generaciones mayores y Pedro le otorgó el privilegio de contar la historia de Jesús a Marcos renunciando así a tener una narración del evangelio de primera persona en Pedro. Esto rompe el mito de que adultos y jóvenes no se pueden integrar unidos en la narración del evangelio de Jesucristo.

El segundo pasaje aparece en Filemón 1:24. Esta es una consecuencia ministerial. Allí Pablo dice que Marcos es su “colaborador”. La expresión se debe traducir alguien que da energía a alguien estando lado a lado y de tú a tú.  Marcos había llegado al nivel de Pablo. Era el que energizaba la labor de este hombre. Un ministerio extraordinario en las manos de Juan Marcos. Así que Marcos aprendió a ser un hombre apasionado por la obra de Dios al mismo nivel que el apóstol.

El tercer pasaje aparece en 2 Timoteo 4:11. Esta es una consecuencia espiritual. Pablo utiliza una palabra que la RVA2015 la traduce: “me es útil”. Es impresionante la palabra que Pablo usa. La palabra para útil es “euchrestos”. La expresión tiene el prefijo “eu” que se puede traducir como bueno, excelente y el sustantivo chrestos de donde viene el término Cristo y cristiano. Lo que Pablo está diciendo es que este joven refleja a Cristo de una manera genuina y excelente. Juan Marcos no sólo superó sus fracasos sino que llego a mostrar el carácter de Cristo.

Así que la consecuencia relacional de este joven muestra calor por las personas, su consecuencia ministerial muestra su labor por el reino de Dios y finalmente la consecuencia espiritual muestra su amor por Dios.

Estamos en el umbral de una nueva generación y de un nuevo relevo generacional. A veces me pregunto si Jesús se vestiría como cristiano. Pobre, creo que ni el podría contestar a lo absurdo de esa pregunta. ¿Cómo se viste un cristiano? No queremos que los jóvenes  se vistan de cierta manera porque “parecen del mundo”, como si los cristianos “formales” no se parecieran a los mafiosos o narcotraficantes que usan traje “formal”. La cultura contemporánea demanda cristianos contemporáneos. El evangelio va más allá de la apariencia, de lo que nos incomoda a los cristianos que crecimos  en otro tiempo. Los jóvenes  quieren y tienen derecho a ser contemporáneos. Necesitamos que no sean como nosotros, que no sean de nuestra época. Que no se acomoden a nuestra cultura y a nuestros tiempos.  Necesitamos que nos saquen del letargo cultural en el que estamos  y para ello tienen que ser diferentes, tienen que ir muy adelante. No podemos pretender  que esta generación  de jóvenes cristianos  predique la palabra fresca  del evangelio aparentando ser del siglo pasado[2]. Si nosotros como iglesia  queremos tener un impacto  en la cultura  debemos darle libertad a los jóvenes la libertad debidamente encausada de no conformarse, sino de ejercer una diferencia  individual. De no solo salirse de lo tradicional que hay en la iglesia (sin abandonar los principios establecidos por Dios) sino de lo tradicional que hay en la sociedad y entrar  a la corriente de aquellos que establecen tendencias en la cultura contemporánea para que llenen ese río  cultural con el poder transformador  y perseverante del evangelio[3]. En fin debemos darles libertad a nuestros jóvenes de diseñar estructuras y programas  en nuestras iglesias  que sean efectivos a sus contemporáneos, estos probablemente nos pondrán los pelos de punta, pero no a Dios. Estos programas  y estructuras serán tan efectivos  como la fe que les haya enseñado y tan sólidos  como lo haya sido  nuestra enseñanza de la Palabra de Dios. El cristianismo que muchas veces hemos enseñado no ha sido un estilo de vida, ha sido únicamente un comportamiento. Un “ajustarse” a las costumbres de nuestra iglesia.

En estos nuevos tiempos soplan nuevos aires. Los jóvenes a diario luchan para ser cristianos  genuinos delante  de una cultura que los quiere devorar. Están como Juan Marcos desnudos. Pero al mismo tiempo, luchan con los códigos sociales (no siempre bíblicos) que les imponemos en la iglesia.

Esta generación de jóvenes cristianos no quiere libertad para pecar, esa la tenemos todos, tú y yo, ellos quieren la libertad para expresarse. Quieren la libertad de ser lo que son. ¿Estamos diciendo  que la iglesia debe permitir el comportamiento pecaminoso de los jóvenes. ¡Sí! No podremos evitar que  huyan desnudos y que luego fracasen como Juan Marcos. Pero no debemos  contribuir a que ellos pequen. Nosotros  no hemos aprendido  a respetar aquello que Dios respeta: El libre albedrío. Queremos dominarlo todo. Nosotros  forzamos comportamientos que ni Dios mismo hace. A una generación no se le puede enseñar  a honrar a Dios a través de las reglas, las costumbres y las preferencias culturales  de las iglesias. La enseñanza de honrar a Dios  se basa en la libertad que el individuo tiene de escoger de honrarle.  La libertad es eso, libertad. Y tenemos que aceptar que si predicamos  libertad y se las damos a los jóvenes, tenemos que afrontar las consecuencias  de dar esa libertad. No importa que huyan desnudos o que lleguen con una vestimenta no adecuada a Getsemaní. ¡Bendito sea Dios! Que en el camino encontrarán hombres de Dios como Pablo y Pedro y los llevarán de victoria en victoria y los prepararan para impactar la sociedad en el momento de Dios. ¡Veremos jóvenes amorosos, laboriosos y poderosos!

[1] http://cayadopastoral.com/g/g2-1.html

[2] Zapata, Generación Emergente. Pág. 71

[3] Ibíd.

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