“…Huyó desnudo…” II parte


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En segundo lugar aparecen  las condiciones.  “Le seguía cubierto el cuerpo con una sábana”. Lo que  el texto a continuación nos enseña son las variadas condiciones de cómo este joven seguía  a Jesucristo.  Debemos recordar que es un seguimiento primario, Juan Marcos después va a madurar y a ser de mucha utilidad en la difusión de Reino de Dios. La primera condición es su percepción: “Le seguía” Esto nos habla que tenía un objetivo y una percepción correcta de quien debería ser su figura de autoridad.  No estaba siguiendo la religión de ese día, no estaba siguiendo la sinagoga, a los fariseos. De alguna manera había descubierto la verdad y la persona de Jesucristo lo había cautivado.  Quizás podemos concluir que las nuevas generaciones les cautiva Jesús pero los desmotiva la iglesia.  La iglesia actual se ha especializado en señalar, juzgar y condenar todo aquello que no nos gusta de la forma de vivir de la gente a nuestro alrededor.  Pero si nos preguntaran qué ofrecemos, cuál es nuestra alternativa, cuál es el proyecto que presentamos, no podríamos articularlo porque carecemos de él, porque es simplemente la negación de los otros, porque es más fácil negar lo de los demás que afirmar lo propio.

Y esta es en el fondo, según mi humilde opinión, la razón por la cual los jóvenes en general, y los estudiantes en particular, abandonan nuestras iglesias.  No hay una cosmovisión positiva que les permita articular un proyecto vital propio por el que valga la pena vivir y morir. La modernidad líquida tiene características, cada característica plantea un reto y exige de nosotros una respuesta en términos de acompañamiento espiritual.  ¿Qué tipo de espiritualidad podemos ver en nuestro contexto y que espiritualidad se deben plantear los jóvenes que están siguiéndole a EL? La espiritualidad es uno de los temas más descuidados entre los cristianos evangélicos latinoamericanos.  En efecto, a pesar de la persistencia del pueblo de nuestro continente en ser un pueblo religioso, y de la proliferación de diversas “religiosidades” que ha habido en los últimos años, la reflexión seria sobre espiritualidad continúa siendo una asignatura pendiente de las iglesias evangélicas en América Latina. Mucha de la espiritualidad actual carece de anclas bíblico-teológicas. Su escasa o nula articulación con temas fundamentales como el Reino de Dios, la encarnación y práctica de Jesús, y la misión de la iglesia, entre otros, revela su falta de identidad evangélica. Impuesta esta tendencia, mucha espiritualidad evangélica se limita a repetir un trivial libreto de “lo eficaz”, “lo extraordinario” o lo “sin estrés”. Esta espiritualidad, en última instancia, se recluye en sus tópicos preferidos y aparece como “desconectada” de los temas de la vida real. Carece de la fuerza transformadora que procede del Espíritu y que demuestra la autenticidad de la experiencia religiosa.  Los resultados son notorios: iglesias y creyentes carentes de proyecto, impregnados con las expectativas y valores que promueven las teologías de la prosperidad, el animismo mágico y la moda psi en materia de religiosidad.

En segundo lugar su práctica.  “cubierto el cuerpo con una sábana”. El texto dice que le seguía y en griego es el verbo  “akoloutheo”. Es  un verbo que está en un tiempo imperfecto. El tiempo imperfecto señala constancia y hábito. Es obvio que este joven no era la primera vez que  seguía a Jesús. Ya lo había hecho antes y de manera constante. ¿Cómo son las prácticas  cristiana de los jóvenes  hoy? Quisiera usar tres ejemplos  bíblicos a manera de metáforas para describir tres características que a mi criterio es la forma en que las juventudes están siguiendo a Jesús hoy. Partimos de la premisa que los jóvenes si están siguiendo a Jesús, ese no es el problema. La primera pregunta básica es la manera en que lo siguen. Y está reflejado por la sábana. Es un desafío cultural. ¿Uno se pregunta por qué él está vestido de esa forma? ¿Qué tipo de vestimenta se usa para un evento espiritual como era el tiempo en Getsemaní?  Algunos sugieren que Juan Marcos llegó de pronto a avisar del arresto de Jesús y corrió con la poca ropa que tenía a la mano. Pero es poco probable. Lo más lógico  es que al igual que los discípulos hubiera acampado en el Getsemaní como un observador. Por la evidencia que el texto muestra me imagino que ya estaba completamente dormido y acomodado para esperar el amanecer del nuevo día. Su forma de “asistir” es bastante peculiar del resto de los que están en Getsemaní.

Esto nos plantea varias preguntas. Por ejemplo ¿Qué tanto derecho tienen los jóvenes a acercarse a Dios con sus propios estilos y su identidad disparatada? ¿Por qué imponemos una forma de acercarse a Dios que no concuerda con la mentalidad de un joven posmoderno? ¿Qué nos quieren comunicar con esa forma de acercarse a Dios? Octavio Paz en 1950 escribió algo muy pertinente para este tema, en su célebre ensayo sobre la mexicanidad El Laberinto de la soledad, al referirse a los jóvenes de origen mexicano en Estados Unidos conocidos como “pachucos”. Paz dice que ellos “señalan no tanto la injusticia o la incapacidad de una sociedad que no ha logrado asimilarlos, como su voluntad personal de seguir siendo distintos”.[1] Eso es, la necesidad de ser distintos al status quo. Es cierto en el caso de este joven que  su vestimenta le iba a generar cierta dificultad, sin embargo una cosa era cierta este joven a pesar de su forma de llegar a Jesús no cabe duda que a lo menos estaba en el lugar del mover de Dios. Pero su expresión física era diferente. ¿Extraña? ¡Sí! ¿Extravagante? ¡Por supuesto¡ ¿Fuera de lugar? ¿Quién dice? Junior Zapata lo pone de esta forma: “Nosotros los líderes  tenemos toda clase de planes para los jóvenes. ¿Cuántas veces nos hemos puesto a pensar  cuáles son los planes de Dios para ellos? Las mismas iglesias  y escuela cristianas que usan el trillado proverbio: “Instruye al niño en su camino…”, no hace el esfuerzo por ayudar a ese niño, a ese joven, a encontrar “su” camino. Porque simplemente no es “nuestro” camino. No es el camino del pastor o del maestro. Es el camino que Dios ha trazado para el niño el que importa, y es hora que aceptemos que a estos “niños” Dios les ha trazado un camino radicalmente diferente al que trazó para nosotros[2]. No pretendamos que vamos al frente  dirigiendo una nueva  generación. Los caminos  de esta nueva cultura nadie los ha pisado. En estas enmarañadas veredas, esta generación  tiene mejor sentido de dirección que nosotros. Instruyámoslos en “su” camino el “nuestro” ya ha quedado atrás.[3] La segunda pregunta básica  es el momento en que lo siguen. La RVA 2015 dice: “lo prendieron”. Esta reflejado por el arresto. Es un desafío a lo radical. Observe que este joven en contraste de los otros que la Palabra dice que todos abandonaron y huyeron. El todavía da un paso más de seguimiento a pesar del peligro. Es obvio que el seguirlo con muchas limitaciones de vestimenta y de fragilidad, decide seguir un poco más que los que habían estado con él por más de tres años. Debemos recordar que este seguimiento radical, nos permite ver que es un seguidor agresivo y capaz de correr riesgos por el seguimiento de Jesús. Este seguimiento de esta generación es cultural, pero también es radical. Esta generación  no se está preguntando si el cristianismo es verdad, se está preguntando si vale la pena. No están preguntando si es creíble, están preguntando si es relevante. Y es obvio que no hemos hecho  relevante el evangelio  para muchos sectores de nuestra sociedad. Necesitamos darle a esta generación razones para arriesgarse por Jesús. Alguien ha dicho  que para jugar no hace falta un juguete, solamente hace falta un niño. Así está ocurriendo en la iglesia  para “jugar” ya no necesitamos más cachivaches ni juguetitos, para jugar basta un niño más, un joven más que aprenda a jugar  con la cultura. Si queremos que los jóvenes  impacten la cultura de una manera radical, les tenemos que dar más que un pescadito, algo más que un peinadito cristiano y algo más que un aleluya que responde a una ya vieja y aburrida pregunta  hecha por los directores de alabanza. Les tenemos que desafiar que vivan lo que el pescadito representa. A que entren a la cultura  peinados como lobos aunque sean ovejas. A que piensen por sí mismos antes de responder, y a que reten  sus contemporáneos  a no responder como todos responder. Es pocas palabras a ser reales. La tercera pregunta básica tiene que ver con el movimiento de cómo lo siguen. La metáfora es “huyo desnudo” es un desafío no sólo a lo cultural, o a lo radical sino también  espiritual. En el texto podemos observar que este joven se arriesgó, pero una vez enfrentado con la adversidad decidió huir desnudo. Es decir es un joven desilusionado, desnudado y desarmados. Debemos entender que esta generación deberá enfrentar sus propios desafíos. Estos desafíos los atemorizaran y los dejaran sin su cubierta religiosa o lo que cubre tan superficialmente su existencia. Esto generará cierto nivel de desilusión con su seguimiento de Jesús. Es obvio que pasarán por un proceso de madurez que les hará poco a poco regresar a Jesús. Esa desilusión ocasionará desnudez. Serán desnudados de sus códigos de ocultamiento de lo que son y de lo tienen dentro. Los dejará ante su Señor desnudos y ante sus enemigos. Pero ese desnudar hará que una nueva generación se vista de los códigos que Dios ha escogido para ellos. Es necesaria la desilusión y la desnudez. De esta manera Dios los desarmará y al ser desarmados huirán pero pronto regresarán porque se darán cuenta que seguir a Jesús es más que una noche en el huerto semi desnudo. Y al ser desarmados del mundo serán equipados con el poder de Dios y las armas de Dios y surgirán como una generación diferente, con sus propios problemas, sí pero entiendo a Jesús desde su perspectiva relevancia histórica y cultural. Será una generación espiritual, ya que Juan Marcos regresó con todo. Escribió un evangelio y Pablo el gran apóstol dijo que Marcos era útil para el ministerio. (Colosenses 4:10) Y esto nos lleva a la tercera cosa.

[1] http://laopinion.com/2012/08/13/jovenes-urbanos-definen-su-moda/

[2] Zapata, Junior. Generación Emergente. Mia. Fla Ed. Vida, 2005 pág.70

[3] Zapata, Generación Emergente. Pág. 71

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