…al despuntar el alba…”


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Independientemente de que a algunos les fastidie las metáforas de Ricardo Arjona, no cabe duda que en el canto “Si el Norte fuera el Sur” describe que la condición de una nación no depende de su ubicación sino de su intención humana. Lo que viene a ilustrar que como seres humanos todos tenemos las mismas tendencias a hacer lo que muchas veces criticamos.

Sin embargo hay algo que simplemente me está animando últimamente con respecto al Sur a diferencia del Norte. Sobre todo en términos de mover de Dios.  Junior Zapata entiende mi sentir y lo expresa de esta forma: “Es hora de que la iglesia cristiana latinoamericana tome su lugar como punta de lanza y aproveche su turno. Debemos entrar por la puerta cultural que Dios ha abierto. Es nuestro turno. ¿Qué pasaría si lo que está en el sur  estuviera en el norte? Por mucho que estimule esta pregunta nuestros sentidos progresistas yo respondo que los latinoamericanos estamos en el tiempo de Dios. Estamos situados estratégicamente en la historia. Las puertas del mundo se nos abren. Las del norte, las del sur, las del oriente y las del occidente. Lo que el norte necesita el sur lo tiene.”[1]

Y es que hace dos mil años  en el oriente, el progreso y el poder residía  al norte, en Roma. Relativamente al sur, yacía una pequeña ciudad de poca importancia  para el mundo. Esta localidad no alcanzaba la estatura mundial que Roma tenía. Esta ciudad era Jerusalén. Jerusalén era el sur con relación al mundo político de la época. Y el sur del evangelio fue llevado a todo el mundo, especialmente al norte, por hombres que saliendo de Jerusalén recorrieron el oriente sembrando el evangelio. 1500 años después, desde el corazón de Europa, el evangelio cobró nueva fuerza con la Reforma  y la impresión de la Biblia en el lenguaje popular. 400 años más tarde, en lo que conocemos  como “el norte” (USA) comenzó el movimiento misionero más grande que la historia ha visto. Hoy el “sur” no es Jerusalén, es el continente latinoamericano. Al igual que el evangelio salió  de Jerusalén  al resto del mundo, Latinoamérica está lista  para que del corazón  de sus pueblos  y ciudades salgan jóvenes con el evangelio  para alcanzar  a las generaciones del mundo.[2] En pocas palabras estamos en medio de un nuevo amanecer tanto misional como espiritual.

Creo que todos los hijos de Dios estamos llamados participar en ese mover de Dios que se avecina. Ya que servir a Dios y a su causa es la última y mejor meta de todo cristiano.

Por otro lado he pensado en lo peculiar que es el ministerio de servir a Dios.

En el Evangelio de Marcos  capítulo 1:32 encontramos una narración sumamente importante. Pero para poder comprender la esencia del pasaje déjeme ilustrar lo acontecido hasta ese momento.

En los pasajes anteriores  Jesucristo había tenido  días bastantes  atareados. Ha peregrinado de un lado para otro y las necesidades de la gente aumentan cada vez más.

Ahora bien a pesar de todo el trabajo, de pronto aparece una cantidad gigantesca de gente con muchas necesidades.   ¿Por qué apareció tanta gente en este momento?

Creo que la razón principal es que para los judíos, la puesta del sol marcaba el fin de un día, y el comienzo del día siguiente.  ¿Y qué día terminaba y que día comenzaba?

El día que acababa de terminar, era un día de reposo (ver v.21), en el cual a los judíos se le prohibía  hacer muchas cosas, entre ellas acudir a un médico para ser sanados, o cargar a los enfermos (ver Lucas 13:14, y comparar Juan 5:8-10).

Evidentemente, mientras duraba el sábado, la gente se sentía limitada en cuanto a sus movimientos.  Sin embargo, la puesta del sol, y el inicio de un nuevo día, permitió a la gente movilizarse con mayor libertad.

Ahora esta situación me hace preguntarme  ¿Por qué un día dedicado a Dios se convertía en un obstáculo para la salud y sanidad del individuo?

Y ya pensando en nuestro tiempo ¿Son nuestros programas religiosos y estructurados litúrgicamente los que impiden la plena salud de las personas? ¿Por qué las estructuras tan rígidas y legalistas pretenden ayudar pero al final uno termina aplastado por esas mismas estructuras que se pensaron para ayudar a la necesidad del individuo?

Ahora bien,  a pesar de ser el día de reposo, las noticias del exorcismo en la sinagoga (v.21-28), y la sanidad de la suegra de Pedro (v.29-31), corrieron por las calles de Capernaum ese día. Así que al fin del día, una gran multitud de enfermos y endemoniados se reunieron a la puerta de la casa donde estaba Cristo (v.32).   Toda la ciudad de Capernaum estaba conmovida (v.33).  El Señor sanó a una gran cantidad de gente, y echó fuera a los demonios (v.34).

¿Porque de repente se hubo una sobre demanda de servicio a los necesitados? ¿Cómo hacemos frente a tanta necesidad hoy? ¿Cómo sabremos manejar el oleaje de un avivamiento, que parte de la libertad y la sanidad de los problemas de la gente? ¿Qué hizo Jesús para ministrar de noche?

Quiero que nos identifiquemos con la frase “cuando se puso el sol”. Esta frase nos hace ilustrar el ocaso de un sistema en decadencia ante el inicio  de un nuevo sistema o modelo de ministración. Un nuevo modelo emergente. Observemos que es lo que podemos aprender de esta expresión del texto.

Para poder entender lo que es un movimiento emergente:

Primero debemos observar la transición. Estoy convencido que está llegando el ocaso de un sistema religioso evangélico que originalmente se planteó para ayudar y acercar a la gente a Dios pero que lamentablemente se desgastó y terminó obstaculizando el progreso espiritual.

Sin embargo ese atardecer  espiritual teológico será seguido por un despertar espiritual al que nos enfrentaremos y si no estamos preparados no podremos hacerle frente. El cuadro que Marcos presenta es muy interesante.  El día solar se estaba acabando, y la gente normalmente se preparaba para descansar.  Era el fin de un día de reposo, así que uno se puede imaginar la quietud y la tranquilidad de ese momento.  Sin embargo, esa tranquilidad fue interrumpida por una masa de gente, que venía de todos los lugares aledaños, cargando una multitud de enfermos y endemoniados.  ¡Toda la ciudad estaría en conmoción!  Primero, los de la misma ciudad, habrían llegado a la puerta de la casa de Pedro, buscando sanidad para sus familiares y amigos.  Luego, los que vivían más lejos.  ¡Cuántos no tendrían algún enfermo en casa!  Todos se apresuraron para llevar a su ser querido a la presencia de Cristo, para que Él los sanara, al igual que lo había hecho con el endemoniado en la sinagoga, y luego con la suegra de Pedro.

Así que esta transición se caracteriza por tres elementos. Primero es una transición cronológica. “cuando se puso el sol”.  Es decir el momento deseado por la gente, ya que ellos estaban esperando que el sábado se acabara en términos de tiempo. Lo que nos viene a demostrar que la gente presiente la ineficiencia de un sistema espiritual y sabe que no está dando los resultados que debería dar. Por esta razón miles de personas saldrán a buscar la ayuda en otro lugar. Los tiempos que vivimos hoy son tan demandantes y diferentes a los  que una vez fueron en el inicio del evangelio en nuestros continentes. La transición cronológica fomentara la migración Esta será una migración urgente. Ya que no les importará la hora en que están (llegaron en la noche). Esta migración no estará sujeta a imposiciones estructurales, no de horario. La necesidad será tan grande que simplemente la gente aceptará los momentos de búsqueda por su gran necesidad. Una migración divergente. Si ustedes observan en el pasaje, el lugar de la búsqueda y satisfacción de su espiritualidad no será la sinagoga o el templo, medios tradicionalmente usados para suplir las deficiencias espirituales de un buscador. Ahora, aquí vemos que es una casa, en donde Jesús está. La divergencia estriba en que se saldrán del estereotipo religioso con tal de encontrar a Jesús.  Así que en cuanto a lo urgente no les importará la hora. Y en cuanto a lo divergente no les importará el lugar. Pero también será una migración  demandante. Observe que el texto dice que fue “la población entera”. Y la  RVA 60 añade “se agolpó”. Lo que implica una dinámica de exigencia  a ser atendidos. Es muy demandante no sólo atender a una persona en la noche, sino atender a todo un pueblo en la noche, sobre todo si ese pueblo exige que le ministres.

Segundo es una transición kairológica. Observe que específicamente los judíos consideraban que no se podía violar el sábado después que el sol se ocultaba. Por ser en este momento urgente de noche y al ocultarse el sol implica que la manera de ministrar era un tiempo diferente, pero el tiempo ideal para que la gente pudiera acercarse a Jesús. Es decir mientras los judíos reposaban en sábado, ellos no recibieron sanidad de sus enfermos, mientras que cuando fueron a Jesús al término del sábado pudieron encontrar sanidad a sus problemas. Lo que significa que para esta gente el sábado se convirtió en una espiritualidad para pasar y aguantar. Pero cuando se trataba de Jesús era una espiritualidad para progresar y sanar. Así que estamos pasando de lo cronológico a lo kairológica. Del sábado programado (cronológico) a la casa no programado (kairológica). La transición kairológica produce motivación. ¿Cómo se motiva a toda una ciudad a que asista a un evento incómodo, limitado en estructura, y en recursos? Simplemente por medio de la presencia, la palabra y las promesas de Dios. La gente vio que el movimiento de Jesucristo daba resultados. Cada día siento más sobre mis hombros el peso de esta generación que se está levantando. Me avergüenza a veces mi poca relevancia con los estereotipos evangélicos que he heredado. Y es que esta generación no se está preguntando si el cristianismo es verdad, se está preguntando si vale la pena. No están preguntando si es creíble, están preguntando si es relevante. Y estamos llegando al momento que como iglesia deberemos responder a esas necesidades. Y cuando lo hagamos la “puerta de nuestras comunidades” se agolpará la gente en increíbles cantidades.

 En tercer lugar es una transición metodológica. Por otro lado se está cambiando de manera de ministrar. La transición metodológica produce renovación. Esa renovación se mostrará en las prácticas. Es decir se pasará de una forma ordenada a una forma desordenada. Ahora déjeme explicarle este punto, antes de me queme por hereje. Comenzaré mencionando que  de una encuesta que se les  hicieron a diez mil jóvenes latinoamericanos, solo el treinta y siete por ciento afirmaron que su comportamiento es el mismo fuera y dentro de la iglesia. Lo que viene demostrar que no hemos levantado una generación temerosa  de Dios sino una generación temerosa de las consecuencias de las reglas y temerosas de los líderes. Están más preocupados por encajar en el molde que les hemos dado que por honrar a Dios cada día aunque nosotros no los estemos viendo. [3] En un país latinoamericano  se hizo un estudio  acerca de las tendencias musicales entre los jóvenes cristianos. El resultado no fue diferente  a lo que se encontraría en otros países. Los jóvenes cristianos escuchan un promedio de tres estaciones  de radio. Dos no son cristianas y una cristiana. Esos son jóvenes a quiénes se les ha dicho  continuamente no escuchen música secular. ¿Por qué esa tendencia? Porque aunque tenemos “la regla” no formamos el carácter. Si nadie los está viendo, ellos harán lo que sea de su agrado. Les hemos enseñado  que los bueno  es “seguir las reglas que les hemos dado”. Entonces, si no hay  quién aplique el reglamento, los jóvenes asumen que no hay problema[4].

Y ¿porque tantas reglas? Creo que escribimos  políticas y reglas por dos razones. Primero  porque no tenemos la voluntad de recibir la crítica  de aquellos que no entienden  lo que estamos haciendo con nuestros jóvenes. No queremos arriesgar nuestra reputación. Y segundo para compensar nuestra falta de relación. Y es que a menos relación más reglas. A más relación más reglas. Mientras más tiempo pasemos con los jóvenes, menos tendremos que decirles no y más les diremos sí. Mientras más estamos con ellos, más gobierno propio  desarrollará  y menos gobierno externo  necesitará porque nuestro carácter formará  la de ellos. [5] ¿Eso significa que no debe haber reglas? Me gustaría, pero el hecho es que necesitamos normas generales  de vida.  Lo que no necesitamos  es truncar la libertad personal que Dios les ha dado a las personas  usando reglas innecesarias  para cubrir el fracaso  de nuestras relaciones con ellos. O para ahorrarnos  problemas, especialmente cuando esos problemas  son las oportunidades que Dios nos da para formar a nuestros jóvenes.  Y es que el problema de las reglas en lo muy profundo  radica en un binomio interesante. Es un asunto de poder y control. Cuantas horas perdidas en las iglesias (hogares?) acerca del poder y el control. Ya que queremos estar seguros  de que se van a hacer las cosas  en “orden” porque “Dios es un Dios de orden” Pero nosotros asumimos que orden equivale a control. Pensamos que si algo no sale  como a “nosotros” nos gusta es desorden. Lo que sucede en realidad es que hemos perdido el control y para ser franco no nos vendría mal perderlo de vez en cuando.  Y es que la mayoría de personas ocupa el término de orden para situaciones  en las que quiere dominar. Define “orden” como “hacer aquello que a ellos les gusta y de la forma que a ellos les gusta”. Y casualmente ¡tienen los mismos gustos que Dios!

El problema  que la Biblia no dice: “Dios, ordenado, ordenado, ordenado eres”. La Biblia dice:”Santo, santo, santo eres” Y confundimos santidad con orden. Si las actividades  que los hermanos quieren realizar  van de acuerdo a nuestra iglesia entonces hay “orden”. Si no van de acuerdo a nuestras costumbres  y reglas (aunque no vayan en contra de la Biblia) hay “desorden”. Y muchos adultos pueden decir: “no es que les prohibamos hacer sus actividades, lo único que queremos es un poco de orden”. Y al preguntar de ese poco de “orden” volvemos al viejo dúo de poder y control. Por ejemplo queremos que nuestros jóvenes  se vistan de cierta manera “porque parecen del mundo”, como si los cristianos  que visten “formal” no se parecieran a los narcotraficantes que usan “vestido formal”.  No queremos que los jóvenes se pinten el pelo de otros colores (¿Qué significa otros?). ¿Saben cuántos predicadores y pastoras se pintan el pelo, sólo que el “otro color” es aceptable de acuerdo a la biblia. (¿????) La cultura contemporánea  demanda cristianos contemporáneos. No estoy diciendo  que diluyamos el evangelio  al gusto de la cultura. Lo que pretendo decir es que la esencia del evangelio  va más allá de la apariencia, de lo que nos incomoda a los cristianos que crecimos  en otro tiempo.  Las nuevas generaciones  quieren y tienen derecho a ser contemporáneos  para ser efectivos en la cultura  donde Dios los ha puesto. Necesitamos que no sean como nosotros, que no sean de nuestra época. Que no se acomoden a nuestra cultura y a nuestros tiempos.  Necesitamos que nos saquen del letargo cultural  en el que estamos  y para ellos tiene que ser diferente, tienen que ir muy adelante. Si los formamos para que se ajusten a este tiempo, para la cultural social que actualmente tenemos serán obsoletos de inmediato. No podemos  pretender que esta nueva generación  predique la palabra fresca  del evangelio aparentando ser del siglo pasado.

Esa renovación se mostrará en las estructuras.  Del templo, a  la sinagoga a la casa. Del rabino titulado (los fariseos) al rabino llamado (Jesús).

 En segundo la condición del movimiento. Primero está la dimensión motivacional.

¿Qué motivará a la gente a escuchar de Cristo en los años que vienen?

En el texto original, el verbo (“trajeron”) es imperfecto; literalmente, ‘le traían’, o ‘le estaban trayendo’.   El uso del imperfecto apunta a una fila de personas, que se acercaban en forma continua y permanente (durante esas horas). ¿Qué motivaba a esta gente? No hay implicaciones de que haya habido propaganda o repartieron panfletos. Simplemente Dios los guió debido a que habían escuchado todo los beneficios que habían obtenido las personas liberadas por Jesús.

Segundo está la dimensión misional. El griego dice, literalmente, ‘los que lo tenían mal’, en el sentido de, ‘los que la estaban pasando mal’; es decir, ‘los enfermos’.  Así que el movimiento tiene a lo menos tres dimensiones o rostros. Los que la que está pasando mal (Enfermedades). Los que están mal (endemoniados)  y los que ven el mal (la ciudad).

Tercero está la dimensión social “y toda la ciudad se agolpó a la puerta”. Las palabras, “se agolpó”, es la traducción del verbo, ‘episunago’.  El verbo significa, ‘juntarse’ o ‘reunirse’. En este caso, la preposición, ‘epi’, sirve para brindar mayor énfasis al verbo.   Por otro lado el verbo está en tiempo perfecto, que conlleva la idea de un incidente que tuvo consecuencias permanentes; es decir, que se formó una gran multitud de personas, y que está multitud quedó en forma permanente por un largo tiempo (¿mucho de la noche; comparar v.35-37?).  El cuadro es de una gran muchedumbre, que se formó  alrededor de la casa donde estaba el Señor (¿la casa de Pedro?).¿Debemos tomar esta frase literalmente?  ¿En realidad, toda la ciudad se agolpó?  A la luz de Marcos 1:5, es probable que aquí tengamos una forma de escribir que es parte del estilo literario de Marcos.  Mateo y Lucas no escriben esto; ellos se limitan a decir que había mucha gente (Mat 8:16; Lucas 4:40).  Sin embargo, indudablemente la cantidad de gente era grande.

En tercer lugar la ministración del movimiento.“Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades”.

La ministración es integral. El verbo, ‘sanar’, en el original, está en el aoristo, que implica una sanidad instantánea.  Marcos no menciona cómo Cristo sanó a estas personas.  Ese detalle lo encontramos en Lucas 4:40, en las palabras, “y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba”.  Cristo no tenía que hacer esto para sanar a alguien, pero parece haber sido Su estilo de hacerlo. El verbo, ‘sanar’, en griego es ‘therapeuo’.   Es interesante observar que este verbo está  relacionado con el sustantivo ‘therapon’, que significa ‘un siervo’ (Hebreo 3:5). El Señor  Jesús, siendo Soberano y Creador de todo, se digna ‘servir’ a Su creación, sanándoles de diversas enfermedades. Si el Señor tuvo esa actitud hacia los necesitados, cuánto más no la debiéramos tener nosotros.

La ministración es parcial. Aquí tenemos uno de los cuadros más preciosos de Cristo.  Rodeado por una gran turba; todos preocupados por ser atendidos – ¡quizá más de un empujón se dio durante esas horas!  Pero el Señor, con tremenda calma, autoridad y dignidad, sanó a muchos enfermos.  Pero observe que no dice que sanó a todos. ¿Por qué no los sana a todos? Es una pregunta que sólo Dios puede contestar. Sin embargo a los que ministró no había caso demasiado difícil.  No había caso imposible.  ¡Aquí no existían desahuciados! Mateo añade un verso, en el cual cita un texto del AT (Isaías 53:4), proveyendo así una base teológica, para explicar el ministerio de sanidad que Cristo desarrolló.  “y echó fuera muchos demonios…”Otra vez, el verbo principal está en el aoristo, que apunta a un acto instantáneo.

La ministración es escritural. Marcos no nos dice cómo Cristo echó fuera a los demonios; este detalle lo tenemos en Mat 8:16 (“y con la palabra echó fuera a los demonios”).   La palabra de Cristo tenía tremenda autoridad; era la voz del mismo Creador. Con justa razón, Su Palabra era suficiente para echar fuera a los demonios. Es interesante notar que en el evangelio de Mateo, la liberación de los endemoniados es mencionado antes que la sanidad de los enfermos (ver Mat 8:16), dando énfasis a este ministerio.“…y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían”

La ministración es espiritual . El verbo, “no dejaba”, está en el imperfecto.  Esto apunta, no tanto a una sola orden, dada en un momento específico (como los verbos anteriores, que están en el aoristo; “sanó” y “echó”), sino a una serie de órdenes, dadas a lo largo de ese tiempo, a diferentes demonios. Lucas añade el detalle que Cristo “reprendía” a los demonios (Lucas 4:41).  Este es el mismo verbo que Lucas usó para describir la sanidad de la suegra de Pedro (Lucas 4:39).  Marcos ya lo ha usado, en v.25. Es Lucas quien nos dice lo que estos demonios estaban vociferando: “Tú eres el Hijo de Dios” (Lucas 4:41; comparar Marcos 1:24).  Lucas también indica que los demonios sabían que Jesús era el Cristo (Lucas 4:41b). Una vez más, Cristo prohíbe a los demonios hablar, no porque lo que estaban diciendo no era verdad, sino porque lo estaban haciendo malintencionadamente, con el propósito de incomodar a la gente, y darles pretexto para no escuchar a Cristo (ver comentario sobre el v.24-25). Jesús delimita su territorio estableciendo su autoridad.

Alguien dijo: “Si describes las cosas mejor como son, se te considera un romántico. Si las describes  las cosas peor de lo que son se te considera un realista. Y si describes las cosas exactamente como son, se te considera un criticón. Pienso que en esta reflexión por la falibilidad de mis opiniones a veces he sido  como un romántico, a veces un realista y otras veces un criticón.

Sin embargo es obvio que este nuevo mover será en un tiempo diferente y requerirá mayor esfuerzo y deseo de servir más allá de nuestras comodidades. Pocos estarán dispuestos a pagar el precio, pero Dios se moverá de una manera increíble a través de los que acepten el reto de ministrar “luego que el sol se oculte”.

[1] Zapata, Junior. Generación Emergente. Ed. VIDA. Mia. Fla. 2005, pág. 229

[2] Ibíd.

[3] Zapata, Junior. Generación Emergente. Ed. VIDA. Mia. Fla. 2005, pág. 170

[4] Ibíd.

[5] Ibíd. Pág. 171

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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