El lápiz, el borrador y el basurero


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Una de  las frases que me encanta leer no sólo por su origen sino porque años después la encontré en otro libro de Agatha Christie es la dicha por Bruto a Casio en la obra de William Shakespeare  “Julio César”.  Bruto dice: “Existe una marea en los asuntos humanos que, en la pleamar, conduce a la fortuna; pero, omitida,  todo el viaje de la vida va rodeado de escollos y desgracias. En la pleamar flotamos hora, y debemos aprovechar la corriente cuando es favorable, o perder nuestro cargamento.”[1]

Lo que Shakespeare intenta decir que una gran parte de la satisfacción en la vida es aprovechar las oportunidades que se nos presentan. Desde la perspectiva cristiana es más riesgoso porque puede ser que esas oportunidades las esté enviando Dios y no podamos percibirlas y perderlas por completo.

El problema es que las grandes oportunidades para desencadenar las bendiciones de Dios vienen envueltas en estuches cotidianos y ordinarios. Y es por esa razón que muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de que Dios nos está enviando el momento clave para que nuestra vida se desarrolle plenamente.

Todos luchamos con este tipo de riesgos e inseguridades. Sin embargo aunque podamos tener una justificación para no aceptar el reto de Dios en el momento preciso, El, se encarga de movernos aún a pesar de tener nuestras reservas de hacerlo.

Lo más dramático de esto, es que Jesús mismo en un momento determinado fue impulsado a hacer algo a pesar de que expresara que no era el momento para hacerlo. ¿Sería un momento en que la humanidad de Jesús actuaba? ¿Habría una limitación en su deidad en ese momento? Tendría sus reservas con respecto a hacer algo en un contexto tan poco “espiritual”? Simplemente no sabría decirlo. Es obvio que aquí no se está cuestionando la plenitud de la deidad, pero a lo mejor humanamente Jesús pensaba que no estaba preparado para empezar a mostrarse como lo que iba a ser. Sea cual sea la situación real, lo que sí se ve en el pasaje es que Jesús hace el milagro casi forzado por las circunstancias y por la  fuerza de su madre. Y es que Jesús desiste de un ministerio programado  a un ministerio espontáneo. Y es que entonces el aprovechar las oportunidades encubiertas de Dios derriba nuestra planificación y nos obligan actuar  espontáneamente.

Por eso en nuestra vida debemos tener tres elementos importantes para vivir una vida plena  con  Dios, en  lugar de una vida planeada con Dios. Estos elementos son el lápiz, el borrador y el basurero.

Déjeme plantearle entonces estos tres elementos importantes para desarrollar una vida plena con Dios en lugar de una vida planeada con Dios.

Veamos pues los tres elementos a manera de metáfora.

Para tener una vida plena con Dios debes incluir un lápiz.  El lápiz es el instrumento (aun cuando estamos en la era de la computadora, todavía es relevante esta herramienta) que sirve para escribir, para plasmar lo abstracto en lo concreto. Es el mecanismo que hace visible lo que está en la esfera de lo invisible. Así que el lápiz es elemento que nos ayuda a  planificar. ¿Es malo planear  en la vida? O mejor dicho  ¿es malo planear en la vida espiritual? La respuesta sería sí y no. No,  porque me hace saber exactamente lo que quiero, lo que deseo y lo que quiero lograr. En ese sentido si las personas planifican, por lo menos están claros de lo que quieren.  Y por otro lado, sí es malo cuando me creo que lo que planifico lo voy a lograr tal como lo he planeado. Sobre todo cuando de esa planificación pierdo la plenitud con Dios. Es decir un plan sin lo pleno es fracaso.

Observe a Jesús en el texto de Juan 2.  Antes de entrar en el análisis del texto, me gustaría plantear un poco de trasfondo con respecto a esta asistencia a la fiesta de Caná. Y creo que este autor lo pone de una manera bastante ilustrativa. Vea lo que este escritor dice:

 “¿Me permites declarar una opinión que tal vez produzca el arqueo de una ceja? ¿Me permites que te diga por qué pienso que fue Jesús al casamiento? Pienso que fue al casamiento para… agárrate fuerte, presta atención a lo que digo, permíteme que lo diga antes de que calientes la brea y desplumes la gallina… creo que Jesús fue al casamiento para divertirse. Considéralo. Había sido una temporada difícil. Cuarenta días en el desierto. Nada de comida ni agua. Una confrontación con el diablo. Una semana dedicada a la iniciación de unos novatos galileos. Un cambio de trabajo. Se ha ido de casa. No ha sido fácil. Un descanso sería bienvenido. Una buena comida con buen vino acompañados de buenos amigos… pues bien, suena bastante agradable. Así que hacia allá se dirigen. Su propósito no era el de convertir el agua en vino. Eso fue un favor para sus amigos. Su propósito no era el de demostrar su poder. El anfitrión del casamiento ni siquiera supo lo que hizo Jesús. Su propósito no era el de predicar. No existe constancia de un sermón. Realmente queda sólo un motivo. Diversión. Jesús fue al casamiento porque quería a la gente, le gustaba la comida…”[2]

Ante esta perspectiva me parece interesante entonces que Jesús haga la declaración que tiene que ver con sus planes.  El declara al ser urgido por María: “aún no ha venido mi hora”.  Tengo la impresión que Jesús  había escrito el momento exacto que iba aparecer. Pienso que habría escogido algún momento específico. Tengo la impresión que no había considerado comenzar a mostrarse como el sería en una boda, y mucho menos en un tema tan “secular” como un asunto de vino.

Esa declaración me parece a mí es la que correspondía a la parte de su lápiz.

Tres líneas tenían lo que Jesús había escrito con su lápiz. Primero, había una comprensión. Jesús entendía que habría un lugar y un momento apropiado escogido por él.  Tal vez más espiritual o “mesiánico”. Comprendía los asuntos de horarios y horas con respecto a lo que iba a suceder con su vida. Este discernimiento implica comprender lo que somos, para que estamos aquí. Quizás eso nos hace poner metas. La comprensión nos da identidadLa segunda línea escrita por su lápiz era convicción. Observe la seguridad con la que Jesús declara que su hora no ha venido. El uso del verbo “heko”  en el griego implica arribar, estar presente en el momento. Es más se usa metafóricamente para describir estar en comunión e intimidad con algo o alguien.[3] Jesús estaba convencido que el momento de la boda de Caná no era el momento más óptimo que él había escogido para iniciar su ministerio. La convicción nos da seguridad.

La tercera línea escritapor Dios en el texto es consideración. El griego utiliza la palabra “jora” y se refiere a un momento determinado por leyes específicas. Implica un punto de tiempo que es escogido por uno. Al decir Jesús esto nos da una evidencia que él tenía otro momento con las condiciones ideales desde su perspectiva. Sin embargo, aunque Jesús tenía en mente algo diseñado por el, está abierto a considerar los cambios necesarios, si al fin y al cabo se hace para la gloria de Dios.  Así que la consideración nos da flexibilidad.

¿Qué concluimos entonces del lápiz de Jesús?

Al escribir nuestra vida podemos incluir nuestras comprensiones de la vida en lo que concierne a lo que queremos lograr y tener. Podemos incluir nuestras compresiones de la vida, de lo que nos gusta, etc. Sin embargo debemos entender que no está en nuestras manos lograrlo, ni satisfacer nuestras metas. Acepte que lo que desea no es tan importante como lo que Dios desea en su vida.

No importa cuánto crea que estoy haciéndolo bien, que estoy manejando bien las cosas, que tengo el control de lo que sucederá, esto no es cierto, la vida tiene el control de la vida, no yo y en última instancia Dios. Así que los objetivos, éstos no son para alcanzarse, son sólo faros de referencia para orientar nuestro camino. Porque no importa cuán claro tengamos lo que queremos y cuánto trabajemos por ellos, no está en nuestras manos la certeza de obtenerlo, este es un gran mito que hemos comprado para sentirnos seguros, para generar la sensación de control, para exigirnos más, para creer que manejamos a la vida[4].

Al escribir  nuestra vida podemos incluir nuestras convicciones. Es decir nuestros principios, creencias, e incluso valores. Podemos pelear por lo que creemos pero en algún momento debemos darnos cuenta que las convicciones son un proceso en el cuál maduramos y aprendemos más y las enriquecemos. Por eso nuestras convicciones de Dios, de su Palabra y los valores del Reino no deben ser negociados, pero la expresión y la madurez de esas convicciones deben ser creativa y progresiva. Por eso al establecer nuestras convicciones debemos estar abiertos a la obra de Dios y su cambio. En realidad quizá sea tiempo de darnos cuenta que la vida maneja a la vida misma y que nosotros sólo podemos vivir.

¿Cuál es entonces nuestra posibilidad? Recordar nuestra suficiencia, es decir, tener presente que estamos equipados para afrontar la vida con lo que sea que traiga con ella. Probablemente entonces generemos menos propósitos y miremos más oportunidades. Tengamos menos control y desarrollemos más capacidad de reacción. Las convicciones entonces nos llevan al campo de la reacción y no del control. Por eso es que hay que verla como Jesús la vio, más que un peregrinaje de propósitos era un peregrinaje de oportunidades.

Finalmente al escribir nuestra vida, podemos incluir consideraciones. Desarrollemos menos certezas y más competencias ante la incertidumbre. Hagamos menos mediciones y generemos mayores resultados. Vivamos con menos control y más plenitud de vida. La elección es tuya. El camino que selecciones, el mito del control de los propósitos o navegar confiadamente en el mar de la incertidumbre de la vida desde tu suficiencia. Tenemos que estar abiertos a que los cambios vendrán de una forma u otra. Debemos estar abiertos a que la incertidumbre reina en la vida y que tarde o temprano somos sorprendidas por ella. Entonces debemos más enfocarnos en una especie de “descuido planificado”.

Cuanto más estudies la Palabra de Dios, más te saturará tu mente y vida. Se dice de alguien que una vez le preguntó a una violinista de concierto en el Carnegie Hall de Nueva York, cómo llegó a ser tan diestra. Ella dijo que fue por “descuido planificado”. Planificó descuidarse de todo lo que no estaba relacionado con su pasión.[5]

Jesús lo hizo, estuvo dispuesto a modificar su plan, vaya a utilizar el borrador…porque como ustedes sabrán aprender a escribir es aprender a borrar…

El segundo elemento de la acción de Jesús en el capítulo 2  es el borrador.

Como lo mencioné antes, aprender a escribir es aprender a borrar. En ese sentido significa modificar en la vida. Si el lápiz nos lleva a planificar, el borrador nos lleva a modificar. ¿Qué hizo Jesús con su plan? ¿Cómo lo cambió? ¿Hubo modificación? ¿Por qué lo hizo? Enfoquémonos en la expresión “haced todo lo que  os dijere”. Jesús tuvo que borrar de su plan a lo menos cuatro  cosas. Primero, borró lo relacionado con lo que hacía. Esto implica con su capacidad. Es una modificación sobre lo que soy capaz de hacer. Recuerde esto, Jesús podía hacer cualquier cosa. Podía hacer miles de cosas al mismo tiempo. Entonces su omnipotencia es reducida a un hecho en términos humanos bastante insignificante. Lo hará con instrumentos humanos, secundarios y temporales. Por otro lado lo que borró está relacionado con quienes lo hacía. Esto demuestra su habilidad. Note que las personas a usar son los sirvientes. Quizás no sería la audiencia “digna” del Mesías, o del Hijo de Dios. Tercero lo que borró está relacionado con lo que lo hacía. Esto lo vincula con su prioridad. Su recurso primario era agua, tinajas y su producto era vino. Su lugar de ministerio era una fiesta. En una aldea remota, en medio de la nada será el momento de apertura del Mesías prometido por todas las profecías. Y finalmente tuvo que borrar porque lo hacía. Esto lo relaciona con su docilidad. A pesar de estar convencido que no era su hora, fue lo suficiente dócil para cambiar, para actuar con un plan alternativo. Casi fue impulsado por el deseo de su madre. María catapultó y “abortó” quizás el plan original de Jesús, en lo que respecta al momento y el lugar donde comenzaría a mostrar su gloria.

¿Qué concluimos con el borrador de Jesús?

En algún momento de nuestro peregrinaje espiritual se nos ha aleccionado que  los seguidores de Jesús a menudo se alistan con elevadas aspiraciones y expectativas. Los discípulos entran a las filas con programas sin verbalizar pero sentidos. Labios listos para predicar a miles. Ojos fijos en costas extranjeras. Sé hacia dónde me llevará Jesús, proclaman los jóvenes discípulos, y así ellos, al igual que los primeros cinco discípulo de Juan 2, siguen.  Peor entendamos esto, lo que han escrito los humanos no necesariamente es la realidad espiritual. En nuestra vida lo que hemos escrito con el lápiz se deberá borrar constantemente. Para poder borrarlo debes aprender someter tus capacidades por un ideal mayor. Debes aprender a diversificar tus habilidades para poder utilizar todo tipo de recurso aún el no convencional o inesperado para lograr la meta de Dios. Tercero debes  ceder tus deseos y anhelos y gustos en aras de las prioridades del reino de Dios. Y finalmente debes tener un espíritu dócil para adaptarte al cambio y a la incertidumbre que trae siempre la vida.

El tercer elemento de la vida es el basurero. Si el lápiz  es planificar, el borrador es modificar, el basurero será desechar.

Al decidir Jesús realizar el milagro en una boda, estaría desechando algunos proyectos que él había tomado en cuenta para iniciar su ministerio. Esta frase nos muestra una conclusión importante en la vida de Jesús.  “…y manifestó su gloria…” El basurero está listo para tirar todo aquello que no sea para su gloria. No podemos  tener una vida plena si nuestra meta suprema es mostrar la gloria de Dios. Eso como que cambia la perspectiva de lo que planeamos. Porque ya sea que se cumpla o no, siempre será glorificado Dios. Observe cuatro elementos que debemos desechar si lo que hacemos es para la gloria de Dios.

Primero nuestra importancia  queda reducida. Note el término “señales”. La palabra señales es muy ilustrativa en el evangelio de Juan. El evangelista nos dice que este fue el “principio de señales” que hizo Jesús, lo que confirma el comienzo de una nueva etapa. Sin embargo, no debemos pasar por alto la forma en la que Juan se refiere a los milagros de Jesús, indicando que son “señales”.Esta es la palabra predilecta de Juan en su evangelio. Para él, las obras de Jesús no son “maravillas” o “poderes”, sino “señales”. Esto es interesante porque enfatiza, no ya lo asombroso del hecho, ni siquiera su potencia, sino su significado.Esta es una de las características de este evangelio: su relato dedica muy poco espacio a los milagros de Jesús (sólo siete), en comparación con los comentarios, discursos, conversaciones y debates que se originan a partir de ellos. Es evidente que Juan quería que nos detengamos en la “señal”, sino que lleguemos hasta la verdad a la que esta apunta[6]. Por ejemplo, el milagro de la multiplicación de los panes nos ha de llevar a entender que Jesús es “el pan de vida” (Juan 6:35); la curación del ciego de nacimiento, ilustra que Jesús es “la luz del mundo” (Juan 8:12) (Juan 9:5); la resurrección de Lázaro, revela que Jesús es “la resurrección y la vida” (Juan 11:25).

Me temo que una de las grandes cosas que Dios trabaja para echar a la basura es el hecho de que nosotros solamente somos un señal en el mundo y no somos lo autores de las señales. Nuestro impacto depende de lo que Dios haga a través de nosotros.

Por otro lado al manifestar su gloria nuestra influencia queda exhibida. No deje de mirar que el texto dice que Jesús hizo este principio de señales en Caná de Galilea. A pesar que Judea era el lugar donde se encontraba el Templo, era un pueblo más rural, mientras que Galilea, por encontrarse en la frontera con las otras naciones, era más urbana y más desarrollada. Se le conocía como “Galilea de los Gentiles” porque estando en la frontera, existía un gran comercio e intercambio cultural[7]. Eso significa que en término de alcurnia geográfica tenía menor impacto que Jerusalén.  ¿Por qué esta ciudad sería influyente? No por lo que era ella en sí sino porque allí se “manifestó la gloria de Jesús.

Si hay una cosa que muchos deberíamos botar en la basura es la absurda idea de que mientras más grande, más importante más influencia tendremos como cristianos. La verdad es que el pasaje demuestra que lo que hace grande algo o alguien es la forma en que Dios se glorifica.

Tercero manifestar su gloria nuestra relevancia queda evidenciada. El resultado final de todo lo hecho por Dios termina en una enseñanza que eleva la fe de sus seguidores. El propósito de las señales de Jesús es inspirar creencia. Además, el propósito ya establecido de este Evangelio es “para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (20:31). Estamos para guiar a otros a creer y no para que nos adoren. A pesar que Jesús tenía todo el derecho de ser adorado, el demuestras que las señales que Dios hace con nosotros son para bendecir a otros con la fe.

Alguien me dijo una vez: “Si quieres hacer reír a Dios cuéntale tus planes.” Y es que estamos en un mundo en donde la administración moderna ha querido decirle a Dios hacia dónde quiere que nos dirija. Pero la vida aunque con plan no logra ser plena. No se trata de escribir una visión de 56 años sino de vivir plenamente con Dios esos 56 años.

[1]SHAKESPEARE,Julio César,acto IV,escena 3

[2] Lucado, Max. Cuando Dios Susurra tu Nombre. Ed. Caribe. Fla. 1994. Pág. 15

[3]https://www.blueletterbible.org/lang/lexicon/lexicon.cfm?Strongs=G2240&t=KJV

[4]https://www.entrepreneur.com/article/288185

[5]http://www.gracia.org/recursos.aspx?p=a&article=394

[6]http://www.escuelabiblica.com/estudios-biblicos-1.php?id=46

[7]http://www.yeshuashemi.org/galileos.html

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