Pasando a la ofensiva…


escalando-montanas

Estaba leyendo sobre el experimento que hicieron dos psicólogos de la Universidad de Michigan. Unos voluntarios se pusieron gorras que contenían electrodos y, mientras ellos se dedicaban a un juego de apuestas simulado por computadora, los investigadores iban analizando la actividad eléctrica de sus cerebros según reaccionaban cuando ganaban o cuando perdían.[1] Cada vez que se hacía una apuesta, la corteza frontal media de sus cerebros mostraba un aumento en la actividad eléctrica en cuestión de mili segundos. Pero lo que intrigó a los investigadores era que la negatividad frontal media presentaba una caída mayor después de una pérdida, que el aumento en la positividad frontal media después de una ganancia. De hecho, durante una cadena de pérdidas, la negatividad frontal media iba descendiendo cada vez más con cada pérdida. Es decir, que cada pérdida se iba sumando a las pérdidas anteriores. Los investigadores llegaron a una conclusión sencilla, pero profunda: las pérdidas pesan más que las ganancias. En otras palabras, la aversión a tener una pérdida de cierta magnitud es mayor que la atracción hacia una ganancia de la misma magnitud.[2]

Y quizás esa es la razón por la cual mucho  viven a la defensiva. Su filosofía consiste en la frase: “mejor  estar seguro que tener que lamentarse”. La mayoría de nosotros actuamos de una manera demasiada tentativa cuando se trata de la voluntad de Dios. Permitimos que sean nuestros temores los que dicten nuestras decisiones. Tenemos tanto miedo de tomar una decisión incorrecta, que no tomamos ninguna. Y lo que no llegamos a comprender es que la indecisión es en sí ya una decisión. Y es nuestra indecisión la que nos mantiene enjaulados, y no nuestras malas decisiones. Tal vez necesitemos enfrentarnos a otro aforismo: sin riesgos no hay ganancias[3].

Necesitamos personas que tengan más temor a perder oportunidades que a cometer errores. Personas que teman más tener que estarse lamentando toda la vida, que fracasar temporalmente. Personas que se atrevan a soñar lo impensable y a intentar lo imposible. Y aquí entra Jonatán en escena.

La narración Bíblica nos cuenta un episodio de este hijo de Saúl. En un momento muy especial y coyuntural, Jonatán decide salirse del molde. En un contexto donde todos están jugando a la defensiva, Jonatán toma valor y decide jugar a la ofensiva. Es decir jugar para ganar.

 Observe lo que dice el texto acerca de él.

La versión The Message lo pone de esta manera la situación de Jonatán: “Jonatán dijo a su escudero, “Vamos ahora,  avancemos a través de estos paganos incircuncisos. Tal vez Dios trabajará para nosotros. Ya que no hay ninguna  regla que diga que Dios solo puede liberar usando un gran ejército. Nadie puede impedir que Dios salve cuando él pone su mente sobre nosotros. “(Traducción libre) 1 Samuel 14:4.

La NIV lo dice de esta forma: “Vamos a cruzar hacia la guarnición de esos paganos. Espero que el Señor nos ayude, pues para él no es difícil salvarnos, ya sea con muchos o con pocos.

En realidad me impresiona mucho la mentalidad de guerrero de Jonatán. No le hace mala cara a todo lo que tiene en su contra. No permitía que sus temores dictaran sus decisiones. Lo que hizo, tiene que haber sido la peor estrategia militar que se haya visto. Jonatán se presentó abiertamente ante el enemigo, a plena luz del día. Abandonó la ventaja del lugar alto en que se encontraba, y después le vino a la mente esta señal: «Pero si [los filisteos] nos dicen: “¡Vengan acá!”, avanzaremos, pues será señal de que el SEÑOR nos va a dar la victoria». Lo siento, pero si yo estuviera inventando las señales, haría exactamente lo contrario. Si ellos vienen donde estamos nosotros, esa será nuestra señal. O mejor aún: Si ellos se caen por el despeñadero, esa será nuestra señal de que el Señor los está entregando en nuestras manos. ¡Pero no! El plan de Jonatán era mucho más difícil, peligroso y atrevido que todo eso.  ¿Qué motivó a Jonatán a escalar por aquel peñasco? ¿Dónde halló las agallas que necesitaba para hacerlo? Y, ¿cómo supo que esa era la voluntad de Dios? Es imposible saber con exactitud qué pensamientos tenía en la mente, pero hay un versículo que sí revela la estructura mental de Jonatán: «Espero que el SEÑOR nos ayude». Muchos de nosotros funcionamos de  la manera opuesta: tal vez el Señor no nos vaya a ayudar. Vivimos por temor, en lugar de vivir por fe. Y esa falta de fe tiene por consecuencia una falta de valentía. Jonatán no esperó a que sucediera algo. Él fue quien hizo que algo sucediera. Entró en acción e hizo algo temerario. En realidad la voluntad de Dios no es un plan seguro sino un plan de temerario. ¿Qué cosas reflejaban en la mente de Jonatán, que nos pueden ayudar a imitar en nuestra propia vida?

El texto nos muestra cuatro cosas importantes a implementar en nuestra vida si queremos pasar a la ofensiva. La primera es Disensión (“cierto día”. Vrs. 1), la segunda es Decisión (“Vamos ahora”. Vrs. 6), la tercera es Dedicación (“avancemos” vrs. 6) y la cuarta es Dependencia. (“El Señor nos ayude”. Vrs. 6)

Adentrémonos en cada una de las cuatro experiencias de la vida de Jonatán.

En primer lugar vemos el acto de DISENTIR.  (1 Samuel 14:1).

El diccionario describe que disentir es una  falta de acuerdo entre dos o más personas o  también es una falta de aceptación de una situación, una decisión o una opinión. El diccionario establece que entre  los sinónimos de esta palabra se incluye: disconformidad, discrepancia, disentimiento.

Jonatán siente el deseo de hacer algo en un contexto donde abunda la conformidad y la mediocridad. Hay un momento en la vida en que debemos tomar una decisión de romper con la monotonía y definirnos por la aventura con Dios. ¿Por qué Dios tenía que levantar ese espíritu en Jonatán? Simplemente porque el ambiente en el que se desenvolvía estaba viciado y saturado por la conformidad.

Observe tres detalles importantes del ambiente de Jonatán. Primero había  un liderazgo acomodado. Representado por la actitud de Saúl. El texto dice que él estaba debajo de una árbol, reposando. De hecho la frase hebrea demuestra realmente que tenía una posición de relajamiento. De hecho la traducción de la biblia The Message refleja el espíritu del término. En esta versión dice: “Saúl estaba debajo de un árbol tomándola al suave.” Un segundo detalle es que había un ejército desmotivado. Dice que había unos 600 hombres con él. Simplemente es un ejército que en lugar de estar enfrente de la batalla, simplemente está paralizado detrás de un líder conforme, que toma decisión en pro de una vida a la ofensiva. No avanzan, pero tampoco están retrocediendo. Esto se llama vivir a la defensiva.  Una tercera cosa que es importante destacar es que hay un sacerdocio descalificado. Una cosa que me pareció interesante es la descripción del sacerdote que ministra a Jehová en la época de Saúl. Observe que dice que era Abías. El texto rastrea su genealogía y nos traslada hasta Elí. Ahora, ¿Qué relevancia tiene esto? Bueno, mucha. Observe que dice el texto:

“Por lo tanto —dice el Señor—, de ninguna manera permitiré que tus parientes me sirvan, aun cuando yo había prometido que toda tu familia, tanto tus antepasados como tus descendientes, me servirían siempre. Yo, el Señor, Dios de Israel, lo afirmo. Yo honro a los que me honran, y humillo a los que me desprecian”. 3 Si permito que alguno de los tuyos continúe sirviendo en mi altar, será para arruinarte la vista y abatirte la vida; todos tus descendientes morirán en la flor de la vida” 1 Samuel 2:30-31

Al enfrentarse con esta revelación, la pregunta necesaria es ¿Qué hace un sacerdote que ha sido desechado y maldito, ministrando el efod en el ejército de Saúl? Este líder espiritual no tiene la aprobación de Dios, no está respaldado por él, y sin embargo continúa ministrando delante del Rey. ¿No será que por esa razón Saúl tomó tantas decisiones equivocadas?

Debemos entender que para poder cumplir con la misión que tenemos desde la antigüedad, necesitamos salir de los cómodos confines de nuestros guetos cristianos para invadir algunos hoyos infernales con la luz y el amor de Cristo.  C. T. Studd escribió una vez: «Algunos quieren vivir tan cerca de la iglesia que puedan oír su campana cuando suena; yo quiero manejar un taller de rescate a menos de un metro del infierno»[4]. ¡La iglesia necesita más gente como Studd! ¿Cuándo sería que comenzamos a creer que Dios nos quiere enviar a lugares seguros para hacer cosas sencillas? Dios nos quiere enviar a lugares peligrosos para hacer cosas difíciles. Y si disientes de la vida mediocre y conformista, él te guiará a las tierras de las penumbras, donde chocan la luz y las tinieblas. Tal como le pasó a Jonatán.

El texto comenzó con la expresión “cierto día”. Hay momentos en la vida, que “ciertos días” deben convertirse en “el día”. Así es, es el día de tomar giro dramático en la vida, de asumir la aventura de arriesgarse por las cosas de Dios y de obedecer nuestro llamado. Es mi convicción que “los ciertos días” de la iglesia están acabando y Dios nos está llevando a una encrucijada en donde deberemos crear nuevos días, nuevos proyectos y nuevas visiones de Dios.

Un segundo vislumbre de gloria en la vida de Jonatán tiene que ver con DECIDIR. (1Samuel 14:6ª) El texto nos resalta la frase que proviene de la boca de Jonatán. Él dice: “vamos ahora”.  El texto en hebreo da la idea de urgencia, de hacer algo en un momento. Me parece que la decisión de Jonatán es en el peor momento. Si uno analiza tanto los recursos, como las circunstancias por las que pasa Jonatán en este momento, lo más importante no sería avanzar sino esperar y mantener lo que se tiene. El ahora demuestra tres cosas con respecto a la situación de Jonatán. Demuestra su condición. Está solo. El texto dice que nadie sabía, excepto su escudero.  Demuestra su capacidad. Solamente él tiene una espada y su escudero no, hay una gran limitación de los recursos. Demuestra su circunstancia. El trabajo es cuesta arriba, peligroso, escabroso e incierto. Deberá escalar un peñasco gigantesco con solamente un escudero. Su circunstancia es de desventaja. ¿Pero entonces porque decide hacerlo?

Me parece que tenemos unos supuestos falsos acerca de la voluntad de Dios. En nuestro subconsciente pensamos que se debería ir volviendo más fácil mientras más tiempo llevemos siguiendo a Cristo. Por supuesto, que hay algunas dimensiones del crecimiento espiritual que se hacen más fáciles con la práctica constante de las disciplinas espirituales. Pero también debemos entender que el crecimiento espiritual nos prepara para misiones más peligrosas. Mientras más crezcamos, más difíciles serán las cosas que Dios nos pondrá a hacer[5]. Significa que necesitamos es valentía espiritual que Dios espera de sus hijos. Ahora una palabra de aclaración con respecto a esto de la valentía y la osadía espiritual. Hay una diferencia entre la valentía tonta y la valentía de Dios. La valentía tonta consiste en arriesgar algo a cambio de nada. No se piensa en lo que puede suceder. Y no se gana nada. Es la clase de valentía que no tiene en cuenta las consecuencias. En cambio, la valentía de Dios  calcula el precio, valora la relación entre el riesgo y la recompensa, y es debidamente diligente. No se tira a lo loco. Piensa lo que va a hacer. Y después de haber tenido en cuenta todas las consecuencias, hace lo que es correcto porque Dios lo respalda, cualesquiera que sean las circunstancias. No tengo idea de cuáles eran las posibilidades que tenían Jonatán y su escudero en su contra. Pero Jonatán sabía a qué se estaba enfrentando. Y también sabía que él y su padre eran los únicos en todo Israel que tenían espadas. Por tanto, si él no retaba el statu quo, ¿quién lo iba a hacer? Era una decisión en la que se jugaba la vida, pero no era alocada. Los riesgos personales eran grandes. Él y su escudero habrían podido morir en el campo, pero Dios lo estaba enviando a hacerlo, pesaba más el resultado que el riesgo.  ¿Sabes por qué la mayoría de nosotros no estamos jugando a la ofensiva en nuestra vida? Muy sencillo. Porque no tenemos ninguna meta establecida. Yo sé que no todo el mundo tiene una personalidad de las que se fijan metas. Pero si has leído hasta este momento, me parece que te puedo empujar un poco más allá: la falta de metas es una falta de fe. La Biblia dice: «La fe es la garantía de lo que se espera». Pero la mayoría de nosotros estamos más seguros de lo que tememos, que de lo que esperamos.

 ¿Sabes por qué la mayoría de nosotros nunca logramos lo que queremos? Porque no sabemos qué queremos. Queremos ser exitosos. Sin embargo, nunca ni siquiera nos hemos tomado el tiempo necesario para definir el aspecto que tendría para nosotros el éxito desde el punto de vista de nuestra ocupación, nuestras relaciones o nuestra espiritualidad. Según un proverbio bíblico, «donde no hay visión, el pueblo se extravía». (Proverbios 29:18). El verbo extraviarse traduce la idea de una fruta que ya ha pasado su mejor momento. Ahora ya no está madurando, sino que se está pudriendo. Una visión que Dios ha puesto en nosotros es un conservante sobrenatural. No solo nos mantiene jóvenes, sino que nos mantiene a la ofensiva.

Un tercer elemento en la vida de Jonatán tiene que ver con DEDICAR.  (1 Samuel 14:6c)

La RV60 pone la expresión “pasemos”. La NVI la traduce un poco más apegada al espíritu de la decisión. La NVI  usa la palabra “avancemos”.

Avanzar se muestra en este pasaje con varias decisiones. Primero tiene que ver con soñar.

Necesitamos tener sueños del tamaño de Dios. Y no porque necesitemos fabricarnos una fama, porque siempre las metas egoístas tienen por consecuencias unas victorias superficiales. Necesitamos tener sueños del tamaño de Dios, porque son las únicas cosas que nos harán caer de rodillas y nos mantendrán en una dependencia absoluta con respecto a Dios, tal como era nuestro destino[6].  También tiene que ver con motivar. Me parece fascinante la actitud del escudero. Un héroe anónimo que se arriesga a la par de Jonatán. El vrs. 7 lo presenta de esta manera, una vez que Jonatán ha pedido la colaboración de su escudero. “¡Adelante! …que cuenta con todo mi apoyo…” Es importante observar que la motivación de los que nos siguen se debe que perciben que nuestros sueños son para jugar a la ofensiva y no tanto a la defensiva. Finalmente tiene que ver con sudar. La verdad es que el texto demuestra a un Jonatán muy aguerrido pero también dispuesto a sudar la camiseta del equipo. Observe que el texto dice: “Jonatán trepó con pies y manos”. No crea que subir un despeñadero sea algo fácil. Es cansado y muy desgastante. Las manos se acalambran después de usarlas mucho tiempo escalando. Sin embargo, Jonatán lo hace. Suficiente sería la jornada de escalar, pero también el texto dice que simultáneamente él iba usando su espada y combatiendo. A eso es lo que yo llamo entrega. O en palabras de Winston Churchill: “Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”.[7] Es importante notar que el versículo añade: “el escudero los remataba”. Jonatán hace una función de abridor de brecha y el escudero de afirmador de la obra de Jonatán.

No se puede ser dedicado en las cosas de la vida y sobre todo en la vida espiritual sino soñamos por los que nos siguen grandes cosas de Dios, sino motivamos a los que nos siguen y finalmente sino sudamos con los que nos siguen.

Un cuarto elemento  tiene que ver con DEPENDER. El texto recalca la confianza de Jonatán. Sobresale esta porción diciendo: “quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos.” O como lo pone The Message: “Ya que no hay ninguna  regla que diga que Dios solo puede liberar usando un gran ejército. Nadie puede impedir que Dios salve cuando él pone su mente sobre nosotros

Con Dios no hay ninguna regla que nos encajone por un solo método. La dependencia de Dios nos protege de una mentalidad de jugar a la defensiva. Esta dependencia descansa en tres elementos que se desprenden de este pasaje. Primero, la suficiencia de Dios. Observe que el texto repite dos expresiones en la traducción de The Message: “no hay ninguna…nadie puede…”Dios siempre puede hacer las cosas por nosotros. Sobre todo cuando buscamos su gloria. No existe nadie ni nada que impida la suficiencia de Dios al ejecutar sus planes a través de nosotros. Dios lo hace por diferentes formas. Segundo, la eficiencia de Dios. Dios puede librar con muchos  y con pocos. No nos necesita. Nosotros lo necesitamos a Él. Cuando Raúl Ernesto el Che Guevara le externó a Fidel Castro sobre la deserción de un buen grupo de combatientes, Castro le dijo: “Lo importante no son los que se van, sino los que se quedan, y los que se nos unirán[8]” Y eso ha sido siempre en la obra de Dios. Él puede utilizar pocos y muchos, pero al fin y al cabo la obra y la gloria le pertenecen a Él. A veces nos preocupamos por la falta de recursos, y aún con los pocos recursos que tenemos, algunos desertan y se van. Eso no debería afligirnos, deberíamos preocuparnos por los que se quedan y por los que Dios mandará para avanzar sus planes.

Tercero, la benevolencia de Dios.  “Nos ayude”. ¿Quiénes somos nosotros para que Dios sea nuestra ayuda? Me encanta como lo pone la versión The Message”: “Quizás Dios trabajará para nosotros”. ¡Increíble! Dios nuestro empleado. Y es que cuando Dios quiere avanzar, es tan bueno que se rebaja a ser “nuestro empleado”. Naturalmente estoy usando la metáfora como una actitud  benévola de Dios, de respaldar a seres corruptos como nosotros, y no porque sea un títere a la disposición de nuestros caprichos. En eso estriba la benevolencia de Dios. En tolerar a gente tan débil y complicada como nosotros.

Así que para poder llevar nuestra vida a la ofensiva, debemos involucrarnos con las cuatro cualidades que Jonatán tenía.  Debemos disentir, debemos decidir, pero también debemos dedicar y finalmente depender.

Estamos llegando a un momento como iglesia y como líderes de las mismas a que el día que vivimos pase de “cierto día” a “al día”. Es decir debemos dejar de conformarnos y transformarnos en lo que Dios quiere que hagamos para su gloria, ya que vienen tiempos de dificultad y debemos ser aguerridos como Jonatán. Si lo hacemos , quiera Dios “trabajar para nosotros” ya que él se exaltará para su propia gloria.

[1] Mark Batterson, Tras el Rastro del Ave Salvaje: Reviviendo la Aventura de Seguir a Dios. Ed. Vida. Miami 2013. Pág. 141.

[2] Ibíd.

[3] Ibíd.

[4] Mark Batterson, Tras el Rastro del Ave Salvaje: Reviviendo la Aventura de Seguir a Dios. Ed. Vida. Miami 2013. Pág. 147

[5] Ibíd.

[6] Mark Batterson, Tras el Rastro del Ave Salvaje: Reviviendo la Aventura de Seguir a Dios. Pág. 157

[7] https://www.google.com.sv/#q=sangre+sudor+y+lagrimas

[8] Ernesto, El Che Guevara. Diario del Che en Bolivia. Pág. 31

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