“…El Dios sin Techo…” III parte


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¿Cómo recibimos el plan de Dios? ¿Cómo actuamos cuando Dios dice que traerá nueva vida a una virgen? Pienso que debemos ser como José en el vrs. 24. He aquí un llamado como cristianos de esta generación. Observe lo que dice: Cuando José despertó, hizo como el ángel del Señor le había ordenado y recibió a María por esposa, 25 pero no tuvo relaciones sexuales con ella hasta que nació su hijo; y José le puso por nombre Jesús.

 Primero vea el énfasis en el verbo despertar. “…cuando José despertó…”Esto nos habla de levantarnos del sueño humano y pasarnos al sueño divino. Habla de volver a la realidad que tenemos enfrente y estar conscientes que soy parte del sueño de Dios y no al revés. Yo no hago a Dios parte de mi sueño. Es hora de dejar de soñar con nuestros imperios y con nuestro protagonismo y ceder al sueño limpio y sencillo de Dios. Debemos despertar de esas fantasías que nos hacen creernos dueños de la obra de Dios. Segundo la expresión en el verbo hacer. José se puso en marcha para hacer lo que se le había ordenado. Pero note que este hacer no es independiente del mandato divino. Es un hacer como “…se le había ordenado…” es decir mantener en sintonía los mandatos de Dios, sus distintivos y sus programaciones. No vamos a inventar nada. No podemos violentar lo que se nos ha ordenado hacer y pedirle a Dios que nos respalde. Y en tercer lugar la expresión vivir. El la recibió y la cuidó y la trató con suma fragilidad y respeto el proceso ya diseñada para María. Recibir es aprender a vivir  la iglesia del Señor y  es respetar lo orgánico de su función. Es simplemente no agregar nada que dañe la fragilidad de su embarazo de Cristo. ¿Qué significa la iglesia un lugar para que Dios viva? La Biblia dice :“Acercándoos a Él, Piedra Viva, desechada ciertamente por los hombres, más para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo.” -1 Pedro 2:4,5ª Durante muchos años nos acostumbramos a visitar un lugar llamado iglesia una o dos veces por semana, en el cual esperábamos que Dios nos visitara desde el cielo. Teníamos la ilusión de que Su visita sería de Su agrado. Con los años entendí que Dios no está buscando un lugar para visitarlo. El Señor quiere un lugar para vivir. Las páginas de la historia nos cuentan que Dios no está presente en los lugares que alguna vez visitó. Si observamos los lugares donde hace años ocurrieron manifestaciones de fe importantes, descubriremos que es historia pasada y hoy en día apenas queda el recuerdo. Si nos preguntamos: ¿Por qué Dios se fue de allí? Seguramente la respuesta sería porque en el fondo no era completamente aceptado. Se le permitió visitarnos, pero no le permitimos ser la cabeza, y no le dimos el derecho de tomar las decisiones. Las visitas del Señor nos bendicen por un corto periodo de tiempo. Pero un lugar estable donde vivir, es para nuestro Señor Jesús Su gran interés y Su mayor deseo. Sus bendiciones son simplemente un sub-producto. No son el producto principal de Su voluntad. Debemos verlo de la siguiente manera: Si Dios “visita” la Iglesia, demuestra que ella no le pertenece. El dueño de la casa no “visita” su hogar. El dueño vive en ella. En una “visitación” divina, Dios bendecirá a su gente. Pero, eventualmente, Él se marchará y buscará un hogar donde pueda sentirse en casa. Cuando no nos sometemos totalmente al liderazgo de Jesucristo, lo mejor que el Señor puede hacer con nosotros es “visitarnos”. Él jamás podrá tomarnos como Su Hogar y Su Residencia. Nuestro Señor sigue buscando un lugar donde recostar Su cabeza. Un lugar donde su autoridad es operativa, un hogar donde El hace lo que desea, un hogar donde se siente aceptado, donde está confortable, y encuentra reposo. Esa es la marca indiscutible y la prueba irrefutable para saber si nuestra Iglesia es en realidad la casa de Dios. Todo lo demás son lugares de paso. Como cualquier dueño de Su casa, Dios construye la suya a Su manera. Si nuestra Iglesia es la Suya, Él distribuirá los muebles como le plazca, y tomará decisiones con los miembros de Su Familia, porque es el dueño de Su casa. El mayor deseo en el corazón de nuestro Señor Jesús es tomar todas las piedras vivas y construir con ellas Su Hogar. Imaginamos todas esas piedras vivas desparramadas por toda la tierra. Imaginemos todas esas piedras vivas viviendo su vida en Cristo de forma individual. El sufrimiento de todas esas piedras vivas que aman a Dios pero que están separadas y viven de forma individualista, fuera de la unión y la hermandad de la Familia en Cristo. Quizás acuden a un “servicio” religioso cada semana, pero no son edificados juntos como miembros de la Familia de Dios, no son “edificados como casa espiritual y sacerdocio santo.” Esta es la situación en la que nos encontramos hoy en día, y el resultado es que nuestro Señor sigue siendo un extraño entre nosotros, sigue siendo el Dios sin hogar.  El deseo ardiente en el corazón de nuestro Dios es ver a todas Sus Piedras vivas unidas en Su Nombre, formando Su Hogar. No es un hogar para ellas, es un Hogar para Su Dios. Un Hogar vivo, el Hogar de Dios, por Dios, y para Dios. Porque en definitiva, no se trata de nosotros, todo, absolutamente todo se trata de Él. “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican.“ –Salmo 127:1ª “De quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” –Efesios 4:16

Jesús no murió y resucitó solo para perdonar nuestros pecados y salvarnos, Él murió para que Su Padre tuviera un Hogar en nosotros. El Señor te salvó a ti, y me salvó a mí, por ese supremo y alto propósito. Si Su pueblo está dividido y esparcido, el Espíritu de Dios deambula sin tener u Hogar propio, fijo, y permanente. Y también nosotros deambulamos separados, independientes y sin hogar. Nuestro Señor desea construirse a Sí mismo en Su gente, y Él desea construir a Su gente en Sí mismo. Su deseo es vivir en un Hogar unido, no en piedras vivas esparcidas. Él quiere Su Hogar, y no se conforma con grupos de piedras divididas entre ellas y grupos esparcidos y separados en una misma ciudad. Nuestro Señor Jesucristo está buscando vasijas dispuestas a abandonar su estilo de vida individualista occidental, y quieran abrazar y compartir su vida con otros bajo el exclusivo liderazgo de nuestro Señor. Ese es nuestro más alto llamado. Un Hogar donde el Señor nos guiará de la mano a Su Eterno Propósito. Haz un Hogar para Jesús en tu vida. Que Él sea tu Líder y te guíe cada día en Su Camino. Permite que el Señor destruya las murallas que te separan de Él y de tus hermanos en Cristo, para que con Su Amor y Su Espíritu podamos compartir y formar juntos, en unidad, el Hogar para nuestro Dios.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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