¿entra o sal de tu aposento para orar?


orar

Ok, estoy de vacaciones por tres semanas. Y me he propuesto buscar un poco más intencionado y abierto al Señor. He decidido buscarlo a puertas cerradas en la intimidad para encontrar que quiere decirme para el 2017. Sin embargo me he encontrado con una tremenda dificultad, al estar a solas en mi pequeño cuarto (en realidad no puedo llamarlo estudio). ¿Sabe cuál es? Bueno déjeme darle una pequeña explicación de lo que he descubierto.

Recuerda usted que Jesús nos dijo: “cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mateo 6:6). Ahora bien,  usted debe entender que él dijo esto a modo de corolario para evitar ser muy llamativos y “como los hipócritas” cuando oramos (Mateo 6:5).

Sin embargo, aun así, este versículo ha sido considerado un manifiesto sobre cómo evitar distraernos en la oración: orar detrás de una puerta cerrada. Y en realidad no es una mala idea. Funcionó por dos mil años. Y eso he querido seguir en estos días de búsqueda de Dios. Pero  me temo y lo digo en voz alta que ahora ya no me funciona mucho esta práctica. No me mal entienda  la verdad que por dos mil años, el lugar más íntimo y con menos distracciones fue el cuarto con la puerta cerrada. Sin embargo tengo las sospechas  que ahora, el ruido se ha reubicado bajo techo.  Y es que si somos honestos si nuestras computadoras y dispositivos están cerca, es el peor lugar para tratar de orar y buscar a Dios como centro de nuestra búsqueda. Pienso que ahora caminar a través del parque central de la ciudad distrae menos que sentarse solo en una habitación rodeado de tecnología. ¿Y sabe  lo que más preocupa? Que esta pérdida de la oración en la intimidad está afectando a la iglesia. Así que ¿Por qué no reflexionamos sobre algunas “ideas despeinadas” de lo que me está agobiando el alma ¿lo hacemos?

Ok, empecemos. Se ha dicho que si uno quiere humillar a un pastor, tiene que preguntarle sobre su vida de oración. La triste verdad es que la mayoría de los cristianos, incluso los pastores, pasa más tiempo leyendo artículos, viendo ESPN o jugando juegos en su teléfono inteligente que orando. Así que cuando comparo mi vida de oración con la de los grandes espirituales de la historia, a veces me pregunto si en verdad conozco al mismo Dios. Lo digo con honestidad.

A la verdad que los Evangelios están llenos de relatos sobre la increíble vida de oración de Jesús. La vida de oración de Pablo sobresale en cada parte de sus cartas. Santiago, el pilar más prominente de la iglesia primitiva, fue llamado “el hombre de las rodillas de camello” debido al precio que su interminable vida de oración demandaba sobre la piel de sus rodillas. Los escritos de Ignacio, Policarpo e Ireneo están empapados de oración. Uno se pregunta si San Agustín o Aquino en algún momento dejaban de orar. Lutero oraba tres horas al día. Calvino oraba cinco veces al día en momentos dedicados exclusivamente a la oración. George Müller oraba entre dos y tres horas al día y registró más de cincuenta mil oraciones respondidas en sus diarios personales. Hudson Taylor se despertaba en medio de la noche para orar desde las dos hasta las cuatro de la mañana, ¡para que no lo molestaran!

Pero si soy sincero me cuesta mucho orar siete minutos en mi lugar de trabajo. Tengo que usar el cronómetro y, si no pongo el teléfono en silencio para que nadie me interrumpa, buena suerte. Tengo que poner la computadora en modo de hibernación para evitar googlear la primera pregunta que me venga a la mente. Ups, me olvidé la Tablet. Parece que mi amigo del blog está en Guatemala hoy. Debería enviarle un mensaje de texto para recomendarle mi cafetería favorita allí… Luego encuentro un artículo relacionado con una palabra que encontré en mi texto, eso me llevó a otro enlace y ahí encontré una páginas de libros cristianos para descargar gratis, veo la lista…luego encuentro una frase muy buena en un libro y digo: debe ser publicado en FB… y… ¡un momento! Dije sin distracciones. Y así por el estilo.

Estoy haciendo lo que dijo Jesús, ¿no? Cierro la puerta y luego intento —en vano— cerrar todas las puertas digitales que asaltan mi mente. ¿Por qué es tan difícil?

Simplemente porque vivimos en un mundo totalmente tecnológico. Verán, durante ocho horas al día conecto mi mente a la máquina y salto de tarea en tarea, interconectándome interminablemente con los dispositivos que tengo frente a mí. Día tras día, año tras año. ¿Cómo podría esperar sentarme en ese mismo espacio y apagar todo después de haberlo acondicionado tanto para que funcione así? No puedo. Tengo que cambiar de ambiente. Así que el problema es que la habitación con la puerta cerrada, que en el primer siglo era un lugar privado, en la era moderna suele ser el lugar con más distracciones para orar. ¡Así de simple!

Usted debe entender que en el primer siglo, las personas pasaban mucho tiempo al aire libre cuando no estaban durmiendo. Afuera, encontraban distracciones. Veían a las personas que habían conocido toda la vida. Veían el mercado, que era el centro de la antigua vida cívica. Pero hoy en día, si salimos en una gran ciudad, suburbio o pueblecito, probablemente encontremos muy poca gente caminando. Si vemos a alguien, lo más probable es que no lo conozcamos. Así que, ¿por qué no orar afuera? Salgan a dar un paseo de oración. Sí, incluso en medio de un invierno torrente. Como dicen los noruegos, no existe el mal clima, solamente la mala indumentaria.

Y es que si somos honestos hoy es afuera donde estamos solos, pero puertas adentro nuestros dispositivos suenan hasta el hartazgo llamándonos al sinsentido constante, haciendo que nuestro cerebro se distraiga con una cosa u otra hasta que nos damos cuenta de que ni oramos ni disfrutamos el tiempo que pasamos distrayéndonos. Así que el reto es oren sin distracciones. El mensaje es el mismo, pero los medios se han invertido. Creo que una de las mejores formas de cerrar la puerta en el siglo XXI es abrir la puerta y dejar nuestra casa atrás para dar un paseo en oración. Es lo opuesto a encerrarse en una habitación, pero cumple el mismo propósito en nuestra era. Dejen el teléfono en casa, o encendido pero en silencio en el bolsillo. Oren. Comiencen por pequeños ratos y pronto hallarán que es reconfortante caminar por veinte o treinta minutos mientras oran. Puede que empiecen a tener una comunión con Dios que no han tenido en años. No se distraerán nada en comparación. El aire fresco y el ejercicio también les harán bien. Además, su mente se desconectará del ruido. Al monito de la obsesión por la dopamina que llevamos sobre la espalda no le gusta el clima: se quedará en casa. Creo que es un llamado urgente para buscar el mejor lugar donde podamos estar en secreto con nuestro padre, y ahora lamentablemente estar en lo secreto es estar en lo público. ¿O quizás ahora al entrar en secreto y cerrar las puertas sean todas la puertas de los móviles, las Tablets, y dispositivos electrónicos? (Que conste que no estoy cambiando el texto, no soy hereje…pero necesito concentrarme…y la verdad es que adentro me está costando un mundo…) De hecho estas sólo son “ideas despeinadas”…el que tiene oído para oír que escuche…mañana me voy al parque a buscar al Padre…

 

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

Un comentario sobre “¿entra o sal de tu aposento para orar?”

  1. Que bueno poder leer esto, en verdad, yo me sentía muy culpable de no poder horas o más de 5 minutos sola en mi habitación antes de acostarme (porque encontrar un momento para irme a la pieza a orar durante las tareas del día a día era imposible) y lo peor es que llegaba tan cansada que me empezaba a dar sueño enseguida! Pero me reconforta saber que en cada momento de ese día a día tengo en mi mente al Señor, y oro en mi cabeza ante cualquier situación y le agradezco al Señor por todo. Creo que tener en mente y corazón la necesidad de estar en comunión con el Señor es esencial, tampoco la idea es ser de esos hipócritas que literalmente solo oran 1 vez al día en la noche casi por obligación. El Señor prefiere una oración sincera, de verdad, donde podamos abrirnos completamente a nuestro Padre, independiente de si es en el trayecto al trabajo, durante las comidas o caminando de un lugar a otro. Muchas bendiciones!

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