“…el hombre del cántaro…”


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Un detalle que aparece en Marcos 14:13  es bastante intrigante. Dice la narración: “Y envió dos de sus discípulos, y les dijo: Id a la ciudad, y os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle…”

¿Por qué este tipo de señal?  Por ejemplo ¿Porque Jesús les mando a seguir a un hombre con un cántaro y no una mujer, o un niño?

Algunos estudios establecen que  era tarea de las mujeres el ir a traer el agua de los pozos, y manantiales para los quehaceres hogareños. En la actualidad lo hacen en muchas partes en Oriente, de la misma manera que lo hacían cuando los relatos del Génesis hablan de “la hora de la tarde, la hora en que salen las mozas por agua” (Gen. 24:11) Las mujeres entrenaban  para este trabajo desde la niñez, pues Saúl y su siervo “hallaron unas mozas que salían por agua” (1 Sam. 9:11). El mejor tiempo para este trabajo era por la tarde, aun cuando algunas veces se hacía temprano por las mañanas. Cántaros de barro (Lam. 4:2), se usaban para este trabajo, los que tenían  a veces una o dos asas. Ha sido una costumbre entre las mujeres siriacas, llevar el cántaro de agua en su hombro, aunque algunas lo llevan sobre la cabeza. La mayoría de las mujeres árabes en Palestina lo llevan sobre su cabeza. La Escritura nos dice que Rebeca llevaba su cántaro en el hombro (Gen. 24:15). Así que el llevar un cántaro al agua era costumbre universal de las mujeres[1]

Entonces,  ya que eran mujeres las que solían llevar el agua en cántaros, podemos entender con más claridad la señal que Jesús les coloca a los discípulos. Seguir a un hombre con un cántaro no era común, más bien era imposible, los discípulos tuvieron que creerle a Jesús e ir a la ciudad a buscar a un hombre que en su lógica cultural, no iban a encontrar. Un hombre cargando un cántaro era algo inusual. Pero ellos obedecieron y lo encontraron. Esto nos deja una gran enseñanza, debemos obedecer a Jesús, aunque no pida cosas que en nuestra lógica no logremos comprender. Sin embargo tengo la impresión que el hombre con el cántaro es una señal con una instrucción un poco más específica de parte de Jesús.

Antes de establecer algunos principios, me gustaría intentar establecer el pensamiento que existe en los discípulos. Recordemos que ha habido varias noticias importantes que han  zarandeando la cosmovisión judía de los discípulos. Se discutió del templo, de la destrucción del mismo, de las señales que vendrán con respecto a Israel y al mundo. Así que ya hay  bastantes noticias dando atisbos de que la centralidad del judaísmo va a desaparecer. Pienso, que los judíos todavía están aferrados a su alcurnia judía. Ahora sólo les queda una ceremonia que mantiene la identidad judía, la pascua. Para los discípulos era chocante recibir noticias de la destrucción del templo, y de alguna manera lo aceptaron. Pero su resistencia acerca de la pascua, no tiene comparación. Es más, si ustedes observan la pregunta de los discípulos tiene que ver con ¿dónde quieres que celebremos la pascua? Ni siquiera preguntan ¿vamos a celebrar la pascua? Eso es un indicio de que para ellos la ceremonia y la celebración de la pascua era un tema que no estaba bajo discusión y mucho menos bajo abolición. Y es aquí donde encaja perfectamente la señal del hombre del cántaro. ¿Por qué? Pues porque rompe los esquemas tradicionales de la cultura judía. ¿Lo pueden percibir? Es como si Dios estuviera anticipando lo sospechoso que será hoy la celebración tradicional de los discípulos. Es como si anunciara, se cambiará la manera en recordar el sacrificio del cordero, se romperán los paradigmas actuales, hay que estar abiertos al nuevo mover y manifestación de Dios.

Así que en realidad el hombre con el cántaro es una señal de ruptura y de cambio. ¡Qué interesante mensaje de pare de Dios, para una comunidad que estaba aferrada a los sistemas tradicionales y caducos como lo era el judaísmo. ¿Qué tan abiertos estarán a esas señales los seguidores de Jesús? ¿Y qué tan abiertos estamos los seguidores de Jesús en este siglo actual? Son preguntas relevantes.

En primer lugar  es una señal de  transición.

Los discípulos quieren sacrificar (14:12) con Jesús la pascua, al modo tradicional. Son los Doce (14:17) y representan la esperanza nacional israelita. No le preguntan si quiere celebrarla, sino dónde deben prepararla (ellos) para que él la coma. Desean que él celebre la pascua judía, según la costumbre. Pues bien, ellos lo proponen y Jesús lo acepta, al menos en un primer momento, para decirles después, en el centro de la celebración judía, que van a rechazarle, a pesar de que él les ofrece su propio pan y vino, es decir, su propia comida (14:18-21;27-31). Marcos sitúa por tanto la cena de despedida de Jesús en el trasfondo de la historia (tradición) israelita, como sus Doce discípulos han deseado. Alguien pudiera suponer que, al celebrar esta pascua judía, Jesús se contradice: ha rechazado la sacralidad del Templo (11:12-26) y, sin embargo, asume el rito pascual del cordero, íntimamente vinculado con el templo (donde se sacrifican los corderos para la cena pascual). Se diría que así vuelve a las leyes nacionales, antes impugnadas (7:1-23), celebrando ahora la comida ritual más importante de la historia y ley judía, conforme a normas de separación sacral (no caben en ella leprosos, gentiles, publicanos…).  Pues bien, según veremos, será precisamente aquí donde se expresará la novedad radical del evangelio, el nuevo comienzo mesiánico. Ésta será, por tanto, una cena de fracaso (de los Doce) y de cumplimiento mesiánico (de Jesús). Por lo tanto aunque Jesús esté aceptando el ambiente pascual judío en realidad lo hace porque está llevando a una transición más dinámica de relación con Dios. El hombre con el cántaro demuestra que es una persona que les llevará al lugar que buscan, al dueño de la casa. Y de hecho así son las indicaciones de Jesús. El en sí no es la meta final de su búsqueda sino un indicador de una correcta búsqueda y de encontrar el destino de la comunidad de Dios para un encuentro más íntimo con Dios.

  • En segundo lugar es una señal de contradicción

La contradicción estriba en que no es el hombre el que se acostumbra a llevar un cántaro sino la mujer. Es el hecho de que los roles serán trastornados. Y debemos estar abiertos a ese tipo de cambio paradigmático. Pero es una señal de contradicción porque precisamente es en esa celebración al estilo judío, en donde tenía que haber culminado, termina (pierde su sentido) el mesianismo israelita de los Doce ya que ellos acaban rechazando a Jesús, y no cumplen la tarea que él les había encomendado (cf. 3:13-19). Observe que en esa cena se desarrolla a cabalidad el cumplimento mesiánico, porque Jesús permanece fiel, y de esa forma entregará su vida, ofreciendo su pan y vino (su cuerpo y su sangre) a los mismos que le traicionan. Según eso, el evangelio se mantiene pero de otra manera, porque la misión universal no empezará en Jerusalén sino en Galilea (14:28), no por los Doce en cuanto grupo sino a través de los “discípulos y la Roca, Jesús” a quienes las mujeres de la tumba vacía deben ofrecer su anuncio (16:7). De todas formas, el paso por Jerusalén no ha sido inútil, pues Jesús ha debido pronunciar allí el gran discurso sobre el fin del templo y el anuncio del evangelio a todas las naciones (Mc 13, 10). La subida a Jerusalén ha sido necesaria, no para quedarse allí (las estructuras israelitas han fracasado), sino para iniciar el nuevo camino de pascua en Galilea. Ahora es importante entonces establecer que desde ese fondo seguiremos leyendo el texto. Entonces debemos aclarar que al celebrar la pascua con los doce (14:17) parece que Jesús ratifica las tradiciones nacionales. Estos Doce (signo del nuevo Israel que está naciendo) forman su familia. Algunos de sus participantes (incluso Judas) podrían pensar que llega finalmente el momento de la identificación mesiánico/nacional del grupo: Jesús se mostrará judío fiel a su nación, cumpliendo lo que en este momento se espera de un buen israelita. Pues bien, Jesús hará lo contrario, ratificando con su signo la superación del judaísmo de la vieja pascua.

  • En tercer lugar, es una señal de renovación.

 Lógicamente, la iniciativa ha partido de los Doce que siguen moviéndose a nivel israelita de comidas puras y de templo: Quieren celebrar así la solidaridad “eterna” de Israel, tanto en perspectiva de recuerdo (se identifican con los liberados de Egipto) como de compromiso actual: todos los judíos se vinculan en un cuerpo, especialmente aquellos que comparten la pascua del cordero. Pues bien, esa pascua judía del cordero introduce una profunda disonancia en la trama teológica de Marcos (expresada en 14, 3-9; como seguiremos indicando. Como parece normal, los discípulos quieren sacrificar la pascua al modo judío, es decir, formando con Jesús una comunidad limpia, de puros observantes de la Ley nacional, como si Jesús no hubiera traído ninguna novedad.  Pues bien, ellos proponen y, de manera sorprendente, Jesús acepta, pero no para hacer lo que ellos quieren, sino algo muy distinto, en línea histórica y teológico. Marcos ha querido resaltar de esa manera la novedad de Jesús frente a la pascua judía y lo hará, mostrando en ese escena, con traición y negaciones, el fracaso del mesianismo israelita de los Doce y de la función intra-judía de los discípulos (a quienes Jesús había elegido para “ser-con-él” y proclamar el reino; cf. 3:13-19). Ellos le rechazan en el centro de la “pascua” que quieren ofrecerle en Jerusalén. Por eso, la misión universal de Jesús se iniciará de otra manera, no en Jerusalén sino en Galilea (Mc 14, 28; 16, 7-8), fundándose en la cena de entrega Jesús y no en la pascua nacional judía que sus discípulos buscaban.

  • En cuarto lugar es una señal de sumisión.

Ahora bien, este comienzo de la cena (14:12-17) guarda cierta semejanza con el de la entrada en Jerusalén (cf. 11:1-6), aunque allí la iniciativa había partido de Jesús, mientras que en nuestro pasaje ella comienza con los discípulos. Sea como fuere, en ambos casos, Jesús envía a dos de esos discípulos, para que preparen lo que debe hacerse (en un caso la entrada en la ciudad, aquí la cena). En ambos casos, Jesús ofrece un signo: antes un asno atado, ahora un hombre con cántaro. Estos detalles suelen ser corrientes en las narraciones populares, y así aparecen al comienzo de las dos escenas. En nuestro caso, el hombre del cántaro (14:13)  a un esclavo pero sea como fuere, Jesús ofrece el signo del hombre del cántaro (que servirá) para poner de relieve el carácter concreto de la escena y de todo lo que sigue. Observe que Jesús dice: “…Os saldrá al encuentro un aguador (un hombre con cántaro)… Seguidlo…” Al ver los detalles en el texto, uno puede observar claramente que se trata de un hombre que lleva un cántaro de agua (anthropos… keramion hydatos bastazon). Como lo mencioné  anteriormente éste es un hecho insólito, ya que eran mujeres las que solían llevar el agua en recipientes en cántaros, jarras o tinajas. Además, el cántaro/ánfora es signo femenino, tanto en Grecia (Pandora) como en todo el oriente. Es curioso observar que el Antiguo Testamento vincula la traída de agua en cántaros con mujeres (Gn 24: 11-21; Ex 2: 16; 1 Sm 9:11), aunque en algunos casos se habla de varones (por ejemplo, Dt 29:10-11; Jos 9: 21-27). Por otra parte, los artistas griegos y romanos presentan regularmente a esclavos portando jarras de vino o de agua (como muestra el signo del Acuario…). Sea como fuere, el signo es extraño: no esperaríamos a un hombre con cántaro a la entrada de Jerusalén. Menos podemos entender el hecho de que sea ese hombre del cántaro el que se acerque a los discípulos, como ofreciéndoles un servicio… Ciertamente, puede tratarse de un esclavo empleado en tareas domésticas… Pero es un esclavo atento a los discípulos de Jesús, hombre que sale a su encuentro y les ofrece un “servicio” especial, que parece de mujeres… Este aguador, esclavo del agua, hombre no diferenciado  será el que guía a los discípulos de Jesús. Doméstico o un aguador. La teoría de que los discípulos siguen al hombre. Pero que gran obediencia y sumisión a su encargo. ¿Estaría consciente de su relevante labor en este momento? ¿Sabría que el era la señal para el cambio que vendría? ¿Jesús lo había comisionado con anterioridad o fue un asunto fortuito de la voluntad  y soberanía Dios  sobre él? Cualquiera que sea, es obvio que sin sumisión y obediencia no habría camino hacia el cambio.

El aguador les lleva a la casa. Los discípulos deben seguir al aguador, entrando en la casa a la que lleva el agua (como un criado, un servidor)  de manera que ya en la casa podrán preguntarle a su dueño (oikodespotê) por la estancia donde el Maestro celebrará la pascua con sus discípulos. “Estancia” se dice en griego katalyma que puede significar la habitación principal de la casa (lo que parece más seguro) o también un tipo de albergue o sala para huéspedes, como a veces se ha pensado partiendo de Lucas 2:7 (donde se supone que en el albergue de Belén no había lugar para recibir a los padres de Jesús).

El dueño de la casa les mostrará el anagaion, que es la habitación superior, que suele dedicarse para comidas y celebraciones especiales, como ésta de pascua. La tradición ha venido interpretando esa estancia como cenáculo o lugar para el banquete, lo cual no es falso, pero quizá restringe el sentido de la palabra, que significa, en sentido extenso, una habitación especial, que no se emplea para usos normales (cocinar, comer cada día, dormir), sino para ocasiones más significativas, como ésta de pascua (aunque no sólo para celebrar comidas). Por eso se dice que está alfombrada y preparada, como habitación de fiesta. Así que las dos señales (la del asno y del hombre con cántaro) son importantes, pero hay diferencias reveladoras.  En 11:1-6, en los hombres del asno, la iniciativa parte de Jesús, pues él mismo quiere entrar en Jerusalén montado sobre un asno; además, en este caso, Marcos no identifica a los discípulos con los Doce, aunque es probable que se refiera a ellos. Por el contrario, en 14:12-17 son los discípulos los que toman la iniciativa, aunque después la asuma Jesús, aludiendo al “hombre del cántaro”, al esclavo o siervo del agua, al marginado…; además, ellos aparecen bien determinados, como los Doce. Desde ese fondo se entiende lo que seguirá. Así que al invitar a Jesús a la Pascua, sus discípulos siguen interpretando su vida y obra a partir de las tradiciones nacionales de Israel. Como lo había hecho Pedro en 8:31-33, como los zebedeos en 10: 35-40 o incluso como el mismo Judas, cuando acude a los sacerdotes (14:10-11). Ese “retorno” a una tradición pascual de ese tipo implica una disonancia, porque el Jesús de Marcos ha superado o roto muchas tradiciones judías (cf. 2:23-3, 6), diciendo incluso que la higuera de Israel se encuentra seca, de forma que nadie puede alimentarse de ella (11, 12-14), y añadiendo que los sacrificios han perdido su sentido (11, 15-18), de manera que incluso el templo va a ser destruido (cf. Mc 13, 2).

…a manera de reflexión actual…

 Queda bastante claro que desde la perspectiva de Marcos debemos preguntarnos: ¿Qué sentido tiene volver a lo pasado y ya caduco, celebrando la pascua judía con corderos sacrificados en un templo que debe ser destruido? ¿No estaremos ante un deseo de retomar algo que estaba previamente superado? En ese contexto, se debe insistir en el hecho de que la iniciativa ha partido de los discípulos, que quieren reintroducir el camino mesiánico de Jesús dentro del ceremonial judío, con lo que eso significa de cumplimiento de la ley y de aceptación de las tradiciones nacionales, controladas y definidas por sacerdotes y escribas. Estamos ante una paradoja que a menudo suele pasar inadvertida. Por un lado, Jesús acaba de anunciar el fin del templo, superando de esa forma la separación entre judíos y otros pueblos. Por otro lado, los Doce desean reintroducirle en el espacio ritual-ceremonial-familiar que ese templo suscitaba de un modo especial en la pascua. Así se muestra ya con claridad la tensión que ha surgido entre Jesús y los Doce, pues, según veremos, ellos caminan hacia metas diferentes. Los discípulos quieren invitarle a la vieja pascua judía, centrándole en la fuerte sacralidad nacional, simbolizada en el cordero sacrificado. Jesús parece aceptar lo que sus discípulos le piden, pero de hecho romperá el nivel de la pascua nacional israelita. Por eso, como veremos, en medio de la cena, él desenmascara a sus compañeros e invitadores (a sus propios discípulos), a quienes desautoriza de manera hiriente, para así manifestar, sobre el mismo fondo de la vieja pascua (marcada por la traición y rechazo de los discípulos), la nueva fiesta de su fidelidad, su entrega a favor de un tipo de vida distinto, es decir, del Reino. Es como si ellos quisieran empujar a Jesús, haciendo ya que se defina y se resitúe en el contexto de la tradición judía, pero Jesús empieza a mostrar que las cosas han de verse de manera diferente, y así lo puede mostrar ya el signo del hombre con un cántaro de agua, un servidor que realiza un trabajo que entonces se tomaba como propio de mujeres (14, 13). Todo nos permite suponer que ese “portador de agua” ha recibido aquí un carácter simbólico, apareciendo como premonición de lo que debe suceder en pascua: hay que aprender a mirar hacia las cosas y personas de manera diferente. Este hombre “peculiar”, del cántaro de agua, un siervo que realiza tareas secundarias, aparece así como guía de la cena familiar que Jesús celebrará con los Doce, es decir, con aquellos discípulos suyos que quieren que retorne a la “sacralidad judía”. Van sus discípulos, encuentran al hombre del cántaro y llegan hasta el dueño de casa que prepara la sala de la fiesta (el anagaion: 14, 15). Después, entrada ya la tarde, viene a cenar él con sus discípulos (14:14), cuidadosamente presentados como los Doce (14:17). Esta cena constituye la última oportunidad para los Doce en cuanto tales. Sabemos que Jesús les ha elegido (3:14-16) como señal del Israel escatológico. Ellos han podido conocer (con otros seguidores) el sentido más profundo de las parábolas del reino (4:10) y han proclamado en Israel el mensaje mesiánico (6:7). Jesús ha querido hacerles servidores de los otros (9: 35) y por eso les ha instruido en la enseñanza más secreta de su entrega por el reino (10:32). Le han acompañado en la intimidad de los últimos días (11:11), aunque sabemos ya que uno de ellos ha decidido traicionarle (14:10). Pues bien, desde ese contexto, se nos dice que ellos “invitan” a Jesús y que Jesús acepta.

  ¿Y que de la iglesia hoy? ¿No estará cometiendo el mismo error? No será que trata de enmarcar el espíritu del reino de Dios en un sistema caduco y traidor de Jesús? ¿Por qué los evangélicos retomamos la misma espiritualidad judaica cuya centralidad está en el templo y en los rituales sacramentados por un clero autorizado? Aunque parezca que Jesús participe de nosotros como lo hizo con los discípulos no quiere decir que él lo apruebe y va a demoler nuestra cosmovisión templaria. ¿No será que por esa razón los modelos que Dios está mandando como modelos a seguir son tan paradójico y sencillos y a la vez tan revolucionarios como “el hombre con el cántaro” que simplemente no los seguimos porque no encajan en nuestras tradiciones? ¿Por qué nos cuesta mucho romper los paradigmas que tenemos ya caducos y viciados? ¿Nos estaremos perdiendo las grandes revelaciones de Dios y su forma dinámica de cambio porque se nos ordena seguir un modelo de “hombre-cántaro” y no encajan en nuestros gustos y preferencias espirituales eclesiales?

Quedan abiertas las preguntas, para todos aquellos que quieren obedecer a Jesús, sin importar a qué modelo y lugar lo llevará en su travesía espiritual.

[1] http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php/2011/06/21/-eucaristia-2-el-hombre-del-cantaro-la-c

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