“…síndrome del gorila invisible…”


gorila

Una mañana de enero del 2007 un reconocido violinista interpretó seis de los más bellos conciertos para violín de Johan Sebastián Bach. Usó un Stradivarius de 300 años cuyo valor ascendía a tres millones y medio de dólares. Dos noches antes, Joshua Bell había dado un concierto y agotado las entradas a pesar de que la platea más alta costaba doscientos dólares, que la gente pagaba con gusto. Pero esta vez el concierto era gratis. Bell dejó su traje de etiqueta, se puso una gorra de beisbol y tocó de incognito a la salida de la estación del metro. Fue un experimento que surgió de la idea del columnista Gene Wiengarten del Washington Post y se filmó con una cámara oculta. De las 1097 personas que pasaron por allí sólo siete se detuvieron a escuchar. La función de 45 cinco minutos terminó sin aplausos y reconocimientos. Joshua Bell reunión $32.17 cantidad que incluía un billete de 20 dólares de la única persona que había reconocido a este músico ganador del premio Grammy.
En un día corriente pasan por esa estación casi un millón de pasajeros. Suele haber estampidas de turistas y empleados del gobierno que van y vienen. Sin embargo esas circunstancias no le restan crédito ni descalifican a la pregunta que este experimento social hizo: si no tenemos un momento para detenernos y escuchar uno de los músicos más grandes del mundo, que interpreta música de la mejor que se haya compuesto jamás, en uno de los instrumentos más bellos que se hayan fabricado, ¿cuántos momentos sublimes como este nos perdemos en un día común? Hay un viejo adagio que dice: “La belleza está en los ojos de quién la mira”. Es triste me imagino el perderse momentos sublimes como el escuchar la música más bella de un buen compositor, pero viene a mi mente una pregunta de mayor relevancia ¿No será más triste perderse más que momentos sublimes, momentos espirituales?
¿Por qué no percibimos los momentos trascendentales de Dios en nuestra vida? ¿Por qué esa ceguera?

Christopher Chabris y Daniel Simmons llevaron a cabo un experimento en la Universidad de Harvard hace ya más de una década. En su libro de “El Gorila Invisible” relatan que los dos investigadores filmaron a unos estudiantes que se pasaban un balón de basquetbol mientras se movían en círculo. En medio de la película una mujer entra vestida de gorila, se golpea el pecho y sale del cuadro. La secuencia dura nueve segundos en un video de un minuto de duración. Quienes toman este test deben seguir instrucciones específicas: contar el número de pases que hacen los jugadores con camiseta blancas. Por supuesto los investigadores no les interesaba la habilidad para contar pases de pelota. Querían medir si notaban algo que no estaban buscando, algo tan obvio como un gorila, lo asombros es que la mitad de las personas que hizo el test no lo notó. ¿Cómo puede ser? ¿Cómo se te pasa que haya un gorila en la sala? La respuesta es ceguera por inatención. La ceguera por inatención es la que no te permite notar algo que está en tu campo visual porque te enfocas en otra cosa, que en este caso era la gente con camisetas blancas que se pasaban los balones. Y es que la ceguera por inatención puede ser intencional como cuando te haces de la vista gorda ante algo que no quieres ver, como lo hicieron los fariseos en el tiempo de Jesús. O puede ser sin intención, como cuando lentamente dejas de notar las constantes de tu vida, las cosas que con el tiempo das por sentadas. De una forma u otro uno de los riesgos más grandes para la vitalidad espiritual. Y es que una de las pruebas más reales de la madurez espiritual es ver lo milagroso en lo monótono. Los adultos no somos lo suficientemente fuertes para deleitarnos en la monotonía.

Si hay un personaje en la biblia que estuvo a punto de perderse un milagro en su vida por ceguera de inatención fue Naamán. 2 Reyes 5:1 nos dice que él era un general del ejército sirio, un hombre valiente e importante, pero tenía un problema muy serio, era leproso. Una mujer que no era tenida en cuenta fue la que abrió la puerta de esperanza para Naaman. El tuvo una oportunidad para que su vida cambiara. Hoy quizás tú tienes también una oportunidad de Dios para tu vida, algo que puede cambiar tu ceguera de inatención. ¿La vas a aprovechar? ¿Cómo aprovechar las oportunidades de tal manera que no nos perdamos lo mejor de Dios en nuestra vida? Creo que a lo menos hay cuatro breves principios que podemos extraer de la experiencia de Naamán que nos ayudará a poner en práctica en nuestro diario vivir.

• En primer lugar PARA APROVECHAR TU OPORTUNIDAD ABRE TUS OIDOS
Por un momento puede usted pensar las voces a las cuáles Naamán estaba acostumbrado a escuchar. Oía la voz de su jefe el Rey. Oía la voz de su éxito como militar. Oía las voces de sus subalternos, las voces del palacio, las voces de su mundo. Pero ninguna de ellas era tan importante como escuchar la voz sencilla de una esclava jovencita. Eso pasó, una israelita cautiva fue la que despertó la fe en Naaman, a través de su esposa. Dios uso a alguien impensado. En el camino a tu milagro, Dios puede a las personas que menos imaginas, por eso tus oídos deben abrirse. Naaman abrió sus oídos para escuchar el consejo de la criada. Si el hubiera dicho, “ella no sabe nada…” se hubiera quedado leproso. Escucho a la criada. ¿Cómo están tus oídos hoy? ¿Están abiertos? Dios te esta hablando, ¿lo estás escuchando? Muchos de nosotros no estamos acostumbrados a escuchar de voz por que la hemos codificado para ciertos lugares y ciertas personas. Es muy común pensar que uno escucha la voz de Dios en una iglesia y la voz de un clérigo. Y al entrar en ese espacio geográfico decimos que venimos a escuchar la voz de Dios y nos conectamos porque geográficamente estamos en la sintonía de Dios. El problema es que una vez que salimos de ese espacio geográfico desconectamos nuestra sintonía espiritual y actuamos pensando que Dios no nos habla fuera de ese espacio geográfico especial. Por eso encontrará muchos cristianos que afuera del templo su vida es más pagana que los que no van al templo.
• En segundo lugar, PARA APROVECHAR TU OPORTUNIDAD ABRE TU BOCA
Observe una cosa importante. Naamán no podía ir solo hasta Israel, necesitaba el permiso y el respaldo de su rey. Para eso, fue a hablar con el rey. Hablar con el rey significa reconocer que tenía un problema, que había una esperanza y que necesitaba ayuda. Jesús dijo que donde dos o tres se reúnen en su nombre, todo lo que pidan, será oído por el Padre que esta en los cielos. San Pablo dice que con nuestra boca confesamos para salvación. La vulnerabilidad es una joya perdida. Vivimos en un mundo donde se nos enseña a aparentar y a ocultar lo que realmente somos y lo que realmente sentimos.

• En tercer lugar, PARA APROVECHAR TU OPORTUNIDAD ABRE TU MENTE
Eliseo actuó de una forma extraña para él. Cuando Naaman vio que el criado de Eliseo y no Eliseo en persona, salía a recibirle, su mente se lleno de argumentos negativos. Este tipo es un maleducado • El no sabe quién soy yo y la importancia que tengo • Este profeta es un orgulloso y me esta ignorando Naaman esperaba un trato especial, porque estaba acostumbrado a eso. ¡Cuántas veces nuestros pensamientos nos impiden recibir lo que Dios nos quiere dar! Dios dice “Mis pensamientos no son vuestros pensamientos” A veces no entendemos todo, pero nuestra mente tiene que abrirse a lo que Dios quiere hacer y a lo que nos quiere dar. Dios puede moverse de maneras extrañas para nosotros, pero él sabe lo que hace. • ¿Por qué debo zambullirme en el Jordán? ¿No tenía razón? ¿Acaso Dios no es poderoso para sanarlo en su propia nación? • ¿Por qué siete veces y no dos o tres? ¿Por qué no viene el profeta para orar por mí? Pero esas eran las condiciones de Dios. Y el tenia que obedecer. Naaman estuvo a punto de volverse a Siria tan leproso como llego por la dureza de su mente. A veces por nuestros pensamientos, no vemos las cosas que Dios nos quiere dar. Es increíble.
• En cuarto lugar, PARA APROVECHAR TU OPORTUNIDAD ABRE TU CORAZON
Naaman no solo tuvo que abrir su mente, tuvo que abrir su corazón y humillarse. Un hombre acostumbrado a dar órdenes, ahora tenía que obedecer a un criado, delante de todos sus soldados. El que se enaltece será humillado • El que se humilla, será enaltecido• Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes ¿Quieres un milagro? Se humilde delante de Dios. Dios no te bendice porque tiene la obligación de hacerlo, sino por amor. La dureza del corazón de Naaman casi le cierra la puerta del milagro. ¿Que habrá pensado Naaman después de la quinta zambullida? Pero se humillo y siguió hasta ser sanado. Dios nos abre puertas pero somos nosotros los que tenemos que entrar. Algunos tienen posibilidades pero no las aprovechan. Naaman tuvo la oportunidad de ser sanado con Eliseo. El no lo busco, fue Dios quien le dio la chance. Naaman estuvo a punto de volverse a su país por causa de su orgullo y desobediencia. Pero sus propios siervos lo llaman a reflexionar. Siempre habrá alguien que nos ayude a reflexionar.

CONCLUSION
Dios no nos niega la bendición, fuimos creados para la bendición. Si el no quisiera la bendición para nosotros no hubiera enviado a Jesús a librarnos de toda maldición. DIOS QUIERE BENDECIRNOS, EL QUIERE HACER EL MILAGRO QUE NECESITAMOS. DIOS NO NOS NIEGA ESE MILAGRO.
Antes de un milagro Dios probara tu corazón. En el corazón de Naaman había orgullo. Naaman tuvo que dejar su orgullo y humillarse y así logro su bendición. Hoy es el día de tu oportunidad!!! Aprovéchala. No lo pierdas por la ceguera de inatención..

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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