Lutero o Halloween


halloween-y-jesus-adrian-romero y Jerusalén» estas expresiones son casi idénticas, tienen prácticamente el mismo sentido. Una es tan misteriosa como la otra, y ambas molestan por igual al pensamiento moderno, por la contradicción interna que contienen. ¿No sería más adecuado proponer el dilema diciendo: ¿Atenas o Jerusalén, racionalismo o cristianismo  ? Si hubiéramos de orientar nuestra respuesta por el juicio de la Historia, sería inequívoca. La Historia nos diría que los mayores genios del espíritu humano han rechazado, durante casi dos mil años, todos los intentos dirigidos a enfrentar Atenas con Jerusalén; que han defendido con pasión la conjunción «y» entre Atenas y Jerusalén, y que tozudamente han rechazo el «o». Jerusalén y Atenas, religión y filosofía racional siempre han convivido pacíficamente una junto a otra. Y esta paz ha sido para los seres humanos la garantía de sus anhelos más queridos, estuvieran o no satisfecho[1].

Sin embargo llega el momento en el cual no se pueden conciliar. Ese mismo dilema se presenta hoy que nos acercamos al 31 de octubre. Se vuelve a enfrentar los dos sistemas bajo una distinta fachada. La idea está enmarcada en  “Halloween o Reforma Protestante? Aunque algunos su  idea original sería ¿Halloween y Reforma Protestante?

Alguien ha dicho que cada verdad que aparece en la tierra es sellada con la sangre de un mártir o de un profeta.[2]

Reafirmo una vez más que hoy nos acercamos nuevamente al día de celebración de dos eventos contradictorios. Por un lado en el mundo secular se le hace tributo al día de las Brujas y por otro lado desde la cosmovisión evangélica se recuerda el inicio oficial de la Reforma Protestante iniciada por Martín Lutero.

Es el enfrentamiento de dos mundos, de dos culturas por así decirlo.

¿Cómo relacionamos la cultura Cristiana con la cultura Mundana? ¿Cómo se puede hacer un puente de diálogo entre ambas culturas? ¿Se podrá hacer tal cosa?

En los años 60 Niebuhr desarrolló un  acercamiento histórico de la relación entre la Iglesia, el Evangelio y la cultura a lo largo de los siglos, especificando en cada época histórica alguna relación sobresaliente. Así es como él llegó a identificar cinco relaciones entre Cristo y la cultura. Primero, Cristo en contra de la cultura, segundo,  Cristo en la cultura, tercero, Cristo por encima de la cultura,  cuarto,  Cristo y la cultura en paradoja y  quinto  Cristo transformador de la cultura[3]. Y si bien es cierto que dicho enfoque ha servido hasta la fecha para una reflexión importante, debemos entender que los tiempos han cambiado desde el período que el escribió y las tensiones del mundo posmoderno hoy.

David Suazo sugiere un modelo de acercamiento basado en un texto de Andy Crouch[4]. A mi criterio creo también que es muy acertado para tratar de sistematizar algunas tendencias en nuestro ambiente posmoderno hoy.

Suazo al citar a Crouch  presenta la relación de la iglesia con la cultura desde cinco posturas, que él denomina: 1) condenar la cultura, 2) criticar la cultura, 3) consumir cultura, 4) copiar cultura y 5) crear cultura.

Veamos brevemente cada una de ellas y luego intentaremos adecuarlas a los retos que se nos plantean con Halloween.

En primer lugar cuando se habla de la iglesia siendo contracultura lo primero que viene a la mente es la tarea de señalar y condenar la cultura o algunos aspectos de ella. Si tenemos a Jesús como un modelo encontraremos que a menudo Él condenó directamente la cultura religiosa de su época, particularmente las actitudes y las acciones de los líderes religiosos.  En segundo lugar un segundo elemento de la relación entre la iglesia y la cultura sería  la crítica de la cultura. Una diferencia entre condenar y criticar la cultura es que lo primero está limitado a aquellos asuntos que son clara y evidentemente condenables en que la mayoría de personas, incluyendo no cristianas estarían de acuerdo, mientras que la crítica es el análisis y la evaluación de elementos culturales con criterio teológico (los valores del reino), los cuales podrían ser rescatables o redimidos. En el Nuevo Testamento también podemos encontrar situaciones en donde se hace esta evaluación crítica de aspectos de la cultura. Por ejemplo, en Mt. 23:2-3 Jesús reconoce la función de los fariseos de interpretar la ley, lo cual hacen bien y deberían ser obedecidos en lo que enseñan. Sin embargo, aunque su predicación es correcta y debe ser obedecida, Jesús no da su aprobación y critica sus actitudes y acciones en los vrs. siguientes. Por tanto, Jesús encuentra algo digno de evaluación crítica sin condenarlo directamente. Una tercera evaluación es ser El tercer elemento de la relación entre la iglesia y la cultura es el consumo de la cultura. Esto suena extraño y hasta escandaloso, pero no nos apresuremos a objetar esta idea. Es necesario  explicar lo que se quiere decir con esto. De los aspectos más negativos pasamos a los más positivos en la relación entre iglesia y cultura. En la sección anterior mencionamos que los elementos de la cultura que criticamos no son necesariamente malos ni condenables, pero que tenemos que ejercer criterios teológicos para evaluarlos. Eso significa que aquellos elementos los podemos consumir, teniendo cuidado de no violentar los valores bíblicos del reino de Dios. Un cuarto elemento es el de copiar la cultura.  ¿Cómo es eso que la iglesia debe copiar cultura?  Así es debemos copiarla  y usarla para el beneficio del reino de Dios. Al fin y al cabo las culturas son producto de la creatividad humana, lo cual es una característica propia del ser humano que refleja la imagen de Dios. Todas las culturas tienen elementos que reflejan el carácter creativo de Dios mismo. Lo desafiante de esto para la iglesia cristiana es determinar cuáles son esos elementos, pero primero hay que conocerlos. Con todo, siempre es imperativo mantener vigilancia y control sobre esto. Se debe tomar en cuenta siempre el propósito de usar o copiar elementos culturales. El propósito siempre debe estar ligado con los valores del reino. De lo contrario se corre el riesgo de, efectivamente “mundanalizar” la iglesia. Lamentablemente esto ya está pasando ahora. La iglesia siempre debe tener criterio teológico para evaluar lo que está haciendo, los métodos que usa, las motivaciones y las metas. Y un quinto elemento es crear cultura. El último aspecto de la relación entre iglesia y cultura es la creación de cultura. Ya se ha  hecho referencia antes al aspecto creativo innato del ser humano como un rasgo de la imagen de Dios. La postura más completa con respecto a la relación entre el Evangelio y la cultura es, precisamente, la de transformación y creación de la cultura. Aunque es necesario condenar y criticar la cultura, esto no es suficiente. Si solamente esto hiciéramos quizá podríamos llamarnos contraculturales, pero no seríamos muy diferentes de otros grupos que han hecho y hacen lo mismo. Si solamente nos vemos como contraculturales quizá estaríamos siendo fieles al Evangelio, pero sin pertinencia en la cultura. Siempre existe la tensión saludable entre ser fieles al Evangelio y pertinentes a la cultura. Esa tensión no debería resolverse. Aunque también es necesario consumir y copiar la cultura, esto no sería suficiente. Si solamente esto hiciéramos quizá seríamos más pertinentes que los que solamente condenan y critican, pero correríamos el riesgo de perder la identidad de pueblo de Dios y de ser infieles al Evangelio. Por esto es necesario incluir la transformación y la creación de cultura para completar el ciclo de relaciones entre la iglesia y la cultura.

Ser contracultura es un imperativo para todos los cristianos. Así que resumiendo se ha identificado esto con la función de condenar y criticar la cultura. Sin embargo, la realidad nos muestra que la iglesia hace más que condenar y criticar. También consume y copia cultura. Si solamente condenamos y criticamos algo no está bien. Si solamente consumimos y copiamos tampoco estamos bien. Todo esto hay que hacerlo y ejercer criterio para saber qué condenar y qué copiar, por ejemplo; o cuándo criticar y cuándo consumir. No obstante, la meta debería ser la transformación de las culturas y la creación de nuevas que reflejen los valores del reino. ¡Ojalá la iglesia cristiana pueda hacer eso, ya que el poder del Evangelio sí es capaz de hacerlo!

Una vez establecido esto, me gustaría que nos centráramos en Jeremías 28. De ese pasaje podemos ver como el profeta maneja los cinco conceptos antes mencionados cuando se enfrenta a una práctica cuya fuente no es la verdad sino la mentira. Pienso que es precisamente lo que tenemos en la fiesta del Halloween. Es decir es una práctica a la cual la pregunta básica es ¿la debemos condenar? ¿Criticar? ¿Consumir? ¿Copiar? ¿O transformar?

El contexto de Jeremías 28  encontramos la contienda entre un falso profeta y el profeta de Dios. El ambiente se desarrolla  Al principio del reinado de Sedequías, en el año cuarto, en el quinto mes. Hay una gran verdad central en todo el capítulo y tiene que ver con la prueba de un verdadero profeta.  Es importante notar que este capítulo es continuación del capítulo 27: «Aconteció en el mismo año, en el principio del reinado de Sedequías rey de Judá, en el año cuarto, en el quinto mes…» (28.1). Jeremías todavía llevaba sobre su cuello el yugo que se había puesto en 27:2 (28.2, 10), y todavía se hablaba de los utensilios de la casa del Señor (27.21–22; 28.3). El capítulo se divide en cuatro partes: 1) El mensaje de Hananías, el falso profeta (versos 1–4), 2) la respuesta de Jeremías (versos 5–9), 3) la reacción de Hananías (versos 10–11), y 4) las consecuencias de la rebelión (versos 12–17).

El DESAFIO CULTURAL del momento de Jeremías.   (28:1–4).

Primero, es un desafío pretencioso.

Hananías eligió un lugar especial para reaccionar contra Jeremías. ¡Eligió nada menos que «la casa de Jehová» (verso 1), y habló delante de los sacerdotes y de todo el pueblo! Este profeta de Gabaón hizo una proclama, diciendo: «Así habló Jehová de los ejércitos», ¡y procedió a manifestar tres sutiles mentiras! La primera fue esta: «Quebranté el yugo del rey de Babilonia» (verso 2). Al provenir supuestamente de Jehová de los ejércitos, este mensaje atraería sin duda la atención del pueblo. Los comentarios que se hicieran sobre el yugo de Babilonia eran de lo más oportunos, porque habrían sido recibidos fácilmente como una burla del yugo que llevaba puesto Jeremías. No era cierto que el Señor hubiera quebrantado el yugo de Babilonia. Las circunstancias y la profecía inspirada daban testimonio de todo lo contrario. Judá había estado bajo el yugo de Babilonia desde el año cuarto de Joacim (605 a. C.) —y todavía lo estaba cuando estas palabras se hablaron en el año cuarto de Sedequías (cerca del 593 a. C.). (Vea 27.1; 28.1.)

Segundo, es un desafío  provechoso.

La segunda mentira fue el anuncio en el sentido de que a los utensilios del templo se les haría volver dentro de dos años. Jeremías, por el contrario, acababa de declarar que más utensilios serían llevados (27.21–22). ¡Jeremías hablaba de más utensilios que estaban saliendo, mientras que Hananías hablaba de utensilios que estaban volviendo! Para la gente el mensaje era más con recibir que con dar. Con satisfacer que con abstener.

Tercero, es un desafío presuntuoso.

La tercera mentira fue la promesa del regreso de Joaquín a Judá, la cual contradecía directamente las palabras de profecía en el sentido de que el rey moriría en Babilonia (22.24–30).2 La triple mentira de Hananías le dio falsas esperanzas al pueblo de Judá.

Es importante entonces entender que estos tres elementos están encubiertos en una práctica para que sea relevante y valedera en la cultura de una persona. La gente a través de la cultura de la mentira lo que busca es disfrazarse con presuntas verdades y valores. Busca generar tanto provecho personal como social y por eso es vendido en contextos donde aparentemente la práctica es inofensiva y nada tóxica. Recordemos que el debate por la verdad y la mentira se dio en el contexto del Templo de Jehová y en una discusión religiosa.

¿Ahora como Jeremía aplicó su criterio espiritual del reino ante el desafío? Pienso que el usó de alguna manera las pautas mostradas al inicio de esta reflexión. Observe como se desarrollan en la defensa de Jeremías.

En segundo lugar EL DESAFIO ESPIRITUAL del momento de Jeremías. (28:5–11)

Este capítulo proporciona una gran lección sobre la diferencia entre lo que deseamos oír y lo que necesitamos oír.

Hananías había declarado lo que él sabía que el pueblo deseaba oír: que Joaquín, los utensilios del templo y los que estaban en el exilio, pronto estarían de regreso en casa. Sin embargo Jeremías es contracultura.

¡El yugo que Jeremías llevaba puesto sobre su cuello anunciaba un mensaje completamente diferente! Se debe enfatizar que  Gabaón se ubicaba a unos doce kilómetros al noroeste de Jerusalén (vea Josué 9.3, 17; 21.3, 13–17). Así que una cuarta mentira podría añadirse es decir que  entrelazada en las otras tres mentiras estaba la afirmación de Hananías en el sentido de que el cautiverio duraría dos años, en comparación con la repetida mención que hacía Jeremías en el sentido de que serían setenta años los que duraría el cautiverio (25.11–12; 27.7; vea Daniel 9.2).

La segunda cosa que Jeremías hace es crítica la cultura.

Si bien Jeremías anhelaba personalmente que hubiera un pronto regreso, y poder decir « ¡Amén!» deseando que así fuera, él sabía que lo dicho por Hananías no era cierto. Dijo: Amén, así lo haga Jehová. Confirme Jehová tus palabras, con las cuales profetizaste que los utensilios de la casa de Jehová, y todos los transportados, han de ser devueltos de Babilonia a este lugar. Con todo eso, oye ahora esta palabra que yo hablo en tus oídos y en los oídos de todo el pueblo… (versos 6–7). Jeremías sabía que lo que Hananías deseaba no era lo que Dios sabía que Judá necesitaba. Por lo tanto, encaró la realidad y le recordó a Hananías y a todos los que estaban reunidos, que profetas del pasado habían hablado de «guerra, aflicción y pestilencia contra muchas tierras y contra grandes reinos» (verso 8). Jeremías justificó su mensaje como una profecía válida, diciendo: «El profeta que profetiza de paz, cuando se cumpla la palabra del profeta, será conocido como el profeta que Jehová en verdad envió» (verso 9). Estaba presentando un desafío, diciendo en otras palabras: «Esperemos a ver qué pasa. Si dentro de dos años hay paz, ¡entonces pueden creerle a Hananías!».

La tercera cosa que Jeremías consume la cultura.

Por más de diez años, Judá había estado bajo el yugo de Babilonia, y las fuerzas de Babilonia se habían estado llevando personas clave al exilio (2oReyes 24.8–16). Jeremías había hecho un anuncio de una invasión del norte, además de cautiverio, hambre y guerra, todo lo cual se había cumplido. Jeremías había dicho que todo esto sucedería —y cuando sucedió, su credibilidad aumentó. Jeremías había pasado la prueba de un verdadero profeta, ¡y Judá lo sabía! (Vea Deuteronomio 18.18–22.) Hananías había quedado como un profeta que todavía tenía que pasar la prueba. Es importante entender que tanto Jeremías como  Hannanías ambos tenían una profesión de profetas en la corte del Rey. Los dos tenían las mismas prácticas de profeta, usaban la terminología de profeta, sin embargo la diferencia en ambos era que la fuente de su práctica era diferente. A Jeremías lo movían la voz de Dios y su reino  y a Hananías los valores del mundo y el reino de la mentira y las tinieblas. Jeremías no desestima el título de profeta porque hubiese profetas falsos. Al contrario lo sigue usando.

La cuarta cosa que Jeremías hace es copia la cultura.

Hananías no presentó más argumentos ni hizo más afirmaciones. ¡Se abalanzó sobre el profeta de Dios, le quitó el yugo, y lo quebró! Cuando vio que no podía responder, ¡hizo una escena! Esta es la forma como el diablo siempre ha operado, de modo que no deben sorprendernos las acciones de Hananías (vea Marcos 15.8–15; Hechos 6.8–15; 7.51– 60). Imagínese lo siguiente: En el momento [que lo quebró] Hananías declaró de modo dogmático y dramático que el yugo de Babilonia sería quebrado dentro de dos años completos. Esta no es más que una repetición de lo que Hananías había dicho anteriormente, solo que esta vez [añadió] estas palabras de culminación: «del cuello de todas las naciones». Observe la metodología de los yugos. Tanto Jeremías como Hananías tienen yugos en su cabeza. Es una metodología común. Ambos la usan, el yugo simplemente no es algo malo que usar. Es un método que nos lleva a un fin. Es un tema común en la cultura profética. Sólo que uno es usado para ilustrar las verdades de Dios y otro para alejar de las verdades de Dios.

La quinta cosa que Jeremías hace es transforma la cultura.

Después que el yugo fue quebrado, Jeremías «siguió su camino» (verso 11). No actuó, sino hasta que supo lo que el Señor deseaba que hiciera. Cuando es Dios quien gobierna nuestras reacciones hoy día, podemos estar preparados para proclamar el evangelio a quien sea. Cuando es Dios quien guía, ¡es el momento de ir! ¡Jeremías volvió preparado para el quebrador de yugos! En el versículo 13, Dios le dijo a Jeremías que fuera y hablara con Hananías, lo cual insinúa que ya había pasado algún tiempo desde que Jeremías había seguido su camino. Cuando la confrontación se dio, no había duda de quién era el que estaba al mando. Jeremías habló sobre tres temas. La condición de Judá y de las naciones (versos 13–14) Si bien Hananías había quebrado el yugo de madera, Judá y las naciones llevarían puesto yugos de hierro. Jeremías repitió y recalcó su advertencia, diciendo: «han de servirle» (verso  14). El uso que hizo Jeremías del tiempo futuro hacía imposible la revelación de un pronto regreso, que supuestamente recibió Hananías. Sus palabras significaban que el pueblo iba hacia la esclavitud, y no que venía a casa. Cargos formulados contra Hananías (versos 15–16) A continuación se enumeraron los tres cargos formulados contra Hananías. Dijo Jeremías: «Jehová no te envió» (verso 15); «has hecho confiar en mentira a este pueblo»; y “hablaste” rebelión contra Jehová» (verso 16b). Se pueden resumir estas acusaciones de la siguiente manera: 1) Hananías es un impostor. Dios no lo ha enviado, y por lo tanto no tiene derecho de llamarse profeta. Por todo el capítulo se le llama «Hananías el profeta» porque este era su título oficial […] 2) Hananías ha hecho que el pueblo confíe en mentira. Su profecía optimista, pero infundada, acerca de la inminente caída de Babilonia, había creado falsas expectativas en los corazones del pueblo. La política nacional —una política de rebelión contra Babilonia— estaba siendo formulada sobre la base de estas falsas expectativas  y 3) Hananías había hablado rebelión en contra del Señor (verso 16). El abogar por una rebelión en contra de la autoridad establecida por Dios, Nabucodonosor, equivalía a rebelarse contra Dios mismo. Hay quienes interpretan estas palabras como un torcimiento de la palabra del Señor por parte de Hananías. Llámese rebelión o torcimiento, es una seria acusación la que se está haciendo. El falsificar la verdad tiene su precio (versos 16–17) Además, Jeremías le reveló al falso profeta las consecuencias de su mentira: «Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí que yo te quito de sobre la faz de la tierra; morirás en este año» (verso 16a). Luego el pueblo vio la confirmación de que Jeremías era el profeta de Dios: «Y en el mismo año murió Hananías…» (Verso 17).

Al final la transformación de la escena establece nuevamente la autoridad de Dios, sus decretos como Rey y su plan y promesas se cumplirán a pesar de la mentira alrededor de su mundo.  Así que este capítulo comienza con los osados comentarios que hizo Hananías en el mes quinto, y termina con un anuncio de su muerte «en el mes séptimo» (verso 17). ¡Sus mensajes engañosos lo llevaron al sepulcro! Es triste cuando los hombres hablan rebelión contra el Todopoderoso. Hananías fue un ejemplo de que cuando pecamos contra Dios, podemos tener la certeza de que nuestro pecado nos alcanzará (vea Números 32.23; Romanos 6.23). Eche un vistazo a estos dos meses de la vida de Jeremías y Hananías: Y así Dios, por Su misericordia, dio a [Hananías] cerca de dos meses, en los cuales podía prepararse para encontrarse con su Juez. Aquí, entonces, se demostró al verdadero profeta y se detectó al falso profeta. La muerte de Hananías, anunciada así, constituyó el sello que Dios dio a las palabras de su profeta; y debió de haber aportado una gran credibilidad a las demás profecías de este, entre el pueblo. Si usted supiera que solo le quedan dos meses de vida, ¿haría usted un cambio en su actual estilo de vida? ¿Estaría preparado usted para morir al final de los dos meses? No hay nada que indique que Hananías hiciera cambio alguno para bien. Si usted tuviera necesidad de hacer algún cambio, ¿lo haría?

Algo que pensar para hoy…

Hablar de oponerse o criticar o copiar o consumir Halloween va más allá de una fiesta de brujería y demónica. La verdad es que cada año cuando se acerca Halloween se reaviva la inquietud entre los evangélicos por los contenidos relacionados con la brujería, el espiritismo y el culto a la muerte. Esto se extiende a una cierta cantidad de fiestas populares en las que los evangélicos nos sentimos incómodos y evitamos participar debido a que tienen un alto contenido de una forma del catolicismo, llena de sincretismo, con elementos mágicos, etc. Nos damos cuenta de que tenemos que estar cerca de nuestra sociedad, pero estos elementos nos echan atrás y son una de las cuestiones más controversiales en la cultura de hoy.

Creo que firmemente que debido a la división sagrado-secular, hemos generado una alta sensibilidad a aquellos contenidos que se presentan como “espirituales”. Cada vez que brujería, espiritismo, etc. se hacen visibles, reaccionamos y a veces híper-reaccionamos. Hacemos nuestra caza de brujas particular contra Halloween, los libros de Harry Potter y hasta ciertas películas de Disney. Tenemos nuestros propios “caza fantasmas”, que desde la tribuna de las redes sociales expanden la alarma y encuentran eco. En cambio nos cuesta detectar la actividad del maligno en la pobreza endémica, la crisis de los desplazados forzosos por el hambre o la guerra, la violencia doméstica, la corrupción individual y sistémica, la destrucción de la creación, la ideología oculta en telediarios, series, novelas, letras de canciones, etc. que consumimos bastante acríticamente. Lamentablemente la reacción de los evangélicos ante este tipo de fiestas populares cuyo contenido es abrasivo, es la de huir y apartarnos. El ambiente de la Semana Santa, fiestas patronales, Halloween, etc. tienen una carga espiritual tan potente, un ambiente tan cargado, que muchas iglesias deciden irse de la ciudad en esas fechas y celebrar sus retiros anuales, o simplemente marchar de vacaciones a otro lugar más tranquilo y menos ofensivo. De alguna manera, cuando las cosas se ponen más difíciles, el modelo de relación que escogemos es desaparecer, hacernos invisibles y esperar otros momentos más propicios. Los evangélicos ante estos fenómenos decidimos dar una de estas dos respuestas: O bien condenar la cultura haciendo ver lo incompatible de la cultura con la fe cristiana bíblica, o bien criticar la cultura, una forma más sutil que la condena lisa y plana que resalta las incongruencias y debilidades de esas manifestaciones, pero que no aporta nada en positivo. Pero no la transformamos como lo vemos en el ejemplo de Jeremías. O también los evangélicos tenemos delante otro sistema de relación con la cultura, mucho más antiguo, que ha quedado dentro del catolicismo. Se trata de la copia y el consumo  de los elementos paganos con una cobertura del cristianismo. Una de las respuestas de los cristianos desde el constantinismo fue la de integrar los festivales y las divinidades paganas y atribuirles significados cristianos. Algunas de las festividades cristianas coinciden con festivales precristianos, simbología cristiana coincide con simbología de divinidades griegas, romanas o germánicas. Más recientemente, en la expansión del cristianismo, sobretodo de algunas formas de cristianismo evangélico en América del Sur o en África, ha integrado abundantes elementos mágicos en la vida y culto de las iglesias y de sus fieles. De alguna manera, en vez de condenar o criticar o transformar, ha optado por otro modelo: el de copiar la cultura, tomar sus elementos y disfrazarlos de cristianos, permitir que las personas que eran integradas en esas formas de cristiandad siguieran celebrando sus ciclos festivos anuales, pero con otra forma exterior. En muchas ocasiones eso ha acabado en un consumo acrítico de la cultura, sin aportar nada, inadvertidamente hemos dado por buenos valores y principios que no pertenecen al cristianismo. Si miráramos la cultura desde una perspectiva misional ¿obtendríamos otras respuestas? ¿Es posible hacer otra cosa que huir de la sociedad en estas fiestas o de asimilarlas a nuestra agenda? Al pensar misionalmente, lo primero que hacemos es mirar al otro desde la perspectiva de Jesús, como ovejas que no tienen pastor. Las personas en nuestra sociedad, a través de la cultura popular, nos están transmitiendo algunas de sus preocupaciones más profundas: un deseo abstracto de relacionarse con lo espiritual y con la divinidad, sus miedos inconscientes, su forma de divertirse para alejar el pesimismo de la contemplación de una realidad dura, etc. Frecuentemente sólo encuentran juicio y desaprobación en nosotros los cristianos. Pero hay otras opciones. ¿Somos capaces de acompañar a las personas a las que el Señor nos ha enviado? ¿Cómo podemos mostrar presencia, proximidad y pasión para poder ganar credibilidad para la proclamación? En lugar de asimilar y asimilarnos a las fiestas, ¿podríamos tratar de crear un nuevo producto cultural a partir de nuestra fe en Cristo y de los valores del nuevo Reino? Si entre esos valores, los principales son el amar a Dios sobre todas las cosas y a los demás como a mí mismo, puedo reflejarlos a través de hospitalidad, de generar relaciones cálidas, de encontrar espacios para enfocar esos temores, de ministrar con el evangelio la inquietud del fondo del corazón, etc. Creo que deberíamos pensar en esas fiestas como una percha en la que colgar invitaciones, hospitalidad, generosidad, compromiso, etc. Sólo a título de ejemplo y por la cercanía de Halloween, me atrevo a sugerir alguna idea: podríamos preparar fiestas, para niños o adultos, para divertirnos, comiendo dulces y charlando sobre el miedo: ¿cuáles son los sustos que recordamos? ¿En qué situación hemos sentido pánico? ¿Qué nos da miedo?, ¿qué debería darnos miedo?, ¿cuáles son nuestros temores?, ¿qué hacemos con esos temores?, ¿qué hay de los muertos?, ¿tiene remedio la muerte?, etc.

El mundo del futuro se presenta como un panorama sombrío, pero también como una gran oportunidad misionera. En el vacío espiritual y en medio de la crisis moral, política y económica del continente, hay una increíble apertura al evangelio en todos los sectores. Quiera el Señor que a estas masas que piden pan no les demos las piedras de un evangelio incompleto y adulterado, sino la plenitud del evangelio. Ese evangelio con el cual el Espíritu hizo surgir un pueblo evangélico en el pasado y que es la deuda que tenemos con el mundo.

[1] http://www.nuevarevista.net/articulos/atenas-y-jerusalen

[2] http://lapatriaenlinea.com/?nota=156461

[3] Richard Niebuhr, Cristo y la cultura, Barcelona, Ediciones Península, 1968, pág. 7.

[4] http://www.teologiaycultura.com.ar/arch_rev/vol_14/009%20DAVID%20SUAZO%20Iglesia%20y%20cultura.pdf

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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