“Iban de camino…subiendo…”


 

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Las experiencias de vida son como el currículo que te da el peso de una existencia basada en la sabiduría. Muchos han experimentado el nuevo nacimiento pero se abstienen de experimentar el costo de ese  nuevo nacimiento. Para los que nos hemos embarcado en una misión de compartir las buenas nuevas del reino a toda criatura. Es bien expuesto en la Palabra de Dios, que todos aquellos que deseamos servir o comprometernos más con Cristo, estaremos expuestos a problemas, carestías y persecuciones. El mismo Jesucristo nos ejemplifica que el hacer la voluntad de Dios comprende que nuestro peregrinaje se vuelva inseguro, duro y hasta letal. Hay una parte del vrs.32 de Marcos 10 que reafirma lo que mencioné anteriormente.  Dice Marcos 10:32: “Iban de camino, subiendo a Jerusalén y Jesús se les adelantó. Y los discípulos  estaban asombrados, y los otros que venían detrás tenían miedo.

La narración continua con la idea de que el destino era todavía Jerusalén, y Jesús aún  estaba a la cabeza. Como Marcos escribió su relato del viaje del Salvador al Calvario, muchas cosas estarían en la mente de Jesús, un buen número de eruditos  aseguran que el meditaba en  los grandes “Cantos del Siervo” de Isaías 42-53. “Por cuanto el Señor Omnipotente me ayuda, no seré humillado, por eso endurecí mi rostro como pedernal y sé que no seré avergonzado” (Isaías 50:7). No podemos menos que admirar el valor de Jesús y de la forma en como hizo su camino al Calvario, de tal manera que deberíamos adorarlo  tanto más porque lo hizo por nosotros. Pero por otro lado debemos tratar de entender el desconcierto y el miedo de sus seguidores, ya que para ellos fue una experiencia difícil parece que no estaban recibiendo  todo lo que habían previsto o esperado. Debemos observar que cada nuevo anuncio de su muerte sólo añadía confusión. En los dos primeros anuncios (Marcos 8:31; 9:31), Jesús les había dicho lo que ocurriría, pero ahora Él les dijo dónde Su pasión se llevaría a cabo, a saber,  en la Ciudad Santa de Jerusalén! En este tercer anuncio, también incluye la parte que los gentiles jugarían en su juicio y muerte, y por cuarta vez, prometió que resucitaría (nota Marcos 9: 9). Él les dijo a sus discípulos la verdad, pero ellos no estaban en condiciones de entenderlo.

¿Qué es al fin y al cabo seguir a Jesús? ¿Qué implica la renuncia?

Y es que caminar con Jesús es  salir de sí mismo y dirigirse a otros. Como Cristo caminó.

Este camino nos lleva por estaciones,  genera reacciones  y finalmente produce compensaciones.

Observemos en primer lugar tres estaciones  que se manifiestan en este pasaje. La primera es la expresión “camino”. Esta es la estación del avance.   El pasaje introduce la expresión “iban de camino”. Todos desde que nacemos comenzamos a caminar. Es decir nadie debería tener una vida estática. Las personas transitan en la vida por diferentes caminos. Lo más importante en sí no es el caminar sino hacia dónde nos dirige nuestro caminar. De una manera parca nos expresa que ese avance es grupal. (Iban). Implica entonces que vamos como muchos en este mundo, en un peregrinaje. No se mencionan nombres, ni condiciones simplemente se menciona que  “vamos de camino”.  ¿Avanzar hacia a dónde? El poeta dijo: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”[1] Sin embargo muchas personas están en caminos equivocados. El verdadero camino es el que nos lleva a cumplir el propósito para el cual hemos venido a este mundo. Y hacia ese camino es donde Jesús llegaría. A cumplir lo que había venido hacer.

La segunda estación es la expresión “subiendo”.  Esta es la estación percance.  Desde el lugar donde estaban los discípulos, Jericó a Jerusalén había de distancia una 22 millas aproximadamente. Sin embargo era un caminar hacia arriba, ya que se debía subir a lo menos  3500 pies de altura. Muchos no pueden manejar los percances de la vida. Hay períodos en que nuestro mover es “cuesta arriba”. Tal pareciera que mientras otros van de “bajada” a nosotros siempre nos ha tocado  ir cuesta arriba. Muchos renuncia al camino aquí y prefieren dar la vuelta y mejor tomarlo de bajada. Observe que el caminar hacia la voluntad de Dios y su propósito es hacia arriba, y dar la vuelta y renunciar a esa voluntad, es caminar cuesta abajo. Sin embargo es importante notar que uno logra mayor resistencia yendo hacia arriba, que corriendo hacia abajo.

La tercera estación es la expresión “Jerusalén”. Esta es la estación del alcance.  Jerusalén es la ciudad de las contradicciones. Para Jesús es la ciudad del dolor y sufrimiento. Es un viaje en contradicción de tres elementos importantes. Es un viaje de Palabra. Es decir es un viaje diseñado y anticipado por las profecías y designado por la Palabra del Padre en la eternidad para su hijo. Pero también es un viaje de Promesa. Allí en Jerusalén se le prometen dos cosas: “muerte y resurrección”. Esa Jerusalén de muerte está llena de odios, de injusticias,  de religiosidad y de peligros y desprecios. Esa Jerusalén es la que no nos gusta, porque nos intimida y repleta de carencias, renuncias y es la que nos hace que demos la vuelta y cultiva la actitud que es  mejor bajar  de Jerusalén que subir a Jerusalén. Pero también es la Jerusalén de “resurrección”, es decir de triunfo y de vida.  Finalmente es un viaje de Progreso. La Jerusalén que contesta todas nuestras dolencias y carencias de una vez y para siempre. La que impacta y transforma. Es la Jerusalén que muestra el poder de la “resurrección”, es decir el de resurgir nuevamente, cambiados y adaptados a un nueva dimensión de vida aún en medio de la oposición y muerte. Porque quiera o no, lo sintamos o no progresamos en la Jerusalén que nos cansa y nos da miedo. Es muy importante notar que la descripción de la Jerusalén que mata está llena de detalles. Observe siete verbos que describen con detalle el ambiente hostil. Los verbos son: “entregado, condenarán, entregarán, burlarán, escupirán, lo azotarán y lo matarán. Y es que la Jerusalén que nos intimida está llena de cosas negativas, las enumeramos y sabemos cada detalle de ellas. Son esa nube de incidentes variados que se acumulan y que hace que muchas personas desistan y huyan de su Jerusalén.  Y es que las cosas malas tenemos la tendencia a listarlas y contarlas una por una. Sin embargo la victoria es narrada de una manera escueta. Observe que dice: “Pero a los tres días resucitará”. No hay detalles, no hay descripciones de cómo Dios hace las cosas. Sin embargo dice que en tres días el cambio vendrá. Así obra Dios no necesita darnos detalles de cómo sino que por fe creemos que lo hará.

En segundo lugar veamos las reacciones de este camino. En el pasaje podemos establecer tres   reacciones de los que siguen el camino. La primera reacción es la de los adelantados. Personificado por la actitud de Jesús. Hemos visto que quieren matar a Jesús. De allí lo sorprendente de este pasaje. Observe que Jesús les ha dicho a sus discípulos que debe subir a Jerusalén. Marcos relata, “Iban de camino subiendo a Jerusalén, y Jesús se les adelantó.” ¿Por qué se adelantó Jesús? Pues el texto nos dice que, “los otros que venían detrás tenían miedo.” ¿A qué paso caminas si tienes miedo de ir hacia adelante? ¿A qué paso caminas si vas a algo que te interesa mucho? La gente que viene atrás tiene miedo, van lentos, prefieren ir atrás que adelante. Jesús va a un paso rápido, va a un paso con ánimo de lo que queda adelante. Esta posición de vanguardia, de infantería es escaza en estos tiempos. Nadie quiere caminar rápido hacia lo que quiere Dios, porque debe renunciar a placeres y comodidades. Son pocos los que entienden que van hacia una cita a Jerusalén a cumplir con el plan de Dios, y simplemente aceleran el paso para su compromiso con Dios. No se tardan no se distraen no dilatan su compromiso con Dios. Saben que al cumplirlo estarán en el propio centro del corazón del Padre. Estos adelantados conocen los detalles del plan, saben que Dios les ha dicho. Note que Jesucristo toma tiempo para volverles a decir a los discípulos los detalles que había entendido de su plan en Jerusalén. Estos adelantados caminan por obediencia a pesar de que el panorama que se les plantea no es muy halagador. La segunda reacción es la de los sorprendidos.  Curioso detalle es el hecho de que los que seguían a Jesús se sintieron “asombrados”. La palabra “thumbeo” en griego se puede traducir como sorprendidos, extrañados, tomado por sorpresa. ¿Qué les sorprendió a los discípulos? Ya Jesús había advertido lo que iba a acontecer con su llegada a Jerusalén. Pienso que la sorpresa de ellos no era tanto en lo que implicaba Jerusalén  sino que a pesar de lo que era Jerusalén Jesús se apresuró a llegar a ella. Hay gente que camina sorprendidos de lo que la vida cristiana les da, especialmente cuando no esperan la adversidad ni el dolor. Pareciera ser que no se les explicó que venir a Cristo también es morir con Cristo. Todos vamos caminos  a Jerusalén a enfrentar nuestro destino, ¿porque nos sorprende entonces el llamado de Dios? La tercera reacción es la de los rezagados.  Marcos habla de un tercer grupo estos dice que se quedaron atrás porque tenían miedo. Jesús se dirige a Jerusalén no para triunfar en una campaña militar sino para morir. El conduce a sus discípulos a su pasión y no a su poder. Jesús traza el camino mientras sus discípulos preocupados todavía por el orden de procesión que han de seguir, siguen tras él.  La expresión que se usa el “miedo”. Ellos les preocupaban lo que le pasaría a Jesús o lo que les pasaría por Jesús. En ese caso el primer miedo es un miedo sano y el segundo miedo sería un miedo egoísta. No obstante Jesús no disipa su temor sino que predice por tercera vez su inminente muerte y su posterior resurrección. Muchos existen hoy que no caminan con Jesús no por lo que le pase al evangelio del reino sino por lo que les pasa por el evangelio del reino. El precio que tienen que pagar, las cosas a las que tienen que renunciar.  Lucas agrega que a pesar de las cosas que Jesús dijo, ellos no entendieron nada, ya que les era imposible entenderlo. Eso significa que pocos serán los adelantados.

En tercer  lugar veamos  las compensaciones de este camino.  En el texto encontramos también tres compensaciones. La primera tiene que ver con compensación inclusiva.   Es obvio que la perspectiva de Dios no tiene que ver con terminar en la tumba sino con levantarse. Por eso usa el conectivo “y” como quien dice, hay continuidad en mi plan. Es cierto que el destino es la muerte pero allí no termina continua con la restauración. La segunda compensación tiene que ver con una compensación instructiva.   Me encanta la expresión “los tomó aparte”. Esto implica que somos los receptores de los secretos de Dios. El está dispuesto a comunicarnos e instruirnos en sus proyectos. Mostrarnos la senda. Nos estima tanto que está dispuesto a comunicarnos sus planes y lo que hay en su corazón. Y en tercer lugar es una compensación intensiva.   Su compensación será intensa, ya que su forma de actuar no tiene límites, ni tiene calendario humano. En tres días Dios cambiaría la muerte en vida. La tristeza en gozo, y el fracaso en triunfo. Dios cuando va resolver nuestros planes actúa tan intensamente, que donde creemos que todo ha terminado en realidad hay un nuevo comienzo. Es tan intensa porque hay vindicación, victoria y vida.

Nunca se puede entender quién es Jesús sin comprender la necesidad de su destino final del sufrimiento.

[1] https://lamenteesmaravillosa.com/el-camino-de-la-vida/

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