“…dos serán uno…”


una-sola-carne“cómo era su costumbre”. Esta expresión en Marcos 10:1  nos introduce a la extraordinaria habilidad de Jesús para enseñar. Jesús no podía parar de compartir la Palabra de Dios. La palabra “costumbre” es la palabra “ethos” de donde proviene la palabra “ética” lo que viene a mostrar que la ética de Jesús se basaba en enseñar. Esta costumbre es diferente a una enseñanza acostumbrada o acomodada. Ya que el capítulo 10 Jesús va usar el método de la paradoja para poder enseñar a lo menos cinco lecciones por medio de este método. Una paradoja es una declaración que parece contradictoria en sí misma pero que ilustra un principio o verdad.  Por ejemplo Pablo dice: “cuando soy débil soy fuerte” (2 Corintios 12:10).

La primera paradoja aparece en los versículos 1-12. El principio es declarado con la expresión “dos serán uno”. Y es un principio que está circunscrito al tema del matrimonio y del divorcio.  ¿Qué es la enseñanza de esta paradoja? La paradoja enseña cuatro principios.

El tema del matrimonio y divorcio es un tema complicado.

Jesús completó su ministerio en Galilea, dejó Capernaum, y vino al área de la Transjordania. Esto en su camino a Jerusalén. (Marcos  10:32). Este distrito estaba regido por Herodes  Antipas, lo cual explica por qué los fariseos  trataban de tenderle una trampa a Jesús preguntándole sobre el divorcio. Después de todo, Juan el Bautista  había sido asesinado porque predicó en contra del matrimonio adúltero de Herodes (Marcos 6:14–29). Así que era un tema complicado por la presión política.

El tema del matrimonio y divorcio es un tema delicado. Pero había más que los políticos involucrados en esta pregunta truculenta. El divorcio era un tema muy controversial entre los rabinos judíos de esa época.  Sin importar la respuesta que Jesús diera, de seguro que desagradaría a alguien, y esa hubiera sido una oportunidad para arrestarlo. Los verbos indican que los Fariseos  “se mantuvieron preguntándole” con el pensamiento o la esperanza que Jesús dijera algo incriminatorio. En ese día había dos puntos de vista conflictivos con respecto al divorcio. Cada punto de vista dependía en la manera que se interpretaba la frase “algo indecoroso” en Deuteronomio 24:1–4. Los seguidores del Rabino Hillel eran más abiertos  en la interpretación  y permitían a un hombre divorciarse de su esposa por cualquier razón, aún si ella quemaba la comida. Pero la escuela del Rabino Shimmei era más estricta y enseñaba  que las palabras “indecoroso” se referían sólo a un pecado premarital. Si un esposo recién casado  descubría  que su esposa no era virgen, él podía despedirla en divorcio.

El tema del matrimonio y divorcio es un tema condicionado. Como usualmente lo hacía Jesús, el ignoró los debates contemporáneos y se enfocó en la Palabra de Dios, en este caso en Deuteronomio 24:1-4. A medida que uno estudia este pasaje es importante notar cuatro  hechos que Jesús usó para condicionar el tema. Primero, era el hombre el que se divorciaba de la mujer, la mujer no tenía este derecho en Israel. (Las mujeres romanas si tenían ese derecho). Segundo  la carta oficial de “repudio”  era dada a la esposa  para declarar su estatus  y asegurar   a un nuevo prospecto a esposo que ella estaba libre para volverse a casar. Aparte de dar este documento, el único requisito era que la  mujer no regresara  con su primer marido si su segundo esposo  se divorciaba de ella.  Entre los judíos la pregunta  no era: “¿Puede una mujer divorciada casarse otra vez?” porque el nuevo matrimonio era permitido y esperado por ellos. La gran pregunta era: ¿Cuáles eran las bases legales por las cuales un hombre podía divorciarse de su esposa? Ahora hay que aclarar que la ley de Moisés no daba  al adulterio una base para el divorcio ya que el adúltero y la adúltera eran ejecutados por medio de la pena de muerte. (Deut. 22:22; Lev. 20:10; también ver Juan  8:1–11). Así que cualquier cosa que Moisés entendiera por “cosa indecorosa” en Deuteronomio 24:1, no podría haber sido adulterio.

Tercero, Jesús explicó que Moisés dio la ley de divorcio a causa de la maldad del corazón humano. La ley protegía a la mujer mediante la restricción de que el marido de forma impulsiva podía divorciarse de ella y que abusara de ella  como un objeto  no deseado, en lugar de tratarla como a un ser humano. Sin una carta de divorcio, una mujer podría fácilmente convertirse en una marginada social y ser tratada como  una ramera. Ningún hombre querría casarse con ella, por lo que  se quedaría indefensa y en la miseria. Al dar este mandamiento a Israel, Dios no estaba dando su  aprobación el divorcio o ni siquiera  alentándolo. Más bien, Él estaba tratando de contenerlo  y hacerlo más difícil para los hombres cuando se tratara de despedir a sus esposas. Dios había puesto  suficientes regulaciones alrededor del tema de la separación, para que las esposas no se convirtieran  en víctimas de los caprichos de sus maridos.

Cuarto,  después de aclarar lo anterior  el Señor los llevó de vuelta más allá de Moisés al  registro de la creación original (Génesis 1:27; 2: 21-25). Después de todo, en un principio, fue Dios quien estableció el matrimonio; y Él tiene el derecho de hacer las reglas. Según las Escrituras, el matrimonio es entre un hombre y una mujer, no dos hombres o dos mujeres, y la relación es sagrada y permanente. Es la unión más íntima en la raza humana, porque  los dos serán una sola carne. Esto no es cierto de un padre y un hijo o una madre y su hija, pero es cierto de un hombre y la mujer. Ahora bien, mientras que el elemento espiritual es de vital importancia en el matrimonio, el énfasis aquí es que el matrimonio es una unión física: los dos se hacen una sola carne, no solo espíritu. Así que dado que el matrimonio es una unión física,  sólo una causa física puede romperlo, ya sea la muerte (Romanos 7: 1-3.) o la fornicación (Mateo 5:32; 19: 9.). Macos  no incluye la “cláusula de excepción” que se encuentra en Mateo, pero tampoco dice que la muerte rompe la unión matrimonial.

Por último el tema del matrimonio y divorcio es un tema privado.

Es importante observar que el debate público del asunto generó dudas en los discípulos. Así que ellos decidieron evacuar sus dudas en privado con El Señor. Y es que al referirnos como algo privado, nos referimos al hecho de que cada caso es una situación diferente y que hay muchas cosas  que simplemente sólo lo podemos resolver en privado como pareja y en privado con El Señor. Note entonces que en privado, el Señor explica con más detalle el asunto a sus discípulos que cuestionan, que para entonces ya estaban convencidos de que era una cosa peligrosa casarse. Así que Jesús establece claramente que para volverse a casar después del divorcio, a excepción de romper el vínculo de una sola carne  sobre la base de la fornicación, haría a la persona culpable de cometer adulterio, y esto era una cosa seria. Ahora lo novedoso de esta aclaración es que  Jesús incluyó las mujeres en su advertencia, de que ellas podían divorciarse por la misma causa lo que ciertamente elevó  su estatus en la sociedad y les dio la igualdad de la responsabilidad con los hombres. Debe notar que los rabinos no habrían  llegado tan lejos.  Por otro lado Marcos 10: 9 nos advierte de que el hombre no puede separar a los que se han unido en matrimonio, pero Dios puede. Puesto que Él estableció el matrimonio, Él tiene la facultad de fijar las reglas. Un divorcio puede ser legal según nuestras leyes y sin embargo no ser adecuado a los ojos de Dios. El espera que las personas casadas que practican compromiso con el otro (Marcos 10: 7) y permanecer fieles el uno al otro. También muchas personas ven el divorcio como “una salida fácil”, y lo que hacen es no tomar en serio sus votos de compromiso  de cada uno y con  al Señor.

Así que la respuesta de Dios en privado tiene tres dimensiones. Jesús, primero habla de las acciones de Dios. “Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer.” Los hizo de modo que fueran distintos y de diferente sexo y eso no fue un pensamiento posterior. Todo el proceso creativo comienza con el primer día de la creación, y su fin fue aquel gran hecho. Dios tenía la intención de tener una raza de humanos que estuviese dividida en dos sexos reconocibles, varón y mujer. No hay otro género. Segundo nos habla de los anhelos de Dios. “Por esta causa el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.” “Por esta causa” ¿por qué causa? Pues porque son hombre y mujer. Para eso fueron creados como varón y mujer, para que finalmente pudiesen unirse y ser una sola carne. Eso era lo que tenía Dios en mente al crearlos mujer y hombre en el principio. ¿Cuál es pues el anhelo de Dios para el matrimonio? Ser una sola carne, como dijo Jesús. Para eso son los matrimonios y de eso se trata.  Tercero, la advertencia de Dios. Por lo tanto, lo que Dios ha unido no lo separe el hombre. En casa sus discípulos volvieron a preguntarle acerca de esto. El les dijo: –Cualquiera que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella. Y si la mujer se casa con otro, comete adulterio.” Con esto dijimos  que Jesús eleva todo el asunto por encima de la prevaleciente opinión judía del matrimonio. El punto de vista judío, tal y como se reflejaba en la ley, era que la iniciativa siempre la tomaba el marido. Solo el esposo podía divorciarse de su mujer, pero según las palabras de nuestro Señor en este caso, se encuentran en igualdad de condiciones. El hombre puede cometer adulterio contra la mujer y la mujer puede cometer adulterio contra el marido. E indica que el adulterio, la infidelidad sexual, destruyen la obra que Dios ha estado haciendo al hacer del matrimonio una unidad. La frase “lo que Dios ha unido” no se refiere a un enlace matrimonial, se refiere a lo que ha estado sucediendo en el matrimonio.

Sé que cuando escribo esto habrá  un público  numeroso que  han pasado por un divorcio y hasta es posible que se haya producido el adulterio. Mi intención no es la de transmitir un sentido de condenación de nadie, pero sí quiero dejar claro lo que dijo Jesús, que el divorcio es pecado, no hay “es que si” ni otros atenuantes posibles. El divorcio es una violación de la intención con la que Dios estableció el matrimonio. Siempre lo es y siempre conlleva alguna forma de pecado, pero gracias a Dios, a pesar de que eso es lo que dice la ley, la gracia nos dice que el pecado puede ser perdonado. Existe la posibilidad de la restauración, de la sanidad, de que Dios comience de nuevo y que produzca la unidad, o bien con la misma pareja, o haciendo que cada uno de los cónyuges establezca nuevas uniones, después de haber aprendido lecciones que facilitarán la belleza de la relación que tenía Dios en mente.

Pero también quiero dejar muy claro que aunque existe este camino para obtener el perdón y para que se produzca la restauración, debiéramos entender que para que Dios lleve a cabo la restauración es preciso que haya arrepentimiento. He oído a algunos cristianos decir: “Si no le gusta el cónyuge que tiene ahora, divórciese de él o de ella, y vuelva a casarse. Aunque esté mal, Dios le perdonará a usted si se lo pide y podrá usted seguir adelante y disfrutar la nueva unión.” Eso me hace sentirme muy preocupado, primero, porque es tomarse a la ligera lo que ha dicho Dios muy en serio, y segundo, porque no es verdad que las Escrituras enseñen que lo único que tenemos que hacer es pedirle perdón a Dios para que nos perdone. Lo que dicen las Escrituras es que cuando llegamos al punto del arrepentimiento, recibimos el perdón. Arrepentirse quiere decir que entendemos el terrible peligro en que hemos puesto a otras personas, el perjuicio que hemos ocasionado a otros y a nosotros mismos, sintiendo vergüenza por ello y estando dispuestos a ponerle fin y a que no exista mas en nuestras vidas, que le demos la espalda y que caminemos con Dios en su perdón y restauración, teniendo una nueva vida que lleva en una nueva dirección. Eso es el arrepentimiento y solo entonces está el perdón de Dios a nuestro alcance.  Por eso es por lo que Jesús habla con tanta claridad y al mismo tiempo con tanta amabilidad acerca de estos asuntos. Sí, el adulterio acaba con el matrimonio, pero no significa que no se puede producir el perdón y transformarlo en una nueva y refrescante experiencia, en la que Dios pueda comenzar de nuevo a obrar para crear ese milagro de la unidad que deseaba para nosotros. De eso se trata el matrimonio. Es la manera que tiene Dios de unir dos vidas para producir la unidad que se convertirá en un testimonio ante el mundo entero de la gracia y el poder de Dios para cambiar las vidas humanas. El puede enternecer nuestros corazones, quitar la dureza y cambiar a las personas para transformarlas en lo que él quiere que sean. Para eso son los matrimonios. Es la paradoja de dos serán uno.

 

 

 

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