“…en el camino…”


¿Dónde será el mejor lugar para aprender las verdades de Dios? ¿Cuáles son las mejores maneras en las cuáles Jesús puede enseñarnos las más grandes verdades que tiene reservadas? Pues creo que la frase lo resume es cuando andamos “en el camino”.  Eso es lo que aparece en el pasaje de Marcos 8:27. El pasaje tiene tres inquietudes de parte de Cristo con respecto a sus discípulos, y tiene tres cosas que compartirles.

La primera inquietud tiene que ver con perspectiva. (8:27-30). La inquietud tiene que ver con averiguar que tanto les ha influido el pensamiento alrededor con respecto a su percepción de Jesús. Esta búsqueda se enfocaba en que tan correcto era el entendimiento de Jesús. Era un asunto de centralidad. Por eso en la primera parte él les pregunta dos veces. ¿Quién dice la gente que soy? Y luego se dirige a los discípulos para preguntar y ¿ustedes quién dice que soy yo? Lo importante de estas dos preguntas es que sacan a la luz un problema que existía con respecto a Jesús, y esto era confesión.  Cuatro confesiones se levantaban sobre Jesús. Unos creían que era Juan el Bautista, otros creían que era Elías, otro Jeremías (Mateo lo incluye) y finalmente lo asociaron con otro de los profetas. Eso significa que los discípulos conocían la cristología popular de su tiempo.  Sin embargo era simplemente las opiniones o tendencias del momento. Todas ellas se quedaban cortas con respecto a lo que era Jesús. El problema de estas comparaciones es que hacía de Jesús uno más de entre los buenos. Y eso mataba la singularidad y genuinidad de Cristo. La opinión que las multitudes se habían formado de Jesús era buena. Todos ellos lo asociaban con alguno de los grandes hombres de Dios que habían dejado huella en la historia de Israel.

Pero aunque estas opiniones manifestaban mucho respeto por la persona de Jesús, eran incompletas y no lo identificaban correctamente. Según el criterio de la gente, él era uno más de los que anunciaban la venida del Mesías, como lo hicieron los profetas, o Elías, o más recientemente, Juan el Bautista. Pero no habían llegado a comprender el hecho primordial de que él mismo era el Mesías esperado.

Esto es más triste de lo que parece, porque después de meses de ministerio entre ellos, haciendo grandes obras de poder, y enseñándoles de una forma nunca antes conocida por ninguno de ellos, sin embargo, no lograban ver en él más que un buen hombre de Dios.

Pero deberían haber notado la diferencia que había entre su obra y la de todos aquellos hombres con quienes lo estaban comparando. Cuando colocamos a Jesús al lado de alguno de ellos, encontramos diferencias abismales que ellos mismos deberían haber considerado. ¿Quién era Elías en comparación con Jesús? ¿No había dicho Juan el Bautista que él no era digno de desatar encorvado la correa de su calzado (Marcos 1:7)? ¿Por qué insistían ellos en verlos como iguales?

Desgraciadamente, las multitudes se habían atascado en su comprensión de Cristo hacía tiempo, y no lograban ir adelante. Sus opiniones eran las mismas que expresaron meses atrás y que vimos en (Marcos 6:14-15).

Y los tiempos no han cambiado en dos mil años. Todavía hoy la gente sigue lanzando mil hipótesis sobre la identidad de Jesús. Y aunque la mayoría valoran muy positivamente sus enseñanzas, su carácter, y en algunos casos, hasta sus obras milagrosas, sin embargo, Cristo y su Evangelio son tan poco comprendidos hoy como entonces. Ahora bien ¿Los discípulos compartían las mismas opiniones? A Jesús le interesaba no lo que otros pensaban de él sino los que lo seguían de cerca. En ese sentido ese era un seguir de opinión pero el buscaba un seguir de convicción. Por eso la segunda pregunta. Que nos lleva a una quinta confesión. “Tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente”. (Esta respuesta está incluida en Mateo16) Es evidente que los discípulos conocían las variadas opiniones populares acerca de Jesús. Pero había llegado la hora de que revelaran cuánto habían sido influenciados por ellas, y a qué conclusión habían llegado por ellos mismos.

La respuesta no se hizo esperar, y Pedro, con el carácter impulsivo que le caracterizaba, expresó lo que todos ellos pensaban: “Tú eres el Cristo”.

Ellos habían llegado a la conclusión de que él no era otro profeta que anunciaba la venida del Mesías, sino que Jesús mismo era el Mesías. Los largos siglos de espera habían terminado, y ellos habían llegado a comprender que el cumplimiento de todo lo anunciado por los profetas estaba teniendo lugar allí mismo, en medio de ellos.

Este es el eje central sobre el que gira todo el Evangelio: ¡Jesús, el carpintero de Nazaret, era el esperado Hijo de Dios que se había humanado para llevar a cabo la Obra de la redención!

Pero la convicción a la que habían llegado los discípulos, inmediatamente les enfrentaba con el resto de los israelitas que no veían en Jesús nada más que a un gran hombre. Y esta tensión que ellos tuvieron que sufrir por mantener una convicción diferente acerca de Jesús, es la misma que nosotros somos llamados a tener en medio de nuestro mundo moderno. Es tiempo de mantenernos firmes en nuestra fe, a pesar de las influencias negativas a nuestro alrededor. Los discípulos lograron librarse de la levadura de los fariseos y de Herodes, y nosotros debemos de procurar lo mismo.

Así que la primera perspectiva tiene que confesión,  pero la segunda tiene que ver con confusión. (8:31-38) Esta segunda perspectiva buscaba indagar que tan completo era su entendimiento de Jesús. Era un asunto de mentalidad. Aunque el Señor aceptó este reconocimiento, sin embargo, les prohibió que lo hicieran público. ¿Por qué? Porque aunque habían llegado a comprender correctamente que Jesús era el Mesías, sin embargo, todavía no entendían qué tipo de Mesías era y cómo iba a llevar a cabo su obra. Eran como el ciego en el pasaje anterior; ellos también habían empezado a ver, pero su visión todavía no era clara, veían “los hombres como árboles”, y necesitaban un segundo “toque” del Señor para poder ver con total claridad. Así que, mientras no tuvieran una comprensión adecuada del Reino de Dios y la forma en la que se había de establecer en este mundo pecador, no era posible que comenzaran la “gran comisión”.

Por esta razón, a partir de este momento, todos los esfuerzos de Jesús se centraron en hacerles entender que él no era un Mesías político, sino un Mesías que sufre y da su vida por los demás. Sin duda, esto no iba a ser fácil, ya que ellos, como todos los judíos de su tiempo, esperaban un Mesías que vendría con poder y gloria para derrotar a sus enemigos. Por lo tanto, en sus mentes no había cabida para un Mesías derrotado que sufriera a manos de los romanos y muriera en una cruz. Ahora es importante observar que la confusión estriba en que fuente de revelación o autoridad tenemos para realizar la obra de Cristo. Y las dos fuentes se fundamentan en el vrs. 32.  La primera es o lo hacemos como Dios o como el Diablo. Allí Jesús dice que nuestra mentalidad de la obra o se hace pensando en las cosas de Dios o en las cosas de los hombres.  Parecía que los discípulos tenían todavía esa confusión. Los discípulos a estas alturas no entendían el concepto de sufrimiento  y precio a pagar por el seguimiento de Jesús. En el caso de Pedro y su consejo a Jesús sobre no ir a la cruz creo que el problema era más que teológico; un asunto práctico. Jesús había llamado a estos hombres a seguirle, y sabían que lo que iba a pasar a él les pasaría a ellos. Así que si había una cruz en el futuro de Jesús, habría una para ellos en su futuro. Eso sería razón suficiente para no estar de acuerdo con Él! A pesar de su devoción a Él, los discípulos seguían siendo ignorantes de la verdadera relación entre la cruz y la corona. Hay dos mentalidades entonces. Una segunda  es lo relacionado  con la gloria y el sufrimiento. La filosofía de Satanás (gloria sin sufrimiento) en lugar de la filosofía de Dios (el sufrimiento transformado en gloria). Qué tipo de filosofía se acepte determinará cómo se vive y cómo se sirve. Una tercera es la  confusión  entre abnegación y autonegación. Las  autonegación no es lo mismo que la abnegación. Practicamos la abnegación cuando, por un buen propósito, de vez en cuando renunciamos a cosas o actividades. Pero la autonegación es cuando nos entregamos a Cristo y determinamos a obedecer su voluntad. Así que en las demandas del seguimiento de Cristo en Marcos 8 no es un llamado a la abnegación sino a la autonegación. Una cuarta cosa tiene que ver entre gastar la vida o invertir la vida. El discipulado es una cuestión de pérdidas y ganancias, es un asunto de si vamos a perder nuestras vidas o invertir nuestras vidas. ¿Hay alguna recompensa para la persona que es un verdadero discípulo? Sí, hay: se vuelve más como Jesucristo y uno comparte un día en su gloria. Note que Satanás le promete gloria, pero al final, recibe sufrimiento. Por otro lado Dios promete sufrimiento, pero al final, recibe gloria.

Así que la primera perspectiva tiene que confesión,  pero la segunda tiene que ver con confusión, y la tercera tiene que ver con confirmación. (9:1-8) Esta tercera perspectiva busca indagar que tan consagrado era su entendimiento de Cristo. Era un asunto de espiritualidad.  En esta porción del pasaje se establece el orden de lo que conlleva la gloria y el honor. El mensaje es claro, primero el sufrimiento y luego la gloria. La expresión importante dentro de este grupo de versículos tiene que ver con la expresión “transfiguró”. La palabra transfigurar  describe un cambio en el exterior que viene desde el interior. Es lo opuesto de  una representación o mascarada, que se enfoca en un cambio externo que no viene desde adentro. En realidad lo que ocurrió es que Jesús permitió que su gloria  irradiara a través de todo su ser, y la cima de la montaña se convirtió en un manifestación del ¡Santo de los Santos!  Y eso es la espiritualidad que nace de adentro y que permite a Cristo irradiar su gloria alrededor y dentro de nosotros. Es importante entender que está espiritualidad se basa en la gloria y fidelidad de Cristo. Observe que Moisés y Elías aparecen como muestra de espiritualidad, pero la espiritualidad de Cristo es central y superior a la de ellos. Y están superior que el Padre la respalda, dándole toda la autoridad.  El Padre dice: “Este es mi Hijo Amado. “¡Escúchenlo!

Unida a la perspectiva de la confesión, la confusión, la confirmación está la corrección. (9:11-13). Esta cuarta perspectiva busca indagar que tan concreto era su entendimiento de Jesucristo. Esto era un asunto de actualidad.    En el pasaje uno puede observar que los discípulos tenían una confusión con respecto a lo que habían recibido de parte de Dios. Esto tenía que ver con la profecía de Elías. Es obvio que habían quedado impactados por la visión que acaban de tener en el monte con respecto a Elías. Los discípulos entendieron ahora mejor el plan de Dios pero estaban confundidos todavía  acerca de la venida de Elías y su preparación del camino para el Mesías. Sabían de  las profecías de Malaquías 3: 1 y 4: 5-6, y también que  sus maestros  esperaban  que estas profecías  debían  cumplirse antes de que el Mesías apareciera (Juan 1:21). Así que la pregunta que estaba en el aire era ¿si había llegado ya Elías y ellos se habían perdido esa llegada, o era aún por venir? Tal vez la aparición de Elías en el monte era el cumplimiento de la profecía. Jesús puso en perspectiva  dos hechos claros. En primer lugar, para los que  habían confiado en él, este “Elías” fue Juan el Bautista, porque Juan había preparado de hecho el camino delante de él. El mismo Juan había negado que él era Elías  (Juan 1:21, 25), sin embargo él se movía en el “espíritu y el poder de Elías.” (Lucas 1: 16-17). En segundo lugar,  habría ser de haber  futura venida de Elías, tal como  Malaquías lo había predicho (Mat. 17:11), antes de que el tiempo de gran tribulación llegara. Algunos estudiantes se conectan con esta Apocalipsis 11: 2-12. Sin embargo muchos concuerdan con que en los tiempos finales la iglesia desarrollará un  ministerio al estilo de Elías para preparar a la gente para la segunda venida de Cristo. Sea lo que sea, es obvio que Jesús tenía bien claro cómo se desarrollaba el plan de Dios y que a pesar de haber cosas que no entendemos, él tiene control total de toda la historia del mundo.

Así que en “el camino” aprendemos perspectiva. Jesús quiere revelar el secreto que enseña que el sufrimiento conduce a la gloria. Ese principio se establece en cuatro perspectivas. La primera es un asunto de confesión. Es decir que tan correcto es el entendimiento de Jesús. Es un asunto de centralidad. La segunda perspectiva es un asunto de confusión. Es decir que tan completo es el entendimiento de Jesús. Es un asunto de mentalidad. La tercera perspectiva es confirmación.  Es decir que tan consagrado su entendimiento de Jesús. Es un asunto de espiritualidad. Y finalmente la cuarta perspectiva es corrección. Es decir que tan concreto es su entendimiento de Jesús. Es un asunto de actualidad.

Hoy tenemos un gran reto de aprender en el camino. En una búsqueda apasionada de Jesús, en la cotidianidad y la sencillez. Somos caminantes en esta vida y Jesús nos acompaña en el caminar mostrando sus más grandes verdades.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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