“…Cuénteselo a Jesús y no al FB…”


confesionario

Estaba leyendo  Marcos 6: 30 en donde dice: “…Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús, y le contaron  todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado…”

Es común  en nuestra práctica evangélica la idea de compartir con otros lo que hemos hecho para el Señor o lo que el Señor ha hecho por nosotros. A eso lo llamamos “dar testimonio” o en sus implicaciones metafóricas “ser sal o luz” en este mundo. Deseamos por medio de esta práctica, que nuestro Señor se glorifique, o por lo menos esa es la intención, y la gente conozca a Dios. Añada hoy que los evangélicos ya llegamos a las redes sociales, y se han convertido en el púlpito donde desplegamos todos nuestros logros. Es notorio la cantidad de noticias, hechos, logros, videos, ministerios que son puestos en evidencia en FB por ejemplo. Muchos hermanos y hermanas postean  miles de fotos, noticias, eventos para demostrarnos lo mucho que están haciendo por Dios, dónde los ha llevado Dios, la gente que alcanzaron, etc. Pienso que la mayoría  lo hacen con buena intención y con una motivación correcta, sin embargo se corre mucho peligro con esta práctica. Un buen porcentaje  no se da cuenta cuando han cruzado la línea de la vanagloria personal a costa de la gloria de Dios.  Y es que parece ser que una de las obsesiones de los evangélicos es el deseo de querer ser notorios y conocidos. Por eso los medios de la pantalla tanto chica como grande son requeridos más y más por los pastores, y otro tipo de líderes. En lo particular le tengo bastante fobia a la televisión, quizás estimo más la radio que la televisión. Por un lado tengo esta fobia porque la biblia dice que la fe es por el oír…eso significa que el canal de mejor claridad es la voz. Y eso parece lógico porque si no te conocen, y lo único que tienen es tu voz no interrumpes la imagen de Dios. Y esa es la segunda razón, los medios visibles corrompen más rápido de lo que crees. Fácilmente te conviertes en un personaje famoso y una estrella y olvidas que la máxima estrella es Jesús.

Volviendo al texto me di cuenta que los apóstoles venían de una gira ministerial extraordinaria y tenían muchas cosas que contar. Sin embargo lo único que hacen es contar las experiencia pero sólo a Jesús. ¿Por qué hacen esto? ¿No necesitaban a esta hora la publicidad de sus logros? ¿No hubiera sido beneficioso para el ministerio de Jesús que conocieran los resultados y logros de los apóstoles? Desde la perspectiva actual, creo que sí.  ¿Por qué es más importante contarle a Jesús lo que hacemos y lo que somos más que a la gente? Bueno el pasaje parece indicar tres razones básicas. Primero, somos instrumentos.  Observe que el texto dice “los apóstoles.” Esta expresión indudablemente debe recordarnos que somos simplemente enviados. En este primer contexto la expresión apóstoles era un calificativo y no tanto un sustantivo.  Es decir, es una función que se describe y se realiza  y no un título que se otorga.  A diferencia de hoy que el término “apóstol” se ha convertido en un título y una posición, ser apóstol según este pasaje era una actividad.  Segundo, somos elementos.  “…Se juntaron…”Me parece muy puntual que sepamos que eran varios apóstoles y que estaban “juntos”, se veían elementos de un conjunto.  Nadie pidió una cita personal con Jesús para mostrarse y ganar puntos. No había héroes, no había competencia, simplemente un equipo de hombres llamados a servir a Dios. Muchas veces el testimonio que hacemos o decimos en el fondo lleva el hecho de hacer ver a otros lo superiores que somos, lo mucho que Dios nos usa, la pasión que tenemos sobre otros. Tercero, somos entrenamiento.  La vida cristiana es una serie de batallas y guerras que a veces ganamos y otras veces perdemos. No hemos logrado nada hasta que estemos ante nuestro Señor al final de la vida. Así que mientras vamos en el peregrinaje debemos tener mayor contacto con el Capitán que con lo que hacemos. Para mantenernos efectivos debemos desarrollar tres habilidades en nuestro entrenamiento. Primero intimidad.  Dice que “se juntaron con Jesús”. Y es que no debemos olvidar que lo que nos hace seguros y con influencia no es lo que hacemos sino lo que hacemos. Hay personas que confunden influencia con visibilidad. Es decir mientras más me veo más influencia tengo. No necesariamente. Es más a veces la mayor influencia viene de la poca visibilidad de uno, porque eso hace que Jesús sea más visible. Me encanta pensar que lo que ellos deseaban era saber qué opinaba Jesús de lo que habían hecho y dicho. La intimidad jamás no nos hace olvidar quién es nuestra audiencia.  Segundo, integridad. Me encanta el hecho de observar que el texto dice: “…le contaron todo…” La expresión “le contaron” es la palabra “appangelo” Esta expresión es un verbo aoristo que implica un reporte completo. El uso de “apo” implica dirección lo que demuestra que ellos le contaron a Jesús lo que habían hecho y dicho desde que salieron de su presencia hasta que llegaron a encontrarse nuevamente con él. Contar lo que hemos hecho más como una experiencia devocional que profesional es importante, porque a él no lo podemos impresionar, ni engañar ni alterar nuestros testimonios.  La integridad no nos hace olvidar a quien le rendimos cuenta.  En tercer lugar  el entrenamiento no sólo lleva intimidad, integridad sino que también integralidad. Hay dos dimensiones que muestran la integralidad de los apóstoles. La primera tiene que ver con el hacer. Es decir, sus actos, las obras y los hechos. Había una orto praxis (¡ah palabrita que me saqué¡) Es decir habían practicado bien el evangelio, pero en segundo lugar también una buena ortodoxia (aquí va de nuevo…) es decir una correcta enseñanza de las buenas nuevas. Ellos estaban dispuesto a que Jesús evaluara cualquier tipo de error. Ahora bien, será que no debemos decir lo que está pasando en nuestras vidas. Bueno creo que la respuesta es ¡sí y no¡ Pienso que hay tres preguntas  prácticas que se desprenden del texto que nos ayudarían.

Primero, ¿En quién pienso primero para contar lo que he estado haciendo? Si no es Jesús  entonces tengo el peligro de vanagloriarme. Esta pregunta evalúa mis emociones. ¿Es decir estoy emocionado porque hice algo o porque lo hice para Alguien?

Segundo, ¿Por qué quiero decir  inmediatamente lo que estado haciendo? Si lo quiero hacer para sepan lo “activo y espiritual” que soy con las cosas de Dios puedo acercarme a autopromoción y no la del reino. Esta pregunta evalúa mis acciones.  ¿Es decir lo que hago abona para el Reino de Dios o para mi propio reino?

 Tercero, ¿Por qué quiero que la gente sepa lo que estoy haciendo? ¿Si lo que comparto es para que tenga impacto en la gente, lo podría logra de otra forma? ¿Es decir quién impacta a la gente los hechos que cuento o la obra de Dios independientemente de mis hechos? Esto evalúa mis convicciones.  ¿Es decir impacto a la gente porque promuevo lo que hago o se impacta a la gente por lo que Dios hace sin promoción?

Creo que hoy tenemos un buen reto para impactar al mundo, pero difícilmente será por medio de lo visible y la publicidad que le demos a nuestros hechos y ministerios, ya que Dios se mueve en lo sencillo, callado y poderoso

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