“…Bailando sin música…”


Piense en esta idea por un momento. Imagine que  quiere aprender a bailar. Así que tomando en cuenta lo juicioso y racional que es,  va a una librería y compra un libro para aprender a bailar. Al fin y al cabo, si un libro le ayuda a programar una computadora, a llevar sus ejercicios contables, sin duda le ayudará a mover los pies. Lleva el libro a casa y empieza a trabajar. Hace todo lo que dice que haga. El libro dice inclinarse, se inclina. El libro dice mover los pies, y usted  los mueve. El libro dice girar, usted da una vuelta. Incluso puede cortar en papel moldes de sus pies y ponerlos por toda la sala, para así saber por dónde ir. Por último, cree que ya ha aprendido e invita a la familia  a venir a observarlo. Mantiene el libro abierto y empieza a seguir las instrucciones paso a paso. Puede leer las palabras en voz alta y así ellos van a saber que está haciendo su trabajo de bailarín. «Incline su hombro derecho», y lo inclina. «Ahora de un paso con el pie derecho», y da el paso. «Vuélvase lentamente hacia la izquierda», y se vuelve. Continúa leyendo y bailando, leyendo y bailando, hasta que la lección finaliza. Cae exhausto en el sofá, mira a la familia  y proclama: — ¡Lo hice perfectamente!—Lo hiciste perfectamente, sí, muy bien—le dicen ellos, suspirando—. Pero luego le gritan ¡Lo asesinaste! Y usted dice — ¿Qué? — ¿De qué están hablando? Olvidaste la parte más importante. ¿El qué? Preguntas muy alarmado. ¿Dónde está la música? — ¿La música? No se te había ocurrido pensar en la música. Estabas tan absorto en seguir las instrucciones del libro que se te olvidó la música. Siempre pensabas en el libro. Te aprendiste las reglas. Pusiste las marcas de tus pies en el piso. Pero olvidaste la música.

Ahora tu familia te dice — ¡Hazlo de nuevo!—, esta vez poniendo una preciosa canción. Luego te dicen no te preocupes por los pasos, sólo sigue la música. Tú extiende los brazos a tu esposa  y la música comienza. La próxima cosa que hará es bailar y con el libro.

Creo que muchos  cristianos somos así: bailamos sin música. Es decir tenemos la tendencia de seguir el libro mientras olvidamos la música. Dominamos la doctrina, bosquejamos los capítulos, memorizamos las dispensaciones, discutimos las leyes y, rígidamente, recorremos la sala de baile de la vida sin música en nuestros corazones. Medimos cada paso, calibramos cada vuelta y caemos cada noche a la cama exhaustos de otro día de baile guiados por el libro.

Y la verdad es que bailar sin música es cosa pesada. Gracias a Dios que Jesús  sabía esto. Por tal motivo, la noche antes de su muerte presentó a los discípulos al compositor de música de la Trinidad, el Espíritu Santo. Escuche lo que la Palabra de Dios dice:

“Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros;  más si me fuere, os lo enviaré. Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:7–8, RV—1960).

 La versión “The Voice” traduce este texto de la siguiente forma:

“Pero la verdad es que mi partida será un regalo que le servirá bien, porque si no me voy, El Amigo no vendría en su ayuda. Cuando me voy, os lo enviaré”. (Juan 16:7)

Es importante notar que Jesús está diciendo que era mejor para El salir y así dejarle espacio al Espíritu Santo. Eso significa que la presencia del Espíritu Santo es tan importante para tener la  stamina o vigor espiritual. En ese sentido la música de nuestra alma procede de nuestro amigo el Espíritu Santo.

¿Por qué razón muchas veces perdemos la esencia de la vida cristiana? ¿Por qué perdemos la música de vivir en armonía con el gozo y la presencia del Espíritu Santo? Simplemente porque no hemos entendido la dimensión de la presencia del Espíritu Santo en nosotros. Por ejemplo, si nos pidieran que describiéramos a nuestro Padre celestial, daríamos una respuesta, si nos pidieran que dijéramos qué hizo Jesús por nosotros, igualmente daríamos una respuesta convincente. ¿Pero si nos preguntaran sobre el papel del Espíritu Santo en nuestra vida…? Quizás miraríamos al suelo. Aclararíamos la garganta. Y pronto se haría evidente que de las tres personas de la Deidad, el Espíritu Santo es el que menos conocemos.

Observe como si Jesús tiene en mente la gran importancia del Espíritu Santo en la vida de los discípulos.  Para que recobremos la música en nuestro caminar es necesario entonces desarrollar ciertas ideas que se desprenden de este pasaje.

Debemos acercarnos para  observar las realidades  del Espíritu Santo.  En el pasaje Jesús ha notado que la noticia de su partida ha entristecido a los discípulos. Es como si ellos se sintieran que van a perder la esencia de su vida: Jesús. Y de hecho así va hacer. Pero Jesús demuestra que a pesar de que él ha sido su Consolador hasta ahora, enviará a otro con la misma calidad y ministerio que el de Él.

La primera realidad  se desprende de la expresión: “os digo”. Y esta es realidad y verdad.    El Espíritu Santo está relacionado con al  veracidad. Jesucristo establece que la persona del Espíritu Santo está vinculada con la verdad. En el texto original, Jesús usa el pronombre enfático “Yo mismo os digo la verdad”. La expresión “verdad” tiene que ver con algo real, existente, y no solamente un concepto. El Espíritu es real porque es verdadero.

La segunda realidad se desprende de la expresión: “os conviene”.  Esto es habilidad  y ventaja. El Espíritu Santo está relaciona con utilidad. La expresión que aparece en este texto para “conviene” es la expresión “symphero” esta palabra habla de conferir un beneficio, de ser rentable, ser ventajoso.  Para Jesús el poder vivir ahora una vida en el Espíritu Santo sería de gran ventaja y utilidad para todo el mundo. Ya que la era del Espíritu Santo sería global y mundial en contraste de la presencia de Jesús que era focalizada y local. Para Jesús su partida era de mayor utilidad para la presencia del Espíritu Santo. Ahora observe que el texto usa la palabra “paracletos”, y la RV60 la traduce como “Consolador”. En las discusiones tradicionales de la palabra griega se usa mucho el hecho de que un consolador es alguien que está a la par de uno. Sin embargo esta expresión “consolador” se queda bastante corta para todo lo que la palabra “paracleto” significa. Muchos la usaban para determinar a un abogado. De hecho Jesús la utiliza para él en 1 de Juan. También la expresión tenía la idea del mejor amigo de alguien. Aquel que lo acompañaba en los momentos difíciles.  En ese sentido el Espíritu Santo tiene tres grandes utilidades desde la perspectiva de este pasaje. Primero es útil como compañero, es útil como consejero y finalmente es útil como

La tercera realidad se desprende de la expresión “os lo enviaré”. Esto es identidad y visión. El Espíritu Santo está relacionado con disponibilidad. Si uno observa, hay una relación muy interesante entre Jesús y el Espíritu Santo. Primero está supeditado a la orden de Jesús, ya que él  dice que él lo va “enviar”. El Espíritu Santo tiene un corazón misionero. Su disponibilidad es ante la acción de Jesús. Pero también está disponible porque vendrá a morar en seres imperfectos a los que tendrá que ayudar. Es importante observar que el no sólo está disponible a obedecer, o a acceder, sino que también está disponible para ayudar a vencer.  Entonces la disponibilidad del Espíritu Santo tiene que ver con obedecer, acceder y vencer. Estas tres características deberían ser vistas en cada creyente que imita  la identidad  del Espíritu Santo. De allí que una persona que vive esta dimensión del Espíritu Santo es una persona con visión espiritual.

La cuarta realidad se desprende de la expresión “convencerá.” Esto es actividad y victoria. El Espíritu Santo está relacionado con efectividad.  Quizás el error más común respecto al Espíritu es percibirlo como un poder y no como una persona, como una fuerza que no tiene identidad. Tal cosa no es verdad. El Espíritu Santo es una persona. El Espíritu Santo no es «algo». Es una persona. Tiene conocimiento (1 Corintios 2:11). Tiene una voluntad (1 Corintios 12:11). Tiene una mente (Romanos 8:27). Tiene sentimientos                (Romanos 15:30). Usted puede mentirle (Hechos 5:3–4). Puede insultarlo (Hebreos 10:29). Puede entristecerlo (Efesios 4:30). El Espíritu Santo no es una fuerza impersonal. No es las espinacas de Popeye, ni la poderosa ola del que se desliza sobre ella. Es Dios en ti para ayudarte. Con razón Juan se refiere a Él como el Consolador. Imagínate a un padre ayudando a su hijo a montar bicicleta y tendrás una visión parcial del Espíritu Santo. El padre se mantiene junto a su hijo. Empuja la bicicleta y la sostiene si el niño empieza a caerse. El Espíritu hace eso mismo con nosotros; nos sostiene y fortalece nuestro paso. A diferencia del padre, sin embargo, Él nunca nos deja. Está con nosotros hasta el final de los tiempos. ¿Qué hace el Espíritu?  Cuál son las áreas en las que Él es efectivo. Primero según este pasaje. Consuela a los salvados. «Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros, más si me fuere, os lo enviaré» (Juan 16:7, RV—60). Pero también el Convence a los perdidos. «Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio» (Juan 16:8, RV—60). Pero finalmente  él Comunica la  verdad. «Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda la verdad» (Juan 16:12, RV—60).

Un poco de aplicación a esto

¿Dice Juan que no necesitamos el libro para bailar? Por supuesto que no; él ayudó a escribirlo. Emoción sin conocimiento es tan peligrosa como conocimiento sin emoción. Dios procura un equilibrio. «Dios es Espíritu, y los que le adoran deben hacerlo conforme al Espíritu de Dios y a la verdad» (Juan 4:24). Lo esencial es que sepas que la música está en ti. «Si Cristo vive en vosotros, el espíritu vive porque Dios os ha librado de culpa» (Romanos 8:10). No necesitamos una fórmula para oírlo. Yo no tengo un plan de cuatro pasos para ayudarte a conocerlo. Todo lo que tengo es la promesa de que el Consolador vendría a consolar, a convencer y a comunicar. Así es que piensa en esto: ¿Te han consolado alguna vez? ¿Alguna vez Dios te ha dado su paz cuando el mundo te dio su dolor? Si es así, has oído la música. ¿Te han convencido alguna vez? ¿Has sentido en algún momento una estocada de tristeza por tus acciones? Entonces, el Espíritu Santo te ha tocado. ¿O has entendido alguna vez una nueva verdad? ¿O has visto de manera diferente un viejo principio? La luz llega. Tus ojos se abren. « ¡Ajá! ¡Ahora entiendo!» ¿Te ha pasado eso alguna vez? Si es así, ese fue el Espíritu Santo comunicándote una nueva verdad. ¿Qué tal? Él ya ha venido obrando en tu vida. Y dicho sea de paso, para los que hemos pasado años tratando de hacer el trabajo de Dios, esta es una gran noticia. Es mucho más fácil izar la vela que remar. Y es muchísimo más fácil hacer que la gente se una al baile cuando Dios toca la música.

Anuncios

Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s