…Líderes peligrosos…


“No hay cosa que más disfrute el soldado romano que ver a su oficial de mando comer abiertamente el mismo pan que él, o tenderse sobre un sencillo lecho de paja, o erigir una empalizada. Lo que admiran de un jefe es su disposición para compartir el peligro y las dificultades, más que la habilidad para conseguir honor y riqueza, y sienten más aprecio por los oficiales que son capaces de hacer esfuerzos junto a ellos que los que les permiten pasarlo bien”. Plutarco. Historiador romano

En nuestro medio latinoamericano, estamos carentes de modelos de liderazgo que ayuden a la gente a progresar. Y es que estamos plagados no sólo de liderazgos ineficaces sino corruptos. ¿Qué distingue un buen líder de un mal líder? En la biblia hay una parábola que responde a esa pregunta. En ella se refiere  a que Jotam era el digno para reinar, alguien que podía representar bien a su padre Gedeón, pero los de Siquem se identificaron con Abimelec, porque lo vieron como uno de ellos, por lo que se reunieron en una llanura para confirmarlo en el reino. Al oír sobre esto, Jotam se puso en la cumbre del monte de Gerizim, para advertirles a ellos que su elección no era buena. Más, ¿cómo podría Jotam hacerle entender al pueblo que uno de entre ellos no era digno? Solamente ilustrándoles, por medio a una parábola, podrían ellos pensar que habían elegido a un asesino, a un hombre que no le importó matar a sus propios hermanos con tal de reinar. Ese es el contexto histórico, de esta ingeniosa parábola que les dijo Jotam a Israel, de la cual obtendremos una gran enseñanza; leámosla en (Jueces 9:8-15).

Me ha llamado bastante la atención esta narración. De hecho esta es la tercera vez en esta semana que me encuentro con esta parábola del AT. En la parábola los árboles atraen al olivo, higuera, y la vid con una invitación de estar en la sala del trono, ellos dicen: Reina sobre nosotros. Sin embargo uno a uno rechaza la oferta. ¿Porque semejante decisión?

Primero veamos las dimensiones del relato. Esta parábola nos habla de los tres árboles más importantes de la tierra prometida: el olivo, la vid y la higuera. Estos árboles no solamente eran una bendición para Israel, sino que constituían su base económica. Recordemos las palabras que usó Habacuc para mostrar su confianza incondicional en Jehová: “Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación” (Habacuc 3:17-18). Habacuc menciona los tres árboles de la parábola, porque eran los tres más importantes de Israel, pues no solamente nutrían a la gente en alimento, sino que les servían como negocio con otras naciones.

Segundo veamos las argumentaciones del relato. En la parábola las argumentaciones que cada uno da son interesantes. Por ejemplo el olivo quiere seguir dando aceite, las higueras quieren seguir dando higos,  y la vid quiere mantener las uvas que produce. En síntesis todos se niegan a pagar el precio de una  promoción. Estas plantas se enorgullecen de sus propósitos. ¿Por qué abandonar la fecundidad? Sin embargo en la parábola al final, sólo el espino acepta la oferta. Tenga cuidado, la historia da instrucciones. En un deseo de ser grande uno podría dejar de hacer algo bueno. No todos los maestros están equipados para ser un director. No todo carpintero tiene la habilidad para dirigir un equipo. No todo el músico debe dirigir una orquesta. Promociones podrían ascender a una persona a la derecha de su punto dulce. Para el amor más, podríamos perder nuestro propósito. Si los árboles ofrecen imagen que no tiene que tomarlo. Y sólo porque un rey da a su armadura, que no tiene que usarlo.

Tercero veamos las implicaciones del relato.

Primero un asunto de sentido. Ahora, cuando fueron a proponerle al olivo que reine, él respondió con una pregunta: “¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?” (Jueces 9: 9). El olivo dijo: «Dios no me llamó a mí a ser grande, ni a reinar, Dios me llamó a servir. Él no me creó para ser grande, por consiguiente, la grandeza no es el propósito de Dios conmigo. En el plan de mi Creador con mi vida no incluye que yo reine o me enseñoree de los demás árboles. Dios, en su designio, me diseñó de acuerdo a su elección para que de mí se sustrajese un producto llamado aceite, el cual bendice a los hombres y honra a Dios. Yo para eso he nacido y para eso he venido al mundo, no a reinar, sino a servir. La razón de mi existencia es servir con lo que Dios me ha dado, con lo que yo soy».

Segundo un asunto de alcance.

El olivo de nuestro relato estaba claro de su propósito y función. Él dijo, en otras palabras: «La razón de mi vida es vivir para aquello que Dios me creó, y ser de bendición de acuerdo a mi capacidad ungida, y a lo que Dios me ha dado. Soy olivo, produzco aceite, si hago otra cosa, dejo de ser quien soy». Con el aceite se ungía a los reyes y a los profetas, ¡qué uso más excelso!

  Tercero un asunto de influencia

El ministerio de la higuera es dar dulzura, pues no hay un fruto más dulce que el higo, es delicioso. Así hay ministerios de dulzura, gente llamada, cuya unción es endulzar, dar aliento y esperanza al débil y al la honra del ministerio que esté pasando por diversas pruebas. Sería justo que teniendo alguien un don como ese, deje de ministrarlo a las vidas, para irse a reinar y hacerse grande? Nota que los tres árboles dijeron: « ¿he de dejar?». Así también esa persona debiera decir: «No, yo no voy a dejar lo mío, lo que Dios me encomendó, para hacer lo que Él no me ha mandado a hacer. Si Dios me ha dado un ministerio de dulzura, para dulcificar la vida de los amargados, y atenuar la aflicción de los tristes y abatidos de su pueblo, si lo dejo, los privo de la bendición y desecho mi utilidad»

 Ahora bien volviendo en nuestra parábola, vemos que los árboles, ante la negativa de la higuera acudieron entonces a la vid, y le dijeron: “Pues ven tú, reina sobre nosotros”, pero ella les respondió: “¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?” (Jueces 9: 12,13). La vid produce uvas de donde hacen el vino.

Nuestro llamado no es reinar, sino servir. Como una confirmación del uno al otro, los tres árboles más importantes dijeron: « ¿he de dejar?», lo que significa que tenían algo, que habían recibido algo y podían dar. Ellos prefirieron servir antes que reinar. Pero, a cuántos les apela más ser grandes que servir, ocupar una posición y estar en autoridad sobre los demás que ser usado por Dios, en humildad y sencillez. La palabra “dejar” implica que si decido reinar y ser grande, entonces debo renunciar a mi oficio o propósito. Por lo cual, aprendo que no se puede aspirar a ser grande y reinar, sin poner en riesgo lo que fuimos llamados a hacer que es honrar a Dios y dar el fruto que bendice a los hombres. Cuando tú dejas de ser lo que eres, de dar lo que recibiste de Dios, para ser grande entre los hombres, estás poniendo en riesgo el propósito divino en tu vida. Incluso, en el reino de los cielos el que quiera hacerse grande entre nosotros será nuestro servidor, y el que quiera ser el primero será nuestro siervo, dijo el Señor (Mateo 20:26-27). Entiendo, entonces, que el que sirve es el grande. La grandeza en el cielo no es una posición, sino una aprobación: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21).

En cuarto lugar uno debe ver las recomendaciones del relato.

Evalúe sus motivaciones

Indudablemente que los árboles tenían tremendo problema. Ellos querían rey, pero los tres árboles principales, que tenían mucho que dar, no quisieron reinar. Por lo cual, no les quedó otra opción que ir a la zarza y decirle: “Anda tú, reina sobre nosotros” (Jueces 9:14). Me imagino lo contenta que se puso ella, pues seguramente pensó: « ¡Al fin se han dado cuenta quien soy! ¡Todos los árboles por unanimidad me han elegido, me quieren como rey!». Así que en seguida ella respondió: “Si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, abrigaos bajo de mi sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano” (v. 15). ¿Has visto alguna vez una zarza? Es un arbusto pequeño y espinoso, cuyas ramas son como aguijones. Prácticamente es una maleza del desierto, que absorbe el agua y daña el terreno y le quita el lugar a otros árboles que sí son productivos. Me llama la atención que los tres árboles que tenían qué dar, dijeron: Dejar?» y en cambio la zarza, que no tenía nada, quería reinar (Jueces 9:15). La zarza no tenía algo con que agradar a Dios y bendecir a los hombres, y ahí se mide su espíritu. El que tiene mucha unción dice: «Yo no voy a renunciar a mi unción para ser grande. A mí no me apela la grandeza, a mí me apela vivir el propósito de mi llamamiento». ¿No fue eso lo que dijeron los tres primeros árboles? Sin embargo, la zarza y los que son como ella, reinar es precisamente lo que andan buscando. Más, ¿sabes lo que me dice el Espíritu Santo? Que en la zarza se revela un espíritu que hay en la iglesia, el cual no tiene nada que dar y sin embargo quiere reinar. Ese mismo espíritu, también se encuentra en el hombre, un espíritu de grandeza, de posición, que procura enseñorearse de los demás. Por causa de la ambición de reinar y enseñorearse de los demás se pierde el interés en ser lo que Dios nos mandó.

Evalúe sus acciones

Autoritarismo

Nota que la primera palabra que la zarza dijo fue “venid” (Jueces 9:15), o sea, dio una orden, un llamado imperativo. Pero ¿que vengan a dónde?  A abrigarse bajo su sombra, ¡qué arrogancia, qué cinismo! En otras palabras: «Si en verdad ustedes me quieren como rey, sométanse a mí, y mi primera orden es venir y ponerse debajo mío». Cuidado con el espíritu de la zarza, porque no es según el Espíritu de Cristo, pues Él no se hizo rey para hacernos vasallos, sino para que reinemos con Él (Apocalipsis 20:6). Ese espíritu de la zarza lo conocí en la religión, en aquellos que dicen: «Si me eligieron a mí, sométanse a mí; yo soy el que estoy aquí en autoridad y a mí hay que obedecerme. ¡Qué espíritu! Todavía no la habían elegido bien, sólo era una propuesta y ya la zarza estaba dando órdenes. La zarza ofrecía abrigo y sombra, pero no tenía ninguna de las dos cosas. Imagínate que vas caminando bajo un sol abrasador y vas a cobijarte debajo de una zarza,  que sombra te va dar si sus hojas son arqueadas y divididas, y para colmo hincan! Creo que más que recibir un alivio, saldrías bien lastimado. De hecho, en la Biblia la palabra zarza tiene el mismo significado que espinos y abrojos, y me pregunto, ¿cómo podria ofrecer cobertura un arbusto tan pequeñito y sarmentoso? Y pensar que eso es lo que esta pasando en la actualidad, gente con la arrogancia de erigirse como “cobertura” de la gente, lo peor es que quieren dar cobertura sin tenerla. Los líderes, pastores, etc. dicen como la zarza: “Metete bajo mi cobertura, cobíjate bajo mi autoridad; seamos socios.” Ellos andan buscando iglesias para meterlas debajo de su sombrilla ministerial y dicen a los creyentes: “Si tu quieres ser parte de esto, envíame los diezmos de tu iglesia y te pongo bajo mi cobertura ministerial.”¡Santo Dios! Una zarza tirando manto. Habría que llamarlos quizás “el manto de Drácula”, pues así como ese personaje siniestro, estos hombres te envuelven con su manto y después !yack! te dan el mordisco. La zarza tiene espinas y Drácula tiene tremendos colmillos para succionar sangre. Es notable que tanto el olivo, la higuera, como la vid te bendigan, pero la zarza te lastima. Abre tus ojos y tus oídos, porque aquí hay una muy grande enseñanza. Cuando una persona esta llena de orgullo, arrogancia y autosuficiencia, cree que puede dar algo, pero no tiene nada, porque el orgullo la incapacita para ver su deficiencia.

Sectarismo

La zarza también quería reinar a la fuerza. Ella dijo: “… y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano” (Jueces 9:15). En otras palabras: “Si no me ponen de rey, aquí se acabara el reinado; reino yo o nadie”. Increíble, como hablaba la zarcita, siendo tan pequeñita. Apenas le estaban ofreciendo reinar y ya estaba mandando y amenazando.

Ya para finalizar creo que la parábola tiene dos mensajes claramente delineados en su trama. El autoritarismo es en esencia cuando la gente  mediocre necesita puestos de poder para hacerse validar. Por eso vemos que cuando una persona asume el mando en alguna compañía o en el gobierno, cambia radicalmente. Se convierte en autoritario, se alía con la administración, no se solidariza con los compañeros. Generalmente actúa de manera hipócrita, y les dice a sus compañeros que lo que él o ella hacen no se puede explicar porque sea de la administración, sino porque lo ejecuta para mejorar el lugar de trabajo o el país. Dice asimismo que la vida privada de sus compañeros de trabajo no le importa, pero los fiscaliza, los espía y los chantajea cuando ve que no se amoldan a su forma de trabajar. Justifica todas sus acciones con la administración.

Éste es el cuadro que tenemos en nuestra vida diaria en nuestros trabajos y en nuestros países. Personas que no valen nada en los puestos de poder. Abimelec dio esas muestras cuando destruyó la ciudad de Siquem (9:45), quemó la “torre de Siquem” (9:46-49) y cuando finalmente lo mataron en Tebes (9:53-54). Muchas veces vemos que profesores o profesoras deciden ser decanos o decanas para deshacerse de compañeros que no le caen bien, o para gozar de prestigio y poder, no para ayudar a la universidad o a la escuela. Los dictadores suben al poder por golpes de estado, y luego desaparecen a sus contrincantes y a sus seguidores.

Segundo el sectarismo  olvida la vocación. Rechaza a  las personas más confiables para los puestos de autoridad y que son aquellas fieles a su vocación. Un maestro o maestra es eso primero que nada. La administración hay que dejarla a los administradores. Siempre miremos a quién proponemos para administrar nuestras vidas, ya sea en el trabajo o en el país. No nos podemos quejar si dejamos que esos malos administradores, como los de la parábola, rijan en el mundo y nos quiten la poca posibilidad que tenemos de vivir en paz de una vez para siempre.

 

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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