¿Cómo está tu bosque?


bosqueEn Costa Rica conocí a alguien que sabe sobre árboles. Se gana la vida por medio de ellos. Heredó un bosque en una bella parte de San José y  que ha pertenecido a su familia durante dos siglos. Es  interesante que los árboles que cosecha los plantó su bisabuelo hace ciento ochenta años. Y también los árboles que planta no estarán listos para comerciar hasta que nazcan sus bisnietos. En realidad él es parte de una cadena. «Cada generación debe tomar una decisión», me dijo. «Pueden hacer pillaje o plantar. Pueden violar la tierra y hacerse ricos, o pueden cuidarla, cosechar sólo lo que les pertenece y dejarle una inversión a sus hijos». Este hombre  cosecha semillas sembradas por hombres que jamás conoció. Siembra semillas que cosecharán descendientes que nunca verá. Uno puede concluir que es un dependiente del pasado, responsable del futuro: es parte de una cadena.

Esos días de conocer este hombre y su singular herencia me di cuenta que su actividad es como todos nosotros. Somos hijos del pasado. Padres del futuro. Herederos. Benefactores. Receptores del trabajo realizado por los que nos precedieron. Nacidos en un bosque que no sembramos. Lo cual me lleva a preguntar, ¿cómo está tu bosque?

 Al pararte sobre la tierra legada por tus antecesores, ¿qué aspecto tiene? ¿Cómo te sientes? ¿Orgullo ante el legado? Quizás. Algunos heredan tierra con nutrientes. Árboles de convicción de raíces profundas. Hilera tras hilera de verdad y herencia. Es posible que te apoyes en el bosque de tus padres con orgullo. Si ese es tu caso, da gracias, pues muchos no pueden hacerlo. Muchos no están orgullosos de sus árboles familiares. Pobreza. Vergüenza. Abuso. Tales son los bosques con que se encuentran algunos. La tierra ha sufrido pillaje. Las cosechas fueron levantadas, pero no fue realizada siembra alguna. Quizás te criaron en un hogar de prejuicios e intolerancia, lo cual te hace intolerante de las minorías. Tal vez te criaron en un hogar de avaricia, de allí que tus deseos de posesiones sean insaciables. A lo mejor tus recuerdos de la niñez te causan más dolor que inspiración. Las voces de tu pasado te maldijeron, te rebajaron, te ignoraron. En esa época, pensaste que tal trato era típico. Ahora ves que no es así. Y ahora intentas darle explicación a tu pasado.

A propósito de esto quiero contarles también de otro hombre que debe haber tenido pensamientos de esa naturaleza. Su legado era trágico. Su abuelo fue un asesino y un místico que sacrificaba a sus hijos en abuso ritual. Su padre fue un gamberro que destruía casas de adoración y se burlaba de creyentes. Lo asesinaron a los veinticuatro años de edad… sus amigos. Los hombres eran típicos de su era. Vivieron en un tiempo cuando las prostitutas ofrecían su mercadería en las casas de adoración. Los magos trataban las enfermedades con hechizos. Las personas adoraban las estrellas y se guiaban por los horóscopos. Se pensaba más en la superstición y el vudú que en la educación de los niños. Era un momento tenebroso para nacer. ¿Qué se puede hacer cuando tu abuelo era seguidor de la magia negra, tu padre era un hombre vil y tu nación corrupta? ¿Repetir la historia? ¿Qué se supone que se puede hacer con un bosque de esa forma?

Algunos suponían que sería igual que sus antecesores. Lo calificaron de delincuente antes de nacer, de tal palo tal astilla. Casi puedes escuchar cómo gimen las personas cuando él pasa: «Será igual a su padre».

Pero se equivocaron. No lo fue. Revirtió la tendencia. Se enfrentó a lo improbable. Se elevó cual dique contra las tendencias de su época y le imprimió un nuevo cauce al futuro de su nación. Sus logros fueron tan notables que seguimos relatando su historia dos mil seiscientos años después.

Y es que la historia del rey Josías es una historia de un bosque heredado y como transformarlo.

El mundo ha conocido reyes más sabios; el mundo ha visto reyes más ricos; el mundo ha sabido de reyes más poderosos. Pero la historia nunca ha visto un rey más valeroso que el joven Josías. Nacido unos seiscientos años antes de Jesús, Josías heredó un trono frágil y una corona deslucida. El templo estaba en desorden, la Ley se había perdido y el pueblo adoraba a cualquier dios que se le ocurriera. Pero al finalizar su reinado de treinta y un años, el templo se había reconstruido, los ídolos destruidos y la Ley de Dios nuevamente se había elevado hasta ocupar un sitio de prominencia y poder. El bosque se había reclamado.

Hagamos un retrato de los bosques anteriores. El abuelo de Josías, el rey Manasés, fue recordado como el rey que derramó «mucha sangre inocente en gran manera, hasta llenar a Jerusalén de extremo a extremo» (2 Reyes 21:16). Su padre, el rey Amón, murió a manos de sus propios oficiales. «Hizo lo que Dios dijo que estaba mal», dice su epitafio. Los ciudadanos formaron una comitiva y mataron a los asesinos, y Josías, de ocho años, asumió el trono. A principios de su reinado Josías tomó una valiente decisión. «Anduvo en todo el camino de David su padre, sin apartarse a derecha ni a izquierda» (2 Reyes 22:2)

He aquí la primera cosa que caracterizó el bosque de Josías. Se puede enunciar en este principio: No podemos escoger nuestros padres, pero sí podemos elegir a nuestros mentores. Es decir podemos escoger quienes pueden influir para bien en mi vida.  . Hojeó su álbum familiar hasta encontrar un antepasado digno de emulación. Josías saltó la vida de su padre y pasó por alto la de su abuelo. Dio un salto hacia atrás en el tiempo hasta encontrar a David y determinó: «Voy a ser como él».  Y como Josías escogió a David (quien había escogido a Dios), comenzaron a suceder cosas. La gente derribó los altares de los baales según las directivas de Josías. Josías destrozó los altares del incienso. Josías… despedazó las imágenes de Asera y… las redujo a polvo. Quemó los huesos de los sacerdotes. Josías derribó los altares. Destrozó todos los altares de incienso por todas las tierras de Israel (2 Crónicas 34:4–5, 7 , Biblia de las Américas). No se puede decir que fuera un recorrido turístico. Pero, por otro lado, Josías no tenía la intención de conseguir amigos. Tenía como finalidad hacer una declaración: «Lo que enseñaron mis padres, yo no enseño. Lo que ellos abrazaron, yo rechazo». Y aún no había acabado. Recuerde entonces que usted no puede escoger sus padres pero sí puede escoger sus mentores.

Un segundo principio que caracterizó el bosque de Josías es uno puede seguir buenos ejemplos pero es más importante seguir el mejor ejemplo.

Cuatro años después a la edad de veintiséis años, dirigió su atención al templo. Estaba en ruinas. El pueblo había permitido que se fuera desmoronando. Pero Josías estaba decidido. Algo había sucedido que le echó fuego a su pasión por la restauración del templo. Se le había entregado un bastón. Una antorcha se había recibido. A principios de su reinado decidió servir al Dios de David, su antepasado. Ahora elegía servir al Dios de otro. Nótese en 2 Crónicas 34.8 (Biblia de las Américas): «Y en el año dieciocho de su reinado, cuando había purificado la tierra y la casa, envió a Safán […] para que repararan la casa del SEÑOR su Dios», el Dios de Josías (énfasis mío). Dios era su Dios. La fe de David era la fe de Josías. Había encontrado al Dios de David y lo había hecho suyo. Cuando el templo se estaba reconstruyendo, uno de los obreros encontró un rollo. En el rollo estaban las palabras de Dios dadas a Moisés casi mil años antes. Cuando Josías oyó las palabras, quedó impactado. Lloró al ver que su pueblo se había alejado tanto de Dios que su Palabra no formaba parte de sus vidas. Le envió palabra a una profetisa preguntándole: « ¿Qué le sucederá a nuestro pueblo?» Ella le dijo a Josías que por haberse arrepentido cuando oyó las palabras, su nación se salvaría de la ira de Dios (véase 2 Crónicas 34:27). Increíble. Una generación completa recibió gracia debido a la integridad de un hombre. ¿Es posible que Dios lo haya puesto sobre la tierra por ese motivo? ¿Es posible que Dios te haya puesto sobre la tierra por el mismo motivo?

Un tercer principio en el bosque de Josías puedes haber heredado los genes de tus padres pero puedes heredar la gracia del Padre.

Tal vez tu pasado no sea algo de lo cual jactarte. Tal vez fuiste testigo de horrible maldad. Y ahora tú, al igual que Josías, debes tomar una decisión. ¿Te sobrepones al pasado y produces un cambio? ¿O permaneces bajo el control del pasado y elaboras excusas? Muchos escogen lo último. Muchos escogen los hogares de convalecientes del corazón. Cuerpos saludables. Mentes agudas. Pero sueños jubilados. Se hamacan sin cesar en la mecedora del remordimiento, repitiendo las condiciones de la rendición. Arrímate y podrás escucharlos: «Si tan solo». La bandera blanca del corazón. «Si tan solo…» «Si tan solo hubiese nacido en otra parte…» «Si tan solo me hubiesen tratado con justicia…» «Si tan solo hubiese tenido padres más amorosos, más dinero, mejores oportunidades…» «Si tan solo me hubiesen enseñado a usar el baño más pronto, castigado menos o enseñado a comer sin hacer ruidos molestos». A lo mejor has usado esas palabras. Quizás tengas motivos sobrados para usarlas. Tal vez tú, al igual que Josías, hayas escuchado contar hasta diez aun antes de entrar al cuadrilátero. Para encontrar un antepasado que valga la pena imitar, tú, al igual que Josías  debes hojear tu álbum familiar saltando hasta muy atrás. Si tal es el caso, permíteme que te muestre a dónde recurrir. Echa a un lado el álbum y levanta tu Biblia. Busca el Evangelio de Juan y lee las palabras de Jesús: «La vida humana nace del hombre, mientras que la vida espiritual nace del Espíritu» (Juan 3:6, NVI). Medita en eso. ¡La vida espiritual nace del Espíritu! Tus padres pueden haberte dado tus genes, pero Dios te da gracia.

Un cuarto principio en el bosque de Josías es que es posible que tus padres sean responsables de tu cuerpo, pero Dios se ha hecho cargo de tu alma y espíritu.

Es posible que tu aspecto venga de tu madre, pero la eternidad te viene de tu Padre, tu Padre celestial. De paso, Él no está ciego ante tus problemas. Es más, Dios está dispuesto a darte lo que tu familia no te dio. ¿No tuviste un buen padre? Él será tu Padre. A través de Dios eres un hijo; y, si eres un hijo, ciertamente eres también un heredero (Gálatas 4:7, traducción libre). ¿No tuviste un buen modelo? Prueba con Dios. Sed, pues, imitadores de Dios, como hijos amados (Efesios 5:1). ¿Nunca tuviste un padre que te enjugara las lágrimas? Reconsidera. Dios ha visto cada una de ellas. Tú llevas la cuenta de mis huidas; tú recoges cada una de mis lágrimas. ¿Acaso no las tienes anotadas en tu libro? (Salmo 56:8, Versión Popular). Dios no te ha dejado a la deriva en un mar de herencias.

Un quinto principio del bosque de Josías es que al igual que este rey, no puedes controlar la manera en que respondieron tus antepasados a Dios. Pero puedes controlar tu forma de responder ante Él.

No es necesario que el pasado sea tu prisión. Puedes tener una voz en tu destino. Puedes expresarte con respecto a tu vida. Puedes escoger el camino por donde andarás. Escoge bien y algún día, muchas generaciones después, tus nietos y bisnietos agradecerán a Dios por las semillas que sembraste. ¿Cómo está tu bosque? ¿Estás sembrando bien para las futuras generaciones aunque no  las veas físicamente. !Espero que sí¡

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