Acuérdense de los que no tienen nada…


“…Envíen porciones a los que no tienen nada…”

Nehemías 8:10

Esta porción aparece en un contexto de celebración comunitaria. Era el momento de una celebración gozosa de la fiesta de los Tabernáculos. En medio de la bendición de Dios y de la prosperidad de otros, es fácil olvidarse que no todos tienen la misma condición económica. Una de las cosas que a veces es bastante frustrante es el hecho de que en nuestras iglesias  existen personas con grandes recursos, y cuando se planifican actividades dentro de la iglesia la tendencia es escoger comidas, lugares y situaciones de acuerdo a su status próspero, olvidando que dentro de la misma comunidad habrán personas que no tienen ningún recurso y por lo tanto los hacemos sentir mal o simplemente optan por no participar. ¿Qué enseña esta frase tan pequeña pero profunda a las celebraciones comunitarias en el pueblo de Dios? ¿Cuál es un llamado a la iglesia del Señor con esta pequeña revelación textual? Primero es un llamado a la sensibilidad. El hecho que usted esté bien no quiere decir que todos en la iglesia estén bien.  El hecho de que usted esté contento no quiere decir que todos lo están. El hecho de que usted pueda no quiere decir que todos pueden. En segundo lugar es un llamado a la susceptibilidad. Me encanta el hecho de que Nehemías no liste quienes son los que necesita. En realidad es una búsqueda del mismo pueblo. Del interés de la gente por la gente. No de un programa social nombrado, no de un día del “haber” no de una “canasta básica”. Es mi persona involucrada con otra persona a la que yo debo conocer y saber de su necesidad. No son los programa lo que nos hace susceptibles  son las personas.  Tercero un llamado a la solidaridad. “Envíen porciones”. Habla de llevar lo que ellos están comiendo, es entender que la gente no tenía o no había preparado. Por eso debían ser solidarios. El pueblo debía compartir de lo mismo que ellos comían y estaban celebrando. La palabra porción habla de un buen pedazo o un buena cantidad de comida y no que se le dieran las sobras. Si somos solidarios entenderemos que todos debemos comer y disfrutar de lo mismo.

¿Cuántos  que no han preparado nada existen en nuestras iglesias? ¿En nuestros barrios? Créame por todas partes existen personas  para los cuales no hay preparado nada. Siempre vamos a encontrar un corazón triste y desanimado en nuestras iglesias. Sólo basta levantar el rostro y abrir los ojos con el corazón de Dios, y allí estará la necesidad manifestada. Lo que pasa es que nos hacemos los desentendidos. Si Dios nos autoriza celebrar, comer y gozarnos, cerciorémonos de que los que no tienen nada preparado puedan comer tanto como nosotros y lo que nosotros comemos. Sólo así se cumple la ley de Cristo.

 

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