Amor de juventud…


“…Así dice el SEÑOR: “De ti recuerdo el cariño de tu juventud…”

 Jeremías 2:2 (LBLA)

Me llamó la atención esta frase. “el cariño de juventud”. ¿Cómo es un cariño de juventud? ¿Cómo se manifiesta ese cariño? Es obvio que es el tipo de emoción más reactiva y emotiva. . ¿Cómo se pierde la pasión original por algo o alguien? ¿Se puede recuperar o simplemente se pasa a otra etapa? ¿Por qué Dios extraña ese amor hacia él? ¿Soy ahora tan cariñoso con Dios, de una manera espontánea, como solía serlo? ¿0 sólo estoy esperando que Él me manifieste su cariño? ¿Todo en mi vida llena su corazón de alegría o constantemente me quejo porque las cosas no suceden como yo quiero? La expresión cariño de juventud es la expresión  chesed na`uwr. La expresión  “chesed” tiene que ver con amor genuino, bondadoso, espontáneo, a veces se traduce como misericordia. La expresión “juventud” es importante notar que se refiere  es el término de alguien inexperto y novato. A veces se puede traducir como siervo o cortesano[1] ¿Entonces qué tipo de amor de juventud es el que extraña Dios? Por el uso de las palabras, pienso que es un amor que implica sometimiento, y por otro lado implica alegría de ese sometimiento. No tanto por experimentar emociones sino porque la persona a la que se le tiene cariño vale la pena obedecerle. ¿Mi vida ha sido un buen reflejo del honor del que Él es digno? Dios le está diciendo a su pueblo: “Ahora ya no estás enamorado de mí, pero me acuerdo del  tiempo en que lo estabas”. Y también declara: “De ti recuerdo… el amor de tu desposorio”, Jeremías 2:2, LBLA. O en pocas palabras “tu amor de recién casada”.  ¿Cómo podría reaccionar ante una demanda de Dios? ¿Qué quiere Dios conmigo?  Primero debemos ver la conversación  de Dios, en segundo lugar vemos  la confesión de Dios, tercero la convicción de Dios.

En primer lugar me llama la atención la  CONVERSACIÓN  de Dios. Esto es un mecanismo para expresar lo que sentimos.  “Así dice el Señor”.  Dios conversa con nosotros. El tiene temas de conversación que ni siquiera nos damos cuenta que son el interés de Dios.  Tres elementos tienen la conversación de Dios. Primero es  consistente. “Así dice”.  El no quiere mensajes de otros, el quiere dar el mismo su mensaje. No usa medio para esquivar su persona ante el problema. También su comunicación  es complaciente. Me gusta pensar que Dios usa términos humanos para comunicarse, Su actitud de acercamiento busca encontrar los mecanismos, palabras adecuadas entendibles para que los seres humanos lo puedan entender sin ninguna  mala interpretación. Él se complace en comunicarse de una manera que pueda ser entendido. Pero en tercer lugar es su comunicación es concluyente. Observe que el usa su nombre Yahveh, lo que implica autoridad y personalidad. Él quiere que se llegue a una solución cuando presenta su queja y su caso.

Así que el amor de la juventud se mantiene o se recupera con una comunicación nueva. Una comunicación donde Dios toma la iniciativa. Observe que es Dio quién origina el diálogo. Es importante observar que esto pueda funcionar hasta en las relaciones de parejas. Creo que la conversación  es un mecanismo que demuestra cómo nos sentimos.

En segundo lugar vemos LA CONFESIÓN de Dios.  Este es un mecanismo para expresar lo que perdimos. “De ti recuerdo el cariño de tu juventud”. Es obvio que cuando me refiero a que Dios se confiesa me refiero  a que él expresa lo que siente que hemos perdido. El hace un ejercicio interesante. Primero recuerda,  refuerza y recupera. Observemos estos tres aspectos de la confesión. Primero recuerda. La expresión “acordarse” es la palabra ´zacar. Que significa traer a memoria, hacer un ejercicio de la voluntad para traer a una mente consciente las cosas que han acontecido en el pasado.  Es importante  observar que a Dios no se le olvida nada. Lo que el está haciendo aquí es confrontar a Israel con la manera que ellos se comportaban con Dios al inicio de la relación. El recordar las cosas desde su inicio sobre todo en una relación es importante. El recuerdo nos lleva a los orígenes, cuando las cosas comenzaron, los sueños que su tuvieron, las emociones que se sintieron en los primeros momentos. Es importante notar que Dios se acuerda de eso. Y él tiene esos buenos momentos en su mente infinita. Es obvio que apela a los sentimientos buenos y no tanto a las cosas negativas que de alguna manera pasaron. En Apocalipsis la primera recomendación para romper con el presente apático es la expresión “acuérdate”, lo que hace que nos movamos hacia adelante, es recordar las cosas que se han perdido. Segundo refuerza. Observe que Dios particularmente se siente atraído por aquellos que le tienen amor y cariño. Dios no es una persona fría que no necesita que le mostremos nuestro amor. Dios quiere que refuercen su actitud primero por medio de una demostración, es decir quiere ver nuevamente ese amor. Segundo quiere que lo refuercen por medio de una decisión, así como inicialmente habían decidido tener un pacto con él y habían jurado amarlo, él quería que nuevamente volvieran a esa decisión de fidelidad. Cuando queremos recuperar nuestra pasión en cualquier cosa debemos entender que debe estar basado en una decisión y no en una emoción. El amor no es emoción, ni pasión es decisión. Yo decido amar, aunque a veces no sienta ese amor, aunque a veces la otra persona no lo merezca. El puede tener esa decisión porque ya lo había demostrado anteriormente en su juventud. Tercero lo refuerza con una determinación. Dios añade que ese amor debe ser como el “la novia recién casada”. Que mayor momento en el que una persona ha determinado contraer matrimonio, estar en las primeras nupcias es el momento donde se puede observar, frescura, compromiso. ¿Cómo podemos como cristianos, volver a los tiempos de luna de miel? ¿Cómo se puede hacer en un matrimonio para volver a los tiempos antiguos y primarios de la relación? ¿Es posible esto?  Según este texto sí. ¿A que apela Dios a esta decisión? Bueno a la convicción. Ya que las personas se supone que se casan por convicción y por su propia voluntad. Es decir hay que pedirle a Dios que obre en nuestra voluntad para poder decidir a favor de una convicción que no se basa en la emoción.  Segundo la concertación. Observe que la base de la convicción estriba en que originalmente hay un pacto tanto social como espiritual. No se trata de un negocio que se separa, tampoco de un club social, es el contrato ante testigos y es un contrato que Dios ha observado. Lo anterior se aplica con un matrimonio. Pero nosotros también debemos tener la misma convicción, por lo tanto la mejor manera de tener un nuevo comienzo con Dios es concertar con él, dialogar con él porque tenemos un vínculo de intimidad. Tercero, la CONSOLACIÓN de Dios. Observe que Dios le dice a Israel que los momentos malos, las cosas malas, y las situaciones malas no le impidieron a Israel para poder mantener la relación y la comunicación con él. El texto dice: “De cuando Me seguías en el desierto, Por tierra no sembrada. En la relación con Dios y en la vida misma hay momentos difíciles. A veces se ven tiempos solitarios (desierto) y tiempos estériles (no sembrada). Primero los tiempos  desiertos. Es decir cuando no tenemos más que un desierto por delante, cuando nos sentimos vulnerables. ¿Por qué detestamos tanto los tiempos de desierto? El “desierto” en la Biblia y en la tradición cristiana es ante todo un lugar inhóspito, despoblado (no necesariamente sin vegetación), una región no civilizada, tierra no cultivada (como el mundo antes de la creación de los seres humanos: Génesis  2,5 o después del pecado: Génesis 3,17-19.23; 4,12). Sobre todo es ausencia de seres humanos (Sal 107,4) y presencia de animales salvajes (Isaías 13,21; Job 39)[2].

El desierto aparece como una paradoja en el plano teológico porque en la Biblia es el lugar reservado a los malditos y desheredados, pero al mismo tiempo fue el lugar donde Israel tuvo las más conmovedoras manifestaciones de amor por parte de su Dios. Es un lugar donde el ser humano experimenta su propia vulnerabilidad y se encuentra en el desamparo, sin los acostumbrados apoyos de manera que confronta su propia mortalidad (1 Reyes 19,4; Salmos 107,5). Por ser un lugar sin agua (Deuteronomio 8,15) – por lo menos el “desierto” en sentido geográfico- el hombre experimenta su propia debilidad y necesidad en la forma más imperiosa en la sed. Según Saint Exupéry, “la significación última del desierto es la de crear la sed”[3].

Y los salmos hablan tanto del desierto (Sal 63,1; 143,6) como de la sed (Sal 42,1) como metáforas de la necesidad urgente que el ser humano siente de Dios. El desierto es más que un lugar de retiro, ya que por su extensión y por su aspereza tiene valores propios… Lleva en sí el signo de la pobreza, de la austeridad, de la sencillez más absoluta; el signo de la total impotencia del hombre, que descubre su debilidad porque no puede subsistir en el desierto y se ve obligado a buscar su fuerza y su amparo en Dios solo. El desierto es una tentativa de avance desnudo, desasido de todo apoyo humano, en la carencia de todo sustento terrestre, incluso espiritual, para encontrar a Dios. Frente a esta necesidad sentida (sed, hambre, protección), el desierto llega a ser también el lugar donde se experimenta la providencia maravillosa de Dios (Deuteronomio  8,3-4.15-16; 1 Reyes 5-6; Sal 107,9). Dios manifiesta su poder y su amor en un continuo clima de milagros y en contacto permanente con su pueblo. Es él quien obliga al faraón a dejar que Israel salga hacia el desierto, es él quien establece el itinerario; quien precede al pueblo en el viaje, señalando el camino con una columna de fuego; envía su ángel para precederlo en el viaje; y así durante cuarenta años se asiste a una serie continua de hechos prodigiosos. La bondad de Dios aparece también en la figura de Moisés, que es llamado prodigiosamente desde el desierto para liberar a su pueblo de la cautividad y para conducirlo a la tierra prometida a los patriarcas, a través de aquel desierto en que él había errado durante cuarenta años.[4]

En segundo lugar los tiempos inciertos. “Tierra no sembrada”. La expresión “zara” significa no productiva. Es una tierra que rechaza la semilla y que no produce ningún fruto. Dios está diciendo que a pesar de eso Israel estaba convencido de su amor por Jehová y seguía. ¿Cómo podemos seguir a Dios cuando parece distante y cuando parece que sólo problemas tenemos?  ¿Es lícito que el exija ese amor de juventud, cuando a veces pareciera tan desamorado? Creo que sí  y a la  verdad hoy me convenzo más de esto (y de cuán lejos estoy por supuesto) y es que en realidad hoy el mundo necesita más que nunca de una vuelta a la contemplación de la fe más que la razón (aunque no niego que es válida). Creo que el verdadero profeta de la Iglesia del futuro será aquel que venga del “desierto” como Moisés, Elías, el Bautista, Pablo y sobre todo Jesús, cargados de mística y con ese brillo especial que sólo tienen los hombres acostumbrados a hablar con Dios cara a cara… ¡qué tremendo reto por Dios! Y es que en la carestía de un matrimonio, sin los recursos básicos que los distraigan sólo quedan uno para el otro y se solidifica el amor y la relación es más perdurable. Por eso Dios exige que tengamos una reacción y nos consolemos porque él está allí disponible para nosotros.

Así que entonces el desierto y la esterilidad de un desierto no sembrado viene de un Dios que nos ama y que desea hacernos crecer y madurar. Es allí donde Dios se desmitifica y esta desmitificación demuele nuestra imaginería espiritual, quitando esos ropajes, y comienza a aparecer ¡gracias al desierto! l verdadero Rostro de Dios de la Biblia: un Dios que interpela, incomoda y desafía. No responde, sino que pregunta. No soluciona, sino que ocasiona conflictos. No facilita, sino que dificulta. No explica, sino que complica. No engendra niños, sino adultos. El Dios de la Biblia es un Dios Liberador, Aquel que nos arranca de nuestras inseguridades, ignorancias e injusticias, no eludiéndolas sino afrontándolas, superándolas. Dios no es el «seno materno» que libra (aliena) a los hombres de los riesgos y dificultades de la vida, sino que, una vez creados en el paraíso, Dios corta rápidamente el cordón umbilical, los deja solitarios en la lucha abierta de la libertad y de la independencia, y viene a decirles: ahora sean adultos, empujen el universo hacia adelante y sean señores de la tierra {Gen 1:26). El verdadero Dios no es, pues, alienador, sino libertador, que hace grandes, maduros y libres a los hombres y a los pueblos. Esta aventura de la fe consistirá en quemar las naves, dejar de lado todas las reglas del sentido común y todas los cálculos de probabilidad como Abraham, hacer caso omiso de los raciocinios, explicaciones y demostraciones, descolgarse de todos los asideros razonables y, atados de pies y manos, dar el gran salto en el vacío en la noche oscura,  abandonándose en el absolutamente Otro. Sólo Dios, en la fe pura y oscura.

En 1968 el cantante Roberto Jordán escribió una canción de mucho éxito. La canción en mención se llamaba “Amor de Verano”, en la cual el habla de su primer amor que fue un amor de verano, un amor de estudiante. En parte de la canción dice:

“Vendrán otros veranos, vendrán otros amores

Pero siempre en mi ser vivirá amor de verano, mi primer amor”

Así que Dios como un cantante celestial también nos recuerda que nunca olvidemos el amor de juventud. Ese amor que no pasará jamás.

[1] http://www.encinardemamre.com/hebreo-J.html

[2] http://www.autorescatolicos.org/misc13/thomaskevinkraft53.pdf

[3] Ibíd.

[4] http://www.autorescatolicos.org/misc13/thomaskevinkraft53.pdf

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