“…Y llegaron a Mara…”


mara

Poco tiempo después de su espectacular liberación en el mar Rojo, después de saltar en alabanza y celebración durante casi todo un capítulo, en Éxodo 15, los judíos doblaron en dirección este hacia el desierto de Shur. Y a tan sólo tres días de camino, la provisión de agua comenzaba a terminarse y no había fuentes a la vista. Sin embargo, el problema pareció resolverse cuando, en el versículo 23, «llegaron a Mara», y la visión les hizo recordar el mar Rojo… a no ser porque el agua que encontraron era amarga, no se podía beber, y probablemente estaba llena de sal, minerales y hasta tal vez, veneno. Imagina la frustración y el disgusto de la gente cuando, luego de caminar trabajosamente tres calurosos días en un desierto semiárido, se lanzaron hacia el pozo de agua que parecía contener la gran provisión de Dios, pero tuvieron que escupirla. Demasiado asquerosa. Incluso para alguien muerto de sed. ¿Por qué derramaría Dios un vaso de agua intomable frente a una multitud deshidratada?

Casi todos los viajes por el desierto tienen un momento como el de Mara: un lugar donde estás seguro de que el refrigerio está al alcance de la mano. Todo ha estado preparándose. Se ha creado el entorno ideal. Seguro que está por llegar la ayuda que has buscado desde hace tiempo. Has tenido calor, has estado cansado y frustrado. Has gemido y te has quejado hasta quedarte dormido durante demasiado tiempo. Has decidido que puedes resistir hasta este momento: cuando parece que la suma correcta de dinero finalmente llegará, cuando al fin aparecerá el alivio que necesitas, cuando por fin la respuesta será sí. En cualquier momento, tu novio te hará la pregunta. El médico ha dicho que es casi seguro que este remedio es la cura para tu enfermedad. Tu cónyuge está dando todos los indicios de que por fin volverá, tanto física como emocionalmente. El ascenso que has estado esperando está a días de ser tuyo. Tu agente de inversiones te asegura que el riesgo que corriste el trimestre pasado te redituará en este.

 ¡Ah! … una bebida fresca en medio de un ardiente viaje.

Entonces, corres precipitadamente, listo para zambullirte en la supuesta seguridad de la liberación de Dios. Has orado por esto. Han sucedido cosas delante de tus ojos. ¡Esta tiene que ser la respuesta! ¡No cabe duda! Sin embargo, a último momento, tu ascenso lo recibe algún otro. Los papeles del divorcio te llegan a la puerta. Perteneces al 1% de personas cuyo cuerpo rechaza esta forma particular de medicación. Caen los precios de las acciones. Tu prometido decide terminar con la relación. Las aguas de Mara resultaron ser sólo un espejismo de satisfacción. No te gratificaron como pensabas. Aquí estás otra vez, en medio de la desilusión. ¿Cómo lidiamos con la desilusión de Mara?

La desilusión es una de las emociones más fuertes que pueden existir. Muchas personas incluso renuncian a creer en Dios porque en un momento de sus vidas se desilusionaron con él. De hecho he llegado a creer que detrás de cada ateo hay un creyente desilusionado. Hay que entender tres hechos básicos cuando nos enfrentamos a Mara (la desilusión). Primero, la realidad de las aguas amargas. Deberás estar consciente que en tu camino habrá momentos en los cuales llegarás a ese lugar. Así que ante la  realidad no te sorprendas. Segundo la necesidad de las aguas amargas. Según el texto los israelitas tenían necesidad de esa agua para que vieran cuatro cosas. Uno, su propósito es que no bebas aguas amargas. Dos, su poder, Él puede cambiar tus aguas amargas en un instante y cuando menos lo esperas. Tres, sus principios. Dios empezaba a mostrarles que ya no eran un pueblo de esclavos ignorantes, sino que de ahora en adelante iban a vivir por lo principios de su palabra. Cuatro, su provisión. Mara era temporal después de la prueba, vendría Elim con sus bendiciones y provisión divina. Así que hay necesidad de las aguas amargas, por lo tanto no te desanimes.

Tercero, la utilidad de las aguas amargas. Prueba nuestra interioridad. Mara saca la amargura que llevamos dentro. Ella muestra que es lo que está en nuestros corazones. Prueba nuestra inferioridad. Dios iba a cambiar el agua por medio de un milagro. Nadie puede hacerlo mejor que Dios. De hecho es en este pasaje donde aparece por primera vez Dios con el nombre de Jehová-rafa; Dios tu sanador. Por otro lado Mara es un lugar donde Dios prueba nuestra disponibilidad. Es decir Dios quería ver que tan dispuestos estaban a obedecer lo que él les iba a mandar y decir por medio de su palabra.

El objetivo de Dios para nuestro viaje no es sólo que veamos Su poder en acción en nuestras experiencias, como lo demostró en el mar Rojo, como lo ha demostrado en tu vida cuando las cosas se veían negras y Él trajo la luz nuevamente. El Señor también quiere ver Su milagroso poder en acción en nuestras emociones. Por eso, cuando Moisés clamó a Dios, y este le mostró un árbol, él «lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron» (v. 25). En un rápido movimiento de vulnerabilidad y obediencia, Moisés descubrió que Dios estaba listo para actuar y aliviar tanto la sed del pueblo como sus emociones cansadas. Lo que era amargo se volvió dulce.

Estás amargado por la mano con que se te ha tratado? Algunas veces, Él permitirá que nos enfrentemos con una experiencia que potencialmente podría producir amargura, para que podamos ver Su habilidad para obrar milagros en nuestro estado de ánimo. Quiere que sepamos que nuestra inclinación natural hacia la amargura y el enojo puede detenerse mediante la intervención de la mano salvadora de Su gracia, con la posterior transformación de nuestra mente, de nuestro estado de ánimo y de nuestra motivación, que sólo puede provenir del mismo Señor. Una palabra de Dios y lo amargo puede volverse dulce, amigo mío. Y cuando llegue el día en que puedas levantar la vista durante un momento Mara con esperanza, con gratitud y -aun luego de todo esto- con la sincera expectativa de que Dios todavía puede hacer lo inesperado, sabrás que no has adquirido estos sentimientos de confianza por tu propia tenacidad. Están allí sólo por el poder sobrenatural de Dios que realiza un milagro en tus emociones. Sólo Dios puede traer una sonrisa al rostro de alguien que está atravesando la amarga experiencia del divorcio. Sólo Dios puede suscitar un suspiro de alivio en la boca seca de alguien que está luchando contra una enfermedad. Sólo Dios puede llevar paz al corazón de alguien que está destrozado por la conducta destructiva de su hijo. Sólo Dios puede silenciar los temores estridentes de la mujer cuyas preocupaciones la mantienen despierta toda la noche. Sólo Dios puede alentar sentimientos de confianza y contentamiento en aquel cuya condición financiera está en peligro. Algunas veces, podemos estar tan concentrados en algo en particular, en una conducta especial a nuestro favor que esperamos de Dios, en ese momento preciso en que se supone que Él puede aparecer y hacer algo espectacular, que no comprendemos Sus propósitos más altos. Todo esto viene por tratar de solucionar el desierto, en lugar de rendirnos ante él. Algunas veces, aquello mejor que Dios quiere hacer simplemente necesita un poco más de tiempo de espera. Quizá diez días, tal vez hasta diez meses o diez años, o -en el caso de los hebreos- probablemente unos diez minutos. Cuando te has enfrentado a una verdadera desilusión,  cuando la amargura quiere seguir envolviéndose alrededor de tus hombros, y cada vez se hace más difícil quitársela de encima, sigue el ejemplo del líder de Israel y clama a Dios en medio de tu lucha. Y aun cuando Él sepa en Su soberana voluntad que todavía no es tiempo de obrar un milagro en tu experiencia, te asegurará que es hora de permitirle que obre un milagro en tus emociones. Tal como lo hizo con Moisés, te mostrará exactamente lo que debes hacer para tomar ese tremendo dolor que sientes y -lo creas o no- convertirlo en un hito dulce que te recuerde a diario cuán grande, fuerte y poderoso es tu Dios.  Algunas veces, lo que más necesitamos no es un cambio de circunstancias; en ocasiones, lo que más nos hace falta es un cambio de corazón y cuando Él lo hace, cuando nos rescata de nuestra rutina de enojo, venganza, chisme y amargura, no lo hace para que estemos felices sólo en ese momento. Debemos recordarlo la próxima vez que nuestras emociones ejerzan presión sobre nosotros y nos quieran hacer caer en la trampa. Debemos recordar el historial de Dios para sentirnos con más confianza de depender de Él cuando comenzamos a sentir sed otra vez.

 

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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