Formados pero no transformados…


Dios, pues, hizo que el pueblo diera un rodeo por el camino del desierto, hacia el Mar Rojo. En orden de batalla subieron los Israelitas de la tierra de Egipto. Éxodo 13:18

Muchas veces no percibimos nuestra situación real. Muchas veces lo único que sabemos con certeza es lo que creemos percibir en nuestra situación. Desde ese punto donde el césped del vecino es más verde, es fácil vestir nuestras tierras imaginarias de fantasía con colores que combinen con el arco iris. Pero no podemos saber, como Dios sí sabe, cuáles habrían sido las duras realidades que hubiéramos tenido que enfrentar en lugares donde nunca hemos estado. Por tanto, para protegernos del peligro, algunas veces, Él nos encierra en áreas que, aunque tal vez sean extremadamente incómodas e indeseables, son mucho más seguras de lo que nos damos cuenta, mucho menos dolorosas de lo que podríamos estar experimentando. Él no sólo nos protege de personas y situaciones peligrosas, sino también de nosotros mismos.

Me pareció bastante curioso observar que  en la salida de Egipto de los hebreos, ellos se «formaron como un ejército» (Ex. 13:18), es decir como si realmente supieran lo que estaban haciendo. La raíz de «formados» es un derivado del término hebreo kjamesh, que quiere decir «cinco». El pueblo de Dios salió en una formación oficial compuesta por cinco divisiones: una delantera, un centro, dos alas y una retaguardia. Pero esto es casi gracioso. Apenas habían salido de Egipto y eran uno simple hacedores de ladrillos y constructores de pirámides y ya se formaban como ejército. Me da la imagen de esta gente flexionando sus músculos larguiruchos y atándose los equipos caseros, un montón de delgados constructores de ladrillos fingiendo tener habilidad en el arte de la batalla, ¿a quién trataban de engañar? ¿A qué clase de enemigo pensaban que podían vencer? Así que Dios sabía que no iban a infundirles temor a los ejércitos salvajes blandiendo los puños y arrojando piedras. Además, la batalla que en definitiva estaban llamados a pelear era espiritual. Pueden haber pensado que estaban listos para enfrentar a todos los que se les opusieran, pero Dios sabía que, sin duda, el encuentro con los filisteos terminaría en completa derrota y los disuadiría de los propósitos que tenía para ellos. Además, todavía necesitaban recibir mucha preparación en sus corazones y almas. En realidad, después de todo un año, todavía no estaban listos. Ante la aterradora visión de los habitantes de Canaán, de inmediato dijeron: «Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto» (Núm. 14:4). Bien avanzado el viaje, la vasta multitud (con la notable excepción de dos «uno en un millón») no quería avanzar confiando en que el Dios Todopoderoso pulverizaría a sus enemigos y les haría germinar un nuevo hogar en la tierra prometida. Esto es un mensaje para muchos que recién conocen a Dios o acaban de salir de un tiempo de mundanalidad e inmediatamente quieren pelear y ganar victorias para Dios y se les olvida que tú y yo no podemos saber quiénes seríamos si no fuera por el desierto. Dios no los había llamado a salir de Egipto con destino a Canaán para lograr victorias; los había llamado para lograr intimidad.  No podemos estar completamente seguros de que llegaremos a ser baluartes de la fe sin haber pasado algún tiempo de entrenamiento espiritual. Hasta el gran apóstol Pablo fue enviado a Arabia y a otros lugares solitarios durante tres años, luego de su dramática conversión a Cristo (ver Gálatas 1:15-18), para conocer a Dios en maneras fundamentales que lo prepararían para su histórico ministerio en el mundo del primer siglo… y en nuestras vidas. Por cierto, Pedro se encontró tambaleando en el desierto luego de negar a Cristo, pero ese fue un tiempo valioso para convertirse en el fogoso predicador de Pentecostés. En el ocaso de su vida, Juan fue exiliado como prisionero a la isla de Patmos, un desierto como pocos, pero aparentemente, el punto ideal para que Dios se le revelara en toda Su gloria vertiginosa. ¿Por qué creemos que estamos preparados cuando Dios sabe que no? Observe que las personas pueden confundir formas con función. El hecho que supieran las maneras de formarse no quiere decir que estaban listos.  Segundo, las personas pueden confundir intención con capacitación . El hecho de que tuvieran la intención de pelear no necesariamente significaba que estaban capacitados para hacerlo. Tercero, las personas pueden cambiar actividad con intimidad. Lo dije anteriormente y lo repito, Dios no los había llamado a salir de Egipto con destino a Canaán para lograr victorias; los había llamado para lograr intimidad.  No podemos estar completamente seguros de que llegaremos a ser baluartes de la fe sin haber pasado algún tiempo de entrenamiento espiritual. Y cuarto las personas pueden confundir  emoción con convicción. Ellos estaban emocionados con su nuevo destino, con la manera en que ahora caminaban, ya no sentían a los capataces, pero ellos no percibían que la llegada tan emocionante a Canaán encerraba muchos peligros y estaban tan vulnerables que Dios sabía que si los enfrentaba de primas a primera con los filisteos se iban querer regresar a Egipto. Dios sabe cómo enfrentar nuestras emociones con convicciones. Quizás Dios por eso te está llevando por el camino más largo, para poder enseñarte a depender de él  y ¿quién sabe, de cuantos males y peligros te está librando al no llevarte por el camino más corto? Confía en él y el hará. Puede ser que estés formado como soldado pero a lo mejor no te has transformado en un verdadero soldado.

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