Enfrentando las amarguras de la vida


“Tanto era el miedo que los egipcios sentían frente a los israelitas,  que los trataban con mucha crueldad y los hacían trabajar muy duro. Hasta los pusieron a mezclar barro para hacer ladrillos, y también a trabajar en el campo”. Éxodo 1:13-14

Hay días en que me pregunto, porque es que la vida que hemos llevado como familia y ministerio ha estado llena de tanta adversidad. Es como sí cada día hubiera un obstáculo más que franquear. A veces es más desgastante el observar que a otros les va mejor que a uno. Enfermedades por doquier, temores de dentro y de afuera, limitaciones a diario, viviendo de pequeños recursos, teniendo algo unos días y no teniendo nada otros días. Gente que ayudas e invertís en ella, no da los frutos o resultados que esperas, personas que sólo quieren atención y no te ayudan en nada, y para colmo ante el cansancio y falta de tiempo lo señalan a uno como “desamorado”, y tantas cosas. Carencias emocionales, físicas, en fin toda una gama de experiencias que nos oprimen desde el mismo día en que decidís seguir a Cristo. ¿Por qué pareciera que uno tiene un marcador personal que está las 24 horas dispuesto a amargarnos la vida? Hoy descubrí algo en este pasaje. Y es que mientras más somos una amenaza al enemigo, más nos va a amargar la vida. Los egipcios dicen que “tenían miedo” a los israelitas, ¿así que hicieron? La RV60 dice que “les amargaron la vida con dura servidumbre”. ¿Y porque razón? Pues mientras más te amargues menos disfrutas en lo que Dios tiene para ti. El problema de esto, es que efectivamente el que el enemigo te oprima, resulta muy efectivo. Y tanta adversidad produce la amargura. El enemigo  se dedica a sobrecargamos hora tras hora para hacernos dudar seriamente que haya alguna clase de liberación a nuestro alcance, y luego socava por completo nuestra fuerza hasta que ya no sentimos deseos de pedir ayuda, aunque esta exista. Es importante observar que la expresión “temían” es una expresión que se puede traducir como “entristecerse, detestar, aborrecer, sentir un odio o aversión o temor enfermizo”. O sea que era un sentimiento muy fuerte. ¿Cómo alguien puede generar eso en el enemigo de nuestras almas? Hay tres cosas que el enemigo utiliza para amargarnos. La primera es que  trabaja en nuestra motivación. El necesita sustituir nuestra satisfacción por obligación en nuestra vida. Dice el pasaje “que obligaron a trabajar arduamente”. Significa que el trabajo era una obligación. Y fue tan fuerte que no disfrutaban de lo que hacían porque había perdido toda iniciativa y estaban al servicio de los deseos de otros. La segunda cosa que el enemigo utiliza para amargarnos es en nuestra condición. El necesita sustituir nuestra realización con frustración. La expresión amargura es una expresión que habla de insatisfacción, ausencia de realización. Es un estado que no percibe los resultados y beneficios de su labor. Los israelitas no disfrutaban para nada de la labor que hacían, simplemente porque no era de ellos, no veían los resultados y simplemente sus deseos estaban sometidos a los deseos de capataces malos. Eso generaba desaliento y frustración en su vida.  La tercera cosa que el enemigo hace para amargarnos es en nuestra contribución. El necesita sustituir aportación con aspiración. Veía el texto y me puse a pensar, ¿para que habían sido llamados los judíos? ¿Cuál era la aspiración de Dios para ellos? Es obvio que no era para estar haciendo ladrillos con barro y paja, ni tampoco para construir pirámides para otros “señores” que no fueran Dios. ¿Por qué perdieron su aspiración para ser un pueblo que simplemente aportaba su trabajo para el beneficio de otros? ¿Porque nos puede pasar esto a nosotros? ¿A que he venido a este mundo? ¿Lo que hago ahora es realmente mi aspiración o solo aporto cosas para que otros se enseñoreen de mí? ¿Cómo se rompe ese ciclo de amargura que el diablo ha puesto en mi vida?

Dios nos da algunas soluciones provisionales  pero está trabajando con soluciones finales. Las soluciones provisionales  son para ayudarnos a llevar la carga del enemigo. Y las soluciones finales son para cambiar nuestra situación ante el enemigo.

Veamos en el texto algunas ayudas provisionales de parte de Dios. Primero, la adversidad del enemigo no anula la fidelidad de Dios. Dice el texto “que mientras más oprimían más se multiplicaban”. ¿Por qué ocurría esto? Porque Dios le había prometido a Abraham que serían una nación de millones y millones, y que él se encargaría de esa descendencia. (Génesis 15:5) Segundo, la acción  del enemigo  no anula la anticipación de Dios. Dios le había advertido a Abraham que todo esto acontecería y que él tenía el control, que sería pasajero, que había un tope a la opresión. Sería fuerte, y larga (Génesis 16:13), pero  que existía un límite  puesto a la opresión de los egipcios, y que el controlaba los destinos de Israel, él ya sabía lo que pasaría  y la fecha de la finalización de su adversidad y finalmente  los juzgaría. Dios es tan hábil que nada lo sorprende.

Por otro lado además de la ayuda provisional estaba la ayuda final. Y la ayuda final tenía un gran principio  y era que  la limitación del enemigo no detiene la bendición de Dios. Dios tendría tres acciones finales para el destino de sus hijos. En Génesis 15:5 Dios da tres promesas; una, que el juzgaría a esta nación por su crueldad con los  Israelitas. Segundo que los israelitas saldrían de la opresión egipcia y tercero que al salir de la opresión despojarían a los egipcios de sus bienes y “saldrían con gran riqueza”.

Así que sería un período difícil pero al final Dios sería justo y amoroso con sus hijos.

¿Qué podemos hacer entonces para no amargarnos ni creerle al Diablo que estamos perdidos y fracasados? Simplemente debemos depender de la idea de  que con Dios estamos bajo provisión y eso pone en juego su carácter. Dios no está jugando ni es mentiroso. Lo que ha prometido a sus hijos lo cumplirá. Segundo debemos entender  la previsión de Dios esto pone en juego su capacidad. Dios ya sabe el final y se ha anticipado a nuestro momento de “capataces”, y él nos lleva a un final perfecto. Y tercero, debemos confiar en la protección de Dios, ya que esto pone en juego compasión. Al final es importante observar que el pueblo de Dios saldría con gran riqueza.

¿Amargado? Lo entiendo, pero no deje que el enemigo lo encierre en un ambiente tan duro que pierda de vista a Dios.

He visto la película The Shawshank Redemption muchas veces, es una película donde Morgan Freeman y Tim Robbins son presos. Esta película tiene por tema la vida de los presos en Maine durante la década del cuarenta y las décadas siguientes. El relato se centra en el recorrido de los corazones de dos hombres a través de las pruebas y las tentaciones que significaba sobrevivir un año tras otro en la penitenciaría. Cuando reciben la noticia de que un amigo se ha suicidado después de haber sido puesto en libertad, Red, tal vez el más sabio y maduro de los presidiarios, explica lo que sucede cuando uno vive demasiado tiempo entre los muros de una prisión, en la escena el dice : «Estos muros son raros. Primero los odias, y después te acostumbras a ellos. Basta que pase el tiempo suficiente para que termines dependiendo de ellos». Hoy nuevamente vi esa escena, y algo ocurrió en mi corazón…me dije (¿o quizás el ES?) La verdad que es exactamente lo mismo que sucede cuando alguien es esclavo del pecado. Comienza detestando sus vestiduras inmundas —y la ira, las adicciones y los engaños que las acompañan—, pero después de un tiempo, se acostumbra a ellas. Y entonces, comienza a hallar consuelo en ellas. Al final, termina necesitándolas. Y la verdad que ese es el más trágico de todos los días: el día en que uno prefiere la esclavitud a la libertad. El día en que prefiere sus vestiduras permanentemente manchadas a las limpias vestiduras reales que Dios tiene esperándolo. No deje que el enemigo lo amargue.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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