“…A los que él quiso…”


Recientemente me he preguntado ¿porque muchas veces realizar algo ya sea laboral o espiritual con una buena actitud cuesta tanto?  ¿Por qué hay tantas personas cargadas y frustradas con su trabajo o con su labor eclesial? Y es que a veces oscilo entre querer hacer las cosas y tener que hacer las cosas. De allí que se plantea la pregunta ¿Qué es más importante? ¿Tener o querer? Creo que esta actitud procede de la manera en que nos aproximamos tanto a lo que hacemos laboralmente o lo que somos espiritualmente.

Hace poco estaba leyendo un artículo que me pareció bastante interesante. En una parte del artículo dice lo siguiente: “Fácil percibir como se repite con insistencia la necesidad de poseer un personal “comprometido” con la empresa para alcanzar metas y objetivos. Usualmente es tema obligado en charlas, cursos y talleres destacar el “compromiso” como requisito indispensable en la formación de equipos de alto desempeño, organizaciones exitosas y óptimos modelos de gestión. El “compromiso” es observado como una manera incondicional de afrontar los retos que tanto los procesos como la administración exigen al capital humano, así como la máxima expresión del vinculo entre patronos y empleados. Parece no advertirse el verdadero significado de tan común palabra, lo que se traduce en una paradoja de la administración contemporánea. De acuerdo al diccionario español VOX la palabra “compromiso” significa, entre otras cosas, “obligación contraída, palabra dada, fe empeñada”, es más, si hacemos un ejercicio simple de descomposición pareciera surgir la frase “con promesa”. Lo anterior nos lleva, entonces, a formularnos varias interrogantes: ¿Deseamos tener un personal que labore por una obligación contraída con la empresa? ¿Se trata de administrar personas que nos den su palabra para alcanzar el éxito? ¿Queremos que nuestra gente empeñe su fe para el logro de los objetivos de la organización? O, simplemente, que trabaje bien porque nos lo ha prometido antes y durante su contratación[1].

Según este artículo  nos orienta al hecho de que el “compromiso” surge de la antigua práctica (aún presente) del contrato psicológico con el empleado, orientado a crear fidelidad por “agradecimiento” y “dependencia” y no por cohesión e identificación. Este artículo también exhorta a reflexionar el hecho de que es preocupante observar como se habla del compromiso sin detenerse un instante a analizar lo que se está verdaderamente exigiendo al personal, lo que ello encierra en su contenido y, más aún, que se avale tal requisito como una práctica plausible en la gerencia actual.

Más adelante añade: “Comprometerse es obligarse. Cuando el trabajo se realiza por obligación existe presión, desmotivación y es factible la ausencia de calidad. La respuesta no está en el compromiso, está en la identificación. Uno de los elementos más importantes atribuidos al liderazgo es precisamente que el líder logra tal identificación con sus seguidores que éstos le ofrecen lealtad y fidelidad prácticamente sin exigir otra cosa que no sea el beneficio mutuo, y éste principio es el que debe regir a las organizaciones. Las personas no desean sentirse obligadas a realizar la tarea, el trabajo ya es bastante exigente como para que exista una sensación adicional que comprometa al esfuerzo que se realiza, sin embargo, cuando el empleado está identificado con la tarea y con la entidad para quien la cumple, ésta le resulta placentera, la creatividad alcanza altos niveles y los resultados son superiores a los esperados[2].
En la medida que las organizaciones ofrezcan a su capital humano un equilibro que logre el beneficio común el compromiso irá desapareciendo, las personas no se verán obligadas a realizar la tarea, ni se requerirá personal alguno que experimente ese sentimiento. Las empresas habrán de luchar porque el individuo más que comprometido se sienta identificado con ellas, las adopte de tal manera que realice su labor a gusto y con optimismo, sabiendo que en cada paso está agregando valor al proceso.

En pocas palabras es más importante el “querer” que el “tener”, y estas dos palabras van asociadas con que la identificación es resultado del “querer que” y el compromiso es resultado del “tener que”. Ahora bien si esto es así ¿Cómo debería ser nuestra vida cristiana? ¿Es una práctica que nace del “querer que” o del “tener que”

¿Cuál de estas dos actitudes gobernaban a Jesús? En el evangelio de Marcos hay una expresión que podía mostrar muy claramente su corazón. Está dentro del contexto del llamado de los 12 apóstoles. Me quisiera centralizar en la expresión “y llamó a sí a los que él quiso”.

Antes de entrar en detalle del texto en sí, quisiera establecer un poco de gramática griega y por sobre todo de términos griegos. Hay, en la Biblia, dos palabras importantes que se traducen en castellano “querer”, “desear” o “tener la voluntad”, estas dos palabras son thelo y boulomai, y es necesario aclarar las diferencias entre ambas para una mejor comprensión de las Escrituras. Thelo es definida  como “querer o desear, es el elemento emocional que lleva a la consecuente acción. En cuanto a boulomai se  dice que si bien a veces el significado es más amplio, hace referencia al resultado de thelo, es decir  es la determinación deliberada, ya sea que esté en acuerdo o en contra del deseo o impulso original. En otras palabras, thelö es aquel deseo impulsivo que se produce en el interior, mientras que boulomai es la determinación en el corazón de seguir o no ese impulso. Thelo es un deseo proveniente de las emociones mientras que boulomai es la voluntad que parte del razonamiento, es desear algo a causa de haber pensado y decidido que es lo conveniente. Por ejemplo, digamos que paso por una heladería, y al ver los helados tengo un deseo impulsivo de comer un helado, eso sería el deseo thelö, sin embargo, reflexiono y pienso “mejor no como helado porque estoy recuperándome de un resfriado y me puede hacer mal”, luego mi voluntad reflexiva actúa de modo que evito seguir a mi impulso inicial, en este caso, mi voluntad boulomai fue contraria al impulso inicial (el deseo thelö). Ahora supongamos que mi estado de salud es óptimo, es un día cálido y tengo tiempo y el dinero para detenerme a comer helado y lo hago, en ese caso mi resolución (la voluntad boulomai) sería la concreción del deseo (thelö) inicial.[3] Es importante entender que thelos está relacionado con el “querer” mientras que boulomai está relacionado con el “tener”. Lo curioso es  que ante la magnitud de la decisión de Jesús, Marcos utiliza la expresión  “thelos” como lo que rigió la decisión de Jesús. En ese sentido la decisión de Jesús aunque razonada fue más que todo basada en el deseo y la emoción.  Significa que Jesús estaba identificado emocionalmente con las personas que escogió. En ese sentido Jesús quería escoger a los discípulo y no era “que tenía que escogerlos” como parte de un proceso frío de decisión. Y para ser más específico Jesús no estaba comprometido con la misión que tenía sino que estaba identificado. ¿Cómo se concluye que una persona “quiere” como Jesús realizar la obra del Padre? Hay varios indicadores que son importantes.

Primero, si quieres entonces cultivas tu identidad. El evangelio de Lucas (6:12)  en el pasaje paralelo dice que “subió al monte a orar” y “que pasó toda la noche orando a Dios”. Es importante observar el hábito del Señor Jesús de orar. Es obvio que siendo Dios, no necesitaría pasar orando toda la noche. Sin embargo Jesús nos muestra como cultivaba su vida interior. ¿Cómo cultivaba Jesús su vida interior?  Tenía un sentido de percepción. “En aquellos días”. ¿Qué percibía Jesús? La necesidad de buscar ayuda. Curioso para Jesús, ya que el podría haberlo hecho solo, decide buscar ayuda.  Dice Lucas “en aquellos días” ¿Qué días? Es obvio que Lucas no establece el mismo contexto que Marcos. En Marcos hemos visto a un Jesús enfrentándose a una tremenda carga ministerial así que en Marcos una vez más, la transición es muy natural. Con tantos enfermos para sanar, tantos endemoniados para libertar y tanta necesidad de predicar (véase 3:7–12, 14, 15), era natural que Jesús autorizara a algunos de sus seguidores para compartir el trabajo que él mismo realizaba, haciendo que su propio poder y compasión también actuara en ellos. Además, la hostilidad de los dirigentes religiosos había llegado a ser tan intensa (3:6) que la cooperación con ellos era ya imposible: el pueblo de Dios ha de organizarse por separado. Además, desde el comienzo del ministerio terrenal de Cristo, le estaban aguardando la muerte y (después de la resurrección) su partida de esta tierra. En realidad, había venido con el propósito expreso de dar su vida en rescate por muchos (10:45). Sentía, por tanto, la necesidad de designar testigos para reunir y guiar a la iglesia militante después de su propia partida física, con la colaboración de ellos y mediante su obra en ellos[4] Tenía un sentido de reclusión. “al monte a orar”. ¿Por qué se recluía Jesús? La necesidad de estar tranquilo. Hendriksen dice que el artículo definido (“el” monte, no “un” monte), a menos que sea una referencia a la región montañosa en general (“los montes”), probablemente indica que la alusión es a un monte bien conocido. ¿Fue el Cuernos de Hattin, llamado así porque sus picachos parecen dos cuernos cuando se mira desde la distancia? Esta elevación está unos seis kilómetros y medio al oeste del mar de Galilea y unos trece kilómetros al suroeste de Capernaum. ¿O fue aun más cerca de Capernaum y en esa misma dirección? Si así fuera, la referencia sería a una suave y verde pendiente que está al oeste de Tabgha[5]. Tercero tenía sentido de pasión toda la noche orando a Dios”. Jesús subió al monte “a orar”. Observe que el pasaje es enfático porque dice que pasó “toda la noche” En realidad, pasó la noche orando a Dios. Si, como se puede suponer, uno de los puntos incluidos en esa oración fue la petición por sabiduría para seleccionar un grupo de seguidores más íntimo, esto arrojaría una interesante luz sobre los caminos de Dios, especialmente cuando recordamos que los hombres seleccionados eran, por lo menos en su mayoría, personas ordinarias (cf. 1 Corintios  1:26). El grupo incluía aun al hombre que iba a convertirse en el traidor, a fin de que, sin anular en forma alguna la responsabilidad humana, pudiera llevarse a cabo el consejo de Dios respecto de la salvación de su pueblo. Véanse Lucas 22:22; Hechos 2:23[6].

Segundo si quieres entonces cautivas con tu personalidad. Tanto Marcos como Lucas establecen que los llamó para que “estuviesen con él”. Los designó, en primer lugar, para estar una temporada con su Maestro, viéndole y oyéndole, y aprendiendo todo lo que quiso enseñarles. Para ellos, tal relación significaba una educación espiritual. Eso significa que Jesús tenía un poder cautivador que lo hacía irresistible ante los hombres. Los discípulos primero deberían estar con él, y para estar con “alguien” se debe tener el carisma para atraerlos. Pero no sólo para traerlos, sino que también motivarlos. «El carácter», dijo Moody, «es lo que un hombre es en la oscuridad»[7]. Tu personalidad debe motivar a una persona a ser mejor. Pero tu habilidad debe empoderar a hacer mejor las cosas. Note pues que en segundo lugar, y en estrecha relación con lo precedente, el nombramiento fue para ser heraldos; es decir, para predicar. Los que reciben deben transformarse en dadores. Los discípulos deben convertirse en apóstoles. Han de promulgar el mensaje de salvación por medio de Jesucristo. En un sentido fueron investidos con su autoridad. Tan real fue esta autoridad que Jesús llegó a decir: “El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe al que me envió” (Mateo 10:40). Cf. Mr. 6:11; Juan 20:21–23. Primero fueron enviados a las ovejas perdidas de la casa de Israel (Mateo 10:5, 6); luego, a todas las naciones (Mateo 28:19), y a todo el mundo (Mr. 16:15).  En tercer lugar, Jesús les designó para tener autoridad (el derecho y el poder) para expulsar demonios.

Tercero, si quieres entonces convives con la diversidad. Me gusta mucho observar que el pasaje nos habla de 12 hombres totalmente diferentes y diversos. Lo que muestra la grandeza de Jesús es que él tomó hombres como estos, y los unió en una comunidad asombrosamente influyente que demostraría ser, no solamente un vínculo digno con el pasado de Israel, sino también un fundamento sólido para el futuro de la iglesia. Sí, él cumplió este milagro múltiple con hombres como estos, con todas sus faltas y debilidades. Aun cuando dejamos a un lado a Judas Iscariote y solamente consideramos a los demás, no podemos dejar de impresionarnos por la majestad del Salvador, cuyo poder de atracción, sabiduría incomparable y amor sin igual eran tan asombrosos que podía reunir alrededor suyo y unir en una familia a hombres tan enteramente diversos, a veces hasta opuestos, en cuanto a antecedentes y temperamentos. Dentro de este pequeño grupo estaba Pedro el optimista (Mateo 14:28; 26:33, 35), pero también Tomás el pesimista (Juan 11:16; 20:24, 25); Simón, el ex zelote que odiaba los impuestos y estaba ansioso por expulsar el gobierno  romano, pero también estaba Mateo que voluntariamente había ofrecido sus servicios de recolección de impuestos a ese mismo gobierno romano; Pedro, Juan y Mateo, destinados a ser famosos por sus escritos, pero también Jacobo el menor que es desconocido, que, sin embargo, debe haber cumplido su misión.

Cuarto, si quieres entonces conquistas la adversidad. “el que llegó a ser el traidor”. Lucas dice esto pero Marcos dice “el que le entregó”. Judas Iscariote. Generalmente este nombre se interpreta con el significado de “Judas el hombre de Cariot—o Keriot—” lugar al sur de Judea. (Algunos, sin embargo, prefieren la interpretación, “el hombre de la daga”). Los Evangelios se refieren a él muchas veces (Mateo 26:14, 25, 47; 27:3; Mr. 14:10, 43; Lucas 22:3, 47, 48; Juan 6:71; 12:4; 13:2, 26, 29; 18:2–5). A veces se le describe como “Judas el que le traicionó”, “Judas uno de los Doce”, “el traidor”, “Judas hijo de Simón Iscariote”, “Judas Iscariote, hijo de Simón”, o simplemente “Judas”. Este hombre, aunque totalmente responsable de sus propios actos impíos, fue instrumento del diablo (Juan 6:70, 71). La gente que no estaba de acuerdo con las enseñanzas de Cristo, simplemente se separaban del Señor (Juan 6:66), pero Judas permaneció como si estuviese perfectamente en armonía con Jesús. Era una persona egoísta en sumo grado y no pudo—o, ¿diremos mejor no quiso?—entender el gesto generoso y bello de María de Betania cuando ungió a Jesús (Juan 12:1ss). Era incapaz de entender que el lenguaje fundamental del amor es la generosidad. Fue el diablo quien instigó a Judas a traicionar a Jesús, es decir, lo impulsó a entregarlo en manos del enemigo. Era ladrón; sin embargo fue a él a quien se le confió la bolsa del pequeño grupo, con resultado predecible (Juan 12:6). ¿Cuál fue la causa de que este discípulo privilegiado llegara a ser el traidor de Cristo? ¿Fue acaso el orgullo herido, la ambición frustrada, la profunda codicia, el temor de ser expulsado de la sinagoga (Juan 9:22)? Sin duda alguna, todas estas razones se hallaban incluidas, pero ¿no podría ser la razón fundamental el hecho de que entre el corazón totalmente egoísta de Judas y el corazón infinitamente generoso de Jesús existía un abismo inmenso? Esto significaría que, o bien Judas debía implorar al Señor que le otorgase la gracia de la regeneración y la renovación total, petición que el traidor impíamente rehusó hacer, o bien debía ofrecer su cooperación para deshacerse de Jesús (véanse también Lucas 22:22; Hechos 2:23; 4:28). Una cosa es cierta: ¡La espantosa tragedia de la vida de Judas es prueba, no de la impotencia de Cristo, sino de la impenitencia del traidor! ¡Ay de aquel hombre![8]

 

[1] http://www.degerencia.com/articulo/identificacion_o_compromiso_la_diferencia_entre_querer_y_tener_que_hacer_el_trabajo

[2] Ibíd.

[3] https://enrique60.wordpress.com/2014/06/

[4] https://diariosdeavivamientos.files.wordpress.com/2014/12/comentario_al_nuevo_testamento_-_marcos_-_william_hendriksen.pdf

[5] https://diariosdeavivamientos.files.wordpress.com/2014/12/comentario_al_nuevo_testamento_-_lucas_-_william_hendriksen.pdf

[6] https://diariosdeavivamientos.files.wordpress.com/2014/12/comentario_al_nuevo_testamento_-_lucas_-_william_hendriksen.pdf

[7] http://www.desarrollocristiano.com/articulo.php?id=105

[8] https://diariosdeavivamientos.files.wordpress.com/2014/12/comentario_al_nuevo_testamento_-_marcos_-_william_hendriksen.pdf

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