Siempre tenga lista la barca…


Me he dado cuenta últimamente que la actividad desmedida en el ministerio  es muchas veces poco gratificante. ¿Por qué llega uno a cansarse de la gente? ¿Por qué se dan momentos en los cuales el servir a la gente se convierte en una carga? ¿Podemos llegar a momentos en que incluso sea peligroso continuar ministrando? ¿Es posible llegar a momentos en los cuales estar con la gente es más  peligroso que estar lejos de ellos? Esta semana leyendo el evangelio de Marcos me di cuenta que Jesús sabía lo que era sentirse abrumado por la gente.  Y es que el texto dice en Marcos 3:9 que Jesús muchas veces se sentía oprimido por la gente. ¿Cómo es posible que exista un Dios oprimido?

¿Qué oprimía a Jesús? ¿Porque la gente llegaba a oprimir su vida?

La palabra “oprimir” es la palabra griega “thlibo” y esta palabra se usa en Mateo 7 cuando dice que el camino es “angosto” cuando se trata de entrar por la puerta estrecha.  En ese pasaje también se puede traducir como “camino desgastado por una marca”. Es decir es la idea de que algo ha pasado tanto por un camino que ya dejo impresa su marca en ese camino. ¿No es esa una interesante figura?  La verdad que muchas veces me he sentido de esa forma.  ¿Según este pasaje que podría generar en Cristo este tipo de cansancio? ¿Cómo evitamos caer en ese desgaste?

Primero hay una fuente es la presión de la actividad.  (Lucha con lo que hago) Observe que el texto dice que había un “gentío” detrás de él. Por otro lado el vrs. 7 dice que le “siguió gran multitud.” ¿Qué tienen las masas que lo llegan a fastidiar a uno tanto? Hay que recordar puntualmente que a Jesús jamás le agradaron las multitudes. ¿Qué es lo peligroso de enamorarse de las multitudes? Que las multitudes ejercen una presión grande en nuestros propósitos. ¿Cuáles son esos peligros latentes en la presencia de las multitudes? Primero el peligro de la manipulación. Ya sea para bien o para mal cuando es objeto de admiración de las masas, y ellas saben que puedes proveerles lo que desean ellas por ser muchos pueden pensar que la fuerza “del número” es suficiente para cumplir con sus deseos.  Segundo el peligro de la imposición. Es decir reza el dicho popular “voz del pueblo voz de Dios”. Cuyo significado es que si la mayoría aprueba entonces es lo correcto e incluso Dios está de acuerdo. Creo que nos cuesta trabajo entender lo enorme que debía de ser aquella multitud. No se trataba de unas pocas personas y ni siquiera de unos cuantos miles. Sin duda habría literalmente cientos de miles de personas entre aquella multitud. Venían de por todo el país, de Galilea, de Judea, que comenzaba cincuenta millas al sur, de Jerusalén, la capital de Judea aproximadamente a unas setenta millas al sur del Mar de Galilea, y de más allá de la tierra de Idumea o Edom, muy lejos, al sur del desierto y de la región que se encontraba al este del Río Jordán hasta el desierto arábigo, y desde el oeste hasta la costa del Mediterráneo y subiendo por la costa de Tiro y Sidón, una región que se encuentra actualmente en el Líbano, llegando de todas aquellas tierras. Llegaban en enormes multitudes de todas las ciudades para poder escuchar a aquel profeta extraordinario que había aparecido en Galilea y que estaba diciendo cosas tan asombrosas[1] El peligro de la ilusión. Es bien sabido como se comportan las masas. Son manipulables y se les puede usar como fuerza para decir lo que unos pocos dicen y deciden por ellas. Mucha gente en la iglesia usa esta frase: “Pastor, es que la iglesia o la mayoría de la iglesia dice que se necesita esto…o aquello… Y lo que encontramos es que son unos pocos hablando en nombre de todos, pero poniéndole a  todos su propia agenda. Y de esa forma se pueden inventar todo tipo de ilusiones que no existen en el grupo.

Segundo, la presión de lo diversidad.  (Lucha con lo que soy) Uno puede darse cuenta que no sólo era una multitud sino que era una multitud de diferentes trasfondos, necesidades, ideas, conflictos. ¿Cómo se puede ministrar individualmente cada problema? Era imposible humanamente hablando aunque Jesús lo podía hacer como Dios, el decidió demostrarnos que como hombree no se puede hacer. Ese es el peligro de acomodarse a la diversidad de la gente. Nunca se está satisfecho con nada. Cada quien piensa que su punto de vista es el único y que ellos son los únicos que deben ser escuchados.

Tercero, la presión de la habilidad.  (Lucha con lo que doy) Si uno se da cuenta la gente buscaba a Jesús por lo que había hecho. El texto establece que la gente llegó por que había sanado y exorcizado a muchos. Eso significa que había un interés en el servicio de Jesús. Es importante entender que cualquiera se siente adulado y honrado de ser una persona competente y tener éxito en lo que hace. Pero hay que aprender que uno como ser humano tiene limitaciones. En el ministerio cristiano, saber poner límites a los que te quieren “absorber”, es cosa de sabios. Su ministerio no pasaba desapercibido, y esto tenía sus puntos favorables como los que no.

 Cuarto, la presión de la espiritualidad.  (Lucha con hacia donde voy) Es importante notar que Jesús podía experimentar opresión. Es obvio que la opresión era física, emocional, pero también espiritual  Muchas de las luchas que tuvo fue contra demonios y espíritus. Jesús estaba consciente de lo desgastante que era eso. Era obvio que después de cada sanidad y liberación había un lucha espiritual en el mundo espiritual.

La actividad me presiona para no descansar. La diversidad me presiona para no diferenciar. Y la habilidad me presiona para no delegar. La espiritualidad me presiona para no reposar.

¿Cómo hacía Jesús según este pasaje para no caer en opresión espiritual?

Primero era un asunto de  Reacción. El sabía que iban a llegar momentos en que la gente lo iba a oprimir, así que siempre hubo una reacción hacia ellos. Segundo, era un asunto de Relación-. Dice que el podía confiar en un grupo pequeño para le ayudara en ese momento crítico. Tercero era un asunto de Recuperación.  Mar 3:9 RV1960 (T) Y dijo a sus discípulos que le tuviesen siempre lista la barca, a causa del gentío, para que no le oprimiesen. Tener lista la “barca” para apartarnos un poco de los que nos demandan cuidados y favores espirituales no es cosa de ministros “carnales”, sino de hombres y mujeres sabios. Hay gente que es sumamente absorbente en sus demandas de cuidado, y usted debe ponerle límites, para bien de ellos y de su ministerio. Él predicaba con autoridad, y esto causaba el asombro de los que le rodeaban, al punto que dice que: Mar 3:8-20 RV1960 (T) … oyendo cuán grandes cosas hacía, grandes multitudes vinieron a él. (9) Y dijo a sus discípulos que le tuviesen siempre lista la barca, a causa del gentío, para que no le oprimiesen. (10) Porque había sanado a muchos; de manera que por tocarle, cuantos tenían plagas caían sobre él. (11) Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. (12) Mas él les reprendía mucho para que no le descubriesen. …(20) Y se agolpó de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan. Tal era la expectativa que tenían en Él, la cual por momentos se hacía tan intensa que necesitaba de una barca para separarse de ellos. El objetivo de tal separación era el que “no le oprimiesen”, lo cual es un término que hace referencia a los sufrimientos causados por la presión de las personas. Es decir, aquella demanda por parte de los que le rodeaban, por momentos era tan intensa que se volvía motivo de sufrimiento para Cristo, por lo cual necesitaba aquella barca para poner un poco de distancia entre ellos. En nuestras congregaciones hoy seguimos encontrando gente así. Individuos que se vuelven totalmente absorbentes de nuestro tiempo, de nuestras fuerzas y de nuestro ánimo. Que se vuelven tan posesivos al punto de limitarnos en el libre ejercicio y desarrollo de nuestros ministerios. La pregunta es: ¿qué hacer con personas así? ¿Debemos resignarnos a su espíritu posesivo? Creo que en Jesús tenemos la respuesta, y ella es: póngale límites a esa clase de personas porque si no le estorbarán en el desarrollo pleno de su ministerio.

CONCLUSIÓN
Como hombres al servicio de Dios seguimos siendo exactamente eso: hombres. Y como tales necesitamos nuestro espacio personal, nuestro espacio familiar, y también nuestro espacio ministerial. Y en este último, ministerio que no debería quedar estancado en unos pocos “posesivos” si no enfocado en la plenitud del llamado divino. No se sienta mal cuando tenga que ponerle límites a quienes usted ministra, eso será algo bueno para ellos como para usted mismo también. Juan 6:15 NBLH Por lo que Jesús, dándose cuenta de que iban a venir y por la fuerza hacerle rey, se retiró El solo otra vez al monte.

[1] http://www.raystedman.org/spanish/marksp/3306sp.html

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