Salmo 91:16 El Principio de la Esperanza


 

“Lo saciaré de larga vida, Y le haré ver Mi salvación.”

“El que espera, desespera” dice un refrán popular. Esperar algo no es satisfactorio para nadie y en ocasiones las salas de espera en oficinas y consultorios se convierten en salas de tortura para muchos que, son impacientes y perciben el tiempo de espera como un tiempo perdido. Esta creencia común puede percibir a la esperanza como algo negativo y algo no muy deseado.

Sin embargo, la esperanza, desde el punto de vista bíblico, es una virtud esencial y tiene una connotación positiva. De hecho, la esperanza de los creyentes siempre está basada en Dios y sus promesas. Nuestro Dios no solamente es una fuente de nuestra esperanza sino que El es el Dios de esperanza: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo (Rom. 1:13). La esperanza de los cristianos está personificada en Jesús: “Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza”(1 Tim.1:1). El carácter de Dios, quien siempre es bueno, fidedigno y verdadero nos motiva a confiar y esperar en El y en sus promesas. Así que, el teólogo Jurgen Moltmann en su famoso libro La teología de la esperanza nos dice que “la esperanza no es otra cosa que la expectativa de aquellas cosas que por la fe creemos han sido claramente prometidas por Dios”[1].

La esperanza es una virtud esencial de la vida cristiana porque hace que nuestra vista y confianza esten fundamentadas en un Dios bueno que cumple sus promesas y que un día redimirá completamente nuestra vida y circunstancias. La escatología es la doctrina de las buenas noticias para quellos que han confiado en Cristo y que viven bajo las promesas de Dios. Además, la esperanza no es solamente la expectativa de algo que Dios cumplirá en el futuro sino que tiene repercusiones presentes. La perspectiva de nuestra vida y nuestro comportamiento cambian cuando nuestra esperanza en Dios y en sus promesas forman parte de nuestra vida como seguidores de Jesucristo. Por lo menos el Salmo 91 termina con una nota de esperanza a aquel que se ha refugiado en el Altísimo. ¿Cómo ve la esperanza el salmo 91:16?

El Salmo 91 tiene  tres perspectivas sobre la esperanza. Es una esperanza externa, una esperanza interna y una esperanza eterna.

En primer lugar la esperanza es  externa. Note que el versículo dice “lo saciaré de larga vida” La esperanza externa es la que Dios nos promete en el ahora. Es lo que llamaríamos esperanza para la temporalidad. ¿Qué es la temporalidad? La palabra temporalidad se refiere  cuando queremos expresar la transitoriedad que observan las cosas en la vida. En tanto, la característica saliente de la temporalidad es la cualidad de transitorio. Lo transitorio, por su parte, sobresale especialmente por las condiciones de pasajero, temporal, fugaz, efímero[2]. En realidad vivimos una vida que no es real sino temporal. Muchos tratamos de creer que lo que vemos es la realidad, sin embargo lo que vemos es temporalidad. ¿Y cuál es la diferencia entre temporalidad y realidad? La temporalidad es lo que le asiganamos los individuos a lo que vemos y la realidad es la verdad de lo que existe. La temporalidad es perspectiva humana, la realidad es perspectiva divina. No todo lo que creemos valorar es verdad, de hecho nos confundimos con la realidad. Sin embargo Dios promete que en esta temporalidad tendremos una esperanza que se preocupa por lo externo. Es decir lo que nos preocupa en la temporalidad. Hay tres cosas temporales que Dios cuidará de nosotros. Primero, subsistencia. “Lo saciaré”. La palabra “sa´ba” es una expresión que se puede traducir como saturar, llenar, enriquecer. La expresión determina que la acción de saciar no depende del sujeto sino de algo externo. En ese sentido Dios nos muestra que la esperanza del creyente en cuanto a sus necesidades básicas dependerá única y exclusivamente de la acción de Dios.  Si Dios dice que nos proveerá para subsistir ¿Por qué a veces pasamos grandes necesidades? Es obvio que eso nos forma el carácter, pero si somos honestos Dios se ha comprometido con sostenerme y darme lo que necesito para subsistir. Segundo, resistencia. La expresión hebrea para “larga” es importante aquí habla de stamina, vigor y sustancia. Es obvio que aunque estemos enfermos es Dios quién simplemente nos hace superar las circunstancias difíciles. Dios nos capacita para resistir, y darle vuelta a la adversidad para cosas buenas y para la gloria de Dios.  Tercero, existencia. Observe que dice “vida”. La expresión que su utiliza es la palabra hebrea “yowm” que se traduce como días. La Biblia tiene mucho que decir acerca de la voluntad de Dios en relación con nuestra vida aquí en la tierra: cómo vamos a vivir y por cuánto tiempo. Dios ha planeado para nosotros una buena y larga vida. Pero sin esa revelación, cuando lleguemos a los 60 ó 70, debemos empezar a disminuir nuestro paso y alistarnos para partir. Nunca ha sido el plan de Dios que muramos jóvenes. Su voluntad es que vivamos el total de nuestros días. Ya es tradicional que se mencione el Salmo 90:10 en relación con la expectativa de vida del hombre. Dice: “Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos”. Sin embargo, la mayoría de la gente no se da cuenta de que al leer solamente este versículo se le saca de contexto[3]. Se da la autoría del Salmo a Moisés, quien está intercediendo ante Dios para que quitara la maldición que hacía obligatoria la muerte de todo israelita mayor de veinte años (cuando se rebelaron contra Dios en Cades-barnea) antes de alcanzar la tierra prometida (Num.14:26-35). Dice Moisés, en el Salmo, que la mayoría de ellos están muriendo a los setenta años. Esta cifra se ha tomado a menudo equivocadamente como un lapso de vida fijo para toda la humanidad. No se refería a cualquier persona, sino a aquellos israelitas que estaban bajo la maldición y solo durante aquellos cuarenta años. Setenta años nunca ha sido el lapso promedio de vida de la humanidad. Cuando Jacob, el padre de las doce tribus había llegado a los 130 años (Gen. 47.9) se quejaba de que no había llegado a los años de sus antecesores inmediatos. De hecho el mismo Moisés llegó a vivir 120 años, Arón 123, y Miriam muchos años más que Aarón, Josué llegó a 110 años. Nótese también que en el milenio una persona que muera a los 100 se considerará un niño (Isa. 65:20).  De aquí aprendemos que los israelitas que morían a los 70 estaban viviendo bajo la maldición causada por desobediencia. Según Gálatas 3:13 Jesús nos ha redimido y por lo tanto la maldición no es maldición para nosotros. Si hemos hecho a Jesús nuestro Señor, es nuestra la libertad de todo lo que esa maldición cause, eso incluye la enfermedad, la destrucción y la muerte prematura[4]

En segundo lugar hay una esperanza interna. Esto es una esperanza para la realidad. El texto continúa diciendo “le haré ver”. Esta expresión implica percibir, contemplar todo el panorama. La esperanza interna provee una intimidad para el presente, de una manera contínua y creciente. Dios quiere que nosotros tengamos una visión celestial y no tanto terrenal. Observe que esta visión es concedida por Dios y no por agentes humanos externos. Viene de mi relación interna con Dios y su Espíritu Santo. ¿Cómo nos ayuda la esperanza interna ante la realidad. Primero hay una dependencia. El tiempo verbal en modo Hiphil establece que la acción no está en el sujeto sino fuera del sujeto. En este contexto el sujeto es Dios. Segundo hay independencia. La visión es independiente de lo que vemos con nuestros ojos y de lo que entendemos racionalmente. Mientras más dependemos de Dios más independientes nos hacemos del mundo. Tercero hay divergencia.  La divergencia implicará la diversidad de opiniones, el desacuerdo. Si nosotros obtenemos la visión de Dios para la realidad que vivimos, entonces nos separaremos y seremos diferentes del resto del mundo.

En tercer lugar hay una esperanza eterna. “mi salvación”. La esperanza eterna nos prepara para la eternidad. No somos pasajeros, estamos destinados a la eternidad. Es importante recalcar que la palabra salvación aquí es la expresión jeshua, que implica liberación, salvación, sanidad, etc. Es literalmente el nombre de Jesucristo. En el NT vemos la salvación a través de las promesas del evangelio. Observe que esta esperanza eterna tiene por un lado  condición pues el texto dice “mi” que es un pronombre posesivo. Es una salvación que le pertenece a Dios, el pone los medios, las condiciones, etc. En segundo lugar la esperanza eterna habla de culminación. Significa que Dios nos lleva a un destino, que es reunirmos con el Salvador del mundo. También nos habla de consumación. La palabra “Y’shua,” la cual fue mencionada por primera vez en Génesis 49:18 que dice: “Tu salvación (y’shua) esperé, oh Señor.” Este nombre aparece más de 200 veces en las Escrituras (Isaías 12:2, Salmo 106:4, Lucas 2:30, etc.) el significado detrás de Y’shua es Salvación. La raíz de la palabra es “yasha” que significa “salva.” Por lo tanto Y’shua es salvación, El no tan solo nos da la salvación, El es salvación. Esa es su misma naturaleza, establecida desde el principio y llevada a través de las vidas de cada uno que confía en El y le sigue. Todas las palabras Hebreas tienen una raiz verbal, la cual establece la fundación para las demás palabras relacionadas con ellas. Las letras individuales del alfabeto Hebreo fueron ordenados divinamente y puestos en un perfecto orden por Dios. Cada significado detrás de cada letra de una palabra forma un completo significado de la palabra cuando son puestas juntas. Las palabras “salva,” “liberta,” “preserva,” y “ayuda” son palabras que traducen a esta palabra “yasha.” La palabra “yeshua” contiene tres consonantes que forman la palabra. Estas consonantes son yod, shin y ayin. Cada una de estas letras tienen una forma primitiva y un significado primitivo detrás de cada una de ellas. La forma primitiva de la letra yod parece como una mano y su significado era “acto” o “acción.” La forma primitiva de la letra shin era de diente y su significado era de “consumir” o “destruir.” La forma primitiva de la palabra ayin era la de un ojo y su significado era de “poner tus ojos” o “mirar hacia.” Para los primeros Hebreos observantes de la Torah, este orden de letras les ayudaba a formar su entendimiento del significado total de la palabra. Para ser salvo, se tenía que comenzar con un acto o una acción, un rescate seguido por una destrucción de algo de lo cual fuimos rescatados y finalmente concluye con una devoción, poniendo los ojos sobre aquello que te libertó. Por ejemplo en Exodo 3:17, vemos que el Señor le dijo a Moisés que El los libertaría de Egipto y los llevaría a una tierra que fluye leche y miel. Podemos ver que en medio de estos dos eventos, El destruyó a sus enemigos. Esto concluyó con Israel poniendo sus ojos en lo que el Señor había hecho.[5]

[1] http://www.thegoodbookblog.com/2012/sep/13/jesus-es-nuestra-esperanza/

[2] http://www.definicionabc.com/general/temporalidad.php

[3] http://es.kcm.org/node/58099

[4] http://es.kcm.org/node/58099

[5] http://www.yeshuashemi.org/ElNombreYeshua.html

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