Salmo 91:15 “El Principio de la Relación”


“Me invocará, y le responderé; Yo estaré con él en la angustia; Lo rescataré y lo honraré”. Salmo 91:15

 Recientes encuestas de Gallup han dejado al descubierto tendencias conflictivas dentro de nuestra sociedad: la religión va en ascenso, pero también el crimen y la inmoralidad. George Gallup las define como «una gigante paradoja consistente en que la religión muestra claras señales de avivamiento, inclusive mientras el país está agobiado por el ascenso del crimen y otros problemas considerados como antitéticos frente a la piedad religiosa». Dirigiéndose a líderes bautistas del sur en un seminario nacional, Gallup dijo: «Encontramos que hay muy poca diferencia entre la conducta ética de los asistentes a iglesia y la de aquellos que no son activos en alguna religión. Los niveles de mentira, trampa y robo son notablemente similares en ambos grupos.» Ocho de cada diez norteamericanos se consideran a sí mismos como cristianos, dijo Gallup, pero solamente la mitad de ellos podía identificar a la persona que pronunció el Sermón del Monte, y todavía menos podían recordar cinco de los Diez Mandamientos. Únicamente dos de diez dijeron que estarían dispuestos a sufrir por su fe.  Tener la religión en ascenso mientras baja la moralidad es una gran recriminación para el cristianismo[1].

Al igual que cualquier persona nominalmente religiosa, decidimos qué vamos a creer y cómo vamos a actuar, sin interesamos mucho en lo que enseñe la Biblia. Alguien  escribió: «Millones de protestantes, entre ellos muchos evangélicos, eligen y cambian de iglesia como lo hacen con su aerolínea, por criterios de conveniencia en los traslados, comodidad y economía». Para nosotros, así como para el mundo, es una religión «a la carta»[2] ¿Desde dónde viene el error de esto? ¿Qué ha pasado con nuestra relación con Cristo?  ¿Cómo se puede saber exactamente que es tener una relación con Dios? Bueno creo que el vrs. 15 del Salmo 91 nos puede ayudar en esta ocasión.

Una persona que tiene una relación genuina con Dios tiene cuatro   grandes pilares. La Petición,  la Percepción,  la Provisión y finalmente la Posición.

Quiero que veamos en primer lugar la Petición de la relación.

Observe que el pasaje comienza diciendo “Me invocará”. ¿Quién es el que invoca? Es ael que se describe en el vrs. 14, es decir aquel que ha puesto su amor en El. La expresión invocar es interesante en el AT. La expresión hebrea es qarah y es un qal imperfecto. Por ser imperfecto no es una invocación de una vez sino un estilo de vida. Es decir el que tiene por costumbre invocar. Todos los cristianos en algún momento han orado a Dios. Dios escucha estas oraciones sin importar si se hacen en silencio o en voz alta. Sin embargo, la práctica  de invocar, la cual es una forma de oración, es definitivamente audible y constante. En la Biblia, la palabra griega traducida invocar significa llamar en voz alta a una persona por su nombre.

Por ejemplo, cuando un niño se cae de un columpio, inmediatamente grita: “¡Mami!” Su madre lo escucha y corre hacia él, le limpia sus lágrimas y lo tranquiliza. Los niños lloran por sus madres cuando tienen hambre, están cansados o tienen miedo. Ellos lloran porque son indefensos y necesitan el cuidado. De igual manera, simplemente invocar el nombre del Señor, estamos diciendo que tenemos hambre de Él, que le necesitamos y que no podemos salir adelante sin Él[3].

¿Cómo es esta invocación tanto como para empezar una relación con Dios o reforzar una relación con Dios.

La Petición es personal. Está en tercera persona del singular, lo que denota que es una sola persona, y lo hace de una manera personal. La Petición es natural Si observamos no encontramos una oración prefabricada o una guía a que repetir. Es decir no es una oración hecha por los hombres, sino que parte de la necesidad e individualidad de la persona. Lo mejor que se puede hacer para entrar en una relación con Cristo es ser natural y no tener una plática estereotipada o artificial, sino lo que nace espontáneamente de una manera natural de nuestro corazón. Hoy cada vez estamos haciendo de las oraciones para Dios de una manera tan artificial. Y aún con nuestras buenas intenciones hemos cometido graves errores que actualmente nos está pasando la factura. Por ejemplo cuántos hemos oído algo como esto, incluso lo hicimos cuando “aceptamos a Jesús”.  «Los que quieran aceptar a Cristo como Salvador, por favor levántense de sus puestos y acérquense al frente de la plataforma. La mayoría de nosotros hemos escuchado invitaciones como ésta desde que éramos niños. Y si fuéramos tímidos, bien podríamos concluir que sencillamente no podíamos ser salvos. En algunas iglesias, abandonar la invitación sería considerado como el primer paso hacia el liberalismo. Incluso los que consideran que «pasar al frente» no tiene ningún sustento bíblico, todavía practican con regularidad las invitaciones públicas y nunca se les ocurriría cambiarlas por otra cosa. En las mentes de muchos, hacer que la gente pase adelante es una prueba de que el pastor es evangelístico y de que Dios está obrando. Sin importar qué ocurra en el salón de consejería, el hecho de que se haya presentado una señal exterior le da a la congregación el sentimiento de que la iglesia está en la jugada.  En algunas iglesias, pasar al frente y «venir a Cristo» se concatenan hasta el punto de que las personas llegan a creer que una acción no puede ocurrir sin la otra, y que pasar al frente equivale a «venir a Jesús». ¿Qué ocurre cuando fusionamos estos dos actos independientes entre sí? Básicamente, se perpetúa la noción de que caminar frente a una multitud tiene de por sí algún mérito especial en el proceso de conversión. Y lo peligroso de esto  es que aquellos que tienen temor de pasar al frente realmente pueden llegar a pensar que no pueden salvarse. El acercamiento de la persona a Jesús debe ser natural y no prefabricado.  La Petición es espiritual Muchas personas que oran para ser salvas no son transformadas, simplemente porque no han comprendido la gravedad de su condición y por qué deben transferir toda su confianza sólo a Cristo. Ellos consideran que «recibir a Cristo» es una buena obra más, como ir a misa o rezar el Padrenuestro. Se sienten gustosos de recitar una oración pero nada dispuestos a reconocer su absoluta indefensión ante la santa presencia de Dios. La parte de Dios en la salvación consiste en convencer al pecador, atraerlo y concederle el don del arrepentimiento. Todo lo que el hombre puede hacer es responder a lo que Dios está haciendo y abandonarse a la misericordia de Dios para que pueda ser salvo. Asociar muy de cerca ese paso con el acto de venir adelante en una reunión, es diluir la pureza del evangelio y enfocarse en el asunto equivocado. No es si un hombre está dispuesto o no a caminar frente a otras personas lo que cuenta para Dios. Es más bien si está dispuesto o no a reconocer su pecado y a recibir la misericordia que Dios le tiende por medio de la Cruz. ¿Qué hacemos entonces para confirmar la decisión  espiritual de alguien? El Dr. Lutzer dice que hay que  darle a los cristianos una oportunidad   de confesar a Cristo o invitar a las personas para que reciban consejería espiritual. Algunos justifican esta práctica con lo que Pablo escribió: «Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación» (Ro. 10:9-10). Pero ese pasaje no puede interpretarse diciendo que la regeneración viene como resultado de una confesión pública. Tal forma de entenderlo estaría en desacuerdo con las consideraciones de otros pasajes. El versículo 9 debe interpretarse a la luz del versículo 10. ¿Cómo se adquiere una posición correcta ante Dios? «Porque con el corazón se cree para justicia» (v. 10). Es en el corazón que la voluntad ejercitada por el Espíritu Santo responde a la obra salvífica de Cristo. La confesión «para salvación » es un resultado de haber recibido el don de la justicia. De este modo, el creyente testifica con su boca acerca de lo que Dios ha operado en su corazón. Así pues, podríamos invitar a los nuevos convertidos a que compartan su decisión con el pastor, un consejero, o con toda la congregación. En efecto, esta «confesión» puede constituirse en testimonio de la gracia salvadora de Dios. También es una oportunidad para recibir más consejos y Dios puede agradarse de tales invitaciones[4]. Por lo tanto debemos entender que lo que ocurre en la conversión es totalmente espiritual y no de otro tipo.

El salmista tenía claro que podía tener una relación vierta en donde sus peticiones eran atendidas porque su ser interno estaba conectado con Dios y tenía acceso libre a su Dios.

En segundo lugar quiero que veamos la Percepción en la relación. Observe que el salmo dice “y le responderé”. La expresión hebrea `anah, se puede traducir como gritar, responder, anunciar y testificar. Eso significa que la repsuesta de Dios es un testimonio de que el conoce a quién le está invocando. Cuando nos acercamos a Dios, una de las evidencias de una correcta relación es que nuestra percepción humana debería tener un nuevo giro. No podemos seguir pensando lo mismo, viendo lo mismo, viviendo de la misma forma. El mundo que nos rodea, nuestro pecado y el mismo Satanás nos moldea para que aún siendo cristianos no pensemos como cristianos.  El mundo tiene a lo menos cuatro percepciones que batallarán en contra de la forma en que los hijos de Dios perciben la realidad que los rodea. Primero está el humanismo. Stott lo pone de esta manera al referirse al humanismo: “Se refieren al hombre como nada más que el resultado de un ciego proceso de evolución pero, sin embargo, tienen una tremenda confianza en el potencial de evolución que tiene el ser humano. Creen que el ser humano va a poder tomar su historia en sus manos y hacer él mismo, y aun su propia evolución. Esto es muy optimista y no toma en consideración el egoísmo torcido de éste”[5]. Segundo está el pesimismo.   Por otro lado la gente se llena de pesimismo y aun de desesperación, porque dicen que no hay Dios, que no hay valores. Nada tiene sentido. Todo es absurdo. Esa conclusión es lógica si niegan la existencia de Dios. El escritor norteamericano Mark Twain, que era un humorista pesimista, dijo: «Si pudieras hacer un cruce entre un gato y un hombre, mejorarías al hombre y empeorarías al gato». Este pesimismo no toma en cuenta el amor, la belleza, la hermosura, el heroísmo y el sacrificio propio que han adornado la historia humana. Tenemos que evitar ambos extremos: el optimista y el pesimista.[6] Tercero está el materialismo  El materialismo es una «mentalidad» (valga la expresión) que valora excesivamente los bienes materiales; de forma que muchas veces se suele escuchar: –¡Eres demasiado materialista! Es aferrarse a lo que da seguridad y bienestar, a partir de lo que este mundo ofrece. Es básicamente una actitud, una forma de entender las cosas que no tiene en cuenta la perspectiva eterna. Así, el materialismo se sitúa a la altura de Dios, acomodándose en el trono de esta corta vida terrenal, y declarándose el «soberano» de sí mismo.[7] El materialismo se ha convertido en una forma de vida; es lo que da sentido a nuestros sentidos. Ha creado la sociedad del «bienestar» –del estar bien–, de la comodidad, de la opulencia, de la búsqueda de un sinfín de métodos para ofrecer el máximo contentamiento al ser humano. En lo que concierne a nuestro devenir cristiano, en muchas ocasiones nuestras vivencias no son controladas por la fe, ni entendidas desde el propio espíritu, sino sólo por los sentidos materiales: vista, tacto, oído, olfato y gusto. Cada uno de ellos representa una puerta que se abre hacia el materialismo[8]Cuarto, está el hedonismo.   No parece absurdo pensar que si la nueva generación cristiana opta por el placer, y es indiferente al llamamiento de Cristo, seguramente es porque se cree rica y no siente necesidad alguna de Dios y de su Palabra. Y como resultado acepta, de modo natural, las nuevas tendencias de moralidad cristiana que la iglesia tibia le proporciona. Esta propuesta hedonista encuentra su lugar, de forma inadecuada, en la búsqueda de los placeres que hagan equilibrar la balanza de «lo incómodo» de nuestro paso por este mundo. Las restricciones sociales, los problemas familiares, el cansancio del trabajo, el sobre esfuerzo en los estudios, unido al malestar de nuestro corazón, son situaciones que hacen girar la balanza hacia un lado. Y para equilibrarla, pues, se busca huir de esta pesadumbre a toda costa, y así no añadir más sufrimiento a nuestro agitado ritmo de vida. Expresado con otras palabras, el filósofo inglés G.K. Chesterton, afirmaba: «La furia con que el mundo actual busca el placer, prueba de que carece de él»[9].

Así que si nosotros no tenemos una mente espiritual no podremos entender la vida cristiana. ¿Qué elementos incluye esa percepción en el Salmo? La percepción del salmista parte de la verdad. ¿Cuál es esa verdad? Que Dios existe. Es decir no es una idea, no es un concepto, es una verdad activa en la existencia humana.  La verdad me hace tener seguridad. Por otro lado su percepción parte de la realidad. Cuál es esa realidad? Que Dios no sólo existe sino que está activo. Es decir responde a quién le busca y le invoca. La realidad me hace tener sensibilidad. La tercer característica de una percepción cristiana tiene autoridad. Observe que el texto dice que “el responderá”, significa que el sabe como resolver cualquier petición. No sólo lo sabe sino que no tiene que decir como ni cuando, es Soberano, el Rector del Universo. La autoridad nos da capacidad. Por último la percepción cristiana es estabilidad. El estar en manos de un Dios que está presente, que está pendiente y es Todopoderoso que trasciende en el tiempo y el espacio, nos hace sentirnos estables en un mundo inestable.  La estabilidad nos da eternidad.

En resumen, debemos recordar nuestro llamado como cristianos es de un  «doble-escuchar». Es decir, la mente cristiana estará atenta a la revelación de Dios para tener una perspectiva realista y teocéntrica de la vida, y estará atenta al mundo para poder actuar concretamente en la historia, haciendo el bien y combatiendo el mal. Una mente cristiana no se ocupa solamente de Dios sin reconocer e involucrarse en la realidad humana, no es escapista. Una mente cristiana tampoco se fija solamente en el mundo de los seres humanos, ni trata de interpretarlos y cambiarlos a partir de una perspectiva y recursos netamente humanos. No es ni optimista sin fundamento, ni pesimista sin esperanza. La mente cristiana tiene que escuchar a Dios y al mundo que la rodea. Esta tarea de formar una mente cristiana que escucha a Dios y al mundo no es tarea de cristianos solitarios. Es más bien una tarea que requiere de una comunidad cristiana en conjunto. La Iglesia ha de ser, en la práctica, una «comunidad hermenéutica». Parte de la tarea de la Iglesia es escuchar la Palabra de Dios juntos para descubrir la mente de Dios, y la realidad actual para entender lo que está sucediendo. Es en este «doble-escuchar» a la Palabra y al mundo, y en compañía e interacción con otros miembros de la Iglesia de Dios, que se va desarrollando una mente cristiana. Que Dios nos conceda gracia para esforzarnos en pensar como cristianos[10].

En tercer lugar veamos al Provisión  de la relación. El pasaje continúa diciendo “yo estaré con él en la angustia”. La palabra “tsarah” se puede traducir como stress, aflicción, incluso se usa para describir a la esposa rival de Ana en 1 Samuel 1 que se traduce “irritar”. Eso significa un tremendo desasosiego   e intranquilidad de todas maneras. ¿Pero como es que una persona que tiene una relación con Dios puede vivir en un mundo tan lleno de angustias? El texto nos dice mediante un Dios proveedor. ¿Cómo nos provee Dios en medio de las angustias? Primero, su Presencia.  “Yo estaré” habla de que el mismo estará acompañando en medio de las circusntancias más adversas. Segundo, Su Preferencia. Observe que dice “con él”, eso significa un acompañamiento personalizado. Y Dios es capaz de estar con todos sus hijos al mismo tiempo. Eso habla de su poder y su capacidad. Tercero,  su Presidencia. Cuando Dios dice que estará conmigo en la angustia, no es para consolarme o sólo acompañrme  para que no me sienta solo. Es para gobernar y presidir en mis circunstancias y situaciones difíciles.  Dios es el Regidor de mis circunstancias y me acompaña en ellas, con ellas y las transforma a su antojo.

En cuarto lo lugar veamos la Posición de la relación. El salmista añade: “lo rescataré y lo honraré”. La expresión “rescataré” es la palabra hebrea “chalats” que se puede traducir como capacitar, equipar, armar o llevar aparte. Por estar en una modalida piel imperfecta se debe traducir como sacar aparte, y es una acción constante. Es decir la cualidad de Dios es siempre librarnos.  ¿Pero porque a veces parece que Dios no nos saca de la angustia? Debemos entender que la Posición de la relación nos da capacitación. Dios no nos libra muchas veces porque lo que el está haciendo a través de la angustia es equiparnos y darnos herramientas de guerra. Segundo la Posición de la relación nos da calificación. Es decir somos mano de obra calificada en las manos de Dios para poder hacer mucho bien a aquellos que tienen nuestras mismas experiencias. Tercero la Posición nos da compensación. El texto dice que “lo honraré” esta frase “kabad” se puede traducir como hacer pesado a alguien, esta expresión es una derivación de la expresión kabod, palabra que se refiere a la gloria o el peso de Dios. ¿Qué es lo que hace Dios con nuestra posición en El? Simplemente comparte algo de su gloria y de su fama. La gloria y la fama según este pasaje depende de la forma en que nos relacionamos con Dios y de la manera en que el obra en nosotros y por medio de nosotros. Sin embargo es necesario entender que la gloria de Dios es la belleza de Su espíritu. No es una belleza estética o material, sino una belleza que emana de Su carácter, de todo lo que Él es. La gloria del hombre es la belleza del espíritu del hombre, la cual es falible y eventualmente pasajera. Pero la gloria de Dios, la cual es manifiesta en el conjunto de todos Sus atributos, jamás se desvanece. Es eterna.

El Dios Todopoderoso está dispuesto a compartir su gloria con nosotros en la actualidad y en la eternidad.

Este es el error que mucha gente continúa haciendo: confiando en cosas terrenales, en relaciones terrenales, en sus propios poderes, talentos o belleza, o en la bondad que ven en otros. Pero cuando estas cosas se desvanecen y caen como lo harán inevitablemente (siendo sólo contenedores temporales de la gloria mayor), esta gente cae en la desesperación. Lo que todos necesitamos considerar es que la gloria de Dios es constante, y que los que viajamos a través de la vida, la veremos manifestada aquí y allá, en esta persona, o ese bosque, o en una historia de amor o heroísmo, ficticia o no, o en nuestras propias vidas. Pero al final, todo eso regresa a Dios. Y el único camino a Dios es a través de Su Hijo, Jesucristo. Es en Él donde encontraremos la fuente misma de toda la belleza en el cielo, si estamos en Cristo. Nada será una pérdida para nosotros. Todas esas cosas que se desvanecieron en la vida, las encontraremos nuevamente en Él.[11]

Vivir una relación  personal con Dios significa reconocerle como fundamento de nuestro ser y como futuro que alimenta nuestra esperanza, pues en él vivimos, nos movemos y existimos (Hech 17: 28). Una confianza radical que no es resultado de un razonamiento ni convicción provocada por otros desde fuera. El creyente la capta como una gracia del mismo Dios. La experiencia de la fe se identifica con esta confianza radical. La persona sabe que no está sola, como el trapecista que se lanza al vacío porque sabe que otras manos le esperan para recogerle. Lo decisivo, pues, en el camino de la fe no es ver a Dios sino ser visto por Él; no es entender a Dios, sino ser conocido por Él; no es llamar a Dios, sino ser llamado por Él; no es buscar a Dios, sino ser encontrado por Él. Ser creyente, en definitiva, es ser consciente de que Dios nos visita, cada día y de forma totalmente gratuita, con su amor. Cada vez resulta más necesario que los creyentes cristianos sean testigosde una nueva relación con Dios. Testigos de que la vida se recrea hacia dentro

y hacia afuera cuando Él ocupa el centro. Hacía dentro porque, desde Dios, nuestra vida recobra su sentido más profundo y se abre ante la perspectiva insospechada de vivir como hijos de Dios, como nos dice Jesús de Nazaret. Y hacia afuera porque, también desde Dios y desde su mirada, los otros y lo que sucede a nuestro alrededor se ven, interpretan y viven de forma nueva, como hermanos en Cristo y lugar donde germina el Reino de Dios. Para que Dios se vaya perfilando gradualmente en el centro de nuestra vida es preciso que el hombre deje de ser el centro de sí mismo e inicie un proceso de des-centramiento, de salir de sí mismo, y abandone cualquier intento de absolutización del propio yo y de las realidades temporales. Es preciso superar actitudes y formas de vida egocéntricas, ególatras o idólatras[12].

[1] Lutzer, Erwin. De Pastor a Pastor, Ed. Portavoz, Grand Rapids, Michigan, 1998 pág.72

[2] Ibíd.

[3] http://biblesforamerica.org/es/que-significa-invocar-el-nombre-del-senor/

[4] Lutzer, Erwin. De Pastor a Pastor, Ed. Portavoz, Grand Rapids, Michigan, 1998 pág.74

[5] http://www.iglesiareformada.com/Stott_Desarrollar_Mente.html

[6] Ibíd.

[7] http://portavocesdevida.org/la-iglesia-de-laodicea-un-mensaje-de-actualidad/el-materialismo-y-la-iglesia

[8] Ibíd.

[9] Ibíd. Pág 3

[10] http://www.iglesiareformada.com/Stott_Desarrollar_Mente.html

[11] http://www.gotquestions.org/Espanol/gloria-Dios.html

[12]

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