El Pastor no tiene quien le escriba…


El Pastor no tiene quién le escriba[1]

Las cartas se escriben por muchas razones. Algunas aclaran confusiones, otras sirven para animar a los desalentados, algunas otras nos ayudan para informarnos cosas que no sabemos y nos ponen al día con lo que acontece a nuestro alrededor, otras para compartir  noticias, incluso algunas se usan para amenazar a alguien. Las podemos encontrar en todo lugar y de todo tipo. Cartas oficiales, comerciales, motivacionales, legales, etc. Sin embargo me he dado cuenta que desde hace muchos años  que se dejó de escribir para los pastores[2]. Desde que el apóstol Pablo escribiera sus cartas a sus colaboradores en el ministerio, la producción de “cartas pastorales” cesó grandemente.[3] ¿Porque no se les escribe ya a los pastores, siendo que hay mucha necesidad en la labor que desempeñan? ¿Quién escucha a los pastores?

Escribo estas cartas para ti, que te encuentras en medio de multitudes y múltiples actividades pero que por dentro no hayas que hacer. Es para esos pastores que de alguna manera han perdido el azul del fuego puro  de lo hacen aunque la llama sigue siendo amarilla. Aquellos que se preguntan si todo esto vale la pena. Simplemente  te voy a pedir que, a medida que leas, desactives a tu abogado interior y consideres esto con un corazón sincero. Sé tan valiente como para pedirle a Dios que te revele lo que te tenga que revelar y que te dé la gracia para ocuparte de lo que te tengas que ocupar. Y a medida que hagas estas cosas, celebra la gracia que te ha sido prodigada y que te libera de la carga de que tú mismo tengas que bombearte tu justicia y ostentarla delante de los demás. Ya que tu posición ante tu Señor se basa en la justicia de Otro, puedes estar de pie ante un Dios santo y admitir tus secretos más oscuros y confesar tus fracasos más profundos y no tener miedo sabiendo que, por la obra de Jesús, a quien tú confiesas, no te va a dar la espalda sino que se va a dirigir hacia ti con Su gracia que perdona, salva, transforma, capacita y libera. Ésta es la buena noticia que no solo hace posible estas cartas, sino que también es la buena noticia que tú y yo nos debemos predicar a nosotros y entre nosotros, día tras día.

Recuerda, es un buen momento lo de estas cartas, porque aunque al pastor no hay quien le escriba, el Príncipe de Pastores está pendiente de nuestra vida y quiere animarte para que sigas adelante con tu vida a través de su correo ministerial.

Noviembre 29,  5:30 p.m.  de un año cualquiera…

Hola, ¿Cómo te va? Pasé por la cafetería y te observé sentado tomando un café. Quise hablarte pero, me di cuenta que preferías estar solo. Lo sé, lo pude observar en tus ojos. Así que decidí escribirte esta carta. Espero la leas. Sé que estás en esos días después de toda una actividad espiritual de fin de semana.  Son esos días, en los cuales después del oleaje espiritual dominical, parece que el “tsunami” ha pasado y queda la sensación de soledad y desgano. Me permites que te cuente algo, supe que estás cansado, y además muy frustrado con lo que haces. Es obvio que por fuera eres muy efectivo y la gente te admira. Pero adivino  cómo te sientes por dentro. ¿Inquieto? ¿Aburrido? ¿Herido? ¿Con muchas preguntas dolorosas? Parece que tu alma está sumergida en una pila de agua helada. Lo peor es que dentro de poco comenzará otra vez el “tsunami” ministerial y tendrás que hacer otra vez lo mismo, día tras día, mes tras mes y año tras año. Alguna vez te has preguntado ¿Por qué sientes todo esto? Bueno primero quiero aclararte  que nadie es más influyente en tu vida que tú porque nadie te habla más que tú. Ya sea que te des cuenta de esto o no, estás en una conversación contigo mismo que no tiene fin y las cosas que te dices acerca de ti le dan forma a la manera en la que vives. Constantemente te estás hablando de tu identidad, de tu espiritualidad, de tu funcionalidad, de tu emotividad, de tu mentalidad, de tu personalidad, de tus relaciones, etc. Hablas de tu justicia, poder y sabiduría o te hablas de  una profunda necesidad espiritual y gracia suficiente. A veces le hablas a tu soledad e incapacidad. En medio de tu conversación interna, está lo que te dices acerca de tu identidad. Los seres humanos siempre se están asignando alguna clase de identidad.

Segundo además de tu diálogo interno déjame decirte que solo existen dos lugares en los que hay que buscar. Vas a obtener tu identidad de manera vertical, de quién eres en Cristo, o la vas a estar comprando de manera horizontal en las situaciones, experiencias y relaciones de tu vida diaria.

Esto es cierto para todos pero estoy convencido que obtener la identidad de uno de manera horizontal es una tentación concreta para los que están en el ministerio. Tengo las sospechas que tu ministerio ha llegado a ser tu identidad. Creo que  no piensas en ti como un hijo de Dios que tiene una necesidad diaria de la gracia, que  todavía en una lucha con el pecado, todavía con una necesidad. Piensas de ti mismo como un pastor. Eso es todo, conclusión.

Pero quiero contarte lo que he descubierto. El oficio de pastor es más que un llamado y un conjunto de dones que Dios te ha dado y que el cuerpo de Cristo lo reconoce. “Pastor” no te puede definir. Quiero que abras los ojos y te des cuenta que tu cristianismo ha dejado de ser una relación. Sí, ya lo sé que sabes que Dios es tu Padre y que tú eres  Su hijo, pero en lo cotidiano y lo habitual las cosas se ven diferente.   Parece que tu   fe se ha vuelto un llamado profesional. Se ha vuelto tu trabajo. Tu papel como pastor es la forma como te entiendes. Moldea la manera en que te relacionas con Dios.  Y creas tus  relaciones con las personas que estaban en tu vida de la misma forma. Tu llamado se ha vuelto tu identidad y para ser honesto por eso estás en problemas y lo más preocupante es no tienes ni la menor idea de que esto te está pasando. Sin embargo quiero decirte algo,  hay  muchos pastores amargados allá afuera, muchos que están socialmente incómodos, muchos que tienen en casa relaciones desordenadas y disfuncionales, muchos que tienen relaciones tensas con los miembros del personal o con los líderes laicos y muchos que luchan con pecados secretos que no han confesado. Ahora te pregunto ¿Pudiera ser que todas estas luchas se potencian por el hecho de que has  llegado a estar tan cómodo con verte y definirte de un modo que no es del todo bíblico? ¿Y sabes que ocurre al pensar así? Llegas a la relación con Dios y con los demás no estando del todo necesitado. Y ya que no estás del todo necesitado, no estás del todo abierto al ministerio de los demás y al convencimiento de pecado por parte del Espíritu. Y para serte honesto esto consume al aspecto privado de la devoción en tu  caminar con Dios. ¡Ah¡ Mi colega, debes saber que La adoración sensible y sincera es difícil para una persona que piensa de sí misma en los términos de que ya tuvo éxito. Nadie festeja la presencia y la gracia del Señor Jesucristo más que la persona que ha abrazado su necesidad desesperada y diaria de ella. Pero el ministerio te  ha redefinido. Sé que no estás solo .Muchos pastores  se han metido en una categoría espiritual que no existe. Como yo, piensan que son alguien que no son. Así que responden como no deberían y desarrollan hábitos que son espiritualmente peligrosos. Están contentos con una vida devocional que, o no existe, o que el tener que preparar constantemente secuestra. Están cómodos con vivir fuera del cuerpo de Cristo o por encima de él. Están listos para ministrar pero no están muy abiertos a que se les ministre. Hace mucho que dejaron de verse con exactitud y, por esta razón, tienen la tendencia a no recibir bien la amorosa confrontación de los demás. Y tienden a llevarse a casa con ellos esta categoría única de la identidad y no son para nada humildes y pacientes con sus familias. La identidad falsa que muchos de nosotros nos hemos adjudicado después estructura cómo vemos a los demás y cómo les respondemos. Tú eres más amoroso, paciente, amable y misericordioso cuando estás consciente que no existe una verdad que tú le puedas dar a otro que tú mismo no necesites con desesperación. Eres más humilde y amable cuando piensas que la persona a la que le estás ministrando es más parecida a ti que diferente. Cuando te has metido en otra categoría que tiende a hacerte pensar que has tenido éxito, es muy fácil que critiques y seas impaciente. Lo peligroso de esta identidad de categoría única no solo define tu relación con los demás, sino también destruye tu relación con Dios. Así que me imagino que ciego a lo que pasa en el  corazón nos convertimos en orgullosos e inaccesibles y por eso nos ponemos a la defensiva y nos sentimos cómodos. No te has dado cuenta que ser pastor es tu llamado, pero no tu identidad.  No te has dado  cuenta que buscas de forma horizontal lo que ya se te ha  dado en Cristo y que esto te  produciendo una cosecha de un fruto malo en tu  corazón, en tu  ministerio y en tus relaciones.  Has dejado que tu ministerio se convierta en algo que nunca debió haber sido (tu identidad); acudes a él para que te dé  lo que nunca podrá darte (tu  sentimiento interior de bienestar).

Espero que medites en esto…tengo que irme ya me vino a recoger mi esposa y el tráfico está serio…procuraré escribirte  más seguido…

[1] Es obvio que el título lo he tomado prestado de la novel de García Márquez, “El Coronel no tiene quién le escriba.”

[2] Cuando hablo de pastores aquí me refiero a ese papel que hombres profesionales ocupan dentro de la iglesia y no necesariamente al don de pastor. De hecho creo que uno de los grandes problemas de la frustración de estos hombres es precisamente que convertimos un don en un puesto. Sin embargo mis cartas van dirigidas a esos hombres que desempeñan dicho puesto, aunque no esté de acuerdo con esa complicada labor “profesional”.

[3] Está claro  que las cartas que escribo no tienen ninguna semejanza con la naturaleza de las Pablo. Las de él eran inspiradas por Dios, las mías absolutamente no.

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