Marcos: Espiritualidad en día lunes


espiritualidad de los lunes
“…Se oyó que estaba en casa…”

Miles de personas asisten a sus respectivas iglesias todos los fines de semana. La gente experimenta muchas veces una catarsis espiritual en sus diferentes expresiones cultuales. De lo anterior se puede concluir que somos condicionados para apartar un tiempo sagrado, en un lugar sagrado y en un día sagrado. Sin embargo esa experiencia enriquecedora dura unas pocas horas. Pero vale la pena preguntarse ¿Qué sucede los días lunes, después de nuestro encuentro con Dios los fines de semana? Pareciera ser que se desvanece esa vinculación espiritual con lo eterno y volvemos a la rutina “secular” donde Dios se hace ausente y pareciera ser que olvidado en nuestra cotidianidad “material” hasta que volvemos a encontrarnos en domingo con él. Así que nuestra religiosidad latinoamericana, nos plantea que la espiritualidad genuina es aquella que se vive en el templo. Y de hecho es una espiritualidad de fin de semana. Sin embargo no podemos obviar que el ser humano es, por su propia naturaleza, un ser buscador. Una espiritualidad de la vida cotidiana no implica otra cosa que buscar responder con coherencia y fidelidad a nuestra opción fundamental por el Señor Jesús. Es hacer de toda nuestra vida un verdadero gesto espiritual, transformando toda nuestra existencia en un culto agradable a Dios (Romanos  12, 1-2). Así que la espiritualidad del día lunes no debería ser diferente a la espiritualidad del domingo. Por lo tanto hoy nos urge de trascender sobre la falsa dicotomía entre fe y vida, entre vida espiritual y actividad cotidiana, para integrarlas en experiencia y celebración de la fe en todas las circunstancias concretas de la propia existencia. Las actividades y trabajos de cada día, así como los momentos de esparcimiento y descanso, no deben ser ocasión de ruptura en nuestra opción cristiana, sino que deben ser integradas en una dinámica devocional, para convertirse, de esta manera, en instancias de crecimiento y maduración en la vida cristiana, según el Plan de Dios para cada uno.

El creyente auténtico no se contenta con ser un cristiano de domingo, que se refiere a Dios tan solo en momentos especiales o en circunstancias extraordinarias. Es seguidor del Señor a tiempo completo. Y es que la vida cristiana no puede vivirse de otra manera. Quien opta por el Señor Jesús no hace una opción más, muy importante quizás, pero al final de cuentas una opción más entre muchas. Se trata de la opción fundamental, una elección que va a la raíz, que apunta a la globalidad desde el núcleo íntimo. La recta opción cristiana es aquella en la que el Señor Jesús se convierte en la razón última de la propia existencia, donde busco encaminar todo mi ser en un camino configurante con el Señor por medio del amor. Una espiritualidad de la vida cotidiana supone un esfuerzo constante por descubrir el Plan de Dios en las distintas circunstancias concretas de la propia vida, para encaminarnos así en la dirección a la que éste apunta. Es así que un continuo examen de intenciones nos permitirá descubrir qué nos anima a realizar las distintas tareas o empresas que hacemos.

Este examen continuo de intenciones resulta muy efectivo contra la nefasta ley del gusto-disgusto. El cristiano no se mueve según lo que le provoca o lo que más le acomoda, ni rechaza las cosas por el mero hecho de que éstas les resultan desagradables o incómodas. No podemos ser fáciles víctimas de nuestros sentimientos desordenados, sino que debemos procurar que toda nuestra vida sea una respuesta a la iniciativa divina, desde una obediencia amorosa y generosa al Plan de Dios (Mt 26: 39; Lucas 1: 38). El capricho no es camino de felicidad; el designio divino sí lo es.

En el primer capítulo, Marcos introdujo la persona de Cristo y Su ministerio.  Sus milagros causaron un gran impacto (ver Marcos 1:28, 32, 37 y 45).  En la sección que sigue (Marcos 2:1 – 3:6), el evangelista narra una serie de incidentes que provocaron la hostilidad de las autoridades (ver 2:6-7; 2:16; 2:18; 2:24; 3:2, 6), y sembró en ellos el deseo de destruir a Cristo (Marcos 3:6).  El texto que vamos a estudiar ahora es el primero de esos incidentes. Al leer este pasaje esta semana una frase me llamó mucho la atención en Marcos 2:1; es la frase se oyó que estaba en casa”. 

 Es importante resaltar que de alguna manera alguien divulgó la presencia de Jesús nuevamente en Capernaum, y me imagino que nuevamente Jesús regresó a la casa de Pedro. ¿Por qué se dispersaría tan rápido el rumor de la presencia de Jesús. No es sábado, día de sinagoga, ni  domingo ya que esa dispensación todavía no está vigente. Es un día común y cualquiera. Hasta me atrevería decir que es lunes. (Es solo mi conjetura). Así que me hago la pregunta: ¿Cómo se vive la espiritualidad fuera del templo? ¿Cómo se vive la espiritualidad de lo cotidiano? O en palabras metafóricas ¿Cómo se vive la espiritualidad en el día lunes? La frase en discusión puede anticipar de una espiritualidad cotidiana tres cosas. Primero está lo que designaremos  vivencia,  luego está la evidencia, y finalmente la  experiencia. Cada una de estas tres cualidades produce varios resultados en el pasaje.

En primer lugar está la vivencia. La frase dice que “se oyó”. En el texto griego la palabra es “akúo”, el verbo está en un aoristo pasivo indicativo. Eso implica que el rumor ya era un hecho completo que se había desperdigado por todo Capernaum. La sanidad del leproso causó tanto impacto, que el Señor tuvo que permanecer fuera de las ciudades por un tiempo (Marcos 1:45). Pero al parecer, las cosas ahora se habían tranquilizado suficientemente para que el Señor pueda volver a la ciudad de Capernaum[1].   Esta entrada a Capernaum  marcó el fin de su gira misionera por Galilea (Marcos 1:39).  Las noticias de la llegada de Cristo corrieron por la ciudad; estaba en el apogeo de Su popularidad.  Todos se enteraron – no solo Sus simpatizantes, sino también Sus enemigos.  La vivencia de lo cotidiano se refiere al hecho de que somos  cartas abiertas para que la gente pueda leer a Jesús. En realidad debemos entender que nuestra vida puede ser la única Biblia que lean algunas personas; vivamos de tal manera que la versión esté totalmente apegada al original. Note que el mensaje estaba relacionado con la presencia de Cristo en esa casa. ¿Qué se oye en nuestras vidas los días rutinarios que no son domingo? Tenemos una deuda con Dios con respecto a nuestras vidas espirituales en la cotidianidad de la vida.

En segundo lugar la espiritualidad del lunes se muestra en la evidencia. Observe el verbo “estaba”. Esta expresión demuestra una relación continua con la presencia de Jesús. Nuestra espiritualidad cotidiana debe estar marcada por una constante relación con Jesucristo de tal manera que se evidencie en nuestro diario vivir. La presencia de Jesús es lo que hace un hogar cristiano y no símbolos que usamos para recordar nuestra religiosidad. ¿Cómo hacemos para que Jesús esté en nuestra espiritualidad de lo cotidiano? Bueno hay que tener apertura a su persona, hay que tener llenura de su presencia y finalmente la cobertura de su poder.

 

En tercer lugar la espiritualidad del día lunes se muestra en la experiencia.  El texto continua diciendo que “en casa”. Es obvio entender que la experiencia de cotidianidad y la espiritualidad del día lunes es para lo interno. La preposición “en” es un locativo de esfera. Lo que significa que la mejor forma de vivir la espiritualidad es dentro de casa. ¿Y que es más difícil? ¿La experiencia cristiana en el templo o en la casa? La respuesta es obvia. La mayoría pueden vivir su cristianismo en el templo, en la asamblea y en el culto pero le es más difícil vivirla en la casa. ¿Por qué es más difícil vivirla en la casa? ¿Por qué allí no podemos fingir, allí nos conocen y saben lo que somos en la intimidad. Por eso no podemos ser hipócritas. Así que muchos prefieren verse bien en domingo que a verse bien en lunes.

Ahora bien, ¿qué ocurre si manejamos bien este trinomio cristiano, es decir, la vivencia, la evidencia y la experiencia? Si manejamos bien la vivencia, entonces nuestra casa atraerá personas con necesidades dice el pasaje “E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta…” Así que la vivencia edifica.

Si manejamos bien la evidencia haremos lo que Jesús hizo. Note que el texto dice que “les predicaba la palabra…” Así que la evidencia testifica. Finalmente si manejamos bien la experiencia entonces habrá cambio de vida. Es decir la experiencia rectifica. La historia de los cuatro hombres, la del paralítico mismo y la experiencia de los fariseos deberá ser rectificada. Uno para sanidad, otro para salvación y otros (los fariseos) para condenación. Los cuatro hombres rectificaron su cosmovisión de fe. El hombre paralítico rectificó su cosmovisión de necesidad y los fariseos rectificaron su cosmovisión de santidad.

Como necesitamos que la espiritualidad del día lunes se desarrolle en una vivencia que edifica, en una vivencia que testifica y en una experiencia que rectifica.

 

[1] Mat 9:1 indica que el Señor llegó a Capernaum, por barco, cruzando el Mar de Galilea, habiendo recientemente sanado al endemoniado gadareno.   Sin embargo, Marcos coloca la liberación del gadareno más adelante (Marcos 5).

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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