“…Si quieres puedes…” ¿Cuándo quiere Dios alguien sabe?


¿No sería interesante saber exactamente cuando Dios quiere hacer algo? En asunto de sanar a alguien ¿no sería, muy valioso contar con un perfil que encaja en el ánimo de Dios? En términos de mi  lucha existencial mi problema no es dudar si Dios puede, sino que muchas veces no quiere. Y a veces siento que es la mayoría de veces. ¿Cómo ministramos con este tipo de incertidumbre? ¿Cómo le ofrezco a la gente seguridad para que crean en un Dios que sana y está activo? Quizás la mejor pregunta es ¿en este pasaje por qué quiso Dios en este momento? ¿Cómo le sacamos un sí a Dios ante una situación imposible? La verdad es que en realidad cuando se trata del deseo de Dios nunca es fácil saberlo con exactitud. Nadie puede entrar en la mente de Dios y obligarlo a que haga algo. Lo que sí es que este pasaje nos da varias observaciones que pueden tratar de interpretar cuando Dios tiene ganas de hacer algo. ¿Cómo nos acercamos a un Dios así? ¿Cuál debe ser nuestra actitud? Hay cuatro campos con los que tenemos que lidiar con respecto al deseo de Dios.  El primer campo es el de la sintonía. El texto dice “Si”, griego es una partícula que acompaña al subjuntivo, da la idea de desconocer totalmente la                                                                                situación que se solicita.  Observe entonces que el leproso tiene tres actitudes que llevan a sintonizarse con Dios. Primero es su condición. El es leproso, y no quiere seguir con esa enfermedad. Segundo su convicción. Desde la perspectiva de este hombre y la sociedad en la que se vivía la lepra es incurable. Así que se está enfrentando a una enfermedad incurable. Eso demuestra que estaba convencido que Jesús era superior a esa enfermedad. Tercero su confesión. El necesita llevar su problema y confesarlo ante alguien que tiene autoridad.

El segundo campo es el de la soberanía.   “quieres”. La palabra “querer” aquí es connotación fuerte. Está asociado con un deseo ferviente o una meta que se anhela grandemente. Con este término nos referimos al Gobierno absoluto de Dios sobre su creación. Este gobierno absoluto es posible por varias razones: Porque Él es el dueño de todo y por tanto hace como quiere y donde quiere, según su voluntad. Él no tiene que darle cuentas a nadie de nada. Su poder y su autoridad son ilimitados. Por tal motivo él determina un plan para todos. Es omnisciente. Esto lo capacita para hacer las cosas como El quiere porque conoce el pasado, el presente y el futuro. Él es un Dios autosuficiente, es decir, no depende de nadie ni de nada (como nosotros que por más “independientes” que pudiéramos ser siempre dependeremos de otros). Dios no necesita consejo ni ayuda de nadie. Él es Altísimo (está por encima de todo y de todos) Su poder es ilimitado para hacer cualquier cosa. Su nombre es sobre todo nombre (Fil 2:9). Su nombre está por encima del nombre más ilustre de la tierra, en el tiempo pasado y en el futuro. En ese nombre prometió que oraríamos por enfermos para que fuesen sanos, aunque a veces se sanan y otros no. Su nombre es tan poderoso que aún personas que no son creyentes lo pueden invocar y – si lo tiene a bien – les contesta.

El tercer campo es el de la supremacía   “…Puedes…”La expresión que se usa aquí es “dunatos”. Esta palabra se puede usar como con capacidad, influencia o dominio. Dios tiene todas esas capacidades. Nuestro problema no es que Jesús no pueda sino que no quiere. Su supremacía se nota en este pasaje con certeza. La idea es una ausencia de duda, sino que hay una seguridad y garantía por el uso del verbo en presente. Segundo el puedes es de destreza por el uso de la palabra dunatos que implica un fuerza capaz de hacer algo. Si Dios tiene la máxima potencia, es obvio que el es muy diestro para hacer las cosas. Y finalmente la supremacía de Dios no solo es de certeza, destreza sino de firmeza. Significa que cuando Dios decide hacer algo por alguien no hay nada que se lo impida. Una vez que Dios decreta cualquier cosa se cumple sin tardanza.

El cuarto campo es el de la simpatía… “limpiarme”.  Los capítulos trece y catorce de Levítico describen la terrible enfermedad de la lepra. Describen a muchas enfermedades de la piel, inclusive la lepra moderna (o enfermedad de Hansen’s). Un comentarista dijo que este hombre probablemente tenía la verdadera lepra, o la cura no hubiera creado tanta admiración, según se ve en el versículo cuarenta y cinco y luego añade:“Hay poca duda de que la mayoría de personas en el Nuevo Testamento que se describen como leprosos de hecho tenían la enfermedad de Hansen’s” La forma severa de lepra que este hombre tenía producía parches de piel blanca y adormecimiento. Inflamaciones ocurrían en varias áreas del cuerpo. Y se volvían ulceras, emanando flujo de las heridas. Al progresar la enfermedad sus manos y pies se habrían torcido e inflamado. La enfermedad ya podría haber causado que empezara la gangrena, con partes de su cuerpo pudriéndose. Las lesiones tuberculosas habían probablemente ya subido a su rostro, produciendo una apariencia como de máscara horrible – semejante en algunos aspectos al “hombre elefante” en la Inglaterra Victoriana, que era tan horrible que tuvo que llevar un velo sobre su rostro. Gran parte de la piel del leproso se había vuelto más gruesa y de color rojo. Esto era lepra verdadera, ahora conocida como la enfermedad de Hansen. ¡Es horrible![1] Dr. Walter L. Wilson dice que esta enfermedad es un tipo (o imagen) del pecado. Es incurable y profana. En la Biblia el leproso debe ser “limpiado”. Ya que la enfermedad es contagiosa el leproso debe vivir solo. Debe llevar un velo sobre la boca y gritar “¡Inmundo! ¡Inmundo!”. Él debe ser excluido del campamento o de la ciudad.

Todo esto es verdad de una persona inconversa. Él no puede ser un miembro de la iglesia. Él no puede entrar en el Cielo a causa de su enfermedad de pecado[2].  Levítico 13:45, 46 dice: “Y el leproso en quien hubiere llaga llevará vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡Inmundo! Todo el tiempo que la llaga estuviere en él, será inmundo; estará impuro, y habitará solo; fuera del campamento será su morada” (Levítico 13:45, 46).

La  Biblia Anotada de Scofield dice  sobre Levítico 13:2 dice: “La lepra simboliza el pecado en las siguientes maneras. (1) la lepra está en la sangre; (2) la lepra se manifiesta en forma pútrida; (3) la lepra no puede curarse por medios humanos.” [3]La lepra es un tipo o retrato de la depravación total del hombre. La depravación está en nuestra sangre, recibida de parte de Adán. Comienza pequeña, con un poquito de rebeldía, y al final se vuelve asquerosa y repulsiva. “Por cuanto la mente carnal es enemistad contra Dios” (Romanos 8:7). Y la Biblia dice: “No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos 3:11-12)

Ese era el caso de este pobre leproso en nuestro texto. El hombre tenía lepra. Él sabía que nada que pudiera hacer o decir lo limpiaría. Así que la “sanidad” iba  más allá de curar una enfermedad, era restaurar la totalidad de la vida de la persona. ¿Cómo es la simpatía de Dios? Primero es inmensa El texto dice “movido a compasión”. La palabra en el original es “splanchnistheisesta palabra es importante. A.T. Robertson dice lo siguiente: “Hay palabras que llevan en ellas la evidencia de cierta clase de revolución en el dominio del pensamiento, y splagchnizesthai es una de esas palabras. Significa “compadecerse”. No es clásica, pero sí contiene una forma clásica de pensamiento. Splagchnizesthai es el verbo que procede del hombre splagchna, que significa vísceras principales, es decir, corazón, pulmón, hígado e intestino. Los griegos sostenían que estas vísceras constituían el asiento de las emociones y pasiones, especialmente de la ira, la ansiedad, el miedo e incluso el amor. Partiendo de esta idea, se formó, en el griego posterior, el verbo splagchnizesthai, que significa “compadecerse”, y, de esta misma derivación, puede inferirse que splagchnizesthai no describe una piedad o compasión ordinarias, sino una emoción que conmueve lo más recóndito del ser del hombre. Esta es la palabra griega para expresar con mayor fuerza la idea de compasión. En el NT, splagchnizesthai nunca se encuentra fuera de los evangelios sinópticos; y, excepto en tres ocasiones que aparece en parábolas, siempre es usado con referencia a Jesús[4].

Segundo,  es intensa. La grandeza de Jesús consistía en su complacencia de introducirse en la situación humana, y ser movido por la acerbidad de la tal situación a esa compasión que le compelía a ayudar y a curar. Pero splagchnizesthai tiene un significado de mucho más alcance que la simple indicación de que Jesús se conmovía en lo más profundo de su ser en presencia de la situación humana. Lo notable de esta palabra es que, para un griego, su uso en relación con alguien que fuera divino sería completa, absoluta y totalmente imposible. Según los estoicos, los pensadores más eminentes de la época del NT, la suprema y esencial característica de Dios es la apatheia. Por apatheia ellos no querían dar a entender apatía en cuanto dejadez, falta de vigor o energía, sino “ausencia de inquietudes”, “impasibilidad”, y argumentaban así: si un hombre puede sentir, afligirse o gozar, esto significa que alguien puede afligirle o hacerle gozar. Es decir, significa que alguien puede alterar sus sentimientos, puede causarle felicidad o tristeza, lo cual implica que tiene poder sobre él, y, por tanto, que es, al menos de momento, tan grande como él. Si Dios sintiera tristeza o alegría de algo que le sucediese al hombre, esto significaría que el hombre puede causar efecto sobre Dios, que el hombre tiene el poder de afectar a Dios; pero es imposible que alguien tenga poder sobre Dios, pues nadie es más grande que Dios; por tanto, Dios no puede tener emociones; es esencialmente imposible; es, por naturaleza, apático, en el sentido técnico del término. Los griegos creían en un Dios que no era emotivo[5].

No concebían que el ser divino pudiera ser movido a compasión. El pensamiento religioso pagano creía en un Dios cuya esencia  era ser incapaz de sentir piedad; la ética pagana enseñaba a aspirar a una clase de vida de la que, al final, toda piedad y compasión se hubieran desvanecido. La idea de un Dios compasivo y una vida cuya fuerza motriz es el amor piadoso, solamente pudo haber venido a semejante mundo por vía de nueva revelación. Nosotros creemos que Dios es amor y que la vida cristiana es amor, y haremos bien en no olvidar que ni una cosa ni otra hubiéramos conocido sin la revelación de Jesucristo, de quien tan maravillosamente a menudo se dice que sentía compasión.

Tercero es extensa. Una cosa peculiar en el texto, es el hecho de que Jesús hace tres acciones que demuestran su simpatía. Primero se acercó. Aquí está rompiendo el protocolo de trato con los leprosos. Segundo lo tocó. Tocándolo dice el texto. Esto es aún más radical porque con eso se estaría contaminando ceremonialmente. Tercero lo sanó. Observe que no puede haber sanidad total sin los pasos anteriores. Sin embargo hay una cosa más de la simpatía extensa de Dios, cuarto lo toleró. Es interesante que una vez sanado Jesús le dice lo que debe hacer, y el ex –leproso hace todo lo contrario a lo dicho por Jesús por la emoción de su sanidad. Sin embargo no vemos a Jesús quitándole la bendición. De hecho su actitud le complicó el ministerio a Jesús ya que debido a que no obedeció ya no pudo ministrar más abiertamente.

Así que volvemos a la primera pregunta ¿Cuándo podremos saber que Dios quiere? Bueno, como lo dije al principio es imposible contestar esa pregunta, pero si podemos entender los campos en que nos movemos cuando Dios quiere. Nos movemos en el campo de la sintonía, de la soberanía, de la supremacía, y de la simpatía.

La sintonía nos orienta porque tenemos a alguien quien acudir. Combate la soledad. La soberanía nos apacienta porque sabemos que Dios tiene el control. Combate la oscuridad. La supremacía nos alimenta porque nos convencemos que Dios tiene poder. Combate  la incredulidad. Y finalmente la simpatía nos alienta porque entendemos que Dios nos ama y somos valiosos para él. Combate la inutilidad.

 

[1]  The New Unger’s Bible Dictionary, Moody Press, 1988, p. 307

[2]  Walter L. Wilson, MD, un diccionario de tipos de la Biblia, Hendrickson Publishers, 1999 reimpresión, p. 257

[3] La Biblia Anotada de Scofield, Publicaciones Españolas, Editorial Biblia Scofield Int. Pg. 134; nota sobre Levítico 13:1

[4] file:///C:/Users/panamericana/Downloads/Barclay_PALABRAS_GRIEGAS_DEL_NT.pdf

[5] Ibíd.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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