Ministrando cuando se oculta el sol…


se oculta el sol

“…Cuando llegó la noche…”Marcos 1:32

He pensado en lo peculiar que es el ministerio de servir a Dios. Es obvio que Jesucristo había tenido un día bastante atareado. Ha estado peregrinando de un lado para otro y las necesidades de la gente aumentan cada vez más. ¿Por qué apareció tanta gente en este momento? Para los judíos, la puesta del sol marcaba el fin de un día, y el comienzo del día siguiente.  El día que acababa de terminar, era un día de reposo (ver v.21), en el cual los judíos estaban prohibidos hacer muchas cosas, entre ellas acudir a un médico para ser sanados, o cargar a los enfermos (ver Lucas 13:14, y comparar Juan 5:8-10).  Evidentemente, mientras duraba el sábado, la gente se sentía limitada en cuanto a sus movimientos.  Sin embargo, la puesta del sol, y el inicio de un nuevo día, permitió a la gente movilizarse con mayor libertad. ¿Por qué un día dedicado a Dios se convertía en un obstáculo para la salud y sanidad del individuo? ¿Son nuestros programas religiosos y estructurados litúrgicamente los que impiden la plena salud de las personas? ¿Por qué las estructuras tan rígidas y legalistas pretenden ayudar pero al final uno termina aplastado por esas mismas estructuras que se pensaron para ayudar a la necesidad del individuo? Sin embargo a pesar de ser el día de reposo, las noticias del exorcismo en la sinagoga (v.21-28), y la sanidad de la suegra de Pedro (v.29-31), corrieron por las calles de Capernaum ese día.  Al fin del día, una gran multitud de enfermos y endemoniados se reunieron a la puerta de la casa donde estaba Cristo (v.32).   Toda la ciudad de Capernaum estaba conmovida (v.33).  El Señor sanó a una gran cantidad de gente, y echó fuera a los demonios (v.34).

¿Cómo hacemos frente a tanta necesidad hoy? ¿Cómo sabremos manejar el oleaje de un avivamiento, que parte de la libertad y la sanidad de los problemas de la gente? ¿Qué hizo Jesús para ministrar de noche?

Primero debemos observar la transición del movimiento. Estoy convencido que está llegando el ocaso de un sistema religioso evangélico que originalmente se planteó para ayudar y acercar a la gente a Dios pero que lamentablemente falló.  Sin embargo ese atardecer  espiritual teológico será seguido por un despertar espiritual al que nos enfrentaremos y si no estamos preparados no podremos hacerle frente. El cuadro que Marcos presenta es muy interesante.  El día solar se estaba acabando, y la gente normalmente se preparaba para descansar.  Era el fin de un día de reposo, así que uno se puede imaginar la quietud y la tranquilidad de ese momento.  Sin embargo, esa tranquilidad fue interrumpida por una masa de gente, que venía de todos los lugares aledaños, cargando una multitud de enfermos y endemoniados.  ¡Toda la ciudad estaría en conmoción!  Primero, los de la misma ciudad, habrían llegado a la puerta de la casa de Pedro, buscando sanidad para sus familiares y amigos.  Luego, los que vivían más lejos.  ¡Cuántos no tendrían algún enfermo en casa!  Todos se apresuraron para llevar a su ser querido a la presencia de Cristo, para que Él los sanara, al igual que lo había hecho con el endemoniado en la sinagoga, y luego con la suegra de Pedro. Esa transición se caracteriza por tres elementos. Primero es una transición cronológica. “cuando llegó la noche”. Es decir el momento es esperado por la gente, ya que estaba esperando que el sábado se acabe en términos de tiempo. Segundo es una transición kairológica. Observe que específicamente los judíos consideraban que no se podía violar el sábado después que el sol se ocultaba. Por ser en este momento urgente de noche y al ocultarse el sol implica que la manera de ministrar era un tiempo diferente, pero el tiempo ideal para que la gente pudiera acercarse a Jesús.  En tercer lugar es una transición estratégica. Por otro lado se está cambiando de manera de ministrar. De una forma institucional a una forma espontánea. De la sinagoga a la casa. Del rabino titulado (los fariseos) al rabino llamado (Jesús).

En segundo la condición del movimiento. Primero está la dimensión motivacional. En el texto original, el verbo (“trajeron”) es imperfecto; literalmente, ‘le traían’, o ‘le estaban trayendo’.   El uso del imperfecto apunta a una fila de personas, que se acercaban en forma continua y permanente (durante esas horas). ¿Qué motivaba a esta gente? No hay implicaciones de que haya habido propaganda o repartieron panfletos. Simplemente Dios los guio debido a que habían escuchado todo los beneficios que habían obtenido las personas liberadas por Jesús. Segundo está la dimensión condicional. El griego dice, literalmente, ‘los que lo tenían mal’, en el sentido de, ‘los que la estaban pasando mal’; es decir, ‘los enfermos’.  En ese sentido el movimiento tiene a lo menos tres dimensiones o rostros. Los que la que está pasando mal (Enfermedades). Los que están mal (endemoniados)  y los que ven el mal (la ciudad). Tercero está la dimensión social “y toda la ciudad se agolpó a la puerta”.  Las palabras, “se agolpó”, es la traducción del verbo, ‘episunago’.  El verbo significa, ‘juntarse’ o ‘reunirse’. En este caso, la preposición, ‘epi’, sirve para brindar mayor énfasis al verbo.   Por otro lado el verbo está en tiempo perfecto, que conlleva la idea de un incidente que tuvo consecuencias permanentes; es decir, que se formó una gran multitud de personas, y que está multitud quedó en forma permanente por un largo tiempo (¿mucho de la noche; comparar v.35-37?).  El cuadro es de una gran muchedumbre, que se formó  alrededor de la casa donde estaba el Señor (¿la casa de Pedro?). ¿Debemos tomar esta frase literalmente?  ¿En realidad, toda la ciudad se agolpó?  A la luz de Marcos 1:5, es probable que aquí tengamos una forma de escribir que es parte del estilo literario de Marcos.  Mateo y Lucas no escriben esto; ellos se limitan a decir que había mucha gente (Mat 8:16; Lucas 4:40).  Sin embargo, indudablemente la cantidad de gente era grande.

En tercer lugar la ministración del movimiento. “Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades”

La ministración es integral.

El verbo, ‘sanar’, en el original, está en el aoristo, que implica una sanidad instantánea.  Marcos no menciona cómo Cristo sanó a estas personas.  Ese detalle lo encontramos en Lucas 4:40, en las palabras, “y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba”.  Cristo no tenía que hacer esto para sanar a alguien, pero parece haber sido Su estilo de hacerlo. El verbo, ‘sanar’, en griego es ‘therapeuo’.   Es interesante observar que este verbo está  relacionado con el sustantivo ‘therapon’, que significa ‘un siervo’ (Heb 3:5). El Señor  Jesús, siendo Soberano y Creador de todo, se digna ‘servir’ a Su creación, sanándoles de diversas enfermedades.    Si el Señor tuvo esa actitud hacia los necesitados, cuánto más no la debiéramos tener nosotros.

 La ministración es parcial. Aquí tenemos uno de los cuadros más preciosos de Cristo.  Rodeado por una gran turba; todos preocupados por ser atendidos – ¡quizá más de un empujón se dio durante esas horas!  Pero el Señor, con tremenda calma, autoridad y dignidad, sanó a muchos enfermos.  Pero observe que no dice que sanó a todos. ¿Por qué no los sana a todos? Es una pregunta que sólo Dios puede contestar. Sin embargo a los que ministró no había caso demasiado difícil.  No había caso imposible.  ¡Aquí no existían desahuciados! Mateo añade un verso, en el cual cita un texto del AT (Isaías 53:4), proveyendo así una base teológica, para explicar el ministerio de sanidad que Cristo desarrolló.  “y echó fuera muchos demonios…” Otra vez, el verbo principal está en el aoristo, que apunta a un acto instantáneo.

La ministración es escritural.  Marcos no nos dice cómo Cristo echó fuera a los demonios; este detalle lo tenemos en Mat 8:16 (“y con la palabra echó fuera a los demonios”).   La palabra de Cristo tenía tremenda autoridad; era la voz del mismo Creador.  Con justa razón, Su Palabra era suficiente para echar fuera a los demonios. Es interesante notar que en el evangelio de Mateo, la liberación de los endemoniados es mencionado antes que la sanidad de los enfermos (ver Mat 8:16), dando énfasis a este ministerio. “…y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían”

La ministración es territorial. El verbo, “no dejaba”, está en el imperfecto.  Esto apunta, no tanto a una sola orden, dada en un momento específico (como los verbos anteriores, que están en el aoristo; “sanó” y “echó”), sino a una serie de órdenes, dadas a lo largo de ese tiempo, a diferentes demonios. Lucas añade el detalle que Cristo “reprendía” a los demonios (Lucas 4:41).  Este es el mismo verbo que Lucas usó para describir la sanidad de la suegra de Pedro (Lucas 4:39).  Marcos ya lo ha usado, en v.25 . Es Lucas quien nos dice lo que estos demonios estaban vociferando: “Tú eres el Hijo de Dios” (Lucas 4:41; comparar Marcos 1:24).  Lucas también indica que los demonios sabían que Jesús era el Cristo (Lucas 4:41b). Una vez más, Cristo prohíbe a los demonios hablar, no porque lo que estaban diciendo no era verdad, sino porque lo estaban haciendo malintencionadamente, con el propósito de incomodar a la gente, y darles pretexto para no escuchar a Cristo (ver comentario sobre el v.24-25). Jesús delimita su territorio estableciendo su autoridad.

Es obvio que este nuevo mover será en un tiempo diferente y requerirá mayor esfuerzo y deseo de servir más allá de nuestras comodidades. Pocos estarán dispuestos a pagar el precio, pero Dios se moverá de una manera increíble a través de los que acepten el reto de ministrar “luego que el sol se oculte”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: