Saque su lengua por favor… II parte


Al pensar en cobertura, el salmo 91 nos da grandes principios. El primer principio es que la cobertura es una convicción personal ante la presencia de Dios. Sólo Dios puede darle cobertura a un hombre, mujer o comunidad. El segundo principio tiene que ver que la cobertura es la confesión del poder de Dios. ¿Cómo experimenta el salmista ese poder de Dios en su vida? No sólo es una convicción personal sino una confesión de poder. En el texto el salmista tiene varias relaciones de poder que le hacen estar seguro de su cobertura.

La primera confesión es verbal. Observe que dice “diré yo”. La palabra hebrea para decir aquí es la palabra ‘amar. Esta palabra se puede traducir como expresar lo mismo, decir cosas iguales. La modalidad verbal nos da la pauta de que es un decir constante. Es un hábito o conducta lo que este salmista ha aprendido a decir. La segunda confesión  es personal. “Al Señor”. El nombre que usa este salmista es Yawhew, el nombre personal de Dios y de su existencia eterna. Es importante observar que la confesión de lo que decimos es a Dios y no a una audiencia. La tercera confesión  es posicional. “Refugio mío y fortaleza mía”.  Las palabras usadas por el salmista son diferentes pero ambas expresan que Dios nos da una posición de victoria y protección.  La primera metáfora es “refugio”. Esta primera metáfora nos habla de la respuesta que Dios nos da en momentos de emergencia. Un refugio es usado para pasar una tormenta, o pasar una noche, pero no es una morada permanente. De hecho lo que más importa de un refugio es que me saque del apuro que estoy viviendo. Dios es un “refugio” en los momentos de emergencia. Así que mi confesión posicional es una confesión en primer lugar donde experimento la grandeza de Dios. La segunda palabra es la palabra “fortaleza”. Se puede traducir también como castillo. Este concepto va más allá de un simple refugio. Ya establece una posición, un lugar de mayor fuerza y realeza donde puedo vivir y donde puedo experimentar la realeza de Dios.  Mi cobertura es de Dios porque sólo con Dios puedo experimentar sus atributos. Pero también no podemos pasar por alto los pronombres “mío” que acompañan a las dos expresiones. Esto implica que me pertenece. Es un vínculo personal y emotivo el que tenemos con nuestra posición en Cristo.  Si el primer concepto nos habla de la grandeza de Dios, el segundo concepto nos habla de la realeza de Dios, este tercer concepto nos habla de la belleza de Dios. Dios es tan atractivo, que no puedo dejar de vincularme con él emotivamente y tratar de “acapararlo” para mi propio beneficio espiritual. Nuestras relaciones con Dios no son por la fuerza ni por temor u obligación, es porque él es sumamente atractivo en su esencia.

La cuarta confesión  de es radical. “Mi Dios en quién confío”. Hay tres decisiones radicales de parte del salmista aquí. La primera es una decisión de afecto. El pronombre “mío” implica que todos sus afectos o por lo menos los afectos mayores son para Dios y no para otro. El salmista se vincula con Dios de una manera afectiva y emocional. La segunda decisión es de concepto.  La expresión para Dios que se usa aquí es “Elohim”. Dentro de las Escrituras Hebreas existen varias palabras que se usan para referirse a Dios; sin embargo “Elohim” es la palabra más común. Dicha palabra se encuentra más de 2.500 veces en el Antiguo Testamento. Esta palabra proviene de la raíz “El” que significa fortaleza, prominencia, omnipotencia, o por extensión Dios. Así que el término tiene que ver con poder y autoridad y con la idea de la infinita posesión y presencia y poder y autoridad que Dios posee.[1] El concepto que tengamos de Dios será la manera en que nosotros vivamos seguros. Si mi Dios es grande mi confianza será grande y por ende mi vida más segura. La tercera decisión es de efecto. “Quién confío” ¿Cuál es el efecto en la vida del salmista? La palabra “confiar” es la palabra batach y es interesante esta palabra. El único lugar en la Biblia donde la palabra hebrea para confiar (batach) se usa positivamente es entre humanos en Proverbios 31:11. Este versículo instruye al esposo a confiar en su esposa. En todos los otros casos, el uso de batach es una declaración positiva de la confianza entre un hombre y Dios. Es decir es una palabra exclusivamente para Dios. Lo que viene a demostrar que el único confiable y en el que podemos confiar es Dios. Pero debemos recordar que la confianza sin verdad es pecado. La confianza sin recordar la verdad es como navegar sin brújula. Puedes confiar que el viento te llevará hacia adelante, pero no tienes idea a dónde vas.[2] El verbo batach es un ejemplo de la conexión hebrea entre la emoción y la acción. En él se describe la sensación de seguridad y fiabilidad que viene cuando un seguidor del Camino se comporta de acuerdo a la palabra de Dios a pesar de las circunstancias. En otras palabras, la razón por la que podemos confiar en Dios se encuentra en quién es Dios. No depende de lo que Dios hace. No tenemos ningún miedo en la cara de la calamidad porque sabemos que el carácter del Señor soberano.

Hasta aquí hemos visto dos principios importantes sobre la cobertura de Dios. Primero la cobertura es una convicción sobre la persona de Dios  y en segundo lugar la cobertura es una confesión sobre el poder de Dios.  Sólo la persona y el poder de Dios nos pueden dar seguridad y cobertura.

[1] http://www.messianictorah.org/es/pdf/trin2es.pdf

[2] http://www.serafincontreras.com/como-por-un-hombre.html

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