Iglesia sin maquillaje


Woman applying makeup
Woman applying makeup

Jesús se dio cuenta de la suciedad de los pies de los discípulos. Es allí donde se identificaba en su tiempo que estaban sucios. Podían tener las túnicas y ropa interna limpias pero si uno descendía y veía las sandalias de los caminantes podía apreciar su suciedad. Y es que los pies en los tiempos de Jesús no se podían maquillar. Es importante notar que a Jesús le interesa ver un discípulo con sus pies limpios. Eso me hace pensar en que hay iglesias que muestran sus defectos e iglesias maquilladas. Una iglesia maquillada siempre luce bien. Sus miembros proyectan vidas ejemplares. Parecen ser padres excelentes, hijos obedientes y esposos modelos, pero en la intimidad se quitan el maquillaje. La iglesia maquillada no es la verdadera, la iglesia verdadera es una iglesia de “pies sucios” y con pies de barro. En la iglesia verdadera se mezclan los defectos y la belleza, las tragedias y los milagros. ¿Qué es una iglesia sin maquillaje? Primero es una iglesia sensible. Me llama la atención a que la frase anterior se desprende del hecho de que Pedro se negaba a que Jesús le lavara los pies, y la respuesta es “déjame hacerlo aunque no lo entiendas todavía”. Esa sensibilidad está sujeta a obediencia y consecuencia. “Si no” es un expresión que demuestra un reto a la obediencia pero también un reto a la consecuencia. Si lo hace obedecerá, pero si no perderá muchas cosas.  Segundo es una iglesia vulnerable. Con el fin de respaldar sus vidas de “fe” muchos pretenden vivir en una burbuja donde la vida es perfecta, pero necesitamos reventar esa burbuja y dejar que las verdaderas historias sean contadas. Una iglesia sin maquillaje es una iglesia que está dispuesta a mostrar la transparencia de hombres y mujeres rotos dispuestos a ser vulnerables, dispuestos a abrirse y confiar en los demás reconociendo sus debilidades y dispuestos a tomar responsabilidad por sus acciones. “Te lavo los pies” le dijo Jesús a Pedro y cuando nosotros escondemos nuestros pies sucios y pretendemos que todo está bien, tampoco tendremos parte con la iglesia verdadera. Esta vulnerabilidad consiste en primero reconocer mi suciedad. Es decir debo reconocer que me he ensuciado los pies.  Segundo consiste en reconocer mi incapacidad. Es Jesús quien lava esa suciedad. Tercero debo reconocer mi realidad. Mi realidad demuestra que me ensucio, que se me pega el polvo, que me descuido de mi limpieza diaria de mis pies al caminar en este mundo.  Que debería ser más consciente de que ando los pies sucios. No debería esperar a que Jesús tome la iniciativa para limpiar mis pies, yo debería pedirle a él que me ayude a mantenerlos limpios. Muchos jóvenes al alcanzar mayoría de edad, dejan la iglesia por la incongruencia que veían en la vida de sus padres. Esta una verdadera tragedia. La iglesia maquillada ha sido inconscientemente fomentada por pastores que sienten que la iglesia maquillada los valida como líderes. El líder paternalista utiliza el comportamiento de los miembros de su iglesia como una carta de presentación y el problema es que muchos miembros maquillan sus vidas para satisfacer a sus líderes. A veces la burbuja de la vida perfecta del líder se revienta cuando sus hijos le causan problemas. Todo cambia cuando una hija queda embarazada, cuando un hijo se rebela y deja la iglesia, cuando su esposa sufre de depresión y tiene que ir al sicólogo. Es entonces cuando el pastor vea la realidad de su iglesia y la mira sin maquillaje. Empieza a ver a su hija en las adolescentes con problemas de tipo sexual de su iglesia, empieza a ver a su hijo en los jóvenes que se rebelan, empieza a ver a su esposa en la mujer problemática y emocional. Finalmente una iglesia sin maquillaje es una iglesia susceptible. Es una iglesia que se impresiona y preocupa por la autoridad de Cristo y que está deseosa de corrección. Observe que dice: “no tendrás parte”. Esto es como una amenaza o a lo menos una advertencia muy directa de parte de Jesús a Pedro. El deberá dejarse lavar los pies, sino es susceptible a eso, es decir a modificar su necedad podrán pasar  tres cosas. Primero, la amonestación de Jesús y esto se muestra en la expresión “no”. Obtenemos un “no” de Dios. Y no sé si las personas puedan entender las implicaciones espirituales cuando uno está bajo el “no” de Dios. Es tremendo cuando uno batalla contra lo que Dios dice “no”. Segundo, la aprobación de Jesús. El verbo tener aquí está dando una seguridad de que lo que se nos va a dar como premio o recompensa no será aprobado por Dios y al no ser aprobado lo perderemos.  Tercer la apropiación de Jesús. La expresión “parte” implica que no nos repartirá “el botín” que Jesús tiene para nosotros en el reino de Dios. Es como si Jesús estableciera que el se quedará con todo y se apropiará de lo que nos pertenece y lo dará a otro. En contadas ocasiones encontramos a Dios quitando la bendición y dándosela a otro.

 

Con lo que estamos planteando aquí, ¿significa que debemos fomentar la imperfección? No pero debemos permitirla y no asustarnos por la existencia de la misma. Por supuesto que un cristiano debe madurar, después de todo seguiremos siendo pecadores, seguiremos batallando con áreas de nuestras vidas que tal vez no venceremos hasta el día que estemos con Jesús cara a cara. Entonces seremos como él y no habrá necesidad de maquillaje.

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