Torta no volteada…


 

torta

Por años he venido estudiando y aprendiendo sobre espiritualidad. Creo que en mi corazón hay un anhelo por alcanzar una profunda espiritualidad que sea genuina y fresca. Por días lo logro, pero son pocos y quizás son las excepciones. La mayoría de veces mi espiritualidad oscila entre los intentos, los deseos y las realidades. Una de las cosas que frecuentemente me pasan y en su mayoría me frustran es el hecho de que cada vez que intento salirme del conformismo espiritual, es como si se detonaran todas las fuerzas del maligno obligándome a someterme una vez más a un espíritu mediocre y contaminado. Esto muchas veces me hace alejarme de Dios o a lo menos vivir una experiencia espiritual menor a la que Dios quiere ofrecerme. En numerosas ocasiones cada vez que intento mejorar mi espiritualidad o aparece alguna enfermedad, hay una serie de circunstancias que me abruman, crisis económicas, se arruinan mis posesiones materiales. Eso no es lo que más me frustra, ya que sé que el enemigo de nuestras almas está exclusivamente para fastidiarme mi vida espiritual. Lo más frustrante es el hecho de que Dios permita que sucedan siempre estas cosas, sabiendo mi deseo de estar más cerca de Él. En estos días he vuelto a experimentar nuevamente este ciclo espiritual. En estos días he estado de vacaciones y me había propuesto acercarme a Dios con todo mi corazón. Un noche después de buscar a Dios y ministrarme el Espíritu Santo por medio de un pasaje, cuando me levanté y fui al baño, sin que ni para que mi ojo izquierdo tenía un derrame y se me había puesto muy rojo por la sangre. Es como si al instante de que hay una deseo de buscar a Dios, alguien automáticamente apretara un botón con el propósito de hacerme la vida imposible. Hoy escribo estas reflexiones con una gran molestia en mi ojo, me cuesta estar bastante tiempo frente a la computadora escribiendo. De hecho esto es lo primero que escribo después de varios días. ¿Por qué sucede esto? ¿Por qué hay tanta oposición cuando uno desea buscar a Dios? Es frustrante y a la vez desgastante. ¿Dónde uno encuentra las respuestas? ¿Hay respuestas?

Nuestra era se caracteriza por la superficialidad, inducida, en una medida no pequeña, por las fugaces imágenes de la televisión. Y esta frivolidad se ha desbordado en nuestra actitud y nuestras reacciones al mensaje de Dios. Rara vez le damos tiempo a Dios para tratar con nosotros de manera radical y profunda. Incluso, cuando somos condenados por el fracaso o el pecado, no le permitimos al Espíritu Santo trabajar en nosotros para que lleguemos a odiar el error que cometimos. Con liviandad aprobamos el hecho de que «somos pecadores miserables», sin encarar seriamente el problema. Actuamos como si una nueva decisión pudiera tomar el lugar del verdadero arrepentimiento y de la renunciación.

Todos somos, en cierta medida, santificados solo en forma parcial, porque no hemos volteado algunas facetas de nuestra vida hacia el fuego purificador del Espíritu Santo. La queja de Dios señalaba que la bondad de Efraín era volátil; desaparecía como la niebla y el rocío de la mañana. No es que no queramos lo mejor y lo más alto, o que no nos decidamos por lo mejor, sino que como Efraín, nuestra resolución es fugaz.

Parecía como si la inconstancia de Efraín dejara perplejo incluso a Dios, por eso exclamó: «¿Qué haré a ti, Efraín?». Nuestra superficialidad e inconstancia también pueden desconcertar a Dios después de todo lo que él ha hecho por nosotros. Sin embargo, para nuestro aliento, podemos recordar que bajo la influencia del Espíritu Santo, Simón, el inestable, fue cambiado en Pedro, la roca.

Al leer Oseas 7:8 de cómo Dios usa una metáfora de cocina, me llamó la atención la forma en que Dios describe lo que es una espiritualidad mezclada. ¿Qué es tener una espiritualidad mezclada?

En el pasaje tenemos una descripción de la espiritualidad mezclada. También tenemos una declaración de la espiritualidad mezclada y finalmente decisión de la espiritualidad mezclada.

En primer lugar veamos la descripción de una espiritualidad mezclada. El texto dice: “Efraín se ha mezclado con los demás pueblos”. La espiritualidad mezclada se describe primero como inconsistente. Es muy importante notar que el nombre que usa aquí para describir al pueblo de Dios es Efraín. Este era una de los hijos de José. En la historia fue ascendido de nieto a hijo por su su abuelo Jacob. Efraín llegó a ser grande y tuvo mucha alcurnia dentro de la estructura de Israel. A pesar de esa grandeza es este precisamente el que se está desviando y perdiendo su identidad como pueblo de Dios. Había una inconsistencia entre lo que era Efraín y lo que estaba haciendo. En segundo lugar la espiritualidad mezclada es una espiritualidad imprudente.  La expresión “se ha mezclado” es interesante. La palabra hebrea es “balal” y esta palabra significa: “ceder, confundirse, mezclar, prevalecer”. La forma del verbo es hithpael lo que denota una acción intensa que determina que son ellos los que han tomado la decisión de mezclarse. Mezclar según el diccionario de la RAE significa: Juntar o unir varias cosas distintas o también alterar el orden de algo revolviéndolo. En ese sentido la imprudencia estriba en pensar que una cosmovisión cristiana se puede revolver o mezclar. ¡Cuántos creen eso! El cristianismo es una cosmovisión que no se mezcla sino que transforma lo que toca. Cuando lo mezclamos perdemos fuerza y energía. Observe que es una iniciativa de parte de los hijos de Dios (Efraín) el de mezclarse. ¿Por qué como iglesias somos tan prontos a conciliar con las voces que nos quieren imponer sus creencias? Y finalmente es una espiritualidad incompetente.  Observe que el foco de la mezcla fueron las naciones. Estas naciones estaban bajo el juicio de Dios, por lo tanto no le convenía entrar en relación ellas. Tarde o temprano las naciones iban a cambiar su cosmovisión.

En segundo lugar la declaración de la espiritualidad mezclada. “Efraín es torta no volteada”. ¿Porque Dios utiliza esta expresión? La declaración implica  vivencia. “Efraín es”. La expresión implica que ya los hijos de Dios a nivel colectivo y nacional y porque no decirlo institucional ya vivían de una forma mediocre. La vivencia mezclada anula la identidad. También la declaración implica también insuficiencia.  La expresión es una figura desde la alimentación, de la cocina. ¿Qué implica una torta? Es alimento servía para alimentar, para sustentar. Sin embargo parece ser que no tiene las suficientes cualidades internas para servir para lo que fue diseñado. La insuficiencia mezclada entorpece nuestra capacidad. La insuficiencia estriba en no servir para lo que Dios  te ha diseñado hacer. Si las personas no están  aprovechando  de tu vida, o no eres apetitoso. Una torta de este tipo por un lado no es atractiva y tampoco huele bien. La declaración también implica inconsistencia. Observe que dice “no volteada”. Esto demuestra que la inconsistencia estanca nuestra espiritualidad. El mensaje del profeta Oseas identifica los resultados de vivir un compromiso vacilante con Dios.  Es decir el peligro de la consagración parcial. Antes había dicho de Efraín: « ¿Qué haré a ti, Efraín?… La piedad vuestra es como nube de la mañana, y como el rocío de la madrugada, que se desvanece» Oseas 6.4. «Efraín fue torta no volteada» Oseas 7.8 Esta pictórica figura les resultaba familiar a los israelitas. La mayoría de los cocineros había experimentado la desilusión de encontrar su torta cocida por fuera, pero cruda por dentro. La torta a la cual se refiere aquí se aplastó y cocinó en una parrilla; y como no se había volteado, se había quemado por un lado y había quedado cruda por el otro.

Muchos de nosotros somos así en el carácter: súper desarrollados en algunos aspectos, pero deficientes en otros. El progreso ha sido excelente en algunas áreas, pero retardado en otras. Todos somos, en cierta medida, santificados solo en forma parcial, porque no hemos volteado algunas facetas de nuestra vida hacia el fuego purificador del Espíritu Santo. Algunos han crecido diligentes en el conocimiento de la Biblia, pero descuidados en la bondad. Otros se formaron firmes en la ortodoxia, pero inconstantes en el amor cristiano. Incluso, otros se muestran generosos cuando dan, pero… violentos en su temperamento. El desarrollo unilateral es real para todos nosotros. Solo Jesús fue santificado por completo y de manera simétrica en el carácter: «Lleno de gracia y de verdad». En él vemos en perfecto balance «la bondad y la severidad de Dios» (Ro 11.22). Nunca se podrá comentar de él que fue una torta no volteada.  Es una tentación común excedernos en algunas formas de trabajo que disfrutamos, pero también descuidar tareas rechazadas o poco agradables. Tendemos a cultivar nuestros puntos fuertes, mientras desatendemos los débiles. El erudito alimenta su mente con avidez, pero descuida su cuerpo, mientras que con los atletas a menudo ocurre lo contrario. Las Escrituras demandan el cultivo de los puntos débiles de nuestro carácter para que podamos ser «firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere» (Col 4.12). El hecho alentador es que el fuego bajo la torta sigue ardiendo. Aún queda tiempo para voltearla, y completar el proceso de horneado. Nos corresponde voltear las facetas imperfectas e incompletas de nuestro carácter hacia el fuego del Espíritu Santo.

En tercer lugar está la decisión de la espiritualidad mezclada.  “Devoran extranjeros su fuerza, Y él no lo sabe; También tiene cabellos canos, Y él no lo sabe”.

Lo primero es la decisión de separación. «Efraín es dado a ídolos; déjalo» (Os 4.17). «Efraín se ha mezclado con los demás pueblos» (Os 7.8).  Los cristianos tienen que ser un pueblo separado. Pero algunos círculos evangélicos defienden un tipo de separación que nos deja sin contacto con las personas del mundo, por lo cual llegamos a ser incapaces de alcanzarlas para Cristo. Cuando Jesús advirtió a sus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra» (Mt 5.13), él no concebía que la sal se pusiera en un plato y la carne en otro. Como alguien afirmó: «El lugar de la sal está en la sopa, no en el salero». Sin embargo hay una diferencia entre separarse y aislarse. Jesús nunca sugirió que los cristianos debían aislarse de las personas impías y abandonarlas para que fueran del diablo. Él mismo fue objeto de la crítica encarnizada de los fariseos, debido a que se rehusó a practicar esa forma de separación. «Este hombre acoge a los pecadores y come con ellos», lo censuraban con desprecio. Existe una forma de separación que no solo es correcta sino obligatoria. Efraín debía separarse de los ídolos y no contraer alianza alguna con las naciones impías que los adoraban. Existen muchas alianzas mundanas que deben romperse, pero tienen que separarse por medio de un material aislante más que el solo aislamiento. O mejor aún, como se separa la novia del novio. Jesús era: «santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores» (He 7.26), pero su separación fue moral y espiritual, no física. En esto nos dejó un ejemplo para seguir. Lo segundo es una decisión la evaluación.

La evaluación viene con la confrontación. Hay un  peligro del deterioro inconsciente. Observe lo que el texto dice: “«Devoraron extraños su fuerza, y él no lo supo; y aun canas le han cubierto, y él no lo supo» (Os 7.9).

Las canas son un mal recibido, signo del decrecimiento de la virilidad. Vienen sin percibirse y sin anunciarse. Unos cuantos se han vuelto grises en una noche. No obstante, el declive espiritual no siempre ocurre de manera consciente o repentina. La caída a menudo no se discierne ni es deliberada. La visión espiritual y el entusiasmo siempre tienden a disminuir si no se nutre de manera adecuada. La carne es débil, y somos objeto de la atención hostil de nuestro adversario.  El deterioro inconsciente de Efraín comenzó con la alianza impura que estableció con la idólatra Asiria, la cual lo llevó a tal adoración pecaminosa. La idolatría y la inmoralidad a menudo corren juntas, con el consecuente debilitamiento de toda la estructura de la nación. Se le aconsejó a Efraín que declarara: «No nos librará el asirio; no montaremos en caballos, ni nunca más diremos a la obra de nuestras manos: Dioses nuestros» (Os 14.3). Al evaluar nuestras vidas personales la advertencia se aplica de igual forma a nosotros,  debemos esforzarnos por descubrir las canas como los signos prematuros de senilidad espiritual, cuando ellos se presenten en nuestra vida. Es posible mantener la apariencia externa de santidad aunque la atrofia espiritual esté muy avanzada. Ignorar nuestro verdadero estado puede ser el resultado de haber descuidado el hábito de confrontar nuestra vida de forma inquisitiva con el espejo de la Palabra de Dios. Este nos revelará —si queremos ver— las canas, la alarmante diferencia entre lo real y lo ideal. El declive espiritual a menudo comienza cuando estamos demasiado ocupados (incluso en el trabajo cristiano) para medirnos de manera periódica según la norma divina y para tomar la acción correctiva.

La evaluación sigue con la convicción. La tragedia de la condición de Efraín se revela en esta oración: «él no lo supo». ¡Deterioro inconsciente! La única vía satisfactoria y permanente de vencer las canas no es teñirlas (como a veces acostumbramos), sino arrancarlas de raíz. Pablo aconsejó a los creyentes corintios a practicar esto: «limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu» (2Co 7.1). Esto implica un acto decisivo de nuestra voluntad. Dios no hará por nosotros algún tipo de limpieza o depilado. Nuestra parte consiste en proponernos actuar contra nuestro pecado en todo lo que nos sea posible. Luego el Señor responderá: «seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré» (Ez 36.25).

Finalmente la decisión de la conversión. En el vrs. 16 dice: “Se vuelven, pero no hacia lo alto (el Altísimo)”. La expresión implica que ellos quieren tener una conversión o arrepentimiento. Podemos buscar crecimiento y desarrollo en nuestra vida espiritual con cosas “humanas y buenas”. Nuestro verdadero crecimiento y conversión tiene que ver con buscar la fuente. Es Dios el único que transforma. Toda espiritualidad apartada del verdadero objeto de la fe, Dios, es una espiritualidad falsa y por lo tanto mezclada con humanismo.

En los años 50, el entonces Secretario General de la ONU, Dag Hammerskjöld, aseguraba: “No veo esperanza de una paz mundial duradera. Lo hemos intentado todo y tristemente hemos fracasado. Si el mundo no experimenta un renacimiento espiritual, la civilización estará condenada a la extinción”  O dicho con palabras de Ernesto Sábato: “hay algo que no falla, y es la convicción de que únicamente los valores del espíritu nos pueden salvar de este terremoto que amenaza a la condición humana”  Porque “Si queremos sobrevivir, tendrá que desarrollarse también nuestra conciencia espiritual”

Curiosa declaración viniendo de un político y un escritor, pero creo que tienen razón. Sin embargo somos los cristianos los que debemos nuevamente despertar una conciencia espiritual bíblica genuina, o de lo contrario la civilización perderá más este rumbo.

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