Pinceladas de la Santa Cena…


pan y vino

Una de las prácticas que cómo iglesia evangélica tenemos y que constantemente hacemos es la celebración de la Cena del Señor. En las iglesias modernas hay varias interpretaciones de esta ordenanza. Sin embargo aunque teológicamente los evangélicos se han divorciado de la idea sacramental del evento, no nos hemos podido divorciar del elemento litúrgico del evento. En pocas palabras seguimos desarrollando la práctica siempre con una mentalidad católica religiosa.
¿Cuáles son las tendencias?
En primer lugar la transubstanciación.
Iglesia Católica Romana y la Iglesia Ortodoxa siguen este concepto, que implica una presencia ‘real’ (física) de la ‘carne’ y ‘la sangre’ de Cristo en el pan y el vino. Según esta posición, la sustancia, o realidad interna, del pan y del vino se transmutan en la sustancia del cuerpo y la sangre de Cristo, pero los accidentes, o cualidades externas (color, peso, sabor), conocibles mediante los sentidos, no cambian. Los católicos creen que esta transformación se produce en el momento en que el sacerdote enuncia las palabras; los ortodoxos creen que se debe invocar al Espíritu Santo para que efectúe la transformación. Los católicos creen que la Misa / Eucaristía / Cena del Señor tiene una naturaleza ‘sacrificial’, donde Cristo es en la Eucaristía la MISMA víctima que en la Cruz. Todas las opiniones protestantes a continuación consideran que la transubstanciación es “sangrienta” y repugnante.

En segundo lugar está la Consubstanciación. La Iglesia Luterana opta por este concepto, según el cual Cristo está presente junto con la realidad inalterada del pan y del vino. Lutero creía que las palabras “Este es mi cuerpo, esta es mi sangre” deben interpretarse literalmente como que el cuerpo y la sangre de Cristo estaban presentes en el sacramento” en, con, y bajo” los elementos de pan y vino. Además, él consideraba el sacramento como un medio de gracia por el que se fortalece la fe del participante. Esto todavía implica una presencia “física” de Cristo en la Cena, pero no en forma “sangrienta” o cruenta.

En tercer lugar está la Conmemoración simbólica, o memorialismo. Zwinglio sostenía que Cristo estaba presente en y por medio de la fe de los participantes, pero que esta presencia no está ligada a los elementos y depende completamente a la fe de los comulgantes. Al contrario de Lutero, interpretó el sacramento como una conmemoración de la muerte de Cristo en el que la Iglesia responde a la gracia ya dada, en vez de ser vehículo de la gracia. Zwinglio no aceptaba una presencia “real” de Cristo en la Cena, ni tampoco una alimentación “real” de Él a los fieles.

En cuarto lugar Espiritualización. Calvino creía que en la Cena hay una verdadera recepción del cuerpo y la sangre de Cristo, sólo que en forma espiritual. El sacramento es un verdadero medio de la gracia, un canal por el cual Cristo se comunica a nosotros. Lutero y Calvino concordaban en que la comunión con un Cristo presente que en realidad alimenta a los creyentes con su cuerpo y sangre, es lo que hace el sacramento. La cuestión entre ellos era la forma en que el cuerpo de Cristo existe y se da a los creyentes: Calvino sostenía que mientras Cristo está corporalmente en el cielo, la distancia es superada por el Espíritu Santo, que vivifica los creyentes con la carne de Cristo. Así, la Cena es una verdadera comunión con Cristo, que nos alimenta con su cuerpo y sangre. “En cuanto al modo, no es necesario que la esencia de la carne descienda del cielo para alimentarnos, ya que la virtud del Espíritu supera todos los obstáculos y atraviesa cualquier distancia”. La verdadera diferencia entre Lutero y Calvino radica en la ubicación efectiva del cuerpo de Cristo: Calvino sostenía que está en un lugar, el cielo, en tanto que para Lutero tenía la misma omnipresencia que la naturaleza divina de Cristo.

En quinto lugar la contextualización latinoamericana. Aparentemente, la iglesia emergente celebraba la Santa Cena el primer día de cada semana (Hechos 20.7).
Me temo que no todos los creyentes en América Latina saben plenamente lo que están haciendo al participar de la Cena. En el mejor de los casos, la gente sabe que es un recordatorio, pero nada más. Esto, naturalmente, trunca su sentido más pleno e induce a los fieles a restarle importancia y reverencia. ¿Y cómo se observa esto?
Esta comprensión parcial se observa cuando la celebración de la Cena se deja para el final del culto, a última hora, como si fuera un apéndice, y cuando la gente está pensando en irse a su casa más que en participar de la mesa del Señor. En otras ocasiones, la Cena queda como un elemento extraño al culto, porque ni los cantos ni el sermón la han aludido. Entonces ésta se realiza en un vacío litúrgico, que bien podría interpretarse como una obligación ritual, más que una celebración de amor y gratitud. Por otro lado creo que nuestra cultura encajaría más en el contexto original de una cena-fiesta como se hacía en los primeros momentos de la Iglesia emergente del Nuevo Testamento.
¿Cómo se puede recuperar es cosmovisión bíblica y adaptarla a nuestro contexto? Creo que tiene que ver con entender en esencia por medio cuatro miradas, que la Santa Cena pretendía motivar a las comunidades originales del NT.

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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