La ventaja de ser idiota…


Estaba leyendo la novela de Dostoievski llamada  El idiota. Y no cabe duda que  sea una novela peculiar en la producción del gigante ruso. En la primera parte  ocupa la descripción de los acontecimientos acaecidas a su personaje Lev Nicolayevich Myshkin, el protagonista, en su primer día de estancia en San Petersburgo; acontecimientos por supuesto decisivos para el desarrollo del resto de la historia. Lev Nicolayevich, príncipe Myshkin, retorna a Rusia después de haber pasado varios años en Suiza, reponiéndose de la epilepsia que sufre. A su regreso a San Petersburgo contacta con unos parientes lejanos y, casi sin querer, se ve envuelto en una complicada historia familiar.

Con el príncipe Myshkin, Dostoievski quiso componer un personaje que representase a un hombre sin tacha moral, un hombre bueno. Y aunque las tesituras a las que se enfrenta no parecen ser especialmente graves, sirven para poner de relieve el choque entre su carácter bondadoso y el que podríamos llamar “normal” del resto de personajes. Por contraste con la personalidad del príncipe la sociedad humana se muestra venal, egoísta, interesada, deshonesta y falsa. Lev Nicolayevich es un ejemplo de candor, mansedumbre, honradez y deseos de ayudar al prójimo. Pero, evidentemente, quienes le rodean le toman por idiota o, en el mejor de los casos, por un hombre enfermo, a causa de su epilepsia. Por ello le tratan como a un niño o bien tratan de aprovecharse de él, pero nadie, en ningún momento, le toma por un ejemplo a seguir, pues todo el mundo tiene claro que semejante filosofía de vida está fuera de lugar en este mundo, es más es la típica conducta de un idiota. Sin embargo, a pesar de que cuantos le rodean le toman por idiota, Lev Nicolayevich tiene una capacidad para juzgar de forma certera a las personas y sus intenciones. Cierta  “sabiduría” que embelesa a los que les rodea.

Entonces si he entendido bien el mensaje de Dostoievski, ser idiota no es tan malo como parece ser.

Sin embargo en nuestra sociedad decirle a alguien idiota no lo tomará como un halago sino como un insulto. De hecho la meta de todo hombre y mujer es prepararse para que el mundo reconozca su valor e impacto. Es más  el deseo  de los países es tener menos ignorantes  y más profesionales.

¿Pero qué tan malo es ser idiota? Hace años unos hombres fueron presentados ante un grupo de expertos. Ante ellos, fueron cuestionados por su comportamiento y al final concluyeron que eran gente idiota. Observe como dice su reporte: “Viendo que eran analfabetos e idiotas se maravillaban…”

¿Por qué consideraron a Juan y a Pedro idiotas? Es obvio que no encajaban en el perfil profesional de ellos.

Ahora esto me ha hecho pensar ¿Si en realidad  ser un idiota es una ventaja o una desventaja? En lo que uno observa desde el texto eso les había ayudado para desarrollar una vida espiritual saludable. Y es que como que la preparación y las letras disminuyen mis encuentros personales con Dios. Entonces nos debemos preguntar  que son los elementos fundamentales para que la gente reconozca que soy un seguidor de Jesucristo. En otras palabras ¿Cómo la gente ve a Cristo en mí?

Primero, lo que la gente admira de un seguidor de Cristo es convicción.  El texto dice: “viendo el denuedo de Pedro y Juan”. La palabra “denuedo” en griego es “parresía”. Se deriva de dos raíces: pan (todo) y rhésis (discurso). El significado fundamental de parresia es el de «libertad para decirlo todo»; de aquí las diversas modulaciones de su significado: franqueza, valentía, libertad confiada. Es un término presente en el mundo griego y se refiere tanto al mundo de las relaciones públicas, como a una condición de vida, a un modo de ser, de situarse, de obrar.  En el Nuevo Testamento aparece unas cuarenta veces este término[1]. Entonces la parresía es una clase de actividad verbal donde el que habla tiene una relación específica con la verdad a través de la franqueza, un cierto tipo de relación consigo mismo o con otras personas a través de la crítica (autocrítica o crítica a otras personas), y una específica relación con la ley moral a través de la libertad y el deber.[2] Los discípulos fueron agresivos, sueltos, francos y tenían muchas cosas que decir. No se quedaban sin discurso. Una de las características del evangelio de Jesucristo es que es tan profundo, tan lleno que nunca se acaba y puede hacer a la persona tan suelta que demuestre “parresía” cuando se refiere a la verdad de Dios.

[1] http://www.mercaba.org/VocTEO/P/parresia.htm

[2] http://www.hechohistorico.com.ar/archivos/Introduccion_Filosofia_2011/unidad1parres%C3%ADa.pdf

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