¿En la montaña para la opulencia o para la influencia? I parte


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“…el diablo llevó a Jesús a una montaña muy alta”. Mateo 4:8

La mayoría de las personas siempre piensan en alcanzar el éxito. Nadie piensa en fracasar. De hecho la idea del éxito siempre está asociada con escalar, estar arriba más que estar abajo. Muchas personas  han medido su éxito en la vida, por el lugar alto de posición que tienen. ¿Es cierto eso? ¿Éxito es progresar y progresar es estar arriba? Mucha gente vive afanada por llegar a la cima del éxito, luchan, estudian, se relacionan con personas importantes simplemente para un día llegar a la cumbre del poder y la fama. Henry Thoreu dijo: El éxito llega para todos aquellos que están ocupados buscándolo. Y usted encontrará muchos ocupados en buscarlo. ¿Pero qué pasa cuando llegamos a la cima del éxito? ¿Por qué se nos concede llegar a la cima? O  mejor dicho ¿Para qué se nos concede llegar a la cima del éxito? Pocos pueden responder las anteriores preguntas. En las primeras etapas de su vida Jesús fue llevado al monte del éxito. Estuvo allí, se le presentó y se le desafió a entronarse en él. ¿Pero qué pasó? En realidad Jesús no estaba interesado en ese tipo de éxito así es que lo despreció. ¿Por qué? Porque se le ofreció la perspectiva equivocada del monte. La pregunta del millón es ¿escalamos el monte del éxito para una vida de opulencia o una vida de influencia? Es decir muchos suben el monte con la mentalidad de “mírenme” y otros suben el monte no para que lo miren sino para mirar lo que a Dios le pertenece.  ¿Cómo evitamos caer en la actitud de “amo de la cima del mundo”? El primer gran peligro es el MÉTODO en que llegamos a la cima. Observa que el texto dice: “el diablo le llevó a un monte muy alto. Es importante observar que la manera en que Jesús es llevado contiene tres características importantes. Primero dice que “el diablo” ” Esto es la invitación  de la cima. Y es el peligro de lo ilusorio del éxito. Esta palabra proviene del griego día-bolos. Y tiene que ver con el concepto de calumniador. Esta expresión está formada por la preposición día (a través de) y el verbo “ballein” (arrojar y tirar). Conlleva la idea de arrojar mentiras o tirar una persona contra otra. [1] Es obvio que si el diablo es el que me lleva no hay nada bueno en esa escalada al éxito. Luego el texto dice: “le llevó”. El verbo usado aquí es paralambano que es un verbo intensivo por la preposición “para”. Lo que puede insinuar un llevar agresivo y persuasivo de parte del diablo. Esto La incitación de la cima. Es el mismo demonio actuando con una actitud de persuasión y motivación. Hay una fuerza extraordinaria que está detrás del deseo del poder mal usado y eso es el mismo diablo. La tercera característica es la frase “a un monte muy alto”. Esto es la excitación de la cima. El texto griego dice literalmente “hupselons lían” que se debe traducir “un monte sublimemente alto de una manera excedida”. El lugar era muy alto y además era un lugar atractivo. Me imagino la belleza de vista que se tenía desde esa montaña. Se podía ver todo un panorama magnífico y extraordinario.

En la persecución del éxito y de ser admirado podemos sucumbir ante estas tres métodos que se nos presenta para ser famosos. Por un lado siempre hay una invitación a participar de ese éxito. Aquí debemos asegurarnos quién es el que nos invita. En segundo lugar siempre hay una incitación en el monte alto. Esta es la fuerza detrás mis anhelos y motivaciones. Es lo que me da la energía y fuerza para escalar el monte del éxito. Sin embargo si el que nos invita es el enemigo y el mismo es el que nos lleva de la mano dándonos la fuerza, es obvio que tendremos serios problemas cuando él nos pase la factura. Tercero hay una excitación. Observe que no se ha llegado a cualquier monte, sino que se ha llegado a un monte extremadamente visible, glorioso y majestuoso. Note una cosa peculiar en la narración la excitación del logro es que no se nos dice que haya habido un esfuerzo sino que es un logro dado inmediatamente sin responsabilidad, sin carácter o proceso. Es obvio que Jesús tenía todo eso ya, pero se le está dando el reinado sin la responsabilidad de la cruz. De haberlo aceptado hubiera sido catastrófico para Jesús y para todos nosotros. El éxito que se logra heredado, u obtenido sin carácter es uno de los más peligrosos.

A veces he observado esto en los hijos de grandes líderes que heredan imperios sin la convicción y el carácter de un hombre forjado en el camino de Dios sino en la facilidad de los recursos otorgados por el diablo sin ningún esfuerzo y responsabilidad. Cada día me voy sintiendo más inquieto. Primero porque los modelos eclesiales que veo hoy tienen o buscan las características de “la montaña alta”. Es decir posicionamiento (montaña), reconocimiento (lugar sublime y alto) y  crecimiento (excesivamente grande) o sea notable. Sin embargo cada vez que voy a la Escritura no puedo evitar percibir que mi modelo en el ministerio es el de un hombre que pasó la mayor parte de su ministerio con doce hombres. Un hombre que, cuando dejó esta tierra, solo tenía unas ciento veinte personas que hacían lo que Él les decía que hicieran. En realidad, era más una mini iglesia. Jesucristo, era el pastor más joven de una mini iglesia de la historia. Al final de cada discurso de Jesús, todas las multitudes se marchaban y solo quedaban doce. Al parecer, a Jesús no le interesaba venderse a las masas. Sus invitaciones a los posibles seguidores eran, sin duda, más costosas de lo que las multitudes estaban dispuestas a aceptar, y a Él parecía no molestarle. En su lugar, se concentró en los pocos que creían en Él cuando decía cosas radicales. Y a través de la obediencia radical de estos, cambió el curso de la historia. Ahora llevar  esta dirección siempre nos llevará  a chocar con la cultura eclesiástica exitista que permea nuestro continente, donde el éxito se define por multitudes mayores, presupuestos mayores y edificios mayores. Sin embargo  Jesús despreciaba las cosas que son más importantes para mi cultura de iglesia hoy. Por último está la tentación de la cima. “Le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos”. La TLA lo pone de esta manera: “Desde allí podían verse los países más ricos y poderosos del mundo”. Es obvio que el diablo le mostró una visión completa de los países amos y señores de esa época. ¿Cuál era la sutileza de esta tentación? Existen por lo menos tres sutilezas en esta tentación. Primero la sutileza de visión. Dice “le mostró”. La palabra en griego es dieknúo que significa aclarar, mostrar claramente. Me imagino que eso incluyó Roma, el imperio actual del tiempo de Jesús. El cambio de visión es muy sutil porque le está diciendo que el puede lograr lo que Dios le ha mandado, simplemente obviando la cruz. Que reto más sutil. Es un reto disfrazado con las metas de Dios. Pero solo con una salvedad que el podrá lograr lo que Dios le ha mandado hacer tomando un atajo o un plan alternativo.  Segundo la sutileza de devoción.  Jesús estaba siendo desafiado ante los absolutos del reino de Satanás. Observe que al mostrarle “todos los reinos” implican que el tendría un gran poder y señorío sobre el mundo. Sin embargo había un pequeño detalle, y es que el simplemente sería segundo, ya que Satanás sólo le pedía un pequeño acto de adoración, es decir aunque todo el mundo se sometería a Jesús su devoción ya no sería a su Padre sino al diablo. Al estar ante lo absoluto del poder y de los recursos infinitos nos convertimos en servidores de satanás y le rendimos adoración. Si en mi ambición cambio la base de ella sufro grandes pérdidas.  Y tercero la sutileza de la ambición. Luego añade “y la gloria de ellos”. Es importante notar que al usar “la gloria de ellos” nos demuestra que lo terrenal de alguna manera tiene un tipo de gloria que embrutece al hombre. Esa fama que me da al ver asociado con la opulencia y el poder en el mundo hace que muchas personas o ministerios, iglesias pierdan de vista la perspectiva de nuestra ambición. Nuestra ambición no debe ser la gloria de los reinos sino la gloria del Rey. No es que la gloria de los reinos se rinda ante mí sino que los reinos se rindan ante la gloria del Rey. En Marcos 10, vemos un  momento en que apareció un potencial seguidor. Era un hombre joven, rico, inteligente e influyente. Era un potencial seguidor de primera, por decir poco. Y como si no fuera suficiente, estaba dispuesto y listo para seguir al Señor. Vino corriendo a Jesús, se inclinó hasta el suelo y dijo: «¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?». Si estuviéramos en los zapatos de Jesús, es probable que pensáramos que esta es nuestra oportunidad. Con un simple: «Repite esta oración, firma esta tarjeta, inclina la cabeza y repite conmigo», este hombre está adentro. Luego, piensa en todo lo que puede hacer un hombre como este, con toda su influencia y prestigio. Podemos incluirlo en el circuito evangelizador. Puede comenzar a contar su testimonio, a firmar libros, a juntar dinero para la causa. No se necesita mucho esfuerzo; tenemos que tenerlo adentro. Es lamentable, pero Jesús no tenía los libros de evangelización personal que tenemos hoy y que nos dicen cómo echar la red y cerrar el trato. En cambio, Jesús solo le dijo lo siguiente: «Una sola cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme». ¿En qué estaba pensando? Jesús había cometido el clásico disparate de dejar escapar al pez gordo. El costo era demasiado elevado. Sin embargo, la clase de entrega que Jesús le pidió al joven rico es la parte medular de la invitación que hace Jesús en todos los Evangelios. Hasta el sencillo llamado en Mateo 4 a sus discípulos, «Sígueme», contenía implicaciones radicales para sus vidas. Jesús los llamaba a abandonar la comodidad, todo lo que les era conocido y natural. Los llamaba a abandonar sus carreras. Debían reorientar el trabajo de todas sus vidas alrededor del discipulado de Jesús. Los planes de Él se tragaban sus planes y sueños. Jesús los llamaba a abandonar sus posesiones. En efecto, les decía: Dejen las redes y sus negocios como exitosos pescadores.

[1]http://etimologias.dechile.net/?diablo

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