No somos Kunta Kinte…


kunta kinte

La idea de llegar a ser un siervo les parece una inmensa mayoría errónea o fatal. Comprendo que la idea es rechazada  a causa de que el concepto que se tiene de un  siervo. Es algo que está entre un esclavo africano llamado Kunta Kinte, de la película Raíces, y los millares de “mojados” latinos que, en el tiempo de la cosecha, llegan a trabajar en las tierras de cultivo de los Estados Unidos de América. Para muchos las dos clases representan la ignorancia, son en su mayoría  objeto de maltrato, tienen una vulgar ausencia de dignidad humana, y son el epítome de muchas de las cosas a las cuales se opone el cristianismo. Creo que esta imagen mental desalienta  por completo. En la cabeza de muchas personas existe una caricatura de una criatura que virtualmente no tiene voluntad ni propósito en la vida. . . encorvada, abrumada de espíritu, sin estima de sí misma, sucia, arrugada y cansada. Usted me entiende, cierta clase de mula humana que, con un suspiro, se arrastra y camina pesadamente por los largos callejones de la vida. Por favor, no me pregunte por qué; pero creo que esa es la  idea que viene a la cabeza de muchas personas  cada vez que oyen la palabra siervo.

Así que debido a eso creo que en este tiempo se nos acabó el espíritu de servicio y tenemos muchos “actores” y “protagonistas”. En lugar de reencontrar el servicio, hemos comprado del sistema de este mundo la herramienta novedosa, entusiasta y deslumbrante del protagonismo. Sin embargo al ver la actitud de Jesús y como Dios lo describe en lo tocante a su servicio encontramos definitivamente el modelo que necesitamos para recupera el espíritu de servicio. Observemos cómo

Dios evalúa el espíritu de siervo en Jesús en Isaías 42. El presenta 7 cualidades de un siervo.

Primero, existo para servir. Existencia. “He aquí mi siervo” (vrs.1). Observa que Dios introduce a Jesús no como Dios, no como la segunda persona de la Trinidad, no como el Salvador. Su introducción es “mi siervo”. Lo que indica que la máxima de existencia y de agrado a Dios es que existo para servir. Al observar el liderazgo político, sindical, comercial o educativo de nuestro mundo, y a veces a la familia, encontramos que en esencia todos buscan ser servidos, pero no servir. Nos causa mucha tristeza cuando notamos que el espíritu de servicio se extingue en la iglesia, hogar o comunidad, y asombrados advertimos: ¡cuántos son los líderes que tenemos dentro esperando ser servidos! ¡Cuántos buscan los puestos claves porque saben todas las oportunidades y privilegios que conllevan! Todos los que proceden de esta manera tienen algo en común: son líderes para la auto gratificación. Mientras las ovejas buscan ser atendidas, los líderes olvidan el llamado del Señor, que ha sido, es y será el servicio.

Segundo, existo para ser modelo y no figura. Apariencia. (vr.1) “Mi escogido…mi contentamiento…”.

“Luz, cámara… ¡acción!”, todo eso rodea al protagonista. Es el que aparece en la primera página del periódico, el asediado por los reporteros de radio y televisión, el artista público, el que convoca ruedas de prensa para dar la impresión de que tiene todo bajo control. Lo más importante es la imagen pública, cuidar el “qué dirán” y mantener la fachada bien delineada y pintada, con la figura que el público quiere y anhela. El siervo no fue hecho para figurar; fue creado y llamado para ser un modelo de la obra de Dios en la vida de un hombre. El pueblo ya se cansó de las palabras vacías y las fachadas preparadas, y está buscando modelos. Espera en los seguidores de Dios el reflejo de la pureza, el amor, el sacrificio y la dedicación de Cristo. Quiere ver cómo es la vida de un hombre que puede decir como Pablo: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”. Jesús es nuestro modelo perfecto; Él se colocó delante de nosotros, y a Él debemos seguir.

Tercero, existo para reproducirme y no para perpetuarme. Consistencia. “No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles”. En otras palabras no usa propaganda para darse a conocer ni para mantener popularidad. Recordemos que hemos sido llamados para reproducirnos en otros y no, para perpetuarnos. Que nuestro corazón sea como el de Juan el Bautista quien dijo: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”. Existimos para cultivar, ayudar y edificar el ministerio de los creyentes, hasta que llegue el momento en que la iglesia, negocio o proyecto no precise más de nosotros. Mi meta es ver que en cada vida en particular se desarrolle un ministerio; que los creyentes maduren hasta el punto que no me necesiten. Si los estoy alimentando, van a crecer en la vida cristiana hasta que no necesiten más de mí para sobrevivir espiritualmente; entonces, tomaré mi maleta y partiré hacia otro lugar donde pueda comenzar a reproducirme nuevamente. La reproducción es clave en el servicio, así como la perpetuidad es clave en el protagonismo. El mejor ejemplo de esto lo tenemos en el Señor Jesús, quien no pensó en perpetuarse aquí en la tierra, sino en reproducirse. Por ello llamó a los doce discípulos y, luego de formarlos, los envió. Más tarde, cuando resucitó, se negó a quedarse en una transición equivocada, y decidió partir para que sus discípulos pudieran desarrollarse. La habilidad de un líder no es hacer algo, sino reproducir algo, reproducirse en alguien. Reunir gente no es lo fructífero, porque los payasos reúnen gente en los circos y los políticos en las plazas; lo fructífero es reproducirse en alguien. Cuarto, existo para ser lleno del Espíritu de Dios y no para ser lleno de mí mismo.  Presencia. “He puesto sobre él mi Espíritu”. Todos estamos llenos de algo o de alguien…“Sean llenos del Espíritu Santo” es un imperativo que no ha perdido vigencia. Qué frustración hay en el corazón de muchos creyentes cuando ven que sus líderes están llenos de orgullo, vanidad, ideas propias y proyectos humanos; pero qué satisfacción inunda el corazón de una iglesia cuando observa que sus ministros están llenos del Espíritu Santo. En la Iglesia Emergente, para ocupar cargos, un requisito primordial era ser lleno del Espíritu Santo. El apóstol Pablo, en Efesios 5:18-21, describe cómo es una persona llena del Espíritu, y dice que primeramente demuestra su llenura en la forma de hablar (v. 19a), seguido de una vida de adoración (v. 19b) y agradecimiento (v. 20), finalmente, en una vida de sujeción (v. 21), que se nota especialmente en las relaciones de hogar y trabajo. La vida de un siervo lleno del Espíritu Santo se ve; la vida de un líder lleno de sí mismo también se ve. Quinto, existo para solucionar problemas no para crearlos. “no quebrará…ni apagará…traerá justicia” Suficiencia.  Un hombre cuenta una historia interesante que aplica a este principio. Dice: “Llegué al banco porque necesitaba solucionar un problema con mis cuentas. Hablé  con la receptora de servicio al cliente y me dijo: “No podemos hacer nada”; pedí hablar con el supervisor y fue en vano, me dijo lo mismo; hable con el subgerente, y fue igual. Frustrado, ya salía del banco, cuando un joven, que simplemente estaba afuera tratando de ubicar a los clientes, se me acercó y me preguntó qué necesitaba. Con atención me escuchó y me dijo: “Deme toda su documentación que vamos a solucionar su problema”, y en cuestión de quince minutos me dijo: “Su problema ya no existe, discúlpenos”. Le di mi mano, y me dije: “Llegará lejos en la vida porque es la única persona acá que me ha atendido con la filosofía de que existimos para solucionar problemas y no para crearlos”. Vemos a los líderes políticos intentando solucionar problemas pero, cuando lo hacen, es demasiado tarde, la decisión que tomaron los lanzó a un callejón sin  salida, el problema se ha acrecentado. Los encontramos dando declaraciones en la radio y la televisión. Quieren encontrar a un culpable que no sean ellos… sino los anteriores. O,   simplemente, ignoran los problemas. Ese es el panorama de hoy. El siervo es consciente de que fue puesto para solucionar problemas y, como su vida está impregnada de oración, sabe ir al Padre antes de tomar decisiones. Busca el rostro del Señor de la Iglesia y de Él recibe la orientación; con sabiduría y amor aplica la solución. Jesús iba a ser la solución al problema del angustiado (caña cascada) se refiere a las varitas a la orilla de los ríos que por alguna razón se quiebran y ya no sirven. Dios no la destruiría sino que al contrario la arreglaría. Y también  al desanimado. (Pábilo que humeare). Es la llamita que queda al final de una mecha que echa huno señalando que está extinguiéndose. Sexto, existo para administrar autoridad y no para imponerla. Influencia. “Te sostendré por la mano…te guardaré…te pondré por pacto… Autoridad no es controlar. Autoridad no es imponer. Autoridad no es gritar.  “Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra”, dijo el Señor Jesús. Pero esa autoridad no fue impuesta, sino que fue demostrada en su manera de vivir. La autoridad de un líder, cuando es impuesta, destruye vidas…; para él lo más importante es el reglamento. Para el siervo lo más importante es demostrar con su vida que la autoridad le ha sido transferida, y cuando la ejerce, aunque no guste, todos saben que es necesaria. No hay autoridad más fuerte e impresionante que la vida misma. La credibilidad, la honestidad, el carácter, son la fibra central, la médula indiscutible de la autoridad. Hoy la gente no busca tener líderes con carisma, presencia y estilo, lo que busca son siervos con una autoridad que fluye del corazón. Séptimo, existo para ser sumiso y no para exigir sumisión. Exigencia.  “Para que abras los ojos…saques de la cárcel…”Recuerdan este versículo: “Señor, yo no merezco que entres en mi casa; solamente da la orden, y mi criado quedará sano. Porque yo mismo estoy bajo órdenes superiores, y a la vez tengo soldados bajo mi mando. –Mateo 8:8-9  La sumisión es clave en el servicio. El siervo sabe que para poder tener el privilegio de que otros se le sujeten, él mismo debe estar en sujeción. Es tremenda la lección dada por el centurión cuando declaró: “Creo en el poder de tu palabra, porque también tengo soldados, pero antes que eso… yo mismo soy un soldado”. Muchos líderes reclaman sujeción, pero ellos mismos no saben sujetarse; mas el siervo sabe la importancia de la sujeción, porque ese es el fundamento de la autoridad. La moda de hoy es el liderazgo cacique, sin red de apoyo ni nadie que lo evalúe. Algunos hacen redes, pero de acuerdo a su conveniencia y sin ninguna autoridad sobre ellos. La evaluación personal es vital, porque no somos perfectos, aún tenemos carne y hueso. Es urgente que los líderes modernos nos tornemos más vulnerables. Jesús nuestro Salvador, se rodeó de una red de apoyo con sus doce discípulos. ¡Cuánto más nosotros! Hoy es vital la renovación plena en el ministerio sumiso y vulnerable.

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