Cuando el árbol es más importante que el bosque…III parte


Cuidar-bosques

El tercer énfasis es sintonía. “Ellos me ministrarán a mí». Es curioso que el texto ahora nos hable de la vestimenta del servidor.   «Se vestirán vestiduras de lino; no llevarán sobre ellos cosa de lana, cuando ministren en las puertas del atrio interior y dentro de la casa. Turbantes de lino tendrán sobre sus cabezas, y calzoncillos de lino sobre sus lomos». Aquellos «que ministran al Señor» no pueden vestirse de lana. ¿Por qué? La respuesta sigue: «No se ceñirán cosa que los haga sudar». Ningún trabajo en la obra de Dios  que produce sudor es aceptable al Señor. Pero, ¿qué significa «sudor»? La primera vez que se mencionó el sudor fue cuando Adán fue echado del huerto de Edén. Después de que Adán pecó, Dios pronunció esta sentencia sobre él: «Maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida… con el sudor de tu rostro comerás el pan» (Génesis 3:17-19). Está claro que el sudor es una condición de la maldición. Porque la maldición estaba sobre la tierra, dejó de rendir su fruto sin el esfuerzo del hombre, y tal esfuerzo producía sudor. Escuche bien, cuando la bendición de Dios está detenida, el esfuerzo carnal se vuelve necesario, y eso causa sudor. Todo trabajo que produce sudor es prohibido a los que ministran al Señor. Sin embargo, hoy ¡qué gasto de energía hay en el trabajo para él! ¡Ay!, pocos cristianos pueden hacer algún trabajo hoy sin sudar en hacerlo. Su trabajo involucra planear y tramar, exhortando y urgiendo, y mucho correr. No se puede hacer sin muchísimo celo carnal. Hoy en día, si no hay sudor, no hay trabajo. Antes de poder emprender un trabajo para Dios, hay muchísimo ajetreo de acá para allá haciendo numerosos contactos, haciendo consultas y discusiones, y finalmente recibiendo la aprobación de varias personas antes de seguir adelante. En cuanto a esperar quietamente en la presencia de Dios y buscar sus instrucciones, eso está fuera de cuenta. No obstante en el trabajo espiritual, el único factor para tomar en cuenta es Dios. La única persona con quien hacer contacto es Dios. Esa es la preciosidad del trabajo espiritual – está relacionado con Dios. Y en relación a él hay trabajo que hacer, pero es trabajo que no produce sudor. Si tenemos que publicitar el trabajo y usar gran esfuerzo para promocionarlo, entonces es obvio que no surge de la oración en la presencia de Dios.

Por favor no mal entienda cuando menciono que todo trabajo que es verdaderamente espiritual se hace en la presencia de Dios. Si realmente lo haces en Su presencia, cuando vas a la presencia de los hombres, ellos responderán. No tendrás que usar medios interminables para ayudarles. El trabajo espiritual es el trabajo de Dios, y cuando Dios trabaja, el hombre no necesita esforzarse sudando por ello. Creo que sería bueno que nos examináramos  en total honestidad delante de Dios hoy. Preguntémosle: ¿Estoy sirviéndote a ti, o estoy sirviendo al trabajo? ¿Es mi ministerio «al Señor» o es «a la Casa»? Si tú estás chorreando sudor todo el tiempo, entonces puedes llegar a la conclusión que estás sirviendo a la Casa, no al Señor. Si toda tu ocupación está relacionada con la necesidad humana, puedes saber que estás sirviendo a los hombres, no a Dios. Ahora recuerde que no estoy despreciando el trabajo de matar los sacrificios en el altar. Es trabajo para Dios y alguien tiene que hacerlo, pero Dios desea algo más allá de eso. Dios no puede asegurar a todos que servirán a él mismo, porque muchos de los suyos son renuentes a dejar la emoción y excitación del atrio. Están decididos a servir a la gente. Pero, ¿qué de nosotros? Oh, que hoy dijéramos al Señor: «Estoy dispuesto a abandonar las cosas, dispuesto a dejar el trabajo; estoy dispuesto a abandonar el atrio y servirte a ti en el santuario interior. Observe que Ezequiel recalca que cuando Dios no pudo encontrar la manera de llevar a todos los levitas al lugar del ministerio a sí mismo, él escogió a los hijos de Sadoc de entre ellos para este servicio especial. ¿Por qué seleccionó a los hijos de Sadoc? Porque cuando los hijos de Israel fueron por mal camino, ellos reconocieron que el atrio había sido corrompido irreparablemente, así que no buscaron preservarlo; pero hicieron su negocio el preservar la santidad del Lugar Santísimo.  ¿Podemos  soportar el dejar ir la estructura externa o tenemos  que persistir en edificar un andamiaje para preservarla? Es el Espíritu Santo a quien Dios quiere preservar: un lugar totalmente apartado para él, un lugar donde el estándar es absoluto. Creo que este pasaje es un  ruego delante de Dios para escuchar tu llamado a abandonar el atrio y consagrarte a su servicio en el Lugar Santísimo.

Ahora déjeme aclarar esto: El servir al Señor no quiere decir que no servimos a nuestros semejantes, pero sí quiere decir que todo el servicio a los hombres tiene el servicio al Señor como su base. Es el servicio hacia Dios que nos impulsa hacia afuera a los hombres. Un pasaje muy relevante a este tema aparece en  Lucas 17: 7-10 dice claramente lo que el Señor busca. Aquí se refiere a dos clases de trabajo –arando el campo y cuidando el rebaño– ambos oficios muy importantes; sin embargo, el Señor dice que, aun cuando un siervo vuelve de tal trabajo, se espera de él que provea para la satisfacción de su amo antes de sentarse a disfrutar su propia comida. Cuando hemos vuelto de nuestra labor en el campo, somos propensos a reflexionar complacientemente en el trabajo que hemos realizado; pero el Señor dirá: «Cíñete y sírveme». Él requiere que le ministremos a él mismo. Podemos haber laborado en un campo amplio y haber cuidado muchas ovejas; pero toda nuestra labor en el campo y entre el rebaño no nos exime de ministrarle para Su satisfacción personal. Es nuestra tarea suprema.

Así  ¿qué buscamos realmente? ¿Es solo trabajar en el campo, solo predicar el evangelio a los inconversos? ¿Es solo cuidar el rebaño, solo cuidar de las necesidades de los salvos? ¿O estamos asegurando que el Señor pueda comer hasta satisfacerse plenamente y beber hasta que su sed esté saciada?  Es verdad que es necesario que también nosotros comamos y bebamos, pero eso no puede ser hasta después de que el Señor esté satisfecho. Nosotros, también, debemos tener nuestro disfrute, pero eso nunca puede ser sino hasta que Su gozo sea cumplido.

¿Nuestro trabajo ministra a nuestra satisfacción o a la del Señor? Me temo que cuando hayamos trabajado para el Señor, a menudo estaremos nosotros plenamente satisfechos antes de que él esté satisfecho. A menudo estamos bastante felices con nuestra labor cuando él no ha encontrado ningún gozo en ella. Cuando tú y yo hemos hecho nuestro máximo esfuerzo, aún tenemos que admitir que somos siervos inútiles. Nuestra meta no es el ministerio al mundo, ni a la iglesia, sino el ministerio al Señor. Y benditos aquellos que pueden diferenciar entre el ministerio a los pecadores o a los santos, y el ministerio a él. Tal discernimiento no se adquiere fácilmente. Solo a través de mucho trato drástico aprenderemos la diferencia entre el ministerio al Señor mismo y el ministerio a la Casa. No obstante, si el Espíritu Santo puede obrar su voluntad en nuestras vidas, él suplirá plenamente nuestra necesidad. ¡Busquemos la gracia de Dios para que él nos revele lo que realmente significa ministrarle a él! Por favor no se contente con ministrar al árbol y se pierda la grandeza del bosque…

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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