Pastores fracasados….


fracaso

Una de las cosas que siempre me ha intrigado y a veces molestado cuando asisto a conferencias de pastores es que en estas conferencias aparecen  como oradores,  pastores reconocidos de iglesias grandes y de tremendo “éxito” ministerial, que exhiben como muestra de su éxito enormes estructuras e instalaciones. , pero a los pastores promedio nunca los invitan a compartir sus experiencias. Estos eventos eran todo sobre el éxito y cómo obtener buenos resultados. Y muchas veces al asistir a estas conferencias yo estaba en medio de una temporada dolorosa en el ministerio. Así que por lo general necesitaba algo que no me desanimara ni añadiera a mi vértigo espiritual. Quería hablar honestamente. Necesitaba un tipo de  reunión como de Alcohólicos Anónimos para pastores, pero no había tal cosa. Muchos pastores, ex-pastores y líderes cristianos están desesperados por ese tipo de fórum. Por algunos momentos he venido acariciando la idea  de tratar de crear un espacio , una especie de congreso donde ningún pastor esté  asustado por los defectos de otros pecadores, aun si esos pecadores son  también líderes  exitosos en el ministerio.

¿Por qué nos aflige tanto que nos vean como fracasados en el ministerio? ¿Por qué nos obsesionamos tanto con el éxito? Creo que la mayoría de nuestros problemas proceden de una mala concepción del éxito.

No me gusta usar la palabra éxito cuando hablamos acerca del ministerio. Preferiría mejor usar palabras como salud, fidelidad y obediencia. Nuestra cultura está obsesionada con el éxito, y la iglesia no está inmune. Los pastores están inundados de tentaciones para ir en pos de las cosas equivocadas. Tenemos que mirar cuidadosamente cómo se define el fracaso y el éxito en el ministerio—y luego medir dicha definición frente a las Escrituras. Eugene Peterson escribió: “la realidad bíblica es que no hay iglesias exitosas. En lugar de eso, hay comunidades de pecadores… dentro de esas comunidades de pecadores, a uno de los pecadores le llaman pastor.”[1]¿Qué podemos decir a los pastores que se sienten como fracasados?

En Mateo 25:21 Jesús repite una frase interesante:

Su señor le respondió: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel!

Jesús no nos dirá: “bien hecho, buen siervo y exitoso.” Para mí este versículo tiene a  lo menos cuatro  elementos que me animan a seguir adelante en mi ministerio. Lo primero que observo es la ubicación de mi vida. Observe que el texto dice “su señor”. No se debe olvidar que quien es nuestra audiencia y espectador final es Dios. Y no cualquier Dios, él es nuestro Señor. Significa que le pertenecemos y vivimos para agradarlo. Lo segundo que observo es la motivación de mi vida. Dice el pasaje “le respondió”, este verbo es interesante porque no es el verbo griego tradicional para decir. Sino que es una expresión que se debe traducir: “le hizo ver lo que estaba pensando”. La motivación debe ser generar en Dios un pensamiento tan agradable que él está dispuesto hacerme saber lo mucho que le agrada pensar en mí y en lo que hago en mi vida.  Balancear sabiduría y valor es crucial. Los líderes deben, sabiamente y con valentía, modelar la transparencia delante de aquellos a los que hemos sido llamados a servir. Henri Nouwen desde su perspectiva católica  escribió que los pastores son las personas que menos se confiesan en la iglesia. Pocos pastores tienen relaciones cercanas donde ellos pueden tener conversaciones honestas, donde nada está prohibido. Lo tercero es realización de mi vida.  “Hiciste bien” En el griego es solo la expresión “eu” que declaro lo que es bueno en términos de prosperidad, salud, etc. Así que Dios establece que la realización de un ministerio es elevar a categoría de correcto, excelente y bueno lo que hago.  Se ha dicho que si predicas desde la perspectiva de tus debilidades, nunca te faltará material. Y aún más importante, la gracia, no el pastor, toma el lugar central en el escenario. En lugar de que la gente diga: “ese predicador es muy gracioso” o “ese líder es tan carismático,” empezarán a decir cosas como, “¡Guau! Dios es un Dios de gracia” y “¡El amor de Dios es tan extravagante!” Que cosas buenas ha logrado Dios a través de determinado hombre o mujer de Dios. Por último está la medición de mi vida. Tres palabras utiliza Jesús: “buen, siervo y fiel”. Estas tres palabras son como la Trinidad ministerial. La palabra bueno aquí tiene que ver con el carácter moral de lo que hacemos. Pasa la prueba y está relacionado con la integridad. La palabra “siervo” tiene que ver con el carácter pastoral. Es un esclavo y nada menos o más. Así que está asociada con mi identidad en Dios.  Y finalmente está la palabra “fiel” que tiene que ver con obediencia completa en la administración de lo que Dios me ha entregado. Esto es la fidelidad. Así que seré medido por mi integridad, mi identidad y mi fidelidad. Ahora desde la perspectiva humana se plantea una pregunta: ¿Crea el fracaso mejores pastores? Los pastores con heridas profundas tienden a ser más compasivos y tiernos de corazón. El fracaso es una clara invitación a formas más profundas de la gracia. Puede hacernos mejores ministros, pero sólo si podemos manejarlo con gracia y verdad. Nuestra respuesta importa. Parte del rol del pastor es manejar el dolor fielmente a la luz de la cruz.

[1] Petersen, Eugene. Una obediencia larga en la misma dirección. Editorial Patmos. 2005. Pág73

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