Afinando la visión de parábola del hijo pródigo


el_regreso_del_hijo_prodigo

La Reflexión en la pregunta Entonces ¿Qué era lo que le preocupaba al hijo realmente? ¿Qué es lo que lo está obligando a regresar? Había varias preocupaciones en mente del hijo que lo están haciendo regresar. Primero, había una situación social. Su problema era que había perdido el dinero entre los gentiles y sabía que al regresar tendría que enfrentarse a la ceremonia Kezazah. La restauración para con la familia y la comunidad solamente era posible (según pensaba) Después de haber devuelto el dinero que había perdido. El prodigo llevaría en su mente “¡Kezazah, kezazah, es lo que me espera!”, pensaba, mientras, desarrapado, maloliente y hambriento, volvía al hogar. Sin embargo, nada detendría su paso. Entre los campesinos del cercano oriente, la kezazah era una ceremonia mortal. Representaba el desprecio del pueblo por aquellos hijos que malgastaban los bienes de la familia. Lo menos que le podría suceder era que después de ser juzgado a las puertas de la comunidad y luego de romper en tierra un gran recipiente, le obligaran a trabajar en alguna aldea cercana hasta devolver toda la hacienda derrochada. Quizás podría ser insultado por el gentío en la calle y desterrado después de una dura golpiza, sin siquiera poder ver a su familia.[ Ahora, la aldea estaba más cercana y la kezazah amenazaba el destino de este hijo derrochador. En su mente retumbaban las palabras de la Ley de Moisés: “Si alguno tuviere un hijo contumaz y rebelde que no obedeciere a la voz de su padre ni a la voz de su madre… dirán a los ancianos de la ciudad: Este nuestro hijo es contumaz y rebelde, no obedece a nuestra voz; es glotón y borracho. Entonces todos los hombres de su ciudad lo apedrearán y morirá, así quitarás el mal de en medio de ti” (Deuteronomio 21: 18-21).[1] Había una situación laboral. Pero no era un negociante. De ahí su plan de para poder prepararse como los demás jornaleros. Solamente así podría ahorrar dinero (como los demás trabajadores), compensar sus pérdidas y algún día recuperar su lugar en la familia y la comunidad. Pero para ser aceptado como aprendiz en algún trabajo, necesitaba  el respaldo de su Padre.  Por tanto su táctica era la de presentar un discurso muy humilde que convenciera, (eso esperaba)            a su padre y este lo respaldara  ¡Sólo una vez más!            Finalmente hay una situación espiritual.            Tristemente el pródigo no entiende la naturaleza de su pecado. Piensa que se trata del dinero perdido. ¡No es eso! Se trata del corazón roto del padre. El problema  no es haber quebrantado  las reglas sino la relación. Si se trata de un siervo este puede conseguir trabajo, ganar dinero, saldar sus deudas. Pero tratándose del hijo, el padre no quedará satisfecho con tal solución. Todavía no ha entendido nada. De ahí la naturaleza de la “confesión” que propone. Ese es el peligro de confesar los pecados y enumerarlos a Dios como si la manera de entablar una relación con Dios es decirle lo que hemos quebrantado en lugar de decirle como lo hemos dañado. Así que él nos da una imagen de lo que es una tendencia muy popular en el pueblo evangélico hoy. La famosa confesión, como mecanismo para volver a una relación con Dios. Esta funciona con el principio de que si no le decimos a Dios nuestros pecados, entonces Dios no puede hacer nada e incluso no puede bendecirnos porque tenemos pecado oculto. Sin embargo al ver la parábola uno se da cuenta que para llegar abrazar nuevamente la comunión con el padre no hay palabras que valgan y que motiven amarnos y extender su gracia.

La repercusión de la pregunta. Lo que no entendemos es que regresar al padre tiene consecuencias impredecibles, es, como alguien dijera dar un paso hacia la plataforma donde el padre abraza a su hijo arrodillado. Es el lugar de la luz, el lugar de la verdad, el lugar del amor. Es el lugar donde yo quiero estar aunque me da mucho miedo llegar a él. Es el lugar donde recibiré todo lo que deseo, todo lo que siempre he esperado, todo lo que necesitaré, pero también es el lugar donde tengo que dejar todo lo que quiero retener. Es el lugar que me enfrenta con el hecho de que aceptar de verdad el amor, el perdón y la curación es, a menudo, mucho más duro que entregarlo. Es el lugar más allá de lo que uno mismo puede obtener, merecer y de las recompensas que puede recibir. Es el lugar de la rendición y de la total confianza[2].     La relación con el padre va más allá de las expresiones. El hijo planifica con mucho tacto las primeras palabras que va a decir. Prepara lo siguiente: “Papá he pecado contra el cielo y contra  ti “. Ahora debe recordar que Jesús se dirigía a un público erudito. Esta frase es una paráfrasis de lo dicho por Faraón a Moisés tras las primeras nueve plagas. Al sentirse  el Faraón más presionado ante Moisés, finalmente cedió, mandó llamar al profeta y le dijo: “He pecado contra El Señor tu Dios y contra ustedes” (Éxodo 10:16). El lenguaje de la versión aramea de este texto todavía se parece más a Lucas 15:18 que la versión hebrea. [3] Todo el mundo sabe que Faraón no se estaba arrepintiendo de verdad. Más bien trataba de manipular a Moisés de acuerdo a sus propios  intereses. La aparición de una nueva versión de esta frase tan conocida que había pronunciado Faraón deja bien claro que el pródigo está intentando hacer lo mismo. Quería manipular al padre, para que este una vez más confiara en él y respondiera por él ante un patrón de reputación que le permitiese abrirse camino trabajando de aprendiz. ¡No por gracia! Podía salir adelante por sus propios medios. No se ofreció a convertirse en un siervo (doulos). Que por cierto ¡No se les paga a los esclavos! Necesitaba dinero y quería prepararse para trabajar como misthos (jornalero especializado). Recordaba que los jornaleros tenían “comida” de sobra. En el pueblo el pan es el producto base. Todas las comidas consisten en pan acompañado de alguna otra comida. “Pan de sobra” es mucho más de lo que muchos se atreven a esperar. El pródigo recuerda que en la casa de su padre, incluso los jornaleros gozan de este raro lujo. La relación con el padre va más allá de las emociones. El uso “tengo que volver” añade a la historia un matiz muy afinado. El pródigo como preludio a su maquinación, se dice a sí mismo: “me levantaré e iré. Se necesita experimentar una “resurrección” y él va a tratar de logarla por sus propios medios. Esta misma palabra aparecerá en el padre con un poder impresionante. En el país lejano, cuando el pródigo utiliza esta palabra de peso, no está pensando en la reconciliación o la restauración de su rango de hijo. Antes que termine la historia si habrá una “resurrección genuina” en los aledaños de pueblo y gracias al dispendio del padre. La relación del padre va más allá de las compensaciones

 Esta sería una compensación relacional. En la confesión del pródigo aparecen una serie de actitudes compensatorias. Muy sutiles a propósito. Al pedir ser un jornalero, el no vivirá con la familia sino en una aldea cercana con otros trabajadores. Por tanto no tendrá que convivir con su odiado hermano. Y es que él no puede vivir con el padre  sin aceptar su hermano como el otro hijo. Si su malvado hermano se fuera de casa su problema sería más sencillo.

Esto sería una compensación comercial. Por otro lado como trabajador asalariado espera “recuperar” lo que ha  perdido. En los tiempos bíblicos que una persona con deudas se vendiera por un período concreto de tiempo a sus deudas. (Lev. 25:39-55). El pródigo ha perdido el dinero de la familia, pero espera redimirse sin ayuda. Cuando haya pagado la deuda recuperará el respeto del pueblo. Su padre seguro que quedará impresionado con “su humildad” en el principio del proceso, y del éxito conseguido, al final.

Esto sería una compensación temporal .El hijo menor piensa que la relación va a ser la  de siervo a patrón. Con su mentalidad eso es  precisamente  lo que entiende. Al principio de la historia había rechazado las responsabilidades de la herencia. Eso rechazo inicial implica claramente que también rechazaba su rango de hijo. La composición entre hijo y siervo fue un tema continuo entre Jesús y los fariseos. ¿Somos siervos o somos sus hijos amados?

Esto sería una compensación carnal. El pródigo no ve que no se trata de haber quebrantado las reglas  (el dinero) sino de haber quebrantado una relación. Todavía no comprende lo que ha hecho y lo que realmente significa. En ese país lejano, la propuesta de trabajar como jornalero le parece un plan excelente. No ha afrontado el hecho de que rompió el corazón de su padre. Por eso no se le ocurre como sanar es corazón roto. Piensa que con devolver el dinero todo quedará solucionado. Por otro lado la reconciliación no forma parte de su plan inmediato. Quiere comer y eso es lo que dice. Está trabajando en un país lejano  y se muere de hambre. Si consigue aprender un oficio, establecerse con un nuevo trabajo y ganar un salario decente, podrá comer. No ha hecho frente a su propio pecado y por eso le cuesta entender que significa la reconciliación y el coste que conlleva. En el sentido más profundo, el pródigo no está volviendo a casa. Vuelve a la servidumbre. Mientras siga teniendo la misma actitud  seguirá en un país lejano en lo espiritual aunque físicamente se acerca a su tierra natal. Es decir sigue perdido en su mismo pueblo en la misma presencia de su padre.

¿Que podemos concluir con este estudio?

Debemos entender que el regreso del hijo pródigo está lleno de ambigüedades. Está viajando por el camino correcto, pero ¡qué confusión! Admite que es incapaz de recorrerlo por sí mismo y reconoce que estaría mejor tratado como esclavo en casa de su padre que como paria en una tierra extranjera; sin embargo, aún está lejos de fiarse del amor de su padre. Sabe que todavía es el hijo, pero se dice a sí  mismo que ha perdido la dignidad de ser llamado «hijo», y se prepara para aceptar la condición de «jornalero» y así poder al menos sobrevivir. Hay arrepentimiento, pero no un arrepentimiento a la luz del inmenso amor de un Dios que perdona. Es un arrepentimiento interesado, que ofrece la posibilidad de sobrevivir.

Henri Nouwen dice: “Conozco muy bien este sentimiento. Es como decir: «Bueno, no puedo hacerlo yo sólo, tengo que reconocer que Dios es el único recurso que me queda. Iré a Él y le pediré que me perdone, con la esperanza de recibir un castigo mínimo y de que me permita sobrevivir haciendo trabajos forzados.» Dios sigue siendo un Dios severo, un Dios justiciero. Es este Dios quien hace que me sienta culpable y que me preocupe y que resuenen en mi interior todas estas disculpas. La sumisión a este Dios no da la verdadera libertad interior; lo único que hace es alimentar amargura y resentimiento.[4]

A veces, parece como si quisiera demostrar a Dios que mi oscuridad es demasiado grande como para vencerla. Mientras Él quiere devolverme toda la dignidad de mi condición de hijo suyo, yo sigo insistiendo en que me contentaría con ser un jornalero. Siendo jornalero puedo seguir manteniéndome distante, puedo seguir rebelándome o quejándome del salario. Siendo el hijo amado, tengo que exigir mi dignidad y empezar a prepararme para llegar a ser el padre.

 

Una de las cosas interesantes de la parábola es que estamos llamados a ser como el padre y a no solo identificarnos como los dos hijos. Debemos crece en tal forma que nos convirtamos en ese padre amoroso con los que se van de casa como los que se quedan…

¡Qué gran parábola y que grandes enseñanzas!

No se pierda en los detalles religiosos de la parábola…no permita, como dicen los Les luthiers, mi querido Dr. A irse por caminos sinuosos…vaya a que diserte fuera del recipiente.

 

 

 

 

 

[1]   http://religion-filosofia.blogspot.com/2012/02/parabola-del-padre-bueno.html

[2] Nouwen, Henri. El regreso del Hijo Pródigo. Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt. 1992. Pág. 18

[3] //books.google.com.sv/books?id= El+hijo+pródigo+Lucas+15+visto+de+la+visión+campesiona+de+oriente.

[4] Nouwen, Henri. El regreso del Hijo Pródigo. Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt. 1992. Pág. 31

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Publicado por

enrique60

Actualmente trabajo en la Escuela Panamericana, soy salvadoreño 55 años y soy pastor de la iglesia Comunidad Bíblica

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