No enceste para el equipo contrario…


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Hay hombres  que cambian ellos mismos el aceite de su vehículo. Claro que ahorra algo de dinero al hacerlo por sí solos, pero creo que va más allá de solo ahorrar dinero,  hay una sensación de satisfacción  de éxito que conlleva el hacerlo uno mismo. Es la recompensa de un trabajo manual bien hecho. Esa satisfacción compensa el hecho de que muchos de ellos han gastado más dinero contratando a un mecánico para que arregle  los errores cometidos al cambiar su propio aceite.

¿Te gustaría ser exitoso? Supongo que me dirás: “Sí,” a menos que  pienses que es una pregunta con algún tipo de truco (que por cierto lo es) .Por supuesto que queremos tener éxito, porque lo contrario del éxito es el fracaso. Sin embargo la pregunta clave aquí es: “¿Cuál es la definición de éxito?”.

En el mundo definir el éxito sería tener  un buen coche, vivir en una casa grande, tener un trabajo de prestigio, gozar de reconocimiento y popularidad, el confort y la seguridad.

Gracias a la libertad que Él nos ha dado, Dios ha permitido al hombre destacarse, hasta cierto punto, aun fuera del círculo de Su voluntad y de Su familia espiritual. Este permiso de vivir con cierto nivel de éxito, sin Él, es una demostración de la gracia y la bondad de Dios así como del alcance del libre albedrío que nos ha dado. Viene a mi mente Omri en 1 de Reyes 16:23-28 y él constituye una ilustración de lo que es una vida de logros, en la cual Dios no fue tomado en cuenta. Estamos hablando del sétimo rey de Israel, que reinó del 885 al 874 a. C., período en el que hubo cuatro o cinco años de reinado dividido y seis o siete años en que él fue el único rey. Él fue el fundador de la tercera dinastía, que duró tres generaciones y cuatro reyes. Era ciertamente el rey más capaz y más agresivo que hasta ese momento había tenido el reino del norte. Si hay algo especialmente evidente y que invita a reflexionar acerca de Omri, es que vivió tuvo éxito sin Dios. ¿Cuáles pueden ser los riesgos del éxito sin Dios? Lo primero es capacidad, habilidad, credibilidad.

En primer, lugar capacidad natural. Alcanzó un éxito extraordinario, pero lo alcanzó por medio del brazo de la carne, no por medio de la fuerza divina. Constituye una ilustración de los elevados logros que uno puede alcanzar sin tomar en cuenta a Dios. Omri, en cuanto a la carne, en cuanto a energía humana, adquirió gran fuerza. Llegó a ser un reconocido soldado, respetado por su destreza en el campo de batalla incluso fuera de Israel. La habilidad que había desarrollado se destaca con dos palabras que usó el Espíritu Santo: «las valentías». Note estas palabras que forman parte del resumen de su vida que se presenta en 16.27: Los demás hechos de Omri, y todo lo que hizo, y las valentías que ejecutó, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Es erróneo decir, como algunos dicen, que todo logro humano se produce por la fuerza del Señor. Dios lo permite, pero no necesariamente lo proporciona. Omri era fuerte, pero no en el Señor. David era fuerte en el Señor; pero Omri lo era en la carne. Esté seguro de notar la diferencia. Al mirar a nuestro alrededor hoy, podemos ver imperios que dominan el mundo, así como organizaciones exitosas y movimientos poderosos que se han levantado por la previsión, la energía y la incesante labor del hombre. Estos no provinieron de Dios, sino de la fuerza del hombre.

 En segundo, lugar habilidad carnal      Otra manera como Omri se destacó en la energía de la carne, la constituye el uso práctico que hizo de sabiduría y de visión. Cuando contemplaba la dirección que daría a la nación, decidió que era necesaria una nueva capital que fuera fácil de defender y más apropiada para la nación. Eligió a Samaria como la nueva sede (16.24). El monte de Samaria se ubicaba a once kilómetros al noroeste de Siquem. Alcanzaba los noventa metros de altura y estaba rodeado por otros montes, que obligarían a potenciales enemigos a atacar cuesta arriba desde cualquier ángulo. También, tenía una ubicación estratégica, debido a que contaba con rutas comerciales que corrían de norte a sur. La historia confirmó la visión y la sabiduría de Omri al elegir este sitio como capital. Los santos no tienen el monopolio de la sabiduría. Muy a menudo, un pagano usa su cabeza y toma una decisión acertada que tiene repercusiones para el bien de la sociedad y de la nación. No obstante, el hecho de que tome decisiones sólidas no constituye por sí solo una prueba de que Dios esté con él. Puede que solo signifique que usa el buen juicio que Dios le dio para la toma de una buena decisión. Cuando se toman buenas decisiones, por lo general se producen buenos resultados. Omri era aparentemente un hombre inteligente. Previó lo que convenía a la nación. Tomó algunas buenas decisiones. No obstante, había un terrible lunar en su vida: Vivía completamente sin Dios. El apoyo que lo mantuvo lo constituyeron únicamente las manos del hombre, no los brazos eternos de Dios.

Tercero, credibilidad social Aun otro logro obtenido por Omri, sin tomar en cuenta a Dios, fue la reputación. Gozó de una popularidad que muy pocos alguna vez alcanzan. El nombre de Omri no solo fue venerado en Israel, sino que también fue respetado en otras naciones, durante los años que vinieron. Es el primer rey judío a cuyo nombre se hace alusión en las inscripciones asirias, al mencionársele dos veces, por nombre, en la Piedra Moabita. La piedra muestra cuán fuerte fue Omri durante su reinado. Ella testifica que Omri fue capaz de constituir un ejército con soldados de su tierra, capaz de derrotar una tierra con el estatus de Moab. Esto significa que era una persona capaz, no solo para mantener la tierra que tenía, sino también para hacerla más grande. Sí, Omri llegó a tener reputación en medio de Israel y en medio de las demás naciones, pero lo logró sin tener comunión con Dios. La Biblia no se anda con rodeos para referirse a su condición espiritual. Dice que fue más inicuo que todos los que le precedieron (16.25–26). Omri anduvo sin Dios, a pesar que tenía fuerza, visión y reputación. No obstante, todo este éxito fue carnal, es decir, no trascendió el ámbito de lo material; sencillamente fue el resultado de un esfuerzo humano. La dinastía que él fundó, superó a todas las que le precedieron, en cuanto a iniquidad, y las superó al grado de que la expresión «los mandamientos de Omri» se convirtió en una frase con la cual se designaba un estilo de vida opuesto a la ley de Jehová (16.28). La vida y la muerte de Omri constituyen un mudo testigo de una gran verdad, y esta es que todo éxito que se obtenga en una vida que no toma en cuenta a Dios, es un éxito en vano, un éxito que no tiene sentido, un éxito que a fin de cuentas es inútil. En este mundo podemos lograr cierto grado de éxito sin tener en cuenta a Dios; sin embargo, si no tenemos comunión con Él, no podremos vivir según Sus propósitos.

Recuerde podemos  ser un gran éxito para los estándares de la sociedad. Puedes ser presentado en la televisión con tu mansión, mostrar que tienes un cine en casa de lujo, y poseer  los coches más rápidos del mundo y aun así ser un completo fracaso ante los ojos de Dios. El dinero no es malo, pero nos puede distraer de nuestro enfoque en Dios. Por otro lado, puede ser un hombre de integridad, la oración, el amor y el servicio y ser un éxito ante los ojos de Dios, mientras fallas miserablemente por la definición de éxito del mundo. Por lo tanto, si usted está usando la definición errónea de éxito, entonces el fracaso es exactamente lo que necesita.

Cuando estaba en quinto grado, tenía un amigo que le decíamos de apodo “el hecho a mano”, y era debido a que su cara estaba llena de cicatrices. Una tarde estábamos jugando  al baloncesto y en un momento él estaba sin marca. Así que le pasé el balón y…!dos puntos !! Pero para el otro equipo. ¡No era nuestra CESTA! A partir de esa experiencia mi amigo jamás olvidó su fracaso ni nosotros lo dejamos que lo olvidara.  Si usted está apuntando para el objetivo equivocado, entonces es mejor que se pierda. Hoy que pienso en esta experiencia me doy cuenta que muchos les pasa como a mi amigo en la vida, tienen la bola, hacen una increíble jugada y encestan…solo para darse cuenta que encestaron en la canasta equivocada…que triste…no sólo fallan sino que aumentan la fuerza del oponente y le hacen ganar…

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