Los evangélicos salvadoreños y su “santo” I parte


romero

 

Bueno, una vez más nos vemos bombardeados por la propaganda católica sobre la canonización de Romero. Me imagino que para la cosmovisión católica es un gran suceso. Se imaginan que orgullo. ¡El primer santo salvadoreño! Bueno ni modo si el catolicismo se quiere embarcar en un nuevo proceso de santificación no me da problema. Pero lo que sí me da problema  es que evangélicos se unan a esa celebración escribiendo hartos panegíricos alabando al “santo salvadoreño” y uniéndose a esa alegría. He leído desde teólogos conocidos hasta líderes evangélicos dándonos a conocer lo grande que era este “mártir de la fe”.

Indudablemente escribir sobre este tópico no siguiendo la tendencia de las personas puede atraer complicaciones. Sin embargo creo que es necesario reflexionar sobre este asunto sin lentes populares, liberales o emocionales o ecumenales (si es que existe esta palabra). La pregunta que planteo es ¿Los evangélicos que celebran la canonización de Romero lo hacen porque quieren ser solidarios, porque tienen raíces revolucionarias o porque creen que los católicos y los evangélicos debemos unirnos alrededor de una figura con convicciones religiosas? ¿Estamos tan necesitados de aceptación por parte de las otras religiones? ¿Es suficiente la admiración de una persona que muere por su creencia para obviar los principios bíblicos?

La historia da testimonio de que a menudo un solo hombre determina el curso de los asuntos de la humanidad, para bien o para mal, para familias, para ciudades y para naciones. Es injusto, dirá usted, no se le debería dar tanta influencia a una sola persona. A todo ser humano debería dársele la libertad de determinar su propio destino, sin interferencia de los demás. Usted tiene razón; así fue como Dios nos creó. No obstante, los hombres y las naciones sobre todo en asunto de religión ceden pasiva e inconscientemente a las tendencias, estilos de vida y decisiones que les imponen otros en el poder religioso, sin escudriñar diligentemente la Palabra de Dios y sin tomar sus propias decisiones. En consecuencia, a menudo se convierten en títeres manejados por las cuerdas de sus líderes eclesiales, por su pasividad. El sendero de la menor resistencia da como resultado ríos torcidos y pueblos desobedientes. Nos entregamos voluntariamente a la esclavitud de los deseos de otros al no hacer uso legítimo del libre albedrío que Dios nos dio. Así que aquí me planteo la pregunta ¿Por qué un evangélico se debe alegrar de tener un santo? ¿Cuántos han analizado que es un santo en la iglesia Católica  Romana?

  • Primero Definamos el suceso de Canonización

La canonización es el acto mediante el cual la Iglesia católica, tanto en su rito oriental como en el occidental, declara como santo a una persona fallecida. Este proceso comprende la inclusión de dicha persona en el canon, la lista de santos reconocidos, así como el permiso para rendir culto público y universal a esa persona, a la cual se le asigna una fiesta litúrgica, se le dedican iglesias, capillas o altares, y se reconoce su poder de intercesión ante Dios.[1]  En los primeros tiempos del Cristianismo, los individuos eran reconocidos como santos sin requerimientos o procesos formales. El proceso comenzó a regularizarse y tomar forma en la Edad Media.  Tanto la Iglesia católica como la ortodoxa poseen sus formas y mecanismos de canonización.  En el caso del catolicismo, el reconocimiento de la santidad se efectúa después de un proceso de investigación exhaustiva de la vida de la persona implicada.

Existen dos vías para llegar a la declaración de canonización:

La vía de las virtudes heroicas

La vía del martirio

En el proceso de canonización se establece la duda procesal de si el candidato a santo ha vivido las virtudes cristianas en grado heroico, o si ha sufrido martirio por causa de la fe.

Además, para llegar a la canonización se requiere de la realización confirmada de dos milagros (uno solo en el caso del mártir).[2] La canonización se lleva a cabo mediante una solemne declaración papal de que una persona está, con toda certeza, contemplando la visión de Dios.  El nombre de la persona se inscribe en la lista de los santos de la Iglesia y a la persona en cuestión se la “eleva a los altares”, es decir, se le asigna un día de fiesta para la veneración litúrgica por parte de la Iglesia católica[3].

El tiempo transcurrido entre la muerte y la canonización de los santos ha sido sumamente variable: desde siglos —tal el caso de san Pedro Damián, canonizado 756 años tras su muerte—, hasta menos de un año. Entre estos últimos casos, pueden citarse los ejemplos de san Antonio de Padua, canonizado 352 días después de su deceso, y de san Pedro de Verona, cuyo proceso de canonización tuvo una duración de tan solo 337 días[4].

Hagamos una pausa por un momento aquí…Si esto es el proceso de canonización, los evangélicos que celebran hoy al “santo salvadoreño” ¿aprueban que se le eleven altares? ¿Aceptan que Romero ya hizo un milagro o dos? ¿En dónde sustentan su base bíblica para creer semejante cosa?

Ahora bien es mi intención mencionar que este problema ya tiene una historia similar en el AT.  El pueblo de Israel debió de felicitarse al elegir a Jeroboam como rey de ellos. Después de todo, poseía todas las cualidades que un hombre necesitaba para ser un buen rey: talento, carisma, confianza y habilidades naturales de liderazgo. ¡No se podía haber escogido a alguien mejor para el nuevo reino! Con el joven Jeroboam, el futuro de ellos era luminoso y prometedor. Por lo menos, esto es lo que creían. No se daban cuenta que Jeroboam, el elegido de quien se enorgullecían, los haría andar por un sendero del cual el reino jamás se recuperaría. Jeroboam reinaría durante veintidós años (931 al 910 a. C.)  Pero fueron años fatales para Israel.  En lugar del brillante éxito que todo mundo anticipaba que él sería, Jeroboam fue un fracaso hecho y derecho. Lo único por lo que se le recuerda es que condujo a su nación al pecado. En este sentido, fue el héroe del diablo. Fue una contradicción, un oxímoron. Fue un pecador religioso.

Si estudia la historia, se dará cuenta que el pecado fue que debido a su carismática personalidad desvió al pueblo de Dios a una verdadera y única adoración.

¿No estará pasando lo mismo hoy con Romero? ¿No estarán los evangélicos admiradores de este mártir llevando al pueblo que lo sigue a un pecado religioso?

Quiero que entienda que por lo general, si alguien es religioso, no se le considera pecador; y si es pecador, no se le considera religioso. Jeroboam, no obstante, era ambas cosas, y esto era lo que hacía su vida tan detestable delante de Dios. Son veinticinco veces que se dice de Jeroboam que él pecó e hizo pecar a Israel. ¡Es un epitafio horrible con el cual describir la vida de alguien! Para ser más precisos, ¿En qué consistió su pecado? ¿Qué fue exactamente lo que hizo Jeroboam? ¿Por qué fue él un fracaso tan completo?

[1] Leonardi, C.; Riccardi, A.; Zarri, G., eds. (2000). Diccionario de los Santos. España: San Pablo. ISBN 84-285-2257-X.

[2] Ibíd.

[3] Franciscan Fathers. «Historical Sketch of Canonization» (en inglés).

[4] Ibíd

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: